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TEORIA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Aspectos esenciales de los derechos humanos

Principio de universalidad

Son inherentes a todos y conciernen a la comunidad internacional en su totalidad;


en esta medida, son inviolables, lo que no quiere decir que sean absolutos, sino
que son protegidos porque no puede infringirse la dignidad humana, pues lo
razonable es pensar que se adecuan a las circunstancias; por ello, en razón de
esta flexibilidad es que son universales, ya que su naturaleza permite que, al
amoldarse a las contingencias, siempre estén con la persona.

En relación con lo anterior, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Caso


de la "Masacre de Mapiripán vs Colombia) ha señalado que los tratados de
derechos humanos son instrumentos vivos, cuya interpretación tiene que
acompañar la evolución de los tiempos y las condiciones de vida actuales,
interpretación evolutiva que es consecuente con las reglas generales de
interpretación consagradas en el artículo 29 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, así como las establecidas por la Convención de Viena sobre
el Derecho de los Tratados. De ahí que dichos derechos, dentro de sus límites,
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son inalterables, es decir, que su núcleo esencial es intangible; por ello, la Norma
Fundamental señala que ni aun en los estados de excepción se "suspenden",
pues en todo caso, siempre se estará de conformidad con los principios del
derecho internacional humanitario.

Principio de Indivisibilidad e interdependencia

Están relacionados entre sí, esto es, no puede hacerse ninguna separación ni
pensar que unos son más importantes que otros, deben interpretarse y tomarse en
su conjunto y no como elementos aislados. Todos los derechos humanos y las
libertades fundamentales son indivisibles e interdependientes; debe darse igual
atención y urgente consideración a la aplicación, promoción y protección de los
derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales; esto es,
complementarse, potenciarse o reforzarse recíprocamente.

Principio de Progresividad

El principio de progresividad que rige en materia de los derechos humanos implica


tanto gradualidad como progreso.

La gradualidad se refiere a que, generalmente, la efectividad de los derechos


humanos no se logra de manera inmediata, sino que conlleva todo un proceso que
supone definir metas a corto, mediano y largo plazos.

El progreso implica que el disfrute de los derechos siempre debe mejorar.

En tal sentido, el principio de progresividad de los derechos humanos se relaciona


no sólo con la prohibición de regresividad del disfrute de los derechos
fundamentales, sino también con la obligación positiva de promoverlos de
manera progresiva y gradual, pues como lo señaló el Constituyente Permanente,
el Estado Mexicano tiene el mandato constitucional de realizar todos los cambios y
transformaciones necesarias en la estructura económica, social, política y
cultural del país, de manera que se garantice que todas las personas puedan
disfrutar de sus derechos humanos. Por tanto, el principio aludido exige a todas
las autoridades del Estado Mexicano, en el ámbito de su competencia,

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incrementar el grado de tutela en la promoción, respeto, protección y
garantía de los derechos humanos y también les impide, en virtud de su
expresión de no regresividad, adoptar medidas que sin plena justificación
constitucional disminuyan el nivel de la protección a los derechos humanos de
quienes se someten al orden jurídico del Estado mexicano.

El principio de progresividad estuvo originalmente vinculado a los -así


llamados- derechos económicos, sociales y culturales, porque se estimaba que
éstos imponían a los Estados, sobre todo, obligaciones positivas de actuación
que implicaban el suministro de recursos económicos y que su plena realización
estaba condicionada por las circunstancias económicas, políticas y jurídicas de
cada país.

Así, en los primeros instrumentos internacionales que reconocieron estos


derechos, se incluyó el principio de progresividad con la finalidad de hacer patente
que esos derechos no constituyen meros "objetivos programáticos", sino genuinos
derechos humanos que imponen obligaciones de cumplimiento inmediato a los
Estados, como la de garantizar niveles mínimos en el disfrute de esos derechos,
garantizar su ejercicio sin discriminación, y la obligación de tomar medidas
deliberadas, concretas y orientadas a su satisfacción; así como obligaciones de
cumplimiento mediato que deben ser acometidas progresivamente en función de
las circunstancias específicas de cada país. Ahora bien, esta Primera Sala
considera que, a pesar de su génesis histórica, el principio de progresividad en
nuestro sistema jurídico es aplicable a todos los derechos humanos y no
sólo a los económicos, sociales y culturales.

En primer lugar, porque el artículo 1o. constitucional no hace distinción alguna


al respecto, pues establece, llanamente, que todas las autoridades del país, en
el ámbito de sus competencias, están obligadas a proteger, garantizar,
promover y respetar los derechos humanos de conformidad, entre otros, con
el principio de progresividad.

En segundo lugar, porque ésa fue la intención del Constituyente Permanente,


como se advierte del proceso legislativo. Pero además, porque la diferente

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denominación que tradicionalmente se ha empleado para referirse a los derechos
civiles y políticos y distinguirlos de los económicos, sociales y culturales, no
implica que exista una diferencia sustancial entre ambos grupos, ni en su máxima
relevancia moral, porque todos ellos tutelan bienes básicos derivados de los
principios fundamentales de autonomía, igualdad y dignidad; ni en la índole de las
obligaciones que imponen, específicamente, al Estado, pues para proteger
cualquiera de esos derechos no sólo se requieren abstenciones, sino, en todos los
casos, es precisa la provisión de garantías normativas y de garantías
institucionales como la existencia de órganos legislativos que dicten normas y de
órganos aplicativos e instituciones que aseguren su vigencia, lo que implica, en
definitiva, la provisión de recursos económicos por parte del Estado y de la
sociedad.

Principio pro homine.


Consiste en ponderar el peso de los derechos humanos, a efecto de estar siempre
a favor del hombre, lo que implica que debe acudirse a la norma más amplia o a la
interpretación más extensiva cuando se trate de derechos protegidos y, por el
contrario, a la norma o a la interpretación más restringida, cuando se trate de
establecer límites a su ejercicio.

En este contexto, desde el campo doctrinal se ha considerado que el referido


principio "pro homine" tiene dos variantes:

a) Directriz de preferencia interpretativa (una sola norma, pero varias


interpretaciones), por la cual se ha de buscar la interpretación que optimice
más un derecho constitucional.

 Principio favor libertatis, que postula la necesidad de entender al


precepto normativo en el sentido más propicio a la libertad en juicio,
e incluye una doble vertiente: i) las limitaciones que mediante ley se
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establezcan a los derechos humanos no deberán ser interpretadas
extensivamente, sino de modo restrictivo; y, ii) debe interpretarse la
norma de la manera que optimice su ejercicio;

 Principio de protección a víctimas o principio favor debilis; referente a


que en la interpretación de situaciones que comprometen derechos
en conflicto, es menester considerar especialmente a la parte situada
en inferioridad de condiciones, cuando las partes no se encuentran
en un plano de igualdad.

b) Directriz de preferencia de normas (pluralidad de normas), la cual prevé que


el Juez aplicará la norma más favorable a la persona, con independencia de la
jerarquía formal de aquélla.

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