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Christine Delphy - Recuperar el ímpetu del feminismo Página 1 de 15

Christine Delphy

Recuperar el ímpetu del feminismo


Bajo el título de «Recuperar el ímpetu del feminismo» recogemos aquí tres textos de Christine Delphy
fechados entre 1995 y 2004. El primero y el último (El concepto de género y El género, sexo social) tratan
básicamente del concepto de género y son entrevistas que ya circulaban en formato digital. El segundo, y
que da título a esta serie, Recuperar el ímpetu del feminismo, ha sido traducido por nosotros del francés.

Dejemos claro que los enfoques políticos de la autora no coinciden en puntos importantes con lo que
entendemos por política revolucionaria, ya que su perspectiva está muy condicionada por su posición en la
clase intelectual universitaria y por su separación del movimiento obrero (y como podrá verse, incluso del
feminismo práctico quizá). No obstante, son contribuciones importantes para al análisis y la teorización de
la autoliberación de las mujeres en la época actual.

* * *

Indice:
EL CONCEPTO DE GÉNERO
pág. 2

RECUPERAR EL ÍMPETU DEL FEMINISMO


pág. 10

GÉNERO, EL SEXO SOCIAL


pág. 14

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EL CONCEPTO DE GÉNERO
Entrevista realizada por Utopie Critique y publicada en español
originalmente por Iniciativa Socialista (octubre de 1995).

¿Consideras que, entre los conceptos que permiten pensar los movimientos sociales, el de
"género" es pertinente y operativo para hacer valer la problemática de las relaciones de sexo como
elemento estructurante de las relaciones sociales? ¿Qué contenido, qué definición darías de él?

C.D.- El concepto de "género" ha sido desarrollado en Estados Unidos, y en los países anglosajones
en general, para traducir el aspecto social de la división sexuada. Desde este punto de vista, se
establece la existencia de un aspecto del sexo que es construido, diferente de la distinción biológica
(por ejemplo, que no se habla a una mujer de la misma forma que a un hombre, o que son las
mujeres las que friegan los platos...). Es un concepto que vengo utilizando desde hace mucho
tiempo y que evidentemente es muy práctico. Se trata simultáneamente del resultado de una
reflexión y del punto de partida de otra. No es solamente un término, es también un concepto. Esta
reflexión también ha tenido lugar en Francia y, cosa muy curiosa, ha habido una resistencia a la
palabra.

En efecto, la noción de "género" está admitida e integrada en una práctica política dentro del
movimiento de mujeres en Estados Unidos, pero, por el contrario, no lo está en Francia. ¿Cómo
explicar estas reticencias, particularmente las procedentes de la izquierda francesa y las que se
encuentran en el seno mismo del feminismo francés?

C.D.- Las resistencias respecto a las palabras ocultan otra cosa. Mi impresión general es que se
trata de una resistencia al concepto mismo, una resistencia a formalizar el hecho de que el sexo
tiene un aspecto social. En mi opinión, el grueso de la resistencia es una resistencia de derechas
(para trasponer al campo del feminismo los términos "izquierda" y "derecha"), como la de
Françoisee Collin, es decir, una resistencia a distinguir el sexo social del sexo biológico y a admitir
que el sexo social es construido y arbitrario.
Hablando en términos generales, las personas como Françoise Collin están muy marcadas o
atraídas por una problemática psicoanalítica: en esta problemática no es posible la distinción entre
sexo social y sexo biológico, ya que todo debe derivar de la distinción biológica. En un prefacio que
ella hizo para un número especial de los Cahiers du GRIFS 1 titulado "El género de la historia",
Françoise Collin decía que el "género" ("genre") es la forma de decir en francés la diferencia de
sexos. ¡De ninguna manera! Pues la diferencia de sexos tiene una connotación muy fuerte y, al
menos en este país, asume que esta diferencia procede de una diferencia biológica que, además,
implicaría todas las otras diferencias. Contrariamente, el concepto de género se construye, se
sobreimpone sobre una distinción social cuyo contenido es totalmente arbitrario.
También hay una oposición al concepto de género que yo calificaría como una crítica de izquierda,
ultraradical, para la que, al fin y al cabo, todo es construido, y que al admitir que solamente lo sea
el género se elimina la posibilidad de tener presente que también el sexo es construido. Esta crítica
es válida en cierto modo, ya que el sexo biológico tiene poca realidad (esa es mi hipótesis), en el
sentido de que solamente tiene realidad como categoría cognitiva a causa de la existencia del
género, o sea, del sexo de la división y de la jerarquía social. Sin embargo, hay una paradoja, pues
la crítica tiene fundamento en el sentido de que plantea la necesidad de poner en cuestión el propio
sexo biológico, pero no tiene fundamento en el sentido de que no es posible ese cuestionamiento sin
disponer previamente del concepto de género.
En todo caso, esta crítica es minoritaria; lo esencial de la resistencia al concepto de género -y, de
hecho, lo esencial de la crítica francesa- es una crítica ligada al rechazo de la noción de sexo social,
o, más aún, incluso al rechazo de una perspectiva feminista. Pienso que este rechazo de la palabra
es muy revelador de la posición que toma la sociedad francesa en su conjunto y, en particular, la
clase intelectual. No se dice claramente que se es antifeminista porque eso indicaría precisamente
que se abandonan posiciones de izquierda, pero se hace oposición a la noción de "género"...

1
Les Cahiers GRIFS, "Le gendre de l'histoire", coeditado por Eleni Varikas y Christine Planté.

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¿Consideras que hay otros conceptos que, al igual que el de "género", son útiles e importantes
para el pensamiento feminista pero que, no obstante, son dejados de lado?

C.D.- El concepto de "género" es muy importante y en este momento avanza en la discusión, a


pesar de las resistencias que provoca.
Hay un concepto algo abandonado hoy, creo que por razones políticas: el de patriarcado. No es
más o menos subversivo que el de "género", pero la evolución general de la producción intelectual
en este país está muy marcada por la evolución liberal y derechista de las sociedades occidentales,
que tiende a individualizar las cosas. El concepto de "género" puede ser recuperado más fácilmente
para un modo individual. El concepto de patriarcado es considerado frecuentemente como
puramente ideológico; pero es muy útil ya que indica que la dominación de las mujeres por los
hombres constituye sistema.

En Francia hay cierta concepción del universalismo que, en la tradición de la Revolución francesa,
tiende a presentar una visión uniforme y asexuada de la ciudadanía. ¿No genera eso un impasse
para el movimiento feminista y, más precisamente, para una representación sexuada de las
relaciones sociales?

C.D.- El universalismo pretende asexuar. ¿Se trata de una verdadera asexuación o del famoso
masculino neutro, ese masculino que se hace pasar por neutro pero que no lo es? Las críticas a
feministas, ya sean historiadoras francesas como Eleni Varikas o Michéle Riot-Sarcey, o politólogas
americanas como Carol Paterman, autora de The Sexual Contract2, dicen que hay un presupuesto de
masculinidad que es más que un presupuesto, lo que quiere decir que hay una exclusión de las
mujeres. El moderno combate social se fundamenta sobre la exclusión de las mujeres y sobre la
solidaridad de los hombres; su "masculinidad" común es lo que constituye la base de su fraternidad.
No veo en ningún sitio un concepto de universalismo abiertamente asexuado. El universalismo
republicano era claramente sexuado; el universalismo contemporáneo de la segunda mitad del siglo
XX es progresivamente sexuado, esto es, superpone una prohibición de discriminación fundada en el
sexo a constituciones que precisamente estaban implícitamente fundadas sobre la discriminación y
sobre el sexo.
Pienso que pretender que el universalismo es asexuado es un efecto ideológico y conservador. Es
claramente sexuado, masculino. Los modos de integración clásica de las mujeres consisten en
pedirlas que sean hombres, parcialmente o en determinados momentos. Se trata de un falso
universalismo fundado sobre una exclusión de las mujeres, tanto explícita como implícita (por
ejemplo, cuando las mujeres no tenían derecho a votar, eso no estaba escrito en ninguna parte).
¿Cómo pueden ser integradas las mujeres en universos (que desbordan ampliamente el universo
político) en los que hay presunción de neutralidad y cuyo contenido fáctico es la masculinidad? Hay
una paradoja en el intento de hacer entrar a las mujeres en universos que se fundamentan en su
exclusión. Cuando una mujer llega a un medio de hombres, la interacción se funda sobre la común
masculinidad del mundo, al que ella se encuentra dialécticamente enlazada ya que se trata de su
propia exclusión. Lo que demuestra que el género no es una esencia, sino una construcción social,
es el hecho de que, a pesar de todo, esa persona no es demolida físicamente por llegar a un círculo
de hombres. Encuentro fascinante la cuestión relacionada con aquello con lo que las mujeres
interactúan en estos medios masculinos. No ha sido suficientemente estudiada, pero comienza a
serio. En un artículo de la revista Gender and Society3, verdaderamente interesante, el género se
presenta como un principio dinámico de conducta de interacción.
Este universalismo masculino permite, no obstante, la entrada de una mujer en ciertas
condiciones, que hay que seguir estudiando. Mariette Sineau ha recogido entrevistas de mujeres
políticas francesas en un libro publicado hace tres o cuatro años 4; en él se ve bien que es necesario
que ellas dejen su piel de mujer en la puerta o que, por el contrario, ellas sean mujeres. Hay una
imposibilidad -incluso para las personas participantes en estas interacciones- de dar fielmente las
expectativas del género.

2
"The Sexual Contact", Polity, 1988.

3
"Doing Gender", en "The Social Construction of Gender", recopilación de artículos publicados en la revista
Gender and Society.

4
Economica, 1988.

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Para describir un sistema de ideas como el universalismo, el concepto de género es mucho más
adecuado que la noción de sexo, que nos remite a algo biológico; habría que hablar de un
universalismo "generizado" más que de un universalismo "sexuado".

Ante la lectura de un universal falsamente asexuado, ¿el debate francés sobre la paridad no ha
ilustrado esta dificultad para situarse a la contra respecto a un sistema "generizado", al menos en el
dominio político? ¿Cuál sería el desafío de una legislación paritaria para las mujeres? ¿No es una
ocasión de plantear la cuestión de la ciudadanía de las mujeres?

C.D.- Hemos publicado un número de Nouvelles Questions féministes -cuyo editorial he escrito yo-
en el que hay un enorme dossier sobre la paridad. El número de diciembre de 1994 lleva tres
artículos a favor de la paridad, el número de febrero de 1995 otros tres en contra. Es un tema que
se discute desde hace al menos dos años y sobre el que hay muchas cosas que decir.
No he escrito un artículo preciso al respecto; no estoy ni a favor ni en contra, de canto en cierto
modo. Por lo tanto, no puedo responder simplemente a esa pregunta porque no podría hacer
abstracción de todo lo que he leído sobre el tema. Pienso que es un debate excesivamente
complicado.
Grosso modo, puedo deciros que las mujeres que piden la paridad (al menos en el número que
hemos publicado) lo hacen en nombre de un ideal democrático: la gente debe estar representada y
las mujeres no lo están. Quienes están en contra acusan de dos cosas a las defensoras de la
paridad. Por una parte, las acusan de esencializar a las mujeres, poniendo como evidencia que la
humanidad está compuesta de hombres y de mujeres, lo que parece cierto pero frente al análisis
feminista se muestra como muy problemático, ya que ello sitúa a hombres y mujeres no como
constructos sociales sino como naturalezas. Por otra parte, también critican la ignorancia de las
diferencias existentes entre las mujeres. ¿Es que no importa qué mujer podría representar
verdaderamente los intereses de todas las mujeres? En otras palabras ¿es que las mujeres son
necesariamente feministas? Todas estas objeciones son muy válidas.
Creo que la reivindicación de paridad debería formularse en otros términos. Es peligroso y
regresivo decir que la humanidad se compone de hombres y mujeres para reivindicar la paridad,
porque eso esencializa a los grupos y no permite el análisis en términos de construcción social. En
cambio, se podría hacer una reivindicación del mismo orden fundada sobre la idea de clases, de
grupos históricamente constituidos con intereses comunes, y sobre la base de lo que en Estados
Unidos se llaman "acciones afirmativas" o "acciones positivas" o de "recuperación" respecto a un
perjuicio históricamente cometido y conocido. Se trata de otra perspectiva intelectual y de otro
fundamento para la misma reivindicación. Encuentro significativo que se haya retrocedido ante esta
perspectiva, porque en la sociedad francesa hay, en efecto, una resistencia muy fuerte ante el
reconocimiento de que las mujeres han sido y son discriminadas y constituyen un grupo
históricamente diferente.

Más allá de la manera en que ha sido formulada esta reivindicación de paridad -que, por otra
parte, se inscribe en una concepción un poco estática de la democracia, afectando únicamente a la
democracia parlamentaria-, ¿no es, con sus límites, una parte de la política de afirmación que
apunta hacia la necesidad de un resarcimiento? En un momento dado, ¿puede ser necesario
construir el género como una fuerza, aunque no sea representativa del conjunto de las mujeres e
incluso se trate de una construcción provisional?

C.D.- En efecto, esta reivindicación inicia un debate beneficioso en sí mismo, porque permite
plantearse las cuestiones fundamentales: ¿qué es la representación política, qué son las mujeres,
qué son los hombres? Es cierto que está planteada en términos esencialistas, pero permitirá
preguntarse cómo, desde un grupo del que se dice que se ha constituido naturalmente, se pasa a
una representación política. Permitirá quizá plantearse la cuestión de la naturaleza política de los
grupos de sexo, cuya necesidad de representación política deriva a mi entender de su naturaleza
política.
Espero que se llegue a conceptualizar esta reivindicación no como reivindicación por una
participación igualitaria, sino como exigencia de representación y de actividad política de un grupo
precisamente porque ha sido oprimido y no a pesar del hecho de que ha sido oprimido, lo que es
totalmente diferente. Por otra parte, no es seguro que esta reivindicación deba desembocar en la
exigencia de una ley, como es actualmente el caso. Lo interesante es que existe la posibilidad de

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poner en cuestión uno de los fundamentos del género, de la división de los sexos fundada, en parte,
sobre la exclusión de las mujeres y el acaparamiento de lo político por los hombres. Pienso, y es
importante, que la reivindicación de constituir un grupo político sobre la base del género permite
plantearse una superación.
Lo que puede parecer paradójico es que para abolir las divisiones sexuadas o "generizadas" de la
humanidad sea necesario profundizar primero esa división, reconocerla como lo que es. Hace falta,
pues, construir en una primera fase una conciencia de género, pero hecha para ser provisional. Es
una perspectiva que parece lógica para la gente que ha pensado la lucha de clases: la misma idea,
desgraciadamente, no ha sido explorada en el feminismo, anclándose en posiciones bastante
estáticas: o bien se quiere desembarazarse del sexo inmediatamente -es decir, se piensa que negar
las diferencias (políticas) entre los sexos es una manera de abolirlas-, o bien se quiere profundizar la
idea de género en una óptica estática, diferencialista. La idea dialéctica de que hace falta
simultáneamente esta identidad de género pero para abolir la división de géneros no ha sido aún
desarrollada, por lo que yo sé. Esta es, sin embargo, la perspectiva que, personalmente, he
privilegiado siempre. Primero hace falta reconocerse como oprimida y, por tanto, luchar como mujer
para combatir y superar las divisiones "generizadas".

¿Acaso la batalla por la paridad es un desafío tanto más importante para el movimiento de mujeres
en la medida que se muestra como una de las pocas batallas ofensivas en un período de retroceso,
a diferencia de otras luchas que se sitúan más en el terreno de la preservación de los derechos
adquiridos?

C.D.- No creo que todas las batallas actuales del movimiento de las mujeres sean defensivas; en
cuanto a la batalla por el aborto, eso es cierto, pero incluso en una lucha por la defensa de una
conquista surgen forzosamente nuevas problemáticas. La situación ha cambiado; una conquista que
data de hace 20 años no se defiende de la misma forma que una ley que acaba de ser aprobada.
Evidentemente siempre es peor tener que defender una cosa que no debería tener que defenderse;
pero, a la vez, esto no es inútil para el conjunto del combate y de la reflexión. Ya no estamos en el
movimiento feminista de hace veinte o veinticinco años: los grupos trabajan mucho sobre el terreno,
sobre tal o cual problema, se especializan. Entonces, esta atomización puede dar la impresión de
que hay reivindicaciones aisladas que no tienen relación entre ellas. Sin embargo, las mujeres que
militan contra la violación no detienen ahí su reflexión; en tanto que feministas, ellas reflexionan
sobre la situación en que se coloca a las mujeres. No creo que en todo esto pueda haber luchas más
avanzadas que otras, aunque las que se desarrollan sobre el ámbito institucional pueden parecer
más avanzadas. Hay otras luchas ofensivas además de la paridad: por ejemplo, la lucha contra el
acoso sexual.
Encuentro interesante el debate sobre la paridad, pero inmediatamente se ha puesto el acento
sobre los aspectos positivos de la reivindicación, y, sin embargo, esta reivindicación no tiene
solamente aspectos positivos. Si esta reivindicación paritaria se resitúa en un contexto más amplio,
como reivindicación de participación política a nivel internacional, entonces aparece como un nuevo
paso adelante del movimiento feminista. Pero en el contexto francés, no es tan seguro que
constituya un avance: la manera en que ha sido formulada puede interpretarse también como un
signo de debilidad del movimiento.

El problema de los desafíos y batallas del movimiento de las mujeres se inscribe hoy en un
contexto particular, el de un retroceso sobre el terreno de los derechos sociales. ¿Hay en este
terreno un intento de deslegitimación y de deconstrucción de las conquistas del feminismo,
tendiendo a poner en cuestión el lugar conquistado por las mujeres en la sociedad, por ejemplo
predicando su retorno a la esfera privada contra su inserción en el mundo del trabajo? Dicho en
otros términos, ¿entramos hoy en el "tiempo de la revancha" a través de una dimensión sexuada de
los retrocesos que se registran en el campo de los derechos sociales? ¿En este marco, cuáles
pueden ser las batallas prioritarias del movimiento de las mujeres?

C.D.- Hay apreciaciones muy variadas sobre este tema. Sociólogas feministas como Margaret
Maruani dicen que las mujeres quieren trabajar y que han salido del hogar de manera irreversible.
Otras interpretaciones son menos optimistas, la idea que se puede extrapolar a partir de la
constatación de un movimiento continuo de entrada de las mujeres en el mercado de trabajo se
basa sobre la representación de un medio igualmente constante, con circunstancias iguales. Sin
embargo, no estoy segura de que las circunstancias sean hoy las mismas. Podemos tomar como
ejemplo lo que ocurre en este momento en los países del Este y, en particular, en la ex-RDA: las

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conquistas de las mujeres parecían mucho más grandes que las de las mujeres francesas, ya que
ellas tenían una participación en el mundo del trabajo casi igual a la de los hombres, pero el 85% de
las que eran activas se encuentran ahora no solamente en el paro sino también como amas de casa.
Además, con el paro de larga duración la diferencia entre una mujer desempleada y un ama de casa
no es verdaderamente sensible. La una está inscrita en las listas de la ANPE [Servicio Público de
Empleo] y la otra no.

Estamos en un período de aceleración de la transición hacia una economía anhelada por los
partidarios del liberalismo, esto es, un capitalismo absolutamente salvaje. No es posible decir hasta
dónde va a llegar esto, sobre todo porque no se ve con claridad cuáles son las fuerzas que pueden
detener esta evolución. No afecta sólo a las mujeres. Se excluye del mundo del empleo y, sobre
todo, del mundo de la renta independiente, de la renta del trabajo, a partes de la población no
marginales, estadísticamente significativas. En este marco hay que ver los intentos de devolver las
mujeres al hogar, intentos que no sé bien si realmente triunfan, en el sentido de que no hay
forzosamente adecuación, por ejemplo, entre el objetivo de una medida social como el subsidio
parental extendido al segundo hijo y el número de mujeres que retornan al hogar. Esta medida no
provoca forzosamente el retorno al hogar, pero juega un papel de acompañamiento que, en todo
caso, marca la aspiración de que las cosas sucedan así.
A esto yo no lo llamaría un retorno al hogar sino un retorno a la marginalidad social. Y soy tanto
menos optimista al respecto en la medida que las estructuras de la familia patriarcal, las estructuras
de dependencia, siguen estando bien asentadas y son sostenidas por el Estado.
Los sistemas de protección social permiten a los hombres adultos tener personas dependientes de
ellos y que disponen de una protección social a través de ellos; la fiscalidad incentiva las familias en
las que trabaja una sola persona. Hay numerosas ayudas financieras del Estado a la dependencia de
las mujeres. Ayudas que no son objeto de contestación feminista, lo que lamento porque éste es
uno de los terrenos en los que la lucha feminista debería colocarse, probablemente uno de los
terrenos prioritarios. En tanto que estas estructuras patriarcales permanezcan, será verdaderamente
difícil legitimar el empleo de las mujeres. Coexisten dos estructuras ideológicas y económicas: la
una acepta la demanda de independencia de las mujeres, el derecho al empleo de las mujeres, y
dice que las familias tienen necesidad de dos salarios; la otra dice que es legítimo ser ama de casa
mantenida por el marido y que el Estado debe ayudar a este tipo de familias. En tanto que no
desaparezca el segundo tipo de discurso, en tanto que la familia patriarcal sea subvencionada, los
principios de dependencia continuarán inscritos tanto en los hechos como en las cabezas.
Igualmente, hay una tendencia -que no es nueva y forma parte de las recuperaciones patriarcales-
a proponer a las mujeres una inserción en la sociedad que, no obstante, no las coloca en el mundo
del trabajo. En el informe del gobierno francés para la próxima conferencia de Pequín (redactada por
cuatro personas, de las que tres eran sociólogos hombres) se observa muy bien cuál es el "nuevo
papel" propuesto a las mujeres. No dice directamente que se trata de un retorno a lo privado o de
una extensión de lo privado, pues se eufemiza bajo el término de "cohesión social". Se trata de
acelerar la sociedad dual, y hay algunos universitarios que pueden ser utilizados para justificar estos
proyectos, como se ve claramente en los libros de André Gorz, que propone dos tipos de trabajo y
dos tiempos de trabajo, pero que nunca ha propuesto un reparto equitativo entre los trabajos que
dan una independencia económica y los que no la dan, entre hombres y mujeres en particular. Sin
embargo, el proyecto de Gorz es visto como un proyecto de izquierda mientras que el informe Minc
es visto como un proyecto de derecha. Sin embargo, tienen en común la propuesta de extensión de
los servicios gratuitos; nunca se dice que son las mujeres las que los prestarán, pero se sabe que ya
son las mujeres quienes lo hacen en el dominio llamado de lo privado, y nada se propone para
cambiar eso. Además, el desmantelamiento del sistema de protección social al que apuntan las
medidas gubernamentales supone un proyecto en el que las mujeres prestarán gratuitamente
servicios a los enfermos, a los ancianos, a los niños, para los que ya no habrá residencias,
guarderías, hospitales, etc. No son las mujeres las únicas que tienen que oponerse al
desmantelamiento de la protección social, pero es fundamental que ellas se interesen e inquieten
por ello.

A pesar de las dificultades encontradas por el movimiento de las mujeres, tanto por los ataques a
sus conquistas como por la atomización del movimiento que tú misma has señalado, ¿no se ha
producido desde hace algunos años la emergencia de nuevas formas de práctica política de las
mujeres, principalmente a través del importante lugar que ocupan en las redes asociativas y en los
nuevos movimientos sociales como el de oposición al CIP [Contrato de Inserción Profesional]? ¿Se
puede ver en ello la emergencia de un movimiento de las mujeres con una práctica y una expresión
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política diferentes a las del feminismo de los años 70, pero garantizando el relevo por una nueva
generación?

C.D.- Es cierto que se pueden observar los efectos de la concienciación de las mujeres en lo que
ellas hacen en los movimientos asociativos, los movimientos políticos mixtos, etc. Creo que las
mujeres tienen un papel más activo pero no un papel "desgenerizado" en una sociedad que sigue
siendo "generizada". Hay apreciaciones pesimistas, que constatan que las mujeres son, como de
costumbre, las segundas, las ayudantes de los militantes hombres. No hay duda de que existe un
progreso, pero es difícil tomar la suficiente distancia para apreciarlo de manera justa.

El movimiento de las mujeres ha generado grupos de investigación, publicaciones universitarias


feministas en ciencias humanas, creadas y animadas por mujeres. ¿Puedes describir rápidamente la
génesis de esta construcción y cuál es la situación actual? ¿Se puede por otra parte considerar que
en todo eso hay un laboratorio de ideas y de resistencia en la era del retroceso? ¿Cuál es el
proyecto y la función de la revista Nouvelles Questions féministes, inscrita en este movimiento?

C.D.- Es un tema sobre el que podría hablar mucho, pero intentaré daros respuestas esquemáticas.
Se puede decir que los estudios feministas, esto es, las reflexiones teóricas utilizando la metodología
de las disciplinas constituidas, han comenzado en Francia hacia 1976-77. Una de las primeras
manifestaciones fue la revista Questions féministes, que comenzó a salir en 1977 porque se carecía
materialmente de lugares en los que publicar artículos de reflexión algo extensos. Los periódicos
feministas eran periódicos militantes con artículos cortos, y nosotras queríamos fundar una ciencia
feminista, que, de hecho, se desarrolló de una manera paralela a la universidad y a la investigación,
de forma semiclandestina.
Yo firmé mi primer artículo, "El enemigo principal", publicado en 1970, con un seudónimo; tenía
dos razones para eso: por una parte, la regla del anonimato en el movimiento y, por otra, en ese
momento no podía permitirme profesionalmente firmar ese artículo. Lo reivindiqué algunos años
después, lo que no dejó de causarme algunos problemas. Después, se han desarrollado los cursos
con contenido feminista y las investigaciones feministas, pero estas investigaciones no recibían
financiación y no podían presentarse como tales hasta 1982. En 1981, con la llegada de los
socialistas al poder, Chevènement (entonces ministro de la Investigación) convocó los Encuentros de
la Investigación, y nos dimos cuenta que en ellos no había nada sobre las mujeres ni sobre las
feministas. En ese momento había ya un suficiente número de mujeres universitarias que
participaban en grupos de reflexión y que estaban más o menos implicadas en los grupos militantes;
habíamos convergido ya en la gran fluidez de este movimiento social y nos dijimos que había que
intervenir. No logramos cambiar el curso del coloquio, pero sí obtuvimos del director del
departamento de las Ciencias llamadas "del Hombre y de la Sociedad", Maurice Godeler, y de una
parte del ministerio de la Investigación, la financiación de un coloquio sobre los estudios feministas.
Tuvo lugar en Toulouse en 1982 y fue un gran éxito, un gran reagrupamiento donde se discutió
mucho sobre la entrada en las instituciones universitarias, sobre lo que no había consenso: muchas
mujeres preferían que los estudios feministas quedasen al margen de las instituciones, aunque ellas
mismas ya perteneciesen profesionalmente a éstas.
Otras, entre las que me encontraba, pensaban que no había en absoluto ninguna razón en contra.
La institucionalización que siguió fue bastante débil: una "Acción temática programada" del CNRS,
en otros términos, un programa corto, de unos cuatro años. Esta pequeña victoria se ha
desmoronado aunque se pudo creer que constituiría una plataforma para obtener otras cosas. De
hecho, podría decirse que a partir de ahí hubo un período de mayor visibilidad y de inicio de la
legitimidad (o de la menor ilegitimidad) de los estudios feministas.
Pero pronto se manifestaron un giro de tuerca en sentido contrario y la resistencia de la sociedad
al feminismo, incluso bajo el reinado de los socialistas. Hoy, ocho o nueve años después del final de
ese programa, la situación en el CNRS, por ejemplo, es catastrófica y va a agravarse. Hay un
dossier sobre este tema en el número de Nouvelles Questions féministes de diciembre 1994 5. Para
daros una idea, el gobierno ha nombrado un comité científico de cuatro personas para elaborar el
informe de Francia a la ONU en el marco de la preparación de la cuarta Conferencia mundial sobre
las mujeres, que tendrá lugar este año en Pequín. De cuatro personas, tres son hombres; estos tres
hombres son considerados ahora como los especialistas de los estudios feministas, mientras que las
feministas y las investigadoras feministas han sido excluidas de este informe.

5
Nouvelles Questions féministes, nº4, 1994.

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Hacen abiertamente planes, no ya de desmantelamiento de los estudios feministas, porque ese
desmantelamiento ya se ha producido, sino para proseguir la deslegitimación de esos estudios en las
universidades. Estos 3 hombres son especialistas en la familia; quieren hacer "entrar en vereda" a
las investigadoras feministas, principalmente suprimiendo el adjetivo "feminista" y subsumir toda la
cuestión bajo el término de "estudios sobre mujeres". Esto significa volver a la concepción de los
estudios sobre mujeres que prevalecía en los años 70, esto es, estudiar las mujeres y el empleo, las
mujeres en la familia, etc. Se trata de considerar a las mujeres como complementos del hombre,
definidas en particular por su rol familiar. Se trata así de prohibir toda problemática más general,
toda problemática de la dominación que pondría de facto en causa al conjunto de la sociedad.
Se asiste en Francia a una evolución que es exactamente la inversa de lo que pasa en los otros
países del mundo occidental y que es muy preocupante. Me he preguntado frecuentemente cuanto
tiempo podrá Francia, en éste y otros aspectos, ir contra-corriente de lo que ocurre en Europa,
La situación es quizá menos dramática en las universidades que en la investigación Pues los cursos
calificados de estudios feministas no forman parte del programa. Son tolerados de hecho. Una mujer
que enseña sociología de la familia puede montar su curso sobre las mujeres, pero esto no significa
que, si ella se va, otra continúe haciendo ese curso sobre las mujeres; lo que distingue a los
estudios feministas es toda una concepción.
En Francia, abordar un estudio de la sociedad desde el punto de vista de la división en géneros
sigue siendo considerado como un punto de vista militante y, por tanto, acientífico, contrariamente a
lo que, por ejemplo, ocurre en los Estados Unidos. La Universidad y la Investigación francesas tienen
una definición totalmente desfasada de la ciencia, como algo neutro (semejante a la definición en
Francia del universalismo), que no toma parte en los conflictos sociales. Esto es una ingenuidad
increíble y muy curiosa si tenemos en cuenta el alto número de simpatizantes de izquierda que
trabajan en estas instituciones. Esta idea de que todo proyecto militante es acientífico ha sido
expuesta por alguien con la autoridad intelectual de Bourdieu 6. Hay numerosos intelectuales que se
consideran o son considerados como simpatizantes de la izquierda, que toman posiciones
profundamente reaccionarias: quieren mantener finalmente un modelo intelectual, y por tanto una
representación de la sociedad, que se basen sobre una única visión, forzosamente la visión de los
dominadores, y que no acepta ninguna contestación directa por parte de los grupos dominados. En
esa línea, se pretende que sólo puede haber un punto de vista sobre la historia, que el universalismo
de la Ilustración es inatacable, que es un horizonte irrebasable. Podemos verlo todos los días, en la
resistencia ante la problemática del género, ante el cuestionamiento feminista de la sociedad y de
las ciencias sociales.
Nuestro punto de vista, en Nouvelles Questions féministes, no es un punto de vista que al
universalismo oponga el particularismo o el relativismo, que son dos posiciones reaccionarias.
Creemos en el universalismo, esto es, en los derechos humanos; lo que no creemos es que éstos
existan ya y que el universalismo esté realizado.
El universalismo sigue siendo mi proyecto, y, en cierta manera, una utopía por la que hay que
luchar. Luchar es denunciar incansablemente el falso universalismo, la ideología según la cual el
universalismo ya está cumplido, pues esta ideología es tan perniciosa como las que combaten la
idea misma de universalismo. Hay que demostrar que lo universal, tal y como lo conocemos, no
solamente excluye a las mujeres, a los pueblos del Tercer Mundo, a los Negros, a los Árabes y otros
"extranjeros", sino que se fundamenta sobre esta exclusión y sobre la solidaridad entre hombres
blancos, teniendo los dos términos -hombre y blanco- la misma importancia.
Esta es una de las líneas de fuerza del proyecto intelectual y político de nuestra revista: criticar la
"razón occidental" que es también razón masculina, o más bien una razón de la supremacía
masculina, como también es una razón de la supremacía occidental. Esta denuncia está en el polo
opuesto de las denuncias particularistas, que critican, por ejemplo, la razón porque sería
"occidental" y, por definición, no adaptada para las personas de color o para las mujeres. Este tipo
de denuncia esencializa Occidente y también el no-Occidente. Por el contrario, lo que nosotras
denunciamos es el particularismo efectivo de lo que hoy se presenta como lo universal.
Nouvelles Questions féministes se enfrenta con muchas animosidades en los medios de la
investigación francesa, profundamente misógina y, más en general, extraordinariamente
conservadora. Toda la intelligentsia francesa se burla del "politically correct" 'americano, cuando
éste es uno de los signos de la denuncia del falso universalismo, del eurocentrismo y del

6
Ver al respecto el artículo de Françoise Armengaud y Ghaiss Jasser, Nouvelles Questions féministes, nº4,
1994, y el de Anne Marie Devreux, Nouvelles Questions féministes, nº1, 1995.

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androcentrismo de la cultura occidental. Más allá de las divisiones clásicas, la intelligentsia francesa
está falta de la renovación que están efectuando sectores enteros de la intelligentsia anglosajona.
¡Aunque nuestra revista es conocida internacionalmente y apreciada a nivel científico, siendo una de
las cinco (entre más de 200) revistas e ciencias humanas y sociales en lengua francesa que tiene el
honor de ser indexadas en la única revista internacional de sumarios, el CNRS sigue clasificándonos
en la penúltima posición para las solicitudes de subvención, y nosotras seguimos rechazándola!
La situación en Francia es pues única en el mundo desarrollado; las investigaciones, las enseñanzas
y las publicaciones feministas son, no 10 veces menos, sino 100 veces menos numerosas que en
países muy próximos como Inglaterra; lo que demuestra que el desarrollo intelectual no tiene gran
cosa que ver con el nivel económico, ni siquiera con la relación de fuerzas política en el sentido
tradicional. Hay una resistencia típicamente mediterránea, e incluso típicamente francesa, al
feminismo y a todo lo que implica de puesta en cuestión, tanto en el terreno práctico como en el
intelectual. Y la resistencia es quizá aún más pronunciada en lo intelectual, pues es difícil decir que
la situación concreta de las mujeres sea mejor en Holanda o en Inglaterra; sin embargo, la apertura
a las ideas feministas, al menos en algunos sectores de la sociedad, como la Universidad, es
incomparablemente mayor en estos dos países, por no citar otros, sin hablar de los países nórdicos
o de Estados Unidos.

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RECUPERAR EL ÍMPETU DEL FEMINISMO


Retrouver l’élan du féminisme fue publicado en mayo de 2004 en Le monde diplomatique. La
traducción se ha efectuado del original francés y se ha contrastado con la versión brasileña.

A menudo hablamos de las conquistas del movimiento feminista. Pero ningún progreso social,
incluso cuando queda inscrito en la ley, está grabado en marmol. La historia contemporánea lo
demuestra de forma abundante. Particularmente frágiles, las conquistas feministas están expuestas
a varios tipos de obstáculos: los ataques "masculinistas", el contraataque (baquelache7) ideológico y
la mala voluntad política; el machaque del mito de "la igualdad ya está".

La contraofensiva patriarcal se constata en todos los países. En todas partes, son en su mayoría
mujeres a quienes se envía a la primera línea para decir que el feminismo no pasará, o que no ha
pasado; que ya no funciona o ya no es útil; que siempre fue o se ha vuelto nocivo. Entre ellas
antiguas feministas o simpatizantes, cuyas palabras se saborean con esa gula un tanto obscena que
en otro tiempo era reservada a las "confesiones" de antiguos estalinistas.

Frecuentemente tomados en préstamo de los Estados Unidos, los temas son los mismos en todas
partes: las feministas exageran porque la opresión de las mujeres ha acabado, el hostigamiento
sexual ya no existe, la violación entre cónyuges tampoco 8. Todo eso viene acompañado con una
salsa "cocorico" [“bien francesa”]. En el dominio de las costumbres también existiría una "excepción
francesa"9: las relaciones entre los sexos serían idílicas. El grosero sexismo extranjero habría dejado
el sitio a la fina "seducción" gala. Podemos preguntarnos, por otro lado, cómo gente inteligente
puede llegar a creer, a pesar de las encuestas, las cifras, los hechos diversos que muestran la
similitud extraordinaria de un país con otro, que la opresión de las mujeres se para en seco en
Annemasse y Port-Bou*, como en su momento la nube de Chernobil.

Cuando los convenios internacionales o las directivas europeas siguen siendo letra muerta; cuando
las leyes internas que prohíben la discriminación sexual no son más aplicadas que las que prohíben
la discriminación racista, estamos obligados a hablar de una colusión, no declarada pero sin
embargo efectiva, entre todos los actores: empresarios, sindicatos, aparato judicial, Estado, medios
de comunicación. En Francia, la ley de 1983 sobre la igualdad en el trabajo jamás ha sido puesta en
práctica. Además, había sido hecha, si se puede decir, para no ser aplicada, pues no contiene
ninguna sanción; la ley "Génisson" de 2001 introdujo algunas y, en vísperas de las elecciones
regionales, el jefe de Estado anunció su intención de hacerla aplicar 10. Una promesa en forma de
confesión, visto que haría falta una intervención presidencial para que una ley fuese considerada de
otro modo que como un pedazo de papel.

La ley sobre el aborto es violada por la mañana, al mediodía y por la tarde por los hospitales, los
jefes de departamento, los servicios sociales y el Estado, que no implantan los centros de
interrupción voluntaria de embarazo (IVG) previstos en los decretos de aplicación. Un combate
constante se revela necesario para impedir que, entre las "disfunciones" y el trabajo de zapa de los
lobbies anti-elección, la IVG desaparezca pura y simplemente.

7
El retorno del báculo, identificado y explorado en el famoso Backlash, de Susan Faludi, libro publicado en 1991
en Estados Unidos. Tradución francesa: Backlash. La guerre froide contre les femmes, Edition des femmes,
Paris, 1993.

8
Entrevista de Elisabeth Badinter en L’Express, 24 de abril de 2003, y Marcella Iacub y Hervé Le Bras en Les
Temps modernes, Paris, 1° trimestre de 2003. Em respuesta a esas tesis, leer, de Gisèle Halimi, “Le «complot»
féministe”, Le Monde diplomatique, agosto de 2003.

9
Dossier “Femmes: une spécificité française”, Le Débat, n° 87, noviembre-diciembre de 1995.

**
La autora alude a las ciudades fronterizas de Francia -Annemasse, por el oeste, con Suiza; Port Bou, al
suroeste, con España. (Nota de la versión brasileña)

10
“Chirac se penche sur l’inégalité homme-femme au travail”, Le Monde, 27 de febrero de 2004.

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Eso es tanto más importante ya que los lobbies "masculinistas" están fuertemente organizados, en
Francia como a nivel internacional, y son muy ricos. Día tras día, año tras año, estos grupos de
presión ponen sobre las oficinas de los ministros y de los diputados propuestas de revisión de las
leyes sobre el aborto, sobre el acoso sexual, sobre el divorcio. Espectaculares, sus acciones al
descubierto -como los comandos antiaborto- son, sin embargo, excepciones. La mayoría de las
veces estos grupos de presión actúan de modo subterráneo, formando a "expertos" que testificarán
ante los tribunales, escribiendo libros de "psicología" donde, los abogados de los hombres violentos
y de los padres incestuosos, así como autores de obras de "baquelache", sacan sus argumentos 11.
Además del derecho al aborto, su objetivo son las leyes sobre la penalización de la violencia
masculina contra las mujeres y contra los niños.

De resultas, presionar para la adopción de leyes y hacerlas en seguida aplicar, consume una buena
parte de la energía del movimiento feminista. Pero ésta no debería ser su única meta. En efecto, la
desigualdad flagrante entre mujeres y hombres en el mercado del trabajo se apoya en la explotación
del trabajo doméstico de las mujeres, que aseguran el 90% del mismo. Esta explotación forma parte
del esqueleto del sistema social, como la división en clases sociales. Entonces, la estructura social no
es rectificable por la ley -al contrario, ésta es el fundamento, mismo si esto permanece encubierto.

¿Cómo cuestionar este aspecto de la explotación económica de las mujeres, que parece emerger
de las solas negociaciones interindividuales en las parejas, mientras que se trata de la base de la
organización patriarcal de nuestras sociedades? Encontrar este ángulo de ataque es un desafío que
el movimiento feminista todavía no ha resuelto, aunque algunas pistas ya se hayan sugerido12.

Además, dos o tres generaciones de jóvenes mujeres, que habrían debido tomar el relevo de las
feministas de los años 70, se mantuvieron aparte del movimiento, cuyo discurso y combate
permanecieron confidenciales. Los medios de comunicación optaron por el antifeminismo, con
campañas que incluían una presentación negativa de las feministas "feas y frustradas",
"antihombres", "todas lesbianas"... Pero el arma más eficaz es machacar con la idea de que "todo se
ha conseguido, no hay nada más que hacer”... salvo remangarse las mangas y probar que se es
digna de esta igualdad13. Y si las mujeres no llegan a eso, es su culpa -y no de la sociedad. Ellas se
culpabilizan.

La afirmación de una "igualdad que ya está aquí" no representa ni siquiera una mentira; es un
veneno que entra en el alma de las mujeres y destruye su autoestima, su creencia a menudo frágil
de que son individuos a parte entera -y no a medias. Uno de los desafíos del feminismo actual
consiste, pues, en clarificar esta situación, en mostrar que en ningún país y en ninguna relación
social los dominantes renuncian de buen grado a sus privilegios. Hay que impulsar a las mujeres a la
lucha, y para ello -lo que quizá es lo más difícil- convencerlas de que realmente lo valen.

Por todas partes se colocaron barreras ideológicas a cualquier acción a favor de la igualdad
sustancial... en nombre de la igualdad misma. En Francia, la clase política -izquierda y derecha
confundidas- y una parte de la inteligentsia se apoyan en el concepto de la república para oponerse
a toda reivindicación de los grupos que se constituyeron debido a una opresión compartida, como las
mujeres, los homosexuales, los obreros, las víctimas del racismo. Toda mención de categorías o de
grupos es considerada contraria al espíritu de la república y, por tanto, contraria al espíritu de la
igualdad. Tal es el silogismo que se opuso a la proposición de cuotas (del 25%) para las mujeres en
las listas electorales por el Consejo Constitucional en 1982.

Es en nombre del universalismo republicano que se ha atacado la campaña por la paridad;


podíamos, ciertamente, criticar dicha campaña por su argumentación esencialista, pero no por
querer corregir una discriminación innegable en el acceso a las funciones electivas. ¡Del mismo

11
Usan de buen grado argumentos acerca de “falsas alegaciones” de los niñ@s o incluso sobre el “síndrome de
los falsos recuerdos ». Como muchas de las expresiones popularizadas en los tribunales y las escuelas de
magistratura por los “expertos” Hubert Van Gijseghem y Paul Bensoussan, particularmente.

12
Ver “A contresens de l’égalité”, y especialmente “Par où attaquer le partage inégal du travail
ménager?”, Nouvelles Questions féministes, Vol. 22, n°3, 2003.

13
Marianne Bellens, “Deuxième sexe et féminisme…et la génération montante?”, en C.Delphy e S.Chaperon
Cinquantenaire du «Deuxième sexe», Paris, Syllepse, 2002.

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modo, los homosexuales o los descendientes de inmigrantes son sospechosos a veces de conspirar
contra los principios republicanos, mientras que, reunidos por una comunidad de exclusión, sólo
piden entrar ahí, en esta república! Así, manteniendo la confusión entre la igualdad proclamada y la
igualdad efectiva, algunos acaban por transformar la república en arma contra la igualdad efectiva.
Recordar que la igualdad constituye un ideal que hay que construir contra una realidad hecha de
desigualdades, sigue siendo uno de los mayores desafíos para el feminismo.

Un movimiento no consiste ni siquiera en avanzar sobre un camino, sino en trazarlo; la cartografía


de la opresión y el diseño de la liberación jamás terminan. Uno de los objetivos cruciales, más
interno al movimiento feminista, visa a recuperar el ímpetu ligado a la especificidad de sus principios
de carácter no mixto. Éstos hacen del movimiento feminista un modelo de autoemancipación, donde
las oprimidas no sólo luchan por su liberación, sino que la definen.

Las luchas feministas son plurales (por el aborto, por los derechos de las lesbianas, contra las
violencias, etc.), diversas en sus formas de organización (grupos locales, federaciones nacionales
como Solidaridad-mujeres, coaliciones como el Colectivo Nacional por el Derecho de la Mujer
[CNDF], las comisiones en las ligas u organizaciones no gubernamentales internacionales). Una gran
parte de la acción feminista se hace en grupos compuestos de mujeres y de hombres: se trate de
grupos mixtos por elección -como MixCité, el Colectivo contra el publisexismo, la Meute- o, de
hecho, como las comisiones mujeres en los sindicatos o en las ONGs, en los grupos o en los
partidos.

Este carácter mixto es necesario para la radiación de la acción feminista, para su presencia en un
gran número de lugares, tanto militantes como institucionales -los estudios feministas, por ejemplo,
se desarrollan en la investigación y en la universidad. Estas paradas mixtas son, a la vez, el signo de
la capacidad de la acción feminista de ganar una amplia audiencia y la condición de su éxito en
ejercer una influencia.

El carácter no mixto no está por eso obsoleto. Es tanto más necesario. Cuando se inventó en 1970,
éste carácter del Movimiento de Liberación de las Mujeres (MLF - Mouvement de libération des
Femmes) chocó con el conjunto de la sociedad, incluidas las feministas de la generación precedente.
Porque el carácter no mixto nació de una ruptura teórica que pone en cuestión los análisis anteriores
sobre la subordinación de las mujeres: no es más cuestión de una "condición femenina" de la que
todos, mujeres y hombres confundidos, sufriríamos igualmente, sino de la opresión de las mujeres.

Conseguir leyes no era la mayor preocupación del MLF. Su objetivo era distintivamente ambicioso,
distintivamente utópico. Las leyes fueron el subproducto bienvenido de un trabajo gratuito -sin
finalidad concreta inmediata, como la investigación fundamental. Y si este subproducto vio la luz, es
también porque no constituía el fin último, o más bien porque la barrera estaba colocada más alto.
Esta ambición "irrealista" -permitiéndose poner entre paréntesis la eficacia inmediata- finalmente dio
un ímpetu tal se ganaron cosas en la realidad.

La campaña de entonces para recriminalizar la violación surgió de la reflexión de los grupos


llamados de “toma de conciencia”. Poniendo en común y compartiendo sus experiencias, las mujeres
descubrieron así que sus problemas no eran particulares y no tenían, por tanto, solución individual.

Del mismo modo, la crítica de la sexualidad permitió la campaña por el derecho al aborto, por la
recriminalización de la violación, contra la violencia masculina en las parejas. Examinaba las teorías
científicas y de difusión popular sobre la sexualidad y las declaraba nulas e inválidas, como tantas
racionalizaciones de la dominación masculina. Actualmente, esta crítica se ha vuelto casi inaudible
ante el retorno vengador de un erotismo patriarcal con la banalización de la prostitución, de la
pornografía y del sadomasoquismo, que es su substrato común.

Treinta y tres años después, el movimiento feminista continúa viviendo sobre la base de las
inversiones de perspectiva acometidas durante los primeros años, gracias a la práctica no mixta.
Ésta se revela necesaria porque los hombres no tienen el mismo interés -ni objetivo ni subjetivo- en
luchar por la liberación de las mujeres. Pero, sobre todo, porque las oprimidas deben definir su
opresión y, por tanto, su liberación, por sí mismas, bajo pena de ver a otros definirles su posición 14.
14
“Nos amis et nous: fondements cachés de quelques discours pseudo-féministes”, en “L’ennemi principal,
tomo 1, Économie politique du patriarcat”, Paris, Syllepse, 1998.

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Y es imposible hacerlo en presencia de personas que, de una parte, pertenecen al grupo
objetivamente opresor y, por otra parte, no saben, y no pueden saber, salvo circunstancias
excepcionales, lo que es ser tratada como una mujer -como una negra, como una “marica” (pédé**),
como una Árabe, como una lesbiana- todos los días de su vida. Ningún grado de empatía puede
reemplazar la experiencia. Compadecerse no es padecer.

Por supuesto, los hombres tienen un papel en el movimiento feminista, pero no puede ser el
mismo que el de las mujeres. En tal caso el carácter no mixto es despreciado, a veces hasta visto
como un estadio arcaico del movimiento, que estaría sobrepasado. Incluso en los grupos no mixtos,
no forzosamente se saca partido de dicho carácter y el respeto del orden del día asume prioridad por
encima de la puesta en común de experiencias. Como resultado, muchas mujeres tienen sobre su
propia opresión un discurso desencarnado. Entonces, si no es alimentada por la conciencia vívida,
casi carnal, de la realidad de la opresión, la lucha política se convierte en un combate filantrópico.

Cuando las mujeres se convierten en filántropas de sí mismas, ya no se acuerdan más o quieren


olvidar que son las humilladas y las ofendidas de las que hablan, la fuerza ya no está con ellas.
Guardar, recuperar las fuentes de esta fuerza, representa también uno de los desafíos del nuevo
siglo para el movimiento feminista. Y para todos los movimientos de oprimid@s.

****
Pédé es un término francés despectivo, cuyo origen es la abreviatura de pederasta y que usualmente se
aplica a los hombres homosexuales, por lo que su traducción más aproximada sería “maricón”. La traducción
portuguesa es errónea porque traduce literalmente “pederasta”. Por otro lado, la autora dice específicamente
“una pédé”, refiriéndose a un sujeto femenino, por lo que opté por esta solución un poco incongruente. Podría
entenderse de dos maneras: 1) que la autora se refiere a los hombres homosexuales que, en el lenguaje
vulgar, se les califica de “afeminados” por adoptar roles de género femeninos; 2) que se refiere a cómo las
mujeres son tratadas de acuerdo con esa concepción de la “feminidad”, como si no pudiesen valerse como
sujetos capaces y autodeterminados; 3) que haga alusión a la situación de las transexuales. (Nota del traductor al
español, R. Ferreiro.)

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EL GÉNERO, SEXO SOCIAL


Entrevista de Pauline Terminière publicada por Espacio Alternativo entre 2001 y
2003***. Tomada de http://www.rebelion.org y corregida en lo posible.

Militante y teórica del feminismo, copresidenta de la Fundación Copérnico, Christine Delphy dirige la
revista Nuevas Cuestiones Feministas. Ha formado parte de las primeras investigadoras que en Francia
han señalado la cuestión del trabajo doméstico como una de las bases fundamentales de la "opresión
específica de las mujeres", trabajo sintetizado en El enemigo principal, tomo 1: "Economía política del
patriarcado", 1998. En el segundo tomo de El Enemigo principal, "Pensar el género" (2001), presenta
un análisis materialista de la sociedad en las relaciones sociales y políticas, importante para la
comprensión de todas las opresiones, principalmente la de las mujeres, fundamental para todo proyecto
de emancipación.

¿Por qué el trabajo doméstico es la base material de la opresión de las mujeres?

El trabajo doméstico obtenido de manera gratuita, no remunerada, es la meta perseguida por la


discriminación de las mujeres en el mercado de trabajo. La mayor parte de las mujeres trabajan por
salarios tan inferiores o los de los hombres y sobretodo tan insuficiente que de facto, en la pareja,
no solamente son dependientes de su cónyuge sino que su explotación en el mercado de trabajo se
ve redoblada por la extorsión del trabajo doméstico. Mi interpretación, es que la discriminación en el
mercado de trabajo tiene como origen, como causa última, la extorsión del trabajo doméstico
gratuito. Y en la medida en que este doble sistema las vuelve dependientes, es también la base de
todas las demás opresiones.

¿Cómo juzgas las recientes políticas públicas hacia las mujeres, centradas en la idea de
"conciliación" entre el trabajo y la familia, principalmente a través de la puesta en funcionamiento
de las "oficinas de tiempo"?

Las políticas que buscan "conciliar" trabajo y familia no hacen más que perpetuar la opresión. Es
procurar que las mujeres puedan continuar trabajando gratuitamente en la familia estando mal
pagadas en el mercado de trabajo, sin tocar la división de trabajo entre las mujeres y los hombres.
No se trata de una división técnica del trabajo. Por un lado, se tiene a los hombres que son pagados
por su trabajo (aún subsistiendo la explotación capitalista), por otro, las mujeres que sufren una
sobreexplotación en el mercado de trabajo al mismo tiempo que otra explotación total: el trabajo
doméstico no está mal pagado, sino que no se paga en absoluto. Estas políticas públicas son una
forma de escurrir la cuestión central para la liberación de las mujeres y para la igualdad entre las
mujeres y los hombres que es el reparto de todo, incluyendo las tareas domésticas. Unas
verdaderas políticas públicas deberían basarse sobre medidas fiscales, por ejemplo la abolición del
cociente conyugal, en ventajas dadas a los jóvenes casados cuando la mujer no trabaja, en medidas
en el dominio de la Seguridad social como el sistema de derecho habiente, etc.: al mismo tiempo
que en medidas que sería necesario abolir porque priman a las parejas por perpetuar esta división
del trabajo en la cual las mujeres realizan todo el trabajo doméstico.

En tu último libro, afirmas que "el género crea el sexo" ¿Qué entiendes por esto?

El género es lo que podría llamarse el "sexo social", es decir todo lo que es social en las diferencias
constatadas entre mujeres y hombres, en las divisiones del trabajo o en los caracteres que se
atribuyen a uno u otro sexo. Como se ha constatado que varían de una sociedad a otra (la división
del trabajo no es la misma, las mujeres hacen en determinadas sociedades lo que los hombres
hacen en otras) se ha sacado la conclusión de que existe un aspecto variable de los sexos, un
aspecto construido socialmente al que se llama "Género".
Mi teoría, que comparto con otras personas, es que el conjunto de lo que son y de lo que hacen las
mujeres y los hombres, y que parece específico de cada sexo, es de hecho enteramente social. Es
esta división del trabajo entre las dos poblaciones, y más en general esta división hecha entre dos
******
Desconocemos la fecha exacta de esta entrevista, pero estará entre la fecha de la fuente digital y la salida
editorial del segundo tomo de la obra de Delphy. (Nota de R. Ferreiro)

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partes de la población, de manera absoluta- tanto en la práctica como en el discurso -la que lleva a
percibir estas dos clases- o castas (existen elementos de los dos sistemas en el sistema de género) -
como dos subespecies diferentes en todo; y es además el resultado buscado, pues esto justifica de
totalmente la división del trabajo jerárquica y la jerarquía misma. El establecimiento de dos clases
de población necesita que se encuentren características físicas que puedan servir para distinguirlas,
y evidentemente se las encuentra: no es difícil trazar categorías "físicas" de las personas. Por lo
tanto, las características físicas llamadas "de sexo" no son más importantes en sí mismas que otras
características físicas que distinguen a cada individuo de los demás. Pero como éstos marcan- y
justifican ideológicamente -una diferencia social fundamental, adquieren una importancia
desmesurada en las culturas patriarcales. Los movimientos diferencialistas piensan que la diferencia
más importante entre los humanos, es la diferencia sexual, y que a esta diferencia corresponden
diferencias de temperamento, de psicología, de aptitudes que es preciso valorizar de la misma
manera cuando se trata de hombres o de mujeres. como si se tratase de una especie distinta o de
una cultura diferente Es una visión que se podría denominar multiculturalista. Si se adapta este
esquema a la lucha de clases, en la corriente diferencialista se pretendería volver a los obreros más
felices, mientras que en la corriente constructivista se pretendería abolir las clases.

Edición preparada por el


Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques

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