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El Evolucionismo: una hipótesis absurda

Philippe BOUET
El evolucionismo del cual Darwin parece se el "padre" y que numerosos sabios, ensalzados
por la totalidad de los medios de comunicación, consideran como una "ley" indiscutible, se
revela a la reflexión como una teoría imposible e indefendible, cualesquiera que sean los
datos de la investigación más exacta gracias a los cuales pretendan justificarla.
Esta "teoría" se basa necesariamente en dos principios claramente expresados por sus
propios defensores:
1 - el principio, o concepto, de la continuidad de la naturaleza y por tanto de un continuum
funcional de las formas de vida, encadenando todas las especies y remontando hasta la
célula primitiva.
2 - el concepto de intervención del azar, determinando las adaptaciones sucesivas de la vida
según procesos aleatorios.
Lo que no ven tanto los partidarios como los adversarios de esta teoría, es que los dos
grupos de principios que la fundan son perfectamente incompatibles, el segundo
destruyendo al primero y recíprocamente.
En efecto, un "continuum" es por definición misma "infragmentable" : una recta, lo mismo
que una curva "continua" no pueden presentar ningún corte entre los límites en los que ellas
experimentan una "continuidad".
Ejemplo simple: en la serie indefinida de los números enteros, la llamada erróneamente
"serie continua" porque cada numero "N" responde indefinidamente a una única y constante
"razón"; N+1 ó N-1. Si, en esta serie, se toma al azar cualquier número, ese número
responderá necesariamente a esta "razón".
Es esta razón, o Ley, la que asegura la continuidad a pesar de la discontinuidad de cada
número con relación a todos los demás: 2 no es 3 que no es 4, etc...
Podemos ver que la continuidad solo está en la "ley" y no en los números.
Esto implica que una continuidad de fenómenos no es tal más que en función de una
"regla", de una "razón" o de una "ley" que religa los fenómenos entre ellos y se aplica a
cada uno de ellos cualesquiera que sean su cantidad o cualesquiera que pudieran ser sus
diferencias.
Ahora bien, si hay ley, no hay lugar para el "azar" ni para lo aleatorio que implican, por su
misma definición, total ausencia de ley y de continuidad.
En el caso presente de las "producciones de la vida", si ellas constituyesen un continuum, la
ley de constitución de ese continuo se encontraría necesariamente idéntica desde la célula
primitiva hasta el hombre. No habría por lo tanto lugar para ningún "azar".
Y desde el momento en el que interviene cualquier "azar", aquello que se supone
"continuo" deja de serlo por el hecho mismo de que una nueva "razón", o que una ausencia
de "razón", sustituye a la que aseguraba la continuidad.
Hay una incompatibilidad absoluta e irreductible entre "continuo" y "azar". Hay que elegir
entonces entre el "azar" (ausencia de ley) y la necesidad (presencia de una ley).
La teoría evolucionista no es por lo tanto más que un vulgar "sincretismo" nacido del
pensamiento muy superficial de sabios ilusionados y des-razonables, en los cuales resulta
completamente imposible tener confianza a este nivel.
CONCLUSION:
- o bien las "especies vivas", presentes o pasadas, no están ligadas entre-ellas por una
"razón" identificable o imaginable, y pueden ellas ser entonces consideradas como el
producto del azar, en cuyo caso ya no hay teoría posible,
- o bien están ligadas entre-ellas por una "ley" constante que asegura su continuidad, en
cuyo caso esta "ley" presentida o incluso imaginada puede llegar a ser una "teoría" a
verificar, desde la especie original hasta las especies finales, prohibiéndose entonces la
referencia a cualquier "azar" que pondrían necesariamente fin a toda "ley".
Bajo pena de cretinismo caracterizado, los sabios deben entonces imperativamente elegir
entre "azar" o "necesidad", ya que si la "necesidad" es la expresión de una "ley" cualquiera,
el "azar" es la negación misma de toda "ley", cualquiera que fuera la naturaleza, discreta o
visible, de esta ley.
Si hay contradicción entre dos proposiciones, no pueden ellas servir juntas para cimentar ni
siquiera una simple hipótesis, ni con más razón una Ley.
Vemos que lo que precede es suficiente para denunciar esta superchería y hacer que sean
perfectamente inútiles todas las valientes obras de esos raros sabios que se esfuerzan en
minimizarla por medio de numerosos ejemplos que la contradicen.
Phillippe BOUET