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¿Somos los seres humanos capaces de alcanzar la verdad?

La verdad puede entenderse en dos sentidos diferentes: uno referido a la realidad y otro referido al
conocimiento. En el ámbito de la realidad, verdad es sinónimo de autenticidad y se opone a apariencias. En
el ámbito del conocimiento, la verdad se refiere a las proposiciones o a los juicios y se opone a la falsedad. De
este ámbito, el del conocimiento, es del que estamos hablamos. Si algo es verdadero o falso, y si podemos
llegar a obtener un conocimiento absolutamente verdadero.

1. El escepticismo es una posición filosófica que niega la posibilidad de conocer la verdad. Para un escéptico, la
verdad absoluta es algo inalcanzable. Lo máximo que podemos conocer son afirmaciones probables o
verosímiles, pero nunca podemos tener la completa seguridad de estar en posesión de la verdad. El conocimiento,
si acaso existe, no es fiable ni seguro. Entre los filósofos escépticos más conocidos está Gorgias, Pirrón de Elis,
Sexto Empírico, Montaigne o David Hume.

Como los escépticos niegan la posibilidad de alcanzar la verdad última, también se ven obligados a reconocer las
inevitables limitaciones del conocimiento humano. Sin embargo, el escepticismo también tiene otra
consecuencia relevante para nuestro trato con los demás. Si no existe ninguna manera de alcanzar la verdad
absoluta, lo más prudente será adoptar una actitud tolerante y abierta ante las ideas ajenas; suspender el juicio,
absteniéndonos de hacer afirmaciones rotundas y limitándonos a ofrecer nuestra propia opinión. Esta es la mejor
actitud, según el escepticismo antiguo.

De acuerdo con los escépticos, todos podemos equivocarnos porque todas las cosas son inciertas. Deberíamos
desconfíar de quienes están demasiado seguros de sus afirmaciones, puesto que pueden estar equivocados. Por esa
misma razón, conviene tomar nuestras creencias con cierta distancia, ya que pueden ser erróneas. Y sobre todo,
debemos aprender a respetar las opiniones ajenas, que tal vez sean más acertadas que las nuestras.

“El principio básico de la posición escéptica es el de que a cada razón se opone otra equivalente; pues creemos
que de ahí se sigue el no dogmatizar”. Sexto Empírico.

El dogmatismo es la posición contraria, es decir, que es posible conocer la verdad con total seguridad. Un dogma
es un principio firme y cierto sobre el que se puede construir conocimiento: cogito, ergo sum, de Descartes. Hay
principios elementales que podemos alcanzar con total seguridad y que pueden servir como una sólida base para el
saber.

2. El relativismo es la teoría según la cual no existe ninguna verdad absoluta; siempre depende del punto de
vista de los sujetos cognoscentes. Depende del punto de vista, así como del momento y del lugar en el que nos
situamos. Por eso no podemos afirmar que haya una única verdad para todo el mundo. Según los relativistas, cada
cual tiene su propia verdad, que es tan válida como la de cualquier otro.

El sofista Protágoras es uno de los primeros relativistas de los que tenemos noticia. Creía que las propiedades que
atribuimos a las cosas no están en ellas mismas, sino que son producto de nuestra valoración. Una misma bebida,
por ejemplo, puede parecerle a unos amarga y a otros dulce, a unos fría y a otros caliente. Por eso Protágoras decía
que el hombre es el medida de todas las cosas, ya que en su opinión todo lo que afirmamos sobre la realidad
depende de nuestro particular punto de vista. Este es el relativismo subjetivista (lo que a una persona le parece
verdadero o falso depende únicamente de factores individuales).

Los relativistas afirman que las cosas que consideramos verdaderas o falsas dependen de las creencias y
opiniones extendidas en nuestro entorno social y cultural. El relativismo considera que la verdad depende del
momento y del lugar, por lo que algunas cosas que para nosotros son verdad podrían ser mentira para otras
personas en otro tiempo o lugar.

Husserl
Principios como el de contradicción se fundan en el mero sentido de la verdad, y que, por lo tanto, hablar
de una verdad subjetiva, que sea para el uno esta, para el otro la contraria, resulta necesariamente un
contrasentido. (…)

La verdad es una e idéntica, sean hombres u otros seres no humanos, ángeles o dioses, los que la
aprehendan por el juicio. Esta verdad, la verdad en el sentido de una unidad ideal frente a la multitud
real de los individuos y las vivencias, es la verdad de que hablan las leyes lógicas y de que hablamos todos
nosotros, cuando no hemos sido extraviados por el relativismo.
Si el relativismo fuese cierto entonces habría que aceptar que una opinión propia es verdadera para
uno y falsa para otro: Si nos formamos un juicio sobre un objeto cualquiera, esta opinión nos
parecerá verdadera, pero los demás también la pueden juzgar y en algunos casos la pueden juzgar
falsa, con lo que es verdad que es falsa puesto que según el relativismo si a una persona una opinión
le parece falsa ―o verdadera― ésta es falsa ―o verdadera―; de ese modo, tendríamos que la
misma opinión puede ser verdadera y falsa. Este argumento se puede ilustrar con claridad si
tomamos el siguiente ejemplo: para los creyentes la opinión (el juicio diríamos nosotros ahora)
“Dios existe” es verdadera, luego es verdadera según el relativismo porque a algunas personas les
parece verdadera; sin embargo el ateo considera que es falsa, luego es falsa según el relativismo
porque a algunas personas les parece falsa. Esta conclusión parece atentar contra lo que ahora
llamamos principio de no contradicción: no es posible que una proposición y su contradictoria
sean ambas verdaderas; o dicho de otro forma: una misma proposición no puede ser verdadera y
falsa.

Muchos filósofos consideran que las posiciones relativistas son inadmisibles y peligrosas, ya que parecen
justificar todas las opiniones con el argumento de que no existe ninguna verdad absoluta. Es difícil fundamentar
cualquier crítica hacia lo que piensan o hacen los demás. El problema del relativismo en el aspecto moral es muy
relevante y problemático. Ya vimos que no toda costumbre moral está justificada sólo porque forme parte de una
cultura determinada. Esta legitima la costumbre y forma parte de sus verdades: las mujeres son inferiores, los
homosexuales también. Desde el punto de vista relativista, nuestra opinión no es más importante que la suya (es
otra más) y no tendemos derecho a imponerla.

Aunque es importante aprender a respetar las opiniones de los demás, existe un límite lo que resulta tolerable en
ningún caso. No todas las opiniones ni prácticas merecen nuestra consideración. De acuerdo con este punto de
vista, la forma de vida de los demás sólo es válida cuando se respetan los derechos humanos.

3. El realismo afirma que todo se puede conocer y se puede conocer tal cual es. Hay una distinción ontológica
entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido, en la línea de que el objeto existe independientemente de la
mente, tiene existencia propia y determina el pensamiento en el acto de conocer. A saber, por un lado, existe la
realidad de modo independiente del sujeto que la piensa y , por otro, el sujeto puede llegar a conocerla tal cual es,
sin modificarla o alterarla. La verdad se suele entender como la perfecta adecuación entre el sujeto y el objeto.
Veo la mesa verde porque es verde. La verdad está al alcance de todos.

Realismo ingenuo
«El realismo ingenuo afirma simplemente que las cosas existen independientemente de la conciencia, y que son
exactamente tal como nosotros las pensamos. Tiende a la afirmación de esta realidad y no se plantea siquiera el
problema.En este realismo ingenuo se admiten como objetivo muchos datos o elementos que en realidad proceden
del sujeto, y a éste se lo considera como meramente pasivo y fiel reflejo del mundo exterior. Este realismo es
propio del niño, del hombre primitivo no civilizado, y también del hombre común que ni siquiera se plantea el
problema de la posibilidad del error en sus conocimientos. Pero este realismo ingenuo es fácilmente superado ante
una primera reflexión crítica, como ya lo reconocieron los filósofos griegos y los primeros filósofos escolásticos.»
García Morente.

Cuando vemos un objeto y sus propiedades, es precisamente eso lo que vemos.

Realismo absoluto
Es aquel realismo que afirma que la razón humana puede llegar a conocer la esencia de las cosas y, por lo tanto, el
conocimiento puede alcanzar verdades absolutas e inmutables. Un filósofo dogmático defenderá que es posible
tener una certeza absoluta del conocimiento.

Realismo crítico
Sostiene que la verdad como objetivo del conocimiento científico es una ideal al que caminamos al modificar
hipótesis, leyes y teorías científicas y, a veces, sustituirlas por otras más verosímiles. Puesto que no podemos
contemplar todas las consecuencias que se derivan de una teoría, nunca tendremos la certeza absoluta de su
verdad. Lo que sí podemos observar es que el conocimiento humano camina hacia teorías cada vez más
verdaderas aun sabiendo que las verdades absolutas son inalcanzables.
1- “Es una cosa terrible la inteligencia. Tiende a la muerte como a
la estabilidad la memoria. Lo vivo, lo que es absolutamente
inestable, lo absolutamente individual, es, en rigor, ininteligible.
La lógica tira a reducirlo todo a entidades y a géneros, a que no
tenga cada representación más que un solo y mismo contenido en
cualquier lugar, tiempo o relación en que se nos ocurra. Y no hay
nada que sea lo mismo en los momentos sucesivos de su ser”.

Miguel de Unamuno.

2- “Principios como el de contradicción se fundan en el mero


sentido de la verdad, y que, por lo tanto, hablar de una verdad
subjetiva, que sea para el uno esta, para el otro la contraria, resulta
necesariamente un contrasentido. (…)
La verdad es una e idéntica, sean hombres u otros seres no
humanos, ángeles o dioses, los que la aprehendan por el juicio.
Esta verdad, la verdad en el sentido de una unidad ideal frente a la
multitud real de las razas, los individuos y las vivencias, es la
verdad de que hablan las leyes lógicas y de que hablamos todos
nosotros, cuando no hemos sido extraviados por el relativismo”.

Edmund Husserl.

3- “Pues la razón de verdadero consiste en la adecuación del


entendimiento y la cosa. Pero ninguna cosa se adecúa consigo
misma, sino que la adecuación exige cosas diversas. Luego, la
razón de verdad comienza a hallarse en el entendimiento cuando el
entendimiento comienza a tener algo propio que no tiene la cosa
fuera de la mente, pero que se corresponde con ella, de modo que
pueda establecerse adecuación entre los dos términos”.
Tomás de Aquino.