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 Enumera las características del pensamiento filosófico de San Agustín y

Santo Tomás de Aquino:

 El pensamiento de Agustín de Hipona

1. El punto de partida de la filosofía de Agustín es el problema de la verdad.

2. En íntima dependencia con el pensamiento grecorromano, el hiponense


reivindica la razón como única facultad capaz de alcanzar la verdad y superar el
escepticismo, verdadero obstáculo para abrazar la fe y lograr la felicidad.

3. El acceso a la verdad requiere que el hombre se desvincule del conocimiento


sensible, mera contingencia y apariencia de ser, y se vuelque hacia el interior de sí
mismo.

Si Platón identificaba la verdad con el ser y a éste con el mundo inteligible de la


ideas. 4. Agustín hará lo mismo desde un planteamiento cristiano, en el que la
verdad se reconoce en el ser y éste es, en última instancia, Dios (ipsum esse).

5. En su búsqueda de la certeza, el hombre ha de encontrar dentro de sí, en su


alma, aquello que de permanente y necesario hay en las cosas: su inteligibilidad
misma. 6. La verdad necesita interioridad y el yo se convierte en el lugar propio de
la certeza, anulando así todo posible escepticismo.

Las ideas platónicas o rationes rerum, están ahora radicadas en la mente de Dios
como principios de creación y arquetipos o modelos de los seres creados, siendo
superiores a “lo superior en el hombre o en el alma”. Sin embargo, a diferencia del
platonismo. 7. Agustín niega que el acceso a la verdad se produzca a través del
recuerdo o reminiscencia del alma: el alma descubre que las ideas están en ella
como una luz que no emana de sí misma, sino de Dios. 8. El acceso a la verdad
se produce por iluminación, esto es: mediante una intuición intelectual que el alma
descubre en su interior y que la lleva a trascenderse.

El pensamiento de Agustín opera un constante movimiento de lo exterior a lo


interior y de éste a lo superior (Dios).

 Santo Tomas de Aquino:

Resumen del pensamiento de Santo Tomás:

Razón y fe

Frente a la doctrina de la doble verdad de los averroístas latinos, Santo Tomás


sostiene que la verdad es única, aunque se puede conocer de dos maneras: por la
razón y por la fe. La razón conoce a partir de los datos de los sentidos; en cambio,
la fe conoce partiendo de la revelación divina. En consecuencia, ambas son
independientes.

Las verdades de fe, o verdades reveladas, sobrepasan la capacidad de la razón


humana y las estudia la teología; no pueden demostrarse racionalmente y han de
ser aceptadas sin discusión, porque emanan directamente de Dios. En cambio, las
verdades de razón, es decir, las verdades de la filosofía, sí pueden ser
comprendidas por el entendimiento humano y son demostrables racionalmente.

Además, existen algunas verdades que la razón puede demostrar, pero que Dios
ha querido revelamos: los preámbulos de la fe. En este terreno confluyen la fe y la
razón, y la teología puede utilizar esta última para conocer la verdad revelada
(teología natural). La filosofía está, por tanto, al servicio de la teología, y como la
verdad es única, la filosofía y la razón se equivocan si llegan a conclusiones
incompatibles con la fe.

Filosofía y Teología deben colaborar mutuamente. La Teología debe aprovecharse


de los métodos racionales para hacer más claras y comprensibles las verdades de
la Fe. La Fe «busca al entendimiento». Y la Filosofía debe dejarse ilustrar por la
Teología y por sus verdades de Fe para completar el conocimiento limitado, propio
de la razón humana. La razón «busca a la Fe».

Dios

Una de las verdades reveladas por la fe, pero susceptible de demostración


racional, es que Dios existe. Para demostrado Santo Tomás propone una
demostración a posteriori, que parte de los sentidos, y que va del efecto (los seres
del mundo) a la causa que los ha producido (Dios).

Tomás de Aquino ofrece cinco demostraciones de la existencia de Dios, las cinco


vías, que comparten la misma estructura: 1) se parte de un hecho de la
experiencia; 2) se aplica el principio de causalidad, advirtiendo que no puede
haber una serie causal infinita; 3) se concluye que ha de existir un ser originario,
que es el que da lugar a toda la serie: Dios.

Las vías son las siguientes: 1ª por el movimiento: va desde el movimiento del
mundo al primer motor inmóvil; 2ª por la causalidad eficiente: va desde las causas
subordinadas hasta la primera causa incausada; 3ª por la contingencia: va desde
los seres contingentes del mundo hasta un primer ser necesario; 4ª por los grados
de perfección: va desde los grados de perfección del mundo hasta un ser
infinitamente perfecto; 5ª por la finalidad y el orden cósmico: va desde el orden y
la finalidad del mundo hasta una primera inteligencia ordenadora.

Dios es el Ser. Sólo por analogía decimos que todo lo que El creó, o sea, los
entes, tienen ser, porque han recibido de Dios todo lo que son: su esencia y su
existencia.

El ser (o sea Dios), origen y causa de todo:

- Es necesario: tuvo que existir y existirá Siempre.


- Tiene todas las perfecciones en grado infinito.

- No tiene composición (acto potencia, substancia accidente, esencia existencia).

- Es inmutable.

Creación del mundo

Para resolver el problema de la creación, Santo Tomás distingue entre esencia y


existencia, esto es, entre la naturaleza de un ser, entendida como simple
potencialidad o posibilidad (esencia), y su existencia efectiva, en acto. En Dios,
esencia y existencia se implican mutuamente, porque su naturaleza implica existir
necesariamente, ya que es un ser infinitamente perfecto. En cambio, los demás
seres son contingentes: su esencia no implica necesariamente existir, y, por ello,
"participan» de la existencia gracias al acto creador de Dios.

Por la creación Dios sacó a los entes de la nada, como nos enseña la Revelación.
Con e! acto creador Dios no perdió nada de su esencia, sino que se distingue
esencialmente de las criaturas o entes. Las criaturas o entes participan de! ser de
Dios sólo en e! sentido analógico: son algo y tienen perfecciones pero, como
acabamos de ver, esencialmente distintas de las de Dios (los entes son
contingentes, compuestos, mutables).

Antropología y teoría del conocimiento

Siguiendo a Aristóteles, Santo Tomás concibe al hombre como una única


sustancia, compuesta de materia (cuerpo) y forma (alma racional). No obstante,
frente a Aristóteles, y de acuerdo con el cristianismo, mantiene que el alma
humana es inmortal.

El hombre es la más importante de las criaturas por su alma racional y espiritual.


Dios creó e! alma de cada hombre singularmente. Por su alma, el hombre es
imagen y semejanza de Dios. El Alma es la forma sustancial del cuerpo, esto es,
aquello que hace que e! hombre sea lo que es en todas sus dimensiones:
espirituales, corporales, sensitivas, etc. El alma forma con e! cuerpo una unidad
sustancial. El hombre tiene sólo un alma que es de naturaleza intelectiva.
Virtualmente tiene funciones sensitivas y vegetativas confiriendo así la unidad
sustancial al hombre. El ser y el obrar del hombre adquieren unidad y coherencia
en virtud de que el alma es única e impone la unidad a todas las operaciones
humanas.

El alma es inmortal por dos razones:

• Porque ella fue creada directamente por Dios y no tuvo origen o generación
corporal. Por eso sólo Dios podría «destruir» el alma.

• Porque es espiritual y no depende para su subsistencia del cuerpo ni de sus


funciones, aunque esté unida substancialmente al cuerpo.

La teoría del conocimiento tomista, basada, asimismo, en Aristóteles, entiende el


conocimiento como un proceso de abstracción, por el que el alma desmaterializa
las formas inscritas en la materia, colaborando en dicho proceso, por este orden,
los sentidos, la memoria, el entendimiento agente -que abstrae las formas-, y, por
último, el entendimiento paciente, que recibe la especie o forma inteligible y
conoce el concepto general.

Hay que distinguir:

• El conocimiento sensible: que proviene de las sensaciones de nuestros sentidos


(vista, oído, tacto, etc.). Este conocimiento es siempre de cosas particulares y de
cualidades sensibles. Se fija en los accidentes o apariencias directas
(sensaciones) de las cosas. No puede formar conceptos universales: árbol,
hombre, justicia, flor, etc. Sólo nos da cuenta de «este hombre» de sus cualidades
sensitivas, etc.
• El conocimiento intelectual: Es obra del entendimiento. Es un conocimiento
universal o por conceptos (árbol, hombre, etc.), no sensible porque ya no necesita
de la imagen de las cosas ni de su presencia física.

Para Santo Tomás el conocimiento intelectual se forma a partir del conocimiento


sensible, del modo siguiente:

a) Los sentidos son el origen del conocimiento en cuanto que ellos captan las
cualidades sensibles de los objetos (conocimiento sensible).

b) La imaginación forma una «imagen» o reproducción intelectual de las cosas a


partir de lo que los sentidos le ofrecen. Las imágenes no son todavía conceptos
porque están elaboradas con los datos sensibles. La imagen de este o de aquel
objeto (árbol, flor, hombre, etc.) no es un concepto.

c) El entendimiento forja un «concepto» universal a partir de las imágenes


prescindiendo de sus cualidades sensibles, materiales y particulares para retener
sólo la esencia universal de las cosas: árbol, flor, hombre, etc. Estos son los
conceptos (=concebidos). En cuanto que el entendimiento es su autor le llama
Santo Tomás entendimiento agente. En cuanto que los conceptos quedan
«impresos» en el entendimiento, le llama entendimiento paciente.

La abstracción es este proceso por el que el entendimiento forja los conceptos


universales «abstrayendo», esto es, dejando de lado lo sensible, lo particular y lo
imaginativo (atributos del conocimiento sensible).

La abstracción es, pues, el proceso por el que se pasa del conocimiento sensible
al inteligible.

Ética y política

La ética de Tomás de Aquino es teleológica: nuestros actos tienden a un fin último


que aparece como un bien deseable, la felicidad, que se adquiere mediante el
ejercicio del alma racional (el conocimiento y la virtud). Puesto que Dios es el bien
supremo, y el conocimiento de Dios, el más elevado al que puede aspirar el
hombre, una vida dedicada a la búsqueda y al conocimiento de Dios será la más
perfecta y feliz para el ser humano.

La consideración tomista del hombre tiene su más importante repercusión en todo


lo que hace referencia a la cualificación de los actos humanos. Esta cualificación
(de lo óptimo a lo pésimo, con todas sus gradaciones) es lo que llamamos mora-
lidad.

Sus ideas principales son:

a) El hombre es libre. La libertad es una propiedad de la voluntad humana. La


voluntad es la facultad que «apetece el bien».

b) Los actos humanos son aquellos que se realizan conscientemente. De estos


actos e! hombre es responsable.

c) El fin último de! hombre es la posesión de Dios, soberano bien. Todos los
demás fines de las acciones humanas deben encaminarse a este último objetivo.
El mal moral consiste en no proponerse como fin último la posesión de Dios.

d) Para lograr este objetivo el hombre debe cumplir lo que impone la ley natural,
que es la presencia en la naturaleza humana de la ley eterna. La ley eterna es e!
designio de Dios sobre los seres naturales, esto es, lo que Dios impuso como fin
de todas y cada una de las naturalezas creadas.

e) La ley natural impone «hacer el bien y evitar el mal». Este precepto se


concretiza en el hombre como conciencia moral u obligación de hacer ciertas
acciones y evitar otras. La razón humana está capacitada para distinguir estos
preceptos de la ley natural. La razón es, de hecho, la que impone cuáles son los
contenidos de la ley natural en cada caso.

f) La ley positiva, es el mandato razonable promulgado por la autoridad


competente en orden al bien común de una comunidad o sociedad. El hombre
está obligado a cumplir las leyes positivas justas. Y son justas todas aquellas
leyes que no contradigan la «ley natural».

g) La Ley positiva es el medio para que el Estado procure el Bien común, que es
su objetivo. La Autoridad civil debe ordenar todo para alcanzar el bien común de
los ciudadanos.

h) Para lograr el bien común debe buscarse la paz, el buen obrar de acuerdo con
la ley natural (moralidad) y los medios necesarios para vivir. Las leyes tienen así
que procurar estos tres objetivos. Si no los procuran son «leyes injustas» y no se
está obligado a obedecerlas. La autoridad que promulga «leyes injustas» se
convierte en tiranía y el ciudadano no debe obedecer al tirano, sino derrocarlo
cuando hay garantía de que su derrocamiento no va a causar males mayores.

Aunque Santo Tomás, como todos los medievales, entendía que la autoridad,
también la civil, viene de Dios, no justifica la tiranía.

 Define las cinco vías o pruebas de la existencia de Dios según De Santo


Tomas De Aquino:

Tomás de Aquino ofrece cinco demostraciones de la existencia de Dios, las cinco


vías, que comparten la misma estructura: 1) se parte de un hecho de la
experiencia; 2) se aplica el principio de causalidad, advirtiendo que no puede
haber una serie causal infinita; 3) se concluye que ha de existir un ser originario,
que es el que da lugar a toda la serie: Dios.

Las vías son las siguientes: 1ª por el movimiento: va desde el movimiento del
mundo al primer motor inmóvil; 2ª por la causalidad eficiente: va desde las causas
subordinadas hasta la primera causa incausada; 3ª por la contingencia: va desde
los seres contingentes del mundo hasta un primer ser necesario; 4ª por los grados
de perfección: va desde los grados de perfección del mundo hasta un ser
infinitamente perfecto; 5ª por la finalidad y el orden cósmico: va desde el orden y
la finalidad del mundo hasta una primera inteligencia ordenadora.

Dios es el Ser. Sólo por analogía decimos que todo lo que El creó, o sea, los
entes, tienen ser, porque han recibido de Dios todo lo que son: su esencia y su
existencia.

El ser (o sea Dios), origen y causa de todo:

- Es necesario: tuvo que existir y existirá Siempre.

- Tiene todas las perfecciones en grado infinito.

- No tiene composición (acto potencia, substancia accidente, esencia existencia).

- Es inmutable.

 Interpreta la siguiente expresión de San Agustín, “Comprender para creer,


creer para comprender”:

Que la razón va de la mano con la fe y que sin fe no hay razonamiento, la verdad


conduce a la razón, la razón conduce a fe, la cual conduce a certeza de lo que
dice la verdad.