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TEMA I: LA GRAN EXPANSIÓN CRISTIANA DE LAS CORONAS DE CASTILLA Y DE ARAGÓN, EN EL

SIGLO XIII, Y EL AISLAMIENTO DE NAVARRA.

1. Las conquistas del siglo XIII.

Como bien es sabido, la victoria de las Navas de Tolosa va a marcar un antes y un después
en el estatus de los reinos hispanos, aprovechando éstos a partir de ahora la creciente
debilidad de las taifas almorávides. Pero cabe comentar que la gran ofensiva por parte de
Castilla sobre Andalucía, así como la de Aragón hacia Baleares o Valencia no serán
inmediatas a la victoria de las Navas. Antes deberán resolver problemas internos como la
minoría de edad de algunos reyes, así como sofocar algunas revueltas nobiliarias que
pretenden aprovechar estas circunstancias para obtener más poder. Será a partir de la
tercera década del siglo XIII cuando, tras solucionar los problemas internos, se produzcan las
primeras intervenciones sobre territorio almohade, aprovechando sus conflictos internos
debido a una escasa integración de ciertos grupos étnicos.

1.1 La conquista de Andalucía y Murcia.


Por lo tanto, será debido a la descomposición y debilitamiento del imperio almohade, lo que
va a facilitar la expansión de los reyes cristianos por las tierras del sur.
Los estudios de Julio González admiten tres etapas diferenciadas para esta conquista
andaluza:
- Desde 1224 a 1236 en la que Fernando III rey de Castilla logra ocupar algunas poblaciones o
firmar pactos con ciertos núcleos musulmanes.
- Desde 1244 a 1248, donde Fernando III ocupa el Bajo Guadalquivir.
- Desde 1292 a 1492, periodo durante el cual los reyes musulmanes son vasallos de los
castellanos, y muy lentamente se lograrán ocupar las plazas del estrecho hasta la
reconquista finalizada con los Reyes Católicos en 1492.
Como ya hemos visto, el primer periodo de conquistas se inicia en 1224, cuando entre
algunos gobernadores españoles se inician una serie de peleas y pactos, de los que van a dar
cuenta a Fernando III buscando su colaboración. Por ese entonces, se proclama, por otro
lado, califa al antiguo gobernador de Sevilla, Abu-Ula. Este nuevo califa es reconocido de
inmediato en al-Andalus, pero la necesidad del califa de implantar su dominio en el Magreb
le va a obligar a firmar una tregua con Fernando III de Castilla a cambio de una
compensación económica. A todo esto, el nuevo califa va tener que enfrentarse a una
rebelión dirigida desde Murcia por Ibn Hud. Derrotado éste último, el califa vuelve a
centrarse en el Magreb, y para ello reanuda su tregua con Fernando III, al que va a solicitar
ayuda militar para sus campañas. Fernando se beneficiará de esta ayuda prestada con la
obtención de diez fortalezas fronterizas que pasan ahora a la corona de Castilla.
Pero la ausencia de éstos, centrados en el Magreb, da la oportunidad perfecta al rebelde Ibn
Hud que va a reunificar prácticamente al-Andalus. El alarmante suceso va a provocar una
rápida reacción: Alfonso IX de León atacará la ciudad de Mérida y destrozará al ejército de
Ibn Hud. Por su parte, las tropas de Fernando III van a poner sitio a Jaén, pero va a ser en
este mismo instante cuando el rey castellano abandone el sitio, pues debido a la muerte de

su padre, Alfonso IX, va a verse obligado a retirarse del frente para dirigirse a León a resolver
la cuestión dinástica.
Una vez en tierras leonesas, empieza un tanteo entre Fernando III y Sancha y Dulce, hijas del
matrimonio entre Berenguela y Alfonso IX, por la sucesión del reino. Fruto de estas
conversaciones se llegará a la reunificación definitiva de Castilla y León bajo el reinado de
Fernando III, pues sus hermanas, a cambio de una fuerte compensación económica van a
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renunciar a sus derechos.
De vuelta de nuevo al escenario de conquista en el sur, y debido a la ya patente continuidad
de problemas en el seno de al-Andalus, Castilla va a conquistar algunas poblaciones como
Trujillo en 1232 y Úbeda en 1233. En 1234 las órdenes militares, por su parte, emprenden
una campaña en Extremadura. A raíz de ello, Ibn Hud no va a tener más remedio que
negociarla paz a cambio de grandes concesiones: se trata del compromiso de entregarle al
rey castellano una cantidad enorme de moneda y de permanecer inactivo ante el ataque del
rey castellano a una serie de fortalezas en Sierra Morena.
Con las puertas abiertas hacia el sur, el rey castellano tenía como objetivo prioritario la toma
de Jaén, aunque los descontentos internos de la sociedad cordobesa van a propiciar la toma
de Córdoba antes de lo previsto. En Córdoba existían varios grupos. Uno de estos grupos
pidió la intervención de los castellanos para suprimir unos altercados y les dieron acceso a la
ciudad, abriéndoles las puertas del barrio de la Ajarquía. Así comenzaron dentro de Córdoba
las luchas entre cristianos y musulmanes de la Ajarquía contra los musulmanes de la madina.
El asedio militar se completó con un acoso diplomático, por lo que cinco meses de asedio
después Córdoba capitulaba ante Fernando III.
La descomposición política de la España musulmana se agudizaba cada día más. En el año
1238 fue asesinado el caudillo andalusí Ibn Hud. En esta situación de creciente anarquía,
Fernando III continuará intensificando la presión sobre al-Andalus. El castellano llega a
negociar directamente una serie de pactos con núcleos y algunos alcaides de castillos
diseminados por la campiña. Écija, Lucena o Marchena se comprometerán a pagarle
tributos.
En 1241 se integrará el reino de Murcia. Una embajada murciana se traslada a Toledo y
ofrece al infante Alfonso (futuro Alfonso X) la soberanía sobre Murcia y su reino, decisión
que se va a formalizar con la firma del tratado de Alcaraz en 1243. Pero esta primera
incorporación del reino de Murcia a los dominios castellanos no fue duradera, pues veinte
años después, en 1264, un gran alzamiento de la población hacía tambalear la obra de
Fernando III. Alfonso X va a requerir la ayuda de su suegro Jaime I de Aragón para sofocar la
revuelta y reconquistar el territorio murciano en 1266.
Mientras tanto, Ben Nasr desde Granada hostigaba constantemente las posiciones cristianas
de la Andalucía oriental. Esta actitud llevó al monarca Fernando III a emprender acciones
decisivas sobre Arjona y Jaén. Con esta actuación se considera el inicio de la verdadera
reconquista andaluza (toma de Arjona en 1244). El asedio de Jaén se presentaba como largo
y difícil, por lo que se hacía aconsejable intentar la rendición por hambre. Será por fin en
1246, cuando Ben Nasr ceda Jaén a Fernando III y se proclame su vasallo,
comprometiéndose a servirle en la paz y en la guerra, además de obtener el título de rey de
Granada por sus servicios prestados de ahora en adelante a Fernando.
Ganadas Córdoba y Jaén, Sevilla se convierte en el objetivo inmediato. El rey castellano
preparó cuidadosamente una ofensiva, ya que la ciudad conservaba intacto su potencial
militar. Era preciso controlar militarmente el río y el territorio circundante, por lo que se va a
preparar una flota en el Cantábrico para operar en aguas del Guadalquivir. Al mismo tiempo,

por tierra, se ocupan las plazas que permiten el control sobre las vías de acceso a Sevilla. Los
sitiados se rinden a Fernando de Castilla con la condición de que entreguen el alcázar, la
ciudad y sus territorios, y abandonen el núcleo urbano en un plazo no inferior a un mes toda
la población musulmana. El 23 de Noviembre de 1248 Fernando III entra en Sevilla.
Con un balance positivo, Fernando III había conseguido en su reconquista Córdoba, Jaén,
Murcia y Sevilla, el vasallaje de Granada y otros reinos de menor importancia como Cádiz y
Niebla, que mantuvieron una independencia controlada por Castilla hasta que Alfonso X,
sucesor de Fernando, decide suprimirla en 1262.

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1.2 La reconquista de los reinos de Mallorca y Valencia.

Cuando el monarca Jaime I de Aragón accede a la mayoría de edad, intenta dar solución a
los graves conflictos y tensiones que habían agitado su reino durante la minoría de edad de
éste. Posteriormente podrá dedicarse a la política exterior, concretamente al área
mediterránea y la zona levantina.
La proyección mediterránea de la corona aragonesa fue obra de nobles y burgueses
catalanes. La ruptura de las relaciones con Mallorca, obedece al deseo de facilitar las
comunicaciones entre Cataluña y el norte de África, interceptadas por corsarios y piratas
mallorquines. Los más perjudicados ante estas acciones eran los miembros de la burguesía
barcelonesa, por lo que lo más lógico era que fuesen ellos quienes estuviesen dispuestos a
financiar una empresa destinada a eliminar la piratería en la zona. Junto a los mercaderes
barceloneses intervienen en la zona los ciudadanos de Marsella, que vieron premiados sus
esfuerzos con la entrega de un barrio en Palma y el dominio sobre Inca.
La expedición formada por 150 naves sale de la costa en 1229 y, tras un largo asedio la
ciudad de Palma se rendirá el último día del año antes citado. Posteriormente se
conquistará Ibiza en 1235 y casi a finales del siglo, en 1286, pasará lo mismo con Menorca.
Por otro lado, en la zona oriental de la península, el rey Jaime I sometió al reino almohade
de Valencia tras una campaña que duró más de doce años. Cierto es que Valencia se había
mantenido al margen de los acontecimientos que se estaban produciendo en territorio
andalusí, pero esta situación de independencia fue a su vez su debilidad. Mientras Jaime I se
hallaba ocupado en la conquista de Mallorca, algunas tropas de la nobleza aragonesa
iniciaron las hostilidades en la zona fronteriza del alto Palencia en 1232. Ante esta
circunstancia militar, el rey es consciente del peligro que entrañaban los éxitos de la nobleza
al margen de la monarquía, por lo que el rey se va a ver forzado a cortar de raíz estas
conquistas personales, para tomar él mismo las riendas de la batalla.
En 1233, después de haber conseguido financiación en las cortes de Monzón, se comienzan
las operaciones militares. En 1235 se toma la torre de Montcada, en las proximidades de
Valencia. A partir de aquí, la ofensiva tuvo que prepararse cuidadosamente. Para su ataque
sobre Valencia conseguirá de nuevo financiación, e incluso el papa Gregorio IX le concede la
bula cruzada. Sin embargo la imposibilidad de una conquista militar conducirá a las
negociaciones para rendir la ciudad por capitulación. Esto sucede en 1238. Con esta
ocupación se dan por concluidas en Aragón las conquistas peninsulares.

2. La acción repobladora y sus variantes.

En líneas generales, los efectos sociales de la repoblación efectuada durante el siglo XIII son
similares a los de épocas pasadas.

2.1 La repoblación de tierras andaluzas.

La repoblación de las tierras meridionales fue extremadamente lenta en comparación con


las campañas militares. La política seguida por los monarcas castellanos buscaba la completa
castellanización del territorio, sin embargo las huellas de época de dominio musulmán eran
muy profundas.
Tras la ocupación de al-Andalus se respetó a la población musulmana. En algunas ocasiones
éstos preservaron la vida y la totalidad de sus heredades, caso de núcleos sometidos a
Fernando III como Jerez o Arcos. En ocasiones se aniquiló o esclavizó a los habitantes de las
ciudades conquistadas al asalto. Sin embargo lo usual fueron las capitulaciones. Por ellas la
población musulmana se comprometía a evacuar la ciudad en entregarla intacta a los
cristianos. Este es el sistema seguido en la mayoría de las grandes ciudades andaluzas como
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Córdoba, Jaén o Sevilla. En la Andalucía bética las zonas de mayor peligro fueron entregadas
a las órdenes militares.
Con el propósito de paliar la descomposición de la estructura urbana, los monarcas van a
potenciar la creación de los poderosos concejos (verdadero eje de la política repobladora)
los cuales reproducen el modelo establecido en el reino de Toledo.
Los repartos de tierra a los nuevos pobladores se realizaron de forma ordenada según
conocemos de algunos documentos como los hallados en Sevilla, denominados Libros de
Repartimiento (registran las tierras y casas distribuidas a los colonos). Además estos
repartimientos incitaron una elevada inmigración de un campesinado libre o semilibre,
procedente en su mayoría del norte. También consta la presencia de repobladores
procedentes de la zona de Toledo-Guadalajara. Si antes existía una voluntad en las
reconquistas de establecer a numerosos campesinos en propiedades medianas y pequeñas
con un régimen fiscal favorable, a partir de ahora el modelo imperante será bien distinto.
Los nuevos concejos andaluces reproducirán con exactitud la estructura de clases y las
divisiones internas de la sociedad feudal de los conquistadores septentrionales. A la cabeza
de los más beneficiados van a aparecer miembros de la alta nobleza como los Castro, los
Lara o los Haro, que van a recibir donaciones que comprenden varias aldeas o alquerías. En
este grupo entraría también la iglesia. Este sistema favorecerá el desarrollo de grandes
haciendas territoriales (de ahí los intentos de los reyes castellanos por frenar la creciente
influencia nobiliaria). Por otra parte la nobleza de rango inferior también recibe donaciones
que suelen ser fracciones de alquerías o extensiones de tierra cerealista y olivarera
sensiblemente inferiores. Pero el peso fundamental de la repoblación va a recaer sobre
caballeros hidalgos o de linaje, los cuales se asientan dentro de las ciudades a cambio de
recibir heredamientos que constan básicamente de una o varias casas y tierras de cereal. A
continuación en la escala de categorías sociales se encuentran los caballeros no hidalgos,
compensados con propiedades en la ciudad, en menor proporción. En último lugar se hallan
los peones, que reciben la mitad que los caballeros urbanos.
Esta repoblación en Andalucía no resultó nada fácil, pues las acciones bélicas hacían muy
difícil la explotación agraria. Además fueron frecuentes las correrías protagonizadas por los
musulmanes de Granada. Por si fuera poco, las capitulaciones dejaron de cumplirse,
desembocando en una revuelta mudéjar que permitió al ejército real incorporar de facto a
la corona las tierras de la zona meridional, dejando el campo andaluz tras su paso en gran
parte despoblado.
Las consecuencias que derivan de estos hechos son importantes, pues en primer lugar,
como resultado del desplazamiento de campesinos hacia el sur, se inició en el reino de
Castilla y León una crisis agrícola, que se trasladará hasta el sur debido a la descomposición
del antiguo sistema de cultivo del campo andaluz. Siguiendo esta misma línea los recién
llegados tuvieron un problema técnico importante, pues no estaban habituados al sistema
de labranza y cosecha utilizada por los musulmanes. Su agricultura era floreciente, pero
éstos desconocían las técnicas para conseguir el rendimiento adecuado, por lo que la mayor
parte de los colonos se vieron incapaces de mantener los cultivos tradicionales. Por eso
mayoritariamente se van a dedicar las tierras a los pastos y al cultivo de cereales y olivo.
En el plano demográfico, la monarquía se ve impotente para colmatar los vacíos humanos
producidos tras la rebelión de 1264. Este hecho favorecerá la concentración de tierras en
pocas manos, influyendo también esta concentración con la dedicación de gran parte de las
parcelas a pastos.
En Murcia, Alfonso X completó la repoblación inicial dirigida por el rey Jaime I, intentando
no acrecentar la influencia de la nobleza. Les otorgará a éstos grandes extensiones de tierra
en la frontera con Granada, pues en estos campos la población era muy escasa.

2.2 Las repoblaciones litorales e insulares.


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La repoblación valenciana estuvo supeditada al compromiso contraído por Jaime I en las
cortes de Monzón de 1236, en las que se estableció que el rey repartiría la tierra
conquistada entre los nobles y caballeros que le acompañasen en la conquista. Asimismo la
repoblación rural musulmana permanecerá en la mayoría de los territorios conquistados. En
el plano urbano la conquista provocó un repliegue de la población musulmana que, en
ocasiones, optará por la emigración, mientras que el resto se retirará en su totalidad a los
arrabales dejando vacio el núcleo de las ciudades.
En esta zona, en los centros urbanos y en las zonas de regadío y huerta va a predominar la
pequeña y también la mediana propiedad, mientras que en el interior y áreas más
empobrecidas se establecerán latifundios en manos señoriales y de las órdenes militares.
Tras la revuelta mudéjar de 1248 se produce una nueva oleada de migraciones de catalanes
y aragoneses hacia tierras valencianas.
La primera etapa de la conquista sólo se desarrolló en la zona más septentrional del reino y
obedeció únicamente a la iniciativa de la nobleza aragonesa que con su agresividad produjo
una emigración generalizada de la población musulmana. Esta inicial agresividad cedió poco
a poco a una política más flexible. En general se respetó la estructura de la población e
incluso a la propia organización político-administrativa y fiscal del territorio. Pero el
descontento de los musulmanes provocó la revuelta de 1247, que acabó con la emigración
de muchos y la estimulación de una nueva fase repobladora a partir del año siguiente, en la
cual el rey va a incentivar la donación de un elevado número de territorios en el sur del
reino.
A todo esto, la mayoría mudéjar debió ver transformada paulatinamente su estatus, aunque
perdurarían muchas de sus actividades cotidianas, así como también las económicas.
Igualmente se van a intensificar los asentamientos de pobladores cristianos gracias a las
donaciones.
En conclusión, para estas regiones, más que de una colonización, debemos hablar de una
culturización, de la cual habría beneficio mutuo que iría desde el aprovechamiento de

recursos naturales y reconvertidos por irrigación tradicional, hasta la lengua y las formas
culturales y materiales.
Por lo que se refiere a las Baleares, el inventario elaborado para la isla de Mallorca,
concerniente a su reparto reservaba para Jaime I la mitad de los bienes disponibles. En la isla
predominó la pequeña y mediana propiedad en manos de los repobladores, que las habrían
recibido directamente por cesión o venta.
Gracias a la presencia de mudéjares y hebreos, el tráfico mercantil se convirtió en el
fundamento económico insular, especialmente en Mallorca, a partir de la conquista
catalana, dirigiéndose principalmente hacia los mercados islámicos africanos.

3. Navarra, pactismo y foralidad.

En el primer tercio del siglo XIII se produce en el reino de Navarra un debilitamiento político
como consecuencia del fin de su participación en la reconquista, y la imposibilidad de
expandirse territorialmente. Sancho VIII el Fuerte, último rey de Navarra, pactó con Jaime I
la inclusión de su reino en la corona de Aragón mediante un acuerdo de prohijamiento
mutuo. Este pacto nunca se llevó a cabo, y tras la muerte de Sancho VII, la nobleza navarra
ofreció el trono del reino al conde Teobaldo de Champagne. Con la entronización de la
dinastía Champagne, Navarra, hasta su definitiva incorporación a Castilla en 1512, queda
dentro de la órbita de influencia francesa. En las décadas centrales del siglo XIII, el reino de
Navarra se dota a si misma de un ordenamiento legal: el Fuero General de Navarra.
Este fuero era una recopilación del derecho tradicional del reino (ius propium) escasamente
influido por el romanismo jurídico (ius comune).
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El primitivo texto del Fuero General nunca fue oficialmente promulgado, pero se creó con la
intención de llegar a un acuerdo entre todos los estamentos del reino.
En 1237, nobles, caballeros y clérigos impusieron a Teobaldo I la aceptación de las leyes.
Solo a partir del juramento de los fueros, los nuevos monarcas serían proclamados como
tales.
De este modo, en el siglo XIII en Navarra se constituye la monarquía a través de los pactos y
el respeto a los fueros tradicionales.

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TEMA II: LA CONSOLIDACIÓN DE LAS MONARQUÍAS PENINSULARES EN EL SIGLO XIII

1- LA AFIRMACIÓN DEL PODER REAL EN CASTILLA Y LAS RESISTENCIAS A DICHA CONSOLIDACIÓN


EN LOS REINADOS DE FERNANDO III Y ALFONSO X

La institucionalización política de los reinos: Derechos, Cortes y organización territorial.

La solidez institucional de las monarquías del siglo XIII descansa sobre tres pilares fundamentales:
el Derecho romano- canónico (o ley común), la integración política de los ciudadanos en unas
asambleas representativas (Cortes) y la organización del territorio mediante una desarrollada
administración de carácter fiscal.

Los reinados de Fernando III (desde 1230 titular de Castilla y León definitivamente unidos) y de
su hijo Alfonso X (1252- 1284) resultan de especial trascendencia, ya que son ellos quienes
elaboran una serie de iniciativas destinadas a reforzar el poder real y a integrar el conjunto
territorial del reino.

En el siglo XIII la monarquía dio el paso para convertir la auctoritas inherente al titulo imperial en
expresión soberana del señorío del rey.

Con Alfonso X, el concepto de Imperio sufre una importante transformación, ya que se desvincula
de la tradición hispánica y se asocia al Sacro Imperio Romano Germánico, cuya corona ostenta
Alfonso X desde el 1256. → Con el gobierno del Sacro Imperio Romano Germánico, Alfonso X lleva
a cabo una política autoritaria en el interior del reino.

El fundamento jurídico. Las Partidas.

El Derecho es el pilar sobre el que se apoya el programa monárquico de Alfonso X.

Su obra legisladora superó con creces la de su padre Fernando III, y tiene dos objetivos: servir al
proyecto centralizador de la monarquía y establecer un marco jurídico- territorial en los
diferentes reinos que integraban la corona.

Se elaboraron las grandes codificaciones del reinado (Fuero Real, Espéculo y Partida), y los
ordenamientos (como las Leyes de los Adelantados Mayores, la normativa reguladora de la
Mesta o el Ordenamiento de las Tafurerías).

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Las primeras constituyen la base teórica, aunque no fue plenamente aplicado en el siglo XIII → El
Fuero Real era un proyecto unificador de las leyes municipales, pero fue frenado por la oposición
aristocrático- nobiliaria.

El Espéculo fue una obra interrumpida por Alfonso X para refundirla con otro proyecto más
ambicioso: Las Partidas, que es una recopilación de derecho común plenomedieval. Está dividido
en siete secciones:

 En la primera se aborda el tema de la fe cristiana, la Iglesia y su organización,


 En la segunda contempla todo lo relativo al rey, al ejercicio de su poder, la estructuración
de la corte y organización militar, etc.

 La tercera se dedica a la administración de la justicia


 La cuarta alude a problemas relativos al derecho matrimonial y feudal
 La quinta alude a aspectos mercantiles
 La sexta se hace cargo de herencias y testamentos
 La séptima incluye una relación de leyes penales, incidiendo en el problema de las
minorías confesionales y lo referente al mundo de la hechicería y ortodoxia.

Las Cortes y la visión corporativa del Reino

El Reino constituye un cuerpo a cuya cabeza se encuentra el monarca. Dicho monarca gobierna
sobre un territorio definido representado por las Cortes estamentales, que a su vez están
sometidas a la autoridad del soberano.

Aunque no siempre las Cortes se sometieron a la voluntad del monarca, su voluntad debía afectar
a todos los estamentos del reino, incluyendo a aristócratas y eclesiásticos. Esto provocó una
pérdida de privilegios señoriales, que derivó en numerosas resistencias, a veces violentas.

En relación a la Iglesia, hay un creciente intervencionismo por parte del rey en las rentas
eclesiásticas (como los diezmos o las décimas).

Las articulación espacial: administración territorial, fiscalidad y frontera.

Se institucionaliza el reino a través de las Cortes, lo que provoca una delimitación territorial
fronteriza. → Hay más madurez política, que se traduce en la convocatoria de asambleas
representativas. En estas asambleas se promulgan los más importantes ordenamientos del reino.

A esta integración territorial se destinan numerosas medidas: se desarrollan las Leyes para los
Adelantamientos Mayores, promulgadas por Alfonso X entre 1258 y 1268, así como otras
medidas de carácter económico y fiscal, como por ejemplo la fiscalización de los recursos
ganaderos.
La política de la monarquía a partir de mediados del siglo XIII tiende a eliminar abusivas
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percepciones señoriales y limitar los puntos de cobro de impuestos, monopolizando de esta
manera el cobro de dichas percepciones y homogeneizando el espacio mercantil del reino.

Esto provocó resistencias nobiliarias que neutralizaron en parte los objetivos de la corona. La
corona, a su vez, intento llevar a cabo el cobro unificado de tributos a partir de los grandes
circuitos de la transhumancia. → Cañadas y veredas quedaron definidas entre 1230 y 1260.

La Corona impulsó y protegió el asociacionismo mesteño, con la creación del Concejo de la Mesta.
También tuvieron gran importancia fiscal los diezmos aduaneros establecidos por Alfonso X antes
del 1273, como la imposición de aranceles en puntos fijos de la frontera, o la política
proteccionista

Dirigismo cultural

La afirmación del poder real cuenta con un argumento cultural: la institucionalización del reino,
su fundamento jurídico, su estamentalización corporativa y su articulación territorial se ven
reforzados por la conciencia histórica y la política cultural de Alfonso X y su obra historiográfica,
como “Estoria de Espanna” o “La General Estoria”, esta última inconclusa.

Ya no solo se dedicó al ámbito historiográfico, sino que ejerció labores de mecenazgo (como se observa
en la obra “Cantigas de Santa Maria”) e impulsó las traducciones a diversos campos del saber. Se usa la
cultu

Las resistencias

La imposición de un modelo de soberanía excluyente ocasionó las resistencias de un reino


acostumbrado a los privilegios derivados del feudalismo.

Ni la nobleza, acostumbrada a un predominio político fruto de su predominio económico, ni la


Iglesia, que no quería perder su autoridad, ni las ciudades, gobernadas por oligarquías urbanas
aceptaban la nueva política.

Durante el reinado de Fernando III la oposición apenas se manifestó. La incesante actividad


reconquistadora del monarca y el hecho de que el autoritarismo real fuera más un proyecto que
una realidad neutralizaron los posibles brotes de resistencia.

Es durante el reinado de Alfonso X cuando se hacen patentes: el fin de la reconquista, los


primeros síntomas de recesión y la maduración del autoritarismo monárquico generan la
oposición nobiliaria, eclesiástica y ciudadana.

El primer brote de rebeldía se da en 1255, protagonizado por Diego López de Haro (Señor de
Vizcaya) en connivencia con un hermano del rey y con el apoyo de Aragón.

En 1264 hubo una revuelta mudéjar- granadina, en contra de la política centralizadora del
monarca.
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La reacción nobiliaria de 1271, de carácter marcadamente conservador, contó con el factor de la gran
depresión bajomedieval. Para combatir los efectos de dicha depresión, Alfonso X convocó a mercaderes
provenientes de todos sus dominios a una asamblea estamental en 1268, en Jerez.

El programa hegemónico de Alfonso X había resultado bastante caro, y los recursos del reino
habían sido mal distribuidos en un territorio que había duplicado su extensión en poco tiempo.

Los sectores más privilegiados inician las revueltas encauzándolas a su propio beneficio.

La rebelión fue liderada por un hermano del rey, el infante Felipe, y uno de los más destacados
miembros de la aristocracia: Nuño González de Lara. Se desarrolla entre 1271 y 1273.
A pesar de su carácter nobiliario, se acabó extendiendo al resto de estamentos del reino.
En 1272 el rey convoca las Cortes de Burgos para institucionalizar los acuerdos a los que había llegado el
monarca con los ricos hombres rebeldes. Pero el resultado fue muy diferente, ya que los nobles usaron
las cortes para ampliar sus reivindicaciones, implicando a eclesiásticos y representantes de las ciudades.

Los objetivos básicos de esta rebelión fueron cuatro:

 Exigencia de absoluto respeto a las tradicionales prerrogativas inherentes al estatus


político - jurídico de la nobleza → La política de Alfonso X provocó el recelo de los poderosos. Se
acuerda detener la aplicación extensiva del Fuero Real, que provocaba un recorte en las
libertades de los nobles.

 Frenar la actividad repobladora del rey, sobretodo en la zona norte → Esta actividad
colonizadora reforzaba al monarca. Solicitaron la supresión de las pueblas reales efectuadas en
León, Castilla y Galicia, ya que eran núcleos muy atrayentes para los vasallos de los dominios
señoriales.

 Anulación de las innovaciones fiscales que afectaban a los sectores urbanos.


 Oposición a la política exterior de Alfonso X, sobretodo a sus aspiraciones imperiales. →
Estas aspiraciones costaban mucho dinero, y la obtención del título imperial reforzaría la posición
del monarca en el interior de sus dominios.

El resultado supuso un triunfo para la nobleza y un deterioro para la corona.

La iniciativas reales en materia legislativa, política fiscal y actividad repobladora fueron


atemperadas, pero no erradicadas.

La corona creó elementos alternativos, como por ejemplo la creación en 1271 de la orden militar
de Santa María de España, un prototipo de milicia religiosa sometida a la voluntad real.

El rey era consciente de que para neutralizar los efectos de la rebelión había comprado la lealtad de algunos
súbditos. Por ello promulga en Cortes el Ordenamiento de Zamora.
La guerra civil de 1282- 1284

La oposición, liderada por la nobleza laica y eclesiástica y amparados por el infante Sancho,

( heredero de la corona), aprovechó la moderación y debilidad del programa de Alfonso X.

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Alfonso X se había visto obligado a abandonar su pretensión imperial y a cambiar las alianzas
gibelinas por las de su antiguo enemigo el rey de Francia, Felipe III.

El infante Sancho quiso blindar su futura herencia buscando apoyos entre los antialfonsinos: la
ricahombría castellano leonesa, los prelados, los maestres de las órdenes militares (que podían
aportar numerosas rentas) y las oligarquías urbanas, que no tardarían en poner en marcha, con
el apoyo del infante, todo un entramado de hermandades.

El infante convoca de forma irregular una asamblea en Valladolid, en abril de 1282, lo que
constituye una declaración de guerra. Durante dos años se mantienen divididos en dos bandos las
tierras y los hombres de Castilla y León.

Esta guerra acabaría con el destronamiento de Alfonso X, que fue acorralado en Sevilla, con
pocos apoyos fuera de Andalucía y Murcia. De esta manera subió al trono Sancho IV, que tuvo
que neutralizar una nueva reacción nobiliaria.

2 - LA PRETENSIÓN IMPERIAL DE ALFONSO X: EL GIBELINISMO CASTELLANO

El ofrecimiento de la corona alemana al rey Alfonso X de Castilla por parte de Pisa, en el contexto
del “Gran Interregno” alemán que siguió a la muerte de Conrado IV, cuenta con una justificación
dinástica: Alfonso era hijo de Beatriz de Suabia, vástago indirecto de la familia Staufen, por lo cual
la gibelina república de Pisa solicitó su aceptación para ceñir la corona imperial.

Había dos corrientes ideológicas:

El GIBELINISMO → Asociado a la autoridad sin concesiones del emperador, a gobiernos fuertes y


cesaropapistas, que desafiaban al poder eclesiástico y de hondas convicciones centralizadoras. →
Esta corriente era seguida por la dinastía germánica de los Staufen.

El GÜELFISMO → Asociado a un poder que respetaba los privilegios de los nobles y de la Iglesia, y
estaba abierto a las libertades de las ciudades emergentes, sobretodo las norteitalianas. Eran
favorables al diálogo, y sus partidarios eran candidatos propuestos por el pontificado → La
Francia de los Capeto fue una gran base de apoyo a la causa del güelfismo.

Alfonso X se erigió paladín del gibelinismo ya que era partidario del reforzamiento del poder y
poco dado a las concesiones negociadoras.

El ofrecimiento pisano iba avalado por el papa Alejandro IV. El rey necesitaba la bendición papal
para afianzar su posición tanto dentro de su reino y en el conjunto peninsular como en el
panorama europeo.
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El papa, por su parte, estaba abrumado por el poder que en Italia estaba alcanzando Manfredo, el
bastardo de Federico II, que se había hecho con el control de Sicilia , y representaba la opción
gibelina.

A ojos del papa no sería el güelfismo el que salvara el pontificado de las pretensiones de
Manfredo, así que decidió aliarse con otro gibelino para que se enfrentara a Manfredo y dividiera
el propio gibelinismo, debilitando de este modo las posibilidades de los Hohenstaufen en
cualquiera de sus ramas. Este gibelino fue Alfonso X, deseoso de obtener el apoyo pontificio.

Este gibelinismo moderado y tutelado por el papa hizo que muchas ciudades italianas se
adhirieran a la causa de Alfonso X. Pero la alianza castellano- pontificia no duraría mucho, ya que
el pontificado había obtenido su propósito: neutralizar la fuerza de Manfredo en el escenario
europeo, lo que hizo que perdiera interés.

Desarrollo de la pretensión imperial: reacciones y alianzas.

Entre 1256 y 1275, Alfonso X usó el título de Rey de los Romanos, pero la consagración papal
nunca llegaría. Su condición de emperador electo era suficiente para legitimar su autoritarismo
político en Castilla y para seguir adelante con la pretensión hegemónica peninsular. Esto ocasionó
las protestas del resto de reyes hispánicos, entre ellos Jaime I, que no estaba de acuerdo que el
rey castellano impusiera su soberanía en el resto de la Península.

La monarquía aragonesa, que acababa de renunciar por el tratado de Corbeil a la expansión


ultrapirenaica, se dedicó a reactivar la política mediterránea que muchos años antes había
puesto en marcha la conquista de Mallorca, lo que convertía a Italia en un objetivo irrenunciable.

Además de rivalizar con Castilla, debía de distanciarse de los intereses que la Provenza franco-
angevina tenia en Italia y el Mediterráneo.

El proyecto aragonés no simpatizaba con el güelfismo de Carlos de Anjou ni con el gibelismo de


Alfonso X, así que Jaime I no dudó en aliarse con el gibelinismo más radical encarnado por
Manfredo → Esta alianza queda sellada con el matrimonio de su hijo Pedro III con Constanza, la
hija del rey siciliano.

Esta disparidad de gibelinismos hispánicos (el moderado de Alfonso X frente al más radical de
Jaime I) pronto acabaría diluyéndose frente al más peligroso de sus enemigos: Carlos de Anjou.

Entre 1263 y 1264 se crean en Francia un bloque de intereses políticos y económicos contrarios a
la política exterior castellana. Este bloque, sostenido por la banca güelfo- toscana y bendecido
por la Sede Apostólica, estaba liderado por Carlos de Anjou.

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Carlos acabó con el régimen siciliano de Manfredo en 1266.

La causa gibelina (tanto la aragonesa como la castellana) habían encontrado un enemigo común,
y desde ese momento actúan en plena colaboración.

En 1269, Jaime I pone en marcha una cruzada de ribetes antiangevinos (pretendía neutralizar la
pretensión de Carlos de Anjou de restaurar el Imperio latino en Asia Menor), y Alfonso X le
ofreció su ayuda.

El fin de la pretensión imperial

En 1275 se abre un nuevo periodo en la evolución del reinado de Alfonso X, quien comienza a ser
consciente de que no está obteniendo los resultados esperados.

En Beaucaire el papa Gregorio X le niega todo derecho a su pretensión imperial, y con ello pierde
la justificación que cimentaba su propia actuación.

La invasión africana de los meriníes y la crisis institucional abierta tras la muerte del heredero
obligan a Alfonso X a reconsiderar su política y sus contactos diplomáticos, acercándose al bloque
güelfo- francés.

La alianza con Aragón entra en crisis, y muere Jaime I, subiendo al trono Pedro III.

Alfonso X no renuncia a su objetivo de primacía peninsular, pero no cuenta con una justificación
que lo fundamente, ni tiene el apoyo de su reino.

Por otra parte, la corona de Aragón incrementa su poder, y Castilla se convierte cada vez más en
un debilitado ente político que depende de la coherencia gibelina de la casa catalana.

En los últimos años de reinado de Alfonso X hay diversos problemas que afectan a la política
interior, las relaciones externas, etc. Se produce una guerra civil, y Alfonso X se echa en manos
del gëulfismo francés, comprometiendo de esta manera los dominios de la Corona.

Aragón vuelve a estrechar lazos con Castilla, y Sancho, hijo de Alfonso X, se une a los intereses
gibelinos de Pedro III. De esta manera durante un breve periodo de tiempo, Castilla se convierte
en una pieza más del ambicioso expansionismo mediterráneo de la Corona de Aragón.

Los indicios de la política mediterránea de la Corona de Aragón: la radicalización del


gibelinismo aragonés

El gibelinismo aragonés, radical desde sus inicios, fue la estrategia en la que Jaime I envolvió su
política mediterránea.
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La experiencia imperial de Alfonso X había acabado en fracaso, y con ella se había debilitado su
pretensión de supremacía hispánica. Su política en los últimos años contribuyó a disminuir las
posibilidades de la Castilla de Sancho IV.

Pedro III aprovechó la coyuntura, y al tiempo que aseguraba en beneficio de la Corona el carácter
feudatario del reino de Mallorca, y consolidaba la amistad con el nuevo monarca castellano, se
aplicó a dos importantes proyectos diplomáticos: El matrimonio de su hija Isabel (la futura Reina
Santa) con el rey Dinis de Portugal, y el de su heredero Alfonso con la princesa Leonor de
Inglaterra (hija de Eduardo I)

Debido al peso que adquirió la corona de Aragón en el conjunto de la cristiandad occidental, los
sicilianos pedirán ayuda a los aragoneses, y con el estallido de las Vísperas Sicilianas en 1282, la
Corona de Aragón alcanza un gran protagonismo en el Mediterráneo.

3- LA CORONA DE ARAGON Y EL AUTORITARISMO PACTISTA: JAIME I Y PEDRO III

En Castilla y León se produce un autoritarismo real con connotaciones centralizadoras.

En Aragón fue muy diferente, ya que la heterogeneidad de los diferentes reinos, una menor
incidencia de la recepción del Derecho Común, y un temprano fin de la empresa reconquistadora
en estos dominios contribuyeron a ralentizar la evolución centralizadora.
Es por ello que en las décadas centrales del siglo XIII, en Aragón destacan tres notas esenciales: el
marcado carácter feudal y pactista del poder, el nacimiento de conciencias territoriales dentro
del a Corona, y la lenta articulación de ésta como institución unitaria.

La dimensión feudal del poder: el pactismo como forma de gobierno

Las circunstancias que envuelven el acceso al trono de Jaime I y la primera parte de su reinado no
fueron fáciles. Durante los doce primeros años de gobierno el rey impone trabas feudales.

Jaime I en su minoría de edad estuvo en el castillo templario de Monton bajo la custodia del
maestre provincial de la orden, pero la mayoría de edad del monarca no acabó con su cautiverio,
la que la nobleza aragonesa, liderada por el tío del rey, el infante Fernando lo redujo de nuevo a
un estado de semilibertad mientras se ponía en práctica una nueva forma de gobierno que
limitaba el poder real y se veía sometido al control feudal de la curia. → La capacidad de
maniobra del monarca queda condicionada por la dependencia vasallática de la Sede Apostólica y
el riguroso marcaje de la nobleza feudal.

La empresa reconquistadora de Jaime I le proporcionaron alianzas provechosas:

 En primer lugar un ejército dependiente del rey, que con la participación en la reconquista
se veían recompensados con numerosos botines.

 En segundo lugar, la burguesía del principado de Cataluña, interesados en la puesta en


marcha de una maquinaria de guerra que le permitiera un mayor desarrollo comercial. 14
Desde los años veinte del siglo XIII, hay diversas uniones nobiliarias: en 1127 se creó en Jaca una
liga nobiliaria en la que participaban las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca.

Esta unión nobiliaria se mantuvo durante todo el reinado de Jaime I, y afectó también a la
nobleza catalana, sobretodo a la zona de Levante.

Es durante el reinado de su hijo Pedro III (1276 - 1285) cuando adquiere caracteres políticos de
mayor presión, naciendo de esta manera la Unión, la cual, en 1283, obligó al monarca a jurar el
Privilegio General que consagrará el principio pactista como forma de poder político, tanto en
Aragón como en el resto de territorios de la Corona.
La nobleza también usará como arma de presión política la negación de subsidios o la utilización
de ellos. La nobleza aragonesa fue la más proclive a su utilización.

El bovatage, un servicio prestado como reconocimiento de señorío, fue votado por los
estamentos catalanes durante el reinado de Jaime I. Los nobles aragoneses eran reticentes a su
concesión. → En las Cortes de Ejea, en 1265 no solo consiguen mantener su negativa al pago del
bovatage, sino que constituyen la Justicia de Aragón, en la que un noble es árbitro entre los
conflictos que pudieran surgir entre la nobleza y el rey.

Jaime I no fue un mero instrumento en manos de los nobles, ya que supone imponerse a través
de algunas directrices que compensaron ciertos agravios nobiliarios.

La afirmación de una política mediterránea, en la que Cataluña jugó un papel muy importante
sirvió para fortalecer la autoridad real, así como la imposición en 1238 del estatus de nuevo reino
para Valencia, sustrayéndolo de la nobleza aragonesa que pretendía repartirlo como si fuera un
botín.

La Iglesia también se verá afectada: el establecimiento de la Inquisición en parte de los dominios


de la Corona fue un hábil instrumento de seguimiento ideológico asociado al poder político.

El nacimiento de la conciencia territorial

El nacimiento de la conciencia territorial fue un factor muy importante para el fortalecimiento del
poder monárquico.

Fue un fenómeno muy desarrollado en la Corona de Aragón, que a diferencia del sentimiento
unitario que imperaba en tierras castellanas y leonesas, son sus diferentes reinos y dominios por
separado los que lo van descubriendo. → Afecta a Aragón y al principado de Cataluña, y actúan
dos fuerzas distintas:

 Las que a partir de la estamentalizada realidad social, convierte las Cortes en institución
reivindicativa y cohesionadora de la conciencia comunitaria.

 La que envía la Corona a través de la normalización del Derecho común (ius comune) o en
su caso, del feudalizante derecho local (ius propium) → Cuenta con importantes manifestaciones,
como los Fueros de Aragón, encargados al obispo de Huesca y promulgados en 1247.
Sustituyeron las tradiciones jurídicas locales, como el fuero de Jaca.
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El triunfo de la manifestación del ius propium, como son los Usatges de Barcelona, luego
aplicados al resto del territorio catalán y a Mallorca se debió a la protección de la monarquía.
En Aragón la realeza pensó que el derecho común podía perjudicar la seña de identidad
comunitaria que los Usatges representaban.
Las Cortes privativas de cada reino o dominio de la Corona manifestaban una voluntad de
diferenciación territorial en todos sus estamentos.

En Aragón y Cataluña las Cortes se reunieron por separado, hasta que en 1244, las de Barcelona
decidieron que el límite entre ambos territorios sería Cinca. → Las Cortes decidían sobre
cuestiones que afectaban a los reinos.
La presión de las incipientes Cortes valencianas pudo ocasionar que la política de Pedro II
frenara la extensión del derecho aragonés, en beneficio de los Furs.
En 1283, las Cortes aragonesas, reunidas en Zaragoza, consiguen la confirmación del Privilegio
Real, y exigen su convocatoria anual.

La lenta articulación de la corona.

La territorialización de cada uno de los elementos que constituían la Corona no fue acompañada
por un sentimiento integrador para el conjunto de la monarquía.
La propia realeza estaba en un proceso de inmadurez, como dan a entender los sucesivos
testamentos de Jaime I.
En el primero de ellos (1241), se contempla la herencia de Aragón y Cataluña en favor del
primogénito, el infante Alfonso. Pedro (hijo de la segunda mujer del rey) recibiría los reinos de
Mallorca y Valencia, así como los señoríos ultrapirenaicos de Montpellier, Rosellón y Cerdaña.

En 1248, tras sucesivos nacimientos de infantes, hubo variaciones testamentarias, hasta que se
redactaron las disposiciones definitivas de la herencia:
 Alfonso recibe el reino de Aragón, con Zaragoza y Teruel.
 Pedro hereda Cataluña y Mallorca → Ribagorza queda integrada en el principado de
Cataluña

 Los infantes Jaime y Fernando heredan Valencia y las posesiones ultrapirenaicas


respectivamente.

Frente a estos cambios, las Cortes, reunidas en Alcañiz en 1250, determinaron que una
diputación comisional estableciera un acuerdo definitivo.

Este acuerdo consistió en que Alfonso heredara Aragón y Valencia (sin posibilidad de separación
de reinos) y Pedro heredara el principado de Cataluña.

Pedro, una vez muere Alfonso, recibe en herencia el conjunto de la Corona.

4- LA CENTRALIZACIÓN DEL PODER EN PORTUGAL

El proceso de construcción de la monarquía portuguesa se relaciona con el modelo castellano-


leonés, ya que se siguió la vía centralizadora en vez de seguir con el pactismo feudal, lo que
provocó descontentos entre los aristócratas y eclesiásticos que acabaron con el destronamiento
del rey Sancho II y la subida al trono de su hermano Alfonso III, el candidato alternativo de la
nobleza y de la Iglesia.

Aristocracia y revolución en Portugal: el reinado de Sancho II (1223 - 1245) 16


Desde su constitución, a mediados del siglo XII, la monarquía portuguesa luchaba por imponer un
sólido régimen de autoridad.

Alfonso II (1211 - 1223), con sus leyes inspiradas en el Derecho romano, había provocado la
división de la nobleza.
Cuando Sancho II accede al trono no contó con el apoyo de la aristocracia laica y del alto clero,
que buscaron el apoyo del hermano del rey, Alfonso, que residía en Francia y era conde de
Boulogne.
En 1245, por petición del conde de Boulogne, el papa Inocencio IV declaraba nulo el matrimonio
del rey con Mencía López de Haro, hija del señor de Vizcaya, y poco después le pedía que
replanteara su política y el trato que tenía hacia la Iglesia.
Ese mismo año, el Papa confiaba el gobierno del reino a Alfonso tras el I Concilio de Lyon, en el
cual el emperador Federico II fue excomulgado y destronado. Quedaba patente la primacía de la
Iglesia en asuntos políticos.

Desde ese momento y hasta 1246, Sancho II huye a Castilla con apoyo del ejército de este reino, y
se produce el desarrollo de la guerra civil a causa de la conflictividad social y los enfrentamientos
entre linajes nobiliarios, grandes propietarios y campesinos, burgueses y obispos de ciudades
episcopales...

A ojos de la Iglesia, esto se tradujo en una mal gobierno por parte del rey, lo que justificó su
destronamiento.

Alfonso III y la restauración del poder monárquico (1248 - 1279)

El panorama de desórdenes y desarticulación del reino que el conde de Boulogne (Alfonso III )
encontró en Portugal explica su labor de restauración en las Cortes de Leira de 1254, a las que
acudieron miembros de las oligarquías ciudadanas, y en las que se buscó la colaboración de
nobles y burgueses para el reestablecimiento de la paz.

Para ello se llevó a cabo un programa centralizador, semejante al que se llevó a cabo en Castilla
por Fernando II y Alfonso X. Contaba con tres objetivos: recuperación económica,
reestablecimiento del orden y delimitación de los derechos y atribuciones de la monarquía.

, a nivel socioeconómico dos hechos:


 La garantía de estabilidad monetaria acordada en las Cortes de Leiria (1254) a cambio de
un nuevo tributo (el monedaje)

 La labor repobladora y foral llevada a cabo entre 1253 y 1258.


Se perfecciona el sistema judicial y sus agentes, y se rinde homenaje directo al rey por parte de
todos y cada uno de los alcaides de las fortalezas del reino.

Hay una defensa de los derechos regios, renovando de forma sistemática las inquiriçöes (puestas
en marcha por Alfonso X) para rescatar tierras y rentas de la corona que habían sido usurpadas
por nobles, obispos y órdenes monásticas y militares. → Hay una serie de leyes represoras de los
abusos señoriales en relación a patronatos sobre iglesias o cobro de los derechos ganaderos.

La restauración del orden monárquico no benefició a los sectores más acomodados, y en 1267 el
conjunto del episcopado del reino (excepto el prelado de Lisboa) se manifestaban abiertamente
en contra de unas medidas que limitaba los derechos de la Iglesia. Trasladaron las quejas a la
corte pontificia.
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Salvo este percance, el reinado de Alfonso III supone el restablecimiento del orden monárquico.

El fin de la reconquista tras la ocupación definitiva del Algarve, contribuyó a la institucionalización


de la monarquía.

5- NAVARRA: PACTISMO Y FORALIDAD

En el primer tercio del siglo XIII se produce en el reino de Navarra un debilitamiento político
como consecuencia del fin de su participación en la reconquista, y la imposibilidad de expandirse
territorialmente.
Sancho VIII el Fuerte, último rey de Navarra, pactó con Jaime I la inclusión de su reino en la
corona de Aragón mediante un acuerdo de prohijamiento mutuo.

Este pacto nunca se llevó a cabo, y tras la muerte de Sancho VII, la nobleza navarra ofreció el
trono del reino al conde Teobaldo de Champagne. Con la entronización de la dinastía
Champagne, Navarra, hasta su definitiva incorporación a Castilla en 1512, queda dentro de la
orbita de influencia francesa.

En las décadas centrales del siglo XIII, el reino de Navarra se dota a si misma de un ordenamiento
legal: el Fuero General de Navarra.

Este fuero era una recopilación del derecho tradicional del reino (ius propium) escasamente
influido por el romanismo jurídico (ius comune).

El primitivo texto del Fuero General nunca fue oficialmente promulgado, pero se creó con la
intención de llegar a un acuerdo entre todos los estamentos del reino.

En 1237, nobles, caballeros y clérigos impusieron a Teobaldo I la aceptación de las leyes.


Solo a partir del juramento de los fueros, los nuevos monarcas serían proclamados como tales.

De este modo, en el siglo XIII en Navarra se constituye la monarquía a través de los pactos y el
respeto a los fueros tradicionales.
Las monarquías y su proyección exterior: la “internacionalización de la Península”

A lo largo de la primera mitad del siglo XIII se produce el final de la empresa reconquistadora en
todos los reinos cristianos.

Hasta ese momento, y aunque no faltaron pactos extrapeninsulares, los reinos identificaron sus
respectivas políticas exteriores con las llevadas a cabo dentro de la península.

A partir de las décadas centrales de siglo, esto cambia completamente, y se produce una
internacionalización de las diferentes monarquías hispánicas, sobretodo Castilla y Aragón. Hay
dos hechos clave que permiten esta internacionalización:

La aceptación por parte de Alfonso X de la corona imperial que le ofrecen los representantes de
la republica de Pisa en 1258. → Esto introduce a Castilla en el marco del Occidente cristiano.

La firma del tratado de Corbeil en mayo de 1258 entre la corona de Aragón y el reino de Francia.
→ Aragón renuncia a sus dominios ultrapirenaicos (excepto Montpellier, Rosellon y Cerdaña) y a
sus pretensiones occitánicas. Esto favorece la “hispanización de Cataluña”.

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TEMA III. LA EXPANSION MEDITERRANEA DE LA C. DE ARAGÓN.

1. La incorporación de Sicilia a la Corona de Aragón.

Pedro III heredó los derechos de la familia Hohenstaufen por matrimonio con Constanza,
hija de Manfredo (rey de Sicilia) una vez muerto éste y decapitado el heredero Conradino
por Carlos de Anjou, a quien el papa le adjudica la isla en calidad de feudo pontificio.

El descontento en la isla contra los angevinos estalló finalmente en unos tumultos que se
prolongaron durante un mes provocando una gran mortandad y que recibe el nombre de
“Vísperas sicilianas”. Los sicilianos ofrecieron la corona a Pedro III, el cual acepta
dirigiéndose a Mesina, levantando el asedio de Carlos de Anjou y venciéndolo en la batalla
naval de Nicotera (16/10/1282). El almirante de la flota, Roger de Lauria, ocuparía además
las islas de Malta, Gozzo y Djerba.

La conquista de Sicilia provocó un importante cambio en las fuerzas políticas del


Mediterráneo, al pasar Aragón a jugar un papel clave y complicándole su política exterior.
Además le permitía el control de las principales rutas del Mediterráneo, clave en la ruta de
Levante, de hecho, el comercio catalán recibió un gran impulso, gracias a los privilegios
obtenidos y a la exportación de cereales casi en monopolio.

El papa reaccionó excomulgando a Pedro y desposeyéndole formalmente de su propio


reino. Carlos de Anjou le propuso un duelo de cien caballeros por cada parte para resolver el
conflicto, pero ambos comparecieron por separado haciendo constar que la victoria les
correspondía a cada uno.

El Parlamento acordó que Sicilia no se incorporara a la Corona de Aragón y el


segundogénito, el infante don Jaime, fue jurado sucesor del reino de Sicilia.

El paso siguiente fue la guerra entre Aragón y Francia, en base a la excomunión papal y la
donación de la Corona de Aragón a Carlos de Valois, hijo de Felipe III de Francia, que fue
investido el 27/2/1284. El papa Martin IV, para estimular la intervención de Francia, dio a la
guerra el carácter de cruzada.

Ante las necesidades financieras del rey, éste tuvo que reconocer a los nobles en 1283 el
Privilegio General, confirmación de los privilegios aragoneses, concediendo que el fuero de
Aragón se hiciera extensivo al reino de Valencia. A los catalanes les concedió que las Cortes
se reuniesen anualmente, confirmándoles los Usatges y aboliendo el bovatge.

En aguas sicilianas, se sucedían los triunfos navales de Roger de Lauria. En junio de 1284
Carlos de Salerno (hijo de C. de Anjou) fue hecho prisionero tras una derrota naval y su
padre murió en enero de 1285.

En la intervención armada de Felipe III pesó mucho la situación del reino de Navarra, en
manos de su hijo, ya que Pedro III se había apoderado de la región de Tudela y podía

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continuar. Contaba con la ayuda del rey de Mallorca, Jaime II, que entregó al francés
importantes plazas en el Rosellón. Tras el asedio y ocupación de Gerona el rey hubo de
retirarse por las dificultades de aprovisionamiento (su flota fue derrotada por la de Roger en
las islas Formigues) falleciendo en Perpiñán a causa de las penalidades. En octubre de 1285
Cataluña estaba libre. El siguiente paso de Pedro fue confiscar el reino del vasallo traidor
Jaime II, pero la muerte el 11/11/1285 le impidió ver consumado su triunfo.

El primogénito, Alfonso III, hereda la Corona aragonesa (1285-1291); el segundo hijo, Jaime,
Sicilia (Rey de Sicilia: 1285-1302. Rey de Aragón: 1291-1327) Esta división buscaba alejar la
presión internacional y dar cierta satisfacción al papado, que no deseaba ver una Sicilia
fuerte.

El papa Martín IV coronó a Carlos de Valois, hijo del rey de Francia, como rey de la Sicilia
continental o Nápoles, lo que obligó a Jaime a combatirle. Por el Tratado de Tarascón (1291)
el rey de Aragón reconoce la soberanía del Papa y se compromete a no prestar ayuda a su
hermano, con lo que obtiene el levantamiento de la excomunión.

La muerte de Alfonso III llevó al trono de Aragón a su hermano Jaime II, que dejó a su
hermano Federico como lugarteniente en la isla. En junio de 1295 el nuevo papa Bonifacio
VIII consiguió que aragoneses, franceses y sicilianos llegaran a unos acuerdos en el Tratado
de Anagni. En él se estableció que Jaime II renunciaba a la isla de Sicilia, reconociendo los
derechos sobre ella de la Santa Sede y de la Casa de Anjou, debiendo contraer matrimonio
con la princesa Blanca, hija de Carlos, rey de Nápoles. El rey de Francia renunciaba a la
Corona de Aragón y el papa anulaba la excomunión. Jaime II se obligaba a ayudar
militarmente a los angevinos a recobrar Sicilia. El rey de Aragón devolvía a su homónimo el
reino de Mallorca, prestándole éste vasallaje. Además, hubo una cláusula secreta por la que
se confiaba la conquista de Córcega y Cerdeña a Jaime II en compensación por la pérdida de
Sicilia. La boda se celebró en octubre de 1295. Así pues, se iniciaba la aventura sarda, que
afianzaría a Aragón como potencia mediterránea. La paz también permitiría reemprender la
política interior, un tanto abandonada, y la lucha contra los musulmanes.

Los sicilianos en protesta coronaron a Federico III que se apoderó de diversas plazas en
Calabria. Jaime II, una vez recibida la investidura de Córcega y Cerdeña en Roma,
desembarcó en la isla y puso sitio a Siracusa, el cual fue obligado a levantar. En una segunda
expedición contra la isla, Roger de Lauria obtuvo una brillante victoria en Orlando (1299)
pero sin obtener provecho posterior. Jaime II, que no deseaba una derrota total de su
hermano y considerando cumplidos sus compromisos con la Iglesia, se retiró del teatro de la
guerra. La feroz resistencia siciliana y la incapacidad del rey de Nápoles llevaron a la firma de
la paz, el Tratado de Caltabellota (1302), por el que se aceptaba la independencia de Sicilia
bajo soberanía de Federico, con el título de rey de Trinacria, debiéndose casar con Leonor,
hija de Carlos II de Nápoles. Al morir Federico, la isla volvería a los angevinos. Estos
procurarían una compensación territorial para sus hijos y, en caso de fallar ésta, retendrían
el reino de Sicilia, como así sucedió, permaneciendo la isla bajo la dinastía aragonesa.

2. La expedición de los almogávares al Imperio de Oriente.


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Los almogávares, soldados de fortuna, habían aparecido por primera vez en la conquista de
Valencia en 1238. Colaboraron en la expulsión de los partidarios de los Anjou en Messina o
derrotando a Carlos de Valois en Gerona. Tras Caltabellota quedaron desocupados.

Factores que influyeron en la puesta en marcha de la expedición:


Su presencia incomodaba a Federico III que les buscó una salida. Necesidad
de Roger de Flor de escapar de sus enemigos.
Necesidad de tropas del I. Bizantino para hacer frente a los turcos.
Las empresas de la Compañía Catalana presentan dos fases:
Anárquica: continúo cambio de jefes (Andrónico II, Carlos V de Valois etc)
Asentamiento: en Grecia tras Batalla de Cefiso (1311) y sumisión indirecta al rey de
Sicilia.

Fase anárquica: De Flor en 1303 embarcó con 6.500 soldados rumbo a Constantinopla. La
procedencia de los almogávares era muy variada, desde los Estados de la Corona de Aragón
(sobre todo catalanes) a sicilianos y calabreses. El emperador Andrónico había aceptado
entregarle el título de megaduque del Imperio y la boda con una princesa Paleólogo. Los
genoveses de Constantinopla captaron el peligro que a sus posiciones económicas suponía
la presencia de la Compañía. De Flor expulsó a los turcos de la península de Erked en el
Mármara, pasando luego a Anatolia y apoderándose de las ciudades de Filadelfia, Magnesia
y Éfeso, derrotando a los turcos en las estribaciones del Tauro y regresando con Berenguer
de Rocafort, otro de los jefes, a la Península de Gallípoli, donde acantonaron sus tropas por
orden del emperador, temeroso del poder almogávar.

Las victorias contra los turcos alternaron con correrías que despertaron un terror general, en
tanto que las ambiciones de R. de Flor y Berenguer de Entença, que obligaron al emperador
a concederles los títulos de césar y megaduque, despertaron los recelos del heredero, el
príncipe Miguel, cuya guardia asesinó en abril de 1305 a De Flor y cuantos almogávares
encontraron en el banquete que les fue ofrecido. Matanzas similares se produjeron en otras
ciudades. Los restos de la Compañía se fortificó en Gallípoli y se organizó como un pequeño
Estado al mando de Berenguer, llevando a cabo feroces campañas contra Tracia y
Macedonia. Comenzaba la Venganza catalana, como la conoce la historia contra el Imperio
y los genoveses.

Apresado Entença por los genoveses, quedó como jefe Bernat de Rocafort, que siguió
sembrando el terror. La liberación del primero y la llegada del infante Fernando, hijo de
Jaime II de Mallorca, con poderes de su tío Federico III, ávido de labrarse un Estado en el
Egeo y de controlar la Compañía, no hizo sino agudizar las rivalidades entre los distintos
jefes y producir su ruptura. En 1308 Entença fue asesinado por los partidarios de Rocafort,
mientras que parte de la Compañía prestó obediencia al emperador. El infante Fernando fue
hecho prisionero por los venecianos y entregado a los Anjou.

La Compañía se asentó en la región de Casandria (1307-1309) saqueándola


sistemáticamente. La ambición de Rocafort de convertirse en rey de Salónica encontró la
oposición de Venecia. El descontento de los jefes de la Compañía hizo que lo entregaran a
Roberto de Nápoles, pasando a tener una dirección colegiada de doce miembros. En 1309
Gualterio V de Brienne los contrató con idea de apoderarse de territorios del Imperio. Como
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Andrónico, cuando quiso licenciar la Compañía tras haberse servido de ella, los almogávares
se sublevaron derrotándolo y dándole muerte en la batalla junto al río Cefiso.

Fase de asentamiento: Los ducados de Atenas y Neopatria.

La victoria de Cefiso dejó en manos de los catalanes el ducado de Atenas. Sus posesiones se
extendieron por Tesalia, Lécrida, Fócida, Beocia, Megárida y Argélida, aunque tuvieron que
resolver el problema de colocarse bajo la soberanía de un señor que regularizara su
situación internacional. Para ello, entraron en negociación con Federico III de Sicilia, siempre
con idea de mantener su autonomía. Éste aceptó la oferta para su segundo hijo, Manfredo, y
como era un niño, envió como vicario general a Berenguer Estañol de Ampurias.

La presencia catalana en Grecia planteó problemas internacionales de convivencia, en


particular con Venecia y Génova por razones comerciales. Los primeros reaccionaron vía
compromiso diplomático; los genoveses, con violencia al no admitir competidores en las
rutas al mar Negro.

Tras la muerte de Estañol, Federico envió a su hijo Alfonso Federico, que gobernó trece años
y se apoderó de Tesalia al morir el déspota Juan II Angel, constituyéndose el ducado de
Neopatria, que en adelante estará unido al de Atenas.

Los ducados de Atenas y Neopatria pasaron de Manfredo a su hermano Guillem (1317-


1338), de éste a Juan II de Randazzo (1337-1348), de éste a su hijo, de éste en 1355 a
Federico III que en 1357 los transmite a su hermana Leonor, casada con Pedro IV, con lo que
en 1380 ambos se incorporaron a la Corona de Aragón. Sin embargo, estos territorios se

perdieron en 1388 y 1391 respectivamente debido a la debilidad y cambio de orientación


política de Juan I (de la mediterránea a la continental).

3. La conquista de Cerdeña.

Entre las cláusulas secretas concertadas en Anagni figuraba la donación pontificia de


Córcega y Cerdeña para Jaime II. A partir de entonces, Cerdeña pasó a convertirse en el
centro de gravitación de la política aragonesa en el Mediterráneo, desplazando a Sicilia a
partir de la elección de Federico III como rey de la isla.

La intervención de los asuntos sardos suponía un choque de intereses con las repúblicas de
la zona: Pisa y Génova, que señoreaban en la isla desde el s. IX y tenían grandes intereses
comerciales. La posesión de Córcega y Cerdeña eran necesarias para quien aspirara al
control del Mediterráneo central y asegurar la ruta hacia Oriente. Ocupar Cerdeña suponía
para los aragoneses disminuir la competencia genovesa, así como los focos piráticos, y para
proporcionar tierras y cargos administrativos a la nobleza catalana-aragonesa.

Transcurrieron 26 años entre la investidura papal (1297) y el comienzo de la conquista sarda


(1323) debido a la guerra con Castilla, contra Federico de Sicilia, la crisis con Granada, falta
de recursos económicos y problemas políticos derivados de la situación italiana. Al aceptar
un territorio atribuido por el papado, el rey se convertía en la cabeza del güelfismo, lo que le
22
enfrentaría con los gibelinos encabezados por su hermano Federico.

La preparación diplomática fue costosa dado que la isla no era una unidad política, sino que
estaba repartida entre numerosos poderes e intereses (los pisanos, jueces-rey en Arborea,
Génova, los Malaspina, los Doria etc). Pero Jaime II fue tan diplomático que incluso contó
con una actitud favorable de Génova. Otros a su favor: el juez de Arborea Hugo III y el
marqués de Malaspina.

La ocupación de Cerdeña la llevó a cabo el infante Alfonso a partir de 1323 cuando Hugo III
con algunos nobles y almogávares enviados por Jaime II se había sublevado contra los
pisanos, facilitando la tarea de los expedicionarios. La parte no controlada por los pisanos
fue sometida pronto pero la capitulación de Pisa no llegó hasta la derrota naval de
Lucocisterna (feb. 1324) y la capitulación de Iglesias y Cagliari.

La firma de la paz llevó a una larga sucesión de guerras con Génova que alentó las revueltas
sardas y desplegó una intensa guerra de corso. En 1325, varios miembros de la familia Doria
se sublevaron en Sassari a la que siguió otra en Cagliari.

Esta rivalidad catalano-genovesa duraría siglo y medio y supuso un gran esfuerzo en


hombres y dinero colaborando activamente en ambos la nobleza que había recibido feudos
en Cerdeña y las ciudades marítimas de la Corona, interesadas en los beneficios mercantiles
de la empresa. En la isla, se produjo una intensa catalanización de las instituciones públicas y
privadas y la instalación de un feudalismo (por concesiones feudales a la nobleza que se
implicó en la conquista) con devastadoras consecuencias en la isla, al romper el equilibrio
económico entre ciudad y campo.

4. La Corona de Aragón y el Norte de África.

Área de importancia política y sobre todo comercial.

El Tratado de Monteagudo-Calatayud de 1291 entre Castilla y Aragón repartía el área de


influencia en el Norte de Africa, de ahí que la influencia de la Corona de Aragón fue mayor
en el Magreb oriental.

Jaime II consideraba el espacio norteafricano como bases y escalas complementarias de


Baleares, Sicilia y, más tarde, Cerdeña, y como una importante fuente de recursos
económicos y humanos (esclavos, milicias, tributos).

Hubo episodios destacados como la conquista de las islas de Djerba y Querquens por Roger
de Lauria en 1284, o el desembarco en Trípoli en 1288.

El Egipto de los mamelucos era la principal potencia política, militar y económica de Levante.
Tras la conquista de Sicilia, los reyes de Aragón se beneficiaron de la tradicional amistad
sículo-egipcia establecida desde Federico II. Las embajadas de Jaime II a Egipto buscaban
obtener préstamos para el rey, garantizar la seguridad de los peregrinos que iban a Tierra
Santa y mantener las ventajas conseguidas por los mercaderes catalanes.

En las relaciones con Ifriqiya predominó la diplomacia, buscando siempre favorecer las
23
relaciones comerciales existentes más que las conquistas territoriales.

Pedro III y Alfonso IV dirigieron su diplomacia sobre todo a Túnez, junto a Sicilia llave del
Mediterráneo central y oriental a través de negociaciones con el Sultán o con los rebeldes a
su autoridad.

Jaime II se orientó hacia Tremecén y Marruecos donde alternó fases de amistad con la
actividad corsaria cuando los sultanes se negaban a tributar. A los comerciantes catalanes
les interesaba instalarse en las ciudades magrebíes, terminal del oro sudanés y de los
productos africanos, lo que llevó a la firma de un tratado en 1274 entre Jaime I y el sultán
Abú Yusuf Yaqub.

El sultán marroquí se declaró vasallo de Jaime II en 1304, que obtenía el pago de 10 mil
dinares de oro.

Tremecén en 1286 se declaró vasalla de Pedro III y comenzó a tributar 2 mil dinares.
En el balance general de la política de los reyes de Aragón sobre el norte de Africa puede
afirmarse que ésta se basó en el comercio, el tributo y las milicias cristianas.

5. La incorporación de Mallorca.

Conquistado el reino de Mallorca por Jaime I (1229) fue este monarca quien por decisión
testamentaria lo convirtió en reino privativo en 1276, siendo su primer monarca Jaime II. El
nuevo reino estaba integrado por una parte insular y otra continental (los condados de
Rosellón, Cerdaña, Conflent, Vallespir y Capcir) además de la ciudad de Montpellier y los
vizcondados de Omelades y el Carladés. Territorios extraños entre sí. Tanto la Corona como
los sectores económicos catalanes lo consideraron inaceptable.

Por el Tratado de infeudación de Perpiñán de 1279 el rey de Mallorca se declaraba vasallo


del monarca aragonés y se restablecía la unidad jurisdiccional rota en el testamento de
Jaime I.

A partir del Tratado de Anagni, la decisión de Bonifacio VIII se cumple al restituir Jaime II de
Aragón a su tío Jaime II de Mallorca las islas y los territorios pirenaicos, prestándole este
último homenaje feudal.

Tras la muerte de Jaime II en 1312 le sucedió su hijo Sancho (1312-1324), que fue siempre
fiel vasallo del rey de Aragón, colaborando en la conquista de Cerdeña. Al morir sin hijos,
hizo reconocer a su sobrino Jaime III.

Desde la subida de Pedro IV al trono de Aragón las relaciones dieron un giro radical hasta el
punto de intentar Pedro matar a Jaime en Avignon, mientras ambos iban al encuentro del
papa.

Razones que favorecieron la incorporación:

-Falta de un proceso que llevara a la formación de una unidad más estable en la Corona de
Mallorca, con una clara falta de intercambios comerciales integradores.
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-Ningún sentimiento de diferenciación con Cataluña.

-Intereses comunes entre mercaderes catalano-valencianos y mallorquines como el hacer


frente al expansionismo mercantil genovés.

-Coyuntura internacional favorable (neutralización de Castilla y Francia).

-Malestar entre los súbditos de Jaime por la extorsión fiscal a la que estaban sometidos.
Jaime III, como vasallo, pidió ayuda a Pedro IV cuando el monarca francés intentó
apoderarse de Montpellier en 1341. Pedro IV lo eludió convocando Cortes. Al no acudir
Jaime fue declarado desleal y desvinculado de la ayuda militar.
Pedro utilizó el hecho probado de haber permitido que circulara moneda francesa en sus
dominios y haber acuñado moneda aragonesa en Perpiñán para incoar proceso contra
Jaime. Éste, al ver quebrantado su salvoconducto por unos hechos confusos no se presentó
al proceso declarándose libre del vasallaje. El procesó continuó hasta que se le declaró
rebelde y contumaz, por lo que se le condenaba a perder el reino. Era la base jurídica que
necesitaba. El desembarco tuvo lugar en junio de 1343. Jaime huyó al Rosellón y los nuevos
territorios fueron incorporados a la Corona de Aragón, siendo declarados inseparables.

En mayo de 1344 se iniciaron las operaciones contra el Rosellón. En julio Jaime III se
entregó, reconociéndole el Parlamento de Barcelona rentas y señoríos a cambio de la
renuncia de cualquier reclamación. Jaime III, en desacuerdo con la sentencia, huyó y vendió
a Felipe VI de Francia el señorío de Montpellier que, junto a préstamos del papa y
cardenales, le sirvió para reclutar un ejército y presentarse frente a Mallorca, donde en
agosto de 1349 es derrotado y muerto.

Tampoco su hijo Jaime pudo recobrar sus Estados en su intento de penetración en Urgell en
1379, falleciendo poco después.

La reincorporación de Mallorca provocó numerosos gastos, lo que dio lugar a la


transferencia de propiedades y rentas reales, endeudamiento público por los municipios de
la Corona, incremento de la fiscalidad y demanda de préstamos.

Respecto a la postura de los grupos sociales acerca de la reintegración: Favorables:


burguesía mercantil y los judíos.
Indiferencia: el pueblo bajo.
Desfavorable: estamentos eclesiástico y militar: su consolidada posición se había hecho
gracias al apoyo a la dinastía privativa mallorquina y a costa de la nobleza catalana. Esta
aristocracia cortesana casi desaparece.

Se puso de manifiesto el mayor peso específico que en el futuro tendría Cataluña en el


conjunto de Estados de la Corona, en detrimento de Aragón.

6. La expansión comercial de la Corona de Aragón.

La expansión política y diplomática fue pareja a la mercantil gracias al desarrollo de las


actividades productivas: prosperidad rural, consolidación de la industria hacia 1300 y
despegue de una industria pañera en Barcelona, Valencia y Mallorca que llegó a tener
excedentes exportables al Mediterráneo.
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La expansión se vio favorecida por la coincidencia de intereses de la burguesía catalana con
la Corona, apreciables en la toma de Mallorca, en Sicilia o en el Norte de Africa.

A partir de Jaime I y sucesores la burguesía mercantil consolidó su presencia gracias al


estímulo de los italianos y sus técnicas comerciales, al desarrollo de una marina propia, a los
privilegios concedidos, a la creación de un Derecho marítimo propio (a través del Consolat
de Mar, jurisdicción específica que entendía en asuntos mercantiles y marítimos) así como a
la acumulación de experiencia y capitales reinvertibles.

Todavía en el XIII era modesto y se basaba en los ejes Levante y puertos de Africa, en la
redistribución de artículos de lujo orientales (especias, colorantes, sedas) a cambio de
materias primas y algunas manufacturas. Pero se pusieron las bases para el esplendor de los
s. XIV y XV. Un hecho clave fue la conquista de Mallorca, clave en las rutas de la cuenca
occidental del Mediterráneo y, a partir de 1277, del Atlántico.

La iniciativa de los mercaderes catalanes les abrió la ruta de Oriente. Alejandría era la plaza
más importante aunque también frecuentaban los puertos sirios, Chipre, los de la Pequeña
Armenia y Constantinopla.

En el norte de Africa se interesaron sobre todo por Ifriqiya, el área de Túnez, Bugía y Trípoli,
donde alternaron el comercio con el pago de un tributo del sultán al rey de Aragón. El
objetivo principal era el oro, que llegaba a estos puertos desde Sudán y zona subsahariana.
De ahí también el interés por el Magreb occidental y Orán, llegándose en 1291 en el
acuerdo de Monteagudo a un reparto de influencias en la zona con Castilla.

Sicilia: Jaime II supuso la culminación de la expansión territorial en la que Sicilia tenía una
posición privilegiada, al ser la llave de ambas cuencas mediterráneas. Los mercaderes tenían
en la isla desde 1286 el privilegio de elegir dos cónsules que velaban por sus privilegios y
mercancías. La isla era esencial para el abastecimiento de grano de Barcelona.

La conquista de Cerdeña completó la llamada “ruta de las islas” y fue objeto de una intensa
explotación: plata, sal (monopolio del Estado), productos ganaderos (lana, cuero, queso) los
más exportados; mientras que a la isla llegaban manufacturas diversas.

El comercio catalán-egipcio ofrecía dos facetas: el realizado con autorización del rey y de los
papas (en embajadas) y el ilícito, más provechoso. Este comercio creció durante la 1ª ½ s.
XIV gracias a los excelentes contactos de Alejandría con Siria y Chipre, y en ella se
conseguían toda clase de productos orientales.

En este comercio con el mundo islámico los catalanes se instalaron en alfòndecs, que
constaba de residencia, almacenes, iglesia y horno, estando bajo la autoridad de un cónsul,
con poder judicial para intervenir en pleitos entre mercaderes.

Granada era otro punto de enlace con el mundo magrebí y centroafricano. Málaga y sobre
todo Almería fueron los puertos claves por donde se exportaba seda, azúcar, frutos secos y

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se redistribuían productos africanos: oro, cuero, granos, especias, dátiles. Mayor presencia
valenciano-mallorquina que catalana.

Durante los s. XIII y XIV Mallorca se convirtió en un emporio mercantil, sobre todo durante
el reino privativo ya que Jaime II fomentó el desarrollo económico de la isla y propició
acuerdos mercantiles con los sultanatos del norte de Africa, generando una fuerte
competencia con catalanes y valencianos ya que los productos que comerciaban eran
similares.

El Reino de Valencia también despegó en el s. XIII, sobre todo la capital, si bien todavía no
bien integrada en los mercados europeos, ocupando una posición periférica. La afluencia
cada vez mayor de operadores mercantiles italianos creó fuertes lazos con las repúblicas
italianas, creándose un interés comercial más allá de las materia primas, sobre todo del
dinero. Los prestamistas florentinos, los más destacados de la Corona, terminaron
generando tensiones con los autóctonos. También Valencia fue un importante centro
redistribuidor de productos foráneos hacia los reinos de Aragón y Castilla (paños
languedocianos, especias...)

También es destacable en este comercio mediterráneo el realizado entre Barcelona,


Valencia y Mallorca, en el que predominaban los cereales y otros productos agrarios, o la
sal, el aceite, esparto, generadores de una intensa navegación de cabotaje a lo largo de todo
el litoral desde Perpiñán hasta Guardamar.

Fue ahora cuando en los Estados marítimos de Aragón aparecieron las primeras técnicas y
sociedades mercantiles, desde la dita, antecedente del cheque, a la sociedad y comanda
comercial, mientras los cambistas-banqueros garantizaban las operaciones financieramente.

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TEMA IV: ENTRE EL FIN DEL PERIODO DE EXPANSIÓN Y EL PRELUDIO DE LA
CRISIS O LAS TENSIONES POLÍTICO-SOCIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL S.
XIII Y PRINCIPIOS DEL XIV

1) La conflictividad sociopolítica en Castilla en Castilla entre los s. XIII y XIV: reinados de


Sancho IV, Fernando IV y minoría de Alfonso XI.
Entre el s. XIII y el XIV se pasa de una fase de crecimiento a otra de crisis. Sucede en todas
las monarquías y coincide en el tiempo con el fin de la Reconquista (salvo Granada) y el auge
de la nobleza frente a la corona.
En 1275 moría Fernando De la Cerda, hijo de Alfonso X, mientras preparaba el ataque a los
benimerines (invaden la península ese mismo año).
Plantea un problema sucesorio, pues Fernando tenía dos hijos, Alfonso y Fernando, infantes
De la Cerda; pero la solución de Sancho, segundogénito de Alfonso X, también era legal
desde el punto de vista del derecho.
El derecho tradicional ampara a Sancho, mientras las Partidas habían introducido el derecho
de primogenitura y situaba a Alfonso De la Cerda con preferencia.
En el lecho de muerte, Fernando De la Cerda, nombra tutor de sus hijos a Juan Núñez de
Lara, uno de los nobles más poderosos, para defender el derecho de sus hijos.
Alfonso X, no sin dudas, acabo por designar heredero a su hijo Sancho (Cortes de Segovia de
1276, Burgos 1276, Segovia 1278) por su experiencia política y su capacidad militar, así
como por el arraigo del derecho tradicional. Además recibió el apoyo del señor de Vizcaya
Lope Díaz de Haro, junto a nobles y concejos de la frontera.
Sin embargo la reina Violante, la mujer de Fernando, Blanca y los infantes De la Cerda se
refugian en Aragón, ya que Violante era hermana de Pedro III. Los hijos de Fernando serán
una importante baza política para Pedro III.
Por otro lado, Felipe III de Francia, amenazaba con invadir Castilla para imponer a su
candidato, su sobrino Alfonso De la Cerda.
La invasión no se produjo porque Alfonso X se avino a negociar con Felipe III (Bayona 1280).
Alfonso X le prometió el reino de Jaén a Alfonso De la Cerda a cambio de vasallaje a Sancho.
El asunto se reabrió en las Cortes de 1281 en Sevilla, y se produjo la ruptura y posterior
enfrentamiento entre Alfonso X y su hijo Sancho, porque éste no quería mermar su poder.

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El punto culminante serán las Cortes de Valladolid de 1282. Don Sancho había conseguido el
apoyo de muchos y poderosos señores del reino, laicos y seglares, descontentos por la
política intervencionista y centralista de Alfonso X. hasta don Dionís y Pedro III se le
sumaron, junto a los concejos.
Sancho convocó en Valladolid unas Cortes en 1282. Acordaron entregar el gobierno a
Sancho, así como las rentas y fortalezas del reino, pero no el título real en vida de su padre.
Alfonso X desheredaba a su hijo. A partir de aquí, la situación de Sancho empieza a ser
inestable: incapaz de imponerse en la contienda civil, va perdiendo seguidores.
En 1283 Alfonso X otorga su primer testamento. En él disponía que su heredero sería
Alfonso De la Cerda y después su hermano Fernando, y si no tenían descendencia, el rey
sería el monarca francés.
En 1284 otorga su segundo testamento que completaba y confirmaba el primero, ratificando
el orden del anterior. En éste destaca la donación a dos de sus hijos de los reinos de Sevilla y
Badajoz (infante don Juan) y el de Murcia (infante don Jaime), a título personal y vitalicio.
En 1284 moría Alfonso X en Sevilla. Antes de morir perdona a Sancho y le permite el acceso
al trono. El testamento de Alfonso X no se cumplió y el infante son Sancho fue coronado en
Toledo.

Sancho IV el Bravo (1284-1295)


Su acceso fue posible por los apoyos recibidos de la nobleza y del clero, y de las
hermandades surgidas en las ciudades y villas.
En 1282 se había casado (por 2ª vez con María Alfonso de Meneses (Mª de Molina). Eran
familiares y Martí IV exigió su separación bajo pena de excomunión.
Tres fueron los grandes problemas de Sancho IV:
Sujección de la nobleza.
Las conquistas del s. XIII por Andalucía habían aumentado el poder de la nobleza.
Pero la paralización de la Reconquista y el centralismo real de Alfonso X deterioran la
situación nobiliaria, que iniciará la confrontación con la corona para recuperar su estatus.
Al frente de la nobleza se sitúa el señor de Vizcaya, Lope Díaz de Haro, mayordomo y alférez
de Castilla, que actuará como un autentico valido.

Su ambición le granjeó enemigos y finalmente su elección de Aragón para que el rey buscara
la mejor alianza para conseguir la dispensa papal (Sancho prefería a Francia) le enfrentó a
Sancho, que finalmente decidió su muerte (Alfaro 1288).
Sancho quería asumir la potestad regia sin cortapisas.
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Los infantes De la Cerda.
Alfonso y Fernando no habían renunciado a sus derechos. Reciben el apoyo de Pedro III y
Alfonso III de Aragón.
Sancho IV, para contrarrestar esta alianza, firmará con Felipe IV de Francia el Taratado de
Lyon.
Felipe IV renunciaba a todo derecho sobre el trono de Castilla y se comprometía a conseguir
la dispensa papal.
A los De la Cerda se les exigía aceptar la soberanía del reino de Murcia con Ciudad Real.
La reacción de Aragón no se hizo esperar: Alfonso III proclamaba a Alfonso De la Cerda rey
de Castilla en Jaca. Su consecuencia fue el inicio de una guerra de frontera entre Castilla y
Aragón.
Poco después, Sancho IV y Felipe IV ratificaban el Tratado de Lyon, y además el rey francés
retiró su amparo a los infantes De la Cerda. Supuso un golpe casi definitivo para los De la
Cerda.
La lucha contra el Islam.
El control del Estrecho era indispensable para evitar posible ataques de los benimerines de
África, interesados en controlar las dos orillas del Estrecho.
Sancho IV reintentará el plan de su padre de conquistar Algeciras.
Para ello buscará la alianza con Génova, que iniciará el bloqueo del Estrecho en 1291; y
también un acercamiento a Jaime II de Aragón, firmando el Tratado de Monteagudo en
1291, asegurándose el apoyo aragonés contra los musulmanes, a cambio de determinar las
areas de expansión en el Magreb (separadas por el río Muluya).
Sancho IV ocupó Tarifa en 1292, su éxito más importante.
Dos años después los benimerines trataron de recuperarla, pero chocaron contra la
resistencia de su alcaide, Alfonso Pérez de Guzmán.
Sancho IV inició los preparativos para conquistar Algeciras, pero el proyecto se frustró
debido a su muerte (tuberculosis, 1295)

Fernando IV
En 1296, el hijo de Sancho IV, Fernando, era proclamado rey en Toledo. María de Molina
sería su tutora, pues Fernando contaba sólo 9 años.
En su reinado cabe distinguir dos etapas, separadas por la sentencia arbitral de Torrellas
(1304).
La primera fue una larga guerra civil: la minoría de edad, la nulidad matrimonial de sus
padre, la ambición de los nobles castellanos y el apoyo de Jaime II a los infantes De la Cerda,
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son los argumentos que se entrecruzan en 9 años de guerra.
Hasta 1301, año de la mayoría de edad de Fernando, se vive una intensa actividad militar: la
invasión de Castilla por Aragón, el cerco de Mayorga de Campos, la entrada de Don Dionís
de Portugal hasta Valladolid, los sitios castellanos de Paredes de Nava y Ampudia en 1296-
97, la derrota de Juan Núñez de Lara en Alfaro en 1299 y las campañas de Jaime II en
Murcia, son los actos de armas más destacados.
Durante la guerra y el debilitamiento real, apenas sostenido por María de Molina, se produjo
una floración del movimiento hermandino.
Estas hermandades concejiles se convirtieron en plataformas de poder muy importantes,
como se puso de relieve en las Cortes de Cuellar en 1297.
Tras la proclamación de la mayoría de edad del rey (1301) cesó la actividad militar y empezó
la diplomática, concluyendo en la sentencia arbitral de Torrellas (1304).
Durante estos años la nobleza castellana se divide en dos. Ambos se disputaban el control
sobre el rey y el reino. Estaban capitaneados por el viejo infante don Juan, tío de Fernando
IV.
Jaime II supo sacar ventaja política de esta división y se convirtió en el protagonista de la
sentencia de Torrella.
Castilla firmó la paz con Aragón, fijando una frontera común en Murcia, renunciando Jaime II
a buena parte de sus conquistas.
Alfonso De la Cerda renunciaba a sus aspiraciones a cambio de importantes compensaciones
económicas.
En 1305 se inicia una nueva etapa para Castilla, en la que se consuma el triunfo de la
nobleza.

En 1308 el infante Don Juan teje una alianza nobiliaria contra el rey. En Grijota, ese año,
dieron a conocer al rey sus exigencias, y éste se plegó a ellas, teniendo que sustituir a sus
oficiales por los de la nobleza.
La acción del gobierno iba a estar controlada por la nobleza.
La calma fue usada para iniciar negociaciones con Aragón, que culminan con la firma del
Tratado de Alcalá de Henares (1308) que les vinculaba para acabar con la Reconquista.
Sin embargo el balance final fue un estrepitoso fracaso, apenas paliado con la conquista de
Gibraltar. El responsable directo fue la nobleza.
Entre el levantamiento del sitio de Algeciras (1310) y la primavera de 1311, trató el rey de
liberarse de la nobleza enfrentándose al infante don Juan en Burgos.
El plan fracasó gracias a la ayuda de María de Molina.
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Finalmente busca la reconciliación con don Juan. La concordia ponía de relieve la
imposibilidad de imponerse a la nobleza y la dependencia del rey hacia éstos.
La enfermedad de Fernando IV propicia que la nobleza formara un frente unido contra el rey
y alentara el descontento popular. Las muestras de desobediencia nobiliaria son constantes.
Don Juan, junto a otros, preparaba el destronamiento de Fernando IV. Fue María de Molina
la que evitó el trance.
Sin embargo, Fernando IV, no enterado, firmó un nuevo compromiso con la nobleza en 1311
(Palencia) con el objetivo de hacer la guerra a los musulmanes. Las únicas concesiones las
hizo Fernando.
Estos acuerdos dieron a Fernando cierto margen de maniobra, al conseguir la paz interior,
para dedicarse a la guerra contra el Islam.
En 1312 en las Cortes de Valladolid, el rey va a tratar de recuperar la autoridad real
reorganizando la administración de justicia. Era evidente la debilidad real ante la
imposibilidad de subordinar a la nobleza a las reformas, así que cedió ante los concejos y
hermandades, y así abocetaron un amplio programa de reformas.
Sin embargo, estas Cortes, servían de testamento político de Fernando IV, pues moría poco
después, a los 26 años, dando al traste con la reforma.

La minoría de Alfonso XI y el movimiento hermandino (1295 -1325)


El heredero de Fernando, Alfonso XI contaba sólo 1 año, por lo que era necesaria alguna tipo
tutoría.

Se perfilaron dos facciones nobiliarias encabezadas, una por María de Molina y su hijo, el
infante don Pedro; y la otra por el infante don Juan y Juan Núñez de Lara.
Paralelamente resurge el movimiento hermandino, estimulado ahora por la nobleza, para
conseguir sus objetivos políticos.
A fines de 1312 los concejos de León, Zamora, Salamanca, Astorga y otros más, acuerdan
hacer hermandad a favor del rey.
Cinco de éstos, en 1313 forman una nueva hermandad, junto con el infante don Juan y otros
señores. Esta facción nobiliaria, busca el control de los concejos hermanados para controlar
las cortes y así la tutoría del rey.
Las Cortes de Palencia de 1313 contribuyen a avanzar hacia una ueva guerra civil, ya que
separados por grupos de intereses, unos habían declarado tutor al infante don Juan y a su
madre Constanza. Por otro, habían nombrado a María de Molina y al infante don Pedro.
María de Molina llegó a un acuerdo con las facciones en 1314 quedando como tutores los
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infantes don Juan y don Pedro, y ella misma tendría la custodia del rey niño.
El acuerdo fue ratificado en las Cortes de Burgos de 1315. En ésta, las diferentes
hermandades, menos la andaluza, crean una única hermandad general (103 caballeros y
más de 100 villas).
Esta unión de nobles y concejos se debe a la minoría de Alfonso y la posibilidad de ambos
grupos de encaramarse al poder y controlar y participar del gobierno (se crea una comisión
con caballeros y representantes concejiles para controlar a los tutores).
En las Cortes de Carrión de los Condes en 1316 se hace por primera vez un examen en
profundidad de la situación de la Hacienda real (enorme déficit). Pero la más importante fue
la sencilla aprobación de las peticiones y acuerdos de la Hermandad General, poniendo en
evidencia su enorme poder político y consiguiendo un elevado grado de control del gobierno
de los tres tutores.
Durante las Cortes de Medina del Campo de 1318 dio la impresión de que las Cortes iban a
ser desplazadas por la Hermandad, pero al final no ocurrió.
En 1319 morían los infantes don Pedro y don Juan en la vega granadina, derrotados por los
musulmanes. Quedaba como tutora única María de Molina, iniciándose nuevas disputas por
la tutoría de Alfonso XI. Éstas, provocaron la división de la hermandad en diversas facciones,
perdiendo cohesión, al igual que ocurrió la hermandad andaluza.

En 1325, con 14 años, Alfonso XI era declarado mayor de edad. Suprimió las hermandades
debido a su peligroso intervencionismo y a su ambicioso proyecto político centralista.

2) Repercusiones internas de la política mediterránea de la Corona de Aragón: reinados de


Pedro III el Grande, Alfonso III el Franco o el Liberal y de Jaime II el Justo.

Pedro III
En 1276 moría Jaime I el Conquistador y fue sucedido por su hijo Pedro III, buen diplomático
y con experiencia política. Afirmará la tendencia catalanista de la dinastía.
En 1262 se casaba con Constanza, hija del rey de Sicilia. Sobre ella recaerían los derechos
sucesorios tras la muerte de su padre en 1268.
Este mismo año, el angevino Carlos de Anjou se apoderaba de la isla.
Pedro III, dentro del partido gibelino, defendía la superioridad real frente al papa, y era un
declarado enemigo de Carlos, hijo del rey de Francia. Contaba con apoderarse de la isla,
alineado con los descontentos con los franceses.
A principios del reinado, Pedro III tuvo que dominar a la nobleza catalana, revuelta por que
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el rey había aprobado el bovatge, un impuesto, sin convocar Cortes (todavía no había jurado
los fueros).
Pedro III, con apoyo urbano, logró contener la revuelta, tras tomar la plaza fuerte levantisca,
Balaguer. Los rebeldes fueron perdonados, pues necesitaba su apoyo para Sicilia.
En 1282 se producen las “vísperas sicilianas”, una revuelta general contra los franceses. Los
sicilianos ofrecieron la corona a Pedro III que se aprestó a conquistar la isla.
El 20-8-1282 la flota aragonesa derrotó a la angevina en Trapani y Nicotera. Pedro III era
coronado en Palermo. En la práctica resultó un hito definitivo para el desarrollo del
comercio catalán.
El papa francés Martin V excomulgó a Pedro III y poco después le declaró depuesto,
ofreciendo la corona de Aragón a Carlos de Valois, otro hijo de Felipe III de Francia.
Así, Pedro III se vio en una situación difícil, agravada por la tensión entre la nobleza, en
contra de la empresa siciliana.
Trató de reconducir la situación convocando Cortes (Tarazona 1283), pero la nobleza le
exigió que jurase los fueros, usos y costumbres, a lo que se negó.

Los nobles y algunos concejos constituyen la hermandad de la Unión Aragonesa, para


defenderse del rey si vulneraba los fueros.
Las Cortes fueron trasladadas a Zaragoza y Pedro III tuvo que aceptar el Privilegio General de
la Unión, un programa de gobierno, en el que se definen las relaciones del rey con los
estamentos y con las relaciones del rey con los estamentos y con las 3 instituciones más
importantes, el Consejo, las Cortes y la Justicia de Aragón.
En 1283 Pedro III reúne las cortes catalanas. Se aprueban unas Constitutions, en sintonía con
el Privilegio de Aragón.
La nobleza refuerza su posición política, social y económica frente a los campesinos,
adscritos a la tierra, para liberarse debían pagar la remensa.
Se pusieron así las bases del pactismo catalán; el monarca se comprometió a no promulgar
leyes sin las Cortes, que debían reunirse una vez al año.
En Valencia Pedro III no tuvo necesidad de convocar Cortes y con un Privilegium Magnum
confirmó los fueros y privilegios del reino.
Se cerraba así el camino hacia la unidad absoluta de los territorios de la corona.
Entretanto van a sucederse las victorias de Roger de Lauria al mando de la flota catalano-
aragonesa.
En 1283 se apoderó de Malta, Gozo y Pantelaria.
En 1284 fue hecho prisionero el hijo de Carlos de Anjou, Carlos de Salerno, en una batalla
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naval.
Carlos de Anjou muere en 1285. El imperio angevino es destruido. El rey de Francia
comprendió que la única esperanza era invadir Cataluña.
El rey francés obtuvo el privilegio de cruzada y lanzó un doble ataque, por tierra y por mar.
La flota francesa fue derrotada por Roger de Lauria.
El ejército francés logró apoderarse de Gerona, pero la pérdida de la flota cortó las líneas de
abastecimiento y apareció la peste.
El propio Felipe III, infectado, ordenó la retirada. El ejército francés fue derrotado y Felipe III
muerto.
Pedro III no pudo saborear la victoria pues murió el 11-11-1285.
Alfonso III
Hijo mayor de Pedro III, Alfonso III era proclamado rey con 20 años.
Mandaba un ataque contra su tío Jaime de Mallorca, que se había revelado cuando se
enteró del fallecimiento de su padre.
El primer problema de Alfonso fueron las reclamaciones de la Unión Aragonesa.
No tuvo más remedio que firmar los Privilegios de la Unión (1287). En ellos Alfonso III
admitía la posibilidad del destronamiento real y el cambio dinástico si actuaba contra la
Unión. También la reunión anual de Cortes en Zaragoza y el nombramiento por las Cortes de
un Consejo Real para Aragón.
convoca Cortes generales en Monzón. Los estamentos aragoneses, catalanes y valencianos
aprobaron unas constituciones para poner fin a los problemas más importantes de los
reinos.
Se pretendía sanear las estructuras financieras y administrativas, estableciendo el control de
los funcionarios reales y tratando de evitar las corrupciones.
En segundo lugar, la indivisibilidad de la Corona de Aragón y se proclamaba un Consejo Real
para evitar los abusos de la corona.
Las Cortes de Monzón marcaban el fin de la rebeldía unionista. El grado de aceptación del
programa fue puesto de manifiesto en las siguientes Cortes de Zaragoza que sepultaban
definitivamente el espíritu unionista.
Los problemas no desaparecieron del todo, especialmente los conflictos fronterizos con
Castilla y Francia, y los ataques de Jaime de Mallorca. Sin embargo, la situación interna
favorable, iba a ser aprovechada por Alfonso III.
A través del Tratado de Tarascon o Brignoles de 1291, Alfonso III se comprometía a ir a
Roma para recibir el perdón del papa y la revocación de la donación de su reino a Francia.
Se abría un paso esperanzador para la Corona de Aragón que fue bruscamente interrumpido 35
por la súbita muerte de Alfonso III en 1291 con 25 años.
Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca serían para su hermano Jaime y Nápoles para su
hermano menor Federico.

Jaime II (1291-1327)
Jaime II fue uno de los más grandes diplomáticos de la Corona de Aragón. Dirigió
deliberadamente sus estados hacia la expansión marítima.
Para ello buscó la alianza con Castilla (Tratado de Monteagudo 1291).
Pero este tratado duró muy poco porque Sancho IV no podía renunciar a su amistad con
Francia. La devolución de la infanta Isabel a Castilla fue el anuncio de ruptura entre Castilla y
Aragón.
Aprovechando el fallecimiento de sancho IV y la crisis que la siguió, trató de acercarse a
Francia y solucionar el tema de Sicilia mediante el Tratado de Agnani (1295).
Jaime casaría con Blanca de Anjou sellando la paz con los franceses.
Además, renunciaba también a Sicilia, donde su hermano Federico se había consolidado,
pero obtenía de Bonifacio VIII los derechos para conquistar Córcega y Cerdeña.
Renunciaba por último a anexionar Mallorca, devuelto a su tío Jaime II como vasallo como
vasallo de Aragón.
Aunque el tratado no era favorable, se compensaba con las conquistas, el crecimiento
comercial y el afianzamiento de la corona en el Mediterráneo.
Así Jaime II acercó posturas con Bonifacio VIII, con el que se comprometió a defenderle de
sus enemigos, incluido Federico de Sicilia, hostil al acuerdo de Agnani, y que había sido
proclamado rey de Sicilia.
Jaime II atacó 2 veces Sicilia, destacando Roger de Lauria, pero sin pretensiones de ocuparla.
En 1302 se firma el Tratado de Caltabellota. Federico era aceptado como rey en vida, a su
muerte la corona sería para los angevinos, pero la realidad es que se quedaría en manos
catalanas.
Tras esto los almogávares quedaron desocupados y el emperador de Bizancio los contrató
(Andrónico II Paleólogo) para luchar contra los turcos.
39 galeras y 6500 soldados capitaneados por Roger de Flor llegan a Constantinopla en 1303.
Lograron algunos éxitos, pero despertaron los recelos bizantinos.
Así, muchos oficiales, entre ellos Roger de Flor. Por ello iniciarán una venganza contra
bizantinos y genoveses a través de una serie de brutales campañas.
En 1311 arrebataron a los franceses el ducado de Atenas, que mantendrían 70 años;
impusieron los usatges y la lengua catalana.
36
En 1318 constituyen el ducado de Neopatria en Tesalia.
Ambos ducados, incorporados al reino de Pedro IV, se convirtieron en las dos grandes bases

de Aragón en el Mediterráneo oriental.


En 1323 Jaime II ordena la conquista de Cerdeña. Las operaciones las dirige el futuro Alfonso IV.
Acababa con el dominio de Pisa y abría para la Corona de Aragón importantes expectativas.
Asegura el control de las rutas occidentales; garantizaba el abastecimiento de trigo de
Cataluña; la isla se convertía en un importante mercado para la artesanía catalana y la
monarquía se quedaba con el monopolio de las minas.
Jaime trató de establecer relaciones estables con Marruecos y Tremecén para intensificar el
comercio y asegurarse el oro del desierto.
Pero a partir de 1314 la amenaza benimerín cambió la situación.
Jaime II mantuvo buenas relaciones con Sancho IV de Castilla, llegando a comprometer a sus
hijos en matrimonio. Pero con la muerte de Sancho se rompió el compromiso, alegando que
el papa no entregaba las dispensas.
A partir de aquí Jaime II se convirtió en patrocinador de la candidatura de Alfonso De la
Cerda al trono de Castilla, contando con el apoyo de Francia, Granada, Sicilia y Portugal.
Jaime II fracasó en su intento de invasión del interior de Castilla debido a que la peste
diezmo a sus tropas (1296).
Si cosechó un importante éxito en la conquista de Murcia.
A través de la Sentencia arbitral de Torrellas y después del Tratado de Elche (1305) se
modificaba la frontera, asegurando la soberanía aragonesa al norte del río Segura.
En 1308 ambas coronas firman el Tratado de Alcalá de Henares para impulsar de nuevo la
Reconquista a costa de Granada.
Castilla atacaría Algeciras y Gibraltar, y Aragón, Almería. El esfuerzo económico era
importante, no así los resultados que se redujeron a la conquista castellana de Gibraltar
(1309). La defección de la nobleza castellana del sitio de Algeciras supuso la retirada de
Jaime II de Almería.
Jaime II fue un político prudente, siempre respetuoso de las leyes y usos, para evitar perder
apoyos.
Estableció una fórmula de equilibrio, compartiendo el poder con la nobleza, clero y
concejos; estableciendo las Cortes como órgano frecuente asambleario: la representatividad
sería para los grupos de poder y la autoridad para el rey.

37
En 1319 Jaime II promovió el Privilegio de Unión (Cortes de Tarragona) consagrando la
indivisibilidad de los 3 reinos.
Pero no se pudo evitar un sentimiento en Aragón de subordinación de sus intereses a los del
condado catalán. Para compensar se crea el arzobispado de Zaragoza como sede de Aragón.
Jaime II estuvo siempre atento al progreso cultural de sus reinos.
En 1300 creó el Estudio General de Lleida y en 1317 la Orden Militar de Montesa.
Jaime II falleció en Barcelona en 1317. Le sucedió su hijo Alfonso IV.
3) el reino de Portugal: La obra de Dionís (1279-1325)
Dionís Portugal había nacido en 1261 y era hijo de Alfonso III y Beatriz de Portugal. Recibió
una esmerada educación, hombre de gran cultura y hombre de Estado, fomentó el uso de la
lengua portuguesa.
En 1279 iniciaba su largo y fecundo reinado (46 años). Portugal conoció un sostenido
crecimiento en todos los sentidos y marca un hito decisivo en la historia medieval
portuguesa.
Dionís podía considerarse hijo ilegitimo y ese será el argumento para algunos nobles y
obispos, encabezados por el infante Alfonso, para iniciar revueltas contra el rey en 1281 y
1287. La razón era la política centralista de Dionís, apoyado en la burguesía de Lisboa y
Oporto.
Uno de los instrumentos utilizados por Dionís para conocer los bienes y derechos
monárquicos fue las inquiriçoes (Alfonso II). Pretendía conocer los abusos nobiliarios y
eclesiásticos por devolver los derechos y tierras a jurisdicción real.
Las Cortes de Lisboa y Guimaraes de 1286 impulsaron la realización de inquiriçoes para
recuperar rentas reales perdidas y así aliviar la fiscalidad de villas y ciudades de realengo.
Dionís recibió un reino rural y arcaico, y lo transformó abriéndolo a la navegación y al
comercio.
Expresión de esto fue el reconocimiento de una agrupación de mercaderes (1293).
Se le conoció como “rey labrador” por su preocupación por estimular la producción de
campos, rentas y exportaciones.
Merece destacar una ley por la que los nobles no perderían sus tierras si las trabajaban
directamente, o la política de asentamiento de nuevas familias por medio de enfiteusis, el
apoyo a la construcción naval, ferias…
En 1289 y 1292 llega a un acuerdo con la iglesia para recuperar bienes y ventas.

38
En el norte prestó gran servicio a los monasterios, al protegerlos de los abusos de sus
patronos laicos.
A partir de 1295 Dionís intervino en los asuntos castellanos, apoyando a Jaime II de Aragón,
al infante Don Juan o a los infantes De la Cerda.
La firma del Tratado de Alcañices entre Castilla y Portugal suponía el establecimiento de una
frontera casi definitiva. Suponía uno de los grandes éxitos diplomáticos de historia.
Para Castilla era más un Tratado de paz en el que a cambio de algunas plazas conseguía el
fin del apoyo a Don Juan en su reivindicación del reino de León, sancionado con el
matrimonio de Fernando IV con Constanza, hija de Dionís.
En 1288 creó el Estudio General de Lisboa para depender de Salamanca o Valladolid.
Siempre fomentó la lengua portuguesa con traducciones. Su corte fue uno de los centros
más importantes de la península.
En 1312 creó la Orden de Cristo con los restos del Temple.
Su política de fortalecimiento real se apoyó en las concepciones del Derecho Romano y en el
desarrollo de la burocracia estatal, lo que causó varias defecciones nobiliarias, encabezadas
unas por su hermano Alfonso o por su hijo, También Alfonso, éste, celoso por la preferencia
del rey por sus bastardos.
Los problemas de Dionís con la nobleza salpicaron todo el reinado, en 1281, 1287 y 1299,
pero especialmente en el final del reinado, cuando se extendió una verdadera guerra civil
que le enfrentó con su hijo durante 5 años.
Dionís murió en Santarem en 1325.

4) Navarra en la órbita francesa.


En 1274 moría Enrique I tras un breve reinado, planteando un grave problema sucesorio.
La heredera era Juana I, de un año de edad, y su regente, su madre Blanca de Artois.
La mayor dificultad era encontrar un gobierno general que suscitara un consenso general.
fue elegido Pedro Sánchez de Monteagudo. En el acto de jura, los concejos constituyeron
una hermandad para dar garantía de las promesas del gobernador.
Los reinos vecinos tratarían sacar provecho de la minoría de Juana I para extender su
influencia por Navarra
Los descarados intentos de Castilla y Aragón llevaron a Blanca de Artois a concertar el
matrimonio de la reina niña con uno de los hijos de Felipe III de Francia sin consultar a los

39
demás estamentos del reino. Francia se haría cargo de la defensa de Navarra frente a
Castilla y Aragón.
La primera consecuencia fue la caída del gobernador general, sustituido por unos francés,
Eustaquio de Beaumarchais.
Su falta de tacto le suscitó la oposición de los navarros, especialmente en Pamplona, lo que
causó una importante crisis en la capital.
El gobierno francés se refugió en los burgos de francos a la espera de los ejércitos del rey de
Francia.
Estos penetraron en Pamplona causando graves daños, así como en otros núcleos de
resistencia.
A partir de aquí, Navarra quedaría sometida al rey de Francia, que rigió los destinos a través
de gobernadores provistos de amplios poderes, convirtiéndose en un apéndice de Francia,
que a su vez apoyaba a los infantes De la Cerda contra Castilla.
En 1284 Juana I contrajo matrimonio con Felipe IV el Hermoso que sucedía a su padre en
1285.
Felipe IV mantuvo el sistema de gobernadores de su padre.
Tanto Felipe como Juana, ambos criados en París, fueron vistos como extraños. En Navarra
no residieron nunca.
No sorprende que, en varios sectores nobiliarios, ricoshombres e infanzones, surgiera un
progresivo movimiento de oposición a las intromisiones francesas.
En 1305 murió Juana I. los navarros descontentos con la administración francesa, intentarían
desligarse de Francia.
En 1305 las Cortes de Navarra llamaron a Luis Hutín el Testarudo, primogénito de Juana I y
Felipe IV para que acudiera a Navarra. Juró los fueros en 1307 y tras un reconocimiento del
reino, regresó a Francia, nunca más volvió.
Durante su breve estancia reforzó la presencia francesa, imponiendo graves castigos a los
rebeldes.
Tras morir Felipe IV en 1314, Luis fue también rey de Francia, aunque por poco, pues fallecía
en 1316.
Se volvía a plantear otro grave conflicto sucesorio pues no se respetaron los derechos de
Juana, la hija pequeña de Luis, y fue su hermano Felipe V el nuevo rey de Francia y Navarra
(Felipe II).

40
Felipe murió en 1322 sin descendencia. En Francia fue reconocido Carlos el Hermoso, pero
Navarra prefería hacer valer los derechos de Juana, hija de Luis Hutín.
Finalmente, Carlos juró como rey, más por fuerza que por agrado.
Los reyes de Francia de la dinastía capeta gobernaban Navarra a distancia, a través de
gobernadores con amplios poderes.
Una de las principales ocupaciones era la de controlar el orden público tratando de evitar
acciones de juntas o ligas nobiliarias o de villas.
Evitaron los conflictos bélicos con los reinos vecinos y se esforzaron en mantener la
seguridad de las fronteras, especialmente en Álava y Guipúzcoa.
La sede episcopal de Pamplona estuvo ocupada por prelados franceses nombrados por los
papas de Aviñón, de acuerdo con los reyes de Francia, y que muchas veces permanecieron
ausentes.
En 1328 muere Carlos el Hermoso, no dejaba descendencia masculina y tampoco hermanos,
lo que facilitaría la separación de Navarra.
Las Cortes de Pamplona de 1328 eligieron a Juana II, Hija de Luis Hutín, y casada con Felipe
III de Evreux .
Juana y Felipe juraron los fueros en Pamplona en 1329 y las Cortes aceptaron que el marido
ejerciese el gobierno en nombre de su mujer.

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TEMA V: CONFLICTOS POLÍTICOS EN LOS REINOS HISPANICOS Y EL TRIUNFO

DE LAS MONARQUÍAS EN LA PRIMERA MITAD DEL S. XIV.


EL FORTALECIMIENTO DE LA MONARQUÍA EN CASTILLA: EL REINADO DE
ALFONSO XI.

Alfonso XI se sentó en el trono en 1325 tras una larga minoría en la que el reino estuvo
dividido en facciones personalizadas en los tutores.
Éste fraccionamiento lo que acabó causando fue la emigración, especialmente de judíos, a
otros reinos peninsulares más tranquilos.
Las largas Cortes de 1325 tenían como objeto poner orden en el reino.
A cambio de satisfacciones económicas, se exigió que fueran alejados de la cúpula de poder
y se buscó limitar la autoridad monárquica mediante la petición de un mayor porcentaje de
representantes urbanos en el gobierno y la justicia, controlar la cancillería, mantener los
derechos de las hermandades…
El rey tendría que dominar a los nobles, poner coto a las injerencias de las ciudades en el
gobierno y poner de su lado a los judíos, los únicos dispuestos a colaborar como gestores,
recaudadores y prestamistas.

Domeñando a la nobleza
Puede afirmarse que Alfonso XI, siempre que pudo, buscó el acuerdo con el estamento
nobiliario castellano. es más, siempre pensó que los caballeros eran el grupo social más
importante de Castilla e intentó atraerlos a su servicio dotándolos y exaltando los ideales
caballerescos.
El problema reside en que éstos, también sabían de su importancia, especialmente para
empresas militares, y por ello exigían del monarca puestos de gobierno, bienes…
Pero en un contexto de alza de precios, los nobles eligieron el camino de la revuelta para
conseguir compensaciones. Aunque también, al conseguir sus reivindicaciones aceptaron el
acuerdo y la potestad regia. Se trataba de encontrar un equilibrio.

Cuando en 1325 Alfonso XI alcanzó la mayoría de edad, buscó el sostén del partido
encabezado por el infante don Felipe, que recogía los apoyos con los que contó María de
Molina.
Esta decisión produjo malestar en dos personajes claves para la gobernabilidad del reino:
don Juan el Tuerto y don Juan Manuel. Por ello el rey intentó negociar con ellos.
Logró convencer a don Juan Manuel comprometiéndose con su hija Constanza, pero con 42
don Juan las cosas tomaron mal cariz.
Tras un intento de brindarle condiciones de paz, Alfonso XI tomó una cruda decisión y poco
más tarde don Juan era asesinado por instigación real.
En 1326 un bastardo de don Dionís invade Castilla y en 1327 se desarrolla la primera
campaña contra Granada, conquistando varias plazas fuertes, y ambas paralizaron la
revuelta de don Juan Manuel.
Pero Alfonso XI y Alfonso IV para acabar con las disputas acordaron que el rey castellano
casaría con la hija del portugués, rechazando por tanto a Constanza Manuel. Mientras don
Juan Manuel se prepara para la revuelta, recabando apoyos entre sus parientes aragoneses.
Mientras un ejército real cercaba a don Juan Manuel, se unían a su causa Valladolid, León,
Toro y Zamora, descontentas por el gobierno abusivo de Alvar Núñez de Osorio, conde de
Tratámara.
Alfonso XI exoneró al Trastámara e inició negociaciones con Alfonso IV de Aragón. Pero
Osorio, disgustado, acudió a ponerse al servicio de don Juan Manuel. Alfonso XI optó por
asesinarlo y confiscar sus bienes.
El rey aragonés, ocupado en Cerdeña, decidió acercar posturas con Castilla y concertó su
matrimonio con Leonor, hermana de Alfonso XI.
Don Juan Manuel, abandonado por sus aliados, decidió deponer las armas en 1330 y fue
perdonado.
En 1331 acontecían dos episodios importantes en la vida del rey.
Conoce a Leonor de Guzmán, a la que convertirá en su amante y que actuará como si fuera
la propia reina, suplantando a María de Portugal, madre de Pedro I, el heredero.
Por otro lado recibe la sumisión y homenaje de Alfonso De la Cerda, lo que ponía a una larga
querella sucesoria.
Sin embargo, el problema con María de Portugal, enfriaría las buenas relaciones con Alfonso
IV de Portugal.

Por otro lado la herida de la nobleza seguía abierta y en 1332 la Cofradía de la Hermandad
de Álava encendió la chispa, al no aceptar a más señor que el rey. Alfonso XI lo aprovechó y
puso de su parte a la nobleza alavesa.
En 1333 los benimerines se hacían con Gibraltar causado por la actitud de rebeldía de la
nobleza.
Alfonso XI decidió aplicar sanciones importantes. Juan Núñez fue asediado por las huestes
reales y el escurridizo don Juan Manuel se hizo vasallo de Alfonso IV de Aragón mientras
buscaba la alianza con Alfonso de Portugal.
43
Ambos nobles y el rey, llegados a un statu quo, decidieron negociar. Los nobles sacaron un
gran acuerdo al rey, especialmente don Juan Manuel que obtenía el gran señorío de Villena
y se intitulaba infante.
Sin embargo era un paréntesis. Cuando el pleito sucesorio aragonés llegó a su cenit, la reina
Leonor se refugió en Castilla con sus hijos.
Don Juan Manuel decidió formar una gran coalición contra Alfonso XI, junto a Alfonso IV de
Portugal (asunto de María de Portugal) y con Pedro IV de Aragón, preocupado por la ayuda
de Castilla a Leonor y sus hijos.
Alfonso XI afrontó la crisis con determinación: inmovilizó a Juan Núñez en Lerma y asfixió a
don Juan Manuel en Peñafiel; detuvo al ejército portugués en Extremadura y realizó dos
incursiones en Portugal en 1337.
Los dos magnates se rindieron y hasta su muerte en 1350, Alfonso XI pudo gobernar sin
oposición seria de la nobleza.
En las Cortes de Burgos de 1338, el monarca, junto a los sublevados, ordenó la reconciliación
y la pena de muerte para los que atentaran contra la paz. También estipuló los sueldos de
nobles, caballeros y peones, entre otras decisiones. En definitiva un estatuto para el
estamento militar. Que estipulaba su sueldo, incrementado en 1348 para evitar nuevas
protestas.

El dominio sobre ciudades y Cortes.


Alfonso XI desde que llega al trono en 1325 inicia una labor erosiva para disminuir el alcance
de los fueros y a cambio ir imponiendo a sus propios representantes en cada núcleo urbano.
Antes ya había dado el golpe definitivo a cualquier resistencia, ya que en 1325 había
prohibido la Hermandad General.

Sólo la actitud de Alvar Núñez consiguió que se sublevaran algunos núcleos importantes,
pero que no pudieron imponer sus objetivos al rey.
En las Cortes de 1329, el rey llegó a un acuerdo con las ciudades, nombramiento de oficiales,
respeto a fueros y privilegios, impedir injerencias y abusos nobiliarios… pero fue
intransigente en los intentos de poner límite a su autoridad o a la de las arcas.
Las Cortes de Madrid de 1339 (ya sometida la nobleza) concedieron con docilidad los
subsidios requeridos.
Aun con todo el rey nombró alcaldes veedores, que siguieron en sus puestos a pesar de las
protestas.
Sólo en 1345 el rey aceptó pagar sus salarios por la grave crisis que sacudía al reino.
44
Este dominio de las Cortes se debe principalmente a la sumisión nobiliaria, como lo
demuestran los cuadernos aprobados en las Cortes de Alcalá en 1348, demostrando el
triunfo de la monarquía.
En sucesivas normas aprobadas en las Cortes, se observa que Alfonso XI jugaba a su favor
con los conceptos feudales del poder de raíz escolástica y con las emergentes nociones
neoaristotélicas del s. XIII.
Alfonso XI quería obligar a los señores a acompañarle en la guerra y la paz, reservándose
como regalía la administración de justicia en el caso de que los señores no obedecieran, al
igual que ocurrió con la acuñación de moneda, que sólo sería válida la acuñada por el rey.
Otra clara manifestación del triunfo monárquico fue la implantación de las Partidas de
Alfonso X, que con el Ordenamiento de Alcalá de 1348 fue calificada oficialmente como
norma jurídica para todo el reino, primer intento de crear una unidad legislativa y pasa a ser
la tercera fuente jurídica (1º leyes de Alfonso XI y 2º fueros).

La política exterior y la Batalla del Estrecho.


Hasta 1338 la política exterior de Castilla estuvo condicionada por los problemas internos.
Las relaciones con Portugal fueron amistosas, salvo la situación de tensión provocada por la
unión de Alfonso XI con Leonor de Guzmán y el consiguiente abandono de María de
Portugal.
En esos periodos de tensión, la opción de Alfonso IV de Portugal era aliarse con don Juan
Manuel y Juan Núñez y atacar la frontera castellana.

Pero una vez la nobleza fue domeñada y los portugueses derrotados en Villanueva de
Barcarrota, los contactos pacíficos se reanudaron entre ambos reinos.
Alfonso IV ayudaría a su yerno en las campañas contra los musulmanes, como en la
campaña de 1340 que culminó en la Batalla del Salado.
Con Aragón en un principio las relaciones fueron cordiales, pero el matrimonio de Leonor de
Castilla con Alfonso IV el Benigno ensombreció el buen entendimiento.
A la muerte del Benigno en 1336, Pedro IV el Ceremonioso y Leonor disputaron el trono, al
defender ella los derechos de sus hijos, iniciando así los enfrentamientos entre castellanos y
aragoneses.
Las disputas se concentraron en el apoyo de Aragón al partido aristocrático de Castilla.
Todo ello no impidió que Aragón participase, a cambio de importantes dividendos, en las
contiendas con los musulmanes, enviando flotas al Estrecho.
Respecto a las relaciones con otros reinos, Castilla estuvo condicionada por las primeras
45
etapas del conflicto de la Guerra de los 100 años.
Por la importancia que había conseguido Castilla en el comercio atlántico, especialmente el
ganadero, tanto Francia como Inglaterra de atraerse a Alfonso XI. Pero éste mantuvo
siempre una actitud pendular, no comprometiéndose en los conflictos, sacando el mayor
beneficio posible, y dejando que algún bando contratase naves de la costa cantábrica.
Alfonso XI estaba contra la espada y la pared, pues los nobles y el clero preferían a Francia y
sus súbditos vascos a Inglaterra.
El punto álgido se alcanzó en 1345 cuando la contienda favorecía a Francia y Alfonso XI firma
un tratado con Felipe VI.
La razón de fondo era la protección exterior para Leonor de Guzmán y sus hijos. Incluso llegó
a planear el matrimonio del príncipe heredero Pedro con Blanca de Navarra, nieta del rey de
Francia.
Sin embargo Francia en 1346 fue brutalmente derrotada en Crecy, y Alfonso XI se echó atrás
con el tratado pues en 1347 los ingleses igualaban la oferta, a cambio de que Castilla llevar
así flota al canal. Finalmente no se llevó a cabo porque Juana Plantagenet murió de peste en
el trayecto.
Pero si Alfonso XI es recordado fue por su triunfo en la dura Batalla del Estrecho contra los
musulmanes.

En 1330 Teba y una serie de reductos menores fueron conquistados durante una cruzada
que casi reunió a representantes de todo el occidente cristiano.
Esta circunstancia motivó que el nazarí Muhammad IV buscase ayuda de Marruecos y en
1333 el benimerín Abd al-Malik puso cerco a Gibraltar.
Alfonso XI reunió un ejército para levantar el sitio, llegó tarde, y aunque la sometió a sitio,
tuvo que retirarse y firmar una tregua con marroquíes y granadinos hasta 1338.
Durante este tiempo prepararon sus fuerzas para el enfrentamiento definitivo. El primer
paso lo dieron los norteafricanos.
Sin renovar treguas, en 1334 Abd al-Malik desembarcó en la península y se dedicó a saquear
las tierras del bajo Guadalquivir.
Los castellanos, ayudados por la flota aragonesa, derrotaron a la flota musulmana, cortando
la comunicación de Abd al.Malik con Marruecos, saliendo a su encuentro, derrotándolo y
matándolo.
Entonces el sultán Abu-l-Hassán pasó también a la península y puso sitio a Tarifa.
En 1340 la flota castellana del almirante Jofré Tenorio fue derrotada, dejando como
provisionales dueños del mar a los musulmanes.
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Durante todo el verano Tarifa resistió, mientras Alfonso XI reunía sus huestes en Sevilla y
esperaba a Alfonso IV de Portugal.
El 30 de Octubre los cristianos vencían en el Salado a marroquíes y granadinos.
Alfonso XI pasó entonces a la ofensiva. En 1341 conquistó Alcalá la Real, la llave de Castilla
hacia Granada, entre otras plazas.
En 1342 decidido a terminar el problema del Estrecho, sitió Algeciras. La conquista en 1344.
Yusuf I de Granada intentó recuperarla en 1343 pero fue derrotado.
Con Algeciras en su poder, Alfonso XI trató de recuperar Gibraltar, pero en 1350, mientras
asediaba la plaza, moría debido a la peste que plagaba el lugar.

LA CORONA DE ARAGÓN: LA LUCHA POR EL DOMINIO DE CERDEÑA, LA DERROTA DE LA


UNIÓN Y LA INCORPORACIÓN DEFINITIVA DE MALLORCA.
El sostén de Cerdeña frente a Génova y la reincorporación de Sicilia y Mallorca fueron los
objetivos principales de Alfonso IV el Benigno y Pedro IV el Ceremonioso. Solo Mallorca sería
incorporada, pero Pedro IV sentó las bases para que Sicilia volviera a la corona a fines de
siglo.

La lucha por el dominio de Cerdeña:


Con la caída de Pisa, la alianza catalano genovesa iba a tornarse en profunda enemistad.
Desde el momento de la conquista de Cerdeña se iniciaron las sublevaciones instigadas por
Génova.
Fue una sucesión de contiendas de carácter mercantil, hostilidades en las que las acciones
corsarias se convirtieron en algo usual.
El interés catalán residía en la protección del tráfico de mercancías y mantener abiertas las
rutas de trigo procedentes de Sicilia y Cerdeña
Este fue el punto débil que explotó Génova, bloqueando los puertos de la isla y la ayuda
siciliana.
El éxito del plan, junto a los desastres climáticos de la península, dieron lugar a escasez y
subida de precios de cereales y a alborotos en 1333.
Dos linajes sardos, antes aliados, los Oria y los Malaspina, fueron la punta de lanza de
Génova en la sublevación de Sassari.
La dura represión aragonesa desató una guerra abierta contra los ligures, renovándose los
viejos enfrentamientos entre güelfos y gibelinos, solo que ahora Aragón defendía a los
primeros.
En 1330 Aiton Doria bloquea Cerdeña.
47
1331, los catalanes atacan las costas de Savona-
No obstante los problemas eran evidentes para Cataluña. Se observa en el gran esfuerzo que
costó armar la flota de Ramón de Cardona en 1332. Problemas a los que se sumó la activa
labor pirática genovesa y la pérdida de Terranova, que significaba la pérdida del norte de
Cerdeña.
La situación se volvió tan peligrosa que la estrategia se desdobló, por un lado conseguir el
auxilio de la rama aragonesa siciliana y por el otro el conseguir la tregua con el Papa y
Génova, hecho que se produjo en 1336 con Pedro IV.
Los Oria y los Malaspina siguieron alterando la isla. En 1347 se inició una revuelta
encabezada por Mariano IV, juez de Arbórea, y sostenida con dinero de Génova, aunque
finalmente fracasó en el asedio de Sassari (1349).

Pedro IV, que ya había vencido a la Unión, comenzó a buscar aliados contra los genoveses:
una rama de los Oria, con pisa y firmó un tratado con Venecia en 1351, aunque también
implicaba rivalizar con Castilla, aliada de Génova.
En 1353 galeras de Aragón, Bizancio y Venecia derrotaron una flota genovesa ante
Constantinopla. Pedro IV exigió la devolución de territorios ocupados antes de sentarse a
negociar.
El ceremonioso solicitó ayuda a sus súbditos en todos los lugares: Sicilia, Atenas y el Imperio
de Oriente. Cataluña buscaba la hegemonía comercial y era necesario reunificar los Estados
catalanes.
1353 una escuadra catalano veneciana derrota a los genoveses ante Alghero. Genova
reconoce perder la guerra y se pone bajo la protección de los Visconti de Milán.
A pesar de la superioridad marítima, en tierra los aragoneses no conseguían imponer la paz
en Cerdeña.
Pedro IV se puso al frente de la campaña de 1354 de Alghero y fue repoblada por súbditos
de la corona de Aragón.
El último foco de resistencia fue Mariano IV de Arbórea que se rinde en 1355.
En 1358 y 1368 estallan nuevas revueltas, en el momento en el que Aragón se enfrentó a
Castilla y Pedro IV no pudo intervenir en la isla.
El Ceremonioso aceptó que para apuntalar Cerdeña debía incorporar Sicilia, medida
apoyada por la reina Leonor, hermana de Luis y Fadrique, depositarios del trono siciliano.
Pedro IV consiguió casar a su hija Constanza con Fadrique y expulsó a los angevinos.
En 1377 Fadrique murió sin descendencia y Pedro IV fue reconocido como monarca de
Sicilia, momento elegido también para que los ducados de Atenas y Neopatria le prestaran
48
homenaje también.

La reincorporación del reino de Mallorca


El reino de Mallorca, además de las Baleares, lo integran también Montpellier, y los
condados de Rosellón y Cerdaña, todo separado de la península por Jaime I, y entregado de
forma independiente a su hijo Jaime II.
Pedro el Grande, rey de la corona de Aragón pretendía ejercer sobre su hermano una
autoridad feudal. Por ello Jaime II se alió con Felipe III de Francia, enfrentado a su vez con
Pedro III por Sicilia.

Tras la victoria aragonesa se reincorporó el reino de Mallorca y en 1298, Jaime II recuperó su


trono al prestar homenaje a Pedro el Grande.
A pesar de los intentos de Jaime II por fomentar actividades ajenas al comercio, y de haber
conseguido predominio mercantil en el norte de África, la dependencia comercial y bélica de
Aragón convirtió en objetivo fijo el liberarse de la pesada tutela catalano aragonesa.
Cualquier guerra en el Mediterráneo provocaba carestía en la isla. Junto a los piratas y a los
problemas climáticos, se explica el descenso de población antes de la peste.
Durante el reinado de Sancho I de Mallorca, las relaciones entre Mallorca y Aragón fueron
pacificas pese a los intentos del aragonés para proclamarse heredero de Sancho (sin
herederos).
Finalmente nombró sucesor a Jaime III: en su minoría hubo altercados aprovechados por
Jaime II y Alfonso III para crear un partido proclive a reintegrar Mallorca en Aragón.
Al agudizarse la crisis, Pedro IV decidió destituir Jaime con la excusa de permitir la
circulación de moneda catalana en el Rosellón.
Pedro IV ocupó las islas en 1343 sin demasiada resistencia y comenzaba campañas contra el
Rosellón.
Jaime III intentó reconquistar la isla por las armas en 1349. El fracaso le costó la vida y la
prisión de su hijo Jaime IV en Barcelona hasta 1362.
Jaime IV de Mallorca, rey sin reino, siempre que pudo se alió con los enemigos de El
Ceremonioso. En 1363, combatía con Pedro I de Castilla contra Aragón. En 1364 junto a
Enrique II de Trastámara volvió a atacar Aragón.
Cuando murió en Soria cedió sus derechos a su hija Isabel que se los cedió a su vez a Luis de
Anjou, que atacó a Juan I en 1389 y luego a Martín I, pero todo fue igual
La guerra contra la Unión
En el siglo XIII la sublevación de unionistas aragoneses había sido provocada por dos
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factores:
1- ampliación de dominios y derechos de la nobleza.
2- colocar la corona de Aragón bajo control directo, evitar injerencias castellanas, y extender
la autoridad aragonesa.
Doblegadas pero latentes, estas pretensiones resurgieron en el siglo XIV.
Cuando Alfonso el Benigno y Leonor de Castilla contrajeron matrimonio, las elites se
dividieron entre los partidarios del monarca y los del primogénito Pedro el Ceremonioso.

Al apoyar Aragón a éste último, la alta nobleza creyó conseguir sus objetivos cuando Pedro
accede al trono. Sin embargo el músculo económico del reino era Cataluña, y le gustara o
no, el monarca no tuvo más remedio que someterse a los proyectos e intereses catalanes.
Cinco años después, la familia real aprovechó el descontento de la nobleza aragonesa para
anular una decisión del monarca. La Unión resurgió. El casus belli oficial de la sublevación
fue la elección de Constanza, hija de Pêdro IV, como heredera del trono, resolución que
chocaba con el derecho aragonés. Pedro la razón de fondo era la insatisfacción nobiliaria
aragonesa que fue usada por los familiares del rey, perjudicados por el nombramiento: son
Jaime de Urgell, hermano del rey, y Fernando, hijo de Leonor de Castilla y hermanastro del
rey.
El conflicto se inicia en 1346 cuando los juristas resuelven el nombramiento a favor de Pedro
IV y en 1347 destituye a Jaime como lugarteniente del reino. Para evitar que reuniese
partidarios le prohibió entrar en algunas ciudades. Pero Jaime de Urgell reunió a los nobles
en Zaragoza. Los nobles resucitaron la Unión y la extendieron a Valencia gracias al apoyo de
Fernando.
Fracasaron a la hora de sublevar Mallorca, pero exigieron que sus privilegios fueran
admitidos tras derrotar al gobernador de Valencia y al de Aragón.
La revuelta unionista tenía un carácter anticatalán porque intentaba agrupar a todos los
dominios menos Cataluña y las cortes reunidas en Zaragoza negaron la intervención
catalana. Pidieron la destitución de los consejeros del rey y el nombramiento de unionistas.
Pedro IV aceptó las exigencias de los unionistas y se traslada a Valencia, donde es derrotado
en Játiva y Bétera y confirma los privilegios de la Unión.
También tuvo que reconocer a Fernando como heredero si continuaba sin descendencia
(Jaime de Urgell había muerto)
Los nobles se sentían tan victoriosos que la persona del rey no era respetada.
El domingo de pasión de 1348 estalló untumulto y los amotinados asltaron el palacio del rey.
Aunque el Ceremonioso ganó cierta adhesión popular al enfrentarse a la rebelión con valor,
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la figura del soberano había llegado al punto más bajo.
La epidemia de peste que comenzaba a asolar Valencia le permitió escapar y reunirse con
los adeptos que asediaban Barcelona. Pedro III juró destruir la Unión.

Cuando una hueste unionista atacó Épila, las huestes realistas salieron al encuentro y les
aplastaron (1348). El infante don Fernando pudo cruzar la frontera con Castilla y evitar la
muerte.
En unas nuevas Cortes en Zaragoza, Pedro IV quema los privilegios de la Unión. La nobleza
no había sido del todo derrotada, ya que un grupo de nobles aragoneses que ayudó al rey
fue recompensado.
El Ceremonioso, viudo por segunda vez, casó con Leonor de Sicilia, hermana del rey
Fadrique en 1349 y en 1350 nacía Juan (I), el heredero.
Reino de Portugal: Alfonso IV.
Durante la primera mitad del siglo XIV la nobleza portuguesa se parecía en sus actuaciones a
la de otros reinos occidentales.
Con la subida de los precios, pierden fuerza social por la competencia de la burguesía de
Lisboa y Oporto; y con una proporción de tierras tan limitada para repartir, no podían
sostener su preeminencia económica.
Las opciones eran o abrir nuevas fuentes de ingreso a través de la sublevación abierta, o
convertirse en aristocracia de servicio.
Las revueltas fueron encabezadas por parientes del rey y sus herederos, que encontraban un
perfecto caldo de cultivo en los miembros descontentos de las elites, que veían como las
fuentes económicas y los modelos vitales cambiaban sin ellos poder evitarlo.
El reinado de Alfonso IV coincidió con Alfonso XI de Castilla.
Apoyó a los rebeldes castellanos.
Su hija María se casó con el rey castellano, pero fue dada de lado por la amante del rey
Leonor de Guzmán, por lo que acabó enfrentando a Castilla en guerra abierta.
En 1340 prestó colaboración a Castilla por la invasión benimerín cuando cruzaron el
Estrecho.
La paz con Castilla y el matrimonio del primogénito Pedro con Constanza Manuel fue causa
de división de la nobleza portuguesa.
La inclinación del heredero portugués hacia Inés de Castro favoreció la aparición de nobles
descontentos que pasaron a disputarse el poder.
Conscientes de ello, cuando la monarquía se cuarteó entre el rey y su heredero, los nobles
tomaron partido por uno u otro, confiando en que el triunfo del elegido favoreciese sus
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intereses personales o del linaje. Así cuando la nobleza portuguesa siguió a Pedro y a sus

hijos ilegitimos, la cuestión no estaba en la aprobación moral o no del rey, sino que
buscaban desplazar a los consejeros de Alfonso IV, que habían optado por los hijos de Pedro
y Constanza.
Inés de Castro fue asesinada en 1355 en Coimbra por los que temían su ascendencia o la de
sus hijos sobre el futuro rey.
De nuevo estalló la guerra civil. Pedro recibió el apoyo de los Castro de Castilla.
Aunque hubo reconciliación, cuando el infante llegó al trono en 1357 dio rienda suelta al
rencor acumulado.
LA INDEPENDENCIA DE NAVARRA
El reino pirenaico recupera la independencia desde el matrimonio de Juana de Champagne
con el delfín Felipe en 1284.
Convertida en un mero apéndice de Francia (ya que hubo unión pero no fusión), Navarra se
vio arrastrada a las guerras entre Francia y Aragón y fue plataforma para las aspiraciones de
los infantes De la Cerda.
Había una oposición interna al régimen francés, relacionada con las circunstancias
económicas que relacionaban Navarra con el valle del Ebro y los puertos vascos.
Las Cortes del rey aprovecharon la oportunidad del fallecimiento del rey Carlos IV de
Francia, y proclamaron reina a Juana II en 1321, hija de Luis Hutín y casada con Felipe de
Evreux.
Las relaciones con Castilla eran malas y en 1334 desembocaron en una guerra corta pero
dura,
Los navarros conquistaron Fitero y Tudején y amenazaron Logroño.
En la paz de Fraces (1336), Navarra conservó las plazas conquistadas.
El periodo de amistad llega cuando Felipe III se decide a colaborar en el sitio de Algeciras.

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TEMA VI: UNA ÉPOCA DE AUTORITARISMO EN LOS REINOS
PENINSULARES EN EL SIGLO XIV (1350-1370).
Los años que transcurren aproximadamente entre 1350 y 1370 están presididos en la
Península Ibérica por una marcada actitud hacia el autoritarismo. Varios hechos de
amplia repercusión constituyen el telón de fondo de esta época: el primero de ellos es
la epidemia de peste que se cierne sobre Europa desde 1348. El segundo problema
será la guerra de los Cien Años, que aunque se trate de un conflicto entre Francia e
Inglaterra, otros reinos de Europa van a verse implicados en cierto modo. Todo esto
sucederá mientras se comienza a evidenciar una crisis del feudalismo perceptible en
todas las monarquías europeas, consecuencia del reforzamiento del poder real, de la
crisis económica que la peste y sus consecuencias produjeron en las economías
señoriales y del creciente protagonismo por parte de los grupos burgueses.
Por otra parte está a punto de producirse en toda Europa una imparable serie de
cambios dinásticos: en Francia el advenimiento de los Valois, en Castilla, el acceso al
poder de los Trastámara, entronizados luego también en Aragón, en Portugal con la
casa de Avis, en Inglaterra con los Lancaster, e incluso en el imperio con el
advenimiento de los Luxemburgo.
1. El reinado de Pedro I de Castilla.
El reinado de Pedro I (1350-1369) es uno de los más polémicos de nuestra edad media.
Conocido como el rey cruel, debido a que sus justicias horrorizan, sobretodo por la
forma de practicarlas y también por el número de personas a las que afectaron, hay
que decir al respecto que, probablemente no fue mucho más cruel que sus
contemporáneos.
En cuanto al contexto en el que asciende al poder, acababa de desencadenarse la
Peste negra, por lo que le tocará hacer frente a una época difícil de crisis demográfica
y de grandes cambios. Por otro lado, el reinado de Pedro I se reiniciará también en el
momento más álgido de la primera fase de la guerra de los Cien Años, respecto a la
cual va a ser muy difícil mantenerse neutral.
1.1 La imagen del monarca.
En el terreno personal y familiar Pedro I seguramente padecería algún tipo de
trastorno, pues algunos de sus actos se han atribuido a deficiencias psíquicas en su
estado mental. Un estudio reciente del doctor Moya ha llegado a la conclusión de que
padecía cierta parálisis cerebral como consecuencia de algún problema surgido en los
inicios de su infancia. Pese a todo ello, la imagen del soberano aparece como muy
activa y emprendedora.
1.2 Las circunstancias familiares.
En cuanto a este aspecto, tanto futuro Pedro I como su madre María de Portugal,
habían vivido pretéritos en la sombra, oscurecidos por el protagonismo que la amante
de Alfonso XI, doña Leonor de Guzmán, y sus numerosos hijos bastardos habían
tenido en la corte. Toda esta situación quedará trastocada por la inesperada muerte
del monarca Alfonso XI en 1350, víctima de la peste. Entonces será la actitud de los
hijos bastardos del rey, así como los intereses surgidos en torno a la favorita del rey lo
que desestabilizará internamente el entorno de Pedro I. Cuando la reina madre mandó
hacer desaparecer a su antigua rival, el descontento de los bastardos encontró eco en
buena parte de la nobleza que se enfrentará a la monarquía.

1.3 El gobierno de Alburquerque y los primeros problemas con la nobleza.


Pedro I representa la perfecta imagen de soberano autoritario y como punto esencial
de su política, este punto queda reflejado en el intento constante de disminución del
poder nobiliario. Se ha afirmado que el monarca tenía sus aliados naturales en la
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naciente burguesía y, por tanto, en principio, en las ciudades, mientras que quien será
su oponente, Enrique de Trastámara, habría representado un régimen ligado a la
conservación de los poderes de la nobleza.
Cabe iniciar que los problemas de su reinado comenzaron muy pronto, pues ya en
verano de 1350 Pedro I padeció una grave enfermedad que lograría superar. Pero la
reciente epidemia de peste hizo temer lo peor y el reino se dividió en torno al tema de
la sucesión (pues el monarca estaba todavía soltero). De esta división aparecerán los
primeros conflictos, que pronto darán paso a los primeros actos violentos del monarca,
culminando en 1351 con los asesinatos de Garcilaso de la Vega y, de la que fuese
amante de su padre. Leonor de Guzmán. Esta última muerte ahondó las diferencias
entre el rey y sus hermanos bastardos, organizándose por ello revueltas como la de
Andalucía iniciada por Alfonso Fernández Coronel (muy vinculado a la familia Guzmán)
que fue sofocada en 1353. El siguiente problema lo constituirá el proyecto de
matrimonio para Pedro I diseñado por Alburquerque, pues éste último iniciará en
territorio francés negociaciones para un futuro matrimonio entre el monarca
castellano y doña Blanca de Borbón, proyecto que se verá truncado por la relación que
el rey mantenía con María de Padilla.
1.4 El gobierno personal de Pedro I de Castilla.
Los errores cometidos por Juan Alfonso de Alburquerque dejaron el terreno abonado
para la posterior persecución de los conflictos nobiliarios, destacando el antes aludido
acontecimiento de intento de matrimonio entre el monarca y Blanca de Borbón como
hecho que desencadenó la caída de Alburquerque, el cual abandonará Castilla para
refugiarse en Portugal.
El desgraciado destino de Blanca de Borbón, que rechazada por Pedro I, permanecerá
recluida por orden del monarca servirá de pretexto para iniciar una rebelión por parte
de la nobleza en contra de las pretensiones del rey. Intentando llegar a un acuerdo,
los sublevados se apoderaron de la persona del rey, el cual, tras ser hecho prisionero y
ser sometido a una serie de vejaciones que marcarán un punto de inflexión en su
carácter como rey, será liberado en 1355, año en el que se inician las temibles
venganzas de Pedro I. Se pondrá de manifiesto a partir de ahora toda su agresividad,
patente no sólo en la lucha contra los nobles, sino también con respecto a su familia
de la cual también va a desconfiar de ahora en adelante.
Tras quedar definitivamente rota su alianza con Francia se iniciará a partir de ahora la
primera de las campañas contra el reino de Aragón.
2.- La Corona de Aragón en el reinado de Pedro IV el Ceremonioso.
El largo reinado de Pedro el Ceremonioso es mucho más dilatado y complejo que el de
sus homónimos, pero también, al igual que el de ellos, en el reino aragonés
desempeñan un papel fundamental los problemas dinásticos. Por una parte están los
derivados del segundo matrimonio de su padre, Alfonso IV el Benigno con Leonor de
Castilla. De este matrimonio nacerán dos hijos, Fernando y Juan. Fernando se
convertirá, gracias a varias concesiones de territorios por parte de su padre, en el más
poderoso señor territorial de la corona de Aragón, situación nada favorecedora para
las buenas relaciones con el nuevo rey de Aragón, influyendo también sobretodo la
actitud de su madrastra Leonor de Castilla a favor de sus hijos legítimos.
En otro sentido diferente, las tensiones se agudizaron con el motivo de la falta de hijos
varones que, durante mucho tiempo afectó al rey de Aragón. Este punto explica los
sucesivos matrimonios del Ceremonioso, facilitados por la temprana muerte de sus
dos primeras esposas. La fortuna le llegaría en su tercer matrimonio, establecido con
Leonor de Sicilia, la cual le va a dar dos hijos varones, Juan I y Martín el Humano.
A todo este clima de tensión hay que unir las malas relaciones con sus hermanos por lo
antes mencionado que participarán en algunos de los problemas internos del reino,
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sobretodo en la oposición al autoritarismo del monarca realizada por las “uniones” de
Aragón y Valencia.
Al iniciarse la segunda mitad del siglo XIV, Pedro IV el Ceremonioso había solucionado
buena parte de estos problemas, destacando la victoria total contra los unionistas de
Aragón y Valencia en 1348, imponiendo posteriormente su autoridad sobre el reino.
1.5 La cuestión de Cerdeña.
Se ha dicho de Pedro IV que la directriz principal durante su reinado consiste en la
recuperación, para la corona aragonesa, de todos aquellos reinos que habían sido
incorporados a ella por sus antecesores. Tal es el caso de Mallorca y de Sicilia, por lo
que también se tratará de imponer el dominio aragonés en Cerdeña. Para ello deberá
enfrentarse a Génova y no podrá hacerlo sin la colaboración de Venecia.
La realidad es que esta isla había sido conquistada años atrás por su padre Alfonso IV,
la cual se hallaba dividida en distritos encabezados por jueces. Pero hay que añadir que
la situación en la isla era muy anárquica y de ahí que suscitara apetencias en sus
vecinas Pisa y Génova. La conquista de Alfonso IV se conseguiría en 1324, aunque no
de forma definitiva, pues existían rivalidades que enfrentaban a los distintos linajes
autóctonos, por lo que la presencia aragonesa creó cierto descontento.
Como se ha aludido antes, Pedro IV acudirá a buscar como aliada a la república de
Venecia para contrarrestar a Génova, estableciendo un acuerdo que permitiría a Pedro
enviar una expedición a la isla al mando de Bernat de Cabrera que vencerá a los
genoveses en Alguer en 1353. Un año más tarde una nueva flota aragonesa pone sitio
a Arbórea, en la costa occidental de la isla, que tras ser tomada y vaciada de sus
habitantes, será repoblada por catalanes. Ya en 1355, Pedro IV celebrará unas cortes
generales constituyendo el reino de Cerdeña.
1.6 Los primeros pasos para la anexión de Sicilia a Aragón.
La reincorporación de Sicilia a la corona no fue sino el resultado de un complicado
proceso en el que se mezclaron tanto el empeño de Pedro IV por recuperar la isla
como el azar histórico, es decir, las circunstancias que se dieron en un determinado
momento.
En 1355 se produce la muerte de Luis I de Sicilia, hermano de la reina Leonor, tercera
esposa de Pedro IV (antes hemos aludido a ella, dándole a este dos hijos). El fallecido
Luis no tenía descendencia, por lo que le sucedió su hermano Federico III, el cual
contaba con solo 13 años de edad. Se acordará entonces el matrimonio entre el joven
rey de la isla, Federico, y Constanza, hija del primer matrimonio de Pedro IV en 1361.
Este hecho, así como la circunstancia de ser Federico un hermano de la reina de
Aragón, doña Leonor, va a proporcionar una gran influencia en la isla por parte de
Pedro IV, llegando incluso a intentar un proyecto de anexión de la isla a la corona de
Aragón por parte de su esposa que no se llegará a materializar de momento, pues la
realidad peninsular plasmada en la amenaza del monarca castellano se cernía sobre el
reino de Aragón.
1.7 El camino hacia la anexión definitiva del reino de Sicilia.
De su matrimonio con Constanza de Aragón, Federico III de Sicilia había tenido una
hija, María, que iba a desempeñar un papel fundamental en la anexión de la isla a la
corona aragonesa. Pero su madre murió al darla a luz, y Federico III contrajo un nuevo
matrimonio entroncado con la familia real de Nápoles y estableciendo con su reina,
Juana I, un acuerdo mediante el cual se proclamaba el derecho de sucesión de ésta
última si el monarca moría sin descendencia. Tal acuerdo provocó la protesta de Pedro
IV.
A la muerte de Federico quedaba como presunta heredera María, aunque había una
dificultad: un antecesor de María había dispuesto en su testamento la exclusión de
mujeres en la sucesión al trono. Esta circunstancia dio la ocasión a Pedro IV para
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reclamar para sí la herencia siciliana como sucesor directo por vía masculina. Sin
embargo el papa Gregorio XI negó este derecho al rey y lo concedió a María, nieta del
rey aragonés. Pedro IV lo intentará todo con tal de vincular a Sicilia con la corona
aragonesa, terminando por establecer un acuerdo matrimonial de ésta con su nieto
Martín el joven. Este hecho hará que en un futuro Martín el joven se convierta en rey
de Sicilia.
2. El enfrentamiento entre Aragón y Castilla: la Guerra de los Dos Pedros.
En 1356, resuelta de momento la victoria de Pedro I sobre la revuelta nobiliaria surgida
en Castilla, el rey cruel inicia su primera campaña en las guerras contra Aragón. Los
motivos que le llevarán a la contienda, van a ser por una parte, el deseo de recuperar
los territorios que había tenido que ceder en el pasado a Aragón, cercanos ellos a la
frontera de Murcia. Por otro lado, estaba en juego la hegemonía peninsular entre dos
monarcas autoritarios, la cual era reclamada por Pedro I. Uno de los motivos que
llevaron al enfrentamiento a Pedro IV el ceremonioso de Aragón, fue la presencia en
Castilla de los infantes aragoneses, contrarios a su persona, perturbando las relaciones
entre los dos reinos. En todo caso, la guerra se enmarca a escala internacional, en el
gran conflicto de la Guerra de los Cien Años, y también en el contexto de las buenas
relaciones que mantenía Castilla con la república de Génova.
El estallido fue ocasionado por una contienda menor dentro de las tensiones padecidas
entre ambos reinos. Con motivo del apresamiento de unos barcos de Piacenza, aliada
de Génova, por una armada catalana, Pedro I decretó un embargo de bienes sobre los
mercaderes catalanes establecidos en Castilla y formuló un ultimátum al monarca
aragonés, el cual aceptó el reto.
Oficialmente la guerra se inicia con la toma de Alicante por parte de Pedro I en
septiembre de 1356. Por el bando contrario, Enrique de Trastámara, que había huido a
Francia entrará desde allí en Aragón firmando un acuerdo de vasallaje hacia el
monarca aragonés plasmado en el Tratado de Pina. Posteriormente, en marzo de 1357,
la ofensiva castellana dará como resultado la toma de Tarazona, perdida
posteriormente, al mismo tiempo que las tropas leales a Pedro I derrotaban a los
sublevados de Andalucía. Tras estos hechos hubo una tregua entre los dos reyes a lo
largo de la cual en monarca castellano va a preparar una nueva ofensiva, esta vez por
mar. En este contexto, antes de comenzar el siguiente ataque tuvieron lugar algunos
de los asesinatos más atroces de cuantos mandó a cometer el rey cruel a lo largo de su
mandato. Estas muertes violentas constituirán la mejor propaganda adversa contra el
rey, pues atraerá el odio implacable de sus enemigos, a la vez que va a fomentar el
temor y la desconfianza entre sus fieles.

2.1 La reanudación de las hostilidades entre Castilla y Aragón.


En verano de 1358 se reanudará la guerra contra Aragón. Pedro I entonces contaba
con la alianza del monarca portugués. La flota preparada con tanto esmero por el rey
cruel se hace a la mar en abril de 1359 rumbo a Barcelona con la intención de
conquistarla, aunque esta empresa se quedó en poco más que una simple
demostración de fuerza ya que los castellanos no llegaron a desembarcar en la costa
catalana. El balance de esta acción fue negativo, pero sólo en cierto modo, pues la
novedad era la presencia de una gran flota castellana en aguas mediterráneas,
poniendo de manifiesto las grandes capacidades de este reino.

2.1.1 De Araviana a Nájera.


En septiembre de ese mismo año, Enrique de Trastámara se arriesgó a organizar, por
iniciativa propia, una expedición terrestre a Castilla. Partiendo de Aragón, penetró por
tierras de Soria y, aprovechando la descoordinación de las tropas castellanas pudo
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obtener sobre éstas una brillante victoria en Araviana. El miedo a las represalias del
rey de Castilla a causa de la derrota hizo huir a Aragón a algunos de los jefes del
ejército castellano, por lo que Enrique va a salir fortalecido de esta victoria. Entonces
se trató de aprovechar tal situación desfavorable a Castilla, pues en esos momentos el
acto coincidió con la pérdida de apoyo por parte de Portugal y Navarra prestados al rey
cruel. Pero al respecto, no todo era tan proclive en el bando aragonés, pues si Pedro I
tenía como talón de Aquiles el terror y la desconfianza que su crueldad despertaban en
su reino, los exiliados castellanos que lo combatían desde Aragón se quejaban de la
fuerte división en el seno del reino entre el infante don Fernando y Enrique de
Trastámara.
En la siguiente expedición militar, el rey aragonés va a dar el mando de nuevo a
Enrique, fruto de la cual se da un nuevo enfrentamiento con Castilla en Nájera,
resultando derrotado en el mismo emplazamiento en dos ocasiones el ejército de
Aragón.
A partir de aquí se va a volver a reforzar el entendimiento entre Castilla y Portugal. Los
nobles castellanos huidos a Portugal fueron devueltos y ajusticiados. Pero sobretodo
se produce ahora un acercamiento con Inglaterra, el cual desembocará en una alianza
que se estaba gestando ya desde 1359.

2.1.2 La paz de Terrer.


A Pedro IV de Aragón le interesaba a estas alturas llegar a una tregua. Antes de
firmarla, el monarca aragonés y su hermano el infante don Fernando llegaron a un
acuerdo por el cual, Enrique de Trastámara quedaba privado de la jefatura del partido
de los exiliados castellanos. A Castilla, por su parte, también le interesaba la paz
porque en Granada acababa de producirse el destronamiento de Muhammad V, buen
aliado de Pedro I, en pro de Muhammad VI, del cual podía esperarse una alianza
defensiva con Aragón (que fue lo que al fin sucedió).
El acuerdo con Aragón se firmó en Terrer en 1361. En él, Pedro I renunciaba con alguna
excepción a sus reivindicaciones territoriales; Pedro IV se comprometía a prescindir de
los servicios de Enrique de Trastámara, por lo que éste, despechado, marchará a
Francia con la intención de conseguir la colaboración del delfín, el futuro Carlos V.
Pero la paz de Terrer se convierte en una simple tregua de corta duración, pues
muerto Muhammad VI de Granada, el rey de Castilla estaba libre de nuevo para
emprender otra ofensiva contra el reino de Aragón.

2.2 La nueva guerra con Aragón y el creciente protagonismo de Enrique de


Trastámara.
Esta nueva fase de la guerra tiene todas las características de un conflicto internacional
a causa de la serie de alianzas que se establecieron. Pedro IV, unido a Francia, ésta a su
vez humillada por la paz de Bretigny de 1360, tuvo que recurrir de nuevo a Enrique de
Trastámara, el cual no dejará pasar esta oportunidad para afianzar su figura. En marzo
de 1363 el rey aragonés reconoce virtualmente al conde de Trastámara como
pretendiente al trono castellano, prefiriéndolo así por delante de su propio hermano,
don Fernando. Tal decisión obtenía un valor adicional en estas circunstancias pues si se
valora que hacía poco que había fallecido el único descendiente varón de Pedro I de
Castilla.
En cuanto a la nueva contienda, el ejército castellano se dirigió a Valencia en la
primavera de 1363, después de tomar Teruel, Segorbe y otras plazas. Esa ofensiva
exigió a Aragón la búsqueda de la paz a cualquier precio. Pocos días después de
firmarse una nueva paz moría el infante don Fernando, por lo que ya no queda ningún
obstáculo para que Enrique reclame el trono de Castilla.
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Pedro I no respeta la paz establecida alegando el incumplimiento de algunos
pormenores por parte de Aragón, por lo que va a lanzar una nueva ofensiva sobre
Valencia, proporcionándole el control sobre la mayor parte de este reino. Aunque el
sitio de Valencia pudo ser levantado, la superioridad de Castilla queda patente en los
hechos, por lo que Enrique de Trastámara va a tener que ampliar sus alianzas si
pretende vencer a Pedro I. Es entonces cuando Aragón va a conseguir una alianza con
Francia y el papado para contratar un contingente de tropas mercenarias inactivas en
Francia durante la paz de Bretigny para hacer frente a Castilla. Se está gestando
entonces un nuevo enfrentamiento que no se va a iniciar hasta el 1366.
3. El Reino de Portugal: el reinado de Pedro I.

Alfonso IV (1325-1357) era hijo de Dionís e Isabel de Aragón, pero su padre, Dionís,
había tenido numerosos hijos bastardos, los cuales van a desempeñar un destacado
papel en el reino. Se trata de Alfonso Sánchez y de Pedro, el conde de Barcelos. El
poder que ostentaron éstos en vida suscitó el recelo del príncipe heredero, Alfonso IV,
lo cual dio lugar a gravísimos conflictos entre Dionís y su sucesor, el cual nada más
acceder al trono desterrará a Alfonso Sánchez.
Un nuevo episodio de rivalidades habrá de surgir posteriormente entre Alfonso IV y su
propio hijo y heredero, el futuro Pedro I de Portugal. En 1340, Pedro había contraído
matrimonio con Constanza Manuel, pero el heredero al trono no tardó en enamorarse
de Inés de Castro, dama de compañía de su esposa. En 1345, cuando murió su esposa
Constanza, Pedro se unió a Inés. De hecho, nacieron varios hijos de esa unión,
mientras que del matrimonio con Constanza sólo quedó un hijo legítimo, Fernando,
futuro rey de Portugal. Todo ello constituía una fuente de problemas, debido al
creciente poder adquirido por los parientes de Inés de Castro. La alarma va a cundir
entre los consejeros del monarca Alfonso IV, resultando de todo ello el asesinato de
Inés de Castro en junio de 1355. Pedro nunca olvidará el crimen.
La actuación de Pedro I de Portugal, también llamado el cruel, o el justiciero, está en la
misma línea de autoritarismo que la practicada por sus homónimos. Él mismo ejercerá
la justicia personalmente, practicándola a menudo con rigor y severidad. Destaca
durante su reinado el avance hacia la creación de una iglesia nacional de Portugal.

4. Navarra en la época de Carlos II el Malo.

El reinado de Carlos II de Navarra (1349-1387) es, posiblemente, el mejor ejemplo para


explicar la participación que los reinos y los monarcas hispánicos tuvieron en la Guerra
de los Cien Años. Carlos, hijo de Juana II y Felipe de Evreux descendía de los reyes de
Francia. Esta es otra ocasión en la que, como en los reinados anteriores, aparecen
problemas dinásticos unidos a cuestiones como la ilegitimidad o supuesta ilegitimidad
de un heredero al trono.
Todo se remonta a los hechos durante el mandato de sus padres Juana II y Felipe, los
cuales tras la separación del reino de Navarra de la corona francesa, renunciarán al
condado de Champaña, a cambio de la promesa de recibir varios estados feudales
como Angulema o Longueville, todo ello unido a la posesión de ciertas tierras en el
Languedoc y en Normandía. A Carlos II, por su parte, lo veremos actuar en Francia
como aliado del rey inglés, luchando contra Juan II por los derechos sobre Angulema o
intentando salvaguardar sus tierras en Normandía de la invasión del rey francés.
Su actuación desde España estará casi siempre relacionada con sus aspiraciones en el
reino de Francia, y por tanto, con una marcada inclinación hacia una alianza con
Inglaterra o con los aliados de este reino.
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TEMA VII: LA GUERRA CIVIL CASTELLANA Y LA REVOLUCIÓN
TRASTÁMARA EN CASTILLA.
1. La Guerra Civil en Castilla.

2. El fortalecimiento del poder real en el reinado de Enrique II.

3. Los fundamentos sociales: el auge de la nobleza y el declive de los


judíos.

4. La política internacional en el reinado de Enrique II.


El asesinato de Pedro I en Montiel, en la noche del 22 al 23 de marzo del año 1369, hizo
posible la coronación de su hermanastro Enrique II que estableció la dinastía de los
Trastámara1

Pero el triunfo de la «revolución Trastámara» requirió de una larga y cruenta guerra, que
se desarrolló entre los años 1366 y 1369.
1. La Guerra Civil en Castilla.

Las relaciones del rey Pedro I, que accedió al trono en el año 1350, con su hermanastro
fueron muy tensas desde el primer momento. Enrique, había recibido tierras en el norte de
León y en Asturias, siéndole concedidos, en el año 1345, los títulos de conde de Trastámara,
Lemos y Sarria.

La ejecución, en 1351, de la madre e Enrique, Leonor de Guzmán, propició la actitud


levantisca de Enrique contra la autoridad regia en los primeros meses de 1352.

El bastardo, que pretendía hacerse fuerte en la zona de Asturias, Galicia y el norte de


León, puso cerco a la ciudad de Oviedo, pero no tuvo éxito, como tampoco lo tuvo, poco
después, contra Avilés.

Las tropas realistas contraatacaron, obligando al Trastámara a buscar refugio y gracias a


la intervención de Juan Alfonso de Alburquerque, hombre de confianza del monarca
castellano Pedro I, en julio de 1352 se logró llegar a un acuerdo con los rebeldes.
La boda de Pedro I con la francesa Blanca de Borbón, en 1353, hizo posible una
reconciliación, aunque pasajera, entre el rey de Castilla y sus hermanastros.

El príncipe bastardo, no obstante, terminó por liderar a un importante sector de la


nobleza, rotundamente opuesto al monarca castellano.

Los primeros choques entre los dos bandos se decantaron a favor de Pedro I con las
derrotas de Enrique en Toledo 1355 y en Nájera 1360 (1ª batalla) en donde las tropas
trastamaristas mostraron una violenta actitud antisemita.

1
La dinastía Trastámara era de origen bastardo, toda vez que Enrique II era uno de los muchos hijos
ilegítimos que había tenido Alfonso XI con la hermosa dama Leonor de Guzmán.

59
Ahora bien, las cosas cambiaron poco tiempo después:

En 1363, en Binéfar, Enrique llego a un pacto con el rey aragonés Pedro IV. A cambio
de la ayuda del Ceremonioso, el Trastámara entregaría a aquél el reino de Murcia, una vez
coronado rey. Se llegó a una promesa de matrimonio en el que estarían implicados
Juan, primogénito de Enrique, y Leonor, hija del rey aragonés

En 1366 Enrique de Trastámara penetró nuevamente en Castilla con su ejército,


acompañado por las Compañías Blancas, dirigidas por el caudillo bretón Beltrán du
Guesclin. Se trataba de soldados mercenarios franceses, curtidos en la Guerra de los Cien
Años. Entró en Burgos, donde parecía contar con el apoyo de buena parte de la sociedad,
(entre ellos estaba el futuro cronista del reinado, Pedro López de Ayala) y fue coronado
rey, en el monasterio de Las Huelgas.

Tomó Toledo en mayo y Sevilla en junio. En septiembre de 1366 el príncipe bastardo


retornó a Burgos.

Mientras tanto, Pedro I, totalmente incapaz de contener el avance de su hermanastro,


terminó por abandonar su reino. Buscó ayuda en Portugal, prometiendo la mano de su
hija Beatriz a Fernando, heredero del trono.

Después fue hacia Galicia, en donde había bastantes partidarios de su causa. Partió
después, al sur de Francia donde firmó con el heredero de Eduardo III de Inglaterra,
Eduardo, conocido como el Príncipe Negro, el Tratado de Libourne (septiembre de 1366). en
él intervino también el rey de Navarra, Carlos II (ambos le ayudarían a cambio de dinero y
territorios; el Príncipe Negro recibiría el señorío de Vizcaya y la villa de Castro Urdíales; el
rey navarro, Logroño, Calahorra, Navarrete, Guipúzcoa y Álava)

Tras la invasión de Castilla por el pretendiente, la ofensiva de Pedro I sobre Aragón (reino
con el que estaba en guerra) quedó detenida y se produjo un repliegue del ejército
castellano, hecho conveniente para Pedro IV, que volvía a tener problemas en Cerdeña (estos
conflictos mediterráneos impidieron al rey de Aragón colaborar eficazmente con su aliado
Trastárnara en Castilla)

En 1367, las tropas conjuntas del rey Pedro I y de los ingleses cruzaron Navarra y se
establecían en la Rioja. Enrique de Trastámara presentó su ejército en las proximidades
de la villa de Nájera. Antes del combate el Príncipe Negro se ofreció sin éxito a mediar entre
Pedro y Enrique con la finalidad de restaurar al rey legítimo.

La batalla de Nájera, (2ª batalla) que tuvo lugar el 3 de abril de 1367, se decantó
claramente favorable al bando anglopetrista debido a la pericia de los arqueros ingleses.
Muchos combatientes del bando trastamarista fueron hechos prisioneros, entre ellos el
francés Beltrán du Guesclin.

Enrique de Trastámara pudo huir, a duras penas, encontrando refugio en Francia (lo
que dio fin al «primer reinado» de Enrique de Trastámara)

En Aragón, el resultado produjo inquietud, pues se pensó que el ejército vencedor


podía invadir el reino y se rompieron los acuerdos establecidos, incluido el matrimonio de la
hija del rey, Leonor con el heredero de Enrique de Trastámara.

No obstante, el triunfo de Pedro I apenas tuvo resultados positivos para su causa, entre
60
otras razones por la pronta ruptura de su alianza con los ingleses. Los castigos que Pedro I
desplegó contra los vencidos, actitud que al Príncipe Negro le parecía políticamente
desaconsejable, el impago a las tropas y el incumplimiento de la promesa hecha en Libourne
de entregar Vizcaya, hicieron que el inglés retornara a Aquitania

El Príncipe Negro entró en tratos con el rey de Aragón que se sentía aislado y en peligro y
nada podía conjurarlo mejor que la alianza inglesa. El heredero inglés intervino también para
propiciar la paz entre Aragón y Castilla, firmada el 13 de agosto de 1367

Mientras tanto, Enrique de Trastámara, que aprovechó su estancia en Francia para


buscar nuevas ayudas (Carlos V), retomó a tierras hispanas a finales de septiembre de
1367.

El enfrentamiento fratricida renacía, aunque en esta nueva fase fue más una guerra de
desgaste que de grandes batallas campales.

Entró en la ciudad de Burgos a comienzos de octubre, siendo recibido con gran


solemnidad. Apenas unos meses después, se habían alineado en el bando trastamarista
numerosas ciudades y villas, entre ellas Córdoba, Segovia, Guadalajara, Valladolid,
Palencia, Salamanca, Toro y Medina del Campo, además de la citada Burgos.
En noviembre de 1367 tuvo lugar en Tarbes, en el Pirineo, una conferencia entre
representantes del Príncipe Negro y de los reyes de Navarra y Aragón. Pedro I envió
mensajeros que ofrecieron a Aragón la entrega de Murcia planteando al mismo tiempo el
matrimonio de Constanza, hija del rey de Castilla, que quedaba como heredera, con el
heredero de Aragón.

En esta conferencia no hubo representantes de Enrique de Trastámara. Por lo que


quedó al margen de lo allí establecido y se sintió liberado de toda obligación de realizar
compensaciones territoriales tanto al Príncipe Negro como a los reyes de Aragón y de
Navarra.

En la primavera del año 1368 el conflicto se trasladó a la Meseta sur y Andalucía, toda
vez que, por esas fechas, las tierras al norte del Sistema Central estaban claramente
dominadas por el príncipe bastardo.

Uno de los núcleos más importantes era, sin duda alguna, la ciudad de Toledo, a la cual
pusieron asedio las tropas trastamarístas. Ciertamente, la ciudad del Tajo ofreció una tenaz
resistencia. De todos modos, un paso decisivo a favor de Enrique de Trastámara fue la firma
del tratado de Toledo, establecido con la monarquía francesa de Carlos V en noviembre
del año 1368 en las afueras de la ciudad del Tajo. A cambio de la ayuda militar de los
franceses, que se plasmó entre otros aspectos en el regreso a suelo hispano de Beltrán
du Guesclin, Enrique se comprometía a auxiliar a sus vecinos en la Guerra de los Cien Años
que venían sosteniendo desde años atrás con los ingleses.

Pedro I, llegó a aliarse con los nazaríes de Granada, pero sin sacar ningún resultado positivo
de aquella iniciativa (no pudo tomar Córdoba dominada por partidarios de Enrique de
Trastámara. pese a las fuerzas coaligadas de Pedro I, Muhammad V y un príncipe marroquí).
Asimismo, solicitó a Inglaterra, a última hora, una ayuda que tenía pocas posibilidades de
conseguir a causa del incumplimiento de sus anteriores compromisos con el Príncipe Negro.
61
No obstante el remate de la guerra fratricida tuvo lugar en la localidad manchega de
Montiel, en marzo de 1369. Pedro I fue derrotado y se refugió en la fortaleza de Montiel.
Desde allí envió un emisario a Du Guesclin solicitando una alianza con él y ofreciéndole
tierras y dinero a cambio de facilitar su liberación. El condestable francés asintió
proponiendo, de acuerdo con Enrique de Trastámara, una entrevista en su tienda en la
noche del 22 al 23 de marzo. Mas a la postre se produjo un a pelea entre los dos hermanos,
cayendo finalmente muerto el rey Pedro.

A partir de ese momento Enrique II era el único rey de Castilla. Ahora bien, aparte de
Toledo, que seguía cercada por los soldados trastamaristas, aún subsistían diversos focos
favorables a la causa de su hermanastro, particularmente las localidades de Carmona y de
Zamora. Enrique II hubo de dedicar sus próximos esfuerzos a conseguir la rendición de los
petristas que resistían en las mencionadas localidades. Los petristas incluso promovieron

como candidato suyo al trono de Castilla al rey Fernando de Portugal. El rey portugués
intentó atraer a su causa al de Aragón, aunque la situación de Pedro IV no era la más
oportuna, al estar seriamente implicado en sofocar las revueltas surgidas en Cerdeña.

La actuación militar portuguesa fue desafortunada y desprovista de interés para


muchos petristas, en gran medida porque favorecía a un rey extranjero con el cual era
difícil que se identificaran los habitantes del país. En otro sentido, la rápida iniciativa
de Enrique II de llevar la guerra a Galicia, que dominó en gran parte, para invadir luego
Portugal, dejó anulado y desprestigiado a su oponente.

En la definitiva pacificación del país, Enrique II demostró un pulso firme y una vo-
luntad decidida. Aunque quedaba todavía mucha tarea por realizar, en el verano de
1370 llegaron a la Corte, establecida en Sevilla, dos legados pontificios enviados por
Urbano V: era el reconocimiento irreversible de Enrique —un usurpador, en realidad—
como rey legítimo de Castilla.

La legitimidad de ejercicio

Pedro I era el legítimo rey de Castilla, como sucesor de su padre Alfonso XI. Enrique II, tenía
un origen ilegítimo. Para fundamentar su legitimidad, éste siguió dos caminos
propagandísticos:

1) afirmar que la ilegitimidad de Pedro I se basaba en su origen : se llegó a acusar


al rey de ilegítimo, afirmando que no era hijo de Alfonso XI, sino de un judío, Pero
Gil, de ahí deriva el término de «emperogilados» que se aplicó a sus partida-
rios. Pero este argumento, tuvo muy escasa incidencia

2) Denunciar el ejercicio de su poder; La propaganda trastamarista presentó a


Pedro I como tirano. La tiranía suponía abuso, injusticia y crueldad. La lista de
crímenes era elevada, incluyendo a su esposa Blanca de Borbón y a varios
hermanos suyos. Se le acusaba de apropiación de rentas y derechos que
correspondían a la Iglesia así como de proteger a los enemigos de la fe
cristiana, (musulmanes y judíos)

En contraste Enrique de Trastámara se presentaba como el paradigma por excelencia


del «rey cristiano» y un instrumento de la Providencia

62
Además de la propaganda, Enrique se preocupaba de dar mensajes sociales,
haciendo continuos guiños a la nobleza, a la Iglesia y a las oligarquías urbanas y
simultáneamente procuraba atraerse el favor de los sectores populares al izar la
bandera del antijudaísmo.
En definitiva, Pedro I perdió sus derechos al trono porque había actuado como
un auténtico tirano. En su lugar se instaló Enrique II, enviado por la Providencia para poner
orden en la corona de Castilla, víctima de las terribles injusticias de su antecesor. Por otra
parte el Trastámara era un decidido protector de las estructuras sociales vigentes, y en
particular de la alta nobleza.

2. El fortalecimiento del poder real en el reinado de Enrique II.

Enrique II se presentó como un continuador de la obra de su padre, Alfonso XI, es decir,


como defensor del fortalecimiento del poder real que éste plasmara en las Cortes de 1348,
con el Ordenamiento de Alcalá. Dicho robustecimiento del poder real no era
contradictorio, con la convocatoria de las Cortes, que fueron reunidas en numerosas
ocasiones por Enrique II.

2.1 Medidas centralizadoras

Enrique II dispuso una serie de medidas que proseguían el camino hacia la centralización
iniciado en su día por Alfonso X y continuado por su padre Alfonso XI:

a) Consolidación de la Audiencia. En las Cortes de Toro de 1371 se estableció


como tribunal superior de justicia de los reinos de Castilla y León, del que sólo
estaría por encima el monarca, como indiscutible juez supremo. La Audiencia
funcionaría como un tribunal colegiado, integrado por siete oidores, tres de ellos
prelados y los otros cuatro letrados, es decir, expertos en asuntos jurídicos.
b) Mayor peso, dentro del Consejo Real, a expertos en cuestiones jurídicas. Más que
un órgano de asesoramiento representativo de los diversos estamentos de la
sociedad, como había sido tradicionalmente, debería de ser un instrumento al
servicio del poder regio. Esto pone de relieve el imparable proceso de tecnificación
que estaban conociendo las instituciones centrales de gobierno.
c) Reformas en la Cancillería. En las Cortes de Toro del año 1369 se aprobó un
Ordenamiento de Cancillería que regulaba las tasas que debían de abonarse por la
expedición de los documentos emanados de la Cancillería. De esa forma se lograría
un incremento de los ingresos de la hacienda regia, lo que sería positivo para la
autoridad real.
d) Importantes medidas de carácter económico; «intervencionismo económico». En
las Cortes de Toro de 1369 se aprobó una devaluación monetaria así como un
Ordenamiento de precios y de salarios, con el que se buscaba poner freno a la
inflación . Sin embargo, en las Cortes de Medina del Campo de 1370, se dio marcha
atrás a ambas medidas. Se ponía de relieve la firme apuesta de Enrique II por la
estabilización económica.
e) Potenciación de la poderosa institución ganadera de la Mesta; confirmó privilegios,
bajo los tributos y se la defendió frente a poderes locales
f) Elección de los colaboradores del rey entre las gentes de su confianza, la mayoría
de ellos integrantes de la denominada «nobleza de servicio». Sus parientes directos 63
sólo formaron parte del entorno regio en muy contadas ocasiones. En general los

nobles pertenecientes a los linajes que le habían apoyado desempeñaron los


puestos de confianza en la corte, ocupando también los adelantamientos, los
maestrazgos de las órdenes militares o el puesto de alcalde entregador mayor de la
Mesta.

2.2. La fluidez de las Cortes

Las Cortes se convocaron con frecuencia (en contraste con Pedro I que solo contó
con una reunión) Carecían de poder legislativo, que correspondía en exclusiva al rey.

La frecuentes reuniones de Corte ponen de relieve:

- La voluntad de debate del reino

- El deseo del rey de alcanzar un equilibrio social en sus reinos

- El interés en fomentar la imagen de rey justo, frente a su hermanastro


Pedro.

Convocatorias:

- Burgos, no se sabe bien si a finales del año 1366 o a comienzos


del 1367, después en 1372, 1373 y 1377.

- las Cortes en Toro, en los años 1369 (ordenamientos, uno de índole


general, otro sobre precios y salarios y un tercero, de la Cancillería) y 1371, la más
relevante, donde representantes del tercer estado lanzaron una ofensiva contra
los judíos, se escucharon críticas a las generosas mercedes otorgadas por
Enrique II. Se generaron diversos ordenamientos, uno general, otro dirigido a los
eclesiásticos, otro para Sevilla y, por último, el relativo a la administración de la
justicia.

- en Medina del Campo, en 1370, que se centró en los asuntos económicos,

3. Los fundamentos sociales: el auge de la nobleza y el declive de los


judíos

Los dos aspectos más significativos de la política social:

- La nobleza vio notablemente fortalecidas sus posiciones.

- La comunidad hebraica, por el contrario, inició una fase de retroceso.

3.1 La nobleza en alza

Las concesiones de Enrique II a los magnates nobiliarios que le ayudaron, alcanzaron


tales dimensiones que a dicho monarca se le conoce con el calificativo de el «de las
mercedes».

64
No obstante, las donaciones consistían, habitualmente, no tanto en bienes inmuebles
sino en señoríos jurisdiccionales, los cuales, generaban cuantiosas rentas para quienes los
ejercían. Era frecuente que al beneficiado se le otorgara algún pomposo título nobiliario,
como el de conde.

Las mercedes enriqueñas tuvieron muchos destinatarios, desde personas del entorno
familiar del monarca hasta combatientes extranjeros.

El sector de los parientes del rey, a los que se les terminará por denominarse
«epígonos Trastámaras», terminó por convertirse, en reinados posteriores, en un grupo
peligroso para el poder real. Por lo que se refiere a los hombres de armas extranjeros las
concesiones más importantes se otorgaron a los franceses Beltrán du Guesclin, Pierre de
Vilaines etc Du Guesclin terminó por rertornar a Francia, pero los otros caballeros franceses
se establecieron en tierras de Castilla.

No obstante, el núcleo básico de los beneficiados lo componen aquellos magnates que


terminaron por constituir la llamada «nobleza de servicio». El ascenso de las familias de los
Mendoza y de los Velasco por ejemplo. Asimismo mantuvo algunos linajes de la «nobleza
vieja» como eran los Manuel y los Guzmán.

La expansión señorial generó, en algunas ocasiones, movimientos de resistencia por


parte de quienes pasaban a ser dependientes de los nuevos señores con la subsiguiente
respuesta violenta por parte de la corona.

3.2. Declive de los judíos

Europa en el siglo XIV fue testigo, del despliegue de la violencia contra los judíos. A ello
contribuyeron las catástrofes de la época, como la terrible peste negra, de cuya
propagación se les acusó, siendo los «chivos expiatorios» de dicha epidemia.

En Inglaterra o Francia, se habían tomado duras medidas contra la comunidad


hebraica. Es más, la violencia desatada en 1320 en el sur de Francia contra los judíos se
expandió al reino de Navarra, cuyas juderías sufrieron, en 1328, durísimos ataques.

Ahora bien, en la Corona de Castilla fue el reinado de Enrique II el que marca el comienzo del
declive de los judíos. En ello tuvo mucho que ver la propaganda antijudía lanzada por
Enrique de Trastámara en el transcurso de la guerra fratricida que se dio cuenta de que
el antijudaísmo era bien visto por los sectores populares y por ello sus tropas actuaron
brutalmente contra numerosas aljamas judaicas.

La defensa del Trastámara, por lo tanto, iba de la mano de la hostilidad contra los
hebreos.
Asimismo, aparte de la violencia física, hay que añadir las elevadas sumas de
dinero exigidas por el primer Trastámara a las comunidades judías más importantes de
sus reinos, entre ellas las de Toledo y Burgos. El clima de antijudaísmo existente en la
corona de Castilla explica la ofensiva lanzada en las Cortes por los procuradores de las
ciudades y villas (Así en las Cortes de Toro de 1371se pidió a Enrique II la aprobación
de medidas discriminatorias como que viviesen señalados, que no desempeñaran
oficios, arrendamientos, que no tuvieran buenas vestiduras etc)
65
Hay que advertir, no obstante, que Enrique II, una vez que concluyó la guerra
fratricida, intentó amortiguar la hostilidad contra los hebreos, ya que si bien no podía
desatender las peticiones del tercer estado, tampoco podía abandonar sin más a los
judíos, que eran, «servi regis», lo que quería decir que el poder real estaba obligado a
darles protección.

Pero frenar la oleada popular antihebraica resultaba de todo punto imposible y,


en aquellos años fue cobrando cuerpo el odio a la minoría hebrea que se traduciría,
unos años después, en la violenta explosión que estalló en Sevilla en junio del año
1391, desde donde se propagó al resto de la Península ibérica.

4. La política internacional en el reinado de Enrique II.

Hegemonía ibérica y alianza con Francia

1) En política peninsular, y pese a las dificultades de partida con que se encontró al


comienzo de su reinado, Enrique II impuso sus criterios a los restantes reinos ibéricos.

2) En política internacional el rasgo más característico de su reinado fue la firme y


estrecha alianza con la corona francesa.

4.1. La vertebración de la política peninsular

El panorama peninsular con que se encontró Enrique II al acceder al trono, no era nada
afortunado;

 los nazaríes de Granada, que habían ayudado a Pedro I, eran hostiles.


 Aragón pese haber ayudado al Trastámara para que conquistara el trono, al no
cumplir éste su promesa de entregar a Pedro IV el reino de Murcia, se alejaron
las posturas.
 Portugal fue un claro rival. Lugar de refugio para los partidarios de Pedro I,
cuya muerte quería vengar el monarca lusitano Fernando I.
 El reino de Navarra, por su parte, mantenía la vieja reivindicación de plazas a
Castilla, entre ellas la de Vitoria.

Cada reino había actuado por su cuenta pero las cosas experimentaron un cambio
cuando en 1370 se constituyó una coalición anticastellanista, a cuyo frente se encontraba al
monarca aragonés. Pedro IV, que llegó a aceptar las aspiraciones del rey de Portugal
Fernando I al trono castellano, del que se consideraba legítimo heredero.

Sin embargo, Enrique II, fue capaz de destruir los hilos de esa temida alianza.

o Llegó a un acuerdo con los nazaríes de Granada.


o En agosto de 1370, la flota castellana vencía a la portuguesa en Sanlúcar de
Barrameda, y de esa forma se vino abajo el proyecto de ataque conjunto luso-
aragonés contra Castilla. Firmó con Fernando I una tregua (Alcoutim)
66
o En 1371, logró Enrique II firmar también la tregua con Pedro IV de Aragón, (Alcañiz)

Así la alianza anticastellana había quedado totalmente deshecha. Llegándose a un equilibrio


peninsular

Veamos como la alianza anticastellana dio paso a la hegemonía de la Corona de Castilla:

- En 1371, Enrique II acabó con los dos focos petristas que aún resistían, el de Zamora,
en el mes de marzo, y el de Carmona, en mayo.
- En septiembre de 1371 apareció un nuevo peligro; Inglaterra; Juan de Gante, duque de
Lancaster, contrajo matrimonio con Constanza, una hija del rey Pedro I. De esa forma
reivindicaba el trono castellano. Le apoyaban, además del monarca inglés, un
amplio elenco de exiliados petristas, encabezados por el magnate nobiliario gallego
Fernando de Castro.
Para evitar el apoyo de Portugal, Enrique II entró en dicho país a finales de 1372
llegando en febrero de 1373 a Lisboa. Fernando I de Portugal no tuvo más remedio
que firmar la paz de Santarem, en marzo de 1373 que concertaba enlaces
matrimoniales entre las dos casas reales al tiempo que se comprometía a expulsar de
su reino a los petristas refugiados.

- En agosto de 1373 Enrique II firmaba con Carlos II de Navarra la paz de San Vicente, por
la que Castilla recuperaba las ciudades de Vitoria y Logroño. Años después hubo un
nuevo enfrentamiento. Enrique II preparó un ataque contra Navarra, pero el rey Carlos
II, asustado, buscó por todos los medios la paz, finalmente firmada en Briones, en marzo de
1379. Navarra no tuvo más remedio que plegarse a las exigencias castellanas.

Las relaciones más espinosas eran las que mantenía Enrique II con Pedro IV de Aragón.

El monarca aragonés esperaba que el duque de Lancaster se decidiese a invadir Castilla, en


tanto que el monarca castellano apoyó, en el año 1374, la aventura del infante Jaime de
Mallorca.

A comienzos de 1375, la situación era muy crítica, dando la impresión del inicio de la
guerra. Pero, en abril de ese año se firmó la paz de Almazán que supuso la hegemonía
de Castilla en el panorama de las relaciones peninsulares. Pedro IV renunciaba a sus
aspiraciones al reino de Murcia, y devolvía a Castilla las plazas fronterizas de Molina y Requena.

Enrique II, por su parte, se comprometía a entregar una importante suma de dinero.

Se acordó el matrimonio del heredero de Castilla, Juan, con la infanta aragonesa Leonor, hija
del Ceremonioso. Las relaciones castellano-aragonesas habían entrado en una etapa de paz.

4.2. Castilla, aliada de Francia

Francia había prestado una ayuda militar decisiva a la causa de Enrique de


Trastámara, concretada ante todo en las Compañías Blancas que dirigía el militar bretón
Beltrán du Guesclin.

El paso definitivo que solidificó en noviembre de 1368, con la firma del Tratado
de Toledo, donde se pusieron las bases de la «gran alianza», que perduraría durante el
67
resto de los tiempos medievales. Castilla, en compensación por el socorro militar, se
comprometía a ayudar al reino de Francia contra Inglaterra, en la llamada Guerra de los
Cien Años. Dicho pacto tuvo sus consecuencias en muy diversos ámbitos, entre ellos
el mercantil, pues la piratería inglesa intentó por todos los medios obstaculizar las rela-
ciones comerciales de la corona de Castilla con las regiones atlánticas de Normandía y de
Flandes.

La colaboración castellana en el conflicto franco-inglés se plasmó básicamente en


el terreno naval. El primer gran acontecimiento fue el ataque al puerto de La Rochela,
llevado a cabo en junio del año 1372. Aquél fue un espectacular triunfo franco-
castellano que vino a establecer la superioridad naval de Castilla (El conde de Pembro-
ke, que se hallaba al frente de la flota inglesa, cayó hecho prisionero. La gran figura de la
marina castellana en aquel combate fue el almirante Ambrosio Bocanegra que estuvo
acompañado de expertos marinos castellanos, entre ellos Pedro Fernández Cabeza
de Vaca, Femando de Peón o Ruy Díaz de Rojas) El canal de la Mancha, pasó a ser
un espacio marítimo caracterizado por la proyección de marinos cántabros y vascos

En el verano del año 1377 la marina castellana, junto a la flota francesa, llevó a cabo un
ataque contra la costa sur de Inglaterra. Diversas ciudades inglesas, entre ellas Rye,
Portsmouth, Darmouth etc fueron sus víctimas. Quedaba patente que la Castilla de
Enrique II era una potencia de primer orden en el panorama de la Europa cristiana.
La alianza de Castilla con Francia iba a tener su repercusión en el ámbito eclesiástico,
al sumarse a la postre al papa aviñonés. En el año 1378 se produjo el denominado Cisma
de Occidente, debido a la existencia simultánea de dos papas, uno instalado en Roma
(Urbano VI), otro, en la ciudad francesa de Avignon (Clemente VII).

El primer Trastámara falleció en 1379 sin haberse pronunciado sobre la cuestión


del cisma. Pero pocos años después, Castilla reconocería al pontífice aviñonense,
como consecuencia lógica de su alianza con Francia.

68
TEMA VIII : LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LOS CONFLICTOS: LOS REINOS PENINSULARES EN LAS
ÚLTIMAS DECADAS DEL SIGLO XIV

A partir de 1375, se abre una época de paz y hegemonía peninsular para Castilla, que gracias a la sólida
alianza con Francia, genera compromisos internacionales, y ejerce mayor control sobre la principal ruta
comercial del momento.

Portugal se enfrenta a diversos problemas políticos que desembocarán diez años después en una guerra
civil y una sustitución dinástica.

Navarra se ve afectada por la falta de salida al mar y por la disparidad de intereses entre sus habitantes de
la Montaña y de la Ribera, y sobretodo por la política de implicación de Carlos II en la política francesa.

En Aragón, Pedro IV ha superado los graves problemas internos, e inicia una nueva etapa de relaciones con
Castilla, pudiendo dedicarse a la política mediterránea.

La nueva situación de concordia peninsular se edifica sobre una red de matrimonios → Como en del Leonor
(hija de Enrique II con Carlos), Leonor (hija de Pedro IV) con el heredero castellano Juan, Fadrique (otro hijo
de Enrique II) con Beatriz, hija de Fernando I de Portugal.

Durante el fin de las treguas de Brujas, que darían fin a las hostilidades de la Guerra de los Cien Años, en
1377 se produce un intento de los Lancaster contra la Castilla de los Trastámara, en el que se pretende
involucrar a Navarra y Aragón.

Francia, que descubre la implicación navarra, invade castilla. Esta expedición causó importantes daños a los
aliados navarros, y el heredero navarro fue retenido en Paris durante casi tres años.

En 1379 se firma el Tratado de Briones, el cual cerraba Navarra a la influencia inglesa, sometiéndola a un
protectorado castellano, con la ocupación de las plazas más importantes. Duró al menos diez años.

Para Aragón también suponía el fin de una etapa. Había problemas internos, derivados del cuarto
matrimonio del rey. Los intereses mediterráneos pasaron a tener prioridad.

Tanto en el caso navarro como en el aragonés, los herederos eran partidarios de un entendimiento con
Castilla.

1- EL REINADO DE JUAN I Y LA HEGEMONÍA CASTELLANA

2- INTERVENCION EN PORTUGAL Y DERROTA CASTELLANA

La firma del Tratado de Briones fue realizada por el heredero de Enrique II, Juan I, el cual subió al poder en
1379. Su reinado es una continuidad del periodo anterior.

69
Las Cortes se reúnen con cierta regularidad, y tienen un mayor papel en la vida del reino. Los universitarios
ahora pasan a formar parte del Consejo, muy especialmente los eclesiásticos. → Es un nutrido grupo
vinculado al exilio en Aviñón durante los años de Pedro I.
Tienen una sólida formación intelectual y con el apoyo pontificio, proponen llevar a cabo una reforma.
Tras la muerte de Enrique II se convocan las Cortes en Burgos para resolver la contención del gasto, la
recuperación de los recursos de la Corona y la negativa a incorporar al Consejo representantes de los
procuradores de las ciudades. También se abre una investigación respecto a la situación de la Iglesia,
gravemente perturbada por la doble elección pontificia que había tenido lugar tras la muerte de Gregorio
XI, siendo elegido Urbano VI, y desencadenando la reacción de sus cardenales, los cuales consideraron
inválida la elección anterior y nombraron a Clemente VII.

Como consecuencia se produce una división entre la Iglesia y la Cristiandad (Cisma de Occidente) . Francia
y sus aliados apoyan a Clemente VII, el cual se instala en Aviñón. Inglaterra y los suyos se proclaman
campeones de la obediencia urbanita.

En el caso de los cuatro reinos hispanos, el cisma incrementará la conciencia de interrelación mutua de
pertenecer a una nación, y la necesidad de adoptar posiciones conjuntas en el problema de la Cristiandad.
→ Esto renueva las tensiones entre los reinos, y proporciona el argumento de una nueva acción de Juan de
Lancaster para convertirse en rey de Castilla como representante del petrismo.

En septiembre de 1830, Juan I convoca nuevas Cortes en Soria en las que se atienden los problemas
internos, entre ellos el juramento del heredero (Enrique III), lo que consolidaba la dinastía instalada a
consecuencia de la guerra civil. También se planteó la cuestión del Cisma, y a pesar de los esfuerzos de
Pedro de Luna, no hubo posiciones comunes, ya que en un primer momento todos los monarcas adoptaron
la neutralidad para hacer frente a este problema.

Permanecer en esta neutralidad era mucho más difícil para Castilla, ya que la dinastía Trastámara mantenía
vínculos de alianza con Francia, y Juan I no quería enfriar dichos vínculos. Quería buscar una solución que
no diera pie a Inglaterra a un nuevo intento de los Lancaster por conquistar el trono de Castilla o un nuevo
intento inglés de quebrantar el comercio castellano en Flandes.

Juan I intenta acercar posiciones con Pedro IV, pero no lo consigue. Fernando I de Portugal se adelanta a
conocer a Clemente VII.

La gestión de Pedro de Luna y las presiones francesas obligan a Juan I a convocar una asamblea del clero
del reino ante el cisma. Esta asamblea se reúne en Salamanca y publica un documento por el que Castilla
reconoce a Clemente VII como legítimo pontífice → Con esta postura pretende reforzar la postura con
Francia ante la certeza de un nuevo enfrentamiento con Portugal e Inglaterra.

La guerra castellano- portuguesa

Enrique mantenía estrechos contactos entre Portugal e Inglaterra para una acción común anticastellana. 70
Para llevar a cabo esta negociación llegó a Portugal un petrista, exiliado en Inglaterra (Julián Fernández de
Andeiro) que pronto se convertiría en amante de la reina Leonor Téllez.

Con estos contactos hay una mayor implicación de Fernando I en la guerra, poniendo fin a los años en los
que había adoptado sus mejores medidas de gobierno: ley das Sesmarias, fundación de la Compañía das
Naus, construcción de murallas, reformas en la administración publica, y regulación de las sisas.

En julio de 1380 se firma en Estremoz un acuerdo secreto que preveía una acción angloportuguesa sobre
Castilla para sustituir al Trastámara por Juan de Lancaster.

El infante Juan revela el acuerdo al rey castellano, y abandona Portugal, refugiándose en Castilla.

El descubrimiento de la verdadera actitud de Fernando I tuvo decisiva influencia en la toma de postura


castellana en la cuestión del cisma: mientras los comunes votaban subsidios para la llamada cruzada
urbanista, el clero castellano se reunía en Medina del Campo y tomaba la opción clementista.

En abril de 1381, los castellanos renuevan su alianza con Francia, por el Tratado de Vincennes, y al mes
siguiente en la Asamblea de Salamanca hacían público el clementismo oficial de su reino.

Con la amistad castellano francesa se pone en libertad al príncipe navarro u se le entregan los bienes de la
casa de Evreux. También se reconoce su no implicación en las maniobras de su padre contra Francia y
Castilla. → El futuro Carlos II viaja a Castila, donde ya se habían iniciado los preparativos de la guerra.

Juan I concentró sus tropas en Salamanca, para un ataque por tierra, mientras la flota hostilizaba las costas.

Se inicia el ataque a comienzos de verano, con operaciones en la zona fronteriza. La más importante fue la
toma de Almeida. Mientras, la flota castellana vencía en Saltes, consiguiendo un cuantioso botín, y
bloqueando el estuario del Tajo. Juan I recibía la información de que su hermano bastardo Alfonso (conde

de Noreña) mantenía contactos con el rey portugués y ofrecía su puerto de Gijón para las operaciones
navales.

Las fuerzas inglesas, más pequeñas de lo previsto se comportaron como un ejército de ocupación,
causando estragos y ejerciendo una gran violencia. El objetivo era Flandes, no el frete portugués, el cual era
ejercido como acción de distracción para Castilla.

La obediencia portuguesa a Urbano VI causó más descrédito que otra cosa.

Creció el descontento en Portugal del pueblo (a causa del esfuerzo económico que requería la guerra) , de
la burguesía (por la amenaza a las rutas comerciales), de la nobleza (una parte de la cual se unen al os
infantes Juan y Dionís, hijos de Pedro I). Se producen algunas detenciones, entre ellos la de Juan, un
bastardo de Pedro.

Además se une el malestar general por las relaciones entre la reina y Juan Fernández de Andeiro. → Para la 71
consolidación en la corte de Juan, era aconsejable la paz con Castilla.

En agosto de 1382 se firma una paz entre Fernando I y Juan I, al margen de los ingleses y con la mediación
de Pedro de Luna. Las cláusulas de dicha paz eran similares a las previstas en Santarem. Ahora se preveía
para la heredera portuguesa un matrimonio con el segundogénito del monarca castellano, Fernando (que
sería luego “el de Antequera”)

Portugal volvía a la obediencia de Clemente VII.

El fin de la guerra castellano- portuguesa incidiría en el desarrollo de la cruzada sobre Flandes, que tuvo
lugar en noviembre de 1382 y fue respondida por una decidida acción castellano- francesa en territorio
flamenco, saldada con una victoria en Roosebeecke → Esta derrota y el tratado firmado por castilla y
Francia, indican el fracaso de la política inglesa.

Hegemonía castellana

La nueva dinastía castellana estaba aliada con Francia, y tenía una gran presencia en el comercio de
Flandes.

Francia, Portugal y Castilla apoyan ahora al papa de Aviñón, y los herederos de Navarra y Aragón eran
partidarios a la obediencia aviñonesa.

En Castilla hay una inquietud nobiliaria debido a que la alta nobleza aspira a tener un mayor poder político.
Los éxitos de la monarquía limitan en parte este malestar, pero se ejerce cierta represión sobre ella.

algunas muertes bastante oportunas, como la de Juan Sánchez Manuel o Pedro Manrique (el que realizo los
tratos para entregar Logroño a Carlos II de Navarra), la de Tello (Señor de Vizcaya) y Sancho (conde de
Alburquerque), ambos hermanos del primer Trastámara.

Alfonso de Noreña (bastardo de Enrique II y casado con Isabel, bastarda de Fernando I), tendrá aspiraciones
a los tronos portugueses y castellano, y se convertirá en la cabeza del grupo nobiliario descontento → Con
la paz de Elvas se ve obligado a someterse a su hermanastro.

En Portugal la situación era más complicada. La reina Leonor Téllez y su equipo de antiguos emperegilados
habían suscitado numerosos enemigos, sobretodo por su política de aproximación a Inglaterra. Por eso
necesitaban apoyos frente a la oposición interior. → Se temía que la grave enfermedad de Fernando I
trajera un fatal desenlace.

Pero se produce un acontecimiento que altera la situación: la muerte de la reina de Castilla, Leonor de
Aragón, en noviembre de 1382, lo que podía complicar las relaciones entre Castilla y Aragón.

El nuevo matrimonio de Juan I se convierte en un asunto de primera magnitud → Hay ofertas aragonesas,
francesas, inglesas y portuguesas.

72
Juan I supo ver la importancia de la oferta que vinculaba a Portugal con el bloque castellano- francés, así
que se iniciaron la firma de unas capitulaciones que le perjudicaban. → Portugal quería mantener su
personalidad propia.

El acuerdo final se firmó en Salvaterra de Magos, en abril de 1383, y establecía todas las cautelas para
garantizar la separación de las dos coronas.

Al fallecer Fernando I sin hijo varón heredarían el trono su nieto, y ejercería Leonor la regencia hasta que
éste cumpliese 14 años. Castilla sería herencia de los hijos del primer matrimonio de Juan I, y en el caso de
que no hubiera hijos del matrimonio ahora acordado, ni de los infantes Juan y Dionís, Portugal sería
heredado por el rey de Castilla, pero como reino separado.

Para el equipo gobernante portugués, la ventaja obtenida era el apoyo a la regencia, y la ventaja para
Castilla era incluir a Portugal en el grupo de aliados de Francia e imponer el control castellano en la ruta
comercial, desde Inglaterra a Brujas. Hubo una primera resistencia entre los mercaderes de Oporto y
Lisboa, que no podían competir con los mercaderes castellanos.

El acuerdo también causó decepción entre quienes se oponen a la regencia de Leonor y su equipo: los hijos
de Pedro I (Juan y Dionís), el maestre de Avís, y al aspirante al trono portugués Alfonso de Noreña.

El Tratado también planteaba el problema de una intervención desmesurada en Portugal, lo que podría
tener consecuencias imprevisibles.

La boda se produjo en Badajoz en mayo de 1383, y pocos meses después fallecía en rey portugués, pasando
la regencia a manos de Leonor Téllez, la cual proclamó reyes a Beatriz y su esposo.

Se producen los primeros disturbios contra el gobierno castellano, todos petristas, en Lisboa, y se
transmiten las revueltas a Oporto.

La crisis nacional de 1383 - 1385

Juan I esperaba el fracaso de la regencia y que la nobleza portuguesa acudiera a él para resolver la
situación, así que antes de que se produzcan las revueltas de Lisboa, está decidido a reclamar la corona de
Portugal.

Primero ordenó reducir a prisión a Alfonso de Norteña y al infante portugués Juan, candidatos al trono.

Mediante una revisión (en realidad anulación) del Tratado de Briones, eliminó cualquier dificultad con
Navarra a cambio de recibir ayuda navarra en todas sus guerras y de un reconocimiento de Clemente VII. →
Carlos II se negó a ratificar esta parte del acuerdo, pero no modificaba el apoyo navarro.

El 6 de diciembre de 1383, Juan (Maestre de Avís) asesinaba a Juan Fernández de Andeiro en la residencia
de la reina. Sus partidarios propagan el rumor de que el Maestre está en peligro, y se produce una revuelta
popular en Lisboa, produciéndose algunas muertes, entre ellas la del obispo de Lisboa.
73
La reina abandonó buscó refugio en Santarem.

Este movimiento popular no contó con todos los apoyos: la nobleza no lo secunda, la alta burguesía temía
que este movimiento tuviera pocas posibilidades de éxito, y el propio Maestre pensó en refugiarse en
Inglaterra.

La masa popular se reúnen en el monasterio de Santo Domingo y otorgan al Maestre el título de “defensor
del reino”, con notable ausencia de numerosos ciudadanos honrados de Lisboa. Es proclamado en la
Cámara de Lisboa “defensor e regedor do reino” La revuelta prendía inmediatamente en Oporto.

En ese momento, en Portugal había tres poderes: El del defensor del reino (que fue elevado de forma
irregular por una ciudad, lo que provocaba la desconfianza de la nobleza pero contaba con el apoyo de un
sector de la burguesía), el de la reina Leonor (que ratifica la invasión castellana) y el del rey de Castilla
(que en contra de lo previsto en los acuerdos, invade el reino)

El Maestre, en los meses siguientes, dejará de ser el rebelde levantado en Lisboa para encarnar el Portugal
que se enfrenta a Castilla. Se produce una guerra contra Castilla, y una guerra civil.

Juan I llegaba a Santarem en enero de 1384, reclamó a Leonor la entrega de poderes y la apartó de la
regencia. Tenía la esperanza de desactivar la revuelta. Santarem se convierte en sede del gobierno
castellano, y llegan muchos miembros de la nobleza portuguesa, preocupados por el levantamiento
popular. Juan I otorga poderes a sus embajadores para negociar nuevas treguas con Inglaterra.

La reina Leonor intenta solucionar su desposesión mediante el matrimonio con Pedro Enríquez, conde de
Trastámara y primo del rey de Castilla. Descubierto el plan, la reina fue recluida en Tordesillas.

Juan I decidió dar un golpe definitivo cercando Lisboa por tierra y mar. La caída de la ciudad se produce con
la toma de las fortalezas del valle de Mondego (en particular Coimbra), que aseguraba el camino a Castilla.

El prestigio de Castilla se vio afectado. Tomar ofreció una durísima resistencia, y no se pudo tomar Coimbra.

Mientras, Nun Álvarez Pereira obtenía éxitos que comenzaban a cimentar su leyenda de heroísmo y
santidad.

En Oporto se preparaba una flota para sostener la causa del Maestre, y de Granada llegaban noticias de
una inminente acción bélica que no llegó a producirse.

Nun Álvarez Pereira abre un nuevo frente de guerra en las proximidades a Évora. El ejercito castellano
experimentó una derrota (Los Atoleiros) decisiva para la moral portuguesa. Lisboa resistió el duro cerco a
la que estaba sometida, y también lo hizo Oporto, pero la guerra devoraba todos los recursos y con la
llegada del verano comienzan a producirse los primeros casos de peste, sobretodo entre los sitiadores de
Lisboa.

74
En julio, la flota, que había llegado a Oporto, intentó introducir víveres en la ciudad, poniendo fin al
bloqueo.

Juan I intentó neutralizar el efecto tomando Almanda → Si se retiraba, aumentaría el número de


partidarios del enemigo. Si mantenía el cerco, la peste acabaría con su ejército, con lo que tras un último
intento fallido, ordena la retirada hacia Santarem.

Las perdidas castellanas eran enormes, pero el poder de Juan I seguía siendo muy grande. El Maestre
carecía de recursos y tenia que dotar de legalidad a su gobierno, superando su origen revolucionario. Para
ello era necesario convocar las Cortes.

El Maestre de Avís comienza a actuar en nombre propio, apoyándose en la propaganda que mostraba al
Maestre luchando por Portugal y obteniendo éxitos militares, frente a dos Juan, prisionero en Castilla
después de haber servido a los intereses del enemigo.

Las Cortes se reúnen en Coimbra, en marzo de 1386. Al llegar a la ciudad, el Maestre es aclamado
popularmente como rey. En la Asamblea se distinguen tres facciones: la castellana (con poca
representación, y que consideraba a Juan I y Beatriz como legítimos reyes, en virtud de los acuerdos de
Salvaterra), la legitimista (que defendía la legitimidad de don Juan, hijo de Pedro I e Inés de Castro, con
cierta fuerza en las Cortes) y la portuguesa (que propugnaba como rey al Maestre, y tenia el apoyo de los
procuradores de las ciudades y respaldo en las Veuras y el Alentejo).

Un maestro de formación boloñesa, Joao das Regras estaba a favor del reconocimiento del Maestre como
rey de Portugal, y presenta tres argumentos:

1. Beatriz y su esposo habían perdido algunos derechos por invadir el reino de Portugal, violar sus
fueros y los acuerdos suscritos entre ambos reinos, y por la obediencia al papa de Aviñón. Había dudas
sobre la legitimidad de Beatriz
2. Los hijos de Pedro I (tanto los habidos de Inés de Castro como el de Teresa Lourenço) eran ilegítimos.
3. Contraposición entre los hijos de Inés de Castro, que se encontraban en manos del enemigo y habían
combatido contra su propio reino, frente a la de don Joao de Avís, regedor e defensor do reino, del noble
linaje del rey don Pedro, y que había defendido al reino durante el cerco de Lisboa.
Con estos argumentos, las Cortes proclamaban al Maestre como Joao I de Portugal, el 6 de abril de 1385.
Luego votaron los recursos necesarios para hacer frente a los gastos de guerra, y propusieron a los
miembros que integrarían el Consejo (con representantes de los prelados, nobles, letrados y ciudadanos)

Portugal se encontraba en un momento económicamente desastroso, y con una fuerte división política: se
discutía la legitimidad de las Cortes de Coimbra, y había aun muchos partidarios de Beatriz y de los hijos de
Inés de Castro. La inminente invasión castellana obligaba a Joao I a adoptar algunas decisiones: Nombró
condestable a Nun Álvarez Pereira, y atacó las posesiones castellanas en el norte del país, obteniendo
numerosas victorias. → Con la conquista de Guimaraes consigue la adhesión de todo el norte, salvo
75
Valença, Chaves, Bragança Miranda do Douro, Guarda y Santarem, que se mantienen en manos
castellanas.

La situación de Castilla tampoco era buena, ya que escasean los recursos y hay una profunda división en el
Consejo sobre la actitud que se debía adoptar: un sector sugiere operaciones limitadas y aceptar
negociaciones con las cuales se renuncie a la corona portuguesa.

Otro sector considera imprescindible una acción decidida sobre Lisboa.

Conciliando ambos sectores, Juan I decide una nueva invasión destinada a alentar a los suyos, consolidar las
posiciones que aún controlaban, y quebrantar la resistencia enemiga → Quería eludir grandes encuentros
armados, pero pretendía forzar un encuentro decisivo.

Mientras, Joao I concertó una alianza con Ricardo II de Inglaterra, proclamó la obediencia de Portugal a
Urbano VI (el papa de Roma) y prometió ayuda al duque de Lancaster (aspirante petrista al trono de
Castilla).

Castilla, por otra parte, tenía apoyo de Francia y Aragón

Se inician las hostilidades en mayo de 1385, con una derrota para el ejército castellano en Trancoso. Se
vuelve a reunir un numeroso ejército para una nueva invasión, y la flota castellana domina el mar. Están
dispuestos a intentar un nuevo bloqueo a Lisboa.

En estas condiciones el ejército castellano entra desde Guarda, sigue el Mondego, libra unos primeros
combates, pasa ante Coimbra sin atacar sus defensas, y cruzando el río se dirige hacia Leiría.

Al sur de Leiría, entre Alcobaça y Vilanova de Ourem, están las tropas portuguesas que cierran el paso hacia
Santarem. En una colina, cerca de Aljubarrota, están las tropas castellanas.

El combate se produce a últimas horas de la tarde (14 de agosto de 1385), y los castellanos fueron
diezmados por los arqueros ingleses y por Nun Álvarez Pereira, que cargó contra las filas castellanas,
obteniendo así la victoria. → En Aljubarrota se ratifica el juicio de Dios en favor de Joao I, y consuma su
fama el santo condestable.

Juan I, enfermo, cabalga junto con fugitivos de su ejército hasta Santarem, y se reúne con su flota, hasta
llegar a Sevilla.

Las pérdidas castellanas fueron muy cuantiosas: grandes pérdidas humanas, pocos recursos económicos,
una posible reacción lancaster, y una probable revolución interior que podía hacer peligrar a la dinastía.

Se han perdido todas las posesiones en Portugal: Santarem, el cinturón de fortalezas que envolvía Lisboa
(Torres Vedras, Alemquer, Sintra , Obidos y las ciudades del norte)

Las relaciones con Francia y navarra no se debilitan.


76
Por parte de Portugal, la situación era victoriosa pero terrible: había una mala situación económica y las
heridas abiertas de un país que está saliendo de la guerra civil. Se inicia una nueva dinastía que hará vivir a
Portugal una de sus etapas históricas más brillantes. Sin embargo, el temor a Castilla seguirá vigente
durante mucho tiempo, y la paz aún tardará en llegar.

3- LA CRUZADA LANCASTER EN CASTILLA

Ante estos hechos, Inglaterra concluye que es posible para el duque de Lancaster alcanzar el trono de
Castilla, recibiendo subsidios del Parlamento y los apoyos de Ricardo II en los tratados de Westminster, de
Windsor con Portugal, y de Urbano VI.

Las operaciones militares portuguesas de 1385-1386 fueron victoriosas en el interior del reino, pero no en
Castilla, que se defendió con firmeza.

Para asegurar la buena voluntad navarra, se firmó un nuevo acuerdo, el Tratado de Estella, en el que se
devolvía a Navarra las plazas ocupadas excepto Tudela, San Vicente y Estella que eran entregadas al
heredero en vasallaje de Castilla hasta el cumplimiento de las demás cláusulas del acuerdo.

La expedición inglesa desembarcó en La Coruña en julio de 1386 ocupando Galicia y coronándose en


Santiago de Compostela, pero no pudo penetrar en la Meseta y la flota castellana le cortó las
comunicaciones con Inglaterra.

Joao I y Juan de Lancaster acuerdan el matrimonio del portugués con Felipa, hija de Juan, que se celebró en
febrero de 1387. En Marzo de 1387 se reanuda el ataque inglés sin resultados. Finalmente, se inician
conversaciones en Trancoso y son continuadas en Bayona. Las bases del acuerdo son una compensación
económica al duque por la renuncia de los derechos de su mujer, hija de Pedro I, a la Corona de Castilla y el
matrimonio del heredero Enrique con Catalina, hija del duque.

4- LA PAZ PENINSULAR Y EL RELEVO GENERACIONAL

Al final de los ochenta se inicia una etapa de paz consecuencia de la solución de los conflictos, el
agotamiento general y el relevo generacional, consolidándose por el paréntesis en el gran conflicto
europeo. Se aprovecha para abordar reformas económicas, institucionales y religiosas.

A la muerte de Carlos II de Navarra (1/1/1387) le sucede Carlos III cuyo reinado, partiendo de una completa
ruina, arrojará un brillante balance económico gracias a la conservación de la paz y al saneamiento
económico.

El largo reinado de Pedro IV de Aragón se cierra con una profunda sensación de crisis que obliga al reino a
entrar en el concierto general de paz. El heredero, Juan I, al contrario que Pedro, se apoyará en la alta
nobleza (dando fin a los conflictos que su padre mantenía con ésta) y será partidario de Francia y el
Pontífice de Aviñón.
77
La paz peninsular se veía reforzada por la pacificación general europea tras las treguas firmadas en
Leulingham, en 1389, entre Inglaterra, Francia, Castilla y Escocia. Paz a la que se incorporó meses después
Portugal.

El agotamiento castellano es enorme, pero la paz permite abordar una serie de reformas que van desde el
ámbito institucional al religioso. Se expone un nuevo concepto de monarquía, concebida más como un
deber moral que como un derecho, cuyo ejercicio está más sometido a la norma moral y a las leyes, usos y
privilegios del reino y de los súbditos. Cuatro instituciones constituyen su apoyo:

-Las Cortes: se convocarán frecuentemente; apoyo de la monarquía.

-El Consejo: órgano esencial de gobierno; asesora al monarca y actúa como tribunal supremo.

-La Chancillería: tribunal supremo en lo civil.

-Las Hermandades: funciones de policía proporcionado por los Concejos.

Además se reformará el ejército, con la creación de unidades permanentes.

La reforma religiosa será de gran alcance situando a Castilla a la cabeza de la Cristiandad. Hitos esenciales
son los jerónimos, la observancia franciscana, la introducción de los cartujos y la reforma benedictina.

Juan I muere en 1390 provocando un alto anticipo en el camino de las reformas y reabriendo una lucha
política por la regencia. En este ambiente, sucede la matanza de judíos de 1391.

Comienzan en Sevilla con las predicaciones del administrador de la diócesis Fernando Martínez y
extendiéndose por Andalucía, ambas Castillas y pasando a la Corona de Aragón. Además de las grandes
pérdidas humanas, se produce un elevado número de conversiones. El problema se trasladará a partir de
ahora a la presencia de conversos.

Con la mayoría de edad de Enrique III en 1393, la pugna entre la nobleza se intensifica. La alta nobleza es
desplazada del poder político, económico y social por la nueva nobleza de servicio de la que forman parte
los linajes que desde ahora van a disputarse el poder del reino: los Mendoza, Velasco, Guzmán, Stúñiga,
Enríquez, Manrique.

También Aragón atraviesa por dificultades económicas con Juan I (1387-1396). Además, su fidelidad al papa
de Aviñón movió al papa romano a apoyar a los numerosos enemigos de Aragón.

Por otra parte, el entendimiento con la alta nobleza y los enormes gastos suntuarios provocan una ruptura
con las Cortes, reunidas solamente en una ocasión.

Le sucede Martín I (1396-1410) que sigue apoyando al papa de Aviñón donde, desde 1394, ha accedido al
solio pontificio Pedro de Luna, Benedicto XIII, tío de la reina de Aragón María de Luna. Para Benedicto
conservar el apoyo de Aragón se hizo vital; para el papa romano lo era crearle dificultades en sus intereses
78
mediterráneos, tal y como ocurrió con el levantamiento sardo en 1408 sofocado por el heredero Martín el
Joven, cuya muerte en la isla cambiará el rumbo futuro de la Corona.

Castilla, entretanto, prorroga su tregua anual con Portugal nunca bien observada. De hecho, Joao I toma
Badajoz; en respuesta Ruy López Dávalos incendió Viseo. Hay acciones de piratería en el mar. Existe,
además, cierto revanchismo castellano por Aljubarrota. La negociación de paz fue muy laboriosa, en 1402
se firma una tregua por 10 años, la paz definitiva no se alcanzará hasta 1411.

Política de paz es también objetivo esencial para Carlos III de Navarra (1387-1425) y la recuperación de
derechos familiares perdidos ante Francia e Inglaterra, eso sí, por vía diplomática. En el interior, se remonta
la crisis gracias a la contención del gasto. También aplicó un programa de reformas similar al castellano.

En 1393 consigue la devolución de Cherburgo por Inglaterra. Con Francia llega un acuerdo: Carlos III
renuncia a todas sus reclamaciones y le vendía Cherburgo; a cambio recibía un conjunto de dominios,
heterogéneos, dispersos y carentes de valor, por los que recibía el título de duque de Nemours.

En 1404, los castellanos sondean la actitud de Aragón y Navarra sobre la posibilidad de intervenir contra
Granada, que había tenido una participación activa en la guerra civil en favor de Pedro I. La noticia de estos
contactos provocó una represalia fronteriza granadina que movió a un enfermo Enrique III a una tregua de
dos años. Pero a los pocos días de la firma, un ejército castellano sufre un inesperado ataque por tropas
granadinas y derrotado en Los Collejares. Este hecho fue el argumento para una guerra muy cara pero muy
popular, en la que haría su fortuna el hermano del rey Fernando. En esta situación se produce la muerte de
Enrique III (25/12/1406) dejando a un heredero de solo dos años, Juan. La regencia corresponderá a la reina
Catalina y al infante Fernando, al que tentaron para que tomase la corona.

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TEMA IX: INSTITUCIONES POLÍTICAS, IGLESIA Y CULTURA EN LA BAJA
EDAD MEDIA.

1. Las ideas en la Baja Edad Media.

Desde el siglo VII la humanidad de la Europa occidental vivió bajo los parámetros
ideológicos de un sistema social, con evoluciones peculiares según los lugares y las
épocas pero en el mismo sentido, que solo comenzó a transformarse en lo científico,
técnico y filosófico durante el siglo XVII (Revolución científica) y en lo político en el
siglo XVIII (Revolución francesa).

Existe una general aceptación de la idea de que el siglo XII representó un profundo
rubicón ideológico para el hombre medieval. A las raíces altomedievales, sustentadas
en sólidos retazos de la tradición romana, en los modos germánicos y en el
omnipresente hálito cristiano, vinieron a sumarse tres fenómenos que alteraron el
mundo de las ideas:

- Asimilación del Clasicismo.

Durante la Alta Edad Media diversos monasterios se habían aplicado en sus scriptoria a
conservar, inalteradamente en lo posible, obras relevantes o supervivientes del
pensamiento grecolatino con un sentido archivístico, esto es, una conservación
perdurable sin asimilación, por cuanto la cristiandad carecía de los instrumentos
conceptuales adecuados para cristianizar unos saberes sentidos como superiores y
reputados como peligrosos.

La situación varió con rotundidad durante el siglo XII a causa de los rebrotes del Estado
a partir de robustecimiento de la Monarquía, el resurgir de las ciudades y el impulso de
un espacio urbano con estímulos socioeconómicos e intelectuales al rusticismo
altomedieval, junto con la fundación de las órdenes mendicantes y de las
universidades, destinadas ambas, precisamente, a cristianizar y aplicar los saberes para
este espíritu urbano.

El hombre medieval optó por reverdecer los arquetipos del Clasicismo, una civilización
del Principado, del dominado y de las urbes. No extraña la intensa actividad que
presencia la Cristiandad en la traducción de saberes de origen oriental y helenístico,
sumamente intensa en centros traductores sicilianos y de la península ibérica, hasta
originar un impresionante arsenal de conocimientos en los saberes de frontera, en
cuya correcta compresión fue imprescindible la colaboración de intelectuales
musulmanes y judíos.

Esta vez la Cristiandad no tenia una finalidad acumulativa sino aplicativa, por esta
razón la traducción era imprescindible para la divulgación y la selección necesaria para
consecución de efectos tangibles. Fueron los preliminares para la asimilación del
pensamiento clásico en aras de una concepción medieval más compleja del mundo,
cuyo escenario serán las universidades y los campos de conocimiento requeridos, el
80
filosófico-teológico, el jurídico y el medico. Junto con la traducción de obras científicas
y moralizantes, la voracidad intelectual europea se dirigió a la recepción compresiva
del Derecho romano y del Aristotelismo.

En Derecho, reconocida la función ordenadora del papado en la Cristiandad, se hizo


imprescindible un corpus sistematizado de las disposiciones pontificas, proyecto al que
se encaminaron en el siglo XII el Decretum de Graciano y las ediciones que derivan en
le Corpus Iuris Canonici, como fundamento del Derecho Canónico. Paralelamente, la
actividad urbana exigió una renovación del Derecho civil desde la recuperación de la
tradición jurídica romana. Renacía el concepto de poder político publico a través de la
recuperación del concepto de respublica. El Derecho romano, además, proporcionó
una personalidad política de primera magnitud al príncipe. El príncipe poseía la
capacidad de exclusiva de legislar, podía promulgar la Ley y actuar con poder absoluto
fuera de la ley positiva mediante la lenitud potestatis. Estos poderes, junto con la
superioridad jurisdiccional, ejercicio de la justicia, derechos económicos (fiscales,
emisión de moneda, concesión de licencias económicas) y la titularidad de bienes
públicos (baldíos, montes, aguas, costas, pastos, vías) constituirán las reglias,
inherentes a la potestad del príncipe. Ambos estímulos romanistas permitirán la
constitución de dos polos de poder, el reino y el rey, en torno a cuyas relaciones se
articularan los sistemas y regímenes políticos, siguiendo siempre una firme tendencia
hacia la uniformidad jurídica territorial y hacia, no una centralizadora del poder, sino
una relación jerárquica de poderes.

En filosofía el siglo XIII marcará la Edad de oro de la escolástica. La dilatada tradición


platónica y agustiniana se verá ampliamente enriquecida por la gran abundancia de
traducciones de la magna obra de Aristóteles. La aristotélica, sin embargo, era una
filosofía de una compleja profundidad, articulada en un ámbito muy distinto de la
escolástica, que unía filosofía y teología. Aristóteles proporcionaba una solida lógica
unos utilísimos instrumentos conceptuales (categorías, sustancia y accidente, materia,
forma) pero también una metafísica, una compresión del movimiento, el mundo y
Dios, muy alejados de la concepción cristiana. Pero fue Tomas de Aquino quien
acometió y triunfó en la empresa de cristianizar el pensamiento aristotélico, donde se
pretendió una armonía esencial entre razón y fe, la filosofía y la teología. La política de
Aristóteles, por lo demás, sirvió para aceptar como las únicas formas de gobierno la
monarquía, aristocracia y policía, son sus respectivas degeneraciones en tiranía,
oligarquía y demagogia.
- La depresión del siglo XIV

Con el cataclismo demográfico tras la peste negra de 1348, hábitos y creencias se


transformaron por la inseguridad de los dogmas vigentes y el relativismo de unos
códigos éticos sin apoyo doctrinal sólido. La depresión económica es tan intensa que el
orden feudal será definitivamente superado por un orden señorial, que en Castilla se
hizo patente por la sucesión de la nobleza vieja por la nueva nobleza. El señorío, su
sistema de vínculos y estructura socioeconómica se llenan de rigidices, arbitrariedades
y opresiones propias de un sistema que reduce la relación señor-siervo a un simple
cómputo de rentas monetarias ante una dura implosión de dominio, que desata 81
revueltas y aniquila el orden social. Esa misma depresión obliga a la iglesia a acumular
beneficios eclesiásticos en una persona (no podrá realizar la cura de almas para todos
sus feligreses) y la emisión de indulgencias, autenticas acciones sobre el paraíso. Estas
circunstancias se desvanecían el control moral cristiano sobre tradiciones paganas no
erradicadas, e incluso se desvanecía el dogma sobre la vigencia de unos sacramentos
relativizados en su efectividad religiosa. La conversión de alto clero en inmisericordes
señores, no favoreció. La eclosión de hábitos paganizantes y de un clima profano
fomentó un laicismo que impregnó la ideología bajomedieval y multiplico los
movimientos heréticos que derivaban inmediatamente en revueltas sociales.

Este contexto tuvo una importantísima proyección en el mundo de las ideas. La crisis
de la iglesia evidenciada en el Cisma de Occidente, propulsará un conciliarismo con
amplia repercusión en el pensamiento político y la doctrina de la sana et melior pars
de marsilo de Padua, frente al orden jerárquico estatuido en las relaciones de poder. El
rampante laicismo habría de suponer el germen del humanismo.

El pensamiento asumido por dominicos y franciscanos, inició una radical


transformación. El nominalismo, oxfordiano y franciscano, impulsado por Ockham, se
distanció de la lógica aristotélica, abanderada por un tomismo dominico cerrado en su
defensa de la unidad de la forma sustancial (el alma espiritual), el principio de la
individuación (la materia), la creación de la materia desde la eternidad, la dependencia
del entendimiento intelectual a partir de la percepción sensible, en que predomina el
entendimiento intelectual a partir de la percepción sensible, en que predomina el
entendimiento sobre la voluntad junto con la radical diferencia entre el mundo
inmanente y el trascendente. El nominalismo, en cambio, sustituyó estos
planteamientos esencialistas por otros de naturaleza existencialista, positivista y
fenoménica, desplazando los objetivos filosóficos hacia una ciencia empírica y el
método inductivo, planteamientos que habría de exagerar el escotismo con una mayor
incidencia en el empirismo y la preminencia de la voluntad sobre el entendimiento a
causa de la desconfianza de la razón.
- La aristocratización del siglo XV.

Aparentemente es una época de restauración. Los sabios trataron de reorientar los


nuevos fenómenos religiosos e ideológicos hacia la senda cristiana, dependiendo la
tesis de que el entendimiento humano podía alcanzar la espiritualidad, pero el saber
era cualidad divina, concesión gratuita de Dios por la fe, los teólogos buscaban
contener la contaminación pagana de la moral cristiana mediante obras de teología
moral, a partir de las Sagradas Escrituras, y la divulgación de un senequismo que
concibe la vida virtuosa como el compendio del valor, la entereza y la resignación.

Impulsada por los primeros proyectos reformadores del siglo XIV, la teología
bajomedieval adquiere un marcado cariz místico y especulativo. Sin embargo, la
obsesión eclesiológica por defender las tesis hierocracias o conciliaristas la primacía
del papa o del concilio, una controversia que dilucidaba la esencia y naturaleza de la
Iglesia, hace que las doctrinas filosóficas se encastillen en unas escuelas enzarzadas en
discusiones anecdóticas, hiriendo de muerte la escolástica. Esta vertiente restauradora
82
del siglo XV no debe ocultar en modo alguno su aspecto mas innovador: el triunfo del
proceso señorializador, coronando la aristocracia como el arquetipo social e
ideológico, particularmente en la Península ibérica. Es una nobleza basada en señoríos
jurisdiccionales, subrogación de la potestad real generadora de rentas, y en el
mayorazgo, como instrumento de su institucionalización oligárquica.

2. El pensamiento intelectivo y la espiritualidad en la Baja Edad Media.

La ideología medieval hay que clasificarla en dos ámbitos del pensamiento:


pensamiento intelectivo y espiritualidad, y el pensamiento político.

2.1. El pensamiento intelectivo y espiritualidad.

2.1.1. El scriptorium de la Cristiandad (siglo XIII)

La Cristiandad necesitaba la traducción al latín y lenguas vernáculas europeas para su


divulgación, pero no solo una traducción fidedigna sino comprensiva y contextualizada.
Era una empresa de sabios. Se buscó como escenario aquellos lugares donde hubiese
un contacto ágil y suficiente entre cristianos, judíos y musulmanes. Los reinos
hispánicos se convirtieron en el ámbito idóneo para este cometido, porque, si bien no
es acertada la idea de considerarlos sociedades tripartitas de las tres religiones al
constituir judíos y musulmanes microsociedades dependientes directamente del rey.
La proximidad aseguraba la transversalidad comunicativa de conocimientos. Esto,
explica además, el protagonismo de los monarcas en el movimiento traductor. Los
cristianos actuaron como disciplinados intérpretes, los musulmanes, como
divulgadores de unos saberes ya integrados en su desarrollo cultural, mientras los
judíos fueron los grandes comunicadores por su conocimiento profundo de las lenguas
de cristianos y musulmanes y su permeabilidad en el paso de fronteras.

2.1.1.1. Política cultural de las monarquías hispánicas.

Castilla con la ocupación de gran parte del valle del Guadalquivir tomo la iniciativa.
Fernando III el santo promocionó un esfuerzo traductor enciclopédico. Alfonso X
impulsó la escuela de traductores. Se requirió una estrecha colaboración de
traductores científicos judíos y musulmanes, aplicados en la literatura medieval y la
científica, especialmente la astrología y astronomía. Mientras los autores cristianos
contribuyen a la divulgación de la magna obra aristotélica. Los traductores judíos eran
muy útiles desde la admirable adaptación aristotélica al judaísmo por Maimónides,
pero además se le encargó la traducción al romance de textos bíblicos, en un intento
de hacer más asequible la lectura.

La poderosa acción cultural alfonsí generó una inercia que contaminó el reinado de su
sucesor Sancho IV, particularmente en la orientación moralizante. Esta política cultural
castellana tuvo su correlato en los estados catalanos-aragoneses, si bien sin una
producción tan extensa hasta la llegada al poder de Jaime II cuando la colaboración
traductora de judíos y musulmanes se hizo más intensa.

83
La cristiandad comenzó a sentirse mucho más segura con el dominio de los
impresionante instrumentos conceptuales aristotélicos, pero generaban al tiempo
muchas contradicciones, origen a veces de movimientos heréticos. Las reiteradas
disposiciones pontificias para que los cristianos viviesen separados de otras minorías,
devinieron en sospechas respecto a las traducciones de textos bíblicos y prontos en
abierta hostilidad bajo el patrocinio de los dominicos.

El fracaso de la Controversia de Barcelona de 1263, las disposiciones antijudías de las


cortes de Valladolid de 1293, así como la erosión de funcionarios judíos en las cortes
castellana y aragonesa, señalaron el fin de la cooperación traductora y de la tolerancia
religiosa.

2.1.1.2. Las órdenes mendicantes.

Nacidas para cristianizar el espacio urbano, un ámbito que la rusticidad inicial de la


iglesia medieval había descuidado. No extraña que estas órdenes cuidasen de la
formación intelectual de sus miembros, tendencia que derivaría en la fundación de
escuelas en sus provincias eclesiásticas y en una vocación misionera entre judíos,
musulmanes y paganos.

Esta vocación justifica el pronto arraigo de las ordenes mendicantes en la península


ibérica, tanto de los dominicos (orden fundada por el castellano Domingo de Guzmán)
como de los franciscanos (Francisco de Asís). Pero cuando su formación intelectual era
más solida, los mendicantes hispanos se comportaron como receptores netos, con una
escasísima producción teológica y filosófica.

La evolución de la cristiandad, se definía en la península a principios del siglo XIV como


líneas divergentes entre el tomismo dominico y el voluntarismo franciscano.

2.1.2. La alteridad (siglos XIII-XIV)

Esto es, el reconocimiento del otro en oposición a sí propio. Es un proceso que exigió la
tipificación de la espiritualidad cristiana como base para el dominio del otro, no ya
mediante la violencia cruzada, sino mediante la evangelización misionera.

2.1.2.1. Espiritualidad.

Manifestada en una obra catequética en la que se compendian las bases de la moral y


fe cristianas como los mandamientos, el credo, los sacramentos, las virtudes y los
vicios. Obras que desde la fascinación por la heroicidad espiritual evolucionaron a un
misticismo ejemplarizante.

2.1.2.2. Evangelización

Como modo pacifico de dominio por el convencimiento del otro sobre la propia
superioridad espiritual. Los reinos hispánicos eran un magnifico laboratorio no solo por
la coexistencia con judíos y musulmanes en el suelo peninsular, sino por los planes
expansivos de la corona castellana sobre Marruecos y de la aragonesa sobre Tremecén
y Túnez. La novedad era que, segura ahora la cristiandad de sus instrumentos
84
teológicos, la acción militar corría en paralelo a una acción misionera, a laque se
aplicaron las ordenes mendicantes. La evangelización implicaba la demostración
argumentiva de la superioridad de la fe cristiana en todos los foros, no solo ni
prioritariamente en los círculos elitistas políticos o intelectuales. Esta estrategia hacia
el gran público reclamó por un lado un manual donde sostener las excelencias
cristianas en las controversias con judíos y musulmanes. Santo Tomas de Aquino
redacto una Summa contra gentes. Por otro lado, el aprendizaje de las lenguas
semíticas para predicar entre el gran publico, labor en la que descollaron los
dominicos, quienes organizaron studia linguarum para un correcto dominio del hebreo
y el árabe.

La estrategia evangelizadora, sin embargo, fue diferente hacia judíos o musulmanes:


sin organización política los primeros, los mendicantes optaron por la controversia
intelectual. En el concilio de Zamora (1313) los obispos estipularon que los judíos
subsistían, sin derechos, solo porque en la convivencia con los cristianos podrían
recibir la gracia de la fe. El judaísmo era una fe a extinguir, por tanto. En una ambiente
que preludia los pogromos del siglo XIV, Bernardo Oliver redactaba un catecismo para
la conversión de los judíos, mientras el judeoconverso Abner de Burgos, difundía los
errores del judaísmo. Con poderosos reinos los segundos, la opción se dirigió al
misoneísmo más popular. Se predicó los dogmas cristianos, se empeñaba en instaurar
una cristiandad universal que acogiese a los cristianos separados de roma, a judíos y
musulmanes.

2.1.3. La escolástica hispánica.

La escolástica halló su siglo de Oro durante la centuria docentista sobre las bases de
tradición platónicas, agustinianas y recientemente la aristotélica, así como sobre la
armonía entre filosofía y teología. Este equilibrio entramado comenzó a debilitarse
radicalmente al tiempo que la depresión, el hambre, la guerra y la peste se
enseñorearon de la Cristiandad en el siglo XIV. Sus efectos fueron:

- Las escuelas

En un mundo pesimista, hostil y cínico, la ruptura de la fe y razón comienza a


cimentarse sobre el nominalismo de Ockham y el voluntarismo de escoto,
correspondiendo al movimiento franciscano de los espirituales la acción mas
beligerante. La fractura en torno a la prevalencia de una u otra consolidará la división
de dos escuelas, la tomista dominica y la voluntarista y nominalista franciscana,
llamadas a promover una honda división intelectual, académica, religiosa y política en
la cristiandad.

Los franciscanos asentaron en la teología hispánica la ruptura entre la razón y fe. Se


rechazó el uso del conocimiento racional propio de la filosofía para analizar la
revelación en las Sagradas Escrituras mediante la teología. Era un ambiente de ruptura
que la violenta represión de la Inquisición aragonesa, dominada por los dominicos, se
agudizó. Comenzaba una época dialéctica de controversia y disputas en torno a
sutileza, que lograran la decadencia de la teología.
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Mientras en tomismo y el escotismo penetraron pronto en la península (siglo XIV), el
nominalismo tuvo una difusión tardía (siglo XV)

- El reformismo trastamarista

Los movimientos heréticos, el iluminismo y el pauperismo comenzaron a socavar los


principios socioeconómicos e institucionales sobre los que descansaba la Iglesia. El
desarrollo del naturalismo aristotélico, propulsor de un comunitarismo religioso a
partir de las tesis inspiradas en la teoría del Cuerpo Místico de Cristo, cuestionó la
naturaleza de la autoridad eclesiástica, que el enfrentamiento entre el papa Juan XXII y
el emperador Luis de Baviera agravó. Ockham, marsilio de Padua o Juan de Jandún no
dudaron en atacar los cimientos de la hierocracia eclesiástica y la suprema autoridad
pontificia. Eran las bases ideológicas para el Cisma de Occidente, planteado en 1378.
La depresión económica con sus secuelas de cinismo ético, relativismo de los
sacramentos e inmoralidad del clero, según reflejó el Arcipreste de Hita en el Libro del
Buen Amor, son los hitos de la pavorosa crisis de la Iglesia.

En los reinos hispánicos no tardó en surgir una sincera aspiración por regenerar la vida
cristiana y reformar la iglesia, ya que la inmoralidad y el materialismo de sus clérigos
era cotidiano. En 1368 con la revolución de los trastamara, un ambiente
regeneracionista impregnó las cortes hispánicas, muy particularmente la de Castilla. Se
acometió. Iniciado el clima, una reforma de la iglesia, que se basaba en dos principios:
la regeneración no masiva, inmediata y normativa, sino por inoculación en la iglesia de
una centella, un espacio modélico de virtudes cristianas, motor del cambio por
imitación en la perfección; la superación de la depresión económica a través de las
rentas ganaderas, medio para una dedicación ejemplar de los clérigos a la vida
contemplativa. Castilla dibujó una reforma basada en una austeridad rigurosa, una
ascética moralizante y un misticismo contemplativo, que contagió a sus vecinos
peninsulares y determinó la posición religiosa de España cuando llegó la reforma
protestante.

2.1.4. El espíritu hispánico del Cuatrocientos. El Cisma y la eclesiología.

Las invectivas de Marsilio de Padua y Ockham contra la supremacía del poder del papa
hallaron desde el principio una evidente reticencia en los reinos hispánicos y defiende
la primacía de la autoridad papal. Acaecido el Cisma en 1378 surge toda una pléyade
de publicaciones defendiendo el autoritarismo pontificio, alineados a las tesis del
Papado de Aviñón.

La celebración del Concilio de Constanza (1414-1418), en el que las delegaciones


hispánicas tuvieron un destacado papel, dio origen a una riquísima disquisición
eclesiológica sobre la naturaleza de la Iglesia. Ahora los teólogos hispanos adoptaron
posiciones divergentes, en coincidencia con las grandes corrientes europeas
coetáneas.

Mientras en el concilio de Basilea (1430-1449) incitó a la aparición de campeones


hispanos del conciliarismo, como Juan Alfonso de Segovia (1456) para quien la
86
autoridad del Concilio y del Papa es iguales en naturaleza y jerarquía, pero en caso de
conflicto debería prevalecer la autoridad del Concilio.

2.1.4.2. El Senequismo.

Un último elemento constitutivo dio un impulso decisivo al senequismo: el inapelable


triunfo de la aristocracia como arquetipo social en sus valores, ética, mentalidad,
modas y modos. El elenco de primera magnitud procedente de la más alta nobleza es
la demostración palmaria. Moralismo, ascesis fatalista y la perspectiva aristocratizante
venían a resumirse en la obra de Séneca, que pasó a ser un modelo deontológico. De
este senequismo derivara literatura ascética de Vicente Ferrer y Pedro de luna

(Benedicto XIII). El siglo XV, en plena reacción a la depresión del XIV, fu aun más
prolífico en la admiración a Séneca, espejo de la nueva época.

2.1.4.3. El humanismo.

Corriente intelectual apenas balbuceante en el siglo XV hispánico, cuyo cauce de


transmisión a la Península ibérica fue la corte aviñonesa del papa Benedicto XIII, que
habría de inocular el nuevo espíritu en las cortes aragonesas. El humanismo hispánico
cuatrocentista, sin embargo, estuvo en excesiva dependencia de la tradición medieval.
El individualismo y subjetivismo, profundamente humanistas, en España se orientaron
hacia el arte de educar, como modo de superación y fama.

3. El pensamiento político en la Baja Edad Media.

Modo de organizar el entorno inmediato a partir de unos resortes ideológicos


cohesionados en una ideología política, definitoria de un régimen o sistema políticos,
casi siempre manifestada desde conceptos filosóficos, religiosos y jurídicos. En la
Cristiandad el resurgimiento de los fundamentos conceptuales del poder político
publico, apuntado en el siglo XII, se produjo en el siglo XIII asumiendo: la tradición
romana con las nociones de principado, respublica y universitas, la tradición
germánica, con el concepto de ejercicio del poder regio, los derechos de la corporación
o comunidad y el contrato entre ambos; y la doctrina de la Iglesia en torno a la
dualidad de poderes, auctoristas y potestas. Son las fuentes que comienzan a
alimentar el proceso para la constitución del Estado.

En este proceso comenzaron a dibujarse los principios políticos de referencia a partir


de los textos políticos de Cicerón, la teología, la filosofía de Aristóteles y los Derechos
romano, canónico y feudal lombardo, pero además preocupó la relación entre el
individuo y el poder publico.

La comunidad política

Sinónimo de respublica, tenia como conceptos asociados populus (conjunto social con
estructura política), comunitas-corpus (imagen orgánica de la sociedad) y regnum (la
idea que más se aproxima a la nuestra sobre Estado). Sus caracteres venían definidos
por los fines de la comunidad; el bien común, defensa de la paz y la justicia a partir de
87
la amicitia, un conjunto de vínculos de lealtad y honor que unen a los miembros de la
comunidad; las libertades, expresión de la organización desigual y jerárquica de la
comunidad, sumisión del poder político a la ley divina y natural, pero no la positiva; la
legitimidad del uso de la fuerza en defensa propia. Según la comunidad política vaya
definiendo sus caracteres se abrirá paso el concepto de soberanía o superioridad del
vínculo que une al individuo con el príncipe mediante la lealtad, sobre cualquier otro,
tendencia que erosionó sin remisión el concepto de comunidad universal representado
por la Iglesia y el Imperio.
Elementos

En la génesis hacia el Estado, la realeza asumía la función indispensable de cabeza de la


comunidad, pero con una relación pactista con la agregación de cuerpos jerarquizados
que conformaban el reino, dentro de la respublica: la realeza y el reino.

La realeza, intrínsecamente asociada al regnum como espacio concreto de dominio y


gobierno (cuando el titular no es específicamente un rey, este espacio se denomina
principado, como en Cataluña, se le considera el régimen mejor de los existentes. La
realeza hundía en las raíces de su legitimidad en su carácter de officium, rector sobre
el cuerpo místico por voluntad de dios. La recepción del Derecho romano otorgó toda
una batería de argumentos en torno a la supremacía del poder regio (mero imperio) a
través de la majestad, la capacidad de legislar y su superioridad sobre la ley positiva
por la plenitudo potestatis.

El reino, personificación de la comunidad y que, a causa de la tradición germánica, es


el ultimo depositario de un poder que delega en el rey. Desde el siglo XII se definió el
concepto de corporación que precisaba unos instrumentos de dialogo con el rey y que
será el fundamento de las Cortes, garantes de unos derechos que le rey no podía
alienar.

Los poderes

El rey

Cuya imagen supera al titular concreto en cada momento y que se manifiesta en la


dignidad regia. La transmisión de la divinidad y majestad será reconocida
definitivamente como la hereditaria dentro de una dinastía (se van definiendo los
mecanismos sucesivos) y para las que el príncipe heredero debe adquirir una sólida
formación educativa y espiritual, consignadas en los Specula. El mecanismo sucesorio
se unirá indisolublemente al triunfo del mayorazgo en el siglo XIV y será patente en la
aparición de los principados de Asturias, Gerona y Viana para los herederos de los
reinos hispánicos.

La administración

Como conjunto de órganos institucionales para ejercer poderes pero de forma


indeterminada (titularidad de variadas y policefaticas competencias), transversal (la
misma competencia puede ser detentada por varios titulares) y comunicante entre el
rey y el reino. 88
La ley

Manifestada en las dimensiones divina, natural y positiva. La realeza fue adquiriendo


iniciativa en la capacidad normativa, lo que solo afectaba a la ley positiva. El gran

cambio fue que la realeza logró imponer un orden de prelación de las leyes para la
actuación de los jueces, que daba prioridad en la cotidianeidad le gal a la ley positiva,
su ámbito.

El reino

Reconocido jurídicamente como la personificación del corpus de la comunidad o


corporación y representado en las Cortes, con un cierto grado de participación en los
ámbitos legislativo y fiscal e incluso pretendieron la nominación de los miembros del
Consejo Real. La debilidad de las Cortes fue que sus estamentos constitutivos hallaron
otros cauces más eficaces de dialogo y condicionamiento hacia la realeza: el clero a
través de las libertades y beneficios eclesiásticos, sacramentados por la Santa Sede; la
oligarquía urbanas mediante las hermandades, pero sobre todo mediante el
regimiento; la nobleza por el señorío, el control de los cargos de gobierno, y las juntas
o uniones.

Imagen y propaganda

Para definir simbólica e iconográficamente la personalidad en las relaciones de poder.


Representaciones icónicas, pero sobre todo la historiografía serán instrumentos
idóneos. El objetivo de la historiografía bajomedieval perseguía honrar a dios, el rey y
la patria. La historiografía, en efecto, sufrirá una evolución. En el siglo XIII se rigió por
un enciclopédico esfuerzo compilador y estructurador de la Historia de España.

4. Los saberes con especial referencia al Derecho y a la Universidad.

Se corresponden al dominio de la aplicación de capacidades y acervo intelectual con la


intención de realizar una investigación para el desarrollo de áreas de conocimiento
cada ve más coherente, y que durante la Baja Edad Media adquieren un definitivo
carácter académico por la eclosión y actividad de los estudios generales.

La investigación bajomedieval se dirigía hacia aquellos conocimientos que más


interesaban a las elites políticas e intelectuales; la teología, príncipe de los saberes,
para una iglesia decidida a domeñar el mundo del conocimiento; el Derecho, básico en
la génesis de un Estado en el que esta vinculada la monarquía, así como para articular
el crecientemente complejo mundo económico(transacciones, propiedades, contratos)
y escalar en el escenario de la administración para las capas negociantes y oligárquicas
urbanas; la física, un conglomerado de saberes que hoy en día serian ciencias
medioambientales y ciencias de la salud, con especial protagonismo de la Medicina.
También instrumentos de orientación (Astronomía, Cartografía y matemáticas),
contabilidad, estudio de materiales (Alquimia) y Farmacia.

En los reinos hispánicos los conocimientos científicos grecorientales llegaban a través


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de la ciencia árabe. La ciencia hispánica cristiana dependerá en método y desarrollo,
de la ciencia islámica nazarí, no por contacto directo con los musulmanes sino con los
judíos, que dominan el hebreo, araba, castellano y catalán para difundir el saber.

La física medioambiental

Destinada al conocimiento intrínseco y extrínseco (descubrimientos geográficos) del


mundo. Tuvo en los reinos hispánicos dos épocas definidas:

- Del siglo XIII a mediados del XIV

Época en que predominó el esfuerzo traductor de los saberes clásicos, orientales e


islámicos, naturalmente bajo el tamiz insoslayable de la recepción aristotélica. En
Castilla fue esencial el entramado traductor, promocionado por Alfonso X, que se ha
dado en llamar la Escuela de Traductores de Toledo. El objetivo del rey Sabio era
compilar una colección de magia y otra de Astronomía y Astrología.

- Mediados del siglo XIV al XV

Domina claramente la inclinación hacia la Astronomía donde fue impresionante la


investigación sobre técnicas de navegación astronómica.

La Física de la salud

La Medicina era una de las disciplinas mí desarrolladas entre los judíos y musulmanes,
no tuvo un tratamiento intelectual destacado en los reinos hispánicos. La producción
intelectual médica hispánica será extracadémica y sus textos en castellano o catalán
denotaran un marcado carácter práctico de caso y sin grandes disquisiciones
epistemológicas.

En los reinos hispánicos los mudéjares van desapareciendo con rapidez y contundencia
sus potencialidades intelectuales por ser reducidos a servidumbre, alejados de los
centros educativos y desarbolados de referentes intelectuales por el rápido exilio de
los sabios de esta comunidad. Muy diferente en cambio, fue la situación de los
estudios judíos en Medicina, cuyo cultivo intelectual se asentaba en su propia tradición
racionalista en el análisis de las cuestiones naturales, así como sobre un dominio
experto del árabe, que les permitió conocer las fuentes y numerosos tratados del
galenismo árabe. La actividad médica cristiana será práctica y desarrollada a golpe de
las sucesivas pestes del siglo XIV.

El Derecho

El Decreto graciano llegó con rapidez a la Península, provocado la consecuente


aparición de decretistas o comerciantes del texto, al que conocieron en profundidad
por su estudio en Bolonia, por parte de muchos juristas hispánicos, durante el siglo XIII.
El desarrollo del derecho canónico fue desdibujando el impulso glosador decretalista,
si bien al producirse el Cisma de Occidente el Decretum fue referente para las

90
controversias eclesiológicas en torno al conciliarismo, observable en las
argumentaciones de Pedro de Luna y Juan de Torquemada. El derecho canónico,
entretanto, había hallado una ubérrima fuente, las decretales pontificias, que
debidamente compiladas y refrendadas, constituyen auténticos libros de texto desde
finales del siglo XIII. Durante los siglos XIV y XV, los canonistas hispanos se ocuparan de
la superioridad primacial del pontífice sobre el Concilio y el emperador, siendo su
centro de acción Bolonia.

Derecho común hispánico

La unión de Castilla y león en su persona convenció a Fernando III respecto a la


necesidad de una unificación jurídica como medio de consolidación unitaria de sus
estados. Alfonso X coherente con este proyecto, publicará el Fuero Real, redactado por
romanistas e inspirado en el Fuero Juzgo para servir de fuero en las ciudades y código
en los tribunales. Fue la antesala de la irrupción del derecho romano. La obra legal
Alfonsina confería a los monarcas la facultar de legislar, poder que los reyes
castellanos del siglo XIV se aprestaron a asumir, constituyendo el desarrollo del
derecho común de inspiración romanista.

La evolución jurídica de los reinos hispánicos orientales tendrá notoriamente un menor


protagonismo regio, y un menor impacto romanista. En navarra, regida por dinastías
francesas se esforzó por preservar su identidad mediante la codificación altomedieval
de sus costumbres hasta editar el Fuero General de Navarro a mediados del siglo XIII.
Aragón gestó su derecho desarrollando el Fuero de Francos concedido en Jaca en
1063. El Derecho Común penetró pronto en Cataluña por la estrechísima vinculación
de estudiantes y maestros juristas catalanes con los grandes centros de estudio
italianos.

Las Universidades

La cultural medieval había tenido una vocación de analfabetismo textual, con una
cultura de oralidad, en la que la escritura tiene una función de conservación para un
saber clásico considerado eterno, insuperable y sumamente peligroso por su raíz
pagana y sus aportaciones judías y musulmanas. La alfabetización y divulgación de
saberes se destina a la minoría de los copistas en los scriptoria y a los iniciados
formados para su correcta comprensión y versión al pensamiento cristiano.

Durante el siglo XII, la ciudad experimenta un renacimiento y protagonismo


intelectuales, perceptibles en el auge de la catedral sobre el monasterio dentro de la
iglesia. Para este nuevo espacio surgieron las escuelas catedralicias. Estas escuelas
catedralicias carecían en la península de referentes de grandes escuelas de maestros
itinerantes, por lo que no alcanzaron un especial brillo intelectual. En las escuelas se
enseñaba el trívium (gramática, retórica y dialéctica (o lógica), junto con el canto,
doctrina cristiana y algo de Derecho canónico.

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Las órdenes mendicantes no duraron en fundar en las ciudades sus escuelas
conventuales, generalmente una para cada una de las provincias eclesiásticas, cuyo fin
principal fue una sólida formación de teología entre los monjes, especialmente entre
los dominicos, a causa de la vocación misionera de estas órdenes. Fueron muy
afamadas las escuelas dominicas de Barcelona, Lisboa, Játiva, Zaragoza y Compostela.
Mas tardía y débilmente los franciscanos también fundarán escuelas conventuales
especializadas en teología, normalmente en ciudades universitarias.

Este ambiente escolar urbano será el marco originario de las universidades a finales del
siglo XII y durante el XIII, cuando se constituya una corporación de maestros y alumnos
(universitas), sancionada por una autoridad civil o eclesiástica para el libramiento de la
licentia docendi. La fundación concreta obedeció a tres modelos: institucionalización y
reglamentación de escuelas monásticas o conventuales existentes; por secesión,
debido a controversias de principios entre grupos de maestros, durante las que un
grupo abandona el Estudio General para fundar otro; por iniciativa civil o eclesiástica
para reanimar la vida urbana de una ciudad en declive. Esta institución de enseñanza
superior recibía el nombre de Estudio General, reservando el nombre de universidad
para el gremio escolar formado por maestros y discípulos.

Elementos esenciales del Estudio General son: los estudiantes, procedentes de


cualquier rincón de la cristiandad; los maestros de las facultades; el maestrescuela
elegido por el monarca, contrataba a los maestros, daban con becas a los estudiantes
pobres, administraba las rentas y diseñaba programas de estudio pero además
confería la licentia docendi, que suponía la autorización para enseñar, verdadera razón
del Estudio General. La licencia comenzó a ser regulada por el papa Alejandro III en el
III concilio de Letrán en 1179, determinado su carácter gratuito y su concesión por los
maestros, correspondiendo la maestrescuela solo su sanción. Se multiplicaron así los
maestros y proliferaron escuelas, reunidas en el Estudio General. El campus
universitario estaba exento de la capitación fiscal y de la administración de justicia
ordinaria, entre otros privilegios custodiados por la universitas y protegidos por el rey.
El sostén económico universitario, por lo demás, fueron las tasas y beneficios
eclesiásticos, junto con alguna rara donación regia.

En el Estudio General, la máxima autoridad era el rector, nombrado por la corporación


estudiantil. Éste velaba por la convivencia académica, es respeto a las libertades y
privilegios universitarios, sancionaba los delitos y juzgaba pleitos de la comunidad
universitaria. Le auxiliaban los consiliari, estudiantes procedentes de cada nación
presente en el Estudio. En asuntos muy relevantes el rector convocaba a todos los
cargos y representantes en una asamblea denominada claustro pleno.

El latín era la lengua vehicular de la enseñanza superior, por lo que para acceder a ella
había que tener un dominio experto de la gramática latina.

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La enseñanza se organizaba en torno a las cátedras (enseñanza de un conocimiento,
del que es experto el maestro) y las facultades, siendo la menor la de artes, y las
mayores las de teología, derecho y física. No todos los Estudios Generales tenían todas
las catedras, sino que se especializaban en algunas de ellas; Salamanca en teología,
Lérida en medicina. Tampoco existía una metodología didáctica organizada. Existían
textos básicos de aprendizaje, normalmente procedente de sabios clásicos o sus
traductores (Aristóteles, Platón, San Agustín, Ptolomeo, Código de Justiniano,
Hipócrates, Galeno), que el estudiante debía saber, memorizar y copiar en partes. La
enseñanza era oral destinada a ejercitar en la dialéctica para pleitear u predicar. El
estudiante se enfrentaba a una sucesión de grados académicos a lo largo de sus
estudios, que vinieron a completar la inicial simple concesión de la licencia docendi,
originando una autentica carrera. Después de tres a seis años de estudio o un cierto
tiempo de docencia o incluso un determinado numero de lecciones, el estudiante
elegía un maestro y debía mantener con éxito una disputatio, obteniendo el titulo de
bachiller. Logrado este titulo, tras tres o cinco años de docencia posterior, un bachiller
podría lograr la tutela de un maestro para someterse a un tribunal elegido por el azar,
al que exponía dos temas asignados el día anterior, durante dos horas y si tenia éxito
lograba el grado de licenciado. Luego podría optar al titulo de doctor, titulo sin especial
relevancia por cuanto solo se requería disponer de recursos para costear la ceremonia
de investidura y leer una lección magistral ante un tribunal.

La península tuvo un repertorio suficiente de universidades: Salamanca (1218),


Valladolid (1250), Lisboa-Coímbra (1288-1290), Lérida (1300), etc.

5. El gobierno: la realeza y el auge de la nobleza.

Entendido como el entramado institucional que en torno al poder y competencias


asumidos y desarrollados por la realeza, en su ejecución o en dialogo con el reino, va
gestando el Estado. Fue una evolución diferenciada por unas culturas positivas
distintas en las coronas de castilla y Aragón.

Desde la recepción del Derecho romano a principios del siglo XIII hasta la crisis
trastamarista, a mediados del siglo XIV, la realeza consigue convertirse en el motor
indiscutido hacia el Estado, siguiendo dos modelos distintos:

Los estados castellano-leoneses

Las monarquías castellana y leonesa articulaban su poder dentro del orden feudal
sobre un entramado plural de poderes, ordenados según las relaciones
feudovasalláticas. La ocupación del Guadalquivir fortaleció la nobleza, pero también
reforzó el poder regio, acrecido por la unión de Castilla y León. Alfonso X buscó perfilar
en un proyecto inspirado en el Derecho romanista y en el que la monarquía tendría la
exclusiva potestad legislativa, el ejercicio de la jurisdicción y la efectividad de la
autoridad mediante instituciones eficaces a su servicio.

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En las partidas, descansaba en el derecho feudal(es la cabeza de un pueblo, al que la
vida y unidad y a quien convierte en un reino) y la majestad de base romanista
(reconocimiento de la excelsa potestad regia). Este concepto se magnifica a través de
la simbología religiosa; que convierte el corpus formado por el rey-reino en una
emanación del orden celestial; un corpus, cuyo sagrado vinculo vertebrador es la
lealtad y fidelidad feudales que el rey y reino se deben a partir de la naturaleza (lealtad
de los hombres a su señor natural), que es superior al vasallaje. Mediante el vínculo de
naturaleza, el rey, como señor natural tiene potestad sobre todos los naturales del
reino, aun cuando no fueran sus personales vasallos. Es evidente que la nobleza se
resistió, vigorizando todos los sistemas que descansasen en las relaciones
feudovasalláticas.

Ideológicamente, el proyecto descansaba en la teoría del origen divino del poder regio,
plasmada en el fuero Real, el Especulo y las Partidas. El rey es el vicario de Dios. El
símbolo tuvo tal éxito que los delitos contra el rey se equipararon a las ofensas contra
Dios, acreditándose entonces el delito de lesa majestad contra el que cabía la ira regis,
por la que el monarca podía desterrar y expropiar de todo señorío y propiedad al
delincuente.

Para el fortalecimiento y superioridad de la realeza era vital la pervivencia del proyecto


en el tiempo a través de la sucesión dinástica en el trono, sobre todo porque en el siglo
XIII la legitimidad hereditaria estaba plenamente asentada en Castilla. Otorgar la
legitimidad a este principio fue una de las prioridades de la obra legislativa de Alfonso
X, incorporando el derecho de representación, como sucesión dinástica por línea de
primogenitura. Lo cierto es que hasta la revolución trastamarista y la institución del
titulo de príncipe de Asturias, la sucesión dinástica no se vio confirmada.

La realeza necesitaba, por ultimo, definir su esfera de competencias. En las Partidas


Alfonso X las cifró en la promulgación de leyes, ejercicio de justicia y suprema
apelación, soberanía territorial, derechos fiscales y comerciales. El aspecto
radicalmente innovador consistía no solo en atribuir al rey la potestad legislativa, sino
atribuirla en exclusividad. Mediante instituciones encargadas de aplicar las
disposiciones regias se ejercía la autoridad. En este caso la realeza castellano-leonesa
hubo de partir y asumir instituciones feudovasallásticas anteriores. Para obviar esta
indeseada tradición, los monarcas desarrollaron los oficios del rey, aun cuando la base
doctrinal del derecho feudal en el desarrollo de competencias de estos oficiales
identifico beneficium y officium, incluso dio prioridad al primero. Este carácter
beneficioso atrajo a los nobles en el desempeño de estos cargos, incluso los reyes los
utilizaron como recompensa, iniciando una incontenible tendencia a la
patrimonializacion.

En torno al rey, de forma itinerante, sigue definiéndose la corte, formada por altos
nobles, miembros de la familia real, altos oficiales, jurisperitos y algunos hidalgos. La

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corte aconsejaba al rey en política y administraba justicia, sobre todo cuando Alfonso X
estipuló la función de los alcaldes de corte, encargados de entender en los pleitos del
rey y cuyas sentencias podían recurrirse ante los jueces de alzada. Las sentencias de los
jueces se despachaba en la chancillería, órgano de gestión documental oficial cada vez
más experta en normalizar un procedimiento administrativo. Existía un canciller para
Castilla y otro para León. Aun con todo el rey administraba directamente justicia,
asistido por unos consejeros que habrían de suponer el embrión de la Audiencia,
instaurada a finales del reinado de Alfonso XI. De la casa del rey surgieron cargos con
competencia pública. Es el caso del mayordomo mayor que se ocupaba de la gestión
de los dominios privados de la corona.

El comparatismo, la comunidad política debe al rey fidelidad y auxilio a cambio de que


el monarca recabe su consejo. Era la base de un dialogo para el que el reino halló dos
espacios: Cortes y Hermandades. Las cortes tuvieron sus orígenes en las curias plenas
del siglo XII cuando se incorporaron los concejos. En ellas se deliberaban asuntos de
especial relevancia para el reino, se promulgaban leyes, se juraba al heredero y se
negociaban privilegios a cambio de votar subsidios y otros recursos fiscales. Las
hermandades generales, inspiradas en las eclesiásticas, surgieron en 1282. Fueron
instituciones espontaneas capaces de crear su propia organización para asumir la
defensa de derechos e intereses de sus miembros, cuando las autoridades publicas no
pudieron ejercer con eficacia sus funciones.

Los estados catalano-aragoneses

Desde Alfonso II en el siglo XIII, un mismo titular poseía el poder sobre Aragón y
Catalunya, una unión personal. Durante todo el siglo XIII, además, la Corona
experimentó una enorme expansión territorial que fortaleció igualmente a la realeza y
a la nobleza, muy enfrentados por el control de los nuevos espacios. La solución se
producirá en torno a 1300 cuando Jaime II, en unas Cortes Generales, reconoció el
poder compartido de la Realeza con los grupos dominantes en cada territorio (nobles,
eclesiásticos, oligarcas urbanos) fijando las cortes como escenario para dirimir
conflictos. La acción pactada entre la realeza y el reino será el elemento gestor del
Estado catalano-aragones.

La tradición monárquica aragonesa otorgaba al rey un fuerte carácter de caudillaje


militar y por derivación le confería la suprema competencia jurisdiccional. La
proyección exterior de su actividad irá incorporando a la realeza la potestad legislativa.
El carácter contractual por condicionamiento feudal y canónico determinó la
peculiaridad expansiva territorial al de la realeza. Bien por derecho de reconquista
(valencia y Mallorca), matrimonial (Sicilia) o por donación (Córcega, Cerdeña), se
incorporaron nuevos territorios que no se anejaron a Cataluña o Aragón, sino que se
respetaron su carácter de reinos individuales. Esta dinámica reforzó el carácter nodal
de la persona del rey en la unión, por lo que tuvo protagonismo estelar la sucesión

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dinástica, en la que había dos tradiciones: la aragonesa, que confirmaba la sucesión
filial primogénita por testamento; la catalana, que primaba la división de bienes entre
herederos, mandato que obligó a repartos sucesivos de reinos conquistados entre los
hijos del rey.

Los oficiales del rey eran los encargados de aplicar y desarrollar las facultades políticas
que contemplaba para la realeza la unión personal de estados. La Chancillería general
para la administración general a cuyo frente estaba un canciller, cargo desempeñado
por un eclesiástico, asistiéndolo un vicecanciller, también eclesiástico de orden inferior
para el trabajo burocrático. Para los asuntos económicos el rey nombraba un tesorero.
La dimensión privada de la oficialidad se demuestra por el mantenimiento del
mayordomo y el senescal, sobre una multitud de cargos domésticos menores.

La reforzada modalidad de la unión personal justificó una desarrollada estructura


institucional para asistir al lugarteniente o al procurador, encarnación del poder regio.

Ciudades y villas se organizaban a partir del concejo y podían agruparse en


comunidades. Para su gobierno el rey autoriza un órgano gestor cuyos miembros eran
los jurados, cónsules, a partir de una ordenación estamental de tres clases, en número,
elección y periodo de gobierno diverso, según las ciudades. La administración
económica la ostentaba el mayordomo (finanzas) y el almotacén (inspector de
mercados).

Los monarcas, por interés competencial desarrollaron un sistema de supervisión de sus


oficiales mediante la inquisición, desde el reinado de Pedro III, en 1289, o también
mediante encomiendas especiales a jueces de mesa. Su contenido era sancionar las
negligencias, fraudes e inobservancia normativa.

El pactismo con el reino

Por contrato feudal, los vasallos del rey le deben consejo. Esta base asentó la
existencia de un consejo Real, formado por la aristocracia nobiliar y eclesiástica, para
asesorar sobre distintos problemas del reino, pero cuando la cuestión era compleja y
precisaba un fundamento legal pasaba a la Curia o Corte. Cuando por la excepcional
amenaza de invasión por parte de Francia los aragoneses impusieron en 1283 a pedro
III el Privilegio General, la corte se transforma en un órgano del reino. Debía reunirse
anualmente, lo que llevó a convertirse en una institución política legislativa, en
perfecto paralelismo con idénticas instituciones que en este mismo momento se
creaban en Cataluña y Valencia. La convocatoria anual la convocaba el rey. Sus
competencias eran similares a las Cortes castellanas, pero su injerencia en la
administración regia era mayor y también su poder de coacción por la debilidad
económica de la realeza.
En Aragón el reino se otorgó otro instrumento de interlocución, el justicia mayor,
documentado desde 1221, sus cuyas competencias eran antevenir entre los pleitos
entre el rey y los nobles. El reino halló en las Uniones otro mecanismo dialógico con la
realeza. Alfonso IV hará emanar la Diputación del General como órgano competente
entre Cortes. En Aragón, la Unión comienza como una jura entre nobles par mantener 96
el ordenamiento jurídico.

El auge de la nobleza

Desde mediados del XIV al reinado de los reyes Católicos presencia una magna
contienda entre nobleza y realeza, cada una con un modelo de régimen político. Desde
mediados del siglo XIV ha triunfado el sistema político dual, aquel que se organiza en
torno a dos núcleos de poder, realeza y nobleza. Ambas inician una competencia de
poder para asentar el marco de potestades. La realeza, en un estado evolutivo superior
de su proyecto, pretende ahora un régimen que elimine las ataduras prácticas a un
poder ilimitado en teoría.

El sistema se identificó en Castilla con los efectos políticos de la Revolución de los


Trastamara en 1368. Se definía un régimen en el que la realeza inicia una firme presión
hacia el centralismo y autoritarismo, pero apoyando en paralelo un régimen señorial
basado en saneadísimas rentas ganaderas y jurisdiccionales propias de una nobleza
nueva fomentada por la Corona, que no dudó en segmentarla en una lata y baja
nobleza elegida por la realeza como único interlocutor válido y representación
exclusiva del reino para el dialogo político. Por entronización dinástica el sistema se
exportó a Aragón a principios del siglo XV.

La Corona de Castilla

La competencia de poderes fue extrema. En teoría, el poder regio era ilimitado sin
ninguna cortapisa pactista y con una innegable y creciente popularidad de la
monarquía como sistema institucional. La revolución trastamarista permitió
fundamentar un firme autoritarismo sobre cuatro pilares:

 El Consejo Real, coordinador de los oficios de la corte. La monarquía no tardó


en transformarlo en un órgano para su poder, especializado en justicia criminal
y enseguida centro de la Gobernación de Castilla, al depender de él la
administración territorial y local
 La Cámara era el órgano fiscal regio, e incluye la Chancillería para la expedición
de documentos. El ordenamiento de lanzas de las Cortes de Guadalajara (1390)
le concederá el control de las tropas al servicio directo del rey, si bien el
reclutamiento y el mantenimiento se encomendó a la nobleza.
 La Audiencia, como alto tribunal de apelación y órgano supremo de la justicia
civil.
 Las Cortes, cuyo brazo esencial era el de las ciudades, por tener que aprobar el
pago de servicios. Las cortes no publicaran ya Ordenamientos sino emiten
Cuadernos de peticiones.

El carácter de estos pilares demuestra que Castilla carecía de un gobierno


representativo del reino. Este por acción regia, quedó reducido a la parte de la
aristocracia nobiliar, cuyo enorme poder económico y la fundación de los mayorazgos
le otorgó una fortísima conciencia de clase a través de los linajes, reducidos a quince.
Son latifundistas, ganaderos y señores de la Mesta, lograran dominar y ocupar cargos
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de la rampante administración regia, con un proyecto político en modo alguno inferior
al regio: un régimen contractual de poderes. Este será el sentido de todas las guerras
civiles castellanas.

La corona de Aragón

El equilibrio del entramado institucional de los estados catalanos-aragoneses comenzó


a tambalearse desde mediados del siglo XIV. Cataluña inició una depresión económica
que alteró su peso en el conjunto de las entidades territoriales participes de la unión.
Aragón y valencia se inclinaron por el régimen más próximo de sus intereses sociales y
económicos, por lo que optaron por un sistema similar al castellano entronizando a los
Trastamaras. La realeza comenzó una vía hacia el autoritarismo pero a través de pactos
políticos tácticos, golpes de mano desde la corona y constantes revueltas,
especialmente en Cataluña. La realeza aragonesa tuvo que encauzar el pactismo con el
reino y desarrollar sus propios mecanismos de autoridad. Como instrumento del reino,
las Cortes fueron expresión de las resistencias al autoritarismo regio.

El pactismo quedó confirmado según lo entendía la oligarquía: conservación de los


fueros e instituciones que garantizaban su prepotencia social. Lo entendían como
defensa de la libertad, identificada a privilegio, muy al contrario que los remencas
catalanes que la entendían como autonomía personal.

98
EMA X: LOS TRASTÁMARA EN LA CORONA DE ARAGÓN: DEL

T COMPROMISO DE CASPE AL FINAL DE LA GUERRA CIVIL


CATALANA.

1. El interregno en la Corona de Aragón.

Martín I el Humano (1396-1410) sucede a su


hermano Juan I (1387-1396), venía de gobernar el reino de
Sicilia. Juan I no tenía descendientes masculinos por lo que,
a su muerte, la sucesión recayó en su hermano Martín.
Martín previamente había sido nombrado por su padre,
Pedro (IV el Ceremonioso (1336-1387) gobernador del
reino de Sicilia y había llevado una política de uniones
dinásticas para fortalecer su posición. Cuando fue
nombrado sucesor de Juan I, Martín hubo de ser suplido en
funciones por su mujer María de Luna momentáneamente hasta que llegó a la Península
desde Sicilia donde dejó a su hijo.

Durante su reinado Martín I intentó ganarse a las oligarquías urbanas,


poniendo fin a los enfrentamientos banderizos en los reinos de Aragón y Valencia que
arruinaban las ciudades, aunque sus éxitos fueron muy limitados. Fue muy popular en
Cataluña, identificándose con los intereses de la ciudad de Barcelona de los que recibió a
cambio el apoyo en sus proyectos Mediterráneos.

Martín era viudo cuando murió su único hijo Martín el Joven la situación
dinástica se complicó. A Martín el Joven solo le había sobrevivido un hijo ilegítimo con
una dama siciliana llamado Fadrique. Martín I intentó conseguir rápidamente un
heredero proyectando su boda, primero con la hija del infante portugués y casando
finalmente con una doncella de su casa., pero no tuvo descendencia.

Murió en 1410 sin herederos y sin haber indicado de forma precisa quien
debía sucederle. No había conseguido legalizar la situación de Fadrique ni había obtenido
una respuesta de las consultas para nombrar libremente un heredero. Se afirmó la
supuesta existencia de un texto apócrifo con las voluntades del rey.

Ante la muerte de su hijo Martín el Joven, había nombrado gobernador de


todos los reinos (1409) al conde Jaime de Urgel. Este tenía así una situación de
privilegió para apostarse como sucesor del monarca, pero Jaime de Urgel dio muestras
de escasa habilidad política entrometiéndose en las guerras de bandos en Aragón y
Valencia. Ante su falta de decisión la Generalidad de Cataluña decidió tomar la iniciativa y
nombró una comisión mandando delegados a Aragón y Valencia con el fin de tratar el
problema sucesorio. Pero en Aragón y Valencia perduraba una profunda división que
impedía incluso la convocatoria de parlamentos unitarios.
Los pretendientes mandaron legaciones a Cataluña, ya que esta había tomado la
iniciativa. Los candidatos con más opciones eran Jaime de Urgel, casado con una
hermana de Martín I, y Luis de Anjou. Siendo el conde de Urgel el mejor posicionado por
sus derechos dinásticos y la fuerza de su cargo. Se habría convertido fácilmente en rey si
valencianos y catalanes no se hubieran enfrentado entre sí.

Fernando de Antequera era el segundo (rey de Aragón 1412-1416) era el


regente de Juan II de Castilla (1406-1454) durante su minoría ya que era su tío. Juan II
de Castilla a su vez también tenía derechos sobre la corona de Aragón, pero decidió 99
cederlos ante su tío posiblemente por iniciativa de su madre que veía así la posibilidad de
alejar a Fernando de la regencia. Como en un principio sus posibilidades eran
inferiores no hizo mucho caso del asunto sucesorio aunque también envió embajadores a
las Cortes catalanas. Fernando se aprovechó de la división en el Reino de Aragón y de su
gran prestigio político y militar para obtener de las Cortes castellanas un subsidio para
luchar contra los musulmanes. Fernando actuó con habilidad y prudencia para no
levantar recelos en Aragón y se ganó las simpatías de los antiurgelistas valencianos y
aragoneses, además acantonó tropas en la frontera castellano-aragonesa.

En las Cortes catalanas ganaba la idea de reunir representantes de todos los


territorios en un parlamento general, se promovió una convocatoria de Cortes
aragonesas en Calatayud en 1411, pero durante el intento fue asesinado el arzobispo
de Zaragoza, antiurgelista que se oponía a la convocatoria de Cortes, por Antón de Luna
que era prourgelista. Este incidente tendría consecuencias en los sucesos inmediatos. Los
proangevinos aragoneses pidieron ayuda a Luis de Anjou y al no poder mandarla
recurrieron al castellano, quien mandó una fuerza de tres mil hombres que uso en
Valencia y Aragón junto a la diplomacia.

Era el fin del partido angevino y la apertura del trono para Fernando de
Antequera, quien dejaba patente que estaba dispuesto al uso de la fuerza si era necesario.
Fernando acordó la boda de una de sus hijas con Fadrique
de Luna y pactó con Luis de Anjou que si uno de los dos
salía elegido el otro recibiría una compensación económica.
Pero lo que sería decisivo sería el apoyo recibido de
Benedicto XIII.

El Papa Luna, Benedicto XIII, desde un principio


apoyó la causa de su pariente Fadrique pero cuando
perdió posibilidades apoyó la causa de Fernando.
Castilla, de donde era regente, seguía la obediencia a
Aviñón en el cisma que desde 1378 dividía la Iglesia de
Occidente. Con este apoyo pretendía ganarse la obediencia
de toda la Península ya que Jaime de Urges apoyaba al Papa
de Roma. Benedicto XIII se había refugiado en Cataluña
poco antes de la muerte de Martin I e intervino
intensamente en la cuestión sucesoria ya que del resultado dependían en buena manera
sus posibilidades de enfrentarse a Roma. Así autorizó a Fernando a utilizar la fuerza en sus
intereses en Aragón, combatir al reino de Granada o lanzó la excomunión a los urgelistas
aragoneses.

En 1411 el enfrentamiento bélico se hacía inevitable ya que los problemas en


Aragón y Valencia se agudizaban. Mientras en Cataluña y Mallorca se mantenía la calma.

Las posiciones en cada uno de los reinos estaban fijadas. Las Cortes catalanas se
trasladaron a Tortosa buscando la proximidad con Aragón y Valencia, donde las
diferencias internas las hacían inoperantes. Los trastamaristas se reunieron en Aragón
en Alcañiz, único Parlamento que fue realmente operativo. En Valencia los urgelistas
lograron constituir un parlamento legal en Vinaroz. La división contribuyó a prolongar
el interregno. En 1412 se consideraba que iba a ser inoperante convocar un Parlamento
general viendo lo que sucedía en los reinos. Jaime de Urgel perdía posibildiades con el
aislamiento de sus partidarios en Aragón. Mientras Fernando de Antequera trasladó la
corte castellana a la frontera con Ayllón y recibió a San Vicente Ferrer, venía de parte
100
de Benedicto XIII para estrechar lazos de amistad.

2. El Compromiso de Caspe y sus consecuencias: el debate historiográfico.

A Cataluña llegó una propuesta franco-provenzal para expulsar a los castellanos


y dar la Corona de Aragón a la Casa de Anjou, la propuesta fue rechazada y se intentó la
búsqueda de una solución definitiva. Benedicto XIIIpropuso la elección de monarca entre
un número reducido de compromisarios, el Parlamento de Alcañíz hizo suya la propuesta
y la remitió a Tortosa que la aceptó.

Se determinó el procedimiento según el cual en veinte días se nombrarían


nueve compromisarios, tres por cada entidad territorial y se reunirían en Caspe para
analizar los derechos de los distintos candidatos. La votación la ganaría el que tuviera
seis votos y al menos de un representante de cada uno de los reinos. La elección de
los compromisarios fue dificultosa. En Valencia hubieron rebrotes de enfrentamientos
entre los Centelles y los Vilaragut, las tropas castellanas tuvieron que intervenir uniéndose
a los Centelles, desde este momento el Reino de Valencia se decantó definitivamente del
lado de Fernando de Antequera. En Cataluña hubo gran división entre urgelistas,
trastamaristas y angevinos en la elección de los compromisarios.

Cabe decir que los seis compromisarios que votaron la candidatura de

Fernando de Antequera eran personas adictas a la persona del Papa Luna. Los
candidatos fueron:

- Jaime conde de Urgel, biznieto de Alfonso III de Aragón por línea masculina
- Luis de Anjou, nieto de Juan I de Aragón y sobrino de Martín I por línea femenina.
- Fadrique de Aragón, conde de Luna, hijo bastarde Martin el Joven, nieto ilegítimo
del rey muerto.
- Alfonso, duque de Gandía,, tío de Martín I por vía masculina.
- Juan II de Castilla,, sobrino nieto de Martin I por línea femenina.
- Fernando de Antequera, sobrino de Martín I por línea femenina.

La reunión en Caspe se inició en marzo de 1412 y las terminó en junio. Durante


tres meses se dilucidó sobre diversas cuestiones legitimadoras como la prevalencia de la
línea dinástica masculina sobre la femenina en la sucesión en la Corona de Aragón.
Otro aspecto fue el grado de parentesco de los candidatos con el rey Martín I o con
cualquiera de los reyes de Aragón. Los tres compromisarios aragoneses reconocieron la
capacidad legal de transmitir derechos sucesorios de
101
las mujeres por lo que eligieron a Fernando como
pariente varón más próximo. También apoyaron San
Vicente y Bonifacio Ferer, por Valencia y el
compromisario catalán, Bernat de Gualbes.

En junio San Vicente Ferrer hizo pública la


sentencia o Compromiso de Caspe ante la Iglesia
de esta localidad como decisión unánime de los
nueve compromisarios. En un principio Jaime de
Urgel pareció aceptar la sentencia.

Fernando de Antequera recibió en Cuenca


la decisión y se puso enseguida camino de
Zaragoza. En su recibimiento por aragoneses y
catalanes estos últimos se mostraron más fríos.
Convocó Cortes en Zaragoza e hizo una política de
acercamiento a los hombres clave del reino, para
ello recompensó a los fieles y se esforzó por atraerse
a los enemigos, concediendo incluso un perdón general para todos los urgelistas..

Jaime de Urgel no asistió a las Cortes de Septiembre, ni tampoco la mayor parte


de los urgelistas. Las sesiones se desarrollaron en una ambiente de consenso,
confirmándose los fueros otorgados por Pedro IV en 1384. En estas Cortes fue
reconocido como rey y el infante Alfonso como príncipe. Para intentar acercarse a Jaime
de Urgel se trasladó a Cataluña y tras una serie de ofrecimientos, un ducado y un enlace
matrimonial, reconoció a Fernando públicamente como rey electo. Fernando convocó
después Cortes en Barcelona convencido de que la reconciliación era ya un hecho. Pero
estando reunidas el conde de Urgel se lanzó a la revolución armada.

La revuelta carecía de sentido en este momento y al estar convocadas las Cortes


fue inmediatamente condenada. El momento elegido para la rebelión ya no era el
adecuado, quizá si hubiera sido nada más declarada la Sentencia de Caspe habría contado

con más apoyos. Los acontecimientos fueron muy rápidos, le fallaron los intentos de
hacerse con Huesca y Lérida y perdió la posibilidad de una alianza con Inglatera, además
hubieron muchas defecciones en sus filas. El conde de Urgel fue rápidamente
derrotado y capituló en 1413, fue condenado. Se le confiscaron sus dominios y fue
encerrado en el castillo de Játiva, donde murió en el olvido en 1433.

En el análisis de las consecuencias que tubo la Sentencia de Caspe caben múltiples interpretaciones
de lo que supuso para los reinos hispánicos. Hay que valorar si supuso un viraje en la política de la
Corona de Aragón la llegada de los Trastámara.

Si analizamos las consecuencias de la Sentencia de Caspe de forma


fría podemos ver que los Trastámara apenas introdujeron cambios
en la Corona de Aragón respecto al periodo anterior. Esto a pesar de
que Fernando llegó acompañado de sus hombres, los cargos fueron
confiados a hombres del reino. En política exterior continuaron
con la tradicional política mediterránea dándole firmeza y solidez.
Desplegó una intensa actividad en el Mediterráneo con el objetivo de
potenciar las relaciones con el Levante y reafirmar los vínculos con
África, además de propiciar un entendimiento con Génova. La
temprana muerte de Fernando en 1416, con 37 años,
102
no le permitió consolidar su política expansiva en el Mediterráneo. Pero sí la
desarrollaría su hijo y sucesor Alfonso V el Magnánimo (1416-1458). El siglo XV
constituirá la época más esplendorosa de la Corona de Aragón en el Italia.

El asunto del Compromiso de Caspe ha hecho que los historiadores analicen el


asunto obteniendo conclusiones dispares. Los románticos catalanes, adictos al
movimiento de loa Renaixenca, lo ven como algo negativo ya que consideran a los
Trastámara como los principales causantes del declive político y económico en Cataluña y
la pérdida de la independencia nacional. La historiografía romántica castellana, quienes
defienden las actuaciones de San Vicente Ferrer, ensalzan que este acto fue la
demostración de la madurez de un pueblo y el primer paso en el proceso de integración
de Cataluña en España.

En todo caso carece de fundamento el atribuir a la dinastía Trastámara el origen


de la crisis catalana y la guerra civil de la segunda mitad del siglo XV. Ya que esto sería
demostrar un total desconocimiento de los tradicionales enfrentamiento entre la Busca
y la Biga en el ámbito urbano catalán, entre los payeses y los señores en el medio rural, y
entre los representantes del Principado y el monarca desde fines del siglo XIII.

Tradicionalmente se ha estudiado este tema desde la óptica de la cuestión


jurídica. Pero se trata más de un problema político que jurídico, ya que sin violentar los
principios de legalidad se tenía que hallar una fórmula que pusiera fin a las graves
tensiones que afectaban a la Corona de Aragón. Triunfo de Fernando de Antequera no se
debió a que tuviera una más sólida apoyatura jurídica, sino que
contó con el apoyo decidido de un grupo de personas que
presentaron su candidatura como la más conveniente.

3. Revolución en Cataluña.

La época de las
turbaciones en Cataluña fue
bien conocida en Castilla, como así
lo reflejan las crónicas, que distinguen
a los barceloneses del resto de catalanes como dirigentes. Les
atribuyen el deseo de tener libertad y de no obedecer la
autoridad real, observan que el motivo de su soberbia es la
posesión de gran riqueza.

El conflicto comienza durante la lugartenencia de la reina


María, ya que esta tenía que ocupar el lugar de su marido Alfonso V
el Magnánimo debido a sus largas ausencias como lugarteniente de
Aragón y de Cataluña. Galcerán de Requesens consiguió arrebatare a la oligarquía el
gobierno de de la capital, Barcelona. Fue un auténtico golpe de estado contra los
privilegios municipales y el tradicional poder de las familiar patricias. El nuevo
gobernador los sustituyó por hombres de su confianza y puso en marcha su
programa de reformas, devaluación de la moneda, proteccionismo, reforma gobierno
municipal . Los que alcanzaron el poder pertenecían a la “Busca”.

Todo esto ocurrió bajo la protección del rey Alfonso el Magnánimo, que llego
incluso a nombrarle lugarteniente. Se movilizó en contra de lo sucedido no tan solo la
“Biga” sino todos los estamentos privilegiados del reino. Para calmar los ánimos el rey
103
decidió llamar a su hermano Juan de Navarra como nuevo lugarteniente de Cataluña.
La nueva autoridad convocó Cortes en Barcelona de las cuales el rey esperaba obtener
un cuantioso donativo. Des el principio los síndicos del resto de ciudades rechazaron a
los de Barcelona por considerarlos ilegales, eran los designados anteriormente por
Requesens. Juan de Navarra quería seguir las indicaciones de su hermano el rey y que se
concediera el subsidio, además de afianzar el nuevo sistema barcelonés y darle un
desenlace al conflicto rural a favor de los campesinos pero el problema de los síndicos
tardó en solucionarse siete meses, entonces las Cortes pudieron continuar.

A partir de estas Cortes se generó un movimiento contrario al rey entre


nobleza, clero y patriciado, sobre todo desde la prisión del príncipe de Viana. Las
dificultades a las que se enfrentaba Juan de Navarra estaban porque su hermano había
eludido anteriormente las soluciones.

Un nuevo factor de agitación fue la concesión a Galcerán de Requesens del


condado de Ampurias a cambio un nuevo privilegio municipal que había conseguido
para la ciudad de parte del rey. Provocó la indignación de sus oponentes de la “Biga”. En
las Cortes se presentó el memorial de agravios y entre ellos figuraba el “agravio
Requesens” por el que se debían anular los actos de gobierno hechos por este. También
significaba devolver a la oligarquía el municipio barcelonés y la derogación del
nuevo privilegio.
Todo ello junto a la situación económica crearon una situación explosiva que el
lugarteniente, Juan de Navarra no supo valorar.
4. La Guerra Civil catalana y su proyección internacional.

La revuelta estalla entre 1460 y 1461. El conflicto dividió a la nobleza catalana. Esta
nobleza se dividía en tres tipologías. La alta nobleza, apenas medio centenar
mayoritariamente instalado en tierras gerundenses y que nos solían asistir al brazo militar
de Cortes, además estaban los caballeros y en último lugar los donzells. De los
antiguos linajes condales solo perduraba el de Pallars, quién fue acérrimo enemigo del
rey y lo pagaría muy caro. En las familias vizcondales existía división. Los nobles vivían en
sus territorios y la guerra los dividió. La alta nobleza adoleció de falta de política
propia, pero coincidieron en la defensa de los privilegios sociales y de sus intereses
económicos. En el aspecto político estuvieron divididos aunque alguno de sus miembros
llegó a liderar la oposición antidinástica, y al estallar la revuelta de 1460-1461
participaron de la actitud unánime del país en defensa de sus libertades. Pero al estallar
la guerra abierta entre la Generalitat y Juan II pocos barones gerundenses siguieron
apoyando el bando rebelde. En gran medida la gran nobleza fue responsable de la
formación de los dos bandos por sus rivalidades. Los campesinos llegaron a
exasperarse al negarse los nobles a llegar a soluciones dialogadas. Sus parientes
eclesiásticos fueron igualmente responsables de la situación. La pequeña nobleza del norte
se encontraba arruinada, a lo que se sumó la guerra civil y las revueltas campesinas.

Mención especial merece el conde de Prades que capitaneó los ejércitos de Juan II

A la muerte de Alfonso el Magnánimo en 1458 le sucedió su hermano Juan II,


que ya era rey de Navarra., este se replanteó la política peninsular. La situación se
complicó por la interferencia del príncipe de Viana, enfrentado a su padre Juan por el
tema sucesorio ya que este le había negado la primogenitura y por lo tanto la herencia de
la Corona. El príncipe Carlos de Viana acabó siendo encarcelado por una supuesta
traición.

Estos hechos habían tenido lugar durante una asamblea convocada en Lérida que se había
104
tenido que suspender por la actitud de los presentes. Los representantes se unieron bajo
la dirección de nobles y burgueses de la “Biga” para lograr la reparación de los agravios y
la liberación del príncipe. Votaron una iniciativa insólita como era la adopción de medidas
necesarias para resolver el problema. Era una auténtica revuelta. Una vez en la capital los
diputados decidieron oponerse al monarca y convocaron una asamblea reducida
dominada por un ambiente patriótico casi revolucionario con un pueblo soliviantado.
Todo el mundo estaba de acuerdo en luchar por la conservación de las leyes en Cataluña y
la recuperación del prisionero. Los regidores “buscaires” fueron desbordados por los
acontecimientos dominados y dirigidos por la oligarquía.

La reunión del parlamento fue un grito unánime contra Juan II y se le mando un


ultimátum: la libertad del príncipe y su declaración de primogenitura, una respuesta
negativa supondría la guerra, como así fue. Se declaró enemigo público a quien osara
enfrentarse a la Generalitat. El rey se asustó y temeroso de una ofensiva castellano
capituló en todo y liberó a su hijo.

Se trató de reorganizar el país con un nuevo orden constitucional, el punto de


encuentro fue la Concordia de Vilafranca del Penedés. La oligarquía conseguía sus
objetivos políticos y la monarquía conservaba la teórica plena potestad. La oligarquía
actuaría contra el campesinado y los intereses de la pequeña burguesía. El príncipe de
Viana murió al cabo de pocos meses lo que allanó el camino a Juan II, su padre. Quien
mandó al príncipe Fernando a Cataluña ya como heredero bajo la tutela de su madre. La
acción de la reina acabó siendo calificada de conspiración por sus contactos con los
buscaires y los campesinos remensas. La reina se sintió insegura en la capital y tras un
conato de resurgimiento de la “busca” en Barcelona y un alzamiento campesino en Gerona
la reina huyó a Gerona.

Ante la nueva sublevación campesina. se tomó la decisión de formar un nuevo


ejército para sofocarla. Mientras algunos de los síndicos declararon bajo tortura la
existencia de una conspiración realista. Toda esta situación acabo en una serie de
sentencias de muerte que dejaría en manos de la oligarquía el poder.

5. La etapa final de la guerra de los catalanes contra Juan II.


LA larga contienda dirigida por la Generalitat contra el monarca tuvo la ayuda del resto
de países de la Corona de Aragón y se desarrolló en varias etapa durante once años hasta
1472. La primera se caracterizó por la alianza del rey de Francia con la hipoteca de los
condados de Rosellón y Cerdaña. Él fue el libertador de la reina Juana y el príncipe
Fernando sitiados en Gerona. Así Juan II pudo entrar en Cataluña, motivo por el que fue
desposeído de la corona y declarado enemigo público, y sitiar Barcelona. Pero hubo de
retirarase. Cataluña juró fidelidad a un nuevo monarca Enrique IV quien, a través de la
diplomacia, acabaría abandonando la causa catalana.

Un nuevo rey, el llamado Pedro IV (1463-1466) vino a ocupar el lugar pero decepcionó
tanto en el marco internacional como en el aspecto militar lo que contribuyó a que aumentaran las
deserciones. Era un momento propicio para la paz pero la Generalitat estaba en manos de radicales y
buscaron un nuevo monarca en la casa de Anjou. Los ejércitos de Juan de Lorena llegaron para apoyar
al monarca aragonés quien comenzaba a ganar la batalla en el campo diplomático ya que había casado
a s u hijo Fernando con la infanta Isabel de Castilla (1469) quien además era la heredera de la corona
castellana. Un par de sucesos, como la muerte de Juan de Lorena, allanaron el camino hacia el asedio de
Barcelona que finalmente cayó en octubre de 1472. Se firmaron la Capitulaciones de Pedralbes como
un auténtico tratado de paz por el que el rey juraba respetar las Constituciones de Cataluña.

105
TEMA XI

LA PUGNA ENTRE NOBLEZA Y MONARQUÍA EN LA CORONA DE CASTILLA


EN EL SIGLO XV Y LA GUERRA CIVIL EN NAVARRA

LOS INFANTES DE ARAGÓN

1. Introducción

Enrique III dispuso los fundamentos políticos, militares e institucionales para el


despegue castellano, e introdujo las transformaciones que permitirían una mayor
afirmación del poder monárquico y una sólida consolidación de la dinastía Trastámara.

El panorama durante principios del siglo XV es de un fuerte crecimiento de la


población y de la producción agraria. Burgos es centro por excelencia del comercio de
la lana que se exporta a Flandes. Se multiplican las ferias y mercados e intensifica el
proceso de urbanización.

Se fortalece la nobleza de servicio, pues fue ella la gran beneficiaria del ascenso que
experimentaron los magnates y linajes que prestaron su decisivo apoyo para lograr la
consolidación de la dinastía Trastámara. Lo que pudo ser un reinado de firme
autoridad regia, derivó hacia una situación de ineficacia, discordias y desmesurados
privilegios del poder nobiliario debido fundamentalmente a la dilatada pugna entre
una nueva generación de pariente regios: los Infantes de Aragón y el poder ejercido
por el privado del monarca, Álvaro de Luna. El proceso de consolidación monárquica
generó fuertes tensiones que llegaron a auténticas guerras civiles entre los partidarios
de los Infantes, fundadores de un sólido partido aristocrático defensor de los intereses
de la oligarquía nobiliaria, y el partido monárquico dirigido por el condestable don
Álvaro de Luna que siempre contó con el apoyo del rey castellano, Juan II.

El exceso de poder de una de las dos facciones motivaba la reacción nobiliaria de


rechazo y la formación de otro grupo nobiliario. Por este motivo, se constituyeron las
sucesivas Ligas contra don Álvaro.

2. Fernando de Antequera, tutor del rey Juan II. Niñez y juventud de los Infantes

El reinado de Juan II comenzó con una prolongada minoridad en la que gobernaron su


madre, Catalina de Lancaster y su tío el infante Fernando que puso todo el aparato
institucional al servicio de su propia ambición. Para ello contaba con la plataforma de
sus señoríos.

Fernando se procuró el prestigio para lograr sus objetivos a través de las campañas
contra Granada. Fernando de Antequera contó con muchos recursos de origen
castellano, pero también con gran parte de la clase política catalano-aragonesa y con la
alianza del Papa Benedicto XIII para lograr ser designado rey de Aragón en el famoso y
conocido Compromiso de Caspe.
106
Su nueva vinculación con Aragón no significó el fin de sus actuaciones políticas en
Castilla. El de Antequera continuó ejerciendo como regente de su sobrino, y proyectó
aprovechar los años que el destino le colocaba al frente de la más importante
monarquía peninsular para introducir a sus hijos en puestos de relevancia de tal forma
que, en el futuro, fuera imposible gobernar sin ellos.

Sus hijos, los Infantes de Aragón, personalidades muy definidas, con ambiciones
ilimitadas, intervinieron permanentemente en las disputas políticas del reinado de
Juan II de Castilla. El origen y ascendencia de los Infantes, es netamente castellana:

- Alfonso. Primogénito. Sucedería a su progenitor en el trono de Aragón


extendiendo su reinado a Nápoles con el título de Magnánimo.

- Juan. Destinado por su padre a dirigir la política mediterránea, sería rey de


Navarra por su matrimonio con Blanca y, posteriormente de Aragón, al suceder
a su hermano mayor.

- Enrique. Maestre de la Orden de Santiago.

- Sancho. Tenía el Maestrazgo de Alcántara, cargo que pasa con toda la renta e
influencia que conllevaba a su hermano pequeño.

- Pedro. Murió en el sitio de Nápoles combatiendo en el bando de su hermano


primogénito, Alfonso V.

En cuanto a las hermanas:

- María. Fue mujer del rey castellano Juan II.

- Leonor. Esposa de don Duarte de Portugal y madre de Alfonso V el Africano.

En el juego de las instituciones ellos iban a convertir el Consejo Real en el organismo


supremo del gobierno, más allá de la voluntad del monarca.

Pero cuando muere Fernando I las primeras divergencias surgen entre sus hijos. El
enfrentamiento entre Juan y Enrique por el liderazgo de la política castellana y la
dedicación de Alfonso V a los asuntos mediterráneos e italianos, el afianzamiento de
Álvaro de Luna tras su llegada como doncel de la cámara de Juan II que pronto se
granjeó la confianza del rey niño, impusieron a la reina regente Catalina, la necesidad
de alejar a don Álvaro de la Corte.
Expulsión que no consiguió. Don Álvaro logró de su rey no solo poder sino también
riquezas y enemigos pues se enfrentó en multitud de ocasiones con los Infantes.

3. Primeras divergencias entre los infantes Juan y Enrique

Algunos nobles cortesanos apartaron al monarca Juan II de la influencia del arzobispo


de Toledo y establecen un triple turno anual de equipos consejeros para dirigir la débil
personalidad regia. Con ello se prentde evidentemente apartar cuanto antes a los
infantes de la corte, lo que origina que pronto surjan facciones que provocan que se
formen dos cabeceras de bandos dirigidos por uno y otro infante.
107
Don Juan, cumplió el compromiso matrimonial que había establecido su padre con la
heredera de Navarra, Blanca. Juan apartó a su hermano Enrique de la jefatura de la
política castellana arguyendo que al mayor correspondía la dirección del partido y éste,
colérico, argumentó que un rey de fuera no es persona indicada para dirigir el Consejo
de otro reino. Don Enrique tramó un osado golpe de mano. Se apodera del rey Juan II,
invadiendo con sus parciales el palacio de Tordesillas donde éste dormía, protegido
por don Álvaro de Luna. Los seguidores del otro hermano y los leales a Juan II se
apresuraron a llamar al Infante ausente, que liberó al rey y don Álvaro.

4. Prisión del infante don Enrique

Don Enrique volvió a congregar sus tropas resistiéndose a licenciar a sus hombres.
Incluso en la corte de Madrid se le acusó de connivencia con el rey moro de Granada.
Más tarde se comprobó la falsedad de los documentos, aunque lo cierto es que el
Infante era capaz de esto y de otros tratos más graves. Pero, a pesar de todo, fue preso
y encerrado. Su mujer, Catalina huyó también de Castilla. Doña Catalina murió de
parto, único y tardío, sin lograr sucesión.

Pero para don Álvaro no era bastante la prisión de don Enrique: había que destruirle a
él y a sus secuaces, luego podría, quizás, entenderse con el infante don Juan. En prisión
don Enrique, el gobierno de la Corona pasó a manos de nueve personas.

Una vez apresado don Enrique, Juan II, ya casado con María, infanta de Aragón, se
sintió olbigado a comunicar al hermano mayor su decisión y a explicarle los motivos de
la misma mediante una embajada. Se inicia así una etapa poco conflictiva gracias a la
intervención de Alfonso V de Aragón. Alfonso respondió a los embajadores enviados y
se mostró dolido por la actitud del infante don Juan.

Al fin, predominaron en él sus impulsos fraternos sobre el espíritu justiciero y tras


regresar de Nápoles, entró en son de guerra en Castilla, para exigir la libertad de don
Enrique. Convoca al infante don Juan a su presencia donde éste escucha una fuerte
reprimenda de su hermano mayor. Don Enrique es liberado jurando previamente que
guardaría obediencia a su señor en Castilla.

5. Enfrentamientos con Álvaro de Luna y expulsión de Castilla de los infantes don


Enrique y don Pedro

Castilla es escenario de la pugna entre Álvaro de Luna y los hermanos de la reina, los
infantes de Aragón que dominan el Consejo Real. La consecuencia del enfrentamiento
es que el condestable salió desterrado de la corte.

Inmediatamente el infante don Enrique se apresuró a cobrar las enormes sumas que
reclamaba para sí y para su mujer.

Pocos meses bastan para demostrar el fracaso del movimiento desencadenado por los
Infantes de Aragón, pues, todos los aragoneses y muchos destacados nobles
castellanos, forzaron el regreso de don Álvaro así como la formación de un Consejo
108
Real más amplio y le invitaron a volver.

Los Infantes podían vencer, pero no dar a Castilla una forma de gobierno estable.
Álvaro, con su hábil programa, logra en poco tiempo atraerse hacia su causa a todos
los miembros del mismo. Con el pretexto de rumores de una próxima invasión
musulmana el infante don Enrique fue enviado a la frontera andaluza. Inmediatamente
el rey de Navarra, el infante don Juan, fue invitado por Juan II a abandonar Castilla
porque no cabían dos monarcas en su reino.

La expulsión de Juan de Navarra trajo como consecuencia la guerra con Aragón. Álvaro
de Luna se alía entonces con los principales miembros de la nobleza castellana.

Don Enrique se apresura desde el interior del reino castellano a unírseles con sus
hombres y el cuarto hermano, don Pedro, se alza desde el castillo de Peñafiel. El
condestable le hace frente. El encuentro se hubiera producido violento de no haberlo
impedido el cardenal de Fox, legado pontificio en Aragón, y la mediación de la propia
esposa de Alfonso V.

La paz quedaba restablecida, pero don Enrique es castigado con el secuestro de sus
bienes patrimoniales. Airado por tan grave pérdida y en compañía de su hermano don
Pedro recorre las comarcas de Extremadura pillando y saqueando sus villas. Don Álvaro
de Luna, solicitó voluntariamente ser enviado a reducirlos consiguiendo acorralarlos en
la frontera de Portugal, donde los sitiados se abastecían libremente, lo que motivó el
envío de una protesta del rey castellano ante el monarca portugués, quien prohibió la
recluta de hombres y la venta de aparejos guerreros a los rebeldes, haciendo honor a
su discreta neutralidad.

Un acontecimiento fortuito puso en manos de don Álvaro al infante don Pedro, con lo
que la resistencia del otro hermano se desmoronó. La paz finalmente firmada le

impuso al infante don Enrique dos condiciones: la entrega de todas las fortalezas que
se hallaban por su causa y el secuestro de todos sus bienes.

Don Pedro fue entregado y, juntos ambos hermanos, embarcan de viaje a Italia. Allí, en
Nápoles, va a morir el infante don Pedro. Expulsados del reino, los Infantes de Aragón
dejaban el campo libre a la nobleza. Se trata de un gobierno oligárquico presidido por
el condestable, con una consolidación de una gran nobleza sin lazos de sangre con la
dinastía real.

6. Estancia en Italia de los Infantes: la batalla de Ponza (1435)

En la lucha de Alfonso V con la Signoría milanesa atacó a unas naves genovesas que
navegaban por cuenta de Milán. El encuentro tuvo lugar frente a la isla de Ponza en
1435. Las naves napolitano-aragonesas asaltaron y encadenaron a las genovesas pero
en la lucha cuerpo a cuerpo que se entabló a continuación los agredidos se
impusieron.

Fueron apresados los reyes de Aragón y de Navarra, el infante don Enrique y otros
caballeros. Sin embargo, el duque de Milán, les ofreció la libertad y la hospitalidad. 109
Alfonso V, conmovido, concluyó con él un tratado de paz y amistad. El regreso de don
Juan y de don Enrique estuvo marcado en la corte por la introducción de modas y
gustos de Italia.

Estos años son los que presencian el extraordinario crecimiento del poder de don
Álvaro. Son años también de éxitos en la política exterior: guerra contra Granada. Se
concertó el matrimonio del príncipe don Enrique, hijo de Juan II de Castilla, con Blanca,
hija del infante de Aragón, Juan II de Navarra. Era la manera de que este infante de
Aragón, y rey de Navarra, se reintegrara a los asuntos políticos castellanos.

Pero contra don Álvaro se alzaba un importante sector de la nobleza, quienes


dirigieron al rey una demanda para que limitara el poder de su válido. Don Álvaro
respondió persiguiendo a varios nobles. De este modo el condestable desencadenó un
movimiento de la nobleza que tomó un alcance insospechado. Guerra civil
ininterrumpida durante la cual don Álvaro de Luna luchó abiertamente contra los
Infantes y contra la nobleza para lograr un dominio personal sobre el país.

7. Estancia El retorno de los Infantes y la expulsión de la corte de Álvaro de Luna

Don Enrique y su hermano el rey de Navarra irrumpen de nuevo en Castilla


reclamando la devolución de sus bienes.

La Liga formada por los más destacados nobles, presentan un mínimo programa de
gobierno que se reducía fundamentalmente a dos puntos:
a) El rey, a quien se reconocía el poderío absoluto, debía ejercerlo contando
siempre con su Consejo, y

b) Todas las donaciones o mercedes que enajenaran patrimonio realengo tendrían


que ser refrendadas por este mismo Consejo.

Juan II y su privado no se muestran de acuerdo con lo anterior, en cambio, madre e


hijo se alinearon abiertamente a favor de la Liga.

Expulsión de don Álvaro de Luna de la corte y del Consejo Real. Los Infantes lograban
recuperar su patrimonio, pero, en realidad, los vencedores eran los integrantes de la
Liga. Álvaro de Luna cuenta con la adhesión de algunos componentes del Consejo.
Enrique actuaba preferentemente en Castilla la Nueva, y Juan, en la cuenca del Duero.
Se apoderan del rey. Cuentas entre sus filas con la presencia de la reina, que ayudaba
desde dentro de la corte a sus hermanos, y del heredero lo que da al golpe un cierto
revestimiento de legalidad.

El condestable sigue recobrando partidarios y defensores de su política. Don Álvaro


celebró una entrevista secreta con los dos infantes, Juan y Enrique, lo que permite
suponer que la reconciliación podía abrirse camino. Nada más lejos de la realidad.

El rey de Navarra, rompiendo la unidad de los nobles recurrió a un golpe de Estado, y


ordena la prisión de un fiel defensor del condestable, a la vez que retiene al rey que se
convierte en su verdadero prisionero. El resultado: el condestable se pone al frente de
una amplia coalición nobiliaria que reclama la libertad de Juan II a la que se unen 110
bastantes ciudades.

El infante don Enrique intentó lograr la adhesión de nobles y ciudades andaluzas, pero
con nulos éxitos. Juan II huye de su prisión. El condestable y el príncipe,
considerándose vencedores coinciden en un objetivo: impedir a los infantes el retorno
a Castilla. Para ello intentan poner freno a la posible guerra con Aragón mediante
contactor directos con Alfonso V. Alfonso dio una respuesta amable, pues, identificado
con Nápoles, no estaba dispuesto a volver a la Península. Una tregua queda
establecida. Se proponía a los infantes y su partido acordarse el equipo de gobierno y
las líneas generales de actuación en la Corona de Castilla. Pero las conversaciones no
dieron resultado. Con el rey liberado, la posición de don Álvaro y los nobles coaligados
mejoró decisivamente y deciden confiar la suerte definitiva a las armas.
Enfrentamiento en batalla campal: Olmedo.

8. La batalla de Olmedo (1445) y la muerte de don Enrique. La retirada de Castilla del


infante don Juan

Consecuencias que tuvo la batalla: entre los numerosos lesionados contaba el infante
don Enrique que falleció poco después. Desaparecía así el más ambicioso e intrigante
de los Infantes de Aragón que además lo hacía sin descendencia. El infante don Juan
sale definitivamente de Castilla buscando refugio en Aragón intentando también
mantener alguna clase de dominio sobre Navarra, en donde libra con su propio hijo,
don Carlos de Aragón, su particular enfrentamiento. Sus hermanas Leonor, reina de
Portugal y María, reina de Castilla también habían fallecido poco antes que su
hermano Enrique. Alfonso V, cuando recibió en Italia la noticia se disgustó, pero no
quiso modificar la línea que se había trazado.

Los vencedores de Olmedo habían sido los nobles más destacados de Castilla esta vez,
como en otras ocasiones, lograron importantes beneficios.

Consolidado el reparto de las prebendas se dicta una amnistía general para todos los
implicados en los acontecimientos, siempre que estuviesen dispuestos a prestar
juramento de fidelidad a la Corona. Quedaban excluidos el rey de Navarra y los bienes
del infante don Enrique.

TRIUNFO NOBILIARIO EN CASTILLA

El rasgo dominante en la Corona de Castilla fue el desarrollo de un proceso de


señorialización sin precedentes, cuyo gran beneficiario fue la alta nobleza, aunque
dividida en bandos. Es una época de pujanza económica a pesar de la epidemia de
peste.

1. Los Trastámara y su política peninsular

En el ojo del huracán se hallará siempre Juan de Navarra, insaciable de ambición y de


poder, primero como caudillo de los infantes de Aragón frente a su primo el débil Juan
II de Castilla, luego como rey de Navarra enfrentado a su hijo y por fin como rey de
Aragón combatido por sus súbditos catalanes durante una larga guerra civil.
111
En Cataluña, el autoritario monarca encontró primero la oposición de las instituciones
en manos de una oligarquía. Frente a la oligarquía nobiliaria y urbana, y al lado de la
monarquía sobresale un hombre de la pequeña nobleza, el caballero Galcerán de
Requesens, encumbrado por sus servicios al rey Alfonso sobre todo desde el cargo de
gobernador del Principado y el de influyente consejero de la reina María. Intentó
lograr la sumisión del poderoso patriciado barcelonés. Logró la obtención de continuos
subsidios de los catalanes para gastar en sus designios hegemónicos en el
Mediterráneo. Requesens se enemistó con el rico patriciado o grupo de la Biga, hasta
el punto de proteger al partido de la oposición, la Busca, y permitir la creación de un
sindicato de los Tres Estamentos.

Otro conflicto paralelo es el de los llamados campesinos de “remensa” que deseaban


etrminar con su adscripción a la tierra mediante el pago de una suma. El rey Alfonso
les permitió la formación del Gran Sindicato Remensa para reunirse y luego negociar
con sus señores, que vieron con disgusto la implantación de tal medida. Los sindicatos
serían utilizados por la monarquía como arma contra la oligarquía catalana.

El reino navarro presenta en esta época un problema interno: dualismo que separa a
sus habitantes: los de la montaña con una economía ganadera y los de la llanura de
vida campesina; los primeros actuaron bajo el caudillaje de los nobles Beaumont,
mientras los demás seguían a los Gramont. La tradicional oposición de los dos grupos
recuperó fuerza bajo el reinado de Blanca, casada con el infante Juan de Aragón. La
muerte de la reina y sobre todo su testamento abrieron una etapa conflictiva. Dejaba
como heredero a su hijo Carlos, príncipe de Viana, pero una cláusula poco explícita
mencionaba la condición de tener el previo consentimiento de su padre. Como Carlos
contaba con la ayuda de los beamonteses más favorables a Castilla, esto provocó la ira
de los agramonteses y en consecuencia su posición favorable al rey y a Aragón.
Atacado el país por los castellanos, Carlos aprovechó la ocasión para pactar con Álvaro
de Luna, pero fracasó y se le consideró traidor.

Navarra fue invadida por los castellanos, con el príncipe acusado de traición y
encarcelado. Se llegó por fin a una precaria reconciliación familiar y a un acuerdo
político con un pacto según el cual Carlos recuperaba los bienes y la libertad a cambio
de prestar obediencia a su padre. Ya libre, rompió el acuerdo a instancias de los
beamonteses. Parecía posible la pacificación general como consecuencia del
alejamiento de Castilla del derrotado Juan de Navarra, pero él culpaba de todo a su
hijo y le castigó a él desposeyéndole de la herencia materna que pasó a su hermana
Leonor, casada con Gastón de Foix.

La guerra civil navarra con la intervención de Gastón derivó contra Carlos, que tuvo
que dejar el país. Durante esta larga ausencia, su padre, tomó una grave decisión:
Leonor y su marido fueron jurados herederos. Naturalmente con esta iniciativa el
conflicto se endureció y perduró durante años.

2. El final del reinado de Juan II de Castilla

El triunfo del privado sobre los infantes de Aragón, le llevó a acentuar sus excesos
112
autoritarios hasta provocar una guerra civil. Álvaro firmó alianzas con príncipes
rebeldes de Portugal y Navarra, que fracasaron al poco tiempo.

La enemistad con Isabel de Portugal, la segunda esposa de Juan II de Castilla, acarreó


el fin de la privanza de don Álvaro por la influencia de la nueva reina sobre el ánimo
débil de su esposo. Supuso el retiro del válido y su entrega a los nobles, muriendo.

Juan II falleció al cabo de un año. El príncipe heredero fue Enrique IV. Con
deformaciones de las extremidades, que de todos modos se consideraban dentro de la
normalidad; se ha apuntado también la posibilidad de su esquizofrenia y de su
homosexualidad.

Corpulento, perezoso, de carácter débil, cambiante y aficionado al lujo y a la


indumentaria morisca, estaba casado con Blanca de Navarra, pero consiguió el divorcio
a fines del reinado de su padre mediante una sentencia bajo el pretexto de su
impotencia en relación con su esposa y no con otras mujeres. Su divorcio formaba
parte del plan favorable a Portugal.

3. La primera parte del reinado de Enrique IV

La paz con la Corona de Aragón permitió iniciar el nuevo reinado con tranquilidad. El
rey Enrique llegaba al trono con experiencia y despertaba muchas esperanzas. En las
primeras Cortes quedó patente su desinterés por el gobierno, por las peticiones de sus
súbditos y por la misma asamblea, que convocó muy pocas veces.

También manifestó tolerancia con los nobles perseguidos durante el reinado anterior,
liberando a algunos de la cárcel. Asimismo, se interesó por el comercio exterior.

Juan de Navarra, que temía la posible alianza de Castilla y Portugal sellada mediante
un nuevo matrimonio del monarca y también el apoyo del mismo a los rebeldes de
Navarra y de Cataluña, intentó impedirlo mediante la actuación de sus parientes. En
cambio, sus enemigos fueron los Mendoza y luego los Velasco, consejeros y leales
servidores de Enrique IV.

Una de las preocupaciones de Enrique, poco antes de llegar al trono fue liquidar el
problema navarro derivado de su divorcio y de la enemistad con su ex suegro. Firmó
las paces con Juan de Navarra, con unas cláusulas ventajosas. El rey de Navarra se
consideró fracasado y culpó de todo a su hijo Carlos de Viana todavía más aborrecido
desde entonces.

Con la pretensión de aislar más a Juan de Navarra, Enrique IV pactó con Carlos VII de
Francia continuando así la tradicional alianza destinada a proteger el comercio y la
navegación castellana en el Atlántico. También aceleró las negociaciones de su
segundo matrimonio con Juana de Portugal.

El aspecto legal del matrimonio resultó bastante complicado, hasta el punto que
durante las luchas por la sucesión los partidarios de la princesa Isabel, la futura reina
Católica, pudieron calificar el enlace de ilegítimo. Se basaban en las irregularidades de
113
la sentencia de divorcio, y en la dispensa por parentesco de los contrayentes no
otorgada directamente por el papa sino encargada al arzobispo de Toledo.

Un aspecto positivo de la alianza con Portugal fue la solución del antiguo problema de
las pretensiones lusas sobre las Islas Canarias gracias al pacto alcanzado. Castilla
consevará las islas a cambio del reconocimiento o cesión al reino vecino de las costas
africanas occidentales ya adquiridas.
Casi al mismo tiempo la leyenda negra del monarca se ampliaba después de la serie de
campañas contra Granada, terminadas con treguas. Su carácter cambiante y su horror
a la crueldad le acarrearon la fama de cobarde y el desprecio de los nobles, mientras
su vestimenta morisca y su admiración por todo lo nazarí le hacían un flaco servicio. A
pesar de no conseguir ninguna resonante victoria, los resultados fueron favorables. En
realidad se esperaba mucho más del considerable ejército reunido y de los enormes
recursos procedentes del país gracias a las Cortes.

4. El papel de la nobleza

La nobleza castellana daba muestras de agresividad frente al descenso de las rentas


señoriales. Las concesiones de los primeros Trastámara, constituyeron la base de la
expansión del régimen señorial castellano. La alta nobleza se convirtió en un peligroso
competidor de la monarquía provocando numerosos conflictos políticos hasta llegar a
una dura lucha durante el reinado de Juan II.

Como ejemplo del poder de la aristocracia y del crecimiento de su patrimonio puede


citarse el del marqués de Villena, Juan Pacheco. De paje llegó a mayordomo mayor de
Enrique IV y luego a mariscal de Castilla, y le dominó de tal modo que fue el inspirador
de la política real. Durante su encumbramiento, cuando parecía que el poder de
Pacheco podía afianzarse con la obtención del maestrazgo de Santiago, equiparándose
a Álvaro de Luna, el monarca, buen conocedor del valimiento de éste durante el
reinado de su padre, se resistía a consolidarlo como válido y se inclinó por unos
jóvenes nobles, entre los que destacaron Beltrán de la Cueva y Miguel Lucas de Iranzo.
Este último, acabó enseguida su carrera cortesana por los celos de Pacheco.

Como el maestrazgo podía ser para Beltrán, Pacheco decidió impedir la aparición de un
válido con el mismo método que derribó a don Álvaro: formar una unión o liga de
nobles y por eso se entrevistó con el rey Juan de Navarra, dispuesto como siempre a
una intervención en Castilla. Presionado por Pacheco, el monarca castellano selló con
Juan de Navarra una reconciliación reforzada por una doble alianza matrimonial, la del
infante Alfonso con Juana de Aragón y la de la infanta Isabel con Fernando de Aragón,
o sea, los hermanastros de Enrique con los hijos de Juan. La concordia no duró por
acaecer poco después la muerte del rey Alfonso en Nápoles y la sucesión de su
hermano en la Corona de Aragón, lo que favoreció el aumento de su fuerza frente a
Castilla.

Reforzado el gobierno de Juan Pacheco con esta alianza, lo compartió con los nobles
aliados suyos.

114
El papel del Consejo Real, integrado solamente por nobles, que compartía el poder
ejecutivo con el monarca, y tenía bastante o una completa libertad de maniobra por su
debilidad, por eso la lucha por el poder incluye la pugna por dominarlo.
En la sociedad hay un proceso de señorialización del país, que permitió la formación de
latifundios y el incremento de su riqueza por medio de la recuperación de la
agricultura y el predominio de la ganadería, base de los beneficios del comercio
exterior monopolizados por los nobles, cutos intereses dominaron por encima de los
de los mercaderes. Su riqueza les permitía pagar hombres de armas; les servía para
arrebatar tierras a nobles enemigos, con lo cual provocaban enfrentamientos
endémicos.

Acaparamiento de los altos cargos; participación en la recaudación de tributos con


unas donaciones que arruinaban la Hacienda Real o disminuían las tierras de realengo.
Alto nivel de vida, lujo personal y ejercicio del mecenazgo.

El monarca también sigue el sistema de sus predecesores de concesión de nuevos


títulos nobiliarios. La institución del mayorazgo, que solo el rey puede conceder y
consolida la fuerza de los poderosos, ya que el titular dispone de las rentas pero no
puede disminuir o enajenar el patrimonio, que debe pasar íntegramente al
primogénito o al heredero. Así se estructura el linaje alrededor de una línea, la
primogénita. De este modo, la nobleza laica, estabiliza su riqueza hasta convertirse en
árbitros de la política castellana, siempre en provecho propio.

5. Los grandes linajes

Cada uno de los linajes se encuentra radicado en un área geográfica concreta.

Si bien algunos proceden de Navarra o de Portugal, la mayoría tenían su origen del


norte de España. Sólidamente establecidos en sus dominios, poderosos señoríos
inician su ascenso hacia la grandeza durante el reinado de Juan II y luchan con su
sucesor por el poder. No atacan unidos. En la segunda parte del siglo XV más de la
mitad de las tierras castellanas está en manos de la aristocracia laica y eclesiástica.
Además, consiguen que un alto porcentaje de las rentas ingresadas normalmente por
la corona sirva para pagarles salarios. También se permiten eximir de impuestos a
hombres y lugares fuera de su señorío; son los llamados excusados, cuya proliferación
perjudica la hacienda real.

Siempre están a la defensiva para evitar que ninguno de los suyos se encumbre
demasiado por encima de los demás, y continúan insatisfechos, cada vez más
distanciados del rey, a quien no comprenden o desprecian por su misma debilidad en
dominarlos, y siempre dispuestos a traicionarle.

Otros sistemas para aumentar su influencia y riqueza se basan en una calculada


política matrimonial que une diversos linajes con fuertes lazos de parentesco.

115
6. Hacia el periodo de las guerras civiles

Como la situación del reino iba empeorando, se intentó poner remedio mediante la
reunión de unas Cortes. Enrique IV no hizo ningún caso de las peticiones de los nobles
o de las ciudades respecto a la malversación de fondos, ni apartó a los moros de su
corte. No supo aprovechar la fuerza de los ciudadanos y del clero, que le hubieran
bridado apoyo en su lucha contra los grandes del reino. Se produjo la formación de
una Liga nobiliaria a raíz de tan agitadas Cortes.

Consolidada la Liga se reunieron los nobles elaborando su programa de actuación en


caso de alcanzar el poder: mayor representación nobiliaria, control de los gastos y una
decisión mucho más grave, la aceptación como príncipe de Asturias de Alfonso, el
menor de los hijos nacidos de la segunda esposa de Juan II. Esta iniciativa significaba
considerar infecundo el matrimonio de Enrique IV con Juana de Portugal.
Aprovecharon la existencia del malestar popular.

La Liga se consolidó con la adhesión de Juan II, quien, ya rey de la Corona de Aragón,
reanudó su tradicional injerencia directa en los asuntos de Castilla.

El gran error de Enrique IV ante la Liga nobiliaria fue mantener su apoyo incondicional
al marqués de Villena, porque los nobles enemigos de este último identificaron el
monarca con la política personal de su privado. Otro error, o mejor dicho, debilidad,
del rey fue su pacifismo; odiaba la guerra hasta el punto de claudicar ante los rebeldes,
sin darse cuenta de que entonces se alzaban otros nobles del bando contrario.

Enrique IV emprendió una campaña militar contra su enemigo en Navarra con evidente
éxito, completada con el acuerdo con Carlos de Viana que se casaría con la infanta
Isabel ya mencionada.

El mismo Enrique IV perjudicó su propia causa cuando cedió a las instancias de


Pacheco para iniciar unas negociaciones con la liga y alcanzar la paz. Se llegó a la
concordia en la que quedaba incluido Juan II, que triunfaba sobre su hijo rebelde:
conseguía el abandono de Carlos de Viana por parte de Castilla y el fracaso de su
proyectado matrimonio con la princesa Isabel.

En Castilla tuvo lugar un acontecimiento que acabó complicando todavía más la


política sucesoria de Enrique IV, cuando los nobles ya habían proclamado a su
hermano Alfonso: el nacimiento en Madrid de la hija del rey llamada Juana como su
madre. Si bien las Cortes la juraron como primogénita heredera sin ninguna
contradicción, Pacheco y otros nobles se opusieron, secretamente de momento, sin
concretar todavía su creencia en un nacimiento ilegítimo, como se dijo más adelante y
se le adjudicó el mote despectivo de la Beltraneja. La atribución de su paternidad a
Beltrán de la Cueva no tiene ninguna base sólida.
En esta época Enrique IV tenía mucha confianza en don Beltrán, y en sus parientes los
Mendoza presentes en su consejo, de modo que se estableció un equilibrio en el
Consejo Real: por un lado, estos leales servidores del monarca, y por otro, Pacheco y
los suyos.
116
7. La farsa de Ávila, fin de una etapa

La posición de Juan Pacheco (Marques de Villena) apareció de modo evidente con su


conexión con la Liga. El monarca, al verse traicionado por éste, confió más en Beltrán
de la Cueva, a quien quiso favorecer con el maestrazgo de Santiago, a lo que se opuso
el primero.

El Marqués de Villena estaba dispuesto a todo y a utilizar todos los medios a su alcance
para tener el poder. Castilla estaba en pleno caos cuando Pacheco, reunió a los
miembros de la Liga y aquí elaboraron un manifiesto el Rey y su privado don Beltrán.

Aquí aparece la labor difamatoria: la Infanta Juana no era hija legítima del Rey sino del
válido, por lo cual el derecho de sucesión correspondía al joven hermanastro del
monarca, el Infante Alfonso. Siguen unas peticiones concretas: encarcelamiento del
privado y que el Infante Alfonso sea maestre de Santiago, jurado heredero del reino y
que su hermana Isabel no se pueda casar sin el consentimiento de los tres estados de
los reinos. En esta petición se ve la mano de Juan II que reservaba la princesa para su
hijo Fernando.

Enrique IV siguió con su política de concesiones a sus enemigos en detrimento de su ya


deteriorada autoridad. La monarquía quedaba sin poder bajo el control de los grandes.

Se llevó a cabo la “farsa de Ávila”: en esta ciudad se hallaba un grupo de los grandes
del reino junto con el infante Alfonso dispuestos a deponer al rey Enrique, por lo cual
discutieron diversos procedimientos: se organizó el solemne acto, se dispuso una silla
real ocupada por una estatua parecida al monarca con su corona y su cetro. Ante la
imagen se leyeron todos los agravios, causa de su deposición. Este acto de rebeldía sin
precedentes provocó una larga guerra civil.

UNA ETAPA DE GUERRAS CIVILES

1. Las guerras civiles del periodo 1465-1480

La Corona de Castilla fue una de las más afectadas por estas contiendas. Hubo dos
momentos especialmente violentos: la guerra civil entre Enrique IV y su hermano
Alfonso, entre 1465 y 1468, y la guerra de sucesión al trono entre Isabel la Católica y
Juana la Beltraneja entre 1474 y 1479.
El reino de Navarra fue el otro gran escenario de guerra abierta entre dos grandes
partidos, los agramonteses y los beamonteses. Más adelante se planteó la lucha por el
poder entre Juan de Navarra y su hijo el Príncipe de Viana.

La revolución catalana supone el tercer gran conflicto y constituye el primer gran


intento secesionista orquestado desde Francia contra Juan II de Aragón. Los restantes
reinos de la Corona de Aragón quedaron relativamente al margen. Portugal fue la
excepción al no padecer conflictos internos.

117
2. Las guerras civiles en Castilla

2.1 La guerra civil de Enrique IV y el rey Alfonso “de Ávila”

Las causas directas del problema se habían planteado cuando el rey Enrique IV había
relevado del poder al primer equipo de gobernantes de los inicios de su reinado (Juan
Pacheco, marqués de Villena) para instaurar otro más adicto a su persona (Beltrán de
la Cueva, el clan de los Mendoza). Se plasmaron sus acusaciones en el Manifiesto de
Burgos. Aquel documento fue la base de discusión de la Sentencia de Medina del
Campo, un documento político casi revolucionario.

Pero Enrique IV no aceptó el documento. La respuesta de la alta nobleza rebelde ante


la negativa del rey fue llegar hasta el extremo de la proclamación de Ávila.

Alfonso tuvo una corte propia que se desplazaba de manera itinerante. Creó una
administración paralela. Desde los comienzos de la rebelión emitió mercedes de todo
tipo para ganar o conservar partidarios. Lo grave es que su hermano el rey siguió
exactamente la misma política de mercedes, de forma que entre los dos consiguieron
dilapidar el patrimonio real.

La guerra civil fue más una estrategia de posiciones que un conflicto a dilucidar en
batallas en campo abierto. La guerra fue parca en hechos de armas y muy rica en
pactos bajo cuerda en los que se intercambiaban obediencias por dinero.

Los partidarios iniciales de Alfonso pueden ser clasificados en tres grupos. Los
defensores del programa político contenido en el documento de Medina del Campo,
que pretendía la reforma de la monarquía poniendo límites al poder real; los
“aragoneses”, es decir, los leales a Juan II de Aragón, que deseaban quitar de en medio
a Enrique IV; y el binomio formado por los hermanos Juan Pacheco (marqués de
Villena) y Pedro Girón (maestre de Calatrava): todos estaban dolidos por el
encumbramiento de segundones como don Beltrán de la Cueva.
A Enrique IV le apoyaba en los primeros momentos los miembros del bando liderado
por Beltrán de la Cueva, además de buena parte de las ciudades importantes.
Trascendental fue el apoyo del Papa.

Los ataques por sorpresa y los golpes de mano contra castillos y villas amuralladas
fueron bastante frecuentes, pero en general poco violentos.

Al llegar 1465 había empate. Este equilibrio y el agotamiento de recursos explican la


tregua de Montejo. Las hostilidades cesaron pero las dos cortes siguieron existiendo. El
desgobierno y la anarquía se fueron extendiendo por todos los rincones del reino hasta
desembocar en un conjunto de luchas regionales por el poder.

El bando Alfonsino perdió importantes apoyos al tiempo que el propio Alfonso, daba
muestras de tener criterios propios. Todo esto favoreció un acercamiento de
posiciones políticas, auspiciadas por el arzobispo Fonseca, que proponía la necesidad
de lograr una solución proponiendo el reconocimiento universal de Enrique IV como
rey y de Alfonso como heredero.
118
El rey aceptó pero se precisaba anular de la escena política a los miembros más
extremistas de cada bando: a la reina Juana, por defender a ultranza la legitimidad de
Juana la Beltraneja, y a los “aragoneses”, por empeñarse en la eliminación total del
rey. Pero el plan Fonseca tampoco tuvo éxito.

Se reanudaron las hostilidades. Algunos creían que el recurso a las armas podía ser la
solución definitiva.

En estas circunstancias se libró la segunda batalla de Olmedo que no fue más que un
episodio sin excesiva importancia. Mucho más importante fue, la toma por sorpresa
que los alfonsinos hicieron de la ciudad de Segovia, baluarte de Enrique IV, en cuyo
alcázar se custodiaba el tesoro real y se refugiaba la infanta Isabel. La pérdida de
Segovia fue un mazazo contra la moral del rey. Enrique IV volvió a pedir al arzobispo
Fonseca su mediación. El arzobispo aceptó pero exigió como seguridad la custodia de
la reina Juana de Portugal, que pasó a vivir desde entonces en la corte del arzobispo.
La reina conoció a don Pedro de Castilla, con el que acabó teniendo dos hijos
adulterinos. Juana de Portugal se ganó así una fama de adúltera que acabó salpicando
el honor de su propia hija, que fue tenida por la Beltraneja sin más dudas.

Fonseca no tuvo muchas oportunidades de negociar nada por culpa de la muerte


repentina de Alfonso. La desaparición del pretendiente rebelde puso punto final a la
guerra civil.

2.2 Los últimos años de Enrique IV: debates por la sucesión

Isabel deseaba llegar a ser reina de Castilla, pero no a costa de enfrentarse con su
hermano. Por eso renunció a proclamarse reina. El argumento de los isabelinos
consistió en declarar que la ilegitimidad de Juana procedía de la nulidad del
matrimonio de sus padres, no de la supuesta paternidad de don Beltrán. En efecto,
había suficientes bases jurídicas para demostrar que el divorcio de Enrique IV y Blanca
de Navarra era nulo y que, por consiguiente, nulo era también con Juana de Portugal.

La mediación papal fue buscada con más ahínco por todos. Pacheco trazó un plan que
cambió el rumbo de la historia de España: los pactos de Cebreros y Cadalso. La idea
principal consistía en reconocer a Isabel como heredera de Enrique IV, pero al mismo
tiempo Isabel quedaba sujeta a unas limitaciones tales que, en la práctica, suponían su
anulación política. La más trascendental se refería a su matrimonio, que debería ser
decidido por el rey y sus consejeros. Cebreros-Cadalso fue proclamado oficialmente en
Toros de Guisando.

Enrique IV y Pacheco concibieron la idea de casar a Isabel con Alfonso V de Portugal de


modo que la princesa debería vivir para siempre en Portugal en su condición de reina
consorte. Pacheco y Enrique IV deseaban ardientemente que Isabel se sublevase para
de este modo justificar su destrucción.

Isabel interpretó los acuerdos de Guisando de otra manera. En cuanto a la elección de


marido, Isabel entendía que solo a ella le correspondía decidir con libertad, eso sí,
debiendo de consultar y obtener el beneplácito del rey. Pronto puso su vista en 119
Fernando, hijo de Juan II de Aragón, heredero de una corona hispánica.

Isabel, por su parte, decidió contraer matrimonio con Fernando sin consultarlo
previamente con Enrique iV: a posteriori, una vez consumado el matrimonio, comunicó
a su hermano lo que había hecho. El rey interpretó que aquella decisión vulneraba y
anulaba los acuerdos y que por consiguiente Juana volvía a ser la heredera.

El partido de Isabel tuvo serios problemas en los primeros dos años; pocos apoyos y
escasos recursos. La ayuda de Juan II de Aragón era lo más valioso.

Los consejeros de Enrique IV confiaban en la victoria en razón del número. La


restauración de Juana como heredera se convirtió en tema prioritario. Había que
buscarle un buen candidato al matrimonio, aunque en este punto los nombres eran
escasos: la persona estaba devaluada.

Los isabelinos levantaron en alto el lema del poder monárquico que ellos trataban de
salvaguardar; por eso respetaban al legítimo rey, Enrique IV.
3. La endémica guerra civil en Navarra

3.1 Blanca contra Leonor

La muerte del Príncipe de Viana había convertido a su hermana Blanca en la reina


legítima de Navarra. Pero Blanca, cuyo matrimonio con Enrique IV había quedado
anulado, contaba con la obediencia de una parte del reino, la de los beamonteses, y
con la ayuda de los catalanes sublevados contra Juan II y los castellanos. Sin embargo,
tenía enfrente la hostilidad de los agramonteses y de Juan II de Aragón, que deseaba
ver en el trono de Pamplona a su hija menor, Leonor, casada con Gastón de Foix.

Para anular la causa de Blanca, Gastón de Foix pactó con Luis XI de Francia el
matrimonio de su primogénito con la hermana del rey francés, llamada Magdalena. De
este modo, los hijos de este matrimonio heredarían el reino de Navarra.

Pacto de Olite: Luis XI y Juan II acordaron la entrega de la desesperada Blanca en


manos del conde de Foix.

Enrique IV de Castilla acabó entrando en la contienda a favor de los beamonteses y de


los catalanes sublevados, recibiendo por todo ello la oferta de la corona del Principado
de Cataluña.

La supremacía política de Luis XI de Francia le llevó a dictar la sentencia arbitral de


Bayona en la que, además de ordenar la retirada castellana de Cataluña y Navarra, a
excepción de la merindad de Estella, se disponía la vuelta a la obediencia de los
rebeldes catalanes.

Desde el punto de vista navarro la sentencia de Bayona era totalmente inaceptable,


pues suponía desmembrar el reino. Los beamonteses dejaron de ser a partir de
entonces procastellanos e iniciaron un lento movimiento de acercamiento a Gastón de
Foix, que tampoco estaba dispuesto a cumplir la orden de desgajar la merindad de
Estella en favor de Castilla.
120
3.2 Leonor de Navarra, princesa y lugarteniente

La muerte de Blanca dejaba la sucesión en manos de su hermana Leonor, y de su


marido el conde de Foix. El gobierno de Leonor tuvo que solventar escollos
procedentes del poder alcanzado por el bando de los agramonteses, que siempre
habían sido fieles a Juan II.

Para evitar los roces entre padre e hija, decidieron consolidar la sucesión de Navarra a
favor de Leonor y Gastón, deslindando la sucesión aragonesa, que correspondía a
Fernando.

Pero los recelos y desavenencias entre Leonor y su padre siguieron. Juan II concertó el
matrimonio de su hija bastarda Leonor con Luis de Beaumont. Leonor convocó a los
tres estados en los que presentó una dura protesta contra su padre. La respuesta de
Juan II fue una amenaza: Leonor podía acabar del mismo modo que Carlos y Blanca.

Las relaciones mutuas fueron cuesta abajo: Leonor y Gastón de Foix exigieron a Juan II
una rectificación general de la política seguida hasta entonces y reclamaron los títulos
que les pertenecían. Juan II destituyó de la lugartenencia de Navarra a Gastón de Foix y
Leonor y nombró al hijo de ambos, igualmente llamado Gastón casado con Magdalena,
hermana de Luis XI.

Gastón V nunca llegó a reinar en Navarra, y además falleció muy pronto. Ni Leonor ni
su marido habían aceptado esta designación y siguieron actuando como si nada
hubiese pasado. El difunto había dejado dos hijos al cuidado de su madre en Francia:
Francisco Febo y Catalina.

Las cosas mejoraron para Juan II, sobre todo en el frente catalán, de modo que el alivio
de la presión le convenció de la oportunidad de lograr algún acuerdo con su hija
Leonor y de su yerno. Juan II siguió siendo reconocido como rey de Navarra, a cambio
de reconocer la lugartenencia y los derechos sucesorios a favor de Leonor y su marido.

Gastón de Foix murió dejando una viuda, Leonor, que quedaba al frente de una
lugartenencia en solitario. A partir del interés demostrado por Fernando el Católico por
Navarra, una vez que se convirtió en rey de Castilla por su matrimonio con Isabel,
Fernando empezó a tomar iniciativas, sobre todo para lograr la reconciliación de las
facciones y hacer inviable la intervención de Luis XI.

Fernando y su padre acordaron un plan para establecer un protectorado castellano


sobre Navarra. Los acuerdos fueron que la corona navarra correspondía a Juan II y la
sucesión correspondía a Leonor y más tarde a Francisco Febo. Se promovía la
reconciliación entre clanes. La decisión equivalía a eliminar la posibilidad de
intervención francesa. A esto se le denomina el “protectorado castellano”.

121
3.3 La Casa de Foix en el trono de Navarra: Francisco Febo y Catalina

La muerte de Juan II convirtió a Leonor en reina de Navarra, pero por poco tiempo:
solo sobrevivió 24 días a su padre. La corona pasaba a su nieto, Francisco Febo que
seguía bajo la custodia de Magdalena de Francia. La dinastía de los Foix se entronizaba
en Navarra. Luis XI procuró por todos los medios asegurar la educación y l futuro
matrimonio del Francisco Febo.

La regencia de su madre Magdalena, tenía que cumplir con los requisitos legales: viajar
a Navarra para jurar los fueros y recibir el juramento de las Cortes.

El primer error de Magdalena fue quedarse y conformarse con enviar embajadores a


Navarra. La embajada fue recibida con hostilidad. Tras esto hubo un acuerdo con
Fernando el Católico en una entrevista entre ambos.

Consistió en devolver posesiones y rentas a los beamonteses. Las garantías que le


dieron fueron tales que en la práctica se consagraba la formación de un estado dentro
del estado. La regente pudo por fin abandonar Navarra dejando como lugarteniente al
cardenal Pedro de Foix.

Luis XI planeaba en estos momentos ofrecer a Juana la Beltraneja, exiliada en Portugal,


el matrimonio con Francisco Febo. Éste último murió inesperadamente.

Antes de morir, Francisco había dejado dicho en su testamento que su hermana


Catalina era la heredera. Fernando e Isabel reconocieron a Catalina y propusieron nada
menos que su matrimonio con el infante heredero de las coronas castellana y
aragonesa. Pero Magdalena, más atenta a las directrices de Luis XI, casó a su hija con
Juan de Albret.

Este matrimonio fue la opción auspiciada por Francia. Se consolidó la opinión entre los
bandos navarros de que la vinculación a los Albret generaba una francofilia de la corte
navarra que nadie deseaba. Todos estos elementos son importantes para comprender
el progresivo giro de la nobleza navarra en favor de una incorporación a Castilla,
preconizada por Fernando el Católico.

122
Tema XII La última Formación Islámica peninsular. El Reino de Granada y
su desaparición.

1.- El reino nazarí de Granada en los primeros tiempos.

Unos años después de la victoria hispanocristiana en Las Navas de Tolosa (1212), el


poderío almohade en Al Ándalus comenzó a desmoronarse bajo la doble presión de las
actividades militares castellana y de los alzamientos de poderes locales en todo un
país, período conocido como terceras taifas. Dos de éstos han de retener
especialmente nuestra atención: uno, el de Ibn Hud, sublevado contra los africanos en
1227, consiguió dominar casi toda la España musulmana, ya en el año 1229. El otro,
Muhammad Ibn Yusuf Ibn Nasr(de aquí viene nasrí, nazarí) Ibn al-Ahmar (Muhammad
I), señor de Arjona, alzó su bandera de la rebelión contra Ibn Hud, proclamándose
sultán en Arjona, al término de la oración del viernes 18 de abril de 1232 y poco
después, consiguió asentar su dominio sobre Guadix, Baza y Jaén.

La rivalidad de ambos caudillos va en aumento, cuando Fernando III, rey de Castilla,


ataca la ciudad de Córdoba con la aparente complicidad del nazarí. La caída en manos
cristianas de la antigua capital del califato (1236) plantea a las poblaciones de
Andalucía Oriental que todavía reconocen la autoridad de Ibn Hud, la necesidad de
buscar la protección de una fuerza militar más efectiva, siendo entonces cuando se
acelera la carrera ascendente de Muhammad. El nazarí no tarda en ser reclamado por
la ciudad de Granada donde se instala a fines de 1236. Tras la muerte del líder
murciano Ibn Hud, Almería y Málaga abren sus puertas al caudillo nazarí.

La principal preocupación del caudillo nazarí era normalizar sus relaciones con Castilla,
cuya actitud era muy belicosa, y sobre todo tras la terminación de treguas en 1243.
Tras el avance cristiano sobre Murcia, la pérdida de Arjona y sobre todo el duro asedio
cercando la ciudad de Jaen, el nazarí comprendió que había llegado el momento de
ceder algo por la vía diplomática antes que perderlo todo por la fuerza de las armas.
En marzo de 1246 se firma el tratado o pacto de Jaén, en el cual se entrega la ciudad,
su entrada en vasallaje, auxilium y consilium y el pago de unas parias que se calcularon
en la mitad de todas sus rentas. Este pacto puede ser considerado como el nacimiento
del estado nazarí granadino, que ve asegurada su supervivencia al aceptar la soberanía
feudal castellana, hasta que su último rey, Muhammad XI, conocido como Boabdil el
Chico fuera derrocado por los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492.

Tras las diferentes revueltas acontecidas tanto en la Castilla como en Aragón, la


población mudéjar sublevada fue expulsada y se desplazó hacia el Reino nazarí
enriqueciéndose humana y económicamente, desarrollándose artística y
culturalmente convirtiéndose, a través de sus puertos, en centros de distribución del
comercio genovés.

2-. Luchas internas africanas y granadinas.

El reinado de Muhammad I es desde 1232 a 1273; su aportación puede verse en su


consolidación del poder dentro del reino: reestableciendo la seguridad interna; 123
sustituyendo un sistema fiscal que garantizara la paz con Castilla; y organizando el
reino bajo gestión administrativa. Respeta las normas vasalláticas con Castilla, aunque
en los primeros veinte años de su mandato se entiende de diversas formas el concepto
de vasallaje: o bien por la superación militar, o bien un vasallaje completo de cumplir
sus obligaciones con el rey y pagar el tributo feudal.

Durante este reinado se pone de manifiesto la contradicción y ruptura del pacto en la


cuestión de Ceuta, donde se rompe el pacto con Castilla (que no al vasallaje), se abre la
cuestión del control del Estrecho, y entra en el panorama nazarí la fuerza manní: los
benimerines. Ceuta era objetivo económico y geopolítico, además de la puerta hacia
África: Muhammad pidió permiso al rey de castilla para atacar Ceuta, pero al ser de
interés común, el rey nazarí atacó por cuenta propia en 1262, y fracasó en su intento,
con lo que obtiene además un enfrentamiento con Castilla. En esta situación apurada
los benimerines vienen en su ayuda desde el norte de África en calidad de
“combatientes de la fe”, pero no sólo no sirven de nada, sino que pone al rey en una
situación amenazante con respecto al resto de familias. Así tienen lugar los primeros
levantamientos internos (Málaga, Guadix).

Muhammad II, hijo y sucesor del primer rey, va a heredar de lleno el reinado y la
situación total. Su labor puede resumirse en tres puntos: Consolida la alianza con los
meriníes de Marruecos; 2- Lucha por el control del Estrecho; y 3- refuerza el control
militar del reino nazarí. La actitud de Muhammad II venía condicionada por las
circunstancias del momento y variará en cuanto se alteren los elementos de equilibrio
que permitían la supervivencia del emirato y de la dinastía. Renovó la tregua con
Castilla con el pago de unas parias altísimas (300.000 maravedís al año), con lo que
consiguió la paz necesaria. El efecto militar de la presencia meriní resultó desastroso
para Castilla, en especial gracias al bloqueo naval del Estrecho. Muhammad II realizaba
un juego diplomático diferente en cada momento, estribaba en mantener un difícil
equilibrio entre el ímpetu molesto de su correligionarios merinies y la potencia
aplastante de Castilla. Mientras los nazaríes estaban en paz con todo el mundo, se
libraba una guerra entre castellanos y meriníes. En 1286 terminan doce años de lucha
que serían la primera fase de una larga batalla.

La segunda fase puede fecharse de 1291 a 1310, y coincide con el reinado de


Muhammad III (1302-1309), al que sucede Nasr (1309-1314) e Ismaíl I (1314-1325),
Individualmente no hicieron gran cosa, pero en conjunto conforman un periodo (1302-
1333) en que se vuelve al equilibrio interno y externo de años anteriores, y cambia la
dinámica de sucesión: se destituye al sultán Muhammad II por su hermano, cosa
nueva, y a partir de ahora se toma la dinámica de sucesión forzosa, asesinatos y
abdicaciones. Hasta el periodo de 1331 a 1350, en que gobierna Muhammad IV. Sus
acuerdos con castilla de 12.00 doblas anuales de parias y licencia para que los
granadinos pudieran comprar cereales, ganado y otros productos de Castilla,
desvelaban la eterna insuficiencia de Granada en cuanto a su autoabastecimiento. En
1333 Muhammad IV firmó su última tregua, pero su hermano Yusuf I (1333-1354) se
hizo con el poder apoyado por meriníes, que venían ayudados por los genoveses. Este
periodo es de acoso castellano, desde el interior y desde la costa. Se pierde Algeciras y 124
se firman nuevos tratos vasalláticos. En 1340 tiene lugar la Batalla del Salado, en ella,
las fuerzas combinada de Castilla y Portugal, derrotaron decisivamente a los merinies,
donde se desmoronan dando fin a la guerra del Estrecho. Se da un proceso de
orientalización y vuelta al Islam, y se dan reformas como el refuerzo de la seguridad, la
reorganización territorial y la reorganización administrativa en Distritos Religiosos. El
reinado de Muhammad V (1354-1391) supuso la época más tranquila del reino, pese a
algunos sobresaltos, aunque no la más próspera a pesar del florecimiento económico.
Pero con todo representa la paz más larga de la que disfrutó el emirato en toda su
agitada existencia, y se debía tanto a la habilidad y la fuerza de los nazaríes cuanto a
los problemas internos y la debilidad de los trastámara castellanos, que ni siquiera
estaban en condiciones de pedir el pago de parias. El rey, sucedido por su hijo Yusuf II
(1391-1392), y por el hijo de éste Muhammad VII (1392-1408), presenciaron la ruptura
de la paz, en que las escaramuzas fronterizas comenzaron a ser más frecuentes y
menor el deseo de mantener la paz. En los últimos meses de su vida, el rey castellano
preparaba ya abiertamente la guerra contra Granada, después de soportar el
incremento de las razzias granadinas, una de las cuales había chocado ya con los
cristianos.

3.- Luchas internas y presión exterior en la frontera durante el siglo XV.

El siglo XIV se cierra con un nuevo impulso castellano, que adopta la ideología de
cruzada para justificar su presión sobre los reyes nazaríes (Yusuf II, Muhammad VII y
Yusuf III). Este sentimiento se extiende entre la población castellana gracias a
provocaciones nazaríes (ataques) y con iniciativas individuales por parte de frailes e
iluminados. Va a ser un terreno perfecto para la reanudación oficial de las hostilidades
por parte de Enrique III (1407-1410). El resultado será una nueva etapa de parias, de
cuarenta años de gran lastre económico. La conquista de Granada se justifica con la
conversión de un territorio infiel (empujado por la situación religiosa del momento), y
que por supuesto esconde el propósito de dominar el reino. Para lograr la paz tienen
que mantener un pago de parias, que sumado a otros problemas que ahora
señalamos, conforman una etapa de declive imparable.
El siglo XV se abre con la inestabilidad por la persecución, con la carencia de ayuda
exterior y, a partir de la muerte de Yusuf III, se abre un periodo de lucha entre clanes
familiares (venegas contra abencerrajes) por el control del poder.

Muhammad IX (el izquierdo) va a ser representativo por su reinado en un periodo de


Guerra Civil. Sube al trono en 1419, y tuvo tres interrupciones por golpes de Estado a
lo largo de su reinado: 1- Muhammad VIII el pequeño (1419-1427); 2- Yusuf IV (1430-
1431); Yusuf V (1432-1445) y Muhammad X (1447-1453). Así acaba derrotada la fuerza
granadina, se debilitan sus líneas fronterizas y se mina su economía.

El peligro de conquista es tan inminente que Muhammad IX reconcilia a las familias


originarias del conflicto a través del nombramiento como sucesor del representante de
los venegas: Muhammad XI (el chiquito). En 1455, sin haberse solucionado el conflicto,
hay instaurados dos reyes, el ya mencionado y Sad, que va a ser el que finalmente se
quede con el trono (1455-1464).
125
Los últimos reyes nazaríes fueron los que siguieron a Sad: Muley Hacen, y su hijo
Boabdil. Con quienes se ponen de manifiesto las contradicciones acumuladas a lo largo
de la historia del reino, y que ya no permiten la continuación.

Abu I Hasan Ali (Muley Hacen) 1464-1482: hay un empobrecimiento profundo de las
arcas del Estado, cuya solución va a ser una política de recuperación patrimonial por
parte de la corona, lo que le crea enemigos y pérdida de popularidad, pues el ataque a
los terrenos y rentas y la política fiscal no sentaban bien al rentista. Se reanudaron las
relaciones entre las familias importantes. Se reinicia, para desviar la atención, un
política de agresión hacia Castilla, que resulta contraproducente por no tener en
cuenta la reconciliación de Castilla y Aragón por el matrimonio de Isabel y Fernando,
que con nuevas fuerzas toman terreno nazarí; además, carecen de apoyos en el
exterior, y a lo que en última instancia se suma la presión económica por los bloqueos
comerciales, y la destrucción de sus recursos. Así es como acaba derrocado Muley
Hacen, cuyo hijo está apoyado por y depende de Castilla. El último enfrentamiento
entre venegas y abencerrajes va a ser el cúlmen del reinado de Abu Hasan I, que busca
refugio en Málaga mientras Boabdil (Muhammad XII) se erige en el trono. El reino se
divide, también territorialmente, entre los seguidores de Boabdil y los seguidores de su
padre. El tío, a la muerte de su hermano Muley Hacen, se autoproclama sultán
(Muhammad XIII) para agravar el conflicto.

La etapa de caída del reino queda plasmada en la Guerra de Granada (1482-1492): La


década previa a la conquista castellana se considera distinta de las anteriores, pues su
objetivo ahora es la anexión del reino para la conquista completa.
4.- La supresión del Reino de Granada.

Cuando terminó la guerra civil castellana en 1480 con el definitivo asentamiento en el


trono de Isabel I, una nueva época comenzó para el reino. El momento no podía ser
más peligroso para Granada; por primera vez se daban en Castilla todos los supuestos
necesarios para realizar una conquista total, cualquiera que fuese su precio, y los
Reyes Católicos no vacilaron en realizarla.

Además de garantizar la paz en el interior ofreciendo a los nobles una salida a su


belicosidad y una nueva fuente de beneficios, la conquista de Granada acabaría
debilitando el comercio genovés fuertemente asentado en Granada, pondría fin a la
piratería granadina y permitiría sólidas bases comerciales con el norte de África y
facilitaría su navegación por el Estrecho.

Granada fue a la vez guerra medieval y moderna. Los reyes castellanos recogieron de
tiempos pasados la justificación ideológica, que preconizaba la recuperación de tierras
usurpadas por los musulmanes; recogiendo a la vez los procedimientos militares de
convocatoria, reunión y mantenimiento de las huestes, así como las ideas para lograr
ayuda económica a través del Papa, del clero, etc., todo con tal amplitud que lograron
financiar así buena parte de la operación. Como rasgos modernos podemos destacar
su propia autoridad política, así como las mejoras técnicas en la artillería, organización
el combate, etc., que sirvieron de experiencia a numerosos militares que comenzaron
allí su carrera, el caso del Gonzalo Fernández de Córdoba, “Gran Capitán”, pero 126
evidentemente no fue el único.

En este contexto, se inicia la guerra, facilitada por la división entre Muley Hacén, su
hermano el Zagal y su hijo Boabdil.

Durante la guerra con Portugal, los Reyes Católicos, habían concertado con Abu-l-
Hasan (Muley Hacén), el rey de Granada, dos treguas sucesivas, en 1475 y 1478, ésta
ya de tres años. Pero en diciembre de 1481, inexplicablemente, el soberano granadino
se apoderó de Zahara, gracias a uno de sus golpes de mano. Puede decirse que aquí
comenzó la guerra, pues ofreció los castellanos el mejor de los pretextos para poner
en marcha su propia campaña.

No hubo, sin embargo, una reacción rápida y los preparativos de la campaña


prosiguieron a su ritmo. El 1 de marzo de 1482, el marqués de Cádiz, don Rodrigo
Ponce de León, con el auxilio de otros nobles andaluces, acometieron una audaz
maniobra y tomaron, por sorpresa, Alhama, en el corazón del reino granadino. El rey
don Fernando, al recibir la noticia, de inmediato se desplazó a la frontera, dando a la
orden de conservar el enclave a toda costa. Los nazaríes hicieron tres intentos por
recuperarlo; marzo, abril y agosto, tras ello desistió. En julio, los cristianos fracasan en
el asalto de Loja y Seteníl. Los hombres del marqués de Cádiz reciben un ataque feroz
por parte de los hombres del Zagal, hermano del sultán Muley Hacén.

Consecuentemente, la campaña se cerró este primer años sólo con éxito moderado de
los castellanos.

El fracaso de Alhama mermó el prestigio de Muley Hacén y propició la sublevación de


sus dos hijos, Muhammad XII (Boabdil el Chico) y Yusuf, que contaron con el apoyo de
los partidarios de su abuelo, Mahammad X, y del apoderoso bando de los Banu al-
Sarray (Abencerrajes). Así el hermano mayor, logró hacerse con el trono, mientras Abu-
l-Hasan (Muley Hacén) se vio obligado a buscar refugio en Málaga, residencia de su
hermano Muhammad, el Zagal. Boabdil, que necesitaba apuntalar su vacilante trono,
pasó de inmediato a la ofensiva y corrió los campos de Lucena, aunque no logró
hacerse con la plaza. De regreso, fue sorprendido por don Diego de Córdoba, conde de
Cabra. El desastre fue completo, murió Alalar, alcaide de Loja y suegro de Boabdil,
quien quedó prisionero en la torre de Porcuna, mientras su padre regresaba a Granada
y desbancaba del poder a los partidarios de su hijo.

Los reyes liberan al joven Boabdil, tras reconocer su soberanía feudal, el pago de
parias, liberación de cautivos, así como comprometiéndose a pelear contra sus
parientes. Problemas en el reino de Navarra (muerte de sus reyes) y en los condados
catalanes, dan tregua a los nazaríes que continuaron su guerra interna. Pero la reina
impone su decisión, los temas del Rosellón pueden esperar, la prioridad Granada.

La determinación real implicó un cambio en el ritmo de las operaciones, pues urgía


liquidar la resistencia granadina, y atender rápidamente a los problemas del Norte.
Desde Córdoba, convertida en cuartel general, se fijaron los objetivos y su propio
orden: Málaga, Almería y Granada.
127
En primavera de 1484 los castellanos aparecieron por vez primera a la vista de Málaga.
En el mes de junio se logró la rendición de Álora, en septiembre se rindió Setenil, cuyos
habitantes buscaron un refugio más seguro tras los muros de la inexpugnable Ronda.
Mientras tanto, en Granada el Zagal se había fortalecido y aspiraba ya a suceder a su
hermano, que muy enfermo ya, se retira a Almuñécar, donde muyere en junio de
1485. La ofensiva cristiana se dirigió hacia el occidente. A mediados de abril de 1485,
se cercó a Cártama y Coín, que sucumbieron tras dura resistencia y en mayo se volvió
sobre Ronda que capituló antes de concluir el mes. Pero la campaña del 1485 continuó
con dos nuevos objetivos; Cambril, en la frontera de Jaén y Zaela en las proximidades
de Alhama.

Comienza la campaña del 1486 proyectando la ocupación de la línea de defensa que


dominaba, desde los barrancos del Genil, toda la vega de Granada; las frontera
principales eran las de Loja, Íllora y Moclín, y las tres sucumbieron entre mayo y los
primeros días de junio. En la primera de ellas se encontraba Boabdil, que fue
nuevamente hecho prisionero. El pacto se firmó de inmediato, el 29 de mayo se
admitió la posibilidad de crear un señorío para el prisionero, que incluiría Guadix, Baza,
Vera, Mojácar y los dos Vélez (el Banco y el Rubio), si en el plazo de ocho meses se
encontraban todavía en su poder. Sin embargo, las circunstancias cambiaron
rápidamente, aunque todas las negociaciones posteriores arrancarían ya de este
pacto.

El objetivo siguiente fue Málaga, el gran bastión de Muhammad (el Zagal), y para ello
se reunió una poderosa fuerza. La acometida se inició a mediados de abril de 1487
aprovechando el recrudecimiento de la guerra civil en Granada. Antes de terminar el
mes ya había caído buena parte de la Ajarquía malagueña. La gravedad de la situación
empujó a El Zagal a abandonar Málaga a su suerte y, al no poder regresar a Granada,
que había caído en poder de Boabdil, se vio precisado a buscar refugio en Almería. Tras
un duro cerco que se prolongó todo el verano, en septiembre, Málaga capituló, pero
sus habitantes no obtuvieron las condiciones acostumbradas y no se respetó la
libertad de los vencidos y se les impuso a todos la expulsión a África o a tierras sujetas
desde los cristianos. Cuando comenzaba el cerco de Málaga, los reyes suscribieron un
nuevo tratado con Boabdil. Fue el tercero, por este nuevo acuerdo se le dispensó de la
conquista del señorío prometido, se estableció en cambio que cuando ellos lo tuviesen
en su poder, Boabdil tendría que entregar la ciudad de Granada. La campaña del 1488,
fueron sobre las plazas que mantenía el Zagal, Almería, Baza y Almuñécar, que éste las
mantuvo.

A finales del mes de mayo de 1488, desde Jaén, se puso en marcha la gran campaña
del Baña, que según el acuerdo de 1487 debía se entregada a Boabdil. El cerco fue
largo y los combates muy duros y sangrientos. Por ello resultó económicamente el más
costoso de toda la guerra. Se materializó a lo largo del mes de noviembre: el 7 se rindío
el alcaide de Purchena, el 10 capituló El Zagal y el 22 entraron los reyes en Almería. A
la población se le concedieron condiciones muy generosas: la religión, las costumbres,
la hacienda, la justicia y el tráfico mercantil continuaría como hasta entonces.
Posiblemente se trataba de aplicar un bálsamo de suavidad que acelerase la entrega 128
de Boabdil. En 1491, el Zagal se retiró a Tremecén, en África, donde acabó su vida
arruinado y ciego. Algunas fuentes aseguran que lo cegó el rey de Fez, por sugerencia
de su sobrino.

Los reyes, que creían concluida la guerra, se encontraron con la negativa de Boabdil a
cumplir con los pactos. Pero lo cierto es que Granada, rodeada de enemigos por todas
partes, esta condenada a sucumbir. A comienzos del nuevo año, 1490, los reyes
pensaban en el rápido fin de las hostilidades, pero la resistencia de Boabdil terminó
empujándoles a la acción. Entre los días 21 y 22 de mayo, las tropas cristianas entraron
el la Vega destruyendo de manera sistemática las cosechas. Los planes de Boabdil
estaban cuidadosamente calculados, pretendía unificar la resistencia musulmana,
sumando a su causa a los antiguos partidarios de El Zagal, y abrir un camino hacia el
mar donde recibir la ayuda que precisaba. Se trataba de un plan desesperado, pero no
inviable. Entre julio y agosto logró varios éxitos (Lanjarón, Legrin y Andarax) pero
fracasó cuando intentó tomar Salobreña y abrir un camino al mar por Almuñécar. Tras
estos fracasos la resistencia de Boabdil comienza a pagarse.

El último acto se inicia en abril de 1481. La gran hueste real, que era ya propiamente
un ejército moderno y complejo, penetra en la Alpujarra y baja hacia la Vega, donde
comienza a levantar una villa, la llamada de Santa Fe, para instalar en ella todos sus
servicios de intendencia y administración. El cerco de Granada quedó cerrado en poco
menos de un mes, sin embargo, no hubo realmente ataques ni enfrentamientos entre
sitiadores y sitiados. Sí hubo, en cambio, una lenta y discretísima negociación, que
comenzó casi en los primeros momentos del cerco; antes de mediar el mes de
septiembre se llegó a un acuerdo, el cual quedó materializado con un acuerdo suscrito
el 25 de noviembre. Las condiciones ofrecidas fueron extraordinariamente generosas:
la población de Granada mantendría su libertad y bienes, aseguraría su fe,
permanecería sometida a la ley coránica, administrada por sus propios jueces, y vería
respetadas sus relaciones comerciales con África. Boabdil , en particular, conservaría
su patrimonio, a excepción de la Alhambra y los palacios de la ciudad, y recibiría
incluso un señorío en las Alpujarras. El 2 de enero de 1492 se entregó la Alhambra,
símbolo de la ciudad, se llevó a cabo con una estudiada ceremonia. Era, pues, el fin de
la Reconquista.

5.- Esplendor material y artístico de Reino de Granada

El arte nazarí o granadino constituye la etapa final en la evolución del arte


hispanomusulmán y el periodo donde más y mejor se desarrolla el arte islámico en
España. Es una continuación del arte islámico de la Península Ibérica, enriquecido con
la herencia del arte almohade y con algunas aportaciones de Oriente. En su aspecto
decorativo representa una vuelta a la tradición del ornato denso, plano y menudo.
Supo aunar armónicamente la arquitectura con el paisaje, a través de jardines y
sobretodo con la utilización del agua mediante fuentes, acequias y canales.

Posee un fuerte componente aúlico, pues está realizado por encargo del sultán, que
ostenta el poder religioso y político, y su función es exaltar el poder de su dinastía. Su
intervención personal se extiende no sólo a la política y la religión, también sobre las 129
finanzas, la justicia y las empresas artísticas.

El arte nazarí se extendió por el sur por Berbería, llegando hasta Siyilmasa, y al norte y
occidente por los dominios cristianos, contribuyendo, junto con el estilo almohade a la
creación del arte mudéjar.
La arquitectura nazarí es pobre en sus materiales, pero rica en su ornamentación. Su
máximo exponente lo encontramos en la Alhambra, conjunto monumental que se
distribuye en tres núcleos: la alcazaba militar, los palacios reales y una ciudad palatina,
con calles estrechas que contaba con baños públicos, mezquitas y cementerios.

Los elementos comunes a todas las construcciones nazaríes son:

- La sobriedad de sus exteriores y la profusa decoración de sus interiores.


- El empleo de materiales pobres como el ladrillo y la mampostería.
- Empleo de bóvedas con mocárabes para lograr un gran efecto decorativo.
- Utilización de arcos peraltados de silueta acampanada y mixtilíneos cuya única
función es decorativa.
- Uso de columnas con fuste delgado con capiteles de dos cuerpos, uno cilíndrico y
otro con forma cúbica con profusa decoración.

La Alhambra

Su construcción no se debe a un momento concreto del reinado nazarí, sino que se fue
ampliando y reformando a lo largo de este periodo.

De los veintidós sultanes que ocuparon el trono de Granada, cabe destacar a siete en
la construcción de este genial monumento:

- Muhammad I (1232-1273) realizó la acequia real, la alcazaba y el recinto


fortificado.
- Muhammad II (1273-1302) construyó el Generalife.
- Muhammad III (1303-1309) edificó el Partal y la Torre de las Damas, así como la
mezquita real.
- Ismail I (1314-1325) reforma el Generalife y realiza el mexuar (sala del consejo de
visires).
- Yusuf I (1333-1354) fue el que más amplió, construyó la torre de Cadí y la de la
Cautiva, el torreón de Comares, la puerta de la Justicia y la de las Armas, reformó el
baño real y realizó el oratorio del Partal.
- Muhammad V (1354-1359) y (1362-1391) construyó la puerta del Vino (fachada), el
Palacio de Comares, el Palacio de Leones y reformó el mexuar.
- Muhammad VII (1392-1408) edificó la torre de las Infantas.

La Alhambra es una ciudad palatina fortificada, emplazada en la cima de la colina


Sabika, lugar elegido por el fundador de la dinastía nazarí tras la toma de Granada en
1237. Su nombre se debe al color rojizo de sus materiales (Qala al-Amra) y al
sobrenombre por el que se conocía al primer sultán, Muhammad I. Este dispuso un
recinto amurallado con torreones, situando la alcazaba con un patio de armas para la
130
guarnición, en el ángulo más alto y saliente de la colina, disponiendo su residencia en
la torre del Homenaje.

Materiales y elementos constructivos

Esa ligereza que caracteriza la arquitectura de la Alhambra viene dada por la


naturaleza de los materiales con la que fue realizada, así como por las estructuras
elegidas. Los muros maestros, es decir, aquellos que sustentan la estructura general,
están hechos con una técnica rápida y económica, el tapial, técnica tradicional de
ejecución de fábricas caracterizada por conformar el material en el mismo lugar en el
que estará en servicio. El material, generalmente tierra, se conforma por apisonado
dentro de un molde que se apoya sobre el mismo muro que se está ejecutando, que
sirve, a su vez, como único soporte de las actividades de montaje del encofrado,
moldeo, desencofrado y traslado del molde hacia la siguiente posición de servicio. Tal
vez sea la técnica más característica y significativa de la construcción andalusí. En estos
muros se apoyan unas ligeras estructuras de madera sobre las que se dispone el
tejado, que se embellecen en el interior con ‘ataujería’ o ‘lacería’, es decir con
artesonados o con cúpulas de mocárabes de yeso.

Los materiales utilizados además de ser ligeros, eran baratos y de rápida construcción,
aunque no por ello menos sólidos. Los materiales que llegaron a ser de gran
trascendencia por su resultado decorativo fueron el yeso y la escayola. Invadieron por
completo las superficies murales. Como hemos dicho anteriormente, su procedimiento
era rápido y económico, recubría la estructura con formas bellas y la policromía le
daba una apariencia de gran brillantez y riqueza.

Otro elemento decorativo en la arquitectura fue la cerámica. Adorna bóvedas,


pavimentos y zócalos. La obra maestra realizada con este material lo encontramos en
el arco oriental de la Puerta del Vino, cuyas albanegas pertenecen a la técnica de la
cuerda seca, en la que los colores: blanco, negro, verde, azul y amarillo, están
separados por líneas negras mates que marcan el dibujo de ataurique e impiden la
mezcla de cobres en el horno.

La pintura también se utilizó para decorar principalmente techos, bóvedas, muros,


yeserías, columnas y hojas de puertas y ventanas, es decir todas las superficies,
excepto suelos y zócalos, que ya estaban recubiertos de cerámica.

El empleo del mármol se extendió enormemente, realizando con él columnas, jambas,


losas… todo para embellecer las construcciones nazaríes.

La piedra es otro de los materiales que trabajaron, pero en este caso su utilización fue
restringida a fuentes y grandes puertas como la del Vino.
La madera también es otro material utilizado por los arquitectos nazaríes, un buen
ejemplo de ello es el techo ataujerado de la Sala de Comares o el de la Sala de las Dos
Hermanas.

131
Tema XIII. DE LA UNIFICACIÓN PENÍNSULAR A LA PROYECCIÓN IMPERIAL:
EL REINADO DE LOS REYES CATÓLICOS.

1.- El largo camino hacia el trono: del Pacto de los Toros de Guisando al final de la
Guerra de Sucesión.
2.- Reestructuración del sistema de alianzas y del Estado con los Reyes Católicos.
3.- La supresión del Reino de Granada.
4.- Las reformas de Aragón y Cataluña.
5.- La Iglesia y el problema religiosos: establecimiento de la Inquisición, la expulsión
de los judíos y el problema musulmán.
6.- El Descubrimiento.
1.- El largo camino hacia el trono: del Pacto de los Toros de Guisando al final de la
Guerra de Sucesión.
Tras la muerte de Enrique IV de Castilla (1474), su hermana Isabel fue proclamada
heredera en Segovia. Sin embargo el acceso al trono no fue tan sencillo.
La historia comienza con la muerte, en 1468, del Infante Alfonso lo que le deja
expedito el camino al trono castellano, al convertirse en la mejor opción, frente a la
hija ilegitima del rey doña Juana (llamada la Beltraneja).
Así, el 19 de Septiembre de 1468 se llega la Pacto de los Toros de Guisando, donde
Enrique IV proclama la ilegitimidad de su hija doña Juana, aceptando a su hermanastra
Doña Isabel como princesa legítima heredera del trono. En marzo de 1469, tras
producirse un acercamiento entre Enrique IV y el marqués de Villena y los Mendoza, el
rey suscribió unos acuerdos por los que establecía los matrimonios de doña Isabel y de
doña Juana. La primera debería contraer matrimonio con Alfonso V de Portugal y la
segunda con el príncipe don Juan, heredero del mismo reino. De esta manera
conseguía un estatus real para su hija Juana y alejaba a Isabel de sus intenciones de
contraer matrimonio con el heredero aragonés. De hecho los aragoneses se habían
apresurado a comprometer el matrimonio entre don Fernando y doña Isabel. Enrique
IV se encontró, pues, con el matrimonio de ambos pretendientes ya consumado (18 de
octubre de 1469), provocando la única respuesta que le cabía dar en esa situación:
denunciar lo acordado en Guisando y reconocer a Juana como única heredera al trono
de Castilla.
Los errores de cálculo de Enrique IV, la pasividad de Portugal a la hora de ser activo en
el conflicto y la negativa de Francia, con sus propios problemas en Borgoña, de
intervenir en la maniobra castellana facilitaron a los aragoneses la solución de sus
propios problemas internos (Paz de Nápoles y Venecia con Francia, acuerdos de Olite
por la cuestión Navarra (1471), firma de acuerdos de paz con Inglaterra y Borgoña
(1471) y la liquidación de la Guerra Civil en Cataluña tras la rendición de Barcelona
(1472)), pudiéndose concentrarse en la cuestión castellana.
Con la muerte de Enrique IV (14/12/1474), la causa isabelina acabó aglutinando a
todos los que deseaban una monarquía fuerte, produciéndose una aceptación casi
total, pero sin clamor popular. No obstante, entre los partidarios isabelinos pronto se
planteó una cuestión conflictiva. Los aragoneses entendían que una mujer por sí
misma no podía regir un estado, con lo que Fernando aparecía como el candidato más
132
cercano a suceder a Enrique IV. Sin embargo, la exclusión femenina iba en contra del
Derecho castellano y se podía convertir en un arma de doble filo, teniendo en cuenta
que en esos momentos los RR.CC. sólo tenían una hija. Esta cuestión, difícil y delicada,
fue encomendada al Cardenal Mendoza y al arzobispo de Toledo Alonso Carrillo.
En Segovia (15/01/1475) se arbitró la sentencia relativa a las discutidas atribuciones de
los esposos donde quedaron definitivamente definidos los poderes de cada uno de
ellos: los documentos se expedirían a nombre de los dos, pero con el nombre de
Fernando primero; juntos administrarían las rentas y firmarían las sentencias
judiciales; sólo a la Reina le correspondería lo relativo a los homenajes en las
fortalezas, etc.
Este acuerdo fue el primer acto de un reinado que ambos deseaban presentar como
continuación del anterior, confirmando a tantos cargos como ya existían antes, amén
de generar algunos nuevos fieles a ambos monarcas.
También la muerte de Enrique IV afectó a las relaciones internacionales, ya que el viejo
pacto de amistad con Portugal (1431) entró en crisis, debido al alineamiento de la
Corona de Aragón con Borgoña. Durante algún tiempo, diferentes heraldos
portugueses se pasearon por Castilla buscando apoyos para la princesa doña Juana,
recluida en Trujillo, planteando incluso la intención de Alfonso V de contraer
matrimonio con ella y reclamar la herencia de Enrique IV.
Esto desató un clima de revuelta popular favorable a doña Isabel, pero fue
aprovechada por Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo para alzarse a favor de doña
Juana. Ante la imposibilidad de negociar, Isabel tomó Toledo por la fuerza.
El 10 de mayo de 1475, Alfonso V se decidió a penetrar en Castilla al frente de un
ejército, proclamándose el 25 de ese mismo mes, reyes de Castilla él y doña Juana, a
pesar de que no habían contraído matrimonio.
El avance de don Fernando fue un fracaso al no asegurar las tierras de Salamanca y
Zamora, amén de descubrir que Burgos, en manos de los Stúñiga, había alzado
pendones en favor de doña Juana. El portugués, con todo a su favor, decidió parar el
avance y sitiar Toro. En esos meses los apoyos a doña Juana se multiplicaron,
mermando el poder de los RR.CC. en la zona.
Durante el verano el signo del conflicto cambió a favor de los Fernando e Isabel,
debido a un cambio en la estrategia pasando a la ofensiva utilizando la guerra de
desgaste. Además los RR.CC. en una hábil maniobra reivindicaron sus derechos sobre
el trono de Portugal, otorgando licencias a los nobles portugueses que les apoyaran, lo
que desvió parte del interés de Alfonso V hacia su propio reino.
La retirada de Alfonso V, permitió a los isabelinos controlar todo el norte del reino al
caer Burgos, mientras aquel esperaba que el conflicto se internacionalizara. El
derrumbamiento de la causa portuguesa fue un hecho a inicios de 1476.
Refugiado en Toro, pero pendiente de Zamora, la cual aún controlaba, Alfonso V pidió
refuerzos que le fueron enviados por su heredero el príncipe don Juan. En unas
semanas los portugueses ya estaban sobre Zamora, aunque el ataque conjunto de
tropas castellanas y aragonesas (01/03/1476) le obligó a abandonar esta plaza fuerte y
refugiarse, de nuevo, en Toro. Moralmente, la derrota, fue decisiva para los
portugueses.
Con la victoria de Toro, el conflicto sucesorio queda zanjado, pero los portugueses no 133
iban a rendirse tan rápidamente, por lo que urgía expulsarlos inmediatamente hacia
sus propios territorios. Una ofensiva fulgurante de don Fernando llevó a Alfonso V a
replegarse definitivamente, pactando la devolución de importantes territorios
fronterizos. Con Alfonso V ya en Portugal, Toro se rindió definitivamente.
Para llegar a la paz total hubo que realizar una paciente labor de concesiones,
perdones y conciliaciones, acercando posturas con los ex-partidarios de doña Juana y
terminando con el ancestral antagonismo entre nobleza y Monarquía.
Se realizaron una serie de pactos individualizados que aseguraron un estatus jurídico
del régimen señorial, limitado en sus funciones para servir de adecuado soporte a la
monarquía.

2.- Reestructuración del sistema de alianzas y del Estado con los Reyes Católicos.

Tras el conflicto sucesorio se abrió paso un tiempo nuevo. Debe entenderse que la
noción y la realidad del Estado como fórmula más adecuada para la organización,
había renacido con fuerza por toda Europa desde mediados del siglo XIII. Por ello los
RR.CC. tenían unas ideas muy claras respecto al significado de la Corona como núcleo y
elemento principal de una construcción política unida y organizada como Estado. Su
reinado resultó decisivo en ese aspecto.
Al mismo tiempo que se cerraban los primeros acuerdos con la nobleza (Abril 1476),
los RR.CC. convocaron Cortes en Madrigal. Allí se juró a doña Isabel y se tomaron
decisiones, tales como la concesión de un servicio de 160 millones de maravedís, o el
apartamiento de mudéjares y judíos, pero sobre todo se estudió el grave desequilibrio
de la Hacienda Real y la forma de restaurar el orden público.
Para el primer problema se decidió reestructurar la Contaduría, intentando frenar la
dilapidación de las rentas, en claro desequilibrio por los muchos juros concedidos; para
la segunda cuestión se decidió poner en marcha a la Santa Hermandad, concebida a
modo de cuerpo general de policía. Este proyecto fue posteriormente confirmado por
los RR.CC, se dividió el país en 8 provincias, se creó una Junta Suprema de la
Hermandad y al año siguiente en una junta realizada en Dueñas se valoró la
importancia de la Hermandad como efecto del descenso del bandolerismo.
Respecto a su relación con los nobles, los RR.CC respondían con una generosidad sin
límites a aquellos que se entregaban, en cambio quienes se oponían eran
contrarrestados con la fuerza severa de la ley.
Desde el siglo XIV, en Europa se había tendido a unificar bajo una misma idea de
nación a todos los reinos peninsulares. Esta idea terminó por germinar en los
ambientes políticos, sobre todo los castellanos.
Tras la muerte de Juan II de Aragón (1479) se añadió a la herencia de Fernando e Isabel
los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Sicilia, Cerdeña y los condados catalanes,
generándose un difícil equilibrio entre unidad y pluralidad. Cada reino o territorio
mantuvo sus principales instituciones y sus principios de gobierno, pero se crearon
órganos comunes, como la Santa Hermandad o el Tribunal de la Inquisición, poniendo
en marcha el sistema polisinodial.
En Segovia se pactó el gobierno conjunto, reflejándose oportunamente en
intitulaciones, emblemas y signos (Yugo y Flechas, Tanto monta, escudo cuartelado de 134
Castilla y León, el águila nimbada de San Juan Evangelista, etc.)
El gran acontecimiento central del reinado de los RR.CC. son las Cortes reunidas en
Toledo en entre octubre de 1479 y mayo de 1480. Estas Cortes se habían convocado
con anterioridad, pero se tuvieron que aplazar hasta la consecución definitiva de la
paz, tras el Tratado de Alcaçovas-Toledo (septiembre de 1479). La duración de la
convocatoria y la enorme afluencia de representantes de las villas y procuradores con
derecho de asistencia, permitió a los RR.CC. establecer las grandes líneas de su futura
acción política interior. Realmente no se expuso nada nuevo que no se hubiera
expuesto en los dos reinados anteriores. Lo decisivo fue la eficacia con la que se
aplicaron esos tratados: (Ajustes de equivalencias monetarias, recuperar el monopolio
regio de fundación de mercados y ferias, regulación de las privatizaciones de las
tierras, apartamiento de judío y mudéjares en barrios especiales…)

Respecto al sistema de alianzas los RR.CC. heredaron un sistema contradictorio. Por un


lado Castilla había sido aliada tradicional de Francia, lo que la “enfrentaba” a
Inglaterra, mientras que Aragón siempre intentó aislar al país vecino por los conflictos
y reivindicaciones hechas sobre los territorios pirenaicos, el Rosellón y el tema navarro.
Fernando tuvo que abandonar momentáneamente sus aspiraciones territoriales sobre
Francia porque se estaba preparando la última guerra contra Granada, además de que
la política de los RR.CC. incluía mantener cierto estatus de paz con Europa y asegurar el
tránsito comercial en el Golfo de Vizcaya (lo que le obligaba a aliarse con Francia y
Borgoña y mantener ciertas relaciones de libre comercio con los Tudor en Inglaterra).
No obstante quedaban cosas pendientes con Francia. Luis XI no cumplió con la
devolución del Rosellón y la Cerdaña que poseía como garantía de un préstamo
incumpliendo los tratados firmados con Fernando. Para obligarle se creó una alianza

entre Fernando, Enrique VII de Inglaterra y Maximiliano de Habsburgo, todos ellos


miembros del Toisón de Oro. Antes de la muerte de Luis XI (1483), éste reconoció la
apropiación indebida de los territorios, pero la regente del nuevo monarca, Carlos VIII,
se negó a realizar la devolución, manteniendo las tensiones entre ambos reinos.
Fernando estuvo a punto de recurrir a las armas para expulsar a los franceses del
Rosellón, pero dentro del plan perfectamente trazado por él y su esposa, Granada
tenía prioridad.
Inmersos en este conflicto, la política seguida por los RR.CC en Europa parecía seguir
un guión orquestado por otros siendo ellos meros participantes. No obstante a partir
de 1487 comienzan a desarrollar su propio programa llevando una política matrimonial
favorecida por la fecundidad de su matrimonio (cuatro hijas y un hijo) uniendo las
cuatro dinastías dominantes en Europa (Avis, Tudor, Habsburgo y Trastámara) que
llevaran a Francia a negociar imponiéndole las condiciones. Esta política era heredada
de los Trastámara, siempre pendientes de unificar a las poderosas familias con las que
se relacionaban.
Comenzaron casando a Isabel, su primogénita, con Alfonso de Portugal, primero, y tras
la muerte de éste con Manuel. Posteriormente se pactó la boda de Catalina con el
heredero de Inglaterra, Arturo, pensando siempre en una alianza antifrancesa. Juan y
Juana, fueron propuestos a Margarita y Felipe, respectivamente, hijos de Maximiliano 135
de Habsburgo.
Los RR.CC. habían conseguido con estas acciones una amplia extensión por donde
comerciar con sus barcos, desde el sur de la Península Ibérica, hasta el mar del norte.
Con la Guerra de Granada casi concluida, los RR.CC. estaban en disposición de cerrar
filas con sus aliados por la cuestión de la Bretaña. No obstante, tras dos derrotas
militares de los aliados, Carlos VIII rey de Francia se casaba con la duquesa Ana de
Bretaña, zanjando toda discusión sobre una ocupación de territorios.
Tras esto Fernando estaba resuelto a ocupar el Rosellón a la fuerza, pero las
reivindicaciones angevinas de Carlos VIII sobre Nápoles obligó al rey francés a pactar
con los demás pretendientes, los cuales renunciaron a sus derechos a cambio de
compensaciones económicas, excepto Fernando que exigió la devolución del Rosellón
y de la Cerdaña a cambio de renunciar a socorrer a Ferrante de Nápoles. Los territorios
fueron devueltos el 10 de septiembre de 1493. No obstante, Fernando ya había
presentado su candidatura al trono napolitano por ser heredero de Alfonso V, amén de
contar con el apoyo de la Santa Sede, ocupada por el valenciano Alejandro VI.
Tras la muerte de Carlos VIII y el fervor popular que causó su sucesor, Luis XII,
suscitaron que Fernando tuviera que renunciar a muchas de sus pretensiones. No
obstante España conservaba su alianza con Inglaterra y los Habsburgo y la libertad de
comercio por la zona de la Bretaña francesa.
La muerte del Príncipe de Asturias, Juan, (octubre de 1497) el aborto de su viuda
Margarita y el fallecimiento de Isabel (24 de agosto de 1498) dieron al traste con la
política europea de los RR.CC., situando a Felipe y a Juana en los umbrales del trono
español, por lo que intentaron reforzar sus alianzas con Portugal e Inglaterra. La
muerte de Arturo Príncipe de Gales, obligó a los RR.CC. a firmar una nueva alianza
matrimonial con Inglaterra, cediendo a Catalina, viuda del Príncipe, al nuevo heredero
al trono, Enrique VIII.
Por otro lado, Nápoles se había perdido, siendo ocupado casi en su totalidad por los
franceses, siendo el propio Felipe el Hermosos quien negoció la salida española, con
poderes de su suegro. En esas negociaciones se aceptaba ceder Nápoles a Francia,
aunque ya estaba en su poder, a cambio de permitir que la educación de Carlos, nieto
de los RR.CC. se produjera en España. Ante la negativa de Felipe de ceder ante esta
petición de sus suegros, Isabel, redactó en su testamento que la reina sería su hija y
que en caso de que ésta no pudiera reinar, sería Fernando el regente de Castilla hasta
que Carlos estuviera en condiciones de reinar.
De cualquier manera, esa política europea desembocaba en un cambio dinástico en
España, desapareciendo los Trastámara y llegando los Habsburgo, circunstancia no
prevista 20 años antes.

3.- La supresión del Reino de Granada

Desde Alfonso XI, el afán reconquistador estaba prácticamente detenido. En las Cortes
de Toledo, se decidió acometer de nuevo esta ambiciosa campaña de manera
conjunta, ya que tradicionalmente le correspondía a Castilla.
Desde 1464 gobernaba en Granada el Muley Hacén de nuestro cronistas que se había
hecho con el trono tras derrocar a su propio padre. Desde la llegada al poder, su 136
prestigio no había hecho más que crecer y afianzarse, debido a sus exitosos golpes de
mano en las fronteras castellanas.
Inmersos en sus guerras con Portugal, los RR.CC. habían firmado una serie de treguas
para no afrontar dos frentes a la vez, pero en 1481 el soberano granadino incumple los
tratados apoderándose de Zahara, dando a los castellanos la excusa perfecta para la
intervención militar. Mientras se acometían los preparativos, los nobles andaluces
tomaron Alhama, en el corazón del reino granadino. Esta primera fase se saldó con
moderados éxitos cristianos.
El fracaso de Alhama, a la que intentó recuperar hasta en tres ocasiones, desprestigió a
Muley Hacén, propiciando la sublevación de sus dos hijos Yusuf y Boabdil, con el apoyo
de los Abencerrajes. Boabdil se hizo con el trono, mientras Muley Hacén tuvo que
refugiarse en Málaga, residencia de su hermano, conocido como El Zagal.
Boabdil, para afianzar su poder, pasó a la ofensiva. No sólo fue un fracaso de campaña,
sino que a la vuelta de sus correrías fue hecho prisionero por los castellanos,
circunstancia que aprovechó su padre para volver a Granada y hacerse, de nuevo, con
el poder.
Las condiciones de la libertad de Boabdil fueron muy ventajosas para los cristianos
incluyendo una tregua de tres años. En esos momentos (1483) las cosas se
complicaron para los RR.CC. con la muerte de Francisco de Foix, rey de Navarra y de
Luis XI de Francia, que ponía al reino navarro lejos de la órbita castellana, así como el
incumplimiento de la restitución de los territorios pirenaicos a Cataluña. Ante la
de dónde concentrar sus esfuerzos, en Tarazona (marzo 1484) se decidió que
la prioridad la llevaba el reino nazarí.
Había, pues, que darse prisa en liquidar el tema granadino para poder concentrar los
esfuerzos en los territorios del norte. El orden de los objetivos quedó marcado pronto:
Málaga, Almería y después, Granada. Tras talar los bosques malagueños y la toma de
Álora, el siguiente objetivo era la inexpugnable Ronda.
En Granada, El Zagal había alcanzado un gran prestigio tras conquistar Almería, por lo
que estaba en disposición de derrocar a su hermano, Abu-l-Hasan. A mediados de Abril
de 1485, Fernando puso cerco a Cártama y Coín y tras conquistarlos se volvió hacia
Ronda que cayó en Mayo de ese mismo año. Como un castillo de naipes, todo el
occidente granadino fue sucumbiendo al avance del rey católico.
Los éxitos cristianos de la campaña de 1485 mermaron las posibilidades de El Zagal de
alcanzar el poder, por lo que Boabdil entendió que era el momento de retomar el
poder, cosa que hizo tras ser aclamado en el Albaicín como rey de Granada.
En la campaña de 1486, Fernando decidió ocupar la línea de defensa que ocupaba toda
la vega de Granada, tomando las fortalezas de Loja, Íllora y Moclín. En la primera de
ellas se encontraba refugiado Boabdil, que volvió a caer en manos cristianas, volviendo
a pactar con Fernando y proyectando la creación de un señorío donde pudiera
establecerse monarca nazarí.
El siguiente objetivo de los RR.CC. fue Málaga, que fue sitiada desde Abril a septiembre
de 1487, fecha en la que finalmente capituló. El Zagal tuvo que huir y refugiarse en
Almería, al no poder volver a Granada en poder de Boabdil. En el caso malagueño no
se respetaron las libertades de los vencidos, proclamando la expulsión de todos ellos.
Cuando comenzó el cerco de Málaga, los RR.CC firmaron un nuevo pacto con Boabdil
137
(el tercero), en el que se deshacía la opción de la creación del señorío, y prometiendo
los RR.CC. que se lo entregarían a cambio de Granada una vez todo el territorio
estuviera en manos castellanas. Tras la toma de Málaga se dirigieron a Almería y Baza,
pero El Zagal opuso una fuerte resistencia que obligó a los RR.CC. a cambiar de
estrategia dirigiéndose al oriente granadino que cayó con extraordinaria facilidad.
A finales de mayo de 1489 se comenzó la campaña de Baza. La conquista de Baza fue
dura y sangrienta, pero se alcanzaron los acuerdos necesarios con El Zagal y su cuñado,
Yahya Alnayar (defensor de Baza) que se materializaron con la capitulación de ambos
en el mes de noviembre de ese año, entrando los reyes el 22 en Almería, a la que se le
concedieron condiciones muy generosas (respeto de la religión, de las costumbres, de
su hacienda…).
Con esta última conquista se consideraba finalizado el conflicto, pero Boabdil decidió
incumplir lo pactado en su tercer encuentro, negándose a entregar la ciudad.
La reacción de los RR.CC. fue inmediata. En mayo de 1490 don Fernando entró en la
Vega de Granada destrozando las cosechas. Boabdil intentó aglutinar bajo su mando a
las rendidas tropas de El Zagal y establecer una vía de transporte con África por donde
recibir ayuda, pero fue en vano.
El último acto comienza en abril de 1491, cuando el imponente y modernísimo ejército
real penetra en la Alpujarra bajando hacia la Vega donde levantó una villa, Santa Fe. En
menos de un mes el cerco de Granada había quedado cerrado. Se iniciaron entonces
una serie de negociaciones en las que las condiciones ofrecidas a Granada fueron
excepcionales: asegurarían su fe, se someterían a la ley coránica, serían administrados
por sus propios jueces…, mientras Boabdil conservaría su patrimonio, a excepción de la
Alhambra y de los palacios de la ciudad y recibiría un señorío en las Alpujarras.
El 2 de Enero de 1492 los Reyes Católicos entraron en Granada, recibiendo la entrega
de la Alhambra como símbolo de la ciudad. Era el fin de la Reconquista.

4.- Las reformas de Aragón y Cataluña

Cataluña tenía dos graves conflictos: la opresión de los campesinos de Cataluña Vella y
la crisis económica de la ciudad de Barcelona, que debido al privilegio otorgado por
Alfonso V El Magnánimo se regía por una oligarquía de patricios. El rey don Fernando
ya tenía constancia de estos problemas desde su primer viaje al principado en 1479,
por lo que dio su conformidad a las medidas propugnadas por el Consell de Cent,
órgano de gobierno barcelonés, que abogaban por una restitución del patrimonio a la
ciudad y una reforma del General, representación permanente del principado.
La crisis, que se extendía por toda la Corona de Aragón, excepto el Reino de Valencia,
había permitido la proliferación del bandolerismo, especialmente en las tierras altas de
Cataluña, por lo que en 1480 se decidió introducir una Hermandad general al estilo
castellano, pero que en Barcelona, debido a la situación deficitaria era complicada de
asentar. Se tomaron medidas impositivas para recortar el déficit, pero nada podría ser
efectivo mientras existieran los remensas, campesinos sujetos a servidumbre, cuyo
único medio de vida estaba en la tierra.
Don Fernando tuvo que ceder a algunas presiones nobiliarias, renovando la
constitución de Alfonso V, lo que generó una revuelta popular que desembocó en un 138
conflicto armado. Finalmente el Rey Católico decidió abolir los malos usos señoriales,
los payeses alcanzaban la libertad conservando las tierras, pero con la obligación de de
indemnizar a sus señores y compensar los gastos producidos durante la revuelta.
No obstante, la recuperación de Cataluña (el redreç), pasaba por una reforma de la
administración municipal, que se abordó primero en el erino de Aragón. En las
primeras Cortes de Aragón (Calatayud 1481) don Fernando otorgó a doña Isabel los
mismos poderes que él había recibido de ella en las Cortes de Segovia. Las sesiones de
estas Cortes se prolongaron en el tiempo sin alcanzar acuerdos en firme, debido a que
los tres reinos aragoneses defendían a ultranza sus privilegios institucionales.

Los acuerdos de Tarazona tampoco fueron un éxito, ya que catalanes y valencianos


protestaron por no realizarse en sus propios territorios, llegando los catalanes a no
asistir a la asamblea propuesta por el rey.
Tras la toma de Málaga, los reyes abordaron con firmeza las reformas de Aragón,
formando un concejo municipal formado por un grupo de adictos que facilitaron la
labor de los monarcas a la hora de implantar su criterio en Aragón. Se establecieron
una Hermandad General y se impuso la Inquisición, situándose la de los tres reinos
aragoneses junto con la castellana bajo la supervisión de un solo inquisidor general.
Estas medidas apenas encontraron oposición entre los nobles aragoneses.
Respecto a Cataluña, los objetivos de su reforma estaban bien definidos: saneamiento
de la Hacienda y reforma de sus instituciones principales (Generalitat y Consell de
Cent). Mientras preparaba la reforma de Aragón, el rey recibió a unos comisionados
catalanes que protestaban por las actuaciones de la Inquisición. Ante esta situación,
don Fernando decidió reformar la Generalitat, suspendió el mecanismo constitucional
y nombro como General al abad del monasterio de Poblet que era castellano.
Curiosamente la medida fue aplaudida y la economía experimentó un rápido
crecimiento y tras deponer y nombrar a un nuevo Consell de Cent (1491), el despegue
económico de Cataluña se hizo patente.

5.- La Iglesia y el problema religioso: establecimiento de la Inquisición, la expulsión


de los judíos y el problema musulmán.

Las reformas eclesiásticas realizadas bajo los auspicios de los RR.CC. fueron resultado
de un madurado programa, encaminado a sanear la vida espiritual y liberar al clero de
sus excesivos empeños temporales.
En este contexto reformador se inscriben tres logros muy notables: la preeminencia de
la justicia real, la exclusión de los extranjeros en la provisión de empleos u dignidades
eclesiales y el derecho de presentación (regio de patronato) que había sido una vieja
aspiración castellana.
La reforma fue otra cosa más que la reivindicación de carácter beneficial y
jurisdiccional y no se limitó sólo a la jerarquía eclesiástica. Ya en un primer momento la
intención de los reyes fue extenderla a todo el clero y al conjunto de las órdenes
monásticas., para lo que se solicitó al Papa las facultades necesarias. Cuando estas
autorizaciones llegaron, se pusieron en manos de Francisco Jiménez de Cisneros, alma
de la reforma. 139
En 1494, Cisneros comenzó la reforma con vehemencia y grandes gestos teatrales,
centrándose primero en los franciscanos claustrales por ser la más rica de las órdenes.
A pesar de las recomendaciones del Papa de suspender la reforma, por la excesiva
mano dura de Cisneros, éste prosiguió con el proyecto, extendiendo su acción sobre
todas las demás órdenes, tanto monásticas (benedictinos y cistercienses), como
mendicantes (dominicos, franciscanos y agustinos), así como al propio clero secular.
Incluso consideró la necesidad de vigorizar el nivel de estudios, realizando ciertos
controles sobre la Universidad de Salamanca y proyectando la creación de una nueva:
la de Alcalá de Henares.
Uno de los problemas que existía en España, en materia de religión era la presencia de
los judíos, la cual se remonta a los primeros siglos de nuestra era, si bien su etapa de
esplendor llegó en los siglos XI y XII.
A partir del IV Concilio de Letrán (1215) se comenzaron a propugnar medidas
restrictivas y en 1391 se produjeron los primeros conflictos graves, con persecuciones,
asesinatos, incendios de aljamas, etc.). Se les obligó a vivir en zonas valladas (juderías),
llevar ropas o señales distintivas, limitándoles su comunicación con los cristianos,
prohibiéndoles acceder a los oficios públicos. El número de conversiones a partir de
ese momento se disparó, pero más por miedo y comodidad que por convicción, lo que
preocupó enormemente a las autoridades que sospechaban que las prácticas de su fe
continuaban.
El antisemitismo se incrementó en los últimos años de Enrique IV, por eso en las Cortes
de Madrigal y Toledo se insistión en las normas restrictivas promulgadas con
anterioridad, aunque se empezó a sospechar que estas medias eran insuficientes. En
esos momentos el número de conversos era similar al de judíos y se temía que
aquellos pudieran contagiar de criptojudaísmo a los cristianos con los que trataban,
por lo que las medidas deberían de empezar a aplicarse también a ellos, máxime
cuando pesaban sobre estos grupos acusaciones de prácticas de su antigua fe,
(circuncisión, sabbath, Yon Kippur…), ser gentes codiciosas, apoderarse de los oficios
públicos, etc. La mayoría de estas acusaciones eran falsas, pero siempre creídas y
aceptadas.
El instrumento para construir la unidad de la fe fue la Inquisición, aunque
originalmente se concibió solamente para la persecución de la herejía y no a los fieles
de otras religiones. Evidentemente existía un gran temor a que los conversos pudieran
transmitir parte de sus antiguas creencias a los cristianos, lo que a la larga conduciría a
la herejía.
La introducción de la Inquisición en Castilla fue autorizada por Sixto IV el 1/11/1478. La
bula de creación permitía a los RR.CC. elegir a los clérigos que formaran el Santo
Tribunal
Los reyes dispusieron a lo largo de los dos años siguientes un plan de catequesis y
predicación para atraer a los herejes, resultando un verdadero fracaso.
Esto enfureció a los reyes, especialmente a Fernando, que decidió pasar a la acción
nombrando por fin a los dos inquisidores generales. El Tribunal de la Inquisición quedó
constituido en Castilla el 27 de septiembre de 1480, cuya primera sede estuvo en el
Castillo de Triana, en Sevilla, y cuya primera medida dictada fue la publicación de tres
edictos de gracia. A ellos se acogieron numerosos conversos. 140
Muy pronto las ejecuciones en la hoguera se hicieron muy frecuentes, las muertes se
contaban por centenares y las penas de prisión por miles. Los conversos recurrieron a

Sixto IV debido a los excesos inquisitoriales lo que provocó que el Papa revocara la
bula del 1 de noviembre de 1478 y sometió a los inquisidores a la jurisdicción de los
obispos, cosa que los reyes no estaban dispuestos a tolerar.
El Papa, prohibió explícitamente la instauración de la nueva Inquisición en Aragón. La
que existía, establecida desde la lucha contra los albigenses, era lánguida e ineficaz.
Tras muchas maniobras y enfrentamientos, don Fernando consiguió que el Papa
nombrara Inquisidor General del Reino de Aragón, del Reino de Valencia y del
Principado de Cataluña a Tomás de Torquemada, en cuyas manos se pusieron todos
los resortes del sistema inquisitorial, extendiendo posteriormente su poder por toda
Castilla (1484)
La introducción de la Inquisición en la Corona de Aragón encontró gran resistencia
debido al apego a los fueros, pero sobre todo debido a las terribles noticias que
llegaban desde Castilla sobre las actuaciones del Santo Tribunal.
La resistencia más dura a la Inquisición se dio en las ciudades de Zaragoza y Teruel,
donde se prohibió la participación de los inquisidores y donde incluso se llegó a
asesinar al inquisidor Pedro de Arbués, con la consiguiente reacción antisemita. En
Valencia y Cataluña fue algo más suave, pero igual de firme. No obstante, tanto don
Fernando como Inocencio VIII apoyaron a Torquemada sin ningún tipo de reservas.
La comunidad política se identificó con el credo religiosos que profesaba la mayoría de
la población. Esta unidad de la fe excluía naturalmente la pervivencia de otros credos
diferentes. Admitido esto, la expulsión de los judíos fue una consecuencia inevitable. Si
acaso sorprende lo que se tardó en ejecutar. Las Cortes de Madrigal y de Toledo ya
daban algunas directrices sobre la reubicación y distribución de los judíos, pero ahora
se empezó a aplicar esa norma con más firmeza, primero obligándoles a vivir recluidos
en aljamas, posteriormente prohibiéndoles la residencia dentro de la influencia de
ciertos obispados (Sevilla, Cádiz, Córdoba…).
Los resultados económicos de la expulsión eran evidentes para todos, pero la unidad
de la fe era el objetivo prioritario. El 31 de marzo de 1492, los RR.CC. dictaron,
finalmente, la provisión que les concedía a los judíos un plazo de cuatro meses para
salir de sus dominios. Elk decreto ofrecía la alternativa de abrazar la fe cristiana,
ofrecimiento que fue aceptado por no pocos judíos que recibieron nuevos nombres y
ciertas mercedes. Se les permitió vender sus bienes y llevar consigo su fortuna, peroen
letras de cambio ya que las leyes no permitían sacar bienes materiales o dinerarios. El
éxodo judío se dirigió, principalmente, a Portugal y de ahí a Berbería.
Una vez expulsados los judíos, se planteaba el problema musulmán. El número e
importancia de la población mudéjar planteó serias dificultades de integración y
convivencia. La tan cacareada unidad de la fe, exigía la desaparición del núcleo
musulmán, sin embargo aquella población (muy abundante en ciertas zonas de Aragón
y en la mitad meridional del Reino de Valencia, estaba protegida por pactos contraídos
que garantizaban su derecho a vvir en el territorio, su libertad personal y la propiedad
de sus bienes., lo que suscitó la solución de incorporarlos mediante la conversión,
141
aunque el interés de que estas fueran sinceras y voluntarias hizo que el proceso fuera
excesivamente lento.
En 1499 los RR.CC. visitaron Granada y quedaron sorprendidos por el aire musulmán
que todavía tenía la ciudad, visible incluso en la vestimenta de los ciudadanos. Ante
esta situación se comisionó a Cisneros para que solucionara el tema, el cual puso a los
musulmanes granadinos ante la misma disyuntiva que a los judíos: conversión o
expulsión.
El programa fue simple, con promesas y halagos, pero mezclado con actuaciones muy
imprudentes, como la conversión en iglesia de la mezquita mayor del Albaicín o la
quema de libros de materia religiosa.
En Enero de 1500, asesinaron al alguacil que trabajaba para Cisneros y continuó con un
alzamiento de musulmanes y conversos, apoderándose del Albaicín y sitiando a
Cisneros. La represión no fue muy dura y se ofreció el perdón a quienes se
convirtieran.
No obstante la revuelta del Albaicín tuvo un eco importante entre la población
musulmana, que se sublevó en la zona de las Alpujarras a donde acudió Gonzalo
Fernández de Córdoba a sublevarla con las tropas que se estaban preparando para
acudir a Nápoles. Las acciones fueron extremadamente violentas. La rebelión llegó a su
fin el 8 de marzo de 1500 y se impusieron condiciones muy duras a los vencidos,
aunque se volvió a ofrecer el perdón a aquellos que se convirtieran. En octubre de ese
año, la revuelta renació, aunque algo más al sur. Tras la victoria cristiana, se repitió la
misma historia, fuertes mediadas represoras, incluidas las económicas, pero el perdón
absoluto tras la abjuración de la fe musulmana.
A comienzos de 1501 la revuelta se reavivó en la serranía de Ronda, y tras una derrota
cristiana, las tropas castellanas, encabezadas por el propio rey, se prepararon para
infligir un duro castigo a los sublevados. Ante esta situación los musulmanes
negociaron su extrañamiento hacia tierras africanas, no sin antes exigirles, de nuevo,
una fuerte compensación económica. El 11 de febrero de 1501 se hizo público el
decreto de expulsión de los musulmanes castellanos, no afectando a los moriscos del
Reino de Aragón y del Reino de Valencia.

6. El Descubrimiento
La posesión de las I. Canarias por parte del reino de Castilla, confirmada por el tratado
de Alcaçobas de 1479 con Portugal, era la prueba del interés castellano por el Atlántico
y por la expansión en el continente africano. Pero, por el mismo tratado, la expansión
en África o la prosecución de la ruta hacia las Indias quedaba reservada al reino luso,
por lo que el proyecto colombino de seguir la ruta de Occ. hacia las Indias tuvo buena
acogida en la Corte de los RR.CC.
El descubrimiento del Nuevo Mundo es el resultado de un error de Cristóbal Colón.
Establecido en Portugal en 1476-77, llega por intermedio de su mujer al ambiente de

142
los sabios y de los navegantes. Así se forma, a partir de los trabajos de Toscanelli, su
convicción de una tierra más pequeña que la realidad, de un continente euro-asiático
mucho más extenso en longitud y, en consecuencia, de una ruta occidental mucho más
corta que el lento rodeo del continente africano.
En busca de apoyos reales que sustenten su proyecto, Colón obtiene una negativa del
soberano portugués (Juan II), quien prefiere las seguras empresas en curso; otros
príncipes rechazan la aventura. Queda la reina Isabel de Castilla, a la que intenta
convencer en 1486. Tras seis años de negociaciones, de dudas, de hábiles
controversias Colón, gracias a la ayuda del valenciano Luis de Santángel, lo consigue al
día siguiente de la toma de Granada: Los acuerdos de abril de 1492, “las Capitulaciones
de Santa Fe”, le confieren privilegios exorbitantes sobre las futuras tierras a descubrir:
almirante, virrey y beneficiario de un 10% de las posibles riquezas.
Cristóbal Colón se instala en Palos (Huelva) y prepara la expedición con el armador
Martín Alonso Pinzón y Juan Niño. El 3 de agosto de 1492 parten dos carabelas (La
“Pinta” y la “Niña”) y una nave (la Sta. María) y, después de una escala en las Azores,
ponen rumbo al Oeste. A partir del 25 de septiembre crece la inquietud, sin embargo,
el 12 de octubre tocan tierra en San Salvador, al que confunden con el archipiélago
japonés. Después de dos mess de navegación por las Pequeñas Antillas (la Española,
Sto. Domingo, y Cuba) sin descubrir las riquezas descritas por Marco Polo, regresan a
Europa.
Antes de su muerte, casi en desgracia (1506) Cristóbal Colón realizó otros tres viajes
más, mezclando los primeros pasos de la explotación y la colonización con la
exploración propiamente dicha. En 1493-1494 (su segundo viaje), precisa la geografía
de las Antillas, y en 1498 (tercer viaje) el almirante toca las costas de Venezuela antes
de establecerse en Sto. Domingo, de donde el gobernador Bobadilla le enviará como
prisionero en 1500 a España, con la supresión de sus privilegios salvo los títulos de
Virrey y Almirante. Finalmente, en 1502-04 bordea el istmo americano buscando la
ruta de las Indias sin adivinar el descubrimiento de un mundo nuevo.
Aparte de la polémica que rodea la fig. de Colón y sus intenciones cuando preparó la
expedición que habría de llevarle a América, lo que es incuestionable es la tenacidad,
convicción y firmeza con que defendió ante Juan II de Portugal primero, y los RRCC,
después, la posibilidad de efectuar descubrimientos de tierras e islas en el Atlántico,
navegando rumbo a Occidente
Una vez acabada la magna empresa de la Reconquista, los RRCC firman las
capitulaciones de Santa Fe con Colón (17-4-1492); en ellas se declara el señorío del
Océano por parte de los monarcas, o sea de Canarias hacia Occidente. Colón reivindica
estos espacios porque, poseedor del secreto del piloto anónimo, sabía que había
tierras a unas 700-750 leguas al Oeste de la isla canaria de Hierro. En virtud de ello, los
reyes le nombran virrey y gobernador. El descubrimiento tuvo lugar el 12-10-1492.
Colón utilizó la ruta de los alisios. Abordó el continente americano por el Caribe
(Bahamas, Haití, Cuba) y procuró ubicar las nuevas tierras dentro del cuadro
continental conocido por los contemporáneos, del cual él sabía los rasgos generales
gracias a sus lecturas geográficas. Nace entonces en el almirante la obsesión de haber
alcanzado las islas orientales de Asia (Japón) o aún la propia tierra firme del
143
continente. Con esta convicción regresó la flota a España, donde la corte real se
preocupaba de garantizarse la posesión de las tierras descubiertas en las “Indias”.
La genialidad de Colón, basada en su fe ciega de llegar a las Indias, no le permitió
percatarse que había llegado a una tierra nueva, cosa que a la altura del 3er. vieja ya se
daba por supuesto en la Corte y en los círculos informados. Colón creyó tras su 2º viaje
que había llegado a la puerta de las Indias, que Cuba era tierra firme asiática y que el
descubrimiento de depósitos de perlas cerca de la I. Margarita era prueba de la mítica
riqueza asiática. Estas falsas creencias fueron el fundamento de su error, error que fue
corregido por la Corona, que rescató de manos de Colón las facultades de gobernación
ante el volumen y total novedad de lo descubierto, dejándole las facultades de
explorador y almirante. En 1513, finalmente, Núñez de Balboa atravesaba el istmo de
Panamá y descubría el Mar del Sur (Océano Pacífico). Se descubría así una barrera
continental entre Europa y la India por Occidente, casi al mismo tiempo que los
portugueses alcanzaban las islas de las Especias.
En vida de Colón, la Corona ya hizo de la empresa de descubrimiento y conquista una
tarea de Estado. Para ello tuvo que arbitrar todo un sistema institucional en España y
en América para que hubiera igualdad de trato a los súbditos de los dos continentes.
Tal labor comenzó con la creación de la Casa de Contratación en Sevilla (20-1-1503).
Los españoles colonizaron sobre todo las Antillas a partir de la isla de La Española:
Puerto Rico, Cuba,… A su vez Cuba fue la plataforma para conquistar el continente por
los dos lados: la Florida y la costa mexicana al Norte de Yucatán. Las otras grandes
conquistas y colonizaciones consiguientes fueron la de México y la de Perú. En poco
más de 30 años, los conquistadores habían acabado con las frágiles civilizaciones
indígenas, lo cual les proporciona unos 3 millones de km 2. La expansión de América se
asentó en la transmisión de la soberanía del rey de las Españas a los reinos de las
Indias, de los cuales el monarca español se consideraba heredero. La creación de los
virreinatos de Nueva España y del Perú como delegación suprema del rey responde a
esta concepción.
El descubrimiento de Núñez de Balboa planteó el problema de hallar un paso marítimo
que salvara el obstáculo de América en el camino a las Indias. En 1520 tras la
desafortunada expedición de Solís (1515), el portugués Fernando de Magallanes
encuentra en la ruta del SO. El paso que hoy lleva su nombre, entre el S. de América y
Tierra del Fuego. La expedición continuó por el Pacífico hasta las Filipinas y las propias
islas de las Especias, donde se dieron la mano marineros lusos e hispanos.

144
EMA XIV: SOCIEDAD Y ECONOMÍA DE LOS REINOS

T PENINSULARES EN LA BAJA EDAD MEDIA.

2. La crisis de la Baja Edad Media

En Historia las crisis se explican como épocas de cambio, refiriéndonos a las crisis
de larga duración a cuyo término ha ocurrido la consolidación transformada y renovada de
un sistema social, o se ha cambiado un sistema por otro. La primera variedad es la más
frecuente.

La nueva situación que nació en Occidente en los años


sesenta y setenta del siglo XIII ha sido comprendida por diversos
autores como un proceso de “cierre”. Esto se aplica a un largo
periodo de tiempo y a realidades complejas.

El estudio de las crisis y transformaciones de las


sociedades europeas de la Baja Edad Media se suelen abordar
desde varios puntos de vista. El primero, el socioeconómico¸ se
suele centrar en el análisis de la renta rural y de sus efectos
en las aristocracias en sus relaciones con los campesinos. El
segundo, se refiere a los procesos de concentración del poder
político y perfeccionamiento medios institucionales,
fiscales y militares que desemboca en la consecución de
nuevas formas de Estado. El tercero es la crisis de
religiosidad y de las jerarquías eclesiásticas. El cuarto punto alude a los cambios en la
sensibilidad y la novedad de las creaciones intelectuales y artísticas.

Predominan las explicaciones que se refieren al aspecto socioeconómico, pero hay


que saber combinar los distintos elementos. Es preciso diferencias entre elementos
coyunturales y estructurales. Los primeros se refieren a episodios cortos que podrían
no haberse dado pero que con su presencia han introducido elementos en el devenir
histórico. Los segundos se refieren a movimientos de fondo que transforman a media y
larga duración. Hay que ir más allá de los movimientos críticos y descubrir las
características de la fase larga de contracción demográfica y económica que se
extendió durante el siglo XIV.

Las explicaciones de las grandes líneas han incorporado mayor carga teórica en
algunos casos de tipo maltusiano en otros de tipo marxista dentro de las reflexiones
sobre la transición del feudalismo al capitalismo, sobre una crisis global del sistema
poniendo el acento en las relaciones sociales establecidas a partir de la economía
campesina, porque será en el mundo rural donde se vea el enfrentamiento entre clases
antagónicas, entre campesinos y señores.

El sistema económico incorporará novedades de peso en la Baja Edad Media:


desarrollo de la economía mercantil y manufacturera, el mundo de los intercambios, de las
sociedades urbanas, el uso cada vez más denso y rápido de la moneda, sujeto a sistemas de
extracción nuevas. Estos aspectos han de tenerse en cuenta y que fueron consecuencia e
influyeron en la crisis de la renta rural. Merced a aquellos cambios se llegó a producir una
reorganización global de espacios y cierta flexibilización de las relaciones económicas. El
desencadenante de las 145
alteraciones monetarias y la
intensificación del uso de la
moneda, forma parte del
crecimiento de las actividades
económicas y los procesos de
concentración del poder político.

Una observación amplia


de la realidad permite apreciar
como las transformaciones
políticas y jurídicas del siglo XIII
y el desarrollo paralelo de
nuevos instrumentos monetarios
y fiscales en manos de los reyes.
Tal sería el caso de Castilla bajo
Alfonso X (1252-1284). Estado
moderno no es consecuencia de
la crisis del siglo XIV sino su
origen anterior fue una de las
causas de la crisis. La epidemia de
1348, las guerras y perturbaciones convirtieron la crisis en catástrofe.

2. La población y su reparto.

Las cifras de población aparecen sueltas en crónicas y documentos no siempre son


fiables, solo contamos con las estimadas de censos fiscales o militares que no tenían una
finalidad demográfica y se referían solo a una parte de la población (cabezas de familia o
varones en edad de combatir).

Se estima que Cataluña pudo superar el medio millón de habitantes pero que en 1358
habría descendido a 425.000. La perdida continuó y en 1497 tendría unos 300.000. El Reino de
Aragón tendría unos 200.000 a comienzos del siglo XV y 250.000 en 1495. En Valencia muchas
zonas rurales continuaron perdiendo población y se estima una población de unos 250.00 a
finales del siglo XV. En la Corona de Castilla no hay padrones antes de 1528-1534, aunque hay

alguno de ámbito local. El investigador ha de apelar a indicadores indirectos. Había unos 4


millones alrededor de 1500 y otros 250.000 en el reino de Granada.

La distribución del poblamiento rural y urbano se modificó en los siglos XIV y XV. En
las áreas rurales el fenómeno de los despoblados no obedecía solo a las mortandades
provocadas por las epidemias sino también a la reconversión de las tierras agrarias, al éxodo a
las ciudades o a la concentración en menor número de núcleos pro motivos de racionalidad
económica. La política repobladora de muchos nobles se lleva a cabo en sus señoríos en el
siglo XV a costa de lugares próximos de realengo, aunque las nuevas poblaciones también se
dieron en realengo que compensaron en algunas regiones el fenómeno de los despoblados.

En lo que se refiere a los núcleos urbanos el hecho más característico en el siglo XV fue
el crecimiento de población, sobre todo cuando el entorno aseguraba un buen
avituallamiento y la acumulación en la ciudad de rentas de origen rural. En general se
considera que las condiciones mínimas de vida urbana comenzaban con 200 vecinos o fuegos.
Además emergían sobre un fondo de población rural que comprendía al menos el 80% de los
habitantes. En Cataluña en el siglo XIV solo 49 núcleos
146
superaba los 1200 fuegos. En el reino de Valencia solo la
capital se había beneficiado de un fuerte crecimiento.

Las mayores concentraciones urbanas se daban en


Andalucía.

3. Agricultura, ganadería y pesca.

Tres factores intervinieron en los cambios


en el sector agrario: la crisis poblacional, la integración con
la actividad comercial y la búsqueda de mejores formas de
rentabilidad de la tierra. Las respuestas a estos cambios
variaron de unos momentos y regiones a otros.

La crisis produjo despoblados, mortandad, descenso de la demanda,


abandono de tierras cultivadas, ascensos de salarios y costos debido a la escasez de la mano
de obra. En el siglo XV hubo una tendencia hacia la reducción de las rentas agrarias y los
titulares buscaron nuevas formas de relación laboral en medio de tensiones sociales: cesión
de usufructo con plazos más cortos y cuando fue posible se ejercieron derechos
jurisdiccionales para obtener más ingresos. Cuando cambia la tendencia en el siglo XV y
empiezan a haber noticias de roturaciones y puesta en explotación de tierras. Invertir en la
tierra vuelve a ser un buen negocio. Y la tendencia a la concentración de la propiedad es un
indicador de consolidación de la aristocracia. En algunas partes se observan pleitos entre
propietarios y jornaleros (solariegos y hombres de behetría, pageses de remença o las
revueltas de los irmandiños gallegos).

Ya no se cultiva solo en función del consumo local sino pensando en formas más
beneficiosa de comercialización en los mercados urbanos o exteriores, lo que estimulaba
tendencias de especialización de cultivos. Se invierte en actividades agrarias a través de
préstamos a largo plazo e incluso de anticipos sobre las cosechas. Por el mismo motivo
aumentan las explotaciones ganaderas y el comercio de sus productos.

El gran auge de las trashumancia de ganado ovino en Castilla se debe a la creciente


demanda de lana merina en los mercados de Flandes en el siglo XV. A favorecer los negocios
ganaderos confluían intereses de la Hacienda real, el de los caballeros que dominaban los
gobiernos municipales y el de los grandes propietarios dueños de las tierras de pasto. La
institución más importante fue el Honrado Concejo de la Mesta que desde tiempos de Alfonso
X organizaba los desplazamientos a los pastos de verano usando la cañadas protegidas. Los
socios ganaderos eran uno tres il en el siglo XV y la trashumancia afectaba casi a tres millones
de cabezas.

La crisis de abastecimiento de cereales no obedecía a una insuficiente extensión de los


cultivos sino a motivos coyunturales o de especulación y exportación excesiva.

Los progresos en las técnicas de navegación y dominio del mar permitieron mejor
aprovechamientos de los recursos pesqueros y una expansión del consumo incluso en el
interior en forma de pescado seco o salado.

4. El comercio y las actividades manufactureras.

Un aspecto común sería la importancia que


tiene la artesanía y el comercio en el abastecimiento
147
de los núcleos urbanos y da las zonas rurales
vinculadas a ellos. Era el principal motor de la
actividad tanto a nivel local como comarcal, ya que
nunca faltaba en ninguna ciudad ni la actividad
artesana ni los servicios que asegurasen el
abastecimiento.

La organización institucional del trabajo


artesano se desarrolló por completo a mediados del
siglo XII y finales del XV. El control de los oficios de
cada ramo de actividad corría a cargo del poder municipal, herencia de la organización
andalusí. Aunque en algunos oficios ya se organizaron con formas propias, siguiendo modelos
propios del mundo europeo. Cada corporación artesanal autónoma para fijar aspectos de
disciplina común y resolución de litigios profesionales entre maestros asociados, titulares de
talleres.

En la Corona de Aragón los oficios proporcionaron los miembros de los consejos


municipales, en la Corona de Castilla se mantuvieron al margen del poder local. El
avituallamiento de las demandas cotidianas eran una parte muy importante en los núcleos
urbanos, lo que explicaría las continuas intervenciones municipales.

El régimen de oficios podía ser adecuado para la regulación de la producción y venta


de productos destinados al mercado local, pero no lo era tanto para las manufacturas
destinadas al gran comercio. Aquí los grandes mercaderes controlaban las calidades y precios
e imponían sus intereses. Frecuentemente el proceso productivo se hallaba al margen de las
ordenanzas y constricciones gremiales.

El desarrollo del imperio de los mercaderes catalanes se inicia en el siglo XIII y se


recuperó en tiempos de Fernando el Católico. Gran parte de la economía catalana se organizó
en torno al gran comercio, con su sede principal en Barcelona. Se fueron haciendo presentes
en los puertos del Magreb y de Grecia y el Próximo Oriente, finalmente llegaron a Sicilia,
Cerdeña y Nápoles. Barcelona se convirtió en el centro de una compleja red de circuitos
comerciales. Al uso de barcos propios se añadía el flete de otros barcos procedentes de
regiones atlánticas como Vizcaya con sus propios maestres y tripulaciones.

Del comercio con el Magreb se obtenía un saldo positivo procediendo de allí cueros,
cera o esclavos. De Sicilia s e obtenía trigo, aunque el grueso de las importaciones catalanas lo
constituían las especias. Los catalanes llegaron a tener un alojamiento propio o fondaco en
Alejandría.

Hacia 1440 el comercio italiano y de Levante representaba la mitad del realizado por
los comerciantes catalanes. También había tráfico hacia o desde otras tierras de la Península
Ibérica ya que precisaban productos agrarios y materias primas. También estuvieron presentes
en Brujas y Londres.

En conjunto, el comercio
exterior catalán, por el conjunto de los
productos y rutas además de por el
protagonismo de sus mercaderes fue
uno de los fenómenos sobresalientes
148
de la economía hispánica en la Baja
Edad Media. No fue el único ya que
Aragón también comercio pero
solamente con Castilla y Cataluña.

En el siglo XV Valencia se convirtió en plaza


principal convirtiéndose en un centro
mercantil de gran orden. La ciudad ofrecía
una variada gama de productos y servía de
salida natural de los productos castellanos, además se convirtió en el nexo de comunicación
con Sevilla y otros puertos peninsulares atlánticos. Valencia fue plaza de almacén, banca y
tráfico de dineros, fletes y negocios. Pero el control de las actividades estuvo a menudo en
manos de extranjeros. La ciudad alcanzó a finales del siglo XV un momento de apogeo y
prosperidad.

La expansión del comercio castellano era ya notable a mediados del siglo XIII, se había
consolidado con los primeros Trastámara, llegando su mejor momento a mediados del siglo
XV. Las distintas zonas fueron integrando sus actividades mediante la formación de redes de
rutas terrestres y el uso de ferias. El contacto entre las distintas fachadas litorales facilitó el
avituallamiento de productos alimenticios. El comercio entre reinos fronterizo fue intenso
como así lo muestran las aduanas cobradas.

El comercio castellano con la zona del Mar del Norte alcanzó en el siglo XV-XVI su
apogeo y estuvo casi por completo en manos de nacionales. Los marineros castellanos y vascos
transportaban casi siempre lana y metales de hierro y traían pañería flamenca y manufacturas
de metal. También hacían escalas en sus viajes transportando productos ajenos de un punto a
otro. Flandes era el término principal de aquellos viajes, en especial Brujas y a finales del s XV
Amberes. Las costas andaluzas conocieron en el siglo XV un tiempo de esplendor mercantil ya
que su posición de cruce de rutas hacía que recalasen números barcos de diversos países para
avituallarse. Ofrecían una amplia gama de productos africanos. De entre los mercaderes
extranjeros destacaron los genoveses que tuvieron colonia fija en Sevilla.

La oferta castellana era básicamente de materias primas, como la lana. Se


caracterizaba por los transportes navales, su situación privilegiada y su relación directa con los
mercados africanos y la amplia posibilidad de servir como base. Su demanda eran
manufacturas y capital mercantil. Pero la insuficiencia de manufacturas de Castilla no eran un
signo de pobreza sino el resultado de sus opciones económicas. Ya que un país con notables
recursos y excedente agrícola tenía estas opciones gobernada por fuerzas sociales más
poderosas. El insuficiente desarrollo manufacturero perjudicaba a algunos sectores,
mercaderes y artesanos urbanos. En algún caso podía dañar intereses generales. Como la
manufactura textil en el segundo tercio del siglo XV.

5. Nobleza y aristocracia.

En este grupo no solo se integraba la nobleza de sangre sino otras personas que
compartían privilegios y características propias del estamento. Era el casod e muchos
caballeros de Castilla.

Las características son: percepción de rentas agrarias, participación en la


comercialización de productos agrícolas y ganaderos, su protagonismo político y las rentas
procedentes de la actividad militar, así como de la participación en las administraciones 149
municipales y eclesiásticas. A la percepción de rentas se añaden las exenciones y honras que se
les reconocían, donde la función guerrera y política de la aristocracia justificaba este orden
social basado en los principios de jerarquía.

La mentalidad aristocrática se manifestaba a través de unas pautas de


comportamiento propios de la caballería entendida esta como una
forma de vida. Pero no era una actitud individual sino parte de una
red de relaciones de grupo.

Los linajes se organizaban de raíz patrilineal para asegurar la


solidaridad de grupo, y asignaban funciones a los varones y las
mujeres que se integraban en él. Asegurar el poder político y
mantener unido por vía hereditaria el conjunto del patrimonio,
concentrándolo en la mediad de lo posible en un solo heredero.

El linaje y clientela en torno suyo era una red de solidaridades que incluía a miembros
de la misma sangre, a criados y vasallos en torno a la autoridad del pariente mayor. Se daban
bandos que luchaban por el poder de base familiar.

Las características sociales del grupo noble se expresan a la perfección en los grandes
de Castilla del siglo XV, situados frente a los linajes que habían crecido durante la llegada de
los Trastámara. Durante los siglos XII y XIII se sustituyeron los linajes tradicionales por otros
nuevos que se beneficiaron de los señoríos jurisdiccionales y de los títulos. La Corona de

Aragón y Navarra también renovó la alta nobleza y también consolidó su poderío


jurisdiccional. En Valencia la promoción de algunos linajes es más tardía aunque habían
numerosos enclaves con jurisdicción limitada.

La media y baja nobleza, junto a los caballeros dominaban el poder en las ciudades y
las villas. A través de ellos se articulaba la acción política de los reyes, defendiendo los ideales
de vida nobiliarios. Se estima que un 10% de la población eran hidalgos. Las regiones del norte
tenían mayor número de pequeños nobles e hidalgos.

6. Grupos sociales urbanos.

Ciudades y villas eran jurídicamente diferentes, muchas tenían sujetas a ellas alfoces y
tierras rurales, en las que se alzaban aldeas y pueblos. La ciudad no era una isla separada
totalmente del campo y en ella vivían grupos dedicados a actividades agrarias y aristócratas
cuyas rentas procedían del campo.

Pero las sociedades urbanas tenían sus propias características: dedicación económica
a la artesanía, el comercio y los servicios en espacios reducidos; mayor peso de la riqueza
mueble y de las profesiones en los fenómenos de estratificación social; situaciones de
marginalidad más variadas y frecuentes.

Solo un 3% de los vecinos formaba parte de las élites urbanas, eran los llamados
caballeros y hombres buenos en Castilla o ciudadanos honrados en la Corona de Aragón. En
torno al 25% disponía de un nivel medio de riqueza y disponía de una profesión sólida. El
resto del 70 % eran artesanos, comerciantes y asalariados en situación de empleo estable
pero sin capacidad de ahorro. Por debajo de ellos estaban los que vivían en casa de otros o
estaban en los grupos marginales. En la ciudad también habitaba el clero, las minorías judías y
musulmanas súbditas del rey.
150
La cúspide de las sociedades urbanas estaba formada por aquellas élites dueñas de
casi todo el poder político, de privilegios jurídicos y exenciones de impuestos que se
asemejaban a la pequeña nobleza, sobre todo en Castilla. En la Corona de Aragón la nobleza
había conservado formas de vida rural
incluso cuando vivía en las ciudades, los
patriciados urbanos y los mercaderes
principales tenían un tren de vida
aristocrático y procuraban asimilarse a la
nobleza, adquiriendo incluso la condición
de rentistas.El resto del vecindario lo
formaba el común de la población, sin
ningún tipo de privilegios salvo alguno a
título personal y transitorio. Los grupos medianos formaban parte del común del vecindario
pero disponían de cierto nivel económico aunque estaban al margen del poder municipal. En
Castilla tenían una participación limitada en él pero en Aragón estaban sujetos a las directrices
de los señores de la tierra. La toma de conciencia aumentó desde mediados del siglo XV,
estando presente en la lucha de partidos como la “biga y la Busca” en Barcelona. Fue parte

importante en el malestar que desembocó en las revueltas castellana de las comunidades o


valenciana de las germanías.

Por debajo de la masa del vecindario estaba la marginalidad y la precariedad. En las


ciudades bajomedievales se multiplicaron los medios de asistencia y control bajo la forma de
pequeños hospitales municipales y cofradías.

7. Los campesinos.

El 80% de la población formaba el campesinado, cada época introducía sus cambios


dentro de la continuidad de fundamentos del sistema social. Los cambios bajo medievales
dieron pie en algunas zonas a la promoción de grupos campesinos con cierta capacidad
económica, propietarios de la tierra y ganados a los que sumaban el arrendamiento de otras
fincas, el uso de bienes comunales y el control del poder local. Las posibilidades que abría un el
comercio benefició a esta capa de campesinos, pero en general también aumentó la
dependencia de las ciudades.

Ni siquiera los campesinos privilegiados jurídicamente del norte tenían una buena
posición económica. Muchos hidalgos de las zonas cantábricas vivían en condiciones precarias.
La situación era peor para los campesinos no propietarios ya que la incidencia de la depresión
había acentuado la situación de merma de libertades. Las revueltas de campesinos fueron en
el marco de movimientos sociales más amplios que tuvieron mucho que ver con esos motivos.
Las tensiones sociales debidas al rechazo del poder señorial, y a veces a las ciudades
de realengo, fueron muchas veces protagonizadas por campesinos propietarios y no faltaron
episodios de violencia ni abusos señoriales. Pero lo común era la situación de avenencia y la
resolución de problemas por la vía judicial. Buena parte del
campesinado tenía regímenes bastante estables de
arrendamiento, pero en el sur aumentó el número de
temporeros.

En Cataluña vieja los pagessos de remença, unos


15000-20.000 hogares, estaban sujetos al pago de una
151
redimenta. Esta cambiaba a voluntad del señor o según los
malos usos. Los litigios contra los señores comenzaron en
1338 habiendo picos de violencia en 1416 y 1445, también
durante la guerra civil. Hasta que Fernando el Católico limitó
la remença a una cantidad fija, después de la cual el
campesino quedaría libre para siempre del gravamen. Esta
podría pagarse a plazos.

En los señoríos aragoneses los campesinos estaban


completamente sujetos a la tierra y a la jurisdicción de los
señores en una situación próxima a la “segunda servidumbre”
que se observa también en otras zonas de Europa.

Buena parte de las tensiones sociales se descargaron sobre las minorías no cristianas, y
no en los puntos de fractura social. Las líneas de fracturas más activa no siempre eran las que
separaban las clases sino las que identificaban grupos verticalmente. Los musulmanes no
sufrieron violencia, salvo en Valencia, pero sí formas sociales de depresión, la salida fue su
conversión.

8. El proceso de señorialización y las revueltas populares en Castilla.

Las luchas políticas generaron o agravaron otros problemas sociales. Las violencias
señoriales y las resistencias que desencadenaron, así como las tensiones contra judíos y
conversos formaron un telón de fondo.

Las causas de las violencias señoriales eran: las usurpaciones de las rentas reales y las
apropiaciones de jurisdicciones pertenecientes a ciudades y villas del patrimonio real.

Las tomas de rentas eran muy difíciles de resolver en tiempo de guerra. El problema
consistía en que algunos particulares se apropiaban de tributos que en derecho pertenecían a
la Hacienda Real a cuenta de sueldos pendientes. Lo preocupante era que la corona lo
permitía. Enrique IV y Alfonso concedieron con demasiada generosidad esta especie de
patentes de coros que facultaban a sus nobles a tomarse la justicia por su mano. La gravedad
de las tomas estriba en que premiaban la fuerza y penaba al contribuyente al que solo le
quedaba protestar o rebelarse. Los mismos males aquejaban las rentas extraordinarias.

Las apropiaciones jurisdiccionales obedecían a circunstancias semejantes ya que el rey


las autorizaba con una carta de privilegio aunque a veces se hacía sin pedir permiso a nadie.
Una aldea, villa o territorio pasaba del patrimonio real a formar parte de un señorío. Las
ciudades representadas en Cortes protestaron enérgicamente pero con escaso éxito.

Las tomas y usurpaciones demuestran que las rentas ordinarias estaban gran parte
enajenadas en manos de terceras personas. También era un problema para la Hacienda los
juros que gravaban estas rentas llegándose al caso de que ninguno de los propietarios de un
juro pudiese cobrar lo que por derecho le pertenecía ya que había una larga lista de espera.
Entre los damnificados estaban instituciones eclesiásticas e hidalgos que quedaban así
expuestos a la pobreza, los grandes siempre solían cobrar sus juros. Algunas regiones
soportaban mayor deuda pública que otras lo que agravaba más las desigualdades.

Hubo decisiones desafortunadas como la de Enrique IV de pagar servicios de armas


prestados mediante cartas de hidalguía lo que no solo ascendió a personas poco adecuadas
152
sino que disminuyó las base contribuyente.

Ante estas corrupciones abundaron las noticias de reacciones de villas y lugares que se
negaban a la llegada de un nuevo seño, como el caso de Fuenteovejuna en 1476. Pero por
encima de las reacciones locales surgió la respuesta colectiva a través de las Hermandades.
Siguiendo las instrucciones del rey muchos concejos castellanos se hermanaron durante la
guerra civil para defender la causa de Enrique IV y evitar la violencia privada. En zonas alejadas
como Galicia la Hermandad desencadenó un problema de violencia social con enormes
consecuencias (revuelta de los irmandiños 1467-1469). Durante un año los nobles vieron
atacadas sus fortalezas por un grupo de hermandades dirigidas por miembros segundones de

las familias nobles. Solo la reacción concentrada de los principales linajes fue capaz de derrotar
el movimiento.

Durante el reinado de los Reyes Católicos la extensión de las hermandades hizo posible
la pacificación del territorio.

Los problemas de convivencia entre cristianos viejos y nuevos provocaron nuevas dosis
de violencia. También las alteraciones monetarias provocaron desabastecimientos,
acaparamiento de bienes y subidas bruscas de precios, con consecuencias terribles para las
capas más humilde de población.

9. Levantamientos antiseñoriales y agitación social en los reinos orientales hispánicos.

La grave crisis económica y social de los diversos reinos españoles afectaba


especialmente a Cataluña con el nombre de desgavell. Dos fenómenos concurrían en el
Principado: la opresión de los campesinos y la crisis económica de la ciudad de Barcelona. El
rey Don Fernando había tomado contacto con el problema ya en 1479 cuando asumió la
dirección del asunto y sus medidas.

La crisis se extendió a toda la Corona de Aragón, excepto Valencia, permitiendo una


proliferación del bandolerismo especialmente en las tierras altas de Cataluña donde el conde
de Pallars sostenía la revuelta. En 1480 intentó introducir una Hermandad General como en
Castilla.

Para la recuperación de Aragón bastaba con restablecer el orden y reducir los gastos,
no ocurría lo mismo en Cataluña. Sobre todo en Barcelona donde faltaban los recursos
precisos para superar el déficit. En las Cortes de Barcelona de 1481 se tomaron alguna tímidas
medidas. El conceller en cap de aquel año definió un programa de tres puntos aceptado por
los Reyes Católicos: la amortización de censales, la reducción del salario de los oficiales del
Consell de Cent y el establecimiento de una contribución al creo hasta entonces exento de
cargas. El conceller en cap de 1483 convirtió este programa en un plan más detallado en el que
se incorporaron la contribución de las localidades del término de la ciudad y el
restablecimiento del antiguo impuesto sobre la carne y el vino.

Ninguna solución podía ser efectiva mientras el problema de la servidumbre de los


campesinos estuviera vigente. Es por ello que para solucionarlo en 1489 Don Fernando dicto
una sentencia arbitral por la que se abolían los seis malos usos señoriales y los payeses
alcanzaban la libertad conservando la tierra, debían pagar una indemnización por la tierra a
sus señores y por los daños causados por las revueltas.

La recuperación de Cataluña pasaba por la reforma de la administración municipal


153
pero es en 1487, tras la toma de Málaga, donde Don Fernando se decidió a realizar las
reformas necesarias de Aragón, se impuso a los jurados de Zaragoza y nombró por si mismo
un concejo municipal. Además decretó la obligatoriedad de pertenecer a la Hermandad
General, renovó la Inquisición en los tres reinos. Cuando en 1488 se reunieron las Corte en
Aragon el rey disponía de los resortes para imponer sus decisiones. Fue esta una autentica
revolución silenciosa ante la que apenas se alzaron voces.

Los objetivos en relación con Cataluña


estaban bien definidos: el saneamiento de la
Hacienda y la consecución de un mayor control
regio sobre las más altas instituciones catalanas,
la Generalitat y el Consell de Cent de Barcelona.
Las Cortes de 1481 habían dejado claro que lo
primero era inseparable de lo segundo.

En 1486 a la par que se reformaba la


Diputación aragonesa se decidió Fernando a
abordar el problema del Principado. Designó
directamente un nuevo General, no hubo protestas sino más bien aplausos. La economía
experimentó una tímida recuperación.

154
TEMA XV: CULTURA, PENSAMIENTO Y VIDA COTIDIANA EN LA BAJA
EDAD MEDIA (SIGLO XV).

1. Humanismo y Renacimiento

2. El proceso de creación de una tradición cultural nacional

3. Humanismo y Estado moderno en el siglo XV

4. Los problemas de la Iglesia: contestación y herejía

5. Cultura

6. Bibliografía

1.- HUMANISMO Y RENACIMIENTO

Introducción

Entre 1350 y 1550 la sociedad europea occidental conoció y vivió una auténtica
revolución espiritual, una crisis de perfiles muy nítidos en todos los órdenes de la vida;
una profunda transformación del conjunto de los valores económicos, políticos,
sociales, filosóficos, religiosos y estéticos que habían constituido la vieja civilización
medieval, aquella que había sido definida, con un cierto desprecio, como la edad de las
tinieblas. La imagen que historiográficamente poseemos de aquel período que
denominamos Renacimiento es, por consiguiente, la de una época cuyo común
denominador fue la transformación, la renovación y la creación de nuevos códigos de
conducta. Son precisamente éstos los términos más utilizados por Burckhardt para
caracterizarla: el Renacimiento es una época de ruptura con el oscurantismo medieval,
un período de renovación del arte y de las letras, de recuperación y de acercamiento a
los clásicos, de restauración de la antigüedad, de un uso novedoso de la razón en todos
los campos del saber. Asimismo, el período se caracteriza por la aparición de un fuerte
proceso de secularización de la vida política y por la presencia de una escuela de
pensamiento nueva, el Humanismo.

El término Renacimiento adquirió su sentido actual hacia 1860 cuando J. Burckhardt


publicó "La civilización del Renacimiento en Italia". Es cierto que otros historiadores
habían empleado la palabra más o menos en idéntico sentido, pero sólo gracias a
Burckhardt el vocablo pasó a definir un período concreto, con sus propias y peculiares
características y acabó convirtiéndose en un concepto histórico. Con todo, el término
implica una noción comparativa. Por consiguiente, para conocer su contenido

155
originario será necesario acudir a las obras de aquellos que crearon el término para
denominar su propia época.

Humanismo

Movimiento intelectual desarrollado en Europa durante los s. XIV y XV que, rompiendo


las tradiciones escolásticas medievales y exaltando en su totalidad las cualidades
propias de la naturaleza humana, pretendía descubrir al hombre y dar un sentido
racional a la vida tomando como maestros a los clásicos griegos y latinos, cuyas obras
exhumó y estudió con entusiasmo

El Humanismo instaura una actitud que, sin cuestionar, en general, lo religioso, impone
el reconocimiento de los derechos terrenales de los humanos; como consecuencia de
esta nueva mentalidad, los humanistas hablan de la dignidad del hombre,
independizan la filosofía de la teología y desean que la razón actúe en zonas antes
reservadas a la fe revelada.

Factores del humanismo

La emigración de sabios griegos: Debido a que el imperio bizantino estaba siendo


asediado por los turcos, muchos de ellos buscaron refugio en Europa Occidental,
especialmente en Italia, llevando con ellos textos greco latinos, promoviendo la
difusión de la cultura, los valores y el idioma griego.

La invención de la imprenta: Este invento de Gutemberg permitió el abaratamiento del


costo y la difusión de los libros, permitiendo la masiva difusión de ideas humanistas.

La acción de los mecenas: Los mecenas eran personas que con su protección política o
con su contribución de materiales, facilitaron el desarrollo del Humanismo. Estas
personas reunían obras clásicas y llamaban a eruditos conocedores de la literatura
griega y romana, además por si eso fuera poco, los acogían en sus palacios. Entre los
mecenas más destacados sobresalen: la familia de los Médicis de Florencia Lorenzo de
Médicis, llamado el Magnífico y su hermano Juliano de Médicis, los pontífices romanos
Julio II y León X, Cristina de Suecia.

Las universidades y las escuelas: las universidades (como la de Alcalá de Henares,


Lovaina, etc.) y las escuelas del siglo XV contribuyeron en gran parte a la expansión del
Humanismo por toda Europa.

Características del humanismo

 Se trabajo con mucho entusiasmo para estudiar las obras de la


antigüedad, con la ayuda de príncipes y pontífices.

 Se desarrollo una mentalidad erudita, crítica y apasionada por las artes y


las ciencias. Descubrimientos geográficos y técnicos.

 Se creó el orgullo y el individualismo del hombre renacentista.

 Tuvo un carácter literario. 156


 Rechazaba la visión teocrática del Medioevo, defendía una concepción
antropocéntrica del Universo.

 Era la permanente búsqueda de un ideal de equilibrio y armonía.

 Se inclino hacia las escuelas neoplatónicas, filtradas por el cristianismo.

 Su finalidad era un nuevo examen del hombre y su mundo, tomando


como maestros y ejemplo los autores clásicos.

 El hombre y la naturaleza se convierten en los dos polos de la cultura y


de la vida renacentista.

Importancia del humanismo

Gracias a las nuevas tendencias surgieron importantes adelantos. Uno de los más
relevantes fue la invención de la imprenta por el alemán Johanes Gutemberg,
alrededor del año 1450. Después de arduos años de trabajo, logró crear letras
metálicas que podían ser colocadas una al lado de la otra para luego entintarlas y así
imprimir muchas copias de un texto. Este invento, que hoy en día nos parece tan
obvio, marcó una gran diferencia en su época. También, la imprenta permitió la rápida
divulgación de los escritos de Lutero y de las protestantes.

Renacimiento

Fue un periodo en el que se revalorizo la antigüedad clásica y se inicio un ciclo muy


activo en el que la crítica jugaba un papel importantísimo.

Es uno de los grandes momentos de la historia universal que marco el paso de mundo
medieval al mundo moderno. Es un fenómeno muy complejo que impregno todos los
ámbitos yendo por tanto, mas allá de lo puramente artístico como ha querido verse.

Según otros es un periodo que surge desde el descubrimiento de la imprenta, e incluso


se considera que no se produce hasta que Copérnico descubre el sistema
heliocéntrico.

Es ante todo un espíritu que transforma no solo las artes, sino también las ciencias, las
letras y formas de pensamiento.

En líneas generales se puede considerar el arte renacentista como una exaltación del
hombre y del mundo, los dos ejes guiaban el pensamiento humanista de la época.

Orígenes del renacimiento

El renacimiento tuvo su origen en Italia en los siglos XIV y XV, llegando a su apogeo al
iniciarse el siglo XVI. De Italia se extiende lentamente por Europa excepto Rusia. A lo
largo de los cincuenta años que van desde 1520 a 1570, discurre la madura plenitud
del Renacimiento y también se percibe su ocaso. Toda la Europa de Occidente toma
parte ahora en el movimiento de las artes y de las letras. La recepción de los gustos
italianos se generaliza, los grandes maestros surgen ya no solo en Italia, sino en todo el
157
ámbito de las monarquías occidentales.

Pero el desarrollo normal de la cultura renacentista se ve afectada por el hecho


simultáneo de las luchas religiosas derivadas de la revolución protestante. Así, en
Alemania, se corto el brote renacentista, al igual que en Francia con las guerras civiles
de la segunda mitad de quinientos. Además en los países adheridos a las confesiones
protestantes, el credo iconoclasta de los nuevos evangelios suprimió la ocasión de
ejercitar el mecenazgo eclesiástico y, al menos en la pintura y la escultura, suprimió la
temática abundante de los motivos iconográficos, con la rara salvedad de los temas
bíblicos.

Causas del renacimiento

Conservación en universidades y conventos medievales de valiosos manuscritos de


autores griegos y romanos. Uso del latín como lengua culta, que hacía posible la
lectura de las obras clásicas. La presencia en tierra Italiana de ruinas romanas que
tenían que despertar en los curiosos el deseo de conocer la civilización que había
levantado tales monumentos.

Características del renacimiento

El renacimiento estuvo en Italia, y suele dividirse en tres etapas con los términos
italianos trenceto (siglo XIV), Quattrocento (siglo XV) y Cinquecento (siglo XVI).

También sabemos que los artistas renacentistas concebían sus obras según los
modelos de la antigüedad clásica. Sin embargo, le agregaron una cierta idealización.
Belleza y armonía conjunta se convertían en un valor que debía representar las reglas
naturales: el principio del orden divino sobre las cosas. Con este concepto, no existía
peligro de entrar en conflicto con las ideas fundamentales del cristianismo.

Se estableció un modelo de belleza para las proporciones ideales del cuerpo humano y
se clasificaron los estilos clásicos en diferentes tipos. Estas adopciones sentaron las
bases de un arte más científico, caracterizado por la luminosidad y el equilibrio. El
estudio de las leyes de la óptica dio como resultado la perspectiva central, que desde
entonces y por más de 500 años ha dominado en pintura y escultura.
Durante el Renacimiento también cambió la condición del artista, que dejó de ser un
artesano insertado en un gremio. Los principales artistas fueron acogidos por las clases
altas y surgió el concepto de artista en el sentido moderno, libre y entregado
conscientemente a la expresión de sus actitudes personales y puntos de vista propios.

Conclusiones

 El humanismo y el renacimiento son movimientos culturales, que dan


inicio a una época de florecimiento cultural.

 El humanismo habla del conocimiento del hombre.

 El renacimiento es un movimiento de renovación cultural.


158
 El humanismo cultivo la inteligencia, el espíritu crítico y la investigación.

 En esta época se manifiesta el amor a la naturaleza a las ciencias y a la


vida terrenal.

 Estos movimientos dio libertad de pensamiento y exaltación de la


personalidad humana.

 Todo esto fue inspirado en la cultura clásica (Greco Romana).

 Su máxima expresión se manifestó en las artes plásticas así como en las


letras.

 Predomino el espíritu creador.

2. EL PROCESO DE CREACIÓN DE UNA TRADICIÓN CULTURAL NACIONAL

Para la creación de la tradición cultural nacional se siguió:

 Control de la información y la imprenta. Los Reyes Católicos


favorecieron la difusión de la imprenta en la Corona de Castilla, atrayendo a los
impresores, favoreciendo su establecimiento y concediéndoles privilegios. Los
orígenes de la imprenta en España están en manos de alemanes. Hasta 1477
son ellos los que ejercen el oficio de imprimir en exclusiva.

 Círculos cortesanos y humanistas castellanos. Esta encabezado por


Alonso de Palencia, secretario de los príncipes desde el momento de su
matrimonio. El primer testimonio de su colaboración con los impresores es “Lo
specchio della croce”.
 Imprenta y las lenguas vernáculas. La tipografía frenó el cambio
lingüístico, enriqueció y estandarizó las lenguas vulgares y abrió el camino para
la purificación y codificación de las lenguas. El arraigo patriótico comenzó
cuando las escuelas de gramática comenzaron a enseñar a leer recurriendo a
las lenguas vulgares y no al latín.

 Transformación del castellano en español. La imprenta actúa a favor del


castellano que en menos de un siglo se convierte en español. No se produce
unificación lingüística de la Península, ya que el portugués y el catalán
continúan siendo lenguas de comunicación en sus dominios respectivos.

 Control de la ley y del derecho. Se produce por primera vez la


recopilación de los textos legales entonces vigentes, que habían llegado a
formar una masa heterogénea y completa difícilmente manejable, herencia del
pasado, cuya situación desordenada constituía un importante factor de caos en
la administración de justicia. Se comienza a fijar a través de la imprenta las
diferentes disposiciones.

159
3. HUMANISMO Y ESTADO MODERNO EN EL SIGLO XV

El Estado moderno

1. En los siglos XV y XVI observamos el desarrollo del absolutismo político, cambio


histórico que se verá reflejado en la filosofía política de la época. Entre los
acontecimientos más significativos al respecto podemos considerar, en Inglaterra, la
aparición del absolutismo de los Tudor, iniciado con Enrique VII (1485-1509), al
establecer un poder monárquico centralizado al término de la guerra de las Dos Rosas.
En España, el matrimonio de Fernando e Isabel, (1469), reunió los reinos de Castilla y
Aragón bajo la misma corona, base del desarrollo del absolutismo español que culmina
con Carlos V (1516-1556). También en Francia podemos situar el origen del
absolutismo en 1453, al término de la guerra de los Cien Años. A diferencia de lo
ocurrido en España, en Inglaterra y Francia los comerciantes apoyaron la centralización
del poder, a expensas de la nobleza feudal. Ello no significa, por supuesto, que el
despotismo monárquico fuera la única teoría política del Renacimiento, sino que debe
interpretarse como la expresión de la necesidad de unidad ante las cambiantes
circunstancias económicas e históricas. En este sentido, la defensa del absolutismo
político es una consecuencia de la creencia de que sólo un poder centralizado, fuerte y
sin apenas limitaciones, es capaz de controlar las fuerzas que tienden a la "disolución"
de la sociedad.

2. A medida que el absolutismo político se impone se desarrolla la teorización sobre


algunos problemas derivados de la justificación del poder. Entre ellos podemos
destacar:

— La teoría del derecho divino de los Reyes y la limitación de su poder.


— Las nuevas reflexiones sobre la naturaleza y las bases de la sociedad política.
— El desarrollo de la conciencia nacional y su fundamento, justificación y límites.
— Las nuevas reflexiones sobre la ley natural y los derechos naturales. La ley natural
implicaría una limitación en el ejercicio del poder político y actuaría como fundamento
de los derechos naturales (propiedad privada, herencia, etc...) de los individuos.
— La reconsideración de la relación de la Iglesia con el Estado.
— El desarrollo de las teorías del contrato como fundamento de la sociedad civil.

La filosofía política

A) Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

1. Maquiavelo nace en Florencia en 1469, de familia noble, y recibe una educación


esmerada. Participa activamente en la vida política hasta los 44 años, dedicándose
entonces a la teoría política. Su obra más importante es "El Príncipe". Maquiavelo se
interesó fundamentalmente por presentar la mecánica del gobierno, prescindiendo de
las cuestiones morales, y formulando los medios por los cuales el poder político puede
ser establecido y mantenido. En la medida en que el fin del Estado es garantizar la
seguridad y el bienestar, el gobernante tiene derecho a valerse de medios inmorales
para la consolidación y conservación del poder. El pensamiento de Maquiavelo está 160
dominado por el realismo político: se ha de analizar el acto político puro, sin
connotaciones trascendentes o morales. Este acto sólo es válido si resulta eficaz.
Mediante este análisis pretende alcanzar las leyes inmutables y necesarias que rigen la
historia del hombre, puesto que ésta se repite inexorablemente, pudiendo deducirse
así lo que será la historia futura de la humanidad.

2. En este contexto, le resulta especialmente interesante el análisis de la personalidad


del político. El político ha de ser una persona hábil, capaz de manipular situaciones
valiéndose de cualquier medio; ha de poseer destreza, y una equilibrada combinación
de fuerza y tesón, además de intuición para sortear los obstáculos que se le presente y
una carencia total de escrúpulos. Ha de ser además capaz de actuar según los cambios
momentáneos, buscando apoyos o forzando traiciones según las circunstancias. En
consecuencia, el político no debe poseer virtud alguna, pero ha de estar en
condiciones de simular poseerlas todas, lo que supone actuar con absoluta indiferencia
ante el bien y el mal (amoral) con absoluto despotismo.

3. Respecto a las formas de gobierno, Maquiavelo considera la República como la


mejor forma de gobierno posible, lo que parece difícilmente conciliable con su
doctrina del despotismo político anteriormente expuesta. No obstante, el despotismo
estaría justificado sólo como paso previo a la ordenación del Estado sobre el que se
establecería la República. El despotismo político sería entonces un mal menor que
conllevaría la posibilidad de establecer un gobierno republicano, es decir, un gobierno
de la mayoría. El gobernante es bueno, es decir, justificable, por su eficacia, no por sus
connotaciones ético-religiosas. No se trata de describir estados ideales, sino de
gobernar estados reales. En definitiva, la "modernidad" de Maquiavelo parece radicar
en el énfasis que puso en el Estado como un cuerpo soberano que mantiene su vigor y
unidad mediante una política de fuerza, aunque no elaboró ninguna teoría sistemática
e ni se preocupó tampoco nunca de hacerlo.

B) Tomás Moro (1478-1535)

1. Bajo la influencia platónica (de la "República") escribió una novela filosófica que
describe un Estado Ideal en la Isla de Utopía, teniendo como fondo una idealización de
la vida moral de su época y, al mismo tiempo, una crítica de las condiciones sociales y
económicas. Aunque desconocía "El Príncipe" su obra iba dirigida contra el ideal del
gobierno despótico defendido por Maquiavelo. Igualmente se opone a la explotación
comercial y contiene ideas que reaparecen posteriormente en el socialismo.

2. En su novela nos presenta una sociedad agrícola, en contraste con una sociedad
adquisitiva, cuya unidad central es la familia. No existe propiedad privada ni el dinero
es el medio de intercambio. Los medios de vida están asegurados para todos, en vistas
a la creación de tiempo libre que se emplearía en objetivos culturales. La libertad y la
tolerancia religiosa, dentro del respeto de la religión natural, son las piedras angulares
de la vida en Utopía, en la creencia de que la vida política y la moral no podrían ser
disociadas.

3. La Utopía de Tomás Moro, aun conteniendo aspectos ilustrados y prácticos, es ante


161
todo una idealización de las sociedades cooperativas del pasado y, en algunos
aspectos, se opone al avance de las fuerzas y tendencias que darán paso a la
modernidad (como la expansión del comercio y la separación de poderes, entre otras).

4. LOS PROBLEMAS DE LA IGLESIA: CONTESTACIÓN Y HEREJÍA.

Con la creación de la Inquisición las protestas contra sus abusos no tardaron en llegar a
Roma. Sixto IV censuró en 1482 el rigor de las sentencias, las irregularidades
procesales y el expolio de los bienes confiscados, pero no se atrevió a destituir a los
inquisidores; de hecho, autorizó a los reyes para nombrar otros siete inquisidores para
el resto del territorio castellano: entre ellos aparece el nombre de Torquemada. El

papa insistía en garantizar las apelaciones de los procesados tanto al ordinario como a
la curia romana; probablemente intuía que el problema entre cristianos viejos y
nuevos se estaba deslizando hacia una cuestión de linaje o de sangre, sin mayor
relación con la cuestión esencial de las cualidades religiosas o morales de cada
individuo. Sixto IV no supo o no pudo mantener su postura inicial ya que necesitaba la
ayuda de los reyes para resolver los asuntos de la política italiana. Isabel y Fernando,
por su parte, se mantuvieron firmes en sus demandas. Hubo finalmente una solución
de compromiso en 1483, cuando el papa designó al arzobispo de Sevilla, Iñigo
Manrique, como juez de apelaciones en nombre de la Santa Sede; de este modo se
mantenía intacto el principio de apelación, aunque la persona escogida era un hombre
de confianza de los monarcas. Por último, el pontífice autorizó el nombramiento de
fray Tomás de Torquemada como inquisidor de Aragón.

Torquemada acabó siendo en 1484 inquisidor de las dos Coronas —Castilla y Aragón—
y hasta su muerte en 1498 levantó la primera estructura institucional del Santo Oficio.
Acumuló todo tipo de poderes y autorizaciones para llevar a cabo su misión; en este
terreno se advierte la eficacia de la diplomacia regia ante Roma. Inocencio VIII
concedió en 1486 que todos los inquisidores nombrados antes de aparecer el cargo de
Inquisidor general fuesen confirmados por fray Tomás. En 1487 el reino de Portugal
quedó obligado a entregarle todos los fugitivos pendientes de proceso. En ese mismo
año Roma le concedió la potestad de apelación reservada al papa. En 1488 los Reyes
Católicos obtuvieron permiso papal para nombrar al sustituto de Torquemada.

Durante aquellos años de máximo poder, Torquemada desarrolló una intensa labor
organizativa; llegó a elaborar un total de cinco instrucciones generales, nombró
inquisidores, creó nuevos tribunales y preparó los recursos para el sostenimiento de la
institución. La primera instrucción general data de 1484. Se redactó en Sevilla durante
una reunión a la que asistieron —además de los reyes y del propio Torquemada— los
inquisidores de los cuatro tribunales que ya venían funcionando en los dos últimos
años (Sevilla, Córdoba, Ciudad Real y Jaén). Desde ese momento se detecta un rasgo
importante que determinará el futuro de la institución: las decisiones se toman de
manera colegiada, con lo que se camina hacia la formación de un consejo
162
especializado. Este modus operandi encajaba con el sistema polisinodial creado por
Isabel y Fernando. Parece que el origen inmediato del Consejo de Inquisición se
remonta a la reunión de Valladolid de 1488, cuando se elaboró la tercera instrucción.

Las segundas instrucciones se elaboraron en 1485 y en ellas se diseñó el fundamento


económico del tribunal. Hasta ese momento la confiscación de bienes a los
condenados había puesto en manos del Santo Oficio un volumen muy considerable de
riquezas, pero después de los grandes procesos era preciso normalizar de alguna
manera la percepción estable de ingresos para mantener el complicado sistema

administrativo. La reserva de canonicatos y prebendas en las catedrales acabará siendo


el fundamento más sólido y duradero.

5. CULTURA

En el siglo XV se produce un profundo cambio, tanto en el aspecto socio-político como


literario, con respecto al siglo anterior, considerándose el siglo de transición entre la
Edad Media y el Renacimiento español. Así las diferentes luchas por el poder durante
el siglo XIV entre Pedro I y Enrique de Trastamara, debilitaron enormemente la
autoridad real y dieron alas a un nuevo poder emergente como era el nobiliario,
además de provocar otros daños colaterales como el abandono de la Reconquista o el
incremento de las luchas nobiliarias por tener una mayor posición de fuerza en los
reinados. En el siglo XV esta situación se agrava, pero comienza a surgir entre los
pensadores, los privados de los reyes y entre los mismos reyes una idea que poco a
poco se va fraguando: la existencia de un solo rey o una monarquía centralizada.

En todo este caos político tiene un sitio importante la literatura, ya que a estos nobles
algo anárquico, inquieto y turbulento, les gusta rodearse de escritores y artistas en la
corte o en sus reuniones privadas. La influencia literaria francesa se va abandonando
poco a poco y sustituyéndose por las nuevas corrientes culturales provenientes de
Italia y la cultura greco-latina. La literatura italiana provoca ese descubrimiento de las
culturas antiguas, y figuras como las de los escritores italianos de los siglos XIII y XIV -
Dante, Petrarca y Boccacio- pasan a ser ídolos para los escritores españoles del siglo
XV.

Este desfase de casi dos siglos con Italia en las referencias literarias, no impide un
cambio realmente profundo en nuestras formas literarias, dando a luz obras con una
elegancia, sutileza y preciosismo irreconocible en siglos anteriores, pero algo exentas
de sentimiento y mensaje; obras que nacen en un ambiente cortesano refinado,
impregnado de cierta pedantería y casi amanerado, que tacha la literatura antecesora
de la Edad Media de tosca y tradicional, y que se apunta a las nuevas corrientes
culturales hasta el punto de que el castellano comienza a ser invadido por multitud de
términos latinos e italianos.

En el siglo XV se pueden distinguir tres periodos literarios: la Corte de Juan II, donde
fundamentalmente se da todo el proceso antes expuesto y aparecen figuras como las 163
del Marqués de Santillana y Juan de Mena; el reinado de Enrique IV, con la figura de
Jorge Manrique y el desarrollo de la literatura satírica; y el reinado de los Reyes
Católicos, con la intensificación de las relaciones con Italia y la llegada de grandes
humanistas a nuestro país.
Todos estos cambios relatados, como ocurre siempre en la historia, no se produjeron
de un día para otro, sino paulatinamente, pero sí es cierto que en el siglo XV comenzó
a germinar la semilla que en los dos siglos posteriores darían como fruto la época
dorada de la literatura española.

6. BIBLIOGRAFIA

 AGUADÉ NIETO, S. Libro y cultura italianos en la Corona de Castilla durante


la Edad Media. Alcalá de Henares: Universidad, Servicio de Publicaciones,
1992.
 ÁLVAREZ LÓPEZ, F. Arte mágica y hechicería medieval. Tres tratados de
magia en la Corte de Juan II. Valladolid: Editorial Provincial, 2002.
 AURELL, J. y PUIGCEMAN, A. La cultura del mercader en la Barcelona del
siglo XV. Barcelona: Omega, 1998.
 AVALLE ARCE, J. B. Los herejes de Durango y la búsqueda de la edad del
Espíritu Santo en el siglo XV. Durango, Vizcaya: Durangoko Arte eta Historia
Museoa, Krimenaren Historia, 2007.
 CÁTEDRA, P. Sermón, sociedad y literatura en la Edad Media. San Vicente
Ferrer en Castilla (1411-1412). Valladolid: Consejería de Cultura y Turismo,
1994.
 FERNÁNDEZ CONDE, F. J (dir.). Historia de la Iglesia en España, II. Madrid:
Biblioteca de Autores Cristianos, 1982.
 KAMEN, H. La inquisición Española. Madrid: Alianza Editorial, 1973.
 VV. AA. Universidad, cultura y sociedad en la Edad Media. Madrid:
Universidad de Alcalá de Henares, Servicio de Publicaciones, 1994.

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