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Esta parábola nació a partir de la pregunta de un escriba, una pregunta muy

interesante,
25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa
heredaré la vida eterna? como puedo yo ganarme el cielo?
Seguramente muchos pastores su sueño es que más gente haga este tipo de
preguntas, lo cierto es que en la actualidad muy pocos se hacen este tipo de preguntas, la
gran mayoría de la gente hoy viven para esta vida, no piensan en la eternidad, viven,
trabajan, comen duermen y eso es todo. Pero este intérprete de la ley hizo esta pregunta
con una doble intención.
26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
El que preguntó era un escriba, un conocedor de las escrituras, estos escribas no
solo conocían lo que decía las escrituras sino hasta conocían la posición de las letras en los
manuscritos; Jesús está diciéndole, ya que tu conoces bien la ley, que dicen las escrituras?
Pero la verdadera intención de este escriba era probar a Cristo.
La respuesta del escriba fue la acertada.
27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y
con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás
Pero vos sabias la respuesta, tú tienes el conocimiento, lo único que te falta es
obedecer, ya tienes el conocimiento, solo te falta obrar a partir de ese conocimiento.
Lo que el Señor quería es que este escriba caiga en cuenta de que no le bastaba
solo con saber la escritura, sino que necesitaba la gracia de Dios para obedecerla, por más
que tengamos conocimiento de lo que Dios quiere necesitamos del Señor para que nos de
la fortaleza, sabiduría y gracia para obedecerla.
El Señor le muestra al escriba que le era imposible obedecer estos mandamientos
con sus propias fuerzas y recursos. Pero este escriba no daba su brazo a torcer
29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Para un judío el prójimo era otro judío, ellos se ayudaban entre sí. Por eso es que
inventaron o agregaron a este mandamiento “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo.,
Este escriba al sentir el aprieto en el que le ponía Jesús, quiso auto justificarse, queriendo
hacerse el ñembotavy,
Estas palabras del escriba es como si dijera, si yo sé que eso dice las escrituras,
pero como saber quién es mi prójimo, yo no lo sé; si supiera obedecería.
Es como si le dijera al Señor.. bueno bueno, si las escrituras fueran más especificas
yo sabría cuando a quien y como podría amar a mi prójimo… amar al prójimo es muy
abstracto, yo quiero algo más detallado.
Así eran estos escribas, pero tú y yo somos así a veces, nos gusta que nos den una
lista de lo que se puede y lo que no se puede hacer.
Dame un versículo bíblico que me diga cómo debo manejar la internet, o que
películas ver, o debo o no debo tomar cerveza, o fumar, o hacerme un tatuaje, o bailar,
etc, etc, pero lo que tenemos en la palabra de Dios muchas veces son principios, que no
son tan explícitos como quisiéramos. También tenemos muchas maneras para justificar
nuestra desobediencia y de esa manera nos auto justificamos.
Me gustó como el pastor Salvador Gomez dividió en esta parábola a la compasión;
en tres partes los ojos de la compasión, el corazón de la compasión y las manos de la
compasión.
OJOS DE LA COMPASION
30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de
ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
Se nombra 2 ciudades, Jericó y Jerusalén, Jericó se encontraba a 30 km al este de
Jerusalén, era un lugar donde muchos levitas y sacerdotes vivían, escritos de esos tiempos
describen ese camino como rocoso y desierto, los historiadores dicen que era conocido
como un camino lleno de ladrones algunos lo llamaban el camino de sangre.
Este hombre fue asaltado por varios ladrones, que lo atacan, apalean y lo dejan
medio muerto si era dejado solo iba a morir, el mismo no podía hacer ya nada por sí
mismo, el dependía completamente de lo que otro hiciera por él, sin duda necesitaba una
ayuda fuera de sí mimo, una ayuda externa, estaba en una condición miserable.
Ahora, puede ser que en muchas ocasiones nos encontremos frente a una persona
que tiene una gran necesidad pero nada externo nos indique eso, y si ella u otra persona
no dice nada de su necesidad nunca nos enteraremos.
En el caso de esta persona era algo muy obvio, el que veía, se daría cuenta que era
un hombre en gran necesidad, su necesidad era evidente.
La suerte, de este hombre fue que venía un hombre por casualidad por ese mismo
camino, se encontraron el problema y la solución.
Ahora no solo venia alguien, sino un sacerdote, un hombre de iglesia, quizá iba a
Jerusalén para realizar sus que aceres sacerdotales o venia de Jerusalén después de
realizar sus actividades sacerdotales, iba con la disposición de servir a Dios o venia de la
presencia de Dios en su santuario, que suerte del hombre herido.
31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
El texto enfatiza, el Señor enfatiza que este sacerdote lo vio, percibió con sus ojos
y su mente la condición miserable y lamentable del hombre, pero pasó de largo, vio y
pasó de largo.
32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
También un levita, un personaje que no estaba tan cerca del servicio a Dios como
un sacerdote, pero pertenecía a una tribu del pueblo de Dios de donde salían los
servidores en el templo, un pueblo escogido por Dios para su servicio.
Si había un pueblo que debía compadecerse de las necesidades de los demás eran
ellos porque Dios les proveía a ellos a través de las ofrendas del pueblo.
Pero este levita también pasó de largo.
Otra lección entre paréntesis: el oficio no hace a los hombres, el carácter debe ser
primero.
El hecho que una persona tenga el nombre o una aparente espiritualidad, no hace
que esa persona sea espiritual.
El levita y el sacerdote eran el símbolo y ejemplo de lo que era vivir entregado al
servicio a Dios, pero el saber lo que Dios quiere que hagamos no es suficiente combustible
para amar, para ser compasivo.
Ustedes creen que nosotros no podemos llegar a hacer lo mismo? Tenemos el
nombre de cristianos, creyentes, hijos de Dios, redimidos por la sangre de Jesús, pero al
ver la necesidad ajena igual nomas seguimos de largo, muchas veces decidimos ignorar las
miserias de alrededor, decidimos pasar por alto lo que vemos con nuestros ojos.
El sacerdote y el levita se hicieron los sordos al llamado que la misericordia les
hacía, estos no le hicieron nada malo, no le patearon, lo que hicieron es solo no ayudarle,
no hicieron nada; “para que el mal triunfe lo único que debe pasar es que los hombres
buenos no hagan nada.” Se desentendieron, el egoísmo les ganó.
Muchos hombres y mujeres prefieren hacerse los sordos y ciegos para no servir,
escogen cultivar un corazón pequeño y de esa manera evitarse problemas, (no me meto
con los problemas de la gente y menos problemas para mí) muchas personas parece que
apropósito se tapan los ojos ante las miserias de los demás.
Aun las que profesan ser cristianas; si nunca juego futbol, si nunca me meto a la
cancha probablemente nunca tenga un desgarro muscular o un esguince de tobillo, pero
tampoco sentiré la emoción de meter un gol.
No, yo no quiero ser protagonista, no, lo mío es vivir tranquilo, perfil bajo, prefiero
pasar desapercibido, sin problemas prácticamente.
El Señor nos llama a que nuestra meta no sea, bueno yo no le hago daño a nadie, el
levita y el sacerdote, no le hicieron nada al herido, no hicieron nada, ser indiferente al
sufrimiento de las personas no lo aprueba Dios, en otras palabras el no hacer nada no le
agrada a Dios, ser indiferente al sufrimiento ajeno nos pone en la misma categoría que
los que golpearon al herido.
Viviendo de esa manera nunca vas a marcar vidas, nunca vas a dejar huellas en los
corazones, el sacerdote y el levita, no tenían los ojos de la compasión.
Estos ojos si los tenía el samaritano.
33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, (quizá los que escuchaban a
Jesús ya se esperaban que fuera como los otros dos, viéndole.. pasó de largo pero…) fue movido a
misericordia;
Los ojos de la compasión de este samaritano estaban bien abiertos, para
reaccionar a lo que veía, este hombre vio con compasión, ¿tú tienes ojos de compasión?
¿Tienes ojos entrenados para ver la necesidad y reaccionar? ¿Estamos a la caza de ver
estas situaciones y hacer algo o estamos tan ensimismados en nuestros propios asuntos,
que solo vemos nuestros problemas y no vemos los de los demás?
Pero Marcos, mira mis cuentas, yo tengo mis propios problemas, yo debo
ocuparme de mis asuntos etc, etc,--- y muchas excusas, nos encerramos en nuestra
caparazón como la tortuga, así no sufriremos, porque no veremos el dolor ajeno, pero
tampoco serviremos.
Alguien dijo: Pasar el día sin hacer un bien, sin tocar corazones, sin hacer bien a las
personas, es desperdiciar el día. Vivir la vida de manera egoísta a la larga nos hará mucho
daño. ¿Estoy aprovechando las 24 horas que Dios me da, o las desperdicio en asuntos
egoístas?
Pero la compasión no solo tiene ojos, ahora veremos
EL CORAZON DE LA COMPASION:
33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;
Movido a misericordia, obró de acuerdo a la compasión, eso que sintió en su
interior lo movió a hacer algo.
Que pasaba entre judíos y samaritanos? Juan 4:9 judíos y samaritanos no se
tratan entre sí; había un problema de muchos años, había una enemistad entre los judíos
y los samaritanos, y el Señor usa de ejemplo a un samaritano, el escriba que hizo la
primera pregunta, seguramente se quedó impactado, el sacerdote y el levita judíos eran
los más indicados para manifestar el carácter de Dios pero el samaritano que era
considerado un hereje mostró un corazón más sensible y compasivo; debería darle
vergüenza al sacerdote, levita y al escriba, así como a nosotros también debería darnos
vergüenza como muchos que no tienen la gracia de Dios hacen cosas de manera sacrificial
muchas veces más que los mismos creyentes, claro las motivaciones no las sabemos en
verdad, pero eso es otro asunto.
Lo que vio el samaritano no lo dejó tranquilo, no podía seguir su camino como si
nada, tocó lo más sensible de su corazón, no le importó que el herido fuera un judío un
enemigo, este samaritano superó varios obstáculos para la compasión, y nosotros
superamos los obstáculos de la barrera racial, socioeconómica, educativa, cultural,
sabremos superar estos obstáculos?
Debemos entrenar nuestro corazón para que podamos identificarnos más con las
personas como seres humanos sin importar la etiqueta social que lleven.
Los creyentes somos llamados a identificarnos con el sufrimiento de los hombres,
porque tenemos el ejemplo de nuestro Señor que se hizo hombre y habitó entre
nosotros, nuestro verdadero gran buen samaritano, el samaritano de la parábola quedó
unido al herido, por lo tanto ya no podía desentenderse de ese hombre en necesidad, fue
movido a hacer misericordia. Lo que sus ojos vieron conmovió sus emociones.
¿Qué cosas ven nuestros ojos? En nuestra aldea, en nuestra colonia, en nuestra
querida ciudad de Itacurubi del rosario, en san Pedro, será que tanta necesidad hace eco
en nuestro corazón o tenemos un corazón muy duro. A veces porque tenemos
abundancia no empatisamos con el dolor ajeno otras por tener lo justo pensamos a
quien voy a poder ayudar si yo mismo necesito, no caigamos en estas trampas de
nuestro propio corazón.
En su libro parábolas de Jesús, Antonio Cruz dice lo siguiente: el mundo
posmoderno es en realidad una sociedad repleta de sacerdotes y levitas que han
aprendido muy bien la técnica de pasar de largo, el egoísmo individualista característico
de este tiempo no solo le hace el salto a cualquier necesitado de ayuda, sino que en
ocasiones se detiene frente a él para fotografiar sus miserias y obtener un beneficio de
ellas, hoy proliferan levitas paparazis, sin escrúpulos ante el dolor ajeno.
LAS MANOS DE LA COMPASION
34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo
llevó al mesón, y cuidó de él.
35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que
gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
Este samaritano no perdió el tiempo, actuó como le gustaría que se actuase con el
si fuera el herido, no empezó a argumentar y racionalizar, ni calcular sus recursos, “a ver si
uso tanto de aceite o vino ya no tendré para mi uso personal”, no, el no se puso a calcular
lo que tenía que gastar en este hombre, el samaritano pagó por el cuidado y ofreció
pagar los gastos extra.
Es llamativo que le dijo al mesonero, mira, yo voy pero vuelvo, probablemente
sabia que los gastos serían más que dos denarios, quizá su idea fue “bueno me voy a la
ciudad hare algunos negocios y vendré con más dinero con el que podre pagar lo que
falte”, estaba dispuesto a dar de sus propias ganancias, que generosidad.
Superó el obstáculo de ver la necesidad de otro como una incomodidad para sus
planes, tuvo que atrasar sus planes, superó el obstáculo del costo, actuó con generosidad,
tomo el riesgo de quedarse sin cosas necesarias para su viaje. Superó obstáculos, puso
manos a la obra.
Bueno la realidad sea dicha; vivimos en una época donde los avivados y
engañadores abundan, en ese sentido no debemos ser irresponsables con los recursos
que Dios nos da, pero creo que es mejor equivocarnos por la ley del amor y dejar el resto
en manos de Dios. En lo que podamos sí seamos sabios, prudentes al dar de los recursos
que el Señor nos presta, pero que el Señor nos ayude a que la maldad que hay en el
mundo no enfríe nuestro amor.
¿Quien es mi prójimo?
36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
El prójimo no es el que cayó en manos de ladrones, sino el que ayudó, el prójimo
no es el otro sufriente, el prójimo es el que ayuda, no debemos buscar en otro al prójimo
sino que somos nosotros mismos cuando hacemos algo por misericordia.
La pregunta no es quien es mi próximo, quien está próximo, quien es cercano a mí,
la pregunta debe ser a quien yo me voy a aproximar a quien me voy a acercar, el señor
nos llama a tener un rol activo en acercarnos y aliviar al necesitado, en vez de esperar
que sea obvio que alguien cerca a nosotros esté en necesidad.
En vez de preguntarte quien es mi prójimo pregúntate ¿a quién me debo acercar y
extenderle mi mano?
¿Cuál de los tres es el prójimo? Preguntó Jesús...
37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
Muchos comentaristas dicen que probablemente este escriba judío, por la rivalidad
que existía entre estos pueblos, ni quiso mencionar la palabra samaritano por eso solo lo
describe pero no dice el samaritano, el que usó de misericordia
Sí. Era ese, literalmente quiere decir, el que hizo misericordia, la compasión se
siente pero no se queda ahí, se hace, la verdadera compasión se lleva a cabo, pone manos
a la obra.
1 Juan 3:18 Queridos hijos, que nuestro amor no quede solo en palabras; mostremos la
verdad por medio de nuestras acciones.
No amemos de palabras nomas, no solo digamos cosas bonitas, actuemos,
hagamos. La diferencia entre el sacerdote, el levita y el samaritano, está en que los dos
primeros necesitaban un mandamiento especifico, también el escriba quería algo así, el
samaritano en cambio fue y aplicó el mandamiento, ayudar a ese hombre en el momento
de necesidad.
¿Saben que pasa? El pecado del egoísmo es muy sutil, se puede ser egoísta sin
nosotros saber muy bien si lo somos o no.
Podemos ser egoístas sin saberlo, sin darnos cuenta, porque con respecto a la
misericordia, la ley de Dios no es muy específica, el mandamiento solo dice ama al
prójimo, en términos generales, nosotros debemos traducirlo a la vida diaria.
¿Cómo está tu nivel de egoísmo? ¿Estás dominando tu egoísmo para poder servir
a otros? O andas preguntándote continuamente ¿quién será mi prójimo? Como excusa
para evadir la responsabilidad de actuar ante las oportunidades de servir al necesitado
que Dios pone en tu camino?
Tenemos que decidirnos a combatir aquellas cosas que endurecen nuestro
corazón, temor, egocentrismo, comodidad excesiva, etc
Compasión es tener un corazón dispuesto a perdonar, compasión es servir a quien
sabes no va a poder devolverte el favor nunca, compasión es lo que podemos mostrar a
los ancianos, a los enfermos, haciéndoles una visita, a los hambrientos, a los que sufren.
Es compasión lo que mostramos a los perdidos, hermano cuando fue la última vez que
hablaste de la obra de Cristo a un extraño, a un vecino, a tu empleado, a tu patrón, a esa
persona que sabes que aun no ha nacido de nuevo como tú.
Es compasión lo que necesitan los pecadores que no saben el daño eterno que se
hacen a sí mismos, que son esclavos del pecado, a los drogadictos a los homosexuales, a
los borrachos a la gente marginada por la sociedad.
Tendríamos en las iglesias espacio para estas personas, para recibirlas con
compasión? O hay un una norma social y conductual, que deben llenar primero para
después a ver si podrían entrar a este lugar tan sagrado o puede un pecador sentarse acá
y decir aquí predican un evangelio para grandes pecadores.
Hermanos si un pecador no puede venir a sentarse en este lugar, entre nosotros y
sentir que lo recibimos de todo corazón... Cerremos nuestras puertas porque la gracia de
Jesús es amplia en perdonar a grandes pecadores, de lo cual tu y yo somos testigos…
Podemos enorgullecernos de nuestra doctrina, pero si no hay amor de nada sirve, dijo el
Señor a través de Pablo
Que Dios tenga misericordia de nosotros.
Necesitamos suplicar a Dios que ensanche nuestro corazón, que nos muestre los
pecados ocultos de nuestro corazón, que nos enseñe de verdad, para que estamos en este
mundo, para que Dios nos ha colocado en Friesland, que quiere Dios con este pequeño
grupo de habla hispana en Friesland?
Muchas veces oímos un lamento en boca de los cristianos que pude ser cierto, yo no
amo al Señor como él se merece, pero creo que nunca oímos decir en forma de lamento yo
no estoy amando a mi prójimo como a mí mismo.
Necesitamos lamentarnos, arrepentirnos por ambas cosas, es verdad, debemos
lamentarnos por no amar a Dios que es digno de serlo, pero también debemos
lamentarnos de no amar a nuestro prójimo.
Pero no quedemos en el lamento, si no que recordemos a nuestro buen samaritano,
nuestra esperanza no es que tanto yo pueda llegar a amar a mi prójimo, sino que movido,
motivado por el amor de mi buen samaritano hacia mi, ahora yo vaya al rescate de los
otros.