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Los hititas fueron los primeros asentamientos conocidos del mundo

antiguo aparecieron en Oriente Próximo durante el Neolítico (finales de la Edad de


Piedra). La ciudad neolítica de Çatal Höyük, en Anatolia, fue el primer
asentamiento importante del mundo. Tras ella vendrían otros asentamientos,
convertidos posteriormente en ciudades, en la zona de Mesopotamía, la fértil franja
de tierra que se extiende entre los ríos Tigris y Éufrates, en la región que hoy día se
conoce como Iraq. La gente que vivió en esas ciudades fueron inteligentes e
inventivas y a ellas les debemos algunos de los más importantes descubrimientos
de la humanidad: como el arado tirado por bueyes, la rueda y la escritura.
En su momento de máximo esplendor, el Imperio Hitita rivalizaba con los imperios
egipcio y babilónico, siendo una poderosa fuerza en Oriente Próximo durante cerca
de 500 años, entre los años 1700 y 1190 a.C. aproximadamente. A pesar de ello,
casi todo lo que sabemos de su civilización estuvo perdido durante miles de años,
hasta que recientes descubrimientos arqueológicos pudieron devolver a los hititas
su lugar en la historia.
La capital de los hititas, Hattusas, se encuentra en el oeste, cerca de la
moderna ciudad de Ankara, en la Turquía central. Sin embargo, los hititas no
procedían originalmente de esta región. Se trata de una raza indoeuropea
procedente de las yermas estepas de Asia central. En algún momento anterior a
2000 a.C., se encaminaron hacia el sur hasta asentarse finalmente en una zona de
Anatolia llamada Hatti. El nombre hititaprocede de la región que conquistaron.
El antecesor de los grandes reyes hititas fue un príncipe llamado Anittas,
que creó un pequeño reino en Anatolia central sobre 1850 a.C. Anittas conquistó la
ciudad de Kanesh y luego el asentamiento montañoso de Hattusas, que dominaba
la región septentrional. Destruyó Hattusas completamente y luego la declaró
terreno maldito. No obstante, la ciudad era una fortaleza natural en una posición
clave, lo que la hacía demasiado valiosa para abandonarla durante demasiado
tiempo. Unas pocas generaciones después, un rey hitita llamado Labarnas reocupó
el lugar y reconstruyó la ciudad, haciendo de ella su capital. Labarnas incluso
cambió su nombre por el de Hatussilis, que significa hombre de Hattusas, en honor
del lugar.

Inicio del Imperio Hitita


Hattusilis fue el verdadero fundador del Imperio hitita. Durante el siglo XVIII
a.C., conquistó las ventosas mesetas de Anatolia al sur de su nueva capital y luego
guió a su ejército a lo largo de la barrera rocosa de las montañas del Taurus, hasta
la costa meridional de Turquía. Seguidamente, sus fuerzas marcharon hacia el este
para apoderarse de las ciudades del norte de Siria, gobernadas por los reyes de
Alepo, una de las más poderosas ciudades sirias.
Su nieto, Mursilis I, coronó los logros de su abuelo conquistando la propia Aleppo.
En 1595 a.C., Mursilis siguió hacia el este a lo largo del Éufrates, penetró en
Mesopotamia y saqueó la gran ciudad de Babilonia.
No obstante, esta orgullosa victoria les costaría cara a los hititas. Mientras
regresaban por la misma ruta, las exhaustas tropas hititas fueron atacadas y
rodeadas por los hurritas, una feroz raza guerrera de la región del Éufrates
superior. Al mismo tiempo, la larga ausencia de Mursilis había debilitado su control
sobre el reino, siendo asesinado a su regreso por su propio cuñado. Los reyes hititas
posteriores no consiguieron controlar las tierras conquistadas por Mursilis y también
ellos cayeron en manos de los hurritas.
Entonces, en 1375 a.C., un joven y enérgico rey llamado Suppiluliumas dio
comienzo a un nuevo y glorioso capítulo de la historia hitita. Suppiluliumas poseía
muchas habilidades. Era un valiente guerrero, además de un inteligente
diplomático. Aunque el joven rey había heredado un imperio debilitado por los
poderosos enemigos que lo rodeaban, en un espacio de tiempo relativamente corto,
él y sus sucesores edificaron un imperio que fue lo bastante poderoso como para
rivalizar con cualquiera otro del Oriente Medio antiguo.
Suppiluliumas comenzó sus conquistas recuperando los antiguos territorios hititas al
sur de Anatolia. Sus ejércitos se dirigieron al sur para dominar las ciudades-estado
sirias, llegando nada menos que a Damasco. Finalmente, giró hacia el este para
arreglar cuentas con los urritas.
Supiluliuma derrotó a los urritas en una batalla que tuvo lugar en Carquemish,
colocando sobre el trono urrita a un príncipe menor que le había jurado lealtad.
Seguidamente fortaleció la alianza casando a su hija con el príncipe.
Mapa del reino Hitita

La sociedad hitita
En el Imperio hitita, la mayor parte de la gente trabajaba en el campo. En lo alto de
la meseta anatolia, con su duro clima, el cultivo principal era el trigo y la cebada,
pero también se cultivaban cebollas, guisantes, aceitunas, uvas y manzanas. Reses,
cerdos, ovejas y cabras se criaban para conseguir lana, carne y productos lácteos.
El alimento principal era el pan, junto a los pasteles, la carne y los estofados de
verdura.
Además de los granjeros, había trabajadores con oficios especiales, como los
carpinteros y albañiles, así como artesanos metalúrgicos y alfareros, que fabricaban
jarras de cuello estrecho y copas anchas y bajas, o vasos con forma de pájaros y
otros animales.

Habilidades artesanas de los hititas


Los hititas eran conocidos por su trabajo del metal. De las gentes de Anatolia
aprendieron a trabajar el bronce y el arte de la fundición, la técnica que les permitía
obtener hierro de la mena de este metal calentándolo a altas temperaturas. Los
hititas guardaron celosamente este precioso secreto, pues era la base de su
comercio. La mena de hierro era extraída de minas locales, donde in situ se le daba
una basta forma de lingote. Los lingotes eran luego transportados a las ciudades
para ser refinados y transformados en fuertes y duraderas herramientas y armas.
No obstante, el hierro era escaso y la mayoría de las armas y armaduras hititas
eran de bronce. Sólo al poco de la caída del Imperio hitita comenzó la verdadera
Edad del Hierro.
Los hititas eran también hábiles canteros y escultores. De hecho, sus gigantes
esculturas de dioses, hombres y animales son los restos más impresionantes que
nos han quedado de su civilización. La mayor parte de las esculturas hititas eran
relieves -grabados en superficies planas de piedra- destinados a ser vistos sólo de
frente. No obstante, algunas pequeñas figuras de bronce, e incluso grandes
estatuas de piedra, fueron esculpidas en bulto redondo.
La lana se hilaba y los vestidos se hacían en casa. Para diario, los hombres llevaban
una túnica hasta la rodilla, de manga larga, sujeta en los hombros con alfileres de
bronce. Para el exterior, las mujeres se ponían sobre los hombros capas largas para
cubrir los ligeros vestidos que llevaban dentro de las casas. Tanto hombres como
las mujeres llevaban joyas.
Durante las fiestas, los hombres hititas llevaban túnicas a media pierna llamadas
«camisas urritas», adornadas con bordados o decoración de bronce. En ocasiones
de Estado parece que los reyes pueden haber llevado los altos y cónicos sombreros
reservados generalmente para los dioses hititas.

Lenguaje y escritura
Los hititas hablaban una lengua indoeuropea, que forma parte de un grupo de
lenguas relacionadas con el sánscrito, que es la antigua lengua de la India. Las
lenguas clásicas como el griego y el latín se desarrollaron a partir de este grupo y,
seguidamente, dieron lugar al español, inglés, francés y otras lenguas europeas.
Algunas antiguas palabras hititas son muy semejantes a su equivalente inglés; por
ejemplo, la palabra hitita para agua era «watar» y la inglesa es «water»-, asimismo,
la palabra para hija era «dohter», mientras que en inglés se dice «daughter».
De otras civilizaciones de la época, como la urrita y la babilonia, los hititas
aprendieron el arte de escribir, tanto en jeroglífico (escritura de símbolos) como
en cuneiforme (escritura con signos en forma de cuña). En el siglo XX se
encontraron en los yacimientos hititas miles de tablillas jeroglíficas y cuneiformes,
que han permitido a los historiadores reunir parte de la perdida historia del Imperio
hitita.

El ejército hitita
El ejército hitita tenía reputación de ser una formidable fuerza de combate. Durante
las campañas principales podía contar hasta con 30.000 soldados, y el propio rey
dirigía a sus tropas en el combate. Los nobles y oficiales dirigían unidades menores,
de entre 10.000 y 1.000 soldados.
Las divisiones de carros se encontraban entre las más efectivas unidades de
combate del Oriente Medio antiguo. En otros ejércitos, como el egipcio, los carros
llevaban dos hombres: un conductor y un guerrero armado con un arco y jabalinas
para el combate a media distancia. Los carros hititas llevaban tres hombres: un
conductor, un portador de escudo y un soldado armado con una lanza para el
combate a corta distancia. Cargado con sus tres ocupantes, el carro hitita era
menos maniobrable, pero la mano de obra extra lo volvía más mortífero en el
núcleo de la batalla. El ejército también tenía divisiones de infantería, armadas con
arcos, hachas, lanzas o espadas de tajo en forma de hoz. Los cascos y escudos
ayudaban a proteger a los hombres de los golpes del enemigo.