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Bizancio Períodos arcaico, clásico y helenístico II

Tras la llegada de naves espartanas, Bizancio se sublevó contra la Liga de Delos en el 411 a. C.,
y se alió con los espartanos.14 Los atenienses, bajo el mando de Alcibíades la asediaron en 408
a. C. (Sitio de Bizancio (408 a. C.)), y finalmente la tomaron aprovechando la ausencia del
comandante espartano Clearco, momento en el que Cidón, un bizantino que no quería ver a
los suyos morir de hambre, abrió las puertas a los asediantes.15 Así Bizancio retornó a su
estatus de ciudad tributaria-aliada de Atenas.

Los atenienses fueron expulsados en el 405 a. C., después de la batalla de Egospótamos y la


toma de Atenas, que pusieron fin a la guerra de Peloponeso. Fue forzada por el espartano
Lisandro a expulsar a la guarnición ateniense, y de recibir, como todas las ciudades de Grecia,
un comandante lacedemonio o harmosta, e investido a la vez de la autoridad civil y militar.
Lisandro, pues, estableció una guarnición dirigida por el harmosta Estenelao.16

Cleandro era el harmosta de Bizancio cuando los Diez Mil que eran voluntarios al servicio de
Ciro el Joven contra su hermano Artajerjes II, habiendo atravesado, tras mil peligros, una parte
de Asia bajo el mando de Jenofonte, llegaron a las costas de Bitinia, frente a Bizancio.
Quirísofo, comandante en jefe de los Diez mil, fue a Bizancio para conseguir barcos.17

Anaxibio, navarca de la flota lacedemonia, a petición de Artajerjes, había invitado a los


expedicionarios a cruzar el estrecho del Bósforo, prometiéndoles la soldada que se les debía,
así como víveres cuando estuvieran en Bizancio; pero cuando estaban cerca, hizo cerrar las
puertas de la ciudad. Irritados por esta perfidia, los griegos rompieron las puertas y entraron
en Bizancio. Sólo Jenofonte la salvó del pillaje y resistió a aquellos que lo presionaban para
tomar posesión de Bizancio y de sus riquezas.18

En el 390 a. C. volvió a manos atenienses: Trasíbulo cambió el gobierno de la ciudad de una


oligarquía a una democracia.19

En el 363 a. C. fue visitada por una flota tebana dirigida por Epaminondas, que consiguió así
entablar amistad con Bizancio y otras ciudades que hasta entonces eran aliadas de Atenas.20

Durante la Guerra Social, Bizancio, Rodas y Quíos se unieron a la isla de Cos y a Mausolo, rey
de Caria, en su enfrentamiento contra Atenas. El general ateniense Cares, que se había hecho
con el control total de la flota ateniense, se retiró al Helesponto para iniciar las operaciones
contra Bizancio. Los generales Timoteo, Hipócrates y el hijo de este, Menesteo fueron
enviados a ayudarle durante la batalla naval que se preveía contra la flota del enemigo.
Timoteo e Hipócrates no entablaron batalla debido a un vendaval, pero Cares sí y perdió casi
toda la flota (357 a. C.). Atenas, a raíz de esto, se vio obligada a reconocer su independencia en
el 355 a. C.21

En el 340 a. C., Filipo, rey de Macedonia, que pretendía la hegemonía sobre todas las polis
griegas la asedió.22 El estratego ateniense, Demóstenes envió socorro a los asediados. La flota
ateniense y de sus aliados, dirigida nuevamente por Cares, se encontró con el navarca Amintas
y los macedonios y fue derrotada. Cares fue sustituido por el general ateniense Foción, y Filipo,
después de una largo asedio, fue obligado por Foción a batirse en retirada el año siguiente.
Durante este asedio se forjó la leyenda de la intercesión de Hécate Fósforos, que agitó las
antorchas en medio de la noche, y descubrió a las tropas de Filipo. Despertados por los
ladridos de los perros de la ciudad, que reaccionaron ante el prodigio, los soldados de Bizancio
se defendieron entonces victoriosamente contra el ataque macedonio.

En recuerdo de esto, se levantó un monumento; el símbolo de la ciudad desde aquella época


fue la media luna, que aparecía en sus monedas y que en el siglo XV fue adoptado como
emblema por los otomanos, y que probablemente fue en recuerdo de dicho acontecimiento.
Para pagar la ayuda de Atenas, los habitantes de Bizancio y de Perinto, concedieron a los
atenienses el privilegio de precedencia en los juegos y en las ceremonias (excluidas las
religiosas) y se erigieron estatuas.

Entre el 336 a. C. y 323 a. C. estuvo en manos de los macedonios, durante el reinado de


Alejandro Magno. Después de este, la ciudad recuperó cierta independencia.

En los años siguientes, los bizantinos combatieron a los tracios, a los que no pudieron dominar
ni por las armas ni pagando tributo.

En 279 a. C., una invasión celta de los Balcanes, que había penetrado hasta Tracia bajo el
mando de Comontorio, se estableció en los alrededores de Bizancio y sometió a sus habitantes
a medidas extremas. Para rescatar sus tierras de los estragos a los que les amenazaban los
bárbaros, impusieron un tributo a Bizancio anual en monedas de oro (3000 al principio,
después 5000, y 10 000), que se fue incrementando y finalmente se fijó en 80 talentos, hasta
que los gálatas fueron exterminados por los tracios.

Para pagar dicha cantidad, Bizancio hubo de imponer un derecho de paso por el Bósforo, lo
que provocó la guerra con Rodas (consignada por Polibio), guerra en la que Bizancio fue aliada
de Pérgamo, mientras que Bitinia lo fue de Rodas; los bizantinos apoyaron a Tibetes, un tío de
Prusias I de Bitinia, que reclamó el trono; pero Prusias se apoderó de las posesiones de
Bizancio en la costa asiática, mientras que los tracios continuaron presionando en la parte
europea; la paz se firmó en el 219 a. C. con la mediación del rey gálata Cávaro, y fue
desfavorable para Bizancio.23