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Resumen

Ética sin moral


Adela Cortina

La ética es entendida por Cortina (1992) como “aquella dimensión de la filosofía que
reflexiona sobre la moralidad; es decir en aquella forma de reflexión y lenguaje a cerca
de la reflexión y lenguaje moral” (p.29). Teniendo en cuenta la definición que nos
ofrece anteriormente, es errado concebir la ética como un conjunto de normas y
estándares elaborados a nivel social, cuando esta se ve dada en un punto reflexivo del
discurso a diferencia de la moral, que se experimenta activamente en la cotidianidad.

Hablando de la ética como una dimensión filosófica, es crucial recordar que la filosofía
tiene como tarea eliminar el dogmatismo desde la crítica y la argumentación. “Por
“dogma” entenderemos, en principio, cualquier aserción o prescripción que se inmuniza
frente a la crítica racional, haciendo depender su valor de verdad (…) o su validez de
determinados criterios como la autoridad, la evidencia (…)” (Cortina 1992 p.34). Es de
esta forma que la ética comienza a tener sentido en la realidad social que se vive, al
percibirla de forma filosófica debe encargarse de eliminar los dogmas actuales que nos
sujetan a un modelo de recibir de forma constante y pasiva la información que otros nos
dan asumiéndola como verídica o correcta. Nada de lo que nos es dicho o impuesto
puede aceptarse de forma inmediata, pues esto no indica una verdadera racionalidad que
no solo recibe lo que es dicho por otros sino que logra construir su propio concepto de
ello.
Siendo la racionalidad la base de una modernidad crítica se habla en “Ética sin moral”
de dos tipos de construcciones sociales posibles, las utopías racionales y las utopías
dogmáticas. La primera se encuentra formada por racionalistas críticos de la actualidad
que reconocen que todo aquello que se proponga a niveles políticos, económicos,
culturales o sociales serán constantemente revisados y criticados por otros y no tiene
problema alguno con esa ética filosófica, a diferente de la segunda que se encuentra
enclaustrada a una idea de sociedad ideal que no puede mutar y que no permite el
cuestionamiento de la misma, no acepta cambios y tampoco sugerencias. La
racionalidad crítica posee ventajas y desventajas en su aplicación a la sociedad, pues
aunque tiene como objetivo la transformación de la realidad mediante argumentos,
críticas y reflexiones también podría ser expuesta “únicamente” por los expertos en
estas áreas que podría conducirnos a un modelo social de autoridad, donde no podrían
ser cuestionados por otros y se repetiría el ciclo de una utopía dogmática.

La ética de la modernidad crítica como lo dice su autora Cortina (1992) “pretenda


eliminar el egoísmo o el cansancio, hechos dogma en virtud de la teoría, deba
encomendar sus esfuerzos a dos tipos de tareas que corresponden a lo que Apel ha
llamado las partes A y B de la ética” (p.40).

La parte A habla del nivel de fundamentación que influye en aspectos más allá de la
moral, para llevar a cabo esta tarea no es necesario que la ética pierda su valor filosófico
en el afán de juntarse con la moralidad y acercarse a la vida cotidiana, la filosofía
moral(que es crítica y argumentativa) no puede terminar confundiéndose con la moral
vivida (basada en percepciones cerradas) o el valor filosófico dejará de existir, por ello a
pesar de necesariamente tener que recurrir a expertos para crear un estatus teórico-
filosófico como lo menciona Cortina donde se obtendrá una capacidad crítica y
argumentativa.
La parte B tiene por objeto vencer la impotencia del mero deber, intentando involucrar
la ética como una constante en la vida y el desarrollo cotidiano. La ética no puede
quedarse única y exclusivamente en la fundamentación y reflexión sino en su ejecución
diaria, entendida y aplicada por todos en todo momento formando a un ser capaz de
enfrentarse a los problemas desde principios racionales que no se vean sesgados por
pensamientos unilaterales, son diversos los campos en los cuales la ética es requerida
como una herramienta del hacer y no únicamente como un aspecto del saber, rompiendo
así con la perspectiva de una ética como norma y no una ética desde el pensamiento y la
construcción activa del ser.

Bibliografía
 Cortina, A. (1992). Ética sin moral. España, Madrid: Tecnos.