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¿Desgracia o bendición?

En un pequeño pueblo vivía un anciano con su hijo de 17 años. Un día, el único caballo blanco con
que trabajaba saltó la reja y se fue con varios caballos salvajes. La gente del pueblo murmuraba:
¡Qué desgracia la suya, Don Cipriano!, y él, tranquilo, contestaba: "Quizás una desgracia o quizás
una bendición".

Días después, el caballo blanco volvió junto a un hermoso caballo salvaje, y la gente saludaba al
anciano diciéndole: ¡Qué bendición!, a lo que Don Cipriano replicaba: "Quizás una desgracia o
quizás una bendición".

A los pocos días, el hijo adolescente, mientras montaba el caballo salvaje para domarlo, fue
derribado y se fracturó una pierna, a raíz de lo cual empezó a cojear, y la gente le decía al anciano;
¡Qué desgracia la suya, buen hombre!, a lo que él replicaba: "Quizás una desgracia o quizás una
bendición".

Días después se inició una guerra y todos los jóvenes del pueblo fueron llevados al frente de
batalla, pero a su hijo no lo llevaron por su cojera, y toda la gente del pueblo saludaba al anciano y
le comentaba: ¡Qué bendición la suya, Don Cipriano!. Y él, con su fe inquebrantable, contestó una
vez más diciendo: "Sólo Dios lo sabe, quizás sea una bendición o quizás una desgracia".

Efectivamente, sólo Dios sabe, y Él nunca se equivoca.

Lo principal

Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una
caverna escuchó una voz misteriosa que salía de adentro y le decía: "Entra y toma todo lo que
desees, pero no te olvides de lo principal, después de que salgas la puerta se cerrará para siempre,
por lo tanto aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal...". La mujer entró en la
caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro, por las joyas, puso al bebé en el piso y
empezó a juntar ansiosamente todo lo que podía, en su delantal. La voz misteriosa habló
nuevamente: "Tienes sólo cuatro minutos..." Agotados los cuatro minutos, la mujer cargada de oro
y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró, recordó entonces que su
bebé quedó adentro y la puerta estaba cerrada para siempre... La riqueza duró poco y la
desesperación toda la vida.

Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos 80 años para vivir en este mundo, y una
voz siempre nos advierte "no te olvides de lo principal"... Y lo principal son los valores espirituales,
la oración, la familia, los amigos, la vida. Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos
fascinan tanto que lo principal siempre lo dejamos de lado... Así agotamos nuestro tiempo aquí y
dejamos a un lado lo esencial: "Los tesoros del alma”. El tiempo pasa; ¡la eternidad se acerca!

LA ACTITUD ANTE LA VIDA

Lucas era el tipo de persona que te encantaría ser. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía
algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba cómo le iba, el respondía:

- "No puedo estar mejor".


Era un gerente único, un motivador natural: Si un empleado tenía un mal día, Lucas estaba ahí
para decirle al empleado cómo ver el lado positivo de la situación.

Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Lucas y le pregunté:

No lo entiendo... ¡no es posible ser una persona positiva todo el tiempo! ¿Cómo lo haces?.. Lucas
respondió:

"Cada mañana me despierto y me digo a mi mismo: Lucas, tienes dos opciones hoy: Puedes
escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor".

"Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo
aprender de ello".

"Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado
positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida".

- Sí, claro, pero no es tan fácil, protesté.

- "Sí lo es", dijo Lucas. "Todo en la vida se trata de elegir. Cuando quitas todo lo demás, cada
situación es una elección".

"Tú eliges cómo reaccionas ante cada situación, tú eliges cómo la gente afectará a tu estado de
ánimo, tú eliges estar de buen humor o mal humor". "En resumen, TÚ ELIGES COMO VIVIR LA
VIDA".

Reflexioné sobre lo que Lucas me dijo...

Poco tiempo después, dejé el mundo de los restaurantes para iniciar mi propio negocio. Perdimos
contacto, pero con frecuencia pensaba en Lucas, cuando tenía que hacer una elección en la vida
en vez de reaccionar contra ella.

Varios años más tarde, me enteré que Lucas hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de
restaurante: dejó la puerta de atrás abierta y una mañana fue asaltado por tres ladrones armados.
Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbaló de la
combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Lucas fue
encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una Clínica.

Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Lucas fue dado de alta, aún con
fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con Lucas seis meses después del incidente y
cuando le pregunté cómo estaba, me respondió:

- "No puedo estar mejor".

Le pregunté qué pasó por su mente en el momento del asalto. Contestó:

- Lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás.

Cuando estaba tirado en el piso, recordé que tenía dos opciones: Podía elegir vivir o podía

elegir morir. Elegí vivir".

- ¿No sentiste miedo?, le pregunté. Lucas continuó:


- "Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me
llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de los médicos y enfermeras, realmente me
asusté. Podía leer en sus ojos: Es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar una decisión.

- ¿Qué hiciste?, pregunte.

- "Bueno, uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y respirando profundo le dije: Sí, a
las balas - Mientras reían, les dije: estoy escogiendo vivir, opérenme como si estuviera vivo, no
muerto".

Lucas vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud. Aprendió
que cada día tenemos la elección de vivir plenamente. La ACTITUD, al final, lo es todo.

Esconder la felicidad

En el principio de los tiempos, se reunieron varios demonios para hacer una maldad. Uno de ellos
dijo: "Debemos quitarles algo a los hombres, pero, ¿qué les quitamos?".

Después de mucho pensar uno dijo: "¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a
ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar". Propuso el primero: "Vamos a esconderla
en la cima del monte más alto del mundo", a lo que inmediatamente repuso otro: "No, recuerda
que tienen fuerza. Alguna vez, alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos
sabrán dónde está".

Luego propuso otro: "Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar", y otro contestó: "No,
recuerda que tienen curiosidad. Alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y
entonces la encontrará".

Uno más dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra". Y le dijeron: "No, recuerda que
tienen inteligencia y un día, alguien construirá una nave en la que pueda viajar a otros planetas y
la descubrirá, y entonces todos tendrán felicidad".

El último de ellos era un demonio que había permanecido en silencio escuchando atentamente
cada una de las propuestas de los demás. Analizó cada una de ellas y entonces dijo: "Creo saber
dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren".

Todos se giraron asombrados y preguntaron al mismo tiempo: "¿Dónde?". El demonio respondió:


"La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la
encontrarán". Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la
vida buscando la felicidad sin saber que la lleva consigo.

Pequeñeces

Pequeñas piedras pueden construir grandes montañas..

Pequeños pasos pueden cubrir muchas millas...

Pequeños gestos de amor y ternura pueden hacer al mundo feliz...

Un pequeño abrazo puede secar muchas lágrimas..

Una pequeña palabra, amor, puede colmarnos de felicidad...


Una pequeña oración, puede obtener un milagro de Dios

Una pequeña sonrisa, puede transformar el mundo...

Son esas pequeñas cosas las que construyen nuestro mundo...

Cuando pienso en ellas, cálidas imágenes vienen a mi mente.

Pienso en los momentos que compartimos en la red...

Intercambiando mensajes que nos alegran el espíritu...

No importa quién los escribió...

Lo más importante es que esos textos llegan...

Gracias por compartir esta hermosa amistad...

Hay gestos, palabras y pasos que aparentemente pueden ser considerados pequeños, pero que en
realidad pueden tener una gran trascendencia.

Gracias por esas pequeñas cosas...

¿Pides algo para creer en Dios?

Hace cierto tiempo, mientras asistía a lecciones, el profesor empezó a hablar mal de las personas
que creían en Dios. Él se definía como un científico que no creía en Dios. En realidad no se le podía
llamar ateo pues creía, y mucho, en sí mismo.

Ya había dado un buen rato al tema así que no pude evitar pedir la palabra y me puse de pie.

- "Profesor", le dije, "¿Usted creería en Dios si lo viera actuando? Me refiero a que si le digo en
este momento frente a todos que saque una moneda y la muestre, luego que cierre su mano y que
al abrirla la moneda sea otra totalmente diferente...¿creería usted en Dios?".

Luego de un breve silencio, que se me hizo eterno, y de algunas miradas penetrantes, el profesor
me dijo que probablemente sí creería si pasaba aquel "milagro".

Tomé asiento y le dije:

- "No se preocupe profesor, así puede estar seguro de que nunca creerá."

Dios no es un mago ni se presta para trucos baratos para que personas que NO QUIEREN creer lo
hagan.

La primera condición para 'ver' a Dios es tener FE, o sea convicción de algo que no está viendo.
Usted pretende ver a Dios sin tener FE y por eso no podrá verlo hasta que se decida a tener FE."

En realidad, me sentí muy triste como para creer que muchos de nosotros, incluso quienes hemos
dicho conocer a Dios, le pedimos muchas pruebas absurdas de prosperidad material, convirtiendo
a Dios en un prestamista de milagros, cuando la virtud de todo profeta ha sido ver el milagro antes
de que suceda, con los ojos de la FE.

No pidas pruebas para creer. Cree y verás todas las pruebas.


Cree en un Dios grande. Verás un Dios grande.

El náufrago

El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. El oró
fervientemente a Dios pidiéndole ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando
ayuda, pero no parecía llegar.

Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los
elementos y almacenar sus pocas pertenencias.

Un día, tras merodear por la isla en busca de alimento, regresó a casa para encontrar su cabañita
envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido... lo había
perdido todo. Quedó anonadado con tristeza y rabia.

"Dios: cómo me pudiste hacer esto a mi!" se lamentó.

Temprano al día siguiente, sin embargo, fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba
a la isla. Había venido a rescatarlo.

¿Cómo supieron que estaba aquí?, preguntó el cansado hombre a sus salvadores.

"Vimos su señal de humo", contestaron ellos.

Es fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal. Pero no debemos desanimarnos, porque
Dios trabaja en nuestras vidas, aún en medio del dolor, la incertidumbre y el sufrimiento.

¡Ten fe! Dios está contigo y te ayudará a salir adelante.

La fe, un regalo de Dios

Tener fe es ACEPTAR los designios de Dios aunque no los entendamos, aunque no nos gusten. Si
tuviéramos la capacidad de ver el fin desde el principio tal como Él lo ve, entonces podríamos
saber por qué a veces conduce nuestra vida por sendas extrañas y contrarias a nuestra razón y a
nuestros deseos.

Tener fe es DAR cuando no tenemos, cuando nosotros mismos necesitamos. La fe siempre saca
algo valioso de lo aparentemente inexistente; puede hacer que brille el tesoro de la generosidad
en medio de la pobreza y el desamparo, llenando de gratitud al que recibe y al que da.

Tener fe es CREER cuando resulta más fácil recurrir a la duda. Si la llama de la confianza en algo
mejor se extingue en nosotros, entonces ya no queda más remedio que entregarse al desánimo.
La creencia en nuestras bondades, posibilidades y talentos, tanto como en los de nuestros
semejantes, es la energía que mueve la vida hacia grandes derroteros.

Tener fe es GUIAR nuestra vida no con la vista, sino con el corazón. La razón necesita muchas
evidencias para arriesgarse, el corazón necesita solo un rayo de esperanza. Las cosas más bellas y
grandes que la vida nos regala no se pueden ver, ni siquiera palpar, solo se pueden acariciar con el
espíritu.
Tener fe es LEVANTARSE cuando se ha caído. Los reveses y fracasos en cualquier área de la vida
nos entristecen, pero es más triste quedarse lamentándose en el frío suelo de la autocompasión,
atrapado por la frustración y la amargura.

Tener fe es ARRIESGAR todo a cambio de un sueño, de un amor, de un ideal. Nada de lo que


merece la pena en esta vida puede lograrse sin esa dosis de sacrificio que implica desprenderse de
algo o de alguien, a fin de adquirir eso que mejore nuestro propio mundo y el de los demás.

Tener fe es VER positivamente hacia adelante, no importa cuán incierto parezca el futuro o cuan
doloroso el pasado. Quien tiene fe hace del hoy un fundamento del mañana y trata de vivirlo de
tal manera que cuando sea parte de su pasado, pueda verlo como un grato recuerdo.

Tener fe es CONFIAR, pero confiar no solo en las cosas, sino en lo que es más importante... en las
personas. Muchos confían en lo material, pero viven relaciones huecas con sus semejantes.

Cierto que siempre habrá gente que te lastime y traicione tu confianza, así que lo que tienes que
hacer es seguir confiando y solo ser más cuidadoso con aquél en quien confías dos veces.

Tener fe es BUSCAR lo imposible: sonreír cuando tus días se encuentran nublados y tus ojos se han
secado de tanto llorar.

Tener fe es no dejar nunca de desnudar tus labios con una sonrisa, ni siquiera cuando estés triste,
porque nunca sabes cuándo tu sonrisa puede dar luz y esperanza a la vida de alguien que se
encuentre en peor situación que la tuya.

Tener fe es CONDUCIRSE por los caminos de la vida de la forma en que un niño toma la mano de
su padre. Es que dejemos nuestros problemas en manos de DIOS y nos arrojemos a sus brazos
antes que al abismo de la desesperación. Fe es que descansemos en Él para que nos cargue, en vez
de cargar nosotros nuestra propia colección de problemas.

La carreta vacía

Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me
preguntó:

- ¿Además del cantar de los pájaros, escuchas alguna cosa más?

Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

Estoy escuchando el ruido de una carreta.

- Eso es - dijo mi padre- Es una carreta vacía.

Pregunté a mi padre.: - ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos?

Entonces mi padre respondió: - Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del
ruido. Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado,
interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que
tiene, sintiéndose prepotente y menospreciando a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi
padre diciendo:
Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Y recuerden
que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero. Y nadie está más vacío que
aquel que está lleno de egoísmo, de un supuesto Mi Mismo.

MENÚ CUARESMAL

Recetas al alcance de todas y todos.

1. TENER A MANO:
Abrelatas, para abrir corazón endurecido.
Cuchillo, para cortar vicios.
Destapador, para destapar lo atorado en las relaciones familiares.
Colador, para pasar por alto las ofensas y purificar intenciones.
Mandil, para el servicio.
2. ABSTENERSE:
Abstenerse de comer prójimo (chismes, murmuraciones y calumnias).
Quitarle al condimento los desquites.
Evitar consumir altas grasas de egoísmo.
No tomar vinagre, que pone de mal humor.
Lavar bien el corazón para que no se infecte de la cólera.
Evitar el consumo excesivo de picantes, para no "picarse" y decir maldiciones.
Evitar el camarón, porque adormece la conciencia, y "camarón que se duerme, se lo lleva
la corriente".
No tomar postres helados que congelen el afecto.
Evitar comer pan de muertos -de envidia.
3. MENÚ RECOMENDADO:
Como plato fuerte: exquisita caridad para con el prójimo.
Caldo de atención a los desamparados y enfermos.
Ensalada de detalles de afecto para los suyos.
Pan abundante para compartir con el hambriento.
Vino de alegría para convidar a los tristes y desanimados.
Sopa de letras para escribir más seguido a familiares y amigos.
Sopa de zanahoria para ver con buenos ojos a los demás.
Pan bendito para los afligidos, ya que "las penas con pan son menos".
DE POSTRE, SE RECOMIENDA:
Perita en dulce, para ser buena persona.
Yogurt de guayaba... para repetir gestos de perdón.
Naranja dulce y limón partido "dame un abrazo que yo te pido"(abrazar a los seres
queridos, y darles muestras de aprecio verdadero, no de chocolate).
Y no olvides:
"DONDE COME UNO, COMEN DOS" Y "ÉCHALE SIEMPRE MÁS AGUA A LA SOPITA".
Comparte tu vida con OTRAS PERSONAS. Finalmente, el Chef celestial recomienda sobre
todo el alimento espiritual:
"EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE, TIENE VIDA ETERNA"
La naranja y el ateo
Un ateo dictaba una conferencia ante un gran auditorio defendiendo la inexistencia de
Dios. Después de haber finalizado su discurso, desafió a cualquiera que tuviese preguntas
a que subiera a la plataforma.

Un hombre que había sido bien conocido en la localidad por su adicción a las bebidas
alcohólicas, pero que había encontrado recientemente liberación y esperanza en Cristo
Jesús aceptó la invitación y sacando una naranja del bolsillo comenzó a pelarla
lentamente.

El conferencista le pidió que hiciera la pregunta; el hombre, continuó imperturbable


pelando la naranja en silencio, al término de lo cual, se la comió.

Se volvió al conferencista y le preguntó: "¿Estaba dulce o amarga?"

"No me pregunte tonterías", respondió el orador con señales evidentes de enojo; "¿Cómo
puedo saber el gusto si no la he probado?"

Y aquel hombre regenerado por el amor de Dios respondió entonces:

"¿Y cómo puede usted saber algo de Cristo, si nunca lo ha probado?"


LA SOPA DE PIEDRA
Cierto día, llegó a un pueblo un hombre y pidió por las casas para comer, pero la gente le
decía que no tenían nada para darle. Al ver que no conseguía su objetivo, cambió de
estrategia. Llamó a la casa de una mujer para que le diese algo de comer.

- "Buenas tardes, Señora. ¿Me da algo para comer, por favor?"

- "Lo siento, pero en este momento no tengo nada en casa", dijo ella.

- "No se preocupe - dijo amablemente el extraño -, tengo una piedra en mi mochila con la
que podría hacer una sopa. Si Ud. me permitiera ponerla en una olla de agua hirviendo, yo
haría la mejor sopa del mundo.

- ¿Con una piedra va a hacer Ud. una sopa? ¡Me está tomando el pelo!

- En absoluto, Señora, se lo prometo. Deme un puchero muy grande, por favor, y se lo


demostraré”

La mujer buscó la olla más grande y la colocó en mitad de la plaza. El extraño preparó el
fuego y colocaron la olla con agua. Cuando el agua empezó a hervir ya estaba todo el
vecindario en torno a aquel extraño que, tras dejar caer la piedra en el agua, probó una
cucharada exclamando:
- ¡Deliciosa! Lo único que necesita son unas patatas".
Una mujer se ofreció de inmediato para traerlas de su casa. El hombre probó de nuevo la
sopa, que ya sabía mucho mejor, pero echó en falta un poco de carne.

Otra mujer voluntaria corrió a su casa a buscarla. Y con el mismo entusiasmo y curiosidad
se repitió la escena al pedir unas verduras y sal. Por fin pidió: "¡Platos para todo el
mundo!".

La gente fue a sus casas a buscarlos y hasta trajeron pan y frutas. Luego se sentaron todos
a disfrutar de la espléndida comida, sintiéndose extrañamente felices de compartir, por
primera vez, su comida.

Y aquel hombre extraño desapareció dejándoles la milagrosa piedra, que podrían usar
siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.

Moraleja: Con la cooperación se alcanzan resultados notables, aun cuando se parta de


contribuciones pequeñas, o incluso insignificantes. Esta es la fuerza milagrosa que tiene el
COMPARTIR. Cada uno podemos poner alguna de nuestras virtudes al servicio de los
demás y el resultado puede ser espectacular.