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INTRODUCCIÓN.

Felisberto nunca fue muy afín de la sistematización al momento de crear sus obras
literarias. Si hay algo que le caracteriza es la ambigüedad e imprecisión. En la “Explicación falsa de mis
cuentos”, Hernández nos presenta algunas evidencias reveladoras que nos llevan a entender cómo el escritor
encaraba la labor literaria a la hora de componer. Por un lado, nos explica lo que sus cuentos no son: primero,
no son completamente naturales; segundo, no están dominados por una teoría de la consciencia, y tercero, no
tienen estructuras lógicas.
Por otro lado, expresa que para él los cuentos son como plantas que nacen en algún “rincón” de su alma
con “hojas de poesía”. No sabe ni de dónde viene, ni lo que llegará a ser la semilla que germinará y se
convertirá en cuento. Él se limita a “cuidar” esa semilla para que se desarrolle y sea lo que tiene que ser, sin
la contaminación de la consciencia o las influencias externas. Para resumir, en palabras del propio Felisberto:
“lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene vida extraña y
propia.” (Felisberto, 1955).
Sin embargo, a pesar de la falta de apego a las normas, Felisberto Hernández tiene un estilo propio, muy
particular y fácilmente reconocible. En este breve análisis, intentaremos presentar sus rasgos estilísticos que
lo caracterizan. Para ello nos apoyaremos en el aporte de expertos literarios que han analizado y realizado la
crítica a la obra de Felisberto y nos enmarcaremos en uno de los textos del escritor titulado: “Menos Julia”.
EL LÉXICO. Su literatura se caracteriza por un léxico reducido, poco académico, coloquial, simple, que, por
cierto, es funcional al tono general de la obra y a los personajes. “‘Menos Julia’ no es la excepción, es una
historia muy simple y la representación lingüística es también muy sencilla, no hay rastro de frases barrocas
ni de un léxico elevado.” (Simonovics, 2010). Esta simplicidad es en parte buscada y arduamente elaborada,
para conseguir un fin artístico. Zum Felde declara que su estilo es conversacional, sobrio, cotidiano, pero
intencional, trabajado y muy bien logrado. La simpleza es deliberada para producir un efecto en el lector: la
sensación de espontaneidad por parte del autor, que la narración ha fluido naturalmente, que no ha sido
pensada, elaborada o buscada. (Fraga, 2003).
Pero, por otro lado, José P. Días señala otra razón para este uso del léxico, según este autor, se debe a
defectos importantes en su formación y a insuficiencias en su cultura. (Blengio, 1982) Debemos encontrar un
equilibrio entre la limitación voluntaria y deliberada para conseguir una obra creíble y fluida, y las deficiencias
en la formación cultural de Felisberto. De todos modos, hay que reconocer que el léxico coloquial es un rasgo
característico del escritor.
EL ESTILO NARRATIVO. Siguiendo el lineamiento propuesto por Genette (Carrasco, 1981), para el
análisis de la narración literaria podemos decir, en primer lugar, con respecto al tiempo, que “Menos Julia” es
una narración ulterior, como es habitual en Felisberto. Los tiempos verbales predilectos para Hernández, un
escritor que siempre evoca el pasado, son el pretérito indefinido y el imperfecto.
Con respecto los niveles narrativos, se aprecia el intradiegético la mayor parte del relato, el narrador es
homodiegético, relata desde su rol protagónico en la historia; pero por un momento se convierte en
extradiegético cuando el amigo se vuelve narrador, con un narratorio explícito: Julia. Por un instante se
introduce una “metadiégesis”, es decir, una historia dentro de una historia. Aquí el narrador, Felisberto, “por
negarse a obedecer al amigo (es decir, salir del túnel), llega a ser oyente de su propia historia”. Y como oyente,
recibe una nueva información del narrador-amigo; en este caso se entera de que “el túnel es una repetición de
la bajada al sótano que tuvo lugar en París y que Julia es una mera rememoración de la vienesa”. (Simonovics,
2010).
Con respecto a la focalización es interna ya que el narrador tiene el mismo conocimiento que el personaje
de la narración, su amigo. Y la función es testimonial, por el grado de compromiso del narrador con la historia
y de su relación afectiva e intelectual con ella.
LA MEMORIA. Una tendencia constante de Felisberto es la evocación de los recuerdos del pasado. Es un
pasado que parece distante, que de cierta manera se desdibuja y confunde. Se evocan detalles que parecen
secundarios y no aparecen muchos que serían principales. Justamente de esta forma opera nuestra memoria.
En “Menos Julia”, el concepto “recuerdo”, ya sea como sustantivo o en sus conjugaciones verbales, aparece
nueve veces, lo cual es bastante para una obra relativamente breve, esa repetición exagerada sugiere la
importancia que tiene la rememoración como motor creativo para el escritor.
Por otro lado, es un pasado vivido por el narrador, la materia prima son los recuerdos del mismo Felisberto.
En este cuento son recuerdos de la infancia (uno de los temas recurrentes del escritor). “En mi último año de
escuela veía yo siempre una gran cabeza negra…” El cuento tiene su fundamento en la niñez. Y también se
evocan recuerdos de un pasado más reciente (del último año), que es donde transcurre la trama principal de la
historia. “Una mañana del año pasado mi hija me pidió que la esperara… Como tardaba, fui a buscarla y me
encontré con que el dueño era el amigo mío de la infancia. Entonces nos pusimos a conversar…”
Sin embargo, los hechos rememorados no deben ser tomados como autobiográficos que nos sirvan para
reconstruir la vida del escritor, porque están “mágicamente reelaborados”. No son una reconstrucción de la
realidad del pasado, son recuerdos reconstruidos y modificados por los afectos y la fantasía.
Aquí entra lo mágico, lo fantástico o, como le llama Nicasio Perera, lo “raro” lo “extraño”. Si bien los
hechos, los lugares y personajes resultan auténticos y familiares al lector, hay una trasformación del mundo,
que, “aunque es el mismo parece otro”. (Blengio, 1982) Esto se logra con el uso frecuente de lo absurdo, de
los personajes excéntricos, y de los objetos con características que trascienden el orden natural.
El túnel es parte de la construcción fantástica de la historia. Allí suceden cosas extraordinarias. Los objetos
del bazar cuando se trasladan al túnel, allí “adquieren otra dimensión espacial y temporal”. (Simonovics,
2010). El túnel transporta al amigo y al narrador a otros espacios y momentos: al campo donde hay sapos, a la
playa donde está la arena, a la escuela, al parque, a Paris. El túnel es un escape del mundo exterior, allí se
pierde noción del tiempo, del espacio y de los sentidos, menos el del tacto.
En “Menos Julia” se van a dar varios viajes. El primero es el viaje a la infancia, en el que el primer recuerdo
es la gran cabeza del amigo, con su pelo negro crespo que “le había invadido la cabeza como si fuera una
enredadera.” Esa enredadera representa los pensamientos enmarañados del amigo, ya desde su niñez. En esa
cabeza, desde la infancia el túnel se estaba gestando, “tal vez en aquellas mañanas de la escuela, cuando él
dejaba la cabeza quieta apoyada en la pared verde, ya se estuviera formando en ella algún túnel”. El segundo,
es el viaje a la quinta, a varias horas de la ciudad. Durante el mismo, comienza el adentramiento a la cabeza
del amigo. “Yo también puse los ojos en la ventanilla; pero atendía a la cabeza negra de mi amigo…” El
tercero, es el viaje dentro del túnel, que en realidad es un viaje a través de la cabeza del amigo, donde va a
encontrar otra realidad, otra manera de acceder a los recuerdos, otro mundo con las reglas arbitrarias y
autoritarias de su amigo. El cuarto, es el viaje de la transformación, en el que Felisberto va a experimentar una
metamorfosis. El túnel va a transformar al narrador, su modo de pensar. El narrador va a adquirir la habilidad
de la percepción táctil de su amigo.
Para empezar, el amigo tiene un gran poder de control o manipulación sobre el narrador. De niño le hace
dejar la escuela. En el bazar lo retiene y su hija se termina yendo sola. Le hace acompañarlo ese mismo día a
la quinta, un viaje de varias horas, por todo un fin de semana, y no una, sino reiteradas veces, durante varias
semanas. En la quinta y especialmente en el túnel, le impone sus reglas: no tocar a las muchachas, no salir del
lugar asignado (en el túnel, en la cabecera de la mesa), no hablarle durante todo el día siguiente a la entrada
del túnel, no hablarle a Alejandro dentro del túnel, no caminar por las noches en el cuarto, ni calzado ni
descalzo; y al desobedecer una de las normas, tiene que irse desterrado como un traidor. Sin embargo, a los
pocos días vuelve a demandar su amistad como si nada hubiera pasado. La personalidad manipuladora del
amigo lo va dominando y transformando poco a poco.
Finalmente, la transformación del narrador se completa: “… y sin querer toqué su cabeza crespa. Entonces
pensé que había rozado un objeto del túnel.” Ha adquirido el don de la percepción táctil de su amigo. Y si el
narrador se ha convertido en el doble de su amigo, eso significa que también caído “en la trampa de los
recuerdos”. “Yo he vivido cerca de otras personas y me he guardado en la memoria recuerdos que no me
pertenecen.” El amigo evoca a la vienesa como objeto de deseo que revive cada vez que toca la cara de Julia.
Pero esa vienesa era la esposa de su amigo, a quien acompañó en el descenso al “primer túnel”, el sótano en
Paris. Lo mismo pasa con el narrador, evoca a Julia que es objeto de deseo del amigo, pero de él también.
Probablemente haya sido Julia la que le besó en la casa del amigo. Y seguramente Julia es la que le “roza” en
el túnel.
LOS OBJETOS. En este mundo fantástico los objetos reciben un trato muy especial por Felisberto. Es un
rasgo estilístico predominante, la personificación de las cosas. Los objetos parecen cobrar vida, parecen tener
voluntad, afectos, incluso parecen tener consciencia y memoria. “…pensé que la enfermedad de mi amigo
estaba sentada en ella.” “En una hora ya el túnel nos ha digerido a todos.” Como señala Blengio, algunos
objetos parecen más personas que las personas mismas, o más capaces de acciones y pasiones.
En contraposición a la personificación de las cosas, está la cosificación de las personas. Las personas
muchas veces aparecen como objetos relacionados con la función que desempeñan. En este punto, Felisberto
utiliza un recurso que es la fragmentación del ser. Fragmenta a las personas en partes que como objetos cobran
vida propia. “Su mano empezó a revolotear sin saber dónde posarse…”, “…levantó el índice y parecía que
aquel dedo fuera a cantar…” “…se me ocurrió que las manos querían probarse los guantes.” En Hernández,
estos dos recursos literarios la prosopopeya y la sinécdoque, se combinan de una manera muy particular.
LOS TEMAS Y MOTIVOS RECURRENTES. Este asunto, quizás no remite directamente a una cuestión
estilística, pero sí caracteriza en gran manera la obra literaria de Felisberto. Hay ciertos temas y motivos
recurrentes en los cuentos de Hernández, que, en distintos contextos y situaciones, una y otra vez vuelven a
aparecer. Simplemente mencionaremos algunos.
La música. Es más que sabido que como compositor y pianista, la música de alguna manera siempre está
presente. En algunos cuentos ocupa un papel protagónico como en “Mi primer concierto” y en otros
como, por ejemplo, “Menos Julia” tiene un rol secundario, pero se hace presente cuando se refiere a la
radio y la música clásica que escuchan sentados en los divanes. Un recurso recurrente también es el
contraste entre el blanco y el negro, probablemente relacionado con la configuración de las teclas del
piano.
La niñez. En sus cuentos Felisberto recurrentemente hace viajes al pasado relacionado con su infancia.
Una de las principales influencias de Hernández fue su propia madre, quien repentinamente muere,
dejándolo como afirma Lockart, en una permanente niñez. “La experiencia de niño, siempre viva”,
aparece una y otra vez en sus obras. (Lockhart, 1991)
En “Menos Julia” hay una conexión muy fuerte con la infancia. De hecho, el viaje de trasformación inicia
en la niñez. Dada la brevedad del cuento, son muchas las alusiones a esa etapa de la vida. El primer
recuerdo es el del último año de la escuela: “El pelo crespo de ese niño”. Luego viene la memoria del
“pacto” que hicieron en el parque donde se juraron “no ir nunca más a la escuela”. El segundo recuerdo,
es el dueño del bazar que el narrador reconoce como “el amigo mío de la infancia”. Ese amigo, en el
tiempo que vivió en Francia recordaba cómo hacían creer a sus padres que seguían yendo a la escuela.
En el viaje a la quinta vuelve a recordar “aquellas mañanas de la escuela” y finalmente dentro del túnel
al tocar la cáscara de zapallo evoca un recuerdo de la infancia: “- Pensé en los granitos que cuando era
niño veía en el lomo de unos sapos muy grandes”. También en el túnel encuentra “zapatitos de niño”.
Los trastornos mentales. Otro tema en el que frecuentemente incurre en sus obras es el problema de los
estados mentales. Este interés creció en Felisberto al punto de estudiar y observar pacientes del
Vilardebó, que el doctor en psiquiatría Cáceres le permitió visitar. Los personajes de sus cuentos muchas
veces padecen neurosis, psicosis, complejos sexuales y distintos grados de locura.
El amigo, en “Menos Julia”, es un neurótico, misántropo, obsesivo-compulsivo. Inadaptado desde niño.
Sólo se siente a gusto en el túnel tocando caras femeninas y objetos. Confiesa tener una “enfermedad”
que requiere de medicamentos para sobrellevarla. El orden de las cosas dentro del túnel, y aún en la mesa
donde comen, concuerda con un comportamiento maníaco. El túnel es un escape para evadir
responsabilidades e imponer sus reglas. Todos obedecen, menos Julia, quien lo desafía y rompe las reglas.

CONCLUSIÓN: “Menos Julia” es una clara muestra del particular estilo de Felisberto Hernández.
Encontramos en este breve cuento los rasgos característicos del escritor. El léxico coloquial, la narración
ulterior, el nivel intradiegético, homodiegético y por un breve lapso el extradiegético, la evocación de los
recuerdos del pasado, el particular trato a los objetos y personas, y varios de los temas recurrentes como la
música, la infancia y los trastornos mentales. Por motivos de extensión del texto, no es posible ahondar
demasiado en este análisis. Sin duda esta breve investigación me motiva a seguir profundizado en la obra de
este extraordinario escritor. En lo personal, esta y todas las obras que he leído de Felisberto hasta el momento,
me han llevado a compenetrarme en la narración al punto de recrear con todos mis sentidos las experiencias
propuestas por el autor.

BIBLIOGRAFÍA:
Blengio Brito, Raúl. “Felisberto Hernández, el hombre y el narrador.” Asunción, La casa del estudiante. 1982.
Iván Carrasco. “Análisis de la narración literaria según Gérard Genette.” Chile, Documentos Lingüísticos y
Literarios. 1981.
Fraga, Rosario. “Felisberto, proceso de una creación.” Lima, Fondo. 2003.
Hernández, Felisberto. “Novelas y Cuentos.” Caracas, Ayacucho. 1985.
Hernández, María Del Carmen. “La relación espacio-temporal en “Menos Julia.”” México, UNAM. 1977.
Simonovics, Andrea. “La ficción de los recuerdos de Felisberto Hernández.” Revista Crítica de Narrativa
Breve. Nº 2. 2010.
Lockhart, Washington. “Felisberto Hernández: una biografía literaria.” Montevideo, Arca. 1991.
Perera, Nicasio. “Sobre algunos rasgos estilísticos de la narrativa de Felisberto Hernández.” Montevideo,
Hermes Criollo. 2005.