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DAVID E.

DAYENOFF
HÉCTOR A. KOFFMAN

CÓDIGO PENAL
COMENTADO. ANOTADO CON JURISPRUDENCIA

Comentario exegético
Esquemas de defensa
Orientaciones para querellantes
Puntos esenciales a tener en cuenta
Jurisprudencia aplicable
Modelos de escritos judiciales
Dayenoff, David Elbio

Código Penal comentado / David E. Dayenoff - Héctor A. Koffman. 4a ed. - Ciudad Autónoma de Bue-
nos Aires, García Alonso, 2016.

660 p. + CD-ROM, 23x16 cm.

ISBN 978-987-1940-14-1

1. Derecho Penal. I. Título

CDD 344

© 2016 Editorial García Alonso


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Impreso en abril de 2016 en La Imprenta Ya SRL,


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Impreso en Argentina - Printed in Argentina

Hecho el depósito que marca la ley 11.723


LIBRO PRIMERO
DISPOSICIONES GENERALES

TÍTULO I
APLICACIÓN DE LA LEY PENAL

Artículo 1.— Este Código se aplicará:


1) Por delitos cometidos o cuyos efectos deban producirse en
el territorio de la Nación Argentina, o en los lugares sometidos a
su jurisdicción;
2) Por delitos cometidos en el extranjero por agentes o em-
pleados de autoridades argentinas en desempeño de su cargo.

Principio real o de defensa. Alcance. El artículo se refiere a la validez espacial


de la ley penal argentina y adopta el principio de territorialidad en forma preferente,
haciendo una excepción en el inc. 1, donde consagra el principio real o de defensa
al decir «o cuyos efectos deban producirse».
Los alcances de dicha excepción han sido debatidos por la doctrina y la jurispru-
dencia, concluyéndose, en general, que dicha expresión sólo puede referirse a los
efectos directos del delito, aquellos que entran a formar la figura delictiva, que son en
ella elementos constitutivos (Soler). Por ello, el principio real o de defensa debe apli-
carse con carácter restrictivo, pues no abarca las consecuencias mediatas de delito.
Este aspecto ha dado origen a discusión en relación con los efectos del matrimonio
celebrado en el extranjero, subsistiendo uno anterior en el país. Generalmente, la
jurisprudencia ha llegado a la conclusión de que carece de efectos jurídicos penales,
pues no encuadraría en la figura del matrimonio ilegal descripto por el art. 134, sin
perjuicio de las derivaciones civiles (SC Tucumán, 11/6/1942, LL, 26-828).
Son ejemplos de aplicación del principio real o de defensa: en el homicidio, la
muerte de la víctima ocasionada por un disparo de arma efectuado a través de la
frontera; en la defraudación, el perjuicio resultante de la remisión de mercadería contra
recepción de un cheque enviado desde el extranjero y que resulta falsificado (delito a
distancia) (Oderigo, Código Penal Anotado, 5); el falso testimonio cometido en exhorto
librado al extranjero Rubianes, Código Penal; su interpretación jurisprudencial, I, 1).

Territorio argentino. En cuanto a la delimitación y el significado de las expre-


siones «territorio de la Nación Argentina» y «lugares sometidos a su jurisdicción»,
entiende Oderigo (op. cit., 4) que la primera alude al espacio terrestre encerrado en-
16 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 2

tre los límites del Estado, con sus lagos y ríos interiores, el espacio aéreo correspon-
diente y las aguas jurisdiccionales; y la segunda comprende embajadas y legacio-
nes, buques de guerra en cualquier parte en que se encuentren, ya sea en puertos
nacionales, en alta mar o en puertos extranjeros; buques mercantes nacionales en
puertos nacionales o en alta mar, y aeronaves en los mismos casos.

Ley y jurisdicción. Aun cuando este artículo se refiere a la aplicación de la


ley penal con relación al espacio, sienta un principio general que también se tiene
en cuenta para la determinación de la jurisdicción competente (CC Cap., en pleno,
13/12/1935, JA, 52-926).

Artículo 2.— Si la ley vigente al tiempo de cometerse el delito


fuere distinta de la que exista al pronunciarse el fallo o en el tiem-
po intermedio, se aplicará siempre la más benigna.
Si durante la condena se dictare una ley más benigna, la pena
se limitará a la establecida por esa ley.
En todos los casos del presente artículo, los efectos de la nue-
va ley se operarán de pleno derecho.

Ley penal más benigna. Excepción al principio de irretroactividad. Si bien el


principio general o básico en materia de validez de la ley penal en el tiempo es el de
irretroactividad, conforme al principio de legalidad o reserva contenido en el art. 18 de
la Constitución Nacional, el Código Penal admite en este artículo la excepción de la re-
troactividad de la nueva ley cuando ésta es más favorable al procesado o condenado.

Criterio de benignidad. En cuanto al criterio para apreciar la benignidad, la ju-


risprudencia ha considerado que en la elección de la ley más favorable, no deben
contemplarse solamente disposiciones aisladas, sino que debe tenerse en cuenta
el conjunto armónico de las regulaciones penales. (En este sentido, CF Comodoro
Rivadavia, 9/3/1950, JA, 1951-IV-41; CF Cap., 16/7/1957, DJ, 11/8/1957.)
El principio de la ley penal más benigna se aplica tanto en el caso que la nueva
ley desincrimine el hecho como en el que establezca, en forma general, condiciones
más favorables. Y no cabe referirse únicamente a las normas que modifican las
penas sino también a aquellas que influyen en su suspensión, prescripción, perdón,
gracia, liberación, etcétera (Rubianes, op. cit., I, 4).

Ley y jurisprudencia. El art. 2 se refiere sólo a cambio de legislación, pero algu-


nos fallos han expresado que el principio que consagra es aplicable también al cam-
bio de jurisprudencia. Se ha dicho que corresponde incluso la absolución si el hecho
no era considerado delito por la jurisprudencia en el momento en que fue cometido,
aunque ésta se hubiera inclinado luego en sentido contrario (CC Cap., 16/7/1946,
JA, 1946-II-754). En contra: SCBA, 27/12/1960, LL, 103-39.

Modo de operar. Los efectos de la nueva ley se producen de pleno derecho, se-
gún el párrafo final. En caso de que no fueren declarados de oficio, puede promover-
se el recurso de revisión contra la sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada.
(Véase art. 479 y concs., C.P.P.N. –ley 23.984–. Asimismo, art. 401.)
art. 3 APLICACIÓN DE LA LEY PENAL | 17

Artículo 3.— En el cómputo de la prisión preventiva se ob-


servará separadamente la ley más favorable al procesado.

Cómputo de la prisión preventiva. Fundamento. La prohibición de aplicar dos


leyes diferentes al mismo caso encuentra su excepción en este artículo, el cual ad-
mite la aplicación de otra ley para el cómputo de la prisión preventiva en cuanto sea
más favorable. El fundamento de esta disposición está dado por el principio de la ley
penal más benigna al procesado.

Jurisprudencia
«Del examen comparativo de la legislación previa, y de la nueva redacción del
art. 24 introducida por la ley 24.390 –promulgada el 21 de noviembre de 1994, con la
finalidad de reglamentar el Pacto de San José de Costa Rica–, se advierte claramen-
te un modo de computar el término de la prisión preventiva que beneficia la situación
de los condenados, resultando de aplicación imperativa de acuerdo a la previsión
del art. 3 del Código de fondo, que concretamente contempla esta situación: ‘en el
cómputo de la prisión preventiva se observará separadamente la ley más benigna al
procesado’» (ST Viedma, Río Negro, 25/10/1995, «García, Jorge H.»).

Artículo 4.— Las disposiciones generales del presente Códi-


go se aplicarán a todos los delitos previstos por leyes especiales,
en cuanto éstas no dispusieran lo contrario.

Disposiciones generales del Código Penal y leyes especiales. Básicamente,


se ha admitido que las disposiciones generales del Código Penal solamente son
aplicables a las leyes de naturaleza penal cuando no contienen disposiciones es-
peciales o su régimen no es incompatible con el del Código (CSJN, 15/9/1948, LL,
53-163; Fallos, 212-134).

Leyes especiales. Cuestiones planteadas. Se describe como de naturaleza


penal las multas y otras sanciones de carácter preventivo represivo y no las que
tienden a resarcir un daño (Rubianes, op. cit., I, 9).
También existen criterios dispares acerca de la naturaleza de la multa en ciertas
leyes (CSJN, 21/6/1937, JA, 58-712; CC Cap., 8/11/1938, LL, 13-547), así como so-
bre la aplicabilidad del Código Penal a las leyes sobre faltas en el ámbito provincial
(TS Córdoba, 7/4/1943, LL, 32-409; CC Río Cuarto, 5/5/1943, LL, 32-414).
Como puede apreciarse en la redacción del artículo comentado, se da preferen-
cia a la aplicación de las normas de la ley especial cuando éstas adoptan soluciones
diversas a las del Código.
Con relación a la prescripción de la acción penal y de la pena se ha decidido
que, si la ley especial la regula expresamente, hay que atenerse a sus principios y
no al Código Penal (SC Mendoza, 31/3/1944, RLL, VI-981, s. 379); aunque tanto en
el orden nacional como en el provincial, se han dado fallos contradictorios en este
sentido (CSJN, 30/12/1953, LL, 74-274; Fallos, 227-85; CF Mendoza, 11/3/1944,
RLL, VI-981, s. 386).
En otros aspectos, se ha considerado la aplicabilidad del Código Penal en ma-
teria de condena condicional, error de derecho (error de tipo y error de prohibición),
18 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 5

extinción de la acción penal por oblación voluntaria de la multa, conversión de multa


en prisión, principio de la ley más benigna, extinción por muerte del imputado (Ru-
bianes, op. cit., I, 10).

Jurisprudencia
«Debe admitirse que la falta de precisión en cuanto a la fecha en que tuvieron
lugar los accesos carnales arrojan duda acerca del número de éstos, de suerte que
los principios que informan la máxima del in dubio pro reo, consolidado en el art. 4
del C.P. autorizan a tener acreditado al menos la consumación de un concúbito, aun-
que surja como altamente probable la existencia de otros, pero careciendo del grado
de certeza requerido; por lo que debe calificarse la maniobra desplegada como vio-
lación agravada por el vínculo» (CC Formosa, 3/8/1994, «Almaraz, Concepción»).

TÍTULO II
DE LAS PENAS

Artículo 5.— Las penas que este Código establece son las
siguientes: reclusión, prisión, multa e inhabilitación.

La pena. Concepto. Entiende Soler que la pena es el «mal amenazado primero,


y luego impuesto al violador de un precepto legal, como retribución, consistente en
la disminución de un bien jurídico, y cuyo fin es evitar los delitos». En su definición
tiene en cuenta tanto el aspecto retributivo como el preventivo.

Enumeración de penas principales. Las penas instituidas por el Código en


este artículo son las denominadas «principales», pues pueden aplicarse en forma
autónoma ya que no dependen de la aplicación de ninguna otra. Son privativas de la
libertad o de otros bienes.

Derogación de la pena de muerte. De conformidad con el art. 18 de la C.N., que


prohíbe la pena de muerte por causas políticas pero no para delitos comunes, la ley
21.338 (1976) incorporó nuevamente dicha penalidad, posteriormente derogada por
la reforma de la ley 23.077 (1984).

Jurisprudencia
«La distinción que hace el art. 5 del C.P. respecto del orden de gravedad de las
penas, resulta determinante para decidir qué juez debe resolver la pertinente unifica-
ción de penas, si se trata de dos penas, una de reclusión y otra de prisión, de igual
duración temporal. Pero no en casos, como el de autos, en que una de ellas es de
once años de prisión y la restante de cinco años de prisión, pues la primera es la ‘ma-
yor’, término que se refiere a la mayor extensión en el tiempo y por ende a la mayor
gravedad para quien la debe cumplir» (CC Cap., Sala 6, 30/6/1988).

Artículo 6.— La pena de reclusión, perpetua o temporal, se


cumplirá con trabajo obligatorio en los establecimientos desti-
nados al efecto. Los recluidos podrán ser empleados en obras
art. 7 DE LAS PENAS | 19

públicas de cualquier clase con tal que no fueren contratadas por


particulares.

Reclusión. Diferencias con la pena de prisión. La pena de reclusión pertenece


al orden de las privativas de la libertad, al igual que la pena de prisión legislada por
el art. 9 del Código. Las diferencias entre ambos tipos de penas se dan fundamental-
mente en cuanto al lugar donde debe cumplirse la condena, ya que deben ser esta-
blecimientos distintos, y en cuanto al trabajo en el cual debe emplearse al recluso o
prisionero, pues si bien en ambos casos el trabajo es obligatorio, los condenados a
prisión no pueden ser empleados en obras públicas.
También pueden mencionarse como circunstancias diferenciales, entre otras, lo
relativo a la detención domiciliaria (art. 10, C.P.), a los requisitos para obtener la liber-
tad condicional (art. 13), al cómputo de la prisión preventiva (art. 24) y a la penalidad
de la tentativa (art. 44).
(Ver decretos 18/97 y 1136/97, ley 24.660, D. 396/99 y D. 807/2004 y L.
25.948/2004).

Artículo 7.— Los hombres débiles o enfermos y los mayores


de sesenta años que merecieren reclusión, sufrirán la condena
en prisión, no debiendo ser sometidos sino a la clase de trabajo
especial que determine la dirección del establecimiento.

Sustitución de la pena de reclusión. Las diferencias entre los efectos jurídicos


de la reclusión y de la prisión demuestran claramente que la ley ha pretendido ser
más severa con los condenados a reclusión. Es por ello que los reclusos no tienen
la posibilidad de cumplir la condena por simple detención domiciliaria; pero el legis-
lador, consciente de la mayor severidad empleada en el tratamiento de la reclusión,
la restringe en este artículo, cuando el condenado se encuentra en determinadas
circunstancias (débil, enfermo, mayor de sesenta años).

Jurisprudencia
«Si bien a los fines de la unificación de penas (art. 58, C.P.) es indiferente la
naturaleza jurídica que reviste la privación de libertad, examinar ésta es requisito de
la ley 24.390. De esta manera, se asegura que se cumpla la finalidad de la prisión
preventiva que es servir a los fines del proceso y no revestir el carácter de una pena
anticipada. La aplicación del art. 7, que es el que modifica el art. 24 del C.P., atañe
exclusivamente a privaciones de libertad que revistan el carácter de prisión preven-
tiva y que excedan los plazos previstos en el artículo primero» (ST Córdoba, Sala
Penal, «Portillo, Melto F.»).

Artículo 8.— Los menores de edad y las mujeres sufrirán las


condenas en establecimientos especiales.

Régimen para menores y mujeres. Ley 22.278 y decreto ley 412/58. La ley
22.278, complementaria de Código Penal y reguladora del régimen penal de la mi-
noridad, dispone en su art. 6 que las penas privativas de libertad que los jueces
20 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 9

impusieran a los menores se harán efectivas en institutos especializados. Si en esta


situación alcanzaren la mayoría de edad, cumplirán el resto de la condena en esta-
blecimientos para adultos.
La Ley Penitenciaria Nacional (decreto ley 412/58, ratificado por la ley 14.467) se
refiere al régimen para menores y mujeres en su Capítulo XIII, arts. 107 a 114. (Ver
leyes 24.660 y 25.948).

Artículo 9.— La pena de prisión, perpetua o temporal, se


cumplirá con trabajo obligatorio, en establecimientos distintos
de los destinados a los recluidos.

Prisión y trabajo. Entre las notas distintivas de las penas de reclusión y de


prisión, se encuentra la de su cumplimiento en establecimientos distintos; exigencia
que nunca se cumplió y que, al decir de Sebastián Soler, ha sido correctamente su-
primida por los arts. 3 y 4 de la Ley Penitenciaria Nacional (decreto 412/58, ratificado
por ley 14.467), la cual no diferencia entre los condenados a prisión y los condena-
dos a reclusión, a los que denomina genéricamente «internos» y a quienes aplica el
mismo régimen.

Jurisprudencia
«Existe un único concepto de cumplimiento de la pena en el orden sistemático, el
cual surge del art. 9 del C.P. y del decreto 412/58, marco que no puede incluirse en
el art. 24 del C.P.» (CCas. Pen., Sala 2, 6/2/1995, «Ruiz, Daniel O.»).

Artículo 10.— [según ley 26.472, B.O. 20/1/2009].


Podrán, a criterio del juez competente, cumplir la pena de re-
clusión o prisión en detención domiciliaria:
a) El interno enfermo cuando la privación de la libertad en el
establecimiento carcelario le impide recuperarse o tratar adecua-
damente su dolencia y no correspondiere su alojamiento en un
establecimiento hospitalario;
b) El interno que padezca una enfermedad incurable en perío-
do terminal;
c) El interno discapacitado cuando la privación de la libertad
en el establecimiento carcelario es inadecuada por su condición
implicándole un trato indigno, inhumano o cruel;
d) El interno mayor de setenta (70) años;
e) La mujer embarazada;
f) La madre de un niño menor de cinco (5) años o de una per-
sona con discapacidad a su cargo.

Supresión del término de condena. No hay límite en la condena temporal ni


perpetua en este nuevo ordenamiento que prohíba acogerse al régimen determinado
por esta nueva situación.
Se lee en la nueva redacción: «Podrán, a criterio del juez, cumplir las penas
de reclusión o prisión…»; el verbo «poder» conjugado en su futuro que autoriza al
art. 11 DE LAS PENAS | 21

justiciero a adoptar el temperamento legal es potestativo; también puede negar las


nuevas situaciones legales del tipo.
La prisión domiciliaria, en tales condiciones, se ajustará a lo indicado en los seis
incisos que se resumen en: enfermedad, discapacidad, edad avanzada y dependen-
cia material.
El inc. a) se ocupa de la salud vacilante del reo que no hallaría cura total ni ade-
cuada en la cárcel; y que tampoco le fuera necesario internarse en hospital. En estas
situaciones tan abiertas en sus definiciones caben demasiadas posibilidades de ac-
ceder a estos nuevos tratamientos legales, a nuestro gusto, indefinidos y pasibles de
trampas, arreglos dudosos y connivencias.
El inc. b) sostiene que debe tratarse de un enfermo con enfermedad «incurable»
y ésta debe estar tan avanzada que preanuncie el desenlace fatal. Aquí es razonable
y comprensible el otorgamiento del artículo.
El inc. c) trata sobre el reo discapacitado. No se caracteriza esta situación y dada
su amplitud puede ser objeto de maquinaciones y trampas. Imaginamos que será
necesaria la intervención médica, que tendrá la última palabra –que es la de la Justi-
cia– y la justificación científica de la tal discapacidad. La discapacidad ¿es la física o
su definición es más abarcativa? Nada se dice al respecto. Vemos que lo importante
no es precisamente la incapacidad sino que como consecuencia del trato descripto
que se le prodigue en la cárcel se vuelva «inadecuado».
Según el inc. d), la edad es determinante para que el juez «pueda» considerar
esta alternativa. Se aumenta la edad y se elimina a las personas valetudinarias, cuya
definición es un adjetivo que califica a las personas con los achaques propios de la
edad, enfermizos, delicados, con la salud quebrada.
En el inc. e) se trata sobre la mujer embarazada y en el siguiente se trata a ésta
con posterioridad a haber dado a luz. En este inc. f) se trata de no perjudicar ni dejar
sin asistencia a un infante y/o a un discapacitado, cuya definición es persona sin
talento o disposición para comprender las cosas; no se trata el caso que la madre
condenada pueda dejar y confiar a su hijo pequeño con el padre del mismo.
Este análisis del contenido del artículo sustituyente permite comprobar que el
país carece de los pabellones hospitalarios y/o carcelarios aptos para que los con-
denados a penas firmes puedan cumplir con las sentencias.
Si bien la caridad y la lástima están ampliamente presentes en este artículo nue-
vo, no creemos que tal despliegue de «humanismo» penal palíe las carencias ano-
tadas.
Se debe tratar de evitar deformaciones o falsedades, ya castigados en este Códi-
go, pero que hundirán a los clientes. Dado que el juez «podrá» a su «criterio» orde-
nar la detención domiciliaria (criterio: norma para conocer la verdad), corresponderá
al defensor o al imputado, cuando use el derecho del art. 104 del C.P.P.N., pedir la
aplicación efectiva rápida y real de los beneficios de este art. 10 del C.P.

Artículo 11.— El producto del trabajo del condenado a reclu-


sión o prisión se aplicará simultáneamente:
1) A indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito
que no satisfaciera con otros recursos;
2) A la prestación de alimentos según el Código Civil;
3) A costear los gastos que causare en el establecimiento;
22 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 12

4) A formar un fondo propio, que se le entregará a su salida.

Imputación del producto del trabajo. Ley Penitenciaria Nacional. Conforme


a lo dispuesto por el art. 64 de la Ley Penitenciaria Nacional (decreto ley 412/58,
ratificado por ley 14.467; ver leyes 24.660 y 25.948), el trabajo del condenado es
remunerado (salvo cuando se trata de las labores generales del establecimiento pe-
nitenciario o de comisiones que se le encomienden de acuerdo con los reglamentos
y siempre que no configuren su única actividad laboral).

Distribución. Dicha remuneración está destinada a los fines que se enuncian


en el art. 11 del C.P. La Ley Penitenciaria Nacional determina el modo en que habrá
de distribuirse el producto del trabajo del condenado: 10 % para indemnizar daños
y perjuicios, 35 % para prestación de alimentos, 25 % para costear los gastos que
cause en el establecimiento y 30 % para formar un fundo propio (art. 66).
Su art. 72 establece que en caso de fallecimiento del interno durante el cumpli-
miento de la condena, el fondo propio es transmisible a sus herederos. (En igual
sentido: Gómez, 1, 592).
La jurisprudencia ha especificado que el art. 11 del C.P. no dispone que el pro-
ducto del trabajo del condenado se aplique a costear los gastos del proceso (CC
Cap., 21/5/1949, JA, 70-438; LL, 18-987) ni al pago de los honorarios del abogado
defensor (CC Córdoba, 14/3/1941, JA, 73-699).

Jurisprudencia
Inc. 2: «Si bien es cierto que la Ley Penitenciaria Nacional ha estatuido la su-
cesión y progresividad de los períodos de observación, tratamiento y prueba y ha
ubicado la posibilidad de obtener salidas transitorias para trabajar fuera del esta-
blecimiento en el último período, condicionándolos al cumplimiento de la mitad de
la condena, también es cierto que lo ha hecho con la finalidad de conseguir eficaz-
mente la readaptación social del interno y evitar privilegios, discriminaciones o dife-
rencias arbitrarias entre los penados» (C. Penal Rosario, Sala de feria, 12/11/1988,
«Esquivel, Omar M.», JA, 1989-I-20; LexisNexis, 2/24683).

Artículo 12.— La reclusión y la prisión por más de tres años


llevan como inherente la inhabilitación absoluta, por el tiempo
de la condena, la que podrá durar hasta tres años más, si así lo
resuelve el tribunal, de acuerdo con la índole del delito. Importan
además la privación, mientras dure la pena, de la patria potestad,
de la administración de los bienes y del derecho de disponer de
ellos por actos entre vivos. El penado quedará sujeto a la curatela
establecida por el Código Civil para los incapaces.

Inhabilitación accesoria. La inhabilitación absoluta encuadra en la categoría de


las penas accesorias, vale decir, aquellas cuya aplicación accede a la aplicación de
una pena principal, de la cual dependen. De modo que sólo puede aplicarse respecto
de un individuo al cual se le aplicó una pena principal y siempre dentro de la misma
sentencia y de la misma causa.
art. 12 DE LAS PENAS | 23

Esta pena procede cuando la condena supera los tres años de reclusión o pri-
sión, o cuando se ha impuesto la reclusión por tiempo indeterminado del art. 52 del
C.P.
Se ha discutido acerca de los efectos que produce la libertad condicional res-
pecto de la inhabilitación absoluta. Aunque se ha aseverado que ésta es la única
pena accesoria que subsiste en ese caso, algunos fallos han resuelto la cuestión en
sentido contrario (CC Cap., 18/3/1941, LL, 22-29; JA, 74-48).

Alcance. Si bien el Código Penal hace una enumeración de las restricciones que
supone esta pena, la jurisprudencia ha debatido si comprende o no la capacidad
para estar en juicio y la capacidad para contraer matrimonio. En virtud de la privación
de la administración de los bienes que supone, no procede sustanciar la regulación
de honorarios con el condenado sino con el curador que se le designe por el juez civil
y con intervención del ministerio de menores, ausentes e incapaces; sin estos requi-
sitos, la sustanciación es nula. Igual procedimiento corresponde para la liquidación
de las costas del juicio (Oderigo, op. cit., 11).

Otras consecuencias. No cabe asignar a la interdicción legal del art. 12 del C.P.,
ni aun mediando la omisión de proveer al penado de curador, los caracteres de la
fuerza mayor para justificar la paralización de la causa en que es actor, a los efectos
de la perención de la instancia (CC Cap., 29/7/1938, LL, 11-384).
Dado que la inhabilitación absoluta es una pena accesoria y necesaria, su apli-
cación procede de oficio. En este sentido, se ha decidido que el tribunal de apela-
ción está obligado a corregir la omisión en que pueda haber incurrido la sentencia
recurrida, aun cuando no medie recurso acusatorio, pero solamente aplicando dicha
accesoria por el tiempo de la condena (CC Cap., 20/12/1935, JA, 53-238, CC Rosa-
rio, 9/12/1952, Juris, 1-635).

Naturaleza. Si bien el condenado a quien se aplica la inhabilitación absoluta


queda sometido a la curatela de los incapaces según el régimen del Código Civil,
la jurisprudencia destaca la imposibilidad de equiparar esta interdicción legal con la
incapacidad del demente o la del sordomudo (CC Cap., 29/7/1938, LL, 11-384).

Jurisprudencia
«Resulta legítima la detención y requisa llevada a cabo por los funcionarios ju-
diciales, si al ser comisionados para recorrer el radio de la jurisdicción en la tarea
de prevención del delito, interceptaron al imputado, que mostrando una conducta
de nerviosismo, intentó buscar refugio en una villa cercana, actitud que despertó la
razonable sospecha de las fuerzas del orden –corroborada luego con el hallazgo de
estupefacientes y armas–, que actuaron en consecuencia. Es válido que la policía,
a la luz de su experiencia, infiera –en base a la conducta del sujeto– la sospecha de
un hecho ilícito y proceda con la detención y requisa» (C. Nac. Casación Penal, Sala
1, 24/2/2006, «Sánchez, Graciela N. s/recurso de inconstitucionalidad», LexisNexis,
22/9790).
«Las disposiciones del art. 25 (parte final, Ley de Estupefacientes) tienden a ase-
gurar las ganancias o bienes producto del delito, es decir, poner a buen resguardo
o preservarlos especialmente con fines probatorios. Estas medidas procesales de
carácter precautorio, las toma el tribunal durante el proceso y es en esa etapa que el
24 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 13

interesado tiene la facultad –no la obligación– de demostrar el legítimo origen de los


bienes para poder desafectarlos a la medida asegurativa en ese estadio procesal.
Para el decomiso se requiere como presupuesto que su titular sea condenado, por lo
cual si el objeto, aunque utilizado en el hecho pertenece a un sujeto absuelto, el de-
comiso no procede» (C. Nac. Casación Penal, Sala 3, 30/6/2005, «Mato Rodríguez,
Gerardo s/recurso de casación», LexisNexis, 22/8806).

Artículo 13.— [según ley 25.892, B.O. 26/5/2004]. El conde-


nado a reclusión o prisión perpetua que hubiere cumplido treinta
y cinco años de condena, el condenado a reclusión o a prisión
por más de tres años que hubiere cumplido los dos tercios, y
el condenado a reclusión o prisión, por tres años o menos, que
hubiere cumplido un año de reclusión u ocho meses de prisión,
observando con regularidad los reglamentos carcelarios, podrán
obtener la libertad por resolución judicial, previo informe de la di-
rección del establecimiento e informe de peritos que pronostique
en forma individualizada y favorable su reinserción social, bajo
las siguientes condiciones:
1) Residir en el lugar que determine el auto de soltura;
2) Observar las reglas de inspección que fije el mismo auto,
especialmente la obligación de abstenerse de consumir bebidas
alcohólicas o utilizar sustancias estupefacientes;
3) Adoptar en el plazo que el auto determine, oficio, arte, in-
dustria o profesión, si no tuviere medios propios de subsistencia;
4) No cometer nuevos delitos;
5) Someterse al cuidado de un patronato, indicado por las au-
toridades competentes;
6) Someterse a tratamiento médico, psiquiátrico o psicológi-
co, que acrediten su necesidad y eficacia de acuerdo al consejo
de peritos.
Estas condiciones, a las que el juez podrá añadir cualquiera
de las reglas de conducta contempladas en el artículo 27 bis, re-
girán hasta el vencimiento de los términos de las penas tempora-
les y hasta diez años más en las perpetuas, a contar desde el día
del otorgamiento de la libertad condicional.

Se agregan ciertas nuevas obligaciones, como en el inc. 2, inc. 5, inc. 6 y en el


último párrafo del mismo.

Libertad condicional. Naturaleza. La libertad condicional es un modo de cum-


plimiento de la pena privativa de la libertad, de manera que no la extingue ni suspen-
de y, por lo tanto, no contraría la fuerza de la cosa juzgada, sino que sólo modifica la
forma de cumplimiento del fallo.
A través de este instituto, el condenado que ya cumplió parte de su condena
puede cumplir el resto de ella fuera de la cárcel, en libertad, pero bajo ciertas condi-
ciones, las cuales rigen hasta el vencimiento de la pena temporal o hasta cinco años
a partir de su otorgamiento en el caso de pena perpetua.
art. 13 DE LAS PENAS | 25

Tiene carácter provisional y se goza bajo vigilancia, por lo cual constituye un


período de prueba a que debe ser sometido el penado antes de alcanzar la libertad
definitiva.
Para que la libertad condicional tenga posibilidad jurídica, es requisito indispen-
sable la existencia de un condenado por sentencia firme, pasada en autoridad de
cosa juzgada, definitiva (CF Bahía Blanca, 18/6/1936, LL, 5-761).

Fundamento. Facultad judicial. El fundamento de esta institución está dado por


la presunción de enmienda del sujeto. La libertad condicional se le concede, una
vez cumplida parte de la pena, cuando existen índices de regeneración, con miras a
que se reintegre a la sociedad de un modo útil. Es por ello que su otorgamiento es
facultativo para el tribunal (el Código expresa «podrán obtener» y no «obtendrán»)
y, como tal, puede ser negado cuando de los antecedentes del condenado se infiere
que no se produjo la deseada enmienda, no obstante el cumplimiento de la última
condena (CC Tucumán, 21/5/1960, JA, 1961-III-13, Nº 145, LL, 102-519).
Al decir de Rubianes (op. cit., I, 29), no basta la buena conducta y el cumpli-
miento proporcional de la pena. Sin embargo, en este sentido, se ha decidido que la
libertad condicional es un derecho del penado y su concesión no es facultativa para
el juez, si bien éste no está obligado a proceder automáticamente (SC Mendoza en
pleno, 8/8/1962, LL, 111-482; JA, 1964-I-650).

Improcedencia. Atento a lo dispuesto por la Ley 14.792 de Represión del Con-


trabando en sus arts. 188 y 193, in fine, no corresponde conceder la libertad condi-
cionada respecto de este delito. Tampoco procede cuando la condena es de inha-
bilitación, pues el régimen de cumplimiento condicional que establece el art. 14 del
C.P. sólo se refiere a penas privativas de la libertad. Asimismo, se ha resuelto que
no corresponde su otorgamiento respecto de los menores colocados por el juez en
establecimiento adecuado, hasta la mayoría de edad (SC Tucumán, 15/6/1934, RLL,
VI-791, s. 10; JT, XVI-203).

Cumplimiento parcial de la condena. El indulto. Uno de los requisitos para


obtener este beneficio es el cumplimiento de parte de la condena; sobre este aspec-
to, existen fallos contradictorios acerca de si en caso de conmutación de pena (in-
dulto) la libertad condicional debe otorgarse teniendo en cuenta la pena conmutada
por el Poder Ejecutivo o la originariamente impuesta por el Poder Judicial. A favor
del primer criterio, se alega que la pena no es impuesta al condenado por el Poder
Judicial sino por el Estado, dentro del cual cabe considerar al Poder Ejecutivo, con
facultades para atenuar las penas e indultar. En la corriente de opinión contraria se
enrolan quienes sostienen que los cálculos deben efectuarse en relación con el total
de la condena impuesta en la sentencia y no sobre la condena reducida por la gracia
o indulto parcial.
Para que proceda la libertad condicional, es indispensable el cumplimiento del
mínimo de la pena exigido por el artículo comentado; por lo tanto, no se otorga a los
condenados por debajo de ese límite.
Para determinar el comienzo de ese cómputo, ha de tenerse en cuenta el tiempo
de duración de la detención domiciliaria y también el tiempo que el reo permaneció
en prisión preventiva.
26 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 13

Asimismo, se ha establecido que no cabe privar de este beneficio al reo, aun


cuando no haya sido sometido al régimen carcelario, cuando la ejecución penal se
haya visto impedida o demorada por causa no imputable al condenado (CC Cap., en
pleno, 9/9/1955, JA, 1955-IV-279; LL, 80-433).

Observancia de los reglamentos carcelarios. Otro de los requisitos para ob-


tener este preciado derecho es el cumplimiento de los reglamentos carcelarios en
forma regular; pero el haberlos observado no significa que, necesariamente, la liber-
tad condicional sea concedida, pues el fundamento de este instituto está dado por la
presunción de reforma positiva de la personalidad del sujeto; y para apreciar dicha
circunstancia, el juez no debe atender únicamente a su comportamiento externo sino
que también debe valorar: 1) el índice de peligrosidad y 2) el concepto general que
merezca el interno.
En los establecimientos en los que existen Institutos de Calificación, como suce-
de en los establecimientos nacionales, corresponde a ellos producir dictamen sobre
la conducta y concepto del reo. En ausencia de tales organismos, el informe debe
ser emitido por la dirección del presidio. La ley 22.156 agregó un último párrafo al
art. 13 del C.P., incluyendo como requisito para obtener este beneficio respecto de
los condenados por delito subversivo, la solicitud de informe previo al Ministerio del
Interior. Fue derogado en 1983 por la ley 22.980.
La valoración del delito cometido y demás antecedentes de la causa ha sido rea-
lizada a menudo con criterios distintos, dándose mayor importancia, a veces, al buen
comportamiento posterior más que a los antecedentes y a las condenas anteriores.

Obligaciones del condenado que obtuvo la libertad condicional. El Código


enumera a través de seis incisos, las condiciones que debe cumplir el beneficiario
de la libertad condicional para conservarla. Entre ellas figura la de someterse al cui-
dado de un patronato, pues los egresados y liberados deben gozar, por una parte,
de protección y asistencia social, moral y material post-penitenciaria; y, por otra,
deben estar sometidos a un contralor, pues la libertad condicional es una «libertad
vigilada», para que de este modo pueda determinarse el efectivo cumplimiento de
las condiciones impuestas por la ley y por el auto de soltura, lo cual será el índice
revelador del verdadero propósito de enmienda.
De conformidad con este objetivo, la Ley Penitenciaria Nacional (decreto ley
412/58, ratificado por la ley 14.467; ver leyes 24.660 y 25.948) dispone en su art.
102 que los patronatos de liberados son los encargados de ejercer esa función de
asistencia y de contralor; y en su art. 103, establece que podrán ser organismos ofi-
ciales o asociaciones privadas. Estas últimas recibirán un subsidio del Estado cuya
inversión será controlada por la autoridad competente.
El cumplimiento de la condición de adoptar oficio, arte, industria o profesión se ve
facilitado en el período de prueba (de acuerdo con la progresividad del régimen pe-
nitenciario nacional) a través de las salidas transitorias para gestionar su obtención
ante la proximidad del egreso anticipado, por medio de la libertad condicional (arts.
8 y 9, Ley Penitenciaria Nacional).
La jurisprudencia ha discutido si el otorgamiento de la libertad condicional es
competencia del juez de primera instancia con los recursos respectivos ante el tri-
bunal de Alzada o si dicha facultad pertenece exclusivamente a la Cámara de Ape-
laciones.
art. 14 DE LAS PENAS | 27

Jurisprudencia
«Del cotejo de los arts. 17 de la ley 24.660 y 13 del C.P., se desprende que
el beneficio de salidas transitorias exige para su otorgamiento ‘conducta ejemplar’
(párrafo tercero, art. 17, ley 24.660) que comprende una calificación de conducta y
concepto nueve (9) y diez (10), respectivamente (art. 51, decreto 396/1999), exigen-
cia esta que no obsta –en el presente caso– la concesión del beneficio de libertad
condicional, puesto que la condenada se encuentra en condiciones de obtenerla, ya
que cumple con todos los requisitos exigidos por las normas que reglamentan dicho
instituto» (C. Nac. Casación Penal, Sala 2, 12/4/2005, «Saban, Rosalía G. s/recurso
de casación», LexisNexis, 22/8790).
«En los casos donde el condenado no puede obtener su libertad efectiva por es-
tar anotado a disposición conjunta de otro tribunal, no resulta procedente el beneficio
de la libertad condicional, ya que el imputado no podría cumplir con las cláusulas
compromisorias del art. 13 del C.P.» (C. Nac. Casación Penal, Sala 3, 21/8/2003,
«Dorrego, Néstor Fabián s/recurso de casación», LexisNexis, 22/7413).

Artículo 14.— [según ley 25.892, B.O. 26/5/2004]. La libertad


condicional no se concederá a los reincidentes. Tampoco se con-
cederá en los casos previstos en los artículos 80, inciso 7, 124,
142 bis, anteúltimo párrafo, 165 y 170, anteúltimo párrafo.

Impedimento a los reincidentes. Críticas. La disposición aquí comentada


consagra otro de los requisitos para el otorgamiento de la libertad condicional y ha
merecido críticas en el sentido de que lo que debe dar fundamento a la negativa
del beneficio no es la reincidencia sino la peligrosidad del sujeto, que podría arri-
barse a resultados injustos en el caso, por ejemplo, de un reincidente por delitos
culposos.

Modificación del concepto de reincidencia. Reincidencia real. La ley 23.057,


modificatoria del Código Penal, vino a reformar los arts. 26, 27, 50, 51, 52 y 53. En
este último, se da la posibilidad de otorgar la libertad condicional a los condenados
a reclusión por tiempo indeterminado como accesoria de la última condena; y, dado
que esos sujetos son reincidentes, se ha sostenido que el art. 53, o bien es una ex-
cepción al art. 14, o bien lo deroga. Sin embargo, entre aquellos que consideran que
la reclusión por tiempo indeterminado como accesoria de la última condena es una
medida de seguridad y no una pena, esta discusión no se plantea.

Alcance. Debate conceptual. El concepto de reincidencia es el definido por el


art. 50 del C.P. La jurisprudencia ha debatido los alcances de esta expresión a los
efectos del otorgamiento de la libertad condicional. Ha dicho que no es reincidente
quien cometió el segundo delito pocos meses después del primero pero antes de
que hubiera recaído sanción en este último (CF Resistencia, 22/7/1958, JA, 1958-
IV-252); tampoco quien registra condenas anteriores por distintos hechos si éstos
aparecen como derivados de una misma relación contractual con identidad de su-
jeto activo y pasivo (CC Cap., 20/9/1946, Fallos, 5-376); del mismo modo, no sería
reincidente el penado que registra una condena anterior cuya pena principal no era
privativa de libertad, aunque la de este carácter le hubiera sido impuesta como sub-
28 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 15

sidiaria (CC Cap., 13/9/1932, Fallos, 2-340) o se le hubiera aplicado por conversión
de una multa incumplida (CF Mendoza, 17/4/1940, LL, 18-785).

Jurisprudencia
«Cuando la condena impuesta contenga la accesoria del art. 52 del C.P., no
procederá la libertad asistida (art. 54, ley 24.660), pues la libertad condicional podrá
obtenerse transcurridos cinco años de cumplimiento de la reclusión accesoria y la
libertad definitiva cinco años después de estar en libertad condicional (art. 53, C.P.),
siempre que se hubiesen respetado las condiciones del art. 13 (ídem)». (C. Nac.
Casación Penal, Sala 1, 4/12/2003, «Posadas, Sergio Alejandro s/recurso de casa-
ción», LexisNexis, 22/7326.

Artículo 15.— La libertad condicional será revocada cuando


el penado cometiere un nuevo delito o violare la obligación de
residencia. En estos casos no se computará, en el término de la
pena, el tiempo que haya durado la libertad.
En los casos de los incisos 2, 3, 5 y 6 del artículo 13, el Tribu-
nal podrá disponer que no se compute en el término de la conde-
na todo o parte del tiempo que hubiere durado la libertad, hasta
que el condenado cumpliese con lo dispuesto en dichos incisos.
[Párrafo ley 25.892, B.O. 26/5/2004].

Se ha agregado el inc. 6 del art. 13.

Revocación de la libertad condicional. Violación del deber de residencia.


Una de las causas de la revocación de la libertad condicional es el incumplimiento de
la obligación de residir en el lugar que determine el auto de soltura, exigencia que se
funda en el carácter de «libertad vigilada» que reviste dicho beneficio.
Sin embargo, se ha decidido que si el incumplimiento de algunas de las condi-
ciones impuestas en el auto de liberación de un penado obedece al hecho de haber
encontrado un trabajo que le permita atender honradamente a su subsistencia y no
al deliberado propósito de eludir el deber de residencia ni el control de la inspección,
no corresponde ejercitar la facultad del art. 15 del C.P. para revocar la libertad con-
dicional (CC 2ª Córdoba, 5/9/1940, RLL, VI-791, s. 2-3).

Comisión de un nuevo delito. El nuevo delito destruye la presunción de en-


mienda que sirve de base a la libertad condicional y provoca su pérdida si el hecho
se cometió antes de la extinción de la pena impuesta en el proceso, aun cuando la
sentencia se dicte posteriormente. En este caso, el penado debe cumplir la pena
impuesta anteriormente y corresponde establecer una pena única, conforme al art.
58 del C.P.
Al revocarse la libertad condicional por la comisión de un nuevo delito, se des-
cuenta del cómputo de la pena el tiempo correlativo de libertad. En este sentido se
expidieron: CC Tucumán, 15/7/1960, JA, 3/1/62, Nº 251; SC Tucumán, 15/6/1940,
LL, 19-572.
art. 16 DE LAS PENAS | 29

Las demás condiciones. La inobservancia de las restantes condiciones im-


puestas por el art. 13 del C.P. no conduce a la revocación de la libertad condicional y
las autoridades deben limitarse a intimar al condenado a que las cumpla.
El juez tiene la facultad de no computar, en el término de la condena, todo el
tiempo de duración de la libertad o parte de él, hasta el efectivo cumplimiento de
aquellos deberes.

Revocación de la libertad condicional por pena o por el art. 52. Existe una di-
ferencia fundamental entre la libertad condicional del que cumple «pena» y la misma
libertad relacionada con la accesoria del art. 52 del C.P. La primera es de revocación
imperativa si el penado liberado comete un nuevo delito (art. 15); además, en ningún
supuesto, una vez revocada, puede solicitarse nuevamente (art. 17). La segunda,
por el contrario, es de revocación facultativa en el caso de consumación de nuevo
delito y puede solicitarse aun después de haber sido revocada (art. 53, in fine) (CC
Concepción del Uruguay, 23/8/1961, LL, 108-464).

Jurisprudencia
«La demostración del perjuicio es requisito insalvable para la declaración de
una nulidad, y es tarea de quien invoca la violación de garantías constitucionales
la demostración del concreto detrimento y de la distinta solución a la que se habría
arribado de no existir tal defecto, además de puntualizar de qué actos de defensa
se vio impedida la parte a resultas de ello, toda vez que una declaración de tal
gravedad no puede permitirse que sea hecha en el puro interés de la ley, cuando
no ha causado efectos perniciosos para los interesados» (C. Nac. Casación Penal,
Sala 4, 19/2/2003, «Martínez Bono, Ricardo N. s/recurso de casación», LexisNexis,
22/6879).

Artículo 16.— Transcurrido el término de la condena, o el


plazo de cinco años señalado en el artículo 13 sin que la libertad
condicional haya sido revocada, la pena quedará extinguida, lo
mismo que la inhabilitación absoluta del artículo 12.

Extinción de la pena. La inhabilitación absoluta. La situación jurídica del libe-


rado condicionalmente es la de un penado, pues la libertad condicional no es otra
cosa que una forma de cumplimiento de las penas privativas de la libertad.
Conforme al art. 12, los condenados con reclusión o prisión por más de tres años
sufren inhabilitación absoluta por todo el tiempo que dure la condena (y hasta tres
años más si así lo resuelve el tribunal de acuerdo con la índole del delito) como,
asimismo, la privación de la patria potestad, de la administración de los bienes y del
derecho de disponer de ellos por actos entre vivos, mientras dure la pena.
Pero la jurisprudencia no ha sido uniforme acerca de los efectos que produce la
libertad condicional en relación con la inhabilitación absoluta y si bien se concluye
que esa es la única pena accesoria que subsiste en este caso, existen fallos que
han decidido contradictoriamente sobre los alcances de esta penalidad a partir del
otorgamiento de la libertad condicional (véase CC Cap., 18/3/1941, LL, 22-29; JA,
74-48; CF Bahía Blanca, 3/10/1938, JA, 67-712).
30 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 17

La razón de las soluciones opuestas se encuentra en la diferente naturaleza


jurídica de la inhabilitación absoluta y de las incapacidades civiles, pues, dado que
la inhabilitación es una pena y se impone accesoriamente a la condena principal,
mientras ésta dure, la inhabilitación debe subsistir. En cambio, la privación de los
derechos que enumera el art. 12 es una medida de tutela que se impone con el fin de
defender los bienes e intereses del penado, quien no puede atender correctamente
el ejercicio de esos derechos estando privado de su libertad. Así, al desaparecer
el fundamento de esa medida y recuperarse nuevamente la libertad, aun en forma
condicional, desaparece la medida misma. En este sentido, se ha declarado que la
inhabilitación para el ejercicio de los derechos civiles que prescribe el art. 12 del C.P.,
para los que sean condenados a reclusión o prisión por más de tres años, tiende a
evitar perjuicios en los bienes y personas de la familia del condenado (CC Mendoza,
21/3/1936, JA, 56-691).

Jurisprudencia
«Cuando la condena impuesta a primarios o reiterantes sea a reclusión o prisión
perpetua, sólo procederá la libertad condicional (art. 13, C.P.; establece que aquéllos
accederán a ese beneficio a los veinte años de prisión), mas no la libertad asistida,
pues la pena se agota cinco años después de obtenida la libertad condicional (art.
13 in fine y art. 16, C.P.); salvo que hubiese sido revocada esta última (arts. 15 y
17, C.P.), en cuyo caso no podría obtenerse nuevamente ese beneficio pero sí la
libertad asistida seis meses antes de aquel agotamiento» (C. Nac. Casación Penal,
Sala 1, 4/12/2003, «Posadas, Sergio Alejandro s/recurso de casación», LexisNexis,
22/7328).

Artículo 17.— Ningún penado cuya libertad condicional haya


sido revocada, podrá obtenerla nuevamente.

Impedimento por revocación. El Código materializa en este artículo otro de los


requisitos necesarios para obtener la libertad condicional: que anteriormente no se
hubiera revocado ese beneficio.
Cuando al condenado se le concede la libertad condicional, éste debe conser-
varla a través del cumplimiento de las condiciones que la ley le impone (obligación
de residencia y prohibición de cometer nuevos delitos). Si no lo hace, se le revoca, y
a partir de ese momento, ya no podrá beneficiarse nuevamente con dicho instituto.
Del mismo modo que en el art. 15, también aquí se pone de relieve una de las
diferencias básicas entre la libertad condicional del que cumple «pena» –la cual en
ningún caso, una vez revocada, puede solicitarse nuevamente (art. 17, C.P.)– y la
libertad condicional otorgada en relación con la reclusión por tiempo indeterminado
como accesoria de la última condena –la cual puede solicitarse aun después de ha-
ber sido revocada (art. 53, in fine, C.P.)–. En este sentido, véase CC Concepción del
Uruguay, 23/8/1961, LL, 108-464.

Jurisprudencia
«La libertad condicional no es una facultad discrecional. Ello es así, pues la ley
concede ese beneficio al penado que reúne las condiciones taxativamente prescrip-
tas para su procedencia, a saber: 1) haber cumplido determinado lapso de condena
art. 18 DE LAS PENAS | 31

con encierro; 2) observancia, durante ese lapso, con regularidad de los reglamen-
tos carcelarios; 3) no ser reincidente, y 4) no habérsele revocado anteriormente su
libertad condicional. Cuando esas cuatro condiciones estén reunidas, la ley otorga
esa libertad y el juez debe declarar eso, y no otra cosa» (TS Córdoba, Sala Penal,
9/11/1995, sent. 13, «Fornari, Ariel R.»).

Artículo 18.— Los condenados por tribunales provinciales a


reclusión o prisión por más de cinco años serán admitidos en los
respectivos establecimientos nacionales. Las provincias podrán
mandarlos siempre que no tuvieren establecimientos adecuados.

Admisión de condenados provinciales. El presente artículo prevé la forma


efectiva de cumplimiento de penas privativas de libertad dispuestas por tribunales
provinciales, teniendo en cuenta la escasez de recursos de las provincias y con el
objetivo de lograr la integración del sistema penitenciario nacional y la uniformidad
en la aplicación de las penas.
Dice Moreno al respecto (El Código Penal, II, 84): «Si cada provincia pudiera
tener modos distintos de ejecución de la penalidad, podríamos contar, en realidad,
con diferentes castigos, a pesar de la uniformidad dispuesta por la Constitución Na-
cional. Si bien algunas provincias se encuentran en condiciones de cumplir con las
exigencias de la ley, otras no pueden hacerlo, a causa de sus recursos reducidos y
como consecuencia de su escasa población».
En este sentido, la Ley Penitenciaria Nacional (decreto ley 412/58; ver leyes
24.660 y 25.948) dispone en su art. 122 que, a los efectos de la segunda parte del
art. 18 del C.P., se considerará que las provincias no disponen de establecimientos
adecuados cuando los que tuvieren no se encontraren en las condiciones requeridas
para hacer efectivas las normas contenidas en esta ley.
A su vez, en ratificación del objetivo de integración del sistema penitenciario na-
cional, permite que la Nación y las provincias y éstas entre sí, concierten acuerdos
destinados a recibir o transferir condenados por sus respectivas jurisdicciones, a
penas superiores o menores de cinco años, cuando resultare conveniente para ase-
gurar una mejor individualización de la pena y una efectiva integración del sistema
penitenciario de la República (art. 124).

Artículo 19.— La inhabilitación absoluta importa:


1) La privación del empleo o cargo público que ejercía el pena-
do aunque provenga de elección popular;
2) La privación del derecho electoral;
3) La incapacidad para obtener cargos, empleos y comisiones
públicas;
4) La suspensión del goce de toda jubilación, pensión o retiro,
civil o militar, cuyo importe será percibido por los parientes que
tengan derecho a pensión.
El tribunal podrá disponer, por razones de carácter asisten-
cial, que la víctima o los deudos que estaban a su cargo con-
curran hasta la mitad de dicho importe, o que lo perciban en su
32 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 19

totalidad, cuando el penado no tuviere parientes con derecho a


pensión, en ambos casos hasta integrar el monto de las indem-
nizaciones fijadas.

Inhabilitación. Concepto. La pena de inhabilitación «consiste en la privación de


derechos o de su ejercicio, como consecuencia jurídica de la comisión de un delito»
(Breglia Arias y Gauna, Código Penal y leyes complementarias, 62).

Clasificación. En nuestro Derecho, las inhabilitaciones se clasifican en abso-


lutas y especiales. En cuanto a su duración, pueden ser perpetuas (arts. 12 –en el
caso de reclusión o prisión temporales–, 256, 259, 265, 270, 273, 274, 275, 281,
287, 291 y 298).
En relación con su carácter, la inhabilitación puede aplicarse como pena princi-
pal o como pena accesoria (art. 12 –por el monto de la pena impuesta–, aunque en
opinión de Breglia Arias y Gauna –op. cit., 62–, «no sería, en cambio, accesoria, la
inhabilitación facultativa que el mismo art. 12 establece por tres años más, después
del tiempo de la condena y de acuerdo con la índole del delito», tratándose en este
caso de una pena complementaria).
Este artículo se refiere a la inhabilitación absoluta como pena principal, de acuer-
do con la enumeración del art. 5. Y se ha decidido que, si aparece en forma conjunta
con otra pena, ambas son impuestas como principales (ST Corrientes, 14/5/1948,
JA, 1948-II-94).
No debe entenderse que la inhabilitación absoluta despoja al sujeto de todo de-
recho, pues esto equivaldría a la muerte civil, inexistente en nuestra legislación. La
inhabilitación, aun cuando sea absoluta, sólo priva de determinados derechos.
Por otra parte, el art. 281 bis del C.P., reincorporado por la ley 21.338 (1976),
derogado por la ley 23.077 (1984) y reimpuesto por la ley 23.487 (1987), sanciona el
quebrantamiento de una inhabilitación judicialmente impuesta.

Inhabilitación absoluta. Derechos que comprende. En opinión de Oderigo


(op. cit., 15), la inhabilitación absoluta «se reduce en su alcance, a los cuatro incisos
de este artículo, ya que las inhabilidades de carácter civil previstas por el art. 12 para
el caso de condena a reclusión o prisión por más de tres años se aplican ‘además’
de la inhabilitación absoluta, vale decir, que ésta no las comprende».
• Privación del empleo o cargo público e incapacidad para obtenerlo: de acuerdo
con la inteligencia de los conceptos utilizados en el Código Penal (art. 77), los térmi-
nos «funcionario público» y «empleado público» designan «a todo el que participa
accidental o permanentemente del ejercicio de funciones públicas, sea por elección
popular o por nombramiento de autoridad competente».
La jurisprudencia ha decidido que la inhabilitación es una pena conjunta que
complementa a la de privación de libertad cuando el culpable es funcionario público
(CF Cap., 6/5/1958, LL, 92-361).
• Privación del derecho electoral: se refiere al derecho de elegir y ser elegido
tanto en el ámbito municipal y en provincial como en el nacional.
• Suspensión del goce de jubilación, pensión o retiro: el texto anterior del inc. 4
disponía «la pérdida de toda jubilación, pensión o goce de montepío que disfrutare.
Si el penado tuviese esposa, hijos menores, de cualquier clase, o padres ancianos
y desvalidos, corresponderá a éstos el importe de la jubilación, pensión o goce de
art. 19 DE LAS PENAS | 33

montepío. En caso contrario, su importe se destinará a aumentar los fondos prove-


nientes de la aplicación del art. 11».
Finalmente, este inciso fue modificado por la ley 21.338 (1976), en virtud de que
su redacción originaria planteaba serias dificultades interpretativas y controversias
en cuanto a su naturaleza y a la aplicación de la legislación provincial sobre previsión
social. El nuevo texto ha puesto fin a tales problemas.
Así, v.gr., se había resuelto que el art. 19 del C.P. no podía considerarse orgánico
del régimen de jubilaciones y pensiones, pues ese régimen había sido establecido
en las leyes especiales que regían la materia, que lo habían ido modificando sin
alterar dicho Código, de suerte que el traspaso de jubilación o pensión mencionado
en dicho artículo sólo podía beneficiar a aquellos parientes que según las leyes or-
gánicas respectivas tuvieran derecho a recibirlo (CF Cap., 12/12/1949, LL, 58-844;
JA, 1950-II-292).
También se ha decidido que el art. 19, inc. 4, del C.P. resuelve el alcance de
la pena de inhabilitación cuando el condenado gozare de esos beneficios pero no
cuando solamente tuviere un derecho en expectativa a ellos (CF Cap., 20/8/1943,
LL, 32-623; JA, 1943-III-921). De modo tal que los parientes carecerían de la facultad
de solicitar su percepción cuando se hubiera perdido el derecho por cualquier causa
o sólo tuviera uno en expectativa (conf. Rubianes, op. cit., I, 44).
Por otra parte, se ha resuelto que este inciso debe correlacionarse lógicamente
con la letra expresa del art. 12, de modo que la pérdida de los mentados derechos
debe limitarse al tiempo de la condena (CP Cap., 24/4/1936, LL, 6-390).

Condena condicional e inhabilitación. Anteriormente, era objeto de controver-


sia jurisprudencial la posibilidad de que la pena de inhabilitación pudiera sujetarse al
régimen de condena de ejecución condicional.
A partir de la introducción de la reforma de la ley 23.051 al art. 26 del C.P., no
quedan dudas al respecto. Dicho artículo excluye expresamente la pena de inhabili-
tación del régimen de condenación condicional.
Según Breglia Arias y Gauna (op. cit., 64), tales divergencias nacían de «la con-
fusión acerca de la naturaleza de la pena de inhabilitación principal prevista conjun-
tamente, a la que se adjudicaba carácter de complementaria, por lo cual, cuando se
suspendía la pena privativa de libertad, o de multa –que podía ser aplicada entonces
condicionalmente–, se procedía de igual manera respecto de la de inhabilitación».

Libertad condicional e inhabilitación. El régimen de cumplimiento condicional


que establece el art. 13 del C.P. sólo se refiere a penas privativas de libertad y no es
aplicable a la inhabilitación (CC La Plata, 22/5/1958, DJBA, 54-273).

Extinción de la inhabilitación. La inhabilitación se extingue por el indulto. En


relación con este punto, se ha decidido que el indultado no puede exigir a la Caja de
Jubilaciones el pago de haberes jubilatorios del que fue privado mientras sufría una
condena (CF Cap., 28/9/1938, JA, 66-46).
Se ha discutido si el pago voluntario de la multa produce o no la extinción de la
inhabilitación. En este sentido, la jurisprudencia ha resuelto que la causa extintiva de
la acción penal prevista en el art. 64 del C.P. no corresponde a los delitos reprimidos
con pena conjunta de multa e inhabilitación, por tener esta última, conforme a la opi-
nión predominante, la calidad de pena principal e independiente y no la calidad de
34 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 20

accesoria de la primera (CCC, 6/9/1960, LL, 100-787, Nº 5960-S). (En contra: CCC,
18/9/1956, JA, 1956-IV-275; CCC, 26/8/1949, LL, 56-33, JA, 1949-IV-523).

Aspecto procesal. Si la pena fuere la de inhabilitación general, deberá publi-


carse la sentencia en dos periódicos del lugar en que tenga su asiento el juzgado
que haya resuelto el caso en primera instancia y en la Capital de la República. Si el
procesado estuviere ejerciendo algún empleo o cargo público, aunque proceda de
elección popular, se comunicará al cuerpo, autoridad o jefe respectivo (arts. 499 y
500, C.P.P.N. –ley 23.984–).

Prescripción de la inhabilitación. El Código Penal prevé el término de prescrip-


ción de la acción penal respecto de delitos reprimidos con inhabilitación (perpetua:
cinco años; temporal: un año), pero no contempla el término de prescripción de la
pena de inhabilitación, a diferencia del resto de las penas (art. 65, C.P.).

Jurisprudencia
«Configura el delito de malversación de caudales equiparados a públicos la ac-
ción del procesado designado depositario judicial de los bienes en juicio ejecutivo,
que los coloca fuera del ámbito de la custodia judicialmente asignada, produciendo el
quebrantamiento del vínculo de vigilancia a que estaba obligado y tornando irrealizable
el fin asegurativo perseguido por el embargo. Los alcances de la inhabilitación abso-
luta, perpetua, prevista por el art. 261 del C.P., están fijados en el art. 19 del mismo
ordenamiento» (CC Cap., Sala 4, 15/2/1990, sent. 37.326, «Brancamonte, C. R.»).

Artículo 20.— La inhabilitación especial producirá la priva-


ción del empleo, cargo, profesión o derecho sobre que recayere
y la incapacidad para obtener otro del mismo género durante la
condena.
La inhabilitación especial para derechos políticos producirá
la incapacidad de ejercer durante la condena aquellos sobre que
recayere.

Inhabilitación especial. Concepto y naturaleza. La inhabilitación especial,


como sanción penal con sentido jurídico, es la prohibición temporal del ejercicio de
un arte, profesión o cargo en el cual se cometió la imprudencia o se incurrió en im-
pericia, negligencia o inobservancia de los reglamentos (CC Cap., 10/5/1938, LL,
10-1096).
Si bien puede revestir diversas formas, lo fundamental es que la pena se aplica
al individuo en relación con la actividad en que se cometió el delito.
En este sentido, la Suprema Corte de Tucumán ha determinado que esta pena
está ligada estrechamente o referida al hecho criminal producido como consecuen-
cia de la actividad cuyo ejercicio luego se verá prohibido por la sanción correspon-
diente (SC Tucumán, 22/9/1948, LL, 53-309). Y, en consecuencia, se ha resuelto,
v.gr., «que debe dejarse sin efecto la pena de inhabilitación especial para conducir
automotores que el sentenciante impuso al condenado (colectivero) por el delito de
daño, porque de las características fácticas del suceso (provocó daños a un automó-
vil con un contundente garrote) no se advierte la necesaria relación que debe existir
art. 20 DE LAS PENAS | 35

entre su ocurrencia y la incompetencia o abuso en el desempeño de la profesión de


colectivero. Es que tal relación necesariamente debe surgir de las mismas circuns-
tancias del suceso… porque del ejercicio de la profesión del acriminado derivó un
posterior incidente que ninguna causación tiene en inidoneidad o irregularidad del
encausado en el manejo» (C.N. Crim. y Corr., 10/2/1981, BICCC, 1982-III-54).
En cuanto a su naturaleza jurídica, esta penalidad consiste en una privación de
derechos y se distingue cualitativamente de la inhabilitación absoluta, pues tiene un
carácter más bien preventivo que represivo.
Cabe recordar que la ley 23.487 (1987) ha reincorporado a nuestra legislación
penal el delito de quebrantamiento de inhabilitación judicialmente impuesta (art. 281
bis), el cual había sido incluido por la ley 17.567 (1968), reimplantado por la ley
21.338 (1976) y derogado por la ley 23.077 (1984).

Carácter autónomo o accesorio. La inhabilitación especial aparece general-


mente como pena accesoria, pero también es posible que revista el carácter de pena
principal.
En relación con el tema, la jurisprudencia ha dicho que los tribunales no han uni-
formado criterio acerca del carácter accesorio o principal de la pena de inhabilitación
especial cuando está impuesta juntamente con otra sanción (por ejemplo, arts. 84 y
94, C.P.) y ello implica que el texto legal admite más de una solución correcta, entre
las que el intérprete debe optar en un acto de decisión que pondere estimativamente
las circunstancias del caso (CC. Cap., 19/2/1952, LL, 65-697). Y en el mismo sentido
ha declarado que la pena de inhabilitación es unas veces autónoma y otras, acceso-
ria, y puede también ser conjunta, como ocurre en el homicidio por imprudencia, don-
de ella es tan principal como la pena privativa de libertad (SC Tucumán, 22/9/1942,
LL, 28-109; JA, 1942-V-781).

Necesidad de reglamentación y de título habilitante o autorización. La juris-


prudencia es contradictoria en la determinación de si es necesario que la profesión
o arte objeto de la pena se encuentre reglamentado y también sobre si es requisito
indispensable la existencia de título o autorización.
Sobre el tema, algunos fallos han decidido que procede imponerla, aun cuando
la profesión en cuyo ejercicio se cometió el delito no sea de las reglamentadas por
la autoridad. También procede imponerla cuando, tratándose de profesión reglamen-
tada, el autor carezca de título o autorización correspondiente (CC Cap., en pleno,
16/6/1925, Fallos, 3-295; JA, 16-304).
En sentido contrario se ha resuelto que en los delitos por imprudencia, impericia
en el arte o profesión, etcétera, no es aplicable la accesoria de inhabilitación especial
prevista por el art. 94 del C.P. si la respectiva profesión o arte no se halla reglamen-
tada o el autor del hecho no tiene autorización para ejercerla (CC Cap., en pleno,
26/6/1923, Fallos, 3-299; JA, 10-884).

Aspecto procesal. De acuerdo con lo dispuesto por los arts. 8, 189 a 192 del
C.P.P.N. y concs. –ley 23.984–, si el procesado estuviera ejerciendo algún empleo o
cargo público, aunque proceda de elección popular, se comunicará al cuerpo, auto-
ridad o jefe respectivo, haciéndose presente que el condenado ha quedado privado
del empleo que desempeñaba e incapacitado para obtener otros empleos del mismo
género dentro del tiempo de la condena.
36 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 20 bis

Artículo 20 bis.— Podrá imponerse inhabilitación especial


de seis meses a diez años, aunque esa pena no esté expresamen-
te prevista, cuando el delito cometido importe:
1) Incompetencia o abuso en el ejercicio de un empleo o cargo
público;
2) Abuso en el ejercicio de la patria potestad, adopción, tutela
o curatela;
3) Incompetencia o abuso en el desempeño de una profesión
o actividad cuyo ejercicio dependa de una autorización, licencia
o habilitación del poder público.
En caso de los delitos previstos en los artículos 119, 120, 124,
125, 125 bis, 128, 129 -in fine-, 130 -párrafos segundo y tercero-,
145 bis y 145 ter del Código Penal, la inhabilitación especial será
perpetua cuando el autor se hubiere valido de su empleo, cargo,
profesión o derecho para la comisión. [párrafo agregado por ley
27.206, B.O. 10/11/2015]

Inhabilitación especial no prevista. Concepto. El art. 20 bis, introducido por la


ley 17.567 (1968), derogado por la ley 20.509 (1973) y reimpuesto por la ley 21.338
(1976), abre la posibilidad de imponer la pena de inhabilitación especial, aun cuando
no esté especialmente dispuesta para el delito cometido, si el hecho importa incom-
petencia o abuso en el ejercicio de determinados cargos, profesiones o actividades
cuyo desempeño dependa de una habilitación especial.
Así, la ley 21.338 vino a poner remedio a un vacío que existía en nuestra legis-
lación, que impedía la imposición de la inhabilitación especial en casos donde había
mediado incompetencia o abuso, debido a que en muchas figuras penales no estaba
prevista esa penalidad.

Naturaleza. De igual forma y finalidad que en el art. 20 del C.P., la inhabilitación


especial del artículo comentado tiene carácter de pena preventiva, pues busca res-
tringir la actividad del sujeto en el ámbito en el que delinquió.

Supuestos comprendidos. En opinión de Breglia Arias y Gauna (op. cit., 68),


«la incompetencia o el abuso tienen que ser en la actividad, y no con motivo de ella».
En igual sentido, se ha decidido que «si la conducta atribuida al procesado (en
el caso de autos: daño a un transporte escolar) no importó concretamente un abuso
en el desempeño de su profesión (la de conducir un transporte de pasajeros), no
corresponde aplicar la pena de inhabilitación prevista en el art. 20 bis, inc. 3 del C.P.»
(C.N. Crim. y Corr., Sala II, 15/8/1980, c. 24.702, BICCC, 1981-I-15). Asimismo, se
ha resuelto que «no corresponde imponer al procesado (policía), condenado por el
delito de robo con armas, la pena de inhabilitación especial prevista por el art. 20 bis
del C.P., dado que si bien aquél pertenecía, al tiempo de los hechos, a los cuadros de
la Policía Federal, lo cierto es que la disvaliosa acción llevada a cabo fue ajena a su
calidad funcional y al ejercicio de la función» (C.N. Crim. y Corr., Sala VII, 22/4/1982,
c. 1900, BICCC, 1982-II-60).
Por otra parte, la inhabilitación especial comprende precisamente el abuso o
incompetencia en el ejercicio de empleos, cargos, profesiones o actividades para
cuyo desempeño sea necesaria una autorización, licencia o habilitación especial.
art. 20 ter DE LAS PENAS | 37

De modo que «una actividad que no esté autorizada, o que no dependa de licencia
o habilitación, como la muy difundida hoy ‘parapsicología’, no puede dar lugar a la
inhabilitación de este artículo» (Breglia Arias y Gauna, op. cit., 69).
Esta penalidad se aplica a delitos de carácter culposo o doloso, donde hubiera
mediado tal incompetencia o abuso; y abarca todo tipo de participación (autor, coau-
tor, instigador y cómplice).

Inhabilitación perpetua. El legislador mediante la sanción de la ley 27.206, ha


agregado un último párrafo a la redacción de este artículo, estableciendo un verda-
dero agravante cuando se den en determinados tipos de figuras penales situaciones
previas que posibilitaron, facilitaron o dotaron al sujeto activo de los delitos nom-
brados en dicha norma de un terreno fértil o situación que favoreció o posibilitó la
comisión de la conducta disvaliosa.
Es un verdadero agravante puesto que las penas que prevé nuestra legislación
no se agotan en la pena privativa de la libertad encontrándose en nuestro ordena-
miento penas de multa e inhabilitación. Esta nueva reforma dispone una inhabilita-
ción de por vida. Justamente lo que se ha propuesto el legislador es asegurarse que
aquella persona que desplegaba un cargo, función, magisterio o tenía derecho sobre
determinada situación no pueda volver a encontrarse en dicha situación a los efectos
de lograr que no vuelva reincidir en la conducta disvaliosa.

Jurisprudencia
«No puede entenderse configurado el abuso en el desempeño de la profesión
que requiere el inc. 3, art. 20 bis del C.P. si la descripción del cuerpo del delito, si bien
refiere la realización de dos negocios jurídicos, no alude a una actuación específica
de la imputada en su carácter de abogado ni tampoco menciona algún acto que
requiriera la indispensable intervención de un letrado» (Tribunales de Buenos Aires,
24/9/2007, BA, B3286167).
«Si la pena de inhabilitación que dispone el art. 20 bis del C.P. fue impuesta sin
mediar acusación ni defensa, corresponde dejarla sin efecto, desde que la nulidad
que apareja adquiere efectos sustanciales y se traduce en una errónea aplicación de
la ley sustantiva» (C. Nac. Casación Penal, Sala 1, 30/8/2002, «Hilt, Jorge Ricardo s/
recurso de casación», LexisNexis, 22/6238).

Artículo 20 ter.— El condenado a inhabilitación absoluta


puede ser restituido al uso y goce de los derechos y capacidades
de que fue privado, si se ha comportado correctamente durante
la mitad del plazo de aquélla, o durante diez años cuando la pena
fuera perpetua y ha reparado los daños en la medida de lo posi-
ble.
El condenado a inhabilitación especial puede ser rehabilitado,
transcurrida la mitad del plazo de ella, o cinco años cuando la
pena fuere perpetua, si se ha comportado correctamente, ha re-
mediado su incompetencia o no es de temer que incurra en nue-
vos abusos y, además, ha reparado los daños en la medida de lo
posible.
38 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 20 ter

Cuando la inhabilitación importó la pérdida de un cargo públi-


co o de una tutela o curatela, la rehabilitación no comportará la
reposición en los mismos cargos.
Para todos los efectos, en los plazos de inhabilitación no se
computará el tiempo en que el inhabilitado haya estado prófugo,
internado o privado de su libertad.

Rehabilitación. La ley 21.338 (1976), siguiendo la solución de la ley 17.567


(1968), abrió la posibilidad de que el inhabilitado pudiera recuperar el uso o goce de
sus derechos antes de que venciese el término de la condena que lo había inhabi-
litado.
Dicha posibilidad no estaba contemplada en nuestro Código Penal, lo cual re-
sultaba «sumamente riguroso, sobre todo en relación a la aplicación de penas de
inhabilitación absoluta o especial perpetua, ya que no se preveía el modo de su
cesación» (Breglia Arias y Gauna, op. cit., 70).

Requisitos. Son condiciones indispensables para el logro de la rehabilitación:


1) el transcurso de los plazos establecidos por la ley; 2) el correcto comportamiento
durante dichos términos; 3) la reparación de los daños cometidos «en la medida de
lo posible» (los daños a que se refiere el artículo son los mencionados por el art. 29
en los incs. 1 y 2). Acerca de este aspecto se ha decidido que «no corresponde hacer
lugar al pedido de rehabilitación para conducir solicitada por el condenado, dado que
no ha satisfecho íntegramente los recaudos establecidos por el art. 20 ter del C.P.,
al no haber reparado los daños en la medida de lo posible, aspecto que no puede
darse por cumplido con el sólo allanamiento a la acción por daños y perjuicios que
le iniciara la víctima» (C.N. Crim. y Corr., 7/12/1979, BICCC, 1980-V-96). Exclusiva-
mente para el condenado a inhabilitación especial: haber remediado su incapacidad
o que no sea de temer que incurra en nuevos abusos.

Cargos excluidos de la rehabilitación. La ley se ha encargado de puntualizar


expresamente la exclusión de cargos públicos, tutelas o curatelas, del instituto de
la rehabilitación; de tal manera que si la condena a inhabilitación hubiera excluido
dichos cargos, la rehabilitación no importa su recuperación.

Cómputo de los plazos de rehabilitación. Exclusión del caso del art. 12. El
artículo comentado, en su párrafo 4, introduce una reforma al sistema de cómputo
de la inhabilitación, pues determina que no se tomará en cuenta el tiempo en que el
inhabilitado haya estado prófugo, internado o privado de su libertad.
En opinión de Breglia Arias y Gauna (op. cit., 71), «tal norma no ha rozado en
manera alguna la del art. 24, pues mientras aquélla rige para después de la condena,
ésta señala cómo restar de la pena de inhabilitación impuesta la prisión preventiva
sufrida antes del pronunciamiento».
Asimismo, estos autores sostienen que el art. 20 ter no rige respecto de la inhabi-
litación absoluta del art. 12 del C.P. debido a su carácter de pena accesoria, además
de que la mentada norma estructura una forma especial de cómputo que no resulta
derogada por el artículo comentado.
art. 21 DE LAS PENAS | 39

Jurisprudencia
«Con la doctrina de la arbitrariedad se tiende a resguardar la garantía de la de-
fensa en juicio y el debido proceso, exigiendo que las sentencias sean fundadas y
constituyan una derivación razonada del derecho vigente con aplicación a las cir-
cunstancias comprobadas de la causa» (CSJN, 7/7/1992, «Vallejo, Gustavo C. y
otro», LexisNexis, 2/2882; JA, 1993-III, síntesis).

Artículo 21.— La multa obligará al reo a pagar la cantidad de


dinero que determinare la sentencia, teniendo en cuenta además
de las causas generales del artículo 40, la situación económica
del penado.
Si el reo no pagare la mula en el término que fije la sentencia,
sufrirá prisión que no excederá de año y medio.
El tribunal, antes de transformar la multa en la prisión corres-
pondiente, procurará la satisfacción de la primera, haciéndola
efectiva sobre los bienes, sueldos u otras entradas del conde-
nado. Podrá autorizarse al condenado a amortizar la pena pecu-
niaria, mediante el trabajo libre, siempre que se presente ocasión
para ello.
También se podrá autorizar al condenado a pagar la multa por
cuotas. El tribunal fijará el monto y las fechas de los pagos, se-
gún la condición económica del condenado.

Pena de multa. Concepto y carácter. Conforme la definición de Soler, la pena


de multa consiste en la obligación de pagar una suma de dinero impuesta por el juez.
Pero, como lo señala Núñez (Derecho Penal, II, 415), la esencia de la multa pe-
nal no estriba en la obligación de pagar una suma de dinero sino en el pago mismo,
así como la pena de prisión no consiste en la obligación de estar encerrado sino en
el encierro que el penado sufre.
Esta penalidad puede afectar tres tipos de bienes o derechos: el patrimonio del
delincuente (cuando la multa se hace efectiva en dinero), la libertad de trabajo (cuan-
do amortiza la pena pecuniaria mediante trabajo libre) o la libertad ambulatoria (en el
caso que se produzca la transformación de la multa en prisión).

Finalidad e importancia. La finalidad de la multa es esencialmente represiva,


dado su carácter de pena. No persigue aumentar los ingresos del Estado sino casti-
gar al delincuente, hiriéndolo en su patrimonio.
Su importancia consiste en que permite sustituir eficazmente las penas privativas
de la libertad que sean de corta duración.
Así lo habían manifestado los legisladores en la Exposición de Motivos de la Co-
misión de la Cámara de Diputados (pág. 126 de la edición oficial de 1922), quienes
buscaban contribuir «a que no se aumente la población carcelaria y a que no se afec-
te materialmente la persona del delincuente, sino en los casos de la falta de pago»;
y «para que no pueda encerrarse, transformando la multa en prisión, al que desea
pagar y comprueba que podrá pagar, pero que carece de dinero en el momento de
la condena, se colocan preceptos previsores».
40 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 21

Gravedad. Esta pena resulta de mayor gravedad que la de inhabilitación en vir-


tud del lugar que ocupa en la enumeración del art. 5 (conf. SC Tucumán, 16/8/1949,
LL, 57-413; JA, 1950-I-156).

Límite. El Código no fija un límite expreso para la pena de multa. Su máximo es


indeterminado, pues algunos artículos lo condicionan a la dimensión del daño causa-
do o al valor de lo sustraído. Por ello, la jurisprudencia ha dicho que no es aplicable
a la multa el último párrafo del art. 55, referido al límite de la pena para el concurso
real (CC Cap., 24/10/1958, JA, 1959-II-312).

Pautas de fijación de la multa. El Código enumera dos pautas para la determi-


nación del monto de la pena. Ellas son: 1) circunstancias generales del art. 40 y 2)
situación económica del condenado.
La multa corre el riesgo de resultar una pena de carácter inequitativo en virtud
de la diversa posición económica del delincuente; pues una misma suma de dinero
no tiene la misma significación para sujetos de elevada fortuna que para individuos
indigentes.
Para superar semejante desigualdad e injusticia se han propuesto algunos sis-
temas, como el de Thyrén (Anteproyecto sueco de 1916), consistente en la imposi-
ción de días-multa. Con este método, el monto diario de multa que corresponde a
los condenados se fija según su condición económica; de modo que a sujetos de
distinta fortuna puede corresponder igual cantidad de días-multa, pero con diferente
significación pecuniaria para cada uno. Pero en nuestro Código sólo figuran escalas
penales, cuya elasticidad será el único elemento que permita al juez alejarse de la
desigualdad en la aplicación de la pena de multa, la cual deberá imponerse teniendo
en cuenta las dos pautas mencionadas ut supra.
Con relación a este tema, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional de la Capital Federal ha decidido que el monto de la multa debe fijarse
de suerte que surta efecto como sanción represiva, y teniendo en cuenta, al propio
tiempo, que los medios de que dispone el condenado le permitan satisfacerla, sin incu-
rrir necesariamente en la subsidiaria de prisión (CC Cap., 10/12/1937, Fallos, 4-518).

Depreciación monetaria. En virtud de la constante disminución del valor de


nuestro signo monetario, la legislación penal ha debido actualizar periódicamente
los montos de las multas fijados para los delitos de la parte especial; único sistema
con que cuenta nuestro Código Penal para que la pena de multa resulte eficaz en el
logro de su fin represivo.
Resultaría de verdadera utilidad la implantación de un sistema de actualización
automática y periódica del monto de las multas, tal como lo han adoptado algunas
leyes especiales (v.gr., la Ley de Aduanas).
En este sentido, el senador Fernando De la Rúa, en los fundamentos de la san-
ción de la ley 23.077 (1984), se pronunció en favor de que «en una oportuna reforma
integral del Código Penal, a través del sistema de días-multa o algún otro que resulte
aconsejable, hallemos la forma para que la mula resulte una sanción eficaz y no su-
fra las consecuencias de licuación que producen los problemas económicos del país»
(Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Nación, 30/5/1984, 497).
Con relación al tema de la indexación, instituto perteneciente al ámbito del Dere-
cho Civil, y a su aplicación respecto de la pena de multa del Derecho Penal, Breglia
art. 21 DE LAS PENAS | 41

Arias y Gauna (op. cit., 73) sostienen que «la respuesta a esta cuestión la encon-
tramos distinguiendo el carácter abierto de las reglas civiles (arts. 16 y 17, C.C.) del
carácter cerrado de las disposiciones penales (arts. 18 y 19, C.N.), que no permiten
la interpretación analógica ni extensiva de la ley represiva… Podemos concluir que
si la ley vigente con anterioridad al hecho punible no prevé la posibilidad de actuali-
zar monetariamente la pena de multa establecida en pesos, el principio de legalidad
impide reajustar los montos de la escala penal fijada para el delito respectivo».

Conversión en prisión. Una vez aplicada la pena de multa por sentencia firme,
si el condenado no la paga en el tiempo señalado por dicha resolución, la multa se
convierte en prisión.
Pero antes debe intentarse el cobro por vía ejecutiva. La jurisprudencia ha ma-
nifestado que la omisión del procedimiento de ejecución previo a la conversión de la
multa en prisión –del cual debe quedar constancia en autos– causa la nulidad de lo
actuado, nulidad que debe decretarse de oficio (CC Cap., LL, 16-557).
Asimismo, se ha decidido que antes de ser convertida en prisión una multa penal
por falta de pago, corresponde que se agoten las medidas tendientes a hacer efec-
tivo su cobro sobre los bienes que el deudor ofrezca dentro de un plazo prudencial
fijado por el juez (CF Córdoba, 2/3/1943, RLL, VI-859, s. 7; JC, 2-308). Además, se
ha sostenido que los días de prisión preventiva deben deducirse del tiempo de pri-
sión que corresponde cumplir al que no pudo satisfacer la multa por la que optó en
un principio (CA Rosario, 14/7/1942, LL, 27-726).

Satisfacción por trabajo libre. La multa podrá pagarse mediante el trabajo libre,
siempre que el juez lo autorice.
En un caso concreto, se decidió que procedía aceptar la oferta espontánea de
condenado de pagar la multa realizando tareas propias de un ordenanza, como las
de barrido de pisos y aceras, limpieza de vidrios y cristales en el Palacio de Justicia.
El fundamento consistía en que de ese modo se le brindaba una oportunidad acorde
a su estrecha situación económica para cumplir la pena impuesta sin recurrir a la
conversión en pena privativa de la libertad. Además, como sólo debía dedicarse a
esas tareas durante algunas horas por día, conservaba las restantes para realizar
labores que le permitieran obtener los recursos necesarios para su subsistencia (CC
Córdoba, 3/10/1942, LL, 28-105; JA, 1942-V-974; DT, 1942-552).

Pago en cuotas. Otra de las vías que permite el pago de la multa es la facilidad
de abonarla en cuotas, las cuales se fijarán según la condición económica del reo.
El pago hecho por cuotas, lo mismo que su amortización mediante el trabajo
libre, tienen por objeto evitar al condenado que carece de medios para satisfacer-
la o que no puede hacerlo íntegramente enseguida los perjuicios inherentes a su
sustitución por la pena de prisión (CC Cap., 15/6/1923, Fallos, 2-156) y, además,
estimular al condenado a los efectos de su readaptación al medio social, cuando por
sus antecedentes ello aparezca posible con todo fundamento (CC Cap., 29/4/1932,
JA, 37-1520).
La jurisprudencia no es uniforme sobre si para concederlo cabe tener en conside-
ración solo la condición económica del condenado o si también cabe computar sus
antecedentes y personalidad (Rubianes, op. cit., I, 51).
42 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 21

Cabe tener en cuenta que debe justificarse que puede pagarse en cuotas. Por
ello, los tribunales han decidido que si no resultaren debidamente establecidos pro-
fesión, ocupación o medios de vida lícitos de la persona condenada, corresponde
que el juzgado le señale un plazo prudencial dentro del cual deba justificar que se
halla en condiciones, mediante una ocupación honesta, de efectuar el pago de la
multa impuesta, en la forma de cuotas que propone (CC Cap., 23/6/1939, LL, 16-
557).
Por la misma razón es que se denegó el beneficio a sujetos que tenían como
única fuente de ingresos el ejercicio de la prostitución o los juegos de azar (CC Cap.,
3/5/1938, LL, 12-487; CC Córdoba, 3/10/1942, LL, 28-105).
Tampoco se concedió este beneficio cuando fue otorgado en un proceso anterior
y el peticionante no cumplió con esa obligación (CC Cap., 23/11/1943, Fallos, 5-397).
Del mismo modo, no es viable el pago en cuotas cuando la multa impuesta es re-
ducida en relación con la condición económica del infractor (Rubianes, op. cit., I, 51).
Con relación a la prescripción de la pena, ésta no se prescribe mientras el conde-
nado está pagando las cuotas (CC Cap., 23/3/1926, Fallos, 2-158). La prescripción,
en este caso, se produce contándose el tiempo desde el día en que se hace efectivo
el apercibimiento de aplicarse prisión por quebrantamiento de la condena (CC Cap.,
19/8/1924, Fallos, 2-158).
La presentación del condenado ofreciendo reanudar el pago de las cuotas de la
multa no implica la interrupción de la prescripción (CC Cap., 4/5/1926, Fallos, 2-246).
El pago de las costas no es previo a la concesión de este beneficio (CCC, Fallos,
I-184).
La circunstancia de que el condenado a pagar multa o sufrir arresto, en su de-
fecto, optara por la pena corporal no obsta para que pueda concedérsele después el
beneficio de pagar aquélla en cuotas (CC Cap., Fallos, II-160).
En relación con el plazo de pago de las cuotas, se ha resuelto que no debe
subordinarse al término de prescripción de la pena (CC Cap., Fallos, II-159); y que,
impuestas conjuntamente las penas de arresto y multa, no puede diferirse el pago de
ésta en cuotas para después de cumplido el arresto (CC Cap., Fallos, II-158).
Debe recordarse que la falta de pago de la multa y el incumplimiento en el pago
de las cuotas o en la prestación del trabajo libre convierten a la pena de multa en
prisión, previo juicio ejecutivo para el cobro de la multa.

Imposibilidad de repetición. Devolución. La pena de multa no es susceptible


de repetirse. (En este sentido: CF Cap. 18/4/1944; JA, 1944-III-508; LL, 35-940).
Sin embargo, procede reintegrar al procesado las sumas consignadas, previa
deducción de lo adeudado por gastos y costas del juicio, si en virtud de no haber
podido satisfacer la multa le correspondió cumplir la pena de prisión (CA Rosario,
14/7/1942, LL, 27-726).

Aspecto procesal. De acuerdo con lo dispuesto por los arts. 403, 459, 501 y
concs. del C.P.P.N. –ley 23.984–, la condenación al pago de multas o cantidades pe-
cuniarias, reparación de daños, indemnización de perjuicios y satisfacción de costas,
se hará efectiva según las reglas establecidas por las leyes de procedimientos civiles
para la ejecución de las sentencias.
A su vez, la Ley Penitenciaria Nacional determina el destino de las multas al de-
clarar que el importe de las que son aplicadas por tribunales nacionales con asiento
art. 22 DE LAS PENAS | 43

en la Capital Federal y en el interior del país por la comisión de delitos previstos en el


Código Penal será destinado al patronato que dentro del ámbito de la competencia
territorial del juzgado de primera instancia que dictó sentencia cumpla las funciones
establecidas por el art. 102 (asistencia a liberados) (art. 103, decreto ley 412/58).
Si el condenado a la pena de multa no pudiere o rehusare pagarla, se dictarán
las órdenes necesarias para la aplicación de la pena equivalente, según el Código
Penal.

Extinción de la acción penal. Conforme al art. 64 del C.P., el pago voluntario del
máximo de la multa prevista para el delito y de las indemnizaciones a que hubiere
lugar, efectuado en cualquier estado del juicio, extingue la acción por delito reprimido
con multa.

Condena condicional y multa. La pena de multa –al igual que la de inhabili-


tación– no hace procedente la condena condicional (art. 26). El texto originario del
Código adoptaba la solución contraria.

Jurisprudencia
«Si el pronunciamiento que convierte en días de prisión la falta de pago de una
multa fue dado sin previa intervención de la defensa, desconociéndose a su vez lo
dispuesto en los arts. 106 y 112 del rito referidos al ejercicio de la defensa, cuya
aplicación se imponía en el caso a fin de la adecuada preservación de ese derecho,
el acto deviene nulo, de acuerdo a lo dispuesto por el art. 167, inc. 3 del C.P.P.N.»
(C. Nac. Casación Penal, Sala 3, 22/11/1996, «Mercado, M. s/ recurso de casación»,
LexisNexis, 22/2208).

Artículo 22.— En cualquier tiempo que se satisfaciere la mul-


ta, el reo quedará en libertad.
Del importe se descontará, de acuerdo con las reglas estable-
cidas para el cómputo de la prisión preventiva, la parte proporcio-
nal al tiempo de detención que hubiere sufrido.

Satisfacción de la pena de multa. Libertad. Si el condenado está en prisión y


paga la multa, recupera la libertad.

Cómputo de la prisión preventiva. Para fijar el importe que el reo deberá abonar,
hay que tener en cuenta otras normas del Código. En principio, el art. 3 establece
una excepción a la prohibición de aplicar dos leyes diferentes al mismo caso, pues
admite la aplicación de otra ley para el cómputo de la prisión preventiva en cuanto
resulte más benigna para el condenado. El juez, aplicando las leyes más favorables
en el cómputo de la prisión preventiva, descontará del monto de la multa el tiempo
proporcional de detención que sufrió el reo. Para calcular este descuento, deberá te-
ner en cuenta lo que dispone el art. 24 del Código acerca de las equivalencias entre
la prisión preventiva y la pena de multa.

Extinción de la pena y de la acción. En cuanto a la relación entre el presente


artículo y el art. 64 del C.P., opinan Breglia Arias y Gauna (op. cit., 75) que «ambas
44 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 22 bis

normas ponen fin a la pretensión punitiva del Estado. Pero mientras por el art. 64
se opera la extinción de la acción, el artículo que comentamos da por cumplida la
pena. Y si por aquél se exige el pago del máximum de la multa correspondiente al
delito y de ‘las indemnizaciones a que hubiera lugar’, en el caso del art. 22, basta
oblar el importe fijado por la sentencia, previo descuento de la suma proporcional al
correspondiente a la conversión del tiempo de detención sufrido en dinero (art. 24)».

Jurisprudencia
«Con independencia de contra quién se deba –o se quiera– ejercer la acción por
indemnización, el obligado en última instancia a satisfacer la pretensión será, final-
mente, el autor del delito. Por otro lado, tratándose de delitos cometidos con ánimo
de lucro, la ausencia de previsión especial de pena de multa no puede resultar de-
cisiva ya que, en el momento oportuno, podría entrar en consideración lo dispuesto
por el art. 22 bis del C.P. Ello con independencia del hecho de que la modificación de
la calificación legal propugnada por el tribunal ha significado incorporar el art. 249 bis
del C.P., que sí prevé la pena de multa» (CC Cap., Sala 1, 20/3/1996, interloc. 228,
causa 27.155, «Rodríguez, E.»).

Artículo 22 bis.— [Montos según ley 24.286, B.O. 29/12/1993].


Si el hecho ha sido cometido con ánimo de lucro, podrá agregar-
se a la pena privativa de libertad una multa, aun cuando no esté
especialmente prevista o lo esté sólo en forma alternativa con
aquélla. Cuando no esté prevista, la multa no podrá exceder de
noventa mil pesos.

Delitos ejecutados con fines de lucro. Este artículo fue introducido por la ley
17.567 (1968), derogado por la ley 20.509 (1973), reincorporado por la ley 21.338
(1976) y mantenido por la ley 23.077 (1984). Posibilita aplicar una multa cuando el
delito se comete con fines de lucro, aunque no esté prevista especialmente en el
tipo o lo esté sólo en forma alternativa. Tiene carácter de pena conjunta y su monto
máximo ha sido actualizado sucesivamente por diversas leyes.

Ánimo de lucro. Según Fontán Balestra (La Reforma Penal, 30), la expresión
«ánimo de lucro» alude al propósito de «obtener un beneficio económico, es decir,
cualquier ventaja de orden patrimonial».
Esta finalidad debe ser reprobable (conf. Beiderman, «Pena de multa y ánimo
de lucro», en Revista de Derecho Penal y Criminología, 1968, N° 2, 29) y exceder,
en los delitos contra la propiedad, el ánimo de lucro que es natural y se encuentra
ínsito en ellos.
En concordancia con estos caracteres, los tribunales han decidido que «con la
salvedad de que las penas no se imponen a favor de particulares, sean éstos perso-
nas física o jurídicas, es de destacar que no corresponde la imposición de la multa
del art. 22 bis del C.P., por cuanto no se ha demostrado que el ánimo de lucro que
pudo inspirar la conducta juzgada haya superado el ínsito y natural del delito de
defraudación» (CC Cap., Sala II, 20/5/1982, BICCC, 1982-III-115), y también que co-
rresponde imponer al condenado por hurto simple la pena complementaria de multa
establecida por el art. 22 bis del C.P., por cuanto el ánimo que inspiró su proceder
art. 23 DE LAS PENAS | 45

fue precisamente el de lucro, que en el caso de autos excedió con largueza el que
es natural y se encuentra ínsito en todo delito contra la propiedad» (CC Cap., Sala
II, 2/3/1982, BICCC, 1982-II-69).

Jurisprudencia
«La sanción contemplada en el art. 22 bis del C.P. es una agravante genérica
que comprende todos los delitos dolosos, penados con pena privativa de la libertad,
en cuya comisión haya intervenido de manera predominante o con ánimo de lucro,
entendiéndose por tal el propósito de obtener un beneficio económico o cualquier
ventaja de orden patrimonial. A la luz de tales conceptos, no corresponde aceptar el
planteo de la defensa en cuanto a la necesidad de demostrar en todo caso, dentro
de su esquema interpretativo, un especial ánimo de lucro para aplicar la sanción del
art. 22 bis del C.P.; es que es simplemente la intención de obtener algún provecho o
ganancia, evaluables económicamente, sin que se requieran fines egoístas o desa-
prensivos» (C. Nac. Casación Penal, Sala 2, 12/12/2002, «Katopodis, Felipe Jorge;
Vera, Elsa s/recurso de casación», LexisNexis, 22/6647).

Artículo 23.— [según ley 25.815, B.O. 1/12/2003]. En todos


los casos en que recayese condena por delitos previstos en este
Código o en leyes penales especiales, la misma decidirá el de-
comiso de las cosas que han servido para cometer el hecho y
de las cosas o ganancias que son el producto o el provecho del
delito, en favor del Estado nacional, de las provincias o de los
municipios, salvo los derechos de restitución o indemnización
del damnificado y de terceros.
Si las cosas son peligrosas para la seguridad común, el comi-
so puede ordenarse aunque afecte a terceros, salvo el derecho de
éstos, si fueren de buena fe, a ser indemnizados.
Cuando el autor o los partícipes han actuado como mandata-
rios de alguien o como órganos, miembros o administradores de
una persona de existencia ideal, y el producto o el provecho del
delito ha beneficiado al mandante o a la persona de existencia
ideal, el comiso se pronunciará contra éstos.
Cuando con el producto o el provecho del delito se hubiese
beneficiado un tercero a título gratuito, el comiso se pronunciará
contra éste.
Si el bien decomisado tuviere valor de uso o cultural para al-
gún establecimiento oficial o de bien público, la autoridad nacio-
nal, provincial o municipal respectiva podrá disponer su entrega
a esas entidades. Si así no fuere y tuviera valor comercial, aquélla
dispondrá su enajenación. Si no tuviera valor lícito alguno, se lo
destruirá.
En el caso de condena impuesta por alguno de los delitos pre-
vistos por los artículos 125, 125 bis, 127, 140, 142 bis, 145 bis, 145
ter y 170 de este Código, queda comprendido entre los bienes a
decomisar la cosa mueble o inmueble donde se mantuviera a la
víctima privada de su libelad u objeto de explotación. Los bienes
46 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 23

decomisados con motivo de tales delitos, según los términos del


presente artículo, y el producido de las multas que se impongan,
serán afectados a programas de asistencia a la víctima. [Párrafo
según ley 26.842, B.O. 27/12/2012].
En caso de los delitos previstos en el artículo 213 ter y quáter
y en el Título XIII del libro Segundo de éste Código, serán de-
comisados de modo definitivo, sin necesidad de condena penal,
cuando se hubiere podido comprobar la ilicitud de su origen, o
del hecho material al que estuvieren vinculados, y el imputado
no pudiere ser enjuiciado por motivo de fallecimiento, fuga, pres-
cripción o cualquier otro motivo de suspensión o extinción de la
acción penal, o cuando el imputado hubiere reconocido la pro-
cedencia o uso ilícito de los bienes. [Párrafo incorporado por ley
26.683, B.O. 21/6/2011].
Todo reclamo o litigio sobre el origen, naturaleza o propiedad
de los bienes se realizará a través de una acción administrativa o
civil de restitución. Cuando el bien hubiere sido subastado sólo
se podrá reclamar su valor monetario. (Párrafo incorporado por
ley 26.683)
El juez podrá adoptar desde el inicio de las actuaciones ju-
diciales las medidas cautelares suficientes para asegurar el de-
comiso del o de los inmuebles, fondos de comercio, depósitos,
transportes, elementos informáticos, técnicos y de comunica-
ción, y todo otro bien o derecho patrimonial sobre los que, por
tratarse de instrumentos o efectos relacionados con el o los de-
litos que se investigan, el decomiso presumiblemente pueda re-
caer.
El mismo alcance podrán tener las medidas cautelares desti-
nadas a hacer cesar la comisión del delito o sus efectos, o a evi-
tar que se consolide su provecho o a obstaculizar la impunidad
de sus partícipes. En todos los casos se deberá dejar a salvo los
derechos de restitución o indemnización del damnificado y de
terceros

Este artículo se explaya sobre las posibles disposiciones que puede adoptar el
juez para asegurar los decomisos de todo lo descripto en sus disposiciones, estable-
ciendo una regla general a seguir sobre las situaciones en las cuales se dispondrá el
decomiso y el destino que tendrán esos bienes decomisados objeto de la comisión
de un delito.
En los últimos años ha sufrido modificaciones mediantes las leyes 26.683 y
26.842, las cuales introducen a la redacción de este artículo una excepción a esta
regla general que reza el primer párrafo del mencionado artículo, y agregan otros ti-
pos penales en los cuales el legislador les da un destino concreto tendiente a reparar
el daño y paliar los efectos producidos por el delito cometido.

Decomiso. Concepto. El decomiso es una consecuencia accesoria de la pena y


consiste en la privación o perdida de los instrumentos o efectos del delito; como toda
regla general, tiene su excepción la cual fue incorporada por la ley 26.683, norma
art. 23 DE LAS PENAS | 47

que ha estipulado las figuras típicas (el artículo 213 ter y quater y en el Título XIII
del libro Segundo C.P.) donde procederá este instituto a pesar de no haber condena,
estableciendo, para los delitos contenidos en los artículos citados que se decomisara
en forma definitiva: 1) Aquellos casos en donde se compruebe la ilicitud del origen de
los objetos vinculados al delito y no pudiere seguirse por el motivo que sea el curso
de la acción penal contra el imputado; y 2) Aquellos casos en el cual haya sido el
propio imputado quien haya reconocido el origen espurio de esos bienes o uso ilícito.

Fundamento. Esta pena accesoria se funda en que los instrumentos del delito
son esenciales para el proceso penal, que se basa en los principios de la defensa so-
cial, de prevalencia sobre los intereses privados comprometidos en el juicio atinente
a la propiedad o crédito sobre esos instrumentos del delito (CSJN, 14/12/1942, LL,
29-256; Fallos, 194-388). Así, al decir de De La Rúa (Código penal argentino. Parte
General, págs. 274 y 275), se trata de evitar con ello que quede eventualmente un
remanente de lucro para el delincuente y de impedir su utilización en posteriores
delitos; finalidad que se persiguió en el párrafo 7mo incorporado por el art. 6 de la
ley 26.683.

Objetos que comprende. El decomiso abarca dos clases de objetos: los instru-
mentos del delito y sus efectos.
Los instrumentos del delito son los que se utilizan como medio de ejecución. Se
ha señalado que su empleo debe ser doloso, intencional. Por ello, en un caso se
resolvió que era improcedente retener la libreta de chofer durante el proceso seguido
a su dueño por homicidio culposo ocasionado con su automóvil (CC. Cap., Fallos,
4-248). Sin embargo, la jurisprudencia no es pacífica al respecto y se ha dicho que
en los delitos culposos queda librado a la apreciación del juez ordenar el secuestro
del instrumento, según la relación que tenga con el hecho o la necesidad de contar
con él, tanto para resolver la causa como para decomisarlo (CC Cap., 14/8/1936,
Fallos, 4-779).
Los efectos del delito son los productos del hecho. Existen divergencias en cuan-
to a los automotores. Así, por ejemplo, se ha decidido que “no procede el decomiso
de automotores como instrumentos del delito porque ello no se compadece con los
fundamentos del citado instituto y tampoco en los casos del segundo supuesto del
art. 23 del C.P., cuando el rodado decomisado no es producto del delito sino un bien
que sustituyo a este en el patrimonio del autor” (CC Cap., Sala V, 17/3/1983, BICC,
1983-II-53, con disidencia del doctor Ledesma).
Los jueces han indicado que no procede el decomiso de instrumentos que hayan
servido para cometer un delito, si a la vez pueden ser elementos de trabajo (CC
Cap., 22/9/1931, JA, 36-1147).
Tanto en el caso de instrumentos como en el de efectos del delito, el decomiso
no procede si estos son propiedad de un tercero no responsable. En este sentido,
se ha resuelto que si se hubiese secuestrado una cosa en poder de un tercero no
procesado que invocase algún derecho sobre ella, esta puede ser entregada durante
el proceso al propietario originario (CN Penal, en pleno, 27/4/1954, JAM 1954-III-37).
Asimismo, se concluyó que “aun cuando el objeto introducido de contrabando se ha-
lle sujeto a la pena de comiso, esta sanción no es aplicable si aquel se encuentra en
poder de un tercero adquirente de buena fe en el comercio (CSJN, JPBA, 30-4952);
vale decir que el comiso irredimible en el contrabando solo debe aplicarse cuando
48 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 23

no redunde en perjuicio de terceros ajenos al delito (CN Pen. Ec., JPBA, 3-5125), es
decir, sobre los medios, vehículos, etcétera, utilizados por los partícipes o encubrido-
res del delito y de los cuales fueren dueños (CN Pen. Ec., JPBA, 3-5296). El tercero
debe probar suficientemente su derecho (CN Fed. Córdoba, JPBA, 26-1421 sobre
reparación y traslado de aeronave)” (fallos citados por Manigot, Código Penal, I, 67).

Destino de los objetos decomisados. “Los instrumentos decomisados no po-


drá venderse, debiendo destruirse, salvo el caso en que puedan ser aprovechados
por los gobiernos de la Nación o de las provincias”. Varia en las conductas a seguir
(“Destrucción” o “aprovechamiento”) y en el ámbito de competencia para la determi-
nación del destino (Nación o provincias).
Sin embargo, debe interpretarse que su objetivo es similar y, por lo tanto, si los
objetos decomisados resultan de utilidad, si bien no pueden venderse, si pueden ser
aprovechados por el Gobierno, destinándolos, según la naturaleza del elemento, a
diversos fines (arsenales de guerra, hospitales, escuelas, etc.). De modo que, solo
en última instancia serán destruidos, en caso de existir la certeza de su absoluta
inutilidad, tanto en el ámbito provincial como en el nacional. (Ver ley 25.815, art. 1).
La ley 26.842 sobre trata de personas, le ha agregado a la anterior redacción de
este párrafo, varios delitos donde en caso de mediar condena, estableciéndose que
se decomisara la cosa mueble o inmueble donde se hallare la víctima privada de su
libertad y destinando estos objetos y las multas que se impongan a programas de
asistencia a las víctimas, con la clara intención de combatir las consecuencias des-
favorables del delito para la víctima y para la sociedad en su conjunto.

Devolución. Acerca de la devolución de los objetos decomisados, los jueces


han resuelto que si la causa se sobreseyó definitivamente por no constituir delito el
hecho denunciado, procede la devolución a su dueño del instrumento empleado para
realizar aquel (Fallos, 2-37).
Concordantemente, en el art. 523 del C.P.P.N –ley 23.984- dispone que la sen-
tencia resuelva la devolución de todos los objetos secuestrados a efectos probato-
rios. (Véase arts. 522 a 525 de dicho Código.)
Con respecto a este tópico, este artículo es elocuente al establecer que los re-
clamos se encausaran mediante una acción administrativa o civil de restitución, y en
caso de que el bien haya sido subastado solo podrá reclamarse su valor monetario.

Aspecto procesal. El art. 290, párrafo segundo, del C.P.P.N. –ley 23.984- dispo-
ne que, terminado el sumario, se guardaran los autos y las piezas de convicción que
no fueren de un tercero irresponsable y, aunque lo fuesen, cuando el juez creyese
que es indispensable su conservación, en cuyo caso se indemnizara al tercero.
En cualquiera de los casos de suspensión de la causa por rebeldía, mandaran
devolver los efectos del delito a los terceros irresponsable que justifiquen ser sus
dueños.
Los arts. 231 y ss. Del C.P.P.N –Ley 23.984- determinan que el juez procurara
recoger en los primeros momentos las armas, instrumentos o efectos de cualquier
clase que puedan tener con el delito, extendiendo diligencia con expresión del lugar,
tiempo y ocasión en que se encontraren, describiéndose minuciosamente.
art. 24 DE LAS PENAS | 49

Jurisprudencia
“El plexo de normas expresas y actualizadas contenidas en nuestra ley 23.737
(conf., v.gr., arts. 31 ter, quater, quinqués, sexies, entre otros) sin duda alguna obe-
dece a la tendencia legislativa moderna y universal de preservar y proteger a la
humanidad de ese flagelo (narcotráfico), tipificando penalmente no solo la organiza-
ción, gestión o financiamiento de dicha actividad ilícita específica, sino también –y
en particular- la inversión, el reciclaje y los actos de lavado de los bienes producidos
por los delitos propios de ese tráfico” (C. Nac. Casación Penal, Sala 3, 17/771998,
Zubieta, Juana y otros s/recurso de casación”, LexisNexis, 22/3446).

Artículo 24.— [Montos según ley 24.286, B.O. 29/12/1993]. La


prisión preventiva se computará así: por dos días de prisión pre-
ventiva, uno de reclusión; por un día de prisión preventiva, uno
de prisión o dos de inhabilitación o la cantidad de multa que el
tribunal fijase entre pesos treinta y cinco y pesos ciento setenta
y cinco.

Cómputo de la prisión preventiva. El artículo comentado marca una de las


diferencias entre las penas de reclusión y de prisión, las cuales producen distintos
efectos jurídicos. Entre ellos, se encuentra el cómputo de la prisión preventiva, que
en la reclusión se hace por mitad (dos días de prisión preventiva equivalen a un día
de reclusión) y, en cambio, en la prisión se hace día por día (un día de prisión pre-
ventiva equivale a un día de prisión).
La simple detención, a los efectos de la pena, debe considerarse como prisión
preventiva (CC Cap., 1/10/1926, Fallos, 1-142).
Sin embargo, no es aplicable el art. 24 del C.P. respecto del tiempo durante el
cual el procesado estuvo excarcelado (CC Mendoza, 27/08/1945, RLL, VII-866, s. 8).
La jurisprudencia ha sostenido que debe tenerse en cuenta la detención efectiva,
de modo que el cómputo debe referirse al tiempo de detención «material» de la pri-
sión del encausado y no al de la providencia del juez decretando su prisión preventi-
va (CC Mendoza, 27/8/1945, RLL, V-867, s. 9).
En todos los casos, la prisión preventiva debe computarse hasta la sentencia de
segunda instancia (CC Cap., 14/8/1928, Fallos, I-142).
Sin embargo, no es computable el exceso de detención que pueda haber sufrido
el penado en causas anteriores y ajenas a su condena actual (CC Cap., 12/4/1932,
Fallos, 1-144).
A los efectos de computar el comienzo de cumplimiento de la condena, la juris-
prudencia ha señalado que deben considerarse como días completos los de deten-
ción y soltura (CC Cap, 13/9/1949).

Modificación del cómputo. No provoca la rectificación, en contra del reo, de


cómputo oportunamente practicado y aprobado, el envío del condenado que se ha-
llaba cumpliendo pena de prisión, a otra jurisdicción para ser juzgado en un proceso
distinto y en el que fue absuelto (CC Cap., 28/6/1946).
También se ha decidido que, aun cuando el cómputo sólo haya sido apelado por
el condenado, puede el tribunal modificarlo en su contra (CC Cap., 7/5/1929, Fallos,
I-143).
50 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 25

Prisión preventiva en otro proceso. De acuerdo con lo señalado por la Sala


IV de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital
Federal, «la comisión de un delito legalmente comprobada es la base legal de una
pena. Toda detención o prisión preventiva sufrida con posterioridad a tal delito debe
computarse como cumplimiento de pena (art. 24, C.P.), aunque la causa no se haya
iniciado todavía o el juez de la misma no tenga conocimiento de la detención. Única-
mente debe excluirse del cómputo el lapso de detención o prisión preventiva sufridos
por el condenado antes de cometer el hecho por el que se lo condena, ya que a ese
respecto falta el presupuesto legal de la pena, y el error judicial no está expresamen-
te contemplado en la ley, por lo que no pueden hacerse compensaciones sobre su
base. Las mismas normas deben aplicarse cuando se ha procedido a unificar dos o
más condenas» (19/3/1976, BICCC, 1976-I-2).
Así se ha decidido que debe computarse como cumplimiento de pena el tiempo
durante el cual el condenado permaneció detenido fuera del lugar en que cumplía
dicha pena, en razón de haber sido sometido a otro proceso, en el que no recayó, en
definitiva, sentencia condenatoria (CC Cap., en pleno, 10/7/1947, Fallos, 5-732; JA,
1947-III-236; LL, 47-677).
En el mismo sentido, se ha resuelto que la prisión preventiva sufrida por el proce-
sado en la causa por violación terminada con sentencia absolutoria no puede com-
putarse en el proceso en que se le condenó por robo cometido con anterioridad, que
no tuvo influencia alguna en aquella detención, pues lo contrario importaría una com-
pensación improcedente no autorizada por la ley (CF Cap., 20/12/1940, LL, 21-730).

Jurisprudencia
«Para evitar la eterna incertidumbre que generaría la revisión sucesiva de las
sentencias para escapar al peligro del error es la reafirmación del principio que atri-
buye el carácter de verdad legal al pronunciamiento pasado en autoridad de cosa
juzgada, que veda revisarlos cuando adquirió ese carácter, pues la inalterabilidad de
los derechos adquiridos definitivamente por sentencia firme reconoce fundamento
en los derechos de propiedad y defensa en juicio» (C. Nac. Casación Penal, Sala 3,
9/11/2005, «Putallaz, Hugo A. s/recurso de casación», LexisNexis, 22/9564).

Artículo 25.— Si durante la condena el penado se volviere


loco, el tiempo de la locura se computará para el cumplimiento
de la pena, sin que ello obste a lo dispuesto en el apartado 3 del
inciso 1 del artículo 34.

Hipótesis de enajenación mental del condenado. Cuando al condenado le


sobrevenga una enfermedad mental, el tribunal le aplicará la medida de seguridad
curativa del art. 34, inc. 1, párr. 2 del C.P., ordenando la reclusión del sujeto en un
manicomio, del cual no podrá salir sino por resolución judicial, con audiencia del
Ministerio Público y previo dictamen de peritos que declaren desaparecido el peligro
de que el enfermo se dañe a sí mismo o a los demás.
En este caso, el tiempo de duración de la enfermedad será computado a los
efectos del cumplimiento de la pena.
Sostiene Oderigo (op. cit., 20) que «si la locura fuese anterior al hecho, el proce-
sado sería inimputable (art. 34, inc. 1, C.P.) y si fuese posterior al hecho pero anterior
art. 26 CONDENACIÓN CONDICIONAL | 51

a la condena, proseguirán las diligencias del sumario hasta la terminación de éste,


y en ese estado se suspenderá la causa hasta que el loco recupere el uso de su
razón» (véase art. 77, C.P.P.N. –ley 23.984–).
En concordancia con las normas del Código, la Ley Penitenciaria Nacional (de-
creto 412/58, ratificado por ley 14.467; ver leyes 24.660 y 25.948 –2004–) prevé la
separación transitoria del régimen común del establecimiento para el interno, en
forma obligatoria o facultativa según la gravedad de su afección mental (arts. 116 y
117).

Error en la cita. En opinión de algunos autores, el Código, en su art. 25, debió


remitir al apartado segundo del inciso primero y no al apartado tercero, porque éste
no se refiere a los casos de demencia sino sólo a los disminuidos en sus facultades
mentales que no llegan al supuesto de la demencia.

TÍTULO III
CONDENACIÓN CONDICIONAL

Artículo 26.— En los casos de primera condena a pena de


prisión que no exceda de tres años, será facultad de los tribunales
disponer en el mismo pronunciamiento que se deje en suspenso
el cumplimiento de la pena. Esta decisión deberá ser fundada,
bajo sanción de nulidad, en la personalidad moral del condena-
do, su actitud posterior al delito, los motivos que lo impulsaron a
delinquir, la naturaleza del hecho y las demás circunstancias que
demuestren la inconveniencia de aplicar efectivamente la priva-
ción de libertad. El tribunal requerirá las informaciones pertinen-
tes para formar criterio, pudiendo las partes aportar también la
prueba útil a tal efecto.
Igual facultad tendrán los tribunales en los casos de concurso
de delitos si la pena impuesta al reo no excediese los tres años
de prisión.
No procederá la condenación condicional respecto de las pe-
nas de multa o inhabilitación.

Condenación condicional. Concepto y naturaleza. Según la definición de So-


ler (Derecho Penal, II, 421), la condena condicional es la que el juez dicta «dejando
en suspenso su ejecución por determinado período de tiempo, de modo que sola-
mente entrará a ejecutarse si se produce cierta condición, que consiste en la comi-
sión de un nuevo delito».
En virtud de este instituto, la privación de libertad a que fue condenado el delin-
cuente queda en suspenso y así conserva su libertad ambulatoria, a condición de
que no vuelva a delinquir.
Se ha discutido si lo que suspende este beneficio es la condena o su ejecución;
y, en general, se ha aceptado que se trata de una suspensión en la ejecución de la
condena. En este sentido se han pronunciado numerosos fallos al concluir que se
trata de una verdadera condena y no un perdón de la pena, ya que se trata de una
decisión jurisdiccional con la cual el juez declara la culpabilidad de una persona, en
52 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 26

la que lo condicional no es la pena sino su ejecución (SCBA, 2778/57, Fallos, 1957-


IV-304). Con igual criterio se ha manifestado que la condenación condicional no es
sino una forma de la individualización de las penas en que la privación de la libertad
deja de ser actual para convertirse en potencial, actuando sobre el sujeto como una
amenaza, de modo que lo que varía es simplemente el régimen de cumplimiento de
la condena (SCBA, 25/3/1938, LL, 10-990).
De esa forma, la privación de libertad, en lugar de hacerse efectiva, se convierte
en una amenaza para el condenado cuando éste reúne ciertas condiciones que per-
miten creer que, en su caso, el encierro no cumplirá fines valederos, de modo que la
ejecución de dicha pena quedará en suspenso hasta que las condiciones a que está
sometida no se cumplan.
En otro aspecto, se ha planteado si este instituto es procedente no sólo respecto
de delitos sino también de faltas. En este último sentido se han expedido algunos
fallos que han decidido que el beneficio de la condena condicional es aplicable a las
faltas de carácter municipal (CCC, Fallos, I-53; JA, 14-319), a los delitos de falsifica-
ción de marcas de fábrica (C. Fed., JA, 10-702; 11-37), usurpación de patentes (C.
Fed., RPA, 3-376; JA, 40-335), infracciones a la Ley 12.331 de Profilaxis (CCC, JA,
70-475), a los delitos electorales (C. Fed., JA, 9-836; C. Fed. Córdoba, GF, 53-429;
en contra: C. Fed., JA, 29-333; C. Fed. La Plata, JA, 13-55); pero no a las infraccio-
nes a la Ley de Alcoholes (CSJN, JA, 17-357) (fallos citados por Oderigo, op. cit.,
21). Igualmente se ha manifestado que «las condenas por contravenciones o faltas,
como las infracciones a la Ley de Juegos de Azar o a la Ley de Descanso Dominical,
no se computan como condena anterior (Rubianes, op. cit., I, 61). Pero también se
ha concluido que la igualdad ante la ley –art. 16, C.N.– no se viola al establecerse
por ley términos de prescripción diferentes para casos distintos o al excluir la conde-
na condicional para ciertas infracciones o infractores (CSJN, 19/11/1941, LL, 25-209;
Fallos, 191-233).

Fundamento. En la base de la condenación condicional se encuentra la idea de


evitar el encierro de sujetos que, a juzgar por el escaso monto de la pena impuesta,
carecerían de peligrosidad para la comunidad.
Por ello, se ha dicho que tiende a detener a los delincuentes primarios y oca-
sionales en la pendiente del delito mediante dos condiciones preventivas: evitar la
realidad carcelaria –manteniendo al condenado en el seno social y familiar– y evitar
la recaída en el delito con la amenaza del cumplimiento de la pena y el freno mo-
ral que implica saberse beneficiado con la remisión del primer castigo (CC Cap.,
10/3/1961, JA, 1961-VI-11); y que las penas de breve duración carecen de eficacia
porque más bien hacen peder al condenado el temor a la pena y, por consiguiente,
favorecen la reincidencia. Por ello, es más eficaz la condena condicional (CC Men-
doza, 15/9/1949, González, libro 85, folio 49).
En definitiva, se busca rehabilitar al condenado dentro del seno mismo de la
sociedad y no marginándolo de ella así como también lograr la disminución de la
población carcelaria y servir al mismo tiempo como advertencia al condenado para
evitar su recaída.
En virtud de estos fundamentos, se han ido facilitando las condiciones para lograr
este beneficio; tal el caso de la reforma introducida por la ley 23.057 (1984), que ha
aumentado el monto de pena por el cual procede la condenación condicional (de dos
a tres años).
art. 26 CONDENACIÓN CONDICIONAL | 53

Posibilidad de segunda condenación condicional. La ley 21.338 (1976), si-


guiendo a la ley 17.567 (1968), hizo posible la segunda condena condicional; de
modo que el instituto no sólo procede respecto de sujetos condenados por primera
vez sino que también es posible su concesión para el condenado por segunda vez.

Primera condenación condicional. Requisitos. Para que la condena condi-


cional sea procedente, deben darse ciertos requisitos de tipo objetivo o formal y de
tipo subjetivo.
Entre los primeros, se encuentra que la pena sea de prisión. Anteriormente, este
instituto se aplicaba también respecto de las penas de multa, pero en virtud de la
exclusión expresa que hicieron las leyes 17.567 (1968) y 21.338 (1976) de las penas
de multa e inhabilitación, y teniendo en cuenta la omisión voluntaria de mención de la
pena de reclusión, actualmente sólo se concede para las condenas a prisión.
Con relación al tema, se había discutido la posibilidad de aplicar este instituto a la
pena de inhabilitación, la cual no resultaba expresamente excluida por el texto ante-
rior. A este respecto, se daban fallos contradictorios y se había decidido que «cuando
se tratare de una condena que comprendiere una pena principal y una accesoria (por
ejemplo, prisión e inhabilitación), y corresponda otorgar el beneficio de la condena
condicional, éste debe aplicarse a ambas penas y no separadamente a una de ellas
(CCC, Fallos, 11-476; JA, 14-951; C. Ap. Azul, JA, 34-1485. Considerando facultativa
la suspensión de la accesoria: C. Fed. La Plata, LL, 15-622). Este criterio fue confir-
mado por la C.C.C., en pleno, con disidencias de Ure, Cantadore Van Staar, Soldani
y Oderigo (V.S.P., 234)» (fallos citados por Oderigo, op. cit., 23).
Otro de los requisitos objetivos es que la pena de prisión «no exceda de tres
años». La ley 23.057 (1984), con mayor benignidad, aumentó el máximo de prisión
para que pudiera gozarse de este beneficio (de dos a tres años). Esta modificación
responde a las nuevas tendencias que tienen su base en los fundamentos mismos
de este instituto y que ha permitido que el mismo se aplique a mayor número de
delitos, abarcando también ahora, por ejemplo, los siguientes ilícitos: aborto sin con-
sentimiento de la mujer (art. 85), lesiones gravísimas (art. 91), lesiones graves y
gravísimas calificadas por el vínculo (art. 92), abandono de persona calificado por
el resultado (art. 106), estupro (art. 120); abuso deshonesto calificado por el vínculo
(art. 127); trata de blancas (art. 127 bis); sustracción de menor (art. 146); etcétera.
Cabe recordar que, al ser la nueva ley más favorable al condenado, procede su
aplicación retroactiva, de conformidad con lo dispuesto por el art. 2 del C.P.
También es necesario dejar en claro que los tres años de prisión se refieren a
penas impuestas en sentencias ya pronunciadas y no meramente a los montos de
las escalas penales. En este sentido, la jurisprudencia ha manifestado (de acuerdo
con el máximo de dos años anterior a la última reforma) que el legislador, mediante
las modificaciones introducidas al art. 26 del C.P. por la Ley 11.221 de Fe de Erra-
tas, quiso precisar que cualquiera fuese el máximo de la pena fijado por el Código,
la condena condicional podía otorgarse siempre que, en concreto, la aplicación no
excediera del término de dos años de prisión o reclusión (CC Cap., 21/5/1937, LL,
6-1085). De acuerdo con lo dispuesto por el segundo párrafo del artículo comentado,
la condenación condicional no sólo procede en virtud de pena de prisión impuesta
por delito único sino también en caso de concurso de delitos (real o formal), siempre
que ese máximo no resulte superado. En relación con el tema, se ha decidido que
«el beneficio puede corresponder aun en los casos en que la pluralidad de delitos,
54 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 26

por razones jurisdiccionales o de oportunidad, hubiere dado origen a más de un


proceso contra el mismo sujeto, situación que no debe confundirse con la que prevé
la segunda parte del art. 27, es decir, cuando el segundo delito se comete después
de haberse dictado sentencia condicional por el primero, en cuyo caso corresponde
la acumulación de penas para su cumplimiento efectivo (conf. CCC, JCPC, 6-267).
Conf. CCC, Fallos, I-160, si el procesado ha sido condenado condicionalmente por
el segundo delito que cometió y después se le impone pena a cumplir por el primero,
procede la acumulación para dictar sentencia única –art. 58– y, en su caso, acordarle
el beneficio de la condicionalidad de la condena por ambos delitos; Fallos, I-161 (si el
reo fue procesado ante dos jueces de diferente jurisdicción –correccional y senten-
cia– por una falta y un delito conexo, respectivamente, cuya distinta naturaleza hace
inaplicables las reglas del concurso de los arts. 55 y 56 del C.P., cabe la condena
condicional en las dos sentencias)» (fallos citados por Oderigo, op. cit., 23).
Los requisitos subjetivos se refieren a quien será beneficiado con la ejecución
condicional de la condena. Se entiende que de su personalidad moral, de su actitud
posterior al delito, de los motivos que lo impulsaron a delinquir, de la naturaleza del
hecho y demás circunstancias, debe surgir la inconveniencia de aplicar efectivamen-
te la privación de la libertad. La decisión de otorgar la condenación condicional debe-
rá fundarse en estos elementos, según lo exige el artículo, bajo sanción de nulidad.
Una larga lista de decisiones judiciales responde a estas pautas de apreciación: la
condena condicional debe fundarse en la personalidad moral del imputado, pues se
trata de un beneficio para autores ocasionales de hechos delictuosos cuya naturale-
za no es excluyente de todo sentido moral (CC Mendoza, 17/10/1945, RLL, VII-222,
s. 2); otorgar o no la condena condicional depende de la mayor o menor peligrosidad
que demuestra el procesado, a través de su personalidad, por el hecho mismo y por
sus modalidades o por una estimación conjunta de esas circunstancias (CC Concep-
ción del Uruguay, 7/10/1959, LL, 99-554); no ampara el beneficio de la condena con-
dicional al delincuente habitual, aun cuando carezca de antecedentes judiciales, si
de su planilla de antecedentes resulta ser un vago (CF Cap., 30/10/1936, JA, 56-73);
la peligrosidad del imputado, comprobada por la audacia que su conducta revela, se
toma en cuenta a los efectos de la adecuación de la pena que se le impone, pero
para no ordenar su cumplimiento deben tenerse en cuenta los fines de la condena de
ejecución condicional señalados por la comisión redactora del proyecto de 1906 (CC
Cap., 26/12/1939, Fallos, 4-142); la naturaleza misma del delito, previsto en el art.
17, ley 12.331, y la mala personalidad moral de la procesada, hacen improcedente
el beneficio de la suspensión de la pena de multa aplicada (CC Cap., 3/5/1938, LL,
10-1085); no es procedente condenar condicionalmente al ebrio habitual holgazán
y que se torna peligroso cuando se embriaga (CF La Plata, 12/5/1927, JA, 24-765);
cuando la personalidad moral del reo, apreciada a través del propio hecho del proce-
so y de la información de abono, revela inclinación al mal y hace necesario el efecto
monitorio de la pena corporal, aquél no es acreedor al beneficio de suspensión del
cumplimiento de la pena (CF Bahía Blanca, 1/5/1937, LL, 9-18); la condena condicio-
nal no es un beneficio que deba concederse mecánicamente al delincuente primario.
Para su otorgamiento deben ponderarse las circunstancias particulares del caso y
los fines y propósitos del condenado para poder apreciar así su personalidad moral y
el grado de su perversidad (CF Bahía Blanca, 11/9/1940, LL, 21-914); aunque exista
una tendencia a la aplicación mecánica del beneficio de la condena condicional y a
una benigna graduación de penas, corresponde apartarse de ese principio en los ca-
art. 26 CONDENACIÓN CONDICIONAL | 55

sos en que la justicia criminal debe ajustar sus objetivos a fórmulas más ejecutivas,
no sólo frente a la grave realidad social del auge del pistolerismo –como en otros
centros más densamente poblados– sino también con referencia al escaso o ningún
efecto que aquella condena produce en gentes de poca cultura, para quienes no
cumplir la pena equivale a su no imposición, con la consiguiente creencia de que su
obrar no fue ilícito (CC Concepción del Uruguay, 7/10/1959, JA, 196-I-15).

Facultad del juez. El Código Penal otorga al juez la facultad de conceder o no la


condenación condicional pues en cada caso deberá analizar la conveniencia de su
otorgamiento sobre la base de las distintas circunstancias indicadas ut supra.
En este sentido, se ha concluido que el solo hecho de que el acusado sea un
delincuente primario no es el fundamento de la condena condicional sino un requisito
indispensable para acordarla, cuando otras circunstancias demuestren haberse co-
metido el delito en forma ocasional, como un hecho de excepción en la vida regular
y honesta del reo (CC Cap., JA, 27-853). Asimismo, los tribunales han decidido que
no está limitada por la reformatio in pejus, de modo que es facultativo del tribunal, de
primera o segunda instancia, estimar si corresponde o no otorgarla (SC Tucumán,
10/11/1945, JA, 1946-I-763), que es facultad del juez ordenar que la condena im-
puesta se cumpla en forma condicional, no siendo tal ordenamiento obligatorio para
el magistrado (SCBA, 22/10/1948, DJBA, 25-849).
Por esta misma razón, toda decisión debe ser fundada, bajo sanción de nulidad.
Sin embargo, algunos autores señalan que la solución del Código es imperfecta
pues al plantearse el caso de validez de la pena y nulidad de la ejecución condicio-
nal, en los códigos procesales donde se ordena la remisión a otro tribunal para el
dictado de una nueva sentencia, la consecuencia sería la incoherente dualidad de un
juez para la pena y otro para la nulidad de la condenación condicional.
Por otra parte, se ha decidido que los jueces de fondo no están obligados a dar
las razones por la cuales niegan los beneficios de la condena condicional, pues solo
existe esa obligación para los supuestos en que se otorga (SCBA, 7/9/1954, DJBA,
43-877).

Segunda condenación condicional. A partir de la reforma introducida por la ley


21.338, el condenado por segunda vez también puede obtener este beneficio.
Para su procedencia, además de los requisitos ya mencionados para el primer
otorgamiento, se exige el transcurso de ciertos lapsos de tiempo, que varían según
se trate de delitos dolosos o culposos (véase comentario al art. 27).

Condena condicional y leyes especiales. El delito respecto del cual se aplica


la pena debe admitir la condena condicional pues, de lo contrario, esta última resulta
improcedente.
Así, por ejemplo, existen leyes especiales que excluyen tal beneficio para deter-
minados ilícitos (art. 4, Ley 21.289 de Expulsión de Extranjeros, etc.). Por otra parte
«una tendencia jurisprudencial se inclina a admitirla para toda sanción de naturaleza
penal, salvo que la ley respectiva establezca lo contrario. La otra solamente aplica
el beneficio del art. 26 del C.P. cuando no sea incompatible con el régimen regulado
por la ley especial» (Rubianes, op. cit., I, 62).
56 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 26

Aspectos procesales. Respecto de la competencia en materia de condena con-


dicional, se ha decidido que por ser accesoria de la sentencia, debe pronunciarla en
primer grado el juez de primera instancia (CA Tucumán, 22/5/1922, JA, 8-551): que
su petición por un condenado no supone un recurso de revisión y su conocimiento
corresponde al juez de primera instancia (CF Cap., 19/6/1922, JA, 8-573) y que el
tribunal de segunda instancia puede dejar sin efecto el otorgamiento de condena
condicional, aunque falte recurso acusatorio, pues si bien el art. 693 del C. Proc.
Crim. Tucumán, no permite la agravación de la pena cuando falta el recurso acusa-
torio, esa cláusula, inspirada en el principio procesal sobre reformatio in pejus, no al-
canza a la suspensión de la condena, que es una institución de fondo (SC Tucumán,
14/3/1944, LL, 34-229).
También se ha resuelto que es un beneficio especial que debe concederse ex-
presamente, por lo que el silencio de la sentencia no significa omisión de pronun-
ciamiento sino negativa del beneficio, sobre todo si el juez de primera instancia lo
ha otorgado al coprocesado y si, al fallar la cuestión de fondo, el tribunal de Alzada
decidió que no le correspondía al recurrente (ST Entre Ríos, 25/8/1942, RLL, IV-236,
s. 1); y que si no se halla firme la sentencia que impuso condena condicional y ésta
se pronunció en desacuerdo con la acusación, no corresponde ordenar la inmediata
libertad del procesado (CC Cap., 27/12/1940, Fallos, 4-784), «sin perjuicio que pue-
da obtener la excarcelación si correspondiera» (Rubianes, op. cit., I, 62).
Asimismo, los jueces han determinado que es apelable por el Ministerio Público
la sentencia del juez en cuanto deja en suspenso la pena impuesta, pues si bien
es cierto que con arreglo a lo dispuesto en el art. 26 del C.P. los jueces se hallan
facultados para suspender o no las penas que impongan a los procesados, no lo es
menos que los agentes fiscales en ejercicio de la función pública que la ley les ha
encomendado tienen el derecho y el deber de vigilar y controlar el ejercicio que de
tal facultad se haga (CC Cap., 10/6/1924, Fallos, I-159.
En relación con la nulidad de la condena condicional por falta de fundamentación,
el Código Procesal Penal dispone que el recurso de nulidad sólo tiene lugar contra
resoluciones pronunciadas con violación de las formas sustanciales prescriptas a su
respecto por ese Código o por omisión de formas esenciales del procedimiento o por
contener éste defectos de los que, por expresa disposición del derecho, anulen las
actuaciones (art. 509).

Esquema de defensa
Para obtener el otorgamiento de la condenación condicional, el defensor deberá
tener en cuenta no sólo el mayor número de delitos comprendidos actualmente sino
también los ilícitos incluidos por la jurisprudencia: los de la ley 4847 de la provincia
de Buenos Aires (SCBA, 13/4/1954, LL, 75-549) y las faltas municipales (CC Cap.,
en pleno, 30/9/1924, Fallos, 3-49).
También habrá que estudiar las condiciones subjetivas, reveladoras del grado de
peligrosidad del delincuente.
La jurisprudencia ha dicho que no es necesaria la severidad de la medida priva-
tiva de libertad, siendo suficiente la condena condicional de la pena, si el homicidio
culposo se produjo por falta de cautela del autor y no por una actitud despreciativa de
la vida humana (CC 2ª Santa Fe, 6/5/1943, Juris, 5-162); que la naturaleza del delito
–hurto– y la personalidad moral de los procesados (uno, sin entradas policiales, y
el otro, con sólo una entrada y un sobreseimiento provisional por robo) no autorizan
art. 27 CONDENACIÓN CONDICIONAL | 57

la negación de la condena condicional (ST Entre Ríos, 2/6/1943, RLL, V-236, s. 1),
que la corta edad de la imputada y las condiciones particulares del delito, así como
las causas que lo determinaron, deben tenerse en cuenta para graduar la pena de
manera que pueda suspenderse su aplicación (CC Cap., 22/7/1922, JA, 13-581);
que corresponde conceder el beneficio de la condena condicional a un delincuente
primario de 42 años, casado, a quien no se prueba mala conducta anterior, conde-
nado por el delito de defraudación y no obstante sus dos entradas por ebriedad y
desórdenes producidos dentro de un lapso brevísimo de dos meses (ST Entre Ríos,
4/8/1942, RLL, IV-236, s. 3); que procede dejar en suspenso la condena a dos años
de prisión por homicidio por imprudencia, si el condenado, de 51 años de edad, em-
pleado jubilado del Estado, no registra antecedentes policiales ni judiciales y merece
buen concepto; y en atención a la naturaleza del delito (culposo) y los especiales ca-
racteres que ofrece (CC Cap., 7/12/1937, JA, 60-1008); que la circunstancia en que
aparece cometida la infracción al art. 17 de la ley 12.331 –reconocido por la misma
procesada–, de no alcanzarle lo que gana en el lavado de ropas para alimentar a
sus dos hijitos de ocho y seis años de edad, por lo cual para reunir los recursos in-
dispensables se dedicó a la prostitución en la pieza alquilada a tal efecto, fuera de su
domicilio, autorizan a otorgarle el beneficio del art. 26 del C.P. (CC Cap., 24/4/1940,
LL, 18-320); etcétera.

Jurisprudencia
«Si bien es cierto que el art. 26 del C.P. sólo exige decisión fundada bajo pena
de nulidad para dejar en suspenso el cumplimiento de la pena, no lo es menos que
los arts. 123 y 404, inc. 2 del C.P.P.N. imponen dicha fundamentación a cuanto se
resuelva en autos o sentencias, también bajo sanción de nulidad» (C. Nac. Casación
Penal, Sala 1, 16/12/2004, «Haseney, Noris M. s/recurso de casación», LexisNexis,
22/8243).
«El art. 26 del C.P. exige a los jueces una decisión fundada, bajo sanción de
nulidad, cuando ejercen su facultad de disponer en el mismo pronunciamiento con-
denatorio que se deje en suspenso el cumplimiento de la pena. De adverso, no están
obligados por la ley a sustentar el carácter efectivo de la pena» (C. Nac. Casación
Penal, Sala 1, 8/4/2005, «Collazo Pérez, Ricardo y otro s/recurso de casación»,
LexisNexis, 22/8711).

Artículo 27.— La condenación se tendrá como no pronuncia-


da si dentro del término de cuatro años, contados a partir de la
fecha de la sentencia firme, el condenado no cometiere un nuevo
delito. Si cometiere un nuevo delito, sufrirá la pena impuesta en
la primera condenación y la que le correspondiere por el segundo
delito, conforme con lo dispuesto sobre acumulación de penas.
La suspensión podrá ser acordada por segunda vez si el nue-
vo delito ha sido cometido después de haber transcurrido ocho
años a partir de la fecha de la primera condena firme. Este plazo
se elevará a diez años, si ambos delitos fueran dolosos.
En los casos de sentencias recurridas y confirmadas, en
cuanto al carácter condicional de la condena, los plazos se com-
putarán desde la fecha del pronunciamiento originario.
58 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 27

Extinción y revocación de la primera condenación condicional. La extinción


de la primera condenación se produce luego de transcurridos cuatro años a partir de
la fecha de la sentencia firme.
La extinción significa únicamente que, si vencido el término de la pena anterior
no se ha cometido un nuevo delito, la pena no se hará efectiva, subsistiendo todos
los efectos de la pena, con excepción del cumplimiento de privación de libertad, al no
desaparecer el delito, por tratarse de un beneficio concedido al delincuente primario
(CC 1ª Córdoba, 15/7/1958, RLL, XX-171, s. 3). En el mismo sentido se ha dicho
que «esta expresión significa únicamente que, vencido el plazo, la pena no podrá ya
aplicarse, aunque el reo no cometiere un nuevo delito; pero no importa la rehabilita-
ción del condenado (Ramos, IV, 207 y ss., Gómez, 1, 636)» (conceptos citados por
Oderigo, op. cit., 24).
También por ello, se ha concluido que la condena que se impone con arreglo al
art. 26 del C.P. tiene el alcance de suspender condicionalmente la ejecución de la
pena y es en tal sentido que debe entenderse como no pronunciada, según los tér-
minos del art. 27, si no se comete nuevo delito; por lo que no corresponde acceder a
la petición del condenado de que, transcurrido el término de condena, se la declare
expresamente como no pronunciada (CF Córdoba, 5/3/1958, JA, 1958-II-203); y que
se trata de una expresión de latitud excesiva, pues la condena condicional produce
efectos aun después de vencido el término, los que se traducen en las penas de
inhabilitación, que pueden concurrir sin suspenderse, y en las consecuencias admi-
nistrativas y civiles derivadas de la condena (SCBA, 27/8/1957, Fallos, 1957-IV-304).
La revocación del instituto analizado se produce si se cumple la condición a que
estaba sometida la suspensión de la ejecución; es decir, si el sujeto vuelve a delin-
quir dentro de los cuatro años contados a partir de la fecha de la sentencia firme.
En este caso, el reo debe cumplir la pena impuesta en la primera condena y la
que corresponde por el segundo delito, según las normas sobre acumulación de
penas.
La jurisprudencia ha manifestado que para que se ejecute la pena impuesta en la
primera sentencia, a raíz de haberse cometido un nuevo delito, se requiere: a) una
pena condicional no transcurrida a la fecha del segundo delito y b) que en la nueva
imputación se llegue a condena (SC Tucumán, 26/3/1947, LL, 47-132) y respecto de
la acumulación de penas que, en caso que recaiga nueva condena que tenga por
objeto la revocación de la suspensión del cumplimiento de una interior pronunciada
condicionalmente, la manera de aplicar el segundo apartado del art. 27 del C.P. obli-
ga a seguir el sistema del art. 58, o sea, la homologación de las dos sentencias y la
imposición de una pena por el sistema de composición y no de suma de penas (CF
Bahía Blanca, 23/7/1942, LL, 27-593); como, asimismo, que cabe dictar sentencia
única y acumular de oficio las penas por aplicación del art. 58 del C.P., aunque el de-
lito por el que se juzga al procesado sea anterior a la sentencia firme, que lo condenó
condicionalmente en virtud de un delito precedente, pues de no ser así se llegaría al
absurdo de que el condenado en el caso de autos a prisión perpetua se hallaría a la
vez en la situación del condenado en forma condicional (en el proceso, el imputado
cometió homicidio calificado mientras estaba excarcelado por un hurto anterior) (CC
Cap., 29/8/1944, JA, 1944-IV-648).
En orden a la temporalidad del segundo delito, si la segunda sentencia condena-
toria es consecuencia de un delito de fecha anterior al primer fallo en el cual se otor-
gó al reo el beneficio de la condenación condicional, en realidad no existe «nuevo
art. 27 CONDENACIÓN CONDICIONAL | 59

delito» que autorice la revocación de ese beneficio (ST Entre Ríos, 21/19/1945, RLL,
VII-223, s. 12), «salvo que por su penalidad no pueda ser objeto de ese beneficio»
(Rubianes, op. cit., I, 82).
La revocación no procede si lo que se comete con posterioridad a la primera
condenación condicional es una falta. En este sentido: CC Cap., 18/6/1947, Fallos,
5-444.
Asimismo, se ha decidido que subsiste la suspensión de la pena impuesta por el
delito de corrupción aunque el condenado haya sido procesado por infracción a la ley
12.331, si pagó la multa que ésta impone, lo que importa la falta de sentencia conde-
natoria dictándose sobreseimiento definitivo, también la inexistencia de juzgamiento
acerca de la ejecución real del hecho, de su prueba y de si el acusado es el autor, ya
que la extinción de la acción (art. 64, C.P.) inhibe al juzgador para decidir sobre tales
puntos (CC Cap., 12/4/1940, JA, 70-489).

Posibilidad de segunda condenación condicional. Tal como ha sido manifes-


tado, la ley 21.338 (1976) ha hecho posible que los condenados por segunda vez se
vean beneficiados por este instituto. Para ello, deberán darse los presupuestos obje-
tivos y subjetivos de su primer otorgamiento y, además, deberán haber transcurrido
diferentes plazos, según se trate de delitos culposos o dolosos. Si al menos uno fue
culposo, deberán haber transcurrido ocho años como mínimo desde la primera con-
dena firme. Si los dos fueron dolosos, el lapso es de diez años, según la ley 23.057.

Modificaciones de la ley 23.057 (1984): plazo para la segunda concesión y


fecha de inicio. La ley 23.057 ha introducido dos modificaciones al texto del presen-
te artículo, que resultan de mayor benignidad para el condenado.
Por un lado, ha disminuido el plazo para la concesión de la segunda condenación
condicional en caso de delitos dolosos, de doce a diez años; y, por el otro, ha deter-
minado la fecha de inicio de dicho plazo, que es la de la «primera condena firme».
En el texto reformado se decía «primera condena» y se interpretaba que el plazo
corría desde la fecha en que la condena había quedado firme, ya fuese en primera
o en segunda instancia.
Con la modificación, queda claro que el plazo se cuenta desde la sentencia re-
caída en una instancia anterior, en caso de que hubiera apelación y posterior con-
firmación.

Competencia. Se ha decidido que corresponde al juez provincial que impuso


primera condena en forma condicional suspender este beneficio cuando el mismo
sujeto es condenado por segunda vez a pena efectiva por los tribunales de la Capi-
tal Federal y debe cumplir ambas condenas (CC Cap., 31/5/1946, JA, 1946-Il-711).
Pero la jurisprudencia también ha dicho que no es al juez que condenó por primera
vez y otorgó la condicionalidad de la pena al que corresponde revocar este beneficio;
éste queda sin efecto al cometerse el nuevo delito y es al juez que debe juzgarlo al
que corresponde dictar pena única (CSJN, 2/6/1949, LL, 59-180).

Esquema de defensa
Para evitar la revocación de la condenación condicional, el defensor deberá des-
tacar, en el caso concreto, la falta de los presupuestos que hagan procedente la
medida.
60 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 27 bis

Así, por ejemplo, hará hincapié en la ausencia de delito tratándose de faltas. En


este sentido, se ha sostenido que no es aplicable la segunda parte del art. 27 del C.P.
a quien, condenado condicionalmente por delito, no comete un nuevo delito sino una
falta (CC Cap., 18/6/1947, Fallos, 5-444).
Asimismo, deberá tener muy presente el nuevo momento de iniciación del plazo,
es decir, la fecha de la sentencia firme.
Por otra parte, para obtener este beneficio por segunda vez, procurará destacar
la existencia de los presupuestos objetivos y subjetivos igualmente exigidos para
su primera concesión, y también el transcurso de los términos dispuestos por el
Código Penal, distinguiendo el caso de delitos dolosos y culposos. Así, por ejemplo,
en relación con las circunstancias subjetivas, un fallo había decidido que a pesar
de la condena condicional sufrida, la pena de prisión que por un nuevo delito debe
cumplir un menor de quince años debe reducirse a lo indispensable si fue extremo
el abandono moral y material en que continuó viviendo después de aquella condena
(ST Entre Ríos, 28/2/1946, RLL, IX-207, s. 7).
En cuanto a la temporalidad del hecho, cabe recordar que «el nuevo delito debe
ser posterior y no anterior al fallo que impuso la primera condena en forma condicio-
nal, salvo que por su penalidad no pueda ser objeto de ese beneficio» (Rubianes,
op. cit., I, 82).

Jurisprudencia
«El tribunal oral posee amplias facultades autónomas de investigación y está au-
torizado a ordenar la producción de todas aquellas medidas –a indicación de partes
o aun de oficio– que puedan gravitar en la dilucidación del objeto del juicio» (C. Nac.
Casación Penal, Sala 1, 30/10/2003, «Álvarez, José Domingo s/recurso de queja»,
LexisNexis, 22/7229).

Artículo 27 bis.— [Incorporado por ley 24.316, B.O. 19/5/1994].


Al suspender condicionalmente la ejecución de la pena, el tribu-
nal deberá disponer que, durante un plazo que fijará entre dos y
cuatro años según la gravedad del delito, el condenado cumpla
todas o algunas de las siguientes reglas de conducta, en tanto
resulten adecuadas para prevenir la comisión de nuevos delitos:
1) Fijar residencia y someterse al cuidado de un patronato.
2) Abstenerse de concurrir a determinados lugares o de rela-
cionarse con determinadas personas.
3) Abstenerse de usar estupefacientes o de abusar de bebidas
alcohólicas.
4) Asistir a la escolaridad primaria, si no la tuviere cumplida.
5) Realizar estudios o prácticas necesarios para su capacita-
ción laboral o profesional.
6) Someterse a un tratamiento médico o psicológico, previo
informe que acredite su necesidad y eficacia.
7) Adoptar oficio, arte, industria o profesión, adecuado a su
capacidad.
art. 27 bis CONDENACIÓN CONDICIONAL | 61

8) Realizar trabajos no remunerados en favor del Estado o de


instituciones de bien público, fuera de sus horarios habituales
de trabajo.
Las reglas podrán ser modificadas por el tribunal según resul-
te conveniente al caso.
Si el condenado no cumpliere con alguna regla, el tribunal po-
drá disponer que no se compute como plazo de cumplimiento
todo o parte del tiempo transcurrido hasta ese momento. Si el
condenado persistiere o reiterare el incumplimiento, el tribunal
podrá revocar la condicionalidad de la condena. El condenado
deberá entonces cumplir la totalidad de la pena de prisión im-
puesta en la sentencia.

Este artículo, agregado por la ley 24.316, es casuista en lo referente a ciertas y


determinadas condiciones a que deberá sujetarse el liberado en forma condicional.

Fin u objetivo. Como se expresa en el articulado, la prevención es el objetivo de


estas situaciones: «prevenir la comisión de nuevos delitos».
Se descree que las medidas que se enumeran en los ocho incisos contenidos
en este ordenamiento puedan evitar mayores ilícitos. La «prevención general» no es
cosa que pueda resultar de medidas fácilmente eludibles como las que se sugieren
y posiblemente se apliquen a los liberados.
El anhelo por alcanzar la seguridad de la población no podrá obtenerse con bue-
nas intenciones. La lectura de los diarios y ciertas connivencias e incumplimientos
graves por parte de ciertos empleados y funcionarios del esquema de aplicación de
estas normas hacen dudar de la efectividad y la bonanza del presente artículo.

Amplitud de determinación judicial. El segundo párrafo del inc. 8 admite la


posibilidad o probabilidad de la modificación del «reglamento articular».

Incumplimientos. El incumplimiento parcial por parte del condenado tiene su


sanción en el párrafo tercero del inc. 8.

Reiteración del incumplimiento. La revocación de la condicionalidad otorgada


podrá ser decretada por el tribunal en caso de reiteración o incumplimiento de las
obligaciones requeridas para obtener el beneficio. Corolario es el cumplimiento total
de la condena impuesta oportunamente en la sentencia.

Jurisprudencia
«Es necesario resaltar que el carácter de la enumeración de las reglas de
conducta que contiene el art. 27 bis del C.P. es, en principio, taxativo. En efecto,
impuesta una regla de conducta determinada, por parte del tribunal, su cumplimiento
se transforma en una nueva condición para la subsistencia de la condena de eje-
cución condicional. Al ser esto así, no es posible dejar en manos del órgano juris-
diccional la creación de nuevas condiciones para la pervivencia del beneficio» (C.
Nac. Casación Penal, Sala 3, 14/2/2002, «Maldonado, Jonathan Nicolás s/recurso
de casación», LexisNexis, 22/6173).
62 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 28

Artículo 28.— La suspensión de la pena no comprenderá la


reparación de los daños causados por el delito y el pago de los
gastos del juicio.

Reparación de daños y pago de los gastos del juicio. El presente artículo


hace alusión a las indemnizaciones civiles que pudieran tener lugar como conse-
cuencia del delito y también a los gastos que supone el juicio, y excluye a ambos de
la condenación condicional; por lo tanto, si bien lo que se suspende con este instituto
es la ejecución de la pena privativa de libertad, ello no sucede con las indemnizacio-
nes de daños y los gastos del juicio.
Lo dispuesto por el presente artículo data del año 1921, es decir, del texto origi-
nario de la ley 11.179, y nunca fue modificado.

Jurisprudencia
«En los procesos penales, pese a la accesoriedad de la acción civil respecto de
la penal, ambas son independientes por su finalidad, naturaleza y contenido y pue-
den separarse por extinción de la acción penal, por sobreseimiento o por absolución,
y ello no impedirá la prosecución autónoma de la acción civil, convertida entonces
en la principal; la cesación de aquella accesoriedad evita al damnificado tener que
recurrir a la jurisdicción civil después de que el proceso penal ha entrado en su fase
definitiva» (C. Penal Santa Fe, Sala 3, 23/2/1983, «S., A. O.», LexisNexis, 2/45479;
JA, 1983-III-324).

TÍTULO IV
REPARACIÓN DE PERJUICIOS

Artículo 29.— [según ley 25.188, B.O. 1/11/1999]. La senten-


cia condenatoria podrá ordenar:
1) La reposición al estado anterior a la comisión del delito,
en cuanto sea posible, disponiendo a ese fin las restituciones y
demás medidas necesarias.
2) La indemnización del daño material y moral causado a la
víctima, a su familia o a un tercero, fijándose el monto prudencial-
mente por el juez en defecto de plena prueba.
3) El pago de las costas.

De los cuatros incisos del art. 29 anterior, la reforma sólo conserva tres. En el
primero de ellos, de manera acertada y concisa, se define cómo debe ser el momen-
to posterior al delito, de ser posible, y lo resume en la expresión «La reposición al
estado anterior a la comisión del delito». En el segundo inciso, se repite la idea del
primer inciso del artículo antes vigente, sobre la indemnización de los daños. En el
tercero de ellos, breve pero contundente, se estatuye sobre el pago de las costas.
El daño material y el moral son retenidos en esta reforma, principio ya estableci-
do en el Código Civil, y nuevas figuras existen en el ordenamiento objetivo (Código
Procesal de la Nación y también de la provincia de Buenos Aires), con el fin de
que tales daños sean presentados como demanda y debidamente reparados. Nos
referimos al actor civil (arts. 87 a 96) y al civilmente demandado (arts. 97 a 103) del
art. 29 REPARACIÓN DE PERJUICIOS | 63

primero de los ordenamientos citados y en los arts. 65 a 71, 72 a 75 y 77 a 88 del


Código de la provincia de Buenos Aires.
Como puede verse, la amplitud del resarcimiento, desde la restitución a las com-
pensaciones, contempla lo dicho respecto de la reposición posible de la situación
anterior al ilícito.
El lucro cesante y el daño emergente deben ser comprobados y, en tal caso,
evaluados por el juez para su posterior compensación.

Reparación de perjuicios. Concepto y naturaleza. La consumación de un de-


lito hace procedente la acción penal. Si ese delito, además del daño público que
todo ilícito causa, provoca un perjuicio privado apreciable económicamente, también
es procedente una acción civil, por la cual la víctima del delito puede lograr la repa-
ración del mismo mediante la restitución de las cosas al estado anterior a éste o a
través de una indemnización.
La indemnización que el art. 29 autoriza por sentencia de condena no es una
pena y no pierde su naturaleza civil; por lo tanto, en caso de incumplimiento, no es
pasible de convertirse en prisión. En este sentido, se ha concluido que la acción
resarcitoria no integra el sistema represivo estatal de la responsabilidad penal pues,
aunque esté en el Código Penal, no deja de ser una acción civil sujeta a la ley de
fondo, regulándose la capacidad procesal por las disposiciones sobre el proceso civil
(CC 2ª Santa Fe, 19/6/1954, Juris, 5-202); y también que, por razones de comodidad
y celeridad, la ley autoriza al perjudicado a entablar su acción civil ante la jurisdic-
ción criminal sin que por ello dicha acción cambie de naturaleza (CC 1ª Mendoza,
3/6/1955, RLL, XVIII-33, s. 60).
«Sólo procede indemnización en sede penal cuando medie sentencia
condenatoria, debido a su carácter accesorio o complementario. Por tanto, no cabe
decidir sobre el particular si la sentencia es absolutoria o se declaró la prescripción
de la acción penal, o el sobreseimiento por retractación en calumnias o injurias o se
trata de un delito amnistiado, o se sobreseyó por demencia. Ello, sin perjuicio de que
el damnificado la entable ante la jurisdicción civil» (Rubianes, op. cit., I, 88).
La concordancia con lo dispuesto por el artículo comentado, la Ley Penitenciaria
Nacional (decreto ley 412/58) establece en el inc. «a» del art. 66 que el producto del
trabajo del interno se distribuirá en un 10 % para indemnizar los daños y perjuicios
causados por el delito, conforme lo disponga la sentencia; y en el art. 69, que si el
interno tuviere que satisfacer indemnización pero no hubiere lugar a la prestación
alimentaria, la parte correspondiente a esta última, según el art. 66, acrecerá el fon-
do propio.

Subsidiariedad de la acción civil en sede penal. La acción resarcitoria legis-


lada por el art. 29 tiene carácter subsidiario a la sentencia de condena; por lo tanto,
«el pronunciamiento sobre indemnización no corresponde a la justicia del crimen si
la sentencia es absolutoria, aunque lo fuere por aplicación del art. 34, inc. 1. del C.P.
(Moreno, I, 180), ni cuando se declare la prescripción de la acción penal» (CSJN, LL,
9-836) (Oderigo, op. cit., 26).
En ese sentido, se ha destacado que en la primera parte del art. 16 del Código de
Procedimiento Penal de Mendoza, se afirma el carácter accesorio de la acción civil,
lo que constituye el principio general (SC Mendoza, 14/8/1959, LL, 96-510).
64 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 29

Carácter facultativo. La imposición de indemnización en sentencia condenato-


ria es una potestad del juez.
Se dividen las opiniones acerca de la solución en caso de que hubiera mediado
requerimiento de parte. Así, se ha manifestado que «el juez del crimen sólo puede
fijar el monto de la indemnización cuando media requerimiento de parte (CCC, JA,
11-1382; LL, 6-778; 7-598. En contra, sosteniendo que es facultativo del juez fijar
o no, de oficio, en la sentencia, la indemnización del daño causado por el delito, a
menos que medie requerimiento de parte, en cuyo caso estará obligado a hacerlo:
CC 1ª, JA, 27-1169; SCBA, LL, 9-525; JA, 69-824; Moreno, II, 177; Ramos, IV, 153;
Díaz, 67; Gómez, I, 656)» (Oderigo, op. cit., 26).
Las conclusiones jurisprudenciales que sintetiza Rubianes (op. cit., I, 89) reve-
lan que «la tendencia que predomina es la de que el juez penal sólo está facultado
para resolver sobre la indemnización del daño material y moral emergente del deli-
to, cuando media petición del interesado, sin que pueda decidirla oficiosamente. Si
aparece la petición de parte, el juzgador está obligado a pronunciarse pues a toda
solicitud corresponde una resolución que la admita o desestime. En ocasiones se
aceptó la posibilidad de que el juez decida la indemnización de oficio, supuesto en el
cual se declaró que es facultativo fijarla o no».

Fundamentos del sistema resarcitorio. La jurisprudencia ha manifestado que


parte de principios según los cuales la indemnización a las víctimas del delito no
debe entenderse exclusivamente bajo el aspecto de negocio privado, sino que en
ello existe un interés social preponderante que hace que, aun de oficio, la condena
pueda pronunciarse (CA Rosario, 24/7/1937, LL, 10-889). También ha señalado que la
legislación se orienta en el sentido opuesto a la concepción estrictamente privada de
ese instituto, derivada del sistema sancionado por el Código Civil (CC Rosario, ídem).

Indemnización del daño material y moral. El resarcimiento autorizado abarca


no sólo el daño material sino también el moral.
El primero se debe entender como toda lesión al patrimonio del damnificado por
el delito y el segundo, despojado de un contenido puramente material, ha sido apre-
ciado en lo que pudiera afectar la seguridad personal, el goce de los bienes o las
afecciones legítimas del damnificado (CC Cap., 12/5/1937, JA 58-606).
Es importante destacar en qué casos se ha considerado que existe dicho daño.
Así, se ha resuelto que procede la condenación al pago del daño moral causado al
querellante porque ese daño se ocasiona siempre a quien se ve obligado a recurrir
a la justicia en resguardo de sus derechos (CCC, 31/5/1949, López, Corr. 3ª) en los
casos de violación de domicilio, aun cuando no haya perjuicio material, corresponde
indemnizar el daño moral ocasionado por las molestias en la seguridad y en el goce
de los bienes (CCC, 27/2/1931, Fallos, 2-13).
La indemnización del daño moral y material causado por la injuria, si bien debe
concederse cuando se ha pedido aunque no se haya probado el monto de aquél, no
puede ser causa de enriquecimiento, por cuanto se trata de una sanción más moral
que material (CC Tucumán, 8/8/1955, JA, 1957-I-13, n. 166). En concordancia se re-
solvió que si el querellante solicitó oportunamente el resarcimiento respecto del daño
moral, no es un obstáculo a su fijación la circunstancia de que aquél lo estimara en
una suma ínfima, lo que sólo puede interpretarse como que no quiere, en realidad,
sino la sanción moral (CCC, 12/3/1935, Fallos, 2-16).
art. 29 REPARACIÓN DE PERJUICIOS | 65

Respecto de la prueba del daño moral, no es necesaria la prueba de su efectiva


existencia o extensión, pues siempre es indemnizable en dinero –arts. 1078 y 1086,
C.C. (CCC, 13/9/1946, Fallos, 5-340). Y «si se produjera plena prueba, deberá estar-
se a lo que de ella resulte» (Oderigo, op. cit., 27).

Restitución de la cosa o pago de su precio. Con relación al segundo inciso,


Oderigo (op. cit., 27 y 28) recoge las siguientes conclusiones judiciales: «los efectos
que constituyen el cuerpo del delito sólo deben ser entregados a su propietario al dic-
tarse la sentencia definitiva. Antes de esa oportunidad, sólo en casos de excepción
puede ordenarse su entrega: cuando media confesión del acusado y no se opone a
la devolución o cuando no aduce ningún derecho sobre lo secuestrado (CCC, Fallos,
I-311). Si el dinero reclamado por el legítimo dueño se halla retenido en instituciones
bancarias a la orden del juez de la causa y proviene del hecho que motivó el proceso,
no procede exigir fianza para su entrega (CCC, Fallos, I-360). Procede resarcir el
perjuicio material sufrido por el damnificado con el precio obtenido por el condenado
en la venta de las mercaderías producto de delitos (CCC, Fallos, 11345)».

Pago de costas. Respecto de la imposición de costas (así como de la indemni-


zación) se ha recalcado que no se transforman en prisión por falta de pago (CCC,
JA, 12-517).

Relación con el art. 1096 del C.C. Es opinión de muchos autores que el art. 29
del C.P. ha derogado al art. 1096 del C.C., relativo a la independencia entre la acción
penal y la acción civil por indemnización del daño causado por delito. Sin embargo,
otros opinan que la derogación es sólo parcial y referida a la imposibilidad de ejercer
las dos acciones juntas.
En este sentido se ha expedido la Cámara Criminal y Correccional de la Capital
Federal al decir que la indemnización civil para reparar el perjuicio causado por el
delito puede ejercerse ante el juez del fuero criminal y correccional, y al mismo tiem-
po o juntamente con la acción penal (CCC, en pleno, 7/9/1923, Fallos, 3-236). Pero
la jurisprudencia no ha sido pacífica en relación con este tema.

Titulares y personas contra quienes puede ejercerse la acción civil en sede


penal. Respecto de la titularidad de esta acción, Rubianes (op. cit., I, 88 y 89) reco-
ge diferentes posturas jurisprudenciales y señala que existe «una doble tendencia,
restrictiva una y más amplia la otra. La primera sostiene que la acción civil, en sede
penal, sólo puede ejercerla el particularmente ofendido por el delito, excluyéndose a
los miembros de la familia, herederos y terceros. Deriva de la conclusión sostenida
en la Capital Federal, de que para ejercer dicha acción es indispensable asumir el
papel de querellante, de modo que quien no puede revestir esta calidad, lógicamen-
te no estará habilitado para ejercerla (…). En cambio, la interpretación más amplia
sostiene que todo perjudicado por el delito, titular de la acción civil, puede ejercerla
en sede penal, sea o no víctima directa. La sustentan los tribunales de la provincia
de Buenos Aires, basados principalmente en el art. 80 de su Código Procesal. La
contradicción es, pues, más aparente que real, pues se basa en distintos códigos de
procedimiento y no en la interpretación directa de la ley de fondo».
En definitiva, parecería que la solución correcta es admitir como titular a la vícti-
ma y a terceros que pueden o no ser sus familiares. Por otra parte, se sostiene que,
66 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 29

en sede penal, no pueden ser titulares de la acción civil por daño moral las personas
jurídicas. En este sentido una resolución manifiesta que «si bien corresponde fijar
la indemnización por daño material ya que el hecho de haber reparado la imputada
el delito de falsedad documental fue la causa de que la entidad damnificada –Obra
Social de Obreros y Empleados de la Municipalidad de Buenos Aires– sufriera la
pérdida de sus medicamentos que de esa forma salieron de su patrimonio indebida-
mente, no corresponde la reparación por daño moral porque la parte que reclamó
ese rubro indemnizatorio es una persona de existencia ideal, razón por la cual no
debe aceptarse, en las especiales circunstancias del caso, que hubiera padecido un
daño moral ocasionado por el delito que se entendió configurado» (CCC, 1/7/1982,
c. 15.573, BICCC, 1982-IV-141).
En cuanto a las personas contra las cuales puede ejercerse esta acción, general-
mente se cree que sólo pueden ser quienes han cometido el delito.

Esquema de defensa
El abogado defensor, para impedir la imposición de la indemnización, deberá re-
currir a su carácter subsidiario respecto de sentencia de condena «exclusivamente».
Alegará su improcedencia en relación con sentencias absolutorias, sobreseimien-
tos, declaración de prescripción de la acción penal, casos de delitos amnistiados,
etcétera. En este sentido, la jurisprudencia ha sostenido, por ejemplo, que si no
media condena en jurisdicción penal, la sentencia no puede expedirse sobre in-
demnización, por ser complementaria de la condena (CC Tucumán, 31/7/1958, LL,
95-453).
En cuanto a la potestad judicial de imponer la reparación, el defensor deberá re-
cordar aquellos fallos que negaron al juez la posibilidad de imponer la indemnización
cuando no existió el requerimiento de parte y también aquellos que directamente
excluyen su carácter facultativo. Así, v.gr., se ha sostenido que no procede de oficio
el pago de la indemnización por el daño moral o material causado por el delito sino a
petición del damnificado (CCC, 21/5/1937, Fallos, 4-396). Asimismo, se ha decidido
que si no se ha ejercido la acción civil en el proceso penal, no procede que el juez
disponga oficiosamente la subasta de los efectos secuestrados al condenado y a la
distribución el producto entre los damnificados (CCC, 9/12/1960, LL, 102-149).
Otro aspecto que el abogado deberá hacer valer en su defensa, cuando la indem-
nización sea impuesta, es que la misma no debe revestir el carácter de enriqueci-
miento sin causa o inesperado. En este sentido, los tribunales sostuvieron que para
fijar el monto de la indemnización por daño moral debe tenerse presente que éste
no es un perjuicio que dañe al individuo en su patrimonio ni en su cuerpo y que, por
lo tanto, no puede ser fuente de un beneficio inesperado ni de un enriquecimiento
injusto (CCC, 13/9/1935, Fallos, 2-17).
Cuando la acción civil sea intentada en sede penal, habrá que recordar los fallos
que negaron su ejercicio contra terceros en razón de ser una cuestión reglada por
el Código Civil y no por las leyes de carácter penal (v.gr., CCC, 30/3/1936, Fallos,
4-391). Se ha dicho que el art. 29 introdujo una notoria modificación al régimen es-
tablecido por el art. 1096 del C.C., pero que este apartamiento respecto del sistema
imperante en materia de responsabilidad civil sólo rige cuando se trata del autor
directo del hecho, cesando su aplicación cuando se trata de hacerla efectiva sobre el
tercero civilmente responsable (CC Rosario, 1/4/1949, RLL, II, 21, s. 21).
art. 30 REPARACIÓN DE PERJUICIOS | 67

Jurisprudencia
«El art. 29 del C.P., invocado por el tribunal de sentencia para fijar el monto del
daño resarcible, autoriza a aquél a fijarlo prudencialmente; pero el ejercicio de esa
facultad no lo libera de las razones que permita apreciar al Tribunal de Casación si,
en definitiva, el quantum admitido es prudente.
La resolución recurrida carece de la más mínima motivación acerca de la deter-
minación del monto de la condena, toda vez que no se señalaron las razones por
las cuales el sentenciante dispuso un monto y no uno mayor o bien menor. Es decir
que la elección efectuada no pudo ser objetivamente verificable, razón por la cual,
la cifra aparece como arbitraria» (TS Córdoba, Sala Penal, 6/12/1996, sent. 12.102,
«Oddone, Luis A.»).

Artículo 30.— [según ley 25.188, B.O. 1/11/1999]. La obliga-


ción de indemnizar es preferente a todas las que contrajere el res-
ponsable después de cometido el delito, a la ejecución de la pena
de decomiso del producto o el provecho del delito y al pago de la
multa. Si los bienes del condenado no fueren suficientes para cu-
brir todas sus responsabilidades pecuniarias, éstas se satisfarán
en el orden siguiente:
1) La indemnización de los daños y perjuicios.
2) El resarcimiento de los gastos del juicio.
3) El decomiso del producto o el provecho del delito.
4) El pago de la multa.

Carácter del privilegio. El artículo aquí comentado otorga un privilegio a la obli-


gación de indemnizar los daños emergentes del delito, respecto de todas las obli-
gaciones que el responsable contrajere luego de la ejecución del ilícito y también
respecto del pago de la multa.
Malagarriga sostiene que debe considerarse como número tercero del privilegio
que el art. 3879 del C.C. establece para determinados créditos sobre la generalidad
de los bienes del deudor. En ese sentido, ha sido opinión de los jueces que el dere-
cho de preferencia otorgado al damnificado por el art. 30 del C.P. importa un privile-
gio de los definidos por el art. 3875 del C.C., con la extensión de los comprendidos
en el art. 3879 del último Código (CCC, 5 /11/1943, Fallos, 5-338).
El privilegio no rige respecto de cuotas ya pagadas de la multa, pues esas sumas
ya han salido del patrimonio del condenado.
La reforma del art. 30 agrega dos incisos a los dos ya existentes.
Los agregados son: 3) el decomiso del producto o provecho del delito y 4) el pago
de la multa.
De no ser posible la restitución del o los objetos, sobreviene la indemnización a
las víctimas y otros perjudicados por el ilícito. El orden de prioridades que indica el
artículo debe ser seguido estrictamente en el cumplimiento de la sentencia.
Con respecto a la multa, surge el problema, en caso de no alcanzar los bienes
del delincuente para cubrirla, si debe ser convertida en prisión o simplemente en una
medida cobertora civil. A la justicia corresponde resolver esta situación.
68 | CÓDIGO PENAL COMENTADO art. 31

Artículo 31.— La obligación de reparar el daño es solidaria


entre todos los responsables del delito.

Obligación solidaria. Si son varios los que ejecutaron o participaron en la co-


misión del delito, la obligación de reparar el daño pesa solidariamente sobre todos
ellos. Pero esta obligación sólo comprende el resarcimiento de los daños y no el
pago de las costas, salvo que fueren comunes (conf. Oderigo, op. cit., 29).

Acción de restitución. Se ha concluido, de conformidad con lo dispuesto por el


art. 1032 del C.C., que no existe acción de regreso contra aquellos que no contribu-
yeron al pago; por lo tanto, si uno de los responsables paga, carece de acción contra
los co-obligados para reclamar el importe que a cada uno de ellos corresponde.

Jurisprudencia
«El modo en que fue resuelta dicha causa y los fundamentos especialmente
dados, en el sentido que antes se indicó por el Alto Tribunal, ponen en evidencia la
obligación de reparar el daño que pesa solidariamente sobre todos los responsables
del delito (art. 31, C.P.), ya sea por haber participado en él como autores, conseje-
ros (instigadores) o cómplices (art. 1086, C.C., y arts. 45 y 46, C.P.), pudiendo en
su caso el damnificado demandar el daño contra uno o todos los responsables, si
los hubiese (arts. 699 y 705, C.C.)» (CA CAdm. Fed., Sala 3, 9/2/1996, sent. 2631,
«Tarnopolsky, Daniel c. E. N. y otros»).

Artículo 32.— El que por título lucrativo participare de los


efectos de un delito, estará obligado a la reparación hasta la
cuantía en que hubiere participado.

Participación de los efectos del delito. Nadie puede obtener un beneficio pe-
cuniario a expensas de un delito, ni siquiera en el caso de que ignore su existencia.
(Este desconocimiento es condición indispensable para distinguir entre la participa-
ción de los efectos del delito y el encubrimiento).
En este supuesto, el sujeto recibe algo de lo que fue obtenido mediante un delito
pero ignora que ese es su origen. Cuando la conducta de una persona encuadra en
este artículo, su responsabilidad se limita a la cuantía de la participación.

Esquema de defensa
La labor de una correcta defensa se dirigirá a demostrar la buena fe en el obrar
del sujeto, lo cual lo convertirá en un responsable limitado a los efectos de contribuir
a la reparación de los perjuicios. La prueba del desconocimiento del delito excluye el
encubrimiento del art. 31 y autoriza la aplicación del art. 32.

Jurisprudencia
«Los embargos dispuestos con la prisión preventiva se ajustan a la ley penal
tributaria en cuanto a la responsabilidad de quienes actúan en nombre de personas
jurídicas al fijar montos distintos, según el mayor o menor grado de compromiso en
las maniobras, y se ajustan también a la regla del art. 32 del C.P., que impone la
art. 33 IMPUTABILIDAD | 69

responsabilidad en función de la participación lucrativa y en la cuantía de ella» (CPE-


con., Sala A, 6/12/1994, sent. 589, «Prado, G. E.», JA, 30/8/1995, p. 52.)

Artículo 33.— En caso de insolvencia total o parcial, se ob-


servarán las reglas siguientes:
1) Tratándose de condenados a reclusión o prisión, la repara-
ción se hará en la forma determinada en el artículo 11;
2) Tratándose de condenados a otras penas, el tribunal seña-
lará la parte de sus entradas o emolumentos que deban depositar
periódicamente hasta el pago total.

Reparación de perjuicios e insolvencia. El presente artículo dispone cuál será


el procedimiento en caso de insolvencia total o parcial del condenado para la repa-
ración de los daños y perjuicios causados por el delito.
El Código distingue el caso de penas privativas de la libertad (en cuyo caso para
el sistema de reparación remite a lo dispuesto por el art. 11) del resto de las penas
(en las cuales la reparación se hará mediante depósitos periódicos de sus salarios,
en la porción y en el tiempo fijados por el tribunal).
El reproche que algunos autores le hacen a este artículo es haber contemplado
(en el inc. 1) exclusivamente los casos de prisión o reclusión de cumplimiento efec-
tivo olvidando la situación de la condena de ejecución condicional, también omitida
por el art. 29, inc. 4, que sólo regula el instituto de la libertad condicional.

TÍTULO V
IMPUTABILIDAD

Artículo 34.— No son punibles:


1) El que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por
insuficiencia de sus facultades, por alteraciones morbosas de las
mismas o por su estado de inconsciencia, error o ignorancia de
hecho no imputables, comprender la criminalidad del acto o diri-
gir sus acciones.
En caso de enajenación, el tribunal podrá ordenar la reclusión
del agente en un manicomio, del que no saldrá sino por resolu-
ción judicial, con audiencia del ministerio público y previo dic-
tamen de peritos que declaren desaparecido el peligro de que el
enfermo se dañe a sí mismo o a los demás.
En los demás casos en que se absolviere a un procesado por
las causales del presente inciso, el tribunal ordenará la reclusión
del mismo en un establecimiento adecuado hasta que se compro-
bare la desaparición de las condiciones que le hicieren peligroso;
2) El que obrare violentado por fuerza física irresistible o ame-
nazas de sufrir un mal grave e inminente;
3) El que causare un mal por evitar otro mayor inminente a que
ha sido extraño;
ÍNDICE GENERAL
Cómo instalar el CD-ROM................................................................................ 7
Funcionalidades básicas del CD-ROM............................................................ 9
Palabras previas............................................................................................... 13

LIBRO PRIMERO
DISPOSICIONES GENERALES

TÍTULO I
APLICACIÓN DE LA LEY PENAL

Artículo 1.......................................................................................................... 15
Artículo 2.......................................................................................................... 16
Artículo 3.......................................................................................................... 17
Artículo 4.......................................................................................................... 17

TÍTULO II
DE LAS PENAS

Artículo 5.......................................................................................................... 18
Artículo 6.......................................................................................................... 18
Artículo 7.......................................................................................................... 19
Artículo 8.......................................................................................................... 19
Artículo 9.......................................................................................................... 20
Artículo 10........................................................................................................ 20
Artículo 11......................................................................................................... 21
Artículo 12........................................................................................................ 22
Artículo 13........................................................................................................ 24
Artículo 14........................................................................................................ 27
Artículo 15........................................................................................................ 28
Artículo 16........................................................................................................ 29
Artículo 17........................................................................................................ 30
Artículo 18........................................................................................................ 31
Artículo 19........................................................................................................ 31
Artículo 20........................................................................................................ 34
646 | CÓDIGO PENAL COMENTADO

Artículo 20 bis................................................................................................... 36
Artículo 20 ter................................................................................................... 37
Artículo 21........................................................................................................ 39
Artículo 22........................................................................................................ 43
Artículo 22 bis................................................................................................... 44
Artículo 23........................................................................................................ 45
Artículo 24........................................................................................................ 49
Artículo 25........................................................................................................ 50

TÍTULO III
CONDENACIÓN CONDICIONAL

Artículo 26........................................................................................................ 51
Artículo 27........................................................................................................ 57
Artículo 27 bis................................................................................................... 60
Artículo 28........................................................................................................ 62

TÍTULO IV
REPARACIÓN DE PERJUICIOS

Artículo 29........................................................................................................ 62
Artículo 30........................................................................................................ 67
Artículo 31........................................................................................................ 68
Artículo 32........................................................................................................ 68
Artículo 33........................................................................................................ 69

TÍTULO V
IMPUTABILIDAD

Artículo 34........................................................................................................ 69
Artículo 35........................................................................................................ 80
Artículos 36 a 39.............................................................................................. 82
Artículo 40........................................................................................................ 82
Artículo 41........................................................................................................ 83
Artículo 41 bis................................................................................................... 86
Artículo 41 ter................................................................................................... 88
Artículo 41 quater............................................................................................. 89
Artículo 41 quinquies........................................................................................ 89

TÍTULO VI
TENTATIVA

Artículo 42........................................................................................................ 90
Artículo 43........................................................................................................ 92
Artículo 44........................................................................................................ 94
ÍNDICE GENERAL | 647

TÍTULO VII
PARTICIPACIÓN CRIMINAL

Artículo 45........................................................................................................ 95
Artículo 46........................................................................................................ 98
Artículo 47........................................................................................................ 99
Artículo 48........................................................................................................ 101
Artículo 49........................................................................................................ 102

TÍTULO VIII
REINCIDENCIA

Artículo 50........................................................................................................ 102


Artículo 51........................................................................................................ 104
Artículo 52........................................................................................................ 106
Artículo 53........................................................................................................ 108

TÍTULO IX
CONCURSO DE DELITOS

Artículo 54........................................................................................................ 109


Artículo 55........................................................................................................ 111
Artículo 56........................................................................................................ 113
Artículo 57........................................................................................................ 114
Artículo 58........................................................................................................ 114

TÍTULO X
EXTINCIÓN DE ACCIONES Y DE PENAS

Artículo 59........................................................................................................ 116


Artículo 60........................................................................................................ 119
Artículo 61........................................................................................................ 120
Artículo 62........................................................................................................ 120
Artículo 63........................................................................................................ 122
Artículo 64........................................................................................................ 123
Artículo 65........................................................................................................ 125
Artículo 66........................................................................................................ 126
Artículo 67........................................................................................................ 127
Artículo 68........................................................................................................ 131
Artículo 69........................................................................................................ 132
Artículo 70........................................................................................................ 133

TÍTULO XI
DEL EJERCICIO DE LAS ACCIONES

Artículo 71........................................................................................................ 133


648 | CÓDIGO PENAL COMENTADO

Artículo 72........................................................................................................ 134


Artículo 73........................................................................................................ 136
Artículo 74........................................................................................................ 137
Artículo 75........................................................................................................ 137

TÍTULO XII
DE LA SUSPENSIÓN DEL JUICIO A PRUEBA

Artículo 76........................................................................................................ 138


Artículo 76 bis................................................................................................... 138
Artículo 76 ter................................................................................................... 141
Artículo 76 quater............................................................................................. 142

TÍTULO XIII
SIGNIFICACIÓN DE CONCEPTOS EMPLEADOS EN EL CÓDIGO

Artículo 77........................................................................................................ 142


Artículo 78........................................................................................................ 145
Artículo 78 bis................................................................................................... 146

LIBRO SEGUNDO
DE LOS DELITOS

TÍTULO I
DELITOS CONTRA LAS PERSONAS

Capítulo I
Delitos contra la vida
Artículo 79........................................................................................................ 147
Artículo 80........................................................................................................ 151
Artículo 81........................................................................................................ 160
Artículo 82........................................................................................................ 164
Artículo 83........................................................................................................ 165
Artículo 84........................................................................................................ 167
Artículo 85........................................................................................................ 170
Artículo 86........................................................................................................ 174
Artículo 87........................................................................................................ 177
Artículo 88........................................................................................................ 178

Capítulo II
Lesiones
Artículo 89........................................................................................................ 180
Artículo 90........................................................................................................ 184
Artículo 91........................................................................................................ 188
Artículo 92........................................................................................................ 190
ÍNDICE GENERAL | 649

Artículo 93........................................................................................................ 192


Artículo 94........................................................................................................ 193

Capítulo III
Homicidio o lesiones en riña
Artículo 95........................................................................................................ 195
Artículo 96........................................................................................................ 197

Capítulo IV
Duelo
Artículo 97........................................................................................................ 198
Artículo 98........................................................................................................ 199
Artículo 99........................................................................................................ 200
Artículo 100...................................................................................................... 201
Artículo 101...................................................................................................... 202
Artículo 102...................................................................................................... 203
Artículo 103...................................................................................................... 204

Capítulo V
Abuso de armas
Artículo 104...................................................................................................... 204
Artículo 105...................................................................................................... 208

Capítulo VI
Abandono de personas
Artículo 106...................................................................................................... 209
Artículo 107...................................................................................................... 213
Artículo 108...................................................................................................... 214

TÍTULO II
DELITOS CONTRA EL HONOR

Artículo 109...................................................................................................... 216


Artículo 110....................................................................................................... 220
Artículo 111....................................................................................................... 223
Artículo 112....................................................................................................... 226
Artículo 113....................................................................................................... 226
Artículo 114....................................................................................................... 228
Artículo 115....................................................................................................... 230
Artículo 116....................................................................................................... 231
Artículo 117....................................................................................................... 232
Artículo 117 bis................................................................................................. 234

TÍTULO III
DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL

Artículo 118....................................................................................................... 235


650 | CÓDIGO PENAL COMENTADO

Capítulo II
Artículo 119....................................................................................................... 235
Artículo 120...................................................................................................... 241
Artículos 121 a 123.......................................................................................... 243
Artículo 124...................................................................................................... 243

Capítulo III
Artículo 125...................................................................................................... 244
Artículo 125 bis................................................................................................. 248
Artículo 126...................................................................................................... 250
Artículo 127...................................................................................................... 251
Artículos 127 bis y 127 ter................................................................................ 252
Artículo 128...................................................................................................... 252
Artículo 129...................................................................................................... 254

Capítulo IV
Artículo 130...................................................................................................... 256
Artículo 131...................................................................................................... 259

Capítulo V
Artículo 132...................................................................................................... 260
Artículo 133...................................................................................................... 260

TÍTULO IV
DELITOS CONTRA EL ESTADO CIVIL

Capítulo I
Matrimonios ilegales
Artículo 134...................................................................................................... 261
Artículo 135...................................................................................................... 264
Artículo 136...................................................................................................... 265
Artículo 137...................................................................................................... 267

Capítulo II
Supresión y suposición del estado civil y de la identidad
Artículo 138...................................................................................................... 267
Artículo 139...................................................................................................... 269
Artículo 139 bis................................................................................................. 271

TÍTULO V
DELITOS CONTRA LA LIBERTAD

Capítulo I
Delitos contra la libertad individual
Artículo 140...................................................................................................... 272
Artículo 141...................................................................................................... 274
Artículo 142...................................................................................................... 277
ÍNDICE GENERAL | 651

Artículo 142 bis................................................................................................. 280


Artículo 142 ter................................................................................................. 283
Artículo 143...................................................................................................... 285
Artículo 144...................................................................................................... 287
Artículo 144 bis................................................................................................. 288
Artículo 144 ter................................................................................................. 290
Artículo 144 quater........................................................................................... 291
Artículo 144 quinque........................................................................................ 293
Artículo 145...................................................................................................... 294
Artículo 145 bis................................................................................................. 295
Artículo 145 ter................................................................................................. 296
Artículo 146...................................................................................................... 297
Artículo 147...................................................................................................... 298
Artículo 148...................................................................................................... 299
Artículo 148 bis................................................................................................. 300
Artículo 149...................................................................................................... 300
Artículo 149 bis................................................................................................. 302
Artículo 149 ter................................................................................................. 304

Capítulo II
Violación de domicilio
Artículo 150...................................................................................................... 305
Artículo 151...................................................................................................... 310
Artículo 152...................................................................................................... 311

Capítulo III
Violación de secretos y de la privacidad
Artículo 153...................................................................................................... 312
Artículo 153 bis................................................................................................. 316
Artículo 154...................................................................................................... 317
Artículo 155...................................................................................................... 318
Artículo 156...................................................................................................... 320
Artículo 157...................................................................................................... 322
Artículo 157 bis................................................................................................. 324

Capítulo IV
Delitos contra la libertad de trabajo y asociación
Artículo 158...................................................................................................... 325
Artículo 159...................................................................................................... 327

Capítulo V
Delitos contra la libertad de reunión
Artículo 160...................................................................................................... 329

Capítulo VI
Delitos contra la libertad de prensa
Artículo 161...................................................................................................... 330
652 | CÓDIGO PENAL COMENTADO

TÍTULO VI
DELITOS CONTRA LA PROPIEDAD

Capítulo I
Hurto
Artículo 162...................................................................................................... 331
Artículo 163...................................................................................................... 335
Artículo 163 bis................................................................................................. 340

Capítulo II
Robo
Artículo 164...................................................................................................... 340
Artículo 165...................................................................................................... 343
Artículo 166...................................................................................................... 344
Artículo 167...................................................................................................... 348
Artículo 167 bis................................................................................................. 351

Capítulo II bis
Abigeato
Artículo 167 ter................................................................................................. 352
Artículo 167 quater........................................................................................... 353
Artículo 167 quinque........................................................................................ 354

Capítulo III
Extorsión
Artículo 168...................................................................................................... 354
Artículo 169...................................................................................................... 358
Artículo 170...................................................................................................... 359
Artículo 171...................................................................................................... 362

Capítulo IV
Estafas y otras defraudaciones
Artículo 172...................................................................................................... 363
Artículo 173...................................................................................................... 367
Artículo 174...................................................................................................... 377
Artículo 174 bis................................................................................................. 381
Artículo 175...................................................................................................... 381

Capítulo IV bis
Usura
Artículo 175 bis................................................................................................. 384

Capítulo V
Quebrados y otros deudores punibles
Artículo 176...................................................................................................... 387
Artículo 177...................................................................................................... 389
Artículo 178...................................................................................................... 391
Artículo 179...................................................................................................... 393
ÍNDICE GENERAL | 653

Artículo 180...................................................................................................... 395

Capítulo VI
Usurpación
Artículo 181...................................................................................................... 397
Artículo 182...................................................................................................... 399

Capítulo VII
Daños
Artículo 183...................................................................................................... 402
Artículo 184...................................................................................................... 404

Capítulo VIII
Disposiciones generales
Artículo 185...................................................................................................... 407

TÍTULO VII
DELITOS CONTRA LA SEGURIDAD PÚBLICA

Capítulo I
Incendios y otros estragos
Artículo 186...................................................................................................... 409
Artículo 187...................................................................................................... 413
Artículo 188...................................................................................................... 414
Artículo 189...................................................................................................... 415
Artículo 189 bis................................................................................................. 417
Artículo 189 ter................................................................................................. 424

Capítulo II
Delitos contra la seguridad del tránsito y de los medios
de transporte y de comunicación
Artículo 190...................................................................................................... 424
Artículo 191...................................................................................................... 425
Artículo 192...................................................................................................... 427
Artículo 193...................................................................................................... 428
Artículo 193 bis................................................................................................. 429
Artículo 194...................................................................................................... 429
Artículo 195...................................................................................................... 430
Artículo 196...................................................................................................... 432
Artículo 197...................................................................................................... 434

Capítulo III
Piratería
Artículo 198...................................................................................................... 436
Artículo 199...................................................................................................... 440
654 | CÓDIGO PENAL COMENTADO

Capítulo IV
Delitos contra la salud pública. Envenenar o adulterar
aguas potables o alimentos o medicinas
Artículo 200...................................................................................................... 441
Artículo 201...................................................................................................... 444
Artículo 201 bis................................................................................................. 445
Artículo 202...................................................................................................... 446
Artículo 203...................................................................................................... 447
Artículo 204...................................................................................................... 448
Artículo 204 bis................................................................................................. 450
Artículo 204 ter................................................................................................. 451
Artículo 204 quater........................................................................................... 451
Artículo 204 quinque........................................................................................ 452
Artículo 205...................................................................................................... 452
Artículo 206...................................................................................................... 452
Artículo 207...................................................................................................... 453
Artículo 208...................................................................................................... 454

TÍTULO VIII
DELITOS CONTRA EL ORDEN PÚBLICO

Capítulo I
Instigación a cometer delitos
Artículo 209...................................................................................................... 457
Artículo 209 bis................................................................................................. 459

Capítulo II
Asociación ilícita
Artículo 210...................................................................................................... 459
Artículo 210 bis................................................................................................. 461

Capítulo III
Intimidación pública
Artículo 211....................................................................................................... 462
Artículo 212...................................................................................................... 463

Capítulo IV
Apología del crimen
Artículo 213...................................................................................................... 464

Capítulo V
Otros atentados contra el orden público
Artículo 213 bis................................................................................................. 465

Capítulo VI
Asociaciones ilícitas terroristas y financiación
del terrorismo
Artículo 213 ter................................................................................................. 466
ÍNDICE GENERAL | 655

Artículo 213 quater........................................................................................... 466

TÍTULO IX
DELITOS CONTRA LA SEGURIDAD DE LA NACIÓN

Capítulo I
Traición
Artículo 214...................................................................................................... 466
Artículo 215...................................................................................................... 468
Artículo 216...................................................................................................... 469
Artículo 217...................................................................................................... 470
Artículo 218...................................................................................................... 470

Capítulo II
Delitos que comprometen la paz y la dignidad de la Nación
Artículo 219...................................................................................................... 471
Artículo 220...................................................................................................... 473
Artículo 221...................................................................................................... 474
Artículo 222...................................................................................................... 475
Artículo 223...................................................................................................... 478
Artículo 224...................................................................................................... 479
Artículo 225...................................................................................................... 480

TÍTULO X
DELITOS CONTRA LOS PODERES PÚBLICOS
Y EL ORDEN CONSTITUCIONAL

Capítulo I
Atentados al orden constitucional y a la
vida democrática
Artículo 226...................................................................................................... 481
Artículo 226 bis................................................................................................. 484
Artículo 227...................................................................................................... 485
Artículo 227 bis................................................................................................. 487
Artículo 227 ter................................................................................................. 489
Artículo 228...................................................................................................... 490

Capítulo II
Sedición
Artículo 229...................................................................................................... 490
Artículo 230...................................................................................................... 491

Capítulo III
Disposiciones comunes a los capítulos precedentes
Artículo 231...................................................................................................... 492
Artículo 232...................................................................................................... 493
Artículo 233...................................................................................................... 494
656 | CÓDIGO PENAL COMENTADO

Artículo 234...................................................................................................... 495


Artículo 235...................................................................................................... 497
Artículo 236...................................................................................................... 499

TÍTULO XI
DELITOS CONTRA LA ADMNISTRACIÓN PÚBLICA

Capítulo I
Atentado y resistencia contra la autoridad
Artículo 237...................................................................................................... 500
Artículo 238...................................................................................................... 502
Artículo 238 bis................................................................................................. 504
Artículo 238 ter................................................................................................. 505
Artículo 239...................................................................................................... 505
Artículo 240...................................................................................................... 508
Artículo 240 bis................................................................................................. 509
Artículo 241...................................................................................................... 509
Artículo 241 bis................................................................................................. 511
Artículo 242...................................................................................................... 511
Artículo 243...................................................................................................... 513

Capítulo II
Falsa denuncia
Artículo 244...................................................................................................... 514
Artículo 245...................................................................................................... 514

Capítulo III
Usurpación de autoridad, títulos u honores
Artículo 246...................................................................................................... 516
Artículo 247...................................................................................................... 519

Capítulo IV
Abuso de autoridad y violación de los deberes
de los funcionarios públicos
Artículo 248...................................................................................................... 521
Artículo 248 bis................................................................................................. 524
Artículo 249...................................................................................................... 524
Artículo 249 bis................................................................................................. 526
Artículo 250...................................................................................................... 527
Artículo 250 bis................................................................................................. 528
Artículo 251...................................................................................................... 528
Artículo 252...................................................................................................... 530
Artículo 253...................................................................................................... 532
Artículo 253 bis................................................................................................. 533
Artículo 253 ter................................................................................................. 534
ÍNDICE GENERAL | 657

Capítulo V
Violación de sellos y documentos
Artículo 254...................................................................................................... 534
Artículo 255...................................................................................................... 536

Capítulo VI
Cohecho y tráfico de influencias
Artículo 256...................................................................................................... 538
Artículo 256 bis................................................................................................. 540
Artículo 257...................................................................................................... 540
Artículo 258...................................................................................................... 541
Artículo 258 bis................................................................................................. 542
Artículo 259...................................................................................................... 543

Capítulo VII
Malversación de caudales públicos
Artículo 260...................................................................................................... 545
Artículo 261...................................................................................................... 547
Artículo 262...................................................................................................... 549
Artículo 263...................................................................................................... 551
Artículo 264...................................................................................................... 553

Capítulo VIII
Negociaciones incompatibles con el ejercicio de funciones públicas
Artículo 265...................................................................................................... 554

Capítulo IX
Exacciones ilegales
Artículo 266...................................................................................................... 556
Artículo 267...................................................................................................... 560
Artículo 268...................................................................................................... 561

Capítulo IX bis
Enriquecimiento ilícito de funcionarios y empleados
Artículo 268 (1)................................................................................................. 562
Artículo 268 (2)................................................................................................. 564
Artículo 268 (3)................................................................................................. 566

Capítulo X
Prevaricato
Artículo 269...................................................................................................... 567
Artículo 270...................................................................................................... 570
Artículo 271...................................................................................................... 571
Artículo 272...................................................................................................... 573

Capítulo XI
Denegación y retardo de justicia
Artículo 273...................................................................................................... 573
658 | CÓDIGO PENAL COMENTADO

Artículo 274...................................................................................................... 575

Capítulo XII
Falso testimonio
Artículo 275...................................................................................................... 576
Artículo 276...................................................................................................... 580

Capítulo XIII
Encubrimiento
Artículo 277...................................................................................................... 581
Artículo 277 bis................................................................................................. 586
Artículo 277 ter................................................................................................. 587
Artículo 278...................................................................................................... 587
Artículo 279...................................................................................................... 587

Capítulo XIV
Evasión y quebrantamiento de pena
Artículo 280...................................................................................................... 588
Artículo 281...................................................................................................... 591
Artículo 281 bis................................................................................................. 592

TÍTULO XII
DELITOS CONTRA LA FE PÚBLICA

Capítulo I
Falsificación de moneda, billetes de banco,
títulos al portador y documentos de crédito
Artículo 282...................................................................................................... 593
Artículo 283...................................................................................................... 594
Artículo 284...................................................................................................... 595
Artículo 285...................................................................................................... 596
Artículo 286...................................................................................................... 598
Artículo 287...................................................................................................... 598

Capítulo II
Falsificación de sellos, timbres y marcas
Artículo 288...................................................................................................... 599
Artículo 289...................................................................................................... 601
Artículo 290...................................................................................................... 603
Artículo 291...................................................................................................... 604

Capítulo III
Falsificación de documentos en general
Artículo 292...................................................................................................... 605
Artículo 293...................................................................................................... 607
Artículo 293 bis................................................................................................. 609
Artículo 294...................................................................................................... 610
Artículo 295...................................................................................................... 611
ÍNDICE GENERAL | 659

Artículo 296...................................................................................................... 612


Artículo 297...................................................................................................... 613
Artículo 298...................................................................................................... 614
Artículo 298 bis................................................................................................. 615

Capítulo IV
Disposiciones comunes a los capítulos precedentes
Artículo 299...................................................................................................... 616

Capítulo V
De los fraudes al comercio y a la industria
Artículo 300...................................................................................................... 617
Artículo 301...................................................................................................... 619
Artículo 301 bis................................................................................................. 620

Capítulo VI
Del pago con cheques sin provisión de fondos
Artículo 302...................................................................................................... 620

TÍTULO XIII
DELITOS CONTRA EL ORDEN ECONÓMICO Y FINANCIERO

Artículo 303...................................................................................................... 627


Artículo 304...................................................................................................... 629
Artículo 305...................................................................................................... 630
Artículo 306...................................................................................................... 631
Artículo 307...................................................................................................... 632
Artículo 308...................................................................................................... 634
Artículo 309...................................................................................................... 635
Artículo 310...................................................................................................... 637
Artículo 311....................................................................................................... 638
Artículo 312...................................................................................................... 638
Artículo 313...................................................................................................... 639

DISPOSICIONES COMPLEMENTARIAS

Artículo 314...................................................................................................... 640


Artículo 315...................................................................................................... 640
Artículo 316...................................................................................................... 640

MODELOS DE ESCRITOS JUDICIALES


INCLUIDOS EN EL CD-ROM

Índice de modelos............................................................................................ 641