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PSICOLOGIA CRIMINAL Y FORENSE EN EL MALTRATO,

VIOLENCIA Y ABUSO SEXUAL

MÓDULO I:
EPISTEMOLOGÍA Y TEORÍAS EN EL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA

Experto temático: PS. Mg. Zeñas Cerceda José Alejandro

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PSICOLOGIA CRIMINAL Y FORENSE EN EL MALTRATO, VIOLENCIA Y ABUSO SEXUAL
MÓDULO: EPISTEMOLOGÍA Y TEORÍAS EN EL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA
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Equipo de trabajo:
- Experto Temático: Ps. Mg. Zeñas Cerceda José Alejandro. C.P.P 7356
- Responsable del proyecto: Mg. Alonso Santa Cruz Quiroz
Institución organizadora:
- Agrupación Científica de Capacitación Orientación y Desarrollo Cultural – ACCODC

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ÍNDICE

Pag.

I. Introducción…………………………………………………………………… 3
II. Psicología forense VS Psicología criminal...……………………………… 5
III. Marco teórico y conceptual de la violencia………………………………. 6
III. Violencia sexual ……………………………………………………………. 7
IV. Violación sexual de menor de edad ……………………………………… 9
V. ¿Por qué sucede la violación sexual?……………………………………… 9
VI. ¿Cómo afecta el abuso sexual? ………………………………….………… 10
VII. Consecuencias del abuso sexual…………………………………………. 11
VIII. Bibliografía ……………………………………………………………………….. 15

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INTRODUCCIÓN

La violencia se ha convertido en un problema psicosocial que no solo afecta la integridad del


ser humano, sino que menoscaba las estructuras de una sociedad que no termina por adecuar
su comportamiento a una dinámica armoniosa donde los principios de tolerancia, respeto,
educación y bienestar se interrelacionen entre sí para tener ciudadanos justos, respetuosos y
adaptados a su entorno social. En ese sentido, la ciencia criminológica y la psicología forense
se constituyen en referentes importantes para comprender el comportamiento desadaptado
a fin de encontrarle una explicación sobre los fenómenos que ocurren desde la perspectiva
psicocriminal.

El módulo que se presenta esta referido a determinar y explicar aspectos teóricos de la


psicología criminal – forense, de la violencia, maltrato y abuso. Así mismo, se expone aspectos
relacionados a la realidad de las víctimas de maltrato, violencia y abuso.

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1. Psicología Forense y Psicología Criminal.

Durante las últimas décadas la ciencia de la Psicología ha crecido de tal forma las mismas
que se reflejan en una serie de películas, series policiales, novelas referidas a cuestiones
que hoy se tornan cotidianas; me refiero a crímenes, violaciones que declaran lo que
significa la violencia generalizada en el mundo.

En 1873 gracias a la Psicología experimental, Wilhelm Wundt da el primer paso para que
la Psicología Forense y Criminal nazca de la mano de Hugo Musterberg, entre
otros. Musterbeg fue uno de los primeros psicólogos en prever como la ciencia forense
podría beneficiar al sistema jurídico, abriendo la veda para que otros más adelante
hicieran lo mismo y estudiaran los diferentes procesos psicológicos en relación a la
criminología y los sistemas judiciales.

Aunque ambas disciplinas de la Psicología están relacionadas con la Criminología, no


deben de confundirse, puesto que todas ellas están interrelacionadas y trabajan mano a
mano para ofrecer las mejores respuestas a problemas delictivos y criminales. Del mismo
modo que no deben de confundirse la Psicología Forense y la Psicología Criminal, ya
que ambas, tienen diferentes focos de interés, aunque paralelos.

La Psicología Forense, es una disciplina multidisciplinaria que integra diferentes


aspectos formales que proceden de las ciencias forenses, del comportamiento y jurídicas.
Es decir, se interesa por las ciencias penales y jurídicas.

Del mismo modo, se interesa por el delincuente y la víctima, por lo que el conocimiento
del proceso penal o acusatorio es indispensable, del mismo modo que debe tener
conocimiento sobre cuestiones legales de toda índole. Tiene también, un interés clínico
centrado en la conducta en sí, para poder determinar si la persona que está siendo
acusada es imputable o no. En relación con el delincuente, la Psicología Forense brinda
ayuda terapéutica y/o psicológica a la víctima.

Por lo que hemos dicho en el párrafo anterior, podemos deducir que su trabajo es
demandado debido a las consecuencias de delitos cometidos, por lo que sus principales

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áreas de trabajo o desempeño laboral son los ministerios públicos, juzgados, juntas de
conciliación y/o arbitraje.

Por el contrario, la Psicología Criminal es una disciplina que estudio los porqués y cómo
se manifiesta distintivamente de otras conductas el comportamiento delictivo y criminal.
De la misma manera, aborda la observación científica de la delincuencia, los tipos
conductuales de delitos y sus procesos mentales, y los tipos de delincuentes.

Podemos decir que la Psicología Criminal se interesa más por la criminología, la


penología y la prevención. Su trabajo se centra casi exclusivamente en el delincuente, no
como la Forense que se centra tanto en la víctima cono en el delincuente. El interés
clínico abordado en esta rama de la Psicología se interesa más en los procesos mentales,
la psique o cognición del sujeto que comete delitos, para poder entender por qué comete
actos en contra de la ley establecida. Todo esto conlleva a que su conocimiento del
proceso acusatorio no sea tan necesario como en el caso de la Psicología Forense, a
no ser que se solicité o necesite dicho conocimiento.

Podemos concluir en relación a la Psicología Criminal que su trabajo busca los factores
que contribuyen a la formación de los delincuentes y los delitos cometido por ellos, y en
definitiva, ésta ciencia abarca más fines criminológicos que legales. Por esto, su trabajo
está desempeñado en agencias de investigación criminal, seguridad y centros
penitenciarios.

En resumen, podemos concluir que tanto la Psicología Criminal y la Psicología


Forense juegan papeles imprescindibles en el sistema penal y judicial de cada estado.
Aunque la primera está focalizada en determinar los motivos psicológicos por los que se
comenten los crímenes y la segunda, analiza los efectos que los delitos tienen sobre las
víctimas y los culpables.

2. Marco teórico y conceptual de la violencia

La violencia se ha convertido en un problema de grandes ribetes en la que casi a diario


tratamos de escapar; pero nos rodea, nos afecta de una u otra manera generando
inseguridad y temor. También es probable que con regularidad ejerzamos violencia sin
darnos cuenta o sin poner atención en ello. Al contrario, en parte influenciados por la
cantidad de información, volvemos la vista a la nota roja, a la violencia que otros ejercen
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y a sus consecuencias más severas. En este contexto, es común que nos formemos
opinión, a veces incluso en contra de las víctimas y a favor de la violencia cometida, que
señalemos culpables, hagamos la vista gorda o que nos indignemos ante esta realidad
descomunal. Pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre el proceso que
condujo a una persona, o grupo de personas, a verse involucrada en un hecho violento;
ni analizamos porqué unas son víctimas de la violencia con mayor frecuencia que otras
personas. Sin embargo, cuando el tema que nos ocupa es la prevención de la violencia,
la reflexión y el análisis de esta realidad son una condición necesaria. En este sentido,
las páginas que siguen están dedicadas a discutir y entender el concepto de violencia:
cómo se origina, cuáles son los factores asociados a su generación, cuáles son sus
consecuencias y cómo nos afectan. La violencia es un concepto complejo y ubicuo que
atañe a una pluralidad de situaciones, contextos y actores.

Cuando hablamos de violencia y de prevención de la violencia, no podemos


circunscribirnos a las estadísticas de uno u otro tipo de delito, ya que este registro se
construye a partir de las denuncias, las flagrancias y los procedimientos seguidos de oficio
por las instancias competentes y no incluye, por ejemplo, la victimización, la cual, según
Cruz (1989, citado en Observatorio de Seguridad Ciudadana, 2013) es el acto en el cual
una persona es objeto del uso de la fuerza, que le produce un daño físico o psicológico,
el cual no siempre es reportado. Hecha esta aclaración, las estadísticas delictivas se
utilizan para tener una aproximación a la dimensión del problema que se quiere intervenir,
son los datos que están más o menos disponibles. Con este fin es recomendable también
usar encuestas de victimización y de percepción. En otros términos, no deben
subestimarse ni pasar desapercibidas las violencias que parecen menos graves o de
menor severidad, pues en tanto que proceso pueden alcanzar siempre su máxima
expresión.

3. Violencia sexual ¿Qué es?

En esta interacción están presentes la persona abusadora, en una posición de autoridad


y poder que utiliza para someter al niño, niña o adolescente a las actividades sexuales.
Es un abuso de la confianza y un aprovechamiento de la vulnerabilidad e inexperiencia
del o la menor de edad para realizar acciones que se dirigen a la satisfacción de la
persona abusadora. Muchas de las violaciones a los derechos de los niños, niñas y
adolescentes se cometen dentro del hogar y por parte de quienes tienen la
responsabilidad de protegerles. Se entiende por indemnidad sexual al derecho del niño,

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niña o adolescente a desarrollar su sexualidad en forma natural sin interferencia de
hechos que por su naturaleza anormal o desviada tengan la capacidad real o potencial
para pervertir, corromper o impedir dicho desarrollo. (Tobar Sala, 1999). Por otro lado, se
entiende como abuso sexual a los contactos e interacciones entre una persona adulta
con una menor de 18 años con la finalidad de obtener gratificación sexual y/o estimularse
sexualmente él mismo o a otra persona. El abuso sexual también puede ser cometido por
una persona menor de edad, siempre y cuando medie una situación de abuso de poder
por razón de edad, sexo, clase social, coerción, amenazas entre otros. Se le llama “abuso”
precisamente porque existe una relación desigual entre quienes.
Surge una interrogante: ¿Qué tipos de abuso sexual existen? Generalmente se asocia el
abuso sexual únicamente con la violación sexual, esto no es correcto ya que existen
muchas modalidades de abuso sexual. Se pueden clasificar en abusos con contacto físico
y sin contacto físico. El contacto físico abusivo se puede dar de las siguientes maneras:
➢ Contactos bucales en zonas genitales u otras vinculadas a la actividad sexual y
que suelen estar cubiertas por la ropa (pecho, vientre, pelvis y glúteos). Estos
contactos pueden incluir besos y otras formas de gratificación oral como lamer o
morder.
➢ Caricias, frotamientos o tocamientos de las zonas del cuerpo ya señaladas, con
la finalidad de excitarse o explorar el cuerpo del o la menor de edad. Esto incluye
la estimulación de los órganos sexuales del niño o niña. Igualmente, los
frotamientos que la persona abusadora efectúa “como por descuido”, o
aprovechando situaciones en donde el cuerpo de la o el menor de edad es
accesible, por ejemplo, al pasar por un lugar estrecho, cuando se está en el
microbús, cuando se comparte la misma cama, y aprovechando situaciones de
expresión de afecto.
➢ Realización del acto sexual o coito, lo cual se denomina violación sexual. Esto
puede darse mediante la penetración del pene en la vagina o en el ano. Incluye
también la penetración con otras partes del cuerpo (los dedos) o con objetos. El
denominado sexo oral también se ha definido como una modalidad de violación
sexual.
➢ El sexo interfemoral que consiste en la realización del acto sexual sin penetración.
El órgano sexual masculino se excita por frotamiento entre las piernas de la o el
menor de edad. Algunos abusadores suelen recurrir a este acto y evitar la
penetración que tiene penas de cárcel más severas. En la legislación peruana, los
actos en los cuales no ha habido penetración ni lesiones extra - genitales se
denominan actos contra el pudor y también tienen pena de cárcel.

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4. VIOLACION SEXUAL DE MENOR DE EDAD.

Violación sexual de menor de edad (Art 173° Código Penal) El que tiene acceso carnal
por vía vaginal, anal o bucal o realiza otros actos análogos introduciendo objetos o partes
del cuerpo por alguna de las dos primeras vías con un menor de edad será reprimido con
las siguientes penas privativas de la libertad: 1. Si la victima tiene menos de diez años de
edad, la pena será de cadena perpetua. 2. Si la victima tiene entre diez años de edad y
menos de catorce, la pena será no menor de treinta años, ni mayor de treinta y cinco. 3.
Si la víctima tiene entre catorce años de edad y menos de dieciocho, la pena no será
menor de veinticinco ni mayor de treinta años. Si el agente tuviere cualquier posición,
cargo o vínculo familiar que le dé particular autoridad sobre la víctima o le impulse a
depositar en él su confianza, la pena para los sucesos previstos en los incisos 2 y 3 será
de cadena perpetua.

5. ¿PORQUÉ SUCEDE EL ABUSO SEXUAL?

Como todas las expresiones de violencia en las relaciones humanas, el abuso sexual es
un fenómeno complejo cuya ocurrencia obedece a una serie de aspectos que
interaccionan entre si y corresponden a los diversos niveles del desenvolvimiento humano
establecidos en el modelo ecológico: Personal, Familiar, comunitario y Social. Si bien
cualquier niño, niña o adolescente varón o mujer puede ser víctima de abuso sexual, la
probabilidad es más alta cuando en las dimensiones señaladas, existen factores de riesgo
que sobrepasan a los factores protectores.

5.1 Factores diversos: En toda situación de violencia, en este caso en las situaciones
de abuso sexual, es necesario considerar los factores de riesgo en los dos actores
presentes en la relación abusiva: la víctima y la persona abusadora. Los factores de
riesgo del nivel personal que corresponden a las víctimas de abuso, son:
➢ Falta de información sobre la sexualidad en general y sobre el abuso sexual
en particular, lo cual le impide identificar el riesgo.
➢ El niño o niña sufre maltrato, o vive situaciones de carencia afectiva por lo cual
acepta e incluso busca contactos afectivos que pueden desembocar en abuso
sexual.

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➢ Estilos autoritarios de crianza que generan pobre autoestima y le colocan en
posición de sumisión frente a las personas adultas, dejándole impotente para
decir no, defenderse e incluso, para denunciar las situaciones abusivas.
➢ También por este mismo motivo, se trata de niños o niñas con actitud pasiva,
con dificultades en el asertividad, con poca capacidad para la toma de
decisiones, con características de timidez y retraimiento.
➢ Niños, niñas o adolescentes con discapacidad física y/o psíquica.
➢ Puede tratarse también de niños o niñas en aislamiento o que viven en
instituciones. Los factores de riesgo del nivel personal que corresponden a las
y los abusadores son:
➢ En su infancia han vivido experiencias negativas en relación con la sexualidad.
➢ Las experiencias familiares inadecuadas en la infancia, impidieron el
establecimiento de vínculos afectivos sólidos y no permitieron el desarrollo de
la empatía.
➢ Falta de desarrollo de mecanismos de autocontrol de los impulsos.
➢ Inmadurez en su desarrollo afectivo y sexual.
➢ Madres subordinadas, víctimas de violencia familiar.
➢ Familias reconstituidas con historias de abandono o rupturas.
➢ Presencia de padrastro o hijastros.
➢ Hacimiento y colecho (comparte la cama con otros adultos)
➢ Ausencia de personas adultas en los cuales la o el menor de edad pueda
confiar.
➢ Padres y madres autoritarios.
➢ No se habla sobre el abuso sexual. Padres y madres que consideran que sus
hijos e hijas son su propiedad.
➢ Presencia de alcoholismo, drogadicción y otras adicciones en la familia.
➢ Familias con modelos sexuales inapropiados, que además exponen a las y los
menores de edad a situación de estimulación sexual.
➢ Familias aisladas que no se relacionan con vecinos u otros padres y madres
de familia.

6. ¿CÓMO AFECTA EL ABUSO SEXUAL?

El abuso sexual en la niñez y la adolescencia produce diversos efectos negativos cuya


gravedad depende de factores tales como: La duración del abuso (abuso

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prolongado/esporádico) y la frecuencia del mismo, la intensidad y el tipo de abuso. El uso
o no de violencia física (agresión sexual/abuso sexual), el uso de amenazas, la edad de
la persona agresora y de la víctima, la identidad de la persona abusadora (abuso
intrafamiliar/abuso extra familiar), las características de personalidad del niño o niña, ña
reacción de la familia ante la revelación del abuso, la presencia de dificultades para salir
de la relación abusiva. la prontitud y eficacia de las medidas adoptadas por el entorno
próximo en el proceso de detección y revelación. El hecho de que se proporcione atención
a la familia y a la red social del niño o niña, para que sepan cómo abordar el problema. ·
Implicación inadecuada de la víctima en un procedimiento judicial.

7.- Consecuencias Del Abuso Sexual

Las consecuencias dependen en gran medida del tipo de abuso y sus circunstancias.
Estudios estiman que un alto porcentaje de las víctimas de Violencia o Abuso sexual
presentan secuelas, dentro de las que están: desconfianza, miedo, hostilidad hacia el
sexo de quien agredió o hacia la familia si se siente que no se protegió, vergüenza,
ansiedad, culpa, huida de casa, fracaso escolar e ingestión de drogas, alta incidencia de
insatisfacción y disfunciones sexuales, depresión, angustia, mayor incidencia de
embarazos no deseados y embarazo temprano, inicio temprano de las relaciones
sexuales e infecciones de transmisión sexual.
Las consecuencias suelen ser mayores mientras más cercanas afectivamente sea quien
agredió, mientras más violencia haya existido, mientras más tiempo haya sucedido y
mientras menos se haya creído y/o apoyado a la víctima.
En la adolescencia, es común ver a mujeres y hombres con una conducta
sexual inadecuada, poco protegida, riesgosa, con un alto grado de seducción, con
mayor infidelidad y parejas amorosas múltiples, como consecuencia del abuso o
la violación vivida en la infancia aun sin darse cuenta de esta relación causa efecto.
En lugar de juzgar a una persona por su conducta, es indispensable tratar de comprender
qué le sucede. Es muy importante que también comprendamos que estos efectos se
desvanecen o minimizan con una adecuada terapia sexual, y que las personas con abuso
y violación por supuesto podrán recuperar una vida sexual saludable, feliz y armónica, si
reciben la ayuda adecuada.

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FÍSICAS EMOCIONALES

Lesiones en el cuerpo: .
• Sentimientos de culpa,
• Rasgaduras • Vergüenza,
• Heridas en áreas genitales • Impotencia,
• Infeccionesde transmisión • Cambios de conducta,
sexual • Desánimo,
• Embarazos no deseados • Depresión,
• Abortos espontáneos • Autoagresión y
• Dolores crónicos de origen • Agresividad hacia otras personas.
desconocido • Tendencias a cambiarse la ropa y
• Desordenes alimenticios, bañarse constantemente,
• Alteración del sueño, • Llantos incontrolados,
• Dolores de cabeza e • Desconfianza,
• Infecciones del tracto urinario • Inseguridad,
de manera frecuente. • Pérdida de deseos de vivir,
• Abuso de drogas,
• Síndrome de estrés post-
traumático.

En el caso de niños y niñas: En adolescents:


• Infecciones del tracto urinario,
• Dolor, • Adoptan medidas de alto riesgo,
• Picazón e inflamación genital, • Actividades temerarias,
• Residuos de lubricantes en • Juegos extremos,
vagina o ano, • Vida sexual a temprana edad o
• Dolor de estómago o garganta anulación de la vida sexual,
frecuentes, • Multiplicidad de parejas sexuales,

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• Fatiga extrema, • Deserción escolar,
• Actividad sexual no adecuada • Consumo de drogas.
a su nivel de desarrollo.

En niños y niñas:
• Conductas sexualizadas,
• Temor a estar solos con personas
adultas,
• Miedos consistentes y fuera de lo
común,
• Aislamiento,
• Indiferencia,
• Conducta regresiva,
• Pesadilla,
• Miedo a la oscuridad y alteración
del sueño,
• Expresiones inapropiadas de
amor y afecto,
• Conductas desafiantes, rebeldes y
agresivas.

Tal como lo establece la Ley contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas,
Decreto 9-2009 del Congreso de la República, en su artículo 13, toda denuncia sobre
acciones que constituyan sospecha o confirmación de la amenaza, restricción o actos que
constituyan Violencia Sexual debe ser comunicada o denunciada inmediatamente ante
las autoridades administrativas y judiciales competentes, como Policía Nacional Civil,
Ministerio Público, Procuraduría General de la Nación, Secretaría Contra la Violencia
Sexual, Explotación y Trata de Personas, Procuraduría de los Derechos Humanos, la
denuncia podrá ser presentada bajo reserva de confidencialidad.

8.- LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES COMO PROBLEMA SOCIAL.

Además de las múltiples consecuencias que la violencia de género tiene para la salud
física, psicológica y social de las mujeres, existe un problema derivado al cual no se le
presta suficiente atención. La gravedad del problema de la violencia en los contextos
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privados se ve acentuada por el elemento reproductor de violencia que contiene, ya que
existe un amplio consenso, tanto entre los estudiosos del tema como entre las
instituciones que trabajan con menores, de que es altísima la probabilidad de que los
menores maltratados o testigos de violencia hacia sus madres, sean a su vez adultos
maltratadores en el hogar y/o violentos en el medio social, ya que es el comportamiento
que han interiorizado como natural en su proceso de socialización primaria. La hipótesis
de la vinculación entre Violencia Social y Violencia Doméstica es sostenida por el enfoque
del Banco Interamericano de Desarrollo, cuando afirma que la violencia es en gran parte
una conducta aprendida y una de las primeras oportunidades en las que un individuo
observa y aprende la violencia es en el hogar. Desde este punto de vista, uno de los
factores de riesgo para los actos violentos en el espacio social lo constituye la existencia
de Violencia Doméstica. En un documento publicado por el BID (“La Violencia en América
Latina y el Caribe: Un Marco de Referencia para la Acción”) se sostiene que la violencia
doméstica y la violencia social son parte de un todo integral, que se entrelazan de manera
estrecha y se refuerzan mutuamente. Según investigaciones realizadas por la American
Psychological Association, publicadas en 1993, a medida que crecen los niveles de
violencia en la familia de origen, la probabilidad de que un niño también se involucre en
comportamiento abusivo o violento cuando adulto también aumenta. Las conclusiones de
esta hipótesis que vincula la violencia doméstica y la violencia social pueden resumirse
en otro párrafo del mencionado documento del BID: Esta transmisión de violencia de una
generación a la otra y del hogar a la calle, es la razón apremiante por la cual urge
encontrar políticas que disminuyan la violencia doméstica, incluso cuando la meta final
sea reducir la violencia social.
Diversos organismos internacionales han enfatizado en los últimos diez años la
importancia de implementar políticas en relación al problema de la Violencia Familiar, en
sus dos formas principales de manifestación: la Violencia hacia la Mujer y el Maltrato y
Abuso de Niñas y Niños. En un reciente documento publicado por la Organización
Panamericana de la Salud (P.O. N° 6, 2000) se señala que la respuesta de la sociedad a
las distintas formas de violencia también varía: así como todos consideran unánimemente
que la violencia callejera es un crimen y creen legítima la intervención del Estado, son
muchos los gobiernos que dudan cuando se trata de actuar e incluso legislar contra la
violencia doméstica. En diversos estudios realizados en diferentes países, se enfatiza la
dimensión epidémica que ha adquirido la Violencia Familiar en sus distintas
manifestaciones. Sin embargo, a la hora de elaborar una respuesta al problema, muy a
menudo queda relegado ante otras problemáticas. El mismo documento de OPS/OMS
concluye: Las respuestas son fragmentadas y tienden a centrarse en la provisión de
cuidados a quienes ya sufrieron violencia, más que en la búsqueda de estrategias de
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prevención eficaces. Además, hay que pasar de manifestar preocupación por la violencia
doméstica, a la asignación concreta de los fondos necesarios para mejorar el
conocimiento del problema, estudiar la efectividad y la reproducibilidad de las
intervenciones y comenzar a enfrentarse al problema de manera realista y con una buena
relación costo-efectividad. Para comprender adecuadamente la importancia del
componente Violencia Doméstica para el diseño de políticas públicas, es necesario tener
en cuenta las consecuencias que este problema conlleva en distintos ámbitos de la
realidad social

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y OTRAS FUENTES

- García, P. y De Molina, P. Criminología. 1 edición (2008). Madrid INPECCP


- Gutiérrez, C. Psiquiatría forense. (1996). Editores Marsel Perú.
- Ramos S., J.A. (2009). Criminología y Criminalística vinculante a la Política Criminal.
Editora Jurídica Grijley.
- Solis, A. Criminología – panorama contemporáneo.
http://perso.unifr.ch/derechopenal/assets/files/obrasportales/op_20120308_01.pdf
- http://astartepsicologia.com/blog/psicologia-forense-vs-psicologia-criminal/
- https://www.mimp.gob.pe/files/programas_nacionales/pncvfs/libro_abusosexual.pdf

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