Está en la página 1de 5

Ana María Crespo

Taller de narrativa

17/02/2020

Sanguínea, tratado acerca de la sangre

El nombre del libro ya lo anuncia, “Sanguínea” de Gabriela Ponce (2019), es un tratado


acerca de la sangre. La novela está salpicada de imágenes donde la sangre fluye. La
circulación de este fluido responde a lo biológico. Como si la novela se tratase de un
cuerpo femenino en transición, hay tres estados que soportan estructuralmente el relato:
menstruación, embarazo, parto o retorno de la sangre. Alrededor de estos estados del
cuerpo, se tejen los relatos amorosos que son la carne de esta novela. El hombre de la
cueva, el exesposo de la protagonista y M, su amor de correspondencia, son los personajes
a través de los cuáles se construye está historia que no pretende ser un relato redondo, ni
de estructura convencional, sino que al igual que la sangre, la voz narrativa opera como
un flujo continuo. A partir de estos puntos que hemos señalado reflexionaremos acerca
de la estrategias de escritura de Ponce y el tratamiento de los afectos.

En un sentido más amplio, Sanguínea también nos habla de los vínculos de sangre y sobre
las dificultades de las que estas relaciones están hechas: por un lado, la distancia paternal
y por otro la cercanía que se vuelve nociva desde lo materno. Pero también acerca de
aquellas relaciones que, sin estar medidas por el lazo sanguíneo, se vuelven vitales para
la subsistencia de la protagonista o a su vez, impulsan que su desequilibrio. Aunque la
novela gira en torno a las historias amorosas, la escritura de Ponce no repara en darle un
cierre rotundo a ninguna de ellas. La historia con el hombre de la cueva se termina con
una escena donde ella, así sin más, decide no volver a verlo. Su divorcio sí nos presenta
una confrontación y un drama de mayor calibre, mientras que su estancia con M nos da
cuenta de una convivencia monótona cuyo final es incierto.

Acerca de su personaje principal también se dejan algunos asuntos sin resolver, no


sabemos, por ejemplo, su profesión, ni su edad exacta. Lo que sí nos dice es que tiene una
afición por el patinaje, sufre de trastornos psicológicos y adicciones. Además, nos da
pistas para intuir que se trata de una mujer de clase media que lee y sobre todo mira
telenovelas, desde donde se deriva su educación sentimental.
Acerca de los tres estados del cuerpo femenino expresados en sanguínea, la autora
propone una perspectiva transgresora. La mujer que menstrua vive una sexualidad sin
tabúes, la novela inicia con una imagen de gran potencia: “…me besó los muslos y
saboreó mi vagina sangrante y con esa sangre volvió a mi boca y me siguió besando…”1.
Hablar sobre el deseo femenino en estos términos es darle un giro de tuerca al
ocultamiento/vergüenza que orbitan alrededor del hecho de menstruar. En su análisis
sobre las sociedades arcaicas, Foucault encuentra que existen heteropatías de crisis
biológicas, o estos lugares reservados para aquellos cuyo cuerpo está en transformación,
ya sea un hombre en la pubertad o una mujer menstruando o en proceso de parto. Sin
embargo, en otras latitudes2, aún se excluyen a las mujeres que sangran.

La mujer que menstrúa en estas páginas está llena de libido, aunque cabe señalar que no
se trata del autoerotismo, sino que el deseo necesita de otro cuerpo para expresarse ya sea
femenino/masculino. Y esta dependencia será una constante a lo largo de la novela, la
protagonista siempre estará sujeta a un otro. Por lo que, no podemos rastrear una notable
evolución psicológica en la configuración del personaje principal: sus estados se debaten
entre la ansiedad, el placer y el miedo.

Ponce nos habla de la maternidad desde un lugar inquietante. Partiendo del hecho que su
embarazo no ha sido planificado, ni deseado, estamos seguros que en Sanguínea no
presenciaremos un proceso de transformación positivo del personaje principal. El hijo no
encarnará un motivo para luchar, ni para sacar la mejor versión de sí misma de la
protagonista. Aquí, este estadio del cuerpo femenino se presenta como un proceso
abyecto. De acuerdo a Kristeva, lo abyecto no se define necesariamente porque algo
carezca de salud o tenga un aspecto sucio, sino:

… aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden. Aquello que no respeta los
límites, los lugares, las reglas. La complicidad, lo ambiguo, lo mixto. El traidor, el
mentiroso, el criminal con la conciencia limpia, el violador desvergonzado, el asesino que
pretende salvar3

O en este caso, la madre que declara su falta de instinto materno e insiste en lo insuficiente
de su deseo para sostener al niño que viene en camino. Este discurso reafirma la idea de

1
Gabriela Ponce, Sanguínea (Quito: Severo editorial, 2019), 12.
2
En ciertas zonas de Nepal, las mujeres que menstrúan son excluidas de sus comunidades.
3
Julia Kristeva, Los poderes del horror. Consultado en línea en:
http://www.carlosbermejo.net/Seminario%20virtual2%20-1/PODERES%20DEL%20HORROR.pdf, 4.
que la mujer y todas las características innatas que se asocian con ella son un constructo
de orden social4. No todas quieren/pueden ser madres. En este caso, nos enfrentamos a la
historia de una mujer que lucha consigo mismo para mantener una distancia con el hijo
que le crece en el vientre y que padece este proceso a tal punto de declarar que: “Estar
embarazada es una forma de morir”5. De ahí que elabore una serie de imágenes para
distanciarse de aquello que pasa en su cuerpo, ella dice:

…tengo una panza llena de piedras. Imagino, a veces, que son peces. Imagino que tengo
una pecera. Imagino que tengo una funda de pan. Imagino que tengo un montoncito de
gusanos. Imagino que es tierra, una panza llena de tierra, esa es mi imagen favorita6

Estas imágenes algunas de orden surrealista que transitan de lo vivo a lo inerte, también
tienden a lo siniestro, ella llega a imaginar que en lugar de un niño en su interior reside
una rata. Estos ejercicios visuales son necesarios, caso contrario, no podrá cumplir con su
cometido de regalar al niño a la pareja de daneses.

El parto se vive con dolor y también mediante un erotismo enfermizo, la protagonista


describe así el proceso: “…las piernas del niño las siento colarse por la vagina, sus dedos
me hacen cosquillas en el clítoris y yo estallo de felicidad porque ha salido”7. A este
momento le sobreviene el alivio de recuperar el cuerpo para sí y se despliega una imagen
de gran potencia cuando la protagonista dice: “..siento que salen ríos de sangre por la
vagina”8. La sangre vuelve a su cauce y como se lo ha propuesto, no conoce al hijo que
ha parido y lo entrega en adopción.

La novela se escribe con un lenguaje narrativo recargado, abundante en epítetos y


descripciones sensoriales. La historia se cuenta también a través de entradas de diarios
formales o apuntes poéticos, de esta manera Ponce construye una novela capaz de
expresar lo indecible: con qué palabras hablar del dolor del divorcio, cómo decirse que
su expareja será padre, cómo escribir acerca del dolor físico y mental. Ponce encuentra la
manera de hacer de estas experiencias, una apuesta estética.

44
Ya lo decía Simón de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo” para rebatir uno de los
estereotipos más comunes de Occidente: la mujer lleva inscrito en su cuerpo el instinto maternal.
5
Gabriela Ponce, Sanguínea (Quito: Severo editorial, 2019), 128.
6
Gabriela Ponce, Sanguínea (Quito: Severo editorial, 2019), 142.
7
Gabriela Ponce, Sanguínea (Quito: Severo editorial, 2019), 158.
8
Gabriela Ponce, Sanguínea (Quito: Severo editorial, 2019), 158.
Si bien la escritura de Ponce funciona como un flujo, no se trata de un líquido que se
desplaza libremente. La sangre, aunque es una sustancia nutritiva, en Sanguínea está atada
a una pulsión de muerte porque la mujer que menstrúa no siempre goza, sino que puede
ser catastrófica y regodearse en la idea de su propia caída. Ella lo expresa así: “Imaginaba
vaciarme, palidecer y morir de tanta sangre saliéndome por la vagina”9.

Fernando Montenegro en Sanguínea: el fracaso de los afectos, analiza las características


de los líquidos que circulan en esta narrativa: sangre, semen, vomito, leche, a propósito
de los fluidos comenta: “Un fluido no es un líquido plano o lineal. Un fluido es un líquido
proteico. Un fluido es un líquido que huele. Un fluido es un líquido que lastima y por eso
la escritura de Ponce es tensa, dolorosa y emotiva”10. Parte de la potencia de la historia
que se teje en Sanguínea no está en su trama, sino en el detalle y la riqueza sensorial con
la que están construidas las atmósferas, a tal punto que le permite al lector habitarlas. Ese
acceso desmedido a los pensamientos y emociones de la protagonista, nos hacen estar/ser
ella a ratos y esa es una experiencia que angustia al lector. Como apunta Montenegro, la
velocidad con la que atravesamos está historia no implica que saldremos ilesos.

9
Gabriela Ponce, Sanguínea (Quito: Severo editorial, 2019), 51.
10
Fernando, Montenegro, Sanguínea el fracaso de los afecto (Quito: Recodo sx, 2020). Consultado en
línea en: http://recodo.sx/sanguinea-el-fracaso-de-los-afectos/
Bibliografía

Foucault, Michael. Topologías. Consultado en línea en: http://hipermedula.org/wp-


content/uploads/2013/09/michel_foucault_heterotopias_y_cuerpo_utopico.pdf

Montenegro, Fernando. Sanguínea: el fracaso de los afectos. Quito: Recodo SX, 2020.
Consultado en línea en: http://recodo.sx/sanguinea-el-fracaso-de-los-afectos/

Ponce, Gabriela. Sanguínea.Quito: Severo editorial, 2019.

Kristeva, Julia. Los poderes del horror. Consultado en línea en:


http://www.carlosbermejo.net/Seminario%20virtual2%20-
1/PODERES%20DEL%20HORROR.pdf.