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Fobias de impulsión: Cuando tememos nuestros propios

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November 29,
2016

El miedo es una reacción emocional, un mecanismo primario que actúa ante una
situación considerada peligrosa, pero ¿y si la percepción de peligro proviene de ti, de tu
propio pensamiento, de la idea persistente de que vas a hacerte daño o a hacer daño a
otra persona? Vamos a hablar de fobias de impulsión, el miedo a nuestros propios
impulsos.

Una madre, muy angustiada, me contaba que llevaba un tiempo con una serie de
pensamientos que estaban condicionando su vida. Aunque ella reconocía lo irracional de
esos pensamientos, no podía evitar sentirse asustada ante la creencia de que pudieran
producirse.

Había dejado de ir a restaurantes ante el pensamiento de que podría usar los cuchillos
de la mesa para hacer daño a otros comensales. Pero en casa le aterrorizaba la idea de
poder dañar a su propio hijo.

Estos pensamientos, a pesar de ser poco racionales, la persona puede considerarlos


verosímiles y sentirse angustiada ante la supuesta probabilidad de que sucedan.

Los pensamientos en las fobias de impulsión son muy variados: miedo a hacer daño a
personas queridas y cercanas, miedo a hacerse daño uno mismo –en cuyo caso, estar a
solas puede resultar muy angustioso–, rechazo a estar cerca de ventanas, balcones o
lugares elevados, por temor a lanzarse al vacío, entre otros.

Programa «De Buenas a Primeras» de la SER: «Las fobias». Participa como experta,
Cristina Wood, doctora en Psicología

Hemos querido compartir el programa «De Buenas a Primeras» de la SER, en el que


Cristina Wood, participa como experta para hablar de las Fobias: ¿Qué son? ¿Qué tipos
de fobias hay? ¿Qué efectos producen las fobias? ¿Cómo se tratan?

Los pensamientos y las fobias de impulsión

Los pensamientos, y en particular una forma inadecuada de manejarlos, se encuentran


en la base de las fobias de impulsión.

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Nuestra mente acoge multitud de pensamientos: buenos, malos, coherentes, racionales
o irracionales. El trabajo del cerebro es pensar, igual que el trabajo del corazón es latir.
En general, no podemos hacer que nuestra mente deje de pensar, pero si podemos
regular su caudal, y sobre todo, podemos controlar qué hacer con esos
pensamientos.

Cuando un pensamiento que consideramos irracional cruza nuestra mente, le


prestamos una breve atención, y en general, nos olvidamos pronto de él. Todos y todas
tenemos pensamientos que podrían considerarse absurdos o inadecuados, pero no
tienen trascendencia alguna por qué no se la damos. Pero ¿qué ocurre cuando se
quedan en nuestra mente más tiempo del deseado o cuando vuelven una y otra vez?

En ocasiones le damos relevancia a estos pensamientos y empezamos a analizarlos y


preguntarnos cuestiones acerca de ellos: ¿Y si lo que pienso pudiera hacerlo de verdad? ¿Y
si ocurriera lo que estoy pensando? ¿Cómo puedo pensar estas cosas? ¿Tal vez no conozca
esa parte de mi? ¿Estaré enloqueciendo?…

Este análisis de nuestro pensamiento los psicólogos y psicólogas lo llamamos


“metacognición”. Es entonces cuando esos pensamientos adquieren relevancia, somos
nosotros o nosotras quienes hacemos una interpretación de lo que significa tener esos
pensamientos, desarrollando entorno de ellos todo un ejercicio de “rumiación”.

La Rumiación o el laberinto de los pensamientos


Una creencia errónea en las fobias de impulsión, y que también está en la base de los
trastornos obsesivo compulsivos, es sobreestimar la probabilidad de que algo se haga
realidad por el mero hecho de pensar en ello.

Tener pensamientos desagradables no significa ni que sean reales, ni que se vayan a


cumplir ​Clic para tuitear

¿Qué son las fobias de impulsión o el miedo a hacer daño?


Cada vez es más común encontrar la denominación “fobia de impulsión” para referirse al
miedo a perder el control y hacer daño a los demás o a uno mismo. Los síntomas
pueden formar parte de diferentes tipos de trastornos o manifestarse de un modo
aislado. En mayor proporción aparecen en el trastorno obsesivo compulsivo (TOC),
aunque también podrían hacerlo en el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), estrés
post-traumático o en estados depresivos. Es importante realizar una evaluación
psicológica para determinar el diagnóstico.

Conocer y comprender el Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC


Como decía al inicio, el miedo es una emoción con un importante valor adaptativo. Es
uno de los mecanismos básicos para la supervivencia.

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Normalmente hablamos de miedo adaptativo al referirnos a un conjunto de sensaciones
que se ponen en marcha como respuesta normal ante peligros reales (Marks, 1987). Sin
embargo, cuando estas sensaciones se experimentan en situaciones que no suponen
una amenaza real, nos encontramos ante un miedo que ya no es adaptativo. El término
fobia se utiliza para describir este tipo de reacciones de miedo, no deseables.

Las fobias de impulsión, podrían definirse como aquellos pensamientos, que adquieren
en general un elevado grado de visualización –nos vemos realizando el pensamiento–, y
que se refieren a ideas de pérdida de control y ejecución de acciones de daño físico o de
comportamiento inadecuado, hacia los demás –en especial hacia personas próximas y
queridas–, o hacia uno mismo.

Esta fobia es más frecuente de lo que podríamos creer, es muy incómoda y


desconcertante y provoca un gran sufrimiento y angustia, con elevados niveles de
ansiedad y obsesividad.

Son muchos los ejemplos de fobias de impulsión, algunos los hemos mencionado ya.
Todos ellos dificultan una vida normal, pero algunos son especialmente angustiosos,
como es la fobia de impulsión en las madres, que experimentan pensamientos muy
desagradables hacia sus bebés, cómo el temor a dejarles caer cuando les sostienen en
sus brazos.

¿Por qué se producen las fobias de impulsión?


Las personas experimentamos situaciones vitales donde los niveles de ansiedad y estrés
se elevan. En general disponemos de capacidad para adaptarnos a esas situaciones, de
hecho, la ansiedad es un mecanismo para provocar esa respuesta adaptativa.

Sin embargo, cuando esos niveles son muy elevados, la situación nos supera, nos
afectan determinados rasgos de nuestra personalidad, o estamos en un momento vital
más vulnerable, pueden aparecer síntomas de una ansiedad excesiva y unidos a ella,
pensamientos obsesivos.

Rasgos de personalidad como la hiperresponsabilidad, la elevada autoexigencia o el


perfeccionismo y la necesidad de control, condicionan nuestra respuesta a la situación
difícil o de cambio.

Perfeccionismo, necesidad de aprobación y tolerancia a la frustración

Los pensamientos intrusivos y los pensamientos obsesivos

En esos períodos vitales de mayor ansiedad y estrés es cuando hay más probabilidad de
tener pensamientos intrusivos y pensamientos obsesivos.

A. Pensamientos intrusivos
Los pensamientos intrusivos son aquellos que aparecen de forma involuntaria,
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automática, sin que nosotros queramos. Se manifiestan como imágenes desagradables
o de contenido violento, inmoral o inapropiado -desde la propia perspectiva de la
persona-.

Imaginaros una madre de un bebé de meses. Se siente muy responsable de su cuidado.


Querrá hacerlo muy bien. Pero en ocasiones la hiperresponsabilidad, la tendencia a
comprender en todo momento a su bebé, a tenerlo todo previsto y bajo control, tal vez la
falta de descanso y sueño; pueden hacer que se sienta desbordada.

De repente un día aparece en su mente el pensamiento de hacerle daño a su bebé.

Tener un pensamiento tan poco racional como ese es algo más frecuente de lo que
creemos. Los pensamientos intrusivos en sí mismos no son “malos” sino que dependen
de la interpretación que hagamos de ellos:

Pensamiento: ¿Y si ahogo a mi hijo?

Respuesta A: Qué pesadez de pensamiento tengo, vaya tonterías que aparecen en mi


cabeza, pues sí que estoy cansada… ahora que lo pienso ¿Qué gel de baño uso para su
baño?. Voy a tener preparada su ropa.
Respuesta B: ¿Pero cómo puedo pensar esto? Si lo pienso es que podría hacerlo ¿Y si
pierdo el control? ¿Sería capaz de hacerlo?

En la respuesta A, la atención pasa rápidamente del pensamiento inquietante e


irracional, a cuestiones y pensamientos prácticos y normales: qué gel de baño usaré, qué
ropa le debo preparar…

La respuesta B, en cambio se centra en el propio pensamiento –metacognición–, lo


analiza, lo valora, establece posibilidades. Esta respuesta permite que el pensamiento
intrusivo se instale, y pueda convertirse en un pensamiento obsesivo.

B. Pensamientos obsesivos
Si los pensamientos intrusivos se interpretan como desagradables pero no se les da un
mayor significado, y no se entra a analizarlos, estos se extinguen de un modo natural.

Pero si a esos pensamientos, impulsos o imágenes, se les dedica demasiado tiempo,


pasan a sucederse de forma recurrente y persistente, empezarán a interpretarse de un
modo irracional y no realista, generando una gran ansiedad.

En ese caso, adquieren la categoría de pensamientos obsesivos, que condicionan


nuestras emociones y en consecuencia nuestras conductas, como son las respuestas de
evitación.

Volviendo al ejemplo de la madre, esta podría terminar por evitar quedarse a solas con el
bebé o bañarle. Conductas que implicarían elevar su ansiedad o tristeza, quedando en
un estado de mayor fragilidad ante nuevo pensamientos intrusivos.

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Comprender el mecanismo del pensamiento obsesivo
Nuestros pensamientos conectan con nuestros principios y valores –por ejemplo “ser
una buena madre”–. Cuando un pensamiento intrusivo atenta contra ellos dispara
nuestras alarmas, ya que supone un enfrentamiento a nuestro sistema de valores.

Como hemos explicado, podemos restarles importancia a esos pensamientos,


considerarlos absurdos o por el contrario podemos darle vueltas a que:

Si pienso algo tan terrible, es que hay algo en mi que no está bien.
Si soy capaz de pensar algo así, tal vez sería capaz de hacerlo.
No soy una buena persona, tengo que dejar de pensar estas cosas.
Pensar esto me produce una gran ansiedad, no puedo permitir que vuelva a
suceder este pensamiento nunca más.

Este proceso tiene varias características:

Genera sentimientos de culpa.


Nos activamos y por tanto tendemos a concentrarnos más en nuestros
pensamientos.
Al mismo tiempo deseamos dejar de pensar.
Estamos asustados y ansiosos ante un nuevo pensamiento.

El resultado es una especie de bucle. Cuando tratamos de no pensar en algo, y nos


sentimos culpables y ansiosos por no poder evitarlo, se produce el efecto contrario,
pensamos más y más en ello.

Las fobias de impulsión se alimentan de este tipo de mecanismo y generan como


consecuencia conductas de evitación: dejamos de realizar determinadas acciones para
no afrontar la ansiedad, pero el resultado es una mayor vulnerabilidad ante la ansiedad.

Otro aspecto importante en las fobias de impulsión es su relación con los trastornos
depresivos y con la autoestima.

Al ser una de las principales respuestas las conductas de evitación, la persona se siente
cada vez más frágil a los pensamientos o a la posibilidad de perder el control y hacerlos
realidad.

Cómo estos pensamientos surgen de la propia persona, y además tienen una gran
relevancia ética para ella, esta cada vez se siente más indefensa, triste y desamparada.

Es muy importante señalar que en las fobias de impulsión se produce un “círculo” del
que a veces resulta muy difícil salir por uno mismo o una misma, por eso es muy
recomendable buscar ayuda de un psicólogo o psicóloga.

La terapia cognitiva conductual ha demostrado una gran eficacia en cómo tratar las fobias
de impulsión, es muy aconsejable buscar información cuanto antes.

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Cómo superar las fobias de impulsión
¿Qué podemos hacer ante el
clic para ampliar
miedo a hacer daño a los demás,
a ti mismo o a ti misma?

1. Piensa que los pensamientos e imágenes ocasionales de hacer daño, son normales
y más frecuentes de lo que crees. No te asustes. Es normal sentir miedo cuando
tenemos altos niveles de ansiedad. Si las ideas se producen de un modo que te
resulta incómodo o excesivo, plantéate resolverlo, pero hazlo sin alarmarte, con
normalidad: empieza buscando información y ayuda especializada.
2. Párate un momento a reflexionar de dónde puede venir tu miedo a hacer daño.
Como hemos visto, los pensamientos conectan con nuestro sistema de valores y
principios -ser buen padre o buena madre, buen hijo, o estudiante, por ejemplo–.
Los pensamientos de hacer daño nos alertan del riesgo de saltarnos esos valores.
3. Analiza cómo es tu estado de ánimo actual. Cómo te sientes, por qué crees que te
sientes así. Puede que te encuentres en un momento de tu vida donde sufras de
mayor cansancio, agotamiento, sobrecarga de responsabilidades… El estado de
ánimo triste, preocupado o ansioso, favorece la interpretación catastrofista de los
pensamientos y hace que aparezca y se mantenga el miedo a hacer daño.
4. Actúa para mejorar tu estado de ánimo. Cuida tu calidad de vida, los hábitos
saludables, la alimentación, el sueño, realiza actividades gratificantes. El ejercicio
físico es una actividad que actúa frente a la tristeza y la desmotivación.
5. Apóyate en tus seres queridos. Expresa cómo te sientes, la ansiedad y el miedo
que estás sufriendo. Procura poner de tu parte para realizar actividades que te
ayuden a distraerte.
6. Enfréntate al problema no lo evites. Piensa en las veces que evitas algunas cosas
por este miedo, aunque el proceso para vencerlo sea duro, las ventajas de lograrlo
merecen la pena. Se consciente de que puedes aprender a cambiar ese estilo de
pensamiento.
7. Solicita ayuda. Hay mecanismos psicológicos que se instalan en nosotros a base
de repetir su esquema de funcionamiento, y necesitamos ayuda para salir de esos
procesos que tanto nos hacen sufrir. Si ese miedo te afecta mucho, y está
alterando tu vida, no dudes en acudir a un psicólogo o psicóloga cognitivo
conductual, dado que la terapia cognitivo conductual es la que está demostrando
mayor eficacia y brevedad.

6 cosas que debes saber sobre los pensamientos en las fobias de


impulsión

1. Nuestra mente genera pensamientos de forma constante, tenemos miles de ellos


de todo tipo, desde los más cotidianos a los más absurdos o inconfesables. Es
importante aceptarlos como parte de la normalidad y de la actividad de nuestra
mente, aunque algunos, en situaciones de malestar intenso o estrés, nos pongan
en alerta.
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2. Aunque entendamos que estos pensamientos son normales, no quiere decir que
no vayan a hacernos sentir incómodos o incómodas, incluso provocarnos angustia.
Lo importante es no asustarnos y sobrevalorar estos pensamientos, o la
incomodidad que producen.
3. No escondas estos pensamientos, coméntalo con alguna persona cercana. Esto le
da naturalidad y seguro que alguien te dice que a él o a ella le ha pasado también
alguna vez.
4. Es importante saber que estos pensamientos intrusivos tienen un contenido más
alarmante para nosotros o nosotras cuando estamos ante situaciones estresantes
o difíciles, también los notan más, personas con tendencias obsesivas o
perfeccionistas.
5. Es importante ser conscientes del estado emocional en el que nos encontramos,
para otorgarle a estos pensamientos un correcto origen, y no buscar
interpretaciones catastrofistas e irreales.
6. Se consciente de que, cuando ante los pensamientos desagradables e indeseados
tienes una conducta evitativa, lo que realmente estás haciendo es confirmar la
veracidad de esos pensamientos, dándoles mayor validez y capacidad para
afectarte. Procura seguir con tu vida normal.

Las fobias de impulsión tienen una íntima relación con nuestras emociones y nuestro
estilo de pensamiento. Por eso quiero acabar este artículo con un importante consejo:

Esfuérzate en favorecer hábitos saludables que van a mejorar tu estado de ánimo. Al


tiempo que adquiere un mayor conocimiento de cómo se manifiestan y expresan en ti las
emociones, aprende a identificarlas y regularlas. Verás cómo cambia tu estilo de
pensamiento.

No te pierdas el vídeo en el que participo: «Sobreprotección infantil. Claves esenciales»


de nuestro canal Área Humana TV: Psicología y Salud Emocional. En él me entrevistan
sobre el origen y las consecuencias de un exceso de protección hacia nuestros hijos, un
tema que seguro te interesará.

Autora
Mariola Bonillo

Psicóloga Sanitaria. Experta en Terapia de Pareja y Sexualidad. Especialista en conflictos


de pareja e intervención familiar.

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