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Universidad Autónoma de Sinaloa

Facultad de Filosofía y Letras


Filosofía de la Cultura

Espinoza Rodríguez Carlos Daniel

¿EL JUEGO ES CAPAZ DE PRODUCIR CULTURA?

Juego y Cultura, dos palabras que a simple vista no parecen coincidir en sus estratos
anímicos, el primero visto como cosa poca seria y broma, mientras que el segundo
posee tintes de suma seriedad y erudición. Personas cultas no parecen alinearse y
coincidir con las personas juguetonas si se les coloca en la misma frase. Esto es solo lo
que se ve a simple vista, pero ¿Es así de verdad? ¿Qué relación existe entre la cultura
y el juego? ¿La cultura abarca al juego? Porque después de todo, cada cultura posee
ciertos juegos que son característicos de su propia identidad. ¿El juego acaso posee
seriedad? Si así sucede, cabria preguntar ¿Qué obtiene la cultura del juego? ¿Qué fruto
surge de esta relación?

Este pequeño trabajo tiene como objetivo exponer la relación entre el juego y la cultura,
a su vez, mostrar que función tiene el primero con el segundo. Para ello, primero he de
exponer las principales características del juego. En mi caso, he de retomar el concepto
que construye Huizinga nada más comenzar su obra Homo Ludens, a su vez, retomaré
la coincidencias que se encuentran en Gadamer y su idea de juego.

¿Que es el juego? Me gustaría partir desde la universalidad y no desde la singularidad.


Es decir, partiré con explicar el Juego como tal y no los juegos existentes, intentando
abarcar cualquier forma de juego, como suele suceder cuando se estrecha mucho un
concepto. Pero a su vez esto no significa, como lo indica Huizinga en su prólogo, que
toda actividad humana pueda ser clasificada como juego, esto seria absurdo. Además
de que anularía una cualidad que podemos ver en todo Juego, que es el de la creación
de mundos con sus respectivas reglas y axiomas, sin mencionar el pequeño retiro de la
realidad, de zafar.
El punto exacto, que no encontramos en las ciencias duras, pues tales no hacen más
que limitar bastante el campo del juego, pues al intentar explicar cual es el propósito del
juego lo que hacen es hablar de este como una cualidad netamente instintiva que
pretende desarrollar las funciones motrices de los niños o cachorros, o en caso del
adulto fungir como momento de recreación y relajación con el fin de liberar excesos de
energía.

Pero en ambas explicaciones nos da como resultado que el juego es instintivo, cosa
que se contrapone principalmente con una evidente cualidad del juego:

Muy bien, pero ¿dónde está el chiste del juego? ¿Porque hace
gorgoritos de gusto el bebé? ¿Por qué se entrega el jugador a su
pasión? ¿Por qué la lucha fanatiza a la muchedumbre? Ningún análisis
biológico explica la intensidad del juego y, precisamente, en esta
intensidad, en esta capacidad suya de hacer perder la cabeza, radica
su esencia, lo primordial. (Huizinga, 2007, p.13)

Huizinga sale de este embrollo definiendo la principal característica del juego, la cual
encaja tanto con el hombre como con el animal: “Todo juego es, antes que nada, una
actividad libre. El juego por mandato no es juego, todo lo más una réplica, por encargo,
de un juego”. (Huizinga, 2007, p.20)

De esta forma, tanto el adulto como el bebe desean jugar porque les da gusto. No
juegan porque este jugar contiene un fin externo a si mismo, sino, porque les produce
gusto el mero hecho de jugar. Es el juego una actividad libre y a su vez autótelica.
Pero no solo es eso. También contiene en su propia esencia una dualidad especial de
seriedad y broma:

El juego no es la vida corriente o la vida propiamente dicha. Más bien consiste en


escaparse de ella a una esfera temporera de actividad que posee su tendencia
propia. Y el infante sabe que hace “como si”, que todo es broma .
(Huizinga, 2007, p. 21)
Este “hacer como si” nos permite ver con claridad que el juego no es otra cosa que un
oscilar entre la broma y su seriedad implícita. ¿Pues cuando jugamos acaso no
acatamos reglas? Incluso el cachorro que no posee conciencia y juega con su
consanguíneo ve en el mismo juego unas reglas; en este caso, el no morder a su
compañero de juego.
Gadamer (1998) nos habla de lo mismo, aunque el lo consagra solamente al ámbito
consciente. Un error en mi opinión, por lo antes ya explicado. Es entonces, la seriedad
en el juego necesaria para que se pueda crear una delimitación, una cúpula, una
burbuja o campo en el que se defina el juego y como ese mismo se rige.

Lo que constituye el carácter lúdico del juego humano es que se ponen reglas y
prescripciones que sólo tienen validez dentro del mundo cerrado de ese juego.
Todo jugador puede sustraerse a ellas abandonando el juego. Por supuesto,
dentro del juego, estas reglas y prescripciones son de por sí vinculantes, y se
pueden infringir tan poco como cualquier otra de las reglas vinculantes que
determinan la convivencia. (p. 130)

Si el niño comienza a jugar futbol y un compañero de repente interrumpe el partido


tomando la pelota con las manos y llevándola como si fuera baloncesto; el mundo, el
juego se rompería debido a que este aguafiestas rompe las normas. Esta ruptura
resulta imperdonable y se ve con mala cara a quien nos saca de tremenda inmersión,
por ello, el juego contiene su dosis de seriedad medida por las normas y la promesa
implícita de no romperlas como si de nada se tratase.

Para resumir: el juego en su forma más abarcadora es una actividad libre y autótelica. Y
contiene en sí mismo un equilibrio entre broma y seriedad para que se construya y se
sostenga un mundo lúdico. Esta esfera temporera que en cualquier momento se puede
pausar, reanudar o terminar. Pues como juego también encontramos en él una facilidad
para sustraernos sin la necesidad de ser un aguafiestas. Un claro ejemplo de esto son
los partidos deportivos donde por situaciones ajenas a los jugadores, el juego tiene que
ser pausado o terminado antes de que termine por si mismo.
Ahora bien, me gustaría preguntar ¿Si el juego es una actividad por sí y para sí? ¿Qué
relación tiene con la cultura? Esto lo podríamos relacionar rápidamente con los juegos
que son propios de cada país, diciendo que son juegos propios de una cultura. Pero
esa respuesta no me satisface. En primer lugar porque me parece muy floja y en
segundo lugar porque desperdiciaría gran parte de lo que he explicado sobre las
características del juego.

Para ver la relación que tienen, es importante ver la cualidad que tiene el juego de crear
mundos o mejor dicho; esferas lúdicas. Si bien nos creamos reglas y normas ¿Qué
sucede cuando estás nos sirven y nos producen placer? Es decir ¿A qué tiende el juego
cuando se ejecuta satisfactoriamente? Me parece obvio que la respuesta es que tiende
a repetirse. Pues una vez que un juego funciona y nos satisface lo intentamos iterar, se
encuentra como algo digno de ser atesorado y en cuanto podamos volver a jugar, lo
haremos.

Este atesoramiento de nuestro juego no solo se limita a nuestra vida, sino que,
intentamos heredar nuestro tesoro a las próximas generaciones y consagrarlo. Pasa a
ser un ritual que con el tiempo forma parte de una decisión civilizatoria, como la de las
que habla Echeverría (2010):

...se puede pensar en una concreción que esté basada en compromisos


(Verabredungen) históricos como aquellos a los que se refiere Walter Benjamín
en sus tesis Sobre el concepto de historia. Compromisos de “larga (o muy larga)
duración” que son capaces de convocar y juntar a seres humanos a través de
cientos o incluso miles de años, otorgándoles una individuación o identificación
perdurable. (p. 112)

Nuestro juego pasa a ser parte de nuestra identidad cultural, de nuestra individualidad
concreta. Así sucede que los Latino-Americanos nos identificamos mas con en el Futbol
mientras que los Norte-Americanos se decantan mucho más por el american-Football.
Esto por poner un ejemplo muy sencillo. Pero puede ocurrir igual con cualquier tipo de
juego que en algún momento sirvió como ritual que concretizase nuestra identidad.
Pero resulta, que no solo sucede eso, sino, que si en algún momento, una cultura no
desea respetar las reglas de un juego, puede romper las reglas, fungiendo como
aguafiestas con el fin de introducir sus propias normas y crear su juego propio edificado
según le convenga a su identidad (basado en sus compromisos históricos
fundamentales). De tal manera que el rugby inglés, por ejemplo, se transformó en el
Football americano.

En resumen, podemos ver que el juego y sus cualidades, que le permiten formular un
propio mundo singular con normas independientes a la realidad, le permite a la vez
producir cultura, he de aclarar, que no la produce como fin. Sino que la produce en el
proceso mismo del jugar y de la tendencia a ser repetido. Y en esto develamos un ritual
que suele trascender por generaciones; que guardarán susodicho juego en el ámbito
de lo inmemorial. Pero aunque el juego produce elementos culturales, ni uno ni el otro
necesitan de su correlación para su existencia. Pues suele suceder que algunos juegos
no son productos culturales y algunos productos culturales no son juegos. De tal suerte
que forman un diagrama de Venn en el cual una parte de ambos se conectan con el
otro, más, no se abarcan. Lo que quisiera preguntar, sin embargo, es ¿En qué capa de
los compromisos históricos se encuentran los juegos? Claramente no están tan ocultos
y difusos como aquellos que hacen que el Mexicano se identifique como hombre del
maíz.
BIBLIOGRAFÍA

Echeverría, B. (2010). Definición de la cultura. México: Fondo de Cultura Económica.

Gadamer, G.H. (1998). Estética y Hermenéutica. Madrid, España: Editorial Tecnos.

Huizinga, J. (2007). Homo Ludens. Madrid, España: Editorial Alianza.