Está en la página 1de 2

UNAM – FFYL CELA – Teoría de la Historia II

Frida Isabel Picazo Gayosso Dra. Eugenia Allier Montaño

Reporte de Lectura: Ética y política en el historiador del tiempo presente

Después de la Segunda Guerra Mundial, y en especial a partir de la década de los


setentas del siglo XX, la historia se ha visto inmersa en una oleada que demanda el
quehacer histórico hacia diferentes grupos sociales que habían sido marginados y
dejados al olvido. Este tipo de nuevas demandas, daría como resultado nuevas
formas de hacer historia entre ellas: la historia del tiempo presente, y la historia de
la memoria. Y por supuesto, enfrentarse a estas nuevas formas de hacer historia,
conlleva sus propios desafíos. Desafíos a los que otros tipos de historia no se
habían enfrentado, o no lo habían hecho desde una posición a veces tan
controversial.
La historia del tiempo presente es una historia particular, cuyo objeto de estudio son
los acontecimientos más recientes (cuyos actores y/o testimonios aún están vivos,
o al menos una de las tres generaciones que lo experimentaron), y cuya
metodología tiene una implicación más cercana al hecho histórico, pues entre sus
fuentes principales se encuentra el uso de testimonios. Es por esto que el historiador
del tiempo presente se encuentra confrontado con diversos posicionamientos éticos
y políticos, pues al hacer historia de hechos recientes, que muchas veces se
encuentran aún en proceso (un pasado vivo, “caliente”) se encuentran con
exigencias sociales (que pueden venir tanto de un lado como de otro de la historia),
o en posición de peritos (desde quienes exigen justicia), así como lo que implica el
hacer este tipo de historia, pues sin duda hay una intervención impactante y
totalmente directa del historiador hacia las comunidades de las que hace historia.

Este tipo de desafíos se han visto mucho más evidentes cuando se les ha llamado
a los historiadores como testigos en juicios por crímenes contra la humanidad (como
el juicio contra Adolf Eichmann en 1961, en un juicio francés de 1984, y otro más en
Francia sobre el caso de Maurice Papon en los años noventa), y que han terminado
por enmarcar el lazo entre juicio e historia, pues podemos ver que hay elementos
comunes: índices, pruebas y testimonios.

Al mismo tiempo que se ha comparado el trabajo del juez con el del historiador,
pues ambos buscan llegar a la verdad a partir de las pruebas, con la importante
diferencia en la resolución: la exigencia social hacia un juez, dicta que debe emitir
un fallo, o sentencia, en favor o en contra del acusado según las pruebas que se le
hayan dado, estableciendo responsabilidades al dar una resolución de castigo o
absolución.
Mientras que la exigencia social hacia los historiadores tiende a ser más compleja,
pues no se trata de dar una sentencia, sino que como dijo Marc Bloch, se opta por
comprender, antes que juzgar. Se debe poner un hecho histórico dentro de su
Ética y política en el historiador del tiempo presente

contexto social y la coyuntura de su tiempo, así como también es importante no


olvidar que el saber en la historia es acumulativo, y que la verdad puede cambiar al
obtenerse nuevas pruebas, o al quehacer de los historiadores que se generen
nuevas interrogantes. Por tanto la verdad de la historia no es de carácter normativo,
sino que es relativa y provisoria.

Otro desafío para el historiador del tiempo presente es el papel social del historiador,
pues finalmente (y como ya se ha comprobado también para el quehacer histórico
de todas las formas) el historiador analiza su objeto de estudio desde una posición
subjetiva, pero su posición dependerá de las relaciones que establezca entre
función crítica, función cívica y función ética. Recalcando que la relación entre
historia, justicia y memoria está en el centro de la vida colectiva, y el historiador, al
operar las distinciones necesarias y asumirlas con sus distintas contradicciones,
asume una posición ética.

Esta ética, no es dada sólo a partir de una demanda social, pues los historiadores
del tiempo presente deben responsabilizarse de sus descubrimientos teniendo en
cuenta las implicaciones políticas y éticas que conllevaran al revelarse al mundo.
Asumiendo también una responsabilidad frente a la historia, y la verdad.
Al hablar de una de las principales problemáticas recordemos la relación que hay
entre testigos e historiadores. Pues los primeros son quienes vivieron los
acontecimientos, quienes relatan sus experiencias individuales y buscan objetivos
particulares al aceptar testimoniar para la historia. Mientras que los historiadores
deben dar un lugar justo a estas experiencias individuales al tratarlas en colectivo,
reconstituir el pasado aun cuando la memoria individual de los testigos varié (pues
esta está determinada desde el presente) y diferenciar los saberes y objetivos de
testigos.

Finalmente no se debe olvidar que una de las labores más importantes del
historiador es la transmisión del conocimiento, a través de la escritura de la historia,
basada en una ética de la responsabilidad ante la alteridad y la construcción y
transmisión de las verdades posibles.

Bibliografía:
Allier Montaño Eugenia. “Ética y política en el historiador del tiempo presente”, en
Alfonso Mandiola Mejía y Luis Vergara Anderson (coords.), Teoría de la Historia,
vol. 1, 2010, México, Universidad iberoamericana/Departamento de Historia, pp.
151-171