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Acción psicosocial y contexto jurídico

Paso3 funciones del psicólogo jurídico

Yuri Caterine Dueñez Gómez

Cód. 1.083.915.201

Tutora: Claudia Cecilia Murcia

Grupo_52

Universidad nacional abierta y a distancia

Escuela ciencias sociales arte y humanidades

Programa psicología

17/11/19
Argumentación del caso escogido en el simulador.

Desplazamiento forzoso y Mujer en zona rural.

Nombre: La Esperanza, Zona Urbana intermedia Ubicación geográfica de la

Comunidad: Suroriente de Colombia

La Esperanza, Zona Urbana intermedia. Es una Población de unos 1.500 habitantes.

Rural. Estrato bajo, con pobres condiciones de formación y capacitación. Se dedican

especialmente al cultivo del arroz. En su mayoría la población es mayor de 25 años, pero

aún quedan algunos menores de edad en particular hombres, pues las mujeres han huido

progresivamente de la zona. El sector no cuenta con vías de acceso adecuadas y su red de

apoyo social y humanitario es deficiente. se trata el caso de tres familias de mujeres

desplazadas víctimas del conflicto por la violencia que vive el sector, quienes deciden salir

con hijas e hijos menores de edad, sin la figura paterna quienes han fallecido por causa de

la guerra.

Articulación con el tema abordado, desde la psicología jurídica.

El conflicto armado en Colombia.


El desplazamiento forzado según la ley 1448/2011. Hace referencia a Amenazas,

masacres, torturas, desapariciones forzadas, destrucción de viviendas, así como los

atentados, homicidios, bombardeos, desalojos.

La división 48 de la APA denominada Sociedad para el estudio de la paz, el conflicto y la

violencia, trabaja para promover la paz en y entre naciones, comunidades y familias. Esta

división incluye la investigación multidisciplinaria y psicológica, la educación para la paz

en la resolución no violenta de conflictos, la reconciliación y sus causas, la prevención y las

consecuencias del conflicto violento.

El conflicto armado colombiano ha sido una prolongación temporal de la guerra.

Existen múltiples definiciones del conflicto armado que ha vivido el país y no solo depende

de la manera como se estudia el fenómeno sino también las implicaciones institucionales

que se tienen para intervenirlo. Entre las múltiples definiciones, Sergio de Zubiría (2014, p.

50), Darío Fajardo (2014, p. 3) y Renán Vega (2014, p.1) coinciden en denominarlo

conflicto social armado. Esta definición subyace en la idea que los enfrentamientos

armados tienen una relación con el contexto social de pobreza que viven las regiones

rurales del país.

Ante la multiplicidad de definiciones, la más acorde al momento que ha vivido

nuestro país en el marco de los Diálogos de La Habana con las FARC, y compartida

también por el ELN (Comando Central ELN, 2004), define al momento de confrontación

armada del país y a sus víctimas como un conflicto armado interno. Es en el contexto de
conflicto armado interno que surge la necesidad de iniciar procesos de reparación a las

víctimas.

La institucionalidad pública a partir de la Ley 1448 de 2011 establece los elementos

jurídicos de reparación de víctimas y las definió como: Aquellas personas que individual o

colectivamente hayan sufrido un daño por hechos ocurridos a partir del 1º de enero de

1985, como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional Humanitario o de

violaciones graves y manifiestas a las normas internacionales de Derechos Humanos,

ocurridas con ocasión del conflicto armado interno.

Victimal, victimológica o de la víctima: esta área se encarga del estudio de las

personas que han sido sujetos pasivos del delito. Interesa aquí la identificación de factores

de riesgo y protectores asociados con la victimización, la prevención de la victimización,

así como la reducción de las secuelas producto de la comisión del delito. Además, esta área

se preocupa por la victimización causada por el aparato de justicia y por su prevención.

Esta definición de víctima al igual que lo estipulado en las Sentencias 370 de 2006,

C-578 de 2002, C-052 de 2012, C-250 de 2012 y C-781 de 2012 están en completa relación

con la Resolución 60/147 de la Asamblea General de las Naciones Unidas en lo referente a

los derechos de las víctimas y violaciones al Derecho Internacional Humanitario.

La reparación integral de las víctimas, establece una caracterización de las

múltiples modalidades de victimización del conflicto armado, para diseñar mecanismos de


intervención pública acordes con la realidad de las víctimas. Ello, contemplando también el

fortalecimiento de la capacidad institucional y de gestión pública del país. En cuanto a la

cobertura total del régimen del régimen subsidiado para que las personas tengan más acceso

a la salud. En términos de inversión social del presupuesto conviene decir que se observan

incrementos significativos del presupuesto destinado para inversión social. Programas

restitución de tierras, mecanismos de participación y de garantía de derechos de la

población.

En este paradigma social y económico se prepara la institucionalidad pública para

enfrentar un reciente proceso de reparación de víctimas que proclama la Ley 1448 de 2011,

y de posconflicto donde sin duda será necesario mejorar coberturas en las zonas rurales del

de Colombia, en las cuales las expresiones del conflicto armado se acentuaron y donde la

gestión pública muestra deficiencias en términos de prestación de servicios, cobertura vial e

inversión social. En ese sentido, la reparación de las víctimas dependerá de un sistema de

gestión integral que garantice una mejor atención a las múltiples necesidades de la

población víctima.

El reconocimiento de las víctimas, funciona como un modo de certificar el daño, de

dotarlo de una nueva realidad. La víctima reconocida es una víctima que ha encontrado un

interlocutor que ha vuelto su mirada hacia ella. Y, en este sentido, dicho reconocimiento es

también habilitante, capacita para interpelar críticamente al Estado a partir de una posición

que ha permitido el propio aparato estatal.


Existen muchos modos de devenir víctima. Algunos lo son a causa de que no

estaban en el centro del poder que asesinó y desapareció a muchas personas; otros, porque

fueron elegidos por los mismos perpetradores para permanecer con vida; otros tantos,

porque salvaron su vida a través de la huida; y otros más, porque sobrevivieron gracias a la

ineficacia de la máquina de muerte. Tantas formas de materializarse como víctima afectan

los modos en que ellas elaboran el trauma, construyen su agencia e interpelan al Estado.

Tal problemática de la violencia tiene efectos perversos en las políticas públicas y

en la acción del estado, pues la atención del Estado y del entramado de organizaciones

humanitarias no es ajena a las formas de priorización narrativa producidas a través del

discurso periodístico y, muchas veces, se crea un verdadero circuito de reforzamiento en el

que las víctimas que importan mediáticamente son también las que importan oficialmente.

Esta entrada de las víctimas al espacio público se complejiza aún más dentro de un

conflicto armado que no ha terminado. En el momento en que las víctimas emprenden el

camino del reconocimiento oficial, el poder lanza sobre ellas una nueva luz que las pone en

evidencia. De allí, las frecuentes amenazas que se siguen de esta búsqueda de

reconocimiento y de la declaratoria estatal de registro. De ser supervivientes a causa de

cierto anonimato, pasan a ser objetivo militar gracias a un cambio en su naturaleza jurídica.

Ser víctimas reconocidas las pone en la mira de nuevos procesos de victimización.

Y no solo por parte de los actores armados que aún tienen control sobre territorios y

poblaciones, sino por las propias comunidades en las que habitan y muestran desconfianza
por quienes han estado en el centro de la violencia. Algunas personas las estigmatizan,

dudan de sus argumentos, sospechan de sus motivos. La obligación a narrar una y otra vez

lo que les sucedió y la demanda social constante a actuar como víctimas para resultar

creíbles pone a los sujetos en una situación de lo que Bateson denomina double bind (citado

por Sluzki, 2002) o sin salida existencial: si se busca ser reconocido como víctima, se

expone a nuevos procesos de victimización; pero, si no se es reconocido, se continúa en la

abyección y por fuera de los “beneficios” de la Ley.

Es precisamente este discurso político y mediático de los “beneficios por ser

víctima”, aupado por el mismo Estado, el que induce a la desconfianza y a la falta de

empatía con las víctimas y trivializa la propia violencia. La aparente explotación del daño

que se les endilga a las víctimas a través de esta retórica, y que es utilizada

estratégicamente por algunos de los que critican la Ley 1448, no tiene la función de señalar

la tentación para muchos ciudadanos de “hacerse pasar por víctimas”, sino que actúa como

un modo de trivializar el dolor de quienes, en efecto, fueron y siguen siendo víctimas del

conflicto armado colombiano.

Sin embargo, la verdad acerca de si se es o no víctima no depende de los sujetos,

sino de la misma Ley y del entramado jurídico-administrativo de reconocimiento. Es decir,

es el Estado a través del gesto de reconocimiento y de las prerrogativas en derecho que de

allí se derivan el que ha producido tal efecto de verdad con relación al ser víctima. Es el

Estado, por tanto, el que se encarga de producir sus propios mecanismos de control,

selección, refinamiento y determinación de quienes son “realmente” víctimas del conflicto.


Pero la verdad del Estado es solo uno de los tantos juegos de Verdad. Y la verdad de las

víctimas no siempre coincide con la Verdad del Estado y, en cambio, muchas veces, supone

la impugnación de dicha Verdad. Es un modo de utilizar la lengua oficial contra el Estado

mismo.

Los Derechos humanos (ONU).

Cuando se habla de los derechos humanos se utilizan muchos términos: libertades

individuales, derechos subjetivos, derechos naturales, derechos del hombre, derechos

humanos, libertades públicas, valores morales, derechos individuales, derechos

fundamentales segun Pérez Luño: son “un conjunto de facultades e instituciones que, en

cada momento histórico, concretan las exigencias de la dignidad, la libertad y la igualdad

humanas, las cuales deben ser reconocidas positivamente por los ordenamientos jurídicos a

nivel nacional e internacional”.(p.156).

Por otra parte la pensadora Peces-Barba hace referencia a tres ámbitos diferentes:

Desde la racionalidad, la universalidad es una característica por la que la titularidad de los

derechos se asigna a todos los seres humanos. Hace referencia al concepto y

fundamentación de los derechos humanos. Desde al ámbito temporal, la universalidad

supone que son válidos en cualquier momento de la humanidad. Razón por la cual algunos

autores los han calificado como inmutables, nota que requiere algún matiz, pues chocaría

con la manifestación histórica de los derechos humanos. (p.158). Hace referencia a la

generalización de los derechos humanos. Desde el ámbito espacial, la universalidad corre

paralela con la extensión de los derechos humanos a todos los seres humanos de todos los
lugares y de todas las culturas, sin discriminación de ningún tipo. Hace referencia a la

internacionalización de los derechos humanos.

Según Truyol Los derechos humanos entre los Estados; y que lejos de nacer de una

concesión de la sociedad política, han de ser por ésta consagrados y garantizados. Por la

misma razón que afirmamos que la persona es anterior al Estado, y poseedora de unas

“tendencias, facultades, exigencias, valores, aspiraciones, ideales naturales”,

originariamente necesarias, por su especial configuración, para conseguir el desarrollo

integral de todas sus potencialidades. A todas ellas se les da el nombre de derechos

humanos, derechos fundamentales, libertades fundamentales, derechos públicos subjetivos,

derechos del hombre, derechos individuales, expresiones con matices diferentes, pero que

en el uso coloquial se utilizan como sinónimos, expresando todas ellas la misma realidad:

derechos humanos que toda persona, por el hecho de serlo, y desde que lo es, posee, los

cuales deben ser reconocidos por la sociedad y por las normas positivas que la rigen.

De esta manera, en el seno de la nueva organización internacional, la ONU, da la

Declaración Universal de los derechos humanos en 1948, en cuyo artículo. 1° quedó

escrito: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derechos”. Con

este instrumento jurídico, la Comunidad Internacional se propuso “reconocer los derechos

fundamentales de la persona, universales e indivisibles, como uno de sus intereses

fundamentales y uno de los principios constitucionales del orden internacional”.(p.165).


Naciones Unidas declara que “todos los derechos humanos son universales,

interdependientes e indivisibles y están relacionados entre sí, y que, por tanto, se debe dar a

todos ellos la misma importancia”. Los hombres son iguales, desde dos puntos de vista:

igualdad formal o política e igualdad sustancial o social. Con ello se habla no de un juicio

de hecho sino de un juicio de valor. Un valor que se postula precisamente porque se

reconoce que los hombres son distintos.

La igualdad como norma, quiere decir que los diferentes deben ser tratados como

iguales. Igualdad, por lo tanto, que no basta enunciarla sino observarla y sancionarla. Las

diferencias existen: es obvio que entre las personas hay diferencias y que su identidad está

dada por ellas. Y son estas diferencias las que deben ser tuteladas, respetadas y garantizadas

en obsequio al principio de igualdad.

Los derechos individuales son universales: existen en provecho de todos los

individuos dentro del Estado, sin excepciones ni categorías de ninguna especie. No obstante

las distinciones de sexos, clases, razas, regiones, religiones, partidos, el hombre sigue

siendo hombre. Los derechos individuales son los derechos del hombre, ligados por

hipótesis a la realización de su destino de hombre. Desde este punto de vista, un hombre

vale lo que otro, y en cada uno este valor es trascendente. Introducir discriminaciones sería,

según J. Dabin o bien obrar de modo parcial, contra toda razón, o bien negar al hombre

reconociendo valor sólo a la categoría escogida: clase, partido o raza.


El Código de ética del psicólogo en Colombia, Ley 1090 de 2006

Establece La Psicología Jurídica estudia el comportamiento de las personas y de las

sociedades en relación con las normas, no se puede asegurar que se esté definiendo a la

Psicología Jurídica, adicionalmente, porque ella no se agota en el estudio del

comportamiento en relación con las normas, ni esta definición explica en su totalidad el

alcance de este campo. Por último, a que no existe un único término para referirse a ella.

Acciones psicosociales del psicólogo jurídico.

Es trasdiciplinar encargada de estudiar los Efectos que generan a las personas un

hecho delictivo evaluando un daño y secuelas psicológicas, sufridas por la infracción

penal, Es decir se tienen en cuenta los tipos de victimización, su personalidad,

predisposición a la victimidad, se debe trabajar en los procesos de indetencion psicológica,

atención a víctimas del conflicto armado, prevención de factores de riesgo en ellas,

prevenir la victimización secundaria en el cual este inmersa la víctima.

Funciones del psicólogo jurídico

Evaluación y diagnóstico en relación con las condiciones psicológicas de los actores

jurídicos.
a) Asesoramiento. Orientar y asesorar como experto a los órganos judiciales en cuestiones

propias de su disciplina.

b) Intervención. Diseño y realización de programas para la prevención, tratamiento,

rehabilitación e integración de los actores jurídicos, tanto en la comunidad, bien en el

medio penitenciario, tanto a nivel individual como colectivo.

c) Formación y educación. Entrenar y/o seleccionar a profesionales del sistema legal

(jueces y fiscales, policías, abogados, personal de penitenciarías, etc.) en contenidos y

técnicas psicológicas útiles en su trabajo.

d) Campañas de prevención social ante la criminalidad y medios de comunicación.

Elaboración y asesoramiento de campañas de información social para la población en

general y de riesgo.

e) Investigación. Estudio e investigación de la problemática de la Psicología Jurídica

f) Victimología. Investigar y contribuir a mejorar la situación de la víctima y su interacción

con el sistema legal.

g) Mediación. Propiciar soluciones negociadas a los conflictos jurídicos, a través de una

intervención mediadora que contribuya a paliar y prevenir el daño emocional, social, y

presentar una alternativa a la vía legal, donde los implicados tienen un papel predominante.
Diseñar, desarrollar, validar, aplicar, dar seguimiento y evaluar programas de

prevención e intervención. Dirigidos a las víctimas para reducir el daño sufrido por el

delito, a los agresores para disminuir su probabilidad de reincidencia y a la sociedad en

general para prevenir los fenómenos delictivos y victimológicos.

Por lo anterior y Ante tal situación que ocasiona el desplazamiento forzado, es

necesario tomar medias importantes desde la acción psicosocial y la psicología jurídica,

haciendo acciones impartidas con el estado, dando cumplimiento a los derechos humanos

ya que el accionar de la Justicia que incide de manera directa en el bienestar emocional de

las víctimas, aquí es donde el rol del psicólogo es fundamental para evaluar a las víctimas y

dirigirlos en la búsqueda de apoyo y reparación integral a manera de darse cuenta de la

situación que se ha causado producto de la mencionada situación, con el fin de orientar ante

las diferentes instituciones que representan al gobierno nacional creadas para atender a las

víctimas.

Entonces en objetivo sería crear un ambiente donde el estado tome el papel como

protagónico y responsable directo de las situaciones las cuales originan esta clase de

problemáticas como es el desplazamiento forzado, donde ocasiona un sinnúmero de

trastornos y secuelas para los implicados, es así como se debe hacer uso y respeto por los

derechos humanos, donde los diferentes actores y las instituciones, los órganos de control y

la justicia interactúen en todos los aspectos mencionados, y sean garantes en el conflicto

con capacidad hacer una verificación de los verdaderos implicados como también las

verdaderas víctimas para que los recursos destinados con el fin de reparar sean eficientes y
suficientes, para continuar con el apoyo a las víctimas con diferentes programas donde se

vea reflejado con impacto favorable sanando las heridas para que sea posible la

consecución del cambio social y una paz reinante que tanto necesita el país.

Referencias:

Morales, L. & García, E. (2010). Psicología Jurídica: quehacer y desarrollo Diversitas:


Perspectivas en Psicología, vol. 6, núm. 2, julio-diciembre, 2010, pp. 237-256. Universidad
Santo Tomás

Bogotá, Colombia. Recuperado http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=67915140004

Ruiz Rodríguez, V. (2007). DERECHOS HUMANOS, UNIVERSALES. Redalyk.org, 155-


166. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=141115624008

Tamayo Nieto, R. (2016). Ser re(des)conocido como víctima: las víctimas del conflicto
armado colombiano en la obra Copistas. Redalyk.org, 919-937. Disponible en:
http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=64946476010