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Nazis y charlatanes en Argentina.

Acerca de mitos e historia tergiversada


Ignacio Klich
(Universidad de Buenos Aires)
Cristian Buchrucker
(CONICET, Universidad Nacional de Cuyo)

Dos décadas han trascurrido desde el currido ocasional y selectivamente a una


inicio de un acceso más fluido a la docu- cantidad insignificante de documentos,
mentación sobre los nazis acumulada en priorizando hallazgos personales de difícil
distintos repositorios argentinos. Si bien consulta por terceros, salvo para quienes
tardía, esta medida propicia, primero efec- se den por satisfechos con las copias facsi-
tivizada no más que apenas, luego con milares ocasionalmente reproducidas por
mayor amplitud, comenzó a verse imple- tales periodistas, y citando a los demás de
mentada a partir de 1992. Desde entonces, manera indirecta y descontextualizada.
el grueso de la producción sobre esta vasta Un caso más extremo de la misma falta es
temática –básicamente la del periodismo el de quienes escriben con casi la más ab-
investigativo local– ha dado pocas señales soluta prescindencia de la documentación
de haberse servido del consecuente acreci- e historiografía, como si se pudiese lograr
miento de la materia prima disponible. un texto de historia seria a puro artificio,
La calidad de gran parte de esa produc- con asertos cuya validez está más allá del
ción periodística revela, en todo caso, que aporte de evidencia firme en su apoyo.
ella no ha abrevado demasiado en tan rica, Como posible justificación de tan limita-
aún si incompleta, fuente. En rigor, tales do aprovechamiento de los registros dispo-
escritos se produjeron mayormente con nibles, no escasean las alusiones a «miles y
prescindencia de casi todo el material de miles de documentos» más, «guardados en
archivos argentinos y extranjeros, como si inasibles archivos que nadie tiene interés
estos papeles no existiesen o el acceso a en mostrar y que son difíciles de hallar»1.
ellos estuviese enteramente vedado. En el Es ésta una suerte de minimización de
mejor de los casos, están quienes han re- lo ya desclasificado por doquier. Y viene

1
Carlos de Nápoli, La fórmula de la juventud eterna y otros experimentos nazis, Buenos Aires,
Norma, 2009, p. 71.

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realzada por quejas difícilmente inespe- La respuesta a esos interrogantes re-
radas por actitudes enojosas de las auto- quiere tener presente que es equivocado
ridades de algunos repositorios locales. suponer que Argentina y/u otros ya die-
Inversamente proporcionales a los detalles ron a conocer íntegramente todo lo que
suministrados por los quejosos respecto sus respectivos repositorios atesoraban a
de sus hallazgos personales, tales reclamos este respecto, y más concretamente que la
ni son válidos para todos los repositorios antes mencionada cultura del secreto ha
argentinos, ni tienen en cuenta incordios quedado completamente superada por las
que, demás está decir, no deberían existir alentadoras mutaciones habidas. Además,
en ningún lugar, a los que también han es- resulta difícilmente realista proponerse
tado expuestos quienes han recurrido a ar- dimensionar con seriedad, siquiera apro-
chivos extranjeros2. Con respeto, todo ello ximadamente, la enormidad de los regis-
conforma desdichadamente una excusa, tros inhallables en instalaciones supuesta-
tristemente empleada por quienes inten- mente secretas, sean éstos millares o cifras
tan hermosear una variedad de déficits. más modestas. Corresponde, por tanto,
Junto a una actitud selectiva frente a trabajar con todo lo disponible hoy, cons-
las fuentes –cualquiera la categoría de lo cientes de que la historia se construye la-
desechado–, la mayor de tales minusvalías drillo a ladrillo, careciendo la edificación
es la ausencia de un examen riguroso de resultante, más aun aquélla referida a la
la documentación original ya accesible, historia reciente, del correspondiente cer-
consulta implícitamente desaconsejada al tificado de terminación de obra, en este
magnificarse lo que resta a ser desclasifica- caso de veredictos finales. A tono con su
do. Si es tanto lo que no puede consultarse periódico reaprendizaje, tal como lo abo-
aun, ¿qué sentido tiene ver lo disponible? gaba el historiador británico Tony Judt,
Y en un medio en el que la adicción a las es entonces imperativo revisar periódi-
teorías conspirativas es moneda corriente camente lo conocido a la luz de cambios
–proclividad alimentada por los decenios significativos, por caso nuevas acrecen-
de cultura del secreto–, ¿cómo creer que cias de fuentes, que incuestionablemente
lo ingresado al dominio público no apun- tienden a gestar discusiones inéditas e in-
ta a despistar a ingenuos y curiosos? terpretaciones diferentes.

2
Sobre dificultades encontradas, por caso, en el Palacio Santa Cruz, archivo de la cancillería hispana,
ver recensión de Ignacio Klich sobre el libro de José María Irujo, La lista negra. Los espías nazis pro-
tegidos por Franco y la Iglesia, en: Estudios Sociales, año XIV, N° 27, Santa Fe, Universidad Nacional
del Litoral, 2004, p. 205.

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En cambio, lo que no debe hacerse es nocido par que se rindió en 1945 en Mar
tergiversar lo que está bien documentado, del Plata –el U-530 y el U-977–, albergan-
o intentar maquillar la consulta evitada do sus honduras los restos de sumergibles
de las fuentes existentes con referencias hundidos antes o después del fin de la
al trabajo de quienes supuestamente ha- conflagración mundial.
brían visto los registros relevantes. Es éste El interés provocado por tales naves es
un camuflaje del irrealizado relevamiento fácilmente explicable. Entre sus distintas
de los papeles disponibles y, con él, un raíces, es un nutriente de la noción de que
intento de distanciamiento del envejeci- un Adolf Hitler prófugo fue uno de sus
miento y obsolescencia de su contenido, pasajeros, venido a instalarse aquí. Varios
cuando no de la información imprecisa son los autores que se han quedado fijados
que, ab initio, los documentos sobre cual- a esta hipótesis desgastada, refutada por la
quier tema asimismo puede contener. historiografía más seria. Ésta contradice
A modo de muestra sobre aproximacio- la alegada sobrevida del entonces Fuehrer,
nes indirectas a las fuentes e insuficiente por ejemplo en una estancia de las inme-
evaluación de las mismas, así como de se- diaciones de Bariloche. Con amabilidad,
lectividad en materia de documentación esa versión alentada por Basti, entre otros,
e historiografía relevada, sirva de botón es descollante en materia de tergiversa-
un trabajo de Nahuel Coca sobre los sub- ción de la documentación e historiogra-
marinos del Tercer Reich en Argentina. fía cuando sostiene imaginariamente, por
Éste representa un resumen pulido y me- caso, que no existen «dictámenes sovié-
jor acabado de lo sostenido por algunos ticos» sobre el suicidio de Hitler, presen-
autores sobre tales sumergibles. Desde tando además al jurista estadounidense
Silvano Santander hasta Abel Basti, au- Michael Musmanno como habiendo opi-
tor inicialmente de una guía turística nado en 1946 que el ex Fuehrer «había
sobre sitios reales o ficticios de los nazis escapado»4. Hasta ahora nunca refutado,
aquí3, e incluyendo a los periodistas Jorge un documento de inteligencia soviética
Camarasa, Carlos de Nápoli, ellos supo- de 1945 concluyó que el cadáver de Hitler
nen que la costa argentina fue escenario había sido positivamente hallado, y el juez
del arribo de más submarinos que el co- Musmanno, tras acumular veinte tomos

3
Abel Basti, Bariloche nazi. Sitios históricos relacionados al nacionalsocialismo: Incluye los lugares
donde vivieron Adolf Hitler y Eva Braun cuando escaparon de Berlín, Edición del autor, 2004.
4
Abel Basti, El exilio de Hitler. Las pruebas de la fuga del Führer a la Argentina, Buenos Aires,
Sudamericana, 2010, pp. 136, 304.

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de documentos, remató años después que país, siguiendo una variedad de rutas, em-
«no existe la menor evidencia para dudar pleando distintos medios de transporte,
de la muerte de Hitler» en su refugio ber- contando con un conjunto variopinto de
linés5. Es ésta una constatación inalterada apoyos extranjeros y locales, y afincándose
por los historiadores que se ocuparon del en distintos lugares, Bariloche incluido.
tema luego. Corresponde, pues, diferen- Y a contrapelo de quienes transitaron en
ciar a Hitler de un elenco de criminales años recientes de la magnificación cuan-
de guerra de distintas nacionalidades –no titativa a la cualitativa de la importancia
menos de 180, según la Comisión para argentina como indudable país receptor
el Esclarecimiento de las Actividades del de nazis, o bien siguen aferrados a la am-
Nazismo en la Argentina (CEANA)–6, que, plificación cuanticualitativa de Argentina
cualquiera su nacionalidad, sí afluyeron al como «la Meca de los nazis», el historia-

5
Para la primera versión castellana de ese documento soviético, ver «Apéndice documental», en: Ignacio
Klich y Cristian Buchrucker (comps.), Argentina y la Europa del nazismo. Sus secuelas, Buenos Aires,
Siglo XXI, 2009, pp. 359-360. Para una discusión del papel del juez Musmanno, y de los documentos
soviéticos sobre el suicidio de Hitler, ver asimismo el trabajo de Ignacio Klich y Cristian Buchrucker,
«El final del Tercer Reich y la ‹conexión argentina› en la literatura revisionista», en el volumen antes
mencionado, pp. 255-256, 277-284.
6
Creada en 1997 por el gobierno de Carlos Menem, y apoyada por éste y sus sucesores hasta 2005, la
CEANA fue responsable ante un Panel Internacional y Comité Asesor conformados por personalidades e
instituciones con interés en la temática, mayoritariamente ajenos a los partidos gobernantes durante ese
período. En otras palabras, no fue una Comisión Nacional, a responderle al jefe de Estado o su gobierno.
Aun así, Camarasa cree poder ligar la creación de la CEANA a un texto del autor estadounidense Gerald
Posner, que el New York Times (07/12/1992) publicitó cinco años antes, y le adscribe a Menem la intención
de querer darle «un ‘punto final’» rápidamente a este tema. De haber sido esa la intención oficial, podría
pensarse que ello pone en duda los hallazgos de la Comisión. No sorprende que Camarasa omita fechas y
demás detalles relevantes sobre la CEANA, entre otras razones, por la imposibilidad de evidenciar que el
gobierno de Fernando de la Rúa hubiese compartido ese supuesto «punto final» precoz como objetivo, en
caso de haber sido ésta la meta de Menem. Por añadidura, el retrato de Camarasa es también imposible
de conciliar con los ocho años de vida de la Comisión, así como con las personalidades e instituciones
judías de su Panel Internacional y Comité Asesor. De paso, Camarasa sostiene que el objetivo que le
adscribe a Menem lo recogió del historiador Ronald Newton, a la sazón uno de los vicepresidentes del
Comité Académico de la CEANA, en una entrevista publicada por el matutino La Nación en un suplemento
asombrosamente «sin fecha». Reveladora, entre otras cosas, de la propensión de Camarasa a acomodar
los hechos a ideas preconcebidas, la falta de fecha de ese suplemento de La Nación dista de ser real:
los interesados en esa entrevista pueden consultarla en su sección Enfoques del 14/12/97. Pero sin ese
ocultamiento ¿cómo atar el génesis de la CEANA al escrito de Posner de un quinquenio antes? Y ¿cómo
evitar que el lector juzgue por sí solo lo dicho por Newton? Jorge Camarasa, Puerto seguro. Desembarcos
clandestinos en la Patagonia, Buenos Aires, Norma, 2006, p. 114, n. 52.

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dor alemán Ulrich Herbert publicitó una los segundos, con sus limitaciones, per-
conclusión compartida por otros estudio- mitan intentar remediar la ausencia de la
sos germanos: «casi todos los nazis de alta primera. Dada esa ausencia, no es secre-
graduación que sobrevivieron la guerra y to que las más tempranas investigaciones
la posguerra, al igual que aquéllos en la académicas locales sobre la actuación ar-
Gestapo y las SS, (…) habían estado vi- gentina durante la Segunda Guerra Mun-
viendo pacíficamente por décadas en el dial y temprana posguerra se basaron
seno de nuestra sociedad»7. Ergo, no ha- esencialmente en registros británicos y/o
brían podido estar simultáneamente aquí, estadounidenses. Lejos de ser ésta una ex-
realidad que no habilita la pérdida de vista clusividad argentina, los autores israelíes
de los criminales de guerra nazis llegados de trabajos sobre la búsqueda de Adolf
al país. Volviendo a los sumergibles, su Eichmann y otros criminales del nazis-
búsqueda está ligada asimismo a serias ex- mo, por caso, debieron recurrir a más re-
pectativas materiales: desde primas por el positorios que los de su país al no haber
rescate de expolio nazi a ser hallado, hasta hallado en éstos gran cosa, pese al interés
la más factible capitalización del interés de en el tema de Israel y a contar éste con
parte del público en la historia popular, una ley de libre acceso a la información.
sus filmes et al, que, con el apoyo de ins- En línea con esa realidad, un editorialista
tituciones acaso naturalmente interesadas de un periódico hebreo ajeno al sensacio-
en los usos políticos de la historia, le han nalismo llamó a evitar seguir postergando
permitido a algunos desviar la atención la desclasificación de la documentación
del público a la vía muerta de especulacio- acopiada por el servicio de inteligencia
nes huérfanas de asidero en la realidad. israelí sobre tales criminales8. Con el mis-
Aferrarse a esas especulaciones, práctica mo fin, el ya aludido entrelazamiento de
relativamente habitual entre los cultores la documentación también corresponde
de las teorías conspirativas, depende crí- hacerlo con las fuentes orales y de prensa,
ticamente de desestimar investigaciones la historiografía, e inesperadamente por lo
históricas realizadas llenando los espacios novedoso, con la arqueología subacuática
en blanco dejados por la documentación en el tema de los submarinos también.
argentina con los valiosos registros de una Tal lo efectuado, por caso, por el historia-
variedad de archivos de otros países, ora dor estadounidense Ronald Newton por
para entrecruzarla con éstos, ora para que un lado, y por el otro por dos especialis-

7
Tageszeitung, 11/04/2011.
8
Haaretz, 01/05/2011.

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tas argentinos en esa arqueología, Mónica de nombres alemanes y anglosajones por
Valentini y Javier García Cano, equivalen- varios de los periodistas citados por Coca.
tes hoy de los zahoríes de antaño9. Pese a Con respeto, la minusvalía lingüística se
los denodados esfuerzos desplegados, sus ve potenciada por el predominio de au-
respectivas búsquedas resultaron vanas: tores raramente confiables entre los men-
no lograron dar con ningún sumergible. cionados en el aparato erudito de esta
A la luz de esos resultados, puede ar- pieza, desde el ex legislador Santander,
güirse que Coca quizás exhibe una cer- políticamente bienintencionado pero ex-
tidumbre desmedida respecto de la exis- clusivo productor de literatura de com-
tencia de más submarinos que el par que bate largamente caducada, hasta sus le-
se rindió. Por añadidura, esa desmesura gatarios sensacionalistas del periodismo
viene apuntalada por fuentes que curiosa- local, bastante creídos que la corrección
mente le pintan a Coca un notable talón de su sesgo político actual y, más impor-
de Aquiles: el desconocimiento de idio- tante aún, el auspicio que disfrutan de
mas distintos del propio. De confirmarse instituciones ligadas al mantenimiento
tal impericia lingüística, definitivamente en el candelero de versiones reñidas con
documentada en los trabajos de otros au- la mejor historiografía sobre el tema –por
tores que Coca cita, ella deja claramente caso, la sobrevida del ex delfín de Hitler,
expuesta la discapacidad de todos ellos Martin Bormann10–, les confiere la insóli-
para sacarle provecho a las fuentes do- ta potestad de no tener que probar nada.
cumentales en lenguas europeas ajenas al Con mayor especificidad, una fuente
castellano, ya no hablemos de exprimirle crucial de uno de los avizoramientos «más
información a una frondosa historiogra- relevantes» de submarinos sería, de acuer-
fía, principalmente en inglés y/o alemán. do con Coca, un testigo directo de por lo
Adicionalmente, también ayuda a expli- menos un avistamiento: el policía Ricardo
car la abundancia de grafías defectuosas, Montero. En julio de 1945, éste informó
un alifafe tan presente en la transcripción al comisario de Necochea haber observado

9
Ronald C. Newton, «Las actividades clandestinas de la marina alemana en aguas argentinas entre
1930 y 1945, con especial referencia a la rendición de dos submarinos germanos en Mar del Plata en
1945», en: Ignacio Klich y Cristian Buchrucker, pp. 65-100; Mónica Valentini y Javier García Cano,
«Arqueología e historia. La búsqueda de los submarinos alemanes en aguas argentinas», en: Ignacio
Klich y Cristian Buchrucker, Argentina y la Europa del nazismo, op. cit., pp. 101-19.
10
Ignacio Klich y Cristian Buchrucker, «El fin del Tercer Reich y la ‹conexión argentina› en la biblio-
grafía revisionista», en Ignacio Klich y Cristian Buchrucker, Argentina y la Europa del nazismo, op.
cit., pp. 270-276.

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«un bulto negro que le pareció» era un sub- policial de la playa, procedimiento en el
marino, dejando constancia, sin embargo, que, acompañando a su padre, se halló
de no estar muy seguro al respecto11. Al una variedad de huellas: rastros que iban y
igual que un coetáneo avizoramiento en la venían de «un importante establecimien-
costa bonaerense del U-124 –imaginario, to agrícola» de propietarios alemanes,
en la medida en que ese sumergible había además de trazas «de cajones que habían
sido hundido dos años antes–, la inseguri- sido arrastrados hasta unos camiones».
dad de Montero no debe sorprender dada En el racconto de Montero (h) el intento
la multiplicidad de presuntos avistajes de del comisario y su padre de ingresar a esa
submarinos alemanes en éste u otros con- finca fue repelido por «cuatro alemanes
tinentes durante la conflagración mundial, con ametralladoras en mano», y más tarde
e inmediatamente después. abortado por orden de la superioridad12.
Al no ser Montero tan longevo, convie- Infortunadamente, esto tampoco provie-
ne tener presente que la verdadera fuen- ne de una entrevista con el hijo del testigo
te de Coca sobre lo que el policía creyó real –de ser ello posible, éste estaría hoy
haber visto no es él, sino su hijo. Éste, orillando los 80 años–, sino más indirec-
sin embargo, no estuvo presente cuando tamente de una carta suya que no estaba
su padre divisó el reportado bulto. Coca dirigida a Coca. Según Camarasa, tal mi-
busca remontar ese inconveniente con el siva lo tenía a él mismo por destinatario:
hecho, entre otros, de que tal descendien- infelizmente para los ajenos al tema, este
te del policía estaba dotado de muy bue- autor es responsable de un rosario de fic-
na memoria, siendo él, entonces, el infor- ciones no corregidas en varios de sus li-
mante de un sinfín de detalles, algunos bros, por caso su tratamiento de los docu-
escuchados de su padre y otros, al parecer, mentos que Juan Perón puso a disposición
también atestiguados por él. de ex cuadros del Tercer Reich y otros. Sea
Lo detallado tiene que ver con la ulte- que procurase protegerse de ese déficit
rior detención de un artesano que «con- documentado u otras razones, Coca se
fesó» haber entrado en contacto con un aparta de Camarasa al omitir que –según
submarino deseoso de atracar «en algún este periodista– Montero (p) habría sido
lugar seguro de la costa (…) para de- vapuleado por sus superiores hasta que se
sembarcar», y con el posterior rastrillaje desdijo. Presionado o no, éste concluyó

11
Nahuel Coca, «Submarinos nazis en la Argentina», en: Todo es Historia, año XLIII, N° 516, Buenos
Aires, julio, 2010, pp. 14-15.
12
Coca, pp. 14-15.

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que el bulto que inicialmente había creído Tal proceder parece inconsistente con una
un sumergible pudo haber sido otra cosa, prudente dosis de desconfianza suya, ésta
tal como surgía de su incertidumbre ori- plasmada en su visión de lo reportado por
ginal, y también de la carta de Montero esos marinos como «supuestas declaracio-
(h), cuando afirmaba que en una nueva nes». La actitud de Coca puede sorprender
detección posible de la misma nave, horas asimismo por haber aclarado él suplemen-
después de la de su padre, «no se sabía si tariamente algo que distintos predecesores
era un submarino o un barco»13. suyos pasaron por alto: nadie «pudo dar
A renglón seguido, Coca recurre a San- con los registros taquigráficos de estas de-
tander, creyendo hallar en un texto de de- claraciones ante el Congreso»14. Como si
nuncia suyo, Técnica de una traición. Juan una carencia tal sólo fuese una nimiedad,
D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo Camarasa es de los que se han permitido
en la Argentina, refuerzos a lo deletreado ignorarla, dejándola también de tener pre-
en la carta que Camarasa dice haber reci- sente en su labor, por caso, como guionista
bido de Montero (h): se trata del testimo- de Oro nazi en Argentina, filme que a crite-
nio en la legislatura argentina de marinos rio del académico estadounidense Joseph
alemanes antes afectados al acorazado de Page alcanzó el dudoso logro –¡vaya es-
bolsillo Graf Spee. En palabras de Coca, paldarazo!– de familiarizar a sus especta-
sus «supuestas declaraciones» están refe- dores con «reconstrucciones sensaciona-
ridas a la llegada de dos sumergibles adi- listas de hechos que probadamente nunca
cionales, tratándose especialmente en ellas ocurrieron»15. Al igual que las fantasías
la descarga en fecha semejante a la de las aparecidas en los libros de Camarasa, tal
pesquisas de Montero (p) de «una valio- observación de Page afecta la credibilidad
sa carga que venía de Alemania», además de este híbrido entre documental y fic-
del desembarco de 80 personas, algunas cionalización de lo que el primero quiso
«muy importantes», en una estancia de los recalcar, excepto para quienes no conocen
mismos propietarios alemanes. Verificados del tema, o ven tales ficciones a la luz de
por otro autor con uno de esos marineros, teorías propias, alejadas de la realidad.
Coca se abstiene, empero, de abundar so- En suma, la observación inicial del poli-
bre los resultados de ese juicioso ejercicio. cía ha sido suplantada por la narración de

13
Camarasa, Puerto seguro, p. 172.
14
Coca, p. 19, n. 24.
15
Joseph A. Page, «Prólogo», en: Ignacio Klich y Cristian Buchrucker, Argentina y la Europa del
nazismo, p. 8.

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quien estuvo ausente del avistaje original. rra, Juerges se encontró con Santander en
Y pese a su cautela, el hecho de no haber Alemania, avituallándolo de información
entrevistado a este hijo del policía no fue más tarde reciclada, por ejemplo, en ese
óbice para que Coca apareciese bastan- libro suyo. Si bien esto último dista de
te satisfecho, al menos originariamente, verse visiblemente explicitado en el traba-
con una carta que Camarasa le atribuye jo de Coca, él procura escudarse de fal-
a Montero (h), reproducida, aunque no sedades provistas por Juerges. Afirma que
íntegramente, en uno de sus libros16. Pero «Santander era –cuanto menos– víctima
evitar el riesgo de traspiés innecesarios de las operaciones de prensa orquestadas
echa luz sobre la importancia de verificar desde la embajada de Estados Unidos»17.
la existencia y veracidad de toda fuente a Decodificado, admite que Santander par-
emplear, lo que podría explicar la decisión ticipó en campañas aliadas de desinfor-
de Coca de apartarse de Camarasa. En mación en Buenos Aires. Tras el triunfo
cuanto a Santander, ni duda cabe que su electoral de Arturo Illia, no en vano qui-
volumen constituye una muleta de poca zás la propuesta de Santander de un acto
solidez. Sería un apoyo menos frágil si éste conmemorativo de la lucha antinazi de esa
no hubiese quedado desacreditado por CIAAA fue desoída por las instituciones
dos minusvalías, difíciles de ser barridas judías a las que éste apeló. Es sólo natural,
debajo de la alfombra: errores fácticos de- pues, evaluar los datos de Santander sin
nunciados por las autoridades germanas, ignorar, entre otras cosas, su actuación en
y el origen de buena parte de las extraor- el período bélico y de temprana posgue-
dinarias alegaciones allí contenidas en una rra, tal como lo hizo Coca, a diferencia de
fuente particularmente incierta, Heinrich los periodistas a los que cita en su pieza.
o Enrique Juerges, formidable falsificador Con ese trasfondo, resulta poco asom-
de información suplida a las embajadas broso que algunas obras de ficción supe-
de las potencias aliadas en ambas márge- ren a sus contrapartes del periodismo in-
nes del Río de la Plata, y también duran- vestigativo local en su apego a realidades
te la guerra a la Comisión Investigadora bastante bien documentadas. Sin ser ese
de Actividades Anti-Argentinas (CIAAA) un requerimiento de tal género, piénsese,
de la Cámara de Diputados, que tuvo en por caso, en la fina ironía del escritor y
Santander a uno de sus legisladores más cineasta argentino Alejandro Agresti, no
activos. Tras su deportación de posgue- ya en la elección de título para su nove-

16
Camarasa, Puerto seguro, pp. 171-174.
17
Coca, p. 19.

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la más reciente, sino al permitir que uno por tales exageraciones, corresponde ilus-
de sus personajes –el líder de una comu- trar mejor el celo por ajustarse a los he-
nidad alemana que resguarda posible- chos de algunas novelas y textos periodís-
mente a criminales de guerra nazis– se ticos, y más específicamente el paradójico
mofe de la actitud acrítica de parte del contraste entre ciertas ficcionalizaciones
público respecto de historias forzadas escrupulosamente apegadas a la historio-
sobre submarinos del Tercer Reich aquí. grafía, y aquéllas investigaciones periodís-
Al habilitar a ese personaje a instalar la ticas que no se han privado de incursio-
duda de si los restos de algún sumergible nes en el terreno de la fantasía. Así, por
germano podrían estar en el fondo de un caso, el novelista argentino Daniel Sorín
lago de una localidad bonaerense, quizás narra con mano firme el reclutamiento y
secretamente conectado al mar18, Agresti actuación de Ronald Richter, abusador de
impensadamente ilustra el potencial de la confianza que Perón había depositado
la literatura, que según el escritor argen- en él, siguiendo de cerca a la bibliografía
tino Mario Goloboff es la única ficción científica. Ello puede constatarse fácil-
que sin negar su carácter, «puede rodear, mente acudiendo a los trabajos de físicos e
puede abarcar, puede arrojar nuevas luces historiadores que investigaron el proyecto
(aun entre nuevas dudas) sobre los fenó- nuclear argentino. Beneficiario de la im-
menos colectivos»19. Aquí la ficción de pericia del contratante y de la cultura del
Agresti ilumina que las exageraciones so- secreto local, Richter llegó a poner a Perón
bre los submarinos alemanes y la afluen- en un serio brete: poco atractiva para un
cia de nazis puede terminar alentando, político, la posición de quien ha sido per-
principio de acción y reacción mediante, suadido, aunque sea temporalmente, por
la minimización de su importancia. el «palabrerío de un charlatán aprovechán-
Vistos los efectos nocivos arriesgados dose de la ignorancia del emperador»20.

18
Alejandro Agresti, Eva Braun de Arroyito, Buenos Aires, Planeta, 2010, p. 235.
19
Página/12, 28/04/11. Que ese potencial de la literatura también puede verse mal aprovechado es
ilustrado, por caso, por un escritor argentino y otrora militante comunista. No ser más seguidor de
Vittorio Codovilla, catalogador del movimiento construido por Perón como «naziperonismo», no signi-
fica en este caso haberse librado de esas equiparaciones del peronismo con el nazismo: tal es el caso
de la referencia a la Sección Especial de la policía de Perón y su jefe como equivalentes criollos de
la GESTAPO y Himmler respectivamente. Tampoco pudo este autor superar la noción caduca de que
la afluencia de nazis acontecía para que «los hijos y nietos de los SS (…), confiados en que vivirán
la hora de la revancha», puedan gestar desde aquí un Cuarto Reich. Andrés Rivera, Kadish, Buenos
Aires, Seix Barral, 2011, p. 28; Página/12, 30/06/11.
20
Daniel Sorín, El hombre que engañó a Perón, Buenos Aires, Sudamericana, 2008, p. 207.

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Con escasas imprecisiones –por lo gene- argentina, impidió una mejor utilización
ral puestas en boca de opositores locales y de los contratados por distintas reparti-
estadounidenses de Perón, lo cual refleja ciones oficiales. Hace tiempo se sabe que
acertadamente sus creencias21–, la obra ese afán argentino, no sólo de Perón23,
de Sorín sobre el físico austríaco que se entró en competición con el de países
atribuyó experiencias nucleares –de resul- centrales que se abocaron a la misma caza
tados imposibles de replicar, empero–, se de esos recursos humanos.
aproxima a una reconstrucción biográfi- Un título reciente de De Nápoli está
ca de Richter y los orígenes del proyecto dedicado a contados casos puntuales de
nuclear argentino, escrita por un profe- los 1.100 alemanes y otros no cuantifica-
sional de la historia, si se la compara con dos científicos y tecnólogos arribados. De
los volúmenes, por caso, de De Nápoli y entre ellos, optó por un puñado, no to-
Camarasa sobre esos recursos humanos dos germanos, en su mayoría tratados an-
del Tercer Reich que fueron atraídos al tes. Aquí la atención puesta en el premio
país en la temprana posguerra. Nóbel Friedrich Bergius y un profesional
La llegada de Richter formaba parte del danés son acaso lo más novedoso para el
interés en convocar a científicos y tecnó- lector ceñido al español. Corresponde,
logos europeos, no sólo germanos22, para empero, hacer la salvedad de que un do-
fomentar el desarrollo del país, con abs- cumento mencionado como «hallado en
tracción de una infraestructura industrial la biblioteca de la actual Secretaría de
que, junto a los avatares de la economía Industria», es posible borrador del sumario

21
Sorín, pp. 48, 80.
22
Robert A. Potash y Celso Rodríguez, «El empleo en el Ejército argentino de nazis y otros científicos y
técnicos extranjeros, 1943-1955», en: Ignacio Klich (ed. huésped), Inmigrantes, refugiados y criminales
de guerra en la Argentina de la segunda posguerra, número monográfico de Estudios Migratorios
Latinoamericanos, año 14, N° 43, 1999; Ignacio Klich, «La contratación de nazis y colaboracionistas
por la Fuerza Aérea Argentina», en: Ignacio Klich (comp.), Los nazis en la Argentina: política y eco-
nomía, número monográfico de Ciclos, año 10, N° 19, 2000.
23
Pese a su oposición a Perón, un físico otrora socialista, por ejemplo, primero no sólo recomendó
el desarrollo de la energía atómica y la contratación de científicos extranjeros, sino que también se
abocó a tratar de lograr aquélla del germano Werner Heisenberg, premio Nóbel a la física y ex servidor
del Tercer Reich. Ignacio Klich, «Richard Gans, Guido Beck and the Role of German Speaking Jewish
Immigrants in the Early Days of Argentina’s Nuclear Project, en Ignacio Klich (ed. huésped), German
& Italian Jewish Scientists in South America, número monográfico de Ibero-Amerikanisches Archiv,
año 21, N° 1-2, 1995, pp. 159-160. (Para una versión más breve de este trabajo, ver Ignacio Klich, «La
pericia científica alemana en el amanecer del proyecto nuclear argentino y el papel de los inmigrantes
judíos», Boletín del Instituto Ravignani», N° 10, 1994).

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 169


de lo conversado por Bergius y un Perón toriadores del fuste del británico Hugh
recientemente triunfante en las urnas24. Trevor-Roper y el ya aludido Newton,
Reiterativos de anteriores trabajos de es- como si éstos no hubiesen sido más que
tudiosos locales y extranjeros, no siempre alfeñiques25. Carente de originalidad, De
claramente acreditados, están, en cambio, Nápoli repite miméticamente el intento
los capítulos dedicados a Reimar Horten, previo de Camarasa de retratar a Newton
Ronald Richter, Kurt Tank y el francés como fuente de simplificaciones y absur-
Emile Dewoitine. De Nápoli además en- dos26. Tomados en conjunto, este par nos
contró irresistible la tentación de incor- recuerda el ilusorio anuncio de 1951 sobre
porar a alguien con credenciales bastante el salto en materia nuclear alegadamente
menores cuando se las compara con las de dado por el país. Mal aconsejado –posi-
otros, excluidos: se trata de Josef Mengele, blemente porque el consejero, Richter,
conocido como el «ángel de la muerte» del carecía de trabajos académicos publica-
campo de exterminio de Auschwitz. dos, entre otras falencias que se hacían
Tristemente célebre, el infame Mengele notar con fruición entre científicos ex-
es un personaje al que De Nápoli vol- cluidos del proyecto, con el físico argenti-
vió más extensamente en un volumen no Enrique Gaviola a su cabeza, así como
posterior. A diferencia del primero, éste entre políticos opositores–, Perón habría
está parcialmente construido a partir de empequeñecido a esas publicaciones es-
conversaciones suyas con una conocedo- pecializadas, supuestamente sorprendido
ra de los crueles experimentos del «ángel al comprobar que «los más autorizados
de la muerte» con cobayos humanos en científicos extranjeros» daban a conocer
Auschwitz. Reales o ficticias, esas pláticas allí teorías «enormemente alejadas de la
le sirven a De Nápoli para deslizar, entre realidad»27. Con su dosis ostensible de
otras cosas, juicios adversos sobre his- desparpajo, y separados por décadas en-

24
Carlos de Nápoli, Los científicos nazis en la Argentina, Buenos Aires, Edhasa, 2008, p. 76. En la nota
al pie correspondiente, De Nápoli menciona el hallazgo de una publicación británica, con copia facsimilar
de su carátula reproducida en p. 77, práctica que evitó hacer extensiva al borrador de reporte aludido.
25
Poco modesto, De Nápoli cree poder juzgar declaraciones de Trevor-Roper en inglés como las de
un «falsificador», sin detenerse en las implicancias del hecho de tratarse de una lengua que entiende
«con alguna dificultad». Para De Nápoli, Newton, en cambio, habría minimizado «la importancia
de la República Argentina y de la Patagonia para los nazis» por poseer «grandes limitaciones para
comprender los pormenores de la política argentina, y de sus aspectos socioeconómicos y militares».
De Nápoli, La fórmula, pp. 147-148, 159.
26
Camarasa, Puerto seguro, p. 152.
27
Sorín, p. 66.

170 NOTAS CRÍTICAS


tre sí, dos amateurs locales y uno foráneo ria de evidencia al respecto, sin ser ésta la
–De Nápoli y Camarasa, en el caso de única instancia en que una afirmación de
la historia, Richter en el de la física nu- De Nápoli aparece absolutamente exenta
clear–, se permitieron abrir juicio sobre el de probanza. Resulta innegable que tales
trabajo de expertos con mayor pericia re- aseveraciones conforman una realidad que
conocida que la suya, como si las respec- le cuadra mejor a una obra de ficción, no
tivas producciones de éstos apenas fuesen a una investigación periodística. Y, dicho
detritus intelectuales. Sin ser físico nu- sea de paso, no se requiere de una filiación
clear, Richter era con todo, vive la petite peronista o simpatías pronazis para notar
diffèrence, un profesional de la física. Ya se que la dificultad para anudar a la docu-
verá, en cambio, cuán difícil sería inten- mentación la sobrevalorada importancia
tar sostener que De Nápoli y Camarasa de Mengele de ninguna manera lo escu-
son profesionales de la historia. daría de las denuncias de crímenes suma-
Pese a que De Nápoli se arroga el descu- dos en su contra.
brimiento de una «infinidad de documen- Con la poquedad de los casos abordados
tos», puede confirmarse que ninguno, por De Nápoli como trasfondo, la enten-
todos insuficientemente bien individua- dible inclusión de Mengele entre los tra-
lizados, procede de alguno de los reposi- tados por él, sin embargo, es fácilmente
torios argentinos o foráneos con mayor descifrable. Está encaminada a sugerirle
densidad de materiales sobre tales cien- tres cosas, si no más, al lector insuficien-
tíficos y tecnólogos. Asimismo, resulta temente bien informado:
curioso que De Nápoli omita presentar 1. En términos cuantitativos, los verda-
siquiera un registro en apoyo de su retrato deros científicos y tecnólogos germanos
de Mengele como «el maestro de maestros empleados por Argentina serían relativa-
en la experimentación con productos de mente escasos, siendo gran parte del total
toda naturaleza»28. No es que Mengele ja- de los ingresados bajo esa rúbrica los que
más sometiera a experiencias brutales con acompañaron en primer lugar a «la hez
una panoplia de recursos a innúmeros de- de burócratas, asesinos y trastornados hu-
portados a Auschwitz. «Maestro de maes- manos de la guerra»29. Contrariamente a
tros», empero, es un superlativo que sin ello, empero, la contratación de más de
titubeos no le cabe. Tratándose de una eti- un millar dista de ser un número menor.
queta disparatada, no sorprende la penu- 2. En términos cualitativos, los verdade-

28
De Nápoli, La fórmula, p. 13.
29
De Nápoli, La fórmula, p. 81.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 171


ros expertos –aquéllos que buscaban con- científicos»32. Cierto es que algunos cri-
vertir al país en un émulo del Reich, repi- minales ingresaron como mano de obra
tiendo, «adecuados a la realidad argentina, calificada, o incluso mejor preparada:
los planes cuatrienales del nazismo»30– Mengele, por caso, llegó como mecánico;
eran sobre todo quienes fueron desechados Adolf Eichmann, como técnico/mecáni-
por las potencias. Un mero científico «del co33; otros europeos, afectados al proyectil
montón» es como De Nápoli catalogó, por teledirigido que se intentaba desarrollar
caso, a Richter. Más tarde, empero, quedó con tecnología alemana, carecían de expe-
demostrado lo incorrecto de etiquetar a riencia científica o ingenieril para tal pro-
todos en el lenguaje coloquial del outlet yecto, suponiéndoselos fugitivos políticos
como mayormente técnicos y científicos de Europa, y, de estar algo inspirado en la
«de segunda selección»31: tras la caída de realidad, el comandante de un ghetto en
Perón, de 110 germanos que trabajaron el que estuvo encerrada un personaje de la
para el nuclear y varios proyectos milita- ya citada novela de Agresti vino «hacién-
res argentinos, cerca del 40% se mudó a dose pasar por ingeniero aeronáutico»34.
distintos países centrales, contratados para Nada de lo antedicho legitima considerar
continuar con su labor profesional. al total de los científicos y tecnólogos con-
3. Los desembarcados en Buenos Aires, tratados por Argentina como cómplices o
cuando no sirvieron como señuelo para equivalentes de Mengele, en sentido lite-
alejar posibles sospechas de los criminales ral o figurado. Tampoco habilita a ignorar
de guerra a los que venían acompañando, un capítulo nada edificante de la historia
sencillamente pertenecían a esa categoría. argentina: la excesiva facilidad con que se
En palabras de De Nápoli, es «un hecho aceptó a quienes distaban de haber sido
histórico innegable» que entre los «miles» simples técnicos.
de criminales nazis en Argentina, muchos Va de suyo que De Nápoli no fue el úni-
«fueron traídos al país oficialmente como co interesado en destacar a Mengele y, por

30
De Nápoli, La fórmula, p. 134.
31
De Nápoli, La fórmula, pp. 81-83.
32
De Nápoli, Los científicos, p. 139. «Miles», es un conteo abultado que no está apoyado en evidencia
más sólida que declaraciones ligeras, por caso las del cazador de nazis Simon Wiesenthal.
33
En su documento de viaje, Eichmann aparece como técnico, pero los datos que tenía preparados
para las autoridades argentinas lo mencionan como mecánico. Neal Bascomb, Hunting Eichmann:
How a Band of Survivors and a Young Spy Agency Chased Down the World’s Most Notorious Nazi,
Boston, Houghton Mifflin Harcourt, 2009, p. 74.
34
Agresti, p. 122.

172 NOTAS CRÍTICAS


su intermedio, en homologar al brain- tratase de criminales en principio.
power del otrora Tercer Reich a los crimi- En cuanto a Camarasa, su interés en
nales de guerra afincados aquí. Camarasa Mengele se tradujo en un volumen falto
también se ocupó del «ángel de la muer- de toda referencia documental o historio-
te» al concentrarse en su persona dos gráfica, salvo los escasísimos autores, sin
identidades compatibles, si bien inicial- mención de las obras de su autoría, que
mente distintas: la del profesional y la del aparecen en el texto. De tomarse nota que
criminal. Mucho antes de que Camarasa se trata de un opus en el que Camarasa
y De Nápoli, entre otros periodistas ar- además obvió presentar una bibliografía,
gentinos, descubrieran el potencial de tal pese a lo novedoso de su planteo, estamos
homologación para desacreditar la capta- nuevamente frente a prácticas afines a las
ción argentina de especialistas, tan afín de autores de obras de ficción. Incluso
a la aliada y de otros países neutrales del Basti, en su ya aludida guía turística, optó
período bélico, la equiparación del cientí- por brindar un extenso listado bibliográ-
fico y tecnólogo con el criminal de guerra fico. Cualquiera el provecho extraído por
fue iniciada por algunos de los gobiernos este último de los títulos de consulta y
con los que Perón competía, en particular otros que publicita, conviene aclarar que
los otrora aliados. Y fue seguida, sin duda, la de Basti es una lista muy mezclada, al
por quienes como Wiesenthal armoniza- igual que la más extensa publicitada en su
ron la caza de criminales de guerra con título más reciente sobre Hitler aquí, con
su trabajo transitorio para la inteligencia obras de historiografía cuidadosamente
israelí sobre especialistas alemanes involu- documentadas colocadas al lado de ensa-
crados en proyectos militares del mundo yos fantasiosos carentes de toda base seria.
árabe, principalmente en Egipto y Siria. Por otra parte, es llamativo el desconoci-
Éstos fueron convenientemente retratados miento que Basti demuestra tener de tra-
por Israel y sus soportes como asistiendo, bajos muy rigurosos en el análisis y densos
por caso, al entonces gobernante egip- en lo que se refiere a las fuentes, con abun-
cio a concluir el genocidio iniciado por dante aporte de pruebas que destruyen
Hitler, sirviendo los dichos de Wiesenthal su versión sobre el final del nazismo. No
para criminalizar a priori a todo científico asombra, por tanto, que Basti crea poder
y tecnólogo del ex Tercer Reich. Así las demostrar que «lo cierto es que Hitler es-
cosas, la captación argentina de mano de capó» en avión a Austria y España, y de
obra altamente calificada fue caricaturiza- allí a la Patagonia en submarino, asesi-
da, lejos de toda ingenuidad, como si se nándose antes a uno de sus alegados do-

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 173


bles para dejar en el búnker en Berlín un que distinto habría sido la resultante de
cadáver que engañara a los soviéticos35. Y su quehacer de haber preferido éste la-
tamaña conspiración se logró gracias a un mentarse por los «miles y miles» de pa-
«acuerdo» secreto de la dirigencia nazi con peles inaccesibles, dejando de investigar
Washington, «probable» beneficiario de en los existentes. El paréntesis abierto
ayuda técnica germana para su proyecto permite concluir, pues, que el apego a la
nuclear, y la escasamente inesperada com- documentación de De Nápoli, Camarasa
plicidad del gobierno militar argentino. y Basti no sólo es deficitario, por caso vis-
Comparada con Basti, Camarasa y De à-vis un autor de obra de ficción como
Nápoli, en particular la forma de encarar Sorín, sino también respecto de este in-
sus respectivas investigaciones, una obra vestigador periodístico mexicano. No es
del mismo género, de autoría mexicana, ocioso concluir, por tanto, que el cuestio-
es desde el punto de vista metodológico namiento a estos autores argentinos dista
eminentemente superior. En ésta, el pe- de estar inspirado en una noción desde-
riodista Juan Cedillo se ocupa del víncu- ñosa del periodismo investigativo en ge-
lo bilateral mexicano con Berlín, sobre neral como una forma de charlatanería.
todo antes del quiebre de relaciones con A propósito de las omisiones en el libro
el Tercer Reich, que convirtió a México de Camarasa, ellas no logran su cometido
en uno de dos aliadófilos beligerantes la- si éste era evitar que el lector menos bien
tinoamericanos. En años previos al corte, informado identificara los empréstitos
el Tercer Reich había visto a México como de terceros irreconocidos. Incluido entre
una fuente de abastecimiento de petróleo. los reconocibles, por caso, se halla el es-
Y Cedillo se abocó al tema recurriendo a tadounidense Ira Levin. Con justicia, su
los inagotados y acaso inagotables regis- novela Los niños del Brasil es de los textos
tros acopiados por los National Archives que deberían encontrarse en un listado de
estadounidenses36. Pese a evitar hacerle reconocimientos de Camarasa, al haberle
injusticia a Cedillo con un comentario servido de manera irrebatible como fuente
apretado de su obra aquí, ni duda cabe de inspiración aquí 37. Basada en lo que se

35
Basti, El exilio, p. 181. Sobre Hitler y sus supuestos dobles, Basti se resiste a extraer las conclu-
siones a sacar de una realidad bien simple: jamás se identificó a tales dobles, sea durante o después
de la guerra.
36
Juan Alberto Cedillo, Los nazis en México, México D.F., Debate, 2007.
37
Al igual que lo sucedido con la novela de Levin, Camarasa tampoco menciona que un párrafo
entero de su libro –palabra por palabra, y coma por coma– proviene, por ejemplo, de un artículo del
periodista Ricardo Ayestarán Fajardo. La evidencia del manoteo al patrimonio de Ayestarán está a la

174 NOTAS CRÍTICAS


conocía sobre las experiencias de Mengele Claro que la existencia y éxito de la la-
para mejorar la reproductividad aria, la bor de «conseguir que las vacas le parie-
obra de ficción de Levin lo presentaba ha- ran terneros mellizos, primero en Buenos
biendo gestado en Brasil cerca de un cen- Aires y después en el Paraguay» puede que
tenar de clones de Hitler, gracias a la san- también pertenezca al mundo de la fanta-
gre y espécimen de su piel que éste había sía38. Entre los antecedentes ilustrativos de
dejado. Desde ese ángulo, la historia de la propensión de Camarasa a lo imagina-
Mengele intentada por Camarasa se ocupa rio se encuentran, como primer ejemplo,
de manera preferente de ligar su labor sud- su errónea adjudicación de la agregaduría
americana, en particular aquélla en Brasil, militar del Tercer Reich a Johannes von
con sus experimentos en Auschwitz. Leers –grueso yerro mediante, desdoblado
Camarasa informa que desde el arribo de en dos Von Leers con idéntico nombre de
Mengele a Brasil, a comienzos de la década pila, uno un diplomático inexistente aquí,
de 1960, se observó una explosión de naci- el otro un verdadero publicista nazi–, y la
mientos de mellizos y gemelos en la loca- también equivocada presentación de los
lidad de Cándido Godoi e inmediaciones. documentos de identidad para prófugos
Al parecer insatisfactoriamente dilucidada, y otros ex nazis que Adolfo Savino llevó
ésta se volvió un verdadero desafío para a Europa en la posguerra como alegada-
Camarasa. Sin evidencia científica que mente enviados durante el período bélico
apuntale el edificio que ensaya construir, por Perón a Heinrich Himmler a través
él trata de basar una explicación creíble de del ilusorio Von Leers diplomático y/o
esa proliferación de dúos en la actividad Alberto Vignes, por sólo mencionar al-
previa de Mengele, tanto europea como gunas falacias publicitadas y dejadas sin
sudamericana, centrando esa explicación enmendar por este autor39. Resulta escasa-
en la experiencia acopiada en Auschwitz mente extraordinario, por tanto, que no se
y con productores pecuarios argentinos y sepa específicamente «de una posible acti-
paraguayos, respectivamente deseosos de vidad ganadera» de Mengele en el par de
acrecentar las crías de su ganado. Estados conosureños en los que vivió antes

vista en una publicación montevideana que data de casi cuatro años antes de que ese texto apareciese
exactamente reproducido, pero sin entrecomillado o reconocimiento del empréstito, en este libro de
Camarasa. Cotejar Jorge Camarasa, Mengele. El ángel de la muerte en Sudamérica, Buenos Aires,
Norma, 2008, p. 109, con Ricardo Ayestarán, «La fuga de los nazis y la ruta de los monasterios»,
Informe Uruguay, 03/12/04.
38
Camarasa, Mengele, p. 184.
39
Ver Ignacio Klich y Cristian Buchrucker, «El fin del Tercer Reich», pp. 284-291.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 175


de mudarse a Brasil. Tampoco parecen ser vela se concentra en su búsqueda por un
particularmente deseables los partos de tal Yakov Liebermann, cazador de nazis
mellizos en vacas, por el mayor esfuerzo inspirado en Wiesenthal, que sin embar-
de la madre y menor kilaje de los terneros, go se mostró hipercrítico del narrador
requeridor este último de alimentación su- estadounidense. Con excedida dureza,
plementaria, además de la superación de Wiesenthal dictaminó en 1977 que ésta
otros trastornos posibles para una y otros40. era una obra de «ficción demencial»42.
En este sentido, Camarasa emuló al menos Quizás, esa negatividad sea explicable por
improvisado de sus pares argentinos, Uki su interés en una explotación más eficaz
Goñi. Aceptó como irrefutable una decla- de este recurso publicitario, tal como él ya
ración no evaluada, recogida en entrevista había logrado hacerlo con la ODESSA de
con Perón por el periodista y novelista ar- Frederick Forsyth para dar en Argentina
gentino Tomás Eloy Martínez, cuyos inne- con un ex comandante del ghetto de
gables méritos en esas labores sólo pueden Riga, Eduard Roschmann. También ayu-
palidecer, por supuesto, al aplicarse a otros da a explicar la postura de Wiesenthal su
terrenos, por caso a la historia en general solitaria forma de operar. Con ese rasgo
y su incursión en la de Perón y los nazis en mente, no es ocioso imaginar su de-
en particular. Pese a ser Argentina un país sagrado al verse retratado en la novela
donde la ganadería es importante y, por buscando capturar a Mengele con ayuda
ende, la pericia sobre el particular nada de Meir Kahane –precursor ideológico
insignificante, no pocos autores locales de los proponentes ultranacionalistas del
documentaron esos lazos de Perón, con expurgue de la ciudadanía palestina de
Mengele en particular, a partir de lo pu- Israel–, si bien las simpatías del cazador
blicitado por Martínez, autor, que según para con la derecha del arco político he-
dos otrora investigadores de la CEANA, se breo, más que acercarlo a los líderes labo-
ocupó de realzar «la ostensible asociación ristas de todas las coaliciones de gobierno
del primer peronismo y los nazis»41. israelíes hasta 1977, tendían a empujarlo
Nada de lo antedicho significa ignorar hacia Kahane. Finalmente, la explicación
las diferencias entre Levin y Camarasa. buscada debe incluir que Levin no lo con-
Anterior a la muerte de Mengele, la no- sultó antes. Todo esto permite preguntar-

40
Heinz Schneppen, «De todas las Odessas, aquélla de Perón», en: Ignacio Klich y Cristian Buchrucker,
Argentina y la Europa del nazismo, p. 217.
41
Leonardo Senkman y Saúl Sosnowski, Fascismo y Nazismo en las letras argentinas, Buenos Aires,
Lumiere, 2009, p. 128.
42
Tom Segev, Simon Wiesenthal: The Life and Legends, Nueva York, Doubleday, 2010, p. 332.

176 NOTAS CRÍTICAS


se si, de conocer Camarasa la reacción de que lo ubica en Brasil, sólo que a gran
Wiesenthal, su afinidad con él y el centro distancia de Cándido Godoi. Esa liaison
que lleva su nombre explicarían su asom- fue también desestimada por colegas an-
broso desconocimiento de Levin. glosajones de Camarasa, pese a su etiqueta
Comoquiera, cabe pensar que, jun- de «asesor» del Centro Wiesenthal de Los
to al enojo de Wiesenthal y aclaración Ángeles, tal como Santander había asistido
de Levin que todos sus personajes eran a Wiesenthal en Viena, en publicaciones
«imaginarios y no se pretende represen- de divulgación científica, entre otras44.
tar con ellos a ninguna persona viva»43, Más importante para nuestro trabajo,
este thriller llevado a la pantalla cumplió son las conclusiones a extraer de las coin-
un papel, aun si fallido, en la búsqueda cidencias de Camarasa y De Nápoli sobre
de Mengele. Posterior a su muerte, el li- Mengele45. Con afinidad a la fantasiosa
bro de Camarasa, en cambio, se sirve de sobrevida de Hitler de la que De Nápoli, a
Mengele para presentar su versión perso- diferencia de Camarasa, no logra desaco-
nal del derrotero de más de un criminal plarse, éste también cuestiona la muerte
nazi en Sudamérica, en particular éste. Y, de Mengele en Brasil. En sus palabras, ésta
al no tratarse de una obra de ficción, la fue «otra maniobra de los alemanes para
supuesta liaison entre él y los mellizos que sacarlo de la escena», habiendo Mengele
Camarasa imagina quedó ampliamente en realidad huido, «hacia ignoto lugar»46.
desacreditada por el diario de Mengele, Sin soporte documental, pero basado en

43
Ira Levin, Los niños del Brasil, Barcelona, Pomaire, 1978, p. 7.
44
Daily Mail, 23/01/2009; New Scientist, 27/01/2009.
45
Subrayar las semejanzas no significa ignorar las diferencias entre De Nápoli y Camarasa. Su disenso,
por caso, es visible en lo tocante a la reacción en Buenos Aires al pedido de extradición de Mengele.
Este fue presentado por Bonn en septiembre de 1959 y concedido en junio de 1960, semanas después
de capturado Adolf Eichmann. De acuerdo con De Nápoli, «a nivel mundial, se generó la impresión
de que la República Argentina lo había protegido (a Mengele), pero en este caso todo resulta falso.
La justicia local, caso extraño, actuó con presteza». En su lugar, Camarasa denuncia las «chicanas
jurídicas» con las que «Argentina sumaba dilación», presentándolas como parte de un dechado de
«lentitud judicial», y retrata a Mengele como beneficiario de tal actitud argentina. Camarasa extiende
las presuntas falencias de la cancillería y poder judicial a las fuerzas armadas también, en especial a
un alto oficial de Ejército. Aunque no lo deletree, el relato de Camarasa permite inferir que de haber
contado Eichmann con la misma benevolencia castrense que le adscribe a Mengele, el primero tampoco
habría sido apresado por Israel, vale decir que Eichmann carecía de las conexiones del ex «ángel de
la muerte», y las que tenía facilitaron su eventual captura, y participaron luego en la fallida cacería de
Mengele. De Nápoli, Los científicos, p. 131; Camarasa, Mengele, pp. 84, 86, 108.
46
De Nápoli, Los científicos, pp. 139, 142.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 177


un «historiador riguroso del Holocausto», a los restos exhumados de Bormann 47.
en referencia a una aguerrida víctima del Los alegados «reparos» hebreos ameritan
nazismo –publicista sin par, pero difícil- atención suplementaria: el informe sobre
mente un historiador tal, a juzgar por su Mengele de la unidad criminales de guerra
nombre definitivamente inexistente en de la policía israelí desmiente a Camarasa.
bibliografías de profesionales de la histo- En vez de claras reservas oficiales, ese do-
ria que se ocuparon del genocidio nazi–, cumento revela que, luego de exhumados
Camarasa comunica que los restos de Mengele, las radiografías
aportadas por su dentista en Brasil permi-
«Mengele murió en Estados Unidos tieron identificarlos «con absoluta certeza»
en 1992, mientras era protegido por la como pertenecientes a él 48. ¿A quién se
CIA, y que la rumorosa descubierta de refería, pues, Camarasa? Muchísimo me-
sus restos a fines de 1985 en un cemen- jor documentado por lo general, así como
terio de los alrededores de San Pablo no más escrupuloso y profesional, el historia-
sería otra cosa que una farsa internacio- dor hebreo Tom Segev, autor de la primera
nal montada por los Estados Unidos y biografía de Wiesenthal basada en docu-
aceptada por Israel bajo presión». mentación de su archivo personal y otros
repositorios, anotó sobre la muerte de
Con mayor timidez, Camarasa tam- Mengele que este infatigable cazador «en-
bién admite, a continuación, la muerte de contró difícil rendirse (ante la evidencia).
Mengele «a fines de los años setenta». Esa Cuatro años después de la identificación de
ida y vuelta es reiterada al señalarse más sus restos, todavía se aferraba a ciertas du-
tarde indocumentados «reparos» israelíes das, pero ya nadie le creía. Mengele estaba
sobre la certificación de forenses germanos muerto y la confiabilidad de Wiesenthal
y estadounidenses a propósito del ex «án- había sufrido un severo golpe»49. Si bien
gel de la muerte», más extensamente expli- posteriores al libro de Camarasa, las afir-
citados que su tímida alusión suplementa- maciones del autor israelí coinciden con
ria al fallecimiento de éste en la década de lo que ya se conocía a partir de los regis-
1970. Los conocedores de la bibliografía tros odontológicos de Mengele, y más aún
encontrarán un antecedente de esta rutina cuando sus restos se vieron sujetos en 1992
en el mismo proceder de Goñi en relación a las pruebas de ADN.

47
Camarasa, Mengele, pp. 139, 166, 179, 187.
48
Haaretz, 30/04/2011.
49
Segev, p. 339.

178 NOTAS CRÍTICAS


En resumen, al no estar avalados por brar dudas sobre la muerte del ex «ángel
pronunciamientos en ese sentido de fun- de la muerte» en 1979 en el estado de San
cionarios de gobierno y/o instituciones ofi- Pablo, a sabiendas de que «la duda es más
ciales hebreas, los antes aludidos «reparos» corrosiva que cualquier certeza»50. Aquí,
israelíes no parecen haber sido más que por supuesto, el común denominador
aquéllos de Wiesenthal, y de otros como entre ambos es una evidente falta de car-
él. Y altamente encomiable como lo es en nadura para poder cuestionar los resulta-
general, la cautela de Camarasa respecto dos del examen de ADN. Lejos de hacer
de la muerte de Mengele –actitud que por un alto ante tamaña calamidad para sus
cierto resultaría más creíble de haberse hipótesis, este par decidió que la caren-
podido verificar que siempre lo guió en cia de pruebas que permitan contradecir
su labor– sólo refleja de manera inmiseri- esos resultados podía superarse gracias
corde la claque que éste intenta aportarle a la política del avestruz: ignorando tal
a un Wiesenthal renuente a reconciliarse aporte de la medicina forense. La misma
con una realidad singularmente adversa: falta de evidencia tampoco fue óbice para
el cazador entendía las crueles implican- que uno y otro sugirieran veladamente
cias de su fracaso, al no figurar Brasil entre un complot alemán, con o sin conniven-
los países donde había dicho que Mengele cia de Washington u otros, para mostrar
se hallaba, y al haberse hecho acreedor el a Mengele como fallecido hace tiempo,
dictador guaraní Alfredo Stroessner a una resguardándolo así de sus buscadores. En
disculpa suya, jamás ofrecida, por confir- marcado contraste con otros, De Nápoli
marse cierta su afirmación que Mengele, y Camarasa también evitan tratar seria-
privado de la ciudadanía paraguaya que mente el fracaso de Wiesenthal respecto
supo disfrutar durante dos décadas a par- de Mengele y otros criminales, y las ense-
tir de 1959, no se hallaba en ese país des- ñanzas que se desprenderían de ello.
de largos años atrás. Todo esto es ajeno Menos timorato al respecto que De
a Camarasa, que, más leal a Wiesenthal Nápoli y Camarasa, Segev anotó que en el
que a la historia, procura dejar la puerta año de la muerte de Mengele, que desafor-
entornada para más especulaciones acerca tunadamente pasó inadvertida para quie-
de un Mengele superviviente. nes querían verlo enjuiciado, Wiesenthal
Con mayor o menor grado de sutileza, podía consolarse pensando que el males-
está claro, por tanto, que las alegaciones tar que ello le producía también aquejaba
de De Nápoli y Camarasa procuran sem- a otros: «el Mosad israelí y el fiscal alemán

50
Sorín, p. 38.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 179


Fritz Bauer no habían sido más exitosos tasear» ya insinuada en el título del vo-
que él»51. Naturalmente, desde entonces lumen: The Life and Legends (Vida y
ese cuadro sólo pudo mantenerse inalte- leyendas)53. Lejos de buscar desmerecer
rado. Tampoco le rehuye Segev al aparea- su trayectoria, Segev ilustra la anterior
miento del fiasco en torno al ex «ángel caracterización con un vasto surtido de
de la muerte» con otros, por caso con la fábulas –ubicadas en forma dispersa a lo
más fútil búsqueda de Bormann, muerto largo del libro, acaso para amortiguar su
desde fines de la guerra, con cuyos restos impacto–, muchas destinadas a mantener
hallados en Berlín en los primeros años el nombre de distintos criminales sobre el
de 1970 el cazador recién se reconcilió tapete, sea para lograr su detención, para
más de dos décadas después. Además, promover la toma de medidas reclama-
a diferencia de De Nápoli y Camarasa, das por Wiesenthal a distintos gobiernos
Segev alude, al igual que otros antes que afectados, o bien para reclutar donaciones
él, a múltiples declaraciones falaces de para su centro de documentación.
Wiesenthal. En el marco de una biogra- Tal como ya lo habían revelado otros
fía escrita con evidente simpatía hacia el antes, Segev confirma, por caso, que
biografiado, tratando de entenderlo con «emitidas de tanto en tanto, las declara-
magnanimidad e incluso justificarlo, o ciones de Wiesenthal sobre Mengele eran
acaso defenderlo por momentos a capa incorrectas, y él lo sabía»54. También su-
y espada, Segev, empero, se abstiene de braya que en materia «de manipulación
barrer bajo la alfombra elementos críti- de los medios, pocos podían medirse con
cos sobre él52. Con trazo fino, presenta él», si bien los resultados de su modus
a Wiesenthal como un hombre de «ego operandi no siempre terminaban siendo
empinado» y con «una tendencia a fan- los deseados55. No asombra, pues, que

51
Segev, p. 333.
52
Pese a reflejar elementos de su personalidad y performance que son adversos a Wiesenthal, la generosidad
de Segev para con él –tal como lo refleja esta biografía «altamente simpática», en palabras de la historiadora
estadounidense Deborah Lipstadt– no siempre ha sido bien recibida por los reseñadores, en particular por
los que habrían deseado una obra más laudatoria. Ver, por caso, Ron Rosenbaum, «Self Made Golem»,
Tablet, 02/09/10; Deborah Lipstadt, The Eichmann Trial, Nueva York, Nextbook, 2011, p. 206.
53
Segev, p. 7.
54
Ignacio Klich, «El ingreso a la Argentina de nazis y colaboracionistas», en: Ignacio Klich y Mario
Rapoport (eds.), Discriminación y racismo en América Latina, Buenos Aires, GEL, 1997, p. 427, n.
88; Segev, p. 339.
55
Segev, p. 289.

180 NOTAS CRÍTICAS


luego de su anuncio de los años ochenta en United Press para gestar tal especie,
que Mengele, por caso, se ocultaba entre ésta pasó de los austríacos «a los medios
los menonitas del Paraguay, Wiesenthal israelíes, y de ahí, vía otra agencia», a tan-
se viera obligado a tragarse sus palabras, tos otros lugares57. Al no escasear otras
disculpándose por el agravio a esa iglesia versiones sobre su presencia en Oriente
ante una rama europea de ésta en la que Medio, sería tendencioso afirmar que la
contaba con simpatizantes. En lo referen- de Wiesenthal fue justamente la que ha-
te a Klaus Barbie, en 1969 declaró tener bilitó en 1958 a la embajada alemana,
«informes importantes» sobre el paradero que decía no poder dar con Eichmann en
del llamado «carnicero de Lyon»: infeliz- Argentina, a informar que era «más razo-
mente para sus víctimas, «al parecer, no nable» suponer que estaba «en algún lugar
tenía idea alguna, y, tal como lo había he- de Oriente Medio»58. De hecho, poco des-
cho más de una vez antes, informó que pués, Wiesenthal sostenía que Eichmann
estaba en Egipto»56. No sorprende, pues, estaba de regreso en Europa. Tampoco
que la captura de Barbie en Bolivia y su cabe ignorar que todas estas suposicio-
juicio en Francia fuesen finalmente logros nes ayudaron a alejar temporalmente los
de otros: Beate y Serge Klarsfeld. ojos puestos en Eichmann aquí, si bien
Interesa subrayar, empero, que la catalo- hoy se sabe que la inteligencia germana
gación de Wiesenthal ofrecida por Segev tuvo indicios certeros de su presencia en
está apuntalada, entre otras, por una rea- Argentina desde 1952, y su par israelí des-
lidad innegable: éste fue, en rigor, el pa- de el año siguiente, sin que las priorida-
dre de la versión según la cual Eichmann des de una y otra incluyesen determinar
se había comunicado desde Egipto con su dirección exacta, antesala a un pedido
su familia en 1953. Y gracias a un socio de extradición. Completa este panora-

56
Segev, p. 329.
57
Segev, p. 113.
58
Pese a las referencias a incontados criminales nazis en Egipto –hasta 7.000 en todo el mundo árabe,
según Wiesenthal, cifra que incluye, empero, a (i) quienes llegaron antes de la guerra; (ii) quienes
lograron huir de los campos británicos para prisioneros de guerra; (iii) quienes llegaron gracias a la
ODESSA y otros– a ser diferenciados de los científicos y tecnólogos con los que Washington buscó acotar
la dependencia militar egipcia de la Unión Soviética, por ahora el único criminal comprobado sería
Aribert Heim, también conocido como el «doctor muerte» del campo de Mauthausen, paradójicamente
buscado por el Centro Wiesenthal con más despliegue mediático que buena información en Argentina
y Chile, donde según «fuentes ostensiblemente confiables», el Centro insistía que Heim había estado
viviendo. New York Times, 04/02/2009; Segev, pp. 139, 215.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 181


ma beneficioso para Eichmann, la res- senthal u otros como él al pie de la letra.
puesta del Cuerpo de Contrainteligencia Infortunadamente, empero, no todas las
Estadounidense (CIC en inglés) a una ave- fábulas de este cazador tuvieron como fin
riguación austríaca sobre éste: en 1952, la lograr la captura de un criminal huidizo.
misión del CIC ya no incluía la detención Ello tiende a agravar su invalidez como
de criminales de guerra, admisión detrás fuente no necesitada de avales adicionales,
de la que se parapetaba la impronunciable antes de volverse utilizable para historiado-
convicción de que su enjuiciamiento «no res y periodistas responsables. La necesidad
es más un interés de primera importancia de convalidar los dichos de Wiesenthal es
para las autoridades de Estados Unidos». tanto mayor cuando ingresa al ruedo el re-
Meses después, la CIA afirmaba que no gistro de Segev, que este cazador también
estando involucrado su país «en la cap- podía desapegarse de los hechos «adrede».
tura de criminales de guerra, y por ende Su dilatado ego efectivamente exacerba la
inhabilitada para adoptar un rol activo en imperiosa necesidad de corroboración, tal
este caso», permanecería alerta «a propósi- como lo ilustran los siguientes casos, parte
to de cualquier información concerniente de un conjunto más nutrido.
al paradero de Eichmann para pasársela a En sintonía con una sinopsis autobio-
las autoridades pertinentes». Luego, sin gráfica suya de 1947, Wiesenthal le hizo
embargo, la actuación más conocida de la creer a la autora de una biografía an-
CIA respecto de Eichmann fue persuadir a terior, entre otros, que había estado en
una revista estadounidense a abstenerse de Auschwitz, campo en el que con ajuste a
difundir declaraciones suyas sobre el pasa- los hechos no estuvo, si bien debió haber
do de Hans Globke, secretario de Estado sido deportado allí. Al decir de Segev, en-
en el gabinete en Bonn y redactor en 1935 tonces, «su intento de situarse en el centro
de las leyes raciales del Tercer Reich59. de la catástrofe –Auschwitz– fue parte de
De regreso sobre el muestrario signifi- un patrón fijo, una propensión a magnifi-
cativamente más frondoso acopiado por car su terrible experiencia». Y en sus libros
Segev, los escasos ejemplos aquí publi- «tendió no sólo a dilatar su tragedia, sino
citados ya dan una idea de los riesgos co- también a agregarle un pellizco de drama
rridos por quienes hayan tomado a Wie- a las circunstancias de su supervivencia»60.

59
Robert Wolfe, «Did CIA Really Cold-Shoulder the Hunt for Adolf Eichmann?», Interagency Working
Group Research Paper, NARA; Richard Breitman & Norman J. W. Goda, Hitler’s Shadow: Nazi War
Criminals, U.S. Inteliigence, and the Cold War, Washington, NARA, 2010, p. 13.
60
Segev, pp. 395-396.

182 NOTAS CRÍTICAS


A veces, Wiesenthal hasta se autorretrató trayectoria en el período bélico. ¿Es ésta
como «combatiente en una unidad par- una alusión velada a lo revelado por Ben
tisana, con el rango de mayor inclusive, Natan? Desafortunadamente para sus lec-
y habiendo operado una radioemisora tores, Segev le rehuye a la ligazón explíci-
clandestina y publicado un diario», ca- ta del dicho de Rosenbaum con la alegada
racterísticas ficticias todas ellas que, sin labor para los comités judíos promovidos
ser poca fábula, merecen ser comparadas por los nazis en los ghettos, tal como le
con el conocimiento inequívoco de Asher confiara Ben Natan. No obstante, de
Ben Natan, ex director del Ministerio de existir un nexo entre Rosenbaum y Ben
Defensa de Israel y primer embajador he- Natan, lo revelado sobre su colaboración
breo en Bonn, de un pasado encubierto con los nazis en Lvov puede todavía haber
por el cazador, bastante menos glorioso. sido fugaz e intrascendente, tal como lo
En la temprana posguerra, Ben Natan sugeriría la ausencia de documentación al
fue de los enviados sionistas que alenta- respecto en los archivos de Polonia y la ex
ron a Wiesenthal, entre otros, a ocuparse República Democrática Alemana (RDA).
de los criminales nazis, antes de que la in- Tal vez prematuramente, Segev parece
minente creación del Estado hebreo lleva- considerar que esa realidad de ambos paí-
ra a su futura conducción a concentrarse ses, al igual que la aparente inexistencia de
en otros menesteres. «No tengo dudas de un testigo inequívoco de lo revelado por
que Wiesenthal trabajó para el Judenrat Ben Natan, prueba sobradamente que la
en Lvov», dijo Ben Natan al ser entre- colaboración de Wiesenthal con los nazis,
vistado por Segev, prefiriendo guardarse algo que sus enemigos políticos ensaya-
para su coleto interno la evidencia sus- ron probar en distintas ocasiones, jamás
tentadora de un juicio expresado en tér- existió. Naturalmente, esta interpretación
minos tan categóricos sobre Wiesenthal posible sería insuperable de estar feha-
colaborando con los nazis61. Más ade- cientemente explicado el objetivo de Ben
lante, Segev cita a Eli Rosenbaum, di- Natan al haber depositado en Segev esa
rector de la Oficina de Investigaciones confidencia descartada sobre Wiesenthal.
Especiales (OSI, su sigla en inglés), rama Lamentablemente para quienes no toma-
del Ministerio de Justicia estadounidense ron recaudos al recurrir a sus escritos para
a cargo de nazis y colaboracionistas, su- documentar los propios, hay más falsifica-
brayando la incapacidad de Wiesenthal ciones de peso: sin arte o parte en el se-
de aportar una historia consistente de su cuestro físico de Eichmann, Wiesenthal no

61
Segev, p. 284

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 183


tuvo empacho alguno en presentarse como la cancillería hebrea, distribuida en 1970
uno de sus captores. Sumado al papel de- a toda la red de embajadas israelíes, que
tectivesco que sí desarrolló en su búsqueda, éste «a menudo hace afirmaciones que no
incluido un malogrado intento de tempra- puede sustanciar». También «se arroga»
na posguerra para apresarlo, la vocación de la captura de Eichmann, pero «quienes
protagonismo de Wiesenthal buscó capi- conocen la verdad sobre las operaciones
talizarse a partir del inicial interés hebreo dirigidas a desenmascarar a crimina-
en distanciar a sus servicios de la captura les nazis hablan de la irresponsabilidad
de Eichmann, presentada como la labor de Wiesenthal, surgida de su ilimitada
de voluntarios anónimos, ex víctimas del avidez de publicidad y egocentrismo».
nazismo. En una disertación, Wiesenthal Puede pensarse, pues, que lo afirmado
describió vívidamente cómo se había lan- por Segev acerca de su persona agranda-
zado sobre Eichmann, «abofeteándolo da y Auschwitz también rige para otros
repetidamente, empujándolo a un jeep y tópicos, no cabiendo desescuchar la pru-
participando de su interrogatorio». Al igual dencia recomendada por el historiador is-
que en otras ocasiones, Wiesenthal olvidó raelí: Wiesenthal sólo debe ser leído «con
mencionar que si alguien le hubiera pres- cierta cautela», ya que «no es tarea fácil
tado atención, Eichmann no habría sido descifrar sus secretos», siendo sus asertos
aprehendido en 1960 al sostener él el año tan ciertos como inciertos, «al igual que
previo que éste se ocultaba en Alemania. mucho de lo que escribió»63.
Contrariando este ejemplo asaz colorido Pese a antecedentes tan poco auspiciosos
de su proclividad a arrogarse lo que con para permitirse creer de buenas a prime-
estrictez no le correspondía, Wiesenthal ras lo proveniente de este cazador, y a la
jamás puso un pie en Argentina, habiendo impiadosa evaluación de sus logros pro-
considerado, empero, migrar aquí tempra- fesionales por parte de otro funcionario
no en los años cincuenta62. del Ministerio de Justicia estadounidense
Con ese trasfondo, no es casual que –reveladora, entre otras cosas, de que no
a ojos de distintos cognoscenti israelíes, todos los acusados por Wiesenthal eran
Wiesenthal fuese un «falsario legendario», criminales de guerra para el sistema judi-
llegándose a informar en una circular de cial de ese país–64, hay por lo menos dos

62
Segev, p. 326; Lipstadt, p. 206.
63
Segev, pp. 9-11, 247-248.
64
Si bien Wiesenthal se autoatribuyó haber impulsado la investigación de unos tres mil casos, de entre
los cuales un millar desembocaron en juicios de resultado variopinto, su aporte a la caza de nazis, al

184 NOTAS CRÍTICAS


instancias en las que, paradójicamente, los criminales de guerra nazis? De degene-
el historiador hebreo desoyó sus propias rar todo esto en un duelo entre perpetra-
admoniciones. En vez de recurrir a fuen- dores y embusteros compulsivos, ¿acaso el
tes mejores, fácilmente accesibles, Segev logro de ese fin podría salir indemne? La
sucumbió a la narrativa de Wiesenthal, respuesta al primero de ese par de interro-
tanto en lo concerniente a la conferen- gantes es afirmativa, negativa al segundo65,
cia de Estrasburgo, como a la ODESSA. siendo francamente falaz la noción de que
Lo dicho acerca de la reunión en el ho- hacer hincapié en las imperfecciones a gra-
tel Maison Rouge de la capital alsaciana, nel de Wiesenthal y su modus operandi es
así como sobre la ODESSA, tiene como perder de vista que sin éste no habría sido
prólogo un planteo de Segev, de timbre enjuiciada la fracción de victimarios de los
apologético, que «como hombre con as- judíos que él ayudó a atrapar. No siendo
piraciones literarias», Wiesenthal tendía a Wiesenthal el único o menos imperfecto
permitirse ciertas licencias: «dejarse llevar de quienes se abocaron a tal fin, ¿por qué
por la imaginación, y, en más de una oca- olvidar, por caso, a los Klarsfeld –germa-
sión, a deleitarse con el drama histórico, na ella, francés él–, y al estadounidense
en vez de apegarse a los hechos puros», Charles Allen? Y sin desdeñar la actividad
aclarándose de manera desfasada que «así de nadie, ¿por qué creer que Wiesenthal
como no era novelista, Wiesenthal tam- era irremplazable, y que sin él no habrían
poco era historiador». Sin embargo, de no surgido otros para ocupar su lugar?
cuestionarse firmemente la indiferencia Segev comparte con el lector la versión
de este cazador para con la precisión de de este cazador sobre Estrasburgo y sus
lo que presentaba como hechos incontes- secuelas, a saber que en la temprana pos-
tables, y de evitar sopesarse el daño que su guerra, cuando trabajaba en Austria para
febril imaginación pudo causar, ¿acaso no la inteligencia estadounidense, «había
se estaría descuidando el potencial educa- visto y copiado, sin retenerlo», un docu-
tivo de la causa de traer ante la justicia a mento sobre esa reunión de líderes nazis

menos en Estados Unidos, fue, a ojos de funcionarios del Ministerio de Justicia de ese país, magrísimo.
Tal lo reflejado por Neal Sher, entonces director de la OSI, al escribirle a Wiesenthal en 1990 que «la vasta
mayoría de sus alegaciones fueron de escaso valor (…), sin proveer usted a la OSI ninguna evidencia
concreta en contra de los individuos culpabilizados en su correspondencia… Ninguna alegación surgida
de su oficina ha resultado en una presentación de la OSI ante la justicia». Segev, p. 375. Para una
versión más extensa y temprana de la misiva de Sher, ver Guy Walters, Hunting Evil: How the Nazi War
Criminals Escaped and the Hunt to Bring Them to Justice, Londres, Bantam, 2009, pp. 383-384.
65
Segev, pp. 27, 311.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 185


en la ciudad alsaciana para discutir su su- cas nazis hubiesen recurrido a la ODESSA
pervivencia de posguerra y posible retor- para facilitarse su escape, o que la existen-
no al poder algún día. A juzgar por lo que cia de ésta estuviese probada. Segev asi-
Segev recogió de Wiesenthal sobre el cón- mismo parece haber hecho suya la inter-
clave, la hipótesis de sus participantes era pretación de Wiesenthal sobre el general
que ante la derrota del Tercer Reich que Dwight Eisenhower, comandante militar
se avecinaba, era «necesario asegurarse la del esfuerzo aliado en Europa y futuro
disponibilidad de fondos para permitir la presidente estadounidense, que habría
huida», es decir el traslado de fugitivos lí- encontrado interesantes esas «minutas» de
deres nazis «a refugios seguros mediante la conferencia. Sólo que quienes conocen
la organización ODESSA y otros canales». el documento saben que este cónclave, a
Se recordará que la ODESSA, supuesta diferencia de las supuestas referencias en
entidad conformada por ex miembros de el mismo a la ODESSA y existencia de la
las SS, habría tenido un rol de primera misma, no fue un invento. Tuvo lugar en
línea en tales huidas. Y, siempre según la abril de 1944 en el hotel antes mencio-
información de Wiesenthal, ésta sería un nado de Estrasburgo. No conformando el
desprendimiento de otra entidad seme- documento las actas de la reunión, éste
jante, Die Spinne (La Araña), con base en en todo caso representa un ensamblaje de
la embajada siria en Italia, siendo el caza- fragmentos de conversaciones de repre-
dor uno de los más importantes creyentes sentantes del Ministerio de Armamentos
y publicistas de su existencia66. y Producción Bélica del Tercer Reich con
No habiendo consultado ese documen- gerentes de nivel intermedio de industrias
to crucial, de cuya existencia, sin embar- alemanas con intereses en la Francia ocu-
go, no parece dudar, Segev se contentó pada. Preparado por un informante anóni-
con la versión de Wiesenthal –su exégesis mo, antes de ser elevado al Departamento
del mismo–, más que con el original67. de Estado en Washington, el documento
Del otro lado, la ausencia de tal consulta no es minuta alguna de esa conferencia,
también le permitió a Segev anotar que y ninguno de sus participantes es de los
después «surgieron dudas sobre la realiza- nombrados por Wiesenthal, así como la
ción de esa reunión», de la misma manera inexistente ODESSA u otros canales de
como no existía certeza de que los jerar- emigración subrepticia no se mencionan

66
Segev, pp. 119-120, 162-163.
67
La primera versión castellana de ese registro puede consultarse en «Apéndice documental», Ignacio
Klich y Cristian Buchrucker, Argentina y la Europa del nazismo, pp. 355-357.

186 NOTAS CRÍTICAS


allí. La evaluación perfectamente posible Wiesenthal, pudo haberlo consultado, lo
de Eisenhower, pues, de ninguna manera que dicho sea de paso es también relevante
evidencia a priori coincidencias suyas con para los demás interesados en ese registro.
Wiesenthal, en particular con la nómina Pero ello estaba lejos de ser lo deseado por
de participantes que éste le adscribió a esa este cazador, difícilmente ávido de hacerle
reunión, o con la ODESSA y demás cana- más mella a su comprometida fiabilidad,
les de escape no tratados en el documen- aquí desnudando otra de sus penosas dis-
to. Pese a tales imprecisiones, o quizás en torsiones, ésta a supuestas instancias de
razón de ellas, Segev evita detenerse para sus empleadores estadounidenses. ¿Qué
tratar en profundidad la importancia de interés podía tener Wiesenthal en admi-
Estrasburgo y la ODESSA en la trayec- tir que en abril de 1944 no había habido
toria del cazador. En cambio, lanza una ninguna ODESSA, y que en esa fecha La
hipótesis jamás probada a satisfacción, ni Araña, entidad de la que la anterior se ha-
remotamente. Dice que: bría escindido, no podía haber tenido su
sede en la embajada siria en Roma, cual-
«es posible que el documento estuviese quiera el apoyo brindado por El Cairo y
fraguado, pero Wiesenthal no habría po- Damasco para la reubicación en Oriente
dido saberlo. Así como creía en la existen- Medio de ciertos ex servidores del Tercer
cia de una central que facilitaba el aban- Reich? ¿Qué rédito podía esperar del re-
dono subrepticio de nazis de Europa, conocimiento que La Araña documenta-
creía en el plan de Estrasburgo para finan- da en registros estadounidenses surgió en
ciar su fuga. En agosto de 1946, publicó su campo Orr, ligada a las redes de inte-
un artículo en un diario local en el que ligencia creadas en 1948 por un ex agente
informaba sobre el fondo nazi de escape. de seguridad nazi para el CIC norteame-
Lo hizo, dijo, a iniciativa de sus superiores ricano69, y que su sede romana, de haber
en la OSS (antecesora de la CIA)»68. existido, sólo podría haberse conciliado
con Siria independizándose en 1946 y
La realidad, sin embargo, es significati- abriendo luego embajadas? ¿Qué benefi-
vamente distinta: el documento aludido cio le habría arrojado corregir la nómina
–no la deformación wiesenthaliana de de participantes en Estrasburgo? Una cosa
aquél que dijo haber transcripto–, existía y era anotar a los asistentes con grafías im-
volvió a estar a su alcance. Efectivamente, precisas, y otra bien diferente era falsear

68
Segev, p. 120.
69
Breitman & Goda, p. 59.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 187


su identidad, planteando nombres de De haber estudiado el documento sobre
personajes más destacados en el afán de Estrasburgo –un verdadero imperativo a
realzar la importancia de la reunión. Al la luz de esta evaluación de la ODESSA–,
interior y exterior del documento sobre Segev acaso habría podido enriquecer su
Estrasburgo, este conjunto de ficciones identificación de fuentes para las apre-
ayuda a entender porqué Wiesenthal evitó hensiones de Wiesenthal con el temor
darse por aludido cuando ese registro fue adicional de que un Forsyth hurgador
publicado en Alemania en 1985, incluido hallase el registro que el cazador decía no
en una colección compilada por el histo- haber conservado, y con él verificase las
riador germano Wolfgang Michalka. torceduras lisas y llanas que éste le había
Más significativo desde el ángulo de la infligido, quedando asimismo al desnudo
eternización de una ODESSA ficticia, em- los cimientos de arena sobre los que se
pero, fue la inesperada visita de Frederick había erigido la fama wiesenthaliana. De
Forsyth, periodista británico y autor de ahí que el cazador se abocara a «la pre-
obras de ficción, «para obtener informa- servación de su propia credibilidad, así
ción de Wiesenthal sobre la organización como de la historia de la ODESSA». Para
ODESSA» a la luz de una novela que pu- ello persuadió a Forsyth a incorporar al
blicaría en 1972, más tarde filmada. En ya aludido Roschmann, sargento de las SS
contraste con su actitud frente a otros au- y otrora comandante del ghetto de Riga
tores, el cazador tuvo sus dudas acerca de durante parte de 1943, a una trama que
Forsyth. Estas tenían que ver con que lo presentaba como una figura importan-
te de la mítica ODESSA, que lo habría
«casi treinta años después de haber es- ayudado a llegar a Argentina en 1948, y
cuchado por vez primera los rumores a incluir un nexo con el conflicto árabe-
sobre la ODESSA, y de haberlos conver- israelí: miembros de la ODESSA conspi-
tido en una de las bases de su propia raban para abastecer armas biológicas a
fama personal, tenía buenas razones Egipto para destruir a Israel71.
para temer que Forsyth lo despojaría Antes de la filmación, empero, Wiesen-
de la historia y la transformaría en una thal debió superar un nuevo desafío. No
obra de suspenso, con lo que ya nadie provenía de Forsyth, sino de una historia-
creería que la organización clandestina dora austríaca, Gertrude Schneider, otrora
había existido en la realidad»70. internada en el ghetto de Riga y autora de

70
Segev, p. 255.
71
Segev, p. 256.

188 NOTAS CRÍTICAS


una tesis doctoral sobre éste. Intentando Segev–, como si la novela y asertos pos-
apaciguar a Schneider, Wiesenthal se sin- teriores del autor estuviesen inspirados
tió obligado a admitirle que los crímenes en hechos realmente comprobados. Sirva
de Roschmann, tal como surgían de su de ejemplo de lo antedicho un revelador
colaboración con Forsyth, eran «algo exa- registro personal del periodista argentino
gerados». Acto seguido, deflacionó de un Alfredo Serra, realizado a resultas de cu-
plumazo las muertes causadas por el así brir para un semanario porteño la muerte
motejado «carnicero de Riga» a casi un de Roschmann en Paraguay. Allí Serra
décimo de los 35.000 judíos mencionados anotó el siguiente diálogo telefónico con
antes. Alegadamente, esta nueva cifra pro- Wiesenthal, al entrevistarlo sobre el caso:
venía de documentación judicial austría-
ca. Más allá de lo que pueda inferirse so- – SW: No es Roschmann. Alguien mu-
bre la fiabilidad de Wiesenthal a partir de rió por él.
esta dramática revisión del número «algo» – AS: Sin embargo, vimos el cadáver…
cargado de las víctimas de Roschmann, – SW: La organización (ODESSA) es
una quita de casi el 90%, de haber sido tan grande que puede disponer de ca-
éstas en realidad 3.800, en vez de 35.000, dáveres de reemplazo. Según mis infor-
todavía habrían sido demasiadas, 3.800 mantes, Roschmann está en Bolivia.
de más, igual que todos los victimizados – AS: Pero hay muchas coincidencias.
por el genocidio nazi, que, cualquiera su Los dedos de los pies cortados, por
número, fueron innecesarios. ejemplo.
Si en sus intercambios con Schneider – SW: Sí, leí acerca de eso en el cable.
Wiesenthal argumentó que lo único im- El dato me confunde porque, para mí,
portante era que el trasfondo histórico de Roschmann no tenía esa mutilación.
la ODESSA de Forsyth fuese preciso, sin – AS: Sin embargo, Frederik Forsyth
que correspondiese esperar de un thriller asegura que sí, y cuenta el caso con
exactitudes históricas, muchos lectores se detalle. Hace apenas un mes le dijo
preguntaron qué parte de la novela podía a una enviada especial nuestra que
considerarse histórica. Forsyth no siem- Roschmann perdió los dedos de los pies
pre fue claro al respecto, en tanto que por congelamiento. A fines del invierno
Wiesenthal y su centro le brindaron un de 1948, mientras lo llevaban detenido
fuerte respaldo a esta obra de ficción –a de Graz a Dachau, saltó del tren por
tono con la anhelada preservación de su la ventanilla del baño. Había mucha
fiabilidad personal y aquélla de la histo- nieve, tuvo que caminar varios kilóme-
ria de la ODESSA que ya había registrado tros hasta alcanzar una población, y se

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 189


le congelaron los pies. La gangrena, ya más crédito a Forsyth que a su propio le-
irreversible, obligó a un médico a cor- gajo sobre éste, pese a su bien evidenciada
tarle los dedos. Eso fue en Roma. Un dificultad para admitir fallas y estrecha
mes después se embarcó en Génova colaboración con el novelista. A la luz
rumbo a Buenos Aires. de esta última, resulta poco creíble que
– SW: ¿Qué archivo consultó Forsyth los descubrimientos de Forsyth no ha-
para conseguir esos datos? brían sido compartidos con Wiesenthal,
– AS: Los archivos británicos. en particular cuando podían ser críticos
– SW: Hummm… Entonces es posible para la identificación de Roschmann. Los
que ese muerto, Wegener, sea Rosch- papeles del cazador también dan fe que le
mann. Mi ficha sobre Roschmann no es tomó hasta dos días, muchísimo menos
demasiado completa72. tiempo que en los casos de Bormann y
Mengele, admitir que el muerto no era un
Más allá de descreer de la muerte de suplente provisto por la ilusoria ODESSA.
Federico Wegner, alias empleado por Claro que Bormann cayó antes de acaba-
Roschmann, tal como había desconfiado da la guerra y los esfuerzos de Wiesenthal
antes de los restos de Bormann y todavía en relación a Mengele sólo cobraron im-
desconfiaría de aquéllos de Mengele, la portancia cuando su fallecimiento lo ha-
antes mencionada alusión de Segev a la bía colocado fuera del alcance de éste. A
excelencia sin igual de Wiesenthal como diferencia de ellos, Roschmann no resis-
manipulador de la verdad, así como de la tió, según Segev, la detección del cazador,
prensa y otros vuelve a asomar su cabeza. con lo cual la inducción de Wiesenthal
De ser textual la transcripción de Serra, y a Forsyth para que se ocupase de él en
en su apoyo cabe señalar que Segev tam- su novela ODESSA había sido menos in-
bién recogió la frase del cazador sobre fructuosa que su quehacer respecto de
el cadáver de otra persona sustituyendo los otros dos. Aun cuando Roschmann
al que se exhibía como perteneciente a también eludió a la justicia, el limita-
Roschmann, Wiesenthal mostró, en efec- do éxito de Wiesenthal fue algo menos
to, no tener muy al día el dossier del ex acotado si se factorea, por añadidura, la
«carnicero de Riga». Y apareció dándole irrefutable contribución de Forsyth a de-

72
Alfredo Serra, Nazis en las sombras. Siete historias secretas, Atlántida (en conjunto con la AMIA),
Buenos Aires, 2008, pp. 116-118. Este volumen refleja muy bien el conocimiento del tema por los
periodistas de línea locales que cubrieron, en su momento, los casos de Klaus Barbie, Walter Kuts-
chmann y Eduard Roschmann.

190 NOTAS CRÍTICAS


jar mejor instalado el nombre de la qui- de archivo europeo oriental ingresado al
mérica ODESSA. Tal lo ilustrado por el dominio público en años recientes. Ati-
formador de docentes argentinos Alberto nadamente, Schneppen concluyó que «el
Sarramone. Con acierto, él reconoce al Holocausto es tratado en la ODESSA de
británico como legitimador del nombre manera semificticia y semifáctica, entre-
ODESSA, reconocimiento que inadverti- lazándose allí lo cierto con lo erróneo, lo
damente para Sarramone es también ex- trasmitido con lo imaginado (…) En la
tensible a Wiesenthal (sin haber sido el dificultad o imposibilidad de distinguir
primero en emplear esa denominación, lo falso de lo cierto está el peligro de esta
éste sí fue su más asiduo explotador). clase de ‹ficción factualizada›»74. Similares
Pero Sarramone se aparta de los hechos juicios críticos sobre la literatura que se
al endilgarle a Forsyth la paternidad de mueve en esa zona de ambigüedad fueron
ese nombre «fruto de la fantasía», o cuan- vertidos por otros estudiosos reconocidos,
do, basado en Goñi, presenta a Perón, entre ellos Raul Hilberg, sin que quepa ig-
«en connivencia con la Iglesia Católica norar cierta semejanza entre lo dicho por
desde el Vaticano, y algunos funcionarios Schneppen sobre Forsyth y la conclusión
de ciertos Estados europeos», como or- de Segev luego sobre hechos y ficciones
ganizador y sustentador de la ODESSA73. en la vida y trabajo de Wiesenthal. El ri-
Simplificadoras de realidades más com- guroso capítulo que Schneppen le dedicó
plejas, ambas irrealidades están ligadas a a los testigos y sus testimonios, entre ellos
elementos de la realidad. a las memorias de sobrevivientes de ese
Dado el descreimiento inicial de Wie- ghetto, muestra la fructífera confluencia
senthal y su acomodación de los hechos a de la metodología de la indagación judi-
ideas preconcebidas, el más detallado vo- cial con la tarea historiográfica, ilustran-
lumen sobre Roschmann que preparó el do además que el Roschmann de Forsyth
diplomático e historiador alemán Heinz es, en su núcleo auténtico, un personaje
Schneppen es particularmente provecho- construido. Allí se mezclan los rasgos y las
so. Éste está basado en documentación atrocidades de varios perpetradores, sien-
germana y la mejor historiografía dispo- do el perfil más aberrante el del verdadero
nible, aquélla que ya procesó el material «carnicero de Riga», Rudolf Lange, coro-

73
Alberto Sarramone, Alemanes en la Argentina. Inmigración, refugiados judíos y nazis con Perón,
Buenos Aires, Ediciones B, 2011, pp. 253-254.
74
Heinz Schneppen, Ghettokommandant in Riga Eduard Roschmann. Fakten und Fiktionen, Berlín,
Metropol, 2009, pp. 211-212.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 191


nel de las SS y doctor en derecho. Pero, –piénsese, por caso, en la labor de Barbie
a diferencia de Roschmann, Lange fue para el CIC estadounidense–, no llevó a
descartado para la obra de Forsyth por no Wiesenthal a expresarse al respecto, sien-
haber sobrevivido al Tercer Reich75. do interesante contrastar ese silencio con
Las ficciones de Wiesenthal sobre Es- su diplomacia del megáfono, empleada
trasburgo y la ODESSA se ven realzadas para sermonear a otros países. A imagen
por la presencia de Walter Rauff, inventor y semejanza de Wiesenthal, difícilmente
de la cámara de gas rodante, entre los líde- asombre que Camarasa no haya aludido a
res de esa organización, contándose Otto la colaboración de Skorzeny con la inteli-
Skorzeny en un rol conductor asimismo, gencia hebrea, tal como lo hicieron varios
según ciertas versiones76. Curiosamente, historiadores, siendo Segev de los prime-
empero, Rauff colaboró desde Siria con ros en difundirlo en una obra previa.
la inteligencia israelí en la temprana pos- La inexistencia de la ODESSA provocó
guerra, y Skorzeny, considerado al igual distintas reacciones entre los periodistas
que Rauff como criminal de guerra por argentinos antes mencionados. Nadie co-
Wiesenthal, hizo lo mismo años después mo De Nápoli, sin embargo, en materia
en Egipto. Si bien los papeles consultados de originalidad al respecto. Éste optó por
por Segev sugieren que el cazador desco- referirse a una Spinngewebe (Telaraña), que
nocía ese antecedente de Rauff, estaba al recuerda a La Araña como «la organiza-
corriente de aquél de Skorzeny. Sin em- ción que estructuraron los nazis para faci-
bargo, la devaluación de la caza de crimi- litar la fuga»77. Siendo tales arácnidos y su
nales de guerra implícita en la emulación quehacer menos conocidos en Argentina
israelí a otros servicios de inteligencia, que que una ODESSA desacreditada –si bien el
también reclutaron a ex criminales nazis nombre sigue empleándose para refutar su

75
La valiosa yapa de este libro está plasmada en el estudio de la llegada de Roschmann aquí. A
contramano de Wiesenthal y, por ende, de Forsyth, Schneppen muestra la evidencia de la partici-
pación de un elenco de actores menos sensacionalista que la imaginaria ODESSA en su arribo aquí:
contrabandistas y simpatizantes nazis, o fascistas austríacos e italianos; la Cruz Roja en tandem con el
organismo vaticano para refugiados y el obispo austríaco Alois Hudal, así como representantes de las
autoridades inmigratorias argentinas, sin por ello ignorar a un tío de su mujer aquí, al que el prófugo
acudió para la compra de su pasaje a Buenos Aires.
76
Desde su radicación en Chile, Rauff sobrevivió varios pedidos de extradición, ninguno presentado
por Israel. Puede pensarse que ese rol de Rauff en Siria, y aquél en el equipo germano que negoció
con Estados Unidos la rendición alemana en Italia, tuvieron su parte en su inmunidad a la extradición.
Klich, «El ingreso», p. 419.
77
De Nápoli, La fórmula, p. 12.

192 NOTAS CRÍTICAS


inexistencia y para subrayar las deficien- hacia el final de la guerra papeles falsos a
cias de quienes insisten en negar su irrea- centenas de funcionarios. Buscando dar-
lidad–, ésta fue la creativa opción elegida les refugio al interior de Alemania, algu-
por De Nápoli para seguir aludiendo a la nos personajes organizaron por su cuenta
mítica ODESSA sin tener que nombrarla. dos centros clandestinos –la Hermandad
Y en lo atingente al botín traído al país por y el Círculo de los Gauleiter–, además de
los auspiciados de la ODESSA, Camarasa células más pequeñas basadas en relacio-
remite a un artículo en la revista Somos con nes personales. Figuras influyentes de la
tal abundancia de pifias como para tener Iglesia jugaron, independientemente, un
que tomar ese inventario cum grano salis78. rol facilitador importante en la huida de
Más importante que tales ardides es tener Europa de quienes así lo requerían. A su
presente que la quimera de la ODESSA de turno, los intereses compartidos por el ge-
ninguna manera significa ignorar las redes neral alemán Reinhard Gehlen, el ejército
que ayudaron a distintos nazis en huida a estadounidense y la antecesora de la CIA
mudarse a este continente, Oriente Medio produjo a partir de 1946 un servicio secre-
u otros destinos. to que dio trabajo a numerosos ex agentes
Del lado argentino, ya se mencionaron nazis. Algo parecido ocurrió con el grupo
los documentos de viaje provistos por el de Otto von Bolschwing y las operaciones
gobierno de Perón. Adicionalmente, las Apple Pie y Bloodstone, conducidas por los
investigaciones de la antes aludida CEANA servicios anglonorteamericanos. Al otro
determinaron que luego de un encuentro lado de la cortina de hierro, no faltaron ex
con Perón de 1947 distintos europeos re- nazis reubicados en el aparato estatal de la
cién desembarcados crearon, con venia ofi- RDA. Parte de estos agrupamientos tuvo
cial, la Sociedad Argentina de Recepción laxa supervisión de un gobierno, siendo
de Europeos. Por menos de un año ésta los demás autónomos y hasta hostiles en-
asistió a conseguir los requeridos permi- tre sí. Un mando y planificación centrali-
sos de libre desembarco argentinos a dis- zados, como lo postulan quienes hablan
tintos necesitados, especialmente a aqué- de una ODESSA de alcance mundial, no
llos que habían actuado en los regímenes hubo ni es ajeno al género de la ficción,
del Eje, criminales incluidos79. Mucho restando escribirse una historia integral
antes, la policía de Flensburgo repartió de toda esta semisecreta zona de conexión

78
Camarasa, Puerto seguro, p. 115.
79
Diana Quattrocchi-Woisson, «Relaciones con la Argentina de funcionarios de Vichy y de los colabo-
radores franceses y belgas, 1940-1960», en Klich, Inmigrantes, pp. 217-222.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 193


entre la Europa del Eje y el mundo de la de guerra del nazismo aquí aludieron,
Guerra Fría. explícita o implícitamente, a la falseada
Expuesta la deformación de Wiesenthal versión de Wiesenthal sobre Estrasburgo.
del documento sobre Estrasburgo y la Y sirviéndose de ella, trataron de llenar
ODESSA, tienden a quedar asimismo más los espacios dejados vacantes, sea sobre
expuestas otras alegaciones suyas, algunas las facilidades a disposición de los que
ligadas a la Argentina y mencionadas en afluyeron, o a propósito del expolio que
sus memorias, aunque no tratadas por trajeron, incluso a bordo de submarinos
Segev. Sin ser las únicas, tal, por ejem- más tarde hundidos. Pero cuyos restos,
plo, es el caso de los 60.000 criminales de valga la repetición, están muy lejos, por
guerra del nazismo acogidos por Perón supuesto, de haber sido hallados.
y la supuesta recompensa de 100 millo- Complementando la versión de Wiesen-
nes de dólares, cuando no el doble, que thal sobre Estrasburgo y la ODESSA,
ello le habría redituado, datos cronoló- Camarasa creyó haber logrado echar-
gicamente precedidos por el cálculo de le mano a un documento de la Policía
60.000 afiliados en Argentina del partido Federal, de copia facsimilar reproducida
nazi (NSDAP), cifras todas ellas irrepeti- en su primer libro sobre Argentina y los
bles por no encontrarse seriamente evi- nazis. Datando de 1967, este registro sir-
denciadas80. Por añadidura, no es mera vió de punto de arranque para un par de
casualidad que casi todos los periodistas notas emitidas por el semanario Última
que mencionaron el arribo de criminales Clave, antes de que Camarasa lo aborda-

80
Aportada por Wiesenthal, la cifra de 60.000 criminales de guerra del nazismo acogidos aquí es muy
superior al saldo migratorio de alemanes y austríacos, cualquiera su filiación política o confesional, que se
radicaron en el país durante 1945-1955, más el total de los alemanes étnicos con filiaciones semejantes,
detentadores de otras nacionalidades, y los nazis venidos con identidades asumidas. Coincidentemen-
te, Wiesenthal había mencionado antes que la rama argentina del partido nacionalsocialista alemán
(NSDAP) tuvo el mismo número de afiliados, cantidad que tomó prestada de Raúl Damonte Taborda, ex
presidente de la CIAAA, y que seguía repitiendo dos décadas después de que el Senado estadounidense
tuvo documentado en 1946 que fueron menos de 2.500. Joseph Wechsberg (ed.), The Murderers among
Us: The Simon Wiesenthal Memoirs, Nueva York, 1967, p. 338; Ignacio Klich, «Perón, Braden y el
antisemitismo: opinión pública e imagen internacional», Ciclos, vol. 2, N° 2, 1992, pp. 19-20. Habiendo
argumentado en Los nazis en la Argentina (Legasa, Buenos Aires, 1992) que Perón fue retribuido con
una casa en la capital egipcia, y más tarde caído en la cuenta que estaban en lo cierto quienes soste-
nían que una recompensa tal no habría sido una muestra de agradecimiento, Camarasa abandonó tal
residencia cairota a favor de una tampoco documentada millonada, mencionada en su Odessa al Sur.
La Argentina como refugio de nazis y criminales de guerra (Buenos Aires, Planeta, 1995).

194 NOTAS CRÍTICAS


ra. Allí se decía que Perón, en calidad de afluencia nazi, no enviado oficial81. Pese
jefe de la logia militar con la que llegó al a un dechado de imprecisiones que exce-
poder en junio de 1943, había accedido a de a las arriba expuestas, la reproducción
un pedido del embajador alemán: alrede- completa de este documento policial por
dor de 20.000 documentos de identidad parte de Camarasa se concretó sin alertar
argentinos para quienes estarían expues- al lector menos bien informado sobre ta-
tos a persecuciones en la posguerra. Tales les minusvalías decisivas82.
papeles en blanco le fueron remitidos a En suma, bien leído, Segev ha producido
Himmler en Estrasburgo en agosto de una biografía de Wiesenthal que, pese a lo
1944 a través del attaché militar germa- señalado sobre Estrasburgo y la ODESSA,
no Von Leers. Claro que tan denodado contribuye a su desmitificación, no así a
esfuerzo por ligar los documentos de la de otros cazadores, ni por supuesto a
viaje argentinos con la conferencia de su justa causa. Remediable en alguna fu-
Estrasburgo es difícil de conciliar con la tura edición, si su autor así lo deseara, la
cronología de los personajes e institucio- consulta del documento sobre la reunión
nes nombradas. Por caso, el embajador en la capital alsaciana engalanaría a este
del Tercer Reich en Buenos Aires retornó de por sí valioso volumen. Lo mismo
a Berlín para siempre a inicios de 1942, puede decirse sobre un relevamiento de
y el GOU no fue creado antes de fines las deformaciones wiesenthalianas acer-
de ese año. Es decir que Perón no habría ca de la Argentina, importante secuela
podido satisfacer un pedido tal, en caso rioplatense de las distorsiones sobre las
de habérselo hecho ese representante ger- que este cazador construyó su celebridad.
mano. Y Von Leers, que no era diplomá- Con prescindencia de lo antedicho, está
tico ni se encontraba en Argentina en la claro que este volumen de Segev, junto al
primera mitad de los años cuarenta, no de Schneppen, es desde lejos, parte de la
llegó al país como Hans Euler antes de literatura altamente recomendable sobre
1946, ni post-1950, siendo parte de la Argentina, o de relevancia para ésta. En

81
De haber arribado antes de 1949, ello agregaría dudas al hallazgo de un periodista estadouni-
dense, descubridor ese año de La Araña, con Von Leers a su cabeza. Ignacio Klich, «Documentos,
desinformación y la llegada de nazis al Río de la Plata», en: Hellen B. Soriano (comp.), Encuentro y
alteridad. Vida y cultura judía en América Latina, México, UNAM/Universidad Hebrea de Jerusalén/
Asociación Mexicana Amigos de la Universidad de Tel Aviv/Fondo de Cultura Económica, 1999, p.
332; Breitman & Goda, p. 60.
82
Para un análisis de ese documento, ver Ignacio Klich, «The Nazis in Argentina: Deconstructing Some
Myths», Patterns of Prejudice, vol. 29, N° 4, 1995; ver también Klich, «Documentos».

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 195


cambio, los mitos alentados en obras de referirse a la edición revisada del tomo de
los periodistas locales reseñados tienden a Goñi sobre los criminales venidos al país,
ilustrar, entre otras cosas, una elementali- y sus vías de ingreso aquí, como descollan-
dad algo rasa de su conocimiento sobre el te en el terreno del periodismo investigati-
tema. No en vano Schneppen observó que vo local. Cierto es que este libro se acerca
es «seguro que la ignorancia juega un pa- más a lo acostumbrado en el ámbito an-
pel, ya que a los productores de mitos les glosajón, donde se publicó su versión ini-
falta tanto el conocimiento de la materia, cial en 200284, es decir mayor relevamiento
como el del oficio del historiador»83. Pero de materiales de archivo e historiografía.
esas obras periodísticas también eviden- Pero tales atributos no justifican su estilo
cian el condicionamiento de sus autores a expositivo, que puede alentar al lector no
nociones previas que los atraviesan, reali- especializado a creer que se trata de una
dad ésta que ha actuado como obstáculo obra definitiva, en principio algo de por sí
mayor para el reemplazo de lo fabulado generalmente difícil, pero que además no
por el material serio de archivo. Con ese es el caso por una diversidad de razones
trasfondo, puede concluirse que el ejem- adicionales, abordadas más abajo.
plo de Wiesenthal, sin ser el único, fue Cuantitativamente significativa, su bi-
influyente para ciertos periodistas locales bliografía adolece, empero, de notables au-
–no sólo De Nápoli, Camarasa y Basti–, sencias: no incluye a más de una docena de
exacerbando su propensión a fantasear. trabajos importantes, que permiten ubicar
Comparado con los antes mencionados, el tema de la afluencia nazi en su dimen-
parece un pobre halago, independiente- sión multinacional85, y dar una imagen
mente de su precisión y ajuste a la realidad, adecuada de la magnitud y estructura de

83
Heinz Schneppen, Odessa und das Vierte Reich. Mythen der Zeitgeschichte, Metropol, Berlín,
2007, p. 214.
84
Para recensiones de The Real Odessa: How Perón Brought the Nazi War Criminals to Argentina,
de Uki Goñi, Granta, Londres, 2002, ver, por ejemplo, Ignacio Klich, en: Antisemitism Worldwide
2002/3, Universidad de Tel Aviv, 2004, pp. 81-84; Cristian Buchrucker, en: Estudios Sociales, año
XIV, n° 27, 2004, pp. 200-204.
85
Los ausentes incluyen, por caso, a Clive Ponting, Armageddon: The Reality Behind the Distortions,
Myths, Lies, Illusions of World War II, Random House, Nueva York, 1995; Christiaan F. Ruter & Dick
W. de Mildt (eds.), Justiz und NS-Verbrechen: Sammlung deutscher Strafurteile wegen nationalsozia-
listischer Totungsverbrechen, Amsterdam University Press, Amsterdam, 1968; Matthias Schoenwald,
Deutschland und Argentinien nach dem Zweiten Weltkrieg. Politische und wirtschaftliche Beziehungen
und deutsche Auswanderung 1945-1955, Schoeningh, Paderborn, 1998; Reinhard R. Doerries (ed.),
Hitler’s Last Chief of Foreign Intelligence: Allied Interrogations of Walter Schellenberg, Cass, Londres,

196 NOTAS CRÍTICAS


sus apoyos argentinos. En cambio, aporta cadas de manera directa o indirecta en el
una serie de afirmaciones que no terminan aparato represivo y genocida del nazismo,
de ser desarrolladas, ni fundamentadas. relación clave para evaluar la dimensión
Esto es tanto más destacable por cuanto argentina del fenómeno.
el relato de Goñi muestra que el arribo de El universo de los implicados en tal apa-
nazis, contrariamente a lo que éste procura rato excedió las 250.000 almas. Desde 1945,
demostrar, fue una empresa multinacional, y hasta la década de 1960, los angloameri-
más vasta que la mencionada por él. canos, franceses, alemanes y los gobiernos
El tratamiento de Goñi de los criminales comunistas procesaron como criminales
nazis arribados, sus apoyos locales y otros, a una cantidad en exceso de 38.000 ale-
también aleja a esta edición revisada de manes, además de los 24 de Nuremberg.
una obra definitiva sobre el tema. Está Otros miles fueron ejecutados en 1945-
claro que las fabulosas cifras difundidas 1946 merced a sumarísimos juicios de paí-
por Wiesenthal y otros han caído en des- ses como Yugoslavia, o se suicidaron en los
uso, consignadas a la pouvelle de l’histoire, últimos meses de la guerra. Frente a esos
subsistiendo discrepancias menores en miles, los llegados aquí, importantes cual-
materia de conteo. Ya se mencionó que quiera su número, fueron más bien pocos,
los estudios de la CEANA señalaron como conclusión voceada por el académico an-
criminales de guerra al menos a 180 eu- glogermano Ralf Dahrendorf en su eva-
ropeos de distintas nacionalidades, 27 de luación de los trabajos de la CEANA como
ellos alemanes y austríacos, en tanto que miembro de su Panel Internacional.
Goñi –presentador de ese mismo total en Y ante la pregunta de si Argentina fue
una obra previa de 1998, sin mencionar a el país que albergó al mayor número de
la CEANA–, más tarde llegó a creer que tales criminales, cabe volver sobre algo ya
ellos fueron 228, de entre los cuales 33 se- señalado por el historiador Herbert. Si
rían alemanes y austríacos. Pero Goñi no bien no hay estadísticas para cada país, al
se interesa en la relación entre tales canti- menos se cuenta con buena información
dades y la totalidad de las personas impli- sobre Alemania y Austria. De ésta surge

2003; Richard Breitman, Norman J.W. Goda, Timothy Naftali & Robert Wolfe, U.S. Intelligence and the
Nazis, Cambridge University Press, Cambridge, 2005; Uwe Luebken, Bedroliche Nahe: Die USA und die
nationalsozialistische Herausforderung in Lateinamerika, 1937-1945, Franz Steiner, Stuttgart, 2004;
Ernst Klee, Das Personenlexikon zum Dritten Reich. Wer war was vor und nach 1945, S. Fischer, Francfort
del Meno, 2007; Holger Meding & Georg Ismar (eds.), Argentinien und das Dritte Reich. Mediale und
reale Praesenz, Ideologietransfer, Folgenwirkungen, Wissenschaftlicher Verlag, Berlín, 2008.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 197


que fue allí –pese a la ocupación aliada– dad local, cosa que no puede sostenerse
donde se refugio la mayoría de los que con fundamento: más bien fue la norma
tenían algo que temerle a la justicia. Baste en esa época. Los esfuerzos tendientes a
con revisar el diccionario biográfico de identificar, controlar y procesar languide-
Ernst Klee para encontrar, por caso, 131 cieron después de 1946 y un documento
alemanes y austríacos de esa clase entre argentino hallado antes de la CEANA de-
los comprendidos entre las letras A y la H. mostró que las propias autoridades esta-
Sólo 28 de estos fueron procesados, y ello dounidenses manifestaron en febrero de
recién en las décadas de 1960-1970, tras 1947 que cada país del hemisferio ame-
larga permanencia suya en la clandestini- ricano debía tener «completa libertad de
dad. Muchos del resto incluso no tuvie- acción» para ocuparse de todos esos euro-
ron mayores inconvenientes para ubicarse peos86. Por su parte, la justicia alemana y
en buenos trabajos civiles. Por tanto, la austríaca no se mostraron muy laboriosas
obra de Klee no sólo ayuda a evidenciar la para tramitar extradiciones: para los 27
conclusión de Herbert, sino también con- candidatos identificados en la Argentina
firma aquélla de hace medio siglo, enton- no hubo sino nueve averiguaciones a lo
ces impresionista, de otro autor germano, largo de cinco décadas, de las cuales sólo
Tete Hare Tetens, sobre el liderazgo ale- dos fueron en 1949-1955.
mán en materia de refugio para crimina- Por último, resulta asombroso que dos
les. Nada de ello, por supuesto, asoma en yerros importantes de Goñi, corregidos
la obra de Goñi. en la versión alemana de este volumen
Goñi también acompaña a los periodis- no hayan sido enmendados en esta ree-
tas e historiadores que mostraron la facili- dición. Es posible ligar esas correccio-
dad con que el interés en los así llamados nes al deseo de sus editores germanos
«alemanes útiles» llevó a ahorrar indaga- de rescatar a Goñi de un par de errores
ciones sobre las credenciales profesionales significativos sobre dos otrora diplomáti-
de técnicos, militares o meros trabajado- cos del Tercer Reich, Karl Klingenfuss y
res anticomunistas invocadas por ciertos Franz Rademacher, de modo parecido a
represores y genocidas del Tercer Reich como la editora italiana de Camarasa lo
y aliados. Pero deja la impresión que esa hizo con su descreimiento de la muerte
receptividad habría sido una peculiari- de Bormann87. Corolario, el hispano ha-

86
Ver, por ejemplo, Klich, «El ingreso», pp. 415-416.
87
Schneppen, «De todas las Odessas», p. 238, n. 60, pp. 239-240, n. 73; Klich & Buchrucker, p. 273.

198 NOTAS CRÍTICAS


blante no ha tenido la suerte del público nacionalista Juan Carlos Goyeneche, dice
germano: en alemán, Goñi se abstiene de que desde antes de 1942 éste viajaba en
presentar a Klingenfuss como responsable «misiones secretas» a Alemania, antesala
del hundimiento de una nave con más de a una «alianza» jamás concretada de la
750 judíos deseosos de llegar a Palestina Argentina del GOU con esa potencia88.
–677 en la estimación errada de Goñi–, Ciertamente, Goñi no consultó la do-
rol que Schneppen demostró que éste ja- cumentación diplomática germana, mos-
más tuvo, ni pudo haber tenido. En ale- trándose además reluctante a abandonar
mán, Goñi también evita hacernos creer ciertos artículos de fe, como el quiméri-
que Rademacher se refugió en Argentina, co pronunciamiento pronazi del GOU,
país al que no vino. Contrastando con los escritos judeófobos de Perón et al.
ese acierto de los editores germanos, na- Ninguno de ellos posee base documental,
die extirpó del manuscrito otros errores, salvo que se le asigne tal calidad a la litera-
tanto o más gruesos que éstos. Así, por tura de combate de los decenios de 1940
caso, sigue pudiendo leerse en esta reedi- y 1950. Más sutil que sus ya mencionados
ción que el manifiesto del GOU de mayo pares, Goñi comparte con ellos, empero,
de 1943, claro en su contenido nazi, ha- un sesgo antiperonista, bien reflejado en
bría sido escrito por Perón, si bien esa sus escritos. Sólo que a diferencia de los
proclama muy citada era un documento tres periodistas antes aludidos, refracta-
fraguado: ni forma parte del volumen rios a una consulta rigurosa de los regis-
documental sobre esa logia militar del tros disponibles –actitud afín a aquella de
estadounidense Robert Potash, y su falsía Wiesenthal vis-à-vis la documentación
fue señalada por varios historiadores, ni sobre Estrasburgo–, Goñi ha revisado
Goñi ofrece evidencia alguna para recon- más material de archivo. De ahí la creen-
siderar tal falsedad. Sin aportar pruebas, cia implícita que sus cuantiosas notas al
Perón también habría sido para Goñi el pie tornan menos perceptible la carencia
autor de textos judeófobos del GOU, que de soporte documental para ciertas ficcio-
el historiador italiano Loris Zanatta logró nes. Más generalmente, Basti, Camarasa,
establecer hace tiempo provenían del pa- De Nápoli y Goñi parecen intuir la inexis-
dre Wilkinson. Y en cuanto al publicista tencia de material serio en repositorios re-

88
Uki Goñi, La auténtica Odessa. Fuga nazi a la Argentina, Paidós, 2° edición actualizada, Buenos
Aires, 2008, pp. 16, 34, 55 y 72. A propósito de Goyeneche, ver Cristian Buchrucker, Nacionalismo y
peronismo. La Argentina en la crisis ideológica mundial (1927-1955), Sudamericana, Buenos Aires,
1987, pp. 227-230.

ESTUDIOS SOCIALES 41 [segundo semestre 2011] 199


huidos o incompletamente relevados para Perón como el «coronel nazi» durante la
sustanciar ciertas nociones míticas. Sin campaña electoral y presidencia de éste,
proponérselo, un texto del periodista ar- como parte de un enfrentamiento en el
gentino Pablo Sirvén pone de manifiesto que unos y otros se endilgaron «los más
cuán marcada, y por ende condicionante absurdos cargos»89.
de los respectivos textos de este cuarteto, Habiendo acertado Goloboff al señalar
es la intensidad de su sesgo político. La que «lo mítico del mito es que no puede
simpatía inexistente de Sirvén para con cercárselo, que no se acaba, que siempre
los «buenos aprendices de Mussolini y continúa interrogándonos, más allá de
Hitler» en el GOU no le impide anotar toda razón, de toda lógica, de toda ex-
que éstos, «por supuesto, eran mucho más periencia material», es crucial acentuar
inofensivos», y que la visión del gobierno la prescindencia del razonamiento y de la
militar como «un retoño del fascismo», si documentación, más allá de la ignorancia
bien lógica en el período bélico, era fun- ya señalada por Schneppen, como ingre-
cional a una creciente «psicosis» animada dientes esenciales para que autores como
por los aliados para que Argentina aban- Basti, Camarasa, De Nápoli y Goñi sigan
donara la neutralidad. Asimismo, Sirvén alimentando mitos sobre Argentina y los
presenta a «la ayuda nazi que habrían re- nazis90. Pero no es con esos insumos que
cibido las autoridades militares antes de se ha de avanzar con la afirmación de una
la caída del Tercer Reich», y a alusiones a cultura política democrática local.

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Pablo Sirvén, Perón y los medios de comunicación. La conflictiva relación de los gobiernos justi-
cialistas con la prensa 1943-2011, Buenos Aires, Sudamericana, 2011, pp. 70, 93 y 98.
90
Página/12, 28/04/2011.

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