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APUNTES

HISTÓRICOS
DE LA FIESTA
DE LOS TOROS
EN ESPAÑA
Isidro Gómez Quintana
« P IT O S ; B, M O UW A. OÓHDOB&

APUNTES HISTÓRICOS
A C E K O A X3 J S

FIESTA IE TOROS El ESPÍA


SU OfilGEfí, CAMBIOS V VICIÍHTVCES QUE HA SUFRIDO HASTA

ADQUIRIR EL CARÁCTER DE

FX8ST& T3fACIQKP&X*
B I O G - E A F I A S
DE LOS MAS CÉLEBRES LIDIADORES. DESDE LOS ROMEROS
HASTA LOS CONTEMPORÁNEOS

[ ,S M. ;¡; =i> i n¡:¡ IN-Ir > i' :r

I S I D R O Q O M ' Z Z Q lW T Á íT ’At
(K . 0£3I_ T.)

T O M O I

C Ó I Í P 015A .
[in p . L a Y k i ; i >A!‘: LÜ ü ’lT k i IX

m a i ȟ : i > s r m i/ L A .
a i|r f'n iJA M li) |T . I ■!■. I'iü n iiii:'. l.iln > m 1l-H .IN A M 'lM t! ¡T . S¡i-r|W, iiihii- •>!
1 8 9 7
CIA
cr aíacl JftoJma cpóittí(c¿

jílaeS ÍP O indiscutible de ¡a (¿^aurcmácjuia, a!

heredero de las c¡lorias de P e p e v^llo v /)í\ on-

tes, á la primer ficjura del toreo español,

dedica é sto s S h u n t e s , como testimonio de

admiración y respeto más profundo,

C9 / 7(S tu ío tf

¿ y /
Q y ^ /a r c t Q / é 'm c z (L ¿ a in ¡ fa n € r .
" d )
CUATRO PALABRAS AL LECTOR

Al dar á luz eslos A r r vn-:s, lu hago sin prcí en piones


-le ningún gvncr o, pues ni .soy escritor de j >r u íV.si-V11 * ni
á t.auLu 11rgan mis couoci mie-ntus inlelucí. nales. Mi papel
en el piesente trabajo queda solo red acido ai de Jk\! re-
(‘Opilador de cuantos dalos lie logrado hallar, relaciona­
dos con la Fiesta de tnnw.
Alimonado de toda la vida, lie podido comprender
que apenas hay español que no se entusiasme por nues­
tra fiesta nacional. }Tsin embargo, son pocos los que
conocen la Historia del toreo y las causas originarias
de su popularidad, Est,o, que parece inverosímil, es cier-
ti si ni o. y en particular entro la c'ase del putblo, al que
me fiíorgulíí-'/cn dr p Ttenecer,
Tai es Cónsuleraciunes me han movido á, dar a luz
este trabajo, en el que no se hallarán galanuras propias
de escritor castizo y sí las incorrección es de quien, con
más voluntad que facultades literarias* procura com­
pendiar cuanto sobre la materia han dado á luz eminen­
tes escritores taurófilos de este siglo.
VI
Buenos son mis propósitos; si consigo o no re alizar­
los, el público ha de decirlo, esperando que sea más be-
névulo que justo, siquiera en g ra cia á los deseos que me
an im an y ¡V la sinceridad con que reconozco lo hum ilde
de mi trabajo.
Si plum a mejor co rta d a tom a á su cargo algún dia
la ardua em presa de escribir la Historia general thl
toreo, hallará en estos A p u n t e s h i s t ú i í i c o s datos precio­
sos, que con constancia y oían he p rocu rad o d e s e n tr a ñ a r
de empolvados archivos y rancios cronicones.
A ntes de te rm in a r estas Cuatro Palabras pido igual
benevolencia á la pre n sa española, p ara j u z g a r mi mo­
desto trabajo.
I s i d r o G. Q u i n t a x a
Marzo de 1807.
A P T O T S a H S S T Q R tO Q S

A CE R C A DE

S I R V A DE P R Ó L O G O

E l origen de la F m t a de toros se oculta entre las


som bras de la más re m o ta antigüedad , y cuantos esfuer­
zos h an hecho los historiadores para fijar con exactitud
la época en que tuvo lu g a r este acontecimiento, no son
o tra cosa que deducciones m ás ó menos a v e n tu r a d a s é
inadm isibles, como fu n d a d a s eu débiles conjeturas.
U n os a trib u y e n á los m usulm anes el fomento del espec­
tácu lo taurino, en les prim eros siglos de su dominación
en n u e s tra patria; otros aseveran la creencia de que
Ja lidia de la f u r a astad a se re m e n ta á los primeros
VTií
afina riel mundo, piles de hi necesidad que tuvo oí hom ­
ine p iim itiv t'—dicen de proporcionarse medips con
!jue dom inar á losltiiinitos anim ales ele que se veía r o ­
deado, le sugirió la i lea. á posar de su rudeza, de s erv ir­
le de ¡‘tíos para, a pod erarse del calía lio, del foro y de otros
irra c io n a le s ya para utilizarles á sus necesidades, ó p a ­
la ¡servirles de alimento; del mismo modo-“-repiten —-
tendría su origen la lidia ó capeo de reses bravas, único
medio de burlarlas y ; "librarse de sus feroces acom e­
tidas.
S uficientem ente com probado está por distintos his­
toriadores que el toro tuvo g ra n preponderancia, des­
de los tiempos mas remotos, en la H isto ria de varios
pueblos. « t . .
( 71a: 1 11ou ta i ti ,v 11í\ c e v e r i le man o r a mii y s i n g u 1*ir e 1
prip'/l im porta nt ísi mu ijite re presentó cu Ir] anas i'-[jocas
est*- fiero rum ian te.
J U is Uiiinit is investigaciones que liemos h e c i m pa-

ra poder descubrir (huíde y en-qué época tuvo lu g a r por


p rim era vez la F/csfa de íoro.<\ nos lia sugerido la idea
de valernos en un priucipío de Ja Ir s Loria y costumbres
del pueblo rom ano, en cuan to g u a rd e relación con el
as unto que investigamos.
La im portancia que e n tre los ro m anos tuvo el torOj
dem uéstralo la diferencia que existía, según P l u t ar c o ,
entre el 7 'rittnplto y Ja (Jrar/úu. (1; E n el prim ero, la vic­
tim a era el lorr»; en el segundo, sacrificábase una oveja.
E n los jueg as A[!(>í inarvs era el toro tina de las víctimas
destinadas ni sacrificio. En Jos Ci r wnMs , tam bién inino,
1 base un ¡oro. P a ra celebrar el casam iento e n tre los ro ­
manos. sacrificábate una res vacuna, en honor de Jfuiot
líni i limiten autores h an hecho p rev alecer la id ea
(1) Triunfo menor.
tx
de qtte los rOmanos fueron los prim eros en in tro d u c ir
en sus Circos de la Ciudad E t e r n a la Fiesta de toro?;
más no aseguran que á su vez la im p o rtara n á España^
en los primeros siglos de su lata dominación en la P e ­
n ín sula l i é rica.
Sin que pro tundamos h ac er la H isteria de este g ra n
pueblo que por espacio de veinte siglos im puso sus le­
yes al m undo por la fuerza de las a r m a s —pues ni la ín ­
dole de este trab a jo lo perm ite, ni nos creemos capaces
de tan árdua em presa,—sé a nos perm itido, al menos,
in v e s tig a r las causas cjne pudieron influir en el mismo
p a r a in tro d u cir en sus costum bres la lucha del toro con el
Itontbre¡ y cual fue su origen. P a r a la realización del ob­
jeto que nos anim a, creemos ocioso re p etir que p a ra ello
pe n sai n os valernos de la Jf/Uu-ria de Ha tua y de varios
docum entos an tigu os y crónicas de distintas épocas que
liemos tenido ocasión de co nsu ltar en .Bibliotecas y a r­
chivos de diferentes poblaciones de la Península.

II

«La ciudad de R oma f ue fundada por Rómulo y Jie-


»»¿o, hermanos, el año 23} ó el I I I de la V I Ohjmpiada ( 1 )
»de Ip hito. r e y de Ilidia, el 3Üfil del P eríodo Ju lian o ,
(*2) el 753 antes de la Er a C ristiana, el 431 después del
(l) ijft Olimpiada ó Juegos Olímpicos, fueron instituidos en
(í recia por l Irreal es el aíío 20; W ti el mundo: ¡¿e celebraban de cua­
tro en cuatro anos. Pespues de una larga interrupción, fueron
restablecidos por Iphito. rey de llidin, el ano 0278 del mundo, ó
sea á los 742 de sol- laudados por llcnmíes ■ vBus[''i’iEK-l-Ü*t. r u v .)
i.'2'} K i itcrítul) ó a))n J u l i a n o , so l l a m ó a s í por^m. e l TOS de
J io n ia , s i e n d o J a h u Ccsay C ó n s u l l a c u a r t a v e z , e s t a b l e c i ó e l a n o
r om ;in o, ipuj e s t a b a c o n f u n d i d o , m a n d á n d o l a a ñ a d i r a l g u n o s
d í a s i n t e r c a l a r a s , p o r l o q u e e l a ñ o 708 f u é de 145 d ía s, ( e l 45 ilu ­
t e s do la E r a C r i s t i a n a . )
»incendio de: Troya, y el 38()1 de la Creación, oorrespoü-
»diento al dia ;21 del mes de Junio, hallándose el sol
»en Tauro.»
¿Que extrañ a, pues, que entre, los romanos ejerciera
gra n influencia el toro si su historia nació con el signo
de este ñero rum iante? Eo sacrificios, monedas, medallas
etc., figuró siem pre y como p arle in te g ra n te de las mis­
mas un toro. E n las ceremonias religiosas L a Mr o t 1 ) y
Armi-htstria una de las víctimas inm oladas eu lio ñor
de los Dioses del politeísmo romano, era el (oro.
Según Prudencio, la ronsatjración d é lo s Pontífice* p a ­
gano*, se hacía c^n (tere moni as bien ex tra o rd in aria s.
<^Se entraba al (dedo en un g ra n de foso, con sus ves-
»tiduras pontificales; este foso se ta p a b a con una tab la
»tala d ra d a con muchos agujeros. Entonces el riethuario
»y los demás Flara-i'\>s (^) que servían en los sacrificios
aponían en la ta b la un loro adornado con gu irn ald a s de
»llores y dejaban correr la s a n g re por los ag ujero s de Ja
» tabla sobre el Pontí f i c e, que se frotaba con ella los oíos.
»la nariz, las orejas y aun la lengu a. De>pués de esta
»cerem onia lo sacaban de allí lleno de sangre y m u d án -
»dole los vestidos, lo llevaban á su casa, donde le tenían
»p reparad o 1111 expíen di do /radium. i banquete).»
Así refiere (j rutero la inscripción que lo consigna:
« T a n rol/olio ( o f in a.teniuitt renal as. .*
>,'] i L t ’Mrif no s c o s a - 11■1o 1v- c> p a í1i o n e c i n c o a íi os. <\ u c
!¿e ilit'óreiLCÍ i d ■■ Iji eiUtujJn^.ia qu<- tjt; 11 u m a t i o . _|.j!;iínfcrnse a s í
d o la p . i l a b m í u-th’o, tjne síucmíien v i s u a l 1, pas:ir r e v í s t a . L o s
C ó n s u l e s reiin a n o s e x i g í a n hus CDiraíbin: i o n e s ó t n b u co s, e n p e ­
r í o d o s tic 1: iim o t.ii c i ' i c o a ñ o s. I n s t i t u y ó i o s l u s t r o s e l s e x l o r e y
da R o m a S e r v i o T n l i o en ISO.
(2) Siicriücfidoves.
(3; TaurohoHo.— denomina así el altar ó paraje don do se
lia ian los saüi’iÜLÍos,
E n otras cerem onias que melificaban los rom anos
tam bién representó el toro un im p o rta n te papel. He aquí
cómo describe un a u to r la denom inada del T r i un pito:
*......las trom petas iban delante; seguían los toros
destinados al saeriiieio. coronados de /lores y adornados
fíe cintas y algunas veces con los raernos dorados.'»
Taurohol i a- ('2 \ se llamo u n a Fiesta de toro# que se c e-
lebraba en ( '/zícil en lumor de N eptuno.
Según la historia consigna. desde los primeros anos
de R o m a ol toro ejerció en dicha ra za una g r a n inlluen-
eia en sus usos y costumbres, y lo que en un principio
constituyó casi un culto, vino á transform arse en d iver­
sión favorita de aquellos bravos atletas é invencibles
guerreros, la que algunos siglos después llegaron á pre­
ferir á sus bárbaras luchas con las fieras y combates de
ijladiad-'irn^i en los que torrentes de sangre h u m a n a en ro ­
jecían la arena de sus circos y anfiteatros.
Los más famosos capitanes romanes contaban como
tim b re glorioso de sus proezas el h a b e r vencido u n t o r o ,
dándole m uerte con sus férreas lanzas.
Más sigamos la historia, que ella misma nos p ro p o r­
cionará datos p a r a 1 -u se a i e) origen d e l a F i esta de toros.

III

«Cuarenta- y seis anos antes ríe J . C. puede decirse


que empezó la d ecadencia de R o m a , y con é^ta el rea-
(i^) T a u r o b o l l a . - S a e r i l l c i o L o r i o i n v e n t a d o en el s i g l o
311 i l é . I . C-, co n o b j e t o d e o p o n e r l e a l b a u t i s m o d e l o s c r i s t i a ­
n o s . C o n s i s t í a é s t e en i u n ¡ o b u ’ u n toiío á C i b e l e s so b r e u n a l o s a
a g u j e r e a d a tjue c a b r í a u n h o y o , e n el q u e c o l o c a b a n a l espiando
y a r a q u e l a s a n g r e le c a y e s e e n c i m a .
X lt
piro de los infinitos pueblos que g em ían bajo su cetro
de h ierro. El famoso triunvirato de Poní peyó, J u lio Cé­
sar y Graco fue la p iq u eta que empezó á d e s tru ir la
gra n república.»
.Respecto á la fecha en que J u lio Cesar pisó por
p rim era vez el suelo español, 110 está n contestes los au­
tores: unos la fijan en el 705 ; 1 1 de la fundación de lio*
nía; otros el 708, (á) y otro escritor ia señala el U0 r>,
(3) que es el que nos parece mas acertado, pues en una
de sus obras pone estas palabras:
«César estaba en Sevilla á fines de A b ril de GOS de
»Rom a, pues con esta fecha le escribió f¡) Cicerón el p é­
g a m e por Ja m uerte de su hija J u l i a } como lo refiere el
» n ii s 111o C ic e ró 11 a- A tico;
y>A Ct asara Ufaran acra¡ti ftaisnl a furias do i a ¡a i J i ' J:a.L
Mai HixiutJi.'-'

IV

Pom p eyo subió tan alto por sus h azañas y ambición,


que se hizo Cónsul sólo c o n tra las leyes romanas. P o r
espacio de seis años compartió el gobierno con su sue­
gro César el que después de u n a corta permanencia en
Empana en calidad de 1/retor de la Ulterior, regresó á
Roma, donde pasó por todos los grados de la mugís t r a ­
t a r a que se hacían necesarios p a r a o 'tener el m ando
de un ejército.
El 600 de Roma tué J u lio Cesar n om brado Pretor
( 1) l i n f f i e r ( H i s t . \ . n l versíxl.)
(2) Ep íhL F ííiS*niL i [jti¡vo X I I , Cap. X X .)
(rJ) S alx ' stjmo C h ispo ,
XIII
d é l a Bélica y la Lasitania; más como este xiltimo. país
re sistiera á sus arm as tomó p retexto para hacerle la
guerra y saquear todas sus ciudades. Vuelto á Roma,
fue n om brad o Cónsul, cargo que desempeñó un año,
como era costum bre. E n el re p arto que hicieron Jes
triu v iro s de las provincias más ricas de la gra n R e p ú b li­
ca, cúpole á César las trallas y la G erm an ia y á Pom pe-
yo el Ai rica y la España.
Ocho años hacía que Pom peyo, ten ía el gobierno
del A fr ic a ro m an a y España, que regía desde Roma por
medio de sus Pretores A franio y Yarrón. cuando acaeció
la m uerte de Julia, m ujer de Pom peyo, que era el vín­
culo (|ue los unía. Sabedor Cesar que sus pretensiones
al Consulado y prolongación de su gobierno liabían sido
desechadas por el senado á influjos de Pompeyo, que
tem ía poner la suerte de la República en sus manos, p a ­
só con su ejército el R ubicó n, resuelto á no p a r a r h a s ­
ta R um a.
K oficioso Pom peyo y los Cónsules de los intentos
de César, y no teniendo- fuerzas suficientes para re s is ­
tir á las poderosas oihorte* ?'.!.) del caudillo romano, h u ­
yó á E g ip to y desde allí á ( í recia. D errotado com pleta­
mente en la batalla de PharsaUra ó F a rs a lia r e n Thessa-
lia César quedó dueño del campo y señor de tocios los
países sometidos á la í República romana. César e n tró
en la ciudad do Th?ssalia en medio de grandes ovaao-
oips <2'i obteniendo todos los honores del tr'nvnpho* Cele-

(l.'i Vun vaharte se dividía en lies atfttttjmlnxj y <j;ul;t uno do


éstos en Iros Vf/tínrtfia,
(•_>"! Oracloitcfi n <tvati,o})cx. si;riiili<*at a e n t r e l o s r o m a n o s ,
aplausos, vitaros-, e n t u s i a s m o etc., d e esto se d e r i v a la palabra
or t rí ' m. la nuil su v e h o y en n u e s t r o d i e í o i n m o c o n el m i s m o
sLi^niJioado,
XI V
b raro use s u nt u o s a s fiestas en lio ñor cíe las arma s del
vence dor . L o s n a t u r a l e s del país most r aron t oda su h a b i ­
lidad en el ahineearniento y derribo de foro¿, c o m o i g u a l ­
m e n t e en sujetarlos por medio de lazos que arrojaban des­
de 1wí f((bal los á la carrera.) eje rci ci o ipte a q ue ll o s f a m o ­
sos guerr er os, a so m b r o del m u n d o , t e n í a n eu g r a n e s t i ­
m a d es d e lia cía, m u c h o s anos, al en al se afici onaron de
los Mauri tanos ( 1) y admitiéronse en sus costum­
bres. f/2;
('e-sar pfipti ni Africa d o n d e s o m et i ó ni rest o de sus
e n e m i g o s , q u i t a n d o á los h i jos He P o m p e y o toda e s p e ­
r a nza de socorro. A su r e g re s o á Roma, se hizo n o m ­
brar d ict ador perpet uo. D u e ñ o del poder, v o l v i ó á a t a ­
car á su ri val en Es pa ña , p ue s ta en armas por los fu­
ñ i e n t e s de Po m p e y o , fieles á la ca u s a do lo- hijos de es­

te. D e s p u é s de u na s a n g r i e n t a lia tal la se hizo í. -^ar


din-no do t o d a la Tí .span a. Citerior^ cayendo crnio un
rayo con sus l e g i o n e s sobre la r ile r 'u n \ d o n d e se e n c o n ­
t raba V arr ou. Mas los i n t e n t o s del g e n er a l p o m p e y a u o
Je fueron f ru st r a dos , p ue s t odas las c i u d a d e s de ¡a 7>V-
ttca le cerraron sus puertas, v i é n d o s e o b l i g a d o á r e f u ­
gi ar se con sus h :yÍoues, tras los mur os de I t á t i c a > cin-
dad p r ó x i m a á Sevi l l a, que en a q ue l l a é po ca ri val i z aba
con ésta en e x t e n s i ó n y poderío.
A l l í se hi zo f ue rt e V a r r ó n d ec i d i d o á esperar el cJio-
ípie de las t ue rz as de César. Más d e s a l e n t a d o al saber

(]■ (En A f r i c a ' 3le.>>ri!a¿>ía: ? u s b a b U a n t í ^ so l l a m a r o n eu


u n p r i n c i p i o jjir>rr>.v n o m b r e <pie a ú n c o n s e r v a n , í 1 <nial t o m a r o n
dol p a í s en <pio b a b i t a b a n , E l i m p e r i o <1^ M a r r u e c o s f u 6 f u n d a d o
e l a ñ o 7 OS po r A 1nt an z o r.
(2 ] S a m ’s t i í o C ris p ro , H is to r ia r e n tm ¿n ttc p u b lim rom ana
t j e s t á n o n .— r H i s t o r i a iní.o rior y e x t e r i o r d o R o m a . )
XV
el d e s a s t re de l a batalla de M a n d a . (1) y Ja d e s e rc ió n
de u n a de sus m á s pode ros a s cohortes, l l a m a d a Ja Ver-
n (tenia, c o m p u e s t a de n at u ra l e s de Sevill a, q ue p l e g ó
b a n d e r a s y fu ó á unirse al ve n ce do r, le d e t er mi n a r o n á
d e p o n e r las arma s 3? s o m e t e r s e á, su af ort unado e n e m i ­
go, A m b o s ej ér c i to s f ra t er n i z a r o n d e n tr o de los m u r o s
de I t á l i c a , (*2 ) d o n ' c c e l e br á r on s e s u n t u o s a s fiestas y

(1) E s t a b a t a l l a e n t r e Jas t r o p a s d e C é s a r y l a s p e m p e y a-cos?


l'ué Ja m a s m e m o r a b l e d e a q u e l l a d e s a s t r o s a g u e r r a c i v i l ; t u v o
e f e c t o 03i l a s c e r c a n í a s d e C ó rd o b a .
(¿) I t á l i c a f u e iui: d a d a en l o s p r i m e r o s s i g l o s d e la d o m i n a -
e t ó n roí n a n a en E s ra fia . T o m a n d o s u n o m b r e d el p o eta S i l l o I t rí-
Ileo, q u e n a c i ó 011 ella . F u ó c u n a de l o s E m p e r a d o r e s Trujan o*
A d r ia n o y T e o d o s io , y u n a de l a s m á s p o d e r o s a s C o l o n i a s de
a^uel im perio. T o m ó parte m u y a c t i v a en t o d a s la s g u e r r a s y
ivv iK Iras <|uc s e s u s c i t a r o n en a q u e l l o s t i e m p o s . F u e u n a de fas
c i u d a d e s q u e s e m a n t u v i e r o n a d i c t a s á la c a u s a de . í o l i o C esa r,
c u a n d o e s t o i n v e n c i b l e g u e r r e r o o s l a b a en Inclín c o n l o s l u j o s de
P oní p o y o t'f ( I r audv . La r u i n a ó d e s t r u c c i ó n d e I t á l i c a n o se t i e ­
n e idea exacta cóm o fué o ca sionad a. A l g u n a s Crtmiv-wt h a c e n
c r e e r q u e tan l u n o r o su- e s o t u v o lu g a r en l o s ú l t i m o s - s i g l o s
d e l I m p e r i o Tí orna] 10 . otee ro de u n c a v a d i s m o te r e s tr e .
S ólo q u ed a n de e s t a a n t e n a ciudad lo s restos del (viren ó
A u j i l e a í ro. d on .]f‘ t e n í a n l u g n r l a s s a n g r i e n t a s l u d i a s d e licras:
e s b a d a ii n 1 g r a n d e , d e Iig u r a e l í p t i c a , co n g r a d a s al rededor
b a s t a e l p r i m e r c u e r n o . H u b o o t r o ;sc c r e e d f u n d a d o por T ra-
jauo'l d o n d e s e v; r i l i c a b a n l a s lien ta s d e ahui rwnr taro*. Jas c u a ­
l e s h i z o a c r e t uf ar e s t e g r a n E m p e r a d o r cu s u s p u e b l o s co n el
liu de ir d e s t e r r a n d o l a s b á r b a r a s ó ;11 lii:m :iñ as de (¡latlifniorca. 1 -c
e s t e ú l t i m o Cirro s ó l o s e - r e c o n o c e n la s df> enti adas que m iran
ó Vj, y á 1', d e l A h ¡ H c f t ! r o s e pueden ver to davía profundas y e s -
p a c i o s a s c u e v a s , co n l a s t r o n e r a s p o r d o n d e s e ' s u p o n e s a l d r í a n
l a s ¡ierttx v g l a d i a d o r e s , A ú n p u e d e c o n o c e r s e l a s o l i d e z d e s u f á ­
b r ic a .
S e g ú n d i c e A l o n s o M o r g a d o en s u 1 U x o r i a de S e v i l l a , la d e s ­
t r u c c i ó n d e 1 t a l u d a a c a e c i ó e n lo s p r i m e r o s a ñ o s do la i n v a e i ó n
XVI
regocijos públicos por tan señalados acontecim ientos.
Las lachas de gladiadores y Fiestas de toros ocuparon n n
lu g a r preferente. Según refiere li m e r o en sus Comenta-
rios} el mismo T u rr ó n no se desdeñó en rom p er lanzas
contra la fiera astada t á la que tan fervoroso culto y tan
alta veneración la habían dispeusado siem pre los r o ­
manos ,,
m a l s í n n a n a en E s p a ñ a . L o s a r a b o s — dice—i£n o q u erien d o tener
t a n p r ó x i m a s d o s c i u d a d e s do i g u a l i m p o r t a n c i a por l o s p e r j u i ­
cio s q u e p o d ría n ir r o g a r le s a n te la p o s ib ilid a d de d o ta r la s de
g u a r n i c i o n e s r e s o lv ie r o n l a d e s t r u c c ió n c o m p le t a de Itá lic a . E s ­
to e s l o m á s v e r o s í m Í I ; p u e s c o m o p r u e b a d e e l l o p u e d o c i t a r so
que lo s m o ro s u tiliz a r o n los d esp o jo s de l a s r u in a s de Itá lica,
h acien d o trasportar á S e v illa y á la s q u in ta s de recreo q u e le ­
van ta ro n en su s cercan ías lo s m árm oles, m a ter ia les, e sta tu a s,
e c é t e r a . s e g ú u p u d o v e r s e c u a n d o l a r e c o n q u i s t a d o S¿vÍU;<, por
e l R e y F e r n a n d o el S a n t o .
Desde remota antigüedad 1;>s más eminentes poetas di1nues­
tra patri i han dedicado cantos á la memoria- de esta antigua
colonia romana, de la que dice nn cronista del siglo pasado:
“Los bárbaros respetaron sus reatos ó reliquias y la civiliza­
ción vino á destruirlas.,.

Hé aquí una de las estrofas del gran Rodrigo Caro en su


Canci ón á I t á l i c a f amo s a :
;iAqueste destrozado anfiteatro^
donde por daño antiguo y nueva afrenta
renace agora el verde jaramugo,
ya convertido en trágico teatro,
¡cuan miserablemente representa
que su valor se iguala co.o su estrago!
¡Como desierto y vago la grita y vocería
q u e o í r s e en t'd s o l í a
la ha c o n v e r t id o en u n s il e n c i o m u d o
que aún siendo herido en cavernosos buenos
apañas vuelve mis dolientes ecos,
de su artificio natural desnudo!,.,,..
X V II
Vuelto Ju lio Cesar á Roma, después de una corta
perm anencia en Sevilla, y de dejar tranquilos los pueblos
som etidos ¿i su poder, fue recibido en la Ciudad E t e r n a
con in usitado entusiasm o, siendo autorizado por el Se­
nado á ceñir su cabeza calva con la corona de laurel, en
p ru e b a de su adhesión y respeto.»
F u e César en el poder ta n g ra n repúblico como vic­
torioso C apitán hab ía sido en los campos de batalla.
A él se debe la corrección del Calendario rom ano, h a ­
biendo traído de A lejan dría p a r a ta n titil em presa á
Sosígenes, sabio astrónom o m uy famoso, quien arregló
el año con la marcha opar ente del Sol. P o r últim o, cuan ­
do iba á recibir la investid ura de E m p era d o r, se conju­
ra ro n c o n tra él B rido y Cansío, y estando en el Senado,
y a que hubo tom ado asiento, se arro jaro n sobre él ar­
m ados de puñales y lo asesinaron, ( 1 ) dándole h a s ta
v ein te y seis puñaladas, cuando con tab a 56 anos de
edad. Dice la H istoria, que al ver César á B ruto entre
los conjurados y arm ado de puñal, dijo con sentim iento,
p o r tal in g ra titu d en quien había considerado siem pre
como á u n hijo;
¿Tu quoque fdi mi?
Así m urió este insigne ciudadano é invencib le g u e ­
rrero; el que después de la famosa victoria de Z icla) h a ­
bía escrito á R om a estas célebres frases:
u Venij vidi, vid. „

Dueños los romanos de la Be tica, y habiendo los na­


turales adoptado sus usos y costumbres, ley es, divini-
(1) lo de Marzo»—43 años antes de J. C. (Histórico.)
Toyoi 2
X V III
dades, r ito s y religión, no ta rd a ro n en a d o p tar m uy
p ronto los bárbaros espectáculos y l u d i a s da (jladlado-
re$7 verdaderos sacrificios hum anos, como así mismo el
de Combate con el toro. S eg ún F ia vio Josefa, uno de los
historiadores mas celebrados de su época, el cual floreció
en el reinado de V espasiano, Jos Circos de Córdoba,
R onda, Itá lic a y M urviedro fueron te a t r o m uchas ve­
ces de esta diversión, que aunqu e en modo m uy d is tin ­
to á como alg uno s siglos después la practicaran los m u­
sulm anes en E sp aña, era m uy estim ada de aquellos g u e ­
rreros; p u d ien d o decirse fue la semilla echada, y de la
que pasados los tiem pos y las generacio nes había de n a ­
cer el toreo moderno.

VI

E n el reinado de T ra ja n o , p rim e r em p e ra d o r espa­


ñol que vistió el m a n to de p ú rp u r a de los Cesares de
Rom a, se construyeron m agníficas obras y suntuosos
edificios. Sevilla le debe el célebre acueducto llam ado
Caños de Car mona. Itá lic a el famoso anfiteatro ( 1 ) donde
se celebraban las Fiestas de toros, de modo m uy d istin to
al en que nos las p re s e n ta n los árabes varios siglos
después.
L a época de T rajano, A d ria n o y Clareo- A urelio, en
cuyas venas corría sangre andaluza-—los dos prim eros
(1) De este anfíteatro existen preciosos restos. Otro mejor
cod servad o puede admirar el viajero q u e v is ite estas preciosas
ruinas, en el cual tenían lugar aquellos sangrientos espectáculos,
en los que torrentes de sangre hum ana enrojecían la arena.
X IX
n a tu ra le s de Itá lic a —fué la de m a y o r prosperidad p a r a
España. Mas de cien millones de h ab ita n te s , d istrib u i­
dos en ta n vasto im perio, g ozaron de un b ienestar al
que h a s ta entonces 110 hab ían estado ac o stu m b ra do s.
Las ciencias, las artes, el comercio y las letras, llegaron
a iodo su apogeo. Mas la h o r a de tran sform ación del
m un do an tig u o se acercaba con pasos de gigante; las
doctrin as del Crucificado irra d ia b a n toda la tierra, a p r o ­
xim ánd ose el gra n d io so m om ento que hab ía de con ver­
tir la esclavitud en libertad.
P e ro no precipitemos los sucesos, por más que nues­
tro tra b a jo no nos p e r m íta ser extensos.
P roclam ado em perador Constantino (año 312 de la
E. C.) debido á su cualidad de Cristiano, hizo g rand es
progresos esta doctrina, viéndose p ronto al soplo de
luz divina ro d a r por tierra, hechos pedazos, los falsos
dioses del politeism o rom ano, y con ellos suprim idas
las im p ía s cerem onias que te n ía n l u g a r en su honor*
S eg ú n un historia ñor de aquella época, la única fies­
ta que este insigne em perad or perm itió en sus vastos
E s ta d o s fué la de toroa} p rohibiendo las luchas de gla­
diadores} y o tras ig ualm ente b árb ara s, propias de aq ue­
llos tiempos*
D e sg racia d am en te, á m edida que nos acercamos al
desenlace de la dom inación rom an a en n u e s tra p atria,
nos em piezan á faltar docum entos, ley en d a s ó tra d ic io ­
nes que den alg un a luz en la obscuridad de aquellos
tiem pos de triste recuerdo, p a r a poder seguir o cup án ­
donos, aunque á grand es rasgos, como lo hemos hecho,
de la h isto ria de ese g ra n pueblo, en cuanto se relacio­
na con el fin propuesto, esto es: con la Fiesta de toros.
V lí

E n Agosto de 410 el m undo asom brado contempló


el estandarte de los godos ondear en lo alto del C apito­
lio. L a tom a y saqueo de R om a por los godos coincidió
con la ocupación de )a ] íctica por los vándalos. E s ta b a
escrito que la provincia más predilecta de los romauos,
de la que el citado e s c rito r refiere— uera tan rom ana
que los n a tu ra les todos hablaban latín,,—h ab ía de com ­
p a r tir las desdichas de la Metrópoli.

V III

.Desde la entronización do la dinastía goda (112 de


la E. C.) en la p erso n a de Atavlfo, basto que liad r i tjo
(711) perdió la corona y la vida, sepultándose en las
aguas del G nádale te, la historia g u a r d a com pleto silen ­
cio acerca del asunto de n u e s tra investigación. E s de
suponer que en las sucesivas invasiones operadas en la
Península Ib é ric a y cam bio de razas efectuado, la Fies­
ta da toros no fué del ag rad o de los nuevos m orado res
del suelo Hispano.
Mas no se crea que toda la E sp añ a fue g oda en la
acepción de la palabra. Los godos fueron mas ex tra n ­
je ro s en España que nin g ú n otro pueblo de los que la
XXI
invadieron, y en p a rtic u la r en Andalucía.) que siem pre
fué ro m an a hasta los prim eros años da la conquista por
los árabes, los cuales llam aban romanos á los españoles.
Si los godos fueron m ejor recibidos en E s p a ñ a que nin­
gún otro invasor, debióse ó. su cualidad de cristianos;
pero fuera de esto, vivían las dos razas independientes;
los godos rigiéndose por el Breviario de Alar-ico} y los
españoles por el Derecho Romano ¡ el que conservaron
por m achos años (hasta el reinado de Rescesvinto, 648),
como así mismo todas las tradiciones romanan, usos, cos­
tum bres, fiestas, etc:.
Dueños los m usulm anes de E s p a ñ a por la traición
de D, Oppüit. m etropolitano de Sevilla, y por la no m e­
nos del Conde D. J u l i á n , G obernador de Ceuta, la P e ­
nínsula ardió en g u erra del uno al otro confín, y nos es
lili posible segu ir las páginas de la historia en que están
consignados los mil acontecim ientos que se sucedieron
en una dilatada serie de siglos.

XX

] > s d e el 711, hasta principio del siglo X, fecha en


que eoucluyú el imperio m usulm án en España, con el
desm em b ra m ie n to del Califato de Córdoba, n ad a encon-
tra m o s en las crónicas que se relacione con nuestro es­
pectáculo nacional, ó Fiesta de toros. Ya por la época r e ­
ferida (siglo X ) vuelven éstas á ocuparse de la citada
diversión, p re sen tán dola como u n a de las más fa v o ri­
tas de los caballeros m usulmanes.
X

Lo que no está comprobado, es si los m usulm anes


p ra c tic a ro n por prim era vez estas fiestas en n u e s tra p a ­
tria, de cuyos n a tu ra le s las hubieron de ap rend er, ó siT
p o r el contrario, d e s te rra d a esta costu m b re en la época
de la dom inación Visigoda* la im p o rta ro n ellos de su
país (a n tigua M auritania) cuyos habitantes, segú n h e ­
mos consignado, las conocían y a antes que los romanos»
Sea de ello lo que quiera, lo cierto es que después de
u n a d ila ta d a serie de siglos de p e rm a n ece r la Fiesta de
toros en stata <juo} se nos vuelve á p re s e n ta r por seg u n ­
da vez en n u estra p a tria casi en la m ism a forma en que
el pueblo ro m ano-hispano la ejecutab a en sus Circos de
Itá lic a , T arra g o n a , M urviedro, Córdoba, R onda, y otros.

XI

L as crueles g u e rra s que asolaron d la p en ínsula Ib é­


rica con las sucesivas invasiones de países m ás ó menos
bárbaro s, y co ntin u ad a s después por el p redom inio de
las razas y pueblos que s u rg iero n de los escombros del
im perio rom ano, fueron, s i n o el origen, la causa p r i ­
m ordial de los juegos m ilitares llam ados ja lla s y torneos y
y de los de ag ilid ad y valor. Fiesta de toro*.

F IN DEL PEOLOGO
APUNTES HISTORICOS
ACERCA DE

LIBRO PRIMERO
C A P ÍT U L O I

Introducción e n E s p a ñ a de l a s FieMas de, Toros por lo s ca b a llero s


m usu lm an es. L os guerreros de l a C r u z l a s acojen con entu~
b l a s m o e n s u s c o s t u m b r e s . - - E L C id C am p ead or, prim er li ­
d ia d o r de toros, ó La ('r n z de. V u n ia -C c r r a d a . — T r a d i c i ó n
p o p u l a r r e l i g i o s a d e M a d r i d , - ■E n t u s i a s m o ipte p r o d u c e e n
lo s e n s í l a n o s el a cto h e r o ic o d el de V iv a r .— F in de la d o m i ­
n a ció n árabe en España,

E x la luch a s a n g rie n ta y sin tre g u a


de los ochocientos años que necesitó la
p a tria de Peí ayo y del Cid p a r a recon ­
qu istar su indepen den cia y a rro jar
allende los mares á sus opresores, es
sabido que, tan to árabes como cris tia ­
nos, no dejaban jam as la lanza y la a rm a d u ra del g u e ­
rrero, ni la espuela y d ag a del caballero. Cada bando
en cerrad o en los límites del terreno de sus conquistas
pasaban del mejor modo los ratos de ocio en ju eg o s de
™ 4 -
agilidad, corriendo cañas y sortijas, y en los de f j r t a l e 2 a
y valor, como Fiestas de toros} torneos, justas y terribles
desafíos e n tre sus comunes enemigos. Así distraían su
espíritu aquellos heroicos caballeros cristianos y m u ­
sulm anes, cuando los períodos de paz ó de t r e g u a entre
ellos concertados no les p erm itía dedicarse á los acerbos
y duros tra b a jo s de la g uerra.
Como no siem pre h ab ía ocasión ni m otivo p a ra las
lizas y com bates parciales e n tre los cam peones m usul­
manes y cristianos, au n q u e ni unos ni otros jam as re ­
h u y e ro n la lucha, t u v ie r o n que idear medios que llena­
r a n lás exigencias de su v id a caballeresca y b atallad o­
ra. E s to dio m argen á que los adalides del C ristianism o
recurriesen á la Fiesta de loros, ya ta n en boga entre sus
enemigos, en cuyo ejercicio se d istin g u iero n m achos
caballeros' m usulm anes por su intrep id ez y acierto en
el alanceamiftnto de reses bravas.
T a l im presión debió p ro ducir en tre los cristianos
los prim eros ensayos de estas fiestas, que las a d m itie ­
ron con gra n fruición y entusiasm o en sus costum bres,
h a s ta el punto que m u y pro n to llegaron á fo rm a r la
p a rte mas favorita en la serie de los festejos dedicados
á celebrar sus triu n fo s }r acontecim ientos notorios.
P o r espacio de muchos años, cristianos y m usulm a­
nes contin u aro n valiéndose de este espectáculo, en el
que alard e a b a n de valor y agilidad. P ero los defensores
de la Cruz, anhelantes de sostener con sus enem igos
co nstan te y noble competencia, ra y a ro n á tal a l t u r a que
no se hizo esperar su victoria en la disputa; term inan do
al fin por ser vencedores y regeneradores de estas
fiestas.
P o s te rio rm e n te llegaron á todo su au ge y expleud or
ad quirien do un tin te secundario de galantería, que
— 5 ~
indujo á los m as nobles y valientes caballeros cristianos
á conceptuarse h o n ra d o s en alancear y rejonear toros en
presencia de sus reyes.

II

E n el siglo X I g o za ban estas fiestas de g r a n acep­


tación e n tre cristianos y musulmanes, los que hicieron
re s ta u ra r los an tiguo s Circos romanos que aun ex istían
en Córdoba, K onda, Sevilla, Toledo, M urviedro, T a r r a ­
gona» G ra n a d a y otras poblaciones de de la Península,
de los que se. conservan en el día preciosos restos, que
cual mudos testigos nos re c u e rd a n la larga doai iilación
ro m a n a en n u estra p atria .
P o r los anos de 1018 á 1021, según refieren varios
historiadores árabes, tuvieron l u g a r en Sevilla Fiestas
de loros y cauasy cu celebración del alzam iento de la
ciudad y sus dep en d en cias por A bud-el-K assen, el
cual se instituyó en rey, negand o la obediencia al Cali­
fato de Córdoba, del que h asta entonces había dependido.

III

Las crónicas m adrileñas refieren curiosos detalles de


uua Fiesta de toros que tuvo l u g a r en la hoy coronada
villa, por los años de 1035 al 10B8, en la que representó
sin g u lar y respetabilísim o papel el mas valiente adalid
del Cristianismo. don R od rigo Díaz de V ivar, que mas
tard e adquirió el re no m bre de Cid. en p rem io de sus
hazañas.
A u n q u e dicha leyenda esta satu ra d a de cierto tinto
religioso, propio de la época en que tuvo la g a r el suceso
á que se refiere, no d eja de ser verídica, como m uchos
historiadores an tig uo s y contem poráneos así lo a s e g u ­
ra n en sus obras.
H e aq uí tan im p o rta n te docum ento histórico;

U N A H A Z A Ñ A D E L C ID

(l e y e n d a tradicional de m adrid)

«Cuando M adrid ( 1 ) no era m as que u n a villa i n s i g ­


nificante ocupada por los moros, te n ía una población en
extrem o reducida. Componíase ésta de 2 0 0 soldados
mandados por un Alraide; de un corto num ero de f a m i ­
lias hebreas dedicadas al com ercio limitado de aquella
época, y de n n escaso vecindario, casi todo él co m p u es­
to de cazadores de profesión, que se dedicaban á e x te r­
m inar los osos, lobos y jabalíesi que poblaban las selvas
in m ed iatas á la villa.
En lo que hoy se llama Puerta del Sol, tenía su al­
cázar el Alcaide musulmán, y cercano á este edificio se
<I ) Maf/erid tle los M im iim aues.
ex tend ía una sólida m uralla de construcción romana,
coronada de espesos adarves.
P o r la p arte opuesta se lim itaba la población al b a­
rrio que boy es conocido con el nom bre de la Mo r a rl a ,
com puesto de unos m iserables casuchos, que servían de
alb erg u e á los soldados y á sus familias. El barrio de
los judios estaba próximo al m uro que circund aba la
villa por la p a rte N.. el cual cerraban por la noche, que-
d an d o aislado del resto de la población.
¡Triste era M adrid en aquella época! Visto á la i n ­
c ie rta luz del anochecer, ó cuando la a u ro ra se d estaca­
ba por el Oriente, parecía una ciudad a r ru in a d a y h ab i­
tada sólo por fantasma?.
E n cambio la p eque ña villa parecía despertar de su
letargo, apareciendo herm osa y alegre en la fiesta de
M o i l u d , (1) ó cuando á su Alcaide se le antojaba alan ­
cear lar oh ó corn-r sorlijtts g caña* en la p laza de A rm as
que se extendía delante de su alcázar.
U n dia el valiente A lim cnon do Toledo, A lcaide d¿
Madrid, se levan tó al am anecer, como tenía por costum ­
bre, é hizo llam ar á su segundo, el moro Tálvez.
- -Como sabes, m añana llegará á Magarid la bella
Zaida, mi prom etida, á la que deseo m ostrarm e am able
y rendido á su amor, por ver si puedo ablan d a r su cora­
zón; así, pues, dispon lo necesario p ara que por tres dias,
á co n tar desde m añan a hay a zambras, toros y otras
tiestas.
Sin p erd er tiem po el fiel caudillo hizo publicar un
pregón en varios puntos de la villa, al son de añafiles y
atabales, en el que se anunciaba á todos los moradores
la voluntad del Alcaide
L a bella Z aid a llegó á Madrid acom pañada de su
(1) Aniversario del natalicio de Ü a b o iriíl -—
— 8 —

padre, anciano do aspecto severo, y de alg u n as donce­


llas v esclavas destinadas á su servicio. Com ponían la
escolta de lionor de la dam a varios deudos y am igos de
su p ad re y un escuadrón de soldados africanos de tez
de ébano y feroz m irada.
T am b ién llegaron á la villa m u ltitu d de dam as y
caballo ros m usulm anes de otras tierras, atra íd o s por
la noticia de las fiestas.
L legó el dia señalado p a r a la Fiesta de toros y la pla­
za de armas, con v e n ie n tem en te d isp uesta p a ra este
objeto, comenzó á ser ocupada p o r las personas que ha­
bía en la villa y las que h a b ía n acudido do otros p u e­
blos inm ediatos.
Cuando todo estuvo dispuesto, Zaida, aco m p a ñ ad a
de sus doncellas y de las dam as de Madrid, se pre sen tó
en. su mirador. deslum brando á los c o n c u rre n te s con la
herm osura de sus galas. Las dulzainas, aña files y atabales
dieron al viento sus alegres notas, y la m u ltitu d pro*
rru m p íó en g rito s de entusiasm o y alegría. Los caballe­
ros m usulm anes que habían de to m a r p a rte en la fiesta
se p re s e n ta ro n en el Circo m ontando briosos caballos de
pura sangre, cubiertos de seda y pedrería. A ca d a uno
de éstos ac om pañ aban diez esclavos, que conducían las
lanzas y caballos de re sp eto . N u nca se presentó en Mo-
gerid escuadrón m as lucido de caballeros m usulmanes,
Después de re n d ir sus respetos á la herm osa Z aida y sa­
lu dar al Alcaide se re tira ro n á sus puestos.
U n esclavo africano abrió la poriena del alcá zar y
salió un toro negro que, lanzando feroces bram idos, se
colocó en el centro de la plaza, le v an ta n d o nubes de
polvo y dando al viento el herm oso lazo de seda y oro
con que estaba adornad o.
Los más bravos caudillos musulmanes sa esforzaron
~ 9 —
á porfía por arra n c a r á la fiera el airón ó mona p ara
ofrecerla á la hermosa Zaidn: m as lejos de conseguirlo,
salieron m altrechos y magullados, rodando por la
arena. AfaL parados h u b ie ra n salido los adalides á no
ser por sus esclavos que p ag a ro n su solicitud con su
sang re, que enrojeció la a ren a del Circo. C uatro de es­
tos desgraciados yacían tendidos, próxim os á exhalar
el ú ltim o suspiro, cuando el bravo A lm anzor hizo s a ltar
á su caballo la barrera, y provisto de fé rre a lanza se di­
rigió al toro, decidido á darle m uerte, P lán tase la fiera,
y cual sae ta disparada arrem ete al caballero, cebando
su fu ria en el .potro que m ontaba, al que tiró por tierra.
A lm anzor todo corrido de furia y vergüenza, es r e ti r a ­
do por sus criados en medio de los si Iv idos de la m u l­
t i tu d .
Y a iba el Alcaide á b a ja r de su mirador p a r a d ar
m u e rte al toro, visto el pánico que reinaba, y que no
h ab ía nin g u n o que se atreviese á ello, cuando se vio
llegar á todo escape da su caballo, á un soldado moro,
que inclinándose dijo:
— Señor, en la 1*aería de la Vega acaba de p r e s e n t a r ­
se un caballero cristiano, que d em an da perm iso p ara
alancear uu loro.
Bien es sabido que moros y cristianos olvidaban sus
odios y re nco res en tiempos de justas y torneos, y que
m u tu a m e n te to m ab an p a rte en estas fiestas.
Concedido el permiso, se p resentó en el Circo pocos
in s ta n te s después nn gallardo caballero, arm ado de to ­
das armas* m ontando un brioso alazán de guerra* AI lle­
g a r el g in e te fren te al mirador ocupado por Zaida, obli­
gó á su caballo á que se arrodillase, y e n se g u id a dió
u n a vu elta á la plaza, viniendo después á colocarse fren­
te al toro; alzando allí la vicera de su casco, pud o notar*
— 10 —
so era un inverbe joven, casi.un niño, pues su labio ape*
nas so m b rea b a un naciente bigote. Z aida posó en el g a ­
llardo mancebo una a r d ie n te m irad a, que aunq ue á t r a ­
vés del velo que cubría el rostro de la joven, no pasó
desapercibid a p a ra el fiero y en a m o rado Alim enon, el
cual ardió en u n a disim ulada ira.
A delantóse el caballero hacia la fiera, retándole con la
lanza en ristre; ésta, al verle, bajó el te ztu z y de un
brinco fue á clavarse en el hierro del caudillo de la
Cruz.
Grande debía ser la pu jan za y bríos de éste, pues se
vio como el feroz a n im a l inclinaba la cerviz b ra m a n d o
de dolor. E n esta posición y ten ien d o siem pre clavada
la p u n ta de su férreo lanzón en el toro, Ic arrancó la
divisa que o sten tab a .
Un g rito atron ad or, inmenso, unánim e, hendió el es­
pacio; la apiuad a m ultitud, e n tu siasm ad a , aplaudía el
valor y agilidad del caballero cristiano.
Aun no hab ían vuelto de su asombro, los que p r e ­
senciaban tan señalado acontecim iento, cuando la fiera,
que ta n b ra v a se hab ía m ostrado a n te r io rm e n te y tal
pánico sem brara, rodó por el suelo de un certero bote
de lanza.
E l caballero colocó entonces la divisa ó airón en la
p u n ta de su lanza, y acercándose después al mirador
de Zaida, se lo ofreció con g a lan te ría. Ijíi m ora dió las
gracias con u n a expresiva sonrisa, que puso ciego de f u ­
ror á Alimenon, el cual se lanzó á la plaza, r e ta n d o á
sin g u la r combate al que creía su rival.
E l joven vencedor volvió g ru p a s á su caballo y con
reposado talante esperaba á A lim eno n apoyado en su
lanza. C ontem plaban los moros con religioso silencio
esta escenaj haciendo votos por la vida del cristiano,
— 11 —
pues la h erm osura. el valor siempre encuentra ad q u iri­
dores. aun en tre com unes enemigos.
A lim enon no se hizo esperar, vi endoso á los p o o ^
in s tan tes en la arena, g in e te de un hernioso caballo
árabe enjaezado.
Al verlo aparecer, el p ad re de Z aid a g r itó desde el
m irador:
«¡Alimenon, faltas á las leyes de la hospitalidad,
pues el cristiano venia de paz! ¡Guay de tí ¿i algú n d a­
ño lo acontece* pues tu contrario es el Ctdí-*
Efectivam ente, el cabal levo c ristian o que. solo, y 'úni­
camente confiado 011 su valor, se h ab ía arre vi do á e n tr a r
en Madrid, era el hijo de L ain Calvo, J u e z S u p rem o de
Casi illa, D. Üodrigo Diaz de V ivar, L a fam a del Cid era
inm ensa, au n q u e el valeroso g u e r re ro estab a aun en la
adolescencia.
A lim en on quedó suspenso ante la recon v en c ió n del
p a d r e de sn a m a d a , pero su indecisión duro escasos m o ­
m entos, y y a se disponía á ac o m eter al cristiano, cuan ­
do de nuevo so dejó oir la voz del anciano que le gritó:
— “¡Alcaide Alimenon, d eja m a rc h a r en paz al cris ­
tiano!.,. ¡Arroja tu lanza en p ru e b a do que obedeces mis
ruegos!,. ¡Arrójala, Alim enon, ó no te verás h onrado
con la mano de mi hija Zaida! „
Lanzó el celes o Alcaide lejos de sí Ja lanza; ta n t o
era su am or por la bella mora, que se sobrepuso este á
sus ('1e s o os d c v e i; g miza,
Y i ^ n d o td de V n ar er;t i m p o s i b l e el de sa lí o, saludó
al a n ci a no moro y reti róse d:? la. pl az a r o n a ir e t r a n q u i ­
lo v r ep os a do . Pvóxim >y a á la p u e r t a de la V e g a , sin­
tió á sus espal das un tropel de eab;dios, q u e á t o d o e s­
cape se d i r i g í a o á su a ¡can ce, p r o r r u m p i e n d o en g r i t o s
de ¡Mtti'ra d Cid! ¡ M a ny a d - ristianu! E i Ci d c o n t i n u ó
TOMO \ 3
— 1'2 —
su camino con frente serena y sin apresurarse, pues no
era hom bre que h u y ese a n te n in g ú n peligro. Diaz de
V iv ar echo mano á una tro m p a g u errera , que p endiente
de una b and ero la llevaba al costado, y aplicán dola á sus
labios, produjo un sonido ronco y prolongado. Otro so­
nido ig u a l; no m u y lejano, contestó á la tro m p a del Cid.
E r a p a rte del escuadrón de lanza* del de V ivar, que h a ­
bía quedado emboscado próxim o á la villa, por si 1©
acontecía algún mal á su señor, como era de tem er, d a ­
da la p 3 rlidia de los moros.
L a P c e r t a de la V e g a estaba C e r r a b a , como era
costum b re en aquella época de c o n tin u a g uerra, y sus
g u a rd ia n es} negros africanos, so fijaron en el cristiano
con airados ojos.
E n aquel m om ento, A lim ó n 011, al frente de u n a p a r­
tid a numerosa, apareció frente á la P u e r t a de la V ega,
en a d e m á 11 d e ac o me t er al jo v e n g u e r r ero. El feroz, A 1-
caide no liabia podido resistir á sus deseos de v e r g a n -
za, hostigado por los celos.
Casi al m ismo tiem po, un escuadrón de caballeros
cristianos se d irigí a e n d i r e cc ión á M a d r i d , ftI a s a n t es
que estos llegasen la p u e r ta í uó abierta — sin duda, por
sus misinos guardianes, pues 110 estab a n ad ve rtid o s p a­
ra obrar en o tra form a— con lo que el Cid pudo salir li­
b re m e n te á reunirse á su hueste.
Al lle g a r A liinenon y los suyos á la P u e r t a de Ja V ega
y verse les había evadido la codiciada presa, todo colé tico
y ciego de furor, sospechando que los soldados de la
g u a rd ia habian facilitado la salida de su enemigo, a r re ­
metió á estos, los cuales fueron inmolados por la escolí-a.
A l i r ne no n con los s u y o s trate) de l a n z a r s e al c a m p o
en p er s e c u c i ó n del cr i st i ano, m a s c o m o la P ukuta e s t a ­
ba C e r r a d a y la l l a v e n o pudo ser h a l l a d a e n m uc ho
— 13 —
tiempo, pues sin duda el encargado de ella la h ab ría a rro ­
ja d o lejos de sí como a r m a de com bate al verse a g r e d i­
do por la escolta d o pudo el A lcaid e lo g rar sus fines*
E n m em oria de este suceso, conquistado que fue
M adrid por las armas de Alfonso V I, y pasado algú n
tiempo, se alzó en aquel lu g a r u n a C ruz de piedra, que
fu e conocida por muchos años con el nom bre de

G kuz de P uerta Ce brada .»

III

S egú n una tradición popular, hija de la fe y creen^


cías religiosas de aquellos tiem pos, el hecho, au n q u e
exacto en el fondo de la hazañ a del Cid, con m o ­
tivo de la. F ie d a de toros en Madrid, revistió caracteres
m uy distin to s y portentosos, pues «al verse perseguí-
d o —-dice la tradición-- -dos hermosísim os m ancebos,
circundados de celestial resplandor, aparecieron de re ­
p e n te a am bos lados de la P u e r t a de la Vega,
Los moros g u a rd ia n e s se d e tu v ie ro n asombrados*
Los dos m ancebos o b lig aron al caballo del Cid á que
salvase la d istancia que le s ep a rab a e n tr e ésta y el c a n r
pOj y como los moros, un ta n to repuestos de su so rp re ­
sa, tra ta se n do p erseg u ir al cristiano cerraron la P u e r ­
t a ta n fu e rte m e n te y de ta l m anera, que al Alcaide Ali-
m enon y á los suyos no les fué posible a b rirla h asta
pasadas algunas horas, que lo e fectu aro n con g r a n faci­
lidad »
-1 4 —
E n aquel mismo m om ento, y dom inando el m uro
apareció sobre la P u e r t a de la V eg a una C n r z de b r i ­
llantes colores, a n te Ja cual el Cid y los individuos de
su hueste, que entonces lleg aro n , se pos te m a ro n h u ­
m ildem ente.
E l signo de la R edención brilló p o r un m om ento en
los aires, ex tinguiéndose luego poco á poco. Los dos
m ancebos d esaparecieron tam bién.
P o r ta n portentoso m ilagro, la piedad cristiana hizo
le v a n ta r en aquel sitio una g ra n d io s a C h u z que tomó el
n o m b re de C r u z d e P u e r t a C e b r a d a .»

IV

El acto de arrojo p racticad o por el Cid despertó tal


entusiasmo e n tr a los caballeros cristianos, que llegaron
¿ p r e f e r i r estas fiestas á todas las que por aquella ¿poca
so les re n d ía culto, pud ien d o decirse que el fom ento do
ellas fué m argen p a ra la dism inución del d e rra m a m ie n ­
to de sa n g re h u m a n a en las justas y tonteas, e n tra ñ a n d o
un p rin cip io civilizador en nuestra s costumbres, por
más que los detractores del espectáculo nacional sosten­
gan lo contrario.
Así pasaro n los anos sin que las Fiestas de toros pro­
gre saran g ra n cosa en su modo de ser, pues éstas sólo
se lim itaban al capeo ó dar ribo de renes en Circo ó campo
abierto y 4 darles m u e rte con espada ó Utnzón.
— 15 —

T e r m in a d a la reconq uista de n u e s tra p atria, después


de una tenaz lucha de ocho siglos, y arrojados los m u s u l­
m anes allende el E strecho, quedaron estas fiestas sólo
como tributo p a ra las damas, en las que p re te n d ía n sa­
lir victoriosos en valor y agilidad los más nobles caba­
lleros.
CAPÍTULO II

L os torneos.—Carácter y formas que revestían es Das fiestas*—


Torneos célebres.— E l a ía n cc a m icn lo de los toros* base fu n ­
damental del toreo moderno,—Libro de Montería, de Gon­
zalo Argote de Jlolinu.

A u n q u e los torneos no tu v iero n su cu n a d e te rm in a ­


d a en país alguno, fueron, como dice m u y bien R oq ue
Barcia* u n producto espontaneo en iodos ellos. .Ridículo es
que F r a n c ia p re te n d a afirmar que el p rim er torneo fue
dado por Grodofredo I I en 106(5, cuando ¡os g e rm a n o s
desde el siglo V I nos h a b lan de juegos m ilitares solem ­
nísimos, cuando Litis el Germánico y Carlos el Cairo ce­
leb ra ro n torn eo s después de la batalla de F on tan et. El
señor de P re n illy lo que hizo fue darles reglas, r e g u l a ­
rizarlos y darles forma,
E l sitio donde los caballeros «hacían g a la de b u e ­
nos cabalgadores, de airosos en su continente, de fuertes
en el a rre m e te r y certeros al herir,» se d enom inab a lim¡
situado en terren o a propósito y cerca de algú n casti­
llo señorial; era de form a oval, en cuyos lados latera-
- 17 -
Ies se co n stru ían ya modestas barracas para la m u c h e ­
dum bre, ya soberbios tablados mi form a de torre y r i ­
cam ente engalanados con tapices, banderas, escudos y
flores, que delataban el lujo y la licencia. E n él sitio
más alto de la l h a } y desde donde podían divisarse
las m enores circunstancias de la pista, se colocaba el
tablado de los mariscales y ju ece s del combate, d e sti­
nados á m a n te n e r las leyes de buena caballería: en el
extrem o opuesto una fuerte b arrera de hierro, p o r la
que p e n e tra b a n los paladines.
El lujo desplegado en tales fiestas era inusitado;
« ad elantában se los caballeros cubiertos desde los pies
á la cabeza, con arm as en que resplandecía el oro y la
plata:» las mujeres, - u n a s al estilo señoril, a r r a s tr a b a n
colas de doce brazas de largo, otras llevaban ajustados
corpinos, de los cuales se d e p r e n d ía n , m angas que caían
ha s ta el suelo; quieues figuraban todo g én e ro de aai-
males, ó iban cubiertos de escrituras de todas clases, ó
vestidos de músicos con líneas de oro y notas de perlas,
(pie se contaban ya. delante ya detrás de ellos. A g r e ­
gúese á esto, extravagancias aún mas risibles, como
cuernos enorm es en la cabeza, zapatos con inm ensos
picos é in term in ab les a rm a zo n es de peinados.»
T;»do era ocasión ó motivo de alg ú n iónico, y a las
cosas religiosas* ya las pnganas: las g ra n d es solem nida­
d e s de la iglesia, la coronación d e 1os reyes y p rín c i­
pes, cerem onia de arm a r caballero, bautizos y m a t r i ­
monios de los y infan te s altos d ignatarios, lo mismo
la g u e rra que la paz, la v ictoria que la derrota.
II

Un heraldo, que m o s tra b a en su pecho el escudo del


señor que el torneo organizaba, re co rría las ciudad os#
villas y aldeas, lle v a n d o c a rta s á los m ás esforzados p a ­
lad in es é invitándoles á to m a r p a r te en la fiesta, y des­
p u és de exam inado, si por su honor ó v alen tía era d i g ­
no de tal distinción, se aceptaba su concurso; caso con­
trario , se le expulsaba, no pudiend o en modo algun o
p re s e n ta rs e en la liza, I l u d i o s caballeros, queriendo
g u a r d a r el in c ó g n ito a n te la m u ltitu d, se descubrían
a n te los jueces, qae por su honor j u r a b a n no decir su
n o m b re aun siendo el vencedor; a*í no era extrañ o el
conocer los paladin es p o r los colores de sus a rm a d u ras.
V arios nom bres tom aron estas fiestas m ilitares. Kn
los torneos j se peleaba á caballo y e n tre varias personas
un id as en cuadrillas, tolerándo se un n um ero d e te r m i­
nado contra otro; se sim ulaba u n a b atalla, dando v u e l­
tas á la liza y persig u ien d o el vencedor. L as jtintas, era
un com bate sin gular e n tre dos caballeros, y a movidos
del am or ó y a de ataq ues al honor. Si en la fiesta t o m a ­
b a n p arte carros y decoraciones p re te nd ien do re p re s e n ­
t a r u n suceso de arm as ya acaecido, ó sim plem en te un
juego de precisión en los m ovimientos, fo rm a n d o u n
todo armónico y caprichoso, re cib ía el no m b re de rarru-
sell. Y a p re te n d ía n los caballeros ensa rtar en su estoque
u n delgado anillo, y a constituía correr la sortija: ya d iri­
gían sus golpes á u n a figura movible y que descargab a
— 19 —
su bastón sobro el torpe adalid, si no le tocaba la fren ­
te; y se denominaba quintana. Tomaban el nombro de
empresas, cuaudo el m óvil principal 110 era otro que a<l-
q ui ri r í a m a y p r ez, y paso de armas, cuan d o q n e ri en d o
un caballero hacer alarde de su brio y su destreza, se
proponía defender un paso en obsequio y honor de su
dama, y retaba solem nem ente á los que quisieran ju s­
tar con él. Si era 1111a expiación pública, el cum pli­
miento de una penitencia im puesta por su dama, que no
sería suya hasta que con las armas se hiciera digno de
ella, se denominaba paso honroso.
H a b ía dos clases de torneos y justas: unos se hacían
con arm as cortas ó corteses} que estab a n cubiertas, las
lanzas em boladas y las espadas sin filo ni p u n ta ; otros,
llam ados á todo trapo. Los primeros, te n ía n por objeto
m ostrar la habilidad y pericia ele ios com batientes, que
satisfechos se hacían con que el ad v ersan o p e rd ie ra los
estribos; en los segu ndo s se JaraJ/ae 1 honor, cuando la
sangre salpicaba la lim pia a r e n a de la ¡iza.
b inchas y m uy varias eran las recom pensas o to rg a ­
das al vencedor ó vencedores: ya un brazalete, una b a n ­
da ó un rizo; ya, el ocupar el puesto de honor en un ban­
quete y ser servido por Jas más h^rm sas mu jeres; ya el
el puesto más p rin cipal en el ejercito; y a el am or y la
mano de la señora, causa de su t o r m e n t o ; ya la ultim a
reco m pensa anhelada: el beso un la ir cute...

ITT

No hemos de te rm in a r este capitulo sin citar algunos


torneos célebres, cuyos H o m b re ab an 11egado hasI:a nos­
otros,
- 20 —

E l valien te español J u a n de Merlo y sus an d a n te s


caballeros, asistían á todos los torneos y ju s ta s que se
celebraban en E uropa, haciendo d ec larar al vencido que
sus respectivas dam as eran las m ás hermosas m ujeres
que en el U niverso se conocían.
E l g ra n M aestre de A lc á n ta ra , M artin Yáñez B a r ­
budo, re tó al re y moro de G ra n a d a á batalla de ciento
contra doscientos, mil contra dos mil, pag a n d o con la
vida su atrevim iento.
E l privado de E n riq u e IV , D, B i l t r á n de la Cueva,
sostuvo á las p u erta s de M adrid un pa w de armas, en el
que, á presencia de los reyes, hizo g ala de su habilidad
en el m anejo de las armas.
Don A lv aro de Lun a, g ra n C ondestable de Castilla
salió g ra v em ente herido en el torneo que se celebró en
M adrid, para celebrar la ascensión de J u a n I I á la coro­
na de Castilla.
E n el torneo que á todo trapo se verificó en la capi­
tal del reino de N a v a rra , para s o lem n izar el m a trim o ­
nio de don E n riq ue con dona Blanca, varios caballeros
navarros re g aro n con su sangre la a r e n a de la liza, y
no pocos de aquellos bravos y esforzados paladines p e ­
recieron en la d em and a.
E n las fiestas que se celebraron en Sevilla :;on m o ­
tivo de los desposorios de la I n f a n t a Isabel con el p rín ­
cipe Alfonso, heredero de la corona de P o rtu g a l, se ce
lebrarou varios torneos á orillas del G u a d a lq u iv ir, y en
los que tom aron p arte muchos caballeros e h idalgos de
Valencia, de A ragón, de C ataluña y de Sicilia; el mismo
í t e y F e rn a n d o rompió varias lanzas, siendo uno de los
combatientes que más se d istin guieron por su gallardía
y destreza.
Muchos más pudiéram os citar, tales como en los que
— 21 ~
G-odofredo P la tag en e t, el conde de Disnia, J u a n de
B rau d eb nrgo , Federico 11, recibieron la m u erte tinos y
fueron heridos los restantes; pero term inarem o s con el
Paso honroso de S uero de Q. u i nones, verdadero tipo del
espíritu caballeresco de la época, y el pase de armas
m as señalado y mas característico de aquel tiem po.
P ara reconocerse esclavo de su dama, se com prom e­
tió Suero de Quillones á llevar ios jueves una la rg a c a ­
d e n a ai cuello y defender un paso co n tra todos los c a ­
balleros del mundo, rjue m ás fama h u bieran alcanzado
en el m anejo de las armas. A pro vechan do la ocasión de
ser m u y concurrid o el camino que desde León conducía
á S a n tia g o de Galicia, señaló el paso del puente de Or-
bigo. Levantada la liza y escogidos los nueve campeones
que le ayudasen en la em presa, envió carteles de desafío
y el ceremonial que había de observarse. Silero y sus
com pañeros se co m pro m e tían & ro m p er trescientas
lanzas.
A cud ie ro n al p alen que setenta y ocho caballeros de
los reinos españoles, y no pocos portugueses, italianos y
franceses: se corrieron setecientas veintisiete carreras,
rom piéndose d e a (o dieciseis lanzas, 110 habiendo podido
llegar á las trescientas por falta de tiem po y av e n tu ­
reros.

IV

Antes de pasar adelan te en el curso de n u e s tra his­


toria, y p a ra que el lector p ueda form a r juicio exacto
del alunceamiento de los toros, baso fu n d a m e n ta l del
_ 9*2 __
toreo mo'derno, nos p erm itirem os fiar copia de su re ali­
zación, t a l como la <lefcribe Gonzalo Argüí.© de Molina
en su Libro dv i y impreso en Sevdla en 15S2, y
dedicado al R e y don K dipe II*

E n el capítulo X X X T X .d e l citado Libro, dice A rgote


de Molina lo siguiente:
“ D o s d i f e r e n c i a s h a y en e s t a d e s t r e z a ; u n a lla m a d a
rostro ú roMro>y otra q u e d ic e n al R ostro á ro s­
tro , e s c u a n d o la p o s t u r a d e l c a b a l l e r o h a c e la h e r i d a en
e l t o r o en el l a d o i z q u i e r d o . p o r !a d i^ p o s ie b n i d e la p o s ­
tu ra . q u e e n tal c a s o s a le el l o r o h u y e n d o n<»r la p a r l e
c o n t r a r i a de d o n d e lo l a s t i m a n , h a c i e n d o f u e r z a e l c a ­
b a l l e r o e n el t o r o , d e s v i a n d o lo s p e d i o s d e la p u n t e r í a
q u e el to r o tr a e , y á e s t a en u s a eeJm vi tn ro p o r d e l a n t e
ríe su c a b a ll o , (pie e s la .'/o r.V m a s p e l i g r o s a de in d a s las
que s e p ' i e d e u o fY e cer. y p;»r e s t o la. m u s e s t i m a d a , h a
q u e s e a g u a r d a al e s t r i b o e s so !o u n m o v im ie n to o e la
pos; t ura d e 1 ca b a lío y '.leí e a ba 11ero, q u e la v m n ■: a qae
h a c e es s o l o s;aeárd;¡, c a r a i.!-1! ca.b;d!o de la d d toro: do
s u e r t e q u e la fuerza q u e d c a b a l l e r o p o n e en la I m t n t y
la qu i3- e i to r o t r a e e o n su furj ;i■. h a e e n sa lí r a 1 to r o p (>r
el lar.í o de reo i 10 y e l c a b a l l e r o p o r el i z q u i e r d o , d e s v i á n ­
d o s e el u n o al o t r o . á. e s t a c a u s a e s la m e n o s p e l i g r o s a .
'"La forma que d caballero ha de ten er para d ar la
h.tH'ttAfi ha de ser salir en caballo crecido, fuerte- de lo­
mos, levantado por delante, ileguiálico, que no acud a
apriesa á los pies; líalo de fraer cabiertos los oídos con
algodon y puesto por los (-'jos un la te t a n e^b iert o eon
unos anienj'.^s, porque no vea ni oÍL>a C o r e i í y ; t ú . !;í,
poslura (.le los o¡t>s y los arnnum.mtos sí son alt^s ó -s.
si Jilere con el cuerno deveeho ó con el izquierdo. s; -e
de sai’ma te m o n i no ó tarde, lodo la en al se c o r c e l a e;i
dando el toro una vuelva al cose. po rqu e al to m a r wn
hom bre ó reviblr ana r/v.e'/, i verá si ¡b^arnvA aV.o ó Laja .i ^v
e oi i q a e c n e r ir > h i e. r e, 1o e n n 1 s orvi r á p a r a q u e , c o n J' -v-
m e el toro luciere y ia p o s tu ra que tru je re. el caballero
aguarde, y entonces el caballero Je a g u a r d a r á eoni'or;ne
á la postara que el torn trae. Si el toro es i e varita do y
se d esarm a bajo, p o m a la p u n te ría de la hiuíd- medio
por medio del gatillo en la p o s ta ra donde se eiúe el ein~
tero de Ja foga, Y si desarm a alto p o m a la p u n te ría tres
ó cuatro dedos por cim a do Ja frente dtd toro, porque
con lorian á estas consideraciones no se puede e rrar la
pan te ría.
"La laitíii será de ordinario de lrt palmos, ae li'es-.io
balado Seco y enjillo, y q o:s sea tostada la m itad de ella
desdo el puoo á la pata. p o o ; ae i-siv tiesa. y no blande
haMa. que v! toro o l e Iñeu !--jr i i(> y ]\;mpa mas iacib
porque á doblarse la janza ¡i.*. Ir i) el te ro hacer suerte en
td c a ij;111o. Y el ti e r i o d e 1L s e a d e n a v i\] \s , d e cuatro d e -
dos do ancho, parque siendo de n avajas en tra y sale
cortando, lo que no h ará siendo de o^o redondo. La p u n ­
tería del íl *rro no ha de ser de ülo ni llano, sino que r e ­
conozca la p unta del fierro, de snerte que cuando el toro
e n tra re vaya Iniciando e o rte . p ara que la muño esté d a 1 -
c o y e n tre co rlando mas 'i ¡i cd mente, y llevará apu ntado
el 1 ligar por donde la, ha de toninr.
“Cuando el caballero se va al toro ha de considerar
si es viejo ó nuevo, si está cansado ó lozano^ y co n fo r­
me á esto ir m etiendo el caballo, porque los toros Fie-
jos, en viendo ir el caballo, alzan la cara á reconocer el
caballo y caballero, y am enazan mía, dos, tres y más
veces, y acontece m e te r u u a m ano y o tra reconociendo
si el caballo le espera, escarbando y am en a zan d o con
ellas,y en el e n tre ta n to que el toro no tiende la b arb a p e ­
g a n d o como liebre las orejas con el cuerpo, esté seguro
el c a b allero 'q n e no ;ac o m e terá el toro, y en reconocien­
do que hace esto, apercíbase p a ra recibillo; y si es n ue­
vo, es mas presto y acontece reconocer y a m e n a z a r y
a m a g a r y partir; y el conocim iento de esto ha de estar
al ingenio y experiencia del caballero que fuere a to­
rear, p a ra que cu ando el toro llegue lo halle apercibido.
LíE n poniéndose el caballero en el circo que la g e n ­
te tiene h e c h o -a l toro, váyase paso ante paso al toro y
espóngale la eapa} echándola por cim a del hom bro, y
viendo que el toro le ha visto, que le reconoce, alce el
brazo ec han do el canto de la capa por cima del hombro,
lev antand o la m ano a b ie rta por cima del, á cuyo tie m ­
po el criado que allí ha de ir con la lanza al estribo dere­
cho del caballero, se la p o m a en las m anos alzando el
br&zo con el cuerpo, afirmando al pecho sin m overla h as­
ta que el toro llegue á e n tre g arse á la h e rid a y h a y a
rom pido su lanzaf la cual no ha do so ltar de Ja m ano
sin tenerla liecha pedazos, aunque el toro le saque de
la silla. „
CAPÍTULO III

R e f o r m a e n l a s R a jla s de to rea r, m a n d u d a s e s c r i b i r p o r e l R e y
F e l i p e 1 V, p a r a l o s calaü Leros d e s u c o r t e , — V a r i a s c o n s i d e ­
r a c io n e s sobre el í oreo antiguo: auarem as que p esaron so­
bre e s ta s iie s t a s .— E l E m p e r a d o r C arlos I g r a n a lanccador
de- b o ro s. — F i e s t a s R e a l e s d e Toros {/ C anas e n V^allado-
l id . IíVJT.

ftugvui liemos podido co m p ro b a r en varios docum en­


tos históricos, el Key F elipe IV fue decidido partidario
do la Fiesta de toros, como así se d enom inaba entonces
este espectáculo, p atrim o nio exclusivo de los caballeros
de la época.
Visto por el M onarca la carencia de reglas espe­
ciales para torear, pues las que existían ( 1 ) eran de suyo
deficientes, llamó á su presencia á D. Nicolás de Mena-
cho, jov en m u y versad o en letras, entendido aficionado
y muy estim ado entre los cortesanos, por su arrojo y
d ese n v o ltu ra en lides tau rin a s, al que encargó escribie­
ra mi libro p ara que los caballeros se perfeccionasen en

(sl ) V éa se el ca p ítulo an terior.


el ejercicio de la lanza, la espada y el rejoncillo, ó con
otros menesteres d d cano, y IX Xicolás de iíenaclio, que
era m ás toreador que escritor, tuvo el arroiuniienlo de
escribir un libro desco n certó lo , desunido y sin m érito,
que tituló "Advertencias para los caballeros que saliesen
ú to)reai' á 1a Pla?a en ¡as jiesltts Feales\ que -i¡te ha m a n ­
dado escribir S. 21. el AV. D. Felipe 1 V } en ocasión de ve­
nir á España la lie i na. nuestra señora, doña M ariana de
Austria. „
Después de una invocación ta n am pulosa como dis­
p a ratad a, dice á los caballeros: “Mirad que á estas fies­
ta s asisten los R eyes, y junr.am ente las dam as de su
I'alaeio.,. Les aconseja que las g alan te en con cortesanía,
asistencia y lucimiento, que paseen el terreno los g a la ­
nes, debajo de las v en tan a s dond e suelen m ostrarse las
damas, con la debida permisión y decencia.
Prohíbe que los galan es anden sin som brero, a un que
el calor los sofoque, y que lleven siem pre el ro stro ha­
cia las ventanas, y qué m iren de tal m anera, que se co­
nozca en el s e m b 1a n t e d e 1 gal a n su tsj >ivita {/ su [ni e.ia.
“Al e n tra r el caballero on la Plaza, ha de encam i­
narse p rim e ra m e n te á la v e n ta n a de los Keyes, y des­
pués de haberse q u ita d o la gorra, p uede y a pasear por
d e lan te de las damas.,,
“M ientras se efectúa la lidia, el cal tallero debe s e ­
g u ir paseando por delante de los balcones, saludando á
las damas, sin cuidarse del toro para nada, que esto da­
rá á e n te n d e r á las dam as que es mozo de m ucho brío
y que d -s iena el peligro; y para encarecer esta ac titu d
ra l «rosa, expone el siguiente ejemplo;
14Y ha ávido (l j g a ’áu que o stentan do en tal ocasión
su fineza con su ai o div ertim ien to, no dándose por en-
(1 ) Copiado literalmente de su orginal.
— £7 —
tendido do que el toro le acometía, p con verdad d eja n ­
do sin que se defendiese, ni con moña, ni ofendiendo
al toro, y este caso se aplaudió mucho. „
D espués de muchas reflexiones entra de lleno en el
terreno de los preceptos, teniendo por parte principal ei
galanteo.
“Pero esto no im pide de que se encuentre en el de­
ber de amparar á la gen te de á pié ó de i caballo si la
viese en peligro, porque el buen caballero después de
haber quitado el sombrero á los R eyes y saludado a las
damas, debe en caso necesario demostrar que, á mas
de caballero y galan, tiene caridad cristiana para soco­
rrer á sus se mej antes. „
‘ Pero sea siempre el pasear el terreno el punto prin­
cipal de su com etido, no deje nunca de sonreír, pasean­
do por delante de las damas, para demostrar que tiene
arrojo y serenidad.„
uSi le viene en antojo al caballero ir al torot hágalo
cara á cara, salvando la cabeza del caballo de la del
toro, y haga lo posible para 110 errar el garrochón, po­
niéndole en dé l a cruz adelante, procurando sacar el ca­
ballo limpio,,,
“Puede el caballero sa ca rla espada si se v iese aco­
m etido del toro y no tiene instrum ento con que se to*

“D ígase siem pre que el caballero sacó su espada


porque la hubo menester. „
No era perm itido á ningún caballero quitar la suer­
te á otro.
“Lúzcase el que primero llegu e ó se puso á la puer­
ta del toril.
uSi cayere un caballero en la plaza debe de levan­
tarse con presteza y buscar con la vista al toro, y si le
— 32 —
las p erso nas privilegiadas, que se co nceptu aban así h o n ­
radas; pues la p a rte del pueblo cada cual se acom odaba
como podía, encaram ándose algunos en los tejados do los
edificios próximos.
Los prim eros que se pre sen taro n en la a ren a del cam ­
po fueron los caballeros de Y alladolid, que lucían la li­
brea del E m p era d o r, en g ra c ia concedida por el aprecio
y es tim a en que los tenía: ib a n todos á caballo y con
marlotas de raso am arillo y albornoces de dam asco blan­
co, los de u n a cuadrilla, y con marlotas de raso azul y al­
bornoces de damasco azul los de la otra.
L legó después el Conde de B enav en te con los suyos,
vistiendo marlotas de terciopelo p ard o y albornoces de
damasco amarillo, y con capas de terciop elo pardo el
Conde de N á je ra y los suyos.
Y por último, apareció el E m p era d o r, en cuyo m o ­
m ento la nobleza, los P ríncipes, cortesanos y pueblo se
lev a n ta ro n de sus asientos y se desc u b riero n con resp e­
to. E l Monarca llevaba m arloH de terciopelo blanco y al­
bornoz de raso blanco también; m on taba un hermoso c a ­
ballo tordo, enjaezado con silla á la morisca, de a b u n ­
d antes crines rizadas y larg a cola.
Hízose la escaram uza, re quirie ron las adargas, y des­
pejado el campo, soltaron el p rim er toro, n egro como no­
che tem pestuosa, de g ra n d e s y afiladas astas, preciosa
estam p a y m ostrando la p ujan za y b ra v u ra de los jara -
menos puros.
F u é á buscarlo el E m p era d o r, pero el b ru to se retiró
á uno de los extremos del campo libre de tablado, r e h u ­
sando acom eterle.
Don P edro de los Vélez, caballero de edad b astan te ,
y que gozaba de g ra n fam a como alanceador, se acercó
al E m p e ra d o r y le dijo:
— 33 —
— Así le h ab ía de llam ar V u e s tr a Mag-ast id .p a r a que
le entrase.
— Id vos -v e a m o s como lo hacéis, mi b u ea Vélez —
le replicó el Monarca.
Se va D, P edro al toro, seguido de rus pajes y escu­
deros, cita, lo estrecha, m u estra toda sn a p o stu ra de
gran g in e te y so dispone á alancearlo: más el toro se le
revuelve, le em biste con gra u ím p etu y derrib a caballo
y giuete. El do los Arélez rueda por el suelo, m an ch a d as
sus galas y muy m agullado, m ie n tra s el j a r ame ño echa
su fuerza con el potro; los pajes lev antan á D. Pedro, el
que corrido y m altrecho, p a r a probar su valor requiero
1a es p a d a y s e d i s p o n o á s o s te n e r s u (■atprño d e á p io; m \ s
sus heridas y m agu llam ien to se lo impidieron.
Al verlo cerca de sí el E m p era d o r, díjole con sonrisa
maliciosa:
— Don Pedro, esa lección no l¡i pienso tom ar, si á Dios
place.
V uelto el toro á su querencia, fue allí mismo á buscar­
le el Monarca, decidido á darle m uerto.
Las dam as se pusieron de pie en medio de la m ayor
ansiedad; la m ism a E m p e ra triz dió m uestras de temor,
y todos los circ u n sta n tes quedaron suspensos de la p a la ­
bra y con los ojos lijos cu el Monarca.
Mas esta vez le p arte el toro; el E m p e ra d o r lo estre­
cha 111 ás y más, b urlau d o sus acom etidas con graciosos
y rápidos m ovimientos de su caballo, y por último, le dá
un certero golpe de lanza por el ver r ttj aillo} quedando
m u erto a su presencia.
E l entusiasm o que produjo el acto de arrojo y valen­
tía del E m p e ra d o r de las Espafias, fue inmenso.
Los varones lo aclam aron y las dam as ag ita ro n sus
a ba ii üloa y vis t o s os ya niz 11d o s e n s e ñ a l d e c o u t e n t a m i e n t o .
III

E n tiem pos del Emperador Carlos I ( lf>lf> a 1555)


tomaron gran increm ento las Fiestas de toros, a las que
el Emperador era decidido partidario, prestándoles aii
protección y valioso apoyo. Los cortesanos, unos por
afición y otros por mostrarle solícitos á halagar á su se­
ñor y rey, se hicieron muy aficionados al arte de alan­
cear toros, en el que sobresalieron muchos de éstos por
su maestría y valor.
El Emperador Carlos I se hizo muy notable por la
agilidad y arrojo que demostraba al dar muerte á los
más fieros toros del Jarama, en presencia de su corte y
de las apiñadas masas del pueblo.
üSi la fiesta nacional hubiese gozado en los tiempos
del gran Emperador los adelantos de hoy, tal vez hu­
bieras© hecho mas notoria la afición régia y la historia
consignaría sus inclinaciones taurom aticas en páginas
brillantes.,,
Pero por aquella época se desconocía el arte del to­
reo ¡ y sí sólo la suerte de alancear y derribar toros, y á
ésta únicam ente alcanzó la afición de Carlos V*
IV

Entre los más salientes hechos taurómacos del gran


Emperador, merece citarse el llevado acabo en las Fies­
tas de toros verificadas en V alladolid en 1527, con m otivo
del natalicio del R e y F elip e II.
Tal como han llegado á nosotros las damos al lector;

“FIESTAS REALES EN LA PLAZA MAYOR DE


-AISTO IDE 153*7

TOROS Y CAÑAS
El jueves doce de Junio, día de la Santísim a Trini­
dad, se levantó la Em peratriz del lecho por vez primera
desde su alum bram iento.Con tan fausto acontecim iento,
dispuso S. M. continuasen las tiestas, y entre ellas una de
Toros y Cañas, ju sta s y otros regocijos.
La primera tuvo lugar en la Plaza de San Francisco
(hoy P laza Mayor) donde se habían levantado lujosas
tribunas para la Emperatriz y su corte, y tablados para
_ 28 —
h allare cei*c£t, eM pm lar la espa da con mucho donaire, y
si el tnro le embiste h erirle con ella; pero si el toro 110
le em biste busque á la fiera y si la imita, sera acción
m u y airo sa y se llev ará las voluntarles de Jas damas..,
H a b la luego de la forma, tam año, calidad y otros
requisitos que deben ten er los garrochones.
Quiere qne la espada sea mas bien corta que la rg a
por que ulas cuchilladas se han de d ar m uy arrim a d o el
caballo al toro, de las costillas en adelante.,,
S eñ ala, p o r fin, la hora en que deben e n tra r los c a ­
balleros en la plaza, de la cual 110 deben salir h asta que
los R eyes se h a y a n ausentado.

II

P o r lo expuesto en el capitulo a n te r io r y principio


de éste p odrá com p ren der el lector el modo de ser que
ten ían las Fiestas de toros e n aquella época y ¿ l a s rujias
á que tenían que sujetarse los caballeros que ou ellas
to m ab an parte .
Desde los prim eros años en que se em pezaron á p r a c ­
tic a r en E s p a ñ a estas fiestas, no han faltado im pugna*
dores de ellas, pero los p a rtid a rio s siem pre fueron los
más y el triunfo fue suyo.
E n los gloriosos tiem pos en que se llevó á cabo la
unidad española y su em ancipación d*l yu go agareno ,
el Consejo de E s ta d o emitió inform e contra las Fiestas
de toros, inspirado en las opiniones de Isabel la Ca­
tólica.
— 29 —
P e ro esta g ra n Reina, que por sus bellas cualidades
y sabias dotes de go bierno era adorada de sus pueblos
deseando corresp o n d er á tan señaladas m uestras de ca­
riño, al ver la afición tan decidida de sus bravos caba­
lleros por la Fiesta de toros, ta n en b o g a en aquella épo­
ca, se lim itó á o rd enar que fuesen embolados Jos cu e r­
nos de la res, con el fin de que el peligro de sus ad ali­
des fuera el menor y evitar las infinitas desgracias que
ocurrían en la plaza á los peones y criados que acom­
p a ñ a b an á sus señores, los que sin nociones alg u n as p a ­
ra b u rla r á la fiera, reg aban con su sangre la arena de
los Circos.
P o ste rio rm en te, y en d is tin ta s épocas, desde C ar­
los ITT a F e rn a n d o V I L se dictaron órdenes de p r o h i­
bición en estas fiestas, m as la afición de ellas está tan
a r ra ig a d a en los españoles 3' tan in n a ta en este pueblo,
que p ronto tu vieron que volver sobre el acuerdo y pei’-
m itir su celebración.
Ocasión tend rem os en el transcurso de este libro
p a r a tr a t a r el asu n to que nos ocupa, en lu g a r y tiempo
oportunos.
H a sta m ediados del siglo X I V fueron estad fiestas
casi p rivileg io exclusivo de los ni agua tes, recay e n d o
las n otas mas infam antes sobre las otras clases de la so­
ciedad, que por retribución ó sueldo to m aban p a rte en
ellas, (l)

(I) Véase la IV de las Leyes de Partida .


— 34 —
Sueltan el otro toro, y previo el permiso del Monar­
ca, entraron en liza los caballeros de Valladoüd.„
Como lo que resta de la corrida no ofreció ninguna
particularidad, renunciam os á su com pleta descripción
para no cansar al lector»
CAPÍTULO IV

Un paso atrás en nuestros apuntes*—Tradición histórica cordo­


besa.—TTna excursión por la sierra.—Un gran peligro y un
salvador á tiempo.—Tina],

ísu obstante estar ya algo adelantado el curso de


nuestra narración, vamos á dar un paso atrás en la bis-
toria, esto es: presentar al lector una curiosa tradición
de la ¿poca del Califato de Córdoba, tal y como ha llega­
do a nosotros.

II

Según so hace constar en un antiguo manuscrito que


posee un eminente taurófilo de la corte, en la época ci­
tada—aunque no se fija con exactitud el ano—existía en
Córdoba una sultana, tan bella de rostro y encantos per­
sonales, como hermosa de corazón. Toda su dicha la ci-
fraba en practicar el bien, no habiendo lagrimas que no
CAPÍTULO Y

Documento histórico.—Primera fiesta de toros que se verificó en


Barcelona,—Lo que eran estas liestas en 1601,—Considera­
ciones finales.

Como curiosidad histórica de indiscutible mérito, y


para que el lector pueda formar juicio exacto del modo
de ser de las Fiestas de toros en los pasados siglos, tras­
cribimos á continuación, vertida fielmente al castellano
del dialecto catalán, la siguiente narración de una fun­
ción taurina verificada en la Ciudad Condal en 1601.

II

“Con motivo del natalicio de la Princesa Ana María


Mauricia—hija de Felipe I I I —que después fue esposa
del Bey de Francia Luis X III, hubo en Barcelona gran-
- 41 —
des festejos, para solemnizar tan fausto acontecimiento,
en la forma y modo <n que era costumbre en aquella
época. Entre otros públicos regocijos hubo una Fiesta de
toros, que según las crónicas refieren, se verificó el día
3 del mes de Diciembre dol año de gracia de 1601. El
D i d a r i número 22, que se conserva en el Archivo mu­
nicipal de la Ciudad Condal, refiere en términos que dan
idea de lo que eran esta clase de fiestas en aquellos
tiempos.
Según refiere el erudito escritor catalán señor Gis-
pert, en nn curioso documento publicado en su dialecto
hace años y el cual hemos utilizado vertiendo al caste­
llano lo más sustancial de él, como decimos anterior­
mente,^—estas liestas fueron continuación de los torneos
verificados el día anterior, con motivo del natalicio de
la Princesa, y los que las Crónicas de aquel tiempo re­
fieren do igual modo, por lo que el referido señor Gis-
per fc supone,y nosotros asentimos también, que las Fies­
tas de toros en aquella época no eran consideradas en
España como un espectáculo extraordinario, no obstan­
te que eu la Ciudad Condal sea ésta la primera verificada
de que se tenga noticia .
A dicha íunción asistieron el Virrey de Cataluña,
que lo era entonces el Duque de Feria, los Cortcelltrs,
Diputados y gran número de damas y caballeros.
La lidia del primer toro no ofreció nada de particu­
lar, pues el animal se contentó con correr por la plaza
de acá para allá y huir de todos, por lo que el Virrey,
viendo su falta de bravura, mandó fuese desjarretado y
muerto después de cortarle los tendones.
El toro siguiente, después de lancearlo. fue muerto
con dagas y espadas, y tanta seria la precipitación de
los encargados de hacerlo, que el Duque de F eríalo
— 38 -
inmóviles cuerpos la iracunda miradn, cuando un arro­
gante y simpático mozo, corrí en do presuroso, llamó la
atención de la fiera, resucitando por mi momento en las
acongojadas damas la perdida esperanza de conservar
sus preciosas vidas.
AL ver el animal que un enemigo sin duda le salía al
encuentro excitando su cólera con el rápido movimiento
del blanco alquicel, que sin cesar agitaba el joven en el
brazo izquierdo, corrió hacia él con la impetuosa veloci­
dad de su ciega bravura.
El mozo se detuvo entonces majestuosamente ergui­
do, esperando sereno la terrible acometida de la fiera.
Dos gritos de espanto acallaron un instante los gor­
jeos de los pajarillos y el suave rumor de las flores, me­
cidas blandamente por la brisa.
El toro había llegado al sitio ocupado por el hombre,
que había separado sn cuerpo sin mover el alquicel qué,
débil para resistir, había hido levantado brusc amente,
cayendo el toro, victima de su fogoso empuje, á pocos
pasos de su burlador.
Este corrió rápido hacia la fiera y hundió en el cue­
llo, cerca de las astas, agudo puñal que produjo la muer»
te instantánea.
La congoja de aquellas débiles mujeres trocóse en
alegría, La madre salió al encuentro de su salvador, que
hácia ellas se adelantaba, expresándole con emociona-
do ademán cuánta era la gratitud que le debía por el
incomparable beneficio que de su valor acababan de re­
cibir, y que su noble esposo sabría premiarle con su
afecto y favor.
El mancebo la suplicó le permitiera acompañarlas
por aquellos peligrosos sitios, que él conocía, porque los
recorría con frecuencia, habiéndole ocurrido muchas ve­
— 3i> —
ces el peligro so lance que acababa de tener lugar, y del
cual había aprendido á librarse para poder pasar con
tranquilidad.
La dama ai Imi tiú con agrado tan valiosa compañía
hasta su regreso á palacio.

Algún tiempo después, el miserable aduar (pie visi­


tara la virtuosa madre, para enhenar las prácticas de la
caridad á su hermosa hija, se había convertido en pinto­
resca casa de campo, ha¡>ta donde continuaban sus agra­
dables pasens Jas más nobles familias de Córdoba, que
siempre acompañaba algún arrojado caballero que había
recibido Jas lecciones convenientes del que salvó á aqué­
llas, para matar un toro sin riesgo de su persona y me­
nos de las que marchaban confiadas en su destreza y
valor,,,
— 36 —
enjugara ni desdichas que con mano prediga no se apre­
surara ¿ remediar.
Tan sublimes máximas se afanaba en inculcar en el
corazón de su bella hija, de la- cual se hacía siempre
acompañar en cuantas ocasiones practicaba una buena
obra.
Madre é hija eran adoradas por todos sus súbditos
musulmanes y hasta por las infinitas familias cristianas
que vivían dentro del recinto amurallado de la ciudad;
pues su inagotable caridad no tenía límites. Su amante
y régio esposo la dejaba hacer cuanto tuviese á bien,
aunque disimulaba su furor cuando estas buenas obras
alcanzaban á los cristianos; tanto era su amor á la sim
par Princesa, que deponía su odio por no causarle pesa**
res, no obstante su odio á los defensores de la cruz.
Sultana y Princesa oran muy aficionadas á pascar
por los alrededores de la ciudad, de la que solían alejar­
se en muchas ocasiones, sin que las acompañara un silo
criado, ni soldado alguno de los de su alcázar, pues no
gustaban de que sus buenas obras fuesen presen Liadas
por nadie.

III

Cierta mañana de primavera salieron del alcázar


musulmán al romper el alba. Por uno de los portillos de
la ciudad se internaron en el campo madre é hija, con el
propósito de socorrer á varias familias, que en míseras
chozas habitaban en las faldas de la sierra, las que, efec-
— 37 —
to de las malas cosechas que habían tenido el año ante­
rior y la escasez de trabajo, pasaban mil apuros, de los
que la ilustre sultana había tenido conocí miento, y pro­
vista de repleta bolsa, iba á remediar. Caminaban pi­
sando la verde alfombra y cuidando de que no se enre­
daran sus ricos vestidos de brillante seda en alguno de
los arbolíllos que del mullido césped brotaban, y en cu­
yas vacilantes ramas agitaban sus alas los ruiseñores, que
entonaban con sus trinos dulces y armoniosos sentidas
querellas de tiernos amores.

IV

Ya embriagaba sus emocionados pechos el agrada­


ble aroma de las flores, el placer que les pi’oducía la no­
ble acción que las guiaba en aquel florido vergel, lleno
de luz y colores, que realzaban más la hermosura de sus
blancas y sonrosadas megillas, cuando de pronto lanza­
ron dos gritos de terror; fuertemente agitados sus cora­
zones á influjo do inmediato y terrible peligro.
U 11 toro, escapado sin duda de una cercana dehesa
en que se guardaba numeroso ganado para atender al
servicio y necesidades de la crecida familia y excesiva
servidumbre del Califa, se dirigía hacia ellas con evi­
dentes muestras de acometerlas.
Ante tan espantosa realidad desfallecían sus almas
tiernas, incapaces de resistir á emociones tan fuertes, á
situación tan desesperada* Ya el terrible animal había
aumentado la velocidad de la marcha, sin separar de sus
— 12 —
consideró como un a luí so intolerable, que no dejaba con­
templar la desenvoltura del capeo de la res, por lo que
envió recado á los lidiadores eon los oficiales que le acom­
paña n a sus órdenes, para que dejasen ver la bravura de
los toros.
Los toreadores se retiraron y dieron paso al caballero
D. Pedro Vi la de Glasear, que, montado á la (jineta, y
armado de lanza corta, era acompañado de cuatro pujes,
con dos lanzas cada uno. Dicho caballero, antes de diri­
girse al toro, saludó reverentemente al lauque de Feria,
á los señores ConeeVers, á los señores Diputados y de­
más; después se fué á buscar al toro, el cual le ai re me­
tió. y dejándolo llegar, el caballero Pedro Vita, que ma­
gistralmente le dio uu bote de lanza tan certero en tíl
testuz, que lo tiró patas arriba; por lo tanto, fue sólo
una lanza la que utilizó. Después de saludar nuevamen­
te se retiró el caballero vencedor entre las aclamaciones
del pueblo.
Después salió otro toro, que fué muerto por un ca­
ballero de igual modo, y a continuación dieron suelta á
dos, que salieron á la vez.

III

Lo que no refiere el Dietario ni el Sr. Gispert, es có­


mo se las arreglaría para lidiar á dos toros á la vez; se­
ría curioso saber los incidentes á que dio lugar tan ex­
travagante ocurrencia.
Después, y para divertimiento del pueblo, sin dada,
— 4H ~
s o l 1¿irr jii mi Loro ron naa n ^ t i d a m d a r oh ai esf a los q ue p e ­
c a r o n filen o u n a vez ijuo e! b ich o e s t u v o e n m e d io de la
p] i/,a> ;]>) c o rn o á hiswtr;ts má<jMinas d<; las t.jm<- M p obre
a n im a l v e n ía rod ea lo, hI q u e al sontinM* q u e m a r la p¡el
s;iiió d a n d o b rin cos p >r el m o d o . T an crind e s p e c t á c u lo
era a m e n iz a d o por los t iiíi bsiles y t r o 1Jipatas q u e e sta b a n
en la grafía ó cuta talco, c o n s t r u id o frente á la Cana d*X
(¿ene-ral.
Por lo transcrito comprenderá el lector lo que era
una corrida de toros en aquélla época, en que no se te­
nía la menor noción del arle d d tornar, pero cuyo ejerci­
cio proporcionaba ocasión para que luciese ti sus bríos y
gentileza tu alancear toros bracos los caballeros de la más
linajuda nobleza, á ios que en varias ocasiones les cos­
taba la vida esta diversión.

IV

La referida Fiesta da toros tuvo lugar delante del Pa­


lacio de los Virreyes de Catalana, y en el mismo sitio,
después de habilitado al etecto: en que se efectuaban los
turnad, exceptuando la tienda y el palenque} que no po­
día utilizarse más que para los guerreros; y tanto fue
asi. que ei Duque de .Feria se colocó en el balcón que
ocupó los días anteriores para dirigir los torneo*, pasan­
do los Diputados y (Joneaders á las tribunas que para
ellos se habían levantado.
Según el perímetro que entonces tenía la plaza ac­
tual del Palacio donde construyó el Circo, y á la cli^
TUMOI ¡)
— 44 —
posición cíe los edificios que por entonces había en dicho
lugar, puede calcularse (\ne el espacio apropiado para la
referida Fierta de toro* — la p r im era ce 1e b r a d a en Ka r ue-
lona, según las crónicas—se ajustaría á la mitad do la
extensión que en la actualidad tiene d ich a plaza, siendo
el lugar de la tiesta el que ocupaba entre hi ntsa ih-l (Je-
noval y la m ía tfa anaat, al tina 1 de la Puerta de JIar.
CAPÍTULO VI

Unn at'lri ración del autor de es re libro,—Revista de la corrida


\ \>ri!b‘a d a e>i la plaza M a y o r de Madrid el ii(> de Julio de
IfMU; preliminares de la En la plaza. —El despejo ó sn-
ladu de los caballeros.

El curioso documento qne a continuación se publica


vió la luz hace anos en un periódico de la Corte: el ori­
ginal ha llegado á poder del autor da estos A puntes
muy deteriorado y mutilido, careciendo de firma, por
cuya causa no se hace constar el nombre del que lo dio
á conocer, sacándolo sin duda de un archivo taurófilo
d° osos qne pocos conocen.
Hacemos esta leal ma ni testación para que no se for­
jen tórridas interpretaciones.
Todos los documedtos qne se publiquen en este li­
bro, ya sean los coleccionados ó los que nos faciliten los
escritores tanróliios que lo han ofrecido así, irán auto­
rizados con las respetables ñrmas de sus autores, pues
ademas de ser un deber, acrecentará el mérito de estos
A pu n tes H istóricos.
“Fiestas Reales en la Plaza t o r , de Madrid
(26 de Julio de 1636)

ii

"Harto clubes saber, lector pío. si como yo vivos , en


esta villa que escogió para su corte la imij estad ds don
Felipe III, padre del re}' nuestro señor íqne T)ios gnar-
d e) q n e t r es son )as ties fa s q ¡io d e ob Iig :sc ió n se celebran
en Ma el i id; y r o njo cOn 11g o ten go on n t-1 a ir! o e o m nr o n1i sn
de reseñarte una. ya une la de San Isidro pasó y la d¡*
Santiago no promete sor uin lucida, para darte menuda
cuenta do los lances ocurridos en eshi de Sania Ami,
que con esplendoroso aparato se ofreció ayer de J u ­
lio dij. año dr gracia de K'iíHi, á los ojos de la asombra­
da .muchedumbre, enristro la pluma para que ambos to ­
memos deleite, tú fingiéndote lo «jilo 110 alcanzaste á
ver, y yo recoi dando Jo que me cupo en ventura ad­
mirar.
De largos días atrás sabía que ios feroces brutos qne
habían de correrse eran diez y ocho, los unos venidos de
las apartadas dehesas de Ronda y los otros apacentados
en las salobres orillas dei Jarama, délos cuales seis es­
taban destinados á la mañana y los doce restantes á la
tarde: y como tú ignoras que esas esplendorosas fiestas
se celebran en la Plaza Mayor, y que no es tan fácil co­
mo parece lograr un puesto, he do confesarte que perdí
— 47 —
la de la mu ña 1:1a buscando quien me alquilara balcón ó
me veudinra sitio en un andamio para la tarde. Esto, á
decir verdad, ni para mí por no haberlo visto, ni para tí
jio r no e se uc 11a r 1o r el a t a d <>, f lió g r a n pé r d ida. p u es como
)a primera parte de la fiesta se reduce en primer térmi­
no al encierro y en segundo al acose de las reses con
¡/arrochón o vara-lar ya, que al cabo y á la postre vienen á
morir dejar yda das, no ofrece ni con mu el jo las peripecias
y las galas que á la segunda están destinadas, ni la con­
currencia que á ellas asiste pueden competir en compos­
tura y bizarría con la que presta ornato á la segunda.
Con tal que suceda, los que pierden son los dueños
de las casas, á quienes para la mañana se les deja el liso
do los balcones, y para la tarde se les embargan todos
Ins huecos, que reparte el Consejo por medio de cédulas.
Ksto no obsta para que los logreros hagan mercadería
délo que oomo regalo tornan. 11egando á pagarse creci­
das sumas por una ventana, sobre todo, de las del portal
drt Pañeros, que por tener sombra, como colocadas que
están al Oriente, son las más codiciadas.
Yo lo que pude lograr fue un asiento en uno de los
tablados levantados á costa de los carpinteros de la Villa
delante de la PreUnena, y esto pagando por él hasta (rea
reales de á ocíku dándome por satisfecho de la merced
que se me hizo de que éstos no fueran de los de plata
vií-ja pues por más que las pragmáticas marquen minu­
j

ciosamente el valor que los andamios deben tener, sabi­


do es que en nuestra corte siempre dieron pragmáticas
p:ira no ser cumplidas.
III

¡Hermoso espectáculo presentaba la Ph.za Mayor!


Poco después dtí la una y media ya la majestad ele nues­
tros reyes ocupa han el balcón ricamente colgado de la
Casa-Panadería, y los Conejos, dirimidas al fin la? cues*
tiones de preferencia á que cada fiesta daba lugar, ocu­
paban sus respectivos estrados. Esta vez, como presente
que estaba el monarca, había tenido que prescindir el
Consejo de Castilla de levantar sitial para su presidente,
contentándose como ios otros con el banco llano y dis­
tinguiéndose de los demás sólo en ocupar el puesto más
próximo al balcón regio.
Mas de una hora hacía que veinte y cuatro cubas, ti­
radas por muías y engalanadas de verde ramaje, rega­
ban la arena de la plaza, mientras ensordecían el aire
los gritos y chanzonetas del vulgo* compitiendo en vo­
ces con las limeras que pregonaban su mercancía, cuan­
do por la puerta de la plaza, que salía á la cu lie Impe­
rial. oyóse alegre rumor de atabales y trompetería, y
las Reales Guardan, española y tudesca* mondadas, res-
pee ti va mente por el marques de Cama ras a y el flamen­
co duque de Ariscot, comenzaron el despejo de la arena.

.....................Las escuadras délas Reales Guardas ocupan


ya su puesto debajo del balcón regio, sitio desde donde
han (le presenciar la fiesta á pié ()nieto, sin otra defen­
sa contra la fiereza de los toros que los anchos cuchillos
— 49 —
ríe sus alabardas, tiendo mi vista al anfiteatro y empiezo
la descripción del festejo.

IV

Por la misma puerta por que los Guardas salieron*


salen ahora ocho trompeteros á caballo, vestidos de mo­
rado y blanco, que son los colotes de la villa, y segui­
rlos de dos atabaleros, paramentados en la misma guisa.
Tras ellos marctnn en lucida t-ropa los lacayos de los di­
versos caballeros que lian de tomar parte en la liza, os­
tentando vistosos trages de los colores de svis amos y lle­
vando unos, caballos do repuesto que conducen del dies­
tro; otros, rejones, estribos, sombreros, acicates y capas,
á prevención por si su señor tenía el deslucido azar de
perder algunas de estas prendas durante la suerte.
Detrás de todos, por último, van los caballeros, gi­
lí v tes en palafrenes lucidamente encintados y paramen­
tados, como es de rigor, á Ja (jineta ó sea con estribos
cortos á la berberisca, pues solo para lancear con garro­
chón, cosa que rara vez hacen los nobles, se usa el estri­
bo de acciones largas y la silla lisa ó de borrones, cono­
cí'ia por escuela á la brida.
Después de hecha la esraramtwa, los caballeros, se^
gil id os de sus pajes y escuderas, saludaron ante el bal­
cón rógio, sonaron los timbales y trompetas y el monar­
ca ordenó el principio de la fiesta.
CAPÍTULO VII

Confirmación de lo anterior: Principia Ui fie.fría de Ursas.- Los de­


más bichos.—Final desagradable de la córvida.—l.’n docu­
mento histórico.— Introducción dol uso de las nmlillas en ol
espectáculo tauniio,—Consideraciones Jimdes del autor,

Se abrió la poterna y olióse suelta, ni primero ríe los


doce toros encerrados, Era un jarameíio puro. He lar «-a
melena, negro como noche tempestuosa. Cu ai torrente
impetuoso, se precipitó en la pla^a. dando bufidos, y es­
carbando la arena. ¡Hermosa presencia de animal! Ocho
anos hacía que venía pastando en las orillas riel Ja ra­
ma, donde demostró siempre su no desmentida bravura.
Los caballeros se miraron unos á otros como inte-
rrogándose cuál había de ser el primero en arriesgarse
en el lance, hasta qne P. Luis de Tro jo. impaciente co­
mo mozo que era, adelantó su potro rebasando la línea,
no sin haber tomado antes un rrj ún de los de hntcilhf^
de mano de uno de los pajes que le servían.
Vestía el joven rico traje á la moda italiana, de los
cfdores naranjado y blanco. Ver el toro á su adversario
V alü/ir la pujante coryiz, fué todo uno; aun dudó uu mo-
— 51 —
mentó, retrocedió tinos pasos como midiendo el campo,
Y, por fin, acometió con ciega fiereza al potro. El ginate
entonces, tirando de la rienda, legró encabritar al caba­
llo, y pasando el derecho brazo p e g a d o á la cabeza de
aquél. buscó la ernz del toro; pero ya por que su movi­
miento no fuera tan rápido como quisiera, ya por que el
caballo ebedeciera con demasiada presteza á la rienda,
es lo cierto que en vez de quebrar el rejón en su sitio, le
dejó clavado en uno de los i jares.
Con esto ya hubiera sido bastante para provocar rui­
dosas manifestaciones de censura, más como si la suerte
quisiera a nadir leña al fuego, el bote del potro, mal es­
perado por el ginete, hizo perder á éste el sombrero y la
capa, y como estos lances eran de los que más deslucían
al caballero, la plebe prorrumpió en unánime ¡San Jar-
<ft\ ¡><tn grito con el que toda mala suerte se de­
nostaba.
EL único medir.) que entonces quedaba al deslucido
era basear satísf noción en el toro, desnudando la espada
para darle muerte; pero malos de sus pecados hicieron
que, alcanzado por su enemigo, diera con él en tierra.
VLa.l lo posara si don Gregorio Gallo, ¡l) que lucía
ropilla, do rizo leonado con bandas de oro, recordando
ijín-' el principal deber es acudir en defensa del com­
pañero cuando se ve en peligro, lio cortara el terreno á
la res y atrajera hacia sí todo su encono. El astado bru­
to obedeció á la llamada y acometió con nuevos bríos;
mas no era sn enemigo de esta vez tan biso fio como el
anterior, y antes de que tocara el peceño trastrabado

(11 Inventor do hi ¡urniiuluni (|iie usan los picadores para


prever vnr.se l¡is pilmas.
que montaba, rodó por la arena, rota la cerviz por certe­
ro golpe de espada.
Que los reproches se trocaron en vítores, no hay
para que decirlo. Baste saber que los Reyes mismos, de
pié en su balcón, agasajaron la heroica acción del victo­
rioso, saludando sn acierto y bizarría.

II

Pasaré por alto los otros toros, en que solo hubo un


peón alcanzado y maltrecho, y fijare nao en el sexto, al
que por ser de más noble condición que ios otros, acosó
con 'varilla el conde de Cautillana. Esta suerte consiste
eti irse derechamente á la fiera, armado de una (jar rocha
delgada y sia hierro, hostigándola en fuerza da tocarle
en uno y otro cuerno. El lucimiento estriba en que
cuando el toro arremete, el ginete tenga la suficiente li­
gereza para darle salida, dejando ei terreno por los pies
del caballo, y poniéndose á salvo sin detrimento de su
montura.
El conde ejecutó el lance con gentileza sin igual, y
ya se disponía á darle muerte, cuando el bruto, irritada
su bravura por el engaño, buscó) nuevo objeto en que
cebar su saña, dirigiéndose á la (Suarda, que permanece
inmóvil debajo del regio balcón. Esta, sin mover los pies
del suelo, enristró sus alabardas con tal serenidad, que
el toro, clavándose en ellas, dio repentino fin de su
vida.
Ei octavo desmontó al portugués D. Francisco Bara-
bas, pero éste poniéndose de pié, rápido como el pensa­
miento, hizo broquel de la cajxi, y cebando en ella las
iras el rondeño animal, le hundió su espada en la cruz,
hasta la taza.
El noveno, tan huido estaba, que no logró el duque
de Yillamor otra cosa que quebrarle un rejón, visto
lo cual mandó Su Magestad tocar á jarrete. Al sonar
las chirimías, todos los peones se arrojaron armados de
datjüü y cuchillos al cor nú peto, y en breves minutos le
desjarretaron, no sin que antes causara la muerte á un
palafrenero del conde de Cantil lana.

III

Lo dilatado de algunos empeños y el nublado que


anunciaba una tormenta, hicieron que la noche se echa­
ra encima antes de lidiarse los doce toros de rigor; pe­
ro aun así h ubi erase terminado la fiesta, si un inciden­
te desagradable no trocara la diversión en duelo. Su­
cedió que por exceso de gente, ó por demasiada prisa
un la construcción, uno de los andamies levantados de­
lante del portal de la Zapatería de viejo, vínose repeii-
Unamente al suelo, arrastrando en su caida a cuantos
allí se apiñaban, causando la muerte á cuatro personas
y siendo infinito el número de heridos y magullados. El
clamor de los heridos y la confusión fué tanta, que los
He ves, dolidos de la desgracia, dejaron su balcón, y con
ello terminó un festejo que, llegado á su último tercio
con tanta alegría, vino á concluir en ay es y quejas.^
IV

El siguiente documento dado á luz por el Doctor


The!) tusen * eu su curiosísimo libro Un tris le capeo, com-
prueba de modo que uo da lugar á dudas, la celebración
de la corrida quo dejamos reseñada» como así mismo el
interés marcado que reviste por ser la primera fiesta de
toros en la que se utilizaron las mulillas para retirar del
ruedo los toros muertos.
Hé aquí tan curioso documento:
i;La moda de engalanar las muías que sacan los to­
ros de la plaza, se debió á D. Juan Castilla, Corregidor
de Madrid, en Julio de 1G0G. según comprueba de estos
renglones. Hubo fiesta de toros por Santa Ana, patrón a
de esta villa. Llegaron cansados, y según los alientos
que mostraron, á no estarlo sucedieran muchas desgra­
cias.... D. Juan de Castilla, i'ecien electo de Corregidor,
hizo que las muías que sacan los toros después de ha­
berlos jarretado^ salieran con grande bizarría.; las gual­
drapas eran de tela de plata con armas reales, grandes
montes de penachos, y pretales con mucha cascabelada
que no pareció mal.n

Posteriormente se verificaron en Madrid otras fun­


ciones de la misma índole;-si renunciamos su descrip­
ción, es por no hacer interminable un trabajo que no es­
tá ajustado al plan que nos hemos propuesto.
b- ¿r
— OD “
Queremos, para hacer más interesante la narración
rio estos Aim'ntks h i s t ó r i c o s , presentar al lector las
particularidades que eu tiem p os pasados revestían las
F i c t a s de toro¡> en distintas poblaciones de España— co­
mo liemos em pezado a hacer— cuyo plan croem os el
iría* apropiado para que los al ¡d on ad os taurófilos que
desconozcan el orig en de este espectáculo se p e n e ­
tren de ól y de los cam bios y v icisitudes que ha ex p eri­
m entado, hasta que, pasados los tiem pos, adquirió el
to reo el carácter de arte.
L o s curiosos docum entos que van á continuación en
el capítulo siguiente, así como los y a publicados, son
h is t ó r ic o s y copiados a la letra de sus originales, que
se conservan en la f Ubi i <‘teca colombina, y en otras de
(Jorduba. K-villa* Cádiz, etc., las que por espacio de bas­
tantes anos hemos tenido la constancia de consultar.
aspecto á otros docum entos que verán la luz en la
presente obra, y que nos hemos procurado, irán autori­
zados con las Ünnas de los em inentes escritores taurófi­
los que los han dado á luz, pues la m isión del autor de
estos AfUNTrcs, como y a se ha c o n sig n a d o anteriorm en­
te, es la de fiel recopilador de todo cuanto bueno y cu­
rioso se ha escrito hasta el día.
CAPÍTULO T1II

Fiestas de toros en Sevilla, en HtfíS.—F iestas de toros verifica­


das en Madrid en lfiij-i, ;}<!, 3S, ¡5, y -Toros y Cañas en Se­
villa en 1647. ““ Fiesta de toros y cañas en la ciudad de Cór­
doba en 1(351.—Cuadrilla y colores,--La entrada. -Entrada
de las Cañas.—So^unda fiesta de Loros en Córdoba.

FIESTAS DE TOROS Y CAÑAS EN SEVILLA

A Ñ O D E 1638

UEI 0 de Agosto se celebraron corridas de foros en la


Plaza del Salvador, en obsequio á Nuestra Señora de las
Agnas; asistieron convidados al balcón del Cabildo de
dicha Colegial, el Provisor. Juez de la Iglesia y otros
sujetos de distinción, ¿i quienes cíespuos se les sirvió un
buen refresco.,, íi)

(1) N o t reí. á la Hist. do Sev. —Matute ( J L S i í o .


II
TOROS Y CAÑAS EN MADRID
A Ñ O S D E 1634 A 1646

Una de las CarUl< transcritas por Thdmssen, fechada


on Madrid por Enero de lü¿M, decía:
“El lunes hubo toros... Entró en la plaza el Marques
deSelves á caballo, con la guarda española de que es
ca pitan y luego el de Santiago en la alemana. Solta-
ron los toros que fueron buenos; no toreó nadie más
que IX Francisco de Carvajal, que lo hizo bien.„
Sobre las F in ía s de, toro.<y en 16;3(J, hablan las cartas
en estos términos:
“El martes pasado se corrieron los toros que suelen
por la fiesta de San Isidro: fueron extremados; hubo
por la tarde tres caballeros en plaza: uno el hijo del
Marqués de Cerra Ibo, que quebró con grande gala doce­
na y media de rejones y no con menos riesgo (pie des­
treza hizo sus suertes porque las más fueron esperando
el primer ímpetu ri el toro al salir del toril. El otro futí
un caballero de aquí, que se llanta D. Francisco Lu^
zon, que también hizo algunas suertes muy buenas. K1
ultimo fue un caballero portugués que había sido paje
del Rey: se llamaba Ih / ‘til ano M.en eses. Este anduvo
bizarrísimo; quebró más de treinta y seis rejones con
grande aplauso, y una vez le acometió el toro, quebran­
do el rejón al dar la vuelta,, y le llevó la capa; volvió con
la, espada desnuda y ie dio tan lieras cuchi Hadas, que á
poco cayó allí á los pies del caballo y por las heridas se
le veian las entrañas. Llevóse el aplauso de todos los
que estaban en las fiestas, los envidiosos solo le han
— 58 —
opuesto que no aguardó al toro enmielo salía el caso, y
que le c o g ía cuando daba nua ó dos vueltas á 1». piaz:i,
v tenía y a con el cansancio perdido el brioTy era mó*
fácil entonces el poder liucer svierte, con él y con men< s
riesgo: lo cierto es que anduvo g alantísim o.»
Sobre la fiesta dada 011 obsequio dei Duque de Mú­
de na en Octubre de 10*'ÍH: copia el Doctor Thetinsuen, lo
siguiente del libro histórico Cartas tle los P P . tk: la Com­
pañía de Jesús:
uEl jueves fueron los toros para festejar al Duque
de Módena; asistieron SS. MM. y el Duque estuvo en
otro balcón inmediato al de S. M., los toros fueron famo­
sos; hubo dos lanzadas que se dieron maravillosamente
de bien; salieron trecn caballeros con rejones* con tanta
cantidad de lacayos de varias libreas, que estaba la pla­
za hecha un jardín, f^aien se llevó la gala fin' el" mar­
qués de Salinas lujo del de Velada, el cual quebró m;ís
de veinte rejones con grande destreza y sin que tuviese
el menor azar del mundo... Por dos veces echaron dos
toros a rodar D.- Bernardino de Ay ala y el volviendo
por su crédito, los ha muerto á pió á cuchilladas no
sin ayuda da los demás de á caballo,*,
Pleti riéndose á A lcalá de H enares con focha do Oc­
tubre de l(v!5, hablan las referidas Carlas de los P P. de
la Co iupa i) /a de J esá a lo q u e el er ii -i i t o D ocio i* 7 7/rh ¡tss e ii
ha dado á luz y es lo siguiente:
Ayer hubo toros al colocar en una capilla un Santo
Cristo. “Hasido grande el número de gente que ha ve-
n i d o d e Mac! ri d: v a 1i e ro n algunas ve n tanas \ 100 r e al r s,
y á este modo las posadas, Vino acá el Nuncio.— H a­
bía gran deseo de toros por no haberse c'orrido en Ma­
drid este año.„
~ 59 —
El ya ?eferíelo I)odor Thebuasen, dice lo siguiente
en su interesante libro Un trid e capeo:
“ Buenasdebieronser las fiestas de iIontilla,por Julio
de lüU!, cuando á ellas consagran los misioneros PP. J e ­
suítas las noticias que copio: “Cuando llegué á esta tierra
estaba toda ella metida en fiestas de toros] húbolos solem-
nos y muchos en Lacena, en Córdoba, Ag ni lar y otras
villas de este partido. Excedieron á todos en majestuosa
grandeza los de Montilla, asistiendo el señor Marqués,
el Conde de Cabra y otros muchos caballeros de Córdo­
ba, do Ecija y otros lugares. Eran los toreadores seis
hombres fcraidos de Granada, grandes jinetes de á pié
(sie) y que sin desembarazarse de capas, ni de armas,
arrebozados como estaban al salir los toros, hacían ma­
ravillosas suertes burlándose do la fiereza más ágil y
sucUa de aquellos brutos; pero á pocos lances parecían
burlados siempre de aquellos monstruos de ligereza y
destreza humana. Xo acometían todos juntos; guar­
daban turno, dándose lugar alternativamente sus luci­
mientos.....................................................................................

I II

FIESTAS DE TOROS 7 CAITAS


en la plaza de San Francisco de Sevilla el 16 de
Septiembre de 1647 por la terminación de la guerra con
los holandeses y tratado de paz
Memoria de lo que gastó el Cab.° en las fiestas de to­
ros, que so hicieron en la Plaza de San Francisco el lu­
nes 1íI de Septiembre de este presente año de es la
siguiente:
T llmc j
üO
— —

De seis arrobas y una quarta de nieve á 20 rea­


les y 20 mrs.................................................... 128 1 ¡2
De 22 libras anís canelones y ciruelas de Geno­
va, 1 1 1 rs........................................................... 1 1 1
De [tarros y vino. 20 rs........................................ 20
l)e llevar las alfombras, escalios, tapetes, y col­
gaduras; demás cosas que se llevaron y
buelta dellas, de todo, 35 rs.......................... ;i5
2ÍU;T|2
Mas se ga staro n 85 rs.. P> pngó la Fábrica por l;is
n ó m in a s y fueron de las cosas siguientes;
Por el aderezo de 3 cantim ploras y estañarlas,
1.8 rs................................................'.............................18
P or tres cu b eta s gr an d es que se hicieron para
las d i c 11as c an ti m p 1o ras, á 15 r s . . . . *15
Mas-7 rs. de cuatro hombres que et d o m in g o en
la tarde colgaron los and a m íos........................ 7
M a s t c m c o lio □i b res qn e e 1 lnnes en. 1a n o e b o
i'lescolgaron ios a ndainios................................... i) 1|2
A J u a n San che/i G rs. por guardar las telas el
dom ingo cu la n o ch e.......................................... G

Las dich;is partidas suman los dichos. . . . 8o 1 [2


Los (piales uo se ponen en e sta M emoria por h ab er­
los pagado la Fábrica: se sacaron con las dem ás a d v e n ­
ticias á fin del ano para cargarlos en C.°
L as dichas partidas suman los doscientos nt v e n ta y
cuatro rs. y medio: fecho en 2*1 de S etiem bre de 1G4.7, -
Juan llu iz Torífuemada,^

L a cuenta que dejam os copiada, es la de los g a sto s


efectuados por el Cabildo E clesiá stico en el decorado del
— fil—

sitio que les estaba señalado para presenciarlas Fiestas


de toras, cuyo importe siempre era satisfecho por el
mismo.
Los nombres de los caballeros que tomaron parte en
esta corrida no los hemos podido averiguar, en cuantas
Bibliotecas hemos consultado.
ITT

FIESTAS DE TOROS Y GAÑAS


Celebradas en la plaza do la Corredera de Córdoba
E L AÑO DE 1651

R e la c ió n ' de las fiestas', Ealesic


res\ que la m u y noble y s ie m p r e leal Ciudad de
Cor do va, ¡ lia hecho á s u A ng el Custodio 3. R a fa el
este año j de M. I). C. L. I. Y razón de la causa por­
que se hicieron. \ P u estas en orden por D. Pedro
Mesia de la Cerda \ Cauallexo de la Crden de Al­
cántara] dedicadas á la m v y noble y siem p re .leal
Ciudad de Cordova.

CON ^¡CENCIA roí?. S alvador


d e Cea. T e s a
EN CORDOUA a S o de ] <>;k >

Fiestas de Toros j Cañas


M ié r c o le s d ía 31 clel m es d e M a y o d e 1651

No podían faltar en liestas fie Córdoba.las que han sido


solariegas (¡esta ciudad, y por quien lia dilatado sus no­
ticias con igual aclamación de la Europa. Esto bastaba
para que se entienda que habían do ser de foros y ñivos,
costinobre que se 1e pegó á Esj)a.íia d e la com n nieaeió 11
y vecindad de los africanos, y que se vinculó en Gordo-
— 63 —
ba por singular influencia, y quizá una misma que lia
conserva el o en ella lo poco que de la nobleza y lo pun­
donoroso quo debe tener su lucimiento. Y parece esto
a geu o d e d u d a , p u es j i n e t a y cabal 1ería son u ua cosa m is-
ma. Este es el más propio ejercicio de los calía 1leí:os, y
así donde éstos floreciesen, es preciso que esto se conoz­
ca más en su punto. Influencia es, sin duda, vuelvo á d'?.-
cii% pues es cierto que, concurriendo las mismas cualida­
des en tantas nobilísimas ciudades de España, no se lian
granjeado este ge n er al a p 1 a uso q u e Co rdo b a e n esta ma -
teria. (1)....................................................................................

IV

C I^ M ^ LI.A R y L^OLOÍMÍS

De los Diputados tocó l;i cuad ri l la á D. Felipe Saa-


ve d r a y Cer on (Caballero J c l Hábito d e Ale á n t ara); es ~
cogió el color negro y plata. El primero á quien tocó la
saerlc fué á I), Manuel de ttaavedra y Mendoza: escogió
encarnado y plata; tocóle en ir a r el postrero, gobernar el
otro puesto y r e ^ o n d e r d la# canas.
l i ) Suprim im os varios páiTiiio;! de este curios ¿simo docu­
mento histórico, por su larga extensión. El encabezamiento está
tom ado de su original al pié de la letra, para no desvirtuar su
mérito; en el texto no liemos usado igual procedimiento en cuan­
to á su ortografía, por lo confuso que resultaría su lectura; ésta,
sin embargo 3 es la misma que contiene el documento original,
sin <| uc al transcribirlo le lia vamos al i-orad o ni omitido concepto
alguno.
— 64 —
Tocóle el segundo lugar á D. Antonio de las lu ía n '
tas; escogió blanco y oro.
Tocó el tercer lugar AD. Juan de Cárdenas y Angu-
lo: escogió verde y plata.
Tocó el cuarto lugar á D. Alonso de Cárcamo y Ca~
ro, Caballero del Hábito de Calatrava, señor de las v i ­
llas de Agailarejo y Alisné; escogió azul y plata.
Tocó el quinto lugar á D. Pedro Arias do Azevedo,
Caballero del Orden de A le tintar a: es cogió pajizo y plata.

E sta cuadrilla, por e sta r m a lo su cuadrillero el d ía d e


l a f i e s t a , la g o b e r n ó e n s u l u g a r D on G onzalo dk C ur-
do va y A guí lah.

Esta se celebró, miércoles treinta y uno de Mayo,


precediendo á la fiesta de la tarde por la ni ana na la del
e n c i e r r o de los toros, que siempre es de mucho regocijo,
en que se permite la entrada á cualquiera persona que
quiera mostrar su habilidad con la vara larga , (lj que es
lo que más se usa manejar en estas ocasiones. „

(1) Y a r a - l a r g a } sinónim o do Varilargvcvú, E sta suerte con­


sistía en empujar á loa toros sobro los cuíirlos traseros, hasta
conseguir derribarlos. Perfeccion ad a muchísim os años desunes
cuando el t oreo adquirió el carácter de a rte , dió forma á n u e s­
tros picadores modernos. E sta era la única suerte que los nobles
de aquella época permitían ejecutar a la clase del pueblo, pues
las fiestas de toros, como hemos manifestado on otras ocasione si
eran patrimonio exclu sivo de la nobleza.—(N. del A.)
65 -

i,£
“Desembarazóse la plaza deste toro, y luego entra­
ron los caballeros padrinos á despejarla (1)

„Esta hecha, mientras tomaban Jas adargas* salió


olrG toro. Sin duda que esto fue acato, pues no era aque­
lla ceasum de echar un toro á la plaza con orden de
quien la pudiera dar...............................................................

VI

i i \ T í ¡ a í > a w { i. íí s e $ $ ' M
. . H i z o s e la. esvitrttiiiu^a y to m á ro n se lo s p u estos, v ié n ­
dose aquí con e v id en cia el n a t u r a l de lu s c o r d o b e s e s ,

;1> Cuando era nuiert o el i ovo* que por graeia especial se


en 11 red ta tu algunas corridas jjura que lo lidiara e] pueblo, sa-
lían variu^ ea ballerus pava que se reiíra'a ésre del redolido],
iJ>_! d'-ndo eí i.l (jf*iv; i la palabra tí espeja á el paseo de las cuadri­
llas de esta iqu>*a* Se comprende que en ton eos l'ueva admitido
e<re nombre, iu:ís iju boy pues ruaudo salen las cuadrillas al re­
dondel está é^tc completamente despejado y (expedito. En m u ­
idlas placas de España se vino observando la costumbre liasía
hace pocos aúos (y aún continúa en algunas') i]e permanecer el
público en el redondel hasia empezarse la corrida, en cuyo
momento dos algu aciles ú caballo, a derecha é izquierda de la
presidencia, se encardan de q u e el público se traslade á S U S res­
pectivas localidades ó tendidos. -~(N. del A.)
— 6G —
porque en esta ocasión él sólo fue el maestro de todo7
obrando cada cual á su albedrío; y puedo afirmar que los
más de los caballeros que formaban las cuadrillas, fué
la primera vez que habían visto aquel ejercí rio. Culpa
es sin duda des te desuso la calamidad del tiempo, en que
ocupada tanta parte de España de los horrores de la
guerra, ha dado todo su cuidado á estas ocurrencias,
desatendiendo á todo regocijo.
^Tomados los puestos, se comenzó el juego, en que
ninguno pareció' novicio; porque la igualdad de las ant-
drillüs fuó muy conforme, y así el juego muy concerta­
do y vistoso.
* Metieron paz (!) los ¡mlriuos, desocupóse la
plaza y lidiáronse después los demás toros, en que ha­
biendo dejado las adanjas, entraron á torear con la vana
J). Dieo'o
O Fernández de Córdova Pon ce de León,' Caba-
lloro del Hábito de Calatrava, y I). Antonio de las Tn„
lautas. Hicieron extremadas y con el aplauso de-
llas acabó la iiesta y el día j unta monte.
„Dióse dos días de descanso á los Caballeros y á los
caballos, para repetir la segunda fiesta} porque muchos
dellos habían de ser los que toreasen y así se dilató la
de los toros dos días, hasta el sábado tres de Junio.»

VII

“Segunda Fiesta de Toros en Cordova


Amaneció el sábado mas fresco de lo que podía espe
rarse del tiempo...............................................................
Hízose el encierro de dieciocho toros; lidiáronse tres
por la mañana, en que no hubo cosa notable que refe-
i'ir. ( 1)........................................................................

. . . Salió el primer toro, en que se comenzó 4 ver


el deseo de romper rejones y la prisa de procurarlo, muy
olvidados de todo lo que no era esto. Perú siguióse así
con cuatro ó oluco toros sucesivos, y al quinto, llegando
al socorro do iui peón Ü. Diego de duzmán y Cárdenas,
Iiizolo con todo brío y resolución y muyr á tiempo, pero
con desgracia, porque prcdújole el toro una herida en la
pierna derecha á este caballero y otras á su caballo. Sa-
có la espada con esta ocasión, porque el socorro lo había
hecho con el rejón, y al sacarle la hirió también en el
brazo izquierdo, y aunque ambas cosas no le estorbaron
su determinación, porque llegó á dar cuchilladas al toro,
lo obligaron á dejar la plaza de necesidad, porque la h e ­
rida tuó de consideración. No siempre está la dicha de
parte del valor, que si fuera así, nunca íe faltara á este
caballero.
Prosiguieron los caballeros en los seis toros que que­
daron con la misma priesa de quebrar rejones que habían
comenzado.

Así acabaron la fiesta, al mismo tiempo de cerrar la


noche.»

(H Omitimos trascribir la relación que antecede íd princi­


pio de la corrida, pues tanto en nombres como en otros particu­
lares difiere 111113- poco de la primera. (N. del A.)
'V ''*}'r< í v”'^V 'V'■^V V y y"yy y' S«V'- y' 1/\ s '^ ‘^ ‘V-y>•*-■¿y^r- ‘*í-'1yi

CAPÍTULO IX

Carácter J o l a s F i e s ta s de T oros desde principios del siglo XYT!


husta com ienzos ilol X V I 11 { Ifcji.t-líi-I0V- - Olins liestas en N o -
villa. ^í<>*L^T I K—F ie sta s líen le s de Toros i_lííS‘¿)*-■-lriesi as de
toros eélehv¡.\ uNtadrid i!<>íJOt.— Premio do S. .M. ¡V un caballero
toreador, — T oros y ( astas'ld-U ; oirás iies¡as ^t f.ilííi i. — I iesl as
[í oa l¡ ;s o i! Sevilla- 1700'«.— ^ 1 L v -. >ro ll<ial ( L7 >\ -~ F í ■s (:a s ü i,:
Toros iT7(J7 á 172'n.

El mbirtes 25 de Octubre de Hi3Ü hicieron los carni­


ceros de Sevilla F i esta * de Toros y C a na s e n el i\lat ade­
ro, de que íué Diputado Jacinto López, que tenía en­
tonces la earnecería de San Miguel. que es ele esta Su tila
Iglesia; asistieron los dos Cabildos. Fueron muy buenos
los toros, y uno encohetado; y este día por la man ana
iba huyendo un hombre del toro, en su caballo, y le
oay ó Ia espadada la ei n fca y 1a al z ■'>del s u e lo d e sd e e-1 e a -
bailo; taése al toro, y lo mató á cuchilladas. Hubo muy
buenos tablados.
El viernes 1-1. do Septiembre de 1.010 hubo teros
eoa a n d a ¡ni os y e ana s> en 1a p u e r La de T r i a mi, y o.--1;i
fiesfca iVié á la iuiagen do Nuestra Senura>que esui en la
Puerta. (1)
(i) Historia do I» cosas noiaMes tjuc lian sucedido en la
Santa Ig lesia y ciudad de Sevilla. — (Y. <►.)
— i;í i

“Toros y Cañas en la plaza de San Francisco


(Sevilla.)—Año de 1670.
«Miercoles 5 de Febrero de LG70, hubo toros en la
Plaza ele San Francisco por la elección de PrefuUnte de
Castilla en el señor Conde de Villa-Umbrosa (que ha-
vía fido aflaten te de Sevilla ¡, a los cuales afistió el Cab/1
deftaSta. Iglesia en el lugar que fe les feñaló, que fue­
ron dos arcos y medio de los balcones; en el filio estu­
vieron eí’treehos con ha ver ido muchos señores más de
los que fon: colgo fe el día antes con los paños amarillos
el íitio que pertenecía al C1.>.1J y con dos alfombras gran­
des fe aliombraron todas las gradas afi lo que tocaba
ú la ciudad co ino á la I g .*11le v áronf\-j escaños para to­
dos los balcones menos el primero, que fue cabesora
porque cupiere el banquito de los Señores oficiales de
Fábrica, y un tápele por dubaxo de cada eícauo que la
alfombra no llégala al balcón, una almohada para el
Sr. Deán ó Presidente; para los pies, va el (Jab.u Ja ta r­
de en forma con bonetes y esta vez se llevó por nian~
dado del Cb."dulces en esta manera: caxus de piezas
que cabían una libra y efta atacadas con un listo)i encar­
nado vino y pocras y agua da canela y agua clara, todo
con nieve: llevar» mío quatro docenas de vidrios de Ve-
necia, tres salvillas y tres...* (i) y al tiempo de repartir,
fe le dio al Sr. Afiftente una fuente de dulce fnelto. pa-
f.L) Es t;i pul abra que taita no la hemos poilido (Fso*!:V:u\—
(X. i U A.)
— TO-
ra que tomase y al mismo tiempo fe empezó á repartir
las caxas á una por Sr. fueron quatro paxes de los seño­
res Oficiales de la Fábrica, con toallas los quo lo Hoya­
ban, y luego las bebidas, empezando por el vino y pe­
oras, luego se echó ú la plaza una fuente (y para esto
convendrá llevar cantidad aunque fea ordinario.) Lle­
váronse j u n t a m e n te q a á tro hachas p a ra a luni b r a r 1a l a -
liday quatro orinales para fi Je ofrecióle alguna nece­
sidad. Todo fsto eftuvo debajo del mesino andamio en
u n o á m oelo d e ap of e n t o q ue al 1í te fo r ni ó ,— (L ihro del
Veedor.) „
“Sábado 30 de Septiembre y lunes 2 de Octubre de
1673 hubo canas y toros en Ja plaza de S. Francisco, á
que asistió el Cb." en el sitio de la ciudad en dos arcos
y medio. w
En esta relación sigue en forma parecida a las si­
guientes, de las que difieren poco, acompañando á to­
das ellas la 2 Lemor/a de lo gastado por la Fábrica y Ca­
bildo Eclesiástico en el decorado del lugar que ocupaba
en estas fiestas, enyas cuentas no copiamos por el poco
Ínteres que tienen.
uLunes 25 de Junio de 167-1, hubo toros en la Plaza
de San Francisco, á cuya fiesta asistió este Cabildo y se
estrenaron los escaños morados que para este efecto se
hicieron, y se puso el sitio alfombrado, con las dos al­
fombras iguales y la colgadura fuá de la verde, un pa­
ño de á tres y dos de á seis y tres escudos de las armas
de la Jg.!\ repartidos en paños; la almohada del Sr. Deán,
estuvo puesta siempre á los pies del escaño, que ya no
so aguarda, á ver si se la pone el Regente como se solía,
sino desde luego se pone como en los demás T ribu­
nales, „
— 71 —

III

uFj1i 25 de Setiembre de 1G87 se hicieron fiestas Rea­


les en 25 de Canato y 27 de Toros, y rejonearon el señor
de Gandul y I>. Juan V el asco á los cuales comunicó el
Cuh." de la Santa Igl.a como es uso y costumbre á ver
dichas tiestas á los balcones de la ciudad y se comienza
á colgar con un pafio de á tres que tiene dos b-deles
verdes, prosiguiendo con dos paños de á 6 con sus cene­
fas: se ponen tres escudos grandes de la Giralda se al­
fombran las gradas, para los cabildos con alfombras de
la Iglesia, los cinco escaños morados y una almohada del
mismo color para el Sr. J)eán porque no se lleva silla
poniéndose en dichos escaños 8 escudos clxicos bordados
con la Giralda y so llevan d tapetes para el suelo, los
tres para debajo de los escaños y uno para el atajadi­
zo.., (I)
Con motivo del casamiento (en segundas nupcias)
de Rey Carlos II con dona Mariana de Neoburg tuvie­
re tí lugar en la villa y corte de Madrid espléndidas F i ca­
tas (le lo ros^ en las que, según consignó la Garría en 1ií
de Jubo de demostró en ellas gran habilidad y
lucimiento 1). Antonio de la Serna Spinola, matando
tres (nrns con tres rejones.
El premio otorgado á su bizarría, consta por el si-
guíente documento, que copiado á la letra dice asi:
**
(i) Ksfas 1í estas tuvieron In&*ar en celebración de haberse
cantado el Thc.-lh'MM* por la desaparición de la peste que bnbía
bocho grandes est rados en el vecindario de Sevilla,
(ÍD. Joseph Pcrez ele la Puente, caballero del Orden
de Santiago, del Consejo de Su Magestad, su Secretario
en el do Ordenes y Junta do la Cancillería da ellas.
C e rtific o que el Rey Nuestro Señor (Dios le guarde'*
por su Real decreto de doce del corriente, se ha servido
hacer merced á 1). Antonio do la Serna Espinóla, de
A vito de una de las tres órdenes militares, sin excep­
tuar la de Santiago, para uno de sus hijos ó hijas.el que
nombrare en atención á haber salido á rejonear en bis
¡¡estas de toros que hubo en el sitio Real de Buen- Retiro,
en celebridad de Ja llegada de la Reina Nuestra Señoraí
de que á su tiempo se dará el despacho necesario por
esta Secretaría, volviendo á ella esta certificación. Ma­
drid trece de Julio de mil seiscientos y noventa .— Don
Joseph Pérezde la Puente.»
El favorecido á la zazón Alcaide de Oh ida na; de
cuya villa era el s^ñor Marqués de Medina-Sidonia, en
cuyos tercios tenía Spinola el cargo de Capitán, aceptó
para su hijo O, Antonio José de la Serna Spinola. Kstt;
probó su hidnlguia despachándosele el hábito de Caba­
llero de Culatrava. por cédula fecha en Madrid n 2 :2 de
Mayo de l(Ȓ)4, siendo aunado caballero por el Duque
de Medina Sidonia. Comendador de las casas de Sevilla
y Niebla en dicha orden.
Ni aun escrúpulos de que la merced fué ganada á
pim ía (Ir. rejón —como dice muy oportunamente vi J)oe-
lor Thrimasen en su libro Un triste capeo, del cual hemos
transcrito lo anterior -pudo nirdestar ;L los Sernas,, que
9e hallaban bajo el amparo de la Bula de Clemen­
te VJII.n
Y

TOROS Y CANAS EN LA RESOLANA


(F re n te a Ja T o r r e el el O ro )

RI 10 de Febrero do 1ííí>1 se hizo una corrida do to*


rox pov los a 1g na c i.1e s d e So vil 1a, en una plaza ce r r a; la
que estaba en la Resolana, en la cual hubo rtjóu muy
divertí d o e n j ae as y ni n í a s \n uy Ha ca s, que o ue d a rc \i
muertas en ia. plaza, y los C|U3 las habían p resta do muy
arrepentidos de la huirla, siendo diputado de la fiesta un
alguacil de ios veinte..,

A Ñ O 1692

Ya por esta época t-rn ír.I el entusiasmo que todes


son Lian por las corridas ríe toros, que se sucedían enn
inusitada írof-uonein, tomando paite en las mismas to ­
dos i as c 1as es d e 1a soc ir-d ad.
Vean !os 1e o U>re s como so e ^ p r es a a 1 S r, Ma t u t e en
su 1il>rít A'ítíU'ith' n ltttirtfr á (a ¡lisiarla íhSrriUa.
■■Apenas había un espacin en los alrededores de la
ciudad en que no ?e formara una piara de ¡fom-,*. En la
qn>* se hizo fuera de la puerta de Trian a ícercada de
anda?nios) dispusieron los estudiantes el lí) de Mayo
una corrida, y solemnizaron las risparan con un paseo de
gala a caltaIIo, con lacayos vestidos de turcos y otros
de moros, que iban á pié.
En la misma plaza al 2 de Junio se corrieron otros
teros, que se picaron de va ralarq a , cuyo producto so­
brante se aplicó á la obra déla casa grande del Carmen»»
— 74 -

VI

FIESTAS M A im D I TOROS
en la Plaza de San Francisco, para celebrar la llegada
á Sevilla, en 1700, del señor Almirante de Castilla

üSábado G y Lunes 8 de Febrero de 1700 anos Iuiho


toros en la Plaza de S. Francisco, por la venida del Al-
mirante de Castilla, á los cuales asistió el Cab.n de esta
Sfca. Ig.a en el lugar que se le señaló, que fue estrecho
por los muchos señores que fueron [lleváronse dos alfom­
bras, las mayores para alfombrar los asientos do ambos
Cabildos y para cada una de las dos tardes se previno
nueve garrafas de frió, tres de cada género á ;íf> vasos
cada una; 1*25 libras de dulce muy rico para los señores
así los que fueron como los que dejaron de ir y los se-
ñores Coadjatores una libra para cada uno: medía de
dulce 1lecho en monjas para la fuente que del 8i\ Dean
pasa al asistente; arroba y inedia do dulce inferior en
piezas muy pequeñas; también empapelado para en tres
fuentes echar á la plaza; seis docenas de vidrios de Ve-
necia para cuatro salvillas que se llevan para las bebi­
das que las sirven cuatro pajes do los señores de F á ­
brica; 1G libras de bizcochos espumillas para en cuatro
fuentes repartir á los señores con las bebidas antes del
dulce; media arroba de vino hipocras el cual no se saca
en público, sino el señor que lo necesita ba ja de su 1li­
gar á beberlo; pro viene nse cuatro orinales y cuatro
hachas para la salida: el Sr. Mayordomo de Fábrica lie-
lie de propina cada tarde 4 libras de dulce; el Sr, Ooü*
tador de Fábrica 3 libras y Notario de Fábrica cada uno
dos libras, y un escudo de plata cada uno de los cuatro
cada tarde. Al Sr. Dean se lo cía de propina cada tarde
li libras de dulce.„
En la adición á los Anales de Ser illa, de Don Justino
Matute, (documentos varios) encontramos referente á
estas mismas corridas los datos siguientes:
UE1 1 de Febrero de 1700, entró en Sevilla el Almi­
rante de Castil ia, á quien acompañaban dos Grandes,
uno de ellos el Duque de Osuna, y en su obsequio el día
íí por la man ana fie corrieron toros en la plaza de San
Francisco, que picaron de garrocha dos vecinos de San
Bernardo Juan y Pedro Sánchez, apodados los Palo­
mos . A la tarde hubo manejo Real y Cañas con ocho
cuadrillas, de á cuatro cada una, con ¡sillas, mangas,
bandas y jaeces bordados; cada cuadrilla de distinto
color, que admiraron por su gallardía y destreza. En
un balcón ricamente adornado en la fachada de la pila
estuvo el Almirante, y los demás balcones se alquila­
ron á 200 escudos de plata. Fueron diputados de estas
Cañas D. Pedro Carrillo, que había sido Almirante de
galeras, y D.... Dáyila, marques de„. y Carrillo, marqués
de Montemar, que sacaron veinticuatro lacayos cada
uno en diferentes libreas. Fueron cuadrilleros D. José
Federigui hijo de D. Antonio Federigui, marques de
Paterna y Alguacil Mayor de Sevilla, y D. Juan de Zu­
ñí ga, Caballero del Orden de Santiago, hijo de Sevi­
lla y bautizado en San Esteban, nieto d“ D, García
Bazán, que acababa de ser Regente en Sevilla y pasaba
de Presidente á Granada.
El día 8 se repitieron los toros por la mañana y tar­
i 7
de, y en esta rejonearon los dichos D, José Federigui y
D. J u t n Zuniga, llevando lacayuelos vestidos de felpa
encarnada y galón. Las funciones fueron magníficas y
se arrojaron tantos dulces a la plaza, que ya envaraba
cojerlos.„

YIT

A partir de las fechas que dejamos apuntadas hubo


otras corridas ó Fiestas de toros en Sevilla, no solo en
la plaza de San Francisco, sino en distintos sitios, ha­
bilitados al efecto.
En el Lustro Real (publicación que trata de la estan­
cia de la corte en Sevilla) hallamos anotados en el año
1703 unas I íí/>$tas de hro¿ y cañ a .s*, á lo s riñ os del K ey y
su casamiento, que ciertamente no se ejecutaron á cau­
sa de las lluvias, hasta el presente, en que el lunes 28 de
Enero, por la mañana, se corrieron seis toros á vara lar -
ffUj y á la'tarda la Real Maestranza corrió cañas.
Otra corrida de toros igual á la antecedente, se cele­
bró en Sevilla el 30, que lidiaron los conocedores de San
Bernardo, y á la tarde rejonearon D. Nicolás de Toledo
y D, l Dedro Berten dona, siendo Diputado y padrino
por la Ciudad D. Antonio Federigui, Marqués de Pa-
tenna y Teniente de Alguacil Mayor; y por la 3!.:íes*
tranza el mismo y el Conde de Lebrija. En esta Fiesta
Iiealj que se celebró en la Plaza de San Francisco, sa­
lieron 18 toros y no hubo más desgracia que algunos
caballos heridos.
En 18 de Julio de ]707 se corrieron loros en la Pla­
za de la Resolana, cuya gracia se cedió en favor de las
monjas de Belén, que las beneficiaron en 144 pesos.
No deja de ser extraño tan pequeña cantidad, pero
lo es más el que habiéndose vendido la carne de los to­
ros á seis cuartos, fue necesario enterrar catorce en
Monterrey , por haberse podrido la carne. Así consta en
las memorias de aquel tiempo.
Los días .1.2 y 14 de Junio de 1727, se celebraron
Fiestas de toros en la plaza provisional construida ¡unto
á las tapias del Convento del Pópulo, destinando su
producto para allanar el monte del Baratillo, cuya obra
había empezado el 1,° de dicho mes y año 1727„
*
* !■
En las Anécdotas Españolas y Portuguesas, obra im­
presa en Paris en 1773 dice:
«Ario de 17'29.—Toda España se apresuró por mani­
festar su alegría y tomar parte en la de los franceses
por el nacimiento del Delfín Luis (que murió en el año
1765). Siguiendo un antiguo uso en las fiestas reales,
las personas déla más alta distinción disputaban el ho­
nor de exponerse en el Circo al furor de los toros: y el
Sr. Torres, grande de España y Capitán general, dio un
nuevo brillo á las que se celebraron en Sevilla, pues á
pesar de su avanzada edad, pidió permiso al Rey y com­
batió contra muchos toros, para acreditar su alegría, en
tan dichoso acontecimiento.»
%
**
“El 28 de Abril de 1729 la Real Maestranza de Ca­
ballería corrió cañas reales y parejas en la Plaza de San
Francisco, habiendo dispuesto en el centro de la gale­
ría alta de las Casas Consistoriales un estrado que ocu­
paron SS. MM. y AA. E n la fachada frontera del bal­
cón se levantaron otros, en que asistieron ios dos ilus-
--- 4O —*
trisimos Cabildos y demás nobleza convidada por el de
la ciudad, ni que seguía el que ocupó el Tribunal de la
Inquisición, inmediato a l a Real Audiencia, en que es­
tuvieron sus Ministros.
Mucho fué el lucimiento que la Real Maestranza de
Caballería tuvo en las antecedentes fiestas, cuyo celo el
l l e y premió por un Real decreto en que, haciéndose
cargo de su útil establecimiento, en que se ejercitaba
la nobleza, habilitándose su juventud en el manejo de
los caballos, facilitándose más la cría de éstos con la
utilidad de la buena escuela, entre otras gracias de Juez
privativo, fuero y uniforme, le concedió que fuera siem­
pre Hermano Mayor de dicha Real Maestranza uno de
los Srmos. Sres. Infantes, nombrando por entonces al
1 ufante D, Felipe, y el privilegio de que pudiera hacer
todos los años dos Fies Uta de toros de vara larga, en los
tiempos que señalara el Hermano Mayor, cuya plaza,
extramuros, sería asistida del señor Asistente, su Juez
conservador para mantener el orden* destinando sus
productos para los gastos y dispendios que necesitase la
Hermandad para adelantamiento de su instituto.,, \ ] j

( 1) Morcado: H i s to r ia de SeviUrt,
CAPITULO X

Entronizamiento de los Borbones en España; abandono de la


nobleza á las tiestas taurinas: participación que toman en
ellas Jas clases del pueblo.—Las Reales üaestranzas de Ca­
ballería se declaran protectoras del toreo. —Dos opiniones
sobre un punto impoi'tante.- Consideraciones tíñales del Li­
bro primero de estos ArusiEs msTóturas*

Dos do la exaltación al trono es pañol do Felipe Ampri­


mer Monarca de la dinastía de Borbón), las Fiestas de
toros puede decirse tomaron un carácter distinto al que
hasta entonces las liabia revestido. La lidia empezó a
desplegar, aunque paulatinamente, ciertos recursos des­
conocidos, pues invadió las diferentes escalas sociales, y
lo que antes constituía una fiesta de la nobleza, llegó a
convertirse en espectáculo esplotable y axequible a to­
ctos, Y como no tenía por menos que suceder, la noble­
za, que tau ferviente culto le había rendido en pasadas
épocas y contribuido á su engrandecimiento, le volvió
las espaldas y dejó de ser parte activa en ellas, para ser
reemplazada por individuos del pueblo, en cuyas clases
llegó muy pronto á extender sus ramificaciones, ana io-
— su —
sos del lucro que ofrecía la general a(icióny desplegarla
en toda España, por el espectáculo taurino*
Mas no quiere esto decir que la antigua nobleza de
Castilla renunciara para siempre á tomar parte en las
Fiestas de toros * pues en circunstancias extraordinarias
y solemnidades regias tuvieron lugar muchas festivida­
des de este género, en que desempeñaban los caballeros
alanceadores y rejoneadores el principal papel, si bien
no se desdeñaban ya en alternar con las clases del pue­
blo, que en cuadrillas do cajwadores y varílargaerosj unas
veces á caballo y otras á pió, ejecutaban distintas suer­
tes (?) sin orden ni concierto, en confuso tropel y sin
ningún carácter artístico ni uniforme.
Varias cuadrillas de gente intrépida y atrevida em­
pezaron á recorrer los pueblos, en los que daban fun­
ciones de novillos ó de vacas y aun corridas formales.
Muchos individuos que por su escasa inteligencia no pu­
dieron alcanzar los conocimieatos necesarios para la li­
dia; y que todo lo querían fiar al corazón y á la teme­
ridad, dieron lugar ¿ la barbarie de los pegadores, que
unas veces en grupos aislados, haciendo vida romera y
errante, y otras agregados sus individuos á los toreros
de agilidad, ejecutaban sus funciones , presentando un
repugnante espectáculo, por las víctimas que ocurrían,
y dando con esto lugar á que gran número de personas
empezaran á mirarlo con horror.

II

Semejantes insensateces no pudieron por menos que


producir la aversión del Key Felipe V hacia el espectá­
culo taurino, no obstante Jo partidario que se mostró
del mismo durante los primeros años de su reinado y
los privilegios que concedió para su fomento, aversión
que, trasmitida á sus cortesanos, hubiera acarreado, ¡i
no dudarlo, la completa supresión de estas fiestas, si las
Maestranzas de Caballería de Andalucía. Castilla y Ara­
gón, no se hubiesen erigido en decididos y constantes
sostenedores de la tradicional Fiesta de toros. Sin omi­
tir ningún género de sacrificios, ya solicitando con su
valiosa influencia y i'espetabilidad el apoyo en las más
elevadas esferas, con el laudable fin de conservar estas
tiestas en todo su explendor, va estimulando á los caba-
lloros para el toreo aristocrático, ya recompensando y
atendiendo á los toreros de oficio. puraque no desmaya­
ran en el camino emprendido; y por último, con el pro­
pósito tí!un i r op ic o d e r e m e dia r m ue h a s d esg vac ias con
rl producto de las fuuciones que daban en los Circos
construidos á sus expensas. ¡F. Decreto.—-17:29.)
Las Cofradías y Asociaciones religiosas contribuye­
ron también en gran escala al fomento de esta afición?
dando periódicamente corridas de toros, con fines bené­
ficos hacia sus Hermandades, costumbre que. á pesar de
los años transeurridos, no ha sido desterrada en Anda-
lucia, donde raro es el año que no se verifican varias de
estas funciones con idénticos fines.
Entonces, como ahora, sabido es que estas corridas
son las que contribuyen á que ciertos jóvenes princi­
piantes puedan revelar las disposiciones que poseen pa­
ra el toreo, y que el público aficionado juzgue su traba­
jo y los estimule con sus aplausos, para que más tarde
consigan dedicarse de lleno á la profesión de lidiadores.
Más de un matador de fama hizo su debut taurino en co-
rridaa de este género, y que á no haber sido así, quizás
sus nombres aún permanecerían oscurecidos para lo$
anales taurinos,

III

Kn el Libro segando do estos A p u n t e s procuraremos


presentar el toreo en su desenvolvimiento, hasta reves­
tir el carácter de v e r d a d e r o a r t e , señalando por l a s
vicitudes por que ha atravesado; sus épocas de prospe­
ridad y decaimiento; las innovaciones en el iutroduci-
das, y por último, la vida y hechos de los personajes que
más se han distinguido en él por su sabiduría y conocí-
mientos.
Creencia general ha sido hasta hoy por algunos de
los más competentes taurófilos que Francisco Romero,
de Ronda, primero de los de su apellido que figuró como
lidiador, fué quien usó por vez primera la espada para
dar muer te á los toros . Otros, ein embargo, han ¡aos tenido
que esta gloria pertenece á los hermanos Palomos , na­
turales del barrio de San Bernardo, de Sevilla.
Por el presente, ni aceptamos ni combatimos ningu­
na de las opiniones emitidas por eminentes escritores
taurófilos, tanto por la respetabilidad que nos merecen,
cuanto porque no pretendemos formar escuela^ preciso
es, sin embargo* admitir una de ellas, y ésta será, á no
dudarlo, aquella en la que reconozcamos mayores y más
patentes pruebas de certeza.
Por los documentos transcritos en los capítulos que
anteceden, podrá comprender el lector el carácter que
revistieron en épocas pasadas las Fiestas de ¡foros, en di­
ferentes poblaciones de España, y la protección que les
dispensaron los más altos poderes de la nación, y en­
tre ellos los Ministros del altar, cuyo respetable Tribu­
nal asistía á cuantas funciones de toros se verificaban,
para cuyo efecto tenían sitio preferente y reservado*
en el que hacían levantar palcos, que eran adornados
con tapices, alfombras, escaños, colgaduras, escudos, ex-
cótera, en los que se acomodaba el Cabildo de la Santa
Iglesia Catedral, Dean, Beneficiados, Clérigos, Oficiales
de Fábrica, etc,, etc., los que por cierto no eran menos
aficionados á regalarse el pico que á ver toros, á juzgar
por la relación de bizcochos, dulce hecho en monjas,
vino y pocras} agua de canela,etc., que se detalla en los
documentos que dejamos copiados fielmente.
El asistir el Cabildo Eclesiástico de Sevilla y sus
Ministros á las Fiestas de toros que se verificaron en la
plaza de San Francisco, de dicha ciudad, hasta princi­
pios del siglo pasado, creemos que no sería por privile­
gio exclusivo, y sí por estársele permitido, lo mismo que
á los de otras Diócesis.
Como nuestras investigaciones para esclarecer este
punto sólo las hemos practicado en los archivos ecle-
siásticoG de la primera capital de Andalucía, una vez
satisfecho nuestro deseo y conseguido el objeto, nos
— 81 _
parece impertinente seguir igual procedimiento en
otras capitales de España, pues con ello haríamos suma*
mente pasado este trabajo.
No obstante, en el transcurso de esta obra, y en lu­
gar oportuno, iremos dando á luz variedad de docu-
m en tos curiosos, que han de despertar el interés del
lector.

FIN DEL LIBRO PRIMERO


apu n tes h is t ó r ic o s

ACERCA DE

LA FIESTA DE TOROS El ESPASA


LIBRO SEGUNDO
CAPÍTULO I

Las Maestranzas de Caballería*—La de Ronda.—Reales cédulas


otorgadas á la misma. --Privilegio de toros. Bandos 6 pre­
gones anunciando las corridas.—Como era la plaza de toros
de Ronda.-—Los halcones del Ayuntamiento y Cabildo Ecle­
siástico.—Los picadores de vara larga y los lidiadores de
á pié.

No obstante habernos ocupado en


el Libro primero de estos A p u n t e s de
las Reales Maestranzas de Caballería,
y del decidido y valioso apoyo que
mostraron para la conservación de la
tradicional Fiesta de toros en todo su
explendor, ya estimulando á los nobles, ora recompen­
sando á las clases del pueblo, y consiguiendo privile­
gios de los Reyes, para que tan útil y noble Corpora­
ción levantara Circos y diera corridas por su cuenta, ó
— 88 -

bien arrendara estos á Asociaciones ó Cofradías, cree­


mos que lia de agraciar al lector la publicación de los
siguientes documentes, en los que se detallan los privi­
legios que gozaban las Reales Maestranzas desde tiem­
pos pasados y en la alta estima en que siempre fueron
tenidas por los Reyes.
Como quiera que al entrar en la descripción de
datos biográficos de los célebres Romeros, primeros li­
diadores que por derecho figuran y han de figurar en
cuantas obras taurinas hay escritas hasta el día y en
las que en adelante vean la luz pública; y como nos he­
mos de ocupar con alguna extensión de los Caballeros
Maestrantes de Ronda, decididos protectores de F ra n ­
cisco Romero y de todos los de su apellido, creemos in­
dispensable dar pormenores de lo que fueron estas Cor­
poraciones en pasadas épocas, las que de no haber to­
mado con tan gran empeño el fomento del espectáculo
taurino 7 á no dudarlo, hubiera éste desaparecido y los
nombres de tantos célebres lidiadores permanecerían
oscurecidos para los anales taurómacos,

II

REAL M AESTRANZA DE C A BA LLER ÍA

K O N D A

Desde que los Reyes Católicos conquistaron esta


ciudad, el 20 de Mayo de 1485, fuó el manejo del caba-
— 8*1 —
lio la noble ocupación de los principales caballeros rón­
denos; erigiéndose esta Maestranza en corporación el
día 3 de Agosto de 1573, ea virtud de una Real Cédula
expedida por Felipe II, con fecha G de Septiembre del
año anterior.
Habiendo precedido el consentimiento de la Ciudad,
se celebró jun ta el citado 3 de Agosto, por los caballe­
ros maestra rites que existían, nombrando por Patrón a
Ci la Virgen de Gracia y haciento todos voto perpetuo
de defender el misterio de la Inmaculada Concepción.
Se nombró por elección Hermano mayor, maestro fis­
cal, diputados, secretario, portero y capellán; se estable­
cieron algunas reglas concernientes al régimen interior
y exterior de esta Asociación y de sus individuos, y se
acordó el blasón que había de usar este nobilísimo Cuer­
po, el cual se compone de dos caballos en campo de oro,
enfrenados, aderezados y pertrechados, en acción de co­
rrer unidos; puesto el escudo sobre dos lanzas de fran­
je, orlado con algunos instrumentos de sus ejercicios y
con este mote: Pro República est dum htdere videmur (1 ).
En estas armas expresaron los fundadores el heroico de­
signio con que se erigió la Maestranza ^2) significando
en los dos caballos enfrenados, la nobleza unida, obe­
diente y organizada* é igualmente que la misma está
pronta y ágil al servicio del Rey y de la Patra, que in­
dica estarlo pertrechado y lo que como principal pen­
samiento expresa el mote.
Por los primitivos estatutos se gobernó esta Corpo­
ración hasta el año 1753, en que por Real Cédula otor-
(1) Trabajamos por la patria, mientras parece que nos re­
creamos,
La primera de las funda el os en Andalucía*
— uo —
g ada por S. M. en San Lorenzo del Escorial á 24 de No­
viembre, se sirvió concederle los mismos fueros y pri­
vilegios que tenían las Maestranzas de Sevilla y G rana­
da, no obstante ser más moderna su creación, nom bran­
do perpetuam ente por su juez conservador al Corregi­
dor que fuere de la Ciudad de Ronda, correspondiendo
á esta autorizar con su persona los B andos y disposicio­
nes que hablaban con el publico, las Fiestas de toros y
las demás funciones públicas de la Maestranza.

Til

P or Real orden de 25 de Marzo de 17G4, le conce­


dió Carlos I I L l a gracia d e q u e fuese á perpetuidad su
Hermano mayor una persona real, nom brando p a ra ello
á s u hijo el infante D. Gabriel; y á principio del pre-
sente siglo, Fernando V II tomó este ilustre cuerpo bajo
su protección, aprobando en 1815 sus nuevas Orde­
nanzas.
El primer uniforme que usaron los individuos de
esta M aestranza fué de paño azul con solapa encarnada,
guarnecido con galón ancho de oro. Reformados sus
Estatutos, se adoptó el de casaca y calzón azul, cuello,
solapa y chupa encarnadas, guarnecido todo de galón
estrecho de oro, botón de metal dorado con la inscrip­
ción: üReal M aestranza Caballería de R o n d a .v y sombrero
con galón pudiendo usar en verano el chaleco y calzón
blanco. Con el uniforme se le concedió llevar espada y
sable de puño dorado, y cuando fueran á caballo, pisto­
las de arzón.
Los ejercicios propios de esta institución eran todos
91 —
loa del arte de an da r ú caballo ó individualmente el jue­
go de canas, las cabezas,alcancías, los manejos, el juego
de sortijas y las escaramuzas y evoluciones militares,

IV

Expuestas las anteriores noticias sobre el origen,


organización, gracias y fueros de la ilustre Corporación
ron cieña, solo nos resta tratar del

P R IV IL E G IO L E TOROS

A ktícclo L°

D el uso y práctica de dicho privilegio (1)

<Por Real cédula de JO de Febrero de 1789, se con­


cedió á esta Mae es tranza por Felipe V el privilegio pa­
ra poder celebrar en su plaza propia cuatro .Fiestas de
loros cada año, en tiempo de Prim avera y Otoño, con el
ñn de atender con sus productos a los gastos indispen­
sables de la Asociación; teniendo eu la plaza el mando
y jurisdicción absoluta y privativamente por ausencia
de S. A., en T eniente de Hermano mayor. n
“Por privilegio concedido á la Maestranza, es p ri­
vativo de ella el uso de plaza fija. Propia, sin que nin­
gún otro Cuerpo, Cabildo ó Comunidad pueda usar de
ella por n ingún caso, sin Real permiso de S. M. ó del se­
ñor Herm ano mayor* Igual prerrogativa tendrá en la

(1) Título VI de los'E statutos ilel Real Cuerpo de M aes­


tranza de Tiomía.
Tumü i
— 92 —
plaza móvil que ía Maestranza construya; y aunque lle­
gue el caso de cederla en alguna íunción á impulsos del
bien común, nunca podrá abdicar el T e n i e n t e hermano
de la presidencia de ella, sea cual fuere la autoridad ó
comunidad que la disponga; siendo tal esta prohibición,
que aunque no asista el Teniente, por ausencia ó enfer­
medad. la presidirá el que haga sus veces.»

A r t íc u l o 2 .°

D o m a d o do publicar las fiestas y construir la piara

“De la casa del Teniente de S. A, saldrán el Caballé*


ro Diputado de plaza, el Alguacil maj^or y el Escriba­
no de Ja Maestranza, acompañados de los picadores, al-
béitares y músicos, todos á caballo, é irán á la plaza de
hi Maestranza, donde se publicará el siguiente;

el bando

«Manda el Serenísimo Si\ Infante, Herm ano mayor


de la Real Maestranza de Ronda, y por especial auto­
ridad con Real permiso del Rey nuestro Señor, D. N..
que en los días tal y tal del mes de tanto, se hagan en
esta plaza las fiestas de toros para los tiempos de P rim a ­
vera y Otoño de cada ano; y para que venga ú not icia
de todos, en nombre de S« A. y con soberano consenti­
miento de 8 . M., así se publica; lo que ejecutado al son
de clarines y timbales, volverán los referidos en la mis­
ma forma á casa del T eniente de S. A., a dar cuenta de
su efecto.»
«Para las posturas y remates de la plaza se darán en
igual forma los pregones dentro de ella, pero si fuere
— 93 —
necesario publicarlos cUntro de la ciudad, presentara al
efecto el Procurador de la Maestranza una petición al
Ju e z conservador, y con su permiso se darán los prego­
nes en todas las partes que convenga; pero teniendo que
hacer algún remate, se cerrará ó*te en casa del T enien­
te de S. A., concurriendo allí el Ju e z conservador, los
Comisarios de las fiestas y el Escribano*

«Ya sea en la plaza fija de la .Real Maestranza, ó en


la móvil que se construya, del tamaño, forma y dispo­
sición á la cómoda capacidad del concurso, habrá en-
medio de su frente principal, que es el de Poniente, un
balcón de distinta y superior construcción, adornado dé
ricas colgadurast en el que se colocarán m ientras dure
la fiesta, el retrato de S, A* y debajo de él una silla c u ­
bierta con uu damasco; 9 l retrato lo estará tam bién
hasta la hora de empezar la función, que se descubrirá
por el Maestro de ceremonias, poniéndose en pió la
Maestranza, de la que saldrán con anticipación los Ca­
balleros que han de estar de guardia al retrato, sin r e ­
tirarse hasta que se cubra después de la función, e in­
mediatamente que se descubra, arrojará el Teniente la
llave á la plaza al que ha de abrir el toril, y principiará
la fiesta.

vr

“El halcón de la izquierda, que sigue al del Alcalde


— §4 —
mayor, se dará al Ilustrísimo A yuntam iento, por la Re­
ciproca que guarda con este Real Cuerpo; y el siguiente
al Ilustre Cabildo Eclesiástico, por la misma razón y
buena armonía que siempre han observado estas Corpo­
raciones*

V II

«Los picadores de vara larga, que no deben ser más


que tres, ni menos de dos, vestirán los colores de la d i­
visa de la Maestranza, usando en la plaza chaquetas
azules, galoneadas de oro y sillas de jineta, en las que
llevarán Caparazones de la misma divisa, la que también
se observarán en los vestidos de los lidiadores, ^n las
muías <jue han de tirar de los toros y en los criados que
guien estas, con la correspondiente diferencia.»
lla s ta aquí las noticias adquiridas por el inteligen­
te aficionado taurófilo D. M. Riuz Jiménez, referentes
al Real Cuerpo de Maestranza de la Ilustre y Leal Ciu­
dad de Ronda, de cuyo im portante documento liemos
transcrito los párrafos más interesantes. Cumplido mise*
tro propósito, damos comienzo á los datos biográficos
de los más célebres lidiadores, empezando como es de
rigor, por F rancisco B omkho, de Ronda,
CAPITULO II

B io g r a fía s: F ran cisco R o m ero ; .sus prim eros pasos en la senrla


del toreo. P rotección que disp en san á J?rafiquUo los señores
M aestrantes ele R on d a.—F rancisco R om ero se presenta en
público com o m atador de to ro s.—C onclusión.—L o s herm anos
.Palomos, F e lip e // M a n u e l a La afición decidida del prim ew
ro.- P rotección que le dispensan lo s Sres. M aestrantes de
Sevilla*—L os Jiermanos P a lom os prim eros estoqueadores de
Loros (174K)—D os carteles a n tig u o s de los P alom os.

Francisco gomero, de I^onda

E n Ja ciudad de Ronda, y á principios del siglo pa.


sado, tuvo lu g ar el natalicio de nuestro biografiado*
'De 3a vida y hechos de tan célebre torero, varios y
contradictorios son los datos que se conservan así es*
que tenemos que inclinarnos á aquellos que á nuestro
juicio creamos más exactos en nombres,hejíhosyfechas.
Desde sus primeros años mostró Francisco Romero
particular predilección por la lidia de reses bravas, ejer­
cicio muy limitado por ciorto en su época. Burlando la
vigilancia de sus padres, salía m archar con jóvenes do
- - \)6 —

su edad á lospueblos cercanos á Ronda, donde im provi­


saban capeas de vacas y novillos. Muy poco tiempo ta r ­
dó para que el joven Romero hiciera grandes p ro g re ­
sos en su afición hasta el p unto que hubo de llamar la
atención hacía su persona-, al ver en su corta edad la
serenidad y precisión con que ejecutaba sarrtes más
nuevas V brillantes que las de los capeadores hasta en­
tonces conocidos-
Los aplausos de qne continuam ente era objeto, avi­
varon aun más su afición , hasta el punto que. abando­
nando el oficio de obra prima á que hasta entonces había
estado dedicado, se entregó de lleno al fstudio y prac­
tica del nuevo a rte , que ta n ta gloria le había de repor­
tar después.
Como hemos dicho, las Maestranzas fueron el últi­
mo baluarte del toreo aristocrático, y en la época que
nos ocupa, las más decididas protectoras del nuevo a r ­
te que se iniciaba. Así fue. que los notables adelantos
de Romero llenaron de júbilo á los señores Maestrantes,
estimulándolo y ayudándole con recursos para que p u ­
diera lucir su destreza y valentía ante las reses; esta po­
derosa protección le alentaba y permitía hacer grandes
progresos, á pesar de los cortos anos que contaba, y ad­
quirir gran renombre y fama enmtoda la comarca.

II

E n las Fiestas de toros que daban los señores ALaes-


trantes de Ronda veíase siempre al joven Frasquito R o ­
mero, el que para tener puesto en ellas, no se desdeña­
ba en servir a sus protectores de escudero} paje ó anxi-
— ‘J 7 —
liador. Tan grandes adelantos liizo en serenidad, valor
0 inteligencia, que pronto se captó las simpatías de los
caballeros Maestrantes, cada uno de los cuales quería
siempre ser asistido por Homaro, en cuantas funciones
se celebraban. Trascurridos algunos años, asentó su r e ­
putación en escala mayor, llegando a alcanzar gran r e ­
nombre y fama como capeador dc h>ros.
Francisco Romero concibió la idea de qne podía dar-
so muerto á los toros con capada y muleta. Cuando estu­
vo seguro de su predominio sobre las reses se decidió á
dar una corrida pública, para lucir sus habilidades y
consolidar su reputación* Al efecto, demandó permiso de­
sús protectores los caballeros Maestrantes para que le
cedieran el circo de que eran poseedores. Tanto éstos
como los más principales se ñores de Ronda, acogieron
bien el pensamiento y salieron garantes á todos los gas­
tos, para el mejor brillo y lucimiento del espectáculo.

III

Tal iué el entusiasmo que se despertó con el auné io


ile esta función, que no obstante lo limitados y moles­
tos que eran entonces medios de la locomoción, no fué
obst culo p ara que acudieran á Ronda gentes de todas
las poblaciones de Andalucía. Llegó el día anhelado pa­
ra la fiestas (!) y un apiñado gentío se disputaban un
puesto en el Circo*
Rom ero después de varios ensayos con feliz éxito,
se había comprometido á matar los toros sin más defen­
sa que el estoque y Ja mnleta haciéndolo á piv p a r a ibh

■Ti liS <ie Agosto ele 17o0 al 52.


— 98 —
La admiración v el temor se hallaban grabados en
los rostros de los espectadores, al ver ante la pujanza y
la fiereza de un toro la debilidad de un hombro, que fia­
ba el éxito de su empresa en su agilidad y sangre fría,
para ejecutar unas suertes hasta entonces desconocidas.
E l feliz resultado de esta corrida alentó a sus pro­
tectores, y á partir desde entonces se repitieron siem­
pre con igual suerte, avanzando lio mero en su carrera
con paso firme y despertando la afición en toda E s ­
paña, á esta clase de espectáculos,
Bravo siempre, conocedor cual ninguno del instinto
de las roses, y con una serenidad á toda prueba para ver
llegar* esperaba cara á cara y á pié firme dando calida
con la mídela, hundía con mano segura el es toque en la
cerviz del toro, que casi nunca necesitó repetirlo en una
misma res para dar tin de ella.

IV

La vida tauróm aca de este gran hombre fue una


serie no interrum pida de aplausos y de admiración.
E n más de treinta años que estuvo dedicado al toreo
no se tiene noticia de que sufriera cogidas graves, no
obstante liaber practicado siempre para m atar los toros
la suerte de recibir , (invención suya, / y que de todas las
conocidas es la más peligrosa; también debe tenerse
en cuenta que el uso de muleta no servía entonce*
para trastear y componer la cabeza de los toros , como hoy
se hace, sino solamente para que éstos embistiesen ; ta m ­
poco se conocía la suerte de rehiletes ó banderillas, por
— 99 —
lo que se hacia aun más peligrosa la suerte suprema dado
que casi siempre se encontraba solo en la plaza á la hora
do m atar, ó acompañado de uno ó dos aprendices (chu­
los) de conocimientos muy limitados por cierto, y que
111éí» bien constituían uu perjuicio con su presencia a l i a ­
do del espada.
Los peligros que entrañaban los espectáculos en for­
ma tan lim itada de lidiadores, lo monótonos que se h a ­
cían y el poco castiffo con qua llegaban los toros a la
suerte suprema, sugirieron á Francisco Romero la feliz
idea de la creación de las cuadrillas, fundando las bases
del toreo moderno, cuyos frutos estaban reservados re-
cojor á su hijo Juan, el cual aprendió de su padre toda
su escuela, siendo más tarde digno continuador y refor­
mador de ella.
Francisco Romero murió de edad muy avanzadas
querido y respetado de cuantos le conocieron, y con la
aureola de los bravos y de los inteligentes.

El uso de la muleta fue invención de Francisco Rome­


ro; no así el de la espada, para m atar toros, pues consta
en antiguos documentos que se conservan en los archi­
vos de la R. Maestranza de Caballería en Ronda, que
mucho antes de la aparición da Romero en los Circos,
ya se m ataban toros con espada por los caballeros,como
puede citarse al abuelo del renombrado Mora tí n, que
mató toros en Sevilla tí p ié firme \j con espada, antes
de finalizar el siglo X V II, y aun por los toreros de oficio 1
— 100 —
de una ó más estocadas, aunque no á pió firme, sino bu-
yendo el cuerpo,ó sea libre de cacho .{paso de banderillas)*
Pero justo es consignar que á Francisco Komern cú-
pole la gloria del perfeccionamiento de dicha suerte,
creando reglas tijas ó introduciendo la muleta-.

FELIX Y M A im SANCHEZ
iA) LO S P A L O M O S

En la perla de Andalucía, y en el prim er tercio del


siglo pasado -vio la luz nuestro biografiado, cuyo nom ­
bre es Félix Sánchez (Palomo f) (i) no obstante, io h a ­
yan hecho figurar en varias ohras de tauromaquia
con Jos nombres de Pedro, Juan. Manuel y otros más*
Natural del barrio de San Bernardo y criado en el M a­
tadero de dicha ciudad, donde su padre prestaba s e r­
vicios, se despertó en el joven Félix desde los p rim e ­
ros años de su infancia una decidida afición al capeo
de reses, viéadosele de continuo en los corrales, ya eje-
cutando suertes ¡ y a simulando cuarteos ¡ sin arte ni con­
cierto, ó capeando novillos de los destinados al sacrifi­
cio, los que mas de una vez lo obsequiaron con revolcones
(1) Por los documentos quo hemos consultado, esta fuera de
duda que Félix y Manuel fueron hijos de Juan Sánc-hoz que co­
mo su hermano Pedro eran naturales del barrio do San Bernarda
ele Sevilla, aficionados al manejo de la va ra la rga, ó soa del toreo
á caballo, en el cua] so hicieron notables á últim os del siglo
XVIT- El error está en 'jiie muchos ¡nitores taurófilos lian con­
fundido á éstos con los toreros de á pié Félix y Manuel
mo.) que nacieron en el primer tercio del ¡siglo pn-SEido, (1720 á
1725,)—X d d ,1.
~ 101 —
y algunos puntazos, que tenía buen cuidado de ocultar
al autor de sus oías, para que no lo castigase,
Durante el tiempo que frecuentó el M atadero el j o ­
ven Félix adquirió muy limitados conocimientos en el
capeo de las res es, pues carecía maestros que lo guia-
ran por la senda por él anhelada, y que le enseñaran lo
i)ue ignoraba*
Una circunstancia de su vida fue causa de que se
vieran colmados los deseos de Palomo.
Ya hemos dichoque las Maestranzas fueron el últi­
mo baluarte del toreo aristocrático, y al par sirvieron
de protectoras al arte taurómaco que se iniciaba. Entre
todas las que más se distinguieron en esta valiosa pro­
tección fueron las de Sevilla y Ronda. Es casi seguro
que á no contar la tauromaquia en aquella época con
tan valioso-apoyo y tan entusiastas admiradores, ésta
no hubiera alcanzado después épocas tan brillantes y
ios nornhres gloriosos de los JRomeros, Costillares, Do­
mínguez. LdffartijfK .Franca el o, y tantos otros tan famo­
sos y esclarecidos, no figurarían hoy en nuestros A n a -
les Taurinos, pues á pesare!e todos sus esfuerzos y a p ti ­
tudes no hubieran jam ás conquistado tantos laureles
en el arte que los primeros iniciaron y que los tres úl­
timos á tan gran altura colocaron.

VI

A poco de despertarse en Palomo su afición á la li­


dia de reses bravas, consiguió entrar como dependiente
en la Maestranza de Sevilla. Lejos de coartarle sus jefes
sus naturales deseos, lo alentaron y estimularon, cele­
brando las notables condiciones que poseía, y sus ere-
— iua -
cien tes progresos en el capeo, cuarteos, etc . Más de una
ocasión le proporcionaron tan magnánimos señores p a ­
ra que hiciera sus habilidades y destreza con las reses.
Al efecto, en cuantas Fiestas de toros celebraban di­
chos señores Maestrantes, en todas tenía plaza activa,
unas veces como auxiliador y otras como paje. Muy po­
co tiempo bastó para que Félix se creyera poseedor de
los conocimientos necesarios para dedicarse de lleno al
nuevo arte* Por esta misma época se le asoció su herma-
no Manuel, que aunque más joven también, participaba
de sus mismas aficiones.
Antes de salir de Sevilla los dos hermanos dieron
varias corridas en público, en todas las cuales fueron
muy aplaudidos por el numeroso público que asistía á
ellas, al ver ejecutar por éstos suertes tan nuevas, que
muchos no conocían ni de oidas,
Félix, hombre de gran corazón y de despejada in te ­
ligencia, no vaciló un momento, después de convencido
por sí mismo de las pruebas que hizo con éxito feliz en
presencia de sus protectores, de utilizar la espida pn-m
m a ta r toros. Este hecho está comprobado, á pesar de
cuantos han afirmado lo contrario. E s tá fuera de toda
duda que á los hermanos P alom os cúpole la honra de ser
los prim eros que mataron toros con espada} y esto ocurrió
algunos años antes que Francisco Romero lo ejecutara
también. Es cierto, que del modo como lo practicaron
los primeres al de Romero, hay una notable diferencia.
Los Palom os lo hacían de distintos modos y ninguno
artístico, y en vez de muleta se valían de un sombrero
de anchas alas. Romero mataba á pié firme , ó sea reci­
biendo , estableciendo reglas fijas y u tiliz á n d o la muleta,
que aunque de un modo muy distinto &1 de la época pre*
— 103 —
Séüte, üo por éso era más lucido y de menos exposición
que el adoptado por los Palomos.
Es decir, que los Palomos todo lo dejaban al acaso y
lo fiaban á las circunstancias, validos de su gran cora­
zón y desconocimiento del peligro, 3^ Francisco Rom e­
ro elevando el toreo á la categoría de a r t e y creando
reglas fijas y precisas. P o r eso, por la notable diferencia
que había del modo de torear de los Palomos al de R o ­
mero, no hemos titubeado en colocar á Francisco R o­
mero el primero de los toreros conocidos; pues no basta
sólo para alcanzar la gloria de un invento ser iniciador
de él: para tener este privilegio, es preciso presentarlo
en actitudes adecuadas y reales de que pueda ser utili­
za do por losdeuiás.

V il

Después de hechas estas salvedades, aunque de un


modo sencillo y claro, para que nadie pueda tacharnos
de exagerados ó poco verídicos en nuestras apreciacio­
nes, réstanos decir sobre este asunto que la prim er vez
que los Palomos se presentaron en público corno -matado­
res tic (oros fué en las fiestas celebradas en Sevilla en
1748, f 1) con motivo do ser los dias del R ey, E 11 dicha
1 En tas E fem érides T aurin a# de D. Leopoldo Vázquez, :il
:íO de Mayo do 1748, so anota una corrida veri tí cada en Madrid,
un la (pie mataron toros J u a n y P e d r o P alom o, de Sevilla.
Sin que neguem os la certeza do la celebración on Madrid de
dicha corrida; debemos hacer constar que Juan y Pedro Sánchez
ia) lo» P a lo m o s ^ 110 fueron nunca toreros de á p u \ ni sobresalieron
lo bastante para poder lucir sus habilidades en fiestas reales, y
menos en bl Corte, sin duda el Si\ Vázquez ha sufrido error al
anotarlos nombres de F élix v Manuel.contundiéndolos con .luán
y Podro, padre el primero y tio el segundo de nuestros biogra-
hados ( X del *4 ó
— 104*—
corrida, (y aí decir documentos de aquella época qüe úé
conservan en la Biblioteca y Archivos de la Catedral
Hispalense J «los hermanos Palomos m ataron dos bichos
con grande aciertox Fdi,x\ esperando la embestida d d p r i ­
mer toro , y librándose de sus acometida con un sombrero de
anchas alas ; y Manuel al contrario, ó sea lanzándose so­
bre la res, estando ésta con los pies parados: m as los dos,
produciendo g ra n admiración y contento en los circunst r u ­
tes.»
Autos de salir de Sevilla Jos hermanos Palomos , se
les asociaron otros varios toreros principiantes\ todos j u n ­
tos recorrieron las principales poblaciones de A ndalu­
cía, que deseosas de adm irar sus proezas, se a presura­
ban á contrat ar á é^tos para qus trabajaran algunas co­
rridas que llevaban á cabo con aplausos y alegrías de
todos.
Es indudable que por entonces empezaba Francisco
Romero, en Ronda, á iniciar y difundir el nuevo arte,
más como los medios de correspondencia eran en a q u e ­
lla época tan limitados y los de viajes pesados é incómo­
dos, ni los Palomos tenían noticia de su digno y glorioso
competidor (Romero) ni éste de que tales personajes
existían en el mundo; así es, que al regreso de su expedi­
ción á Sevilla,?^ Palomos sufrieron un gran desencanto
al ver que había otro “que con más lucimiento que ellos
ejecutaba una suerte que hasta entonces se habían creí­
do de sil in v e n c ió n * A partir de 1770 no se vuelve a ha­
blar más de los Palom os y cuantos esfuerzos hemas he­
cho por proporcionarnos datos suyos han sido infruc­
tuosos, Lo más probable es que se retirarían del toreo.
VIII

P o r referirse á los diestros que dejamos biografia­


dos, copiamos ¿ continuación un cartel de Valencia de
176G, en el que figura M anuel Palomo y un documento
histórico en el que consta que F é lix Palom o mató en la
plaza de la Corredera, de Córdoba, en cuatro corridas
los dias 11, 13, 16 y 17 de Septiembre de 1770.

1766

f “Se avisa al público que en los di as G. 7 y 8 de


octubre fe celebrarán las Fieftas Reales de Toros en la
Plaza de Santo Domingo de la Ciudad de Valencia; lia.
viendo quedado el Palio, Andamios y Nayas por cuenta
del Santo Hofpital General, qne pondrá fus Cobradores
eorrespond i entes.
Havrá dos Picadores ó Varilargueros los más afam a­
dos que hay en el día, y fe llaman J u a n Marcelo y P af-
rual B r f t/ j los cuales faldrán en Cavatios arrogantes, que
se previenen para el efecto.
Los seis toreros de á pié fon los mas acreditados que
salen á la Plaza de Madrid, y fon los siguientes:
M anuel Palomo José Rodríguez
Antonio Campo Diego Zapata
J u an P iñ an i Bernardo Chavó
Los q uales ofrecen muchas habilidades. Se correrán
en los tres dias treinta y dos Toros de las más afamadas
raftas de Caftilla y Andalucía, entresacados de los que
ei'taban ofcogidos para correr en la Plaza de Madrid; y
— 106 —
cada Uno faldra con la divifa, ó cintas de eoíoV, que tie­
ne cada Torada, qne con los nombres, edades y caftas
de los Toros, ion como fe figuen:
4 Toros del Rey, Divifa blanca y encarnada.—4 T o ­
ros de Caftilla, Divisa blanca.—12 Toros de Xixon, Di-
vifa escarolada .— 1 2 Toros de Colmenar Viejo, Divifa
azul .— 2 Toros de la Loma de Ubeda, Divifa verde.
E n Valencia: E n la imprenta de Benito Monínrt. ano
1766...

1763
La reproducción del siguiente cartel segunda corrida
de inauguración de la P l a z a de loros de Sevilla, está lie
cha tal y como consta del original:
“L I S T A D E D U E X O S D E T O R O S
que en las segundas fiestas de los dias ttü del preferente y
2, de M ayo fe han de j u g a r en Ja P l a m de la R e a l Maef-
Iransa de Caballería de efta M u y Noble y L eal Ciudad de
Sevilla , con exprefión de las d ivi fas* que han de f a lir nom­
bres de losque les han de dar muerte, afí de acaballo. como
de á pié . A ño de 17 6 U
Dueños .— Colores y divi fas
De D. Joseph Maestre.- -Verde,
Del Marqués de Valle Hermoso. -Azul.
Del Marqués de R iu h e n a .—Anteada.
De D. Francisco del Rio, y Rífeos.—Blanca.
Del Algaravejo.—Negra*
De D. Ram ón Liberal.—Encarnada, y blanca,
De D. Thomas de Rivas.— Encarnada,
De D. Francisco E fquiveb—Azul, y Encarnada.
— 107 —
De D. F .m a n d o Oftorno.— V erde y blanca*
Del Conde del A g u ila.—-Azul y llanca.
Del M arques de M edin a.—Azul y a n te a d a ,
De D. Luis I b a r b u r u . — E n ca rn ad a , azul y blauca,
De Manuel González.— P ajiza y morada.
De Gregorio Vázquez*—X e g ra y blanca.
E n eftas fegundaw corridas, en las C aitas de Toros,
no hay novedad, ha,viéndolo ex p e rim en tad o su fiereza;
y atdi eu los aflignados dias con las divífas exprelfadas
ta ld ra n á la Real P la za otros 14 Toros, m uriendo á la
vara, y á caballo por F rancifco Gil, J u a n de Escobar, y
S eb astian G utierrez y á la efpada, y de á pié por J u a n
Nitjiu'l* Manual Palomo 7 Joaquín Rodríguez (Costillares)
y .-¡n Ionio Albano. El Todo P o d e r o fo los lib erte de todo
mal.
(■>11 lironda del S^nor Juex. y permito dt' la lía al Ma eftran­
za: Kn villa, en h\ Imprenta lia sío de N. 3ra, del Pópulo, en la
c;d!c Gruó va. *

F IEST A S D E TOROS
verificadas en la Plaza de la Corredera de Córdoba
los tíias 11. 13. 16 y 17 de Septiembre de 1770

E s to q u ea ron en estas corridas D am ian Callo. FHI j:


Palomo y Andrés de la Cruz íi quienes se les pago á r a ­
zón de /'*j¡ reales por la m uerte de cada toro. P icaron de
r m a larga. .José González, M anuel Alonso y J u a n de
Misas. Lus dos prim eros recibieron por su trabajo o.000
reales, dos caballos, m anutención y vestido de casaqui-
Tnuo i !>
— 108 —

lia, sombrero y zapatos, y el úl timo í ué c o nt r a t a do por


cada uno de los días que pi car a en 100 ducados y
manutención. Lui s P a r r a , t ambi én picador, quebró ¡an d'
lias, y puso banderi llas largas á caballo, recibiendo por
e s te t r a baj o oOO re a 1e s , m a mi ten c i ó n y v e s I i d o . Los mi e-
ve banrlerilloros, de los cuales tres eran sevillanos y seis
cordobeses, pusi eron 41 docena a de banderillas, dcindoles
á cada uno 300 realeo y manut ención. P a r a estas cua tr o
fiestas se c ompra ron 48 toros, al precio de 97 ^ reales ca­
da uno.
De éstas corridas son las úl timas de que se tiene no­
ticia de h a b e r t r aba jad o los Palomos, a unq ue no es as-
trafio con ti n n a r a n como lidiadores, pues solo con tuba el
m a y o r por est a época de 48 á 50 años, si como par ece
lo más verosímil nació por los años 1720 al 20,
CAPÍTULO III

Manuel Bollón (El Africano).—Organización do las cuadrillas;


trages,—Juan Romero.—Miguel Gálvez.

Manuel gellón (el A t ó a n o )

Fue natural de Sevilla, cuna de tantos famosos


diestros. Desde muy joven pasó con su padre a-1 Africa,
en cuyo pais vivió muchos años, aún después de muerto
el autor de sus días. Dedicado al comercio de granos,
disfrutaba de una posición desahogada, que se habia
creado con su asiduo trabajo y conocimientos.
Con su trato frecuente con los moros había llegado á
aprender con toda perfección el idioma de éstos, cap­
tándose sus simpatías y aprecio, y gozando de muchas
amistades. Sus excelentes cualidades y cariñoso trato
para con todos, hacia que ios moros lo admitiesen de
con tinao en sus cacerías y diversiones.
E ntre sus amigos se contaban algunos oriundos de
mulsumanes de España, los cuales aún conservaban al­
go de las costumbres de sus antepasados, y era la afición
— 110 ™
u lidiar tf derribar toros. De ellos aprendió Bell ó n el capeo
y derriiiO de reses; alguna que otra vez se excedió liadla
el punto de dar muerte a varios bichos, ya á pie ó a caí*
bailo, u tiliz a n d o para ello la lanza 6 la espada. Cuando
io ejecutaba á pie. solía valerse como engaño para la res
del capotillo ó alquicel que llevaba recogido en el brazo
izquierdo, y cuyo uso aprendió perfecta ni en te.
Más de veinte años hacía que permanecía en Africa,
cuando se vio obligado á regresar á España. E u una
cuestión que tuvo con un tratante de Argel, vinieron a
las manos y le dio muerte, viéndose perseguido por las
autoridades, de las que pudo evadirse gracias á sus a n ti­
guas amistades entre los mismos moros. En su precipi­
tada fuga tuvo que abandonar toda su hacienda, pu-
diendosolo recoger algún dinero y alhajas. Al llegar á
España se decidió á sacar partido de sus conocimientos
taurinos, como medios para vivir. La primera población
que admiró su agilidad y valor, fue la de Algeciras.
Después recorrió algunas ciudades dirigiéndose por
ultimo á Ronda, donde á la sazón se encontraba F r a n ­
cisco Romero, cuyo renombre y fama habia llegado á
su noticia.
Presentado á éste demandó su protección, siendo
desde luego admitido en su cuad ri l la (Ti. Al lado de R o ­
mero adquirió muy pronto el A f r i c a n o completo cono­
cimiento en toda clase de suertes. Unido lo que él habia
aprendido en el Africa a los sabios consejos y lecciones

í !) Si bien es ciert o que por osla época j j o est ib a n aún t b r ~


nimias la w iadvllla* . empleamos esta palabra por ser la más ade-
enoda. toda vez que Fnni^isco "R.om¿ro 110 toreaba va snlo, piu-s
ven La a sa la d o en cal ida «1de d^oópulns ó aprcmlicen á su hijo -Tuau.
y otrosfjuu después lueron continuadores de su cxetivla..— X. de! A
— 111 —

que le diera su maestro, perfeccionó de tal modo el usó


del estoque y la maleta, que Romero vio en él un digno
continuador de su escuela t y se esforzó en inculcarle to­
do su saber é inteligencia, llegando á profesarle un cariño
tan acendrado como á su mismo hijo Juan*
Loa que a tribuyen que el A fricano aprendió de los
hermanos Palomos la suerte de matar toros con espada,
no están en lo cierto, pues éste no solo no estuvo nunca
al lado de aquellos en calidad de discípulo ó agregado,
sino que ni los vio torear jamás, pues se habian retirado
éstos del toreo cuando Bellón regresó á su patria.
Retirado más tarde Francisco Romero del toreo, se
asoció el A fric a n o á sn hijo J n a n , deseoso de complacer
á su protector y maestro. Juntos contribuyeron á la
creación de las cuadrillas, y estuvieron unidos algunos
afios. Mas por disensiones particulares hubieron de sepa­
rarse, formando el A frica n o una selecta cuadrilla. Entre
sus discípulos se cuenta al célebre M ar t incito, (inventor
del capeo á la N a v a r ra y del salto sobre el testuz,) y al
inolvidable Costillares,
A liado del Africano figuraron en ocasiones como
g un dos J u a n Estelter, Pascual Zaracondc/jiii, A n tón M ar.
tin e z y otros, más ó menos aventajados, y de los cuales
no se conservan datos biográficos algunos.
II
Apuntadas dejamos á la ligera en anteriores páginas
la monotonía de que adolenciau las corridas de toros hasta
últimos del siglo X V II, pues carecían de asa auimación
y atractivos necesarios á to d o espectáculo público bien
organizado, con los diferentes elementos en él inhe*
rentes y que le dan vida,
— 112 ~

E sta innovación importantísima en el toreo, base cíe


todos sus progresos posteriores, estaba reservada á Ju an
Romero (hijo de Francisco) y á Manuel Bellón, el A f r i ­
cano. Ju n to s contribuyeron á la creación de las cuadri­
llas. Componíanse éstas de espada, medios espadas (ó
aventajados), picadores rehileteros, chulos arponer os ¡ par-
eheros y cachetero.
E n los trajes que liasta entonces se habían usado,
también introdujeron alguna variación.
P u r lo regular consistía éste en una larga red en la ca­
beza, que caía á la espalda, camisa de cuello alto, coleto
de ante largo y ceñido abotonado á la espalda, y sujeto
á la cintura con una correa cerrada por una hebilla*
mangas de terciopelo, partiendo de debajo del chalaco,
y la camisa Tuelta sobre la bocamanga, calzón de ante
hasta la rodilla, muy ajustado y cerrado con botones
por la parte de adentro, medias y zapa tos con hebillay sin
tacón.
Estos trajes eran costeados por los mismos lidiado­
res. Sin embargo, algunas Maestranzas solían prestarlos
ó regalarlos. La de Sevilla regalaba todos los años un
traje completo á los lidiadores
A los espadas y medios espadas les daba zapatos
con hebilla de plata.

III

3"- ü - a n Ü S o rr^ e ro

Hijo de Francisco, y también natural de Ronda, des­


de sus primeros años mostró decidida afición por abra*
zar el arte que ¿ su padre le diera tanta gloria.
lia —

Viendo éste las excelentes condiciones que reum a
su hijo para el arteá que ¿1 r en tifa culto, lo alentó y esti­
muló con sus excelentes consejos y sáhias lecciones, las
cuales Juau no desaprovechó, pues hien pronto se le vió
en d ist i utas plazas tomar parte en corridas de toros al
lado '.leí autor desús dias. Una de las primeras poblacio­
nes que admiraron su valor y agilidad fué la de Ma­
drid. Sabido es la acendrada afición que siempre y en
todos tiempos ha predominado en la coronada villa por
nuestro espectáculo nación al.
Retirado Romero del toreo por su avanzada edad,
heredó su nombre y gloria, y aun llegó á sobrepujarle^
l o g r a n d o c^n sus luchos que el cariño que le profesara
ei pueblo e* pañol. rayara *n delirio.
Al principio de >n carrera trabajó varias corridas
con Manuel Bellón, e\ Afriauio* unas veces como medio
espada ó segundo, y otras como primero, pues como se
trataba del comienzo del tnreo. todavía no se habían fi­
jado rcfjlas de luttitfiit’Uad ó altcrnatira.
Siguiendo las instrucciones de su padre consiguió
reunir ¡í fuerza de afines y trabaios una numerosa cua­
drilla, de picadores y banderilleros perfectamente orga­
niza ■1 . E u t an d iti c:i l emp re sa 1e ay u c)ó el A f r i c ano co n
sus sábios consejos, pues en aquella época era sumamen­
te diticil el sujetíir á la obediencia á un numero deter­
minado de lidiadores, en razón á qne todos se creían
con facultades para erigirse en jefes, y de aquí que pre-
ferian ser contratados individualmente antes que some­
terse a ningún otro*
Asociado con el Africano recorrieron juntos casi to­
das las capitales de España, no habiendo fiestas en las
— 1H —
que los A yun tam ient os ó ("orparaciones no solicitasen el
que Romero con su cuadrilla torease al gunas corridas.
El (entusiasmo que hizo d es p er t ar R o m e ro en toda
E s p añ a p o r Ia s corrida* de toros, a ie n t ó á muchos j ó v e n es
que, ávidos de gloria y de dinero, recorrían juntos, á se­
me ja nz a de i as compañí as de cómicos de la Ictjtta, la s p o ­
blaciones, d a n d o funciones de no-cilios y de haeyrs, en
las que luciau habilidades como Jas de los layadores po r­
t u gues es y otras por el estilo. Mas estas a t mirillas bi<m
p r o n t o hubieron de desaparecer como ant es había suce­
dido, visto el poco aprecio que los públicos le d i sp en s a­
ban, y sus i ndividuos se re ti ra ro n á sus hogares, excepto
al g un os más fogosos o atrevidos que solicitaron ser a d ­
mi ti dos en la cuadrilla de J u a n Romero.
E n t r e óstos se le asoció uno llamado Miguel Gái\>z.
n a t u r a l de Sevilla, y que has ta entonces había d es em­
peñado el cargo de g u a r d a de una hacienda, donde se
encerraba g a na d o vacune'.
L a s excelentes condiciones de este par a el toreo 110
pas aron d es aper ci bi das pnra Romero, el cu:;] muy p r o n ­
to le cedió al gunos t.orc s y lo llevó de s o br esa li en te
Como la l ama de J u a n R om er o ioa eclipsando un
t a n t o la del A fr ic a n o , det er minó est>* separarse de ¡su
compañe ro y fo r ma r una t a u d r d l i . dv: la que se erigió
en jefe,
J u a n Romero, 110 obs tant e el d e s m e m b r a m i e n t o de
su?- fuerzas, cont inuó t rab aj an do con su segundo Miguel
Gálvez. P o r líllimo, fijó su r es idenci a en la corte, de la
que casi nu nca llegó á salir,
E 1 A j ric ano se re ti r ó ár Andalucía con s n cuadrilla,
en la que llegó á figurar el celebre diestro vascuence
M artin Bareáizfceguij Martincho, inventor del capeo á la
_ 1 1 r>
n ' i c a m i y do un ar ri es gado salió, consisfcenteen subirse
sobre una mesa con tos piés atados, y esperar ai ani mal
a la salida, el qne al ac ome t er y h u m u l a r s altaba el dies­
tro s al va ndo el cuerpo del toro. El A f t / r a n o practicó
por prinn ra vez este salto en 1Vo-i, <il i na ug u ra s e la
pinza a n t i g u a de la corte, pero hizo lo con los ¡des libres
prohi bi endo i e r mi n a n t e m e n t e á su discípulo Martincho.
lo practicase de otro modo.
Como habrá- obs er vado el.lector, en la biograiia de
J u a u Homero nos hemos ocupado de a lgunos hcchos r e ­
feren Les á otros diestros, lo cual nos ha sido necesario
hacer, por e st a r relacionadas con la de éste.
.Por último, réstanos man i i estar qne R o me r o fué
maestro de una, pléyade de toreros, que uuos más y otros
menos, todos llegaron á hacerse eélebres.
Ha rt o de gl ori a y de dinero, se retiré) del toreo J u a n
Romero. Murió de senectud á los anos de edad.

IV

l^ /E Ig ria e l < 3 -a ,lT re z ¡

Y u é segundo es pa d a d e J u an R om e ro y m n y a pre-
ciado de éste por las excelentes condiciones que te a d o r ­
n ab a n de a mo r ai a r t e y subordi nación á su jefe. R e t i ­
rado J u a n del torco ocupo ( Jálvez su puesto, y muy
p r ont o ac rec ent ó su fama*
La aparición de O ^iU larcs en la a r en a de los circos
oscureció el n o m b r e de Gal vez y el de muchos otros
espadas, de los que uo q ueda más que u n a sombra de
recuerdo.
CAPI i r LO i Y

M a r i lucho (íi puntos hio^Tiiíico^X — Tna eorrida d r a Mea y un to ­


rero improvisado.— Marf?)?cJi<> abandona su oJu-in de pastor
y se decide por elvoreo, ingresando en 1fl ruadníla del A f r i ­
cano. — Jo sé CándMo: ¡<- i¿no so salte .sol» re la vida y hechos
de éste diestro.—Rt'inanre o arioso sobre la rñ^Uíi y m norte
tle do^é Candi «lo.— Arjararión ¡inal,

Martin Barcáiztegui (Martincho]

M a r lincho fué na t u m i rio Oyarzún i Vascongadas.)


E n sus primeros aíio* desernpeííú el o:fu io de partor.
A c o st u mb ra d o d bre gar con t oda clase de ani mal es y el
p Oc i . t r a:;o s jcial en que vivía, lo de ca rác te r duro
y urail o.
L a l imi t ad a m s t iu c c i o n (pie había reuibído y ed ais­
lamiento en que vivía, lo colocaban a la altura., de un *e-
mi-salvaje* J a m á s conoj ió el miedo ni el peligro, y
cuando se veía a l g u n a vez ac o me t id o ele lobos ti otras
fieras, no t en í a par a su defensa más que nn n ud os o y
pesado cayado, con el que d a ba buena cu en ta de sus
enemigos.
— 117 —
Con los toros; asaba de otro género de defensa c u a n ­
do se r evolvían c o nt ra éh Ti ra ba el cayado, y e x t e n d i e n­
do la m a n t a que siempre llevaba al hombro, e mp ez a ba á
dar c a j e t a ios d e nn modo que nadie le había ensenado,
hasta que conseguía r e n d ir al bicho y lo hacía rodar al
suelo.
11
U n a de las veces que tu ó á su aldea celebraban los
mozos del pueblo un a c orrida de toras. V n bieho de los
que se l idiaban inutilizó á varios de los i mp ro vi s ado s
toreros, y sembró el pánico en los restante?.- has ta el
p un t o de d ejarlo solo en la plaza c a mp a n d o por sus res­
petos.
J l ar! inriiot qu* pre sumí a ha la rorri la de*de lo alto
de una. iTti'ivni. se a r n v ó a l r d^ndel p i vv i- to de su
manta. — cumpa fiera inst. parabh :- con ellu empezó una
serio de capotazos tan continuados, i pie consiguió r e n d ir
al an i ma l á los pocos mi nutos. A ú n no hab ían cesado los
vítores y aclamaciones de los c ir cu ns ta nt es , cuando
M a r t i ¡icho* provisto de una mesa y pañuelo, solicitó de
uno de los espectadoras qne por sí minino ie amar ras e
i n e r t e m e n t e los pjó>; at óni to y estupefacto cumplió éste
sus deseos, y ant es de que los c ir cu ns ta nt es se diesen
cu e nt a de ello, lo vier.ui de pie suhre la mesa y ci tan do
al toro* la- hora partió háciu oh y iaé tdira de uu s egundo
la limpieza y agilidad con que M a r t i arito dio ei salto
por cima de la cabeza de la res: (1) e ut us ias mó á todos
de tal modo* qu e lo sacaron en hombros del ruedo, y lo
col mar on de aplausos y regalos.

(ló ftstíi rué la pvimei vox que N a r t l n c h ú lució en publico


este género de habilidades, en las que ta n ta fama consiguió
después.
Vistan sus b uena s disposiciones para el toreo hulúe-
ron rio aconsejarle en vi pueblo abrazase esta profesión,
y prest anclo ¿i ai Jos á ello, se decidió á ponerlo por
o lira,

ur

Al gunos mese> después (s:r (-vitó ht i mt nfn al Itoinhm y


se dirigió en busca de un torer o de profesión que lo
quisiese a dmi tir como discípulo.
F o r e s t a misma ¿poca, coincidióla sep arae ió nd e J u a n
líomcrt^ y el Af r i v a n o , consiguiendo i n gres ar M a r t n‘ icho
en Ja caadrilhi que este ú lt ima estaba org an iz and o.
El Af r ic a no pudo ver quds su nuevo discípulo era lo
que suele ll amarl e a.n d i a m a n t o en ¡>rnío: en poco tiempo
hizo g r a n d e s progresos, y llegó á conseguir q ue su n o m ­
bre llamara la atención. ¡Su director y j et e le prohi bi ó
le nn i na ule mente e j e c u t a r l e la ar ri es g ad a suerte del
aa l / o tl\< !<- >t na m sa ron !o* p i a t a d a s , l imitándose e n 1o
Sucesivo á hacerlo con los pió* sueltos.
Casi todas las poblaciones principales de España, y
en p ar ti c ul ar las andaluzas, t uvi eron ocasión de a d m i ­
ra r 8u a g i 1i el a di y v a h r , n o t.a n s o 1o e n Ias .<aer tes d e s u
invención. sino en todas las entonces conocidas. A M a r ­
ti ncho cúpole la gloria de ser el i n v e n t o r del capeo á la
n a va r r a . A no haberse a co rt ad o el soplo de su existen-
cía. es seguro que hubiese ocupado un puesto honroso
ent re los más r enombr ados t oreros de su época, pues
r e u n í a todas las condiciones precisas p a r a ello, como
son: valor, conocimientos vastos de las reses. i n t e l i g e n ­
cia y una calma y s ang re tría en los ma yo re s peligros.
Murió en De va en 1S00, víctima de u n a s calent uras
— 110 —
mal ignas. Su pérdida fué muy sentida, pero su reonor­
do vivirá e t e r n a m e n t e en p ág in as i mborrabl es ele los
anales taurinos.

IV

JOSÉ CANDIDO
Del diestro con que encabezamos estas líneas se tie*
non mu}T escasos a p u nt es biográficos. Solo se sabe que
fué nat ural de Chichina, y que en 'a época que nos ocu­
pa era uno de los primeros espadas que actuaban.
A cont i nuac ió n t r a n sc r ib i mo s uu román re con los
detalles de su cogida, y muerte. E s el p r i m er d o c u m e n ­
to de que se tiímc noticia referent e á cogidas de di es­
tros, pues no hay d u d a que José Cándido lúe el p ri me r
diestro que muri ó ele resultas de cogida. Del referido
romance ha sacado más de un escritor taurófilo apunt es
biográficos de Jos/' Cándi.lo: más nosotros renunci amos
á la idea, en razón de que éste no a r ro j a n i n g u n a luz
más que la qu e se relíete á la cogida, y todo lo que p r e ­
t endi ér amos escribir sería fabuloso.
V

He ¡ujní el referido doriuiieuto:

RO M AN CE AN TIGUO

( l ’U A O MENTO)

De la desgraciada m uerte que tu v o el afamado


m atador Joseph Candido, de Chiclana.

Y pues discreto auditorio,


fuerza es qne la p l u m a tome
s egunda vez para d ‘t r
g us t o á vuestras atenciones,
finalizar esta o br a
quiero, pues me corresponde
do obligación el serviros,
que el silencio se me o t or gu e
y que en 1a oe;i sí ó n prese n (e
con side reis eora zo n e s
Jos que más e mpe de r ni do s
h a st a aquí cual duro bronce,
le habrá beciin sen ti mi ent o
la fuerza de tantos gol pes
y r au dal de t iernos llantos,
mares de lágrimas urut-Ti
y entristecidos los ojos
— 121 —

que tantos gustos causóles


Joseph Cándido al mirarles
corno gericeldo el joven
que sin vida eterna yace
en funestos panteones,
pues por librar á Barrancos
la vida precipitóse:
y fue el caso que al proviso
que el turo la vida pone
en el dicho Juan, le parte,
y él, buscando amparo, corre
para los andamios. cuando
Cándido, que reconoce
su perdición, animoso
quiso ampararlo, y entonces
subiv Ó1 cargó y huyendo
pisó los roxos humores
de un caballo resbaló,
y d ió tan tremendo golpe,
que sin sentido en el suelo
se quedó, y el (oro sobre
el infeliz pasa y carga
por encima. y revo 1vir»ss
lan Uberab que no hubo
tiuirn se lo impida ni estorbe:
lo entrecogió y a su sabor
lo pasó por los riñones,
y atravesándole un muslo
con él colgado quedóse*
tri ufado de aquel que fue
vencedor de vencedores.
— 122 —

Luego de allí lo llevaron


u una casa y preparóse
con lo mejor que se pudo,
en tanto qne de trasporte
vino un Médico de Cádiz
que por él despachó un bote
■Melchor Conde, y fu ó curado
de los más sabios Doctores:
mas í ué todo lo posible
imposible y nada acorde,
que en manos de Jesucristo
dio á la una de la noche
su espíritu encomendado
por dos sagrados varones
Keli giosns Fraucisca 11os,
poniéndole de su Orden
Hábito y Cordón divino
para que con é l se honre.
Dexo de contar ahora
los pesares y dolores,
los sentimientos, las que xas,
las congo xas y aflicciones
que su desdichada esposa
tuvo a pesar tan disforme,
pues lle g a rá verla era
pa ra quebrar c o r a zo n e s:
ni eu lo qutí paró la 1iesta
de toros, solo me coste
de decir que iodo fué
como ow:\as sin pastores,
como vasallos sin líe y
ó como estrella sin Norte*
Este es el fin desgraciado
y bien trágicos errores
que Joseph Cándido tuvo
entre la una y las doce
de la noche, el mismo día
de San Juan, que dará nombr
de tal hombre á las edades
por eternas dilaciones.
Y tú, pues. Ciudad famosa,
aplaudida por el orbe.
Puerto de Santa María,
sientes con tus "moradores
tan fatal desgracia, al paso
de que tú te vanaglories
d e te n e r en tu recinto
sepultado á quien conoce
quien para tierna memoria
será blasón de blasones;
y tú, pues, heroica Villa
de Chic lana, siente pobre
á quien con tantas mercedes
te hizo tantos favores.
Lloren tus hijos y todos
cuantos son 3^ se conocen
por amigo de uu amigo
que fue de todos tan noble;
sientan tan fatal desgracia,
pidiendo en sus oraciones
que en las eternas delicias
Dios á su alma corono
de gloriosísimos triunfos,
— 124
paz y gracia en esta vida
para que la eterna goce.,,

VI

El toro asesino fue el sexto de los lidiados en el


Puerto de Santa María el 2 -1) de Junio de 1771 * grande:
cárdeno, y de alta cuerna: dio que hacer á los picado*
res; en una de las varas se vio perseguirlo .Juan .Ba­
rranco: interpon ese Cándido, resbala en la sangre de
un caballo muerto y queda ^in sentido por la violencia
del golpe* Revuélvele el toro y e n g a tc h a aldiest.ro por
los riñones, pasándoselo de una á la oírj así n, despidién­
dolo p n* ú'timo á larga, distancia. Recogido pnr sus
compañeros fué condu l io a !a vnfvrmarht \\) do )m i Maza
donde no hahía médico ni practica ot es que lo curaran,
y lo que es más extraño aún. ni en la población tampoco
pudieron encontrar facultativo alguno, por lo que tué
preciso despachar un bote á O Adiz con eso objeto. Mas
preciso es reconocerlo: todos los recursos de la cu un i t.
aun en los prim eros m om entos, hubieran sido inútiles,
pues las heridas eran mortales de necesidad,
José Cándido dejó al morir un hijo de .11 anos, «pie
heredó su nombre y hacienda, y que con el tnnnp > o j u ~
pó un lugar de los más dis ti ngui dos en la t auromaqui a
haci éndose célebre. En otre lug ar verá el lector su bio­
grafía. bajo el nombro de J erónimo Josí; O ánoioo .
CAPITULO Y

R eform a dol toreo, ó lo s tres colosos dé h\ tauromaquia.— B io g rd -


fl'VK C ostillares,—-A lgo interesante para líi biografía fie
Cosí illaros,“ Documento curioso del referirlo diestro.— E l
gran P¿dro Romero,— Pedro Romero fué uü gran torero.—
U n cartel de Pedro R o m ero .—Pepe* II 10 .- - S a s preocupacio­
n es.—Muerte de Pope-Hillo

Poco antes de retirarse del toreo el célebre espada


Ju*\n Romero, aparecieron tres nuevos astros eu el ho­
rizonte de la taui'omaqnia,. ansiosos de gloria-y de dis­
putarse entre sí Ja supremacía.
P e d r o . Romero, hombre de gran fortaleza ó inteli­
gencia y do valor probado, discípulo de su padre ó
inculcado en la -escuda n atica que mejoro n ot ab l eme nt e
aceptando varias suertes creadas por -sus--rivales,
El empeño de Pedro Romero en no abandonar' los
elementos de vida de la escuela que le era propia—si bien
él y los de su apellido acogían muchas de.las innovacio­
nes d é la o tra —y el tesón de Costillares, P e p e - I U o y otros
muchos de sus. discípulos en conservar y dilatar la suya
que 110 era m is 'q u e la perfección de aquel!?!— prudujo
la honda división, que subsiste aun de las dos r,sendas
dauotniuad is, í i m i m a la primara, porque los Romeros
— 12G -
eran hijos de Ronda, y S ev illan a la segunda, porque
Costillares y P epe-lU o vieron la luz en la risueña y poé­
tica Sevilla.
C os ti llares reformador del toreo en todas sus fa-
s s creador de una nue va escuela y maestro de una p l é ­
y a d e de diestros que i nmortal izaron su nombre.
Sin embargo de haber aprendido Costillares con los
Palomos , Esteller, el A fricano y Ju a n Romero, se trazó
un nuevo derrotero, consiguiendo bien pronto la palma
de consumado innovador, jefe y creador de una escuela
que desviaba por completo la m anera de ser hasta su
época del toreo, aplicando reglas que sirvieron entonces,
y en lo sucesivo, para llegar á la perfección: por eso el
nombre glorioso de Costillares se elevó por cima de los
o;ros, no obstante su fama adquirida.
E l tercero fué P e p e - I l l o , hombre de gr a n corazón
y euergía, que en su corta carrera taurina recibió más
de 25 heridas graves; fué reformador del traje de los li­
diadores é inventor del capeo de frente por detrás.
Nunca como en aquella época rayó a tan grande al­
tu ra el arte del toreo. Los tres grandes genios de la tau ­
romaquia parece que se dieron la mano para venir al
nmn:io á fomentar á la vez la afición despertada por e|
genio creador de Francisco Romero y sus cohetáneos
loa Palomos y el AfHcuno,
L a vida taurómaca de estos lidiadores, quizas la n v s
famosa de cuantos les han sucedido, llenó el transcurso
de medio siglo con sus renombradas hazañas y notables
adelantos en el artef en cuya época adquirió éste toda la
plenitud de su actual desarrollo, no restando á sus suce
sores más que el mayor ó menor grado de perfectibili­
dad en su ejecución y alguna que otra innovación de
poca importancia,
— 127 -
Y a que hemos tratado en conjuntó ele e^toa tíoá co­
losos del toreo, por haberlo creído de todo panto im­
prescindible en atención al objeto de éste libro, damos
á continuación la biografía de cada uno de dichos
diestros.

II

Pedro Joaquín Rodríguez (Costillares)


Cosí Mares i titulado el Heyeneraifor tId toreo fue na­
,

tural de Sevilla, donde vio la luz A mediados del siglo


pasudo. Criado o» el Matadero do dicha ciudad, se des­
pertó allí su afición a la lidia de reses. Valiente, obser­
vador, atrevido y con una ambición des me 1ida á con­
quistarse un nombre, no podía conformarse con el oficio
A que su padre lo habia dedicado, y el que no le repor­
taría sino un jornal más ó menos crecido.
El notable m a tid o rd e toros de aquella época Félix
Paloneo—muy amigo del padre de Costillares— vió en
Rodríguez tan (menas disposiciones para el toreo, que
le dio muchas lecciones, le ayudó y protegió, presentán­
dole al publico formando parte de su cuadrilla, cuando
solo contaba Codillares poco m is de quince anos de
edad.
Tanto se distinguió como peón y banderillero, que
muy pronto sobresalió entre todo3 sus compañeros.
Dotado de gran penetración y capacidad para eje­
cutar cuanto discurría en su imaginación, estudiaba las
— 128 —
Condiciones cío las res?s, y siempre hallaba para cada
una d a ellas reglas y medios adecuados para burlarlas y
salir airoso de su empresa.
Aguijoneado por sus grandes deseos de silir de la es­
fera en que se hallaba colocado, creyó deber dedicarse,
y se dedicó con férvido anhelo, consagrando toda su in ­
te] igeccin, su vida y su afán al fomento y ampliación
del arte que había abrazado, y en el que le esperaba un
porvenir de triunfos y de gloria. Bien pronto le demos
trojel destino* e o l a . comprobación de loS‘hechos,que él
solo era el llamado á eclipsar la gloria dé sus antecesores,
de sus contepóraneos y de muchos de los que le buce die­
sen, n o ta n solo porque sobresalía en la ejecución de ias
suertes hasta entonces conocidas, sino porque las p e r­
feccionó y dio*origen a otras iiuevas, consiguiendo lle­
var á la práctica reglas y teorías*, que muy prbnfco h u ­
bieron da causar una transformación completa eu el arte
del toreo . -
Fhsl observador, comprendió que los medios conoci­
dos de m atar hasta entoces'no eran los suficientes; pues
para ios toros huidos ó quedaos ’no hay posibilidad de
efrpiea? laguer fe de recibir , y que de seguir practicando
en ocasiones (como algunos lo' hacían) la de lanzarse ó
ir ai acaso y sin regla sobre las reses, ‘era may expuesto
y deslucido para los espadas, viéndose éstos muchas ve*
ces precisados á acabar con los toros de-esta clase dexja~'
rrétándolos de cualquier rnodo ó entregándolos áLos pe­
ricos de p reta P a ra salvar estos inconvenientes. Costilla­
res ideó y practicó con feliz ex-itó la s ^ e r t^ d e l volapié,
la cual fue reconocida y aceptadá por sfis-contempora-
neos, y la que dió margen á la rivalidad que ae entabló
después entre el y los Romeros con la creación de ias
dos escuelas, la R o n d e ñ ti y la S evillana . La m uleta} apli-
1*29 —
cada por los Romeros y los demás diestro* para llamar
al bicho y burlarle, fue utilizada por Costillares* reí or­
ín nudo su uso para aminorar las facultades de los toro*,
arreglarles la cabeza., hacerlos humillar y poder consu­
mar la estocada con precisan y limpieza.
1 le aquí como la describe JA pe-Jilo en su M anual de
Tauroinuíju/a ó .■1ríe dn iore.ai\
“'VjsUi sVerte es lucidísima, y con ella se d ui las me-
»¡ores estocadas: y sj hace á toda clase de toros qne
»humillen, y se descubran un poco. Pero no es siempre
»ocasión de executarla, sino solo cuando los toros están
■sin piernas, y tardíos en embestir.»
"UonsisLe en que el diestro se sitúa a la muerte con
;>el Loro. o--upando cuín[didamente su terreno, y luego
>que al c!le de la muleta humilla, y se descubre, curre
-ha ua ó! poniéndosela en el centro, y dexáudose caer
»sobro el toro mete la espada, y sale con píes »
Co'iti!htrv$ busci> en su imaginación y halló medios
para o ig a ñ a r á las reses con la rapa, cu an d o un espada,
peón ó picador se vó en peligro de ser cogido ó arrolla­
do. ere‘ando la. suerte conoej ¡a hoy con el nombre de
Vcí'ónr'U, Hizo, en suma, notables adelantos, que e n to n ­
ces so roe mocicron como talos, que después fueron res­
petados y acatados por lodos, y que con poca ó ninguna
variación se prac.tf-an hoy por los toreros modernos.
Sien lo todavía muy joven, pues no habia cumplido
los veinte anos, tomó la a 7- tm u ttit\t en la plaza de Sevi­
lla. dándosela Manuel üellón, el Africano. Reunió los
mejores peones y picadores?] oon los que formó una luci­
da cuadrilla, en la cual figuraron los célebres Malignos,
que trabajaron siempre bajo sus órdenes,
K p poco tiempo alcanzó gran renombre y fama, no
— i: JO —
tan solo por su invento el volapié, sino porque en todas
las suertes llegó á la altura ríe los mejores diestros de
su época, entre los que sd cuentan nombres tan distin­
guidos como Francisco Romeiv, el Africano^ Martincho
y otros, tan bravos y buenos como éstos. En todas las
pla zas era preterido; las Maestranzas se io disputaban,
llegando á pagarle por corridas de m añana y larde hasta
tres mil reales, suma que ningún otro diestro había g a n a ­
do hasta entonces. Antes de retirarse del toreo modificó
algo el traje délos lidiadores, sustituyendo la faja al
ancho cinturón de cuero que se usaba, y ponieiidu cai­
reles en ias chaquetillas, que las hicieran más vistosas,
y sustituyendo el coleto con el chaleco largo y cerrado
y chupa corta.
Imposibilitado de continuar matando, por una enfer­
medad crónica en la mano derecha, tuvo que decidirse
con honda, pena á dejar su prolesión, no sobreviviendo
mucho tiempo á ésta para él, y para los amantes del to­
reo, verdadera desgracia. Falleció en Madrid el 27 de
E nero de 180)3 en Ja calle Flor B aja número 2.
Costillares fué uno de los e>padas que inauguraron
la plaza de toros de Sevilla en 176;$; trabajó como segun­
do de Manuel Sánchez, el m enor de los P alom o s , en ias
segundas fiestas ó corridas de dicho importante aconte­
cimiento.
E n la biografía de P a lo m o puede verse copia de éste
cartel.

III

Trascribimos á con ti n nación los siguientes párrafos


de L a s Glorias d d Toreo, en los que su autor don Ma-
~ J3i —
nuol Fernández y Gronzalez retrata de mallo m aestra la
gran ligara de Costillares, y hace ver lo q ae representó
para la taurom aquia tan em imente diestro:
»Era Costillares de grandes facultades, bien propor­
cionado, de'buena cara y gracia, y de corazón negro, co­
mo era menester para su oficio. Toreó en sus mocedades
en Sevilla y en otros puntos menos importantes de la
tierra de Alaria Santísima; con general aplauso cundió
su fama, y estando ya viejo y casi inútil, J u a n Romero
se entregó, como quien dice, á Costillares y se lo trajo
con buenas condiciones al redondel de Madiid, para en
unión con él torear delante de la córte.
* Costillares fue un progreso para el toreo; él había
inventado con buen suceso muchas suertes que aum en­
taban la seguridad
O de la lidia,* hv* la daban más iucimien-
to, haciéndola más variada y más vistosa. Se habia pres­
cindido ya de los (jinetes ó arpones, su ce soies del rejon­
cillo, por las banderillas perfeccionadas, que se ponían
á pares, mucho más ligaras, mucho más cortas y mucho
más vistosas que el gilete: se usaban espadas, ó esto­
ques, ó venhftjmllt-s sin cruz ni taza, únicamente con
una pequeña empuñadura pintada de rojo, y no eran ya
de temple duro, bino destempladas y de acero dulce, á
fin de que el diestro, con arreglo á Jas condiciones del
toro, p u dhse encorvarlas más ó menos, y no produjeran
u n t a n duro y peligroso resultado en una estocada en
hueso: se habían enriquecido los trajes, aunque todavía
la moña no había sustituido á la Ja redecilla, ni la w o n -
terilla al sombrero, pero se había desterrado el cinto de
cuero ó correen, ó a lo menos se le llevaba interiorm en­
te cubierto con ia faja. Se había dado más armonía, más
reglas y decoro al espectáculo. Empezaba, en lin; á
aparecer el arte del toreo.
— m —
»Las invencionesríe Costillares eran tati útile*, tan
necesarias al tor^o., que todas ellas se conservan y no
han podido mejíTaise, La suerte de muerte, la capital, la
más importante, era de todo punto imperfecta.
»H a s t a Cosí illa res consistía en p o n e r ¡>h e 1 d i es t r o e n
jurisdicción, y us;ir de la muleta para cubrirse de la cin­
tu ra alo? p iósy engañar al toro pa-ándole, y' para lla­
marle al remate de la suerte, A esto se reducía- todo, y
la suerte 'de matar era generalmen te, una larga briega,
en givs muchos toros se dejaban m atar cansados ya de
tanto quiero y no puedo.

¡.Costillares íué el inventor del trasteo que aún dura,


con muy pocas -modificaciones. El hizo dé su experien­
c ia sobre las reses" un escudo en beneficio de los toreros
qúe 'tras él viniesen. ' v
^Pndrá haberse ganado en lim p ie z a b u ' bonitura
(permítasenos la frase,) de muleta; pero la base del tra s ­
teo está en Costilla res: desde él el toreo pudo conside­
rarse como un arte) y esto para ól es un título de gloria,
y tanto que. su nombre es uno de los más venerables
pai'a los toreros, y conocido universa Un en te por todos
los que han oido'hablar de toros,
-,>r' 51H ay que lamentarse de qu& Costillares no escribiese
n tratado sobre el toreo, como lo híoieion Pepü I llo y
C r in o Montes , t;omo es de lamentar que Cuchares y el
Cfdclauero no hayan dejado eíi letras de molde su gran
experiencia de'los to ro s 'y sus grandes recursos. Antes
d^ Costillares, todos los toreros á pié, ya raoro&, ya cris-
tianosvhdbían matado á los toros de ptider a píxier, re ­
cibiéndolos, y cuando se daba con toros que se a rm a ­
ban, se encastillaban, so recelaban ó sa huían, era nece-
César io recurrir al repugnante espectáculo de -matar co­
bardemente al toro y dfcsdb l£jos por medio de un lan­
zó u con que le atravesaban por cualquier parte. ■'
nPara estos casos difíciles, inventó Costillares el vo­
lapié.
„C'o ñ e st tf $ive r fce- f á ei 1i t ó Costillares el toreo á ni u -
dios q ue p -:>rJ:t 111 i ti e fa 3 u 1bvd e $ ii o hubiera n podido
nunca recibir. Inventó también, en unión con J u a n Ro­
mero* los quites ó salvamentos paui los picadores, con lo
cual hizo para éstos*rueños peligroso el toreo,
„Pedró Romero y José Delgado, Y llo vinieron á par­
tir con el las glorias del toreo; y amamantados, como
quien dice, en su es*uela; la continuaron y-la' perfec­
cionaron.,,

IV

P a ra terminar, y asintiendo á lo expuesto por el


competente taurófilo don Manuel Chaves, respecto
á no s?r cierta, como has la ahora se ha civido. ,que Cos­
tillares falleció <*11 los primeros m^ses de 18'JJ, y sí en
1803, damos pabi 'a al siguiente cartel, cuya copia débe­
se al referido Sr. Chaves.
Jié aquí tan p re ció s ij d oo n me id-o h ia fcór i c o, e n el q u c
se anuncia la f.mesta corrida en que lia-iú la.m uerte e]
célebre Peye-Uio.
«El Rey Ntro. Sor. (que Dios guarde) se ha servido
señalar el Limes oncq del presente mes de. Mayo de 1S0L
(si el tiempo lo permite,) P a ra la primera con ida de to ­
ros de las que su Iieal piedad tiene concedidas á.los rea ­
les hospitales (¿enera! Pasión de esta corte, á fin de que
- 1 34 —
süs productor 3e Gnapleea ea la curación de los pobres
enferm js de ellos, Mandará y presidirá la plaza el señor
don J u a n Morantes G u z m m y Torvar, Corregidor de
esta villa.

Los diez y seis toro i serán: Do s de la vacada de Don


José Gijón, vecino de la villa de Villarrubia de los Ojos
de Guadiana, con divisa encarnada. Cuatro de la de
D. Manuel Briceiio de Colmenar Viejo, con azuL Dos
procedentes de la de Peñaranda de Braeamonte, nueva
en esta plaza, con encarnada. Cuatro de la de D. Herme-
nejildo Diaz Hidalgo, Villarrubia de los Ojos de Gua-
diana, con verde y Cuatro de la de I), Antonio H ernán
García de Colmenar Viejo, con blanca.
P o r la manana picarán los seis toros Alberto Corde-
ro y Manuel Guzman. X^or la tarde picarán los cinco
primeros toros J u a n López v Manuel O.iuete y retira­
dos éstos lo continuarán á otros cinco Cristóbal Ortiz y
José García Colcho nciüo, Los diez y seis toros de todo el
día serán lidiados por h s cuadrillas de á pié al cuidado
de Joaquin Rodríguez Costillares, José Delgado l l l o }
José Romero y Antonio de los Santos*

He previene al publica de orden del Gobierno, que


se d>rá principio á la corrida indefectiblemente á las
horas que ahajo se señalan, concluyendo á las acostum­
bradas y en lugar de perros se usarán banderillas de
fuego á arbitrio del Magistrado.

Otro: Se prohibe absolutamente p,rrojar á la plaza


gatos muertos, capas, palos, frutas ni cosa alguna que
pueda dañar ó molestar á los dependientes del Gobjer-
- 135 —
no ó á los lidiadores, ni que nadie pueda estar entre
barreras, sino lo¿ precisos operarios, é igualmente que
ninguno pueda bajar de los tendidos hasta que no esté
enganchado el último toro, pena de veinte ducados; y
siendo persona de distinción, á la disposición del Ma­
gistrado,
La víspera por la tarde estará el ganado en el A rro­
yo acostumbrado, y abiertas las puertas de la plaza.
Por la mañana se empezará la corrida á las diez, por
la tarde á las cuatro.
Estarán abiertas las puertas de la plaza por la ma­
ñana y tarde hasta qne se haga el Despejo: y concluido
éste por la mañana se hará el encierro.»
En esta corrida no toreó Costillares aunque estaba
anunciado, ni tanpoeo tomó parte en ella el m atador
J u a n Conde, qne el escritor Fernández y González hace
fig u ra re n aquella lidia.
Y aquí conviene hacer notar, pues está ya probado,
que Joaquín Rodríguez no murió en 1800 como dicen
algunos de sus biógrafos: en los últimos meses de 1802
aún vivía el autor de la suerte del volapié, y por unos
curiosos detalles que publicó el insigne maestro compo­
sitor Barbieri, sabemos que su verdadero nom bre era
Pedro Joaquín y que habitaba entonces en Madrid en la
calle FtorBaja, número 2, cuarto segundo.
Según la noticia publicada por Pérez de Guzmán
tomándola del D ia rio de A v iso s de M adrid, copio aquí
esta curiosa nota:
Estado de los valores que ha rendido la corrida del 11 de
M ayo de 1801 .
E ntrada total de la mañana. . . . 33.194 rs. vn
E ntrada total de la tarde , , . , 47.474 n „
— 136 —
Poi; la tarde 16 toros muertos, . > . 7.547 „ n
P or los^pellejos de 20 caballos á
34.
■* .-
reales- uno,■ . . --.1.-.* . ......................
'
680 y 1 ., „o
De aguadores y alojeros, .................. 140 n „
Producto líquido total. . 89.135 rs. vn.

'■-S? ' .*
v ■ ■ V - ,

g l (^ ra n {pecho R o m e ro

A la, vez que Costillares llenaba el mundo con su fa­


ma y hechos, el personaje que nos ocupa empezaba su
carrera en s 1 arte que tanta gloria diera a y a padre y
abuelo,
Hijode J u a n y iiieto do Francisco, nació en Ronda el
19 de Noviembre de 1754. Desde muy joven demostró
poseer unas fuerzas heircúleas y una agilidad y destre­
za extraordinarias poco comunas a a tal edad. E l autor
de sus .dias lo dedicó á que aprendiera el oficio de car­
pintero de rivera, en cuya profesión alcanzó pocos ade­
lantos, pues su decidida afición al toreo era causa de sus
continuas faltas al trabajo. Comprendiendo, el padre la
afición de su hijo por abrazar el arte del toreo , no quiso
dejar pasar más" tiempo, y se decidió á dirigirle y ense­
ñarle los conocimientos que le habían suministrado su
experiencia, permitiéndolo, abandonar el oficio.
Su afición á los toros era extremada, y no desperdi­
ciaba ocacíón para asistir á todas las corridas que se ce­
lebraban en Ronda y su** cercanías. Ko contaba aún
— 137 —
quince ano*, -cuando fue contratado la primera vez co­
mo peón en la plaza de Ronda.
Ooiio novillos habia matado ya cuando iba a recibir
de su pudrd la prim era lección pública* E sta tuvo lagar
en uua corrida que el a u to r de sus dias acostumbraba-,
á torear .gratuitam ente todos los anos en acción de g ra ­
cias por haber concluido con bien la temporada, y cuyo
producto destinaba en-favor de las A n im a s. J u a n Ro­
mero ejecutó con las roses infinidad de suertes, con obje­
to de, aleccionar prácticamente á su hijo y mató el pri­
mer toro, para darle uua idea de lo qne se debía e je c u ­
tar, En esta corrida m ató eljovep Pedro cuatro toros,
dejando complacido á su padre y á cuan tus tuvieron,
ocasión de adm irar su agilidad y valor.
Vein-te dias más tarde toreó en una novillada g ratu i­
tamente en favor de una-.obra, que se h a b ía deliacer en
una igltw a de l i ynda. En esta corrida Pedro Romero
mató sólo los seis bichos en prensencia de su padre, qne
no se separó de su lado en toda la corrida, con el fin de
darle sus acertados consejos y estar pronto si ocurría
algún incidente desgraciado, .<■
Al ano siguiente, y cu and o Pedro aún 110 habia
cumplido los 1.7 años de edad, toreó con su padre en to ­
das las corridas de su compromiso, haciéndose notar por
sn agilidad; valor y lo gentil de su porte.
Después de recorrer varias plazas le llevó su padre
a Madrid, en donde desde luego hubo de llamar la a t e n ­
ción por su agüidad y .ligereza de piernas, como igual-,
mente por su toreo ceñido parado y sereno, y más que to-,
do por su especial manejo de la muleta.
Los toreros más famosos desu época como Costillar (tsy
los Palomos, Pepe-lllo y otros, fueron sus rivales*
- 138 —
Son célebres sus competencias con éste último, en las que
casi siempre Romero quedaba por cima de aquel no­
table diestro. E^tas rivalidades entre tan célebres espa­
das, fueron engendradas con la creación de las dos es­
cuelas, la E ondeña y la Sevillana, rivalidades q u e á pe­
sar de los anos transcurridos aún subsisten en nuestros
dias
A dornabanal diestro rondeño enalidadesescepciona-
les; tenia la ventaja sobre los demás de no conocer la en­
vidia, por cuya razón nunca se inm utaba cuando sus
émulos eran aplaudido?; siempre se le veía sereno y ja ­
más acudió á hacer un quite sin necesidad, y mucho me­
nos si éste le pertenecía hacerlo á otro.
Su afán predom inante era recibir} cuya suerte llegó
á ejecutar con tan ta precisión, arrojo, aplomo y acierto
tan grande, que en cuantos toros mató en el trascurso
de sil vida torera, casi nunca necesitó más que una snla
estocada, consiguiendo ser el torero miniado y más bus­
cado de su tiempo.
Conocía como ninguno las condiciones de las reses
y el estado en que se encontraban: así es que nunca se
le vio ejecutar con ellas más que las muertes á que se
prestaban, dando á cada toro la lidia que requería por
sus instintos y condiciones.
Aunque su suerte favorita era la de recibir, en deter­
minados casos se le vio despachar toros en otra forma,
valiéndose para hacerlo de estocada da recurso, y aun
consumado el volapié cron la misma limpieza y precisión
que sus rivales de escuela.
Contra la opinión sentada hoy por algunos diestros
modernos y admitida por muchos qne se t ienen por in~
teligentes, de que es peligroso citar á un toro dos veces
— 139 -
á recibir, Remoro no lo creía así, p-jes íh dio el caso do
tener qne repetir Ja m e rte con un misino bicho dos y más
ve coy. y esto en distintas ocasiones.
Su trato era amable y cariñoso, pero sabía hacerse
respetar, en al ni n gano por su cuadrilla, pues nuca con­
sintió la menor falta de disciplina.
A los cuarenta y cinco anos de edad, (y 2 0 de pisar
ia arena como lidiador). s r3 r tí tiró este notable diestro.
Con su claro talento comprendió perfecta mente que ya
no podría seguir haciendo en los Circos lo que veinte
años antes producía tan ta admiración entre los especta­
doras, y antes que se empanase su 11 hgran te estrella r e ­
solvió retirarse del toreo, dando así una prueba del gran
dominio que tenía sobre sí mismo.
Retirado á la vida privada, en los Vil Limos años del
siglo pasado permaneció a geno á las luchas que se deba­
tían en la arena de los circos entre los defensores de su
escuda y los de la erigida por el famoso Costillares.

VI

Al fundársela Esc a el a de 1 'aurout a q 11i a d e Se vil! a f e n


18)10, fnó nombrado por el rey D. Fernando V II direc­
tor y maestro de la misma, teniendo por segundo a su
discípulo predilecto y hermano político José Candido
que se acogio a la escuda Sevillana, al separarse de
Romero.
En los nueve años que d e s e m p e ñ ó el cargo de direc­
tor y maestro de la Escuda de Taaromaq'aia de Sevilla.
asentó aun más su reputación artística y taurómaca. Al
Tomo i i l
— 140 —
disolverse ésta en 1839, se retiró á su hogar lleno de
laureles y de gloria. E ra lacónico, pero enérgico en sus
explicaciones. Continuamente decía á sus discípulos:
«La honra del matador esta en no huir ni correr n u n ­
ca delante del toro, teniendo muleta y espada en las
manos.
«El espada no debe jam ás saltar la barrera después
de presentarse al toro, porque esto ya es caso vergon­
zoso.
«El lidiador no debe contar con sus pies, sino con sus
manos; y en la plaza, delante de los toros, debe matar ó
morir antes que correr ó demostrar miedo.
« P ararlos pies y dejarse cojer, ese es el modo deque
el toro se consienta y se descubra bien.»
Siempre encargaba á sus discípulos que estudiasen
bien las condiciones de las reses. porque no 11 todas—
dr cía—puede dárseles la nvuerte del mismo modo.
Pedro 1 Í u m e r o t u y o n e ces i d a d d 0 pasa r á Al a d r i d á
evacuar un asunto de interés particular, y sus amigos de
otros lie nipos le obligaron á que toreara una corrida,
en la que, á pesar de su ¿i va rizadísima edad de óchenla
y [autos años} quedó lucidamente y demostró lo muchísi­
mo que había valido y lo bien conquistada que tenía su
f a ma,
Murió á los 84 anos, dos meses y veintidós días (11
de Febrero de JK!39), después de haber muerto sobre
5.(>00 toros en sus *29 anos de carrera tauromáquica
La trom peta d é l a fama no colocó á ningún otro
diestro de su época sobre Pedro Xiomero, y los que le
han sucedido. ninguno h i podido nublar el soldé sus
glorias.
F u la escasez de datos que acerca de las primeras ce-
— 141 —
leb rielad os d d ton* o tenemos, nos vemos obligados, pa­
ra dur ;í conoc* r mejor á Pedro Romero* á. extractar al'
gunas cartas publicarlas por otras obras que se ocupan
del toreo, y en las que se trata de aquel insigne maestro.
Dice así una de ellas:
«Toreando Romero con José Delgado (lllo). mató
Romero un toro que d Hlo correspondía, y que óste no
pudo concluir en razón 11 una cogida que tuvo, de la cual
resultó quedar imposibilitado por 1 entonces; y Rom e­
ro, con su acostumbrada destrezi, lo remató de dos es-
t>dns, no sin encontrarse en bastante exposición, tanto
en los momentos en que empleó su capote para librar á
Delgado, como en los que se ocupó en acabar con el to­
ro: el bic.ho tenía muchos pies y se había hecho de mu­
cho sentido.»
En otra carta se lee lo siguiente:
«En las fiestas reales que tuvieron lugar en Madrid
por la ju ra del tír. Carlos IV, hubo corridas de toros, y
Pedro Romero acudió á ellas, co m o tam bién Pepe-Jlh) y
('ufMares á quien ya conocemos. Presentáronse al corre­
gidor de Madrid, a qui-n competía entender en este g é ­
nero de espectáculos, El corregidor reunió á los tres es­
padas, y les manifestó que creía oportuno que, teniendo
los ti\ s igual Jama, no hubiese distinción entre ellos, y
que no se guardase el orden de rigorosa antigüedad, s i­
no que se encargase de la dirección de la plaza el que le
tocase por suerte.
Xingnno de los tres lidiadores dijo una sola, palabra
y el corregidor procedió» al sorteo que iba á decidir de
una manera arbitraria cuál de los tres toreros había de
sor cabeza en las corridas de toros de las fiestas reales.
El sorteo favoreció á Pedro Romero. Entonces el
— 142 —

corregidor preguntó á Homero si se obligaba á matar


toros de Castilla.
— Me obligo a m atar todos los toros qtie pasten en
el campo.— contestó con altivez Romero.
Y luego añadió:
— ¿Y tendrá V. S, la bondad de decirme por que me
ha hecho esa pregunta?
El corregidor, sacando un papel, contestó que había
hecho aquella pregunta, porque el famoso Joaquín R o ­
dríguez Costillares ¡ y el 110 menos lamoso Pepa-lllo,
habían solicitado por medio de aquel papel se prohibie­
sen los loros castellanos.
— Pues yo los mato todos,— dijo Romero.,,

^Desde esta fecha se aumentó aun más la rivali­


dad entre Vio y lío mero, rivalidad que subsistió hasta
doce irnos más tarde en que ocurrió su trágica muerto
en la plaza vieja de Madrid,,,
Los párrafos transcritos pertenecen á L o s Glorias di 1
torco, del Sr. Fernandez y González, obra, amena y muy
bien escrita como todas las de tan afamado autor.
11
Plaza de loros del Puerto de $ta. María
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Con permiso del Rey Nuestro Señor
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C o rrid a que se ha de ra rifica r en Ja P la ta
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!S£! fifí Nauta il/tíría, /a tarde del día :>0 de
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EsSI J im io de 1 / So i&Si
KTftí
tl§¡ S ii .xdo D iputado r o n ksta n o v i u s i u a
fíp; C iudad v A l g u a c i l M ayob, k l s e ñ o r \m
tsSl
s?
LSS>
Dox B eknakdino J. de M edi na .
Los toros que se han ele correr, serán, á saber: icjíírj
cuatro del Real Convento de Santo Domingo, ■
S,£S>-1’4
de la Cuidad de Xercz. con divisa blanca y ne­ M
gra. Cuatro de la misma CiudadT de D. Pedro
í l ¡ de Torres divisa negra. Dos de I). José 13ar- !!■
II ¿rus. con celeste.
W-l
^Sj P I C A D O R E S — J u a n de Dios Xi ui enez de .tííci
gg! Sevilla, J u a u Mar chant e, de Medina, y J osepi i ¡g|]
y&¿\ Cordero. ÍSS1
K-T-S1 MATADORES. — P s d u o Romeho, de R on d a , ^
y Joslimi 1)e lo a do. alias Y H ü. de Sevilla.
B A X D E R LLL E R O tí. —Era n c is eo A r a g ó n, de i0 ívj
is Chielana, Manuel Xaramilio y J u a n Bueno.
t El Señor Todopoderoso, los libre de todo mal p|j
VII

José Delgado Guerra (Pepe-Ilio)


Entre las varias biografías que nos liemos pro cara­
do del célebre torero que se menciona. ninguna cree­
mos tan verídica como las del Sr. Chavos (D. Aíanucl),
la cual utilizamos en su parte más esencial y curiosa,
valiéndola á los datos f[ue poseemos sobre la vida y he­
chos de tan afamado diestro*
«El di es tro de qui en voy á ocupa rme no es otro que
el sevillano' J os é De lga do Guerra, conocido por el p o p u ­
l a n simo y eufónico alias da Pepj-flJo, á qui en la i m a ­
ginación pa pu l ar y la p l u ma n a d a escrupulosa de a l g u ­
nos aut ores han achacado mu l ti t ud de anécdotas, aven
turas é inge:iiosÍJaie-i, en las cuales h i t o mado bien
poca parte la v e r i id histórica, II tsta h a c i poco, la vida
de ests diestro celebérr imo era es cas amen te conocida
por documentos y detalles aut ént icos quo mereciesen
crédito, y sólo se sabí an hi st ori et as y episodios difíciles
de oomprobai^ reinando en la p a r t e do lechas datos y
not ici as una v e r d a i e r a confusión, como p u d e verse r e ­
pasando los t rabaj j s rjue Bedoya, Vel a/ qu ez y S ánchez,
S a n t a Coloma. Sioiiii. SV^chez de Neira, P é r e z de Gu z -
mán y otros autores dedicaron al infort uñado lidiador
de la época de Carlos IV.
«Los continuos estudios do algunos taurófilos infa­
tigables han venido á dar resultados excelentes, puos
unidos los interesantísimos papeles manuscritos é im-
^ 145 —
presos qiie ellos lograron encontrar en archivos y co­
lecciones, á los folletos, periódicos, c a r t e l a y libros, in­
completos materiales que ya eran conocidos, luí venido
á formarse una dilatada lUta de documentos por los
cuales es fácil, una vez reunidos, seguir muy de cerca
los pttsos.de aquel temerario espada que alcanzó los
más grandes elogios de cuantos Ies vieron y lia seguido
siendo objeto da aUas alabanzas por parte de todos
aquellos que posteriormente sobre materias taurinas
lian escrito.
«Teniendo presente en esta ocasión el fruto de age-
nas investigaciones, los diversos papeles qne con algún
tiempo de trabajo he podido reunir y consultar y los
que lie debido á la fina amabilidad ríe algún amigo, voy
á trazar un ligero esbozo dol popular diestro, no limi­
tándome sólo á reunir datos dispersos, á or donar feo lia-;
y á a cu m nlar citas, sino á poner de mi cuenta lo que
preciso sea, procurando dar á mi cuadro algún ambien­
te de vida, algún color y movimiento y aquellas galas
necesarias por las cuales el narrador de asuntos históri­
cos se separa notable mente, aun para los ojos del más
indocto, del indigesto erudito, ratón de archivos y bi­
bliotecas, cuyo único mérito se reduce á copiar lo que
otros hicieron y á juntar materias útiles, que por lo g e ­
neral nadie aprecia y mav pooos toman en cuenta,
«En cuanto al pueblo donde vio la luz Pepe-lUo y
á la fecha de su nacimiento, ninguno de los autores que
lie consultado están conioimes. Unos lo hacen natural
de la misma ciudad de Sevilla, asegurando que eran sus
padres corredores de caldos y vecinos del Baratillo, y
otros afirma a que vino al mundo en el pueblo de Espar­
tanas en una hacienda conocida por el nombre de Vi-
— 14(5 -
llalvilla; éstos escriben que el natalicio fuá en 17(>3 y
los demás señalan diversos anos luí te rio res casi todos,
mas ninguno Hjo.
* Se anejante confusión vino ti poner en claro un cu ­
rios ísita o artículo que publicó Iiace tiempo el ilustre
Ductor y en el cual iban copiarlos unos cuan­
tos documentos inéditos que desvanecían todas las ilu­
das y ofrecían abundantes materiales pura los fui uros
historiadores de la tauromaquia.
«S^gua la partMa de bautismo que eu dicho artículo
aparecía, Jo¿é Delgado nació en la capital de Sevilla el
14 da Marzo de 1754: fueron sus padres J u a n Antonio
Delgado y Agustina Guerra y se bautizó en la iglesia
del Salvador el día 17 del citado mes y ano.
«Los primeros pasos de su vida no debieron ofrecer
nada do particular, y sólo se sabe, aunque esto no está
probado, que siendo Delgado muy nina, lus autores de
s i vida lo colocaron en el obrador de un maestro de
obra prima, en el cual indudablemente trabajó poco
tiempo, puesto que en carteles de fiestas de toros cele­
bradas en Córdoba en J 770 ligara ya el diestro como
medio espada y cuando sólo había cumplido diez y seis
anos de su edad.
«Por aquel tiempo era ya bien conocido en las pla­
zas de España el célebre inventor de la suerte de volapié,
Joaquín Rodríguez, Costillares, nacido fin el barrio de
San Bernardo de la capital de Andalucía, y habilísimo
desde mozo en la lidia de reses, y según están confor­
mes los autores, este diestro filó el único maestro do
José Delgado, que bajo su acertada dirección estuvo en
algunas provincias, donde comenzó á llamar la aten­
ción de los públicos por su ligereza de piés, sus ganas
de trabajar y distinguirse y su timpática presencia,
«h— 14 7 **"■*r>
«Eu el verano de 1774 t r a b a j ó Pepé-Illo en M ad r i d
y el día 2 de J u n i o ríe aquel ano co nt ra j o mat ri mo ni o
en Sevilla con María Salado, desposándose en la Cole­
gial del Salvador, como [Hiede p robars e por la p a r t i d a
que en el archivo de dicho templo existe en el libro 14,
folio 20, p ar t i d a (pie publicó TJtehnsxeiit en el artículo
de que ya hice mención, y por la cual se; ve cuán equi ­
vocados y lejos de la ver dad a n du vi er on los aut ores que
a s e g u r a n ser la esposa del diestro M a r ía Conde , Dolo­
res S ahí do y M i r l a del Pópn-o. que todos estos n om br es
le dan sin aducir pruebas algunas.
«Toreaba ya Delgado en 177”> como jefe de cuadri­
lla y primer espada, segáu reza en carteles auténticos,
y es iama que en aquel año y en el siguiente tantas fue­
ron las proezas que ejecutó en Cádiz, Yillamaurique,
Puerto de Sdnta Alaría, Sevilla y oíros circos andalu­
ces, i]ue hulío deseo' de conocerle de nuero en la corte
de España, donde se propuso demostrar cnanto valía y
de lo que capaz era.
En la carta de D. Nicolás de Moratin al principe
Pignatelh subre la lienta de toros nada se dice de Pepe--
l l í o j pues fué escrita en el mes de Julio de 177G, dias
antes que el diestro sevillano se presentase con todo su
valor y facultades ante el público madrileño, y no deja
de ser curiosa la apreciación que en dicha cirtü existe
sobre dos lamosos, toreros y la cual dice asi: i; entre otros
de meuos nota se distinguió macho Juan lio mero, que
hoy está en Madrid con su hijo Pedro Homero, el cual
con Jcaquiii Hodriguez ha puesto en tal perfección este
arte, que la imaginación no percibe sea ya capaz de
adelantamiento.,,
Acogieron los aliciona los de la corte muy favorable-
- 148 -
mente á José Delgado y desde aquellos dias pu?de de­
cirse que comenzó para él Ja época de su apogeo.

“Distínguese notablemente Prpc-ll lo en las fiestas


celebradas en Tala vera de la Reina en 1777, y en la
primavera del 28 trabajó por primera vez con Pedro
Romero en la plaza de Cádiz, comenzando allí aquella
competencia famosa que los dos lidiadores sostuvieron
siem pre.
“Er a Romero en su oficio la antítesis de su competi­
dor; delante de los toros era todc en el sangre fiía, se-
renidad y cálculo: pasaba á las fieras muy ceñido y con
una precisión que admiraba; manejaba el estoque con
una seguridad'pasmosa, y cuando tenía la roja capa en­
tre sus manos, mientras el bruto en torno suyo se re­
volvía, corneaba y arremetía con la rapidez del rayo, él,
cor el rostro inalterable; sin mover apenas los pies y
mostrando una inconcebible calma, le fatigaba y rendía
con solo su int ligencia y pasmoso valor,
aP c p e - l l l o e n cambio siempre estaba en movimiento
durante la lidia; no dejaba de praticar ninguna suerte;
por conseguir un aplauso llegaba á la temeridad; cuanto
hacía otro, intentaba él ejecutarlo sin estudio previo ni
cálculo de facultades: á c a d a toro daba distinta brega,
alegraba la plaza con sus juguetees y arriesgadas habili­
dades. y como poseía un valor invencible y una voluntad
de hierro á pesar de las graves heridas (pie le causaron
los toros, cada vez que salía al circo apenas restablecido
se le veía con mayor ceguedad y desprecio déla existineia
pegarse a la fiera y con más bríos olvidar una nueva coj ida*
üSobr¿ la competencia de ambos diestros en Cádiz
existen, entre otras descripciones, una c irt a que se dice
escrita por el misino Homero, y en la cual se dan muy
curiosos detalles de la lidia de aquel día. Cuando llegó
la hora de dar muerte á su res el diestro sevillano, es­
cribe su competidor que «se íué al toro, le dio un pase
de muleta y echó mano al sombrero de castor que se es­
tilaba entonces y le mato do ana estocada.» No quiso
ser menos Pedro Homero, y cuando le llegó el momento
arrojó el trapo, se quitó una peineta de las que le suje­
taban la redecilla y se inclinó sobre la fiera, que cayó
desplomada con el acero clavado hasta el puno.
“.Entre varios pormenores curiosos se dice en esta
carta, que Delgado no estuvo tan afortunado en el se­
gundo hivlio, (pie el presidente obligó á los lidiadores á
que no abindo 11asen la muleta, que se produjo gran al­
boroto cu la plaza entre los partidarios del rondeño'y
del sevillano y que á instancias de algunos caballeros
los dos competidores se dieron allí mismo las manos y
quedaron pur amigos, si bien esto no había de durar
mucho tiempo.
t;tin Agosto de aquel mismo ano de 1778, Pepe-lllo
sufrió una grave cogida en la plaza de su ciudad natal, y
qiu/.á iiubrérale costado la vida á no ser por Romero,
que con él toreaba y que con gran exposición logró dis­
traer al toro que una vez le habia enganchado.
LVuelto á la plaza de Madrid José Delgado, siguió
toreando sin interrupción por espacio de algunos años,
en los cuales aumentó¿e en ma-do el niim-jio de sus
partidarios y constantes defensores; por entonces ejecu­
tó grandes actos de destreza y valentía, dió á conocer al-
;— 160~

gimas suertes que habia iu ventad o como la llamada (I)


verón ica y el capeo de f r e n te p o r ifoinh\ y tuvo algunos
desgraciados percances que en nada disminuyeron su
temerario arrojo y su valor imponderable.
LiEn los meses de Octubre y Diciembre de 1782 to­
reó seis corridas que organizó el Ayuntamiento de Se­
villa para pagar la contribución extraordinaria d** gue-
rraque fue impuesta, alternando con Juan Conde y J o a ­
quín Rodriguez. quedando entonces á mejor aHuia que
su maestro, y lo mismo puede decirse que ocurrió en
las lidias en que tomó paite en Abril del ¡^3. sobre las
cuajes tengo Leticias de nr.a relación eu extremo curiosa,
“Sobresalió también P e p e - l i lo en las fiestas reales
celebras en Madrid en 1781* con motivo de la jura de
Carlos IV, lidiando toros castellanos y andaluces en com-
p a n i a de Cosí illa res, Co n d e y R omero, a oe n t tiá adose d es-
de entonces la competencia con el lidiador rondan o,
competencia que llegó poco después á s'i período mas
álgido, y dio lugar á iniiuitas disputas y acaloradas
discusiones, algunas de las cuales terminaron du la nía*
ñera mas estrepitosa.

En la corrida que organizó el Ayuntamiento de Se­


villa en 27 de Mayo de 17í;)7 para solemnizar ia toma de
posesión de la plaza de Veinticuatro, "creada para el
príncipede la Paz, toreó Delgado con Juan R omero, sien*
do aquella unas de las tordes en que más demostró su

( í ) L a ^uo te llamada verónica fué inven tafia por Costillares^


y do por P¿pe-Illa, como el Sr. Chaves, (D on Manuel.) sin duda
por error afirma V, del J .
— 151 —
arrojo y conocimientos taurinos ante sus apasionados
partidarios.
Desde entonces, cumplirlo ya el contrato que había
celebrado on 1793 con la Maestranza de Caballería pa­
ra trabajar en las corridas que anualmente se celebra­
ban* Pe p i l i l o liiz} poco en los circos Je provincias y el
de Madrid fue el principal teatro ele sus hazañas.
En los años que mediaron desde 1790 á 09, Delga­
do, que ya había cumplido los 4U de edad é iba notando
que le faltaban algunos rt cursos de agilidad y algunos
de aquellos bríos de la juventud perdida, conforme ter­
minaba sus contratos en Madrid en los comienzos del
otoño, dejaba las bulliciosas huelgas, los acalorados cir­
cuí os de sus admiradores y los sabrosos galanteos que
basla nuestros días han llegado, y regresaba á Sevilla
donde hacía distinto gvaero de vida en compañía de su
esposa y sus dos hijos José y Antonio, el primero de los
cuales se dice ijue siguió la carrera de las armas.
Por entonces, Pcp^IJlo habia logra ció reunir algu­
nos bienes de fortuna y poseía varias aranzadas de oli­
var. du vinas y tierra calma, mas una casa en la calle
Real del pueblo, de Espar tilias. y en Sevilla era dueño
de la posada de los Panaderos en el Al toba no y de otras
dos lincas en la calle Tintes ntim. '20 y Real de San Pa~
blo núm. 14, en donde habitaba cuando ocurrió su t r á ­
gica muerte.
“Durante los meses que Delgado pasaba en la capi­
tal de And alucia era costumbre en él concurrir á la ve­
lo nería que en la calle Gallegos tenía su grande amigo
y admirador el famoso Manolito Gtt¿qtiez. Formábase
en aquel establecimiento diariamente una tertulia, de
varias personas de distintas categorías sociales, las cu a-
— 152 —
les pasaban allí muy agradables ratos comentando las
cosas de actualidad y oyendo con el mayor gasto al
dueño de la casa, cuyo natural ingenio y singular gracia
son proverbiales. Solía también v^rse mucho á Pe pe - ll l o
en el puesto de agu:is de Tomares, que estaba situado
frente á los Almacenes del Rey y donde también habia
tertulia, p.íro al aire libre, y tertulia tan digna de ha­
cerse mención de ella, que un gran poeta la saco á. esce­
na y un gran pintor la trasladó al lienzo. Ademas de es­
tos sitios, Delgado era sobradamente conocido entre los
concurrentes á la taberna del JUv con cilio, entre los pa­
rroquianos del caté de San Fernando, y hasta en mu­
chas ocasiones los hermanos de aquellos rosarios que
por las noches recorrían las calles, contaban en sus illas
al bizarro torero.
«Llegó Marzo del año primero del siglo X I X y ul­
timo de la existencia de Pepe IIlo , y como los viajes
eran entonces de tanta duración que los carromatos y
caballerías, tardabau tres y cuatro semanas en pasar de
la capital de Andalucía á la corte, Delgado despidióse
una vez más de su mujer y sus liijos, en uno de los últi­
mos días de aquel ines, y salió de Sevilla para estar con
tiempo en Madrid, donde tenía que torear varías corri­
das de la primera temporada. ¡Ouán lejos estaría de la
imaginación de Pe pe -l i j o al cruzar en 101: ces en el foudo
del pssado vehículo ó á lomos rlc una caballería las aban­
donadas carreteras, que allá en los campos de Pe miran­
da de Bracamonte pastaba una fiera traidora que iba á
poner fin á su existencia de la manera más horrorosa!
«El diestro que había dado muerte á tantos toros y
teuía en su cuerpo tantas cicatrices, e s ta l a ya tan
acostumbrado al peligro, que con hi misma calma y ale-
— 153 —
gría entraba en la pinza, qne salía después de escu­
char los nutridos aplausos do sus admiradores*»

IV

«.En uno de los primeros días de Mayo anunciaron


los cartelillos que por las esquinas de Madrid solían co­
locarse, la fiesta q u 3 se verificaría el lunes 11 de aquel
mes* célebre más tarde en los anales del toreo por el
sangriento drama que en ella iba á tenor lugar.
«Llegó por fin el lunes 11 de Mayo, el dia amaneció
hermoso, despejada la atmósfera y limpio el cielo de
nubes, siondo por tal motivo numerosa la concurrencia
que asistió á la corrida de la man ana, en la cual mata­
ron José Delgado y J ua n Romero, no tomando parte en
la lidia Costillares que estaba anunciado como puede
verse en el cartel que va inserto en otro lugar.
«En aquella función de la mañana, en que se co­
rrieron reses de Gijóu y Brise fio, P e p e - l l l o fue engan­
chado por una pierna, ocasionándole el toro un leve ras-
guño y una ligera contusión, de la cual se resentía no
poco en todo el día.
- «L'i corrida de la tarde prometía ser tan distraída
y gustosa para el público como lo fue la de la maHana,
A las cuatro todas las localidades se hallaban ocupadas;
el corregidor había tomado asiento en la presidencia y
después de las ceremonias que entonces erau de costum-
bre, habían salido las dos cuadrillas; en los tendidos
bullía alborozada la manolería. eu los balcones y prefe­
rencias las damas y ios caballeros charlaban y reían,
— 154 —
agitando pañuelos y abanicos, y la plaza toda presen­
taba ese aspecto imposible de describir, nót ala más ca­
racterística de las fiestns fie toros.
«Sin que ocurriera incidente alguno notable, lidia*
ronse los seis primeros toros, muriendo tres de ellos á
manos de Pepe-lllo y los otros tres á las de Juan Rome­
ro, que también era excelente lidiador y muy amigo del
diestro sevillano, de quien había recibido lecciones y la
alternativa de matador algunos años antes.
«Abrióse por último el chiquero y apareció en la
arena al séptimo bicho de la tarde, cuyo nombre iba á
ser de inolvidable memoria para los aficionados del to­
reo. Se llamaba Barbado y era animal grande, pesado,
basto, de pelo negro y de astas muy crecidas y abierta?,
«Barbudo corrió el redondel en varias direcciones
hasta t|iie salió)ie al encuentro Pep'-lllo^ quien le paró
con su cipa, haciendo algunas suertes con linipieza, pe­
ro que no resultaron muy lucidas, pues el toro era co'
barde y no se prestaba gran cosa. Estaban en tanda
Crstóbal Ortiz y Col eltone illa, dos buesnos jinetes y muy
aplaudidos varilargueros, quienes con no poco trabajo
dieron á la res varios puyazos sin que ninguno de los
caballos que montaban fueran herirlos, aunque el último
de los picadores sufrió una regular caída, por la que tu­
vo que sustituirle Juan López. Hacía se la lidia algo
pesada por las malas condiciones de Barbudo y cuando
Antonio de los Santos. Jararnillo y Díaz clavaron cua­
tro pares de rehiletes aplaudióle con alborozo el publi­
co, qne deseaba ya ver el arrastre de un toro tan cobar­
de y de tan escaso poder como aquel lo era.
v'Todavía sonaban los aplausos cuando Josó Delga-
do, que lucía aquella tarde un traje verde con adornos
ele seda negra, se dirigió á su enemigo y desplegó el rojo
trapo ante sus oj o s. Era la ultima vez q u o I ^ p e - I l l o iba
á ejecutar aquella fien a; la vi la eLd diestro tocaba á su
último instante, los espectadores que ocupaban la plaza
iban a presenciar una escena horrorosa.

o Siempre Cjue el matador se coloca delante de la res


para darle muerte ocurre una cosa bien particular: los
mil ruidos de la muchedumbre cesan repentinamente,
todas las voces calkn, to los los que asisten á la lidia
permanecen quietos y todos los ojos se fijan en nn mis-
mo punto. Así pasó entonces: el circo estaba mudo: los
banderilleros se habían colo rido á cierta distancia del
matador, los alguaciles, picadores y mozos ocupaban sus
puestos con venientes y por un breve ruto sólo se ese 11-
ediab¡ni en aquel lugar los Inertes resoplidos del animal
y el choque seco de los palos que adornaban su morrillo
cuando se revolvía os ti gurí o por la muleta. Delgado só­
lo empleó dos pases naturales y uno de pecho, quedan­
do después, d e este último el lidiador l e j o s d e la barrera,
contra la cual le había encerrado el t-oro en el primer
pase, Acercóse luego la res liaeia la el ere ha del cinquero,
quedando con la cabeza junt-o a las tablas, escarbando
la menuda arena, abitando i cuta 111en te la cola y lanzan­
do al aire estridentes bramidos, se acercó poco
á poco con el cuerpo 1indinado hacia adelante, la muleta
baja y la mirada a renta: el toro estaba inmóvil. Delga­
do se irguió d e pronto y con la rapidez r i el rayo cayó
sobre Ijtti'Oailo introduciéndole el acero hasta la tintad,
resbalando por bajo la dura piel clel bicho. Alzo este la
T 'J í Hí 1
— 156 ™
cabeza al mismo tiempo, cogió al lidiador por la pierna
derecha y tirando uu violento derrote lo arrojó á su es­
palda, quedando Pepe-IVo con los brazos abiertos en la
arena y cual .-i del g d p e hubiera perdido el sentido.
Volvióse el toro inmediatamente 3' arremetió con horri­
ble furor al infeliz .Delgado, que nn instante después
apareció ante ios ojcs de la muchedumbre suspendido
por el cuerno izquierdo que le había atravesado el es­
tomago,
«Del pecho de todos los espectadores se había esca­
pado á la par un grita aterrador, indescriptible... luego
hubo un segundo de silencio y cuando Barbudo curtió
un trozo de terreno llevando sobre su cabeza á Pcpe-Illo
que con los miembros destrozados y en Jas ansias de la
muerte pugnaba p ^r desasirse del asta, mil exclamacio­
nes salieron de todos los labios y se produjo la más es­
pantosa confusión que jamás se había visto en la pinza
de toros.
«Un nuevo derrote del animal despidió le jos el cuer­
po descoyuntado y ya exánime del temerario espada, y
cuando quizá iba á ser reeoiido de nuevo por la fiera lle­
gó hasta ella el picador d uan López que garrocha en ris­
tre, consiguió distraer su atención y llevarla al otro la­
do del redondel.
«Xo pasó más; todo duró breves minutos; los bande­
rilleros intentaron llevarse á Barbudo, se acercaron al
sitio donde yacía Pepe-111o y entre varios lo recogieron
y con gran prisa entraron ron él por el callejón y lo
condujeron á la enfermería dejándolo en un humilde
Jecho. ;Q.ué aspecto el que tenía allí Delgado! líl mozo
arrogante, rebosando vida y alegría, era un montón in­
forme qua excitaba la compasión y producía repugnan-
— 157 —
cia; su traje estaba roto en girónos; había perdido Ja re­
decilla y los cabellos largos y espesos caían sobre sus
hombres y le tapaban los párpados; el pecho era una
mancha obscura de sangre que salía á borbotones por
entre la des;rozada camisa y los bordados del chaleco;
en el rostro lívido veíanse grandes confisiones; los ojos
c:isi cerrados estaban con las pupilas inmovibles y sin
brillo; 110 se que'aba. pero de sus cárdenos labios salía
un ex tortor angustioso... . El médico y los practicantes
intentaron hacer la prime?a cura; un sacerdote 11timado
á toda prisa dio al moribundo la Extrema Unción y á
los diez minutos un ligero estremecimiento dei cuerpo,
que todos notaron, indicó que el alma de Pape- l l l o había
pasado á la eternidad.
«Tintro tanto la plaza había quedado eisi desierta,
los espectadores dejaron sus localidades y salieron á la
calle, muchas damas sufrieron desmayos y síncopes, la
confusión se hizo general y la corrida-se dio por con­
cluirla. '>
«Pero ¡Utrhirlo estaba aún en la arena y era preciso
acabar con él. José Romero se armó de muleta y espa­
da. buscó á ta fiera y después do algunos pases que creyó
necesarios, dio dos estocadas que hirieron á la res caer
p j\ ra si c m pre en t-ierra,

«Romero entonces acompañado de Antonio de los


dantos, predilecto discípulo de Pepa-lito y de los demás
lidiadores, se dmjió con precipitación > Ja capilla don­
de el cuerpo del infeliz Delgado yacía sin vida.
«L:l noticia de la catástrofe corría rápidamínte por
Madaid produciendo honda sensación en teda partí 1 don­
de se sabía. De la corte extendió á los pueblos más cer­
canos y de allí á todas las capitales de España, i i raudo
— 158 —
efecto debió producir ia muerte del diestro, pues llega­
ron á un número bastante crecido las relaciones, cartas
y composiciones poéticas que se dedicaron al trágico
suceso. En Barcelona se dio á luz un curioso lolleto es­
crito por un testigo presencial; en Córdoba se imprimió
un curioso y largo romance y en Madrid* Sevilla, Cádiz,
Car ni o na y otros puntos de Andalucía, se publicaron
diversos grabados, aleluyas, retratos y alegorías que
actualmente son en extremo curiosas y raras.»
CA.PITÜLU VI

Después ele la muerte de F c p c - U l o . La ¡mp tosía, p;iñe fti^iltati-


vo. Se] mi i o del diestro. Sn epitafio.—Al 5 0 piu\i hi B iogra­
fía de 1 \ ‘pn-JUo.— Su partida de baut ismo. - U n c;irí;cl de l\:~
p c -U lo —Biografía de José E om er 1.

Terminada li funesta corrida del 11 do Mayo, el ca­


da ver del infortunado Pepe-Jilo füé conducido al Hos­
pital general, acompañado del personal de ambas cua­
drillas* de iuíiqítos amigos, y ciento* de gentes del
pueblo.
En dicho b ene fie o establecimiento, se le hizo la au­
topsia, cuyo parte certificad o lo hizo sacar el S l\ D. An­
tonio Sanmartín, para una obra suya, y cuyo porme­
nor es el siguiente:

3?arte Facultativo d© ^IPepe-Illo*

Tenía una herida ea en el epigastrio inmedia­


tamente por debajo del cartílago xiloides, de seis pul*
lfíO —
gachí s de extensión. U que se hizo penetrante á la cavi­
dad del vientre, en cuyo sitio lisió el lio me uto. dividió
la porción trasversal del intestino colón: hirió el estó­
mago en su cara posterior cerea de una [la^iefia corva­
dura, dividió enteramente el pequeño lóbulo del hígado,
desde ciyo sitio se dirigió al grande lóbulo y en él hizo
un grandísimo destrozo separando todas Jas adheren­
cias'que tiene c m el diafragma, en el <¡ue hizo una he­
rida de tan'¿a extensión que lodo el lóbulo mayor del
higaiJo pasó por pila á la cavidad del pecho. hiriendo
también el pul moa derecho. Pasó el mediastino, divi­
dió el pericordio y salió una de las astas p :>r la parte su­
perior del pecho de uno y otro lado, produciendo dos
heridas de dos pulgadas de extensión cada una. entre la
segunda y tere-ra cJSÜlla ver dudo ras del lado dererho.
por sn p>rL'i:>¡i interior, y algunas por su partti nn? lia y
poífitírior; dislocó la e Lia rl a por su arí i cu ¡ación verle-
brah frac turf) otras cmirn.) de las verdaderas, con una
dislocación de la s^xt i y habiendo divivido en todo es­
te trayecto muchos y considerables vasos, se siguió un
gran derrame sanguíneo on la cavidad vital, y en su
consecuencia se veri tico la muerte moment inca mente,
pues cada una de l a s herida* por sí so ¡a era mortal.»
El entierro del inl >rtuna lo i \ p > l U o m veril icé en
hl mana na del signie.il-a día de la c.igida .12 de Mayo,
en el que según el norable escritor D. José de la Ti jo-
ra. la compasión que inspiro - se renovó por las innúme­
ra 1)les gentes que ocupaban las dilatadas plazas y calles
<|ue hay des le el Hospital general en que estaba depo­
sitado el cada ver, hasta la pa noq uia de ¡San Clines, en
que fue sepultado y conducido con laudable y edificante
- ÍG l -
pro tu yi cu dispuesta po v 1a g ra t i t u d de s u á u m ■:1o din c / -
palo é i use paral >lc compañero Ant oni o de los Sanios.»

III

Ejitre las innumerables poesías qne dedicaron á J o ­


sé Delgado, después de su muerte, copíanos el si­
guiente epitafio;
«Pasajero: aquí yace sepultado
Aquel famoso IIlo. aquel torero.
(¿ue habiendo sido siempre celebrado
Tuvo al fin desgraciado paradero:
Deten el paso; míralo postrado,
Xo c d e l u v s su orgullo liso ligero;
Pues tndii gloria vana desdidiere
Y el que busca el peligro, en él perece.»

IV

Poseyó como ningún otro el conocí míe uto de las re­


ses. teniendo grande acierto al aplicar con una perfec­
ción las suertes que erau adecúa las á los toros que li~
diaba. gracias á las lecciones que le había dado su
maesíro (\>sfitlure>\ y que él había sabido aprovechar.
Poco ó nada quedaba que crear después que todo lo
abare ira la. penetración de Cos? ¿llares: y sin embargo,
la Hitarte de es¡.mida# ó suerte de frente por detrás, (como
la tituló Montes.) se d^be á su iniciativa, como igual­
mente algunas otras entonces en boga y que lioy no se
practican.
— loa —
Tenía Delgado una energía de hierro y una lacrea
de voluntad á toda prueba, desde muy joven germinó
en-su pecho ciega afición por la lidia do reses bravas;
creyó de .er abrazar ei toreo como profesión: llegó á
comprender que estaba interesado su amor propio, se*
g u n el adag io v u 1gn r d e poner',se ó no pune i w, y lo cu m -
p 1i ó hasta la saciedad; se propaso ser a a notabilísimo
torero, y lo consiguió completamente.
Esta misma decisión íaé causa de s¡i prematura y
desastrosa muerte pero su nombre es inmortal: no so ol­
vidará nunca,
Mas, preciso es decirlo: Pepa-¡Uo, no iuc sólo el va_
lienta diestro que en la arena causaba el delirio de los
p iblicos; tac también un caballero de escelente proce­
der con todos,, generoso con los desvalidos y espirad i do
y rumboso con sus compañeros, y adr-más td j a ra ra i ui )-
no mozo poi cuyos puazo* se pirraban* así las itutnolns 'le
más rumbo como las más encopetadas damas de la aris­
tocracia, pues hasta se aseguraba que Delgado había
tenido que aceptar favores de damas de alta alcurnia;
ello es que cuando vivía, su nombre estaba en todos los
labios, y de todos era conocido, y hoy después de- muer­
to, no «olo se recuerda por los aficionados á lides tauri­
nas, sí que también por todos los españoles,

Para terminar damos copia de la partida de bautis­


mo de José Delgado, ll l o. que se halla asentada en el
archivo de la Parroquial del Salvador, de Sevilla, Libro
2 9 y ai folio 19-1.
— JOB —
Hela aquí:

«En 17 de Marzo de 175-1 años, yo I). J u a n Martí­


nez Romero, cura de esta Colegial de Nuestro Señor
San Salvador, de Sevilla, baptice á José Matilde, que
nació el día 14 de dicho mes, á las seis de la mañana,
hijo de J u a n Antonio Delgado y de Agustina Guerra
su mujer, vecinos de esta collación.......etc. etc .'— Fecha
ut su pro. — 1). Jttan Mar tí) te? Homero.»
CADIZ—1778

AVISO A L PUBLICO
Se previene, que por disposición del Excmo. Señor
Conde de Xerena, etc.. Gobernador do esta Piaza. y en
virtud de líe al permiso comunicado á S. E. ha señalado
el Domingo 12 de Julio, para para la décima coriida de
Toros del corriente ano de 177S, en esV,:i Xo vilísima
Ciudad de Cádiz.
Siendo Diputados los Sres. D. Josoph de Di la y Fan-
toni. Regidor de Preeminencia y Capitán de Milicias
Urbanas de esto Plaza, y D. Antonio L ego bien y Men­
doza, Regidor perpetuo. Capitán de dichas Milicicias.
Dos diez Toros que se correrán en la dicha tarde,
son los siguí cutes:
Cinco de la Ciudad de Sevilla* de la acreditada va ­
cada de D. Francisco de Resinas* con divisa amarilla.
Tres de dicha Ciudad, de la de el Marqués de Ta­
blantes, con azul, y los dos últimos de la Ciudad de
Xerez. de la deD. Joachin de Virués, con encarnada.
Todos negros* y se picarán con caballos blancos.
P I C A D O R ES .— F i a n ci seo G a rri d o y Alberto C or-
dern. de Yilbdca, y J u a n Roque, de Utrera.
M A T A D O R E S . — El famoso J ^ s e p h Delgado (alias
111o ;, de Sevilla, y F ranc is co Guillen, de Ut r e r a .
BA ND ER IL LE R OS .—JosMpb Ximenez. de Cádiz,
Vicente Estrada y Francisco de Ce lis, del Puerto. Fran^
cisco de Córdova. de Utrera, Manuel Corrales, de Sevilla,

P a r a aumentar la diversión, ofrecen Jo^eph Delgado


(alias Illo) y Francisco Guillen picar, banderillear y
matar dos toros, y al quinto toro se exeeutará el J u ­
guete de las Canastas,
Tosé E o m e i o
Hermano de Pedro, como este vio la luz en la ciu­
dad de Ronda, y en sus primeros años estuvo también
dedicado al olio io de la carpintería. Sus principios ta u ­
rómacos los adquirió al lado de su hermano mayor Pe­
dro, al (pie acompañaba siempre como subalterno bur­
lando la vigilancia de sus padres que eran opuestos á
que siguiera esta prolesión. Xo obstante él continuó con
alúne;) abrazado al arte que tanta fama dio á su padre
y abuelo.
Viendo Pedro las buenas disposiciones de su herma­
no para el toruo, lejos de participar de la opinión de
sus padres, lo estimuló dándolo lecciones tanto practi­
cas c:)ino teóricas, y llevándolo siempre á su lado en
cuantas corridas trabajaba.
E aojad o altamente, trascurrido algún tiempo, de )a
conducta de sus padres no permitiendo á él hacer loque
su hermano hacía, arrojó la garlopa y el e^clopo, y so­
licitó de un puesto en su cuadrilla, el cual le
concedió esre de sumo agrado.
Ai lado de tan renombrado diestro hizo notables
adelantos abrazando como éste la ératela ¿>'vriHaita, y
separándose de la rondeAa que practicaba su hermano,
como mantenedor de ella.
La determinación de José ingresando en la cuadri­
lla de Pepo-Jilo exasperó auü más loá furores y repri-
— 16íí —
Hiendas de su padre, mas el joven José permaneció ílr-
me en su determinación y no tu ó posible hacerle variar
de ella.permaneciendo siempre al lado de su muestro lffo
hasta la horade su muerte, del cual recibió sabias lec­
ciones y acertado¿ consejos.
En la tarde que tuvo lugar el lamenUble fía de su
maestro, conquistó bastantes simpatías por lo acertado
que estuvo al matar el toro, causa de aquella desgracia.
Desde dicha fecha quedó como jefe de la cuadrilla, tra­
bajando gran número de corridas en la corte y en otras
poblaciones: oías do can do !a decadencia de la afición
sobre las corridas de toros ss dirigió á su país natal.
CAPÍTULO VIX

D a t o s h¿otjn"t fíeos-. Antonio R o m p r o .- Cuspar Romero. Bartolomé


Jinionez, José D in a ( Troyahucha*). — Gerónimo José Cándi­
do. -O ír o s diestros.

u^-n.torLio E o m e x o
Poces datos existen respecto á la vida y hechos
del personaje con cuyo nombre encabezamos estas lí­
neas. Pertenecía á la familia de los toreros de este ape­
llido. Hermano de Pedro y de José, mostró desde pe
que fio gran afición por abrazar el arte en que su padre
y abuelo conquistaron tantos laureles, alcanzando que
sus nombres inmortales quedaron grabados en páginas
gloriosas en las historias de nuestra patria.
Por lo común obsérvase en familias cierta ascen­
sión gradual, seguida de otra en sentido inverso; y esto
precisamente ocurrió con la de los Homeros: José, An­
tonio y Gaspar empezaron á descender en categoría y
fama, no pudiendo ni con mucho acercarse á la que go­
zaron su padre y abuelo.
Aunque Antonio no fné un tur ero adocenado y tra ­
bajó con ahinco por conquistarse un puesto, por desgra­
cia para él no sucedió así. Continuamente trabajaba en
compañía de su heitnano Pedro (el mayor de los cua­
tro) al que profesaba un cariñoso respeto.
Querido y respetado de todos los que lo trataron»
por su fino trato, supo granjearse las simpatías de los
aficionados.
Su muerte, quo fue muy tentida en toda España,
ocurrió en la plaza de Granarla el 5 de Mayo de iH0 2 ;:
(un año y seis di as después de la P e pe-Jilo.) Corríase el
cuarto toro. (Mero de nombre, de la ganadería del Mar­
qués de Tons..Ttomero empezó á pasarlo de muleta con
alguna desconfianza, pues el anima lito no remataba los
pases y se quedaba en la suerte, no obstante, lo riló á re­
cibir siendo enganchado y volteado, líe tirado á la enfer­
mería, resultó con una herida [¿rarísima, en la ingle, de
cuyas resultas falleció á los pocas horas.
La tarde de su muerte trabajaba con su hermano
Pedro, del que había recibido la ai t e rna tira, pocos años
antes.
A n t o n i o Romero fu é el primer espada de la escuela
Rondeña muerto por los toros.

G -a s p a i E o m e i o
La vida taurómaca de este diestro, hernia nn de los
ante lio res, guarda bastante relación con la fie Antonio,
El descenso qne empezó en los do su apellido con su
hermano Antonio en el a r t e d d toreo, vano á terminar en
— 169 —
él, parecía qne el sino de los Romeros fr.e el de crear y
asentar el avti< irn trino echando las bases le él, y una vtz
conseguido desaparecer de la arena por haber termina­
do su misión.
La desastrosa muerte, de éste en la plaza de Sala­
manca, ocurrida pocos meses después de la de su her­
mano Antonio, en Granada; la separación de su otro
hermano José de la Lscnela Rondana^ creada por su
abuelo y reformada por su padre, fueron funestos gol­
pes que anonadaron á esta familia.
Como su desgraciado hermano Antonio, poseía Gas­
par gran corazón; pero uno y otro carecían del genio y
conocimientos de los de su sangre.
Con la muerte de este diestro, se asentó aún más la
aversión á corridas de- toros por parte del público, y
á no ser por la constancia y fé de varios diestros en
mantener la afición, q:iizás se hubieran, cstingaido pa
ra siempre de nuestra patria.

B a r t o lo m é J im é n e z
Este espada fué nao de los que figuraron en prime­
ra línea despues de la mueróe de P e p e - U f o . Su nombre
sonó muy poco, aunque cumplía con su deber: pero fal­
to de iniciativa, nu imprimió novedad alguna en la li­
dia. Ei decaimiento qne se dejaba sentir cada vez á las
c o r r i d a * do toros} en aquella éptea, contribuyó no poco
á ello,
A su lado figuraban (romo segundos L e o n c i o lhtden
y Atjn.*tht A roca; todos tres fueron discíp nIos tie P e ¿ w -
P í o , del que si guieron su escuela.
— 170 —

José Ulioa (Tragabuches.)


Natural de Ron Ja, fue discípulo del inmortal Pedro
Romero. Sus primaros rudimentas a la tauromaquia los
adquirió en el Matadero de dicha cuti id. Fue varios
anos banderUlero en la cuadrilla de los hermanos Ro­
mero (Antonio y Graspar.; Torero fino y conocedor de
las res?s, poseía t ida la enaulu l i>nffoña y el toreo serio
que á esta distingue. Cuando la cuadrilla de que for­
maba parte s* qu-vlo sin jefes con la muerte de Crispar,
se erigió en jefe de la mit-ma, dán dole la alterna tira el
mismo año (1832) su antiguo maestro, Pedro Romero.
Cuando empezaba á recogerlos frutos de la ense­
ñanza de su maestro una gran desgracia fné causa de
que abandonara su profesión.
Su nombre, que, á no dudarlo, hubiera ocupado pá­
ginas gloriosas en la tauromaquia, quedó casi oscure­
cido, por el execrable borrón con que lo empañó des­
pués, por el percance estraño que le ocurrió en su vida
privada.
Al dirigirse á Málaga en 1814, á- una corrida en la
que tenía que trabajar, cayó del caballo que montaba,
fracturándose un brazo.
Vuelto a s a c'isa, por este percance, sin torear, halló
á su espesa, celebre cau^aora de Ronda (y gitana como
él; que estaba en ff'ikmtmi con un jo ve ti ap:> lado d Lia-
tiVoy a l q i n di.ó muerte d-> una tremenda puñalada eu
la gargm'.a; á bi esposi infiel, la lanzó por un balcón so­
bre el pavimento de la calle, quedando también muerta
en el acto.
Viéndose perseguido por la justicia, se marchó al
— m —

én in po, ingre sa u do p }co d 3sp aés en la p a v t id 1 d e ba n -


doler os los Siete Nifio# de LJv'jtl. que era el t-error de
Andalucía por aquella ópoca.

Gerónimo José Cándido

luí ó natural do Chic lamí, é hijo del notable torero


José Cándido, muerto cu la Plaza del Puerto de Santa
Alaría el T;y> de Junio de 1771, cuando ocurrió esta gran
desgracia contaba su hijo Gerónimo 11 anos de edad:
(nació el 1G de Abril de 17G;'.':
Gerónimo perdió al puco tiempo a *u querida ma­
dre, quedando por tañí o huérfano y poseedor de una
regular íurluna. Auuque s:i difunto padre unido siem­
pre de que Gerónimo recibiera una. esmerada educación,
la cual continuó después su madre, que sobrevivió á s u
esposo, esto no fué obstáculo de que al quedar el joven
Cándido libre de toda tutela y dueño de sus acción^:
admitiera en su compañía cierto número de cal a re ras,
como él aficionados á divertirse en j a rr ea * y franeaehe-
his. Este género de vida fué causa de que en poco tiem­
po viera casi disipado su patrimonio: más lejos de corre­
girse continuó hasta gastar el úUimo real.
Como no había aprendido olicio alguno, al encon­
trarse del todo arruinado, tuvo que pensar en procurar­
se los medios para vivir. Aunque jamás había sentido
impulsos por dedicarse á la tauromaquia, pensó que
ninguna otra profesión más que e¿ta podría serle útil
á los fines que deseaba*
XOM U l
_ ír> _
Üoa vez decidido á dedicarse á el arte en que su jpa-
dre tuvo tan desastroso fin, solicitó de personas ( 1 ) de
valía cartas de recomendación para el famoso espada de
aquella época Pedro Romero, el cual 110 tuvo incoü ve­
niente en darle puesto en su cuadrilla, al ver su fino
porte, gallarda figura, y, sobre todo al súber era bijo
del infortunado Candido.
Muy pronto se captó el joven Gerónimo el aprecio
de su maestro, el cual se erigió en protector decidido
suyo al ver sus adelantos en el arte, debidos á la gran
afición que en él se despertó* Prendado de una de las
hermanas de su maestro* pidió su mano, que le fue otor­
gada, verificándose su casamiento poco tiempo después.
El parentesco que contrajo Cándido consu maestro Pedro
Romero, contribuyó en alto grado á la voluntaria pro­
tección que le había venido dispensando, la mirara ya
en lo sucesivo como un sagrado deber. Gracias á sus
lecciones y consejos, pudo Cándido muy pronto, salir
d é la esfera en que hasta entonces había estado coloca­
do y anteponerse á su demás compañeros de profesión,
y que llevaban muchos anos más que él de práctica.
Ansioso de ocupar un lugaV distinguido en el arte
que había abrazado, más por necesidad que por afición
pudo, gracias á la esmerada educación que había recibi­
do, y á su inteligencia, aprovechar las lecciones que le
diera su maestro, llegando muy pronto á comprender
Jas reglas teóricas y prácticas más necesarias de todas
las suertes del toreo, las qne luego poseyó á la perfec­
ción, captándose las simpatías y aprecio general por la

(1) José do lii Tijera, notable aficionado, y am igo do 1‘ecdro


Romero.
~ m ~
finura y exacta ejecución de aquellas. ¡Lastima qne su
corazón no correspondiese en ocasicius dadas á sus co-
noci mientos.
Aunque t ducado en ti toreo de JRtnda, hubo de se­
pararse un tanto de éste, ideando y practica!.do la esto­
cada al wh ttt'viro^ que es un tenuino nudio entre Jas de
recibir y rolap/ié ( 1 ) y la que muchos de los que hoy se
p a r a m a n con el pomposo nombre de initligtníex (?) ca­
lifican de recibir.
José Cándido füé maestro de una pléyade de tore­
ros, que si entonces no figuraron en el arte, por lo de-
caido y cc mbatido que era, lo consiguieron después.
Cuando se expidió el decreto cíe prohibir:ion de corridas
de toros, Cándido se retiró á C hiel ana donde á la sazón
vivía sn esposa, y allí per loa necio hasta que se volvie­
ron á autorizar de nuevo.
Aun qu e ya estaba algo achacoso y molestado de
una enfermedad que padecía en la piernass, esto no fue
obstáculo para que se apresurara á ocupar su puesto,
organizando su cuadrilla y disponiéndose á acudir don­
de lo contrataran.
Casi todas las plazas de España volvieron á admirar
su pro va do valor é inteligencia, obteniendo siempre
grandes triunfos. Mas sus facultades se iban concluyen­
do, efecto d é l a enfermedad qne venía padeciendo ha­
cía tiempo y resolvió retirarse del toreo. Antes de veri-
licario así, y como despedida trabajó en Madrid una
corrida en 1816, con Curro Guillen y el Sombrerero, en
Ja que dió la alternativa al primero de dichos diestros.

(1) E l m ism o año acaeció l¿i muerte ele su protector y maes­


tro y, después hermano político, Pedro Homero.
— 174 —
Cincuenta y seis años contaba cuando abandono su
profesión, eu la que a p^sar de cnanto había ganado en
ella, quedó casi empjbrecido por sus dispendios y géne­
ro do vida alegro y divertida, efectos que no había p o ­
dido desechar no obstante su avanzada edad.
En 1818 (cuando aun no había cumplido los 58 de
edad) obtuvo, gvacias a las personas que lo favorecían
con sn amistad, un destino en el Resguardo de Sales de
Sanlucar de Barrameda. el cual hubo de abandonar
algunos años después para lanzarse de nuevo á la arena,
en que tantos laureles había conquistado. Más no lo hi­
zo por el afán del lucro que le pudiera reportar, pues
ni sn edad ni achaques lo permitían tomar parte activa
en el toreo. Hízolo sólo con el fin de que por medio de
su autoridad, por todos respatada, terminaran las riva­
lidades entre los jóvenes diestros de aquella época, los
cuales con su conducta y falta de armonía é inteligen­
cia entre sí, estaban perjudicando grandemente las lies-
tas taurinas, ya de suyo decaidas por la íuda guorra de
que eran objeto tanto desde la prensa y la tribuna, como
desde las más altas esferas, que de seguir así, era in­
minente su ruina.
Cándido, pudo, no sin gigantescos esfuerzos, apla­
car los ánimos de sus coetáneos, logrando conjurar Ja
crisis y cuando estuvo satisfecho de su obra, so retiró
de nuevo á su hogar.
En 1830. á la creación de la E<c.mla de T aur omaqui a
de Sevilla, fue nombrado segando Director de ella, con
la dotación anual de 800 reales.
Falleció Cándido en Madrid en 1.° de Abril de 1830
(!) a los 73 de su edad. Yace sepultado en el Cemente­
rio de Ja Puer ta de Bilbao,
O tro s d i e s t r o s
Por esta misma época actuaban muchos diestros, do
los cuales no se conservan datos biográficos exactos, en
razón á la crisis porque atravesó el toreo con motivo
de la invasión francesa. De estos, unos impulsados por
su amor á la patria tomaron las armas para combatir
contra el extranjero, siendo víctimas de santo entu­
siasmo, y otros, más afortunados, que se retiraron á sus
casas, no volvió á saberse más de ellos, permaneciendo
ignorados, cuando en épocas más felices volvió el toreo
á gozar de todo sa apogeo,con la tranquilidad de Espa­
ña libre de enemigos.
Así es, que bien á nuestro pesar, 110 podemos trans­
cribir, como fu ora nuestro deseo, las biografías de F r a n ­
cisco Herrera, Curro abuelo y padre de Curro-Guillen;
Antonio de los Santos; Ju liá n Arocha; J u a n Miguel
Rodríguez (tio de C o s t i l l a r e s J u a n Carees, Francisco
Carees; J u a n José de la Torre; Manuel Correa, F r a n ­
cisco García Perucho (muerto en Granada el mismo
año que Ptqw-lHoj) y algunos otros que hasta sus nom­
bres ignoramos*
CAPITULO VII

Prohibición de las corridas de toros en los dominios españoles.


— Cédul i R eal prohibiendo las corridas.—EL Consejo de Cas­
tilla-de acuerdo ron el R ey otorga perm iso para verificar co­
rridas de foros en todas las poblaciones de España excepto en
Madrid.---Disgusto que produce la- suspensión de las corridas
de toros,

( P o r real cédula de S. M. D. Carlos IV y Sres. del


Gcmsbjo d-.i Castilla, expedida en A r a u jm z en 10 de F e ­
brero de lS'Jjj se prohibieron en todos los dominios es ­
pañoles las fiestas de toros y de novillos de muerte, no
verificándose, por tanto corridas alga ñas en España
durante los anos 1305 al 1807.3
£La prohibición del espectáculo favorito de los espa-
fióles f-ió acogida con las mayores muestras fie desagra­
do en torios los pueblos, pero la orden era muy termi­
nante* y no hubo otro remedio que obedecerla.^
-1
“ \ ( Í —
£ E 1 golpe asestado á la lauromaquia fué nulo y de
consecuencias desastrosas. Gran numero de diestros se
vieron obligados á dedicarse ¿ otras artes ú oficios en
que ganaran lo necesario para vivir, y no fueron pocos
los que no volvieron á pisar más la arena de los Circos,
con perjuicio del arte, en el que tan lisonjeras esperan­
zas liacían concebir por sus aptitudes y conocimientos,)

II

ÍE1 Si\ Rey D. Carlos TV, temienrlo que el desconten­


to público qne en sus pueblos cada vez se iba acentuan­
do más, diera lugar ó pretexto para otros males, resol­
vió escudarse con el Consejo de Castilla, al qne. como
suele decirse echó el muerto, resolviendo éste alto poder
del Estado, otorgar que en el resto de España (con ex­
clusión de Madrid) se otorgara permiso para celebrar
¡¡estas de toros, en ciertas solemnidades ó Santos Patro-
nos etc., etc .3
íran número de jóvenes de los que acompañaban en
sus triunfos á las celebridades tan linas) cuyos datos bio­
gráficos dejamos apuntados") los cuales hacían concebir
lisonjeras esperanzas para la tauromaquia, dados sus
conocimientos y amor al arte, sufrieron nulo golpe, con
la desastrosa muerte de Pepc-lllo, cuyo sensible suceso
produjo en el público cierta adversión al espectáculo
nacional, pudiendo decirse con certeza que solo los afi­
cionados verdaderos eran los que se afanaban por asis­
tir a las corridas, á fin de contribuir con su presencia al
fomento y animación del espectáculo.)
— 178 —
Eu vfino los hermanos Romeros, el Castellano, Geró­
nimo José Cándido y otros afamados diestros t ral aren
de conjurar la crisis porque atravesaba el arte á que
ellos rendían culto, pues los enemigos de estas fiestas
tomando preí;esto de la desgracia últimamente acaecida
se dieron t r a za s par a que sus sensiblerías 1lega ra n á la s
más altad esferas, valiéndose para ello de despóticos y
corrompidos favoritos, los en ales no descansaron un mo­
mento hasta ver satisfechas sus ridiculas pref enviones?
privando a:>í á nn gran pueblo del más sacrosanto de sus
derechos,

III

Muy pronto, todos los diestros que se hallaban reti­


rados del toreo, volvieron de nuevo á ocupar sus pues­
tos al trente de sus respectivas cuadrillas. En todas las
poblaciones se improvisaban corridas de toros, que de­
dicadas para celebrarla general victoria de la indepen­
dencia nacional, permitían con sus productos remediar
muchas desgracias y llevar el pan á miles de huérfanos
y viudas, ful tos de él.
Mas, pasados los primeros a tíos, y cuando esta es-
fe rvecenoi a hubo decaído algnn tanto, volvieron todas
las cosas á su estado anormal, como igualmente lo que
á este espectáculo era anexo. Desde entonces empeza­
ron do nuevo sus detractores á combatirlas con mayo­
res bríos, interponiendo grandes influencias para con­
seguir su prohibición. Como los golpea venían de tan
alto, los resultados no tenían por menos que ser fatales.
El rey Eeruando VII, queriendo darse aires de humani-
— 179 —
tario. prohijó tan ridiculas redara aciones do los sensi­
bles y empujado y forzado por el predominio que sobre
él ejercían sns áulicos consejeros, despachó una real or­
den prohibiendo las corridas de toros en todos los do­
minios españoles, bajo las penas mas severas.
CAPÍTULO VIII

Epopeya gloriosa de la Indep en den cia.—Fernando VII prohíbe


las corridas de toros en los dominios españolea* -A n u la c ió n
del decreto.—Curiosidad histórica, por I \ L u is C annena y
Millán.—P oesía á José Boimparte.— Decaimiento del (oreo

Los graves sucosos i ti terna-ion a les que tuvieron l a ­


gar en nuestra patria por esta época, contribuyeron en
alto grado al decaimiento del e¿peeráculo taurino. Solo
en raras esc opciones cuando teñí-m lagar corridas de
toros á beneficio de los hospitales, recobraban los Cir­
cos su natural animación, y todos á porfía, contribuían
con su óbolo para tan noble fin. siquiera fueran recom­
pensados con una fiesta.
El decreto prohibiendo las corridas de toros en los
dominios españoles, fue acogido con his mayores mues­
tras de desagrado en todas las poblliciones. No es deci­
ble la recrudescencia de los ataques qac en la prensa y
fuera de ella se dirigieron los defensores é impu gna do­
res de la prohibición.
Una medida de este género, y en aquella época en
que se consideraba sagrada cual ninguna otra, la inde-
— 181 —
pendencia de la patria, hirió el sentimiento nacional,
irritando más y más los descontentos ánimos, ante la
serie de vejaciones y disposiciones arbitrarias que se
venían sucediendo unas á otras, y todas denigrantes y
anti-nacionales de favoritos vulgares y corrompidos que
para mengua de la nación, gobernaban á ¡=u antojo, sin
que nadie les pusiera freno á sus despóticos y ruinosos
mandatos,
Pero luchar coa los sentimientos populares, es que­
rer oponerse á un torrente impetuoso; podrá contenérse­
le un solo instante, pero eso le servirá que tome más
fuerza en el empuje que vendrá á arrollarlo todo.
Fernando VII, qne tenía ejemplos en la historia,
tampoco creyó prudente insistir en su acuerdo de total
prohibición, comprendiendo muy acertadamente en lo
voluble que es la fortuna, eu lo que no anduvo muy
desacertado el monarca, puesla tempestad ya rugía ame­
nazadora sobre su regio alcazar, apresurándose con
tiempo á revocar ía prohibición.
Más el golpe que había sufrido nuestro espectáculo
nacional no pudo por menos que ser temible, pnes mien­
tras duró la prohibición, muchos de los que hasta en­
tonces habían estado dedicados á ella tuvieron que bus­
carse los medios para vivir dedicándose á otros artes ú
ocupaciones, y no íueron pocos los que no volvieron á
pisar mas la arena, ya por estas circunstancias ó por ser
demasiado viejos para arrastrar los peligros que suele
trac r.
E n los días 19 y 2C> de Septiembre, y 3, 10, 17 y 24
de Octubre de 180S. se verificaron corridas de toros en
Madrid á beneficio de los hospitales; en ellas trabaja­
ron los afamados matadores de toros y renombrados
— .182 —
diestros Gerónimo Jo*é Cándido, Curro Guillen, Juan
Xunez i $r)i( ¿‘¡tientos) y Agustín A roca, con sus respec­
tivas cuadrillas.

II

Por los gravísimos acontecimientos qne ocurrían en


toda España y por no haber sido levantada en absoluto
la prohibición del ano 1 805, no so celebraron corridas
durante el ano 180!>; pero en el mes de Abril de 1810 y
ai ni do José Napoleón re>f de España^ apareció en el im-
mero í)5 del D¡ario de Ma di v// eorrespondiente a 1 j ueves
5 ele dicho mes, el siguiente

“Aviso al publico.

<'H ibieudo resuelto el voy qne se restablezca y ponga


corriente la plaza de toros extramuros de la puerta de
Alcalá, se hace saber al público de orden del Excmo. se­
ñor ministro de lo Interior, y por medio del señor CO'
rregidor, para que todas las personas ó corporaciones
que quieran tomarla en arrendamiento para celebrar
cierto nú maro de fu n:: ion es n corridas, a j.u i lll con sus
proposiciones a la secretaría del Corregimiento, (|iie se
les admitirán, siendo arregladas, con la obligación y
condición indispensable de componerla y dejarla co-
— IHH —

m e n te . Madrid 4 de Abril de 1810.—Por mandado de


S. S., Joaquín Gómez, secretario.»
Por virtud fie esta orden se luí i litó la plaza, y des­
do el 24 ríe Junio ha s 1a el 2^ de Octubre so verificaron
diez corridas de toros, en las que tomaron parte como
espada?, con bus respectivas cuadrillas, Cándido, Gui­
llen y Sriitinui'nJos. Siguió á la temporada de toros la de
novillo-, que comenzó con la corrida del 10 de Diciem­
bre. en que hubo dos embolados para el capeo, des to­
ros de p iiutas, muerbos por J u a n Xñticz ; ¿Vntimento¿t" i
y Alfonso Al are ó ti 0*1 Pocho) t y ocho grandes novillos
embolados para que los a lición ad os pudieran bajar á
torearlos. Hasta el 31 d* Marzo de 1^11, se verificaron
nueve corridas de novillos, y el rey i ntrato ofreció lue­
go g r a t is á si’ im/kulo í¿' una corrí;:!a de toros y novillos
el tlia 14 de Abril, como se comprueba por el anuncio
impi\s o que tengo á la vista y que empieza con estas
pala bras:
«El he y nuestro señor (q. D, g.i se ha servido se­
ñalar hoy Domingo 14 de Abril para una función ex­
traordinaria de toros y novillos, cuya entrada será g r a ­
tín al público: y los tendidos, gradas y balcones sin ex­
cepción estarán francos por el orden que lleguen los
concurrentes á ocuparlos.»
En 12 de Mayo siguiente, principió la temporada
taurina, iigu raudo como ma La Llores d * los 15 toros que
se lidiai*on en la primera corrida. (JAndido, Guillen, y
el Pocho de sobresaliente.
Y hubo más. Por ser el Lo de Agosto los días del
emperador Xa peleón, su hermano José concedió gr at is
al puublo una corrida, como lo demuestra el cartel im­
preso, que dice así;
«Í3l itEV nuestro señor (q. D, £,.) cOú el plausible mo 4
tivo de los días de S. M. el E m p e k a d o i i d m l o s f r a n c e ­
s a s v m í y i)K [ t a l i a , se ha servido señalar la tarde del
Jaoves 15 del presente mes de Agosto de 181.1 para la
9.a corrida de toros, cuya entrada se franqueara g r a ti s
al público...»
En esta corrida se lidiaron once toros estoqueados por
Cándido y Guillé u, y p a r a multiplicar la satisfacción de
los concurrentes^ según reza el cartel, se empavesó la
plaza con banderas y gallardetes, se colocó una nume-
rosa orquesta que tocó piezis escogidas, y por fin del
espectáculo se elevaron dos globos que arrojando luces
permitían ver la lidia de tres toros blancos que, des-
pués de los 11 de muerte, se soltaron simultáneamente
para diversión de los aficionados.
Es evidente, que este período, ávidos todos los es­
pañoles en luchar hasta derramar la última gota do
sangre en defensa de la pí tri a ultrajada por el ex tranje­
ro invasor, no permitía á los nobles hijos de la invenci­
ble Iberia, dedicarse, cual en épocas más felices, á las
expansiones que le proporcionaba la tradicional fiesta
taurina, recuerdo imperecedero de sus pasadas glorias.
Sin embargo, ia supresión de la fiesta de toros no era
general, pues estos espectáculos, tenían lugar en algu­
nas poblaciones, las cuales se veían libres de la tiranía
del ejército invasor. Al par de los recursos que facilita­
ban las corridas de toros para sostenimientos de Hospi­
tales y otras atenciones, contribuían además á reanimar
el decaido espíritu ptibúco, y olvidar siquiera por bre­
ves horas, la desgracia de la patria*
Una vez conseguida la victoria, y de que el ejército
del rey intruso fué aniquilado, por el esfuerzo y cons-
taneia del león español, fueroq los pueblos recobrando
paulatinamente su estado normal, afanándose todas las
poblaciones por mostrar su alegría por la gran victoria
a l c a n z a r l a . Los festejos, diversiones y fíenlas de torva T
se repetían con inusitada ir oen encía.
Pur cierto, que enalteciendo al rey José por los pía*
ceres que proporcionaba á su pueblo} se publicó adjunta
al cartel y glosando lo que en él se dice» una composi­
ción poética de un vate de aquella época, y que á título
de curiosidad reproduzco íntegra. Dice así:
«En este dia ¡olí pueblo madrileño!
tu soberano emplea sus desvelos
en darte diversiones con que legres
aumentar su placer y tu contento.
Todo ha de ser en la función extraño;
tu do escogido, singular y nuevo;
serán fogosos y manchados tigres
los caballos que saquen los toreros.
El árbol elevado y suntuoso
que de esto circo manifiesta el centro,
de banderas, cornetas y estandartes
se verá empavesado en un momento;
Y la orquesta selecta y numerosa,
que en él ocupa un prelixado puesto,
de armoniosas sonatas escogidas,
hará que se repitan dulces ecos.
Eos toros no son toros como todos,
porque serán más bravos y más fieros,
con la extraneza que han de verse todos
ó bien pios, urracos ó berrendos.
Cuando falten tres de ellos que lidiarse,
tan medido y tan justo vendrá el tiempo,
- 18(¡ —
que sin luz en la plaza nadie pueda
ni ver ni distinguir ningún objeto,
Entonces, de dos globos que en el árbol
estarán colocados al efecto,
saldrán antorchas mil, que liarán que el circo
parezca un estrellado firmamento.
Por ollas lucir debe una extrañeza
que hasta el presente no ha tenido ejemplo,
y es lidiarse tres toros en ia p ’aza,
cada cual en su sitio, á un mismo tiempo.
Serán de) todo blancor, porque pueda
divisarlos la gente desde lejos,
estarán embolados, y en las astas
llevará cada uno un mongibelo.
Todo el aficionado que quisiere,
divertirse podrá muy bien con ellos,
pues habrá banderillas para todos,
dando algunas también que sean de fuego.
La función preparada ya está dicha,
no omito al describirla ni exagero,
pues ella misma, sin que yo lo diga,
hará ver, no de dicho, sí de hecho.
Que en e^te día, ¡oh. pueblo madrileño!
tu soberano cumple sus desvelos
en darte diversiones con que logres
aumentar su placer y tu contento.»
CAPÍTULO IX

Consideraciones finales sobre la prohibición de ln .Fiesta de toros .


—P r iv ileg io s otorgados A las m ism as ,— A r t í c n lo ¡ m í u m v , dig~
ni ti cundo el arte del toreo,

Tres son los casos que registra la historia de liaber


sido suprimidas las Fiestas de toros: el primero en los
tiempos gloriosos de la Reina doña Isabehla Católica;
después en el reinado de Carlos I I I , y el tercero durante
la dominación francesa.
¿Y qué resultó de c^tas órdenes?
Pues lo que no podía por menos que suceder: que la
Reina poderosa Isabel I y el gron Rey Carlos III tuvie­
ron que ceder y revocar las órdenes prohibitorias del
espectáculo taurino, por temor de mayores males y
grandes desastres en sus puebles, no obstante los gran-
des y poderosos enemigos de nuestra clásica fiesta que
existían entre los consejeros y cortesanos de reieiidos
tiempos.
Durante la época de la dominación francesa, el de*
TOJIO l U
— 188 —

creto contra las corridas de toros lanzado por el rey


intruso, lejos de cumplirse irritó más los ánimos, no
pudicndo conseguir Pepe Botella ver cumplido su man­
dato mas que en aquellas poblaciones donde imperaba
por el poder de sus bayonetas*
tíPtíro si la m*ídida fuó laxante y violenta—dice Si­
cilia y Arenzana en su Hi st ori a del toreo ,— no lo fué
menos sn inmediata desautorización....................................
El mismo rey intruso José Napoleón tuvo que ha­
cer la vista rjordat como se dice vulgarmente, y no solo
volvió sobre su acuerdo, sino que con el fin de captarse
la voluntad de los españoles tan amantes en todos tiem­
pos de las Fiestas de toros , dispuso varias de estas que
se verificaron en la coronada villa, cuyos documentos
dejamos publicados en el capítulo anterior,

II

Que las corridas de toro?, no tienen nada de inmora­


les ni anticristianas pruébalo el hecho de que el Católi­
co Rey D. Fernando VI concedió en 1 7'¿6 la plaza de to­
ros al Hospital general de Madrid.¿Habrá quien se atre­
va á censurar de anticatólicos, é inmorales á los Párro­
cos y Hermanos mayores de Hermandades y Cofradías
que permiten que los productos de corridas de toros se
inviertan ya en la restauración de templos, ya en la
compra de mantos y alhajas para las imágenes? Esto lia
ocurrido en todos los tiempos y ocurre hoy, sin que
ninguna persona sensata se haya atrevido nunca a cen­
surar el Ueclio, pues caería en el ridículo más espantoso*
— 180 —
Si bien es cierto que el Papa Gregorio X I I I prohi­
bió a los eclesiásticos constituidos en Ordenes sagradas
asistir a las corridas de toros, no lo es menos que otros
Pontífices limitaron esta prohibición á los religiosos»
en 17 de Enero de J509.
En lugar oportuno de esta obra habrá podido ver el
lector noticias curiosas de fiestas taurinas á las cuales
asistían los Cabildos Eclesiásticos, en las que algunas
de las cuentas do gastos de decoración y arreglo de los
palcos corrían á cargo de tan respetable tribunal.
En el día hay plazas de toros, entre ellas la de Ron ­
da. que gozan del privilegio ele que Caballeros do cier­
tas Ordenes, aunque rennan el doble caracter de ser
Presbíteros, puedan asistir á las corridas de toros con
el traje Talar, ya solos, ya en corporación, al palco
que tienen destinado.
Como para nuestro objeto basta lo expuesto en de­
fensa de la clásica ¡Ies/a de loros, recomen llamos al lec­
tor que desee conocer en forma más ámplia el asunto,
se procuro el curioso folleto de D. jManuel López ¡Mar­
tínez, titulado ()bs< rracio>ies s<Jrre las corridas de loros, el
cual hemos utilizado en parle, y que por ser de justicia
lo hacemos constar.
Al terminar el Libro segaraio de estos A l a n te s , da­
mos copia al siguiente artículo de nuestro malogrado
amigo el inteligente o ti ció na do granadino D. Antonio
Sánchez Roldan, el cual publicó un periódico, de que
era colaborador, pocos dias untes de acaecido su falleci­
miento.
Al honrar su memoria, cumpliendo un deber de g r a ­
titud, nos honramos á st propios, y con liamos en que será
leiclo con gusto por los buenos aficionados*
— JÜO —
He ar¡ní el

ARTÍCULO POSTUMO

¿Es nn arta el toreo?


No es menester grandes argumentos para demostrar
quo efectivamente el toreo es uñ arte. ¿Pelean en la li­
dia el hombre y la ñera? No. Si así fuera, todos los que
tuvieran suficiente valor para ello, s 3 ría n toreros* y e n ­
tonces el espectáculo resultaría bárbaro y contrario al
estado de cnlt-tra y progreso de nuestro siglo. Entonces
comprenderíamos la bondad de los propósitos de Pío V»
al establecer en su bula de 1567 la excomunión para
aquellos que tomasen parte má;¡ ó menos directa en las
corridas de toros, y las pragmáticas de alguno* reyes,
entre ellos Isabel I, que quisieron, aunque comprendie­
ron que 110 podían, suprimir la fiesta nacional.
Eu toncos el hombre tan solo mediría sus fuerzas
corporales con las del toro, y siendo esto así, fácil e¿
deducir, por mucho valor que tuviese el lidiador, cuál
de los dos saldría vencido, si este ó la fiera.
El espectáculo tendría todas las cualidades y condi­
ciones de una verdadera lucha.
El hombre, al ponerse frente al toro y no co nt a n ­
do con reglas que rigiesen sus movimientos, no tar da ­
ría mucho tiempo en ser destrozado par la res. y si bien
se darían casos en que el hombre saliera vencedor, se­
rían las menos veces, en comparación de las que la ite­
ra le venciera.
Pero hay que tenerlo muy presente para no caer en
los errores que sostiene el que tan injustamente impug-
- iui —
tía tas corridas de toros: quien lidia y vence al toí+o, eú
el arte.
Entre el hombre y la ñera, sin el arto en el primero,
se electa aria una lucha. Entre el hombre, poseyendo
los conocimientos del arte, y la fiera, ya no hay mas
que una pura diversión, una demostración de como el
hombre, del mismo molo qne de materiales colores sa­
ca. ideales pinturas, y de piedra informe y dura, a n g e ­
licales rostros, puede sacar del juego cou la ñera, la de­
mostración clara y evidente de su infinita superioridad
respecto de ella.
Mas al llegar aquí salta á nuestra consideración una
pregunta que hacen casi to ;hm los enemigos dé la fiesta
clásica, a la cual eontestaivmos muy ligeramente, te­
men ¡o en cuanta qii-.í este punto esta- suficientemente
demostrado por elros escritures, La preg titira á que nos
referimos es la siguiente:
¿Es digno el eje re irio del arte de torrar?
Porque algunos dicen: el hombre está llamado á afa­
narse por su perfección, á cst ndiar e investigar en el
campo de las ciencias, para llegar á conocer (ya que
Dios le ha dotado de ese destello divino llamado inte ­
ligencia) los secretos de todo lo creado; ¡i elevarse por
medio del espíriru á las regiones de las ideas y de las
causas: pues así es como el hombre muestra sn superio­
ridad sobre todo lo que en el inunda existe; así es como
se hace digno ante su conciencia y la de sus semejan­
tes. y así es, en fin, como progresa y perfecciona-.
Pero á esto liemos de contestarles nosotros, que ta­
les ideas son más bien calificaciones de un cerebro ca­
lenturiento que efectos de investigaciones sobre la rea­
lidad de las cosas, *
Eso demuestra que lo que sucede en la vida está
muy lejos de ser conocido por los sabios modernos que
semejantes cosas dicen.
Es verdad, y nosotros reconocemos que lo que dicen
es cierto; pero ya sabemos, y esto nos lo hace ver clara­
mente la práctica, que si bien todos los hombres tienen
una misma esencia, no todos tienen las mismas ap tit u ­
des para ejercer una profesión, llegando á suceder, y en
esto no cabe duda, que son tantas las aptitudes como in­
dividuos tiene la especie humana.
Si porque el hombre tiene el deber de elevarse á lo
suprasensible, como miembro que es del mundo espirL
ritual: si porque tiene la obligación de investigar las
cansas y observar los fenómenos y las propiedades de
las cosas, uos convirtiéramos todos en filósofos, jad ios
agricultura! ¡adiós industria! ¡adiós comn'cio! y adiós
arce! porque entonces no haríamos masque ver. o ir y
observar, y viendo, oye:idoy observando todos,no cree­
mos que pudiera la sociedad vivir por mucho tiempo.
Asi es (pie todos ios hombres estamos llamados al
ejercicio de la profesión en general, pero no podrán
pertenecer á una determinada más que aquellos que
reúnan las aptitudes y conocimientos necesarios ai
efecto. Y ahora conviene saber las clases dt profesio­
nes que existen para S b t b e r á c u á l de ellas pertenece la
del toreo.
Las profesiones pueden llevar el ñu de instruir ó re­
crear á los demás.
A la recreativa pertenece la pL'ufesión del toreo.
¿No está admitida la licitud de las liestas y diver­
siones, puesto que es conveniente que el hombre se
distraiga de vez en cuando para qi\e olvide las penali­
— 193 —
dades del trabajo? Pues hay que admitir también ía
legitimidad de las profesiones que recrean eon sus asun­
tos artísticos.
¡Cuán no ble es, por consecuencia, la profesión del
toreo que además de reunir eses requisitas requiere en
el individuo que la ejerce las cualidades de valor y ab­
negación) inseparables del constante desprecio de la
vida.
Indudablemente, muchos de los que la combaten es
porque no tienen ni el arte para lidiar, ni el corazón pa­
ra vencer.
f A n t o n io S ánchez R o l d a d .

F in d e l libr o segundó
APUNTES HISTÓRICOS

ACERCA DE

Ll FIESTA BE TOBOS El ESPIfit


LIBRO TERCERO
CAPITLO I

B iograíia do Curro ( r u il U n ^ G e r ó n i m o J osé Candido v u elve á


presentarse en los Circos,— Datos biográficos de varios dies­
tros.- Biografía de Antonio Tiui'/ (el Sombrerero'¡.--EL B e y
Fumando y un diestro.

FRANCISCO HERRERA RODRIGUEZ


( C U R R O GU I LLEN)

En Utrera, ciudad próxima á Se­


villa, nació nuestro biografiado el
13 de Octubre de 177o, liijo del ma­
tador de toros Francisco Herrera
Guillen (el Curro) y nieto del celebre
lidiador Francisco Herrera, que flo­
reció en el toreo mucho antes que
Pedro Romero, aunque de ambos se conservan escasos
datos biográficos,
— lité —
L-a. madre cíe Curro-Ga'dlcn, Patrocinio Rodrigue^,
era hija de Juan Miga el, ti o del celebro Cosí illa res. Sus
ti os matemos, Cosme y José María lloclriguez, fueron
también banderilleros muy notables en su época, por
lo que Carro-Guillén tenúi siun/re torera por hi manía
alkt y baj a , como se dice en Andalucía. A l 1arIo de su
abuelo, á la sazón dependiente del matadero deSevilla^
Jiizo el joven Carro su aprendizaje. Notablemente apro­
vechado de las lecciones que recibía, hiz^ concebir des­
de los primeros momentos de su carrera fundadas espe­
ranzas de que con el tiempo llegaría á ser un consuma­
do y famoso diestro. Estos cálculos de sus admiradores,
llegaron por fortuna n realizarse, mas el neófito Herre­
ra no se li mi taba solo á cumjuistar el re nombr e de g r a n
espada; quer ía tenerlo b¡ mbién de Imeu banderillero. y lo
que es mas esíraíio aún, de n u t a U e picador. Sus aspi ra­
ciones no q ueda ron defraudadas, pues en las tres cosas
rayó á g r a n altura.
Puede decirse que desde el vientre de su .madre es­
tábale predestinada la profesión del toreo, pues aun no
liabía salido de la infancia y y a se le veía continua­
mente asistir á las novilladas y capeas que se verifica­
ban en los pueblos, en cuyas funciones se llevaba siem­
pre la palma entre sus demás componeros, por la agili­
dad y valor con que ejecutaba todas las suertes, viéndose
todos obligados á reconocer en él cierna superioridad,
que contrastaba con sus pocos anos.
Sin tener apenas nociones del arte ni maestros que
lo guiaran, ni haber pertenecido á ninguna cuadrilla, se
erigió en jefe de unos cuantos jóvenes—aunque mayo­
res que el—y se hizo matador, pero con tan buena for­
tuna, que en las primeras corridas que trabajó en Llere-
na, Sevilla y otras poblaciones, en and o aun no conta- *
ba 10 afms de edad, obtuvo una acogida brillante, qne
el público entusiasmado al versus prrezas en tan corta
edad, lo colmaba de aplausos llevándolo en triunfo á
su habitual domicilio,
Alentado por sus triunfes?, prosiguió con más afán
el toreo, no d -jando do concurrir un solo dia á la ettcue- .
la práctica* ó sea al Matadero de Sevilla, donde estudió
con asiduidad el instinto y condición?s de las reses, co­
nocimientos tan necesarios para todo el qne aspire á ser
un consumado diestro.
Pued¿ decurso que el toreo do C uito - Guillen no per­
tenecía á ninguna de las dos Escuelas rivales (Rondeña
y Sevillana}, pues como lia Lía carecido de muestro en
sus primeros años, se limitó a aprender y ejecutar todo
lo que veía bacer á ohvs; así es, que !o mismo recibía
que ejecutaba el rol api C\ aunque con mas frecuencia se
decidía por el volapié y solo á ios teros que comprendía
á propósito según sns condiciones, les mataba recibiendo.
A los 20 años gozaba ya una gran reputación que
envidiaban b s t t r t n s nMigues de mas fama.
Cándido que le profesaba gran caiino. ie dio la al-
t t u n a t i r a en la plaza de toros de Sevilla en ITí-JG, des­
de cuya época hasta 1808,en une emigró á PortMgal,tra-
bujó en casi todas las plazas de España en compañía de
los más famoso^ diestros de su época.
Su gran a lición, la inteligencia que adquirió de las
condiciones de h s toros, debido á su continuada prac-
tica, los dones físicos de q u e le había dotado la Xatura-
leza, su t-Muerai LMarrojo y tranquilo valor ;iun en los
momentos de más peligro, fueron circunstancias que
contribuyeron en su favor á inclinar sobre sí los áni-
— 200 —
mos; el no tener quien le hiciera competencia, pues Can*
dido, aunque poseía más conocimientos y experiencia,
se hallaba en su período descendente por efecto de la
edad y de la enfermedad que padecía: su acierto en
aoabar los toros de una sola estocada, su perfección en
el descabello que muchas veces lo ejecutaba sin haber
estoqueado, todo parecía concurrir en su pro. Era tal
el mi mero de contratas que le ofrecían que ideó elevar
(y lo consiguió) el tipo de la asignación, para evitarlas;
y no obstante esta determinación, le era imposible dar
cumplimiento á tantas como sa le ofrecían*
No ha dejado de extrañar en sumo grado, que un
hombre que jamas rehuyó el peligro, no se viera acri­
billado de heridas, y saliera casi siempre ileso de los
lances más comprometidos.
La primera vez que se presen!ó en Madrid como
matador de toros, fué en 179G alternando con Jerónimo
José Cándido y el Sombrerero .
E*te diestro fue uno de los que florecieron en el
periodo anterior, y que como otros muchos, tuvieron
necesidad da emigrar á otros países para librarse de las
garras de los opresores de su patria, Curro Gruillén mos*
tro tal horror á los franceses que su animadversión se
hizo pública y acusado por los afrancesados tuvo tiempo
de irse á Portugal donde permaneció hasta 18J.G, en qne
volvió á la patria al verla libre de extranjeros. Tanto
gustó su toreo á los portugueses que estos le hicieron
ventajosas proposiciones para que se quedase entre
ellos, más Curro no accedió como queda demostrado.
La funesta nueva de su desgracia, causó lá más do»
lorosa impresión en el ánimo de todos los españoles.
La tarde del 2 0 de Mayo de 1820, lidiábase en l io n '
— 201 —
da una corrida de D. José R, Barbero. Tan pronto co­
mo apareció Curro en el circo, una parte del público
contraria á él empezó ¿dirigirle apostrofes ó insultos.
E n el número 6 de L a L i d i a , correspondiente al 20
de Mayo de 1895, encontramos unos apuntes del señor
Sánchez de Neira (D. Josa), en los que u l l amigo des-
cribe la trágica muerte del más grande dolos toreros*
Estos apuntes: según el Sr. Xeira son inéditos.
Helos aquí:
«Sonó el clarín, y redoblaron los timbales.
* Abriéronse las puertas interiores de la Plaza, al
mismo tiempo que los muchos espectadores, á una voz
y con repetidus aplausos, exclamaron ¡Viva España! y
presentóse en el redondel la cuadrilla de toreros, que
con aire resuelto y cierta prosopopeya, marchó á salu­
dar al Presidente de la función. Iba delante el gallardo
y arrogante Curro Guillen, vestido lujosamente con r i­
co traje de seda, color de rosa, bordado con pasamane­
ría de otros olores, y faja y pañoleta venie gay, si­
guiéndole, por orden de categoría, los demás toreros,
tanto de & pié como de á caballo, pregonero, muías, za­
gales y perreros, con sus muías y cunes correspondien­
tes.
»Fuó leído el pregón entre coros de silbidos; retirá­
ronse los auxiliares que estorbaban y dió principió la
lidia.
»A nada conduce detallar sus primeros incidentes.
»Los toros eran escogidos de la renombrada gana­
dería de D* José Rafael Barbero. J u a n León llevaba t r a ­
je verde con galones de plata, Juan Jiménez encarnado
y negro; Muselina, que figuraba entre los banderilleros,
cafó y negro; y de menos lujo, el resto de los que com-
- ¿Oá- —
ponían la cuadrilla, El Carro hizo verdaderos prodigios
de valor y serenidad. consiguiendo aplausos hasta de
sus contrarios.
* Capitaneaba al ■mayor- grupo de éstos el aficionado
intransigente llamado M a n f r e d * quien con voces des­
compasadas, qne resonaron en-todo el ámbito de la Pla­
za, criticó el modo de hacer quites y de torear que el
maestro empleaba con aquel toro,.primero de la corri­
da, retinto por cierto, que llevó á la muerte todas sus
potentes facultades. Acostumbrado Curro á recibir
aplausos y no .censuras, miró con enojado semblante al
imprudente vocinglero, quien extremando sus frases,
excitó al torero á recibir al toro, apostándole q u e á ello
no se atrevería* Tomó el buey, que ya tenía siete años
y era de mal trapío y cobardón, tres varas de paso que
le pusieron Zapata, Míguezy Doblado, y cuatro pares
de banderillas comunes, mitad del Fraile de Santa Lu ­
cía (1), y otra mitad de Manuel Arjona (a) Costura (2).
Tocaron á matar, tomó los trastos A Curro, saludó- á la
Presidencia, se encaró con Maní red i, á quien dirigió
una mirada despreciativa, y fuese al toro. Dióle un pase
natural, y quedó el bicho mirando á las tablas de la de-
re^ha del toril, cerca del cual se hallaba; repitió otro
pase con la rnano derecha, y consiguió cuadrarle. Apro­
vechando el momento, Curvo lió la muleta, y en aquel
supremo instante, oyó, como todos los espectadores, la
campanuda voz de Manfrodi, que dijo;
»—¿Y es usted e' rey de los toreros?
»Citó al toro parándose de pronto Curro Guillen,
(L) .Fué mueri.o on JMíi-driil á mano airada. i-mi la calle ile R e ­
latores, en I&Jít,
\2) Padre del lamoso Cuchares.
que estaba a mayor distancia de la que el arte aconseja;
vínose aquél andando, y el torero, que debió preferir
darle otro pase; esperó, mas con tan mala fortuna, que
atendió sólo á herir, y no dió salida á la res con la mu»
leta. Eq cambio de una estocada corta y contraria, fue
enganchado por el muslo derecho, volteado y arrojado
contra las tablas, y entonces se vió el mayor y más su*
blime acto de adnegaeión que puede concebirse. Veloz
como el viento, se interpuso J u a n León entre la fiera y
el maestro gritando: ü¡á mí, ladrón!.,, pero ya era tarde*
En su viaje, y enganchado León cilio en el asta dere­
cha* á la que se agarró encunándose voluntariamente,
acometió el toro al infortunado Curro Guillen, que aún
no había podido salir del sitio en que cayó, y claván­
dole en el costado derecho el cuerno izquierdo, hasta
más de su mitad, dió el animal cara á los medios de la
Plaza, llevando colgado un hombre en cada asta. De­
rrotó fuertemente á los pocos pasos, y arrojó su carga
sobre la arena, marchándose de huida; los dos hombres
se levantaron: Leoneillo ileso, el Curro mortal mente he­
rido, tanto, que al llegar por su pie á la barrera, cayó
en brazos del contratista de caballos Francisco Caama-
iio, y del banderillero Muselina, para no respirar más.
»El espanto y la consternación que se apoderaron
del público en general, fueron terribles. Muchas perso­
nas. cosí la totalidad de las que á la fiesta concurrieron
gozosas, abandonaren aquel edificio, tristes, con lágri­
mas en los ojos y pena en el corazón. Algunos gritaron
y apostrofaron á líanfredi, pocos le defendieron, y ro­
deado por unos cuantos amigos, salió también de la Pla­
za confuso, avergonzado y tal vez arrepentido de su
inicuo proceder.
TOM O L 15
„ ¿04 ~
¿Cuando Muselina-le vio sal 11% se acercó al criado
que llevaba los estoques del maestro y los capotes do
ffuma, y le dijo con acento iracundo: «O ye, déjalo todo:
necesito saber dóude para ese hombre; síguele, y no
vuelvas á verme liasta que lo sepas con certeza.» Mar­
chó el 111:20 tras de Manfredi, siguió la coirida fría­
mente y con la natural desanimación, y el arte del to­
reo perdió en aquel día el más reputado y diestro de los
adalides de sivépoca.»
*
x y
Tal es el fidedigno relato q 110 comprende el libro de
donde copiarnos esos párrafos literalmente, omitiendo
otros en que se detallan las consecuencias que tan la­
mentable suceso ocasionó éntrelos toreros, aficionados
y otras personas de aquella ciudad. Pudo haber ofusca­
ción en la inteligencia del torero, para apreciar las con-
d icio cea en que tanto él como la fiera, se encontraban
en el preciso momento de herirse; pero ¿qué serenidad
de ánimo cabe en un hombre que. hallándose ejecutan­
do una suerte como su conciencia le diota, se siente in­
sulta'! o y herido en su dignidad y amor propio? ¿Es.
por ventura, cosa de poca monta, la vida del que. des­
preciándola por complacer al público, siente en su pecho
el enojo que en toda persona .honrada producen lo gro­
seros epítetos y las diatribas indecentes.V
l. ni Caín ente los cobardes y gente de mala entra fia,
son los que si) an y escarnecen á los toreros en los m o ­
mentos críticos de mayor exposición; y algunos que,
sin daive cuenta de lo que hacen, imitan la conducta
del intolerante Maní redi, aprendan en la experiencia
que pueden producir daños irreparables, como el de la
muerte del famoso Curro Guillen.»
II

Jerónimo José Caudillo vuelve % presentarse en los circos

Pasados los primeros meses de la desastrosa muerte


del mas insigne de los toreros de su época, del inteli*
gente y sabio maestro Curro Guillen, se esforzaron sus
discípulos por sostener la animación á las corridas de
toros y que no decayese el entusiasmo de las mismas,
pues de sucederás!, ellos habían de ser irremisiblemen­
te los mas perjudicados. Mas los buenos deseos que ani-
maban a algunos, se estrellaron ante el proceder de va­
rios de sus compañeros que tomaron la funesta deter­
minación de constituirse en jefes de euac]rillii, sin tener
en cuenta que ni sus conocí mi en t es en el arte, ni sus es­
casas facultades é inteligencia, eran remora que les im­
posibilitaba poder aspirar á tan alto puesto en el toreo.
Tomando distintos rumbos imposibilitaron la formación
de un cuadro selecto que reuniese en sí el prestigio y
vitalidad necesarios, contribuyendo con tan descabe­
llada conducta, á la indiferencia y desvío que el publico
empezó á mostrar por este espectáculo.
Comprendiendo Jerónimo Jos/' Cándido—que á la
sazón se e n e oj11r a b a re tira d o del toreo—lo p erj u d i cía 1
que era para el arte en que él había ocupado tan alto
puesto la falta de armonía o inteligencia entre los dis­
cípulos de Curro Guillan, ios cuales se hallabau entr e­
gados á sí mismos, no vaciló un momento en correr á
su lado, animándolos hasta conseguir su unión. Bien
pronto algunos empezaron á señalarse, mas debemos
— '206 —
confesar ingenuamente qne ninguno entusiasmó como
sus maestros, solo algunos de ellos gozaron de una buena
reputación logrando que sus nombres pasaran á la pos-
terid ad .
Por esta razón, las biografías de los citados diestros
tienen que ser muy lacónicas por ser escasos los datos
que se lian conservado de ellos, pues todo lo que se
pretendiera escribir para hacerlas mas extensas, sería
novelesco.

III

Manuel Alonso El (Castellano)

A éste diestro se le suponía con bastante inteligen­


cia de las reses. y aunque su trabajo agradaba algo*
siempre vino ocupando un segundo lugar entre sus
compañeros. Su precipitación en figurar como espada,
cuando aun no tenía terminado su aprendizaje, fue cau­
sa ríe que siempre se le considerase como una medianía*

Ju a n Nuñez (Sentim ientos)

L i biografía de este diestro tiene bastante analogía


con Ja del anterior. Aunque por su excelente caracter
era muy apreciado del público. 110 sucedía lo propio con
respecto á su trabajo, que ni rayó á gran altura 111 tuvo
méritos para poder llamar la atención como espada,
— l>o r —
Efecto de su corazón bondadoso, veíasele continua­
mente socorrer al necesitado. y en cuantas corridas se
cel obraban coa algún fia benéfico, era de los primeros
en ofrecerse á trabajar sin retribución alguna.
El apodo con que se le conocía, expresa perfecta­
mente sus bellas cualidades.

José Antonio Badén

Filé discípulo de Curro GuiUr-ii, en cuya cuadrilla


ocupaba un puesto distinguido. Aunque con raás cono­
cimientos en el arte y de más despejada inteligencia que
muchos de sus compañeros de aprendizaje, no abrigó
11 unca las ambiciones de ésLos, Aspiraba, sí, á que su
no mitre figurase al lado de los de más fama, pero tuvo el
buen acuerdo de no precipitarlos acontecimientos.
Después de la sangrienta muerte de su maesiroTes­
tuvo algún tiempo inactivo: mas al presentarse Candido
entre sus compañeros, con el lin que dejamos expuesto
en anteriores páginas, Badén solicitó sus consejos y
lecciones á lo que Candido se mostró propicio. Como el
joven no carecía de inteligencia y valor, faltándole solo
quien lo guiase, pronto hizo al lado de su segando
maestro notables adelantos, vSi muchos de sus compa­
ñeros luí hieran imitado su conducía, es seguro que más
a l h a g í i e ñ n hubiera sido su porvenir,
En muy poco tiempo logró Badén, gracias á las en­
señanzas de Cándido, colocarse á una gran altura, sien­
do muy apreciado su trabajo.
Llegó á ser uno de los primeros espadas de su época.
— 208 —
Sus competencias con el Mor entilo, fueron muy cele­
bradas*

Antonio Ruiz (El Sombrerero)


Nació en Sevilla en 170;í. Eu sus primeros anos es­
tuvo dedidado al oficio de sombrerero, profesión que te­
nía su padre. Sus inclinaciones taurómacas le hicieron
abandonar el oficio, aunque á despecho del autor de sus
días.
Sus primeras lecciones las adquirió en el matadero
de su ciudad natal, al cual concurría con grau asidui­
dad. Cuando hubo adquirido algunos conocimientos en
su nuevo arte, empezó á recorrer los pueblos, con jóve­
nes de su edad y á tomar parte en las noviTarhis y ca­
peas que se veri tica ban.
Algunos anos después consiguió ingresar en la cua­
drilla de Curro Guillen. Al lado de tan famoso espada
completó sus conocimientos, siendo uno de sus discípu­
los mas aventajados.
El carácter acre que le predominaba y su alejamien­
to del trato social, le proporcionó) pocos amigos en toda
su vida, siendo esta la principal causa deque á pesar de
ser un buen matador, su trabajo no fuera tenido en gran
estima, siendo escasos los aplausos que le tributaron.
E n 1S0S tomó la alternativa, que le fué cor cedida
por Curro Guillen, teniendo la honra E l Sombrerero, de
ser el primer espada bajo cuyas órdenes trabajó Montes
en Madrid.
Encontrándose sin recursos para vivir y sin familia
— M
l —

que lo acogiese en su hogar, cuando ya tenía una a, va ti­


zada edad, se vio ea la triste necesidad de ingresar en
la Casa Hospicio de Sevilla, en en yo benéfico esta ble jí -
mieuto dejó de existir en 1800, á Jos 77 de su edad.
tíste diestro tuvo ua hermauo llamado Luis, el cual
trabajaba á su lado, y que prometía lisonjeras esperan­
zas. que la parca 110 permitió llegasen á la realidad, h u r ­
tándole la existencia en lo más florido de su joventud.

A continuación damos copia al siguiente curioso


documento histórico, original del Sr. Chaves 1 1). Manuel)
el cual pinta de mano maestra el carácter del Sombrerero^
y las rivalidad os que en su época existían entre este y
parte del publico madrileño, efe-oto de las cuestiones
políticas y las ideas absolutistas que profesaba el dies­
tro en cuestión. el cual se puse en contra de la opinión
liberal, que era la más numerosa, la que cuino es consi­
guiente salía triunfante siempre, y en cuantas ocasio­
nes so presentaban. o->>equiiO>n al es pavía en el circo
tan riño con estrepitosos silbidos ó improperios que lo
ponían fuera de sú llega a ¡Jo la ocasión de ir el Sombre­
rero á quejarse al misino rey Fernando Vtt, de los ma­
los ratos que le hacían pasar los pira ¡os nebros, como éL
llamaba á los liberales de aquella época.
He aquí el escrito del Si'. Chaves, qne como fiel re­
copilador de todo lo curioso é interesante referente al
toreo le doy cabida, no sin hncer constar antes su pro*
cedencia, y su autoiycomo es justo,
FERNANDO VII Y “EL SOMBRERERO,,
“Absolutislaintransigente, feroz enemigo de cuantos
no tuviesen sus ideas, hombre de carácter serio y grave
aspecto, fue Antonio liuiz E l Sombrerero uno de los po­
cos lidiadores que, sabiendo cumplir perfectamente con
su obligación, raras veces llegan á causar entusiasmo en
el publico.
Preciso es confesar que el diestro de que nos ocupa­
mos poseía excele tes condiciones; que ejecutaba con el
capote arriesgadas suertes de gran lucimiento, y que, si
bien no se distinguía mucho en el manejo de la muleta,
era acertadísimo en preparar la fiera y dar las as toca das.
AUs esto no ora bastan t:?; los toreros lian de procurar
siempre captarse las simpatías y agradar á lus que pre­
sencian sus trabajos, y dicliu sea en honor de la verdad»
de estas cosas se ocupaba poco ¿7 Sombrerero.
Muy grande deba de bóv la satisfacción y la alegría
que experimenta un matador c a and o después de haber
dado muerte al bravo toro tras una lucida faena, cruza
el espacioso redondel escuchando por todas partes pala­
bras de elogio, y entusiastas y atronadores aplausos.
El único tiempo en que R liz disfrutó de estas satis­
facciones fue por los a no 3 de 1325 á 27; cuando los rea­
listas, entre los cuales contaba numerosos admiradores,
estaban en a iza.
Tenía á gala E l Sombrerero dar frecuentes muestras
de opiniones políticas, y cuenta Yelazquez que en cier­
ta ocasion, al cuadrarse ante un berrendo que le habia
- 211 —
dáclo bastante que hacer, gritó dirigiéndose á un grupo
de yus partidarios qne ocupaban nn tendido:-—¡Asi se
mata los picaros ne<jro*\—y remató al animal de una
maiíniiica estocada.
Perú, pasados aquellos anos, por fortuna los libera­
les comenzaron á respirar un poco y ya no les quema­
ban las casas ni eran insultarlas sus familias, ni se co­
metían en sus personas los atropellos que les obligaban
á emigrar ú extranjeros paires.
En 1S32 habia en 31a ¡rid muchos constitucionales:
la primera amnistía trajo á multitud de expatriados, y
los absolutistas perdieron mucho del concepto que a n ­
tes disfrutaron.
El conde de Val median o, presi h-uite de la Junta, de
Hospitales de la Córte, comrató pava aquella tempora­
da á t í >Sfiiihreri’rfK que debía trabajar en compañía de
su hermano Luís y de F r u n c is c ALonles, que a la sazón
acababa de tomar 1 la a he m a n va.
Los muchos enemigos que por su carácter serio y
tosco tenía liuíz. se juntaron con los que por causas po­
líticas Je aborrecían, y iumiaron una agrupación hion
considerable, que desde la primera currida del 7 de Ma­
yo, demostraron los propósitos que les animaban
Intranquilo y preocupad*.) andaba El Sombrerero por
aquellos dias: la rabia y el coraje le devoraban, su des
pecho era grandísimo y su carácter se iba haciendo ca­
da vez más brusco y desabrido.
En la i.unción del 1 L de Jumo, su!rió una herida de
bastante consideración, que lo tuvo largo tiempo en el
lecho, y cuando volvió á presentarse en el redondel aun
no se habían apagado los rencores desús adversarios, y
estos lo recibieron de nuevo con las más ruidosas mues­
tras de desagrado,
Aquella tarde le tocó á E l Sombrerero dar muerte á
un toro de Gavidia, animal de soberbia est'inipn, uegro,
de glandes cuernos y qne se pegaba demasiado al bulto.
Ruiz lo trasteó con poquísima fortuna, on medio do
la rechifla general que le propinaba el público, llamán­
dolo la atención sobre el color de] bitlio y sobre algunos
sucesos políticos recientes, en que había tomado parte
muy activa.
El lidiador estaba sumamente pálido; un temblor
convulsivo agitaba todos sus miembros, dirigia la vista
con ceño airado hacia los tendidos sin encontrar en par­
te alguna á sus antiguos partidarios, y una tempestad
horrorosa se desencadenaba en aquellos momentos en su
cabeza.
Lleno de rabia propinó al toro una gran estocada
hasta la mano, y on toncos aumentaron los silbidos y el
esc ndalo subió ¡i un punió imposible de describir.
Ei inmenso público que llenaba la plaza rujia furio­
so y agitábase imponente y amenazador; por todos la~
dos se escuchaban pitos y cencerros, por todas jjart.es
caían sobre el redondel objetos que buscaban el cuerpo
del diestro, y de todos los labios salían los mayores im­
properios y las frases más insultantes.
Aquello no era uno de esos escándalos tan frecuen­
tes en las corridas de toros, ni el enojo de un público
contra un m il lidiador: era la protesta violenta y enér­
gica del pueblo liberal á un régimen odioso, un pueblo
cansado de sufrir, que cebaba en un solo individuo todo
el odio que sentía hacia un partido político que liabía
llevado la desolación á multitud de familias, que había
causado la ruina de la pUria y que había sacrificado en
un corto número de afros á más de seis mil españoles*
— 5J13 —
Concluida la función, E l Hombrerero se retiró á su
casa, con el ánimo que es de suponer; y sin hablar con
nadie so encerró en .su habitación, mientras los de la
cuadrilla hacían los más extraños comentarios.
Ai amanecer del siguiente día, un carruaje de cami­
no se detuvo a ule la puerta del torero; momentos des­
pués apareció éste con gran sigilo y Lomando asiento en
el vehículo se dirigió hacia el camino del Real Si Lio de
la Granja, donde entonces se encontraba Fernando VII
padeciendo aquella enfermedad, que poco tiempo des-
pues lo llevó al sepulcro llegando á España una mortífe­
ra guerra de siete años, que produjo horrorosos estragos.
El Key conocía ya á ¿V Sombrerero: lo había escu­
chado varias veces, y como además contaba con buenos
amigos en la alta servidumbre de Palacio, pidió una
audiencia y no tardó ésta en serle concedida.
Penetró líuiz en la antecámara, y después de las
i rasos de recepción preguntóle el Monarca cual era el
objeto que hasta allí le conducía.
Entonces el matador no pudo contenerse por más
tiempo, y relató con todos sus de talles las in fa m ia s que
con él cometían, los amargos ratos que diaria 111ente [ja­
saba, y pidió parasus enemigos im ejemplar escarmiento
'Fernando VIL lo escachó al parecer con gran aten­
ción, le ofreció un cigarro, y con tono entre burlón y
serio le dijo:
—Mira. Antonio, el público es muy respetable, y
sobre todo el público de Madrid.
Estas palabras exasperaron á l\uiz. y olvidándose
de la clase de persona q\v¿ le oía; y dejándose tolo lle­
var por su carácter, exclamó coa tono desabrido:
— ¡Señor, si se castigaran en España como merecen
á esos picaros -negros no me silbarían en la plaza corrió
lia ocurrido ayer tarde!
El Rey, lejos de enojarse, se sonrió maliciosamente,
trató de calmar un poco los arrebatos de su vasallo y le
dijo por ultimo:
- -Retírate que yo proveeré.
No muy satisfecho de su viaje volvió El Sombrerero
á su casa; él se había figurado otra cosa muy distinta de
lo que sucedió); sin embargo, tenía alguna esperanza, y
con grandísima impaciencia esperaba la providencia del
Monarca.
Pocos días después, apareció en la Gaceta una orden
de S. M. eu la que se prohibía en absoluto «volver á to­
rear en la plaza de Madrid al matador de toros Antonio
Raíz El Sombrerero. "
F ig ú re le el lector el e f e c t o que tal d e t e r m in a c i ó n
c a u ca r ía ni i.nteresado: to d a s sus e s p e r a n z a s se di si purou,
y es te d e s e n g a ñ o le hiz'.j to m a r una r e s o lu c ió n e x tr em a :
se cortó la c o leta , y rH iere K eira. q u e dijo á su s am igos:
-—-El que ha sido bueno durante veinte años para to­
rear en la plaza de Madrid y en todas las provincias, y
se ve alojado do la primera por causas ajenas al arte, no
debe torear más en parte alguna.
Reproducimos á continuación un curioso cartel de
las corridas celebrarlas en Valencia durante los días 29,
2 0 y 'M de Julio de 1810.
Dice así este curioso documento:
« E ii R e v J N l'e s t k o S k n ’o k
(Que Dios guarde)
Tiene concedido su Real permiso á la J u n t a de Go­
bierno del Hospital Real y general de esta ciudad de
Valencia para dos corridas de toros, cuyo producto
— 21o —

pueda servir en parte para atender á la subsistencia dé


dicha Santa Gasa; la primera de las dos se ejecutará si
el tiempo lo permite, en los días 29, 30 y 31 del corriente
mes de Julio, que son los señalados por la Muy Ilus­
tre Ciudad, ia cual presidirá la Plaza, mandándola, el
señor Corregidor de la misma,
Se correrán eu los tres días 27 Toro?, de las acredi­
tadas vacadas, á saber: 1 0 de la que antes fué de Don
José Gijón,y ahora de D. B e r m a b é d e l A g u i l a y Bo­
laco s, de Villarrubia de los Ojos de Guadiana, que se
distinguirán con divisa encarnada; 9 de la de D. B e n i ­
t o L ó p e z d e T o e r u b i a , vccino de GraniHula. con divi­
sa encarnada y blanea;4 de lade D. J o s é M o r i l l o , divisa
verde, y i de la de D. F a u s t o J o a q u í n i>e Z a l d u e n d o ,
vecino de Caparroso, también en Navarra, con divisa
encarnada y amarilla; cuyos respectivos nombres son
como siguen;
El Jardinero, Et Comandante, El Boticario, El Me­
sonero, El Cordelero, El Guantero, El Cubillo, El Ca ­
chudo, El Sombrerero, El Jabalín. El Azafranero, El
Murciano, El Tomatero, El Hortelano, El Catalán, El
Pescador, El Francés, El Mlrandillo, El .Rumbón, El
Navio, El Peluquero, El Plumaje, El Palverin. El Mag­
nate, El Furioso, El Vengativo, El Envenenado.
Día primero..................................Por la tarde 9
Día segundo............................................................9
Día tercero............................................................. 9
Picarán de Vara larga los aplaudidos en este ejer­
cicio C l i l S T O U A L l ) R T X Z . J l ' A N M A T EO ( \ \ ST a Ñ OS V KH A
t i á n Mí.n<í i / e z , nno de los tres, de sobrepuente.

Matarán l o s Toros G^ i h ó x i m o J o s é C á n d i d o , primer


Espada de la Villa y Corte de Madrid, con su corres^
pendiente segundo, bajo cava dirección lidiará la Cua­
drilla de Banderillero?, compuesta de S i l v e s t r e T o ­
r r e s , alias el F ra yle, A n t o n i o Badén* A n t o n i o A r g ü e -

I iTjE s ^v J u a n León, todos en actual ejercicio en dicha


villa y Corte de Madrid.
Deseosa la J u n t a de Gobierno dei propio Hospital,
proporcionar la mayor diversión al publico, ha contra­
tado para que trabaje en su clase de Picador al bien
conocido y acreditado J u a n J o s é d e R u e d a , natural de
Jerez de la Frontera, que lo ejecutará con la destreza y
gracia que siempre lo ha hecho, tanto en la Villa y
Corte de Madrid como en todas las demás plazas del
Roy no, de modo que habrá siempre perennes tres Pica­
dores en la Plaza,
Por cartel separado, y con antelación se enterará al
público del número de puertas para las entradas. horas
de la Corrida, precios de Xayas, Rellano, Barrera y
Tendidos con distinción: días, sitio y horas en que so
distribuirán las Tarjas y demás que ocurra para su ins­
trucción. ^
Un cartel posterior participó ai publico de Valen­
cia que los toros serían matados por Gerónimo José
Cándido. Francisco Herrera Guillón y Antonio R'iiz, el
Sombrerero,
CAPITULO II

Juan J i m é n e z ( E l M o r c a li l o .)—Juan Lc o n . —Francisco Gonzá­


lez (l*mtt'htm.) — Roque* Miranda f o “ Manuel Parra,—
.Manuel Lucas Bl anc o. “ Lorenzo Badén y Miguel Bomero
Car reto.

Juan Jiménez (El Morenillo)


Como el anterior nació en Sevilla (1.783) y fue dis­
cípulo de Curro Guilíen. Siendo aun muy joven quedó
huérfano de padre y madre, teniendo que ganarse los
medios para vivir en el matadero de la referida ciudad,
donde se despertó su entusiasmo por el arte del toreo,
Curro Guillen, que luyo ocasión de admirarla agilidad
y soltura del chico y penetrarse de su triste situación?
conclol'óse de ól y se erigió en protector suyo, l l e v á n ­
doselo á su lado y sirviéndole de pariré y maestro.
Primero, y Injo su dirección, le hizo matar novillos,
con el ñu d e q u e se fueran despertando sus facultades
con b\ practica que adquiriese el desarrollo necesario,
Fue muy celebrado en sn época, máxime desde que
en una corrida mató á un bicho con la mano izquierda,
operación que repitió en diferentes ocasiones con los
toros que tenían propensión á marcharse á la derecha-
E n 1808 ya le permitió sa protector y maestro al­
ternar con él en la muerte de los toros. Mas al poco
tiempo mostró deseos de independencia, prefiriendo ser
primer espada en plazas de menor categoría, que segan­
do en las primeras al la lo de Curro Guillé q, á quien
tanto Je debía* Pero como la ingratitud* qne es moneda
corriente en determinadas personas, influyeron mas en
el ánimo clel Morenillo, que el respeto y sumisión á que
estaba obligado guardar á su protector, estas causas
con tribuyeron bastante á impelerle del toroo, y de que
no hubiera alcanzado mayor reputación en el arte á que
estaba dedicado, como lo creían torios y aun el mismo
G uillén.
Al suspenderss las corridas de toros, á causa de la
invas-ion francesa, vióse obligado como muchos otros á
retirarse á su c:isa.
A partir desde dicha fecha, permaneció olvidado
para el arte y dedicado a la ind-istria de la panadería
en Madrid, donde falleció en 18üÜ: á los 83 años de su
edad*

II

T "u _a,n . L e ó n .

E-ste diestro nació en la perla de Andalucía, en la


hermosa Sevilla, por los anos de 178$. Oesde muy joven
aún lo dedicaron sus padres al oí icio de fabricación de
sombreros, pero su afición al toreo fué causa de quo no
— 2JO ~
progresara en ¿ 1, pues más tiempo pasaba en el matade­
ro que en el taller. Viendo su padre las inclinaciones de
J i n n , no puso obstáculos á su afición, permitiéndole,
no sólo que asistiese al matadero, (escuela práctica que
ha sido de tantos renombrados diestros,) sino que hicie­
ra escurcones á los pueblos de la provincia, en compa­
ñía de otros principiantes, que como él tomaban parte
en las corridas de novillos que so verificaban.
Cuando tuvo la edad necesaria entró á formar parte
de la cuadrilla de Curro Guillen, donde reaHzó en poco
tiempo progresos extraordinarios. Debido á su natural
alegre y bullicioso, se conquistó las simpatías del públi­
co. Llegó \\ manejar la muleta y el capote de un modo
tan especial y tan admirable, que ninguno pudo a ve l i ­
ta jale, ni aún el mismo Montes, por más que lo preten­
dió. Reunía bastantes conocimientos y un valor que r a ­
yaba eiL temeridad.
Sin disputa alguna fué Jo los más acabados diestros
desde que Curro Guillen se malogró, y en vano quisiera
sobreponérsele E l Sombrerero* Mor millo* Montes y otros
de su tiempo.
Los sucesos políticos de aquella época no dejaban
de influir en las alzas y bajas que esperimentaron en
sus vidas taurómacas y de antagonismo El Sombrerero y
J ua n León. Este, liberal, y aquél de ideas opuestas, in­
clinaban la opinión eu favor del uno ó del otro, según
los principios que predominasen en el poder: llegando
á tal extremo, que en ocasiones los improperios y silbi­
dos hacían abandonar b. lidia, al (pie pertenecía al par­
tido caidoH
lie tirado del toreo cuando ya pasaba de los cincuen­
ta anos, volvió a ignu tiempo después á presentarse de
'JOMOl
220 —

nuevo en los circos, pero los años do quietismo 0 inac­


ción y su avanzada edad, habían enervado tanto sus
facultades que se vio obligado á retirarse.
Este notable diestro falleció en Utrera (Sevilln) el
año 1854,

III

francisco González (Panchón)


En 1784 nació en Córdoba este diestro, que llegó á
figurar entre los más afamanos matadores de toros de
su época, dado su carácter simpático y su extraordi­
naria valentía.
El año 1797, toreó con Pedro Romero en la Plaza
de Ronda, cumpliendo bien su cometido á pesar da su
corta edad; después entró á formar parte como banderi­
llero do la cuadrilla de José Romero, hasta 1802, en cu­
ya fecha se retiró éste de la arena de los circos, siendo
causa de tal determinación, la muerte de su hermano
Antonio.
González al disolverse la cuadrilla de José Romero,
estuvo de banderillero con varios diestros, hasta 1815)
que recibió la alternativa de manos del espada Inclán,
en la Plaza de Toros de Córdoba.
Hizo su presentación en Madrid, por primera vez,en
1820, alternando con el Sombrerero, y tan satisfecho
quedó aquel publico de su trabajo, que hasta 182K. si­
guió toreando bastantes corridas en dicha plaza, acom­
pañado de los mejores diestros*
La ultima voz que toreó en Madrid, 14 de Julio de
1828, al pasar al tercer toro, sufrió un epibrocamiento
de fíente, que esquivó con gran agilidad y destreza,
agarrándose al testuz de la fiera, quebrándola magis­
tral mente al derrotar y saliendo por pies, cuyo hecho
de valor y serenidad, le conquistó una ruidosa ovación
del público en general que llenaba la plaza en la que se
encontraba S, M. el Rey D. Fernando YII, el cual ad­
mirado de tal lia zana, le mandó llamir á su palco, don­
de le manifestó, al felicitarle, que desde aquel momen­
to le señalaba una pensión vitalicia de cien ducados.
Desde la fecha en que le ocurrió dicho percance, se
retiró por entonces del toreo, ocupándose en el des­
empeño de varios destinos, entre ellos el de conductor
de correos, del que quedó cesante en 183(>, volviendo á
empuñar los trastos taurómacos, que tanta fama le die­
ron, lo que le acarreó su muerte en Córdoba el 8 de
Marzo de 1^4:3. á consecuencias de una terrible herida,
que le tuvo en c im a seis-meses próximamente, la cual
le ocasionó un toro en la plaza de IIinojosa del Duque,
cuando contaba años de edad.

IV

ROQUE MIRANDA (RIGORES)


Hoque Miranda-/ N i (¡o)ts ) n a ció e n Madrid e n 17 ‘J í\ y
poseía, esa educación especial de los bi;os de la corte,
que a Ira nza las simpatías y td cariño de cuantos los tra­
tan por su carácter afable y complaciente.
Imió discípulo de José Cándido, en cuya cuadrilla
i igurú como banderillero df sde muy temprana edad, lle­
gando el año 1820 ;l trabajar en la plaza de Madrid de
medio espada,
I*or esa época, y cuando debía haber perfeccionado
yus adelantos en el arte, proporcionándole llegar á ser
un gran maestro, fué elegido sargento de la Milicia Na­
cional de caballería de Madrid, y Miranda, respetando
la honra que le dispensaban y lo que se debía á )a ins­
titución á que pertenecía, se retiió del toreo, por eonsi*
derar qupf teniendo que al tenar y mandar á individuos
de mejor posición y alta jerarquía, pudiera haberse
visto un día insultado ó zaherido.
Si esto le hizo perder como torero, le proporcionó
ganar eu consideración y prestigio dentro de su partido*
Cuentan los historiadores que, contra su voluntad y
con el mayor sentimiento, tuvo que quebrantar el año
22 su propósito en Sevilla, cuando acudieron á Cádiz
los milicianos á detener la agresión de los cien mil hi­
jos de San Luis.
Estaba presenciando Miranda una corrida de toros,
y apercibido el público de que se encontraba entre los
espectadores, pidió unánimemente que bajase á la plaza
á lidiar un toro, por sólo el gusto de verle.
Resistióse cuanto pudo: pero tal era el aspecto d é l a
plaza, que la autoridad le suplicó accediera, para evitar
nn conflicto.
Resignóse con marcado disgusto; bajó al redondel,
clavó dos pares de banderillas en menos tiempo qne tar ­
da en decirse, tomó la muleta, dio dos pases, quedando
el toro en suerte, y arrancándose le hizo rodar de un
volapié. Cuando la plaza le aclamaba. Miranda no pare­
cí;! • se había ocultado eu su modesto asiento, del que 110
lograron separarle. l:'ué íntimo amigo del célebre Mon-
t-is. a quien presente; en Madrid, resguardando con su
popularidad ó iuilueneia, la atmósfera que se había
— 2 2 ÍJ —
tfeido contra el célebre maestro por sus opiniones
realistas.
] Tabiendo sido nombriido el año 40 administrador de
la Casa-matadero, abandonó su destino para volver al
arte, al que tanta afición tenía, á pesar de que sus lauul-
tades habían decaido por completo.
La nnierte de éste diestro, débese ;í la barbarie de
ciertos aficionados. (?) que en ocasión de lia liarse este
diestro ante un toro de Veragua, llamado J ir a n o . co­
menzaron á insultarle, y ciego de coraje se precipitó so­
bre la fiera, saliendo suspendido por el muslo derecho,
donde rehihió una tremenda herida, de la que sobrevi­
vió solo ocho meses.
VA hecho ocurrió en la plaza de Madrid, el G de J u ­
nio de l s 5 2 f siendo su muerte muy sentida no solo por
sus paisanos, sino por España entera.
Contaba b$ anos de edad.

A'

2s¿Ea,rvuLel ^a,rxa,

Fue natural de Sevilla, donde nació en 1707. A des­


pecho de si.is padres tomó por diversión el acudir con
mucha. frecuencia al Matadero á sortear r^ses, atrevién­
dose mas adelante, siendo todavía muy joven, á tomar
plaza eu una cuadrilla de principiantes, que recorrían
los puablos y aldeas, dando corridas y capeas.
Las continuas reprimendas de su padi'e, y por no
— --
amargar los últimos días de su existeneía, luibo de ac­
ceder y entrar por la buena senda, dedicándose al oiieio
de tejedor, con al gil a aprovechamiento.
Mnerto el autor de sus días, volvió de nuevo al cam­
po de sus hazañas cousiguieudo ingresar eu la cuadrilla»
de C arro (¿ui-Ucn, hasta 1S20 que í orinó parte de la de
P a n c h ó n . 011 la que desempeñaba el puesto de segundo
espada.
Después alternó con el Sombrerero, Juan León Ca-
rreto y otros de los principales espadas.
El 2¡) de Octubre de 182:), trabajando en Madrid en
una corrida cotí Manuel Carreto, íué cogido por el ulti­
mo toro, de cuyas resultas falleció en Sevilla algunos
meses después.

VI

MANUEL LUCAS MANCO


Dedicado desde muy joven á las faenas propias del
Matadero, en Sevilla, aprendió ahí al lado de los princi­
pales maestros á ejecutar todas las suertes más difíciles
del toreo. Formó parte de distintas cuadrillas, pues
dotado de su gordo adusto é independí míe, 110 sufría
con paciencia la más leve reprimenda, aunque en j u s ­
ticia la hubiera merecido.
Por mas que su toreo carecía d«d atractivo y despe­
jo naturab indispensable para llamar so- ro sí la a te n ­
ción do los públicos* 110 carecía de valor é intrepidez
llegando a alternar, aunque muy pausadamente, con los
principales diestros, de su época.
Sus ideas absolutistas liasta la exageración, contri­
buyeron no poco en contra suya en aquella época en
que tan frecuentes eran los cambios políticos, y con
tanto eu car n iza miento perseguidos los que se habían
señalado d^l partido caido.
Estando ya en todo su apogeo, y cuando la fortuna
se le mostraba propicia, dio muerte á un miliciano
(lS.:í7) enemigo do sus ideas, por lo que fué sentenciado
á muerte y ejecutado el mismo año eu Madrid.
El desgraciado fin que tuvo este diestro, y lo retrai-
dos que estaban los ánimos en la fecha de su muerte^
han sido cansos de que sus contemporáneos no se cui­
daran más de él. sitndo, por tanto, muy limitados los
datos; biográficos suyos que hemos podido adquirir.
Solo se sabe que dejó, huérfano y en el mayor des­
amparo, un hijo, pues su esposa no le sobrevivió mucho
tiempo, víctima del pesar que la consumía, por el triste
íin que había tenido su esposo, y el estigma que había
caldo sohre ella y su familia, bajó al sepulcro, cuando
su hijo no había cumplido aun los 1 0 años,

yn

mm li.\l)E.\ 1 M I E ROSERO CARRETO


De estos diestros, que fueron contemporáneos de Lu ­
cas Blanco, tolo podemos decir que uo dejaron mal pa-
— ^ —

rados sus nombres, y que, como siempre sucede, no de­


jaron detener sus ¡vleptos. M ;is como sus nombres no
íi o-uní ron en primera imea? ni sb hicieron notables por
ning ún concepto, pues no salieron de lo rutinario, re­
nunciamos á estendernos en sus biograíías, que en na~
d a lia t r í a t i de int er esa r al le c tur*
Nuestro pensamiento al dar a luz esta otra, es. co­
mo hemos manifestado anteriormente, dar á conocer la
vida y hechos de aquellas diestros que más han sobresa­
lido en el arte y que se han hecho célebres por más do
un concepto, logrando que sus nombres pasaran á la
posteridad, envueltos con los laureles que supieron con-
qnitarse en aquellos gloriosos tiempos del toreo, en (pie
solo se rendía culto al v e r d a d e r o a u t e .
CAPÍTULO III

Creación de la Escuela Nacional de Tauromaquia de Sevilla. Los


directores d<_ la lic u ó la . —liio^rafía de Francisco M.ontes
( P n t i t t i . r o i. - Datos bio^rálico^ dt* Jo sé de los Santos,— Pe­
dro Sánchez.—Antonio del líío Jordán. Isidro Santiago Ba-
r ra ¡jjá u. —A n t o ri io C a 1zad iIla.

Iludios era o los espadas que por esta época reco­


rrían las distintas plazas de la península, pero muy po­
cos los que por su trabajo lograban llamar la atención
de los aficionados, pues la mayoría do los diestros care­
cían de las condiciones que para ostentar este título son
precisas, máxime cuando estaba impresa en el público
la muer Le del famoso Costillares: de Pedro lio me i'o, re­
tirado a la sazón del toreo; de los malogrados Pepe-lllo
y Carro OuiUón, y del famoso Gerónimo José Cándido,
imposibilitado de lidiar por sus muchos padecimientos.
Es lo cierto, que por estas y otras caus is, la languidez
de las corridas de toros volvió una vez más á sentirse,
para empezar más tarde cou mayor brillo y animación*
L a s célebres controversias que por esta época tu-
— yoy _
vieron lugar entre los mas distinguidos escritores y
hombres públicos sobre la utilidad ó inconveniencias
del espectáculo taurino, no dejaron de contribuir á la
desanimación por parte del público que parecía p e n ­
diente de aquellas polémicas, doblemente desde Ja pu­
blicación de la célebre Memoria de Jovellanos.
Mas aquel d a l a qitó de la tauromaquia, tuvo su tér­
mino gracias á la ilimitada voluntad del Monarca, que
16 anos antes había decretado su abolición.
Viendo el rey Fernando Y l i el decaimiento de la
lidia en la época que describimos y que de seguir así
era inminente su desaparición, y con ella el agotamien­
to de una fuente de riqueza para su Erario, se apresuró
guiado por hábiles consejeros* á ordenar por medio do
un Real decreto, la creación de uua Escuela Oficial de
Tauromaquia eu la capital de Sevilla.
Po r ser uti documento oficial y de indispensable ne­
cesidad eu la presente obra, el decreto referido, lo
transcribimos á continuación-
II

Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla


uD O N J O S É M A X Ü E L D E A R JO N A , Asistente de
esta d u d a d , caballero gran cruz de la R e a l orden de
Isahtti la Cntolicai pensionado de Vi distin g nida espa­
ñola de Carlos tercero, oficial de la Legión de H onor
del Consejo y Cámara de Castilla, I n te n d e n te en comi­
sión de esta -provincia, Subdelegado de propios^ correos
g caminos, g de montis^ del in te rio r ; Manir ante de la
P ea l de. esta ciudad. Académico de Honor dé l a de San
Fernando ¡f de la de la H istoria ¡ Socio de Mérito de la
<lr. M adrid // de otras carias, e t c e t c .
1:1 a no s a b e r á todos los que á la presente oyeren,
vieron y entendieren, que con fecha 28 de Mayo próxi­
mo pasarlo me dice el Excelentísimo señor Secretario
de Estado, lo siguiente:
üHe dado cuenta al Rey Nuestro Señor (q. D. g) de
la Memoria suscrita por V, E. y por el Sr. Conde de la
Estrella, sobre la conveniencia de establecer en esa Ciu­
dad una Escuela de Tauromaquia, y de lo informado
por V, E,, se ha servido resolver:
1.° l¿ua se lleve á efecto el Establecimiento de
Tauromaquia, nombrando S. M. á V, E, Juez protector
y privativo de ella*
2.° Que la Escuela se componga de un Maestro con
el sueldo de 12 mil rs. vn. anuales, de un Ayudante con
— 2H0 —
G.08Ó rs. 3’ de diez discípulos propietarios con 2 ,0 0 0
reales cada uno.
3.° Que para este objeto se adquiera una casa inme­
diata al Matadero, en la que habitará el Maestro, Ayu­
dante y algunos de los discípulos, si fuesen huertanos.
4.° Que para el alquiler de la casa se abonen 6.000
reales anuales y otros 2 ,0 0 0 rs. para gratificaciones y
demás gastos ordinarios que puedan ocurrir.
5.° Que las Capitiles de provincia y Ciudades don­
de haya Matadero, contribuyan para los gastos expre­
sados con 2 .0 0 0 rs. por cada corrida de toros: las demás
Ciudades y Villas con 100 rs. por cada corrida de novi­
llos que se concedan, siendo condición precisa para, dis­
fru ta r esta gracia que se acredite e) pago de esta cuota,
pagando los infractores por vía de multa el duplo, apli­
cado á dicha Casa Escueta,
Que los intendentes de Provincia se encarguen
de la recaudación de este arbitrio, y se entiendan direc *
tarnento con Y. E., como Juez protector y privativo del
Establecimiento.
7.° Que !a ciudad de Sevilla supla los primeros gas­
tos con la bolsa de quiebra en calidad de reintegro. De
R. O. lo comunico á Y. E para su cumplimiento. Dios
etc., etc. Sevilla 2 0 de Junio de 1S;Í0. J . M, Arjona.—
Excmo. A juntamiento de Sevilla.,,

III

S e g ú n los d o c u m e n to s que hem os consultado, hasta


fines del año 1832, el J uzgado privativo de la referida
Escuela estaba com puesto en la s ig u ie n t e forma:
- 231 —

P residente. — El Excmo. Sr. Asistente.


Secretarios-* Sr. I>* Manuel Bedinar.
D ipu ta do de la Escuela.— Señor don J ua n Nepomu-
ceno Fernández de las Rozes.
Maestros, — D, Pedro Romero, y P. Gerónimo J, Cán­
dido,

Hó aquí como se refiere en los Archivos Municipa­


les la descripción de la referida Escuela y los particula­
res que á la misma se relacionan:
Copiado á la letra, dice así;
^R e a l Escuela de T aurom aquia de S e v illa .—Contigua
al Matadero de reses se ha edificado esta Escuela , cos­
teada con los fondos de la provincia, según real cédula
otorgada por el Bey N. S, (q. D. g.)
„EI circuito interior, ó lugar de la lidia, es de figu­
ra elíptica, con 40 varas castellanas da longitud y 32
d i ancho. En la parte frontera á la entrada, un gran
tendido} que rodea en forma de anfiteatro casi toda la
plaza, y que puede contener cerca de S00 personas. A
los lados de la puerta principal hay otros dos tendidos^
capaz el del lado izquierdo de 170 espectadores y el del
lado derecho de 410. Al estreino de este último se eleva
el local destinado para la Presidencia y á la espalda
una galería que puede contener más de 1 0 0 personas.
La tachada de es'e Estabjecinuent-o está pintado al óleo;
(!¡) ocupando el espacio más i ti mediato sobre el marco
de l'i puerta, ana lápida que contiene la inscripción de
los funcionarios públicos q.ie han entendido en la direc­
ción de esta obra, ejecutada por orden del Rey N, S.
(q. D. g v »
— 232 —
Hé aquí la inscripción de la lápida que estuvo colo­
cada sobre la piurta del Real Colegio de Tauromaquia
de Sevilla, hasta varios años después de la clausura de
dicho Establecimiento, según Real Cédula refrendada
por D. Javier de Bni'gos en J834:

£ REINANDO EL SU. D. FERNANDO YII <tt


Pro, FELIZ RESTAURADOR
SE CONCLUYÓ ESTA PLAZA P A liA LA
ENSEÑANZA PRESERVADOBA DE LA ESCUELA
DE TAUROMAQUIA
SIENDO "JUEZ PRIVATIVO Y PROTECTOR
DE ELLA
EL ASISTENTE DON JOSÉ MANUEL AU.TONA,
Y DIPUTADOS ENCARDADOS
PARA LA EJECUCIÓN DE LA OBRA,
DON FRANCISCO MARTÍNEZ
VEINTICUATRO; DON MANUEL FRANCISCO
ZIGURT, DIPUTADO DEL COMÚN,
Y DON JU A N NEPOMUCENO FERNANDEZ
Y ROCES, JURADO.
© A ÑO DE 1830 &
IV

Pedro Romero, que s t hallab a retirado del toreo en


el pueblo de su naturaleza, fué nombrado director de la
referida Escuela, y como segundo director ay u dan te i
Gerónimo José Candido, diestro 'Je notables conoci­
mientos y maestro practico de los diestros que más se
hacían aplaudir por aquel tiempo.
Estos dos profesores, consagrados con ahinco al
cumplimiento del deber que les había sido conferido, in­
culcaron bien pronto entre sus discípulos los graneles
conocimientos que poseían, suministrados por susgénios
especiales para el toreo, y por su dilatada esperiencia.
En ellos se hallaban dignamente representadas las
dos Escuelas: la de Ronda, por Romero; la Sevillana,
por Cándido.
Con la creación de la Escuela de Tauromaquia, y la
protección que le prestaba Fernando VII á cuanto
ella se refería, hubieron muy pronto de de sp ert arla
afición al espectáculo taurino, en todos los dominios
españoles.
Unido, esto á que con maestros tan notables consa­
grados á la enseñanza de este arte,eran de esperar gran­
des progresos, se comprendía el ptbilo con que fué acó*
gida tal resolución, por los verdaderos amantes de nues­
tro tradicional espectáculo.
En los pocos años que permaneció abierta aquella
Escuela, se lograron iumensos resultados: ejemplo de
ello, el famoso torero Montes y el sin par maestro Cu­
chares y tantos otros, que si bien no completaron en
- 234 —
ella sus conocimientos y enseñanza poi* lo efímero rio la
vida del citado Establecimiento, al menos recibieron
las lecciones mas indispensables.
Muchos fueron los discípulos que desde luego acu­
dieron á la Escuela, entre los qne debemos mencionar á
Montes, Domínguez, Pastor, Cachares y otros que más
tarde adquirieron celebridad notoria por su destreza y
valentía en la lidia de reses bravas* Hallándose próxima
la Escuela al cuartel de la Puerta de la C.trne, donde se
encontraba el escuadrón de caballería del P rin c ip e , mu­
chos jóvenes militares en los ratos de ordo y de vagar
soíian acudir á ella presenciando las lecciones publicas
y conversando amigablemente con el buen Pedro lióme-
ro, aquel famoso diestro, ídolo del pueblo y competidor
de P epe-lllo durante el reinado de Carlos IV, que en
los treintn años en que ejerció su prof^siou, se asegura
que dio muerte á cinco mil seiscientos h-ichos castella­
nos y andaluces, de las más reputadas ganaderías de
(jijón. Salvatierra. Barbero y Lesaea.

Su cuna fué Ohiclaua en 1804. Hi;o del administra­


dor de Monte-Cristo, estaba llamado á seguir una carre­
ra, para )a que ya le preparaba su padre, más depuesto
de su empleo, quedaron defraudadas las esperanzas del
autor de sus dias* Pero como la desgracia suele siempre
— m -
venir acompañada, reveses de la fortuna lo colocaron en
la mas triste situación, pues para ganarse lo mas preci­
so pava vivir, vi ose obligado á entrar al servicio de un
maestro de obias, que corí-padecido de el* lo dedicó á su
oficio,
En los di as que tf nía libres, se dedicaba al capeo de
re fes, en c u y o ejercicio encontraba una agradable
disti acción , pues pensaba que adquiriendo algunos co­
nocimientos en el toreo podría dedicarse de lleno á este
arte y salir de su precario estado. Recomendado á G. J o ­
sé Cándido, vio en Montes reunidas las condiciones pre­
cisas para ser un buen terero, cuales son: valor, inteli­
gencia y grandes deseos, y admirado ele lo que hacía
sin haber tenido maestros ni nociones del arte, solicitó
y pudo conseguir para el joven P a yurro. como empezó
á llamarle, una plaza pensionada en la Escuela de que
ora segundo director y maestro,
Al Jado de profesores tan famosos corno Pedro Ro­
mero y Cándido, con bastante inteligencia para com­
prender cuanto le esplieaban teórica ó prácticamente,
con dotes tísicas envidiables y un gran corazón, ¿cómo
no había de sobrepujar Montes á todos sus condiscí­
pulos?
Cerrada la referida escuela por nuevos acuerdos,
tuvo que retirarse Montes á C hiel ana, donde perdió
lastimosamente algún tiempo, pues solo toreaba en al­
guna q u e otra corrida, mas demostrando siempre con
m i t r a b a j o que las leeciouos que había recibido de tan

sabios maestros no habían caído eu tierra, e s t é r i l , pues


su toreo se diferenciaba notablemente del de todos los
diestros que abundaban por aquella época, que entrega­
dos á sí mismos la mayor parte del tiempo de su profe-
’J 'i.tM Ü 1 1"
— m i —
sión, no habían podido salir de medianías ni hacerse dig­
nos del aprecio de los aficionados.
En 1832 trabajó por primera ves en Aranjuéz, con­
siguiendo llamar sobre su persona la atención de !os afi­
cionados, que vieron en Montes una gloriosa esperanza
del arte. Estos cálculos no salieron por fortuna deírat>
dados.
En el tiempo que permaneció Montes como alumno
al lado de Pedro Romero y Cándido, consiguió aprender
lo mejor de las dos Escuelas; así es que lo mismo reei-
bía que consumaba el v oíala pié con la mayor perfección.
La curiosidad que despertó, en un principióse trocó en
admiración y por último en delirio.
Al año siguiente, 1833, entró ¿ formar parte de las
cuadrillas del Sombrerero y Roque Miranda, consiguien­
do el primero, que se erigió su protector, presentarlo en
la plaza de la corte.
Er an tales los progresos de Montea que avanzaba
á pasos agigantados de una á otra corrida; fie uno á otro
mes elevaba tanto su gloria, que sus triunfos se expar­
chín con la velocidad del rayo, por toda España.
En vano su protector y Roque -Miranda, recurrían
á todos los resortes nobles que pudieran suministrarles
sus conocimientos del arte, para no verse superados por
e-1 referido diestro; todo fue inútil, Xi Juan León, que
gozaba de todos los favores del público, y que hasta
entonces había sido considerad o como el primero,
pudo evitar que su venturoso rival le arrebatara los
triunfos
La ludia que á poco se evitable entre Montes y Ju an
León, absorvió un período notable.
Su serenidad en la lidia, el manejo del capote, con
— aar —
una destreza inusitada; el conocimiento que tenia de las
reses, las cuales parecían supeditarse á su voluntad; la
novedad de verle en rápida Imida de la persecución de
un toro y pararse de improviso, conmoviendo atroz­
mente el ánimo para tranquilizarle en seguida viendo
al bicho detenerse á la vez á una corta distancia; los
j u e g o s sorprendentes entre este notable lidiador y las
r e s e s , ya pasándole el pañuelo ó una zapatilla por el
hocico; ya cogiéndole del rabo y evitando con su arrojo
desgracias que parecían inevitables; todas éstas cosas y
otras muy notables, hicieron de el en muy poco tiempo
uno de los toreros más famosos, consiguiendo que su
nombre quedara consignado con letras imperecederas
en los anales de la historia del toreo*
Los saltos de la ijarrodm y del trascuenta, los llegó
a ejecutar de un modo admirable.
Difícilmente se hallará un torero que con tanta ra­
pidez como Montos haya elevado su nombre á tan
respetable altura. Su vida taurómaca tu ó corta, pero
gloriosa. Corta, porque solo duró den de 18<>i> á lSlÜ, y
gloriosa porque ninguno de sus émulos pudo conse­
guir igualarse á ¿ 1.
Durante su época adquirieron gran desarrollo las
corridas de toros, despertándose la atirión casi adorme­
cida desde p r i n c i p i o del siglo, Apenas terminada la
guerra civil, ó sea desde IS-iOeu adelante, y debido á la
época ele paz que empezó á distrut-arse, S3 sucedieron
con gn;n írecuem ia las f i cs ht s d e toros, las que turnaron
una preponderancia inmensísima.
Viendo Montes que sus facultades materiales iban á
menos, tuvo la prudencia, do reíirurseá la vida, privada*
para reposar sobre los laureles jonquittados en sus ca­
torce afios de constante ejercicio,
— 23H —
La sensación que produjo entre los aficionados la
retirada de] maestro no es para descrita. Tanto insistie­
ron sus admiradores y amigos en que revocase su de­
terminación, que al fin Montes se vio obligado á conr
placerlos, aunque con el triste presentimiento de su
desgraciado fin, pues oon su claro talento no dejaba de
comprenderlos inconvenientes á que puede dar ocasión
la agilidad perdida y ias fuerzas que para el arto se r e ­
quieren,
Por las referidas instigaciones, volvió al circo con
su segundo I% Santera, en 1850,
El entusiasmo que produjo sn presencia en los circos
fué indescriptible. Los p h cernes y saludos de sus ami­
gos le hicieron mas de una vez olvidarse que se hallaba
en el redondel', y por corresponder á tantas muestras
de deferencia, se veía espuesto de continuo á sérios
percances.
Después de haber toreado en varias corridas en
Madrid y en provincias, recibió en la coronada villa
una cogida en una pierna, la tarde del 21 de Febrero
de .1850.
Un toro de-Torre y Rauri; de nombre R u m ió n , co­
barde hasta el punto de haber sido fogueado, después
que Montes le dio un pase na h trah al intentar otro se Je
coló . hiriéndolo encima del tobillo o a la pierna izquier­
da. Después de varios mases de hallarse postrado en el
lecho del dolor, pudo recobrar la salud perdida, aunque
no d e u n m o do c i>m ]>1e t o A i:o11s ej a d o por amigos ver­
daderos desistió de presentarse do nuevo en los cirros y
se retiró á su ciudad natal, donde pocos meses después
le acometió una fiebre maligna que lo llevó al sepulcro.
Como ha habido tantas dudas acerca de cual fue el
— Ü3U —
orig en del fallecimiento de tan famoso torero, no ha ­
biendo faltarlo tn nv\ j filos que la ha a achacado á conse­
cuencias de su última cogida, y deseando nosotros pre­
sentar pruebas evidentes de la verdad, nos hemos pr o­
curado copia literal del acto de su fallecimiento, que es
la siguiente:
«Como Gura Ecónomo de la Parroquia de San Ju a n
-Bautista de la villa de Chichina de la Frontera, Obis­
p a d o y provincia de Cádiz, sábado cinco de Abril de
»mil ochocientos cincuenta y uno, mandé dar sepultura
»en el Cementerio Extramuros de esta villa con oíicio
»de honras enteras, acompañamiento al Cementerio,
»asistencia de diez hermandades y doble general de
ycampanas, al cadáver de D. Francisco Montes, propie­
t a r i o , que murió ayer de una calentura maligna, de
»edil 1 de cuarenta y seis anos y tres meses, marido de
»d *>u;i. tíainnna de A. Iba, natura les y vecinos de esta vi­
al la dunde ca-aron: recibió el Santn Ol¿o, y testó ante
)>don José I Hollado, Escribano público l u c e n esta
»Arilla, en once de Xovietnbre de mil ochocientos trein­
eta y siete,—Concuerda con el original que figura en el
>libro lbf de entienvs, ful i o vuelto*—Chiohma Ji'de
»Mayo de — M a n a d Añeio y Guijarro, Cura P á ­
rroco.»
(Hay un sello parroquial en ti uta negra, ininteligli-
ble.)

VI

tíosG de los Santos-fedro ianchcz


El genio del gran P a q u iro fue una contrariedad in­
vencible para todos los toj eros de aquella época, pues
aunque algunos conseguían distinguirse algún tauto^
110 les era posible hacerle compete nci a f te me rosos sin
duda de quedar eclipsad os por completo, como sucedió
a muehus.
Siguiendo el pensamiento que nos hemos propuesto
en esta obra* solo nos concretaremos á citar sus nom­
bres, sin detallar particularida les, en razón á que sien­
do tantos los espadas de segundo orden contemporá­
neos á Montes* de entendernos en sus biografías liaría­
mos pesado é interminable este trabajo, invirtiendo
muchas páginas sin proveedlo ni utilidad para el lector.
Joüii de ios Sanio* y P e íro S indie? figuraron como
segundos espadas de Montes, de Miranda y de J u a n
León. VA primero, que era una gran figara, inteligente
y bastante diestro en el manejo de la muleta, murió en
"Valencia eu 18-fl, w consecuencia de una herida de es­
pada, que se causó en un muslo,

vn

Antonio del Rio Jordán

Natural de la villa y corte de Madrid, y de oficio


carpintero, en sus primeros años mostró grandes deseos
por seguir el arte del toreo, eu el que eansigaió distin­
guirse siendo aun bastante jó ven. Posteriormente fu ó
segundo del célebre Montes, y aunque no se remontó á
considerable altura, ni su nombre figuró en primera lí­
nea, fué apreciado del público.
- 241 —

YUI

Isidro Santiago (Barragan)


Gomo el anterior, nació en Madrid en 1811. V rimero
como banderillero y mas tarde como espada, figuró en
varias cuadrillas al lado de los principales diestros de
su época. A pesar de que no carecía de inteligencia y va­
lor no consiguió elevarse á gran altura, y no obsten te
los muchos años que estavo dedicado a l a r t e , su nom­
bre quedó ose i', recid o como el de tantos otros contem­
poráneos suyos.
Murió en Madrid la noche de] -1 de Abril de 1S51,
de resultas de una cogida que suirió la misma tarde.

IX

Empezó como banderillero de Juan León, á quien


abandonó pava, torear por su cuenta en plazas de se­
gundo orden. No carecía do buenas condiciones y gozó
de alguna consideración. Trabajando una tarde en San
Genil (ignoramos en que provincia; tuvo la desgracia
de ser cogido por un toro que le causó la muerte ius-
tantAnea. Ta n desgraciado suceso ocurrió el 25 de
Agosto de ISAS.
X

T ia-S in .

.Fue segundo espada de Juan León, primero, y lue­


go de Montes. Siempre procuró seguir las inspiraciones
de sus maestros, alcanzando alguna reputación, sol>1*0
todo en Andalucía, donde se esforzaba por correspon­
der á ias muestras de simpatía que ei público Ja dispen­
saba.
La condii :ta q;ie observaba, alternando en jiwnjft-n y
frajicachí'hti* con gentes do la mas baja esfera, su desa­
liño y derroches, acarrearon su descró.Iito y su miseria
bastante pronto,
Lietira do del toreo, ni uñó al cabo de algunos anos
en la mas apurada y triste si tu ación.
CAPITULO IV

D atos hio**r,ilíeos de Juan Y usL —Ju an Martin, h a S a n t e r a . —


]>io^rutía del irélehre e s p a l a cordobés D. Raíae! Pérez de
( ’uxman,—Manuel hiaz, Im íh .

X T JL a.n . " Ü T u L st

¿Sació en Sevilla en 1S 12 dedicado desde muy joven


d la lidia de vesos bravas, en el Matadero de la referida
cmd-id, suri maestros, los principales matadores de aque­
lla época, h ibieron de de seo lili ir do su p>rveuir, pues
no conseguían de él el aplomo necesario, por mas ad-
ver ten oías y consejos que le daban.
Su tío, oí diestro Luis Rodríguez, con el carino que
da el parentesco, concibió esperanzas y se dedicó coa
ahinco á darle lecciones, consiguiendo refrenarle en sus
impetuosidades y facultades temerarias.
A la creación de la E s c u d a de Tauromaquia de Se­
villa abandonó sus ajustes, á pesar de la escasez de me­
dios con que contaba para subsistir, y entró á lormar
parte de los discípulos, inclinándose más á la enseñanza
— 244 -

de Podro Romero. El maestro tomó empeño y se obsti­


nó en que venciese su dificultad en el manejo de la mu­
leta á fuerza de ensayos, consejos y lecciones.
Una vez conseguidos sus deseos, empezó para J u a u
Yusfc la serie de triunfos desde 1KJ3, en que entró a fi­
gurar como segundo en la cuadrilla de Juan León.
En muy poco tiempo, y gracia? a sus conocimientos
de las reses, gran corazón y toreo serio, se elevó á una
considerable altura, compitiendo algunos anos con el
torero de la época Francisco Montes (Paquiro), al que
disputaba los aplausos.
E n t r e el sinnúmero de lidiadores que pululaban por
aquella época, faé uno de los quemas llamaron la aten­
ción, haciendo concebir lisonjeras esperanzas para el
arte, por su mérito especial ó innovador; más la parca
fiera lo arrebató de este mundo cu lo mas llorido de su
vida, y cuando empezaba á recoger k=s frutos de sus
afanes y desvelos.
Un a rápida enfermedad le arrebató de este mundo
en 1 8 4 2 , cuando aun no contaba anos de edad. Su
pérdida fué muy sentida entre los buenos aficionados,
los cuales deploraron doblemente su fallecimiento, tan­
to por las bellas cualidades que adornaban al notable
diestro sevillano eu su trato interno, cnanto por su afán
de corresponder al aprecio general. Los circos de Sevi­
lla, Madrid y otras capitales de España, son testigos
mudos de sus proezas como espada y consumado li­
diador.
II

Ju a n Martin (La Santera)

Nació en Sevilla eu 1810. Hijo de una familia muy


acomodada de dicha ciudad, estaba destinado á seguir
los estudios de una carrera especial, más su constante
afición al toreo defraudaron las esperanzas de los pa ­
dres del joven J u a u , que persuadido de lo ineficaces
que eran ;>us consejos y reprimendas por hacerle desis­
tir do sus inclinaciones, hubieron de acceder á ellas.
Sus primeros conocimientos en el arte lo.s adquirió
en el iLit.adjroiJü SevilU, y eua ulo estuvo persuadido
que podía presentarse en público, se incorporó á una
cuadrilla de jóvenes principiantes como él, con la que
recorrió las principales poblaciones del Mediodía de Es­
paña, Sus maneras distinguidas, fiuo trato y arrogante
figura, le granjearon muy pronto las simpatías del pú­
blico.
Aunque no prosperó gran cosa en el arte, no dejó da
ser distinguid y, como lo prueba que agregado más t a r ­
de á la ciuiirilla de Mondes, figuró á su lado como se-
guudo espada, recorriéndolos principales circos de Es-
pana.
Sus libertades durante el tiempo de aprendizaje, cos­
teando de su bolsillo todos los gastos de la cuadrilla y
renunciando á la parte que le podía corresponder en las
funciones en que eran co utratadosá favor de sus com­
pañeros de proietión, aminoraron considerablemente su
fortuna, hasta el punto, que en 183G tuvo que eónsít-
gravee á la lidia, como profesión para subvenir á sus
más perentorias necesidades.
A los treinta años de estar dedicado al arte, se. ivúró
dehuitivamente de el, llénduse á vivir á Sevilla al ba­
rrio de San Bernardo.

III

B, Eafael Pérez de Eusmán,


El personaje con cuyo nombre encabezamos estos
apuntes biográficos. era descendiente del modelo tío
fidelidad mas acabada, del Gran G uzmán el Bueno,
q u e tuvo la g ra n d eza de al ina d e a r r oj ur e 1 p u nal. d es -
de los muros de Tarifa, para que los inhumanos sitiado­
res asesinaran cobardemente á su hijo,antes que consen­
tir deshonrarle y deshonrarse él. entregando al enemigo
una plaza, cuya defensa y custodia le había sido confia­
da por su rey y señor.
Nos referimos, pues, al hijo de los condes de A7illa-
inanrique del Tajo, Don Rafael Perez de Guzman.
Nació en la hermosa y rica ciudad de Córdoba, el día
primero de Abril do 1802: muy ni no se trasladó a Ma­
drid, y concluidos sus estudios ingresó en el cuerpo de
Guardias de Corps: mas deseando adelantar en su ca­
rrera, determinó pasar al ejército, dando bien pronto
á conocer uu especial valor y un carácter á todaprueba,
™ 247 —
Infinitas partidas de bandoleros infestaban durante
la época absolutista la regió a andaluza, y para perse­
guirlas fue nombrado Perez de Gruzman, que llevó á ca­
bo importantes captaras, hasta que en 1820 pasó de
guarnición á Sevilla, donde permaneció algún tiempo.
Er a Don Rafael hombre de complexión robusta, afi­
cionado en extremo á los ejercicios de la caza, y gusta­
ba solazarse á menudo con las faenas del campo, pre-
cián iose de buen jinete y de entendido conocedor en
asuntos taurinos, por lo cual en compañía de sil grande
amig'> don Fernando Espinosa conde del Aguila y do
otros caballeros de la nobleza andaluza, que con él en
gusto é inclinaciones coincidían, acomba y derribaba re-
ses en los cerrad')?* y las capeaba y corría con la misma
habilidad que si fuese un practico y famoso lidiador.
Apasionado don .Rafael por las costumbres popula­
res y muy d i lo a bromas, juerga* y aventuras galantes,
contaba tantas simpatías entre los mnjos y toreros como
entre las mozas de rumbo y las niñas de garbo, con quie­
nes era o b s e q u ié ) y hasti el espeso desprendido y ama­
ble.
Concurría Pérez de Guzraan á la escuela de tauroma­
quia, y unas veces por entretenimiento, otras por lucir­
se aiire sus amigos y las más llevado por su decidida
afición, solía sortearlos novillos con tanta destreza que
el viejo maestro Pedro Romero. Pastor. Raiz y cuantos
espadas acreditados lo vieron, tributáronle grandes elo­
gios y celebraron larga mente- las especiales aptit udes
de que es*aba dotado.
Fsio^ elogios, que venían de personas tan competen­
tes en la materia, acrecentaron en él su deMiiedida in­
clinación al toreo, la cual llegó á tanto que de allí á po_
— 248 —
co le hizo tomar una determinación extraña y rarísima
que cansó el asombro de cuantos íntimamente le t ra t a ­
ban y conocían: dejó su noble carrera, sentó plaza, y se
hizo matador: ni las difíciles circunstancias porque atra ­
vesaba España, ni la guerra civil que estaba próxima a
estallar, en la que aguardaba el laurel á tantos valientes,
ni las justas reflexiones de su aristocrática familia hi­
cieron á don Raíael variar de opinión: y atropellando to­
das las coosideracionesy venciendo todos los obstáculos,
una tarde del mes de Agosto de 1831 en que la herman­
dad del Buen P a sto r había obtenido permiso del rey pa­
ra celebrar una corrida á beneficio de los presos de la
Cárcel P e a l de Sevilla, se presentó al público matando
ocho toros gratuitamente, de las ganaderías de Duran y
Vera.
Le honraron, acompañándole en la lidia, los Sres. don
José María Duran, distinguido ganadero, del que eran
cuatro de los toros que se lidiaron, vecino del Puerto de
Santa María: D. Pablo de la Cruz, de Sanhicar de Barra-
meda; D. Miguel Martínez, del Puerto de Santa María:
D. Antonio Lemos, de Alcalá de Guadaira, y D. Josa de
Osuna, de Tocina. que fueron los picadores p i r a la co­
rrida; ayudándole los notables matadores Antonio y
Luis Ruiz, los Sombrereros, para en caso desgraciado,
seguir ellos la íunción.
Se presentó solo en el redondel á lidiar los ocho to­
ros, seguido de tan brillante cortejo, y en medio de los
frenéticos aplausos del pueblo sevillano.
D. Rafael Pérez de Gnzman quedó como quien era:
mató los ocho toros, cinco recibiéndolos y tres á volapié,
con once estocadas, y ninguna baja.
Sentó plaza de matador de nombre desde el primer
— 24U —
momento, subiendo de un salto á la cúspide, Bin pasar
por los primevos escalones.
Desde entonces alternó ya con los espadas de su tiem­
po, y el nno 1831. en una corrida que se celebró en Ma­
drid el día de San Antonio, mató dos toros, recibiendo
tres veces al primero, y de una sola estocada de dicho
modo al segundo* ó sea al cuarto de la corrida.
En lorias partes trabajó con aceptación: y de tal ma­
nera entusiasmó er. una corrida celebrada en Aranjuez,
que la reina Cristina le regaló un magnífico traje azul
bordado de oro.
En la suerte de recibir lucia más su apostura y cora-
zon que en la de volapié, la cual no ejecutaba con tanto
acierto.
D. Rafael Perez de (xuzman, cuya vida respetaron
muchos toros, murió en los llanos de la Mancha inme­
diatos al pueblo de La Guardia, en la provincia de To­
ledo, u manos de una partida de foragidos carlitas, el
día 22 de Abril de 1838, viniendo de Sevilla ajustado pa­
ra trabajar con Montes y Miranda el siguiente día 233 en
que debían lidiarse toros de Veragua.
Tivin'a y seis tinos tenía cuando le asesinaron, y
ocho llevaba ejerciendo la profesión de torero, sin que
lo hubieran causado las reses ninguna herida impor­
tante.
Sus restos se conservan en el Convento de San Isi­
dro del Campo de la villa de Santiponce, provincia de
Sevilla.
Há sido siempre general la creencia de que sólo la
gente nacida del pueblo es la que con mayor ó menor
afición, .se ha dedicado al arte del toreo; circunstancia
que. unida á la índole del espectáculo, ha hecho que se
tuviera por rnucho tiempo por un oficio ele los más
bajos.
El error 110 ha podido ni pu ele ser más lamentable,
puesto que los primeros que introdujeron la costumbre
de lidiai' reses bravas para celebrar todas las fiestas,
fueron los caballeros de la más distinguida nobleza,
que no daban participación al pueblo en estos actos de
valor'y agilidad.
No se contentaron algunos con lidiar reses por pasa­
tiempo, puesto que, llevados de su afición, abandonaron
sus carreras y posiciones por lanzarse desde luego á se­
guir la riel toreo, haciendo de ella su manera de vivir,
y alternando dignamente con los maestros procedentes
de muy distinta clase social.
Entre sus ilustres ascendientes se habían distingui­
do varios por sus aficionen á la tauromaquia caballerosa,
V una señora de la misma familia consta que contrajo
matrimonio con un famoso toreador de Je re/. Su padre,
Don Enrique, era muy aficionado á las fiestas c;unpes­
i e s y derribo de toros. Si guien rio el ejemplo paterno
tanto el como su hermano D. luego, fueron grandes
partidarios de este y otros ejercicios tau roma eos,

IV

Nació en Cádiz en J Slü, Desde muy joven estuvo


dedicado á las faenas propias de la Casa Matadero, do
— 251 —
su ciu lad natal. Debido á sil profesión, adquirió cierto
hábito de luchar continuamente con las reses, que uni­
do * su afición y á su agilidad en sortear y capear, le
indujo ¡i abrazar de lleno el arte dtl toreo.
Primero como banderillero y más tarde como mata­
dor no dejó de aquirir simpatías, dado su arrojo y se*
reniJtd aun en los trances más duros. Mas el .110 ha­
ber Tenido maestro en sus primeros años, ni estar sujeto
su toreo á ninguna escuela, fue la causa de sus escasos
adelantos, y de que su art¿ no correspondiese á su co­
razón y grand-’S deseos.
Como particular era bondadoso con los pobres, en ­
tre k s tjti ^ repartía to lo cuanto tenia. Su trato era muy
codiciado por lo decidor y gracioso de su lenguaje*
Siempre di^pm^to á hr.cer en la pbiza, entre revol-
(jones y sustos lo que el público le pedía, puesto que lo
qne 1c fritaba en arte le sobraba en corazón. Er a tan
aficionado a parodiar grotescamente lo ejecutado por
diestros de fu ñ a que constituía en él un género espe­
cia!, que hacía desternillar de risa aún á his personas de
genio mas adusto.
Fue im'w de una vez á Cuba y Méjico, donde conta­
ba con muchas simpatías, Record ando sus pasados trien­
ios en dichos lugares, solia decir á sus amigos con la
gracia que le era peculiar: «Si gñervo allá, estrono ar
rey da qnella tierra, de siguro.»
Aun en nuestros ciíns suelen recoger los periódicos
en la sección humorística, algunos chistes suyos que se
conservan, pues aun cunndo carecía de instrucción lite-
r n r i «, asistía á ios circuios de los escritores más distin­
guidos de su época, de los que era muy apreciado, y
que a pesar de reconocer su ignorancia, le permitían
TUMOJ l8
— 252 —■
tomar parte en las discusiones más s e m a sobre historia,
literatura, ciencias, etc.,con lo que pasaban los m s agra­
dables ratos, oyendo los disparates que se le ocurrían.
En 1858 marohó á Lima á trabajar vari na corridas,
falleciendo á poco de la llegada de resultas de unas ca­
lenturas malignas.
Sil muerte fue mny sentida en toda Espa ña / pues
aunque 110 llegó á figurar en primera linca, reunía cua­
lidades que le hacía acreedor al aprecio general.
CAPÍTULO V

Fr.iy .Pjihlo Negrón (el'Fraile to re ad or ),— Antonio Lnque (el Ca~


mará"!,—Francisco Arjona Guíllen (Cuchares)—Cuchares y
^Len'liziib.il. —Un cartel célebre, do Cuchares,

2 F i_ ^ a T b l© Ü S T e g 'r ó r x

Visitando archivos y bibliotecas en Estepa (Se-


villa); tuvimos ocasión de Inllar unas Tradiciones P e ­
ruanas, precioso trabajo que vio la luz en el periódico
E l D í a , liaco bastantes anos, bajo la autorizada firma
del notable escritor IX Ricardo Palma.
Por lus datos que hemos podido adquirir en Estepa,
está fuera de duda qi;e el tal fraile toreador fue natural
de dicha población, perteneciendo á una antigua fami­
lia de Italia de las que se naturalizaron en España du­
rante ios primeros años de la reconquista.
Fray Pablo Negrón. era por tanto andaluz y vestía
el hábito mercenario. Enemigo de hacer vida conven­
tual, residía constantemente en alguna hacienda de los
valles inmediatos á Lima, eu calidad de capellán del
fe iv Jo*
ÍVny Pablo lial-ría. sido un fraile ejemplar si el ch~
movió no hubiera desarrollado 6n el uua loca afi ion
por el toreo. Diestrísimo capeador, á pié y A caballn,
pasaba su tiempo en los potreros meando muertes a U s
toros, y conocía, mejor que el latín de su Breviario, la
genealogía, cualidades y vicios de ellos. El sabía bis
mañas del burriciego y del corniveleto, y su lenguaje fa­
miliar no abundaba en ci'as teológicas sino en tecnicis­
mos tauromáquicos.
Hasta 1816 no se dio, en esto siglo, corrida en la
ciudad de los Reyes y lugares de diez leguns á la re­
donda, en cuyos preparativos no hubiera intervenido
Fray Pablo, ni hubo torero que no le debiera útilísimas
lecciones y saludables consejos. El mismo Casimiro Ca-
japaico, aquel'famoso capeador de á'caballo, por quien
escribe el marqués de Valle-Umbroso que merecía quo
le erigiesen estatua, solía decir «Si no fuera quién st>y,
quisiera ser el Padre Negron »
Inútil era que el comendador de la Merced, y aun
el arzobispo Las-Heras amonestasen al fraile para qnu
rebajase algunos quilates á s u afición tauromáquica, Su
paternidad hacía ante ellos propósito de la enmienda:
pero lo mismo era ver un animal armado de puntas co­
mo aleznas, que desvanecérsele el propósito. La afición
era en él más poderosa que la conveniencia y el deber.
Grandes fiestas se preparaban en Lima, por el mes
de Agosto de 1810, para celebrar la recepción del nue­
vo Virey del Peni, D. Joaquín de la Pezuela, marqués
de Viluma. En el programa entraban tres tardes de t o ­
ros en la Plaza Mayor, pues no se efectuaban en el cir­
co de Acho las lidias que tenían por objeto festejar al
monarca ó á su representante.
— 255 ~
Los lístiaes coa que en esta ocasión se obsequió a loá
oi lores, cabildantes y personan caracterizadas no esta*
ban impresos en raso blanoo comj hasta entoaces se
había acostumbrado, sino en raso carmesí. Es verdad
que en ellos, después do enaltecer, como era justo,’la*s
buenas dotes administrativas y sociales del señor de lá
Pezaela, hablaba mucho el poeta de regar el suelo pe-
ruano con sangre de insurgentes. “ *
Fray Pablo anduvo de Hacienda en Hacienda, en
unión de la cuadrilla de toreros, presenciando lo qtte se
llamaba prtwba dal ganado¡ y decidiendo sobre el' meri-
t:> de cada bicho. Los hacendados á competencia; que­
rían exhibir lo más lino de la cría,'y el fallo del merce^
nano era para ellos acatado sin observación. - —
La prueba general dol ya escogido g uiaiJu se efec­
tuó en la (Jliacamlla del Estanco, donde iuxbía^un gran
corral con barí adoros. E a t r e lus toros que allí se proba*
ron, hubo uno bautizado con el nombre de Iiahhnpuffo
y oriundo de los montes de Bates. El torero Lorenzj
I^izi le meó algunas suertes, y en él canto de la tiña es­
tuvo que el animal lo despanzurrara.
Pizi era un negro retinto, enjuto, de largas zancas y
medianamente diestro en el oficio. Terminada la prue­
ba, lo llamó aparte Fray Pablo y le dijo: L
—Mira, negro, como te manejas con el Relámpago,
que aunque es cierto que á los toros más que con bl es­
toque se les mata con el corazón,' bueno es que estes so­
bre aviso para que no te suceda un percance. Ese ani­
mal es tuerto del cuerno derecho, y por el asta sana se
va recto al bulto. Es toro de sentido, de mucha cabeza
y de mas pies que un galgo. Con él no hay que des­
componerse, sino aguardar que entro en" jurisdicción y
— '25tí —
humille, aunque el mejor modo y manera de trastearlo
es á pasa-toro, y luego una buena por todo lo alto. P e ­
ro es suerte poco lucida y no te lo aconsejo. Couque
abre el ojo, negrito, por que si te descuidas te ch..,. el
toro, y ¡abur melones!
— Su merced, padre, lo entiende, como que es facul­
tativo, y ya verá á la hora de la función que 110 predi­
có en desierto, contestó el torero.
Llegó el día dé la corrida. Su excelencia acompaña­
do de su familia, Real Audiencia, Segundo rabo é Ins­
pector de milicias, general IX José de la Mar, y gran
comitiva de ayudantes y amigos, ccupaba la galena de
Palacio, y el ilustrísimo Las Heras, con el Cabildo ecle­
siástico mostrábase en los balcones deia casa Arzobispal.
E 11 las barandas de los portales estaba todo Jo más
granado de la aristocracia limen 4 , así damas como ca­
balleros; y el pueblo ocupaba andamias colocados bajo
la arquería de los portales y gradas d^ la catedral.
Pasando por alto la descripción del toril, situado en
la esquina de Judíos, el lujo de las enjalmas, adornos de
la plaza, distribución de las cuadrillas, y otras menu­
dencias^ que al ca!»o no es mi ánimo escribir un relato
circunstanciado de la función, vengamos al quinto toro.
Era este el famoso Relámpago, gateado, de Bates,
enjalma carmesí bordado de plata, obsequio del gremio
de pasamaneros. Recibiólo Casimiro Ctijapaico en un
alazán tostado, raza del Norte (Andahuasi), y le sacó
cuatro suertes revolviendo y dos á la carrera.
Entró J ua nit a Bren* en un ziino manchado, raza
de Chile, y le dio tren tue?'tes sentando el caballo en la
última para esperar nueva embestida. ¡Por la encarna*
ción dél diablo que se lució la ehma!
A esta, como i Cajapaico, le arrojaron de las baraü-
das muchísimos pesos fuertes y n monadas de oro.
Despues que los chulos se desempeñaron bastante
bien, man ió el Ayuntamiento tocar banderillas. Canto­
ral le clavó con macha limpieza, y á volapié, nn par de
rehiletes en el cerviguillo.
Tocaron á muerte, y armado de estoque y bandola,
se presentó Lorenzo Pizi, vestido de morado y plata,
Eih amiüóse a la galería del ftey, y después de brindar
el toro con la frase: «Por vuesencia, r-u ascendencia,
descendencia y toda la noble concurrencia,» tomó pie
h e n t e á las gradas y á seis varas del pilancóa, qii3 por
ese lado tenía la monumental fuente de la Plaza.
Fr a y Pablo que asistía á la lidm, desde uno de los
andamios del portal de Botonaros, se puso á gritar des­
aforadamente:

— ¡Q:iibate d i ahí, negro jovr.ro. que tienes vuolo.
Acuérdate de la lección y no vayas ¡i dejarme feo.
Pero Lorenzo Pizi no tuvo tiempo para atender ob-
s ovaciones y cambiar de sitio; p u’que el gateado, qué
era pegajosa y ligero de pies, se vino al bulto, y des­
pués del primer pase de bandola, sin dar campo al ma­
tador para franquear el pilancóu y ponerse del lado del
cuerno tuerto, revolvió con la rapidez de su nombre y
ensa'tó al matachín.
Un grito espantoso, lanzado á la vez por quince mil
b >oas; resonó en la plaza, sobresaliendo la voz del mer­
cenario:
— ;Z.ipateta! ¿No te lo dije, negro bruto? ¿No te lo
dije?
Y terciando el hábito, brincó d o la u d a m io y á todo
correr se dirijió al pilancón,
- • 2o8 — • ■
El toro dejó sobre la areua al moribundo Pí zi/pafa
dinjirso sobre el intruso fraile, quien, con mucho des­
parpajo, 8a quitó la capa blanca y se puso á' sacarle
suertes á la criolla, á la navarra, á la verónica, hasta
caus ir al bicln, dando a-í ti-emp > para que los chulos
retirasen al malaventurado torero,
Ante la gallardía con que F r a y Pablo burlaba á la
ñera, el pueblo no pudo dejar de sentirse poseído de en ­
tusiasmo, y al pal motear lo lucido de las suertes, de­
cían todos:
—¡Buena laya de frai e!
Viven aún en Lima personas que asintieron a l a
corrida, y que dicen no ha pisado el redondel capeador
mas eximio que Fray Pablo Negrón.
Muerto el Rdtun¡)(ujo á traicióa por los d* janvtado-
res y el pan ti lie ro Roque, pues ni Esteban Oorujo, qiie
era el primar espa la, tavo o r a j e pira esto jilearlo, lle­
varon á nuestro fraile preso al convento de la Merced.
TJicen que allí el Comendador F r a y Mariano Dunm
reunió en la Sala capitular átodos los padres gravé?., y
que estos, cirio en mano, trajeron á su escandaloso
cmn pañero, al que el superior aplicó u ü o s cuantos disci­
plinazos. Item: se le declaró suspenso de misa y demás
fu u ojones sacerdotales, y se le prohibió salir del con ven­
to sin licencia de su Prelado.
Fr a y Pablo se fastidiaba soberanamente, dél enuit-
rru en los claustros, y su salud comeuzó á decaer. Alar­
madas los conventuales consultaron módicos, y estos re­
solvieron que bin pérdida de tiempo saliese de Linia el
enfermo.
Enviáronle los buenos padres a tomar 'aires á la Mág-
dalena, pueblecito distante tres millas de la ciudad, amo-
hosíándolo ímu;lio para que no volviese a caer en la teH*
t-u-ión de .sa t a r a u w r t v s á los toros. Sermón perdido.
F i a y bablo iveobró la sa. 1nd oomo por ensalmo, tan lue-
g*> como piulo ir tic visita á Orbea. Mata Lechazas y
demás haciendas del valle, y echar la capa a! primer
lú-ho con astas. Al iiti se encontró con ta horma de su
zapato en im furioso berrenda que le d:ó tai test tizada
contra una tapia, que.le ele jó para siempre desconcer­
tado un brazo é imposibilitado para el capeo. Verdad
es que como á los músicos viejos, le quedó el compás y
la afición, y* su diet anea era consultado en toda cues­
tión intrincada de tauromaquia.
El fraile, era voto en la materia.

Antonio. Li:que (E l Cam ará)

Fuó natural d¿ Córdobi, patria de tantos te reros y


tan célebres diestros, Aloi^o Luque y Victoria Gonzá­
lez fueron sus padres. Vió la luz el ó de Julio de. 1814,
siendo bautizado en la parroquial de Santa Marin*.'.
Los primeros años de su infancia los pasó de zagal,
donde he despertó su afición al toreo, con las pruebas
continuadas (pie llevaba á efecto sorteánd olos becerros
de la vacada puerta á su cuidado. Por.lin; resolvió aban­
donar la mis -rabie ocupación á que estaba dedicado, y
empezó á torear por los pueblos i mediatos en capeas y
novilladas, cuando aún no había cumplido los 1G años
de edad.
Cuando se creyó capaz para dedicarse á torero soli­
citó la protección y consejos de su tio el célebre P a n -
— aoo —
r.hón, el cual no le r rg .teó una- ni otros. viéndosele pro­
gresar en Ja profesión que había abrazado; más su ca­
rácter altivo ó independiente lo hacía poco sumiso y
o hediente, lo cual le fue perjudicial en sumo grado. P a n ­
chón \o tuvo á su lado h&stu Í8H5 eu (pie Ib dio la alter­
nativa de matador de toro^: alternativa bastante pre­
matura, por cierto, y que le fue muy perjudicial para
sus adelantas en el toreo.
Por esta causa veíasele delante de h s toros, indeci­
so y descompuesto, y eJ público creyó siempre que era
fhlta de valor lo que le dominaba, lo que en realidad
era falta de experiencia; a^í es que nunca llegó á ser un
espada de renombre.
Los que le conocieron dicen que fue torero teórico
más que práctico, y oyeron gustosos sus lecciones, los
más tardes célebres P e ¡¿ele y Bocana) ra, y su hijo Anto­
nio, conocido por el Cíichar(:$ de Córdoba.
Alternó con los más célebres matadores de su tiem­
po, recorriendo Iu.3 principales plazas de la Península.
La época de su mayor apogeo fue desde JS44 al 50, en
q te empezó á oscurecerse su estrella.
Falleció pobre, en Córdoba, el 11 de Octubre de
1-S5Í), á luS cuarenta y ciuco años de edad.
Al morir, dejó un hi;o de igual nombre; él trató de
inculcarle las principales reglas del toreo, vistos los
gi'andes deseos que el jo ven mostraba por abrazar la
profesión del autur de sus días. Este no se limitó á acon­
sejarle, sino que en el terreno de Ja práctica le dio pro-
Arechosas lecciones, que hicieron concebir á sus paisa­
nos risueñas esperanzas, c i ñ e n d o iba á ser una notabi­
lidad, llegando hasta el extremo de darle el mote de
Luchares, como si quisieran que un dia llegase á ser lo
que éste*
— ¡¿01 —

Desci’aciiidamente
O no ocurrió así.
Hablando de este diestro el señor Sauchtz ftulra^
dice:
«Luque, que algunas veces entraba bien y por de­
recho al arrancar, no se cuidaba generalmente de pre­
parar los toros á )a muerte, no estudiaba la índole ó
condiciones de éstos, y cuando uno se le tapaba ó se de­
fendía, perdía completamente el conocimiento y pasaba
muy grandes fatigas.»
Tomó la alternativa en la plaza de Madrid el W de
J alio de JStó,
En 1880 maro lió á América, falleciendo en Lima ha­
ce unos ocho anos.

El mismo día, en la misma Pila bautismal de hi P a ­


rroquia de San Sebastián, de Madrid, recibían el agua
d A bii;tis:no una nina, la primara t^é con el tiempo una
renombrada actriz; ei segundo un célebre torero. Sus
nombres fueron luego cououid is en toda España: M a t i l ­
de ].)lKZ y E j i A N O i S C J A i í JONA ( j UILLKX,
Era el 1U de Mayo da 1818 cuando Curro vio prime­
ra vez la luz. De muy corta edad se trasladó con sus
padres á Sevilla, quedando huérfano cuando aún no
contaba diez años,
De^oei.diente por ambas líneas, paterna y materna
de los diestros más seíi liados, si bien su padre apodado
Costuras no pasó de ser un mediano matador de toros,
aunque si notable banderillero, mintió en su corazón afán
de corresponder á los ant^cedeates de süi familia y á
los prodigios que había oido relatar en el hogar domes-
— '¿fr¿ —
tico, que aparecían en su infantil i in agí nació a cou'l:i
c ut *11t os f a n t á s t ic o s,
Le muy corta edad, aun 110 había cu ni p' id o 12 años,
se trasladó con sus p ¿idiva á S.i villa, donde por eficaz
recomendación del céebre J min León (Leo/ti-tUo), in­
gresó en Ja Escuela de Tauromaquia, donde demostró
excepcionales aptitudes para la lidia de renes bravas.
El día 26 de Julio de lb?>¿3 mató por primera voz,
teniendo quince años, iuj eral eu la Plaza de Sevilla,
produciendo su trabajo gran entusiasmo.
Juan León le admitió eu su cuadrilla, m is bien co­
mo á hijo que como á banderillero, é hizo por é. cuan­
to le faé dable, presautáudMe en tadas partes como su
discípulo predilecto.
Alternó en M'adrid e;m Juan Pastor ( J B arbero) el
¿7 de Abril (Je .1840. y d *sde entonces íuó luí j de los
espadas predilectos, no sólo del público mad ri leñ a sino
délos de toda Espina, adquiriendo ya Llanurosas sim­
patías por su notable deseo d^ alegrar el espectáculo.
Eli 18Aj reuniéronse en Madrid tres celebridades en
todo su apogeo; Montes, el C h i d a n e r o y el diestro obje­
to de est >s apuatas, quien á pesar da los colonos con
quienes tenía que alternar, n i desmereció en el concep-
t> del p'iblic:), di^tiuguiéa José especialmente por su to­
reo origínale jn los toros da cuidada, para ios cuales
jamás ié faltaban los recursos*
En el referido afi > 1845, trabajó en Madrid, alter­
nando con su maestro J u a n León y con el notabilísimo
José Redondo (el C h i d a n e r o con quien sostuvo larga
y desventajosa competencia, que concluyó, puede decir­
se. con la muerte d : Redondo en 1852.
En 1850 mostró sus relevantes dotes de lidia­
— 263 —
dor en la plaza de Lisboa, donde recibió una contusión,
de las pocas que experimentó en s il vida torera.
Eu l851Tojurrió entre Redondo y Cá vitares un he­
dió que, afortunadamente, no tuvo fatales consecuen­
cias.
Estaba ajustado Redando como primer espada, c n
exclusión de otro, y aprovechando la Empresa el paso
de 0 tiritares para torear en la Cor un a. anunció, por me­
dio de nn cartel de aviso, que tomaría parte en la co­
rrida. si llegaba á tiempo.
Al estar lidiándose el primer toro, apareció en la
plaza Curro con su cuadrilla, y sobrevino el conflicto
que r-ra de temer.
Al tocar los elarin ?s anunciando la liora de matar,
ambos espadns, armados d> muleta y estoque, se diti-
gieron a l a res, dándole Redondo dos pases; á la salida
del segundo atizó Cuchares tan tremendo golletazo. q f e
acabó con la res, en medio de un í terrible contusión de
gritos y protestas por parte de los espectadores.
Llamados á la presidencia, ocupada por D. Pedro
Colón, dnqn ed e Veragua, alegaba Cuchares su derecho
He antigüe Jad, y Redondo la cláusula de su escritura,
que le recon ocía el derecho d i p^iin-n' espada ea la P l a ­
za de Madrid, con privilegio sobre to los los demás.
Muchos años después se repitió el mismo ca-o, si
bien por causas distinias, con Rafael Molina ( Lagartijo)t
En 18o3, á la muerte del célebi'e Ch ¿chinero, qu*jdó
reconocido Cachares por jefe de la tauromaquia, desig­
nándole los aficionados con el dictado de el maestro^ nij-
tado que siempre rechazó modestamente el esclarecido
matador.
Desde aquella época trabajó en primera línea en to­
das las p!a^as ele Espina, distíngivé rióse por su inteli­
gencia espacial ea e! conocimiento de las re^es, sus con­
diciones, resabios, tendencias, defensas y jnegó particu­
lar de cada nna, con cuyo conocimiento eran para él
sencillos y fáciles los toros de más sentido y peores con­
diciones, debiéndose á esto el que jamás hubiera tenido
en su larga vida torera ni'una cogida grave.
Tuvo ídn embargo, serios lances en la lidia, como el
que le ocurrió en Madrid en 1861, con nn toro de esos
que salen para llevarse el dmero de la temporada. L l a ­
mábase el animal L a d r ó n , picardeado, ira icio ñero, astu­
to. y sobre aviso siempre arrolló varias veces al espada,
que al fin pudo matarle de una estocada al encuentro,
tirándose inmediatamente de cabera al callejón, hasta
donde la astuta fiera aún le siguió.
Pero no eran los toros quienes tenían que cortar el
hilo de la vida al renombrado diestro.
Grandes quebrantos en su fortuna v amargos desen­
gaños impulsáronle á abandonar la Península y dirigie­
se á Cuba, donde poco después de sn llegada falleció el
4 de Diciembre dé 1SOS,en Ja isla de Cuba, á consecuen­
cia del vómito, y sus re>tos fueron transportados á Es-
pana. en el vapor Habana, en los primeros di is de Ene­
ro de 1885, dándosele cristiana sepultura el 11 del refe­
rido mes.
Su excesiva generosidad y sus multiplicados rasgos
filantrópicos habíanle captado de tal modo las simpatías
de cuantos le tratarou, que excusado parece decir fue
SU pérdida hon lamente sentida, no sólo por la afición,
si fio por cuantas conocieron el nombre de (.'it charas*
Durante la gloriosa guerra que España sostuvo eu
el imperio de Marruecos, se distinguió Curro por su pa~
2íi5 —
triotismo y esplendidez, siendo el donativo hecho por él
para el Ejército español ano de los más notables; pues
p iso á disposición del general organizador TOO cabras*
70 cerdos, gran número de vacas, dinero, lienzos, varius
cajones cié vendajes é lillas, y todo, en fin, de cuanto
podía disponer.
Rasgo tan noble dá idea del bondadoso corazón de
este torero notable.
Fué un modelo de hijos, de esposos, y un amigo de
sus amigos.
Nadie le habló una vez, sin sentir, desde luego, ha­
cía él corrientes de simpatía.
Hombre de sentimientos nobles y generosos, acudía
con su concurso y con sus intereses á socorrer con ma­
no pródiga los infortunios y calamidades que pesasen
sobre la patria.
A sus espensas se hicieron los funerales del eminen­
te hombre de Estado .1). J u a n Alvarez Mendizábal, de
quien era Cuchares gran amigo y admirador.
He aquí como describió hecho tan meritorio el notable
escritor y entendido taurófilo D, Manuel López Calvo. (1)

Cuchares y Mendizibal
«Mendizabal fué ministró en España, Esto no tiene
nada de particular, porque* eD España quedan pocos es­
pañoles que no hayan sido ministros.
Pero ni la índole de nuestra publicación ni el obje­
to de esta artículo tampoco, nos permiten hacer consi­
deraciones políticas.

\\ ) .En .Mailríd, el 10 de Noviembre de 1HJ0.


— 2tíü —
Concretemos, pues, la cuestión.
Mendizabal, que fue ministro varias veces, goz ¡ba
do muchas simpatías, no sólo en España bino en el ex­
tranjero, donde tenía muchos y valiosos amigos, fjne,
como la princesa María de la Gloria en Portugal y su
padre, mostraban á Meadizábal una amistad á toda
prueba.
Pero Mendizíbal. en medio de las tempestuosas tor­
mentas de la vida en que se encuentra metido el hom­
bre público, exparcía su ánimo en inocentes pasatiem­
pos, mostrando particular predilección á la tauroma­
quia, esa fiesta tu i generalizada en España, que li dá
carácter y Ja singulariza sobre todos los pueblos del
mundo/
De esta afición, resultó una gran amistad con rd
simpático y popularísimo Francisco Arjona Herrera,
mñs generalmente conocido por Curro Cuchares. Amis­
tad tan sincera, han honrada como hoy no se conoce
Mendizáhal hizo uu ivgalo á í V/rV/n.
Aquel regalo, fue un chalaco que O un 1o exhibía ^n
todas partes, corno un objeto muy estimable pnra id.
¡Cuántas veces aficionarlos crutt mp'* roneos fie Curro,
liemos oido decir, que asistían *i casa ríe la sonora Mar­
garita, en la calle de las Huertas, frente á la casa de la
Cuesta, donde Cuchares. con el chaleco regalado puerto,
explicaba algunas suertes y hechos taurinos, y luego,
golpeándose el pecho, exclama! a, con todo el enlusins-
nio de su noble cora/ón:
t; 1 si na* q liaran los ftt'tbhcos aquí ij*i 't la- firarlrc en el
refj'do qua viu hit hecho m í adm i a d )r ¡). J a a n Alvar*'?
M e n d i'á h a l, que es el prim or mozo fju.ruo que hatf en IfJs~
ptmtk „
— 2G 7 —
Y esto lo decía rodeado de aficionados tan distingui­
dos de la época, como buenos patricios y excelentes li­
berales.
Cfichares y Mendizábal se encontraban identificado?)
digámoslo así, en su carácter bondadoso, y no se que­
daba por cierto atrás Mendizábal en hacer buenas y
justas ausencias de C u it o .
« CfichareSj decía muchas veces, tan importante
hombre de Estado, es un alma de Dios, generoso hasta
]¡t exageración y crédulo hasta lo inconcebible; en estos
tiempo?, emplea su dinero en prodigar la caridad, poco
agradecida generalmente, y en negocios especulativos,
donde resulta perjudicado.
Pero es un torero, y él ganará con los toros, en los
muchos anos que aun le quedan por lidiar, lo que pierda
en sns asuntos.»
Y murió Mendizábal, y se encontró con que en su
cusa no había ni lo absolutamente necesario para cos­
tear u ji pobre entierro á un hombre t a n grande, tan
ilustre, tan noble.
España, que tanto le debía, no supo ponerse á la al­
tura de las circunstancias, y aquel hombre de Estado,
estuvo á punto de ser sepultado en la caja de Ja parr o­
quia, caso que el clero, que no le tenía buena voluntad,
hubiese permitido dar la caja.
Pero Cfichares} aquel torero que todo era corazón,
supo la desgracia y corrió presuroso á casa del ex-mi-
nistro y allí dejó una cantidad más que suficiente para
los gastos; y lloraba Cachares como un niño, ante el ca­
dáver de su amigo, mientras la patria, en su inmensa
mayoría, ignoraba aquel suceso.

TOMOI
— 268 -
Por eso el nombre de C uchares y M kxdíjjáiu Ii irán
siem pre unidos en nuestro pueblo.

P la za cLe Toros
IDE M A D R I D

En la tarde del domingo 10 de Octubre de 1852 (si


el tiempo lo permite) sí verificará la 19.* *nedia corrida
de toros (16a de abono) de las concedidas á los hospita­
les generales de es ai córte.
Presidirá la plaza e' Exorno, Sr, Gobernador de la
provincia.
Se lidiaran ocho toros de las ganaderías y con las
divisas siguientes:
Cuatro del Excmc. Sr. Co^de de Buena Esperanza,
Marques de Gavivia, vecino de Madrid, divisa encarnada.
Dos de D. Gaspar Muñoz, vecino de Cit dud-Keal,
divisa verd^.
Dos de D. Mariano García León (Tellez), vecino de
Colmenar viejo, divisa turquí y rosa.
Orden para la sal i.la de los toros y sus nombres.
l.° de Gavira, Sombrerero.—2.° de Muñ iz, Diabli-
to. — de Tellez, Yenao,—4.° de Gaviria, Malagueño.
—5.° de Gaviria, Gonzalo.— G.° de Gaviria, Gitano.—
7.° de Muñoz, Larg'uito,—S.° de Tullez, Retinto.
LIDIADORES
Picadores.—A los cuatro primeros: J ua n Martin (el
Pelón) y Manuel Martin (CastañiUs).—-Para los cuatro
últimos; Lorenzo Sánchez y Francisco Puerto, con otros
— 5¡69 —
tres de reserva, y supliéndose en caso necesario los de
lina tapida con la otra, sin que en el caso de inu'ilizarse
todos si et ví pueda exigirse'que salga fio tiros,
Espadas*— Francisco TÁ'rjoha 'Guillen (Cuchares),
Manuel Trigo y Manuel Atjonfa G-uilléi, á cuyo cargo
estarán las correspondientes cuadrillas de banderilleros.
Media espada*—José Muñoz.
El ganado se lia 11:irá el sábado póri la tarde en las
inmediaciones d a l a venta del Espíritu Santo y se veri­
ficará el encierro á las 0 , viniendo por el .camino de
ITortaleza. El apartado so hará en la.plaza el domingo
á las doce y media, permitiéndole verle únicamente
desde los balcones del corral y toriles Los billetes jal
precio de cuatro reales, se expenderán en las misma
plaza desde las once y media en adelante.— Se previene
al público de orden de la autoridad:
L° Se pruhibe absolutamente que los concurrentes
se dirijan improperios ni insultos de una á otra loca­
lidad, como igualmente el que s? critique ó haga burla
de los trajes ó adornos que cada cual lleve, ni que se in­
terpele para que se quite ó ponga cualquier prenda de
adorno ó vestido; en la inteligencia que los tranagre­
sores se pondrán á disposición deISr. Presidente para
imponerles el casi-igo á que se hayan hecho acre elores.
—2.° Que está prohibido arrojar á la plaza, naranjas,
cáscaras, piedras, palos, ni otra cualquiera cosa que
pueda perjudicar á los lidiadores. —3.° Que nadie p ue ­
de estar entre barreras, sino los precisos operarios, ni
bajar de los tendidos hasta que esté enganchado el últi­
mo toro.— 4 .° Que no se pueden introducir en los pal­
cos n ú s que di^z perdonas, para evitar un hundimien­
to.— Y 5.° Que no se lidiará mús número de toros que
el designado en este cartel,
—270 —
PRECIOS, Sol Sol t Somlm KomW»

j Barreras y tabloncillos
Tendidos, * . , coa entrada.. . , t 6 % 11
Asientas comunes.. . , 4 » 7
(Delanteras y tablonci-
Gradas. • , , J Ung................................ 10 16 ]8
Ceutros. S 11 13
Delanteras y tablonci­
Andanadas,, llos................................ 15 18 22
Centros..................* . 9 13 15
talcos.. ■. . . ■................................., 110 ISO 200
Los despachos de billetes se establecerán en la
Puerta d«>l Sol, tienda de la casa mim. 5, y en la Plaza
del Progreso, tienda de la casa núm. 10; y estarán
abiertos el viernes, desde las 10 de la mañana hasta el
anochecer. El sábado se abrirá solamente á las mismas
horas el de la Puerta del Sol. Y el domingo, dia de la co­
rrida, lo estará hasta las dos y media de la tarde, y des-
pues se trasladaiá la venta á otro despacho que se esta­
blece en la Plaza de toros; y se advierte, que una vez
tomados los billetes.no pueden devolverse; y que á los
asientos comunes de tendidos al Sol se entrará pagando
á las puertas. Los dependientes de la Autoridad estarán
en los despachos con objeto de que no se apoderen de
los billetes los sujetos conocidos como revendedores, y
á fin de que todas las localidades entregadas por la En-
presa sa expendan al publico sin reserva de ninguna
clase.
Las puertas de la plaza se abrirán á las dos.—Las
principales para la entrada del publico al redondel.
- 271 -
liasta qué se haga el despejo, á las tres.—La corrida em­
pezará á las tres y media.—La brillante banda del Re
gimiento de Ingenieros, tocará aires Nacionales y pie
zas escogidas, desde las tres de la tarde en adelante.

Madrid. Imp* de Alonso, Capellanes, 10.


CAPÍTULO VI

Biografía de Manuel D omínguez í-ampos.—Sus aficiones taui i-


íiiis.—Alumno 011 la E sc u d a (L; Tauromaquia de S evilla.— In­
trusa en la cuadrilla del Sombrerero. — Se cmbnrea para Mon­
te video.—A ljiLtíUos-AirtiS.—lí egreso de I >omin<^uez á España:
su primera, corrida en Sevilla.— Do A nnjuez á Madrid.—Su
época de nuivor a p o c e n — Fatal co^Mn de "Domínguez, en el
P u e r to .—Üo-n si d elaciones tina les. —JjOS úli irnos años de su
vida, Fallecim iento de Domínguez.

Z L vdZ a-rxu-O l ^ o z c n i n - g r u - G z

El d(a 27, de Febrero de 1810, á la hora en que las


campana* de la antigua iglesia de la villa de Gal ved da-
ban el toque de o racionen, varios vecinos del pueblo,
penetr aban en dicho templo, qce guar-.’a gloriosas me­
morias por ser Landaciói ¡le los Í bistres duques de Al va.
En la capilla baa^.-smal de esoa iglesia se celebraba
en aquel acto el pr.mero y llus apacible de nuestros Sa­
cramentos. El señor cj.ra D. A u ^ n o de . Jurgos.. derra­
maba de su concha el agua pariñeadora sobre la tierna
cabeza de una ciia ura nacida en aquel día, á quien se
le daba, el nombre de Manuel María Antonio, hijo legí­
timo de Cristóbal Domínguez y Rosalía de Campos, ve­
cinos de aquel pueblo.
Los padrinos, Antonio Garrido y Josefa GonzUez?
su mujer, honrarlos labradores del mismo, con dulce y
religiosa fe unían sus ruegos á los del venerable sacer­
dote, q :ie en tan sublimes instantes pedía al Todopode­
roso ;>or la felicidad entura del recien nacido.
Durante la manor edad de Manuel pocos acaecimien­
tos de interés debemos referir, porque en esos años son
mu y escasos ios sucesos notables que acontecen. Sin
embarco, haremos particular mención de su orfandad?
que sobrefino cuando apenas contaba tres anos, en qu e
murió su padre á ;os cuarenta y cinco de sil edal. Con
este motivo. D. Francisco de Paula Campos, capellán
que era de las monjas de la Paz. y t'o carnal de Domín­
guez, lo trajo á Sevilla, donde vivió á cargo de él, en
uuión de su viuda, madre.
Su educación, por consiguiente, fue procurada con
esmero; aprendió des\ie muy ^equeno la instrucción pri
maria. y cuando cenia diez año:s estudiaba eu la Univer­
sidad ríe Sevilla la segunda enseñanza.
Es ta carrera, que había emprendido por la dirección
del capellán, su tío, qued'-' . avalizada pov la muerte de
éste eii el ano 28; pues aunque heredó de él una finca,
de las cuatro que dejó el capellán, ya bullía en la imagi­
nación de nuestro joven un pensamiento que en vida del
tío no se atrevía á declarar. Era la afición al toreo. Ya
ardía en su pecho ese deseo que en la juventud es tan
fuerte, aprovechando cuantas ocasiones encontraba de
salir al campo con sus amigos á torear becerros, recreán­
dose y perdiendo su trabajo, ya otras veces, burlando la
^ 274 —
Vigilancia del alguacil portero, entraba eli el Matadero
y tomaba lecciones del que le parecía más diestro.
Era también de n ot a r que en edad tan sencilla, pues
tenía trece años, reunía Domínguez una prudencia extre­
mada, una serenidad admirable, pues no liego á cono­
cer el miedo; y estas circunstancias, unidas á su buen
trato y á su formalidad, le hacían apreciable para todos.
Su madre, que no sentía como e ! las esperanzas que
presta una afición, hizo que aprendiese el oficio de som­
brerero: y el hijo obedeciendo á los maternales precep­
tos, se resignó á cumplirlos, aunque, si liemos de decir
verdad, no fundaba él su porvenir en los sombreros,
y más de cuatro veces dejaba la plancha y tomaba el
capote, porque decía, y con razón, “que su afición era
muy viva y su oficio muy pesado.,,

II

En este mismo año recordarán los antiguos el II. 1).


de D. Fernando VII, en que mandaba se abriese en el Ma ­
tadero l a célebre Escuela de Tauromaquia, asignando
sueldo á tres maestros y cuatro alumnos; que aunque só­
lo duró dos anos escasos, produjo en la afición muy bue­
nos resultados. El nombramiento de primer maestro re­
cayó en el tan célebre matador Pedro Romero, retirado
ya de su ejercicio por su edad de ochenta y dos años,
hombre de grande inteligencia en el arte, y de un aplo­
mo singular que no supieron imitar todos sus discípu­
los. A Jerónimo Cándido se le nombró segundo, que
reunía á su gran experiencia su buena inteligencia y
— 275 —
¡itiírión. con ta nd o de anos, como éi decía. ^ 1res duros y
in e (Iitj ,» y d e t erc er m a e s t r o á A n t o n i o P u í z : el S o m ­
brerero.; El primero g an a ba P2.Ü0Ü reales, el segundo
SA)(j() V el tercero G.UÜU. Este último, por hallarse t o d a ­
vía en b u e na edad y mejor posición* y halagado p or los
aplausos del pueblo, que le premiaba como ol mejor de
los m a t a d o r e s que t r a b a j a b a n en aquell a época, sólo es­
tu v o un mes de m aes tr o en di cha escuela, siguiendo
sus t r ab aj os en las plazas más famosas.
Manuel Domínguez vio el cielo abierto para su afi­
ción al instituirse tan bu en género de eus< fianza torera,
y entro en clase de discípulo, corno otros varios, además
de los alumnos pensionados.
Aquellas eran corridas en regia, porque se gozaba y
se aprendía: allí concurrían á tomar lecciones los más
diestros espadas, como Francisco Montes, y entre otros
mu dios discípulos, haremos mención de J ua n Pastor,
J ú a n Yut, notable por su ligereza: Cftcharcs por su sa­
gacidad: Antonio Monge (el Nef/rHo), célebre por sus
cuarteos: Torrecillas, Majaron, Montano [el F raile) y
C al zad i 11a ( CoUUa)t
Ent re éstos, Manuel Domínguez, uno de los más j ó ­
venes. empezaba ya á lucirse con las banderillas, dis­
tinguiéndose por su aplomo y valentía eu general y sin-
galanzándose en el capeo. La escuela antigua del toreo,
que nosotros nos atrevemos á llamar la escuela de la
verdad, estaba repren sentad a dignamente por Pedro
Romero, que con tanto interés trabajaba porque la a d ­
quiriesen sus discípulos, y Domínguez ha sido el que
mejor la comprendió, adoptándola como sistema y co­
mo deber. Allí se veía al buen maestro entusiasmado
siempre, y siempre como un oráculo predicando á los
- áítj —
)nnchach.os las reglas y anunciándoles los peligros. Ouail-
do se tocaba á matar el bicho, se colocaba Romero á es­
palda del matador discípulo, y, con la voz del saber, He
cuando en cuando se le oía decir: — w¡Pára los pies!.,
—Cuando el animal rehusiba á la muerte, mudando rio
lugar, decía Pedro;—ü¡Estos se matan donde ello:
quieren morir!n—-Otras veces qne el novicio espada se
mostraba indeciso, gritaba el maestro;—u;No hay que
temerle á esos picaros! ¡Entra palo y vista.. .Ia—Pero
sin dejar de repetir á cada instante: — “¡Para los pies!,,

III .

Ya sabemos que los primeros conocimientos de Do­


mínguez fueron hijos de su maestro Pedro, cuyo gene-
ro abrazó decididamente con honor, y decimos con ho­
nor, porque para seguir aquel toreo era preciso todo el
valor y todo el carácter que desde aquella edad se al­
bergaban en su pecho.
Tres eran los matadores de más reputación en aquel
tiempo: Antonio Ruiz (el Sombrerero), valiente y enten­
dido, que se acercaba más que los otros al género del
gran Romero; J u a n León, torero de saber y estratégia,
y Francisco Rodriguez (Panchón), cordobés, de puños y
de arrojo.
El primero de éstos sacó de banderillero á Domín­
guez en la p'aza de Sevilla, siendo secundados así los
deseos del joven, por ser este segundo maestro parecido
al primero. Después trabajó al lado de Luis Rodríguez
de San Bernardo, en las plazas de Zafra, Llerena»
Fuente Maestre, Badajoz, el Castaño, Jabugo. Ronqui*
— 277 —
lio y Utrera, ¡i las cuales también fué de matador ett
otras ocasiones, llevando banderilleros de so época, en­
tre quienes se contaba á Manuel Trigo.
Prosiguiendo así, con algunos adelantos en la espa­
da, llegó el año de 1836*
F u dicho ano le propusieron un ajuste muy ventajo­
so para trabajar de primer espada veintiocho corridas
de toros qne habían de lidiarse en Montevideo, en el
término de siete meses; hallándose capaz y aconsejado
de personas inteligentes, admitió la propuesta. Reunió
una lucida cuadrilla, entre quienes sa bailaban Torreci­
lla». Francisco Carnero y Francisco Botija, de la Lila»
llevando de picadores á Carlos Puerto y Luis Luque de
Ciídiz; y á favor de brisas bonancibles, salió Manuel con
su gente de la hahía de Cádi>s en la fragata española
IColo. Fste es el mejor testimonio de la verdad, y cree­
mos será suficiente dato para los dudosos.

IV

Veinte años tenía Manuel Domínguez cuando, im­


pulsado por los justos deseos de adelantar en su crédito
e intereses, se decidió á surcar los terribles mares que
separan á España de la República del Uruguay, cuya
capital es Montevideo. Al ea-bo de mes y medio de una
penosa navegación, llegó la fragata al puerco de Mon­
tevideo* siendo recibida la cuadrilla torera con general
entusiasmo por los aficionados, que tenían las mejores
noticias del espada qre.'ia dirig'a: y se aíirmó más esté
alecto por los nalarales de 1 país, ante la simpática pre­
sencia de Domínguez, que á todo el mundo inspiraba
bondad y nobleza de corazón.
— 2Í8 —
.La lidia de las veintiocho corrí chis contratadas tuvo
sus inconvenientes desde luego, porque a los cuatro me-
yes de la llegada de Manuel, empezó á alterarse la t r a n ­
quilidad del país por una continua revolución, haciendo
tomar parte en el servicio de las armas á te dos los es­
pañoles,por no estar reconocida la independencia y 110
tener cónsul.
Durante los cuatro primeros años de Ja permanencia
de Domínguez en aquel país, sólo pudo trabajar quince
corridas de toros de las veintiocho ajustadas, en las cua­
les se le admiró por sus excelentes cualidades de mata­
dor, pues allí no habían visto nunca tanta serenidad de­
lante de una fiera, ni tanta gracia en el manejo de una
cape, cuando apenas sin mover los pies burlaba al bicho
de más sentido. Sin embargo, poco leer á posible ade­
lantar en aquel estado, y más fácil le sería á cualquiera
olvidar lo que sabía, que aprender lo que no estudiaba.
Triste era la situación del joven matador durante
toda aquella época, pues si bien le complacía hallar en
la guerra, donde por precisión tomaba parte, un estímu­
lo agradable para su genio emprendedor y valeroso, no
podía olvidar con gusto que su favorita afición se encon­
traba sepultada en el olvido. Además de las continuas
refriegas de trastornos que le producía aquella desastro­
sa guerra de partidos, las noticias que recibía de Espa­
ña no le eran nada lisonjeras, al saber los adelantos y
iama que engrandecían á muchos de sus compañeros de
escuela, y más que todo por la infausta nueva que reci­
bió el año 38. Los que sabemos todo lo que vale el ca­
lillo de una madre, podremos comprender muy bien el
profundo sentimiento de Manuel Domínguez cuando su­
po que había muerto la suya en dicho año; hasta ou-
— 279 —
toncos no sintió la ausencia de su patria, ni caviló en la
inmensa distancia que le separaba de ella. Varias veces
pensó en aprontar medios para volverse a España; pero
su honor estaba empeñado en la guerra del país, tanto
mas cuanto que siendo uno de esos hombres que valen
por la representación de su honradez y por lo temible
de sus armas, le comprometían al riesgo de aquellas
empresas militares.
La coronación del emperador del Brasil D. Pedro II,
fue un motivo poderoso para despertar en Domínguez, de
nuevo, sn entusiasmo tauromáquico* pues las fiestas na­
cionales se extendieron hasta promover corridas de to­
ros. Pasó Domínguez á Rio Janeiro, capital del impe ­
rio, donde llevó parte de su misma cuadrilla y lidió cua­
tro famosas corridas, aplaudidas del mismo modo que
las demás por aquella población y por sus príncipes,

Desde allí se embarcó para Buenos Aires, y aunque


la navegación no es larga, suele ser peligrosa en esta­
ciones como aquella, llamada del equinoccio, en qun uu
temporal se sigue á otro temporal. A los pocos días de
salir á la mar, fue el buque abatido por furiosas borras­
cas, que lo descompuso é inutilizó, rifando sus velas,
desarbolando sus palos y rompiendo el timón. Eu tan
supremos 3^ terribles instantes no se vio á Domínguez
perder su ánimo ni su valor.
Él y el capitán del buque eran los únicos que des­
preciaban el peligro, alentando á los marineros para re­
parar el timón con Un aparejo de horquilla, y mantener
— 280 —
el equilibrio achicando sin parar con la botnba el agua
que bacía* para lograr, como se verificó, qu acuando cal­
mase la tempestad pudieran aprove.kar los mementos
y entrar en Baenos-Aires.
Su idea al visitar esta ciudad fué el solicitar permi­
so para hacer una plaza de toros, y no padiendo conse­
guirlo, por hallarse en estado de sitio casi todas las re­
públicas americanas, tuvo 'me dedicarse á los trabajos
que allí se acostumbran, como süjI el bolear y enlazar
las reses. Luego ;;ue lo aprendió, eslavo de enlazador y
capataz de varios saladeros de aquellos países; en el de
D* Simón Pereira, D. Prudencio Rosas, la Francesa,
Seis valientes y de Chamberí.
En el transcurso de este tiempo faé nombrado tam­
bién jefe de uú a partida de campo para hacer presa i
los indios bravos de los caballos y demás ganado, para
el abasto de la ciudad y equipo del ejército.
Hizo varias expediciones, internándose en terrenos
indios, en donde varias veces dio pruebas ele sn gran v a ­
lor y pericia, batiendo con heroísmo, al árente de su pe­
queña partida, las masas broces de indígenas que les
acometían para arrebatarles el ganado que custodiaban.
Siempre salió ileso de estos graves peligros y raras
aventuras. En mía ocasión que se perdió de su gente
por entre los atajos de unas montañas desconocidas pa­
ra él, se introdujo insensiblemente en el paraje de los
bárbaros, viéndose n poro rodeado de aquellas tribus.
Otro que no tuviese la serenidad de Domínguez, hubie­
ra sido víctima de aquellas fieras humanas. L s miró
tranquilo; observó sus vestidura3 y sus gestos como el
que observa unas sombras chiuescas, y gracias á esta
calma, que inspira la paz hasta á los animales, logró sa­
lir á salvo de ellos y encontrar á los suyos.
— 528Í —
Así continuó hasta diez y siete años, pensando sin
cesar en su afición y sintiendo no hallar medio para rea­
lizar las ilusionen de su arte y los deseos de su esperanza.
VI
En la primavera de 1852 se decidió por fin á volver­
se á España.
Se embarcó en la fragata A m alia en el puerto de
Montevideo, y a los cuarenta y dos días (30 de Mayo) se
hallaba eu Cádiz.
El primer paso que dio, poco después de su llegada,
fue dirigirse al matador que le parecía de más mérito,
pidiéndole trabajo para ir recordando la escuela de sus
principios y perfeccionarse á su lado; tal era la fama
que había llegado a sus oídos en América sobre aquel
compañero suyo. Recibióle el matador de fama con
frialdad muy triste, y le dijo que por entonces no tenía
nada que darle; que si algún día podía hacer algo por él
entonces vería lo que valía, y que mientras tanto por
ahí había plazas donde pudiera buscar la vida banderi­
lleando. Mucho sintió Domínguez esta singular acogida
de un compañero, Cerró sus labios y tuvo paciencia: pe­
ro nos atrevemos á adivinar que para sus adentros dijo:
“hoy sufro tus desaires con resignación, pero algiiu día
me he de poner enfrente de tí para que conozcas lo que
puedo valer.n Este sin duda alguna, fué el primer estí­
mulo de Domínguez en la era de sus grandes adelantos.
Pocos días tardaron en que, queriendo unos aficio­
nados del Puerto de Santa María probar lo que recorda­
ba Manuel de su antigua escuela, prepararon en una po­
sesión de campo un corral, en el cual lo encerraron*
echándole un toro de seis yerbas.
— 282 —
Esta prueba es uno de los hechos más notables de
la vida de este torero, porque después de diez y siete
años, en que apenas había toreado, se admiraron los
asistentes al verle capear como no habían visto a ningu­
no en desen voltura y gallardía, poseyendo todos los re­
cursos necesarios, sin salir de su terreno, ó impávido
siempre delante de la fiera-, hasta rendirla y pedir otra.
Los que esto presenciaban se dieron por satis lechos, v
las noticias de su bizarría se publicaron por todas par­
tes, de modo que no se oía hablar más quo de el A m e r i­
cano, como entonces le decían, .siendo muy español en
cuerpo y alma/
En Sevilla se supo al instante este suceso y lo saca­
ron en seguida de matador, alternando con Antonio
Go n d e (1) E ú es t a p r i m era oo r r i d a s e notaron desde
luego muy buenas disposiciones en el nuevo espada, por
los recuerdos que mostraba de una ciencia antigua: *la
una escinda (pie había íorinad o sus principios, aunque
en sus 1110vimientos estaba algo tardo, ya fuera por fal­
ta de uso. ya por la costumbre que en diez y siete aiV>s
había adquirido de montar á caballo. Sin embargo, ca­
peó con donaire al natural, puso banderillas de frente, y
en la muerte dio pases de pecho tan ceñidos como no s
habían visto desde sus maestros. Los aplausos de la nuil-
libad resonaron y suscitaron en el una animación feliz
y necesaria para adelantar; así es que ni poco tiempo,
on la corrida que trabajó en el Puerto con el Xulantaii-
q 11i no , m arca ba y a b i en ias e s i o cad as. d a,sa rr o 11a n d o d es -
de-en ton ¿es ese maravilloso valor que todo el mundo ha
admirado. Volvió á lidiar en Sevilla otra corrida enn

i n Vóasü copia ínt-e^r;* <lel cartel, :il liiuií íh; c*fcn Mogral'úi.
— ¿So —
Conde, gusta 11Jo más, y después otra en Cádiz con el
Tato.
Al siguiente a fio de lS-j)í alterno con Casas (el Silla-
manqaiito) en Sevilla, empezando ya á hacerte notable
en los volapiés, por el que dio al primer toro, desafiando
siempre, y plantando buenas estocadas reciben do. como
la que dio al toro quinto; y en el mismo ano mató con
el Yiyi en plaza partida.
Kué al Puerto de Santa María, y el día 15 de Agos-
tu recibió allí una herida en el muslo derecho, al recibir.
Volvió á Sevilla, y teniendo contratada una corrida
en Jerez, y después otra en Sevilla, le instaron los em­
presarios de ésta para que no marchase á ‘Jerez, por el
nial estado de sil herida, haciéndole presente el facul­
tativo que no respondía de la gravedad, y todas las co­
sas (¡lie se dicen para conseguir un objeto: pero él les
con testó que no faltaría quien Je curase, y así como
sería bueno para cumplir sus compromisos en Sevilla,
dobía serlo también para no faltar a los demás, mar ­
chando allí .>in t^ner que lamentar consecuencias.
A poco en Sevilla toreó con Lucas, luciéndose en un
metisaca fina!, muy diferente á ios que usó al principio,
y en sn valentía en los quites de caballos.
La corrida del día 25 de Septiembre fué memorable
para los aficionados, por los ocho bravos toros de Saa-
vedra que se lidiaron, y porque habiendo sido herido
el desgraciado Lucas, en la muerte del primer toro, ma­
to Domínguez los seis siguientes de dos estocadas reci­
biendo y cuatro magníficos volapiés.
Desde este día el entusiasmo del público creó la jus­
ta fama de Domínguez, por su abnegación y su inteli­
gencia.. Hasta entóneos se había creído que las snertea
TOMO I 20
— ¿84 —
y estocadas de este lidiador eran 1rijas do la casualidad,
pues no se comprendía la vt lneidad de stis a d ela nt a;
pero los que le negaban la inieligeneia y la maestría,
tuvieron ocasión de salir de aquel error.

Vil

En el mes de Octubre trabajó en Aran juez con des-


giacia; pero á poco marchó á Madrid, porque decía se le
había perdido en Aran juez la montera y era preciso re­
cuperarla. Julián Casas y Cayetano Sanz le acompaña­
ron en la corrida de Madrid, y de entre los periódicos de
Ja corte-que hablaron sobre ella vamos á copiar algu­
nos párrafos.
E l D ia rio Español dijo: ver tuvo lagar la corrida
anunciada para el beneficio de los establecimientos de
beneficencia. Eli ella se presentó por primera vez al
publico el espada Manut:l Dominga z, el cual mató dos
toros en toda regla, siendo muy aplaudido por Ja nu­
merosa concurrencia, que llenaba todas las localidades
de la plaza .r>
Uno de los párrafos de L a Xaciúti, era:
„E1 primer toro que le cedió Julián Casas a Domín­
guez, lo despachó de uaa estocada m u y buena. Este dies­
tro tiene mucho arrojo y una serenidad admirable, re­
cibiendo los toros como pocas veces está acostumbrado
el público á presenciar . v
E l Mensctj&nj decía, entre otras cosas:
“El primer toro que mató Domínguez, quedó seco
de una magnífica
O estacada: t'v el segundo,
o de una corta
y otra buena, las tres recibiendo, El triunfo quedó por
— 285 —
el espada ma-vo, que compartió cou Labi los aplausos
del público.,.
Y por íin, en L a Epoca leimos la octava siguiente:
,,A1 célebre y nunca bien ponderado M A N U E L DO­
M IN G U E Z .
iíecorrisfce la bella Andalucía,
entre llores y gloria singulares,
entre aplausos y lauros á millares,
que sólo Montes consiguiera un día
En cambio, junto al bello Manzanares
vences a tus rivales á porfía;
siendo tú sucesor ¡oh! gran turero,
de Montes, de Guillen y el tltid a n e r o
Hablar de todos los lances y corridas nos parece de­
masiado largo, y así ñus reduciremos á las cosas m>\s n o ­
ta 1)1es. como hemos hecho hasta aquí, que interpretan
do un modo claro y justiciero la buena reputación de
Domínguez.

VIII

El ano en que se verificó la subida de Domínguez al


apogeo, llamado por algunos la resurrección del arte,
fué el 54: yi bien tuvo la desgracia de ser herido por el
primer toro, eu la cadera derecha, matando con Lucas
el 17 de Abril Para el 23 del mismo se anunciaba otra
corrida en que debía matar él, y diciéndose de público
no se hallaba capaz de ir á la plaza, se llenó, el día de la
función, la calle da la Laguna eu Sevilla donde vivía,
deseoso de saber el público si mataría ó lió. El em­
presario de la plaza le suplicó ¿>e asomase al balcón, por­
— 28G —
que la entrada era muy endeble á cansa de aquella m-
certidumbre. Asomóle, en efecto, entre los saludos de
la multitud , maní les tan do que iba á la plaza, y llenóse
esta como por en cauto.
Después de lidiar, entre otras varias qne no son He
i uteres el referir, la de beneficencia con Cuchare* y L u ­
cas y otra en Cádiz con Gil, lidió dos en el Puerto con
Cuchar es, luciéndose más qne todos en m capeo, vola-
pies y recibiendo, y captándose una ovación brillante
y general.
E;i la carta del Fray Gerundio, do Cádiz, en que ha­
cía la reseña de una corrida lidiada entre Curro, el Sala­
m anquino y Carmona, decía como introducción, refirióla
dose ¿ la s dos anteriores corridas del Puerto, ésta entre
otras octavas libres;
uEn la lidia segunda, más felices
Estuvieron los diestros aplaudidos:
Perfecta m outo trabajó Domínguez,
Dejando su estandarte en medio el circo,
Sin temor que ninguno se lo quite,
Y en su centro flamígero esculpido:
“Si murieron P aquiros y Delgados ,
M anuel D om ínguez heredó sus manos* „
E n el año de 55 trabajó en Sevilla la primera tempo-
rada con el Tato, y después con esto y Gil. Sus adelan­
tos siguieron igual senda.
Fuó á Córdoba por segunda vez, y después a Fr¡iti­
pia, donde toreó en presencia"de los emperadores, l u ­
ciéndose con generales simpatías, á pesar de que al dar
un pase de pecho fuó herido en la parte derecha dei
vientre bajo, y tuvo que despedir á su candi illa pura
<jue marchase á Barcelona y cumpliese allí la corrida
que tenía contrahada, sin perjuicio de que en caso de
poder iría él también, para que no tuvieran que perjudi­
carse los empresarios, como efectivamente sucedió, pues
á los siete dias de su herida en Francia, mató en Barce­
lona, en el estado de padecimiento que era consiguien­
te, no dejando nada que desear.
Pasó también á Lisboa, y trabajé) cuatro capeas 6
llámense corridas de capeo, como allí se acostumbran,
donde apuró todas las suertes de su lucido capote: tiró
hermosas navarras, verónicas, galleos á puerta de chi­
quero y cuatro lances al natural con la ro:li!la i rica da.
Además puso monas á los toros, re.áhiendo, llevárid das
para el e f e ct o e n 1a p u n t a de un a es pa da de m adera.
El ano -y*> no fué ínsitos í n t e r e s m t e en n o v e d a ­
des tu.nrf>m ac a s ¡ior lo <pie p e r t en e ce á D o m í n g u e z . L i
ven i la a S e v i l l a del rey viudo de P o r t u g a l , e n t i e m p o
de i¡L't*na. nos propo rci onó la o cac i ón de ver á M a n u el
enhizar toros: arte «pie a prendi ó en América* c o m o y a
d i g i m o s , y en ya o p e r a c i ó n v a m o s á p i n t i r l i g e r a m e n t e .
En Ja, t arde sefinlada para el enl ac e, un g e n t í o i n ­
m en s o ocupaba, las h e r m o sa s l lanuras fie Ta bl ad a, con el
d es e o ríe p re s en c ia r a^md e s pe c t á c u l o i n u s i t a do , pues
a u n q u e D o m í n g u e z había, boleado y e n l a z a do y a en v a ­
rias oc a s io ne s, n o se h a bí a h e c h o tan p ubl i c o c o m o e s t a
vez. T o d o lo más se l ec to de la capit al a si s tí a á la fiesta;
m u l t i t u d de c o che s o s t e n t a b a n las más h e r mo s a s hijas
del i>étis, y los más a p u e s t o s g i n e t e s c a b a l g a b a n en
briosos caballos. La g e n t e a g u a r d a b a con i m p a c i e n c i a
el d ese ado m o m e n t o , y las mi rad a s de t o d o s se fijaban
en el c a m i n o d é l a s Deli cias, P or íin se a p e r c i b i e r on los
co.dies de SS, AV . R í t . los S e r e n í s i m o s s e ñ o r e s I n f a n t e s
D u q u e s de Moni pon sier, y al lado del primero, sobro
un hermoso caballo castaño, marchaba Manuel Domín­
guez. ricamente vestido á la andaluza
Llegó la cabalgata ál punto designado y todos Ira
carruajes formaron nn grupo, destacando á la cabeza
de ellos el de los Infantes. Hicieron la señal estos a ñ o ­
res y Domínguez marcha al ruedo de ganado que cus­
todiaba á la sazón el entendido Jacinto Martínez y sus
ayudantes. Comunicóles aquél la señal, y un bravo toro
fuó acosado en el momento, que siguió Domínguez á la
carrera.
El bicho tomó dirección hacia los coches: y cuando
apenas le quedaban quince pasos para llegar á ellos y
el terror generat había levantado un asustado murmu­
llo, gritó Domínguez con su cuerda en la mano: tt¡No
hay que temer, que no llegará!n F,n aquel instante
arrojó su certero lazo á la cabeza del bruto, revolvió au
caballo con empuje hacia el lado opuesto, y el toro ca­
yó dando un furioso vuelco.
Los aplausos fueron estrepitosos, y un-í ni me el en­
tusiasmo. A éste siguió otro enlace del mismo género,
y un magnífico regalo de la regia familia, enviado á
Domínguez, recompensó su dil'ícil y acertada ejecución.
Eu esta temporada alternó Domínguez con Manuel
Arjona Guillen, y después con éste y Oarmona el ma­
yor* esmerándose como siempre en desafiar y recibir, ó
poniendo en caso necesario los sendos volapiés de su
nso; esto es, llegando con la mano hasta los rubio» y ba­
ilándola en la sangre del toro.
En la temporada de que hablamos, se distinguió Do­
mínguez capeando é iu can dose de rodilla con Manolo
delante del toro; llegando su asombroso estímulo hasta
poner su montera en un asta del fiero, estando de rodi-
— 230 -
lias todavía, y rascar después al loro en la frente, tan
pacífico como si le hubiera magnetizado.
Muy afortnn ido empezó para Domínguez el año 57»
luciéndose eu la corrida del 20 de Abril, que se le ñora-
hró del agua, por la mucha que caía dal cielo aquella
tarde Con (Vtr.h'.irrx y d Ti f o mató dos toros de uu
gran volapié por tu do lo albo y una sublime recibiendo,
eu los rubios.

IX

Ya ni os a. ocuparnos de la que lidió con el Tato el 1.°


de Jimio en el Puerto de Santa Alaría. De la casta de
Concha y Sierra salió el primero, qne era barroso, de
m u c h a s libras y astillado del cuerno izjuierdo: se lla­
maba B a r r aló a. y cuino tal se portó. Fué blando y re-
cdoso á la pica; tomó trece puyas, mató un jamelgo,
hi:ió otro y le hizo á Charpa medir el suelo con las cos^
tillas. Paquilillo y Chauchau le pusieron dos pares de
baiiderilhis ti la media vuelta, porque Barrabás no acu­
día á les cites. H izóse el bicho de condición, y Domín­
guez lo pasó dos veces.,escupiéndosele el toro y yéndose
á las tablas del lado opuesto. Allí lo pasó otra vez y,
armándose para la muerte, le díó uu volapié que fué
inny trasero, enganchándolo el toro por debajo del bra­
zo derecho, y al sacudirlo en el derrote lo enganchó por
debajo de la mandíbula derecha, internando la punta
del cuerno hasta clavársele en el cielo de la boca, y al
volverlo á sacudir contra el suelo le salió el ojo ríe re­
cito ile la órbita. Coustemado el público al verle el ojo
sa-tad >, pen liento de la retina, prorrumpió eu un grito
de a iu a rg n va: y él, m ás s er en o de lo q u e era d e esperar,
levantóse por sus pié*, miró su ojo, suspendiéndolo en
la mauo, y se f u é á apoyar sobre la barrera; porque es
de advertir que la puerta por donde había de salir para
la enfermería estaba ocupada por el toro: y se pasaron
así siete minutos, mientras se desangraba el desjuicia­
do Manuel. Por fin salió; le i retradujeron el ujo en su
siiio y le llevaron á su posada, donde á poco se halla­
ban reunidos varios ele los mejores médicos del Culegi)
de Cádiz.
Inmediatamente se procedió á una operación tan di­
fícil como dolor osa, para contener la hemorragia, es pe-
cialmente por la herida de la garganta, que era peligro­
sísima. Domínguez sufrió aquella cura con un valor so­
brenatural, pues los facultativos, acostumbrados ¿ o p e ­
rar paciente's, de más ó menos sufrimiento, se admira­
ron al no oirle pronunciar un solo ¡ay!
Todos creyeron que se retiraría del tnr?o, porque se
hallaba privado de 1* parte más esencial; sin embargo
de esto persistió, y como si nada le hubiera sucedido y
Ja costumbre de mirar con un solo ojo le inora ya ad­
quirida por muchos anos, marchó á Málaga á cumplir
nao de sus compromisos, piel ion do que i rieran los toros
de Concha y Sierra, hermanos á*A que lo había hendí»;
y a los cincuenta y tres días de su cogida se hallaba to­
reando en la plaza de aquella ciudad con la misma ropa
que lo hizo en el Puerto. y á pesar de su afección y de
tener el otro o ; o deslumbrad > y e n r o j e c i d o por la luz
tan-fuerte que escitaba su estado debi. 1, mató á estocada
por toro, oump’iendo después sus contratos en las pla­
zas de Alicante, Granad 1 y Siviila. Eu esta ultima
portó admirablemente, convimciulo todos en que nada
btf habíau perjudicado sus disposiciones taurómacas,
— 291 —
pues cada vez ha puesto mejor las estocadas y ha ca­
peado con el mismo aplomo y aun más maestría-.
Llegamos al ano 58, en que recordaremos, pues, en­
tre otra* muchas cosas de esto año, el circulo que hizo
eu la arena o<>n sn espada después de pasar al toro, ci­
tándolo eu seguida y quedando en el mismo sitio con el
animal muerto á sus piés, de una soberbia, recibiendo.
Referiremos también la misma estocada que dio á
á otro toro aculado en las tablas, recibiéndolo del
mismo modo; y las cuatro n avarras sin perder terreno,
que tiró en la misma corrida después de haberlo capea­
do al natural y por detrás. Las crónicas taurómacas di­
cen que el que más navarras ha tirado así, llegó á tres.
Cuando tal hizo, mandó la presidencia que tocase ía
la banda de música hasta 3a sal i ta del toro siguiente.
Ün Barcelona lidió dos corridas con igual aplauso
y en el Puerto, tres, dos con el Tato y una con K ü i j sien­
do ésta una de las rn'is notables que figurarán en pri­
mera línea entre los fastos del toreo. En el nnsoio lugar
donde fue herido el ano anterior, se vio bravo, como
nunca, citar á la fiera; pero felizmente no suceder como
el otro año, sino dar excelentes estocadas.
Con mucha oportunidad, el suplemento á E l C om ti-
Inrion-al. de Cádiz, traía, entre otras, la siguiente déci­
ma andaluza:
Domínguez, con su maestría,
es el torero q ne hay
desde Sevilla hasta Caí
en toda la Andalucía.
S p rree más cada día,
d es p u (;s que le i a lia un oj o,
y si se quedara cojo.
— «92 —
lo que la Virgen nó quiera,
él busuaria, la manera
de mostrar sn grande arrojo,
E n Valencia mató después dos corridas con Cayeta­
no Sanz, lo mismo que las anteriores.
La corrida que estaba anunciada en Madrid tuvo
que suspenderse por la atención que llamó en Valencia,
á donde fueron los aficionados de la corte, á Ja manera
que se suspendió la del Puerto, cuando fue á matar a
Algeciras*
Las noticias de sus triunfos en estas plazas fueron
en Sevilla acogidas con admiración, pues no faltaba
quien creyera que iba á decaer su faina; pero ésta se
afirmó de un modo imperecedero en la corrida que des­
pués trabajó‘en ésta, poniendo tres inmej.urablas esto-
cadas en tres toros: la primera á volapié, la segunda
metisaca y la tercera recibiendo en los medios; llama­
das por los peritos lastres estocadas modelos.
Continuó toreando, aunque con intuios frecuencia,
pisando por ultima vez el redondel en la plaza de Sevi­
lla, con motivo de la corrida anunciada para beneficio
del antiguo espada Manuel A^jona GrMillón (AL m o lo )} el
día 13 de Noviembre de 1881.

.Desde la referida fecha, vivió retirado del toreo,


colmado de anos y de achaques, gozando, si nó ríe gran­
des bienes de fortuna, al menos de la pnz y comodida­
des tan precisas á su vej^z y estado de salud. Hasta
pocos meses antes de su fallecimiento, gustaba conver­
sar con un reducido número de amigos, asiduos concu­
— 293 —
rrentes á su domicilio en la calle Celinda. Nosotros que
ñus contábamos en el numero de los privilegiados, tu­
vimos oca yion, más de una vez, de oir los hechos m.*s
salientes de su vida, relatados con la sencillez y llaneza
tan características en'él señó Manuel, como le llamá­
bamos los íntimos.
Los datos biográficos que dejamos apuntados son
los 111 is verídicos de cuantos se han publicado, facilita­
dos por el referido diestro, y corregidos en su presencia.
Fueron escritos y publicados all por los años del
59 al (JO. por D. Rafael González, antiguo y entendido
a tí ció nado, íntimo amigo de Domínguez, y ferviente
partidario sayo y de su escuela.

En Junio del 85, vio la luz en Sevilla una hoja


suííUlí en la que, algunos enemigos ocultos do Domín­
guez, sin duda, decían que el referido ex matador se en­
contraba tan exhausto de recursos, que iba á ser reclui­
do cu una Casa ne Misericordia. La referida hoja esta­
ba firmada por ÍYir/fw aficionado*, y proponían éstos se
celebrara una corrida en beneficio de Dcninguez*
A nosotros, que nos constaba la fulsedad de la espe­
cie lanzada, nos fué fácil desmentirla en nuestro perió­
dico E l Loro: más al referido diestro no le pareció ésto
bastante, y nos rogó la inserción del siguiente remitido
cuyo original, firmado de puno y letra de Domínguez,
conservamos como preciada reliquia, pues fué el último
f|:.ie suscribió en su vida, apareciendo en el número 1 tí
da El Lora, correspondiente al Í-:I de Julio de 1885,
Jlé aquí el
R E M IT ID O

«Sr. Director del periódico taurino E L LORO.


Muy señor mío y do mi mayor aprecio; Ruego á, lis­
tad encarecidamente se sirva dar cabida en las columnas
de su apreciable semanario, al siguiente escrito, por lo
que le anticipa gracias su afíino. S. S.
Q. S. M. B.j
Manuel D o m h b jm z ,
Habiendo leido en el número 12 de la Revista que
con tanto acierto dirije, correspondiente al dia 4 dol
actual, el suelto que aparece eu la sección de noticias, y
eu el cual, de una manera levantada y digna, desmiente
V. los rumores que vienen circulando liace dias en esta
capital sobro mi reclusión en una Casa de Misericordia,
me veo obligado á tomar la pluma para hacer ver ¡i esos
propaladores de noticias falsas, que no está tan decaido
mi espíritu, que no pueda rechazar con la entereza y
dignidad de un hombre honrado, los solapados y mise­
rables insultos de que soy objeto.
Tampoco pueáo dejar sin corrcuclh\> á los autores
del asqueroso papelucho que, firmado por rar/as afij-zo­
nados* circuló por esta población el dia 4 del corriente.
¿Quienes serán esos amu/o.i tá los que ni conozco ni
deseo conocer), que solicitan para mí -tina f:orr¿*ltt de br-
n%¡iaint;¡a para que con sus productos pueda atender á
mis más perentorias necesidades? Ynioo^ián, por v en ­
tura.. esos a/if-ionaclon a tunjov á ios que han propalado la.
falsa noticia que las personas que me son alce,tas se ha­
bían visto en la necesidad de i asta lamí1:' en un Asilo?
— yi»5 —

Se¡.)i»ii unos y otros que, si bien no poseo grandes


11ifj111.1s de fortuna. al me los cuento con lo necesario para
poder vivir con decencia y algo holgadamente les días
que rne resten de vida.
Los propalad ores de i a absurda noticia de mi reclu­
sión quizá se darían por sas ti fechos con peder contar
para mantf nerse con lo que todos los días sobra de mi
-rtnsw. Y esto que digo, señor Director, crea Y. que no
es por orgullo ni jactancia: dígolo sólo porque á ello me
obligan ios que de tal modo me calumnian.
Bastante más aliviado de mis padecimien tos. creo
que pronto podre salir á la ralle y concurrir á aquellos
centros de nú particular predilección.donde siempre f'n{
bien recibido: al menos así me lo han manifestado mis
particulares amigos los facultativos Sres. D. Antonio
Salado, D. Kafarí La sao y D, José Rueda, que son les
encargado? de mi curíu-iún.
Y no cansándolo más, seficr Director, me repito de
V. a fimo, amigo y tí. S. Q. B. S. AL. M uv u d D u n in g iitz.
- Sevilla Vó de Junio de 1885,

XI

Aunque Domínguez no volvió á trabajar en plaza al­


guna desde la última fecha que dejamos apuntada, con­
servó la coleta hasta el postrero día de su existencia,
que fue el martes G de Abril de 1886, en su domicilio de
la calle Celinda, en Sevilla, y á los 70 años de edad.
Su muerte fué muy sentida* no solo en Sevilla sino
en España entera, La caja que c o m e t ía el cuerpo ina-
mmado del dieípulo predilecto de Pedro Ruin ero, lué
llevado en hombros por individuos de la Sociedad « Yie-
jij¿ rica* de Cádiz», desde la callo Celio da donde vivió el
finado* basta la puerta de Triana, en cuyo punto fué co­
locada en un lu oso co^éie fúnebre, tirado ]>or cuatro
caballos empenachados, v ue lo condujo hasta el Cemen­
terio de San Fernando.
Las cintas que pendían del Jore tro tuerou llevadas
por los espadas Chicorro, Cara-andia, Mar-hiero y E l E s ­
partero.
El paño mortuorio fue conducido por J ulián, Hipó"
] i to y Francisco Sánchez (Curriuclh:), José Fernández
[E l Bttrbi), José Centeno* Francisco Fuentes y Manuel
Gallango.
El duelo fué presidido por el Director espiritual del
finado y los mata Jo res de torus Antonio Sánchez (El
Ta to ,) An t o n i o C a nn oü ii ( E l ( h rdito: y F r a n c is j o A. rj o -
na Reyes (Carrito.) La comitiva que acompañé) al cadá­
ver á su éillima murada, fue tan numerosa corno distin­
guida, viéndose en ella representación de todas las cla­
ses de la sociedad, desde el honrado artesano hasta el
rico comerciante, asistiendo igualmente á rendir el éil-
timo tributo de cariñoso respeto al mho M a n a d , todos
los toreros residentes en Sevilla, gran número de cono­
cidos aficionados, ganaderos y los directores de los pe­
riódicos taurinos E l Toreo Ser ¿llano y E l L o ro , y varios
redactores de la prensa local.
¡Descanse on paz el veterano espada!

He aquí la copia literal del cartel de la primera co­


rrida de toros en que trabajó Domínguez en el Circo
sevillano á su regreso de Ultramar, y del que hacemos
referencia en su biografía,
DOCUMENTO HISTÓRICO

PLAZA DE TOROS DE SEVILLA

Con superior permiso se ejecutará una brillante co­


rrida de toros el domingo 12 del corriente Junio de
1S53 (si el tiempo lo permite).
La plaza será presidida por ¡a autoridad competente,
si SS. AA. .Lili, los Sermos. Señores Duques de Alont-
pensíer no se dignan hacerlo.
La nueva Empresa que tiene á su cargo la ejecu­
ción de esta corrida, lia querido presentar al público
una novedad que espera recibirá con agrado. Consiste
ésta en haber ajustado á Manuel Domínguez, espada no
conocido hasta ahora en esta ciudad, si bien procede de
su .Escuela Tauromáquica, donde íué alumno pensiona­
do bajo Ja dirección del célebre maestro Pedro Romero.
Ausente por más de 17 anos en Ultramar. ha ejer­
cido allí su arte con gran crédito, y e s de esperar que
los esfuerzos que se propone hacer llenarán los deseos
de los aficionados.

Los loros que han de lidiarse pertenecen á dos pri­


vilegiadas ganaderías, y ambas recientemente han au­
mentado su crédito en las plazas de esta ciudad y la de
Ronda, donde se lian jugado toros hermanos de los que
ahora saldrán á hi plaza. .Público es que uno del Sr. Le-
saca recibió 65 varas, matando once caballos, y dos del
Sr* Andrade en con idas ejecutadas eu esta ciudad, han
sobrepujado á cuanto pudiera desearse en esta clase de
diversión. Si el propósito de la Empresa se llena con el
— 298 —

aovado del público, será á cnanto quiere aspirar con !a


función cuyos detalles son los siguientes:
Los ocho toros que han He lidiarse serán cuatro de
los Sres. IX Pedro y D. Mainel Lesaca, vecinos de Se­
villa, con divisa celeste y blanca: y cuatro del señor don
Francisco Taviel de Andrade, vicino de Sevilla, con di­
visa encarnada.
Picadores, —José Alvar ex de Sevilla, Manuel Lerina
de Coria. Antonio Xavarrete de SoviHa. Antonio Lla­
vero de id. y Manuel Lreta de Madrid, nuevo en esta
plaza y además una reserva.
Espadas —Manuel Domínguez y Antonio Conde,
ambos de Sevilla, habiendo además uua lucida cuadrilla
de banderilleros, e‘'tre ellos algunos de los que trabaja­
ron eu la cor.rida anterior.
Se reproducen las prohibiciones de las corridas an­
teriores para la conservación del bu^n orden.' Los des­
pachos de billetes se hallarán en los sitios de costum­
bre. Los toros estarán el día antes de la función en Ta­
blada, para que los aficionados tjiie gasten puedan ver­
los. En nombre de varios aficionados se costea una ele­
gante moña para uno de los toros del Sr. D. Francisco
Taviel de Andrade. en premio de lo bien que se porta­
ron en la corrida anterior. La plaza se abrir a á la una y
la función dará principio á las cuatro y cuarto.
Precios.—Barandillas de piedra 24 rs. Id. de madera
20: Id. de Diputación Ifi: Todos los asientos de Centros
de pidra y madera 12: Centros de CipLitación 10; Asien­
tos ds Cajón y del Toril 2 J; Tendidos de Sombra 9: Sol
5: Balcones de Sol 6 .
N o ta <^Se adviorb^ al publico que cinco minutos an­
tas de empezarse la corrida 93 cerrarán las puestas que
dan entrarla a la barrera y plaza baja, y qite los que lle­
gasen después no tendrán derecho á reclamar el impor­
te de sus billetes.

Sevilla} ImprefUa del Porvenir, Sierpes, 13 .


;í;
# *
Como lo prueba el anterior documeuto, en. la corri­
da celebrada este día en el circo hispalense se presentó
por primera vez á torear ante sus paisanos el después
famoso matador de toros Manuel Domínguez. De las
Cartas Tauromáquica*, publicadas en aquella época por
el inteligente aficionado Manuel Díaz Costales, conoci­
do por el pseudónimo de D. Severo Canta Justo, copia­
mos la revista del primer toro que mató Domingnoz en
este día* Dice como sigue:
«Ojinegro y sn piel castaña oscura
y por nombre llamado Tintorero,
A su casta laureles le procura,
cual Sevillano en el ronde no suelo.
Blando mostróse al fin por desventara,
cinco veces no más probó el acero,
mas vengó valeroso tal ultraje
saciando en un jamelgo su coraje.
Cinco palos ostenta su cabeza,
y el discípulo antiguo de Romero,
con una izquierda do sin par limpieza
dióle tres pases como buen toldero.
Se embragueta al instante, y con fiereza
un mete-saca le plantó certero;
recibiendo estruendosas ovaciones
y de mi lira los severos sones.
F I N D E L TOM O P R I M E R O
Í 1 T D I C E

í.’lljh i Til l.i'S P í'lííh iílíí

VnilTAtíA........................................................................... !
1 tftl i c a t n r íl íi II ( \ i Y ............................................................... Til
Cuatro ;it iertur................................... A

S I B V A IDE PRÓLOGO
I Oríllen i[i' ];i <U‘ toros, ................................... \ II
¡1 Km >i m Li* lí <'ti i:i............................................................ I\
1U V Vil ÍlIímU.1 *í u l i o Ct*s:ir á KspníkL............................................ XI
1V F i e - d a d o lo/ihs un Tli*1- rn Imimi' d<\ J ulto ( 7 ‘-
s:ir, — L:l - ll;i f|i* M u m 1:k - !v< í ; urí j o s e n t Lá-
lu’.u — ;is d e t u ns cu id C i r r o líoiuanu.—
lí U^-I’i.'sn mí ( Y'Sl! *■ti liouj;!.- Su III lltíri Ir. . * . XII
V ( Yisi m n l n ’í'S d e l p u ^ M u r o i m u m ............................................... X V I I
VI \jiu< di: to ro s wu ¡ i e m p u s d e T n i p u i o , A d r i a -
IM> v M a r c o A u r e l i a . .................................. : . . , XA H
ViI Invasión los r ó n d u l^ , sm*ii la ¡ i r - I n t . ......................... XX
YL11 l l i v ; i <i ni l i h ‘ Jos i o n i o s i'tl K ^ p í l f l í l I «I llvl
<¿Uc u l ül u t o . - - O o i u [ i i í s t ; i d v K s p ü í u i p o r l o s m u ­
s u l m a n e s .............................................................................................. XX
IX D e s a p a r i c i ó n dtí la ¡‘'¡.raía dv. loras* c u l o s p r i m e r o s
s i i ; l u s dv la f i s p i n u . ¡ umI’O..................................................... XXL
X P u n í o d 1>S‘/ ul' o ríe l a 11 ÍMuri a, ......................................: XXI i
XI Ki n (.luí p r ú l o g - o ..................................................................................... X X I 1

L IB K O í=>RX2vrEPt,0

I iuirotlucriñii eu Rspuña las Ftca/fUi de loros por


los i;aki IleLvs ni us ului aues. Los guerreros <1l* i ti
— 3-2 .........

r r\iz las ¡ifu.-M'-n con enmsirtMno en sue co-tum-


l!! V S ,— K\. C M ‘ J : - í : : !> 0 V V ¡ v . "| 5V ' 3V! e I' Vi d i í . ■.' i.' V i l O
do ;OrOS, í'Y i.'er/'??('('!■. - r.l taui-
c¡ó:< |jOi)iuur rL’+Liíioi*¿L de Madrid,—Eul usiasm o
que [>i\-duce en los cristianos oí acto heróicü
dfl d^ Y i viir, —.Fin de la ííenomi i i í i ú u ¡mmIio
en paspan a......................................................................... 3
II Los Torneos. - Caí áeter y torreas que revestían
estas fiestas. Torneos célebres, .El A la ;t era-
miento de los toros. base fundamental del to>eo
mu domo, — Lib ro de M orderla de Gonzalo Arg’O-
t o de Mol inri.................................................................... 10
1 íI Reforma cu Ljis Rcfflas de ¿orear, mandadas e-c:i~
1 ir por el rey Felipe IV. para los cabalUjros de
su corte.—Varias consideraciones sobre el toreo
a n t i c u o .—A linternas que pesaron sobre estas
iiestns,--E l Emponclor Carlos L £*ran alaueca-
d w de rovos,— Fíenlas Reales do Toros y Cruta-s
en Valladolid. 15i?7....................................................... 2~)
IV XJn puno a/rtlit on mies i.ros apuntes.—Tradición
histórica cordobesa-,—U na excursión por la sie­
r r a .-- l'u gran peligro y un salvador á tiempo,
- F in a l..............................* ............................................85
V Documento histórico.—Primara fiesta fie toros que
se colebró en Barcelona,—Lo que eran estas
Ilustrasen 1 0 9 1 Consideraciones finales,. . , 10
TI Una aclaración del autor de esre 1ibro, —R evista
de la corrida verificado en la Pinza Mayor de
M a d ri d el - 0 di - Julio do 1036: p re Üi n i mu e s de
la fiesta.— En la plaza. —El despejo ó saludo de
los caballeros.................................................................. 15
V II Confirmación de lo anterior: Principia la fictftt.
de Utroíi.—Los demás bichos.— Final d esaojad a’
ble de la corrida.— L’n documento histórico.—
Introducción del uso de las muí i 1bis m el es­
pectáculo tan riño, —Consideraciones tíñales del
autor.............................................. * ...............................50
V I II F iestas de toros en ¡Sevilla en U>;>Ñ.— FieMa* de
(oros verificadas en .Madrid en H.ííU, ííO, ¡>K. 45
y 4:*>,—'T oros y Canas on ¡Sevilla, en JtilT.— Fies-
la de loros y cañas en la ciudad de Córdoba en
1051. —Cuadril Lis y col o ros.— La. cnt rada.— L u ­
ir ad a. de Las caha^,—*Seg linda. 11esta de loros
en Córdoba...................................................................... 50
IX Carácter d‘ las Firuínu de foro:;, dnsde principios
del si^to XY.LÍ, hasta comienzos del X V 111
(lOo'f-L ííiÜ -O tras fie-tas en Sevilla. {107071.)
- Fiestas reales de lurns. i IííST.’»— Fiestas de
to os célebres. ¡'Madrid 10!t0.'--Premios de S. M.
;í u:¡ calulleru (yrcftdor, —Toros y C'iias, (10!)!',
— 303 -
Otras frescas. (10)2.)— iriestfls realas en Sevilla,
,; 1700/— El lu stro real. (17ü3.V-~Fiestas de toros.
a 707 Á 1729)......................... : ..................................... 6 8
X Entronizamiento de los Borbones 011 España ,-7-
Abandono de Ja nobleza á Jilr tierras taurinas;
participación que toman en ella las clases dtl
pueblo.—L a s H - a l e s Maestranzas de Caballé-
rin y se de claran protectoras del (oreo.--Dos
opinir.n-:, sobre un punto importante,—-Con si-
den ií’iones Hílalos del L ib r o prim ero de estos
A r u n t e s H i s t ó r i c o s .................................... * . , 79

L IB R O S E G U N D O
Las Maestranzas de- caballería,—La de Koncln,—
1
Jveales cédulas otorgadas á la misma, — P riv i­
legio de toros. Han ti os ó pregones anunciando
las corridn.s.— Cómo era la plaza de Toros do
lícmfin. —Los balcones del A yuntam iento y Ca­
bildo Eclesiástico. —Los picadores de vara larga
y ios 1 i d i a do re s d e á p i é .............................................. 87
II Biografías: Fmiir-imv Homero: sus primeros pasos
en la senda del toreo,—Protección que dispen­
san á IvaxqvU o los señores maestra u les do Kon-
d'i,— Francisco .Homero se presenta en público
como matador de toros.—C onclusión.--L os her­
manos P alom os : Felipe y Manuel.'—La alie ion
decidida del primero. —Protección que le dis­
pensan los señores m a es trailles de S ev illa.—
Los hermanos Palomoa^ primeros estoqueado-
ros dií toros. il74SV—D os carteles de los P a ­
lomo# ................................................................................... !)5
III Manuel Bollón ^Ei Africano).—Organización de las
cuadrillas; trajes . — ,1 uan Hom ero.— iguel Cal­
ven....................................................................................... io;j
IV M a fincho, (A puntes biográficos).—-Una corrida de
aldea y un torero improvisado.— M artin rho
abandona su oiioio de pastor y se decide por el
toreo, ingresando eu la cuadrilla dol A f r ic a n o .—
Josó ('iludido: lo que se sabe sobre la vida y
jieolios de este diestro.—Jiomanoe curioso sobre
la cogida y muerto de José Cándido. - Aclara­
ción liu al........................................................................... 1 !(:>
V Re furnia del lo eo, ó los (res colosos de la Tauro­
maquia. — Bj n<;i;a i ■í a s : Coxt i ¿larva; Documento
cu-rioso del referido diestro; el gran Pedro Ho­
mero.— Pedro .Homero fue na gran torero, — L n
cartel de Pedro Ivomero,—P e p c - ll l o .—Sus p:eo-
— an-i
cupíioiuiics. — Mueito ile Pepe- filo. , , t . ,
VI Dos ¡ni de In muerte rio Pepe tilo. Autopsia, pa ir o
nu uli ati vo. --Seprlio del dios¡m.--Su epi hiíio,—
Al.^u para i-- biog-raría tío P e p e - ///o,— Su p¡i rígi­
da Ao Han! i si n o .— \ ’ n oaritd de J\'jK'-íllo. -J jIü-
gv í i i í a i!o J o s é R o m e r o .............................................................
Vi l . D a o í h¿tntrtif*vtw\ A n iq u ilo R o m e r o , — ( ¿ a s p a r l i o -
liiiíi’o, l i a r l o l o m é O i n n ' n e z . d o s é I ■¡ l o a [Tratjtt.-
hiirhca). <1 e v ó n i m o d u m í C á n d i d o . — í M;ros d i o s -
I r o s ..............................................................................................
V IH P r o h i b i e i ú n (lela ? e o n i d a s d e v o t a s en los d o m i ­
n i o s e ü p - m u l e s , — C é d u l a l í e; - ! p r o h i b i e n d o l a s
c o r r i d a s , — K! C o n s e j o d o C a s t i l l a d o a c u e r d o
e o 11 e l r o y o t o r g a p e r m i s o p a r a v o r i i i c a r g a r r i ­
das de toros todas las poblaciones de E s p a ­
ñ a . fici'ppt-o on M a d r i d . - P i s ^ u - v * i p i o p r e d u c e
la SRf?| c n s i o n de fas c o r r i d a s do ¡ u n ^ ......................
iX E p o p e y a g l o r i o s a do la I n d e p e n d e n c i a . - - l ’e n i a n d o
V i l p r o h i b í l a s corrida.-! d o l ^ n s m l o s d o m i -
n o s e s p a ü o i c s ; A n u l a c i ó n d e l d e c r e t o : c - ur i us i -
dai l Id sí ó r i c a, p'.-rl>. 1m i s ( '¡trun ma y A l i i l á n . —
l *üe>í a á J o ¿ é ■l i o n a p a r t e . — D u r a i m iei tu du] t o ­
ro o. .......................................................................................................
X C o n s i d o r a c b-n e s 1i i la b :- s< d n o la p r ol n b i r iÓil d e l a s
/ / < \ l,7fí:í tit ■ t >t ■ M ri v i l e f i o s ut i H i ^ - d o s á l a s
mismas. - A r O ^ f ^ ¿ d i g n i !b a n d o e l : r-
í o d e l t o r e o ........................... ................................................

L I B R O T E R C E R O
1 Ü-i ograi i a d o O f / v o fi,/<'í7/ó;.'“ ( ¡ i ,L'i'n¡inioJnsr Cárr
d i d o v u e l v e á p r e s e n ; a rs e oa los ‘ ‘ i ivi iS. — 1)a l o s
b:i)^i‘<í1ir( js do v a r i o s diosv-ms, J>i i ijirra íbt. di*
A n t o n i o [í n \a el / Su a i hueven' \—■\]\ l í e v hVrnan-
do v u fi d iestro ........................................
11 J u a n J i m é i i e z ( <J- — Juan León,- Fran­
c i s c o ( ¡ o n z a Jo/ l ¡oi | i i c Mi r an din í¡i-
f/ft.ví. - M a n u e l l ,ar i ,:i.—M» mu í l l e n c a s Kl anro, - -
IjtOí ■n / o ] í ;u !l’i í v M i g u e l lí <mif'vo Ca rvei u.
IH C r e a c i ó n de [a Es cuel a, N a c i o n a l de Va u r o n i ; u j u ¡ a
de S e v i l l a . Lo s D i r e c t o r e s do la. E s c u e l a . —
JíÍo^í ral í;i d e E r a l iri sr.u Mo l i t CS ( J ' r f . i j t t i r o ) . ...U ¡i-
l ; o s 1Sio^rá í í c os d e J o s é de l a s S a n t o s . - P e d r o
S a n c h e / , - -A n I o n i o del .11í o J o r d á n , - - - I s i dro
S a n t i a g o I ¡ a v v a g á m - A n t onÍ o ( ' n l / a d i l l a .
IV ] ,)a ¡ hs b i n a r á li rus d e , l u á n Y u s i , J u a n Ma. rl . i n, / n
Sitr.rfcrti. I l i ó - r a f i a dul c é l e b r e e s p a d a c o r d o b é s
1K l í a f a c l fJ; i vx (in ( ¡ n/ , n¡ i ! i . -Manuel Diaz
FÉ DE ERRATAS

iVi^'injis L íhcíi Dirt1 hobr il^cír

XIX 17l l i \y-t ririinior h ! x t . >i‘i ^ l o r


t 7 ■! >■ 1n i v - il,, hi.-i i - i ' f v n
il-í 2'íM* Jí-:n»
i 17^-,i
^Íl II IU^nmhi K?;a'!11i'ÍO