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Rompimiento profético

Si sientes que Dios te habla, ¡reacciona! Cuando el Señor no hace los milagros es porque tú
debes provocarlos. A veces Dios está dispuesto a bendecir a alguien, pero otra persona se
“entromete” y aprovecha esa bendición que originalmente era para otra persona. La Biblia
dice que un hombre llamado Jairo se acercó a Jesús para pedirle salvación para su hija.
Jesús aceptó y fue hacia donde se encontraba la hija de Jairo dispuesto a hacer un milagro;
sin embargo, una mujer aprovechó esa misma ocasión para que Jesús la bendijera a ella
también.

Hoy vengo a hablarle a los arrebatadores de milagros, para que continúen buscando las
bendiciones hasta lograrlas. Hay momentos cuando Dios abre puertas, pero también hay
momentos cuando te entrega las llaves para que las abras por ti mismo. Pequeñas llaves
abren grandes puertas, pequeñas bisagras abren grandes portones.

Dios entrará en tu casa y en tu negocio, Su sola presencia abrirá las puertas. Cuando te
canses, Él te dará fuerzas para seguir. Aunque no entiendas Sus planes, Él escribirá tu
historia. Hoy es el día de soltar, enterrar y decir: “Señor, lo que pasó, ya pasó; ahora voy por
lo nuevo”. Así es como Él te dará segundas oportunidades, ya que desea que abraces las
oportunidades que te está soltando.

Una palabra profética es como un embarazo: cuando la recibes, quieres verificar que pase
para decir: “Sí, a mí se refería”, “sí, tenía razón”, “sí, era para mí”. La gente que no creía en
Dios, ahora creerá. Irá al tanque de Siloé y cuando regrese, verá[1]. Y la gente dirá: “¿No es
este el que andaba mal con su economía? ¿No es este el que estaba enfermo?” Y algunos
responderán, “Sí, se parece”, pero tú dirás: “No, no se parece: yo soy”. Quienes te vieron en
una situación de crisis o en una situación difícil, no te reconocerán después, cuando Dios
derrame bendiciones sobre tu vida.

Hay gente que dice: “Doy un paso para adelante y es como si lo diera para atrás”, pero esto
no sucederá más. A partir de ahora te extenderás hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia
adelante y jamás para atrás, ni siquiera para tomar impulso. Siempre que alguien camina
hacia su milagro y tropieza, es porque está cerca de él. No te preocupes tanto por tropezar
porque eso significa que estás cerca de tu milagro, no debes perder la fe y la esperanza.

Pronto comenzarás a ver mejor tu milagro porque ahora es tiempo de dar a luz, de ver
nacer la bención[2]. Todo lo que te ataba, hoy se hará pedazos; todo lo que te retenía en la
tristeza y en el pasado, hoy se romperá. El Señor dice que tu descendencia será fuerte y
llevará Su luz a todos.

Di: “Problema, nunca más”, “enfermedad, nunca más; el bien y la misericordia me


alcanzarán todos los días de mi vida”. Todos los días hay un sobre en el cielo con tu
nombre, con cosas buenas que te corresponden. Por eso, todos los días, cuando me
levanto, le digo al Señor que quiero lo mío, lo que me corresponde. Las cosas del espíritu
son más reales que las cosas de la tierra, así que pide a Dios tu porción diaria, la que te
pertenece. En Cristo Jesús nada se pierde. Todas las cosas son nuevas en Su presencia.
Cuando Dios promete, ¡lo cumple!
[1] Juan 9:6-7: Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los
ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, “enviado”).
Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.

[2]Hechos 12:6-7: Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro
durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta
custodiaban la cárcel. Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció
en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las
cadenas se le cayeron de las manos.

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