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PROMOCIÓN POPULAR, 1968

El 10 de diciembre de 1964, a un mes de asumir su nuevo cargo, el


presidente Eduardo Frei Montalva convocó en el Palacio de La Moneda
a cerca de 200 dirigentes de organizaciones populares y campesinas,
para referirse a lo que sería uno de los ejes principales de su
gobierno: la Promoción Popular. Esta iniciativa estaba destinada a
fomentar las organizaciones comunitarias y a fortalecer la
participación de los sectores tradicionalmente marginados de las
decisiones nacionales. En virtud de la opción ideológica tomada por
la Democracia Cristiana en aquellos tiempos, relativa a ofrecer una
alternativa a la polaridad entre capitalismo y socialismo desde el
programa Revolución en Libertad, la Promoción Popular buscó una
opción diferente al paternalismo estatal y al individualismo
privado, mediante la incorporación del hombre a su comunidad
nacional. De esta forma, la Promoción Popular situó su principal
foco de actividad en el fomento de las organizaciones de base o de
la "sociedad civil", sobre todo de los sectores marginales de la
sociedad, y se orientó a promover la participación ciudadana en
diversas áreas como la organización vecinal, la capacitación
cultural, deportiva y social, los Centros de Madres, la capacitación
de dirigentes populares, y la organización sindical.

Durante 1968 se dictó la Ley Nº 16.880, conocida como Ley de


Promoción Popular. Esta normativa, junto con legalizar las
mencionadas organizaciones, estableció canales por los cuales estas
entidades pudiesen mejorar sus condiciones sociales a través del
aumento de infraestructura comunitaria (pavimentación de caminos,
renovación del alumbrado público, mejoramiento de alcantarillado,
entre otros). Como organismo a cargo de promover, gestionar y
monitorear el proceso de Promoción Popular, la nueva normativa dio
origen a la Consejería Nacional de Promoción Popular.

Fuente: MemoriaChilena.cl
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Una vez asumido el mando, Frei Montalva y su equipo de gobierno se


abocaron al impulso del programa de Promoción Popular, para ello se
implementó una Consejería Nacional cuyo principal objetivo fue el de
promover y coordinar todas aquellas organizaciones o instancias que
surgieran para dar impulso al programa.

Sin embargo, desde sus inicios, el programa en general y la


Consejería en particular despertaron un significativo rechazo de la
oposición al gobierno, que veía en ello un posible instrumento
político que el Partido Demócrata Cristiano podría utilizar tanto
para el “intervencionismo electoral”, como para el “adoctrinamiento
ideológico”.

Dicho rechazo quedó de manifiesto cuando el Ejecutivo incorporó la


Consejería Nacional de Promoción Popular dentro del cuerpo de la Ley
N°16.880; la tramitación fue dilatándose por no llegar a un acuerdo,

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con el fin de que el Gobierno retirara el artículo sobre la
Consejería, con lo cual la Ley de Juntas de Vecinos sería aprobada
sin las bases legales que regularan al organismo base en la
coordinación del proceso de Promoción Popular.

Lo anterior no fue impedimento para el impulso de la Promoción


Popular, pues incluso sin una ley aprobada, cientos de Juntas de
Vecinos, Centros de Madres, Centros de Padres y Apoderados, Clubes
Deportivos y demás organizaciones, fueron surgiendo como respuesta
a la oportunidad que se le dio a la comunidad de canalizar sus
necesidades, participar en decisiones locales o simplemente
disfrutar de intereses y/o actividades en común.

Considerando esto, la promulgación de la Ley de Juntas de Vecinos y


demás Organizaciones Comunitarias en julio de 1968 significó todo un
hito para el gobierno; amparadas en esta ley, las juntas vecinales
tendrían una personalidad jurídica que las validaría ante el Estado.

La idea de incentivar la
organización comunitaria
buscaba generar un cambio de
fondo en la forma en la que se
conducían las políticas
públicas hasta ese entonces,
donde primaban dos ideas muy
opuestas entre sí. Por un lado,
de que el Estado debía asumir
un rol paternalista frente a
los problemas sociales,
mientras por otro, el del
excesivo individualismo con el
que la propia sociedad
enfrentaba sus problemas. En
cambio, la propuesta del
gobierno de Frei Montalva
apuntaba al trabajo colectivo y donde el Estado sería un promotor
del bien común a través de la capacitación y asesorías para socios
y dirigentes, además del equipamiento urbano y de servicios para la
comunidad organizada.

Como resultado de la serie de iniciativas incluidas en el programa


de Promoción Popular, se pudieron abordar diversos problemas que
afectaban a la comunidad, muchos de ellos relacionados con las
condiciones de marginalidad en la que se veía a los sectores más
pobres, como mencionamos al inicio de este artículo. Se pavimentaron
decenas de miles de metros de veredas y calzadas en diferentes
barrios a lo largo del país. También se abasteció de servicios
básicos, como agua potable, beneficiando a cientos de miles de
habitantes. Algunos ejemplos de estas políticas públicas se
materializaron en poblaciones como Nueva Matucana, La Feria, Lo
Valledor Sur y José María Caro en la ciudad de Santiago.

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Miles de familias se vieron
beneficiadas al gestionar la
solución de diversos problemas
a través de sus organizaciones
comunitarias. Las casi 500 mil
mujeres agrupadas en los
Centros de Madres participaron
en cursos sobre nutrición,
confección de vestuario y
peluquería, que les abrieron
nuevas oportunidades laborales;
accedieron a herramientas de
trabajo como máquinas de coser
a precio costo y con facilidades de pago, además de los insumos
asociados, como telas, hilos y otros; formaron cooperativas a través
de las cuales se les encargó vestuario a diferentes instituciones
estatales a cambio de una remuneración. Del mismo modo, entre 1965
y 1968 más de un millón de personas se capacitaron a través de las
asesorías que entregó la Consejería Nacional de Promoción Popular en
materias relacionadas con electricidad, carpintería o mecánica,
además de las ya mencionadas para las mujeres en los Centros de
Madres. En total, las más de 19 mil organizaciones comunitarias
incentivaron la integración de miles de chilenos a la comunidad
nacional y al desarrollo del país; mientras, los más de 500 mil
nuevos sindicatos permitieron a los trabajadores expresar sus
necesidades y gestionar las soluciones ya fuera junto a sus
empleadores o las autoridades.

Sin lugar a duda, la Promoción Popular tuvo un significativo impacto


en la sociedad, fácilmente cuantificable en la gran cantidad de obras
que se realizaron gracias al trabajo conjunto entre las
organizaciones comunitarias y el Estado, de las cuales sólo hemos
mencionado algunos resultados. Existe un legado hasta nuestros días,
estrechamente ligado a la promulgación de la Ley N°16.880 de Juntas
de Vecinos y Organizaciones Comunitarias a la que nos hemos referido
en su cincuentenario, y es el profundo cambio social que dio inicio
al fin de la exclusión de casi el 50% de la sociedad chilena que no
sólo vivía en condiciones de marginalidad, sino que además permanecía
ajena a las decisiones y beneficios de una sociedad democrática. Y
es que tomaron conciencia no sólo de sus derechos, sino también de
sus responsabilidades, en la búsqueda del tan anhelado bien común.

A palabras del Presidente Frei Montalva en su Mensaje Presidencial


del 21 de mayo de 1970: “Ha nacido y se ha consolidado una vasta red de
organizaciones populares cada vez más representativas de toda la población
que conduce a eliminar la marginalidad material y espiritual. En una
palabra, a través de la Promoción Popular se han dado los primeros y grandes
pasos para abrir el camino a la constitución de una comunidad nacional
consciente de sí misma, cuyas iniciativas organizadas surjan de las raíces
profundas y naturales de nuestra vida social y aseguren una auténtica
participación popular. Sin esta etapa previa su enunciado habría carecido
de sentido”.

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CONSEJERÍA NACIONAL DE PROMOCIÓN POPULAR

La Consejería Nacional de Promoción Popular fue una institución


diseñada por el Partido Demócrata Cristiano, que pretendió dejar
atrás las tradicionales instancias que los grupos poderosos
instauraban como medidas de solución a las carencias de la población
y acabar con una comunidad popular atomizada y marginada de los
centros de decisión. Este objetivo fue ejecutado durante el gobierno
de Eduardo Frei Montalva, quien planteó en su programa Revolución en
Libertad una reforma estructural del país a través de la creación de
cooperativas y nuevas organizaciones sociales agrupadas en tres
tipos: socio-económicas, socio-gremiales y socio-comunitarias. En
esta última se encontraban las Juntas y Comités Vecinales, Centros
de Madres, Centros de Padres y Apoderados, Clubes Juveniles y de
Niños, Clubes Deportivos y Centros Culturales, todas asociaciones
normadas por la Ley de Promoción Popular.

El proyecto se concretó en la Ley 16.880 que creó organizaciones de


base en los sectores marginales, capaces de enfrentar sus propios
problemas e intervenir en la mejora de sus propias condiciones de
vida, puesto que los cambios no se realizarían desde el Estado sino
desde las propuestas de la comunidad misma. Para funcionar, las
organizaciones comunitarias ya mencionadas se debían unir en
Confederaciones y Federaciones que reunían a varios organismos de
base en una unidad mayor, a la que le competía relacionarse
directamente con los organismos estatales. A su vez, los líderes y
dirigentes de base, eran capacitados con el objetivo de facilitar
sus actividades y mantener un diálogo fructífero e informado con las
autoridades. El resultado esperado de esta relación transversal con
la autoridad era generar respuestas desde la base social a asuntos
materiales y culturales como la habilitación de alcantarillados,
viviendas, colegios, pavimentación de calles, etcétera. Los
proyectos presentados por los pobladores eran financiados por ellos
mismos (dinero, mano de obra, materiales) y lo restante era aportado
por el Estado. Se entendía, en este sentido, que la mayor inversión
del pueblo era la vigorización del capital humano, su organización
y comunicación.

Aunque la Consejería Nacional de Promoción Popular no pudo ser


ministerio, contra el deseo de Frei Montalva, tuvo una importancia
gravitante en las transformaciones sociales y mejoras materiales de
la población más pobre. La frustración del proyecto original se debió
a que generó resistencias entre los sectores opositores al régimen,
quienes creyeron que se trataba de una estrategia democratacristiana
para ampliar su base social y su apoyo político. Algunos de estos
planteamientos fueron presentados en la sesión ordinaria de la Cámara
de Diputados del día 28 de junio de 1966 (Municipalidades, Juntas de
Vecinos y Promoción Popular (Consejería Nacional de Promoción
Popular. Santiago: Esc. Lito-Tipo. La Gratitud Nacional, [1966]).

En el gobierno de Salvador Allende, esta institución recibió el


nombre de Consejería Nacional de Desarrollo Social y tuvo entre sus

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objetivos ampliar las bases comunitarias y extender los mecanismos
por los cuales éstas se comunicarían con las diversas entidades
públicas.
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Logotipo distintivo de
la Promoción Popular

Presidente Frei
Montalva saludando a
las asistentes del 1er
Encuentro Nacional
de Dirigentes de
Centros de Madres,
1969

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CENTRAL RELACIONADORA DE CENTROS DE MADRES – CEMA

La Central Relacionadora de Centros de Madres-CEMA era una entidad


de carácter estatal creada a fines de 1964 por la señora María Ruiz
Tagle de Frei, esposa del Presidente Eduardo Frei Montalva, quien
quiso dar una nueva organización a las actividades de beneficencia
o asistencia social realizadas tradicionalmente por la primera dama.
Nació así la Central Relacionadora de Centros de Madres-CEMA.

A diferencia de la Fundación Graciela Letelier Velasco de Ibáñez-


CEMA (desde 1954), esta nueva entidad estaba regulada de forma
estatal y en consonancia con los proyectos sociales del Gobierno.
Los Centros de Madres adquirieron así una categoría y estructura
formal con un apoyo económico constante de parte del Gobierno, que
permitía un diálogo más directo entre la población y la
institucionalidad pública. Este incentivo estuvo coordinado por la
Consejería Nacional de Promoción Popular, creada durante el Gobierno
de Eduardo Frei Montalva, la que también sistematizaba otras
organizaciones de base como juntas de vecinos, clubes deportivos,
cooperativas, talleres artesanales y sindicatos.

Los objetivos específicos propuestos para los Centros de Madres se


encuentran descritos en el Decreto de Justicia Nº 24 publicado en el
Diario Oficial el 3 de mayo de 1967 y actualizado en la Ley Nº 16.880
de 1968, más conocida como Ley de Promoción Popular. Uno de los
grandes logros, y en donde más tempranamente se esbozaron los
objetivos que las mismas mujeres pretendían con estas
organizaciones, fue la realización en el año 1966, del Primer
Congreso de Centros de Madres efectuado en la comuna de La Granja.
Durante este Congreso se abordaron distintos temas como:
→ "La mujer en el desarrollo de la comunidad";
→ "Salud asistencia, preventiva y sanitaria";
→ "Vivienda", "Educación, cultura y deportes"; y,
→ "La familia"

Por su parte, en el Primer Encuentro Nacional de Dirigentes de


Centros de Madres realizado en 1969, se abordaron temas como el "Rol
de la mujer en el proceso de cambios", "Papel de la familia como
promotora del cambio social" e "Integración de la mujer organizada
en el proceso de desarrollo", todos temas relacionados con la Ley de
Promoción Popular aprobada por Frei Montalva.

En 1966 había 3.000 centros en Santiago y 2.500 en provincias. En el


año 1969 existían 6.072 centros.
Durante el gobierno de Salvador Allende, los Centros de Madres
continuaron creciendo hasta llegar a unos 10.000 distribuidos por
todo Chile. Este incremento, además de nuevas orientaciones
políticas, fue la causa de la reorganización del CEMA en otra central
llamada Coordinadora de los Centros de Madres (COCEMA), encabezada
por la Primera Dama, Hortensia Bussi. Debido a la efervescencia
social de esos años, los Centros de Madres se transformaron en un

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objetivo de los partidos políticos partidarios u opositores al
gobierno de la Unidad Popular.

Durante la dictadura, se mantuvo la estructura básica de la Ley


16.880 que había creado los Centros de Madres, aunque con algunas
modificaciones que instauraron drásticos cambios en su
funcionamiento. En 1974 a través del Decreto N° 226 se dio origen a
la Fundación CEMA-Chile, transformándose en una institución privada
presidida por la esposa del general Augusto Pinochet, Lucía Hiriart
de Pinochet. Las colaboradoras de CEMA-Chile se denominaban
"voluntariado" y por lo general estaba constituido por esposas de
militares y de autoridades del gobierno militar, predominando un
clima asistencialista, paternalista y vigilante hacia las "socias",
es decir, hacia las pobladoras. Por su parte, las irregularidades en
la administración de esta fundación y sus recursos, fueron cuestiones
que mermaron sustancialmente el apoyo de la ciudadanía a estas
organizaciones.

Con el retorno a la democracia, CEMA-Chile no fue adoptada por la


autoridad del nuevo gobierno por ser una institución de carácter
privado. Frente a un nuevo escenario en la administración pública y
a nuevas dinámicas en las relaciones sociales, los Centros de Madres
perdieron dinamismo y, en su mayoría, dejaron de ser actores sociales
relevantes. Las mujeres, por su parte, optaron por la participación
en otras entidades otorgando un nuevo dinamismo a las organizaciones
femeninas.

Cierre de CEMA-CHILE

La fundación CEMA Chile, presidida hasta 2016 por Lucía Hiriart,


viuda del dictador Augusto Pinochet, cerró definitivamente sus
puertas en enero de 2019, tras 65 años de existencia, luego de
entregar su último bien inmueble al Estado.

Según se informa, la corporación entregó al Ministerio de Bienes


Nacionales las llaves y la documentación de su sede principal,
ubicada en avenida Francisco Bilbao 1049, en la comuna de
Providencia, propiedad que el pasado 2 de enero el Consejo de Defensa
del Estado inscribió a nombre del Fisco.

Esta era el último de los 108 inmuebles, avaluados en 7.600 millones


de pesos, que la fundación debía entregar en el marco del acuerdo
judicial alcanzado en marzo de 2018.

De ellas, 84 son de origen fiscal, con un valor de 6.468 millones


de pesos, y fueron traspasadas al Ministerio; mientras que los 24
restantes, de origen particular, avaluadas en 1.170 millones de
pesos, fueron donadas a 18 instituciones de beneficencia y cuatro
municipalidades -Villa Alemana, Parral, Santa Bárbara y Futrono-.

"Estas propiedades fueron dispuestas rápidamente, tal como nos pidió


el Presidente Piñera para cumplir objetivos de carácter social para

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instituciones tanto del mundo público como del mundo privado que
prestan esos servicios, y hoy día estamos contentos con ese proceso,
más allá del juicio histórico que pueda existir respecto a Cema
Chile, esas propiedades hoy día están de vuelta en manos del Estado
y prestando fines sociales", expresó el ministro de Bienes
Nacionales, Felipe Ward.

Cierran investigación por malversación de fondos. CEMA Chile cierra


con cerca de 40 millones de pesos en sus cuentas corrientes, de los
casi 1.300 millones que fueron incautados en 2016 por el ministro
Guillermo de la Barra, quien entonces instó una investigación penal
por eventual malversación de caudales y apropiación indebida.

Sin embargo, cerró la indagatoria hace una semana luego de que los
peritajes constataron que los dineros percibidos por la venta de
bienes raíces aparecen ingresados a la contabilidad de la fundación.

Uno de los últimos trámites para que deje de existir la fundación,


creada en noviembre de 1954, es la aprobación de la disolución de la
personalidad jurídica que fue ingresada en los primeros días de enero
en la Municipalidad de Providencia.