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Nombre: Eliana Vega Bravo

Curso: Nivelación Sistemas II

Erase una vez, dos niñas que vivían juntas con su padre, en un pueblito muy aleado de la ciudad.
Debido a que su padre había entrado a la universidad, no contaban con muchos recursos, por lo
que tuvieron que cambiarse a una casa muy vieja que era herencia por parte de su abuela.

Ataron todos sus cachivaches dentro de una moto taxi y partieron rumbo a una nueva aventura
en las lejanías de las montañas. Al llegar, empezaron con la mudanza. Su padre por su lado
empezó por inspeccionar el lugar, abría puertas y ventanas para que entrara la luz y al mismo
tiempo les decía a las niñas que era para espantar a los fantasmas, mientras que a lo lejos se
escuchaban dos pequeñas voces decir, ¨fuera fantasmas, fuera¨.

Después de haber terminado con su búsqueda, fueron a la entrada de la casa, donde se dieron de
bruces con una anciana que estaba parada conversando con el padre de ellas.

La niña más pequeña huyó despavorida, aterrizando en el regazo de su hermana mayor, lo cual
estaba observando la escena divertida. La anciana pregunto que porque no le habían avisado
antes, para poder tener todo impecable en su pronta llegada; el padre solo sonreía, a su vez, la
niña mas grande, le supo responder –es que queríamos tener todo listo para el regreso de nuestra
madre-.

La madre de las niñas tenía una rara enfermedad, por lo que no podía abandonar el hospital
debido a su estado. Entonces se pusieron manos a la obra, limpiaron paredes, fregaron pisos,
lustraron los baños y dejaron todo muy impecable.

Al día siguiente, emprendieron un largo viaje rumbo al hospital para visitar a su madre. Después
de haber conversado con ella, se marcharon a su casa, con la esperanza de que para el fin de
semana, ya podrían tener en casa a mama.

En el patio de su casa, había un extenso bosque, y dentro de este, había un árbol alcanforero, de
más de 100 años y 50 metros de alto. A la niña más pequeña le encantaba adentrarse, pues decía
que dentro de él, vivía el gran Totoro, un gran monstruo color blanco y gris. Un día, después de
la escuela, las niñas fueron a casa y de inmediato se dieron cuenta que su padre no había llevado
su paraguas y se dieron con la misión de llegar a la parada de autobús a espera a su padre, que
tenía que caminar por más de una hora para llegar a casa.

Llegando a la parada de autobús, sintieron la llegada de alguien muy grande y pesado, pues
remecía todo a su alrededor, para su sorpresa, era el gran Totoro; la niña mas grande, le alcanzo
su paraguas para que no se mojara y él se limito a sonreír. Después de un rato aulló tan fuerte,
que las gotas del fresno que los tapaba de la lluvia empezó a tirar gotas tan enormes que parecía
que el cielo se caía a pedazos.

Luego de un rato, empezó a cantar y a lo lejos se divisaba un autobús, pero no era cualquier
autobús, era un lincebus, un lince enorme con forma de autobús, el cual ayudaba a transportar a
Totoro. Al cabo de un rato, llego a donde estaban las niñas, se detuvo y abrió las puertas, Totoro
hizo una reverencia y se subió al gran gato, mientras este iba escalando la montaña para
desaparecer en el ocaso, el gran Totoro, extendió su mano en forma de saludo y desapareció.-