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La contaminación de los puestos de

trabajo
La progresiva contaminación del medio ambiente, causada por la actividad humana es un
fenómeno cuyo manifiesto incremento ha motivado una preocupación generalizada.

Es raro el día que no se difunden noticias sobre las múltiples aberraciones que siguen
cometiendo los hombres en orden a destruir su medio natural: la desforestación, la
desertización, el efecto invernadero, los agujeros de ozono, la acumulación de basuras en
este gran vertedero incontrolado en el que habitamos, la lluvia ácida, etc., etc.

Sin embargo, se habla menos de los problemas de contaminación en los puestos de trabajo,
a pesar de ser la más antigua agresión ambiental a la salud humana y de estar propagándose
a un ritmo sin precedente a capas cada vez más amplias de trabajadores, de forma que cada
vez son más los trabajadores de “cuello blanco” que se ven afectados.

Si bien es verdad que los niveles de contaminación en muchos puestos de trabajo han
descendido cuantitativamente, no es menos cierto, que ello ha ido acompañado de un
empeoramiento cualitativo. La enorme capacidad de la industria para poner en el mercado
nuevas sustancias sin que se haya llevado a cabo, con carácter previo, estudios sobre su
toxicidad, ha conducido a la situación actual, en la que nos vemos rodeado por miles de
sustancias de las que no sabemos nada o casi nada acerca de los efectos que pueden
producir su contacto dérmico, inhalación o ingestión en aquellas personas supervivientes de
este acelerado proceso de degradación ambiental. Y no cabe duda que quienes tienen un
contacto más intenso y prolongado con esas sustancias de “efectos desconocidos” son los
trabajadores que las fabrican, envasan o aplican y, por tanto, los que están expuestos a
mayores riesgos. Lo mismo ocurre, con las manifestaciones energéticas potencialmente
dañinas, tanto como el ruido, las vibraciones y los numerosos tipos de radiaciones, los
rayos X, las microondas, los rayos infrarrojos y ultravioletas, etc.

Hay que destacar igualmente, la rápida extensión de la contaminación del medio ambiente
de trabajo desde las ocupaciones de tipo industrial a las de sector terciario. En la era del
ordenador, todas las oficinas han sido invadidas por la contaminación. Hasta los hospitales,
lugares que supuestamente fueron construidos para curar, han sido saturados de riesgos
profesionales: los equipos de radiodiagnóstico con peligrosas radiaciones, especialmente,
los rayos X, los radioisótopos empleados en el tratamiento de cáncer, la manipulación de
ciertos medicamentos extremadamente tóxicos y de uso exclusivamente hospitalario, los
gases anestésicos relacionados con el aborto blanco, el óxido de etileno, etc.

Un reciente ejemplo de la extensión de los riesgos ambientales a sectores profesionales


supuestamente exentos de aquellos, lo constituye el llamado síndrome del edificio enfermo
que fue descrito por primera vez a finales de la década de los 80 y que se presenta en
edificios cuya ventilación se realiza únicamente a través de un sistema centralizado de
acondicionamiento de aire, con escasa renovación del aire con el fin de minimizar el
consumo energético.
En la actualidad se pude afirmar que la patología profesional se ha universalizado si bien
sus manifestaciones son más sutiles, dificultándose así la identificación del origen laboral
de sus causas.

El progresivo deterioro del medio ambiente en el que se hayan implicadas las tecnologías
supuestamente avanzadas nos llevará, de no tomarse las medidas correctoras pertinentes, a
una situación de riesgo en la que el único superviviente será un medio ambiente totalmente
degradado en el que sea imposible la vida. Y como dijo el poeta: “Está el hombre ante sí,
trágicamente solo, / mientras las aguas crecen sin espera / ahogando justamente, santamente
/ lo que debe morir. / Por eso está mi canto repicando / sobre el fuego, la muerte, y os
convoca, / hombres, para que proclamemos la esperanza”.