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UNIVERSIDAD PRIVADA DE TACNA

FACULTAD DE EDUCACIÓN, CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN Y


HUMANIDADES

CLASIFICACIÓN DE DELINCUENTES
SEGÚN
ALEXANDER Y STAUB

ESTUDIANTES: PERCA AFARAY, GUILLERMO CHRISTIAN


URURE GIRON, CLAUDIA VALERIA

PROFESOR: MG. ALEX VALENZUELA ROMERO

CURSO: PSICOLOGÍA JURÍDICA

SEMESTRE: 2019 - II

Tacna- Perú
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN....................................................................................................................3
CAPÍTULO I
BIOGRAFÍA.............................................................................................................................4
CAPITULO II
PERSPECTIVA DEL DELINCUENTE.................................................................................6
CAPITULO III
CLASIFICACIÓN DE DELINCUENTES..........................................................................10
CONCLUSIONES..................................................................................................................13
REFERENCIAS.....................................................................................................................14
INTRODUCCIÓN

Durante siglos antropólogos, criminólogos y psicólogos, incluso filósofos, han tratado


de encasillar en una clasificación a los delincuentes. Hay tantas propuestas como autores han
intentado delinear un perfil de los criminales.

Desde siempre, el debate permanente de la Criminología es si el delincuente violento


constituye un tipo especial de criminal. Los autores siempre han tratado de hallar una
taxonomía que encasille los distintos tipos de delincuentes. Incluso en épocas de Platón y
Aristóteles, una descripción de la personalidad y características de aquellos que se apartaban
de las elementales normas de convivencia, fue objeto de ensayos por encontrar una tipología
de persona que permita identificar y pronosticar el comportamiento delictivo.

Es evidente que intentar una clasificación ha sido y es una de las más difíciles
propuestas para los criminólogos de todos los tiempos. Criterios antropológicos, biológicos,
sociológicos, psicológicos incluso espirituales han irrumpido en el mundo científico para
poder encasillar un tipo en particular de delincuente, en una categorización que permita el
ordenamiento y sistematización para saber quiénes son los delincuentes.

De tal manera es que en el presente trabajo monográfico se usarán como referentes a


Franz Alexander y Hugo Staub ya que ellos plantean desde una postura psicoanalítica en un
sentido etiológico mediante la descripción de las condiciones psicológicas que presenta el
nacimiento de la acción criminal, donde Alexander y Staub se basan en el grado de partición
del “YO”. Se tratarán sus biografías, visión de la delincuencia, la clasificación que ellos
proponen y conclusiones.
CAPÍTULO I
BIOGRAFÍA

Franz Alexander

Nació en Budapest, 1891 y falleció en Palm Springs, 1964. Psiquiatra estadounidense de


origen húngaro. Estudió medicina en la Universidad de la capital húngara. Se graduó en
1913, y al estallar la Primera Guerra Mundial fue reclutado como jefe de la sección de
bacteriología del ejército austro-húngaro. Terminado el conflicto, regresó a Budapest para
trabajar en la clínica neuropsiquiátrica adscrita a la Universidad, y en 1919 se trasladó a
Berlín para estudiar en el recien creado Instituto Psicoanalítico.

Entre 1921 y 1930 ejerció de profesor de psicoanálisis en el Instituto berlinés, tras lo cual se
trasladó a Estados Unidos invitado por la Universidad de Chicago. En esta ciudad creó el
Instituto de Psicoanálisis (1932), primer centro de este tipo existente en el país, y que bajo su
dirección adquirió rango de prestigiosa institución médica. En 1938 le fue concedida la
nacionalidad estadounidense y ese mismo año se hizo cargo de la cátedra de Psiquiatría de la
Universidad de Illinois, cargo que ejerció hasta su jubilación.

En 1950 presidió la sección de Medicina Psicosomática, Psicoanálisis y Psicoterapia


(materias de las que fue autor de respectivos tratados generales) en el Congreso Internacional
de Psiquiatría que tuvo lugar en París. En 1956 comenzó a desarrollar una investigación
acerca de los factores que intervienen en el tratamiento psicoanalítico, en la que hizo hincapié
en la personalidad del psicoterapeuta. Fue galardonado, entre otros, con el premio "Samuel
Ruben" por su aportación a la sanidad pública (1958), y en su primera época, con un premio
por su estudio del complejo de castración, que le entregó Sigmund Freud. En sus estudios
desarrolló la teoría del superego y trató de aplicar los principios del psicoanálisis al campo de
la criminología.

Hugo Staub

El 29 de octubre se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de Hugo Staub.

Jurista de extraordinario prestigio en el foro de su patria (Alemania), inteligente y de


vasta cultura, poseía un espíritu noble y generoso que le impulsaba a proteger y ayudar al
necesitado. Su figura era bien conocida en el ambiente intelectual y bohemio de Berlín, donde
habíase convertido en el protector de jóvenes artistas, pintores y escritores.

Al surgir el psicoanálisis comprendió inmediatamente su significado e importancia y


después de someterse a su propio análisis se incorporó al Instituto Psicoanalítico abierto en
Berlín por Max Eitingon, donde dirigió un seminario sobre psicoanálisis criminal dedicado a
jueces y abogados. La comprensión y rehabilitación del delincuente y el descubrimiento de
las motivaciones inconscientes expresadas en el acto criminal fueron sus objetivos
principales. Para ello contaba con sus grandes conocimientos legales y psicoanalíticos y sobre
todo con una intuición psicológica poco común. Esta combinación de condiciones, unida a su
arraigada tendencia de ayudar al caído, dieron como resultado rotundos éxitos terapéuticos y
un valioso aporte científico.

En 1925 realizó en colaboración con Franz Alexander el primer estudio psicoanalítico


de un caso criminal y desde entonces prosiguió su labor con verdadera pasión. En El
delincuente y sus jueces desde el punto de vista psicoanalítico, publicado por ambos autores,
se expone el fruto de cuatro años de pacientes investigaciones.
CAPITULO II

PERSPECTIVA DEL DELINCUENTE

Para estos autores, la crisis de la justicia en nuestros días debe vincularse con el
desconocimiento, por ella, de los reales móviles del delito: esta acción humana depende en
gran medida de pulsaciones del inconsciente y ellas en su mayor parte son desconocidas por
el sujeto. Frente a tal realidad, la justicia explora solo en las motivaciones superficiales y solo
por excepción sospecha tras los móviles conocidos algún elemento ignorado.

Marchiori (2005) menciona que para estos autores todo hombre es innatamente un
criminal, es decir, un inadaptado. Conserva en su plenitud esta tendencia durante los primeros
años de la vida; la adaptación del sujeto a la sociedad comienza después de la victoria sobre
el complejo de Edipo, en un periodo de latencia, que empieza entre el cuarto y sexto año de
edad y termina en la adolescencia, es decir, el desarrollo del individuo sano y del criminal
son, hasta ese momento, completamente iguales. Mientras que el individuo normal consigue
durante el periodo de latencia, reprimir las genuinas tendencias criminales de sus impulsos, y
dirigiéndolas en un sentido social el criminal fracasa en esta adaptación. Es decir, que el
criminal transforma en acciones sus instintos inadaptados a la sociedad.

Explican que la primera relación del recién nacido con su medio es un impulso
ilimitado de apoderarse de todo. Este impulso de posesión se exterioriza en acciones
verdaderamente caníbales del niño y es el contenido de la primera fase que el psicoanálisis
denomina oral-sádica. Las perturbaciones sufridas durante esta fase instintiva, especialmente
los descuidos en la educación, pueden influir en la posterior relación del niño con la sociedad.
La primera condición para adaptarse a las exigencias de los adultos la sufre el niño con la
llamada disciplina de la limpieza. La satisfacción de placer, enlazada a sucesos fecales y que
se relaciona tanto con la retención de los excrementos, como son su expulsión, se perturba
por las exigencias de los adultos respecto al orden, limpieza y disciplina.
Una de las conclusiones anteriores implica serio peligro: debilitada la confianza en la
autoridad (si mis padres pueden hacer algo malo, yo puedo hacer lo que quiera) se pierde el
control interno y al igual que en el niño, la única contención seria el temor al castigo.

Por temor al castigo o reproche de los adultos el niño aprende a dominar y regular la
actividad de su esfínter. El primer delito que cometen todos los hombres sin excepción, es el
quebrantamiento de las reglas de la limpieza.

Lo que el sujeto normal haría solo ante situaciones excepcionales, pueden si hacerlo el
neurótico y el criminal neurótico en condiciones corrientes. Los mecanismos de defensa dan
aquí la posibilidad de “sobornar” o “desarmar” la conciencia de permitir satisfacción a la
antisocualidad.

Alexander y Staub manifiestan que el neurótico y el criminal han fracasado con su


incapacidad de resolver el problema de sus relaciones con la familia en un sentido social. Lo
que el neurótico exterioriza simbólicamente y en síntomas inocentes para los demás hombres,
lo realiza el criminal mediante acciones reales. Claro que se plantea la pregunta fundamental
de por qué causa uno se satisface con la fantasía criminal y su retribución suplementaria por
el sistema neurótico, mientras que el otro no puede renunciar a la acción delictiva. Esta
pregunta se refiere a la economía y a la estructura del aparato psíquico.

La cuestión se plantea respecto a la fuerza relativa de las tendencias impeditivas


sociales frente a la presión de las exigencias instintivas no dominadas. Es evidente que para
comprender la criminalidad se necesita conocer cómo se ha formado la parte del yo adaptado
socialmente, saliendo del gran reservorio de la vida instintiva y asocial, es decir, del ello.

El temor al padre, el deseo de ser querido por él y la tendencia de emularlo, forman


por eso, los resortes de la identificación ansiada por el niño con su consecuencia impeditiva.
A esta instancia nacida de la identificación y que representa a la vez una función impeditiva y
un ideal, se la denomina súper-yo, es decir, la parte social de la personalidad.

Una característica de todos los neuróticos y de la mayor parte de los criminales la


constituye el quedar incompleta esta incorporación del súper-yo, fracasando la unión de éste
con el yo en una formación unitaria. El súper-yo se convierte en un cuerpo extraño. Queda
una tendencia entre el yo y el súper-yo, en la que el primero tiende a volver a su
independencia frente al súper-yo, admitiendo las tendencias primarias inadaptadas del ello.
Pero a esta tendencia se oponen, además de la realidad, las exigencias inminentes del súper-
yo.

Alexander y Staub denominan criminales neuróticos al grupo muy numeroso de


delincuentes que en su estructura anímica muestran una semejanza interior con los enfermos
de neurosis, es decir, que poseen el conflicto neurótico entre tendencias sociales y asocíales.
Se refieren con esto a todos los criminales cuya acción se basa en sucesos inconscientes
semejantes a los que pueden conducir también a la formación de una neurosis.

Tales puntos de vista permiten a los autores postular un continuo entre dos tipos
polares concebibles solo teóricamente, uno, criminal puro sin super yo, que solo se inhibe
ante el poder social; otro, el sujeto con fusión de una unidad del yo y del super yo, que
prefiere el interés de la sociedad al suyo propio. Se advierte que la realidad no presenta nunca
estos casos límites, sino solo grados intermedios.

El criminal sin super yo, aparece así con existencia cuestionable en la realidad, ya
que, entre él y el sujeto normal promedio, habría solo diferencia cuantitativa. En el hombre
no hay barreras internas sólidas sino ante ciertos delitos extremos (parricidio, incesto,
canibalismo, etc) y los otros solo se contienen por temor a la represalia.

Mientras que una parte de los criminales se caracteriza por la tensión excesiva que en
ellos existe entre las exigencias sociales y las del instinto, demostrando que los modelos
educativos no se han fundido orgánicamente con el yo y se oponen a éste como a un extraño,
hay otro grupo de criminales muy importantes en la práctica, que no demuestra en su
estructura psíquica esta desviación con la norma recibida. Este grupo ha sido estudiado
especialmente por Aiehorn en su libro Sobre la juventud abandonada, llegando a la
conclusión de que estos sujetos poseen en cierto sentido un súper-yo criminal.

Se han adaptado a las personas adultas delincuentes que los rodean y a sus modelos
criminales. Son asocíales en una sociedad criminal, observan una moral criminal propia, con
frecuencia muy rigurosa, que significa la identificación con una sociedad, aun cuando ésta no
sea la sociedad de nuestra vida civil.
Carpio (2012), comenta que los autores aseveran que los criminales, llamados por
ellos neuróticos, lejos de verse intimidados por la pena social se ven atraídos por ésta,
fomentando, más bien, la criminalidad; por consiguiente, proponen una abolición de la
medida expiatoria, aconsejando, más bien, un sometimiento a un tratamiento reeducativo
basado en el psicoanálisis. Para los demás conservan la pena como consecuencia punitiva de
su acto. “(…) la diferencia entre el delincuente y el hombre normal representa, generalmente,
no una falta congénita, sino un defecto de la educación”
CAPITULO III

CLASIFICACIÓN DE DELINCUENTES

Baloa, Bolivar & Espinoza refieren que según Alexander y Staub en su obra clásica
“El delincuente y sus jueces desde el punto de vista psicoanalítico” donde hacen distintos
aportes.

En función de la teoría de los estadios, distinguían tres tipos de crímenes:


 Crímenes de etiología psicológica:
Derivados de una neurosis edípica. Así mientras un individuo normal consigue en el
periodo de latencia reprimir las genuinas tendencias criminales de sus impulsos y
sublimándolos hacia un sentido pro social, el criminal fracasa en esta adaptación.

 Los crímenes de etiología sociológica:


Es el resultado de una identificación del yo criminal infantil con el superyó de un
adulto criminal

 Los crímenes de etiología biológica:


Siendo provocados por enfermedades mentales, atribuyéndose exclusivamente a
resultados de alguna enfermedad mental que ocasiona las conductas criminales.

También realizaron una clasificación de criminales, siendo la siguiente:

 El criminal neurótico
Cuya conducta de enemistad social representa el punto de escape del conflicto
psíquico entre las partes sociales y asociales de su personalidad, conflicto que
nace de influencias anímicas semejantes a las que producen la psiconeurosis y que
tienen lugar durante la primera infancia o en la vida posterior (Etiología
Psicológica).
 El criminal normal
De estructura anímica semejante al hombre normal, pero identificado por la
educación con modelos criminales (Etiología Sociológica).
 El criminal averiado orgánicamente (criminal crónico)
Es el criminal que realiza éstas conductas a causa de procesos patológicos
orgánicos (etiología biológica).

 Criminal puro
Las exigencias sociales no han logrado tener una representación interna en la
forma de un superyó, y que por eso, inhibe sus tendencias antisociales, sin
ninguna convicción íntima y sólo forzado por el temor ante el poder social.
 Criminal agudo
Delinquen no por pertenecer a un grupo determinado de hombres, sino por
hallarse en condiciones tales que cualquier persona, puesta en la misma situación,
infringiría la ley.

Además Alexander y Staub añaden otra clasificación de delincuentes:


 Los delincuentes por criminalidad crónica
o Por causas tóxicas u orgánico-patológicas: La función del yo está
perjudicada o desconectada. Estos son casos, llamados casos
irresponsables (enfermos mentales, alcohólicos y toxicómanos en general)

o Condicionadas neuróticamente: Acciones criminales condicionadas


neuróticamente. Estas acciones están condicionadas en primer lugar por
motivos inconscientes, y por tanto, la parte consciente de la personalidad
no puede tener ninguna relación en tales motivos, inasequibles para ella. El
yo es ganado para la ejecución del hecho mediante especiales mecanismos
neuróticos, que relajan su dependencia del súper-yo, ocultándole el
verdadero sentido de la acción sobre los móviles reales.

o De delincuentes normales no neuróticos con súper yo crimina:


Acciones criminales de delincuentes normales no neuróticos con un súper-
yo criminal. Estos individuos están adaptados a una sociedad especial con
una moral propia, que pudiéramos llamar "moral criminal" distinta de la
moral dominante. Por eso su personalidad se identifica totalmente con la
acción. Su conducta social es adecuada a yo (delincuentes reincidentes).
o Criminal genuino: El criminal genuino se encuentra al nivel primitivo del
hombre ancestral y cuyos instintos no domados por ninguna instancia
interna, se traducirían inmediatamente en hechos, se trata del hombre sin
súper-yo

 Los delincuentes por criminalidad accidental


o Delitos por equivocación: Cuando el yo está con la atención fija en una
cosa distinta de la situación real en que se encuentra, puede cualquier
tendencia criminal inconsciente llegar a desbordarse, el yo rechaza por
completo el hecho realizado en estas circunstancias (culpa o negligencia)
o Delitos de situación: Aquellos en que se trata de una situación real de
dolor que lesiona tan fuertemente el sentimiento de lo justo, que el poder
impeditivo del súper-yo, aún funcionando perfectamente en distintas
condiciones, queda anulado en el hecho con
CONCLUSIONES

Para estos autores todo hombre es innatamente un criminal y su adaptación a la


sociedad comienza después de la victoria sobre el complejo de Edipo. Así mientras un
individuo normal consigue en el periodo de latencia reprimir las genuinas tendencias
criminales de sus impulsos y sublimándolos hacia un sentido pro social, el criminal fracasa en
esta adaptación.

Sobre lo explicado permite entender que los autores postulan un continuo entre dos
tipos polares concebibles solo teóricamente, uno, criminal puro sin super yo, que solo se
inhibe ante el poder social; otro, el sujeto con fusión de una unidad del yo y del super yo, que
prefiere el interés de la sociedad al suyo propio.

Los autores clasificaron a los criminales en criminal neurótico, criminal normal.


Criminal averiado organizamente y criminal agudo; posteriormente se hace otra clasificación
según su criminalidad, la cual esta dividida entre criminalidad crónica y criminalidad
accidental.
REFERENCIAS

Baloa,M., Bolivar, D., & Espinoza, O. (2013). Clasificación de los criminales. Recuperado de

https://es.scribd.com/presentation/333095851/Presentacion-Clasificacion-de-los-Criminales-

ppt

Carpio, C. (2012). Estado de la Cuestión del Psicoanálisis con Respecto a la Criminología.

Para obtener el Grado Académico de Magíster. Guayaquil.

Fuentes, M. (2008). CRIMINOLOGÍA: HERRAMIENTA DE LA PREVENCIÓN DEL

DELITO. España.

González, M. (1998). Elementos de Criminología. Chile: Jurídica de Chile

Marchiori, H. (2005). Personalidad del delincuente. México: Editorial Porrúa

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