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del 24 de febrer al 1 de març 2020 www.parroquialavilavella.

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S a g r a d a F a milia - La V ila vella

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CELEBRACIONES E INTENCIONES

Lunes 24 Martes 25 Miércoles 26 Jueves 27


A las 9:30h MIÉRCOLES DE CENIZA A las 9:30h Misa
A las 18:30
Misa en (Ayuno y Abstinencia) en Acc. de Gr. al
Misa en sfgr.
sfgr. de A las 9:30h Misa por los Sagrado Corazón.
de Teresa
Ricardo, adoradores de los jueves.
Adsuara A las 19h Misa
Benjamín,
Sales; A las 19h Misa en sfgr. de en sfgr. de Manuel
Dolores,
Abelardo Abelardo Badenes Vicent Roque (1er
Pascual,
Badenes Contreras; Teresa Adsuara Aniversario)
Paquita
Contreras Sales

Viernes 28 Sábado 29 Domingo 1


(Día de abstinencia) A las 19:00h I Domingo de Cuaresma

A las 19:00h Misa en Misa en sfgr. de A las 7:00 Canto y Rosario


sfgr. de Roberto Notari; lo difuntos de la Aurora.
dif. fam. Senar - fam. Carratalá -
A las 8:00 Misa en sfgr. de
Ballester; en acc. de Gr. Ibáñez; Ramón Benjamín, Dolores, Pascual y
a Sta Lucia por las y Jesús Canos;
Dolores.
intenciones de sus Mª Rosa y
Josefina Vicent, A las 11:00 Misa pro populo.
devotos
Mª Teresa Después de la Misa, los 7
A continuación Via
Orenga Domingos de San José.
Crucis.
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COMO NIÑOS
Otra vez Cuaresma. Otra vez
ponerse a luchar con especial
ímpetu. A uno le puede entrar un
poco de depre, tener la sensación
que avanza poco, a trompicones.
¡Incluso que va hacia atrás! Es
súper importante no olvidarse de
la única forma de vivir delante del
Señor es siendo como niños.

Santa  Teresita nos legó este modo de tratar al Señor. Bueno, lo


profundizó y le puso nombre, porque existir existe desde siempre. Lo llamó
camino de infancia espiritual. La doctrina de esta Doctora de la Iglesia
supuso un gran avance en el ámbito de la espiritualidad cristiana.

En los manuales clásicos sobre la humildad, se decía que nuestra


miseria nos ayuda a progresar en la vida espiritual, porque nos lleva a
reconocer la necesidad de ser perdonados por un Dios que nos ama a
pesar de nuestros defectos. Sin embargo, a partir de Santa Teresa del Niño
Jesús, se introduce un nuevo matiz: Dios no nos ama sólo a pesar de,
sino, de algún modo, también gracias a nuestra flaqueza. El Señor es
muy generoso y desea volcarse con todos, pero tiene predilección por los
más débiles, ya que si éstos no dejan de luchar y reconocen su debilidad,
Él puede volcarse más con ellos.

San Pablo lo intuyó cuando el Señor le dijo: «Mi


fuerza se muestra perfecta en la flaqueza»; por eso,
añade el apóstol: «Por tanto, con sumo gusto me
gloriaré todavía más en mis flaquezas, para que
habite en mí la fuerza de Cristo. Por lo cual me
complazco en las flaquezas». Comentando esas
palabras, afirma San Josemaría: «Al barruntar en
nuestra alma  el amor, la comprensión, la ternura
con que Cristo Jesús nos mira, comprenderemos
en toda su hondura las palabras del Apóstol; con fe
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en el Señor, a pesar de nuestras miserias —


mejor, con nuestras miserias— seremos
fieles a nuestro Padre Dios» Por tanto,
también nosotros podemos alcanzar la
santidad, y no sólo a pesar de nuestras
miserias, sino contando con ellas. Gracias a
ellas, amaremos más.

Nos conviene, pues, ser como niños que no


se extrañan de su debilidad. Dios nos ayuda
a comportarnos con fortaleza mientras
permanecemos en esa flaqueza que atrae sus dones.

El pequeño es aquel a quien Él siempre puede dar. El grande es aquel


que comienza a pensar que ya se las puede arreglar solo. Está perdido. Al
menos, perdido para la santidad. Santa Teresita demostró con su vida que
su pequeña vía es todo un atajo hacia esa alta meta. Nos cuenta que tenía
un carácter muy inseguro, pero que cuando descubrió la gran ventaja de
su debilidad, todo empezó a ir sobre ruedas: su espíritu, al fin liberado de
escrúpulos, se expandió.

La infancia espiritual colorea la relación con nuestro Padre Dios:


nos lleva a imitar la oración sencilla de los niños, la confianza
ilimitada que tienen en sus padres, la espontaneidad y las pillerías
que les son propias.

Como insiste Santa Teresita, «ser


pequeño… es no desanimarse por las
propias faltas. Pues los niños  caen
con frecuencia. Pues son demasiado
pequeños para hacerse daño».
Podemos aprender mucho observando a
los niños. Tienen, por ejemplo, un
peculiar sentido de la justicia.
Acostumbrados como están a recibir
todo gratis, cuando el padre les regala
golosinas, cogen una y se la dan, en un
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alarde de generosidad.

Hacen también travesuras pero


saben ir a lo esencial, como escuché una
vez a una niña: «He pedido perdón a
Jesús porque, a veces, le dejo de
querer».

El comportamiento de los niños a la


hora de pedir perdón es particularmente
intersante. Santa Teresita rememoraba así
una de esas escenas: «Fíjate en un niño
que acaba de disgustar a su madre
montando en cólera o desobedeciéndola.
Si se mete en un rincón con aire
enfurruñado y grita por miedo a ser castigado, lo más seguro es que su
madre no le perdonará  su falta; pero si va a tenderle sus brazos
sonriéndole y diciéndole: “Dame un beso, no lo volveré a hacer”, ¿no lo
estrechará su madre tiernamente contra su corazón, y olvidará sus
travesuras infantiles…? Sin embargo, ella sabe muy bien que su pequeño
volverá a las andadas en la siguiente ocasión, pero poco importa, si él
vuelve a ganarla por el corazón, nunca será castigado…».

También San Josemaría describe escenas similares. «Es preciso


convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. Vivimos como
si el Señor estuviera lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos
que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso
—a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del
mundo pueden querer a sus hijos—, ayudándonos, inspirándonos,
bendiciendo… y perdonando. ¡Cuántas veces hemos hecho desarrugar el
ceño de nuestros padres diciéndoles, después de una travesura: ¡ya no lo
haré más! —Quizá aquel mismo día volvimos a caer de nuevo… —Y
nuestro padre, con fingida dureza en la voz, la cara seria, nos reprende…,
a la par que se enternece su corazón, conocedor de nuestra flaqueza,
pensando: pobre chico, ¡qué esfuerzos hace para portarse bien! Preciso es
que nos empapemos, que nos saturemos de que Padre y muy Padre
nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos».