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ÍNDICE

Introducción__________________________________________________3

Los mecanismos de la violencia en la pareja o el poder sobre el otro_______4

Diferencia entre agresión y violencia


El ciclo de la violencia
Perfiles psicológicos del hombre y la mujer violenta
Perfiles psicológicos de la mujer y el hombre violentado.
Dependencia emocional y los distintos tipos de violencia

Conclusiones________________________________________________19

Fuentes de consulta___________________________________________21

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INTRODUCCIÓN

La violencia es un mecanismo que el ser humano ha utilizado para adquirir poder y control, por
el hecho de ser capaz de razonar, pensar y aprender. Esto conlleva a que imite desde pequeños
actos violentos, que posteriormente empleará en su vida, pero manifestado principalmente con su
pareja. La violencia es un acto del ser humano empleado para demostrar superioridad, fuerza,
control, autoridad, poder y dominio; dañando a su pareja y dejándole heridas difíciles de
cicatrizar.

Escogí este tema porque, a pesar de la difusión que existe socialmente acerca de la
prevención y detención de la violencia, la sociedad sigue ignorante ante los diferentes tipos de
violencia que hay y cómo se vive con ella de modo que la vemos natural. La violencia sigue
justificándose como algo normal y cotidiano. Algo con lo que mucha gente nace y crece sin
percibir el grado de violencia en el que vive.

Para este ensayo tomaré como punto de partida la diferencia entre violencia y agresión.
Es importante distinguirlas porque la agresión es un componente necesario para el ser humano
que permite el desarrollo, la supervivencia y defensa, mientras la violencia es un mecanismo
antinatural e innecesario porque tiene la finalidad demostrar y mantener el poder sobre la pareja.

Intentaré analizar las distintas formas en que el ser humano manifiesta la violencia con su
pareja a través de actos cuyo propósito es herir al ser amado, y obtener el control sobre la pareja
para poderla someter, para satisfacer el deseo de poder. Es importante mencionar que quienes
generan violencia son hombres y mujeres capaces de utilizar los mecanismos de la violencia con
su pareja. Estas personas, por lo que investigué, tiene un perfil psicológico al igual que el
violentado. Será importante hablar de las relaciones violentas y del ciclo de violencia.
Finalmente mencionaré las consecuencias que traen al usar la violencia y todas las repercusiones
que experimenta principalmente el violentado. Analizaré los mecanismos de la violencia en la
pareja o el poder sobre el Otro.

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Los mecanismos de la violencia en la pareja o el poder sobre el otro.

La violencia es una conducta que tiene como finalidad tomar el control, la autoridad y el poder; a
través de la agresión física, emocional, sexual y económica. Hoy se hablará de la que nos
interesa por ser el tema central de este ensayo: La violencia en la pareja. Esta está fuertemente
impulsada por el machismo, el feminismo, la misoginia y la misandria. La violencia en la pareja
afecta a la familia, siendo núcleo de nuestra sociedad.

En la familia adquirimos nuestra religión y parte de nuestra identidad que, como ya


sabemos, es lo que nos hace ser auténticos y diferentes de los demás al percibirse en nuestros
gustos, rasgos, acciones, necesidades; ayudan a caracterizarnos, no sólo en la identidad, sino
también en valores, principios, educación, costumbres, confianza, etcétera. Los padres son los
principales encargados de inculcarlos y enseñarlos, por ejemplo: una madre que observa a su hijo
golpeando a sus semejantes tiene el deber de detenerlo y enseñarle a tener una mejor
comunicación.

Los padres tienen como misión, entre otras cosas, guiar a los hijos en todos los ámbitos,
incluso en las relaciones amorosas. Por ejemplo, si en las relaciones de los padres hay muestras
de cariño, de respeto, la confianza, la unión y el cuidado, los hijos buscarán una relación igual
de sana que la de sus padres; si en la relación hay amor, confianza, respeto, principios y valores,
por lógica los hijos de esas relaciones amorosas sanas tratarán de basar sus relaciones en esas
cualidades; pero, cuando estos no están y en la pareja ejerce poder sobre el otro a través de
gritos, insultos, golpes, burlas, pellizcos, manipulaciones, chantajes, empujones, comentarios
hirientes, los hijos compartirán y verán la violencia como algo natural, como un mecanismo
aprendido y listo para ser imitado.

Como ya he mencionado antes, los padres tienen como responsabilidad guiar y proteger a
los hijos, evitando actitudes nocivas que contribuirán a que existan violentadores o violentados
en las relaciones amorosas.

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Pero no sólo el individuo aprende e imita la violencia de sus padres, sino también de la
sociedad a través de los medios de comunicación que están al alcance de todos como la
televisión, el periódico, la radio, el internet que programan inconscientemente al público para ver
la violencia como algo normal, cotidiano, incluso natural. Por ejemplo: cuántas veces, al
sintonizar un canal, principalmente las noticias o series vemos muestras de violencia que
evidencian con golpes, gritos y maltratos. Esto al verlo diariamente refuerza la idea de la
violencia es inherente al ser humana. Lo que procura a el individuo a ser insensible al ver y oír
actos violentos, y en un futuro los recreé y los utilice a lo largo de su vida, incluso los reafirme
con su pareja.

En muchas ocasiones el individuo se ve tan familiarizado con la violencia pensando que


su uso es normal y natural, siendo un acto destructivo que no responde ante la necesidad de
defenderse ni de protegerse. Por lo cual, es importante que diferenciemos la violencia de la
agresión, siendo ambas totalmente diferentes, pero que confundimos porque son conductas
agresivas, pero con finalidades diferentes.

Usualmente se confunde agresión con violencia: siendo la agresión la única actitud que
los animales y los seres humanos tenemos en común por el hecho de sólo se presentarse ante
ciertas situaciones de peligro o de ataque, como es el caso de los animales, ellos sólo atacan si
son agredidos injustificadamente y su fin es la protección o defensa de si mismo, de su
comunidad o de su posesión (hembras o pieza de caza), sin el propósito de matar a su oponente.
En el ser humano la agresión puede llamarse “benigna” como dice la psiquiatra Feggy Ostrosky
en 2011, quien afirma que la agresión humana es una reacción espontánea que sirve para
protegernos, para defendernos. En cambio, cuando la agresión se utiliza de una forma exacerbada
se convierte en violencia, porque se hace consciente al intentar hacer daño destruir y atacar.
Horno en 2009 transcribe la definición que la OMS hizo de la violencia:

(...) el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra
uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad que cause o tenga muchas probabilidades de
causar lesiones, muerte, daño psicológico, trastornos del desarrollo o privaciones y atenta contra
el derecho a la salud y a la vida de la población”. (Horno, 2009, p. 15)

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La violencia en una relación amorosa puede comenzar desde algo muy pequeño y sutil
hasta algo muy evidente y destructivo. Es común que las señales de la violencia, pasen
inadvertida, por el enamoramiento haciéndolas difíciles de percibir. Estas señales van desde un
silencio indiferente, palabras que llevan el propósito de insultar y denigrar, hasta tomar las
formas más aberrantes e inimaginables cómo las humillaciones, los maltratos severos físicos,
psicológicos y sexuales con el fin de hacer sentir el poder sobre el otro. Y hablando de esto,
podemos centrarnos en el tema que nos ocupa: los mecanismos de la violencia en la pareja o el
poder sobre el otro.

Quien utiliza la violencia tiene como propósito imponerse a como dé lugar y tomar el
control sobre su pareja. Hirigoyen (2006) expone, en otras palabras, que el control comienza con
el registro de las posesiones, vigilar las actividades del otro con la idea de mandarlo y dominarlo
para imponer el modo en el cual se harán las cosas, sea cual sea la forma; la violencia también
tiene otros disfraces desconocidos para nosotros, que van desde lo más leve hasta lo más
drástico. Actitudes que no creemos que son violentas tienen un fin nocivo, así como aparecen en
el violentómetro (2009) que van desde:

Bromas hirientes, chantajes, mentiras, engaños, indiferencia, ley de hielo, celos,


culpabilidad, descalificación, ridiculización, ofensas, humillaciones, intimidación
amenazas, control, prohibiciones (amistades, familiares, dinero, lugares,
vestimenta, apariencia, actividades, mail, celular, etc.) destrucción de artículos
personales, manoseos, caricias agresivas, pellizcos, aruños, empujones, jaloneos,
bofetadas, patadas, encierro, aislamiento, amenazas con arma, amenazas de
muerte, forzar a una relación sexual, abuso sexual, violencia y asesinato.

Todas estas conductas violentas son destructivas, nocivas e hirientes, pero son utilizadas
con el propósito de obtener poder en la relación y sobre la pareja. Para mí, algunas conductas
usualmente no se ven violentas de manera explícita, es decir, las vemos de manera tan natural
que no percibimos el grado de violencia que implica, a menos de ser completamente ajenos a un
ambiente donde un grito, la burla, la ridiculización o una palabra grosera son materia corriente
todos los días.

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Quienes utilizan conductas violentas en sus relaciones tienen la idea de hacer lo correcto
y normal en su relación, siendo un mecanismo aprendido e imitado con su pareja. Estos
mecanismos destructivos son ejercidos de una forma escalada, es decir, van aumentando y
empeorando hasta causarles daños irreversibles en la pareja.

La violencia comienza con pequeños talantes, a los que no se les toma importancia como:
un empujón ligero, un jaloneo que, en muchas ocasiones, ambos integrantes ven inofensivos. Lo
peor, es que van empeorando estos actos, convirtiéndose en conductas comunes, reafirmadas
consecutivamente hasta llegar al momento en que no se detienen, estos se van integrando más y
más en la pareja hasta que ambos experimentan y viven una relación violenta.

Hay muchos factores que influyen para que en una relación haya violencia como:

Corta edad; deficientes niveles de salud mental relacionados a la baja autoestima ira
depresión inestabilidad emocional y dependencia, rasgos de personalidad antisocial o
fronteriza y aislamiento social; historial de disciplina física en la infancia; inestabilidad
marital y separación o divorcio; historial de comisión de abuso psicológico; relaciones
familiares no saludables; temas asociados a la pobreza como hacinamiento y tensiones
económicas y bajos niveles de intervención comunitaria o acciones contra la violencia
doméstica. (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, 2008)

La violencia es un mecanismo que rebasa los límites del otro, convirtiendo a la pareja en
propiedad de su violentador. Cuando una relación amorosa se va contaminando, con agresiones
aprendidas e imitadas, el violentador las replica poco a poco aumentando los daños en la pareja.

Como se ha mencionado, el objetivo del violentador es tener el control de su pareja y el


dominio de la relación, mediante actos de aislamiento, acoso, denigración, critica del físico,
humillación, intimidación, amenazas e indiferencia ante las demandas afectivas. En muchas
ocasiones le hace creer a su pareja que ella debe saciar sus egoístas deseos, teniendo el
violentador la idea que su pareja esta para servirle y si no lo hace obligara a su pareja utilizando
los mecanismos violentos aprendidos. En otros momentos al violentador no le interesa como

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obtendrá lo que quiere, ni el costo de estos deseos absurdos, porque a él sólo le interesan sus
necesidades. Él no alcanza a entender el riesgo en el que pone a su pareja, al tratar de ser
complacido y satisfecho porque sólo se interesa lo que le conviene, le satisface y le agrade.

Usualmente una persona violenta no ve el beneficio común para ambos integrantes de su


propia relación; es una persona totalmente egoísta, exige el apoyo de su pareja y la ve como un
escalón para llegar a donde él quiere, sólo por tontos caprichos que son destructivos.

El violentado, poco a poco, cae en la trampa de su victimario: en sus engaños,


manipulaciones y chantajes hasta llegar el punto en convertirse en lo que su agresor desea,
perdiendo el derecho prácticamente de dirigir su propia vida, teniendo la idea de sólo servir a su
pareja, no para sí misma e incapaz de hacer algo para solucionarlo:

Pánico, pánico. Pánico, porque no sabía si lo podría hacer. Pánico, porque pensé que él
podía hacerme cambiar de opinión. Pánico, porque estaba segura de que él sabría lo que
yo estaba pensando...que sabría que algo había cambiado en mí. Entonces, pánico de tal
vez no poder marcharme. Hirigoyen (2006)

En este caso la víctima de la violencia llega al punto de la inmovilización. Se siente incapaz de


hacer algo para escapar del poder del Otro. Ha perdido su capacidad de decisión. No tiene
voluntad. Otro ejemplo es cuando al integrante violento no le parece una relación de amistad de
su pareja tiene, le impone a ella la orden de alejarse de aquello que le molesta obligándola a
renunciar, incluso al trabajo para no tener contacto con alguien más. Esto es una conducta que
muestra como el violentador aísla a su pareja. “(...) Necesita que ella se ocupe de él, que sólo
piense en él. Procura que no sea demasiado independiente para que no se escape a su control.
Con frecuencia, las mujeres afirman sentirse prisioneras.” Hirigoyen (2006). Otro ejemplo es el
control donde el violentador decide sobre la apariencia de su pareja, es decir, si a una
violentadora no le parece una prenda que utiliza su pareja, comienza a descalificarla e incluso a
insultarla imponiéndole la ropa que ha de usar.

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Como podemos ver la violencia es más compleja y tiene diferentes formas de presentarse
en una relación amorosa; pero sin importar la magnitud e intención de cada conducta la herida
que provoca en la pareja es irreparable; lo que a mí me sorprende es como ciertas conductas
violentas se consideran normales, naturales, comunes y peor aún acertadas cuando es una idea
errónea, nociva y destructiva. Cabe señalar que todas estas ideas retrógradas terminan siendo
imitadas y reafirmadas con el paso del tiempo y se van recreando consecutivamente cayendo en
un ciclo de violencia del cual las parejas que lo experimentan no pueden detener porque no se
dan cuenta que viven la violencia de manera cotidiana y paulatina que la consideran normal.

Como se dijo líneas arriba en todas las relaciones amorosas que experimentan violencia
se presenta un ciclo de violencia en donde se intercalan periodos de tranquilidad, felicidad, calma
y afecto; mientras en otros, las agresiones físicas, los insultos y maltratos estallan, poniendo en
riesgo la vida del violentado.

Leonore Walker (1979) describió e hizo mención de que las relaciones que son violentas
tienen un ciclo que tiene tres fases. La primera es la tensión entre los integrantes de la relación
esta aumenta considerablemente, hasta los golpes leves. En esta etapa, Walker menciona que el
violentador le hace creer a su pareja que es la culpable de esos actos pequeños de violencia,
orillándola a complacer y calmar a su pareja evitando realizar aquellas cosas que a su agresor le
molestan.

Después Walker habla de la agresión a la que refiere como la fase de las heridas, es
decir, la violencia llega al punto de herir sea física, psicológica o incluso sexualmente. En esta
etapa se producen estados de ansiedad y temor, los cuales muchas veces llevan a que el
constreñido pida ayuda.

Posteriormente esta la fase de disculpas o constricción. En esta Hirigoyen (2006) explica


que el hombre siente culpa por las conductas violentas que tuvo con su pareja, pero busca la
forma de deslindarse de esa falta mediante imputándole a ella la responsabilidad de ser quien lo
provoco, también menciona que si la pareja se llega a marchar él le promete dejar de lastimarla y
buscar ayuda psicológica.

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Finalmente sigue la conciliación conocida como "luna de miel", en esta el violentador
muestra un arrepentimiento y se disculpa por todo el daño que le hizo sufrir y pasar a su víctima.
Walker (1979), por su parte, hace mención que el violentado es altamente manipulado por su
agresor y termina creyendo todo lo que su pareja le dice. Él promete, una y otra vez, cambiar su
actitud. Por lo tanto, vemos que el violentado experimenta en fuerte engaño creyendo cada una
de las mentiras de su opresor. Se ve más claro en las siguientes líneas:

(...) el hombre adopta una actitud agradable y, de repente, se muestra


atento, solícito. Ayuda en las tareas domésticas; incluso se muestra
amoroso, ofrece regalos, flores, invita a salir al restaurante y se esfuerza a
tranquilizar a su mujer. Incluso puede hacerle creer que ella es quien tiene
el poder. En ocasiones, esta fase se interpreta como una manipulación
perversa para <<controlar>> mejor a la mujer. (Hirigoyen, 2006, p.52)

El ciclo de violencia es más complejo de lo que podemos imaginar, pero lo más


impactante es como se repite consecutivamente. Realmente es muy fácil caer en este ciclo, pero
lo peor es que quienes están envueltos en él, se les dificulta romperlo y terminarlo. Este ciclo se
hace común y ordinario para ellos, esto hace que lo repitan consecutivamente siendo el ciclo de
la violencia sea engañoso por los momentos aparentemente tranquilos, serenos y afectuosos.

Hemos dicho que las parejas no se dan cuenta de este ciclo, primordialmente la parte
violentada por el hecho de los engaños y la complejidad de manipulaciones y chantaje que
maneja su agresor con el fin de justificar sus actos violentos. Cabe mencionar que el violentador
juega un papel de víctima, en el cual no se responsabiliza de su violencia, sino culpa a su pareja
de haberlo agredido y provocado; por lo tanto, esto nos hace pensar que el violentador prefiere
enfocarse en los defectos y errores vistos de su pareja, como por ejemplo: en su forma de
caminar, de hablar; en su forma de vestirse o de cocinar. Todos estos detalles pueden
desencadenar el enojo, la molestia y el disgusto del violentador, aunque en muchas ocasiones
toma sólo estas situaciones como pretextos para agredir a su pareja y demostrar el poder sobre
ella.

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En muchas ocasiones los pretextos y las justificaciones que el sujeto violento usa son
apoyados por el violentado. Por ejemplo: cuando una mujer es golpeada por su pareja, ambos
justifican lo sucedido como algo pasajero que no volverá a suscitarse, cuando en muchas
ocasiones eso termina siendo mentira y sólo un engaño que ambos tratan de creer. Ambos se
hacen cómplices de la violencia que experimentan y viven en su relación, lo peor de esto es que
ellos no reconocen la realidad que viven. Este tipo de situación considero que es doloroso y
desgastante para el violentado ya que experimenta un desgaste físico, emocional y sentimental
por todas las exigencias de su agresor.

Por otra parte, el violentador tiene la errónea idea de que las cosas deben ser como él
desea sin importar si está bien o mal ya que, si se presenta una circunstancia que a él le
desagrada o desfavorece, se desquita con su pareja mediante actitudes agresivas y hasta
violentas.

Los integrantes de las relaciones violentas confunden el amor con violencia, aunque para
mí, ellos mismos han reafirmado esa conducta destructiva, siendo que el amor no daña ni hiere,
este hace crecer a los integrantes de la relación, mientras que la violencia hace que uno de los
dos mande y tenga el control, obligando al otro a sólo servir y acatar las órdenes y deseos de su
compañero egoísta. El individuo que violenta considera tener el derecho de opinar y tomar las
decisiones sin aceptar que su pareja lo contradiga, de lo contrario él comenzará a insultarla,
culparla hacerla sentir mal e impedirle conseguir lo que desea.

Las posturas de ambos integrantes de estas relaciones violentas sorprenden porque uno
maneja la postura del que manda y el otro es el que obedece. En otras palabras, para que exista
ese ciclo de violencia es necesario que existan ambos sujetos: la víctima y el victimario o lo que
es lo mismo: el violentado y el que ejecuta la violencia. Es importante remarcar que no puede
haber uno sin el otro, ya que necesita gobernar, mandar y someter a alguien más débil que él para
que se pueda reafirmar; mientras que el violentado necesita alguien que aparentemente lo proteja,
guie y que sea más fuerte que él, para que pueda sentirse útil y necesario lo que significa que el
violentado tiene como característica particular su poca autoestima e inseguridad. Ambos son
complementarios por lo cual es difícil que ellos se separen ya que se necesitan mutuamente.

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Por lo tanto, considero que ambos son responsables de la violencia que experimentan,
siendo que, sin importar todos los maltratos, daños y heridas; ambos siguen continuando con ese
tipo de vida que han construido. Sin embargo, esas conductas violentas son utilizadas porque uno
de los dos integrantes nota el poder que tiene sobre su pareja o ve la forma de tomarlo, por medio
del amor, la economía, la confianza, etc. Estas situaciones facilitan que cualquiera de los dos
integrantes de la relación pueda aprovecharse de su pareja para orillarla a que se vuelva su
"esclava" y que esté a su disposición, a través de actitudes violentas de menor magnitud, pero
siempre con el propósito de tener el poder, el mando y el control de su pareja y en la relación,
para así obtener beneficios para sí mismo. "Esta ansia irracional de dominio, de control y de
poder sobre la otra persona es la fuerza principal que alimenta la violencia doméstica entre las
parejas". (Rojas 2004, p. 50)

El individuo que comienza con la violencia cree que es correcto y acertado lo que él hace
en la relación y con su pareja al tener conductas con las que someterá a su pareja mediante el
dinero; mientras que una mujer violenta puede utilizar a sus hijos para dañar a su pareja o
sometiéndola sexualmente; estos actos siempre son ruines y, en muchas ocasiones, insensibles y
despiadados.

Hombres y mujeres no están exentos de tener acciones violentas con su pareja. La


violencia no es exclusiva de nadie siendo que no importa quien ejerce la violencia, esta causa
daño y heridas sobre de quien se ejerce.

Es importante mencionar que en todas las relaciones amorosas siempre van a ver riñas,
peleas, discusiones, y desacuerdos visto que es válido enojarse, pero sin violencia. Pero en las
relaciones amorosas que experimentan violencia las peleas se hacen repetidamente con el fin de
demostrar quién es el que manda y quién es el que tiene el poder. La violencia se hace
constantemente y repetidamente, esta va aumentando y con ella los daños que genera en la parte
afectada.

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El violentador expone la integridad, la salud y la vida de su pareja con cada uno de sus
actos violentos que tiene con ella teniendo graves repercusiones y tristes resultados como
feminicidios, asesinatos, discapacidades físicas, trastornos gastrointestinales, estrés
postraumático, ansiedad, depresión, angustia, baja autoestima, trastornos e alimentación,
embarazos no deseado y abortos.

En vista de que ambos partes cumplen un rol dentro del ciclo de violencia es necesario
hablar del perfil psicológico de cada una de ellas.

Primero comenzaré con el perfil del hombre violento: en muchas ocasiones este hombre
fue víctima o testigo de los maltratos que hubo en la familia por lo cual aprendió a ser violento
ya que le enseñaron a usar la violencia para relacionarse y conseguir lo que él desea, usualmente
ve la violencia como la forma de obtener poder y control para utilizarla con su pareja.

Jhon Bradshawen (1990) afirma en su libro Homecoming que este tipo de persona,
usualmente tiene una autoestima carente de seguridad, por lo cual ve la violencia como la única
herramienta que puede ayudarle, para poder reafirmarse y comprobar que es mejor y más fuerte
que los demás en todos los sentidos. Teniendo una baja autoestima, él experimenta fuertes
ataques de celos y es demasiado posesivo y controlador ya que, consciente e inconsciente,
desconfía de su pareja, señalándole que lo engañara con quien sea, en cualquier momento, así lo
afirma.

Bradshawen opina que estos individuos son reservados en sus sentimientos, altamente
manipuladores y chantajistas, no reconocen sus propios errores ya que prefieren culpar a su
pareja con el pretexto de que fue ella quien lo provocó orillándolo a cometer actos violentos.
Este tipo de hombre tiene una idea sexista. Su concepto de hombre es de un macho que puede
hacer lo que quiera, desde estudiar hasta tener otros amoríos, mientras que para su mujer sólo
está para acatar sus órdenes y servirle, tanto sexualmente como para las labores domésticas y
para hacerse cargo de los hijos. En ocasiones el sujeto violento tiene un comportamiento
totalmente diferente cuando está en público, ya que para los demás es una persona agradable,
amistosa, educada, entregada a su pareja incondicional, incluso religiosa.

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Sin embargo, también existen otros perfiles que tienen los hombres violentos. En el libro
de de When Men Better Women de Simon y Shuter (1998) mencionan dos perfiles psicológicos
de hombres violentos como el Cobra descrito como un hombre agresivo, que no depende
emocionalmente de su pareja, que puede llegar a amenazar a su pareja. Usualmente usa drogas y
alcohol; son engañadores, fríos, calculadores, sádicos y siempre tratan de cumplir sus egoístas
deseos.

El otro perfil que Simon y Shuter mencionan es el Pit-bull. Este tipo de hombre sólo es
agresivo con su pareja y es altamente celoso debido a que experimenta miedo a que su pareja los
abandone. Es irascible, tiende a humillar y a avergonzar públicamente a su pareja. Este tipo de
hombres termina siendo cruel, vil, insensible, egoísta, visceral, frívolo incapaz de detenerse, ya
que sólo piensa en lo que le conviene. Ve a su pareja como un objeto de su propiedad, un escalón
que los ayudara a alcanzar y lograr lo que él quiera.

Aunque no sólo los hombres son violentos, también las mujeres son violentas con sus
parejas y utilizan la violencia como un arma para poder someter la pareja. “Cuando lo hacen se
valen de la violencia psicológica o la manipulación perversa” Hirigoyen (2006) Estas mujeres,
exigentes y severas, cuando están tranquilas, son muy cariñosas, amorosas y atentas, pero cuando
se presenta una situación que provoca su ira insultan, descalifican, llegan a golpear e imponer
castigos crueles a su pareja como marcas que lo pueden avergonzar, utilizan el chantaje y la
manipulación para amenazar a su pareja con quitarse la vida o a lastimarse. Usualmente estas
mujeres violentas maltratan a su pareja de una forma sutil y muy velada, a través del sarcasmo, la
ironía y las burla con el fin de herir, lastimar, humillar, ofender, pero principalmente bajar la
autoestima de su pareja para que esta piense que solamente ella lo va aceptar.

Es importante mencionar que los victimarios tienen como propósito ejercer y mantener
poder sobre su pareja para controlar, decidir e imponer lo que ella ha de hacer. Dice el libro
Conocimientos fundamentales de la filosofía de Stringer (2007. p. 61) que el poder “se entiende
como la capacidad que tiene alguien para hacer u obtener determinados resultados”.

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Hombres y mujeres ejercen este poder de manera diferente, pero ambos con un objetivo
común: el control de la pareja. Éste sirve para imponer la voluntad y el dominio sobre el Otro
con la finalidad de demostrar que son más fuertes e inteligentes que su pareja, siendo todo lo
contrario. Este mecanismo de poder lo pueden emplear ambos sexos, siendo que la violencia
brinda la oportunidad de tomar el control en su pareja. Ahora bien, hasta aquí hemos hablado del
hombre o mujer violento, sin embargo, qué hay de la víctima, ¿hay un perfil específico del
violentado?

El violentado es aquel que sufre todos los daños y maltratos de su pareja, pero que de
igual manera que su agresor, tiene ciertas características descritas por la psicóloga Beatriz Literat
(2007).

El perfil psicológico del violentado corresponde al de una persona con baja autoestima,
igual que el violentador, carece de confianza tanto en sí mismo como en lo que hace. Se
desvaloriza, no es autónomo, ni independiente y tiene la idea de que el hecho de amar los obliga
a entregarse y a sacrificarse por completo a su pareja. También es importante recalcar que tienen
la mentalidad de que van a servir y complacer a su pareja, ya que para eso están hechos o para
eso viven. El violentado se siente inferior al ser más susceptible a ser manipulado y a caer en los
juegos, engaños y trampas de su agresor. Cree que la vida de maltratos que vive es normal y
común y por lo tanto debe soportarla.

Aunque este comportamiento hace creer que tiene actitudes masoquistas, es todo lo
contrario. El violentado soporta los maltratos por miedo a que su pareja lo lastime aún más. Es
importante mencionar que el violentado normalmente se siente inferior, impotente e
insignificante al grado de sentirse culpable de lo que el opresor le señale.

Lo más impresionante es que ambos terminan haciendo la violencia como una necesidad
de su relación ya que no conocen otra forma de relacionarse. La violencia distorsiona y engaña a
ambas partes de estas relaciones, los destruye y lastima.

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Toda la situación por la que pasan estos "amorosos" es impresionante porque se puede
notar una fuerte dependencia emocional.

La dependencia emocional consiste en la idealización del pretendiente. Esto ayuda a que


tenga una idea errónea de su pareja, haciendo que sea más vulnerable a ser violentada. INFOCOP
(2006) menciona que las personas que son víctimas de esta situación sufren un engaño ya que
tienes una falsa idea acerca de su pareja, y nos da un ejemplo que me permito citar.

La relación entre Laura y su marido Andrés se ha derrumbado. Este se


marchó de casa, alegando que ya no soportaba las necesidades que requería Laura
para sentirse amada y segura en su relación. Ahora, los dos viven separados y, la
dependencia emocional de Laura ha ido a peor, en estos momentos ella se puede
considerar adicta a la sensación de tener a este haciéndola sentir mejor, aunque sea
solo mediante un mensaje de texto. En este caso, Laura no asumió ninguna
responsabilidad emocional, ninguna responsabilidad de lo que ella dijo sobre sí
misma. El dolor que siente Laura en estos momentos no está causado por el
abandono de Andrés, sino por su propio abandono .Cuando aún vivían juntos y
ella tenía algún problema emocional, siempre recurría al cuidado de Andrés, sin
derivar la evaluación del problema a su propio juicio. Ahora que su marido no
está, se derrumba y llora, dejando pasar el tiempo, añorando ese juez externo de
sus emociones, al que ahora no puede recurrir.

Esta situación, hace que creamos que el violentado tiene tendencia masoquista, pero es
todo lo contrario, siendo que sufre de un fuerte engaño provocado por la dependencia emocional
que tiene asía su agresor, haciéndole que ella siga a su lado. Esto le hace pensar a ella que si él
no la maltrata físicamente no hay ningún problema en su relación

Los individuos que se valen de la violencia ejercen diferentes tipos elementos violentos,
que anteriormente mencione, tejiendo una fuerte red de abuso emocional para evitar que su
pareja los abandone, primero comienzan a sembrarle sentimientos de vergüenza, después una
interferencia de la vida social que termina propiciando a un aislamiento efectivo o privación de

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la libertad, causando en la victima una visión distorsionada de la realidad y finalmente una
pérdida de realidad.

Claramente, el abuso engendró una poderosa vivencia de una realidad


distorsionada. Con el tiempo, ya no podía discernir lo bueno de lo malo. Además,
se manifiesta aquí la conexión como un tercer componente: la cosificación. Como
ya no estaba segura de saber qué era cierto y qué no, comenzó a tener dificultades
para expresar necesidades distintas a las endilgadas por su pareja. Al final, perdió
casi por completo la capacidad de reconocer sus preferencias y deseos. Se sentía
como un objeto incapaz de protestar, elegir o rechazar: <<Para aquel tiempo-
explicó- mi cerebro había sido tan lavado que no me sentía capaz de decir no>>. A
partir de allí la licencia para abusar fue total para su pareja. Hirigoyen (2006)

La violencia no son sólo golpes o insultos. La violencia también tiene formas de dañar a
la pareja, así que es importante diferenciarlas. Hay distintos tipos de violencia que se dividen en
cuatro aspectos principales. La revista universitaria digital de la UNAM (2005) menciona que
son: violencia psicológica, violencia física, violencia económica y violencia sexual. La violencia
psicológica es aquella en la que el violentador aísla, amenaza, intimida, degrada, humilla, insulta
y critica a la pareja incluso haciendo acusaciones sin fundamento.

La física es aquella que consiste en actos como empujar, pegar, rasguñar, pellizcar,
abofetear, jalar el cabello, usan armas, estrangular esta que terminan provocando desfiguraciones
o incluso la muerte.

La violencia económica fomenta la dependencia de la víctima, ya que su agresor es el que


tiene el control de las finanzas, del dinero, de las propiedades y de todos los recursos económicos
que tienen ambos arrebatando la autonomía de uno de los dos integrantes.

Finalmente, está la violencia sexual. Esta consta en que el violentador obliga a la pareja a
tener un contacto oral, anal y vaginal en contra de su voluntad, a través de intimidaciones y
amenazas que el violentado haga sin su consentimiento. También a no tenerlas Hirigoyen (2006)

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La violencia tiene diferentes formas de presentarse y de ser utilizada en la relación, pero
son situaciones que ambos integrantes conocen desde pequeños. Han presenciado estas actitudes
que son reprobables, ya que sin importar la manera en que sean utilizados para mantener el poder
son viles, sumamente crueles y, sobre todo, despiadadas. La violencia no es menos dañina si se
presenta con pequeños actos que parecen inofensivos, es decir, no porque sólo sea un pellizco o
una humillación deja de ser violencia.

En muchas ocasiones el violentador argumenta que los actos que hace son para
defenderse y defender a su pretendiente, en otras situaciones el victimario explica que es la culpa
de su pareja al provocarlo.

Por otra parte, es importante mencionar que uno de los integrantes sufre una fuerte
obsesión hacia su compañero, lo que provoca que las inseguridades que tiene se agudicen y
finalmente terminen utilizando la violencia para no permitirle a su pareja que lo abandone. Cabe
señalar que sin importar las justificaciones que utilice el violentador, no deja de ser una persona
que se contaminó de las trampas de la violencia, así como también de sus propios temores e
inseguridades que se manifiestan en baja autoestima, trastornos de sueño, paranoia, ansiedad, el
miedo, depresión, desmotivación, impotencia, ansiedad, culpabilidad, incluso llegando a la
muerte.

Así pues, la violencia debe ser un mecanismo que se tiene que desechar. Los daños y las
repercusiones que trae son extremadamente atroces porque no siempre las víctimas pueden
superarlo. La violencia se mueve en un círculo destructivo, casi imposible de romper. No hay
absolutamente ninguna justificación para utilizarla, es algo (innecesario) en una relación, no debe
haber muestras de violencia al no ser natural porque no responde ante el peligro o defensa; por lo
cual, quien la utiliza sabe bien el propósito y el fin que lleva al utilizarla y es responsable de
todas las consecuencias que finalmente sufre su pareja violentada.

Las conductas violentas que se manifiestan en una relación amorosa son ejercidos por
hombres y mujeres, que quieren tener el control de su pareja para poder obtener un beneficio, ya
que ambos géneros son capaces de ser violentos.

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CONCLUSION

Al iniciar este trabajo tenía la idea que la violencia solo eran golpes e insultos y que solo los
hombres la utilizaban, pero conforme fui avanzando en mi investigación descubrí los diferentes
tipos de violencia y las diferentes actitudes, en los que se manifiesta. Al ir averiguando más
acerca de este tema pude entender que la violencia nos es más que un mecanismo que el ser
humano aprendió e imita y que sobre todo utiliza para poder controlar y dominar a la pareja. De
modo que la violencia termina siendo cruel, insensible, destructiva, nociva e hiriente, ya que el
individuo que la utiliza es un ser egoísta que sólo es capaz de pensar en sí mismo y no en su
pareja, mucho menos en el daño que le crea haciendo que continúe con sus maltratos.

Por otra parte me asombré de que ambos integrantes de la relación sean complementarios,
es decir, que no puede existir uno sin el otro porque el violentador y el violentado se justifican de
la violencia que viven día con día. Para mí, fue algo sorprendente porque este hecho demuestra
que el constreñido tiene un cierto grado de culpa, sin embargo, la realidad es que termina
sufriendo una dependencia emocional que lo lleva a seguir soportando los maltratos de su pareja.
De este modo, conlleva a que ambos continúen repitiendo el ciclo que experimentan
constantemente.

Por otro lado en mi investigación pude notar los diferentes tipos de hombres violentos,
pero algo de lo que pude percatarme es que hay poca información acerca de las mujeres que son
violentas, tanto en libros cómo en internet, siendo que la sociedad aún conserva el concepto de
que la mujer es sumisa, débil, frágil e incapaz de cometer y utilizar la violencia en la relación
amorosa, mucho menos imaginarse que sea capaz de maltratar a un hombre.

También noté una escasa información acerca del perfil del hombre violentado, ya que
socialmente es más visto una mujer maltratada que un hombre maltratado por lo que pude
entender que, aunque estamos en una sociedad igualitaria que supuestamente está terminando
con la violencia termina aceptando el estereotipo de la mujer como víctima, mientras que al
hombre siempre se le ubica como el victimario.

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La violencia no es más que una actitud que el ser humano ejerce por imitación y deseo de
obtener el poder. En mi ensayo expuse los factores sociales y familiares que propician al uso de
violencia y que aún se conservan, hice mención de que no influyen la raza, el sexo, el género y la
religión el individuo que sea violento lo va a seguir siendo sin importar todos estos factores.

Esta investigación me permitió ver panorama de la violencia de pareja. Descubrí que


tenía un escaso conocimiento del tema. Aprendí que ciertas actitudes como las burla o un silencio
indiferente o incluso aplicar "la ley de hielo" a la pareja son pequeñas actitudes violentas que
creemos inofensivas, pero que afectan y dañan al ser amado que aunque se hagan inconscientes
el daño, que se crea en la pareja es casi irreparable, ya que ese tipo de heridas físicas,
emocionales, sexuales llevan un largo proceso de recuperación.

Esta investigación me sirvió para darme cuenta de que la violencia no es sólo lo que
pensamos socialmente, es decir, golpes, insultos, chantajes, etc., sino que son muchas más cosas
que no nos imaginamos. Trate de abarcar los temas fundamentales cómo los perfiles psicológicos
de los violentadores de ambos sexos. Para mí fue una nueva visión acerca los mecanismos de
violencia, los cuales me dejaron algunas veces horrorizada por las maneras crueles que el
individuo utiliza para mantener ese poder que se tiene en la pareja, pero que comienza desde el
momento en el cual la pareja entregó su amor y confianza.

Finalmente, considero que la violencia es una actitud antinatural e instintiva del ser
humano, pero que terminamos haciendo como práctica, común y cotidiano, por lo cual tenemos
que erradicar con eso para que nuestra sociedad sea mejor y las relaciones amorosas sean sanas.
La violencia se acaba cuando la parte violentada se empodera de sí misma recobrando su
seguridad, confianza y autoestima, de esta forma su pareja violenta ya no tiene control ni poder
ella, siendo así la única forma de romper el despreciable ciclo de violencia.

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FUENTES DE CONSULTA

BIBLIOGRÁFICAS

Almeida, Cristina, Gomez, María, Las huellas de la violencia invisible, Ariel, S.A. 2005,
Barcelona.

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Rojas, Luis, Las semillas de la violencia, Espasa Calpes, S.A. España, 2004.

Shuter Simon, When Men Better Woman, ISBN, New York, 1998.

Walker Leonore, Battered Woman, Descleé de Brouwer,1979.

Hirigoyen Marie, Mujeres violentadas, Desclée de Brouwer, ISBN, Barcelona, 2006.

Stringer Castro Elisabetta, Conocimientos fundamentales de filosofía, Mc Graw Hill, México,


2007.

ELECTRÓNICAS
Beatriz, Literat, Violencia e infidelidad en la pareja. Ellas también pueden ser violentas, sentir y
pensar,http://www.sentirypensar.com.ar/modulos.php?name=nows&file=article&sid422
[Fecha de consulta: 5 de julio 2017]

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