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Reflexión personal.

(Pablo Parente)
En la presente reflexión, me voy a referir, en primer lugar, a la parte específica que me
tocó compartir en la participación individual, y, en segundo lugar, trataré de aportar una
conclusión sobre la temática general que como grupo tuvimos que desarrollar acerca de
Jesualdo Sosa, en el marco del ciclo de pedagogos uruguayos.
El tema fue encarado desde tres ejes: el primero, la vida y obra de Jesualdo; el segundo,
su propuesta pedagógica; y el tercero, su incidencia a nivel nacional e internacional. En lo
particular me tocó exponer y analizar contenidos concernientes al segundo eje. Para el
desarrollo se plantearon cinco preguntas. ¿En qué corriente pedagógica enmarcamos la
propuesta de Jesualdo? ¿En qué consiste la pedagogía de la expresión? ¿Cuáles fueron los
antecedentes e influencias que sentaron las bases para la construcción de la pedagogía de
Jesualdo? ¿Cuáles eran las críticas al sistema educativo y los problemas que trataba de
resolver? Finalmente, ¿cuáles eran los puntos principales de la metodología propuesta por
Jesualdo?
Con respecto a la primera pregunta, contrario a la respuesta apresurada, de enmarcar a
Jesualdo en la pedagogía de la Escuela Nueva, la realidad es que, si bien él toma principios
del escolanovismo, lo hace con una postura crítica; nunca le termina de convencer dicha
propuesta, sobre todo en lo que tiene que ver con el aspecto socioeconómico y político. Por
lo tanto, uniendo las ideas de la escuela nueva con las experiencias soviéticas, Jesualdo
plantea una nueva propuesta, con una impronta personal, denominada Pedagogía de la
Expresión. Si bien, no es el único proponente de este modelo educativo, se va a convertir en
un gran referente y pionero en Latinoamérica.
En lo que refiere a la segunda pregunta, explicando en qué consiste la Pedagogía de la
Expresión, hay que decir que se trata de una propuesta en la que la expresividad y la
creatividad artística del alumno ocupan un papel protagónico en el proceso de adquisición de
conocimientos. Para Jesualdo, la expresión creadora es el mejor camino para la
formación intelectual y emocional del niño. El maestro deja de ser un mero transmisor de
información, para convertirse en un propulsor para que el estudiante se exprese libremente,
en un facilitador de herramientas para que sea posible el máximo aprovechamiento de la
creatividad.
En tercer lugar, respondiendo a la tercera pregunta, es importante señalar que Jesualdo
tuvo un profundo conocimiento de la pedagogía desde muy joven; y aunque como él confiesa,
al principio no tenía muy definida su teoría, en la práctica sus objetivos estaban muy claros,
sobre todo, en cuanto a utilizar la expresión como su principal arma. Con el tiempo,
apoyándose en los aportes de grandes pensadores y pedagogos previos o contemporáneos,
fue construyendo un marco teórico para su experiencia educativa. De Montaigne tomó la
“palabra mágica” y el concepto de “Expresión” como transcripción clara de nuestras
opiniones, emociones, experiencias y conocimientos; también tomó de él el principio de que
el maestro permita que el discípulo juzgue, busque y sea escuchado. De Rousseau resaltó las
ideas que sirvieron como cimientos para la escuela nueva, sobre todo, lo concerniente al
derecho del niño a exigir que se le conozca antes de educarlo y la necesidad de una educación
que responda a las necesidades del alumno. Tagore fue una gran influencia para Jesualdo.
Muchas de los puntos metodológicos tienen una enorme coincidencia con la experiencia del
pedagogo hindú, en especial lo relacionado al desarrollo de la sensibilidad artística, la libre
expresión, la espontaneidad, el enfoque social, las clases fuera del aula y la autogestión. De
Decroly, toma la práctica de la observación como momento previo a la expresión y también
el concepto de que las expresiones son estrictamente personales y que el maestro se tiene que
abstener de ayudar para no interferir. Muresanu aporta los cuadernos del alma, que Jesualdo
va a utilizar como pilar fundamental para conocer a sus alumnos, extraer los núcleos de
interés y registrar las expresiones artísticas. A Dewey, le dará el crédito de comenzar una
revolución tan grande como la de Copérnico, al punto, que ahora el niño es el sol, el centro
respecto al cual se organiza la educación. Aunque también le ha de criticar categóricamente,
como teórico burgués al servicio de la sociedad capitalista y por promover el individualismo,
contra el que Jesualdo se opone. Por causa de la desilusión con la Escuela Nueva “pura”,
Jesualdo (además por su ideología), busca en las experiencias soviéticas. De Tolstoi, el
bohemio pedagogo ruso, toma la idea de una escuela con ausencia total de coacción sobre el
niño y el principio de que el niño sea el que le diga al maestro lo que quiere aprender.
Finalmente, de Makarenko, se queda con la preminencia del trabajo colectivo sobre el
individualismo, también simpatiza con la utopía de la transformación del mundo hacia formas
sociales y políticas más justas a través de la educación. Como señala Laura G. Tarrio en “Las
pedagogías de la expresión creadora en América Latina”, Jesualdo como educador aplicó una
versión propia de la escuela nueva y vinculó la educación con el trabajo colectivo a la manera
del pedagogo soviético Makarenko.
En respuesta a la cuarta pregunta, presenté las críticas que Jesualdo le hace al sistema
educativo y los problemas que busca resolver con su propuesta pedagógica. Mencioné cinco.
La primera crítica, la despersonalización que realiza la escuela tradicional en el proceso de
homogeneización e igualación. Este modelo resultaba sumamente funcional a la sociedad
capitalista. El niño era desvalorizado, el foco estaba en el docente, el alumno era convertido
en masa, tratado como número de estadística o punto de una gráfica. Jesualdo proponía un
trabajo personalizado con el niño, para que el niño despersonalizado se volviera persona, en
el que la libre expresión era un pilar fundamental. La segunda crítica, la represión del
sistema educativo a la creatividad. En el proceso de igualación la escuela reprime la expresión
creativa del niño. Como en la fábrica no se necesita imaginar ni soñar, sólo repetir, el sistema
educativo cercena todo brote de expresividad. El mismo Jesualdo fue marcado en especial
manera, por un maestro que no le permitía expresarse con libertad, es ahí donde decide
dedicarse a la docencia para luchar contra el sistema y evitar que se atrofie en los niños el
órgano de lo espontáneo y lo original. Critica la incapacidad del sistema educativo para
combatir esa realidad. Afirma que es necesario generar consciencia social a través de la
educación. Es necesario formar a través de la escuela, individuos conscientes de la
explotación y la desigualdad. La tercera crítica, la desigualdad social y la imposibilidad del
sistema para superar dicha situación. Una gran preocupación de Jesualdo es la desigualdad
social y la pobreza. La cuarta crítica, la represión de la mentalidad crítica. En este punto,
critica el laicismo, que no es lo mismo que laicidad. Jesualdo veía en el primero una excusa
para excluir no sólo los temas políticos y religiosos sino también eliminar la reflexión crítica
sobre la injusticia social. Lejos de representar una ausencia de contenidos ideológicos, se
convierte en una imposición de la ideología de turno. La última crítica, la deficiente
formación docente. Deficiente en cuanto al conocimiento del niño y deficiente en lo que
respecta al desarrollo de la expresividad. Estos son los principales temas que preocupan a
Jesualdo y que la construcción de su propuesta pedagógica responde a la solución de dichos
problemas.
Finalmente, expuse la línea metodológica de la pedagogía de la expresión. Los puntos
son siete. Uno: el aula a cielo abierto. Consiste básicamente en sacar a los alumnos del salón
y extender el espacio pedagógico al exterior, ponerlos en contacto con la naturaleza y con el
entorno social. Un punto fundamental son las salidas para recabar datos de la realidad,
adquirir conocimientos y vincular a los niños con el medio y con la gente. Había un fuerte
trabajo previo de planificación y posterior de evaluación de los datos adquiridos. Dos: la
observación. Se promociona constantemente la observación como pilar del método. No una
observación pasiva sino dirigida, donde hay que registrar datos (principalmente a través de
la escritura y el dibujo libre) que posteriormente serán analizados. Tres: el análisis crítico.
El enfoque estaba en promover el análisis crítico y la formación de opiniones personales en
el alumno. Cuatro: los núcleos de interés del niño. Este punto es muy importante porque
en parte proviene de la escuela nueva, pero en parte Jesualdo lo aplica reconceptualizado con
una mayor profundidad. El escolanovismo establece los núcleos o centros de interés, pero la
realidad es que muchas veces no coinciden con los intereses del niño. Por eso Jesualdo
plantea que si no provienen del niño no son centros de interés. Esto lo llevaba a investigar
acerca del interés real de su grupo de alumnos inmersos en un contexto. Pedía, por ejemplo,
que cada alumno dirigiera una carta al maestro solicitándole respuesta a un tema que le
preocupara, de esta manera extraía los núcleos de interés actuales y reales; luego trabajaba
en torno a ellos. Cinco: la autogestión. El maestro permitía que los propios alumnos tomaran
decisiones con respecto a los aspectos curriculares y a la dirección del grupo, cediendo
muchas veces y renunciando casi siempre al ejercicio clásico de la autoridad docente. Seis:
la libre expresión. Esperar a que el niño se expresara sin ejercer presión ni coacción. Se
propiciaba la expresión libre. A partir de esta práctica surgían las diferenciaciones
individuales y a la vez las capacidades sociales, tan buscadas por Jesualdo. Siete: el respeto
por los tiempos y ritmos. Se respetaban los tiempos y los ritmos individuales dado que no
todos aprenden y avanzan de la misma manera. Dejaba a cada niño realizarse a su modo y a
su propia velocidad, aunque alguno tardara más y desde el punto de vista tradicional, se
creyera que estaba perdiendo el tiempo, Jesualdo no ponía objeción. Sabía que en realidad
no estaba perdiendo el tiempo sino ganándolo.
La valoración personal que hago acerca de Jesualdo como educador y pedagogo, es
que, en medio de un ambiente adverso, haciendo frente a mucha oposición y con los escasos
recursos que tuvo a disposición, encontró la manera de oponerse al sistema y desarrolló una
propuesta que desafió los paradigmas de su tiempo, produjo resultados exitosos y su valor
educativo perdura hasta el día de hoy. En su tiempo llegó a generar un cambio en la forma
en que el sistema de educación valoraba el aprendizaje por el arte. A partir del plan de
educación del 1955 en adelante, en todos los niveles se han asignado buena cantidad de horas
a asignaturas de expresión. Aún hoy se reconocen los valores y principios metodológicos y
en muchos sentidos se aplican en la actualidad. Lamentablemente es un pedagogo poco
reconocido, sus obras no se han seguido editando y se le estudia muy poco en formación
docente, por desgracia, es más valorado en el exterior que en su propio país. Sería muy bueno
que muchos “Jesualdos” pudieran surgir en este tiempo. Docentes audaces, valientes, con
amor y genuino interés por los alumnos, con conciencia social, inteligentes, creativos que
sean protagonistas de un cambio en la sociedad a través de la educación.