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Mas alla de los grandes discursos llenos de sofismas , de apropiación con olor setentista, la verdad

demuestra que estos diez años con el mismo estilo de gobierno hay contradicciones inocultables,
se echa la culpa a la empresa privada con justa razón por una cadena de desinversiones, pero la
pregunta es donde estaba el gobierno para fiscalizar a las empresas, fueron 10 años ahora nos
dicen que lo harán mejor, pero que elementos nuevos lo harán si son los mismos de siempre; En
una muestra más del país pendular, la Argentina pasó en pocos años de ser exportadora de
petróleo y gas a convertirse en importadora de estas fuentes de energía. La falta de previsión de
largo plazo y de inversiones de magnitud formaron el caldo de cultivo para que, este año, el país
pierda su autoabastecimiento energético.

En materia de energía, 1988 marcó un punto de inflexión. Aquel año se alcanzó la independencia,
en un contexto en el que la producción era tan alta que alcanzaba para cubrir la demanda interna
y, además, quedaba saldo exportable. Pero la producción de petróleo se contrajo un 27% entre
1998 y 2010. En el caso del gas, la disminución fue del 10% entre 2004 y 2010, según la consultora
Econométrica.

Son varias las razones que explican el paso del autoabastecimiento a los umbrales de la crisis
energética. La extracción de petróleo llegó a un máximo de 49,1 millones de metros cúbicos en
1998 (ver infografía). Desde entonces, la producción comenzó a caer, aunque la exportación siguió
fluyendo. Econométrica señala que, a los actuales niveles de producción, entre 1990 y 2010, se
exportaron 5 años de reservas de crudo y 4 años de gas. En paralelo con la caída de las reservas se
cortó el ciclo de la energía barata en el mundo y las importaciones se volvieron aún más caras.

Los especialistas coinciden en que, en este rubro, la independencia terminó. El economista Ramiro
Castiñeira menciona que, entre 1990 y 2010, el petróleo crudo exportado generó ingresos por
US$36.000 millones. “Ahora que la Argentina perdió la condición del autoabastecimiento, si se
quiere importar la misma cantidad de crudo a los precios actuales deberían pagarse US$114.000
millones”. “La Argentina, después de 20 años, ha perdido su condición de país autosuficiente en
materia energética”, sentencia un documento elaborado por los secretarios de energía previos al
kirchnerismo. “El país dispone de menos de 8 años de reservas gas y petróleo”, dice Econométrica.
Y postula que este año “se consumirá más gas y petróleo del que se está produciendo”.

A principios de la década del 80, la producción local de gas superaba los 13.000 millones de metros
cúbicos y había 45 años de reservas. En 1996, se extraían 36.000 millones de metros cúbicos y las
reservas bajaron a más de la mitad: 20 años. Al igual que en el caso del petróleo, como ese
excedente superaba la demanda interna, el gas comenzó a exportarse. El máximo nivel de
producción llegó en 2004, con 52.200 millones, suficiente para abastecer al consumo interno y
batir récords de exportación al mismo tiempo. Para ese momento, las reservas cayeron a 12 años,
“no por falta de inversiones, sino por la autorización oficial a empresas privadas a exportar un
recurso estratégico y no renovable, sin limitación alguna”, dice Castiñeira.

Hace siete años, el nivel de producción comenzó a caer. En esto, según los analistas, el
congelamiento tarifario fue una de las razones. Econométrica apunta que “los precios internos
desfasados del contexto internacional estimularon el sobreconsumo de la energía, pero no la
inversión en exploración”. Con el crecimiento de la economía, la demanda doméstica de gas
aumentó 30% entre 2004 y 2009. Así, las exportaciones se contrajeron para poder abastecer a la
demanda local. Y, adicionalmente para cubrir la demanda doméstica, en 2004 se reinició la
importación de gas desde Bolivia y desde 2008 se sumó la importación de Gas Licuado de Petróleo
(GLP). Esto ayudó a paliar que las reservas bajarán a un mínimo de 8 años y la producción
decreciera 10%.

Según la consultora Ecolatina, la participación del gas natural en la matriz energética argentina
supera el 50%, cuando en el mundo es del 20%. “Desde 2005, la producción cae a un ritmo
promedio del 1,8% anual por la elevada madurez de los yacimientos existentes y la escasa
incorporación de nuevos pozos. Así, la oferta local de gas no alcanza para abastecer la creciente
demanda”, sostiene el economista Rodrigo Alvarez.

La pérdida del autoabastecimiento de gas y petróleo es crucial porque la oferta primaria de energía
en el país depende casi exclusivamente de los hidrocarburos. El documento firmado, entre otros,
por Alieto Guadagni, Daniel Montamat y Jorge Lapeña precisa que los hidrocarburos constituyen el
90% de la toda la energía primaria consumida por la Argentina. “Por lo tanto, tener un problema
en cualquier punto de la cadena productiva constituye un serio inconveniente”, sostienen.

El documento carga las tintas sobre las deficiencias de la actual administración. Menciona que, a
pesar de los altos precios actuales del crudo, “el corto plazo de la política petrolera vigente y la
incertidumbre que genera la intervención discrecional a futuro alientan la sobreexplotación de los
yacimientos que ya están en producción”.

“La disminución de las reservas está asociada a la falta de inversión de riesgo; y la insuficiente
inversión de riesgo, a la falta de una política publica adecuada”, dice el documento de los ex
secretarios. Y remarcan que con la disminución del stock de reservas de petróleo y gas, “la
Argentina se ha descapitalizado en más de 100.000 millones de dólares a valores de reposición
actuales”.

Pero otros analistas indican que las culpas también hay que rastrearlas en las administraciones
anteriores. “La peor decisión fue privatizar YPF”, sentencia Castiñeira. “La responsabilidad no sólo
recae sobre esta década, sino también en la década previa, que despojó al Estado de las empresas
energéticas estratégicas, agitando banderas de libre mercado pero también de evidente corto
plazo, sólo para financiar la fantasía llamada convertibilidad”, opina.

La pérdida de la independencia energética se debe a que “se priorizaron las actividades de corto
plazo, como la extracción, por sobre las de mayor riesgo, como las exploratorias”, dice Horacio
Lasarte, de Abeceb.

El adiós al autoabastecimiento también pega en la balanza comercial. El saldo favorable en la


cuenta energética explicaba el 40% del superávit en 2004. La consultora Ecolatina dice que “en
2010, el superávit comercial de combustibles y energía fue el más bajo en quince años”. Así, las
cantidades exportadas descendieron a niveles de 1993, mientras que las cantidades importadas
alcanzaron un récord en 2010. La conclusión es que “la distorsión en las tarifas y la falta de un plan
estratégico están impactando en la economía. Además, se deteriora sostenidamente a los
superávits gemelos”, en referencia a los saldos de la cuenta fiscal y de la cuenta comercial.

En abril pasado y por primera vez, el intercambio comercial de combustibles fue deficitario. “En los
últimos doce meses, el superávit comercial del rubro se ubicó en sólo US$512 millones y se
encamina a cerrar el año con déficit”, sostiene la consultora C&T Asesores Económicos.

Con este panorama, los analistas indican que aparecen señales de que el Gobierno está tomando
nota del problema energético. Según Castiñeira, como contrapartida de la escasez de inversiones
en hidrocarburos, el Gobierno aumentó las inversiones en el sector eléctrico para subir la oferta un
25%.

Lasarte indica que “el aumento en el precio de las naftas es una señal de reconocimiento del
problema, igual que la autorización del aumento del precio que se paga en boca de pozo, que pasó
en 2010 de US$42 por barril de crudo a U$S 50” .

Otro punto a favor en esta cuenta son los recientes hallazgos realizados por YPF. En diciembre
pasado se anunció el descubrimiento en la provincia de Neuquén de un yacimiento de gas “no
convencional”, con reservas estimadas para más de 50 años. En abril de este año, la petrolera
declaró que habían hallado, también en esa provincia, reservas equiparables a 150 millones de
barriles de petróleo crudo, lo que equivaldría a dos años de producción de la principal firma del
país.

La puesta en marcha de estos yacimientos aún es incierta. Lasarte precisa que “la extracción de
estas reservas demandará de nuevas inversiones en tecnología, por lo cual aún no está claro
cuántas son las reservas probadas”.

Fuentes del sector mencionan que recién en 2012 podrían inyectarse parte de esas reservas al
mercado y especulan con que cubrirían el 15% de la demanda actual. Una cuota adicional de la
demanda será cubierta por el nuevo gasoducto Juana Azurduy, que une la Argentina con Bolivia y
sería inaugurado en las próximas semanas. Así, los envíos de gas desde el país vecino pasarían de
los 7,7 millones de metros cúbicos diarios a 10 millones, lo que ayudará a aumentar la provisión
ante la demanda adicional que genera el invierno