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LA ENTREVISTA ‘LA FORMACION DE UN ENTREVISTADOR Ronald Praser BI modelo de historia de vida ~relacionando el conocimiento con la experien- ‘a-ha configurado la mayoria de mi trabajo alo larg de los limos 30 anos, y por cello me resulta mas ci utilizar esta linea ala hora de esctibic sobre la entrevista, Me desagraca el empicismo ingés y, no obstante, estoy condicionadlo por él; es mis, en ‘a artualidad, necesito adherime a él mds estrechamente de lo que en realidad me ‘eustara porque durante Is dos dkimos afios mi enfermedad no me ha permitido trabajar 0 pensar demasiado, y no puedo permitir que la teoria me domine, Por esto ‘este ensayo aquiere la presente forma, ‘Son muchas las vidas que se han confgurado por cieunstanciasaleatris,yla ‘mia no ha sido ninguna excepcién, El hecho de que en 1950 el ejétcito britinico no ‘supiera qué hacer con un miliar nacional con la rodila lesional, parecié de eatra- la, mas un golpe desaforcunado que un acontecimiento formativo. Ano poder can- vertime en oficial, ni enviarme a luchar en la guerra de Corea, me dieron tres galo ‘nes y me hicieron examina: Is ineligencia y aptitudes de jvenes recién ceclutados porel eército. CCualquieca que recibiera por cebajo de una puntuscién conereta en la prueba ‘de intligencia que yoy otros sargentos-examinadores supervisibamos (una prueba {que yo mismo fui incapaz ce completarsavsfectoriamente), tenia el dudoso placee de ser entrevistado por une de nosotros. En 15 minutos, poco ms 0 menos, tenia ‘mosque establecer se futuro recluta intentabn evitarsu destino militar, sera un jo- ‘ven cuya escolaridad habia sido demasiado deficiente como para permit una com. prensiGn de la prueba, osiers alguien de inteligencia retrasid, Yo, al igual que el ‘esto desargentos-examinadores, habia seguido un curso de un mes de duracién an- tes de ser lanzado a este miserable mundo; nos habian dado unas pautas, a medo de ‘guia supongo, sobre as decsiones que se esperaba que toméremos, aunque no re- ‘verdo ninguna que tuvieragtn peso psicolégico cancreto, Nuestra tarea consistia fen descubniry anctar en pocos minutos un boceto de vida que de modo verositil wi Rona Fraser explicaran cl suspenso real o aparente del recuta en la prueba. Luego, en un recua- dro junto al boceto, evaluar al recluta:apoylimite/ no apco. ‘De un grupo de veinte reclutas, soll entrevstara unos cuatro 0 cinco. Las sno) ‘ptos claros eran pocos, y no resultaba dif identiicados, ya que entre ells eran ‘eseasos los buenos actores. Hjarse en lus exprestones facies, sus gestos, los 00s especialmente los ojas~ se convirié en parte integral de la entrevista, tanto como ‘el hacer preguntas, Sobre todo, sin embargo, aprendias a escuchar, da historia que cestabas escuchando tenia algtin tipo de eaherencia interna? éTenia sentido? Noun sentido que forzosamente pudieras entender en su globalidad ~no habia tiempo, Part explorara fondo~ sino ms bien por incwcién,éParecia cierta? Sin, quizis fa culpa fuera ruya: no habas hecho las preguntas apropiadas. Con frecuenei, incluso ‘ nivel estrictamente cronoligico, hac falta provocar esta coherencia. No eran jé- vvenes acostumbrados a leer ls vidas de otra, y mucho menos a narrae la propia, Dastantes eran casio totalmente analfaberos Muchos eran evacuados de guerra, del bario Este de Londres, que no habien ‘uel la cludad después de la guerra; sus padres hablan muerto, desaparecido, 0 ‘90 querfan que les devolvierana sus hijos. Desarralgados dle sus hogares bartiobaje- ‘08, s¢ habian visto arrojacos desde muy j6venes a familias rurales desconocidss y ‘no siempre acogedoras, en un zona campestre que les resulta tan poco familiae ‘como et lado ocukto dela luna. Detris de si tenfan la experiencia del «liz (e1bom- bardeo alemin de Inglaterra en 1940-42) y el temor constante de que mararan asus ‘padres. Sorprende poco que muchos todavia parecieran estar aperdidass. Recuerdo ‘uno en particular, Parece ser que habia pasado la mayor parte de su juventul vac ‘gando sin eumbo por los bosques, en absoluto segura de dénde se encontraba; de ‘yeren cuando aparecia en alguna escuela. « biera ser el destino dela anécdota. Yon estoy de acueto, Una anéedota wcinta-y ‘en Mijas la narracién de ceatos gira en torno a ella puede informa en pox fee ‘es de lavisi6n del mundo que tiene el narradoy, de st relacion con aguas que tie nen el poder y los que no lo tienen. 2¥ qué historia podemnos escribir sin inten ‘comprenele la cuestin del poder: quién o qué clase lo ostenta, por qué y en qué ‘onsiste? Una buena anécdota suele ser una respuesta taquigrtica, ullzeda cons- tlentemente como tay si su destino es permanecer inélta,tendla que ser tinica- _mente porque depende tanto de la narracidn que suele perderse en la transcrip- Giény publicacion, ‘También aprendi que tenia que leer todo y cualquier cosa que pudieraihuminar ‘en alguna medida aquella vida: Antropologta, estudlos pequistrios sobre la depre- sin, economia, historia; pronto se me hizo evidente que en un pueblo pequeti, tencerrado, no se podia contar slo con as Fuentes orles:exstian cosas que a gente simplemente no podia contarte,Bst principio cal hondo en mia partir de una pre: ‘unta sencila «3émo era Miguel» (el joven que te habia suicidado). Invariable- ‘mente, llegaba la respuesta de que era mis bien eobusto, fuerte, de aspecto agrada- bie, etoétera. ¥ euanco insistéaen que no queria deci fkicamente sino de carter, soliaencontrarme con una mirada en blanco y l cabo de un rato algtin comentatio tranqulizador respecto de que era muy trabajador. Cuando los apremniaba en busca «dems cats, mis informantescalan en lo que yo calificaria de concepciones estere- ‘otipadas dela conducta masculia de los andaluces. Hacla esto 0 na hacia aquello ‘Porque asf son los hombres de por aqui. La vida en Mijas se manifestaba no solo como precapitalista sino también prefreudlana en muchos aspectos. Demis est decir que nuncadiescubrile «werd desu suicidio, Todos os relates ‘que recogia eran parciles,y era inevitable que fuera ae. Pero eso no me pecmiie, sentiayo (sig sintiendo), volarhacia un mundo de relatiizaciintotaten elque un punto de vista resulaba tan valid como cualquier otro. Porque todo punto de vista ‘epresentaba mis que el individu, Pese ao sincero que sin duda habia sido, el terra teniente que scanocta tan bien a Miguel porque su padre habla trabajado esa tie ‘raantes que é, hablaba no slo como individuo sino como tecrateniente, El apec Ronald Faser cero coliadante, que acordé comprare el becerto a Miguel, no podia permiticse el lujo de ofender al terrateniente, que ostentaba certo poder en el pueblo. Un vecino parcero de Miguel, que habia sudo claramente a manos del terrateniente, ofreclé Jun eto de los abusos de este ikimo ueTo inculpaba impliciamente porlo que ha- bia sucedido, ¥asfsuceslvamente, Cuando hay que elegir entre impresiones contra dicrorias, yo creo que los que abergan menos incereses a defender son quienes, con toda probabilidad,ofrecerin la versién mis austada ala realidad. Pero en cualquier caso nitaceaerala de interpreta estas versiones, convencido de que no habia ninguna verdad nica, absoluta. interpretatas de modo que it- tentara proporcionae explicaciones causales de lo que habia sucedido. Creo que siempre he querido saber por qué suceden las cosas, una reaccién quis debida a luna infancia confuse una educacién pobre. Que no es lo mismo que decir que se puede reducir un acontecimiento a una causa 0 incluso a unas cuantas, sino que, para ser comprensbte, debe sinvarse dentro de los determinantes materiales que lo Condicionan y que. su ver se ven condlicionados por él. Siésto suena a materialismo hhistrico, a sea, lo que yo aprendi en Mijas contribuyé enérmemente ami desstro- o.com eseritor marxista, 1a historia deesta novela concreta no tene por qué ocupamnos mis; lahe usado simplemente para usta una serie de cosas que aprendl y que han permanecido en ini desde enxonces. La verdad es que he tenido que aprender Is mayora de costs ‘por mi mismo, por ensayo y error, es duro, pero también recompensa...Asi que un ‘buen da topé con a shistoria orale ls tecnologfatopé conmigo, Recuerdo que iba apie por una ealle de Londres, cuando vi en el escaparate de una tend la primera sgrabaclora de casseties de produccién en sere, fabricada por Philips. Eraa mediados dels sesenta. Entcéy me compeé una; esa Gnica maquina que he comprado en mi ‘ida sin tener la mas minima ides de To que hala con ela. Unos dias ms tarde let Tuna critica de Las Hijos de Sarichez de Oscar Lewis y me sent profundamente turba cdo porel ibco; un ao después, poco mas o menos, uve a suerte de conocer al au- tou Mientras cendbamos le pregunté si pensaba que ous libros eran antropologias0- cal 0 lteratura, Reflexioné un momento y entonces respondi6: wliteraturay. Su respuesta me entusiasm6, ‘Entretanto, a cause de otra coineidencia, descubsi que atin vivian muchos de fos Jvientes que habian trabajado en la casa setorat donde me habia criado. Supe al instante para qué me serviria la grabadora: para descubrir cbmo habia sido en ver- lad la vida en aquella casa y de ese mado destruir los mitos incapacitadores que es {aba seguro de haber creado deste entonces en torno a mi infancia. Que as cosas salleran algo distintamente de lo que yo me habia imaginado, y que tardariarodavla veinte afios més antes de saber que hacer con estas entrevistas, puede apreciarse en. ‘milibro in Search ofa Past (Londces, 1984; Busca de wn Pasado, Valencia, 1987) “Afortunadamente, ignoraba estos problemas cuando, cai weinta aftos después La formacion de un entevisaor de veres por iltima vee, me depuse a entrevistar a gente que habia conocido de rmuchacho. En aquel momento,el problema que de verdad tenia era mo conducie ‘una entrevista en profundldad ya que, para ser honesto, no tenia una idea clara de cbmo provedet El proyecto se complicé por el hecho de que yo~y de modo mis es- ‘pecal mis pades~éramas partiipantes de aquel pasado.Lo mejor, quiz, seria em- pezarcon lo que ellos mejor recordartan -sus vidas antes de ira tabelar la finea de mis padres y hiego sus rutnas‘aborales. A través de esto era probable que ellos ( yo) gandcamos confianza tanto en la empresa, como uno en el otro, No fue hasta mds tarde, ya tanteado el terreno con cada uno, cuando me aventuré a hacer pre ‘guntas sobre mis paces. Resvl6 ser una rutina bastante buena: la via laboral de cada dines lo quella gente mejor recuerda, Pero primero, caro est, tenia que esa- blecer,o masbien restablecer, el caniacto con ellos, un proceso que he descrito en cllbyo y que aqui esti de més indagae. Después de este contacto personal enka que ‘cambiar un nivel profesional y conseguir que consintieran a que grabara nuestra conversacién ~conversacin irscta yo, pues la palabra entrevista sonaba cemasi- dado formal en esas circunstancas, Les expliqué que queria saber cosas sobre sus v- das en a finca porque estaba intentando escribir una histoda en tornoa un tempoy tun modo de vida que habia deiado de existir, su ayuda me era vital porque ells 1o habian vivid. Pero me iba a se" absoluamente imposible ecovdar todo lo que dit fan; es importarfa que grabart sus palabras? Bso, también, funciond con bastante ito, yen cuanto di con un enchufeeléetrico para conectat la gribadora, nos pUst ‘mos en marcha. (Aprendi de inmediato dos lectiones eetreas: no siempre se pur de depender dels pilas comafuente de energy en casa de I gente tampoco sue len estar colocados los enchufes doncle se quiere sentarl interlocutor. Me compre tun cable de extensin bien largo para evita este problema, porque era importante ‘que el informante pudiera estar cSmodo, sentise lo mds «en casa» que pudiera en estas circunstancias un tanto excepcionales. También era muy importante conseguir tuna grabacién lo més buena posible para el que transcribier as cintas “la transrip- ‘ida de cintas es un arte en simismo, muy laborloso y costoso. Mucho ms tarde, ‘eompcé un micr6fono miniatsra que se coloca en la ropa del entrevstado y que au menta enéememente la calidad de la geabacién, entre otros motivos por poner fin a ‘ot problema recurrente~elinformante que juguetea en la mesa con el micrGfono mientras va hablando y estropea la grabaciOn) [Nia estas primeras entrevistas na ninguna de ls posteriores he do armado con. ‘un cuestionario. Por una raxén muy buena, creo yo: nunca sé lo que agente me yaa contar sobre sus vidas, yhastaque lo sepa, no sé qué preguntas especiicas hacer. BS ‘ns, en miopiniGn, un cuestionaro inhibe tanto al entrevistador como al entrersta- do; el primero, con una hoje de papel delante suyo, tiene un poder visible del que ‘carece el éltimo, el poder de an esquema preformulado. Hay una persona que co rhoee -y el conocimiento es poder- el curso que ha de tornar la entrevista, y otra ~el onal Faser {nformante~ que se encuentra en lz inopia. Pero la persona que conoce de antems- ‘no lo que quiere saber, acabar thay suerte, sabiendo solo es; y sino hay suerte, sabiendo en verdad muy poca cosa, Porque elcorz6n de una entrevista en torn a Ja historia de una vida es descubrimiento, y uno Gescubre la vida del otro al escu- char; s ese viaje hacia fa desconocico que me emociona, ‘Quiz he tenido éxco como encrevistador, se me ocurreahore, porque no hago ‘entrevistas f, yo ls lamo entrevista y luego las trato como tales, pero lo que real ‘mente hago es abordar un didlogo con alguien, como lo harias con una persona cuya ‘obra de toda uns vida te resultarafascinante. Hay cosas que quieres descubrit ~2por ‘qué hicieron esto, par qué pensaron aquello, eémo se sentian? Quieres revvie con cellos su experiencia, hallar en t mismo la posiblidad de esforzarte en entender la vida de otro, hacértelo real. A un nivel, tus capacidades critics se han activado para ‘discernit las inconsistencias, las lagunas, ls sHlencios de esta historia: por qué no ‘entiendo esta vida? éddnde se encuentra esa consistencia atin enlaitracionalidad— ‘que confere a esta historia su autenticidad? Por ineretble que pueda ser, debe, en el nals final, er crete [Nome interpreten mal: no digo que crea que la gente sea consistente. Toxos po- ‘demos cambiar en un dia, en ocasiones radical y draméticamente; en una vida, acos- ‘umbrarnos a situaciones antes inimaginadas, La inconsistenci, ademas, es un he- cho de la Vida, ya que detrs de la conciencia existe un inconsciente que quizds ‘persiga sus propios fines no expresados. El inconsciente, como seftalé Freud, tiene su propio tipo de logia sin la negacién, la contradiceida ni el concepto de tempo. Dado que no tiene ningin sentido del iempo, el pensamiento inconsciente supone {a similitd entre acontecimientos del presente y de pasado, hace que sean idéntt cos; dado que carece de contradiccién, sypone que las retaciones son simétricas. (Por ejemplo, si Maria es la madre de Juan, Juan también puede ser la madre de Ma fa: estan unidas simétricamente por la relacién madre/ijo). Menciono esto Gaia ‘mente para iustrar las diferencias ent la historia de vida y la sesi6n psiconalitea or teatador que pueda resultzr, no debemos confundir ni mezclaras pues pers guen logica y Hines distitos. Asi pues, la coherencia que busco esti vinculad al pensamiento consciente: La ‘coherencia yace en el recanocimiento por parte del testigo de su cambio y en el in tento de darle una explicacién causal. 0, como mfnimo, de reconocer que no puede cexplicaro, La implicacién es que el comportamiento humano se entienda, que bajo a infinica fachadla de gestos, is y silencio, haya finalmente una coherencia, un oF den, una fuente de motvacién, como escribe Paul Auster ~con ciertaironfa~ en la primera novela de The New York Trilogy (Londres, 1987). A nivel eonsciente aftadl ria yo, Sin embargo, en las historias de vida, esta coherencis no suele ecuttir por si rmismas; tiene que haceca surge el entrevstador que ha reconocide una inconsi- tencia real oaparente en ia histori. 1a Formaciin de on entrevstador Recuerdo fa primera vezque esto me sucedié en las entrevistas can los sivien- (es, El mo2o de los caballo iba describiendo tranquilamente su vida labora en los estabios de la fine, las horas largas que le dedicaba porque se alegraba de sec res- pponsable de los cabllos de Giza de ns padres. Le pagaban 35 chelines a a semana, yi sabia que recibia menos que otros mozos que trabajaban en casas grandes. Pero ‘no haba protestado nunca ni por las horas, nl por el sueldo ~quirss habia sido «un poco blanddo- porque sentia que tenia «cierto podem: era él quien decidia qué cae ballas montarian mis padres, Poder a cambio de dinero. pese a que era extrafo,tenfa su cohierencia, Concor daba con el hecho de que, como hijo de pequefio empresaro, tenia una actitud de servicios hacia su trabajo; la explocacién no ocupaba un lugar priortarioen su men- te Es mis, era su primer empleo con sueldo, ¥ estaba muy agradecido de haberlo conseguido, a mediados de l depresion de los trea, al fracasar el negocio de su pace, Ademds, amaba los caballo. 2No acababa de decir también que pensaba que elempleo le daria una seguridad para toda la vida? ¥, en cambio, en todo esto tuve la Impresién de que lgo no encajaba -o mis bien que él sentia que algo no encajaba. De la nai, se me ocureis una pregunta: «Qué costaba mantener un caballo ‘en aquellos tiempos. Lo sabia con precisién; ente 50 y 60 chelines a la semana, «dDe modo que costal masmansener un caballo que lo que ti recibias de suoldo ala semana, oS, contest6, «usted lo quiere ver ast Byidentemene, € no lo queria ver «ass, ese a saber que negaba tna expla ‘én que conferia mas valor 1 un animal que a un ser humano. Hasta cierto punto, cea perfectamente coherente, pero era una eoherencia que funcionabu inicamente a uravés de la epresin de un hecho desagradable. Mis adelante, reconacid que comprar un caballo costaba mis que su suelo anual -y mis padres compraron varios, A cabo de un rato, esallé ante el recuerdo de a erueldad de mi made para con él ‘Quinds hubierareventado de todos modos, pero yo creo que me esforcé en dar- le el espacio suficiente para cue sinter la bertadl de hablar de ello. De hecho, una ‘de las cosas que mis me han preguntado los lectores britinicos de este libro es pre- ‘isamente esto: écémo consegui que los sivientes cijeran cosas tan abiertamente espectvas,cuanclo no hostles, acerca de mis padres? Lo cierto es que yo no conse- ‘uf que me dijeran nada: a wvés de mi propia y patente distancia demi pasado y de le clase social en la que me habia criado, 2 través de a adopcién de la actieud de un Indagador neutral aunque apasionado ante su pasado, les daba el espacio para que tliferan lo que quisteran, Yo estaba all para ellos, para ot su histori, y no para ofte- ‘cer opiniones subjetvaso jumadocas,a menos que melo pidieran especiicamente, ‘Aun en este c2s0,incentaba volver sobre sus experiencia lo mis rpidamente post- ‘le para asf asegurarles que habia venid a oitles hablar ce sus vidas, noa hablar de Lamia rh Ronald Fser [Bsté chro que los tiempos también cambian. Los nuevos tiempos ~en aquella poca estdbamas a fnales de los 60- contsibuyeron a abrir nuevos espacios tanto par ellos como para mi, La experiencia de entrevistar a gente que has conocido de ‘if (y quea menudo me eran mis intimos que mis propios pudtes), no esalgo que suela sucederle alos entrevistadores, no quiero extaer de ello demasiadas conclu snes. Exageraba de modo determinante un aspecto de las entrevstas que, desde Jos tiempos de Serge Nabokov hasta el presente, me result6 muy importante, aun- ‘que sabia que no podria repetirse nunca con la misma intensidad. La empatis, por darlealgtin nombec, que surge —que tends que surgir~ en fa siuacion de Ix entce- El «poder de comprendery entrar imaginativamente en los sentimientos de otra ‘person, tl como define la palabra empatia el dicclonario inglés, tiene que tascen- derlos sentimientos del propio entrevstador, yes por esto que he hablado mis arr- ‘bade la importancla de vaciarel yo. Enel caso de las entrevistas sobre la casa seio- rial, a veces sentin con tl fuerza mi propia empatia y la de mi interdocutor que ‘experimentaba wna regresiona un estado infantil mi nideraindujo en mi un trance ‘ebienestarhipnético;ejalinero un estado de emocién tefiida de sexualidad sub- ‘versiva; una nia evacuada, que me habla hecho gracia alos once aos pese a su re- serva, desperté en mi-y yo en ell un estado de comunién que al final nos dej6 sin fuerzas alos dos: parecia como si hubiéramos borrado el espacio que nos habia se pparado durante 30 af... Y asi sucesivamente, Estas experiencis,terepetibles en tanta peofundidad en la mayoria de situaciones de entrevista, confirmaron lo que ha Dia pensado desde que escuché a Nabokov hablando por teléfono: era posible, al ‘royectarse en lasituacén dle otro, a modo de tabla de resonancia, despertar una ‘empatia en tu interlocutor. ¥ es sobre este puente de empatias mutuamente experi- ‘mentadas como la gente habla més abiertamente de s{ misma, incluso con extrafios ‘equipadas con grabadorss, |Ajuagae por lo anterior puede deducirse que no creo en esto de ser un entrevis- tador dro, una especie de Interrogadoc. Normalmente, no. Pero hay ocasiones en ‘que es necesro, Ua incoherencia no cesuelta, que el informante se niega a reco- ocer 0 siquiera intentar expear, exige un interrogatorio duro. Asf también un te ‘chazo a ser ertico con el pasado, el pasado personal o politico delinformante, osu ‘pasado en otro tipo de organizaciones. Lo considero ceguera voluntari, el equivar Jente de una incoherencia, ue intenta dart gato porlichre. Finalmente, quizis por- {que con tanta fecuencia dan por supuesta la coherenia de sus opiniones, creo en un Jncerrogatorio dia de aquellos que han ocupado posiciones de responsabilidad politica. Bxiste una manera dura de entrevstar que aprencli de Nabokow y que volvi a aprender dolorosamente durante el psicosnilisis: la dureza del silencio. No decir nada durente bastante rato ya ver que pasa, Dejar que el silencio pese en el ate en- 1a formacton de un entrevssidor tne usted y su interlocutor un silencio activo, expectante; usted esta ya mismo tiempo usted, el intereogidas, parece habesse retirado, Es sorprendente lo mucho {que nos cuesta al principio afrontar este silencio en una situacién de diélogo. Proyo- ca lara: algo no va bien, debe restablecerse el contacto, Entonces, el interlocutor dich algo, algo que a menudo no tenia ninguna intenciéa de decir. “Tambien he encontrado que el momento mis productive de una entrevista es l fina, al desconectar la grabadora, iberaco de la parte formal dela conversacion,€] informante se relajayofrece una informacién que, consciente 0 inconscieatemente, se guardaha durante el proceso de grabaci6n, He aprendido a desconecta la grab dora y permanecer sentado, ranifestando que estoy preparado para seguir hablan- do, Aungue de ello no susja racla en términas de informaciin, me parece que es 10 que hay que hacer: el informante no se ha vuelto menos importante como persona ‘porque exté desconectadalagrabadora. : Lo que se hace con la informacién recogida sin grabar €s otro asunto. En ocasi- nes puede ser muy extenea Yolo ancto al conclu la entrevista porque no me fia de ‘mi memoria Si puedo, se la levo al informante en una entrevista postetiory pklo ‘que la grabemos. Si no surge esta oportunidad como sucede en ocasiones en las centrevistas dela guerra cvl-, valor la informacion sobre la base de su cohereacia. ‘sConcuerda con toda lo que hay grabado? éDentro del contexto de la experiencia de cesta persona, tiene sentido? Hay ott tipo de pregunta que, especialmente en mis entrevista sobre la guerra civ, resuleé productivo; es a pregunta iagertua. No es cll acera si se va ala en- ‘revista con la idea de que eres el depositario del saber, tienes que estar preparado ‘para aparentar ignorancia induso estupide Produce resultados, creo yo, porque tu informantesiente que tiene eonocimientos delos que ti careces;y sia tienes esta ‘lecida una empatiao al menos una relacin de trabajo, encontrards que en muchos ‘casos el informante responder con informaciin que de otro modo hubiera pasado sin mencionat Por ejemplo, ts entrevistara un nimero considerable de anarcosin- ealistas, recuerdo habece dicho a un mlembro dirigente dela CNT aragonesa que no.entendia qué signifcabe el comunismo libertario. Me dio una definicin. Luego ppregunté como concordabs eso con la coaccién de campesinos para que formaran colectividades. Como resulao, consegut una perspectva interesante de la contea- lccn que él rela que habia existido siempre en el anarquismo entre el uso dela fuerza ys ideales ibertaros. ‘Asipues, uno no deberia tener miedo de sparentar ingenuidad, que porsupues- toes algo que se diferencia bastante de serlo en realidad, al menos durante lags ppetioos ce tempo, No deberiamos fngie que lo sabemos todo, aunque, por otra patte, deberiamos saber lo més posible. Volver sobre esto ~el contexio de a ente- vista dentro de un momento; hay tedavia uno o dos puntos que me gustaria desta carsobre la entrevista misma 3 Ronald Faset Las preguntas, segin mi experiencia, deberan ser escuetss yal principio de la historia de vida, lo mas infrecuentes posible: los informances pueden sentir que las, preguntas se entrometen en a forma en que ellos quieren contar su historia, ya for: rman queeellos eligen contar su historia es con frecuencia tan reveladoca de su pun tode vista como la que denen que contar. Como forma subjetiva otorgada.l pasado, 1a forma narrativa indica la estructura individual de lo recordado ~Io que les parece mds y menos importante record, mientras las elipsis de a narraci6n podrian pro ‘porcionar una comprension importante de lo que se ha silenciado, tal como ha Se: ‘alado tan convincentemente Luisa Passrini, En términos prictcos, Jos informantes necesitan espacio para sentise lo sufl- ‘ientemente c6modos como para decir lo que quieren, En un caso que recuerdo de forma particular, la propia insausfacein de uno de mis informantes sobre la guerra ‘lil con a forma en que iba contando la historia de su vida, lev6 2 una cevisidn im- ortante ya la decisién de decieme mucho més de lo que evidentemente pretendia ‘en un buen principio, Esto na hubiera sucedio, creo yo, si yo no huibiera permanc: ‘ido sentado durante dos horas en a primera entevista escuchsndo sin emiticape- ‘as una pregunta: se hallaba poco dispuesto 2 que lo entrevistaran, y necesitaba confanza como para encontrar por sf mismo la forma de contar su histora en su to- talidad. ‘Como la mayoria de entrevistadores, supongo, he hecho entrevistas de un tr. ‘que han durado tres, cvatco 0 més horas. ero no creo que este tiempo sea Gptimo, particularmene cuando se est hablando con gente mayor. Uno no deberi olvidar ‘nunca el inpacto psicoldgico que para los informantes puede tener el recuerdo del pasado: de repente se recuerdan memorias enteradas, 8 reviven tragedias perso- rales, No.me habia percatadio del aleance del sufimiento que puede causat una en- tuevista hasta que, ya iniciadas las entrevstas de la guerra civil, un entrevistado tuvo ‘un infarco inmediatamente después de despedicme de é. Afortunadamente, no fue ‘mortal; peroa partirde entonces, me volvi muy cauteloso. Encontré asimismno que dos horas de escucha intensia -especialmente si relizas entrevista dia tas dia, ‘mes tras mes, como yo era todo! tiempo que pola dedicate de forma creatva. ‘De igual modo, resukan mis productivas dos entrevistas de dos horas cada una ‘que cuatro de un itén; esta primera lternatva permite algo que, en mi opin, de- ‘berfa ser un procedimiento ya establecido. La primera entrevista (o entrevista, ise dispone de tiempo) deberia ir dedicada ala naracién libre y no dirigida del infor. ante; la segunda sesion (0 subsiguientes) dedicada al interrogatorio directo-acerca delo que se ha dicho 0 (aparentement) dejado de decc. Los motivos parala prime: a, reo yo, quedan claros por lo que ya he dicho sobre la forma narrativa Gel infor- rmante y su necesidad de ire cogiendlo confianza al entrevistador, la segunda €5 ne: cetaria para poner a prueba la coherencia interna de lo que se ha dicho, que por supuesto puede inclir un andlisis estructural ylingistico, (En esta entrevista dese La fonmacion de un entevistadoe {uimiento me parece perfectarientejustificable levar preguntas escritas, siempre y ‘cuando se hayan explicado al informante desde el principio las razones de tenertas sobre la mess). 7. Por todo lo que he dicho hasta ahora, podria parecer que mi tnica considera- cin constituyeel empo real del entrevista, Pero desde mi intento de excibir una novela sobre el aparcero mijefio que se suici he sabido que no podia conta Uni ‘camente con los informantes. A medica que entrevista a los srvientes de Manor House (ka inca de mis padres), esearbaba en los archivos de periédicos locales n> vestigando las eserituras de la casa yBnca (que se remontaban al siglo XVU), yleyen> do historias, especialmente historias sociales, en torno a la época que estaba iavest ‘gando, Al final, en el libro no me servi demasiado de estas investigacionesy per contribuyeron a documentar mi preguntas. Parala siguiente historia onl (de hecho la primera que e pubileaba), tn Hiding, ‘The Life of Manuel Cortés (Londres, Nueva York, 1972; Escondido, Mésieo, 1973 condido (nueva tradueci6n), Vlencia, 1986), cave que documentarme sobre kuna ‘cha, para seguir el ritmo de mi informante. El -0 mds bien su repentina reapariciéa, en Mijas tras 30 afios de ocultariento~ surgi de la nada; ole un cia en Loncres en Ja portada de The Times, pero no me cogié del todo por sorpresa. Una de las histo- Flas ms divulgadas que escuché mientras me decumentaba para mi novela eraladel ‘dkimo alealde socials del pueblo, que muchos crefan todavia vivo: escondido en ‘Malaga o en algin lugar cercano, pero nunca en Mijas mismo, Pensé, Tengo que in tentar esersbir la bistora de suv No es éste el lugar apropiado para relatar lo que sucedié a continuacién al tam poco la vida de Manuel Cortés, Quiero simplemente contar una serie de cosas que ‘aprenden el curso de las entrevistas. Ante todo, sabfa bastante sobre el pueblo ac- tual, pero poco acerca de su pasado, antes y después de la guetra civ; y menos to ‘davia, debo confesar, acerca dela guersa misma. No pucle hacer gran cosa respecto eo primero, pues el régimen -estébamos en elafio 1969-no me baa conceder el ‘acceso alos archives municipales para este tipo de proyecto, Sobre la guerra en si podia ler o que se habia eserto, en su mayor parte por extraneros, y eso hice a medida que se sucedian as entevstas, Claro esti que hubiera sido preferble ener lun conocimiento mas profundo, pero la experiencia de investlgar y entrevistarsi- multineamente me resulté itl Aprendl qué preguntas corsespondian a los libros ue leiay qué preguntariea Cortés directamente, Iba de uno a otro, buscando sime- was yasimetas, concordancias y discordancis, en un intento de comprender ys ‘warsu experiencia personal dentro de un contexto histico mis amplio. Ya través de él aprendi que, 2su manera, os informantes tambin son historiadores: sus refe- -xiones sobre su propio pasado, especialmente en el terreno politico, pueden, y de hecho suele sr asi, contibuirs abrir nuevas lineas de pensamiento ¢investgacion ‘ea tomo problemas hiswricos concretos. us 6 Rona Fer “Taye el privlegio de conocer un informante de la categoria de Cortés: estaba bien informad, ls recuerdos conservados en dba, y de una coherencia personal _y polities iaamovible, le peeguntara lo que le preguntara. Ain y asi legué a darme ‘eventa de que la histora desu via era de alin modo una construccién que clabo- ribamos juntos. Mis preguntas no alteraban el contenido de lo que &! decia, pero hasta cierto punto conformaban de mado inevitable aquello que iba diciendo, Es posible que otro entrevistador consiguiera, no cra historia en genera, sino wna con. dlstintos matices, detalles, quiz incluso una reflexéa politica 0 dos que yo no lo- sré provocar, Me hizo pensar en la unicidad del proceso de la entrevista sobre ta his- tora de vida, la singulaidad de cada entrevista (volveré sobre ello), yla nécesidad. deincorporar de algin modo esta caracteristica en el libro que ba aresultar de ela, ‘Slo podia pensae -y rechazar porque hubiera estropeado el ritmo de ste historia ‘en insertat mis preguntas, Con esperanzas, le envié las transcripciones para que las, corrigiera y aumentara como é! quisiera, una tarea que llev6 a cabo concienzuda merive aunque con acti alo cansina, sin afadir nada esencial.Y cuando hube es- ‘ero un barra det ibeo en inglés, me pasé casi un mes entero traduciéndoselo verbalmente para aseguracime de que no sélo estaba de acuerdo con el texto sino de ‘que tues ls oportunidad de aad slguna cosa siasilo deseaba, Estos son ~10 creo firmemente- procedimientos correctos, aunque por motivos que escapan a mi con- twol no siempre he podido llevatlosa cabo. [A medida que entrevistaba 2 Manuel, se me hizo evidente que también tendria {que entrevistar a su mujer, Juliana; en muchos aspectos, aquellos 30 aiios habian sido tanto la historia de ella como la de él, pues lo cierto es que élla habia sufido ‘antost no mas que él. Manvel se mostrd enormemente reaco: la no sabia hablar, deca él cada ver que abordaba el ema, Cuando por fin, tras continvas insstencias, sedio por vencido, me enconteé con que é se sentaba aldo desu mujer yla mayo ‘a de las veces hablaba en su lugar. No sabla qué hacer. No habia manera de oi a vor individu de ela, ¥ as fue alo largo de tres o cuatro sesiones Consideré la posblidad de perdire a él que se marchara, peso pensé que eso perjudicaria avesta elacién contiaua de entrevista, Tal como fueron las cosas, sc ‘16 de algo la persistencia que aprendi en mis das de periodista, pues al poco se Aburt6 y decid dejarnos en paz. Quizés me habia estado poniendo a prueba para ver si iba a hacer preguntas que lo dejaran mal. Nolo sé; lo que si sé es que tan pron: tose hubo marchado su mario, Jullanaestall6 reauando 30 afi de pasién, eno- jo, tristeza, y frustracién acumulados, En ecasiones, comprensiblemente, se desha- cin en grim. Todo esto habia preesado que ectuviéramos azo Relato este hecho porque es una experiencia que se cepitié en posteriores en- ‘evista en tomo ala guerra cil. Casi nunca resuté productivo tener presence aun ‘mario mienteas entrevstaba a su mujer, aunque no siempre pude evtarlo. Me gus: ‘twentrevistaralinformantea sola; hay que construc una relacin nica, ese puente 1a formacton de un entevstdor de empata del que he hablads, y la presencla de una tercera persona hace que sea difcl de construe Mi siguiente libra fue una historia oral de Mijas dese prineplos de siglo hasta 1972 (he Pueblo, The story o[a village on the Cosa del Sol, Londces, 1973, pulica- do en los Estados Unidos conel titulo de Tajos; y traducido al espafiol con el titulo Mijas, Republica, guerra, franquismo en un pueblo andaluz, Barcelona, 1985). (Quiads resuten apropiadas aqut algunas palabras sobre cémo seleccioné a los 70 0 mds testimonios. ra evidente que la historia de un puebio, al igval que lade Espatia ‘Jo largo de Ios tres cuartos de siglo para los que podian hallase infocmantes, est ba marcada por cuateo épocasprincipals: desde el cambio de sig hasta la caida de Ja Monarqula; la Republica y kt guerra civil; el franquismo hasta finales de los cin- cuenta, y el franquismo del crecimiento econdmico de los sesenta, con referencia especial al turismo en el caso de Mijas. No obstante, resultaba insuliciente esta se- ccuencla cronolégica vertical, 2ura cada época, pensaba yo, tenia que haber una es- tructura sociseonémica horizontal, distinta, que explorar; expresado de otto ‘modo, la cuesti6n dle poder, quién lo ejercia, con que fines y cbmo cambiaria de una poca a otra. Asi pues, busqueétestigos de diversas clases 0 estamentos sociales para ‘ada época, con el fin de combina el enfoque vertical (que era también generacio ral) con el horizontal ‘Aunas, no estaba convencido de que las fuentes orales me pudieran proporcio- ‘nar una explcacion sufcientede las estructuras ecandmicas del pueblo, particular _mente las que se referan a latenencia de tieras. Mijas destacaba estadisticamente cn la provincla de Malaga por sa minifundismo y el predominio de la aparceria, Eso condicionaria de modo inevitbe las estructuras sociales la experiencia vivida dela historia local, y yo no podiaignoraro, En consecuencla, me pasé mis tiempo en los archivos del registro territorial de Mlaga que entreviseando, en un intento de expl- careste fenémeno. En ocasiones, la gente me pregunta mo consigo mis testigos. A decic verdad, utlzo cualquier medio, Cuando empect el proyecto de la guerra civil, que resus en Blood of Spain (Londlees, Nueva York, 1979; Recuérdalo tity recuérdalo a tras, Barcelona, 1979), conocta a muy poca gente fuera de Mijas, y también sabia que no odin esperar abarcar toda el Estaclo espaol con el tiempo Y recursos econémicos ispontbes, pese a que esos ilkimos inclufan adelancos bastante razonables de mis, derechos de autor por parte de mis editores brisnicos y estadounidenses, Decidl concentrarme en cinco 2onas especificas, dos en el bando repuilicano y dos en el Franquista ademas de una ~el sorte (el Pais Vasco Asturias que, clare est, en reli= dad constituyen dos zonzs)-, que habia estado en ambos bandos. En cada zona que sa concentrarmne principalmeate en los supervivientes de las fuerzas politics dom! ‘antes; un par de docenas en cada 20na seria suficiente, pensaba yo. También ppensaba pasar el mismo tiempo en lasarchivos de los pertdicos que entrevistando, a7 48 onal Raser ‘Las cosas nunca salen como las planeas y esa es una de las emaciones de este tipo de proyecto. 1o que sucedié en Barcelona nos puede servi de ejemplo. Sélo conor a dos personas en la ciudad cuando llegué en otofio de 1973,y ninguna de cella era ex combatiente de la guerra cv Mi primera entrevista, recuerdo fue cone dentista de uno de estos amigos, que me habia asegurado que este hombce tenia tuna histor inteesante que conta. La verdad es que sus experiencias me pared: ‘on de poca relevancia; pero me dio el nombre de un amigo que habia tenido una expertencta fascénante que él, | dentist procedié a relatarme, Fui aver al amigo. [a historia del dentsta oerca de su experiencia result ser flsa, pero lo que tenia {que conta sobre otras incidentes fue certamente fascinante. Doy este ejemplo porque me sucedi6 una y otra vez. Un testigo ofrecia el nom bre de otro, contaba su histori, que esultabainvariablemente inexacta,y yo conse ‘guia del nuevo informante otra cosa de gran valot: Desde e! principio, decid que se- ‘uitia todas las pistas, por improbables que aparecieran. Hl nico fracaso que recuerdo es esperaren van en la exquina de una call, con wna copia de} Finacial Times bajo el brazo, a que un totskisa clandestino me concijera ante un testigo. Mee cuenta de que la cancicad podia convertrse en calidad. Un informante me ppodia conduciea otro. Pero en todo esto habia algo mis. través de unvespectco més amplio de testigos, especialmente aquellos que habian miltado en fa misma organi- zacién, era posible intuir una coherencia exerna que pod usar para iluminar la co- hherenca interna que andaba buscando en las entrevista. Expresado de otro modo: ‘uantas més experiencias conodieras de gente en relacin con una organizacion ‘conereta, mAs sabrias sobre esta hima tal como se experiments por dentro; y cuan- toms supieras de esta intimidad, mejor podelas evaluar el contenido de un testimo- io individual sobre ello. Luego resulkaa interesante buscar esas especifidads indi- viduales que surgian conuaras a la coberencia aceptada y ceflexionar sobre su significado, Un drigente de rilicias de l CNT, por efemplo, que dijo sus hombres desde los primeros das que no estaban haciendo la revolucion sino luchando contra clenemigo; un miliante del PCE que afirmabs categoricamente que ély sus eams- ‘alas estaban comprometios con una revolucin para acabar con el capialismo en Espana, Qué signficaban esta alemaciones en un contexto politico de Revolucion y Guerra? \Volvamos sobre Ios informantes, A lavez que seguia cada una de las pitas que ‘me daba un tesigo, ecurtia a otra fuente important: historiadores locales de It {poca. Aunque dudo que tuvieran confianza en mi proyecto pues la historia oral era ‘poco conocida en Espatia en aquellos tiempos, fueron enormemente generosos en su colaboracién. Ea pariicular, quisiera dejar constancia de mi gratitud hacia Mesce- ‘des ikanova; la me ofrecé el acceso a nformantes ya su propio conocimiento de- tallado de la época. También me ensei6, a través de su tabsjo minucioso sobre los ‘comportamientos electorales de los cenetstas en ta Catalunya de lk preguerra, que = < La formaclén de un entrevetlor un discurso oficial noes bajo singin concept el nico discus de una organiza cin, que lo que vina organize dice que hace noes necesariamente o que ext haciendo, el dscutso de los drigentes no es necesaiamente ! de la base. Agradez- co-asimismo a amablesolidardad que me brid para con e proyecto. ‘Necesitaba profundamene esta simpata. Nunca me he sentido tan sokoen toda snivida,Aquella sensaci6a de confianza tan necesaa para ls informants aabara destruyndose si yo hablaba con otros acerca de lo que escuchaba; I fala de trat0 ‘conlidencial podiaimpedir que halla nuevos testigos que estuvieran cligpuestos a habla ero, sobre todo en os aos crepusculares de égimen de Pane, pada yr peligroso que hablaran los testigos mismo, y yo viv siempre medio atemorizao ~ probablemente exagerzdamente, pienso ahork- por ls ents que s Iban ean Jhndo ea a habitactn de mi hovel. Algunas veces, cuando cuninaba por lee en dliezein 2 ou entevsta, me ents real ante mi isno, vaca de to excepto de as voces: insistenes, inmediatamente identifica, nina. Parecia cmn0 0 tuviera ota vida que la de ellos, yn estaba seguto de saber que hacer con ells. Ese pensamiento sola ssustarme No ha sido hasta muy recientemente cuando me he dado cuenta deo importance que es tener ess voces en ts cabeza Al escribic 1968, ‘A Student Generation In Revolt eché en falta a pesibilided de escuchar aquellas ‘voces en el material que me environ ls ochos coautores de EEUU, Alemania Fe- der tala y Francia. Claro qe ten as voces de mis tetgosbeknicosynorilan- deses, pero no me basaben;unbién necestaba ls ots. Nisiguers estoy seguro de saber por qué esas Per pienso que lene algo que ‘er con paradoja de ls histras de vida escuchamos agente que habla, geabaos sus palabras y luego estas palaras se vierten en paiginasdetranseripciones esritas a ‘méquina para acabarconvréndose en palabras imprest. Lea cualquier transcip- cide y ver la poca vida que dene en comparaién con la entevista que Usted ce- cueréa. Ha dessparecido una gran pute de testigo. No puedes sentir inutvamente mens que oigas la vor en i cabeza-el significado que queria dare testigoa este selao oaquelaexplicacién. La tonalidad, maces, pausas,gestos -todo lo que bin- dla alas palabras exritas ss contexto viveneiado~ han desapareci. ¥ es este con- texto, tanto como las mismas palabras lo que nevesites ent cabeza para més tare ‘exempta correctamente i enievst, Especialmente, como tan a menudo me ha sucedido, aquela entevsta queen su momento pacec6 reavamente poco impor tante yque mas adelante scaba proporcionando laclave para fase en un incidente conereto. Poe mi pare, nunca volver a escibie oo ibeo basado en fuentes oles pars el que no ubiers realizado yo mismo todas ls entrevistas "En tes meses en Harcelcra encontré que habia hecho mas Ge 70 entrevista. ‘Ocurt6 0 mismo enlas otras regiones que habla lego. Como es nature resin Ué al empo que pasaba en la biblioteca en un sentido, mi trabajo lo acusaba. Al ‘empezar en cacla nueva regis me encontraba con que me estaba enfentando alo M9 150 onal Haver ‘que pareciayefectivamente sola ser- una guerra ci toralmente nueva. A pesar de {que intelectualmente era consciente de ello, empecé a comprender a ciferencia is tiea del Estado espafol como experiencia vital que condicionaba mi trabajo de cada dia, Quins pasar mas tiempo en los archivos de petiédicos locales me hubiers facitado a tarea de comprender estas diferencias sociopoliticasy econémicas,¥ sin embargo, lo dudos a menos que sepas lo que busca, la Investigacion de la prensa precisa de muchisimo tempo, como ya habia tenido ocasién de comprobar en An- dalucia. Pero con los testigos sabia lo que estaba intentando descubriry podia pre- _quntarlesdirectamente. Decid, por tanto, aprender antes de mis enteevistados; sus cexperiencias, insertadas en las idicsincraclas de la regién, me informarian, tangen- cial sino directamente, dels diferencias. 2Qué era lo que intentaba descubrir? Primero ante todo, experiencias conere- tas, como explicaba siempre al iformante al inicio de fa entrevista. Lo mds cortes- ‘mente que podia, lea que no me inceresaban ls disquisiciones generales sobre el ‘estado acwval de Espana la guerra civ o el mundo. Bran sus experiencissrecordadas Jos que yo queria oi, qué habia hecho y porqué lo habla hecho. Primera, queria sie ber de ls acontecimientos formatives de su adolescencia y entomo durante la pre: ucer. (Esto, pese ano deco, me daréa material de fondo importante con el cual ‘determinar la coherencia interna de To que tenia que venif), Recuerden que, por re- tla general, no tenia ni idea de cuales habian sido las experiencias del informante; a lo. sumo, sabia que él élla habjan pertenecide a una organizacién politica o sinc tocconereto, No me interesaba entrevista fideres cuyas postura eran bien conoci- ds, y s6lo de vez en cuando entrevstaba a personajes que habfan escrito sobre el tema (y en ese caso me lela sin faa su obra). Después de esta breve intsoduccién, hacia la primera pregunta, deliberadamente sencilla y basada en datos que me eran necesarios:Podria dactrme cémo'y cuando nacis? ‘A partir de alli era cuestion de escuchar, a veces durante una hora y media, sin apenas hacer preguntas, A menudo era como si estuvieran pasando una cinta que evaban en lacabezs nterrumpic era enmarafar la cinta, provocando la pérdida de ‘memoria del informante, osu ivtacién, o:ambas cosas la vez. Pronto aprenalf que necesitaban uactarse de la historia que hablan claborad y vuelto a elaborara lo lac ‘20 de tempo, antes de sentir confianza en mi como su testigo;sélo cuando la habi- ‘an contado coma querian contarla, cuando habian acabado con ella, por ast decir, podlan iniciars ls preguntas. Un entrevitador de informantes espafoles tiene suerte, pienso yo siempre. Pesesta es una sociedad oml en un eenido que nolo es mi propio pals; en genera, los ingleses carecen de la Ruder del espaol al hablar, a relacar su historia. Espana ‘es una mina de ora paral historiador oral, yespero que mis y mds historadores de los que estén aquise aprovechen de ello. Pero hace falta mucha pacienciay ura ele ‘vada capacidad de excucha, egin he descubierto. Con una vida desconocida que se La formacién de un entrevitador ‘ba desplegando delante de mi, sola sentime como sinavegara un peligroso mar en ‘una barca muy delicada; lo major que podia hacer era escuchar en busca de cosas {que no entenal,y registrarlasen mi mente todo el dempo que hicera faka con el fin de recordarlas ms tarde. Hac fata buena memoria para esto. [No esperaba recoger de mis informantes nuevos bechos histéricos (aunque st aprend algunos); tampoco me preocupabs si equivocaban las fechas 0 incluso si afemaban como verdad algo que era demostrablemente incierto. Efectivamente, esto ultimo podia resultar un tereno fértl de exoloracién: su afitmacion exeénea podsia formar pacte importante del aspecto subjetivo de los acontecimlentos, la v- si6n y motivaciones de éste w otros participances de la guerra, Puesto que Alessan- dro Portelha explorado este tema con gran perspicacia al escribie sobre sus entce- vistas con miltantesitalianos de clase obrera, no me exzenderé més sobce el ema? 1s testimonios podian contarme no sélo lo que recordaban haber hecho, sino lo ‘que penssban que estaban basiendo en aquella época, y lo que hoy pensaban de lo que habian hecho. Mientras o me atuviera a aquello de lo que la wnemoria mejor ngs informa -las rizones subjtivas de las acciones levadas a cabo conscentemente para logrr ciertos fine, una peaxis, en ots palabras-,lograra mi propésito. Enton- ces cabia hacer comprensibleeste ambiente subjedvo skuéndolo dentro de los de- terminantes que lo habian cordicionado pero que nuncase encuentran enteramen- te accesible a tavés de la memoria, (Cada entrevista es un acoatecimiento tinico. Esto puede descubsitse ficlmente si, por cualquier motivo ~una cinta falda, por ejemplo-, intentas repesra. Aunque consigas algo nuevo, la enteevsta resulta en su conjunto mas fnsipida. No puede re- tire el original. Descubri eto tres o cuatro afos después de publicar Blood of ‘Spain cuando Granada TY ura compatia britinica, ecidis hacer una serie docu ‘mental sobre la guerra. Muches de ls testimonios elegidos eran los de mi libro, ¥y0. acompaé a unidad, en caléad de asesor historico, en su primera ronda de entre~ vistas en Espa. Imaginense una entrevets que empieza as: una invasion de ocho personas en la ‘sola del informante, ransportndo eajas de material, como si se tasiadaran definii- ‘vamente a ese pso. Las cjascontienen una ciara rollos de pelicula, luces de ais- tacos ipos y tamaros, material de grabacién de sonido, todo lo eval debts montarse yy conectse. Se mueven los muebles, l director busca un lugar para senta al test- {g0 para que dé la mejor imagen y no donde se pueda sentir més cOmodo, mientras, ‘el home del sonido anda preocupado por colocarle un micr6fono al informante con cpa. Algunss veces hay que camblae una corbata 0 un jersey porque rozan con- trae mice6fono. El equipo hala ee en inglés mientras prepara el material; no sa ben castellano y el director tampoco. Todo esto puede llevar alrededor de una hora, Fl investigadorfentrevistador, que domina el castellano y el catalan hablado, charla con el informante que parece an exra cle cine, Inseguro an del papel que tiene que ast Ronald Faser hnacer El investigador, sn embargo, bade saber; ya ha entrevista al testigo yes to.una version corta dea enteveta, de donde el prodctor ha seleccionado aque: las partes que le parecen de mis interts. Son estas “las histonas buenas- y nada mis, fo que el productorquiewe que el testimento relate pala grabacién. Por qué cs ast Hntre otros motvos, porque la pelea cuesta (0 costabaen aque entonces) 250 libra por un cazrete de 10 minutos De repente todo es isto acho pares de ojos yuna lente de cimara enfoncan- o al testimonio, x8 marcha, dice el hombre del sonido; resuena la chaque Toma niimero tr, dice el ayudante de produecién; «Vale, radando..., iene el d- fector.Alsado en el oto extema de as hess lentes ys ojos elinformante de- viene de repente centro del escenario, el actor pencigl. Este no es Un papel que sucle darse a cualquiera; por eso resulta comprensible la gratificacién del informan- te, Pero se nota que, especialmente si sees un poco avezado en asuntos de este tipo, «l protagonstaexpresa su papel de un modo més eiplometza, més caueloso que cuando lo enteeist yo. Ahora tenen tna figua publica la gente los verde sus panalas. Quis no sea mds que el saber que est Himando su presencia sea lo que hace que les resulte me cif olvidarse de nmos, como pueden después de un ito cuando se encuentran asolas con una persona y un grabadora peque- fia. Se arabs esa coriente que vay vuelve, el espacio para hablar ibremente ~ycon ‘loa memoria nesperada que vuelve de repente Cada diez minutos se devine a enuevsa; hay que colocar una bobina de peli ‘ula nueva en le chmaca. En ocasones, la entrevista se interrampe antes incivo, van el uido det excerores demasiado molest para el que graba el sono). No _¢s asunto nipido, esto de colocar una bobina nueva; la sala vuelve a resonar con vo- ‘esingesas el informante queda olidsco, gnorado, Mientras la ciara no rvede, ro hay actor principal, Yo observaba al informante ya menude parecha como se Inubiera encogido de tamaio, quiz encogido en si miemo para renovar fuerzas para siguence rodae de diez minutos. cada res bobinas existe un descanso todavia nfs largo mena se cargan las matices, Eta cuptuea entre a cenealzatén del in- formante ys epentina marginackn es lo que resulta an desconsckidor Use os descansos pura supearla desolacin que seni en ellos yen mi mismo. [Bs mis, menudo era necesaro hablar con el testigo porque me habia percatsdo de aque un ineidente coereto que tan bien me habian deserito estaba flo de agin _rediente exencil, En ocasiones leguéincuso a mostares su testinonio en Blood ‘of Spain paca que eordaran. Creo que ue de ayuda, pero apenas supertba la nati ralea frogmentaria de la entevisa televisiva ecol que me preacupé mucho més fic la cuestin del poder. Con este arsenal de materiale entrevisador/oy dela camara en ast merced cada estoy palabra el testimonio; yen momentos de enorme tension sto podia conduc a ciera ma- nipulacion, Recuerdo viamente ef momento en que pecan a un miltante del PCE ™~ 1a formacon de un entrevistador ‘que recordar asus camaradas cuando than de camino alos pelotones de ejecucion franquistas; se le fue la yor, rags hondo~y no habla manera con un silencio com- prensivo, de responder a su emgcidn. Lo estaban disparando, yuna pregunta mas por parte de un entrevistador poco escrupuloso lo hublera empujado mils al del Dorde del precipici. Era justo I que le hubiera gustado al productor: «a por la yur gular, buena televisions ‘Me alegré cuando todo hubo acabado. Se volvia a parecer demasiado al pecio- disma. Fue un placer encontrarme de nuevo con mds testimonies, y particularmente _raulcante olr que ninguno habia sentido que mi libro hulbiera distorionado sus ‘Puntos ce vista Seleccionar y escribir historia a partir de fuentes ores es una ares nds dura que entrevista, perosste es un tema muy amply no puede oupaiios qu). Mientras el equipo de TV recogiael material por ultima vez, supe que no habia nada que superaraa dos personas recteanlo la historia cle una vida con una peqve= fa grabadora descuidada sobre mesa, Aquellos momentos de inuimidady empatia, quel viaje hacia lo deseonceide, me han proporcionado los tiempos mis flices de mivida, NOTAS 4. Ronald Fraser y Daniel Berta, He Bynon, Ronald Grle, Beatrix Le Wit, Daniele Unhart, luisa Pasern Jochen Stadt, Annemarie Wager. 1968 Student Generation in Revol. Nue- ‘vaYork Pantheon Books, 1988. Edn brnica: Londres. Chatto and Windus, 1988, 2. Alessandro Pore Biograjla dna eta: sorta ¢racconto, Ter 1830-1985. Tai. Gi lio Binal, 1985. Ver ambién sHisoria y memoria La mucre de Lui Tastlle, Historia Fuente Oral nin. , 1989, 05. 532 153