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ARTÍCULO 1

Reducir la pobreza en un Perú cada vez menos pobre


Mónica Rubio

Ex ministra de Desarrollo e Inclusión Social

La reciente presentación de las cifras de pobreza del 2013 del INEI nos trae buenas noticias. De un
lado, la pobreza y la pobreza extrema en nuestro país siguen reduciéndose. Desde 2011, un millón de
peruanos han dejado la condición de pobreza, y solo en este año hay cerca de 380 mil peruanos que
dejaron la condición de pobres extremos. No solo se ha reducido la pobreza, sino que eso se logra con
una desigualdad decreciente, y con un mayor acceso de los pobres a servicios públicos esenciales.
Así, vemos que en nuestro país, el ingreso de los más pobres viene aumentando más aceleradamente
que el de los más ricos; que la pobreza en la sierra y selva se viene reduciendo más rápidamente que
en la costa, y que lo mismo viene sucediendo en la zona rural frente a la urbana. Encontramos que
solo entre 2012 y 2013, la asistencia a educación inicial de los pobres paso de 60% a 66% (6 puntos
porcentuales, p.p. mas); que la asistencia a secundaria creció en 2 p.p. para llegar a 72%; que la
cobertura de seguro de salud de pobres creció de 65% a un notable 72%, y que incrementos similares
se dan en el acceso a agua de red pública, luz eléctrica y telefonía celular (a la que hoy aceden el 72%
de pobres). Quizás como nunca antes, vemos que brechas históricas vienen acortándose.

Las razones son bien conocidas: un dinámico crecimiento económico y políticas sociales que
funcionan. Para el Perú el rol del crecimiento económico es central, estimándose que este es
responsable por el 75% al 85% de la reducción de la pobreza. Y, en esto, la experiencia peruana dista
de ser única: en las últimas décadas, para el mundo, se estima que el crecimiento explica entre el 70%
y 95% de la reducción de la pobreza.

Significa esto que podemos descansar en el crecimiento económico exclusivamente para reducir la
pobreza en el futuro? O será que en este mundo cambiante –en este Perú cambiante, donde la
pobreza es cada vez menor– debemos apostar también a políticas que permitan reducir la
desigualdad, para acelerar la reducción de la pobreza y continuar por la senda del crecimiento?

De modo recurrente, asistimos a una discusión que parece plantearse el volcar la atención a políticas
procrecimiento, vis-a-vis políticas para la equidad, como si las políticas orientadas a ambos objetivos
fueran alternativas excluyentes. Esta discusión, además, tiene que ver con la principal apuesta política
de este gobierno, resumida en "crecer para incluir e incluir para crecer". En otras palabras, en la
apuesta de que tanto el crecimiento es necesario para la inclusión, como la inclusión necesaria para el
crecimiento. Ambos son importantes, imposible pensar en uno sin el otro.

Quiero por tanto destacar dos ideas relacionadas con esta conclusión. La primera es una intuitiva: la
pobreza extrema, aquí y en todas partes, se caracteriza por un acceso limitado a distintos tipos de
capital: crédito para emprender negocios, infraestructura básica, capital humano, entre otros. Una
política pública que la atienda, debe proveer la igualdad de oportunidad en términos del acceso a
distintas formas de capital. Cada vez esto será más difícil de lograr solo por efectos del crecimiento,
pues llegamos a un núcleo duro de esta pobreza (basta con recordar que la escolaridad media de un
pobre extremo en el Perú es de menos de 6 años).
La segunda idea es que la mayor igualdad es esencial para el crecimiento sostenido. Literatura
reciente y no precisamente desde la izquierda (Inequality and Unsustainable growth, two sides of the
same coin?, Berg, A., y J. Ostry, FMI, 2011) demuestra que la desigualdad es un importante
impedimento al crecimiento sostenido y a la reducción de la pobreza. En efecto, se encuentra que la
desigualdad es un determinante clave de la (menor) duración de los ciclos de crecimiento, y es
precisamente de esta duración, no de las meras aceleraciones o "picos", de donde resultan las
ganancias de ingresos en el largo plazo. Así, países con distribuciones equitativas de ingreso tienen
ciclos de crecimiento más largos.

La conclusión es que es importante enfatizar en políticas de crecimiento y distribución que se


refuercen entre sí y ayuden a establecer las bases de un crecimiento sostenido. Existen políticas como
las de esta gestión de gobierno –inversión en programas y servicios sociales eficientes– que son un
"win-win": sirven a la equidad y sirven a la mayor productividad y crecimiento. Apostar por políticas
para el crecimiento y la inclusión es necesaria, pues de ambos depende nuestro real.

ARTÍCULO 2

Desigualdad en la pobreza y empleo

Efraín Gonzales de Olarte

Profesor Principal del Departamento de Economía de la PUCP

Bajar la pobreza en un país con alta desigualdad no es fácil, por ello es necesario reconocer que la
reducción promedio de la pobreza el 2013 es una buena noticia, pero que ocho regiones no la hayan
reducido o hayan aumentado es una mala noticia. Las preguntas cruciales son: ¿por qué no todas las
regiones bajan su pobreza de manera convergente? Es decir, ¿por qué Cajamarca tiene 52,9% de
pobreza monetaria, mientras que Arequipa, Moquegua, Tacna, Ica y Madre de Dios están por debajo
de 10%? ¿Qué clase de economía de mercado tenemos que no logra igualar resultados económicos?
¿A lo mejor es el modelo económico y la geografía que inhiben la reducción igualitaria de la pobreza?
O, ¿por qué los esfuerzos del Estado son insuficientes para tal fin? Son preguntas hasta hoy sin
respuesta.
En mi opinión, la forma más efectiva de reducir la pobreza es generando “empleo decente”, definido
por la Organización Internacional del Trabajo como aquel trabajo formal, adecuadamente remunerado
y con buenas condiciones laborales. Por ello, que la mejor forma de reducir la pobreza es reduciendo
la tasa de subempleo, la cual es definida como el porcentaje de trabajadores que trabajan menos de
30 horas a la semana, no alcanzan el sueldo mínimo vital o trabajan más de 40 horas y reciben
menores ingresos al referencial de 711 soles.

En el Perú el 48% de los trabajadores están subempleados en promedio, sin embargo la mayor tasa
de subempleo la tiene Huánuco con 68%, Puno 61% y Apurímac 60%, y tienen las menores tasas:
Lima 34%, Callao 36% y Tacna 38%. Nuevamente, estamos frente a un problema de desigualdad, que
tiene que ver con la capacidad de absorción que tienen los mercados de trabajo por regiones, es decir,
de la robustez de las economías regionales.
La ventaja de atacar el problema de la pobreza a través de la reducción del subempleo y de la
generación de empleo decente es que nos concentramos en tres puntos importantes: 1. Relacionamos
la producción con el empleo, es decir, nos preocupamos de conectar los sueldos y salarios con la
productividad, lo que hace de la reducción de la pobreza el efecto directo del crecimiento del centro de
trabajo o del sector productivo, en cada región. 2. Dejamos de esperar que el crecimiento
macroeconómico resuelva el problema de la pobreza promedio y comenzamos a priorizar el
crecimiento regional y a revalorizar las políticas sectoriales capaces de generar mayor producción,
productividad y empleo decente en cada región. 3. Dado que la mayor pobreza está en el campo,
sobre todo en las zonas rurales de sierra y selva, es absolutamente necesario incorporar a los
productores y trabajadores del ámbito rural en las políticas sectoriales. Ahora se los incorpora
básicamente a través de las políticas sociales, lo cual es insuficiente, pasajero y no resuelve el
problema del punto 1.

Una de las principales causas de la desigualdad en la reducción de la pobreza en el ámbito regional es


la poca conexión económica que hay entre las ciudades y su entorno rural. El crecimiento de las
ciudades es casi independiente de las economías rurales, lo que significa que el desarrollo de los
mercados regionales de bienes, de trabajo y de crédito es insuficiente, por lo que la pobreza rural no
disminuye con el crecimiento de las ciudades de cada región y tenemos –y seguiremos teniendo– los
resultados que comentamos si no cambiamos de enfoque.

El modelo económico peruano ha llegado a un punto en el que la pobreza no seguirá disminuyendo si


se espera que el crecimiento macroeconómico resuelva el problema. Es imprescindible pasar a otra
etapa del modelo, en la que se dé mayor prioridad a políticas sectoriales-regionales, para promover la
inversión en las regiones con dos criterios: 1. Apoyar inversiones en sectores que transformen la
producción rural, lo que desarrollará mercados de trabajo regionales. 2. Para esto es imprescindible la
asociación del capital privado con el Estado, sobre la base de planes de inversión, con activa
participación de gobiernos regionales y locales.

Es obvio que para que esto suceda se requiere que el Ministerio de la Producción pase a ser el más
importante, como lo fue el Ministerio de Industria en el milagro japonés, y que el Ministerio de
Economía sea sólo el guardián de la sanidad macroeconómica y apoye decididamente al primero.
Además, los gobiernos regionales deben coordinar la promoción y seguimiento de la política de
inversión regional con el Ministerio de la Producción. Si todo esto pasa, la creación de “empleo
decente” será un resultado efectivo y, entonces, la pobreza disminuirá de manera estable.

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