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La relación sensible entre imagen y política

Simha Harari Cheja


Filosofía Social y Política
3 de febrero de 2020

El objeto de la política es, aparentemente, racional. Es decir, a partir de una reducción de


lo político a lo estatal —y más aún en un contexto capitalista, donde la economía parece ser el
centro de lo estatal—, es común identificar a la política con el cálculo, y pensar que toda decisión
puede (y debe) partir de un análisis detallado. Sin embargo, en este breve texto tengo el objetivo
traer a cuenta la importancia del afecto, la sensibilidad y lo ínfimo, y ofrecer, de esta manera, una
concepción distinta de la política. Para ello, me baso en un taller impartido por el Dr. Óscar Ariel
Cabezas sobre la Dualidad de la imagen, y en la siguiente pregunta de investigación: ¿cuál es la
relación sensible entre imagen y política? Sostendré que, contrario a las concepciones comunes,
la política es imagen, en tanto que “versa sobre la oscura fragilidad de los cuerpos”.1
Antes de entrar en la discusión, es preciso aclarar (brevemente) los límites y alcances del
concepto de imagen. Como dice Horacio González, “las imágenes surgen de nuestra voluntad
testimonial y del rumor obsesivo de un mundo lleno de objetos”.2 Ahora bien, con esta idea de
voluntad testimonial, podríamos preguntar si las imágenes representan algo, si son mímesis de
algo. Sin embargo, no es el lugar para ahondar en esta cuestión. Quedémonos, pues, con que la
imagen puede ser cualquier cosa sensible, cualquier cosa que produce un afecto; que surge del
rumor obsesivo de un mundo lleno de objetos. También, quiero señalar que me apoyaré en la
definición que ofrece Schmitt de lo político. Según él, la distinción política específica —que
compara con distinciones como lo bello y lo feo, lo malo y lo bueno, que son específicas de la
estética y la moral— es la distinción de amigo y enemigo. No entraré mucho en detalles sobre lo
anterior, sino sólo tomaré la idea como un punto de partida para hacer mi análisis.
En el taller, el Dr. Óscar habló sobre el poder dual, que tendría que ver con un momento
excepcional en el que aparece la posibilidad de definir un nuevo orden, esto es, con una
correlación de fuerzas tal que sea posible un cambio radical. Después, él trasladó esta idea al
concepto de la imagen, y argumentó sobre su dualidad que, al igual que en el poder dual, está

1
Apuntes de clase.
2
González, Horacio. 2017. Traducciones malditas la experiencia de la imagen en Marx, Merlau-Ponty y Foucault.
vinculada a la posibilidad de abrir un mundo nuevo (una imagen nueva). Es decir, es una especie
de umbral, donde la imagen puede indicar tanto la potencialidad de cambio, como el impulso de
continuidad. Y esto se relaciona con que la imagen siempre tiene un suplemento: el texto.
Lo anterior puede analizarse con la política en sentido schmitteano; a saber, con la
distinción amigo-enemigo. Desde esta perspectiva, ningún concepto político puede comprenderse
sin que esté planteado en términos de amistad y enemistad. Es decir, los conceptos siempre
muestran (explicita o implícitamente) a quién en concreto se trata de afectar, de combatir, de
negar. No hay lenguaje neutro en la política. Pues bien, tampoco hay imagen neutra. Todo afecto
esconde una narrativa o, como diría Horacio González, un texto. Desde mi lectura, la dualidad de
la imagen tiene que ver, precisamente, con eso: con que siempre es consumida por alguien, y la
narrativa que esconda siempre estará vinculada con lo que uno, desde cierta posición, vaya
extrayendo y entramando. Y podemos afirmar, con Schmitt, que dicha narrativa oculta relaciones
de amistad y enemistad. Por ello, en la política no importan tanto los hechos, sino cómo
aparecen. Es decir, importa que se puedan crear imágenes que intensifiquen las relaciones o las
disociaciones.
Veamos lo anterior en un caso específico: ¿qué podemos decir de la comida?, ¿puede ser
una imagen dual en este sentido? No es un ejemplo evidente ni obvio, pero la comida muestra
posiciones políticas en tanto que revela afectos compartidos. Y me parece importante traerlo a
cuenta porque estoy consciente de que este debate puede caer en una suerte de reducción a lo
visual (que en el fondo descansaría sobre el presupuesto de la separación tajante entre el afecto y
la razón). En realidad, es posible hablar de la imagen en un sentido más amplio, puesto que se
relaciona con lo corporal. Y, como diría Merleau Ponty, “el cuerpo es un conjunto de
significaciones vividas”. 3 Por ello, podemos pensar al cuerpo no sólo como el origen de las
percepciones, o como un medio para experimentar el mundo, sino como el lugar donde comienza
la política. Pues dicho conjunto de significaciones vividas está fundado en relaciones, conductas,
normas y lenguajes, lo cual, como hemos dicho, incluye a la alimentación.
Con todo lo anterior, ¿podríamos afirmar que existen colisiones de fuerzas en un platillo?
Más aún, ¿podríamos pensar que las formas de alimentación determinan relaciones de amistad y
enemistad? Hay que ahondar en la idea que mencionamos más arriba: la comida es una muestra

3
González, Horacio. 2017. Traducciones malditas la experiencia de la imagen en Marx, Merlau-Ponty y Foucault.
p. 19.
de un afecto compartido. Es decir, en tanto que implica situaciones, conductas, usos —a saber,
textos que acompañan la imagen—, puede ser una fuente de amistad (o enemistad). ¿Cómo
pensamos, por ejemplo, la diferencia entre comer kipe o gefilte fish? 4 Quizá haya ciertos
formatos que rodean a la alimentación, y que generan diversos grados de asociación o
disociación. También, existen momentos excepcionales en las comidas; momentos que pueden
indicar colisiones ocultas de fuerzas.
Me gustaría profundizar en todo esto, pero por falta de espacio me parece que es tiempo
de marcar una primera conclusión: lo político no sólo se instala en las imágenes, en lo corporal,
sino que se compone por ello. Las asociaciones y disociaciones tienen, desde un primer momento,
un trasfondo afectivo, en relación a la imagen y su carácter dual, que tiende al cambio y a la
conservación en un mismo acto. La comida podría ilustrar eso. Quizá a lo que estoy apuntando
con todo esto sea a un cambio de perspectiva acerca del sujeto de la política, que tal vez no sea
racional ni autónomo, sino completamente atravesado por imágenes. Esta sería una segunda
conclusión: la política parte de la “oscura fragilidad de los cuerpos”, de la interdependencia, la
vulnerabilidad y la exposición al otro. Finalmente, esta reflexión puede arrojar luz sobre cómo
entendemos cosas como la distinción amigo-enemigo.
Quizá quede la pregunta por cómo se da todo esto a nivel individual y a nivel colectivo, y
cuáles son las diferencias y los puntos de encuentro entre ambos. También, podríamos ahondar
más en los conceptos; por ejemplo, en la distinción entre la política y lo político (pero tres
cuartillas son muy pocas).

Bibliografía
González, Horacio. 2017. Traducciones malditas la experiencia de la imagen en Marx, Merlau-
Ponty y Foucault.
Apuntes de clase.

4
El kipe es un platillo muy propio de la comunidad sefaradí en México; el gefilte fish de la ashkenazi. Cada uno
conlleva textos distintos dependiendo de la comunidad a la que pertenezcas (o, en otros términos, de quiénes son tus
amigos).

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