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TALLER DE DERECHO PROCESAL PENAL

HISTORIA Y EVOLUCION DEL PROCEDIMIENTO PENAL

Cristina Marcela Araujo Calderín


Manuel Alejandro Ballestas Petro
Henry Silva Calume

Universidad De Córdoba.
Facultad De Ciencias Económicas, Jurídicas y administrativas.
Derecho Procesal Penal
Diciembre 2019.
INTRODUCCION

El proceso penal en la actualidad se caracteriza, no sólo porque constituye un instrumento


necesario para el ejercicio de la función pública jurisdiccional, sino, también, porque
encarna en realidad el verdadero grado de civilidad democrática que el Estado empeña en la
solución integral de las causas judiciales para garantizar y optimizar así los derechos
fundamentales y legales de los ciudadanos.

Antes de hablar de la evolución del procedimiento penal a través de los años, es importante
saber que los principales sistemas penales que se han desarrollado a lo largo de la historia
han sido tres; EL SISTEMA ACUSATORIO PURO O ANTIGUO, EL SISTEMA
INQUISITIVO Y EL SISTEMA MIXTO.
Durante el desarrollo de este trabajo se estará referenciando cada uno de estos principales
sistemas que han formado parte del derecho penal.
HISTORIA Y EVOLUCION DEL PROCEDIMIENTO PENAL

En un principio, en la época primitiva e1 hombre aborigen, a diferencia del actual, estaba


en absoluta incapacidad de explicar los fenómenos mediante el conocimiento racional de
las leyes de la naturaleza, pues desconocía la ley de la causalidad; era una mentalidad en un
estadio prelógico que definía los hechos y sus causas por vía sobrenatural.
Las características más sobresalientes del derecho penal de la época eran que el delito se
concebía desde una perspectiva animista; el conjunto de prohibiciones entonces imperantes
no constituían un todo armónico como los códigos actuales y no tutelaban, por ende, bienes
jurídicos en el sentido moderno, sino una serie de relaciones hipotéticas tomadas como
ciertas de manera errónea.
Así mismo, las sanciones estaban dotadas de carácter expiatorio, religioso y fatal; la
relación punitiva era objetiva, pues la infracción engendraba sus consecuencias con
independencia de la intención del agente y de manera automática; en fin, la responsabilidad
no era siempre individual y ni siquiera en forma exclusiva humana, pues no consistía en
una relación entre el sujeto y su conducta, sino en un estado atribuible al hombre, a los
animales o a las cosas.
Las formas de penalización más usuales, que aparecen como constantes en diversas
sociedades sin que ello signifique su exclusividad, eran, en primer lugar, la venganza
privada, esto es, la institución según la cual cuando el individuo o sus parientes que
recibían una afrenta, podían hacerse justicia por su propia mano. En los hechos graves el
castigo asumía la forma de la venganza de la sangre que se tomaba en un derecho colectivo,
mientras que en los leves se reducía al azotamiento del culpable o al pago de una
compensación en dinero o multa.
De igual modo, en segundo lugar, con la evolución social y el aparecimiento de un poder
político estable, surgió el sistema talional, en cuya virtud el monto de la pena infligida por
el Estado comenzó a tasarse según la gravedad de la lesión jurídica; fruto de ello es la regla
que impone la retribución del mal por un mal igual: "ojo por ojo, diente por diente, mano
por mano, etc.", como se establecía en el Código de Hammurabi (hacia el año 1950 antes de
CRISTO), en la Ley de las Doce Tablas y en la legislación mosaica.

En tercer lugar, imperaba el sistema composicional. Esta forma de penalidad consistía


en compensar las ofensas delictivas mediante una forma de pagos, esto es, se reemplazaba
la pena por el pago en especie o en dinero; al comienzo se trató de una institución
voluntaria, pero luego se tomó obligatoria, lo que evitó muchos conflictos. Una parte del
pago, sin embargo, se destinaba a la autoridad pública encaminada a recobrarla protección
del poder oficial, era el dinero de la paz o Friedensgeld; la otra parte se le entregaba al
afectado, y se conocía como el precio del hombre o Manngeld.
Esta institución se encuentra en el derecho germano, en las antiguas Leyes de Manú de la
India y en las Doce Tablas.

En cuarto lugar, regía la expulsión de la paz, consistente en la separación del infractor


del conjunto social al que estaba ligado, de suerte que se le exponía a la venganza del
ofendido o a la de la tribu a que pertenecía; se configuraba, pues, una especie de abandono
noxal, mediante el cual la tribu se liberaba de la carga representada por el transgresor de la
norma y evitaba que la venganza recayese sobre otros miembros de la colectividad.
Es innegable que la referencia histórica obligada para hablar hoy en día del procedimiento
penal es el derecho romano, su evolución se extiende entre los años 753 antes de CRlSTO y
553 después de CRISTO.
El sistema acusatorio puro o antiguo se desarrolló en la época de la república en Roma.
Sin embargo hay autores que argumentan que este se desarrolló desde antes en pueblos
Germánicos.
Se caracterizó principalmente porque la acusación era de forma privada, es decir, que el
afectado o la victima a quien se le afectaba sus bienes jurídicos era quien podía presentar la
acusación en contra de una persona, al presentar esta acusación se resolvía todo mediante
un tribunal popular, el cual era conformado por personas pertenecientes a la misma
comunidad que escuchaban a las partes y trataban de llegar a un acuerdo y a una resolución
de ese conflicto o solución del problema y no a investigar sobre la realidad histórica de lo
que había acontecido.
En la República romana, quien ejercía la acción penal no era un funcionario del Estado,
sino un particular, que es un ciudadano, que bien podía ser en quien recayó la conducta
delictiva o su familia u otra persona de tal estatus.
Si el ciudadano particular se enfrentaba en igualdad a otro ciudadano, entonces a él se le
adjudica la carga de la prueba, en tanto que quien solucionaba la controversia se convertía
en un espectador que tenía que conservar la imparcialidad al momento de resolver el
conflicto.
Entonces, el proceso penal se concibió como una disputa entre partes iguales, y no como
una actividad oficial de averiguación o investigación de las conductas delictivas, de ahí que
quien diera el primer paso para acusar a alguien, tenía que aportar los medios probatorios
para comprobar su dicho, de tal suerte que en él recaía la carga de la prueba y no en un
órgano de gobierno.

Había espacios de libertad al ciudadano para que por sí mismo ejerciera sus derechos, lo
cual es completamente comprensible en quien sufrió la conducta delictiva en sus bienes
jurídicos así como de sus familiares o pareja, pero también la podían presentar otros
ciudadanos ya que la cultura cívica que prevalecía en aquel momento hacía obligatorio
éticamente que así se hiciera, a diferencia de lo que aconteció en la época de las XII Tablas,
en la que solo quien sufría el daño podía entablar el proceso y si no su gens.

Otra característica es que solo existía una audiencia, la audiencia del juicio oral no había
etapas preliminares antes de este, ni siquiera una investigación.
Todo se resolvía en esta audiencia, aquí no se documentaba nada, era de forma oral, por lo
tanto no se podía exigir ningún recurso de impugnación.
Durante el sistema puro o antiguo es notable la influencia ejercida por el pater familias,
que tenía el derecho de castigar “incluso con la pena de muerte” a los que estaban sujetos a
su potestad.

Esas manifestaciones aborígenes se conservaron, en gran medida, en el período de los


reyes o monarquía (años 753 a 51 o antes de CRISTO), durante el que subsistió una
jurisdicción familiar al lado de la del rey, cuya persona investía un carácter religioso.
Se puede comprobar que todavía al momento de la fundación de Roma (21 de abril del año
753 antes de CRISTO) la pena tenía fundamento sagrado.
En sus comienzos, la ciudad presentaba una forma de organización de naturaleza
semiteocrática, pues el jefe del gobierno civil y militar era al mismo tiempo quien dirigía el
culto, y los sacerdotes eran funcionarios del Estado.
Con posterioridad, en el periodo de la república (años 51 O antes de Cristo a 31 antes de
CRISTO; según otras fuentes, hasta el 27 antes de CRISTO) surgieron instituciones como
la provocatio ad populum, gracias a la cual el condenado a muerte podía someter su
sentencia al juicio del pueblo, en cuya asamblea el magistrado, mediante el procedimiento
de la cognitio debía presentar los elementos que le servían como fundamento de su
decisión.

En la Edad Media, en el último siglo de este lapso, dicho procedimiento se mostró


insuficiente, llevo a la creación del sistema inquisitivo, el cual fue cambiando todo esto.
La acusación fue pública, lo cual se infiere fácilmente si consideramos que al cometer un
delito se ofendía a Dios, “supremo creador del universo”
Aparece entonces la etapa de investigación, la cual buscaba llegar a la verdad de los
hechos, se empieza a registrar y documentar todo como un tema de control, lo que daba pie
a una impugnación, las mismas autoridades dirigían la investigación y no se podía hacer
uso de la contradicción, sino que se concebía como un interrogatorio para conocer los
motivos por los cuales se había pecado contra el Señor, tal como fue decretado por
Inocencio III, quien autorizó que fueran torturados los sospechosos de herejía.
La principal prueba era la confesión debido a que era muy usual práctica de torturas.
Evidentemente todas las ideas referentes a la protección de los derechos humanos chocaban
con este sistema.
Lo anterior dio lugar a que se perpetraran una serie de injusticias por la persecución que se
llevó a cabo de las personas que cometieran conductas que estaban reprobadas por la
Iglesia católica, verbigracia: la herejía, la blasfemia y el adulterio.

Una crítica que se le hace a este sistema es la fuerte motivación religiosa, de ahí su
nombre “inquisitivo” porque fue durante la época de la inquisición. A diferencia del
sistema puro o antiguo que basaba en una estructura triangular como el acusador, acusado y
tribunal en este sistema inquisitivo podía recaer en una sola persona la investigación, la
acusación y la decisión.
Durante la práctica de este sistema se mantenía mucho la secrecía de la investigación, el
acusado no tenía claro de que se le estaba investigando ni cuáles eran las pruebas en su
contra, la persona era vista solo para ser investigada y no como una persona con derechos
para protegerse sobre esa investigación.
La respuesta no se hizo esperar por quienes eran críticos de esas prácticas (y también de la
Iglesia) durante la Ilustración.
Se atacaron los fundamentos del sistema inquisitivo y las atrocidades a las que condujo en
la práctica.

Debido a esto y las ideas revolucionarias en Francia, nace el sistema mixto.


En este sistema se trató de unir la parte positiva de cada uno de los sistemas anteriores se
hacía una investigación para llegar a la verdad y al mismo tiempo se protegían los derechos
humanos, se incorpora también la audiencia pública, de manera oral con los principios de
inmediación, contradicción, continuidad, se mantiene un expediente de cada proceso y los
medios de impugnación.
El nombre de Sistema Mixto responde a la mezcla de elementos inquisitivos (acusación
penal pública, búsqueda de la verdad histórica, averiguación previa escrita y secreta) con
características propias del sistema acusatorio (audiencia de juicio con división de funciones,
pública, contradictoria, oral, continua y concentrada.

La existencia de registros hace posible lo que no lo era en el sistema acusatorio puro,


sino además porque el sistema penal se encuentra frente a un aparente dilema: garantizar la
seguridad de los ciudadanos o respetar las garantías del debido proceso, que a su vez son
garantes de la libertad. En el primer caso, se acepta el costo de que algunos inocentes
resulten condenados. En el segundo, en cambio, se afirma que el precio que se paga es que
algunos culpables resulten absueltos.

El procedimiento penal en Colombia comenzó hace más de un siglo, los primeros trabajos
de conjunto se remontan a finales del siglo XIX, lapso durante el cual, por momentos, ellas
han alcanzado desarrollos de significación, aunque se echa de menos la originalidad y la
autenticidad en los planteamientos; es más, hasta el presente no se ha emprendido un
estudio crítico del pensamiento penal colombiano que permita precisar sus alcances y
limitaciones.
No obstante, sin la pretensión de emprender tal tarea, pueden señalarse tres momentos
diferentes en la evolución del ideario penal, que no coinciden con el desarrollo legislativo.
En efecto, en primer lugar, aparece la fase clásica que corresponde al período inicial del
derecho penal nacional, que llega hasta el decenio de los años treinta del siglo XX, durante
el cual imperaron las doctrinas propias del derecho penal clásico europeo.
Debe mencionarse la fase del positivismo, esto es, el lapso durante el cual un grupo de
autores publicó una nutrida producción académica, en la que se perciben en mayor o menor
medida influencias de la concepción positivista italiana, que tanto ascendiente tuvo en el
Código Penal de 1936.
La fase de la dogmática jurídico penal es el período transcurrido entre 1963 -año en el
que se perfila la primera obra de conjunto en seguir dicha orientación- y el momento actual,
sin que ello signifique una ruptura brusca con el lapso anterior.

Desde luego, debe destacarse cómo durante el último decenio del siglo XX y comienzos del
siglo XXI, casas de estudios bogotanas, como la Universidad Externado de Colombia,
ahora sin los bríos de antes, han jalonado la discusión y le han dado paso aunque de manera
acrítica a la difusión de las nuevas corrientes funcionalistas, lo que, sin duda, oxigena
mucho el debate, pero se echa de menos una verdadera escuela de pensamiento que lidere la
discusión jurídico-penal y conduzca el proceso reformador de las instituciones por mejores
caminos; por supuesto, para que ello sea posible se requiere la construcción de una
verdadera dogmática penal acompañada de similares elaboraciones criminológicas y
político criminales, además de necesarios desarrollos en el plano filosófico que, gracias al
trabajo conjunto de administradores de justicia y estudiosos, jalonen el derecho penal del
porvenir y lo logren incrustar en un mundo cada vez más globalizado.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

FERNANDO VELÁSQUEZ: Manual del Derecho Penal, Parte General, 5ª Edición,


Bogotá, Editorial Ediciones Jurídicas Andrés Morales, 2013.

ESTRADA VÉLEZ, FEDERICO: Derecho penal, Parte general, 2ª edición, Bogotá,


Editorial Temis, 1986.