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El teatro emeritense, promovido por el cónsul Marco Vipsanio Agripa, se inauguró entre los años 16

y 15 a. C.,

Con el paso del tiempo algunas de sus partes se derrumbaron y otras se cegaron con tierra.
Durante siglos únicamente fue visible la parte superior de su graderío con las bóvedas de
los vomitorios hundidas, por lo que los habitantes de la ciudad creyeron ver siete grandes asientos,
«Las siete sillas», donde según la leyenda se sentaban otros tantos reyes moros para deliberar
sobre el destino de la ciudad.4
Las excavaciones del teatro comenzaron en 1910 dirigidas por el arqueólogo José Ramón Mélida.
Con escasos medios y una metodología no del todo adecuada que ha impedido reconstruir la
evolución del teatro desde su abandono hasta finales del siglo XIX, se exhumó la mayor parte del
edificio, se documentaron numerosas columnas, cornisas, estatuas y otros materiales del edificio,
sobre todo del frente escénico. No fue hasta los años 60 y 70 del siglo XX cuando se reconstruyó el
frente escénico, bajo la dirección del arquitecto y arqueólogo José Menéndez-Pidal y Álvarez.