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Disefto de portada | ANA MARCELA MARTINEZ ALCARAZ Diseio de interiores CarLos ADAMPOL GALINDO DR © ACADEMIA MEXICANA DE LA LENGUA Naranjo, num. 32, col. Florida, delegacién Alvaro Obregén México, pr, cp. 01030 pr © CL Eprrortat Praxis, S.A. DE CY. Vértiz 185-000, col. Doctores, del. Cuauhtémoc, 06720, México, pF, telefax 57 61 94 13 www.editorialpraxis.com Primera edicién, 2015 ISBN 978-607-420-186-4 Reservados todos los derechos. Ninguna parte de este libro puede set reproducida, archivada o transmitida, en cualquier sistema —electrénico, mecinico, de fotorreproduccién, de almacenamiento en memoria 0 cualquier otro—, sin hacerse acreedor a las sanciones establecidas en las leyes, salvo con el permiso escrito del titular del copyright. Las caracteristicas tipogréficas, de composicién, diseiio, correccién, formato, son propiedad del editor. La TRADICION ORAL EN LA LITERATURA... 131 La tradicién oral en la literatura colimense de la primera mitad del siglo xx ADA AURORA SANCHEZ En tanto no recojas sino lo que ti mismo arrojaste, todo serd no mds que destreza y botin sin importancia; sdlo cuando de pronto te vuelvas cazador del balén que te lanzé una companera eterna, atu mitad, en impulso exactamente conocido, en uno de esos arcos de la gran arquitectura del puente de Dios: sélo entonces serd el saber-coger un poder, no tuyo, de un mundo. R.M. RILKE Un epigrafe como el anterior nos permite, de la mano de Rilke, uno de los grandes poetas de la lengua alemana, tomar conciencia de que la plenitud del ser humano esté vinculada, por fuerza, al didlogo que se establece con la tradicién, con aquellas voces que nos precedieron, con aquella legién interminable de otros en el tiempo. Asir «en uno de esos arcos de la gran arquitectura del puente de Dios» lo que nos lanza «una compafera eterna», digamos Ia historia, la cultura o la lengua, equivale a apresar una hebra de tiempo inmemorial que engarza la existencia de todos los seres humanos. Ese tomar lo que viene con su propio impulso desde atrds, desde una tradicién, significa la posibilidad de un encuen- tro con los otros, los de ayer; pero también un encuentro con ae aeueeTte NORALENIALITERATURA.. 133 La Trapici nosotros mismos, en el hoy, en el siendo. Porque, como sefi Bajcin (1982), «la conciencia del hombre despierta env en la conciencia ajena» (p. 360). Asi, descubrir de dénde vi nuestro saber, nuestro sentir, nuestra forma de experimentar mundo, representa una manera de atrapar el balén al que se fiere Rilke o de comprender, en el mis amplio sentido del no, segin lo fuera para Hans-Georg Gadamer (2007). Los escritores que se preocupan por recuperar en sus 1 imaginario de un pueblo a través de sus relatos, leyendas y tos; sus oraciones, cantos, juegos, formulas rituales, expresios lingiifsticas de cortejo, dichos y refranes, entre otros element apuestan por dejar constancia de aquello que siendo inherent la tradiciOn oral ejemplifica un saber comunitatio y un ayer se prolonga y se reinventa interminablemente, En las siguientes lineas expondremos tna aproximacién a narrativa colimense de la primera mitad del siglo xx que, trida de una manera w otra por el afluente de la tradicién da forma a una serie de textos que ademis de ofrecer un ap histérico, antropolégico y cultural, tienen un valor artistico simismos. En el marco de los escritores que citaré, dest dos cuya obra imprescindible, en cuanto al tema que nos ocu fue publicada en la primera mitad del siglo xx, aunque la fe de nacimiento de los escritores que la producen se registre en: siglo x1x. Nos referimos a los indispensables Gregorio Tor Quintero y Miguel Galindo Velasco, personajes emparent por la docencia, la investigacién histérica, la participacién litica, la creacién literaria y, por supuesto, por un amplio nocimiento de la cultura y las tradiciones de la regidn a la q pertenecen, ‘A la sombra de un palmar: li paisaje y tradicién oral Un asomo a las paginas de publicaciones periédicas colimenses dla primera mitad del siglo xx", entre las que destaca el perié- dlico Ecos de la Costa (Fandado en 1927), permite comprobar cuanto interés existia en aquella época por escribir en torno a Colima, sus costumbres y su gente, Herederos de un interés romantico por el folclore, los relatos, dela tradicién oral y la idiosinerasia del pueblo, los escritores co- limenses de la primera mitad del siglo xx (y con mayor y natural propensién los del siglo xix) incluyeron dentro de sus preocu- paciones —aungue no exclusivamente— lo relacionado con la cultura local y su desarrollo histérico. Mar, voleanes y palmeras, is la belleza de las mujeres costefias y el temperamento del co- limote perdido en el trépico, constieuyeron parte de una ténica habitual en la poesia y en la prosa, que no termina de extinguirse como motivo literario en las letras colimenses. Este regodeo en Jo propio encontré, sin embargo, desde la primera mitad del si- glo xx, una mirada menos «ciega de elogios» o al menos mis literaria y artistica en escritores como Gregorio Torres Quintero (1866-1934), Miguel Galindo (1883-1942), Agustin Santa Cruz (1908-1939), Felipe Sevilla del Rio (1910-1981) y Juan Macedo Lépez (1910-1995) que, a la sazén de una cultura lite- raria més amplia, el estudio de la historia nacional y regional, ast como la experiencia de los viajes dentro 0 fuera de México, escri- bieron sobre la cultura local con una reflexion critica, irdnica*. © Parana eis de a ira dea pens colimens en sss xx yx, ase Piano (1973) © Dentro dete mismo grupo de cttrescolimenss (de macinentoo por adopcién dela primes mitad delsigo Xx incense ecuperar motvsd aac oral debemos cara 134 ADA AURORA SANCHEZ Los dos tipos principales de acercamiento a la tradicién {que Ilevaton a cabo los autores colimenses que produjeron cn la primera mitad del siglo xx son los siguientes: uno, a racién de mitos y leyendas etiologicas, histéricas y de seres sok naturales, y, dos, la recuperaci6n de anecdotarios, cuasileyer acerca de personajes populares que se caracterizaron por su nio, excentricidad, locura o chispa humana, Estos dos modos acercamiento a la tradicién oral presuponen la identificacién clementos identitarios de una regién detetminada y casi siemy Ja recuperacién de expresiones populares y colimotismos®, La recreacién de leyendas y de anecdotarios de person: cotidianos tuvo por modelos los trabajos del profesor Gi Torres Quintero, con Cuentos colimotes (1931), los del doct Miguel Galindo, con Las fantasmas de Colima (1924) e Hist pintoresca de Colima (1939). En virtud de la relevancia € fluencia de estos autores, a continuacién particularizamos su obra, no sin antes plantear la necesidad de profundizar, futuros trabajos, en la apropiacién artistica que de la tradici ‘oral también hicieron Agustin Santa Cruz (gustin Santa Ch Obra reunida, 2008), Felipe Sevilla de Rio (Prosas literarias hristoricas, 1974) y Juan Macedo Lépez.(crénicas liverarias dis persas en el Ecos de la Costa de los aos treinta, cuarenta y cuenta, y Viaje alrededor de la nostalgia, 1986). Sahador E. Ceballos ato de Cuts ylpndar de Clima, 1965; Griselda Alar soe Lawombra nia, 196, Jos. Lepe Pretiado autor de mis de once libs de cuentas. tnt los qu destacs Pare Zaman we de ent, 198, nonl cena en a eed tn fumoso bundle del bajo en tempor de a Revolaci Mescaa; Jose Rosle onmpoitory ator de La aasra contents, 988, y ET nba y te eats infec como un castigo de procedencia milenati resguarda, asi el cuerpo y la memoria de un rey importante q fue sepultado con riquezas excepcionales, como los obsequi de Wang Wei, un navegante chino que lleg6 através de Xalihy al reino de Coliman y, ante la hospitalidad de Ix, correspon con tesoros traidos de Oriente. En Cuentos colimotes el tr6pico aparece con halo de repre tacién edénica, pero también como territorio agreste en el qi sus habitantes viven a merced de la fauna salvaje, los temblor las erupciones volednicas y las llavias torrenciales. Celebraci y drama palpitan en lo narrado para entender, con la pi imagen de la piedsa de Juluapan, que los habitantes de Colim shan vivido al borde del peligeo, con algo a punto de caer sol ellos, y que acaso s6lo compensan su incertidumbre con la visi © Desgulen adelante ls tsa Cues lima conesponderin alae de 198, LA TRADICION ORAL EN LA LITERATURA.~ 137 cextraordinaria de un paisaje que se vuelea, como dirfa la poeta Guillermina Cuevas, «en ternuras vegetales». Otros de los cuentos de Torres Quintero que estén basados en leyendas se reconocen en titulos como «La barranca del muer- to», «La laguna de Aleuzahue», «Los volcanes de Colima», «El cayuco del diablo», «El Gentil» y «La Sirena»>. Estas le- yendas sobre las que circulan distintas versiones en el imaginario colectivo han sido retomadas por otros escritores colimenses. La relaboracién de las leyendas que lleva a cabo Torres Quintero es una reconfiguracién de narraciones que escuché cuando era nifio 0 cuando, de camino entre pueblos y pueblos colimotes, en calidad de supervisor escolar, se detenfa a conver- sar con las personas y a escuchar las historias que a su ve7.a ellos les habian contado hacia muchos afios. Con su propio estilo, es- tructura narrativa y manejo de vacios 0 indeterminaciones en lo narrado, Torres Quintero brinda al lector una reconfiguracién de lo escuchado en boca del pueblo. Y aunque, como asienta Margarita Zires (1994), «la tradicién oral no es un pasado es- tancado, a la espera de que el folklorista la rescate> (p. 83), cles- critor que recurre a ella (a la tradicién), primero como oyente y después como configurante discursivo, contribuye a removilizar la memoria colectiva desde un plano consciente y estético. Sobre este aspecto, Flor Moreno (2012), sefiala que las narraciones escritas que registran lo que anteriormente se trans- ‘itié oralmente, en un pasado mitico o lejano, y que ya no pueden considerarse como testimonios porque los narradores testigos ya 1no viven, también tienen indicios de oralidad y por lo tanto tam- bién pertenecen ala tradicin oral (p. 128). Desde este punto de vista, las reconfiguraciones y actualiza- ciones particulares de la tradicién oral a través de la escritura literaria se reintegrarian en cierta manera a la misma tradicién 138 ADA AURORA SANCHEZ, oral como si se tratara de un rio que retorna al afluente de mar original. Las leyendas que recupera Torres Quintero hacen alusié a elementos icénicos del paisaje colimote (lagunas, palm: voleanes, iguanas, cocodrilos...), a las apariciones del diablo ‘otros personajes malignos como El Gentil, que emerge del hermoso y galante, para secuestrar sélo a los varones; a teso escondidos, ciudades encantadas y batallas campales por amor frustrados. En narraciones como «El Guapo», Torres Quintero desl coplas que los guitarreros cantaban a finales del siglo x1x: Palmero, sube ala palma Y dile ala palmerita ‘Que me esté doliendo el alma! Que mi amor la solicita! ‘Un pato con tanta pluma Nose pudo mantener, Y un escribano con una Mantiene moza y mujer (p. 54). Con paciencia pedagégica, Torres Quintero recoge distint colimotismos, correspondientes a sustantivos (nombres de ales o plantas) 0 a verbos. El uso regional de las palabras advierte al lector mediante el empleo de cursivas. Asi se apreci saltamatas (cocuyos), alumbradores (Iuciérnagas),ticuices ( grejos), slates (especie de grandes higueras) y cayacos (palm: de coquito de aceite), entre muchos otros regionalismos. «Torres Quintero recobra para el continuo disfrute de los tofesal personaje real de Martin Chiquillas en un cuento hom nimo. Martin Chiquillas —narra el autor— fue un apreci talabartero que, no obstante ser un hombre bueno y cumplid LA TRADICION ORAL EN LA LITERATURA... 139 cn su trabajo, se transformaba, al amparo del alcohol, en un hombre altanero, hablador y bravucén, que buscaba pleitos y presumia asesinatos que nunca cometi En los domingos y dias de festa de guardar, sola detenerse en la plaza despues de ofda la misa mayor, a conversar con sus amigos. Y eran de oirse sus echadas. Sus amigos que lo conocian bien le picaban el lado flaco para que los divirtiera. —A ver, Martin le decian, ¢Cémo estuvo aquello del pleivo de Zapotlin? (p.278). Martin Chiquillas, «puro jarabe de pico», un dia vaa parar a lacércel tras asegurat, en medio de su festiva borrachera, que él habfa matado a un hombre que encontraron muerto en la calle, Para fingir mejor su hazafia, el propio Martin Chiguillas, previo alencuentro con los gendarmes, habia manchado su cuchillo con la sangre del difunto, sin prever que testigos atentos lo desmen- tirfan, «Al dia siguiente, después de dormir la mona en un ca- labozo, salié Martin Chiquillas de la circel, bien amonestado» (p. 286), pues habian apresado al verdadero asesino, «Y desde entonces quedé entre la gente del pueblo como dicho corrien- te, cuando alguno la queria echar de bravo, esta expresi6n:— poco te querrés hacer como Martin Chiquillas!» (p. 286). Miguel Galindo y sus relatos acerca de fantasmas y personajes populares Un escritor més que ha ejercido influencia en los autores coli- ‘menses interesados en recoger de la tradicién oral leyendas etio- logics, relatos de fantasmas y aparecidos, asi como retratos de personajes singulares, es el polifacético doctor Miguel Galindo, nacido en Tonila, Jalisco, aunque reconocido como colimen- ADA AURORA SANCHEZ, se en virtud de su fecunda estadia, desde nifio, en Colima, Francisco Blanco menciona, en la presentacién a Historia pinto- resca de Colima, que se tata de un intelectual clisico que «amd la cultura, la medicina, la educacién, el cambio y la labor edi torial» (cn Galindo, 2005: 7). Diserté sobre temas filosdficos, pedagégicos, historicos, musicales, arqueolégicos y literarios, Publicé doce libros, entre los que se cuentan dos ya clsicos, lo que corresponde al tema dela tradicién oral: Los fantasmas: Colima c Historia pintoresca de Colima®. En Los fantasmas... Miguel Galindo recoge diecinueve rraciones breves acerca de aparecidos, fantasmas o seres del alli, historias que circularon entre gente dela ciudad de Coli y pueblos vecinos. En algunos casos el doctor Miguel Galin« registra el nombre y el domicilio de los protagonistas involuet dos en los «extrafios sucesos>. Con esto, pareciera oorgarle sus relatos el beneficio de la duda. En estricto sentido —a rencia de lo que sucede con Torres Quintero— los relatos, Miguel Galindo no se presentan como Teyendas, sino como rraciones de algo més que fantasia popular. Por su anécdota, algunas de las narraciones més atracti {que desarrolla Galindo son: «El padre Arzac y la indiscreci de las mujeres», «Encargo péstumo», «El perdén tardio) «Casa de espantos», «Cuidado materno» y «La barranca| muerto». A partir de esta ilkima leyenda se reerea la historia un jugador que, tras apostar y perder mucho dinero en la i dad de México, maldice su suerte y pide que se lo lleve el di Lucgo, refiere la leyenda, cl hombre sera descubicrto, cient, a miles de kildmetros de su ciudad: "hin de ampli datos biogrfcs del médic,esitory promotor cual, con Rodigue (2007 ,con Miguel Glin. Andencas den gana Eno suc sas en este eras alos bos de Galindo conespondetin aa 4e 1975 porlo use refers Lo fntamarde Colon, ylneicion de 2003 polo que “noi ptr de Cli, LA TRADICION ORAL EN LA LITERATURA... 141 Un dia aparecié a medias de uno de los paredones que forman la barranca que limita el estado de Jalisco y la sierra de Tonia, un hombre sostenido por as ramazones de los arbustos. El lugae en {que se encontraba era inaccesible ficilmente, y con muchas dficul- tades pudieron llegar adonde estaba el hombre del que no sabian si estaba vivo 0 muerto. De pronto se le ereyé muerto, y asi se decia en la noticia que corria de boca en boca: esté un muerto en la ba- sranca (Galindo, 1975: 77-78). La leyenda relatada por Galindo sigue viva en tanto existe, entre los limites de Colima y Jalisco, una barranca que se conoce como del muerto, trinsito obligado —mediante un puente— para los viajeros que ingresan desde el centro del pais a Colima. Segiin Miguel Galindo (2005), en todas las sociedades ocu- rren hechos de tres tipos: «los sorprendentes o maravillosos ccuya causa se nos escapa, pero cuya autenticidad esta fuera de toda duda; aquéllos de autenticidad dudosa; (...] y los que dan. 4 conocer con gran precisién el carter, los usos y costumbres del pueblo, mejor que cualquicr historia politica» (p. 11). De acuerdo con el autor, las narraciones compiladas en su libro Historia pintoresca de Colima corresponderian al tercer tipo, pues recuperan la vida de personajes curiosos —algunos histéri- cos— en el marco de sus circunstancias, costumbres y anhelos*, Los personajes histéricos de trascendencia nacional que aborda Miguel Galindo son Hidalgo, Porfirio Diaz y Angel Martinez, La constante sera no el lado oficial, ceremonioso, sino el ancedético, comuin y humano. En la historia pintoresca de «Hidalgo», se lee: En a inca del resate cs bigrfco de peronsjsiridxentes, expec de nots de calor ‘a nrrativade wn polo shan pablicdoen Cia alo ago dl igo x ness ros ‘qs eneel pcos ait laltertra,rtoman carters de prone coe tumbresyambiets curios de paca. Sebrapamor tees empl valor: Late nto de Igo Mena (1959), de rancaco Hemindes Espns tard le rosince (res tomes) 1993). de Manvel Sinche Siar Psonajypitreor (1993) de Riad Gus Nev.