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Primer acto[editar]

La Posada del Peine, en Madrid, establecimiento como el que podría haber sido el de Mariana.

En la plazuela de San Javier, la vida gira alrededor de la posada regentada por Mariana. Luisa
Fernanda, una bella joven inquilina de la posada, está enamorada desde antiguo de Javier, militar
que se considera su novio, pero que cada vez viene menos a visitarla, en particular desde su
ascenso a coronel. En un momento en que Luisa Fernanda ha ido a la iglesia, aparece Javier por
allí, logrando únicamente una reprimenda de Mariana por su informalidad. Por si lo anterior fuera
poco, Aníbal, otro inquilino de la posada, le aplica un entusiasta pero atolondrado discurso liberal,
ideología de la que es ferviente seguidor. Esta última conversación acaba cuando Aníbal se
apercibe de que la Duquesa Carolina, que vive enfrente de la posada y tiene una declarada
ideología monárquica, está en la ventana y podría oírles.
Mariana preferiría que Luisa Fernanda, en vez de seguir bebiendo los vientos por Javier, atendiera
los requerimientos de Vidal Hernando, un rico hacendado extremeño que la pretende, a pesar de
ser bastante mayor que ella. Luisa Fernanda no cede y manifiesta a Vidal que está enamorada de
otro hombre.
Vidal no pierde la esperanza, y, por ello, al enterarse por Aníbal de que Javier podría abrazar la
causa liberal, se declara monárquico, menos por convicción personal que por llevar la contra a su
antagonista.
Javier vuelve de nuevo en busca de Luisa Fernanda, pero se encuentra con Carolina que, mediante
sus artes y encantos le despista de Luisa y de paso le atrae hacia la causa monárquica. Nogales,
Aníbal y Vidal se asombran de ello al enterarse, y este último torna al punto sus ideas,
declarándose liberal. Luisa Fernanda cuando se entera cae desmayada, no por política, por cierto.