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Lección 14:

La Semilla que
Crece Sola

Por Miguel A. Arizola


Parábola de La Semilla que Crece Sola

Marcos 4:26–29 26 Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un


hombre echa semilla en la tierra;

27 y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla


brota y crece sin que él sepa cómo.

28 Porque de sí fructifica la tierra: primero hierba, luego


espiga, después grano lleno en la espiga;

29 y cuando el fruto se produce, enseguida se mete la hoz,


porque la siega ha llegado.

Por Miguel A. Arizola


¿Funciona el Evangelio para ustedes?
No hace mucho tiempo leí una cita que me hizo pensar. Decía: “Dígale a un hombre que
hay tres trillones de estrellas en el universo y le creerá. Dígale que la pintura de la pared
está fresca, y tocará la pared para estar seguro”.
Cuando se trata de la verdad espiritual, ¿cómo podemos saber que estamos en el camino
correcto?
Una manera es haciéndonos las preguntas correctas; el tipo de preguntas que nos ayudan
a meditar sobre nuestro progreso y evaluar cómo nos está yendo. Preguntas como:
“¿Tiene significado mi vida?” “¿Creo en Dios?” “¿Creo que Dios me conoce y me ama?”
“¿Creo que Dios escucha y responde mis oraciones?” “¿Soy feliz de verdad?” “¿Me están
llevando mis esfuerzos a las metas espirituales y valores más elevados en la vida?”
Preguntas profundas en cuanto al propósito de la vida han llevado a muchas personas y
familias por todo el mundo en busca de la verdad. Con frecuencia, esa búsqueda los ha
llevado a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y al Evangelio
Dieter Friedrich Uchtdorf restaurado.
(1940 – actualidad) Me pregunto si nosotros, como miembros, también nos beneficiaríamos al preguntarnos
de vez en cuando: “¿Lo que experimento en la Iglesia funciona para mí? ¿Me está
acercando a Cristo? ¿Nos bendice a mí y a mi familia con paz y gozo como se promete en el
Evangelio?”.

“¡Funciona de maravilla!”, Liahona, noviembre de 2015

Por Miguel A. Arizola


¿estamos haciendo que nuestro discipulado sea demasiado complicado?
Este hermoso Evangelio es tan sencillo que un niño lo puede comprender, y a la vez es tan profundo y complejo que tomará
una vida —incluso una eternidad— de estudio y descubrimiento para comprenderlo cabalmente.
En ocasiones, tomamos el hermoso lirio de la verdad de Dios y lo adornamos con capas de buenas ideas, programas y
expectativas de los hombres. Cada una, en sí misma, puede ser de ayuda y apropiada para determinado tiempo y
circunstancia, pero cuando se ponen una sobre la otra, pueden crear una montaña de sedimento que se vuelve tan gruesa y
pesada que corremos el riesgo de perder de vista la hermosa flor que alguna vez amamos tanto…
Y todos nosotros, como miembros de la Iglesia, necesitamos hacer un esfuerzo consciente para dedicar nuestra energía y
tiempo a las cosas que de verdad importan, mientras elevamos a nuestros semejantes y edificamos el Reino de Dios.
Hermanos y hermanas, vivir el Evangelio no tiene que ser complicado. En realidad es sencillo. Se podría describir así:
• Escuchar la palabra de Dios con verdadera intención nos lleva a creer en Dios y a confiar en Sus promesas.
• Cuanto más confiemos en Dios, más lleno estará nuestro corazón de amor por Él y por los demás.
• Debido a nuestro amor por Dios, deseamos seguirlo a Él y actuar en armonía con Su palabra.
• Porque amamos a Dios, queremos servirle; queremos bendecir la vida de los demás y ayudar a los pobres y los necesitados.
• Cuanto más caminemos por el camino del discipulado, mayor deseo tendremos de aprender la palabra de Dios.

Por Miguel A. Arizola


En ocasiones nos sentimos desanimados porque no somos “más” de algo: más espirituales,
respetados, inteligentes, sanos, ricos, amistosos o capaces. Naturalmente que no tiene nada
de malo querer ser mejores; Dios nos creó para crecer y progresar, pero recuerden, nuestras
debilidades pueden ayudarnos a ser humildes y volvernos a Cristo, quien hará que “las cosas
débiles sean fuertes”. Por otro lado, Satanás usa nuestras debilidades hasta desanimarnos al
punto de no querer ni intentarlo.
Aprendí en mi vida que no necesitamos ser “más” de nada para llegar a ser la persona que
Dios desea que seamos.
Dios los aceptará como son en este preciso momento y empezará a ayudarlos. Todo lo que
necesitan es tener un corazón dispuesto, un deseo de creer y confiar en el Señor.

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Por Miguel A. Arizola
Mis queridos hermanos y hermanas, si nos
vemos a nosotros mismos solo con los ojos
mortales, tal vez no nos veamos lo
suficientemente buenos. Pero nuestro Padre
Celestial nos ve como en realidad somos y
como quienes podemos llegar a ser. Nos ve
como Sus hijos e hijas, como seres de luz eterna
con potencial infinito y un destino divino.
Dieter Friedrich Uchtdorf
(1940 – actualidad)

Por Miguel A. Arizola