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33 MINEROS Biblioteca del IES Hermanos Machado (Montequinto, Sevilla)

ABANDONAD TODA ESPERANZA...


... Pero cuando todo apuntaba a una tragedia más, la perseverancia, la fe en las propias fuerzas, el deseo de
vivir se impusieron en un rincón del desierto de Atacama, en Chile, en la Mina San José.

A veces -pocas, es verdad-, la actualidad nos sorprende con


una buena noticia. No pueden desaprovecharse esos breves y
extraños chispazos del azar.
El 5 de agosto de 2010, un accidente dejó sepultados a
treinta y tres mineros en una excavación situada a 30 kilómetros
de la pequeña localidad de Copiapó, Chile. Diecisiete días
después fueron encontrados con vida a unos 700 metros de
profundidad. Tras sesenta y nueve días, los mineros fueron
rescatados. En el exterior les esperaba una multitud de familiares,
periodistas y, por supuesto, políticos de toda índole. La tierra
había vomitado la esperanza, por una vez y sin que sirva de
precedente.
Con esta breve publicación queremos ser partícipes de un
hecho tan inusual. Algunos alumnos y alumnas de Primero de Bachillerato del IES Hermanos Machado de
Montequinto aplicaron sus esfuerzos a distintas aristas del acontecimiento, dejaron volar su imaginación
para hacer propios unos hechos tan lejanos en el espacio y recrearon las vidas, pensamientos y
sensaciones de los implicados. Una selección de sus textos creativos es lo que puede leerse a
continuación. Enhorabuena a todos los que participaron y fueron, por unos instantes, mineros chilenos de la
Mina San José.

[1]
Los 33 de Mina San José

Autores de los textos


Irene Aído, Marta Álvarez, Sara Castro, Elena García, Enrique García, Nuria
Garzón, Ángela Gómez, Belén González, Patricia Guerra, Sara Lastres, Alberto
León, Aquilino López de la Manzanara, Cristina Luis, Francisco Pérez, Sara
Prieto, Marina Romero, Almudena Ruiz, Lorena Sobrino, Mª del Rocío Toscano...

Y todos los alumnos y alumnas de los grupos A, B, C y D de Primero de


Bachillerato del IES Hermanos Machado de Montequinto que participaron en la
actividad creativa.

[2]
IRENE AÍDO

Ariel estaba cansado de excavar. Era 5 de Agosto y llevaban todo el día


en la mina de San José en Chile. Lo único que deseaba en ese momento
era salir al exterior. Quería ir a su casa y ver a su mujer que ya estaba en el
último tramo de su embarazo. Ya mismo serían uno más en la familia. Sólo
por eso merecía la pena todo el trabajo.
De repente todo empezó a temblar y las rocas comenzaron a caer. La
mina se estaba viniendo abajo. Ariel y sus 32 compañeros intentaron
esquivar las rocas. Dejaron de caer y entonces  miró a su alrededor. Todos
estaban bien, pero estaban atrapados a 700 metros de profundidad. ¿Qué
iba a ser de ellos?
Ariel abrió los ojos. Todo había sido una pesadilla. Estaba en su casa, en
su cama. Ese tormento había acabado. Él y sus 32 compañeros habían sido
rescatados al fin de esa mina tras 70 días de sufrimiento con poca comida y
unas condiciones de vida realmente malas. Hubo momentos en los que
creyó que no sobreviviría pero saber que su hija ya estaba en el mundo le
dio las fuerzas que necesitaba para continuar. Mereció la pena aguantar
sólo por ver la sonrisa de su hija al salir de la mina. Todos estaban allí
esperándole. No sabía qué le depararía el futuro ahora, pero una cosa tenía
clara: todo había acabado y ahora le quedaba una larga vida para disfrutar
de su mujer y su hija.

[3]
MARTA ÁLVAREZ

Empezaba a estar algo impaciente. Oía de fondo voces que gritaban, pero
no podía entender qué estaban diciendo. La cabeza me daba vueltas, no tenía
noción del tiempo ni del espacio. Tampoco podía ver nada, todo estaba muy
oscuro. Cada vez sentía más calor, que estaba acompañado de una humedad
pegajosa de la que estaba deseando librarme. Faltaba el espacio. Estaba
encerrada en una cavidad demasiado pequeña como para aguantar más. Y, de
repente, un fogonazo, más gritos, claridad, aire… y lo más importante: podía
respirar. Abrí los ojos como pude, pesaban demasiado.
Y allí estaba ella, sosteniéndome en sus brazos mientras lloraba de alegría
con sus ojos clavados en mis pequeños ojos.
Pero, ¿y dónde estaba él?
Más tarde comprendí que todas las sensaciones por las que había pasado
forman parte de la vida misma, aunque con un matiz: sólo es bueno vivirlas
una vez.
Mi padre tuvo que pasar por la misma situación dos veces, pero la
segunda fue considerablemente más desagradable que la primera.
Afortunadamente, él nació dos veces y yo pude conocerlo en su segunda vida.

“Opresión”, de Arturo Huichalaf

[4]
SARA CASTRO
Lamentos, lastimeras quejas, sollozos, suspiros profundos, incluso lloriqueos. Era lo
único que oía en aquel lúgubre y espantoso lugar. Sabía dónde me situaba. Mis
compañeros y yo estábamos atrapados a 700 metros de la superficie, en la mina San
José. La reconocía bastante bien.
Un tubo nos daba la vida. Apenas descansábamos. Incluso para poder ver a nuestras
familias lo teníamos que hacer mediante una cámara.
Allí dentro por muy angustiados que estuviésemos y en las malas condiciones que
vivíamos, algo nos reconfortaba, quizás el saber que todos estábamos unidos y que
recibíamos el calor del prójimo. Sin embargo, nadie soportaba esa desesperación, ese
pavor a quedarse un día mas allí abajo…
De repente un hilo de luz me despertó. Estaba en mi habitación. Ví a mi esposa más
bella y sonriente que nunca que me abrazaba fuertemente. Todo aquello lo había soñado.
Me levanté de la cama, baje a la cocina a prepararme algo para comer, pero en la mesa
me esperaba un suculento desayuno. Me resultó extraño, nunca había recibido tales
mimos.
Era sábado, así que salí a pasear. Las personas me miraban con cara de admiración
y alivio, diría yo, sonriéndome dulcemente, como si se alegraran al verme. Esta situación
me aterraba por dentro, todo el mundo se comportaba de una manera muy singular.
Después de un placentero camino, regresé a mi casa con mi familia. Mis hijos me habían
hecho un cartel mostrándome lo mucho que me querían, mi mujer lloraba, creo, que de
alegría…
Encendí la televisión, puse las noticias. No podía dar crédito a lo que veía. En mi
receptor aparecía yo, siendo entrevistado. Al fondo, distinguía la mina San José, y el
titulo de la noticia decía: El último minero en salir.

[5]
CRISTINA LUIS

Se oyó un gran estruendo y, a continuación, empezamos a dividirnos.


Unos corrieron hacia la salida, otros, como yo, huyeron hacia el refugio. Todo
sucedió tan rápido que ni si quiera tuvimos tiempo para saber qué estaba
ocurriendo.
Llegué al refugio, cansado y temeroso, tratando de ignorar los confusos
sonidos que emitía la mina tras el derrumbe, buscando a tientas un rincón
donde apoyarme y descansar un poco tras lo ocurrido y, así, poder valorar mi
situación, cuando, de repente, me sorprendió el ruido de varias voces.
Ya no estaba solo, lo que me llenó de alegría, pero aquel sentimiento duró
bastante poco ya que, al instante, me asaltó una serie de dudas, miedos y
varios pensamientos que me sugerían si algún día alguien podría sacarnos de
aquella mina, ya destrozada, en pleno desierto de Atacama, si aquello sería el
final de todo o solamente el principio. Al mismo tiempo sentía rabia, una ira
que no se desvanecería ya que sabía de sobra que aquello era
responsabilidad de otros y que ellos eran quienes, de una forma u otra, habían
causado tal desastre.

[6]
ELENA GARCÍA
Humedad, calor, tierra, penumbra, cansancio. No podía creer que todavía, después de
un mes y medio, siguiéramos allí, encerrados como animales en jaulas.
¿Y lo peor de todo? Que no podíamos hacer nada, solo dormir como muertos
esperando a que alguien nos rescatase después de más de cincuenta días a las puertas
del infierno. Yo me entretenía durmiendo o pensando en cosas mias, otros simplemente
contaban anécdotas sobre su vida o sus familias. Ya estaba harto de solo escuchar
lamentaciones sobre: “Quiero salir de aquí” o “y pensar que si no me hubiera metido en
este trabajo estaría con mis princesas y mi reina en mi casa comiendo una buena sopa”.
Tercos. Memos. Yo no tenía a nadie que me esperase allí fuera y, aunque lo hubiera
tenido, no me lamentaría por haberme metido en este oficio. ¿De qué servía lamentarse
tanto?
Por una parte los envidiaba, porque cuando saliesen tendrían a alguien a quien
abrazar y besar; yo, en cambio, cuando salga de esta putrefacta cueva, llegaré a mi casa,
y, supongo que saldré de fiesta, después de darme una buena ducha. Oh sí, cuanto
necesitaba una ducha.
Al principio de todo abría los ojos irritado, ¿el por qué? Porque algún cansino e
insistente seguía pidiendo ayuda, incluso cuando ya nos la habían dado. Paletos. Yo,
mientras que ellos no me molestasen con sus ñoñerías, no les molestaría con mis
borderías. Lo único que se podía hacer allí era dormir. Y no me importaba.
Y pensar que cuando saliese todos me conocerían por quedarme encerrado a 700
metros del suelo con mis compañeros. Por ser uno de los 33 mineros.

[7]
NURIA GARCÍA

He perdido la cuenta de los días que llevo en esta oscura pesadilla. Pesadilla de la
que no sé si despertaré algún día. Creo que lo único que me mantiene con vida son los
recuerdos… Aquella tarde de agosto, en el parque, mi hija saltaba de alegría cuando le
dije que el día de su cumpleaños lo pasaríamos todos juntos en la playa haciendo
castillos de arena.
- ¿Me lo prometes, papá?
- Te lo prometo.
Promesas que quedaron en el aire navegando sin rumbo fijo. Cuántas cosas me
hubiera gustado decirle, que en su día no dije por falta de tiempo… Si alguien llega a leer
esto alguna vez, le aconsejo personalmente que aproveche cada segundo al lado de su
familia, porque cuando no la tenga cerca, será demasiado tarde para recuperar el tiempo
perdido, como me pasó a mí.
Si salgo de esta, será como volver a nacer. Seré otra persona mejor, valoraré cada
detalle por pequeño que sea y mi meta en la vida será ver sonreir a las personas que me
importan. Todavía sigo esperando el día en que todo eso llegue porque, como se suele
decir, la esperanza es lo último que se pierde, y yo la conservo intacta en las
profundidades de mi corazón.

[8]
ENRIQUE GARCÍA
Hay noticias ahí arriba. Escaleras To d o f o c o s . F l a s h e s d e c á m a r a s
mecánicas bajarán a recogernos. Hace algún posmodernas. Chicas con minifaldas muy
tiempo que se acabó el tabaco, la leche minifaldas con sonrisas falsas. Prensa rosa.
caducada, descafeinado de sobre de alguna Prensa antisocial. Soy el tercero en salir de la
marca blanca. Tierra de nadie no es solo los tierradenadie para simplemente volver a la
polígonos industriales de madrugada. Tierra de tierradequién. Me cuesta abrir los ojos.
nadie es golpearse cada hueso recordando Primero fueron los aplausos, luego un dictador
que no eres infinito. Pero aquí la lluvia no es corrupto sacudiéndose los hombros, veinte mil
tan diferente, al fin y al cabo siempre pensé cadáveres saltando de emoción.  Todo siguió
que arriba también se pudren poco a poco. un orden burocrático, propio de las ciudades
Pero hoy escaleras mecánicas bajarán a del siglo XXI. Me dicen que me esperan
recogernos. Frías escaleras mecánicas. Sucias contratos millonarios para contar cómo se vive
escaleras mecánicas para devolvernos con sin follar durante más de dos meses en la casa
ellos.                                                   d e H a d e s . P ro d u c t o r a s d e t e l e v i s i ó n
----- planeando una tv movie del caso: víctima
convertida en héroe. Entonces me ocurrió un
Noto cómo se me caen las pestañas al
vacío enorme. Me pregunto quién soy yo y
posar mi pie sobre el primer escalón.
echo de menos estar enterrado. Maldito
Recuerdo cuánto sangré ahí arriba. Me
mundo sucio al  que no quiero pertenecer.
despido de un espacio que no me pertenece.
Maldito mundo de mierda. Me repito palabras
Me pregunto qué me pertenece. Recuerdo la
mentirosas y la sangre ya me cubre todo el
s a n g re . ¿ M e p e r t e n e c e n e l l o s ? ¿ L e s
cuerpo. Todo focos, burocracia, conmoción
pertenezco yo acaso? Pero el color lila, rojo y
internacional. Putas frías escaleras mecánicas.
azul me esperan al final del recorrido, de estas
Maldito mundo de mierda. Maldita
sucias escaleras. Sangré. Sangré ahí arriba.
Ahora noto cómo la punta de los dedos tierradequién.
comienza a desangrarse poco a poco.
-----

[9]
ÁNGELA GÓMEZ

“Esta película está dedicada a los cincuenta”. Alicia había visto cientos de veces La gran
evasión, y le seguía maravillando la misma escena, la última. Qué bonita aquella dedicatoria
en rojo a todos los que habían muerto intentando escapar bajo tierra. Realmente le gustaba
aquella frase. Apagó el televisor y se acostó. Sonó el despertador. Las seis y media. Se
vistió, hizo el desayuno y se sentó donde siempre, junto a la ventana. Aún tenía la imagen de
la dedicatoria en la cabeza. Sonrió al recordarla y comenzó a beber el café. Encendió el
televisor. Las noticias. Dios mío. Treinta y tres mineros chilenos habían quedado atrapados
en la mina en la que trabajaban. Estaban vivos, pero aún no sabían cómo iban a sacarlos de
allí.
Sonó el despertador. Las seis y media. Lo mismo de siempre. Encendió el televisor.
Noticias sobre los mineros. Era increíble, no había vuelto a pensar en ello desde el día
anterior por la mañana. Pensó en los mineros, en sus familias. Quizás cada segundo que
pasaba era un suspiro menos que les quedaba de vida a aquellos hombres. Quizás murieran
allí atrapados sin poder siquiera despedirse de sus hijos, de sus mujeres…, mientras ella se
bebía el café mirando por la ventana.
Esta vez no sonó el despertador. Alicia llevaba muchas horas despierta. Desde hacía
semanas esperaba con ansia el momento del rescate de los mineros. ¿Saldría bien?
Sonó el despertador. Alicia ya estaba despierta y estudiaba. Cada día, cuando la alarma
sonaba, Alicia se acordaba de esos treinta y tres hombres, de sus familias, y de todos
aquellos mineros que habrían pasado por situaciones similares sin que el resto del mundo lo
supiera. Y entonces, en la mente de Alicia, aparecía
Male suada en letras rojas: “Esta película está
dedicada a los treinta y tres”. Ahora sólo le quedaba terminar la carrera de dirección de cine
Quis  Dolor
en la Universidad de Barcelona que había decidido empezar ese 13 de Octubre. Ya tenía lo
Set Ipsum
más importante, el final de la película. Y lo mejor es que acababa bien.

[10]
BELÉN GONZÁLEZ

Estoy aquí, y aunque desearía no estarlo,


Siento que el hombre que salga no será el mismo que entró.
Y pensar que unos cuantos escombros pueden cambiar tu persona
entera, tu vida entera.
El dolor, el sufrimiento, más que de estar aquí, el de no saber si volverás a
salir, la confusión, la duda, el miedo.
Estoy aquí, y aunque desearía no estarlo,
Se que, si sobrevivo, mi visión del mundo cambiará, cambiaré el cristal
con el que miro las cosas y ya nada será igual.
Se que, si aquí me quedo, no podré seguir luchando por las cosas que
quiero, y no puedo, tengo demasiado por lo que luchar, una hermosa mujer,
que me espera ahí arriba, dos hijos a los que quiero con locura, una vida.
Pero de momento estoy aquí, aunque desearía no estarlo, sigo aquí.

[11]
SARA LASTRES

Quedan tan solo tres horas para terminar la jornada de hoy y llegar a casa
a descansar. Mark me ha estado comentando durante toda la mañana las
ganas que tiene de volver, porque su mujer ha dado a luz a su primera hija y
está muy nervioso. Me alegro mucho por él, es un buen amigo y un trabajador
joven, pero con agallas.
Qué hambre tengo, ¿Qué habrá preparado Ana María hoy para comer? Me
gustaría comer una de esas tortillas tan deliciosas que prepara siempre con
tanto cariño. Soy un hombre afortunado, le doy gracias a Dios por tener una
buena esposa que me quiere y me cuida, y un trabajo que aunque es duro, me
permite vivir y compartir mi vida con la mujer a la que quiero.
Dos horas, el tiempo pasa volando aquí abajo. La verdad es que cuando
comencé a trabajar en la mina sentía cierta claustrofobia y tenía miedo de que
las paredes se derrumbaran sobre mi. Ahora sé que en esta zona, el refugio
subterráneo, no puede pasarnos nada malo. Mark ha cogido el pico de nuevo
y se le nota lo nervioso que está. Normalmente a esta hora tendría que
haberse ido pero con los nervios sigue aquí trabajando. Será mejor que vaya a
avisarle de que ya ha terminado por hoy, que puede ir a ver a su hija recien
nacida...
¿Qué ha pasado? ¿Por qué están todos gritando? ¿Qué ocurre? Oh, Dios
mio... la mina se ha derrumbado, estamos todos a salvo creo. ¿Pero qué será
de nosotros ahora?

[12]
ALBERTO LEÓN
Llevamos ya dos días atrapados, tuvimos suerte de poder llegar al refugio
aunque eso sólo nos puede causar una muerte lenta y agónica, pero siempre
hay esperanza. Hemos racionado el agua y el alimento para que pueda durar
más tiempo aunque según nuestros cálculos sólo nos queda para poco tiempo
más. Además el aire y la humedad son cada vez más insoportables, que
sumados a los 30ºC que hay continuamente hacen de este lugar las puertas del
infierno. Los más jóvenes están empezando a perder ya la esperanza aunque los
veteranos no la pierden y nos imbuyen ánimos.
Las horas pasan sin otra cosa que hacer que esperar dos cosas, la muerte
por inanición o alguna señal que indique que nos están buscando.
Según nuestros relojes ya son las 4:00 de la madrugada del domingo, el
tercer día de cautividad en este maldito lugar. Las horas pasan y seguimos sin
ninguna noticia, no tenemos que preocuparnos mucho del agua porque hemos
encontrado una filtración por donde sale agua que al menos se puede beber,
aunque la comida es lo más preocupante ya que apenas nos queda.
Decido echarme un rato a dormir. Cuando estoy a punto de sumirme en un
oscuro sueño, ya que estos días no he podido apenas dormir a causa de las
pesadillas, oímos un sonido que procedía de algún lugar del techo de la galería.
Lo primero que pensé era que un nuevo terremoto iba a acabar con nosotros de
una vez por todas y nos iba a ahorrar días de sufrimiento, pero cuando lo que vi
aparecer a través del techo fue la cabeza de una tuneladora, todos esos
pensamientos se borraron de mi cabeza porque en ese momento una gran paz
recorrió mi cuerpo alejando todo rastro de miedo y preocupación. Y me
desmayé…

[13]
PATRICIA GUERRA ARANDA
Esperanza, ¡qué bonito nombre! ¡Cuántos sentimientos y emociones se me
vienen a la cabeza al nombrarla! Pero no importa. Cada segundo que pasa es un
segundo menos de este insoportable capítulo de mi vida. Un capítulo que en unos
minutos podré  poner su punto y final. Ya sólo quedamos dos, y el siguiente turno es
él mío. ¡Ya era hora! Nunca se me había hecho una espera tan larga e insoportable.
Pero no importa, la espera va a tener la recompensa más grande de mi vida: volver a
ver...
- ¡Ariel, tu turno! ¡Rápido!
No puede ser. Ha llegado la hora. ¡Por fin! Después de todo este tiempo, todos
mis rezos, súplicas y peticiones a Dios se han cumplido.
- Estás listo. Buena suerte. Nos vemos fuera. Acuérdate de todo lo que te hemos
dicho.
No tengo ganas de hablar. Quiero que me lancen ya y punto, y cuanto más
rápido mejor.
Cápsula Fénix 1. Una cárcel. Pero la más maravillosa del mundo. Con un billete
hacia mi felicidad absoluta. Mi familia, mis niños, mi niña... mi Esperanza. Desde que
me mandaron el vídeo de mi niña naciendo, cambió mi vida. Busqué el lado positivo
de todo. Con el dinero que me den compraré una casita. No más alquileres. Le daré
a mis niños una vida mejor.
Me han dicho que no me ponga nervioso, que me tranquilice. Pero ¡estoy
atacado! Esto me da claustrofobia. Venga Ariel piensa en otra cosa... Sí, bautizaré a
mi niña nada más salir cueste lo que cueste. ¿Quedará mucho? Ya veo la luz.
Escucho voces. No, aplausos, gritos... ¡Oh! Esto sabe a felicidad. Cierro un capítulo y
abro otro nuevo...
 Esperanza. ¡Qué bonito nombre!

[14]
AQUILINO LÓPEZ DE LA MANZANARA
Se cómo te sientes padre.
Enclaustrado, falto de aire, agobiado.
Así me siento yo desde hace dos años.
Puedo sentir cómo un sudor frío, efecto del pánico, recorre tu cuerpo. Yo también
lo siento en el mío.
Seguro que sólo piensas en ella; yo nunca dejo de hacerlo.
Llora mucho, tanto por tu estado como por el mío.
Siento pena por ella, y la siento por ti.
Un estruendo, algo se abre paso por las vísceras del infierno en el que estás.
Poco a poco el miedo se va alejando de ti, mientras atraviesas ese túnel,
angosto, áspero y estrecho. Una sensación familiar para mi.
Ya llegas al fin, todos te esperan con alegría y ovaciones, madre entre ellos.
La alegría vuelve a tu rosto, tus extremidades se liberan, se fue el
entumecimiento, ahora tu mente piensa en positivo, en belleza, en ella.
Corres, jadeas, lloras, abrazas a madre, la aprietas contra tu pecho como si fuera
a escaparse, la besas. Que bella imagen.
Comenzáis a pensar en mi ambos, puedo verlo en vuestros ojos.
Lo sé, vuestro hijo no fue sensato al entrar en ese mundo, pero él se lo buscó.
Ella, blanca como la nieve, liviana, perfecta. Ella lo destruyó, se lo comió por
dentro.
Y ahora, desde aquí arriba, tras convertirme en un ente errante y finalmente haber
visto una cálida luz, me dedico a susurraros y observaros.
Ahora sed felices y vivid cada momento como si fuera el último. Valorar la vida.
(Y en una ligera brisa, desde el paraíso, el hijo envió un delicado “os amo” a sus
padres).

[15]
FRANCISCO PÉREZ

Dolor, dolor y lágrimas eran lo único que podían distinguirse en


aquella tumba. Ha sido sin duda alguna la experiencia más aterradora
que he sufrido hasta ahora, la poca luz que quedaba se apagó con una
fuerte sacudida; toda la esperanza se iba cuando el mundo menguaba al
tamaño de una cueva, cuando sabíamos que nuestras familias estaban
llorando detrás de aquellas rocas y la impotencia de no poder correr
hacia ellos y abrazarlos.
Cada minuto se hacia eterno y fueron más de tres meses los que
estuvimos allí. Nunca algo nos unió tanto a aquellos hombres y a mí
como aquel trágico accidente. Tal vez dentro de un tiempo, cuando todo
haya acabado y la repercusión de los medios cese, todo vuelva a la
normalidad y hablemos de ello entre risas. Pero creedme cuando os digo
que no es algo para reírse. La oscuridad, la soledad, el cansancio, el
terror y la agonía eran los sentimientos menos dramáticos que podían
sentirse en la cripta. La cripta, así la llamaba yo, porque era justamente
eso, un lugar donde se respiraba muerte.
Tal vez no todo fuera así de negro, es cierto que una chispa de ilusión
surgió cuando pudimos contactar con nuestros seres queridos allá
afuera. Y tal vez esa chispa fue lo único que mantenía viva el calor
humano que había allí dentro.
Recuerdo que cuando el túnel se abrió y pudimos salir me quede
ciego por aquel sol al que veía sólo en sueños. También recuerdo que me
quede perplejo mirando el cielo y las nubes deslizándose sobre su mar
azul.
Y ahora se me despierta una sonrisa cada vez que salgo de mi
apartamento y veo majestuoso a Lorenzo saludándome desde lo alto.

[16]
SARA PRIETO
Fui como cada mañana a la mina. Todo transcurría con
normalidad. De repente, alguien gritó, creo que fue Pedro,
pero no estaba seguro. Me alarmé. Nos habían hablado
montones de veces de cómo actuar en una situación como
esta, y yo la teoría me la sabia, pero cuando llegó la hora de la
practica noté mis carencias. La mina se hundía.
Pensé: ¿así va a ser mi final? ¿aqui, solo?, recordé
entonces todas aquellas cosas que le quise decir a mi esposa
y jamás le dije. Siempre he sido una persona bastante cerrada
para mis sentimientos.
Un rato más tarde el ambiente se había calmado,
comenzamos a ver quiénes estábamos. Por suerte, todos
seguíamos vivos, algún rasguño que otro, pero nada
alarmante.
Algunos lloraban, otros discutian. Yo me mantuve al
margen, no podia parar de darle vueltas a cómo acabaría esto,
si terminaríamos comiéndonos unos a otros como en las
peliculas o si nos rescatarian de alguna forma superheroica.
Un ruido, la tierra caía del techo. Pensé que este sí sería el
verdadero final. Quise llorar, pero las lágrimas no me salian. De
repente apareció un tubo con un papel dentro, era una nota
del exterior. Nos pusimos muy nerviosos.
Tras eso todo fue sobre ruedas, nos enviaban comida y
empezamos a planear qué hariamos al salir. Llegó el ansiado
día. Elaboraron una lista para ver en qué orden iríamos
saliendo, primero los más fuertes. Los enfermeros revisaban
nuestro estado de salud. Llegó mi momento. Cada segundo
se me hacía eterno.
Al salir, aire... ella.

[17]
MARINA ROMERO
Mi nombre es Mariela. Son las cinco de la mañana y papá no ha vuelto. Mamá se
pasó toda la noche llorando y mis dos hermanos buscándolo por la barriada. Y aquí
estoy yo, sentada en mi sofá. No es que no me preocupe por papá, simplemente
confío en que volverá tarde o temprano.
A las seis de la mañana vinieron varias mujeres, unas con niños, otras solas,
todas con la cara empapada en lágrimas: “¡Las minas, las minas!”, gritaban. La
sangre se me heló y un enorme nudo se fue creando en mi garganta. Papá se había
quedado atrapado. Nunca pensé en qué pasaría si lo perdiese, tenía por seguro que
se quedaría para siempre a mi lado. Mil imágenes y recuerdos pasaron por mi mente.
Y ahí seguía yo, inmóvil e impotente, sentada en mi sofá.
Días duros, llenos de pena y dolor, pasaban poco a poco, como si de años se
tratase. Sabíamos que papá seguía vivo y que le enviaban comida a él y a sus
compañeros diariamente, pero la desesperación permanecía. ¿Y si se derrumbaba?
¿Y si no pudiesen salir nunca más?
Un día la salvación se nos presentó. Equipos de ayuda venían de fuera, en
concreto una persona que lo dio todo para salvar aquello que perdimos. Mujeres,
parientes destrozados abrazaban a sus seres queridos, cansados y polvorientos,
como si la vida les fuese en ello.

Papá ya está en casa. Se oye a mis hermanos y a mi madre limpiando de fondo.
Cuando pensaba que no podía ser más feliz, vi que mi padre se unía a mí,
acomodándose a mi lado en mi sofá. Este recuerdo lo atesoraré para siempre.

[18]
ALMUDENA RUIZ
Llevamos 17 dias aquí encerrados. Hoy hemos enviado una nota a través del
pequeño orificio que han abierto para intentar buscarnos diciendo que estamos
vivos y en buen estado. No sabemos siquiera si les ha llegado o nos han dado
por muertos.
Ya han pasado 31 dias y ahora nos están mandando comida por tubos  y
bajan pequeñas camaras para que nuestras familias nos puedan ver. Espero que
bajen pronto a por nosotros. Esto está siendo muy agobiante y bastante
aburrido; además, el aroma que hay aquí abajo no es que sea muy agradable.
Cada dia se aguanta menos, ya sé que por eso es por lo que menos me tendría
que preocupar, pero yo antes era de familia adinerada y era bastante pijito pero
mi familia se arruinó y para seguir adelante me tuve que meter a este oficio y por
desgracia todavía no me termino de acostumbrar a algunas condiciones...
Hoy se cumplen 69 dias que estamos aquí y por fin parece que bajan a por
nosotros. Llevamos mucho tiempo preparando el rescate desde aquí abajo
también. Ayudamos a ensanchar el agujero por el que nos van a sacar. Ahora
mismo está saliendo el primero de nosotros y parece que va bien. Esta mañana
decidimos el orden en el que ibamos a salir y a mi, por ser el mas joven y el mas
fuerte, me toca salir el ultimo... Estoy muy nervioso. Llevamos horas con el
rescate, pero por suerte no hay complicaciones. Espero que me llegue pronto el
turno, ya van por el numero 15... 20... 29.... 32... El siguiente soy yo. Esto se me
está haciendo interminable y me da miedo qué puedo encontrar ahí fuera... La
maquina baja para subirme a mi. Ya me metí dentro y estoy subiendo, estoy
completamente acojonado, pero también emocionado de salir por fin... Mientras
subo voy escuchando los gritos de alegria de la gente... Ya estoy fuera. Por fin
puedo respirar aire fresco. Esto es como un sueño y ahora apreciaré más el valor
de las cosas de la vida.

[19]
LORENA SOBRINO
Horas y horas se sucedían a cientos de metros bajo los pies de aquellos que
trataban de rescatarnos. La pérdida de la noción del tiempo y de la cordura se
hacía palpable en un ambiente tan cargado que hasta dolía respirar. Ni los años
de experiencia te mantenían fuerte ante tanta presión. La fatiga y la nostalgia se
materializaban en forma de lágrimas. Pobres aquellos que me acompañaban,
pues yo al menos contaba con la compañía de mi diario, cuyas páginas se
impregnan de las historias que allí permanecían enterradas, anhelando la
libertad. Tras una eternidad presos allá abajo, buenas noticias nos hacían
reavivar los ánimos: nuestras familias nos esperaban en la superficie, al fin se
acabaría aquella pesadilla. Recogiendo del polvoriento suelo nuestras
esperanzas, todas las miradas, antes vacías, se veían bellas y refulgentes ante la
idea de volver a reposar en brazos familiares. Brotaba por cada uno de nuestros
poros una alegría inmensa, acompañada de un único propósito: vivir.
Uno a uno ascendían los hombres con los que compartí tan amargos días.
Entusiasmado, escribía apresuradamente las últimas líneas de lo que será mi
futuro libro. Sin más, encerré en aquellas hojas polvo y 70 días de nuestras
vidas. Vi abrirse ante mí las puertas del paraíso, dispuesto a abalanzarme con
mis seres queridos. Y como todos esperábamos, ese soplo de aire fresco nos
devolvió a la vida.

[20]
Mª DEL ROCÍO TOSCANO
Negro, todo está negro. Siento pánico y
nerviosismo. ¿dónde estoy?
Se enciende una luz. No puedo creerlo. Todos,
estamos todos.
En el rostro de la gente veo la misma sensación de
nerviosismo, impotencia, tristeza, preocupación y,
sobre todo, miedo.
Un derrumbe. Al parecer esa es la causa de que
estemos todos aquí. Dicen que fuera están
intentando hacer lo posible para sacarnos, pero yo
no me creo nada.
Lo único que sé, es que hace semanas que no veo
la luz del sol, que se nos agotan las existencias y
que estoy a cientos de metros bajo tierra.
Nuestra resistencia se hace mas débil día a día.
Ahora, al menos, disponemos de los alimentos
que nos mandan y de comunicación.
Mi hija, he hablado con mi hija. Pensé que nunca
volvería a oír su voz y aunque solo haya sido por
un minuto me hace pensar que ya queda menos
para poder abrazarla.
Cuánto se les hecha de menos, cuánta falta me
hacen. Estar aquí abajo está siendo una condena
para mi, y para todos.
Se oyen ruidos, ¿será esta vez la decisiva?
Ni un centímetro, no puedo moverme ni un
centímetro. Piedras y más piedras alrededor.
Miedo, nunca he sentido más miedo en mi interior.
Me levanto sobresaltado.
He tenido un sueño, mejor dicho, una pesadilla.
Voy hacia la cocina y me preparo un café.
Enciendo el televisor.
33 mineros chilenos rescatados de la mina

[21]
El 14 de octubre de
2010 terminó la
operación de rescate
en Mina San José

Los 33 hombres
atrapados
regresaron con vida
de las entrañas de la
tierra

33 MINEROS Biblioteca del IES Hermanos Machado (Montequinto, Sevilla)

[22]