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Revista de la Facultad de Comunicación Social

de la Universidad Central del Ecuador


19 Segunda época
Noviembre 2019 - Abril 2020

Dos décadas
de procesos migratorios:
tensiones y aprendizajes
Textos y contextos Nº 18

Textos y contextos es una publicación semestral


de la Facultad de Comunicación Social (FACSO)
de la Universidad Central del Ecuador (UCE),
que promueve la reflexión acerca de las diversas maneras
en que se relacionan la comunicación, la cultura y la política.

Mayo- Octubre 2019 • 1


Poder, memoria y trabajo intelectual: …
19
Textos y con-

Revista de la Facultad de Comunicación Social


de la Universidad Central del Ecuador

Noviembre 2019 - Abril 2020


ISSN: 1390-695X • ISSN electrónico: 2600-5735

UNIVERSIDAD CENTRAL DEL ECUADOR


FERNANDO SEMPÉRTEGUI ONTANEDA
RECTOR

FACULTAD DE COMUNICACIÓN SOCIAL


DIMITRI MADRID MUÑOZ
DECANO

TEXTOS Y CONTEXTOS
DIRECTOR
• GUSTAVO ABAD ORDÓÑEZ
grabad@uce.edu.ec

COMITÉ ASESOR INTERNACIONAL


• OMAR RINCÓN
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES (COLOMBIA)
• BELÉN ZURBANO
UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA)
• JULIO RAMOS
BERKELEY UNIVERSITY (ESTADOS UNIDOS)
• GINA SARACENI
UNIVERSIDAD JAVERIANA (COLOMBIA)

EQUIPO TÉCNICO
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN
SONIA VEGA BURBANO
SOPORTE TÉCNICO
JOSÉ MARÍA CHULDE
CENTRO DE INFORMACIÓN INTEGRAL
VALIDACIÓN DE IDIOMA INGLÉS
SANTIAGO SANGUÑA
INSTITUTO ACADÉMICO DE IDIOMAS
IMPRESIÓN
FABIÁN USIÑA

PORTADA
BASADA EN:
DECRETUM GRATIANI EMENDATUM ET
NOTATIONIBUS ILLUSTRATUM
DECRETO DE GRACIANO ENMENDADO
E ILUSTRADO CON ANOTACIONES
IMPRESO EN 1582
ÁREA HISTÓRICA-CENTRO DE INFORMACIÓN INTEGRAL - UCE

En línea: http://revistadigital.uce.edu.ec/index.php/CONTEXTOS Segunda época

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2 • Noviembre 2019 - Abril 2020 MARTHA RODRÍGUEZ ALBÁN


Textos y contextos Nº 18

Noviembre 2019 - Abril 2020


Quito - Ecuador

Mayo- Octubre 2019 • 3


Poder, memoria y trabajo intelectual: …
Recibido: 15-09-2019 • Aprobado: 30-10-2019

Lo innombrable: exilio e infancia queer


en la obra literaria de Eugenia Viteri
The unnameable: queer exile and childhood
in the literary work of Eugenia Viteri
DOI: https://doi.org/10.29166/tyc.v1i19.2074

Sandra Elizabeth Carbajal García


Magíster en Literatura hispanoamericana y ecuatoriana, Magíster en Educación Superior, Licenciada en Ciencias de la Educación. Cursa
estudios de doctorado en Literatura y estudios críticos, en la Universidad Nacional de Rosario-Argentina. Docente en Educación Superior
en cátedras como: Didáctica del Español, Semántica y Léxico, Sociolingüística, Gramática del Español, entre otras. Tiene experiencia en
proyectos educativos y en la producción de textos académicos y literarios. Ha publicado varios artículos en revistas indexadas y en edito-
riales de prestigio académico.

Correo:secarbajal@uce.edu.ec

Resumen
La palabra de Eugenia Viteri se inscribe en el ámbito literario de los años 1950. En su obra se advierte la reivindicación de lo abyecto, lo
queer (adjetivo en inglés que se traduce como “raro”, “extraño”, lo que no se puede nombrar), lo que la sociedad rechaza y reprime. En
ese espacio de la exclusión se configura la condición del exiliado que se presenta atravesado siempre por la pérdida o por la ausencia de
aquello que se ha amado: la Patria, la familia, la infancia, la pareja. En la primera parte de este artículo se introduce, de manera breve, el
tema de lo queer (identidades sexuales disidentes) en la literatura ecuatoriana, cuestión que ha estado presente hace, al menos, un siglo
aproximadamente, lo que desdice de aquel lugar que nos ha ubicado como “sociedad tan conservadora”. Después se analiza la figura del
exiliado en relación con la homosexualidad femenina en A noventa millas, solamente (1969), donde se enfatiza en la idea del fracaso de
la utopía del “Nuevo Mundo” que caracterizó a la juventud militante de los años 1960. Finalmente, se aborda las figuraciones de la
infancia queer en el cuento Florencia (1977), donde se deja entrever el paralelismo entre la figura del exiliado y la de la mujer homosexual.

Palabras clave: literatura queer, exilio, extranjería, infancia, homosexualidad


Abstract
The word of Eugenia Viteri is part of the literary field of the 1950s. In her work the meaning is noted for claiming the abject, the queer
(referring to the English adjective that translates as "weird", "strange"), what that society rejects and represses. In this space of exclusion,
the condition of the exiled is configured. In the first part, the subject of the queer in Ecuadorian literature is briefly introduced, an issue
which has been present for at least a century or so, which indicates the place that It has placed us as "such a conservative society." Then
the exiled figure is analyzed in relation to female homosexuality in A ninety miles, only (1969), where the idea of the failure of the utopia
of the “New World” that characterized the militant youth of the 1960s is emphasized. Finally, the queer childhood figurations are approa-
ched in the story Florencia (1977), where the parallelism between the figure of the exiled and that of the homosexual woman can be
seen.

Keywords: queer literature, exile, foreigners, childhood, homosexuality

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Textos y contextos Nº 19

Lo queer en la literatura ecuatoriana conjunto de autores y autoras ecuatorianos


que, durante el siglo XX y hasta la actuali-
Que la sociedad ecuatoriana es con- dad, han tratado este tema. En su investi-
servadora es un criterio que a menudo cir- gación marca un inicio con el cuento Un
cula en el ámbito académico, artístico y hombre muerto a puntapiés de Pablo Pa-
cultural del país, lo que sugiere pensar que lacio, publicado en 1926 en la Revista qui-
su literatura también lo es. Sin embargo, teña de vanguardia Hélice. Presenta así
cuando nos adentramos a explorar temas alrededor de 30 escritores que hasta el año
disidentes nos encontramos con algunas 2013 habrían problematizado esta temática
“novedades” (origen, momento fundante) desde la ficción.
que desdicen, en algún sentido, de aquel Entre los antologados figuran seis
lugar común en el que nosotros mismos mujeres1 (siempre son menos en número)
nos hemos posicionado al momento de va- que abordan la problemática de la homo-
lorar nuestra historia literaria. Hay un sexualidad en sus cuentos, y solo una de
tema tabú que desacraliza los significados ellas, Eugenia Viteri, lo hace específica-
sagrados (ortodoxos, doctrinales) y que mente con la homosexualidad femenina,
censura el sistema de “valores” de una so- temática que, si bien pertenece al campo de
ciedad conservadora: la homosexualidad. los estudios queer, adquiere su especifici-
La sociedad en general, no solamente la dad dentro de “el difícil juego, el cruce y la
ecuatoriana, se ha empeñado en ocultar, desestabilización de las identificaciones
excluir y “avergonzar” a un grupo social masculinas y femeninas de la homosexua-
minoritario conformado por los y las ho- lidad” (Buttler 2002, 336).
mosexuales, quienes condensan las carac- Sabemos que en una antología no
terísticas de lo impermisible, lo “vil”, lo están todos los que son; así, por citar un
“anormal” (cuerpos abyectos) de un orden ejemplo, señalo a Sonia Manzano Vela2
heterosexual hegemónico. quien también confronta el tema de la ho-
Si bien, la homosexualidad no ha mosexualidad femenina en su primera no-
sido un tema constante en la literatura vela Y no abras la ventana, todavía (1993),
ecuatoriana, este ha sido abordado, aunque posteriormente en su cuento “George”
de manera discontinua pero sí muy proble- (1999) y también en su “primera novela
mática, mucho antes de lo que se podría lesbiana”, Eses Fatales3 (2005), lo que
pensar en una sociedad conservadora permite pensar en esta temática como eje
como la ecuatoriana. El crítico Raúl Se- transversal de su producción. Así como su-
rrano Sánchez, en 2013, publicó una anto- cede con Sonia, es posible descubrir a otros
logía de cuentos, Cuerpo adentro. historias autores en cuya producción literaria se
desde el clóset, trabajo que presenta a un pueden leer otras formas de abordaje y de

1 Hago esta puntualización en relación con el análisis que puede derivarse en torno a la condición de la escritora en el país en el marco
del sistema patriarcal.
2 Me interesa puntualizar el nombre de esta autora porque mi trabajo de investigación comprende su producción narrativa.
3 Digo novela lesbiana en alusión a lo que Cristina Rosas (personaje), que figura a la mujer escritora en el proceso de escribir Eses Fatales,
manifiesta cuando se propone escribir su primera y quizá última novela lesbiana, y también porque la estructura de Eses Fatales gira
en torno al tema del lesbianismo. Cristina Rosas dice: “…: por fin he podido romper mi botella de champagne sobre la quilla balanceante
de mi primera, y quizá mi última, novela lesbiana” (Eses Fatales, p. 20)

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problematización de una temática que, tal liado junto a su esposo Pedro Jorge Vera4
como se colige del trabajo investigativo de y la trama se refiere a la vida de los exilia-
Raúl Serrano, ha estado presente en nues- dos cubanos y latinoamericanos en Miami.
tra literatura desde casi un siglo atrás. La figura del exiliado es amplia en la
Por lo anterior, me planteo hacer un obra. Los personajes discurren entre el re-
breve recorrido por la obra de Eugenia Vi- cuerdo de aquello que se ha perdido y la es-
teri, prominente representante de la litera- peranza por recuperar lo que les ha sido
tura escrita por mujeres en el Ecuador, arrebatado: el país de origen, los bienes, la
para señalar momentos de su narrativa en familia, la infancia, la persona amada. Los
los que la homosexualidad femenina hechos, que se desarrollan en Cuba y en
emerge, y para abordar dicho tema en re- Miami, se presentan en el contexto de la re-
lación con la figura del exiliado y las figu- volución cubana. El recuerdo de la infancia
raciones de infancia. y la condición del exiliado atraviesan el
drama de los personajes. Elisa, la protago-
nista, recuerda con nostalgia, una y otra
Exilio y homosexualidad en A noventa millas, vez, su infancia y el amor familiar que la ro-
solamente deaba en su añorada Cuba: se aferra a una
Patria que ya no existe pues en su país las
Lejos de ellos, con la barrera del inglés: cosas han cambiado: su comunidad y su fa-
unas cuantas frases conocidas en la escuela no re-
suelven el miedo que se hace hondo minuto a mi- milia, “su vida afable” ya no volverán a ser;
nuto. Inconscientes, perdidos, lejanos, sus labios se sin embargo, esa “comunidad” pervive en
encuentran murmurando: mother, father, mother, su recuerdo (señal de duelo como la impo-
father, mother, mother… mamaaá. sibilidad de aceptar una pérdida, de
Eugenia Viteri acuerdo a los postulados de Freud). Lejos
A noventa millas, solamente de su Patria, las barreras son muchas, prin-
cipalmente el lenguaje. El exiliado experi-
Los primeros indicios que encuentro menta el miedo y la desesperación porque
sobre la homosexualidad femenina en la “el exiliado es extranjero para su madre”
obra narrativa de Eugenia Viteri, están pre- (Kristeva 1991 13): “mother, father, mot-
sentes en su primera novela, A 90 millas, her, father, mother, mother… mamaaá”
solamente, publicada en 1969. En el sen- (Viteri 1969, 30). En la obra, la figura del
tido de la emergencia de su novelística se exiliado se presenta en paralelismo con la
encuentra la idea de origen, momento fun- del extranjero como “rabia oprimida en el
dante, que se asocia con la idea del naci- fondo de la garganta”, como la figura del
miento de una obra y por lo tanto con la odio y del otro que nos habita y que si lo re-
infancia. Además, se trata de una novela de conocemos en nosotros mismos “lograre-
exilio: Eugenia la escribe durante el tiempo mos no detestarlo en sí mismo”. (Kristeva
en que vive en Cuba donde se había exi- 1991, 9)

4 Vera constituye una figura prominente de la política y la cultura ecuatoriana, sin embargo, el aporte de su esposa ha sido prácticamente
invisibilizado en los círculos literarios del país.

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Extranjero: rabia oprimida en el —Como es cobardía no luchar por


fondo de mi garganta, ángel negro que entur- una transformación radical y necedad, mio-
bia la transparencia, trazo opaco, insondable. pía rechazar o temer al comunismo. La más
El extranjero figura del odio y del otro, no es alta expresión del proceso formidable de un
ni la víctima romántica de nuestra pereza fa- pensamiento, de una idea. Instalar entre los
miliar, ni el intruso responsable de todos los hombres la igualdad de derechos. Destruir al
males de la ciudad. Ni la revelación en mar- capitalismo, acabar con su estructura y esfor-
cha, ni el adversario inmediato que debe ser zarse por dar una nueva sociedad. Una socie-
eliminado para pacificar el grupo. Extraña- dad que esté de acuerdo a métodos y normas
mente, el extranjero nos habita: es la cara que determinan la naturaleza de las cosas, la
oculta de nuestra identidad, el espacio que existencia del hombre. (Viteri 1969, 178)
estropea nuestra morada, el tiempo que
arruina la comprensión y la simpatía. Si lo re-
conocemos en nosotros, lograremos no de- Ahora bien, en la novela se narra
testarlo en sí mismo. Y este síntoma una escena breve donde una “muchacha
convierte precisamente el “nosotros” en pro- exuberante, envuelta en sedas, cargada de
blemático, tal vez imposible: el extranjero joyas” (Viteri 1969, 174), que busca place-
empieza cuando surge la conciencia de mi di-
ferencia y termina cuando todos nos recono-
res y vanidades fuera de su aburrido ma-
cemos extranjeros, rebeldes ante los lazos y trimonio, propicia un encuentro amoroso
las comunidades. (Kristeva 1991, 9) con Elisa. Ambas mujeres representan fi-
guras opuestas de la “feminidad” estereo-
Al respecto, hay que señalar que A tipada de la época. Elisa es rebelde,
noventa millas, solamente es una novela trabajadora, abnegada. Proveniente de la
claramente política: Ricardo encarna los alta burguesía cubana y poseedora de un
valores ideológicos del comunismo5 que gran apellido, sobrevive en Miami como
se condensan en el llamado final: “PRO- una proletaria más (su padre, víctima del
LETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, régimen castrista, había tenido que exi-
UNÍOS” por “instalar entre los hombres liarse en los Estados Unidos). Elisa se
la igualdad de los derechos”, por “destruir enamora de Ricardo, militante comu-
el capitalismo” y por construir “un nuevo nista, y juntos abrazan los ideales de la re-
mundo”, donde el “hombre sea amigo del volución. La “muchacha exuberante”, la
hombre”. Ideología que, en el contexto so- homosexual, por su parte, es, al parecer,
cial y político de los años 60, fue absor- conformista, egoísta y ambiciosa. “Adve-
bida por una juventud militante que nediza y sin apellidos”, la homosexual no
pretendía luchar por “la Independencia tiene una identidad propia en la novela:
Económica de América Latina” (Viteri representa lo innombrable, lo queer, lo
1969, 183). que la sociedad y la literatura, durante

5 En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y antagonismos de clases surgirá una asociación en que el libre desen-
volvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos. (…) En suma, los comunistas apoyan en los diferentes
países todo movimiento revolucionario contra el estado de clase social y político existente. (…) En fin, los comunistas trabajan por la
unión y la cordialidad de los partidos democráticos de todos los países. (…) Proclaman abiertamente que sus propósitos no pueden ser
alcanzados sino por el derrumbamiento violento de todo el orden social tradicional. ¡Que las clases directoras tiemblen ante la idea de
una revolución comunista! Los proletarios no pueden perder más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo por ganar. ¡PROLE-
TARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS! (Marx y Engels 1847 89).

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mucho tiempo, han pretendido ocultar y Elisa, la protagonista, toma la pala-


excluir. Además, en la obra se señala que bra, narra su vida y la de quienes la ro-
la mujer homosexual había ascendido so- dean. Su protagonismo es activismo que,
cial y económicamente gracias a su be- enmarcado en la izquierda política, con-
lleza: énfasis en la objetividad del voca a la resistencia por “la Independen-
personaje en detrimento de su subjetivi- cia Económica de América Latina” (Viteri
dad. Se había instalado, junto a su esposo, 1969, 183). Hay que señalar que su lide-
en Miami donde disfrutaba de las como- razgo, aunque se presenta ensombrecido
didades, el esplendor y el “libertinaje” que por la figura de Ricardo, su novio intelec-
ofrecía la sociedad norteamericana de los tual que la inicia en los ideales revolucio-
años 1960. narios y a partir de cuya relación ella
toma consciencia política (Elisa pro-
—Elisa Leiva… vine a ti porque… me clama: “su lucha será mi lucha”), se vis-
gustas mucho y yo amo el amor, la variedad, lumbra como forma de legitimación de la
el placer, dime algo, pídeme lo que quieras,
puedo hacer mucho por ti… bueno, si tú me palabra y de la acción de la mujer en las
lo permites. luchas sociales de la época (lo que Nancy
Fraser llama feminismo insurgente en la
—¡No!
era de la socialdemocracia).
Elisa, en el fondo, eres peor que tu En ese contexto, se vislumbra la dis-
madre. (Viteri 1969, 193) puta de las mujeres en el espacio público
y su lucha por la emancipación y la justi-
En la constitución del personaje de cia social, así como por exponer las injus-
Elisa se reconoce el intento por desesta- ticias de género que afectaba
bilizar el androcentrismo de una sociedad principalmente a las mujeres, lo que
y de un sistema literario que había ex- queda claramente expuesto en la novela
cluido por mucho tiempo a la mujer. Eu- de Viteri. Sin embargo, en dicha lucha so-
genia Viteri, que anteriormente había cial, al parecer, no se visibilizaba todavía
publicado dos libros de cuentos (1955 y la lid emprendida por otros colectivos que
1962 respectivamente), con su primera tenían presencia dentro de esa minoría
novela forja su nombre en las letras ecua- representada por las mujeres, como los
torianas, aunque su obra ha sido invisibi- grupos de gays, de lesbianas, entre otros.
lizada incluso hasta la actualidad. Tal De ahí que la figura de la homosexual sea
como lo había hecho en sus narraciones incidental y accidental en la novela.
previas (cuentos), Eugenia confiere el Recordemos que en 19696, año en
protagonismo de la novela y la voz narra- que se publica la novela, es el tiempo
tiva al personaje femenino: un Yo que al- cuando surge, en Estados Unidos, el mo-
canza su autonomía y que recupera su vimiento gay y lésbico, cuya lucha conti-
dignidad. nuará durante las décadas siguientes, en

6 “El movimiento gay nace con los hechos acontecidos en New York el 28 de junio de 1969, cuando los clientes del bar Stonewall Inn del
Greenwich Village se enfrentaron a una de las periódicas redadas policiales que padecían. Dicho local era frecuentado por homosexuales,
bisexuales y transformistas. La reacción desembocó en tres días de enfrentamientos porque movilizó a muchos gays de la ciudad, hartos
de los escarnios y las persecuciones. Esta protesta fue recordada al año siguiente con marchas tanto en New York como en Los Ángeles
(https://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/inicio-movimiento-gay-estados-unidos/20160208124605125163.html).

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tono tardo y pausado hasta finales del su aspecto físico y su comportamiento so-
siglo, y con mayor ímpetu en la actuali- cial, lo que Elisa considera inmoral y
dad. Me interesa subrayar la idea de ori- hasta ofensivo. No se manifiesta la subje-
gen (la primera novela de Eugenia Viteri, tividad de la muchacha, aunque en el caso
el tiempo en que surge el movimiento gay de Elisa, dicha subjetividad de mujer ex-
y lésbico) porque son inicios que nos re- plotada por el sistema capitalista se ex-
miten a un pasado, un “otrora explica- tienda plenamente en la obra. Así, Elisa,
tivo”, pero que también nos consigna a un que ha sufrido el exilio y que ha tomado
presente, a los “modos de situarse en el conciencia política, se considera en mejor
presente” (Premat 2016, 14). Esto para re- condición que la mujer homosexual, a
conocer que la sociedad de 1969 no era la pesar de su situación de obrera, pues “es
sociedad de hoy y que, por lo tanto, la mejor lo peor si para estar bien abuso del
forma de entender el tema de la homose- dolor de quienes trabajan para que un
xualidad también ha cambiado junto con grupo goce, se divierta” (Viteri 1969, 173).
los procesos históricos de reivindicación Elisa no logra reconocer que la muchacha
de una moral, “la moral de lo minorita- homosexual, así como ella, también en-
rio”, tal como lo plantea Didier Eribon. carna la condición del exiliado.
Si bien, A noventa millas, solamente Frente a la figura del exiliado se ve
incorpora, aunque de manera incidental, la emergencia de “una comunidad para-
la figura de la mujer homosexual, esta es dójica formada por extranjeros que se
impugnada, tal como sucedía en el con- aceptan en la medida en que se reconocen
texto social y político de la década de los extranjeros para sí mismos” (Kristeva
60; de ahí, las periódicas redadas policia- 1991 238). Surge entonces una nueva in-
les que padecían los grupos de homose- dividualidad que, consciente de sus pro-
xuales en aquellos tiempos. Dicha pias pérdidas, se reconoce en el otro, en
impugnación se evidencia en el episodio el extranjero que lo habita.
donde Elisa rechaza la propuesta “indeco-
rosa” de la innombrable. Elisa, la hetero- La sociedad multinacional sería así
sexual que encarna los ideales del “Nuevo el resultado de un individualismo extre-
mado, pero consciente de sus ansiedades y
Mundo” donde “el hombre sea amigo del de sus límites, en que no se incluirán más
hombre” (Viteri 1969, 172), impugna de que irreductibles dispuestos a ayudarse en
manera rotunda (¡No!) a la mujer homo- su debilidad, una debilidad cuyo otro nom-
sexual o bisexual (dicha identidad no bre es nuestra radical extranjería. (Kristeva
queda clara en la novela). Además, Elisa 1991 238)
deja claro que la “muchacha exuberante”
encarna los defectos del ideal revoluciona-
Infancia queer en “Florencia”, cuento del
rio, por lo queda excluida del proyecto po-
lítico comunista: “Sus joyas, sus muslos amor lesbiano
igual los lucía en las playas de Miami como
en las de Varadero. Contaba su Cadillac, su Casi una década después de A no-
chequera, y su presencia deslizándose de venta millas solamente, en 1977, Eugenia
un lado para otro (Viteri 1969, 172). Viteri publica el cuento “Florencia”, que
En la descripción anterior se resalta forma parte de su tercer libro, Los zapa-
la exterioridad de la mujer homosexual, tos y los sueños, donde la figura de la ho-

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Textos y contextos Nº 19

mosexual se problematiza y su subjetivi- Cuando Isaura es increpada debido


dad se evidencia. El cuento inicia con la a su falta de religiosidad (y de la muerta)
escena de la muerte de Florencia (no se reacciona cual “fierecilla enjaulada dis-
conoce la causa ni las circunstancias de su puesta a atacar” (Viteri 1977, 52). Fiereci-
fallecimiento) y con la “labor sanitaria” lla enjaulada alude a la idea del infante
que emprenden los moradores para llevar raptado: es el momento cuando surge el
a cabo el funeral pues, al parecer, Floren- recuerdo. La memoria se traslada a una
cia ha muerto en el completo desamparo. infancia, a un origen: la infancia como
Pero, ¿limpiar qué? ¿Acaso lo que se con- “una postulación sobre la dimensión his-
sidera vil, sucio o impuro en esa sociedad tórico-transcendental del hombre” (Da-
conservadora como la ecuatoriana? Ade- niel Link citando a Agamben 1978, 74).
más, el relato resalta los utensilios que se Esa infancia que, dice Link, “es, al mismo
utilizaron para velar a la muerta: “una tiempo, la propia y la infancia de la huma-
banca desvencijada, dos taburetes rústi- nidad, perdida, y olvidada en la catástrofe
cos de allá. Un par de sillas enclenques no de una Historia congelada para siempre”
se sabe de dónde” (Viteri 1977 51). Parece (Link 2013, 3). Por eso, Isaura vuelve a
que lo “sucio”, lo “anormal”, lo “enclen- esa infancia perdida y esa inocencia olvi-
que” (eso que el orden social ha inscrito dada que ha tenido lugar en “Una playa
como sucio o anormal) es lo que se quiere despeinada, sucia, lejana y con rumores
reivindicar en la obra. misteriosos” (Viteri 1977, 53). Un lugar
Florencia ha muerto en el completo indefinido, sin nombre y sin tiempo, que
abandono (idea de deshumanidad y de nos habla “de ese jardín edénico y preba-
exilio) y solamente Isaura da cuenta del bélico, de esa vida prenatal invocada una
pasado de la muerta. Hay en el nombre de y otra vez para que retorne junto con el
Florencia (flor) el intento por descifrar tiempo” (Link 2013, 3). Espacio natural y
una feminidad singular del personaje, fe- despoblado: paraíso perdido que remite,
minidad que no responde al orden hete- indudablemente, a una infancia queer o a
rosexual cuya lógica exige “que la una homosexualidad cuyo inicio se re-
identificación y el deseo sean mutua- monta a un tiempo olvidado que se re-
mente excluyentes” porque “si uno se cuerda, en este caso, desde la condición
identifica como un determinado género, de una mujer homosexual adulta que
debe desear a alguien de un género dife- atraviesa una pérdida.
rente” (Butler 2002, 336). Por lo tanto, la
identidad de Florencia se presenta, a lo ¿Me oyes Florencia? Yo ni siquiera
largo del relato, siempre vedada (ha te- puedo verte. Hacerlo, dice la torpe de Pas-
nido un marido y cinco hijos que nunca cualina que sería pecado. La pobre sigue
tonta. Nació y morirá así. Pero te siento
aparecen en la historia, ni siquiera el día
cerca, Florencia, ¿será porque…? ¡Juntas
de su muerte; ha mantenido una relación éramos invencibles. Fuertes como la hierba
amorosa con Isaura y, sin embargo, no se que agita el viento, baña el polvo, humedece
sabe cuándo ni cómo; ha muerto y se des- la lluvia y — aunque la pisoteen todos —, se
conoce la causa) porque se trata de una mantiene cara al cielo. Como ella, (la hierba
que canta, la hierba que sueña) vivíamos
feminidad que se despliega hacia la ho- cerca del río, anhelando beber de su agua,
mosexualidad, que se desvía, que se sin- que lenta y acariciante baja en los veranos
gulariza. cálidos y rápida, muy rápida en los duros

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Lo innombrable: exilio e infancia queer…
Textos y contextos Nº 19

inviernos: su música fresca, su aliento ri- Pero la permanencia y la excepcio-


sueño. Inventábamos juegos, descubríamos nalidad de la infancia presuponen, paradó-
nidos de pájaros tristes, fatigados o enfer- jicamente, la ausencia: es una supervivencia
mos. ¡Cogíamos peces que luego preparába- soñada. Junto con la idealización, la repre-
mos en improvisados braseros, con los pies sentación de ese pasado fabuloso conlleva y
en el agua penetrada de misterio y nuestros justifica la nostalgia e inclusive la queja me-
cuerpos ardientes hundidos en la arena, co- lancólica; el objeto de un duelo (el Edén de
míamos felices! ¡Qué banquetes los nues- la infancia, el tiempo añorado de una Edad
tros! Carecíamos de todo, mas… teníamos de Oro, social o íntima) es, también un ho-
nuestros sueños y esperábamos… ¿un mila- rizonte de esperanza, siempre frustrada,
gro? ¡No! La culminación de esos sueños. siempre renovada, es la promesa de un goce
Dos hijos y una lancha. Te irías a pasear por anhelado o inalcanzable. (Premat 2016, 71)
ese viejo río cristalino y tierno, patriarcal y
sabio, junto a un capitán de ojos verdes. En paralelismo con los postulados
Florencia, creo que fueron esos malditos
de Premat, el recuerdo de Isaura alude a
ojos verdes… (Viteri 1977, 53)
un Edén idealizado. La naturaleza: el río,
Hasta esta parte del relato, no cono- el agua que acaricia, su música fresca, el
cemos qué tipo de relación han tenido las aliento risueño, el verano cálido; y la ino-
mujeres, lo que no se revelará sino hasta cencia: los juegos, las aventuras. Mas no
el final del cuento cuando Isaura, antes de es un Edén perfecto (se trata de una
“ir a despedirse de su muerta” (no le han playa sucia) debido a los pájaros tristes,
permitido verla), encuentra un retrato ol- fatigados o enfermos que lo habitan. Tres
vidado, con una inscripción definitoria: adjetivos que aluden también a la condi-
“Para el amor de mi vida, Isaura” (Viteri ción de los cuerpos abyectos “en el sen-
1977, 55). tido del ser humano que pierde su
En la cita anterior encuentro la in- humanidad y se ve relegado al estatus de
vocación a un pasado feliz que se ha per- paria con relación a los dominantes”
dido: la infancia, por lo que considero que (Eribon 2004, 69). En la idea de paria
la figura de la homosexual, en el cuento también está presente la subjetividad del
que se analiza, se presenta asociada a la exiliado. Los pájaros tristes y enfermos
sensación de la pérdida y del desamparo que las niñas encuentran en ese Edén re-
que sufren los personajes (condiciones presentan una realidad existente en la
del exilio) y que se muestra también en sociedad, que ha sido considerada por
paralelismo con la situación propia del in- parte del orden social como aquello que
fante cuando es excluido y rechazado contamina y que, por lo tanto, es recha-
(niño queer). zado: los “enfermos”, los y las homose-
En el cuento, la infancia alude a un xuales. Por eso, el cuento inicia con la
tiempo feliz que, aunque se ha ido, se re- tarea de limpieza que emprende la comu-
cuerda, es decir que permanece y que per- nidad a propósito de la muerte de Flo-
siste como goce inalcanzable (la amada ha rencia. Los pájaros tristes, fatigados o
muerto). A esta paradoja de la ausencia y enfermos son ellas, o son como ellas
la permanencia se refiere Julio Premat (imagen del animal junto a la figura del
cuando teoriza en la infancia como “punto homosexual), por eso Isaura, mientras
de observación privilegiado para identifi- recuerda, exclama: “Carecíamos de todo,
car modos de explicar el devenir del ser mas… teníamos nuestros sueños y espe-
humano” (2016, 69). rábamos…” (Viteri 1977, 53).

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Se trata del recuerdo de una infan- por eso anhela despedirse de su amada,
cia queer: dos niñas que se amaron y en aunque no se lo permiten (hay una creen-
cuya inocencia estaban desamparadas cia popular que considera pecado ver a un
(como la pareja edénica después de come- muerto fuera de su ataúd). Por lo tanto, la
ter pecado), pero siempre controladas por infancia que recuerda se presenta en pa-
el ojo de Dios (la religión), por eso Pas- ralelismo con la muerte. La infancia se ha
cualina acusa a Isaura y a Florencia por ido y el objeto de amor también, por eso
su falta de religiosidad. Una infancia que no hay esperanza ni hay futuro para Flo-
revela el devenir de la homosexualidad de rencia e Isaura.
los personajes y, por lo tanto, su condi- Hay un sigilo que se revela en el su-
ción de desamparo social. Aquí encuentro frimiento de Isaura cuando esta convoca
el paralelismo de la infancia queer con la la presencia de su amada y expresa su
sensación de pérdida que siente Isaura en desconcierto ante la imposibilidad de
varios momentos de la historia: cuando verla, lo que significa que el sentimiento
recuerda su infancia, cuando revive los entre Isaura y Florencia, que no se revela
sueños de ambas, cuando su amada sino hasta el final del cuento, ha sido un
muere, cuando no le permiten verla. Pa- amor velado, un amor clandestino; por
rece que la figura de la homosexual está eso, Isaura, aunque reclama, tiene que
siempre atravesada por la pérdida. conformarse con el dictamen social de la
En el cuento queda claro que, en prohibición: “Yo ni siquiera puedo verte”.
dicha infancia queer, las niñas se amaron Por lo tanto, la homosexualidad se pre-
inocentemente en la intimidad de un “no- senta, en el cuento, como la posibilidad de
sotras”: inventábamos, descubríamos, co- romper un orden social (las mujeres se
gíamos, comíamos. Verbos que aluden al amaron), pero en la clandestinidad, por-
descubrimiento de una sexualidad disi- que frente a los demás, Isaura no puede
dente: “…nuestros cuerpos ardientes hun- sino acatar la ley: la prohibición de ver a
didos en la arena” (53), indicios de una su amada muerta.
pasión. Verbos que sugieren también el Por otro lado, el adverbio de nega-
tiempo perdido de la infancia. Un tiempo ción “ni siquiera” connota la privación, la
compartido mutuamente, un “nosotras” ausencia, la pérdida (de la infancia y de la
que es posible y que constituye el mundo amada) y la inconformidad con la pér-
que las niñas habitaban se presenta siem- dida, por eso Isaura, cual fierecilla enjau-
pre misterioso, siempre apartado. Un lada (posición de infante), reclama:
mundo propio habitado solamente por
ellas (además de los pájaros), ya que en —Si Dios no es capaz de perdonar a
dicho recuerdo (tal vez inventado, talvez los desharrapados, a los muertos de ham-
bre, si Dios ignora la injusticia, la prepoten-
soñado) están ausentes los episodios fa- cia, ¿para qué sirve ese Dios que jamás
miliares tan característicos de la infancia: estará con nosotros porque es sólo de ellos?
las niñas queer estaban solas la una con (Viteri 1977, 52)
la otra, estaban desamparadas.
Florencia ha muerto (pérdida irre- ¿Quiénes son los desharrapados?
cuperable, objeto de amor inalcanzable) e En este caso, Isaura y Florencia son las
Isaura está consciente de que después de desharrapadas, las que no tienen perdón
la muerte no hay esperanza para su amor; de Dios (han contaminado el Edén), por

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Lo innombrable: exilio e infancia queer…
Textos y contextos Nº 19

eso el pronombre “nosotras” (inventába- heterosexual, como para Isaura que, aun-
mos, cogíamos, descubríamos) y el pro- que se rebela, también ve rotos sus sueños.
nombre “ellos” (los que cumplen con el
orden social, los “normales”), establecen Lo aprendimos demasiado tarde. La
ausencia de sueños endurece la vida, limita
esa distinción. Además, en el recuerdo de las ideas, contabiliza las horas, estrangula
la infancia, la figura de las mujeres se pre- los mejores pensamientos y quita fuego al
senta cual hierba agitada por el viento y corazón. Si uno pudiera guardar sus sueños
pisoteada por todos. Entonces se pro- o llevarlos siempre adelante como las pier-
nas, discípulas buenas, y los brazos, compa-
clama el amor que, aunque sea prohibido,
ñeros estupendos y la nariz que soporta
dignifica. Cuando las mujeres se amaron, desprecios y malas maneras sin mutarse
en ese tiempo que pertenece a un pasado por ello de sitio. (Viteri 1977, 54)
(a la infancia), ellas eran invencibles
“como la hierba que se mantiene cara al Después de recordar su infancia,
cielo” (postura de dignidad). Solo en el Isaura cuenta los desenlaces de la vida de
amor hay dignidad y hay esperanza. ambas mujeres. Florencia, la niña queer,
Isaura recuerda y expresa: “… tenía- optó por el destino que el orden social de-
mos nuestros sueños y esperábamos… para para la mujer y para el hombre, se
¿un milagro? ¡No! La culminación de esos casó (pero no con el capitán de ojos ver-
sueños”. Los sueños están presentes en des), tuvo cinco hijos (“escuálidos, hara-
ese pasado que se evoca, pero se trata de pientos, que la ataban a una piedra”), y
sueños frustrados. Premat reconoce tam- vivió siempre sumida en la miseria y la
bién, en el tiempo perdido de la infancia, desgracia. Miseria que significa haber re-
un “horizonte de esperanza, siempre frus- nunciado a los sueños por el temor o por
trada, siempre renovada” (2016, 71). Sue- la “vergüenza”, que figura situarse fuera
ños frustrados que se presentan en de “un orden social y sexual que impone
relación con la realidad que vive el o la su validez y su legitimidad a todos, in-
homosexual. Cuando Isaura se refiere a cluso a aquellos a los que atribuye en él
los sueños rotos de la infancia se produce un lugar negativo” (Eribon 2004, 87).
un quiebre del “nosotras”, una separa-
A cuatro sucres las doce piezas gran-
ción, una despedida, que es también una
des. Tres por cada sábana y a uno cin-
pérdida. cuenta, la docena de ropa menuda, alquiler
y comida no eran factibles; por lo que repe-
Dos hijos y una lancha. Te irías a pa- tíanse con demasiada frecuencia las coladas
sear por ese viejo río cristalino y tierno, pa- de sal: agua y harina. Nunca el placer de un
triarcal y sabio, junto a un capitán de ojos trozo de carne asada con ajo y pimienta o
verdes. Florencia, creo que fueron esos mal- tan siquiera un poco de arroz con manteca.
ditos ojos verdes… (Viteri 1977, 53) ¡Habría sido mucho pedir! El marido vivía
cansado de esa odiosa responsabilidad de
El condicional imperfecto (irías) ex- los hijos que comen y exigen más y más. Por
fin una lancha se llevó los ojos que por no
presa un futuro (el sueño de Florencia) en ser verdes, Florencia no quiso amarlos. (Vi-
relación con un hecho pasado que re- teri 1977, 54)
cuerda Isaura: Florencia soñaba con dos
hijos, una lancha y un marido de ojos ver- Isaura, por su parte, tampoco vivió
des. Esperanza frustrada, sueño perdido la realización de sus sueños. En oposición
tanto para Florencia, que acata la norma a Florencia, ella no soñó con el matrimo-

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nio ni con los hijos, no se resignó al orden cuando eran jóvenes, de ahí la inscripción
social, ni cumplió con el destino conce- en el reverso del retrato de “una mujer
bido para la mujer. Desde niña había de- joven sonriente” que revela la consuma-
seado cantar “en el coro de la iglesia, en ción de ese amor de infancia: “Para el
la playa, frente al río, en las fiestas pue- amor de mi vida, Isaura” (Viteri 1977, 55).
blerinas” (53) y se hizo cantante; persi- Y en seguida el desenlace del cuento:
guió su sueño, aunque por su condición
social, no pudo triunfar en el medio artís- ¡Eran otros tiempos, querida,
tico. La vocación artística de Isaura es cuánto nos amábamos! Y sin embargo, te
marchaste con ese que ni siquiera tenía los
sensibilidad humana frente a la vida y al ojos verdes que tú anhelabas. No te impor-
perverso mundo en el que ha tenido que taron mis besos ni las canciones que
vivir. aprendí para ti. ¡Todo lo cambiaste por un
pecho viril, ah, mujeres, mujeres, corriendo
No había hora, sitio, lugar donde yo siempre tras los hombres! (Viteri 1977, 85)
no quisiera cantar y canté porque me sentía
rodeada de música, de ritmo y hasta de los
ruidos cotidianos —el llanto de un niño, el
Otros tiempos: “prehistoria de la
vuelo de un ave, el motor de una lancha, el humanidad”, tiempo prebabélico, “lo que
canto del gallo, el ruido de una chicharra— está antes del lenguaje”, antes de la ley,
, encontraba música. ¡Me hice cantante! Sin del orden social, cuando “no había teatri-
educación musical tuve que sembrarme en
llos del yo y el arte se limitaba al rumor de
una radio oscura. Entre locutores grises,
guitarristas ebrios y anunciantes cicateros, los insectos, las bandadas de pájaros, la
dejé mis sueños de niña e hice mi vida de canción de la tierra” (Link 2013, 5).
mujer” (Viteri 1977, 54). Mundo que Isaura evoca en canciones
aprendidas para su amada. Tiempo feliz y
En la vida de ambas se evidencia la añorado que se rompe con la llegada de la
situación precaria (económica y social) ley, con el acatamiento del precepto: “te
que las rodeó desde niñas (eran campe- marchaste con ese que ni siquiera tenía
sinas pobres), lo que resulta determi- los ojos verdes que tú anhelabas”. Y al
nante para su vida adulta. Las dos final la sentencia: “…mujeres, mujeres,
mujeres tienen que hacer grandes esfuer- corriendo siempre tras los hombres!
zos para subsistir en un mundo que las Se reconoce, en este cuento, el obje-
excluye no solo por su condición social tivo por desestabilizar los binarismos que
(Isaura no puede sobresalir en el mundo han sustentado el orden heterosexual he-
artístico) sino también por su deseo se- gemónico. Después de “Florencia”, en
xual. Discriminación por partida triple: 1983, Eugenia Viteri publica su última no-
por ser mujeres, por ser pobres y por ser vela, Las alcobas negras (1983), donde vi-
homosexuales (tema que bien podría dar sibiliza y problematiza, una vez más, la
lugar a un nuevo estudio sobre el figura de la homosexual y también del ho-
cuento). mosexual. En dicha obra, las homosexua-
En el relato no se narra cómo vivie- lidades se presentan en relación con la
ron su amor Florencia y Rosaura (quizá infancia, con la condición del exiliado y,
debido a lo conservador de nuestra litera- de manera latente, con la irrupción del
tura); sin embargo, hay indicios de que las lenguaje poético; sin embargo, ese análisis
mujeres tuvieron una relación amorosa será motivo de un próximo trabajo.

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Lo innombrable: exilio e infancia queer…
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BIBLIOGRAFÍA

Butler, Judith. Cuerpos que importan, Barcelona: Paidós, 2002.


Eribon, Didier. Una moral de lo minoritario, Barcelona: Anagrama, 2004.
Fraser, Fraser. Fortunas del feminismo, Quito: Instituto de Altos estudios nacionales, 2015.
Kristeva, Julia. Extranjeros para nosotros mismos, Barcelona: Plaza y Janes, 1991.
Link, Daniel. “La infancia como falta”, Journee d´estudes “Rècit d´enfance, rècit des origines” organizado por la Université
Paris Ouest Nanterre La Défense, 2013.
Premat, Julio. Érase esta vez. Relatos de comienzos, Buenos Aires: Edutref, 2016.
Viteri, Eugenia. A noventa millas solamente, Quito, Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana., 1969.
_____________. “Florencia”, Los Zapatos y los sueños, Quito, Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1977.

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