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El PRINCIPITO

(ENSAYO)

PSIC. MARIA FERNANDA


CABRERA MENDOZA
INTRODUCCIÓN

El principito es uno de los libros clásicos y recomendados para leer durante la


infancia, es muy bonito e interesante para adentrarse a la lectura, me doy cuenta que el leerlo
en la adultez es maravilloso porque se logran entender mejor las metáforas profundas sobre
la vida y el desarrollo humano. Si nos encontramos en un momento de nuestra vida de
confusión este libro te hace reencontrarte con tu niño interior y te ayuda mucho a reflexionar.

Las temáticas que se tocan en el libro son con referencia a la importancia de nuestra
niñez, además de reflexionar las diferentes perspectivas que tienen los adultos y los niños, la
nostalgia de la infancia, el paso del tiempo, y valorar las cosas simples como cuando éramos
niños. Asimismo otro punto que recalca los primeros capítulos es el no olvidar quienes
fuimos durante nuestra infancia para continuar avanzando hacia nuestra edad adulta, y no
perder el camino, valorar el amor, la amistad y el tiempo. Para el desarrollo de este ensayo
solo se utilizaran cuatro capítulos.
Es el Principito quien habla de la disciplina que hay que tener para mantener a los
baobabs en el capítulo cinco que es para mí uno de los capítulos más significativos porque
me da una gran lección. La disciplina diaria que debemos tener, esta capacidad de poder
autoevaluarnos y como menciona el libro que (Saint-Exupéry, 1943) “si se trata de una planta
mala, hace falta arrancarla tan pronto como se haya podido reconocer” (p. 31). Para mi hace
referencia a los malos hábitos que conforme crecemos agregamos a nuestra vida, creyendo
que nos ayudaran ser buenos adultos para encajar en la sociedad actual, por ejemplo culpar
constantemente a otros, buscar el reconocimiento diario, la necesidad de admiración, vivir
lamentándose como víctimas por el pasado, ser perezosos, seguir una rutina que no queremos,
dejar todo para después, olvidar ser auténticos y creativos, para mi estos son algunos de los
malos hábitos que el adulto toma en su vida y así pierde el rumbo.

Olvidamos que cuando te quieres a ti mismo eres seguro, consecuente, coherente


ya que piensas, sientes y actúas para los mismos lados defendiendo así tus derechos,
marcando limites a lo que no nos gusta ni nos hace bien a nuestra vida, no ser conformistas,
no perder la fuerza de voluntad y la superación humana, es necesario todas las mañana
levantarnos y como dice el principito (Saint-Exupéry, 1943) “hay que obligarse regularmente
a arrancar los baobabs desde que se les distingue de los rosales” (p. 31). Haciendo así
narración del siguiente capítulo en el cual tomamos una pausa, reflexionar como se encuentra
nuestra vida y si es lo que nuestro niño interior estaría orgulloso de nosotros.

El capítulo siete nos hace ver como a veces el adulto no comprende al niño, se
observa cuando el principito pregunta al aviador sobre las espinas de las flores, pero él se
encuentra tan inmerso en sus pensamientos y problemas que le contesta de una forma rápida
sin reflexionar la respuesta, este capítulo me hace recordar la importancia de los
pensamientos e ideas que tienen los niños y a veces los adultos ignoramos, creyendo que son
tonterías y preguntas sin sentido, las personas que estamos en constante contacto con niños
somos los que más debemos valorar los dibujos, platicas, comentarios, juguetes lo que para
ellos sea especial en cada etapa, dejando a un lado nuestros problemas personales para
solucionar después y en ese momento atender las necesidades de expresión de los infantes.
Otro de mis capítulos favoritos es el diez cuando nuestro querido principito visita
el planeta donde vive el rey, dejándome tres aprendizajes, el primero es que nadie tiene la
autoridad sobre nuestras vidas, por muy rey que sea, la última voluntad de hacer o no hacer
algo es cosa de uno mismo, considero que en la edad adulta muchos nos olvidamos y solo
obedecemos sin preguntarnos a nosotros mismos si es lo que queremos en nuestra vida, la
segunda es cuando el rey contesta “es preciso exigir a cada uno lo que cada uno pueda dar”
es necesario que entendamos que no podemos frustrarnos, enojarnos ni pelear con las
personas, cada quien dará lo que pueda dar y no está sobre nuestro control el exigirles más,
por ultimo una vez más citando al rey (Saint-Exupéry, 1943) “es más difícil juzgarse a uno
mismo que juzgar a otro” (p. 46). Es preciso no pasar nuestra vida juzgando y criticando a
los demás, si no autoevaluarse y crearse metas personales.

Para finalizar, el capítulo veintiuno nos narra sobre la importancia de la amistad,


para darle color emoción y alegría a nuestra vida es necesario reforzar en la adultez los lazos
de amistad, observemos como los niños socializan y juegan sin ningún temor, sin rencor, ni
sentimientos de venganza, al contario ponen en práctica el perdón y la confianza, en
ocasiones nos preocupamos más por cosas materiales, el exceso del trabajo, éxito profesional
y se nos olvida que (Saint-Exupéry, 1943) “lo esencial es invisible para los ojos” (p. 73). El
amor, la amistad, respeto, felicidad entre otras cosas que podemos sentir y son las más
esenciales para nuestro desarrollo humano.
CONCLUSIÓN

Mi conclusión se basa en los últimos 2 capítulos del libro, el penúltimo capítulo simbolizando
el fin de la niñez, que da paso a la adultez y el ultimo capitulo dándonos esperanzas porque
si es posible rescatar dentro de cada uno de nosotros el alma de niño que alguna vez habito
en nuestro cuerpo, siempre llevar con nosotros a ese niño que fuimos no olvidemos que
aunque ese niño ya creció sigue teniendo la necesidad de ser feliz y libre no nos limitemos,
ni lo olvidemos.
REFERENCIA

Saint-Exupéry, Antoine de, El Principito, Editorial Porrúa, Av. República Argentina


15 S.A. México, 2015.

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