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UNIVERSIDAD AUTONOMA METROPOLITANA

Prof. Beatriz Grajeda Ramírez


Modulo VI: Desarrollo y Socialización II
Estrada Sarti María Abirella

Grupo: 01

La Adolescencia Normal
Resumen

La adolescencia ha sido estudiada por innumerables autores desde distintos enfoques,


tanto desde la psicología como hasta la sociología o la antropología. Todos poniendo
un especial énfasis en el estado crítico que implica su metamorfosis. Desde el enfoque
sociológico puede ser negada ¿Quiénes son los que verdaderamente está en crisis?
Se podría decir que todo está en crisis y que la de la adolescencia es mera proyección.
Sin embargo, bajo el enfoque psicoanalítico -en sus distintas vertientes- se habla de
una verdadera crisis. En términos de Erickson, en el sentido de que dentro del cuerpo
cambiante como dentro de la psique se vive una verdadera revolución que busca
acomodarse a sí mismo, su mundo interno, como al externo.

Ahora bien, dado que la crisis es algo completamente identificado dentro del proceso
adolescente, debe de ser normal -en el sentido de normalizar-, comenzando por el
hecho de que como lo planteaba Anna Freud, los linderos de la normalidad son
borrosos. Esta es la apuesta de Aberastury.

La adolescencia es entendida desde términos psicobiosociales, dado que son estas


tres dimensiones las que se implican en el proceso. En principio, referirse a la pubertad
es hablar de cambios físicos que desembocan en la maduración sexual; aunado a
esto, el esquema corporal es una resultante intrapsícquica de la realidad del sujeto, es
decir, es la representación mental que el sujeto tiene de su propio cuerpo como
consecuencia de sus experiencias y de su continua evolución (pág. 49), quedando
también implícita la dimensión social y psíquica de la adolescencia.

Estas tres dimensiones remiten al duelo por su perdida. Perdida de la infantilidad del
cuerpo, identidad, rol frente al mundo -sus padres-, y su posición bisexual. La
necesidad de elaborar estos duelos conlleva normalmente a manejos psicopáticos, sin
embargo, la elaboración incompleta o su no elaboración conducirá a fijaciones,
exageraciones o irreductibilidad de estos procesos fácilmente identificables en la
conducta psicopática.
Es por eso que se dice que la adolescencia en sí misma es semipatológica1. Es lo que
denomina la autora como “síndrome normal de la adolescencia”.

El duelo del adolescente trae consigo el de los padres, quienes comienzan a


experimentar las nociones de envejecimiento y muerte, así mismo comienzan a
enfrentarse ante una relación de ambivalencias y criticas con sus hijos. Tal situación, la
que no comprenden, trae el rechazo enmascarado de dinero y excesiva libertad,
entendido por los adolescentes como abandono; y es que, los adolescentes sufren una
crisis de susceptibilidad y celos, exigen y necesitan vigilancia y dependencia, pero sin
ellas surge el rechazo al contacto con los padres y la necesidad de huir de ellos (pág.
25). Situación que dificulta la labor de duelo en la que son necesario varios ensayos de

La sintomatología que conforma el síndrome normal de la adolescencia es: 1)


búsqueda de sí mismo y de la identidad; 2) tendencia grupal; 3) necesidad de
intelectualizar y fantasear; 4) crisis religiosa; 5) desubicación temporal; 6) evolución
sexual manifiesta; 7) actitud reivindicatoria; 8) contradicciones sucesivas en las
manifestaciones de la conducta; 9) separación progresiva de los padres y 10)
constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo (pág. 44)

Todas estas características fungen también como mecanismos de defensa frente a los
duelos anteriormente mencionados. A continuación se desarrollará cada uno.

1) Búsqueda de sí mismo y de la identidad

El adolescente está buscando una identidad y definiendo su personalidad para poder


insertarse en el mundo social adulto.

La identidad funge como defensa de manejo de ansiedades persecutorias y las


capacidades autodestructivas que obligan a la fragmentación del yo y los objetos con
los cuales esta se pone en contacto, así mismo, replegarse en la intelectualización y la
fantasía de proyectarse a futuro, también representan un mecanismo de defensa ante
el mundo exterior, con un aumento paralelo de la omnipresencia narcisista y de la
sensación de prescindencia de lo externo.

Esta avidez por la adquisición de una identidad puede conducir a la adquisición de


ideologías defensivas tomadas en préstamo y no auténticamente incorporadas al yo.
Es decir, el adolescente puede adoptar identidades transitorias –las adoptadas un
cierto periodo de tiempo-, ocasionales –que se dan frente a situaciones nuevas- y las
circunstanciales, las que conducen a identificaciones parciales transitorias.

1
La patología es siempre la expresión del conflicto del individuo con la realidad, sea través del interjuego de sus
estructuras psíquicas o del manejo de las mismas frente al mundo exterior (pág.12)
El autoconcepto –en un sentido no-psicoanalítico- es lo que se va desarrollando a
medida que el sujeto va cambiando y se va integrando con las concepciones que el
ambiente social tiene de él, así mismo va asimilando los valores que lo construyen, de
esta manera, paralelamente se va construyendo el sentimiento de identidad como
experiencia de autoconocimiento. He ahí donde radica el problema, según Erickson, de
mantener una mismisidad frente la asimilación tanto de rasgos sociales e individuales
metamórficos.

La identificación, llamada negativa, así como la identificación colectiva se presentan


como favorables en la búsqueda de la identidad, es decir, ambos son mecanismos de
defensa ante el duelo de rol e identidad frente al mundo. La primera parte del supuesto
de que, es preferible una identificación de este tipo, real, a no ser nada. Esto constituye
una de las base de las pandillas de delincuentes, grupos homosexuales, etc.

2) Tendencia grupal

Este fenómeno es trascendental dado que se transfiere al grupo gran parte de la


dependencia que anteriormente mantenía la estructura familiar. Se trata de un
mecanismo del tipo esquizoide que hace que el individuo sienta que están ocurriendo
procesos de cambio, en los cuales él no participa de forma activa. El grupo viene a
solucionar gran parte de los conflictos.

3) Necesidad de intelectualizar y fantasear

Enfrentar con los duelos significa también enfrentarse con la frustración y la impotencia
frente a la realidad externa. Obliga al adolescente a recurrir a la fantasía para
compensar las pérdidas inevitables por las que está pasando.

La intelectualización y el ascetismo son manifestaciones defensivas típicas, ésta última


cumple la función de mantener al ello dentro de ciertos límites por medio de la
prohibición. La primera consiste en ligar fenómenos instintivos a contenidos ideativos y
hacer así accesible a la consciencia y fáciles de controlar. El uso de estos mecanismos
funge como una especie de reajuste emocional, un autismo positivo.

4) Crisis religiosa

Intrínsecamente a una creencia fervorosa o al ateísmo exacerbado se encuentra la


situación fluctuante del mundo interno. Son intentos de solucionar la angustia que vive
el yo en busca de identificaciones positivas y el enfrentamiento con el fenómeno de la
muerte definitiva de parte de su yo corporal. Además, se comienza a enfrentar la
separación definitiva de los padres y también la aceptación de la posible muerte de los
mismos.
Con la identificación proyectiva religiosa, es decir muy idealizada, el adolescente
asegura tanto la continuidad de su existencia y la de sus padres infantiles.

La construcción definitiva de una ideología, así como de valores éticos o morales, es


preciso que el individuo pase pro algunas idealizaciones persecutorias, que las
abandone por objetos idealizados egocéntricos para luego sufrir un proceso de des
idealización que permita construir nuevas y verdaderas ideologías (pág. 68)

5) Desubicación temporal

La desubicación temporal es un intento de controlar el tiempo. Al romperse el equilibrio


logrado durante la latencia, predomina por momentos en el adolescente la parte
psicótica de la personalidad, pues las modificaciones biológicas y el crecimiento
corporales, son vividas como un fenómeno psicótico y psicotizante en el cuerpo.

En el manejo de la temporalidad del adolescente, se expresa su ambigüedad,


relacionada entonces con la parte psicótica de su personalidad. El tiempo que maneja
el adolescente es el tiempo de sí, es decir, un tiempo vivencial. Se trata de aceptar el
pasado: la pérdida de la niñez.

6) Evolución sexual manifiesta

En la evolución del autoerotismo a la heterosexualidad que se observa en el


adolescente, se puede describir un oscilar permanente entre la actividad del tipo
masturbatorio y los comienzos del ejercicio genital […] donde hay más un contacto
exploratorio y preparatorio, que la verdadera genitalidad procreativa, que solo se da,
con la correspondiente capacidad de asumir el rol parental, recién en la adultez (pág.
75).

El enamoramiento se experimenta como sustituto parental al que el adolescente se


vincula con fantasías edípica. Al elaborar el duelo por el cuerpo infantil perdido que
también que también significa la elaboración del duelo por el sexo opuesto perdido
(pág. 76). La aceptación de la genitalidad impuesta surge por la innegable de aceptar la
menstruación o la aparición del semen.

Dentro de este proceso las figuras del padre y la madre son esenciales. La ausencia de
la figura del padre será lo que determine la fijación hacia la madre y por lo tanto la
homosexualidad el hombre y la mujer. En la adolescencia se revive el triangulo edípico
porque como la instrumentalización de la genitalidad se hace presente, el individuo se
ve obligado a levantar mecanismos de defensa.

La sexualidad irrumpe con fuerza en el individuo, lo que impide que sea vivida como
una expresión de sí mismo, separada de su personalidad mediante un mecanismo
esquizoide que separa al cuerpo de sí mismo. Es la negación de la genitalidad, se trata
de recuperar la bisexualidad mediante la masturbación.

7) Actitud reivindicatoria.

De la mano a la tendencia grupal, la sociedad es la que se hace cargo del conflicto


edípico y tiene a imponer su solución, a veces de una manera muy cruel, la que ya
refleja una situación de ambivalencia dual entre adolescentes y padres.

El adulto proyecta en el joven su propia incapacidad para controlar lo que está


ocurriendo a nivel sociopolítico. Ante imagen tan frustrante, las defensas
(intelectualizaciones, fantasías conscientes, el yo grupal) hacen que se transformen en
acción social.

8) Contradicciones sucesivas en las manifestaciones de la conducta.

La conducta del adolescente está determinada por la acción, solo el mentalmente


enfermo puede mostrar rigidez en su conducta, de hecho, en el adolescente con
indicios de normalidad la labilidad de sus organizaciones defensivas es una
característica imperante.

9) Separación progresiva de los padres.

La aparición de la capacidad efectora de la genitalidad impone la separación de los


padres y reactiva los aspectos genitales que se habían iniciado con la fase genital
previa (pág. 97), la angustia con que se maneje la separación dependerá de cómo se
realizó y elaboró dicha fase, además de las experiencias anteriores y ulteriores y la
actual de la propia adolescencia (pág. 98)

10) Constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo.

Son comunes en los adolescentes los cambios de humor debidos a la intensidad y


frecuencia de los procesos de introyección y proyección.

“La adolescencia normal” es un titulo irónico, para la obra de Aberastury y Knobel. La


labilidad con la que se erigen los límites de la normalidad en la adolescencia no
permite hablar de tal cosa.

Después de ver cuán endeble son los límites de la normalidad, solo queda decir que la
adolescencia guarda una completa lógica respecto de su crisis, porque después de
todo durante esa etapa se vive una completa revolución en la psique que busca
adaptarse a su cuerpo y a una sociedad cambiante. La crisis de la adolescencia es
normal, si a lo que respecta es a sus lábiles límites con la patología, sus confines son
tan borrosos como el de cualquier sujeto adulto.
Bibliografía
Aberastury, A., & Knobel, M. (1987). La adolescencia normal. Un enfoque psicoanalítico . México:
Paidós Educador.