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SU MARIDO POR CONVENIENCIA

J.L. LANGLEY
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 2
J.L. LANGLEY

CREDITOS

TRADUCTORA: ZAMORITA28

Queda prohibida la distribución de esta traducción sin la aprobación


expresa del grupo de Traducciones Ganimedes, además esta obra es de
contenido homoerótico, es decir tiene escenas sexuales explicitas
hombre/hombre, si te molesta este tema no lo leas, además que su
contenido no es apto para cardiacos.
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J.L. LANGLEY

RESUMEN

¿Un acuerdo temporal?. No apuestes el rancho en el........amor.

A la tierna edad de siete años, Micah Jimenez quedó huérfano perdiéndolo


todo, pero tuvo suerte. La familia Delaney le abrió su corazón, su hogar y lo trató
como a uno de los suyos. Sobre todo un Delaney en particular, éste se convirtió en
más que un hermano para Micah.

El guapo y protector Tucker es el hombre a quien Micah deseaba darle todo


su amor. Pero después de una noche de pasión, Tucker lo rechazó y salió disparado
rumbo a Dallas para perseguir sus sueños, dejando a Micah recogiendo uno a uno
los pedazos rotos de su corazón y sintiéndose como un completo idiota.

La inminente muerte del patriarca Delaney trae de vuelta a sus vidas y al


rancho a un desagradable pariente, quien amenaza a Micah y a su querida familia
adoptiva. Van a necesitarse de todas las manos posibles en la lucha para impedir
que el racho "The Bar D" les sea arrebatado -incluyendo las manos de Tucker-.
Micah haciéndose el hombre de acero convence al hombre que nunca pudo olvidar
para que vuelva a casa.

Para su gran sorpresa, es Tucker quien encuentra la solución perfecta: un


matrimonio por conveniencia. A Micah, su estomago le dice que a Tucker solamente
lo motiva la salvación del rancho. Ahora solo tiene que convencer a su frágil
corazón.
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CAPITULO UNO

Bong1.

Micah parpadeó y abrió los ojos, se quedó mirando como las motas de polvo
flotaban por la cascada de luz del sol mañanero, que se filtraba por las puertas
francesas que se encontraban cerradas. Un gallo cantó y un ternero llamó a su
mamá. La puerta de un auto se cerró y el piso crujió. ¿Había algo más bello que
despertar así?. Esperen. ¿Las puertas francesas?. No tenía puertas francesas en su
habitación.

Bong.

Ah mierda. Se había quedado dormido en la oficina de nuevo. De pronto, su


cuerpo pareció reconocer lo que su cerebro había acabado de descubrir, disparando
un dolor agudo a lo largo de su espina hasta instalarse en la zona lumbar. —¡Ugh!.
—Micah plantó una mano sobre el escritorio e intentó alisar con la otra mano la
marca que había dejado en su cara la madera de roble pulido, pero algo resbaló. Oh
qué hermosa baba. Debía de estar más cansado de lo que pensaba.

Después de ponerse en píe, bostezó, se estiró y limpió la mano en sus


vaqueros. Su espalda crujía parecía que iba a reventar. Ouch. Dormir en una silla
durante toda la noche era como chupar las grandes y peludas bolas de un burro.

Bong.

Micah gruñó y miró el monitor. Había un correo electrónico de Duncan


Delany. Genial, eso era todo lo que él necesitaba para comenzar el día. No había
encontrado aún la solución para poder pagar la cuenta en la tienda de suministros y
he aquí el hijo mayor de Ferguson fastidiándolo sobre los asuntos del rancho
nuevamente. —¡Cabrón!. —El hijo de puta ni siquiera tuvo la decencia de esperar
hasta que su padre muriera, para tratar de joder al resto de la familia por su
herencia. ¿Cómo puede la gente ser tan cruel?. Una muerte en la familia realmente
puede sacar lo peor de la gente.

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N.T. Este sonido es debido a un reloj antiguo el cual emitía campanadas a ciertas horas.
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Colocándose de nuevo sus gafas, abrió el correo electrónico. Era breve y


dulce.

Micah:

Espero que puedas entregarme los libros de la hacienda antes de que empiece
la semana que viene, o voy a involucrar a mi abogado en esto. No tienes nuestra
sangre y esto no te concierne. Quiero conocer todo lo concerniente al negocio antes
de que mi padre se haya ido. Estoy seguro de que voy a tener que arreglar todo el lío
que hizo mi padre cuando ya no fue capaz de manejarlo todo.

Duncan

—Sobre mi cadáver, pendejo2. —Micah odiaba a la gente que trataba de


intimidar a aquellos con menos dinero o importancia. Haría todo lo posible para
evitar que sus seres queridos perdieran su herencia, como si estuviera perdiendo su
propia herencia. Duncan no sabía acerca de la lealtad familiar o el manejo de un
rancho. De ninguna endemoniada manera Ferguson le dejaría el rancho a él, en
varias ocasiones se lo había dicho a Micah. No sabía en realidad quién iba a heredar
el rancho, pero Ferguson había insinuado que sería su hijo menor, Jeff, o uno de sus
dos nietos.

Después de arrastrar la nota a su carpeta personal, Micah cerró el programa


de correo electrónico. En la pantalla quedó la fila de números rojos en los que había
estado trabajando la noche anterior. La sensación de náuseas que había tenido
durante los últimos dos meses estalló a todo fulgor. ¿Duncan quería saber todo lo
concerniente al negocio? ¿Creía sinceramente que Ferguson le dejaría el rancho a
él?.

Duncan había huido fuera de Texas hacía más de veinticinco años con la
esposa de su hermano menor y nunca miró hacia atrás.

Aplastado por la ira, Micah volvió a mirar a la pantalla. No importaba cuántas


veces añadiera algo a los números, estos continuaban dando negativo. ¿Qué era lo
que iba a hacer?.

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Esto es una alerta de la traductora, Micah es de habla hispana por eso cuando exprese alguna palabra en
español la pondré en cursiva.
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Se recostó en la silla que había empezado a considerar como suya desde que
había asumido el puesto de Ferguson hacía ya dos meses y sintió un tirón de dolor
en su estomago. ¿Dónde había dejado los Tums?3. -Dios, por favor no dejes que
desista- rogó en silencio.

La puerta del despacho se abrió y AJ asomó su rubia cabeza. Su mirada la fijó


sobre Micah, acto seguido, gritó por encima de su hombro. —¡Él está en la oficina!.

—Soplón. —murmuró Micah. Lo último que necesitaba en este momento era


que Jeff o el Tío le dieran un sermón acerca de lo mucho que estaba trabajando otra
vez. Como si todo el mundo no estuviera últimamente partiéndose el culo
trabajando.

Sacando la lengua, AJ abrió la puerta por completo y hundió sus hombros un


poco. —Te pillé. ¿Has dormido aquí otra vez?.

Micah hizo una mueca. —Café, necesito café. —Primero su café y unas Tums,
entonces él vería lo que podía hacer con las cuentas antes de empezar con sus
tareas diarias.

—¡Que le traigan un poco de café!. —AJ gritó hacia la puerta y se dejó caer en
una de las sillas frente al escritorio.

—El abuelo volvió a preguntar por Tucker y Duncan esta mañana. También
preguntó por ti. Quiere que vayas a verlo más tarde, cuando tengas oportunidad. —
AJ se quedó en silencio por un momento. Cuando volvió a hablar lo hizo de forma
más tranquila y triste. —No se ve bien. El doctor dijo que no había nada más que
hacer, no cree que logre pasar la semana.

—Maldita sea. —El dolor en el estómago de Micah se intensificó. Agarrando


con fuerza su abdomen, se echó hacia atrás y cerró los ojos.

Manteniendo los parpados cerrados, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero las
contuvo. Era un traidor. Ferguson Delany hace catorce años lo había recibido en
“The Bar D”4 con los brazos abiertos, cuando sus padres murieron y gracias a ello se

3
Famosa marca de antiácidos en pastillitas.
4
N. T. Conservaré el nombre del rancho con su nombre original por ser nombre propio.
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sintió completamente a salvo. Micah odiaba ver al hombre, quien se había


convertido en su abuelo, pasar por tanto dolor por más tiempo. Ferguson siempre
trató a Micah como a uno más de sus nietos, no como el sobrino huérfano del
capataz. El Tío Juan era un hombre mayor y había tratado de hacer lo mejor posible
para él, pero Micah no era tonto, los Delany habían ido más allá de lo que debían
haber hecho por un familiar de uno de sus empleados, incluso si el empleado era el
mejor amigo de Ferguson. Habían hecho de Micah un miembro más de la familia y
así evitaron que la familia de su madre, quienes se abalanzaron como buitres a su
presa, le robara a Micah su dinero. Sus abuelos nunca perdonaron a su madre por
haberse casado con alguien “inferior a ella” y cuando ella se había ido, no tardaron
en desechar a su "mestizo" hijo.

—No empieces, mocoso. —La voz de AJ se quebró un poco. —Sabíamos que


esto pasaría desde hace meses.

Una vez que tuvo sus emociones bajo control, Micah abrió los ojos. —Sí. Lo
sé, pero...

—Yo sé.... —AJ apretó el puente de su nariz con los dedos pulgar e índice.
Estaba al borde de las lágrimas, esto conmovió a Micah mientras lo observaba. AJ
siempre había sido tan fuerte y resistente.

—¿Has conseguido traspasar los dominios de Tucker?. —Le preguntó AJ.

Con el solo hecho de escuchar ese nombre hizo que Micah sintiera un
montón de emociones. Ira, arrepentimiento, amor y... si, sobre todo mucha ira.
Tucker los había abandonado, había abandonado a Micah.

—Hablé con su secretaria. Se supone que es como hablar con él, dijo que
estaba fuera de la ciudad. —Le contestó.

Asintiendo con la cabeza, Micah subió sus pies en la silla, tratando de aliviar
su dolor de estómago. Sus pies estaban desnudos. ¿A dónde habían ido a parar sus
botas?. Miró debajo del escritorio mientras acomodaba sus pies en el borde del
asiento, esperando como el demonio que no pareciera como si se estuviera
doblando por el dolor. No iba a permitir que Tucker Delany obtuviera algo de él
después de todos estos años.
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—¿Buscas esto?. —La mano de AJ apareció a la vista de Micah por debajo del
escritorio y enseguida la quitó moviéndola como si fuera un pájaro volando. Qué
inmaduro, pensó Micah.

—Bien, en serio, ¿qué estás buscando?.

Micah sonrió, sintiendo que la tensión se desvanecía. —Mis botas. —Le


contestó, mientras le mostraba a AJ el dedo medio por encima del escritorio, antes
de enderezarse en la silla nuevamente.

—Están abandonadas en el piso de la cocina.

Abrazando sus rodillas levantadas las acercó aún más hacia él, Micah hizo una
mueca.

—¿Por qué se encuentran allí?. —Mierda, su estómago le estaba matando.

AJ encogió sus hombros. —¿Tú me estás preguntando?.

—Aquí está tu café. —Jeff entró en la oficina con una humeante taza y la
puso sobre el escritorio. Se sentó en la silla al lado de AJ y le dio un empujón a su
hijo con el píe.

—¿Ya le dijiste que su abuelo preguntó por él?.

AJ asintió con la cabeza.

Micah se preguntaba si había escondido algunos antiácidos de reserva en el


escritorio y abriendo el cajón del medio le dijo —Terminaré de hacer las cuentas y
entonces subiré.

—¿Has estado aquí toda la noche, otra vez?. —Jeff gruñó.

No había más que plumas y clips. Micah dejó de buscar y le contestó. —Sí.
Me quedé dormido.

—Bromeas. —Le dijo Jeff.


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Micah alzó una mano tratando de contener el sermón que se avecinaba y le


dijo —Lo sé. Pero hasta que encontremos una manera de salir del agujero en el que
estamos, tengo que seguir intentándolo. —Miró hacia los ojos negros de Jeff como
quien no quiere, guardó silencio, a manera de suplica para que lo entendiera. —Esta
también es mi familia, Jeff.

Jeff suspiró y le contestó —Sí, lo es. ¿Pero se te ha ocurrido pensar que por
eso mismo es un gran problema para nosotros el verte trabajar hasta morir?.

Calor se propagó por todo el cuerpo de Micah. Sabía que era parte de ellos,
pero le gustaba también que se lo recordaran.

—Todos estamos trabajando muy duro en este momento. —Le dijo Micah a
Jeff.

—¿Cuál es el problema? —Le preguntó Jeff.

Micah debía decirle a Jeff sobre las amenazas de su hermano mayor y las
demandas que hacía para que le entregaran los registros del rancho, pero odiaba
sobre todo lo demás hacer eso. Ya era bastante malo que Duncan fuera a regresar,
para ver a su padre por última vez. Micah podía entender que Ferguson, quisiera
hacer las paces con su hijo antes de morir, pero el solo hecho de mencionarle a Jeff
el tema de Duncan hacia que éste durara de mal humor durante días.

—¿Podríamos prescindir de dos de los trabajadores del rancho?. Sería mucho


mejor si pudiéramos manejar todo el trabajo entre tú, AJ, mi Tío y yo. —Le dijo
Micah a Jeff, odiaba acumular más trabajo para todos, pero...

—¿Tenemos que hacer eso?. —Le contestó Jeff mientras se pasaba las manos
por la cara para luego seguir hacia arriba a través de su pelo blanco con franjas de
color rubio oscuro. —Haré que se vayan hoy mismo. ¿Podemos darles una
indemnización?.

-No- La mente de Micah gritó.

Su estómago se contrajo, hasta casi dejarlo sin aliento. Se acurrucó aún más,
para así presionar fuertemente sus piernas contra su estómago.
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—Sí. —Le contestó a Jeff.

Tendría que encontrar alguna forma de darles a los hombres una


indemnización por despido. Aún conservaba el efectivo que sus geniales abuelos le
habían dado para no sentirse culpables de haberlo echado de sus vidas hacía ya casi
quince miserables años. Si lo utilizaba sabiamente, podría pagarles al resto de los
trabajadores una buena indemnización y los impuestos de la propiedad. Sin
embargo, tenía que encontrar otra manera de pagar la cuenta en la tienda de
suministros y las facturas del hospital.

AJ se inclinó hacia adelante, apoyó los antebrazos en sus rodillas y miró a


Micah arrugando el ceño, haciendo de su rostro una completa arruga.

Micah le devolvió la mirada, usando su táctica de intimidación. A veces era


mamón5 ser tratado como el hermano menor, pero ahora era muy reconfortante a
pesar de toda la mierda en que últimamente se había convertido todo lo demás.
Tenía ganas de sacar su lengua y hacerle muecas. Fue un impulso normal y si no
hubiera tenido que bostezar, habría sonreído.

—Muy bien, muchachos. Manos a la obra. Estamos perdiendo la mañana. —


Dijo Jeff mientras se levantaba y se dirigía hacia la puerta.

Una vez en píe, AJ metió la mano en el bolsillo de su camisa, sacó algo y se lo


tiró.

Haciendo gala de sus reflejos, Micah lo atrapó antes de que lo golpeara en la


cara. Observó cómo AJ desaparecía por la puerta antes de mirar hacia la palma de
su mano, había en ella la mitad de un sello de Rolaids6.

Después de abrir y masticar cuatro de los antiácidos, Micah se sentó durante


unos minutos más. Necesitaba dinero. Una gran cantidad de dinero, tenía un gran
apuro, tanto que dolía, lo necesitaba urgentemente.

5
N.T. Esta es la traducción literal, si no la entiendes significa, harto, cansado y lógico, chupar, pero como es un
término escatológico lo dejé mamón.
6
N.T. Esta es la marca comercial de antiácido que le hace competencia a TUMS.
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Había crecido con muchos resentimientos hacia la gente verdaderamente rica


como lo era la familia de su madre, pero ahora daría cualquier cosa por ser uno de
ellos, ya que podría ayudar a su familia adoptiva.

Se levantó y caminó hacia las puertas francesas, las abrió y salió a la luz del
sol. Apoyándose en la baranda del pórtico trasero, miró hacia los verdes pastos,
tenía como una especie de sensación. Era curioso, apenas había comenzado la
primavera y el rancho ya se había llenado de vida, sin embargo, estaba aquí parado,
esperando a que su abuelo adoptivo muriera. Esto no parecía que fuese real. Dejó
caer la cabeza contra el poste, tratando de no verse como si la vida lo estuviera
asfixiando. Perder al viejo era bastante malo, pero Micah no iba a perder a nadie
más. Eso solo significaba que tenía que seguir con el rancho y lograr que este
quedara en las manos de Jeff.

Micah tenía que hacer lo necesario para averiguar lo que Duncan estaba
tramando. ¿Por qué ahora quería quedarse con el rancho?. Nunca había mostrado
el menor interés en él o en alguno de sus habitantes, hasta el día que lo había
contactado para contarle sobre el estado de salud de su padre.

—¿Qué tienes en mente, perrito7?. —Le dijo Juan “Viejo Cicatrizado”,


mientras entraba en el porche, traía las botas de piel de serpiente de Micah e hizo
crujir la madera curtida al colocarlas al píe de los píes descalzos de éste.

Micah puso la frente contra el duro poste antes de levantar la cabeza. Su tío
le había llamado perrito o cachorrito, desde que era niño, ya que siempre se le veía
corriendo detrás de los dos chicos Delany, como un adorable cachorro. Le recordó
su niñez sin preocupaciones aquí en “The Bar D”.

—Sólo trataba de entender algunas cosas, Tío. —Le contestó.

—Tú lo entenderás, mijo8. Siempre lo haces.

El orgullo en la voz de su Tío hizo sonreír a Micah, precisamente en un día en


el que no tenía ganas de sonreír.

7
N. T. Otro insulto en español je je je.
8
N. T. Mijo es el diminutivo de hijo en los países de habla hispana.
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—Espero que tengas razón. Háblame de Duncan. Se había marchado ya para


el momento en que llegué aquí.

Micah no recordaba para nada al hijo mayor de Ferguson. Había dejado “The
Bar D” cuando él era aún un bebé y sus padres todavía estaban con vida. Antes de
que la familia rica de su madre utilizaran su poder y su dinero para despojarlo de sus
derechos de nacimiento. Pero eso era otra historia. Si alguien sabía acerca de
Duncan, ese era el Tío. Juan había sido capataz en “The Bar D” por los últimos
cincuenta años. También, había sido él, quien les había enseñado a todos los Delany
acerca de cómo manejar un rancho ganadero y en el caso de Micah no fue la
excepción.

—Hmm.... Juan arrugó su surcada frente y entornó los ojos.

—Ese chico nunca logró encausarse. Ferguson hizo lo que pudo. Amaba tanto
a ese niño como a... —Sacudió la cabeza. —Era un podrido niño malcriado, nunca
hizo nada bueno. No fue una sorpresa para nadie que escapara con Vanessa. A
ninguno de los dos le preocupaba la vida en el campo.

¿Tanto como a quién?. Pensó Micah frunciendo el ceño pero lo dejó pasar.

—Tampoco le importaba a Tucker. —Oh mierda. ¿Por qué había dicho eso?.
Cómo si fuese divertido tener de nuevo a Tucker en su cabeza, no había pensado en
él en los últimos dos meses. Había estado demasiado ocupado apagando incendios.

—Que Tucker se haya enfrascado en su carrera es una tontería. El chico tiene


la vida de rancho en su sangre. Volverá, ten en cuenta mis palabras. —Juan asintió
con la cabeza y escupió en el porche.

Micah se encogió de hombros, tratando de esconder el dolor que reflejaba su


cara. Dinero, esa fue la razón por la que se fue, pero no había sido por eso que se
habían mantenido alejados todo este tiempo. Micah no deseaba sacar de su error a
su Tío sin embargo, el dinero, al parecer, fue la clave de todo. La raíz de todo el mal.

—Espero que estés bien, Ferguson lo quiere en casa.

Y tú, cabrón. Pensó Micah, su pecho le dolía y las lágrimas asomaron en sus
ojos. Maldito seas, Tucker. ¿Por qué con solo pensar en él, sentía que su interior se
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iba a desgarrar en lágrimas?. Obviamente, aquella noche no quiso decirle nada a


Tucker y Micah no significaba nada para él tampoco... no es que le importara, eso ya
había quedado en el pasado y Tucker era el menor de los problemas de Micah en
este momento.

—Él lo hace. —Juan tocó el hombro de Micah, llamado su atención. Se quedó


mirando fijamente a los ojos de Micah. —Tú también.

—¿Yo?. — Micah se encogió de hombros y miró hacia los pastos. La brisa


fresca de primavera trajo consigo el dulce olor de la alfalfa fresca. Era tranquilo y
familiar, esto le ayudó a fingir indiferencia. —Sólo quiero asegurarme que el rancho
se mantenga a flote y se quede en manos de aquellos que realmente lo aman.

—Y así será. —Juan asintió con la cabeza y se agarró a la barandilla de


madera, apoyándose en ella un poco.

—Me gustaría tener tu confianza, Tío. Duncan va a causar problemas, yo lo


sé.

Juan se levantó el sombrero, se rascó la cabeza y luego se puso de nuevo el


destartalado y viejo sombrero. —¿Cómo así?.

—Él ha estado molestándome otra vez, acerca de las finanzas de la hacienda.


—Le contestó.

—Bah. Ferguson te dejó a cargo de ese trabajo a ti. —Girándose, Juan apoyó
su cadera contra la baranda del pórtico y continuó hablando. —Y lo hizo por una
buena razón.

Micah soltó un bufido. —¿Qué razón?.

—Por que él sabe la clase de hombre que eres. Ya encontrarás la manera de


hacer que todo funcione. —Juan se echó a reír. —Sigue buscando, perrito. Duncan
no es ninguna amenaza. —Le dio una palmadita en la espalda a Micah y bajó los
escalones saliendo rumbo al granero.

Eso si que era... extraño. ¿Sigue buscando?. ¿Qué significaba eso?.


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Micah frunció el ceño. ¿Qué era lo que Juan sabía y Micah no?.

—¿Tío?. —le gritó.

Sin mirar para atrás, Juan agitó su mano y siguió su camino.

Micah giró y plantó su trasero contra la baranda del porche. ¿Por qué los
viejos siempre tenían que hablar en clave?. La brisa que agitaba su cabello, trajo
consigo un leve frio, haciéndolo temblar.

Se cruzó de brazos y miró de nuevo dentro de la oficina en dirección al


computador. ¿Había algo ahí?. ¿Alguna cuenta oculta?. Los vellos de los brazos de
Micah se levantaron. Sentimientos de Ansiedad y expectativa iban en espiral dentro
de él. Se frotó los brazos, tenía la sensación de que la frialdad que sentía no era
causada del todo por el viento helado.
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CAPITULO DOS

—Mierda. —¿Qué hace él aquí?. Tucker apretó sus dientes intentando con
ello apartar la molestia. Una pizca de culpa empezó a fastidiarlo, por lo que le dieron
ganas de apretar los dientes de nuevo. Él era un asno. Dennis no era el problema.
Normalmente disfrutaba de su compañía, pero Tucker había bajado del avión
proveniente de California a las seis de la mañana y había seguido sin parar desde
entonces. Necesitaba un poco tiempo de inactividad.

Al menos Dennis no había tomado el punto favorito de Tucker en este


momento. Prefirió aparcar más cerca de los ascensores, incluso aunque el siguiente
espacio se lo tenían asignado a él también. De esa manera nadie aparcaba junto a su
Jaguar, a menos que alguien -como Dennis- estuviera de visita. Era una cosa
minúscula, pero amaba su auto y no quería por todo el infierno del mundo que
cualquiera lo abollara dándole un golpe con la puerta.

Dennis estaba apoyado contra su empolvado Jetta azul luciendo elegante en


su traje gris, combinado con una corbata roja. El epítome del exitoso hombre de
negocios, parecía intocable y... falso. Dennis pretendía ser tan sobrio y mojigato,
pero a Tucker no le importaba su actuación. No era un gran reto, pero era
divertido... a veces. Hoy, sin embargo, no era una de esas veces. Tucker no estaba
de buen humor.

¿Se preguntaba cuánto tiempo le llevaría deshacerse de él?. Tucker entró en


el espacio situado junto al coche de Dennis. Había tenido un largo día y aún tenía
más trabajo que hacer en la noche. La charla constante de Dennis seguramente
haría que la cabeza de Tucker estallara, lo que era otra de las razones por las que
Dennis tenía que irse. Tal vez Tucker podría hablarle acerca de una mamada
primero. Dennis, quien profesaba no tener nada de sexo oral, le daría una buena
cabeceada9.

Alejándose de su auto, Dennis se dirigió dando grandes y animosos pasos


hacia Tucker.

9
Lo siento no supe como traducir el slang de esta frase, pero hace referencia a “give good head”, que significa
una buena mamada. (Cómo aprendemos xD).
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Tucker comprobó la pantalla de navegación en su tablero de mandos. Eran


sólo las siete y treinta y seis. Nunca llegaba a su casa antes de las siete.

Dennis a estas alturas debería saberlo ya, pero él podía ser una perra si así lo
deseaba, a Tucker realmente no le importaba. Con el tiempo se había vuelto
bastante bueno en eso.

Después de poner su coche en el parqueadero, apagó el motor.

Sacudiendo la cabeza, Dennis cruzó los brazos sobre su pecho, esperando a


que Tucker saliera de su auto.

Genial. La posibilidad de una mamada antes de que se deshiciera de Dennis


no lucía bien. Tucker recogió su maletín y su ordenador portátil y salió de su coche.

—Hola, Dennis.

—Se te olvidó.

Sí, la mamada era historia. —¿He olvidado qué?. —Tucker cerró la puerta y la
cerró con llave antes de poner la correa de la maleta de su laptop por encima de su
hombro y de caminar hacia el ascensor.

—Tú ibas a salir conmigo esta noche. —Dennis se ubicó de tal manera que
Tucker tenía que llegar hasta donde estaba él antes de presionar el botón del
ascensor.

Huy. —Lo siento yo....

La puerta del ascensor se abrió.

Escarbando en la maleta del ordenador portátil buscando sus llaves, entraron


Tucker y Dennis al interior del ascensor. Pulsó el botón a su piso al mismo tiempo
que la otra mano encontró sus llaves.

—Tucker, no puedo creer que se te haya olvidado. —Dennis le siguió antes


que se cerraran las puertas. Con fuerza sopló el elegante mechón color caoba de su
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frente y levantó su mano en el aire, dejándola caer de nuevo dándole una bofetada.
Sus ojos grises se estrecharon. —Se te olvidó la última vez también. Y la vez anterior.

Demonios. El ascensor comenzó a moverse y Tucker miró arriba de la puerta


el número de piso. —Lo siento. —Eso fue lo mejor que pudo decir. Pedirle que
salieran de todos modos estaba fuera de discusión. Sin embargo, también sería muy
malo tocarle el tema sobre la mamada. Piso dieciocho. Casi estaban allí.

—¿Lo siento?. ¿Eso es todo?.

Vamos, piso veintiuno. Tucker sacudía sus llaves. Tal vez aún podría hablarle a
Dennis acerca de una paja. No le tomaría mucho tiempo y entonces podría ponerse
a trabajar en los papeles que había traído a casa. Cerró los ojos, tratando de
recordar todas las cosas que sabía que tenía que hacer antes de mañana en la
mañana. Tenía que llamar a Roger sobre lo de la reunión de las ocho de la mañana,
asegurarse de que su secretaria envíe los contratos a Cliff y comprobar las
existencias de Oxy Corp. Otra vez.

El timbre sonó y las puertas se abrieron.

Abriendo sus ojos, Tucker salió del ascensor hacia su apartamento. —


¿Quieres entrar?. —Abrió la puerta de su departamento. —Voy a ordenar algo de
comida. —Tal vez pediría comida mexicana del lugar de al lado o del restaurante
italiano de la avenida. Estaba cansado de la comida china. —¿Qué tal pizza?.

No hubo respuesta.

—¿Dennis?.

Aún no había respuesta.

Tucker se volteó.

Dennis se quedó en el ascensor arrugando su cara, con el ceño fruncido y sus


manos en las caderas. La puerta comenzó a cerrarse, pero mantuvo una mano,
presionando el botón para detenerla y caminó dando grandes pasos hacia Tucker.
—¿Eso es todo?. —Entró en el departamento después de Tucker. —¿Quieres pedir
una pizza?. ¿Y luego qué?.
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Bueno, mierda. Una paja tampoco no se veía muy prometedora. Cerrando la


puerta, Tucker cruzó la habitación y dejó el maletín sobre la mesa de centro antes
de depositar la maleta con su ordenador portátil en el sofá. Encendió la lámpara al
lado del sofá y pulsó el botón para abrir las persianas verticales. —Dije que lo sentía.
¿Qué más quieres de mí?. Tengo hambre y la pizza suena bien. Voy a ordenar unas.
Si quieres comer, está bien. Si no, también está bien. —Se aflojó la corbata y se
quitó la chaqueta, ya estaba harto de esta conversación.

—Esto es jodidamente inconcebible. —La voz de Dennis llegaba a ser tan alta,
que casi gritaba. —¿Así que no vamos a salir?. ¿Es eso lo que estás diciendo?.

Después de arrojar su chaqueta sobre la silla más cercana a él, Tucker se


desabrochó los puños de su camisa. —Tengo trabajo para...

—Siempre tienes que trabajar. Eso es todo lo que haces. Trabajar, trabajar,
trabajar. Eres un bastardo sin corazón. No haces ninguna otra maldita cosa que no
sea hacer tu jodido trabajo y hacer dinero. —Puso sus manos sobre sus caderas de
nuevo, adoptando una pose que le daría envidia a cualquier reina del drama. —Ni
siquiera tomas vacaciones para ir a ver a tu maldita familia. Nunca viajas, a no ser
que se trate de negocios.

Alguien llamó a la puerta, interrumpiendo la sensacional rabieta de Dennis.

Aliviado por la interrupción, Tucker pellizcó el puente de su nariz y caminó a


través del cuarto. Abrió la puerta y parpadeó. Dejó caer la mano de su nariz,
parpadeando de nuevo, convencido de que estaba viendo cosas. No, no lo estaba
imaginando. Reconocería esos labios en cualquier lugar. Había visto ese anguloso
mentón, bajo la sombra de un sombrero demasiadas veces como para confundirlo.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Tucker y la emoción burbujeó en su


interior antes de que pudiera anularla. —¿Micah?. —Estaba más alto que la última
vez que Tucker lo había visto, más delgado también. El sombrero negro de vaquero
estaba puesto sobre su cabeza, cubriéndole los ojos y acentuando su suave
mandíbula, su anguloso mentón y su sensual boca cerrada formando una delgada
línea. Algo andaba mal.

A Tucker el corazón se le encogió y sintió revolverse su estomago por el


temor. —Pasa. —Agarró a Micah de la mano, dándose cuenta de su mochila de lona
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por primera vez y jaló a Micah hacia el interior de su apartamento. Quitó la mochila
del hombro de Micah y Tucker jaló al otro hombre dentro de sus brazos. —¿Qué
pasa?. —Inclinándolo hacia él acarició la espalda de Micah, con la esperanza de
suprimir parte de la tensión, y sintió los huesos de su columna vertebral.

Estaba demasiado delgado. —¿Qué está mal, bebé?.

Micah se puso rígido y a continuación puso sus brazos alrededor de la cintura


de Tucker, algo indeciso, pero fue suficiente como para traer a Tucker de nuevo a
sus sentidos. A Dios gracias Micah lo soltó, Tucker dio un paso atrás y trató de no
fruncir el ceño. Sus palabras cariñosas las había soltado, como si fuera la cosa más
natural del mundo.

—¿Por qué estás aquí?. —Bueno, no había fruncido el ceño, pero la pregunta
había salido bastante cortante. Aunque no haría falta hacerla de nuevo.

—Yo... —Micah hizo una mueca y luego se aclaró la garganta. —Vine para
llevarte a casa.

—Ejem. —Dennis se adelantó y le tendió la mano.

—Soy Dennis Hammond. ¿Y tú eres...?.

Tiñéndose de rojo sus mejillas, Micah inclinó la cabeza hacia Dennis y le


estrechó la mano. —Micah Jiménez. Encantado de conocerle, señor Hammond. —
Miró a Tucker y se quitó su sombrero de vaquero. Se pasó la mano por su corto
cabello negro y su manzana de Adán se balanceó. Había bolsas debajo de sus ojos y
llevaba sus gafas puestas.

El impulso para envolver en sus brazos a Micah fue nuevamente muy fuerte,
por lo que Tucker frunció el ceño. No había visto a Micah en cuatro años, no desde
la noche en que su relación cambió para siempre. La oleada de emoción fue rápida,
potente y no deseada. Tenía que averiguar lo que quería Micah y deshacerse de él.
Rápido.

—Lo siento. Yo no quería interrumpir, pero... —Echando un vistazo a Dennis,


Micah tragó saliva de nuevo. Retorció con sus manos el ala de su sombrero, algo
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J.L. LANGLEY

que él siempre hacía cuando estaba nervioso. Echando un vistazo atrás, hacia
Tucker, le preguntó —¿Podríamos hablar en privado?.

—Precisamente ya iba de salida. —Dennis se acercó a la puerta y en


consecuencia a Micah. —Bueno, que tengas buena suerte Micah Jiménez. No sé
quién eres, pero tal vez tengas mejor suerte que yo. Nos vemos, Tucker.

Maldita sea, de todas las personas en el mundo que hubieran podido


presenciar a Dennis abandonándolo de esa forma, tenía que haber sido Micah.
Obligándose a abrir su mandíbula, Tucker trató de actuar como si ser botado no
fuera la gran cosa.

—Dennis...

—No. Yo no puedo lidiar más con esto. El sexo era tan fenomenal como todo
el mundo decía, pero tomas en exceso y también das... —volteó a mirar a Micah y
frunció el ceño. —... das muy poco. —Después sacudió su cabeza e hizo contacto
visual con Tucker. —No puedo seguir con esto. —Abrió la puerta. —Si alguna vez
quieres más, llámame. —y la cerró silenciosamente detrás de él.

Arrastrando la corbata de su cuello, Tucker hizo una mueca. Supongo que no


va haber mamada. Mierda. Quería golpear a alguien. Era un pensamiento aterrador.
Todo lo que tenía que hacer era calmarse, su tenacidad y el ser calculador siempre
le habían servido para lograr sus propios intereses también. Había aprendido hace
mucho tiempo a no mostrar sus cartas. ¿Era un bastardo insensible?. ¿Y por qué
diablos el ver a Micah después de todo este tiempo lo había trastornado?. Cuando
se dio la vuelta, Micah seguía de pie en el mismo lugar con los ojos tan abiertos que
parecían platillos y el temperamento de Tucker disminuyó antes de que realmente
se pusiera en marcha.

—Uh, Lo siento, no quería interrumpir. Es sólo que....

Tucker botó la corbata en la parte superior de su chaqueta. Por nada del


mundo iba a dejar que Micah viera el efecto que su presencia tenía en él. —Tú no
hiciste nada. Yo estaba tratando de encontrar la manera de deshacerme de él
cuando apareciste. —Entonces Tucker se dirigió a la cocina, cogió el teléfono y
presionó dos teclas para marcación rápida. —¿Aún te gusta la pizza con pepperoni y
aceitunas?. —Micah podría al menos subir unas cuantas libras.
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J.L. LANGLEY

—¿Tucker?.

Tucker tomó dos cervezas de la nevera y ordenó la pizza. ¿Cuánto tiempo


había durado con Dennis?. ¿Dos meses?. ¿Tres?. Ouch. Tucker no lo sabía. Trató de
lamentarse, pero no sentía nada. Ni una maldita cosa. Lanzó el teléfono en el sofá y
él se dejó caer junto a él. Dejó la cerveza en la mesa antes de hacerle señas a Micah.
—Ven siéntate.

Micah rodeó el sofá de dos plazas adyacentes y se sentó, colocando el


sombrero a un lado de él. Sus píes parecían que no tuvieran vida. ¿Había conducido
casi seis horas seguidas desde el rancho?. —¿Recibiste la llamada AJ?.

—Había estado fuera de la ciudad hasta esta mañana. Mi secretaria me ha


mandado algunos mensajes pero no he tenido la oportunidad de verlos. ¿Qué está
suce...?. —El Abuelo tenía cáncer. Oh no. Tucker había tenido la intención de volver
a casa. Habría querido ver por última vez al abuelo. Las lágrimas se desbordaron de
sus ojos y el dolor hirió a través de él, como cuando había caído de su caballo y
había aplastado su espalda cuando tenía cinco años. Tomó un trago de su cerveza,
dejando que el sabor fuerte picara en su boca un poco antes de tragar.

—Está muerto, ¿no es cierto?.

—¡No!. No, aún está luchando. Sin embargo no va a ser por mucho tiempo.
Pero no es por eso que he venido. Bueno, no es esa la única razón de por qué he
venido. Te necesito. —Micah apoyó sus codos en sus rodillas y bajó la cabeza,
mirando al piso.

Tucker le dio la espalda. ¿Por qué el estar cerca de Micah, después de tanto
tiempo, hacía sentir a Tucker tan fuera de balance?. Maldición. Tucker nunca había
sido capaz de resistirse a sus instintos de protección en cuanto a Micah se refiere.
¿Por qué A.J. o papá no vinieron a buscarlo en vez de él?.

Micah levantó la vista, sus parpados caían pesadamente sobre sus ojos. Los
recuerdos de esa noche se desencadenaron de nuevo sobre Tucker. La cara feliz de
Micah cuando Tucker se hundía dentro de él, los ojos llorosos de Micah cuando le
rogaba a Tucker que no se fuera. La culpa que asaltó con rapidez a Tucker cuando
apenas se estaba alejando de “The Bar D” hace tanto tiempo.
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J.L. LANGLEY

Después de unos segundos, Micah se pasó las manos por su cara. Su tez se
había vuelto un poco más pálida que antes, o tal vez las sombras bajo sus ojos eran
más pronunciadas a la luz de la lámpara. —Encontré su testamento, hace unos días
en el ordenador y tu tío me ha estado enviando cada dos días un correo electrónico
insistiendo en que le deje manejar las cosas a él y... —Lágrimas contenidas brillaron
en sus ojos. —No puedo sentarme y dejar que el rancho se venga abajo.... o peor,
que quede en manos de tu tío, pero no sé qué hacer.

Whoa. Espera un minuto. ¿Duncan?. La rabia se acumulaba dentro de Tucker


y tuvo que luchar para evitar que se desbordara. —Qué quieres decir acerca de que
vaya a quedar en manos de mi t.... —Dios, ni siquiera podía decir eso. No quería
admitir que hubiera alguna clase de relación entre ellos. —¿Duncan? El Abuelo no...
—La última vez que Tucker había hablado con AJ -lo que había sido hace ¿un mes?-
le había dicho que había tomando el cargo de capataz y que Micah estaba
administrando el rancho. Había sonado como si todo estuviera funcionando sin
problemas. Micah había sido siempre una pequeña cosita inteligente y Tucker
recordaba haber pensado que esto era una buena opción, así que, ¿qué había
sucedido?. ¿Dónde coño encajaba Duncan en todo esto?.

—Yo nunca había pensado que esto pudiera suceder, pero en la forma en
que está escrito el testamento del Abuelo es posible que tu tío pueda quedarse con
el rancho.

Necesito que lo examines. Está redactado de una manera extraña, como si


esa clausula sólo pudiera aplicarse a tu papá, a tí y AJ, pero... Duncan es el hijo
mayor. No tengo dinero como para contratar a un abogado y Ferguson, no está en
condiciones como para discutir sobre eso.

—Sobre mi cadáver ese hijo de puta tendrá en sus manos a “The Bar D”. —
Tucker fue, en dirección a la ventana.

—Dime qué es lo que pasa con el rancho. —Hizo una mueca como si lo
estuviera mordiendo con su voz. Esto no era culpa de Micah, pero la idea misma de
que Duncan el Tí... traidor de Tucker pusiera sus manos sobre el rancho no le cayó
nada bien.

—Estamos hasta la coronilla de facturas médicas del Abuelo. He hecho


cuanta cosa se me ha ocurrido y he logrado lidiar con la mayor parte de nuestras
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J.L. LANGLEY

deudas, pero con la economía como está... necesitamos un inversionista o no habrá


un rancho qué heredar.

Su voz se quebró un poco. —Por eso estoy aquí. Yo... necesitamos de tu


ayuda, Tucker.

Tucker se quedó mirando el reflejo de Micah en el cristal, observando los


hombros caídos de Micah. Quería preguntarle por qué no había venido a él antes,
pero lo sabía. Por la forma en que lo había abandonado, pedir su ayuda sería la
última cosa que Micah hubiera querido hacer. ¿Y quién podría culparlo? Micah era
un tanto orgulloso. No le importaría en lo más mínimo que necesitara ayuda para su
propia familia y la de Tucker, esto debía estar matándolo. La situación económica
del rancho debía ser peor de lo que Micah le había dicho como para venir a pedirle
ayuda después de todo lo que había pasado entre ellos. Pero Tucker conocía
suficientemente a Micah como para saber que si se había tragado su orgullo y
estaba buscando ayuda, incluso la ayuda de Tucker, el riesgo, de que el rancho fuera
despojado de sus legítimos propietarios, era enorme.

—Lo tienes. —Le dijo suavemente, con la esperanza de alentar a Micah a


seguir adelante. No importaba el pasado, Tucker nunca se sentaría sin hacer nada
mientras Micah -o su familia- lo necesitaran.

Micah suspiró, viéndose un poco más aliviado. Su mirada estaba en la


alfombra, no se había dado cuenta que Tucker lo estaba observando. ¿Micah había
pensado que Tucker se negaría a ayudarle?. Le dolía, pero Tucker entendía por qué
Micah pudo haber pensado eso.

—Me siento como una maldita mierda, por leer su última voluntad, aunque
he tratado de mantenernos a flote. Me las arreglé para pagar los impuestos anuales,
pero no queda nada. Tenía que hacer algo, ver si había dinero en alguna otra parte.
Ferguson a veces está consciente, a veces no, pero las pocas veces en que le he
preguntado si existen otras cuentas me ha dicho que no hay ninguna. Tenía la
esperanza de que tal vez había algo en el testamento. Pensé que todo iba a quedar
en manos de tu padre, pero... simplemente no lo sé.

Eso era lo que Tucker había pensado. Sabía por instinto que Micah habría
hecho todo lo posible para mantener al rancho funcionando. Forzando a alejar su
mirada del reflejo de Micah, Tucker miró hacia el cielo de Dallas. Era hermoso y la
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vista era la mejor que el dinero podía comprar, pero rara vez la veía. Con Micah
aquí, teniéndolo cerca, Tucker tuvo que preguntarse si marcharse de “The Bar D”
había valido la pena. Gimiendo, él apoyó la frente sobre el vidrio y cerró los ojos. Eso
ya no importaba, porque no podía volver el tiempo atrás. Bien o mal, había tomado
hace años su decisión. —Dime lo que está en el testamento, Micah.

—Prefiero mostrártelo. Tengo miedo de que lo hagan valer ante los


tribunales. No sé en qué estaba pensando Ferguson, pero... ¿Tienes una
computadora?. Yo traje una unidad USB conmigo.

De ninguna manera Tucker iba a mantenerse al margen mientras que su


donante de óvulos y Dun.... —¿Sigue con ella?. —¿Qué debía estar sintiendo su
papá en estos momentos?. A Tucker le dolía el corazón al pensar en su padre.

—No sé si ella aún sigue con él. Sus mensajes han sido concisos y exigentes.
Su nombre no ha aparecido en ellos. No le he dicho nada a Je... a tu papá, acerca de
los correos electrónicos. —La voz de Micah se apagó como si se hubiera ido muy
lejos. —Por lo que está escrito en el testamento... —Se estaba agitando. —Parece
que Duncan podría quedarse con el rancho, incluso aunque nombre
específicamente a tu padre, a tí y a AJ en lo que al rancho se refiere. —Micah tocó la
espalda de Tucker y a continuación colocó su mano sobre el hombro de Tucker. —
Aquí está. No le he dicho nada a AJ o tu papá acerca de lo del testamento. No quería
ocasionarles más dolor, fuera del que ya están sufriendo. Ya es bastante malo que
Ferguson quiera ver a Duncan por última vez, pero que me condenen si le añado
esto a su pena.

Tragando el nudo en su garganta, Tucker abrió los ojos y levantó la cabeza del
frío cristal. Agarró la mano de Micah y así la mantuvo por unos segundos. Extendió
sus dedos y pasó el pulgar por la palma de la mano de Micah, Tucker sintió los callos
antes que deslizara su mano alejándola.

Estando tan cerca Tucker podía sentir el calor de su cuerpo, Micah suspiró. —
Es una buena vista, pero no hay ninguna estrella.

Tucker suspiró en respuesta. No le sorprendió que Micah hubiera notado la


falta de estrellas. Micah había sido siempre un romántica empedernido.
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Sentándose en el sofá, Tucker leyó el testamento y tomó un bocado de pizza.


¿En qué diablos había estado pensado su abuelo?. —Esto no puede ser verdad.
¿Heredará el rancho quien se case primero?. —Tucker bebió a grandes tragos su
cerveza. —Está redactado de tal manera, que no necesariamente tiene que ser un
matrimonio válido en Texas o incluso en los Estados Unidos, sólo tiene que ser una
unión legal civil. Técnicamente, podría casarme con otro hombre y heredar. —Ahora
que lo pensaba, tal vez el abuelo lo había hecho a propósito ya que sabía que Tucker
era gay. No importaba, porque Tucker conseguiría inmediatamente un abogado. —
¿Estás seguro que él estaba en su sano juicio?.

Después de unos segundos cuando Micah no le contestó nada, Tucker lo


miró.

Con sus labios fuertemente apretados, Micah se sentó en el sofá de dos


plazas junto al canapé, con el plato en su regazo. Una lata de Dr. Pepper estaba
intacta sobre la mesa de centro frente a él. Su mano se posó en medio de su pecho
sobre el esternón y sus ojos estaban cerrados. Había una palidez grisácea en su
normalmente piel bronceada.

El pecho de Tucker se tensó y los sentimientos de protección que siempre


había sentido hacia Micah, con su preocupación salieron a flote. Trató de
desecharlos, pero no podía dejar de pensar que Micah no se veía nada bien. —
¿Micah?.

Con un sobresalto, Micah abrió los ojos. —¿Qué?.

—¿Estás bien?. —Tucker se inclinó hacia delante, poniendo la rebanada de


pizza a medio comer en el plato vacío al lado de su computadora portátil. Micah no
se veía bien. Además de verse cansado y demasiado delgado, Micah tenía los ojos
inyectados en sangre. —Sí, estoy bien. —Micah se estremeció y apretó su mano
contra su pecho.

Al mirar hacia abajo, al plato de Micah, Tucker se dio cuenta de que incluso
no había tocado la comida. —Come. Condujiste sin parar hasta aquí. Es un viaje de
seis horas seguidas. Quiero que comas y luego te vayas a dormir.

Los ojos de Micah se redujeron rápidamente a una dura mirada. —No me


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digas lo que... —Después de tomar una respiración profunda, Micah bajó la voz. —
Jeff nos dio a todos un gran desayuno esta mañana y no estoy tan cansado.
Probablemente regresaré al rancho esta misma noche. —Puso el plato sobre la
mesa y se frotó distraídamente su pecho. —Después de que le eches un vistazo a
eso, quiero decir.

Durante unos segundos, Tucker se le quedó mirando, casi decepcionado de


que Micah regresara a su casa. Ese ardiente temperamento latino era otra cosa. —
Voy a mirar las finanzas un poco, pero ahora quiero que comas y descanses un poco.
Te ves como el infierno. —De ninguna jodida manera Tucker iba dejar que él se
fuera a su casa esta noche. —Voy a ir al rancho contigo mañana en la mañana, así
podré ver al abuelo. Tengo una reunión mañana, pero voy a cancelarla. Esto es más
importante.

Micah apretó sus ojos y al mismo tiempo dejó escapar un pequeño gemido.
—No me siento bien como para co.... —Sus ojos se abrieron y se puso de pie. —
¿baño?.

Mierda. Tucker caminó alrededor del canapé y bajó por el pasillo.

—Aquí. —Abrió la puerta del baño una fracción de segundo antes de que
Micah se lanzara en él.

Patinando se detuvo frente al tocador, Micah vomitó. O intentó no hacerlo


mucho. —Lo siento. —Micah se dejó caer obre sus rodillas y apoyó la cabeza en el
borde de la taza.

—No seas tonto. No tienes por qué disculparte por eso, pero definitivamente
no vas a ir a ningún lado esta noche. —Maldita sea. Tan pronto como Micah se
quedara dormido, Tucker iba a llamar a su papá y a AJ y les avellanaría hacia afuera
el culo por dejar que Micah condujera todo el camino hasta aquí solo. Tucker tenía
que ir a casa unos días y asegurarse de que el chico cuidará de sí mismo. Después de
mojar una toalla Tucker se la llevó a Micah.

—Micah.

—Gracias. —Micah tomó el trapo y se limpió la boca antes de apoyar la


cabeza en el brazo que descansaba sobre el borde de la taza. —No sé qué me pasa.
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No he comido nada como para que me provoque vomitar. —Su otra mano la tenía
apretaba contra su pecho de nuevo.

Tucker quitó el pelo oscuro de la pálida frente y Micah vio la sangre en el


inodoro. —Oh Dios. —Su apretado pecho se apretó aún más y los vellos de la parte
posterior de su cuello y brazos se levantaron.

—Vamos, bebé. Levántate de ahí, vas a ir al hospital.


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CAPITULO TRES

—Oh Dios, se va a ir. —Micah dejó caer la cortina y se zambulló en busca de


sus pantalones que yacían esparcidos al pie de la cama de Tucker. El miedo
apuñalaba su pecho cuando saltó haciendo equilibrios para poder ponérselos.
Tucker no podía marcharse. No podía. Después de echarle una última mirada a las
sábanas enredadas, Micah salió corriendo de la habitación de Tucker. Voló por las
escaleras y salió por la puerta de atrás lo más rápido que sus pies lo llevaron.

La puerta mosquitera se cerró de golpe detrás de Micah y Tucker se congeló


con la mano sobre la puerta de atrás de su coche. Los pasos de Micah vacilaron un
poco cuando la grava apuñaló sus pies descalzos. Caminó el resto del recorrido,
parando a dos pasos de Tucker.

Esto no podía ser lo que parecía. Tucker no lo podía abandonar ahora. La


caída repentina de los hombros de Tucker y el hecho de que él aún no se había dado
la vuelta... No. Micah sintió cómo se cerraba su garganta, negándose a dejar pasar el
aire. Pensaba que esto se sentía como si estuviera tragando rocas afiladas. No
dispuesto a creer lo que la lógica le decía, él negaba con la cabeza. —¿A dónde vas?.
—Ni siquiera le importaba que Tucker hubiera oído cómo se le había quebrado su
voz. —¿Por qué no me despertaste?.

—Micah... —Tucker cerró la puerta, pero no lo volteó a mirar.

Echándole un vistazo al auto, Micah vio todas las maletas que Tucker había
traído a casa con él, además de algunas cosas que ocupaban el asiento trasero de su
Buick. Las lágrimas hicieron borrosa la visión de Micah y un dolor profundo estalló
en su pecho. Tucker se iba sin decirle adiós. Micah había pensado... —No, él no iba a
dejar que su mente fuera allí. Ahora ya no importaba. —Da la vuelta, maldita sea.
¡Mírame!.

Poco a poco, Tucker se volteó. —Tengo que irme, Micah. Me han hecho socio
minoritario. Es una oportunidad que no puedo rechazar.
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 29
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—¡No!. No tienes que irte. No necesitas ese trabajo o el dinero. Debes


quedarte aquí conmigo.

Negando con la cabeza, Tucker alcanzó la mejilla de Micah. —No puedo. Es


mejor así. Ya lo verás.

Micah se inclinó en la caricia, siendo apenas capaz de enfocar la cara de


Tucker a través de sus lágrimas. —No te vayas— le suplicó —Por favor no me dejes.
Te amo. No puedo....

—Oh, bebé, no...

Algo se rompió dentro de Micah. El dolor en su corazón permaneció, pero la


ira y el sentirse traicionado, fue algo abrumador. Golpeó la mano de Tucker
tirándola lejos y dio un paso hacia atrás fuera de su alcance. —¿No?. ¿No qué?.

—Shh... Vas a despertar a los demás. —Tucker se le acercó de nuevo.

La vergüenza se unió a la furia. Tucker no quería que nadie más supiera de


ellos. Él se sentía avergonzado. Micah negó con la cabeza, sintiéndose tres veces
más idiota. Tucker se iba a marchar, después de la noche que habían compartido.
Micah había creído ingenuamente que Tucker volvía a casa... bueno volvía a casa
por Micah. —¿Por qué?.

—Porque tu puedes hacerlo un infierno mejor que yo.

Una risa que sonaba sin la menor gracia se escapó de Micah. Miró a sus pies y
una lágrima bajó por su mejilla, aterrizando en su pecho desnudo. Tucker le había
hecho el amor a Micah, o eso pensaba él que le había hecho, pero al parecer no
había significado nada para Tucker.

Había amado a Tucker desde hacía mucho tiempo. Cuando éste se había
presentado anoche en su fiesta de cumpleaños, Micah había quedado extasiado.
Tucker se quedó inclusive hasta después de que todos se hubieran ido, y esto le
había dado esperanzas a Micah. Esperanzas de que tal vez su fantasía de que Tucker
estaba esperando a que él cumpliera los dieciocho años para reclamarlo como suyo
fuera verdad. Micah se había quedado con él hasta que el resto de la familia se
retiró a dormir y había ido a la habitación de Tucker.
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J.L. LANGLEY

Las lágrimas llegaron en serio ahora, cayendo por la cara de Micah. Su nariz
estaba en funcionamiento. ¿Qué estúpido había sido?. Negó con la cabeza y sorbió,
tratando de impedir que los mocos corrieran por su rostro. Mirando hacia arriba, se
dio cuenta de la expresión preocupada de Tucker. O tal vez era lástima lo que le
mostraba su rostro.

—Buena suerte con tu nuevo trabajo. —Con eso, Micah se giró sobre sus
talones y se dirigió hacia la casa.

—Micah, espera....

Levantando su cabeza en alto, Micah siguió su camino. Al llegar al porche de


atrás, oyó la puerta del coche de Tucker cerrarse de golpe y al motor arrancar.
Micah no miró hacia atrás. Una vez que estuvo dentro de la casa, echó un vistazo a
través de la cortina que cubría la ventana trasera.

Algo apretó su brazo de la misma manera en que el pánico apretaba su


pecho. Por favor no te vayas. No me dejes. Sus sollozos obstruían su garganta
cuando el coche se alejaba en medio de una nube de polvo. Un molesto pitido sonó
y una voz suave y profunda le hablaba en voz baja a la distancia. Micah no podía
entender lo que la voz le decía, pero era relajante, aliviaba esa sensación casi
frenética. Tucker. Sonaba como Tucker.

La opresión en su pecho disminuyó aún más mientras la voz le hablaba, hasta


que pudo respirar y no sentir como si alguien lo estuviera estrangulando. El delicioso
tono ronco trajo a su mente el recuerdo de una noche fría, calentándose al calor de
una fogata y un cuarto de whisky. Ah, qué agradable. Sus labios se curvaron
automáticamente y se acurrucó en el calor que le rodeaba. Algunos Glenlivet10
realmente darían en el clavo. Lástima que el licor del alijo en “The Bar D” estaba casi
agotado. Bueno, no, mejor no... Últimamente el alcohol mataba su estómago, eso
realmente apestaba porque el mes pasado habría podido tomar un poco en la
noche para relajarse antes de irse a dormir. Ahora que lo pensaba, esto era tan
acogedor, como lo había sido hacía mucho tiempo atrás.

10
El Glenlivet 12 años es un whisky de malta donde se combinan sabores de frutas tropicales y aromas florales.
Encontramos notas de vainilla, trasmitidas por las barricas de roble que lo hacen muy rico. Es suave y con notas
dulzonas y frutales: melocotones o peras confitadas.
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Algo le molestaba un poco en el fondo de su mente, algo le decía que esto no


podía ser cierto. Siempre había algo por qué preocuparse, siempre había algo qué
hacer, o dinero qué conseguir, así que ¿por qué estaba durmiendo?. Había ido a
hablar con Tucker. Micah parpadeó tratando de abrir los ojos.

El hospital. Había olvidado que había venido al hospital. Estaba oscuro y


borroso como el infierno sin sus gafas, pero no tenía ninguna duda, por el aspecto
clínico de la sala y por el aroma a antiséptico. El brazalete que lo conectaba al
monitor que medía su presión arterial aflojó de su brazo su mortal apretón y otro
pitido llegó a sus oídos. Mierda, no tenía el dinero para todo esto.

Hubo un crujido que parecía como si alguien se estuviera moviendo en una


silla. —Yo también te amo, abuelo. —Tucker hizo una pausa y su voz se quebró un
poco. —Haré todo lo posible. —Hubo otra pausa y respiró profundamente. —Sí,
señor, te lo prometo. Voy a hacer lo correcto.

Hablaba en voz baja, pero Micah creyó escuchar algo de nostalgia en las
palabras de Tucker. En ese momento, Micah se odiaba a sí mismo por ser él la razón
para que Tucker se mantuviera alejado todo este tiempo. Tal vez si él abandonara
“The Bar D” Tucker volvería. Tal vez él visitaría a su familia. Micah cerró sus ojos y
respiró hondo, tratando de calmarse. Aquél maldito sueño. Dios, no podía creer que
todavía recordara cuando Tucker se había ido como si hubiera sido ayer. ¿Por qué
eso aún le dolía malditamente demasiado?. Incluso el ser más maduro y más sabio
no lo había ayudado. Esto solamente añadía culpa y vergüenza a la ecuación. Nunca
debió haberle rogado a Tucker que se quedara. No había sido justo al presionar a
Tucker, y aunque Micah no era mas que un niño, fue malditamente humillante.

—Nos veremos en dos días, ¿de acuerdo?. Adiós, abuelo.

Micah tenía que salir de ahí y alejarse de Tucker. Tratando de sacudir su


cabeza para despertarse totalmente, instantáneamente abrió los ojos. Luchó con el
brazalete en su brazo, logrando colocar sus pies al lado de la cama y fuera de las
sabanas. Estaba totalmente avergonzado por haberle pedido ayuda a Tucker con el
rancho. Si tuviera alguna otra alternativa.... Si no fuera por Jeff y AJ, Micah ni
siquiera le hubiera preguntado, pero Tucker era de la familia.

El rasgón del velcro fue la señal que le indicó que era libre y el aire frío heló
los dedos de sus píes. No tenía la capacidad económica para pagar por una estancia
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 32
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prolongada en el hospital. Se negaba rotundamente a pedirle a Tucker cualquier


otra cosa que no estuviera relacionada con el rancho. A diferencia de la mayoría de
la gente rica, Tucker era generoso y no lastimaba a la gente con su dinero o trataba
de salirse con la suya con él, pero Micah preferiría morir antes que pedirle a Tucker
que lo ayudara. Ya era bastante malo que tuvieran que hacerle una endoscopia de
emergencia para asegurarse que el sangrado no era grave. Conseguiría el dinero en
alguna parte, pero esto era un procedimiento ambulatorio, ¿verdad?. ¿Cuánto había
costado, otro par de miles?. Pero encontraría la manera de...

Una mano se posó sobre su hombro, empujándolo de nuevo al colchón.

Micah volteó la cabeza y miró directamente a los oscuros ojos de Tucker.


Todo se detuvo. Micah no podía respirar, no podía pensar y, ciertamente, no podía
hablar. Se quedó paralizado, con una pierna colgando fuera de la cama y una mano
en la barandilla de apoyo. Ahí se quedó, tendido sobre su espalda -y demonios su
estómago le dolía- estaba atontado y tenía que salir de ahí, pero al ver a Tucker,
incluso algo borroso, lo había golpeado con tanta fuerza como lo había hecho
cuando lo había vuelto a ver después de todos estos años. ¿Por qué no podía
sacarse a este hombre de la cabeza?. Había pensado que sería inmune a Tucker,
ahora que había crecido, pero no lo era. El ver nuevamente a Tucker y ese maldito
sueño se lo habían comprobado. ¿Por qué Tucker seguía siendo el hombre más
hermoso en el que él se hubiera fijado?.

—Reduce la velocidad, Hopalong11. —Tucker liberó el hombro de Micah y le


metió de nuevo los pies bajo las sábanas. Entrelazó sus dedos con los de Micah,
obligaría a Micah a quedarse así tuviera que amarrarlo a la baranda de la cama. Pero
no lo hizo, sin embargo, no soltó la mano de Micah. —¿A dónde crees que vas?. —Él
sonrió y arqueó una ceja cuestionándolo.

—Fuera de aquí. No me puedo permitir....

—No comiences. No creo que las enfermeras serían muy amables conmigo si
te pongo sobre mis rodillas. El sangrado no era tan malo, pero estarás atrapado aquí
durante las próximas veinticuatro horas por lo menos. Y yo voy a pagar la cuenta del
hospital. — Soltando la mano de Micah, Tucker se sentó en una silla junto a la cama
11
Hopalong Cassidy es un héroe cowboy, creado en 1904 por Clarence E. Mulford y que aparecía en una serie
de relatos y novelas populares. En prensa escrita, el personaje aparecía con un carácter grosero, de hablar
áspero y conducta desganada.
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y le lazó a Micah una mirada severa la cual le decía que no admitiría más majaderías,
ni discusiones.

Esto cabreó hasta las narices a Micah. El calor se precipitó por su cuello y su
cara. Ya no era aquél niño mimado pendiente de las palabras de Tucker y que hacía
todo lo que él le dijera. Micah era un hombre adulto, con responsabilidades y...
gimió. —Maldita sea. No he llamado a casa. ¿Y dónde diablos están mis gafas? No
puedo ver ni una maldita cosa.

—Ya llamé a “The Bar D". —Tucker sacó las gafas de Micah del bolsillo de su
camisa y se las puso en su cara. Se volvió a sentar en la silla y cruzó sus largas
piernas delante de él.

Ahora que podía ver claramente, Micah estudió a Tucker nuevamente.

La luz del farol que entraba por la cortina abierta lo bañaba con su halo,
resaltando la silueta de su cara. La mandíbula cuadrada de Tucker estaba casi
siempre cubierta por una pesada sombra pasadas las cinco. Esto sorprendía
constantemente a Micah. El que una persona con el pelo rubio rojizo pudiera tener
una barba tan oscura. Más de una vez Micah había ansiado recordar cómo su
espinosa barba se había sentido sobre su piel.

—Hablé con mi abuelo. —Descansando su cabeza en el respaldo de la silla,


Tucker cerró los ojos.

¿Qué podría Micah decir ante eso?. Ya se había dado cuenta. —¿Estaba
teniendo un buen día?. —Micah luchó contra el impulso de alcanzar a Tucker y
enterró sus manos bajo la manta.

—Sí. —Sonriendo, Tucker asintió ligeramente con la cabeza, pero sus ojos
permanecían cerrados. Parecía algo frágil, por lo que Micah quería voltearse,
quedarse de espalda y darle un momento, pero no lo hizo. Esto era una cosa muy
rara de ver, “grietas en la armadura de Tucker”. Joder, si Micah no lo hubiera visto,
diría que Tucker no tenía ninguna. Era curioso, parecía tan vulnerable, sin embargo,
sus anchos hombros se tragaban el pequeño espacio de la habitación privada del
hospital, dando testimonio de su poder como nada más podría hacerlo.
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 34
J.L. LANGLEY

La silenciosa fuerza de Tucker había hecho que Micah se sintiera siempre a


salvo y protegido. Tal vez por eso había venido a pedirle ayuda a Tucker. Hasta
donde podía recordar Micah, Tucker había sido capaz de llevar el mundo sobre sus
hombros con tan poco esfuerzo. Micah se sentía algo resentido por eso. Tucker no
se dejaba atascar por sus normales deseos y necesidades. Había podido irse por su
cuenta y hacer una fortuna sin extrañar para nada a su familia... sin echar de menos
a Micah. ¿Esto acaso no era como una bofetada en su cara?. Micah tenía tantas
ganas de gritar y gritar y decirle a Tucker cuanto lo odiaba.

Se suponía que debía estar ayudando a mantener en funcionamiento a “The


Bar D”, y aquí estaba soñando con un hombre que nunca pudo tener y acumulando
más deudas. Micah cerró los ojos. Una habitación privada. La factura del hospital iba
a ser escandalosa. Sin embargo, no tenía ninguna maldita manera de evitar que
Tucker la pagara.

—Él me dijo que me necesitabas.

—¿Qué?. —Abriendo de golpe sus ojos, Micah se chocó con la mirada de


Tucker.

—¿Le dijiste que estaba en el hospital?.

—No, AJ y papá me amenazaron con ahorcarme si lo hacía. —Tucker, se


levantó y apoyó su antebrazo en la baranda y mirando hacia abajo, hacia Micah. Se
encogió de hombros. —No estoy seguro de lo que él quería decir. ¿Tal vez él
sospecha algo?.

Frunciendo el ceño, Micah deseaba que Tucker se sentara. Era muy grande,
muy imponente, muy deseable, y estaba malditamente demasiado cerca. —Él sabe
algo. Él sabe lo grave que es la deuda. Supongo que es su manera de recordarte a
donde tú perteneces y pedirte ayuda. Ha estado preguntando por ti.

Trazando una línea con sus dedos a lo largo de la mejilla de Micah, Tucker
siguió la caricia con su mirada. —Tal vez. —Él asintió con la cabeza. —
Probablemente.

Una pequeña sensación de cosquilleo comenzó en el estómago de Micah y se


extendió hacia el exterior. Su polla palpitó y el estúpido pitido ahora era más rápido.
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 35
J.L. LANGLEY

El calor se precipitó sobre las mejillas de Micah y alejó su cabeza de un tirón. —¿Has
revisado su testamento?.

—Lo hice. Tienes razón, la condición de matrimonio sólo se aplica a mí, a mi


papá y a AJ. A Duncan no lo nombra en esa parte, lo que podría ser malo, porque al
ser el hijo mayor podría impugnarlo. Tengo a un abogado revisándolo. —Se sentó en
su silla y se estiró con las manos sobre su estómago. —¿Por qué no viniste a
buscarme antes?.

—Porque podía manejarlo solo...

—¿En serio?. —Tucker arqueó una ceja arrogantemente. —Si ni siquiera


puedes cuidar de ti mismo.

—Eres un asno. —Micah ya no era un niño de mierda. Tucker no tenía ningún


derecho. Si ni siquiera había estado allí. Micah estaba haciendo el trabajo para el
que Tucker había nacido –él era el hijo mayor de Jeff- ¿cómo se atrevía a juzgarlo?.
Tucker no tenía ni idea de lo afortunado que era de conservar aún sus derechos de
nacimiento. Micah apretó los dientes. El efecto de la anestesia definitivamente se
estaba esfumando, pero su ira mantenía a raya el dolor.

—Sí, lo soy. Y ya que tú piensas que soy eso, tal vez este sea un buen
momento para decirte lo que he decidido hacer acerca de lo del testamento.

Un escalofrío corrió por toda la espina dorsal de Micah ante el frio y casi
muerto tono de voz con el que Tucker había hablado. Oh sí, los medicamentos
definitivamente ya no estaban haciendo efecto. —¿Qué?.

—Vamos a casarnos antes de regresar al rancho.


SU MARIDO POR CONVENIENCIA 36
J.L. LANGLEY

CAPITULO CUATRO

Con una sensación de hundimiento, Tucker le echó un vistazo a la licencia de


matrimonio que estaba en el tablero de mandos de su auto. Esto le había parecido
una excelente idea en el momento en que había pensado en ella. Se mantendría el
rancho de la familia a salvo de la impugnación de la última voluntad de su abuelo...
en teoría. Micah le había dicho que su padre y AJ no veían a nadie y Tucker no
estaba dispuesto a casarse con cualquiera, por lo que ésta le había parecido ser la
solución perfecta. Infiernos, ¿a quién quería engañar?, sin pensarlo había tomado la
decisión, para él esto había sido una cosa muy rara. Por lo general no actuaba sin
antes sopesar las consecuencias.

Como Tucker salió de la carretera, le robó una mirada a Micah, quien estaba
sentado en el asiento del pasajero. Tucker casi podía sentir que el temperamento
latino estaba apunto de estallar, otra vez.

Micah no había dicho dos palabras seguidas desde ayer, no desde que había
dicho sus votos matrimoniales. Incluso entonces, las palabras habían salido forzadas
de su boca, mientras apretaba los dientes y lo miraba de una forma que asustaría a
los niños. Bueno, Micah le pertenecía a Tucker, por ahora, le gustara o no. Sabía que
Micah estaría de acuerdo con él, incluso si no estaba muy feliz con ello, con tal de
impedir la impugnación del testamento y que no se llevaran a cabo los últimos
deseos de Ferguson. En este punto, a Tucker ya no le importaba lo que la pequeña
mierda quisiera. Micah había estado trabajando hasta casi morir y esta había sido la
única forma segura de hacerlo parar. No le importaba si le tocaba luchar con uñas y
dientes contra él. No podría vivir consigo mismo si dejara que las cosas fueran por
ese camino.

—¿Cómo te sientes?.

—Bien.

Tucker reprimió el impulso de rechinar los dientes y sacudir la mierda de


Micah. Una cosa era cierta, la actitud de Micah mantenía a Tucker guardando sus
distancias. Tucker estaba agradecido, pero también triste. ¿Micah era así de
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 37
J.L. LANGLEY

desagradable?. No, Tucker sabía que no lo era. Hace mucho tiempo Micah era solo
sonrisas y vivía pendiente de cada palabra que Tucker pronunciaba. Él lo había
perdido. Bueno, tal vez el contrato de adoración era un poco... -a Tucker le había
gustado su nueva actitud independiente- pero quería ver esa sonrisa de nuevo. No.
No, él no quería eso. Este hosco Micah era algo favorable para la conciencia de
Tucker. Podía concentrarse en arreglar las cosas para su familia y salir del “infierno
de Dodge”12.

—¿No sientes dolor?.

—No. —Micah siguió recostado en el espaldar del asiento con los ojos
cerrados.

—Háblame de tus ideas para el rancho.

—Eso ya no importa.

—Maldita sea, Micah. —Solían llevarse tan bien, que no necesitaban ni hablar
para comunicarse entre sí. Tucker, nunca había experimentado esto con nadie más,
incluyendo a AJ. —¿Ya no tiene importancia?. Yo no me casé contigo para tirar mi
dinero en el rancho así nada más. Quiero que vuelva a ser rentable. Quiero
asegurarme de que, papá, AJ y Juan tengan un hogar y un ingreso. Y tú tienes que
estar feliz con eso, así que necesito tu opinión.

—¿Qué?. ¿Qué significa eso?. ¿Solo vas a solucionar las cosas para nosotros y
lograr dividendos?. Sí, para ti eso suena muy bien. Nos vas a abandonar de nuevo.
—Micah sonaba como si eso le divirtiera, pero su actitud rechinó en los nervios de
Tucker aún más.

—Micah... —Tucker gimió. —No voy a abandonarlos. Nunca los abandoné.

Había tenido que irse. ¿Acaso Micah no se había dado cuenta de que Tucker
le había dado la oportunidad de crecer y convertirse por su propia cuenta en un
hombre?. —Tengo una vida y una carrera en Dallas. No puedo regresar al rancho y
pretender lo contrario.

12
Esta expresión hace referencia a la ciudad de Dodge en el Estado de Kansas, la cual era reconocida en la
época del viejo oeste como una ciudad infame en la que imperaba la ley de los delincuentes y de moral relajada.
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J.L. LANGLEY

Nunca sería capaz de mantener sus manos fuera de Micah si lo hiciera. Nada
habría cambiado. Incluso si Micah lo perdonaba –cosa poco probable por la
hostilidad que le había demostrado en los últimos días– aún así estaría mejor sin
Tucker. —Hice las cosas de esa manera para asegurarme de que el rancho se
quedara con quien debería. No es como si yo pudiera decirle a mi abuelo que
cambie su testamento. Tu dijiste que es sólo cuestión de tiempo hasta que… —La
garganta de Tucker se contrajo, haciendo que tuviera que tragar. Jesús, sólo quería
dar la vuelta, volver a casa y olvidarse de todo. —Hasta que él se vaya. De esta
forma tendremos todo asegurado. El rancho lo pondremos a mi nombre. Voy a
pagar el impuesto de sucesión por él y prestaré el dinero suficiente al rancho para
ponerlo en marcha otra vez. Así que deja ese mal humor, ¿acaso no estamos
trabajando todos para volver el rancho autosuficiente?. Claro que espero obtener
beneficios, pero yo no voy a estar aquí para hacer las cosas, para eso están ustedes.

—Dame un respiro. Los dos sabemos muy bien por qué huiste. Pero no te
preocupes, te prometo que no voy hacer una escena. Ya no soy aquél adolescente
idiota. —Micah suspiró y miró a Tucker. —Tu abuelo te quiere ver, pero no tienes
que quedarte. No te necesito aquí para que me digas cómo debo gastar tu dinero.
Puedo tomar las decisiones y ejecutar las de Jeff y AJ.

Ah, Tucker estaba empezando a ver el problema. Micah estaba


acostumbrado a ser -el hombre-. Se había acostumbrado al manejo de la hacienda,
¿y por qué no? Papá y AJ odiaban tener algo que ver con la parte comercial de las
cosas, eran más que felices quedándose afuera con el ganado. —¿Crees que sólo
voy a entrar al negocio y quitarte de en medio?.

—¿No lo haces? Acaso no es eso lo que siempre haces. Infiernos, ni siquiera


me dejaste conducir a mi propia casa en mi maldita camioneta. Eso no te parece
querer controlarme.

Un gruñido se le escapó a Tucker antes de que lo pudiera detener. —Ya


hemos hablado sobre eso. Necitas descansar. Te traeré de vuelta por tu camión en
unos días. Y ahora, ¿dejarás de ser un dolor en el culo y me dirás qué ideas tienes?.
—Trató de concentrarse en el paisaje que pasaba, pero no sirvió de nada, estaba
demasiado consciente del mal humor del hombre cabreado junto a él. Flexionó con
fuerza sus manos en el volante y los nudillos se le blanquearon por un segundo.

Micah se quedó callado por unos instantes. Se le enfrentó de nuevo, sin abrir
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J.L. LANGLEY

los ojos. —Tenemos que aumentar el tamaño de nuestro ganado y AJ y yo hemos


conversado acerca de iniciar un programa de cría. Así que en lugar de sólo la
alimentación y el engorde, podemos vender pie de cría. Tenemos algunos toros
excelentes, pero creo que vamos a necesitar unos cuantos más. —Aparentemente,
esto le había dado algo en qué pensar. Desarrollar ganado de cría requeriría invertir
mucho capital, pero esto tenía el potencial de hacer mucho más también.

Tucker casi suspiró de alivio. Micah iba a cooperar, al menos un poco. —¿Qué
tipo de ganado?.

—Comercial. Queremos intentar cruzar el ganado.

En “The Bar D” siempre se había manejado ganado de raza cuernos largos. —


¿Qué otras razas?.

Sin volver la cabeza, Micah se encogió de hombros y bostezó.

—No lo sé todavía. Hemos estado demasiado ocupados como para siquiera


haber hablado sobre eso.

Tucker frunció el ceño. Se había dado cuenta de lo cansado que Micah se


encontraba, pero no tenían más tiempo para hablar sobre el futuro del rancho. Por
lo que Tucker pudo darse cuenta, Micah no hacía más que preocuparse por el
rancho. Varones mayores de veinte y dos años de edad, no terminaban con úlceras.
El médico pensaba que había tenido mucho que ver con el uso excesivo de
antiácidos por parte de Micah. Lo que le hizo sospechar a Tucker que Micah estaba
trabajando muy duro. Claro, el trabajo del rancho era duro, pero el niño necesitaba
que alguien cuidara de él. Tucker se las iba tener que ver con los asnos de su padre y
AJ, cuando llegaran a su casa. Ellos deberían haber cuidado mejor a Micah.

Disminuyendo la marcha del auto, Tucker hizo un giro a la izquierda. —


Hablaremos sobre eso esta noche. Estamos aquí.

Cuando la grava crujió bajo los neumáticos del automóvil, Micah abrió los
ojos y se sentó. Una lenta sonrisa, casi imperceptible se dibujó en su rostro.

Tucker también sonrió, luego dejó su mirada fija en el frente. Condujo a


través de la puerta abierta de madera en bruto de cortes largos que en la parte
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superior decía: The Bar D y tragó saliva. Trató de aplacar y mantener bajo control los
nervios que de repente aparecieron. Había traspasado esta puerta cientos de veces.
¿Qué era tan diferente ahora? ¿Por qué sentía como si su vida estuviera a punto de
ser puesta de cabeza y al revés?. Lograr que las cosas se arreglaran y volver a Dallas
era su prioridad ahora. Estaba enloqueciéndose.

—¿Qué pasará si tu plan idiota no funciona? Los dos somos hombres y a los
texanos no les hace mucha gracia esto. Infiernos, ni siquiera en el jodido California
han podido unirse lo suficiente como para hacer que sea legal y moralmente
correcto en lo que respecta a los matrimonios gays.

Tucker dejó pasar el insulto. —Se que va a funcionar. Hablé con el abogado.
La condición estaba escrita en el testamento, el matrimonio no tiene que ser legal
en Texas, sólo en alguna parte. Es legal en algunos estados de EE.UU. y Canadá, así
que estaremos bien.

—Pensé que tu abogado no lo había leído todavía. —Frunciendo el ceño,


Micah se volvió en su asiento.

—Ella sólo leyó la parte de lo del matrimonio y me dijo que incluso una unión
civil o matrimonio gay cumple con las condiciones. Cuando ella encuentre cualquier
otra cosa, me lo hará saber.

—¿Y qué acerca de las decisiones sobre el rancho?.

—Sí, te prometo que te mantendré al tanto de todo y tomaré en cuenta lo


que decidas también. —No era una gran mentira. Tucker mantendría a Micah al
tanto siempre y cuando no lo estresara.

—¿Lo prometes?.

—Sí. —Tucker mantuvo sus ojos fijos al frente, pero sintió con gran facilidad
como la tensión de Micah disminuía. Si Tucker hubiera sabido que cumplir con la
promesa de mantenerlo informado sobre el trabajo, le iba a ayudar, lo habría
intentado antes.

La abogada de Tucker le había dicho que estaba segura de que el testamento


podría ser impugnado, pero Tucker había decidido tomar este camino primero.
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J.L. LANGLEY

Micah no quería que impugnara el testamento por lo que ocurrió con su propia
familia. Si no hubiera sido por Juan... Tucker se estremeció. Ni siquiera quería pensar
en eso. También existía la posibilidad de que si Tucker impugnaba el testamento
podría llamar la atención hacia ello y tal vez darle ideas a Duncan. En todo caso
Duncan podría impugnarlo, pero por ahora Tucker iba a tratar de hacer las cosas con
mucho cuidado y respaldado a través de éste matrimonio de conveniencia. Sí,
correcto. ¿A quién quería engañar?. Esa no había sido la única razón por la que
quiso casarse con él. Sabía que era un bastardo egoísta y quería más control sobre la
vida de Micah. Tucker no tenía ni idea de qué iba a hacer con Micah, una vez que
regresara a su vida normal, pero Tucker iba cuidar de Micah por ahora. Tucker
dejaría ir a Micah cuando llegara ese momento... tal vez. No, él tenía que hacerlo.
Sabía condenadamente bien que no había tales cosas como en un cuento de hadas
con un final de felices para siempre. Si se quedaba, estaría tentado a tratar de hacer
de su matrimonio una realidad y cuando esto por fin se terminara... él no podía
hacerle eso a Micah.

—¡Hijo de la chingada!13.

Tucker sonrió ante los insultos en español. Micah había discutido siempre en
español. Cuando era niño, se hubiera salido con la suya la mayoría de las veces, si no
fuera porque a veces Juan estaba cerca para oírlo. —¿Por qué los insultos?.

—Por eso. —Micah señaló hacia un Cadillac Escalade de color plata, que en su
placa se podía leer claramente DUNCAN.

Era como si alguien hubiera derramado agua helada por la espalda de Tucker.
Que alguien le ayudara si ese hijo de puta había alterado a su padre...

Micah comenzó a refunfuñar en español. Tucker captó las palabras "cabrón"


y "pendejo" pero estaba seguro que cualquier otra cosa que Micah estuviera
diciendo no era muy agradable. Lo único que lamentaba Tucker era no saber el
suficiente español como para unírsele.

—No me jodas. —Tucker hizo rodar su automotor detrás del Chevy viejo y
golpeado de su padre y se parqueó. —¿Por qué esta chusma de mierda está aquí?.

13
Transcripción textual, Micah está hablando en español mexicano.
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J.L. LANGLEY

—Le dije que Ferguson había preguntado por él, pero no creí que él fuera a
venir. —La voz de Micah tenía un tono gruñón al pronunciar estas palabras. Tucker
lo miró más de cerca. Era sexy y violento al mismo tiempo. O tal vez era sexy,
porque había sonado tan violento. En cualquier caso, no sonaba como Micah.

Tucker no había pensado que Duncan vendría tampoco. Estaba muy


desconcertado al saber que su abuelo quería ver a Duncan. El que se fuera a morir al
parecer hizo que el hombre intentara hacer las paces, incluso cuando no había
tenido la culpa. —¿Crees que trajo a la perra con él?. —Si la donante de óvulos
estaba aquí, Tucker se iba a encargar de echar su culo fuera de la propiedad
personalmente. Estaba seguro como el infierno que su abuelo no había pedido
verla.

—No sé. —Micah contestó mientras alcanzaba la manija de la puerta. —


Tengo que ir a ver cómo está papá.

Cogiendo del brazo a Micah antes de que abriera la puerta, Tucker se


preguntó si Micah se había dado cuenta de que había llamado al padre de Tucker
"papá". —Espera, asesino. Tu cinturón de seguridad está aún abrochado.

Micah se corrió para poder desenganchar el cinturón, pero Tucker no soltó su


brazo. Con tantas ganas que Tucker tenía de ver cómo le pateaban el culo a Duncan,
no iba a dejar que Micah lo hiciera. De hecho, Micah no debería ni siquiera
molestarse en hacerlo. No era bueno para él. Se suponía que debía estar tomando
todo con calma.

Tucker frunció el ceño. —Micah, cálmate. —Agarró la licencia de matrimonio


a la carrera y la sostuvo en alto, antes de ponerla sobre la consola central. —
¿Recuerdas esto? Es nuestro as bajo la manga. Así que deja de preocuparte. Duncan
no puede entrar en el ordenador, ¿verdad?.

—Sólo AJ y yo tenemos la contraseña. —Desenganchando el cinturón de


seguridad, Micah sacudió la cabeza y giró su cuerpo hacia Tucker. Micah tomó una
respiración profunda y visiblemente trató de calmarse. —No hay oportunidad en el
infierno de que AJ le diera a ese “pendejo” la contraseña.

—Bien. Relájate. Dejaremos que visite al abuelo un par de horas y lo


enviaremos de regreso. —A Tucker, le pareció ver al viejo Micah por un segundo,
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J.L. LANGLEY

pero fue borrado enseguida al ver que venían AJ, su padre y Juan hacia ellos. Un
lado de la boca de Tucker se alzó y una extraña sensación lo inundó. Le tomó un
segundo, pero finalmente se dio cuenta de lo que era. Era la alegría. Dios, era bueno
estar en casa.

Miró de nuevo a Micah, notando de nuevo, los círculos oscuros bajo sus ojos.
El pecho de Tucker se apretó. Por ningún motivo iba dejar que Duncan se quedara.
Micah no necesitaba más estrés. —Ven aquí, bebé.

Micah arrugó sus cejas, casi juntándolas y miró a Tucker.

—¿Cómo me has llamado?.

Tucker tenía el loco deseo de besar aquél fulgor interior. No debería. Sólo
complicaría aún mas las cosas. Al diablo con eso, él lo quería y lo iba a tener. Se
inclinó hacia delante y tocó a Micah debajo de la barbilla para impulsarlo más cerca.
Inclinar la cara de Micah con su caricia había sido una tarea fácil y trató de no
golpear las gafas de Micah.

Un sonido que parecía una protesta y una suplica al mismo tiempo salió de la
garganta de Micah antes de que finalmente besara a Tucker. Micah se quitó sus
gafas con una mano y con la otra apretó la tela de la camisa de Tucker.

Tucker quería que el beso durara, pero al mismo tiempo sabía que no debía.
Esto podría convertirse en una obsesión. No podía permitirse el lujo de volverse
adicto a los besos de Micah. Podía ser Micah bastante maduro ahora, pero sus
mundos se movían en direcciones diferentes. Se le había desgarrado el corazón
cuando tuvo que dejar “The Bar D” y volver a Dallas. Y algo le decía que le iba a doler
mucho más esta vez que la primera. Micah, Maldita sea. ¿Por qué tenías que ser tan
tentador?.

Tucker se retiró con la esperanza de que Micah pensara que el beso había
sido para beneficiarse de su audiencia.

—¿Qué diablos crees que estás...?

—Shh... —Tucker bajó un poco la cabeza, señalándole a los demás.


SU MARIDO POR CONVENIENCIA 44
J.L. LANGLEY

Su familia venía hacia ellos, y sobre el pórtico había un hombre de traje gris
de aspecto caro que los observaba. Duncan. Tucker no recordaba que se pareciera
tanto a su papá, pero Tucker tenía tan solo cuatro años de edad la última vez que
vio a Duncan. No se podía negar, que Duncan era el hermano mayor de Jeff. Esto
hizo hervir la sangre de Tucker.

La puerta del lado del pasajero se abrió. —Pero mira a quien tenemos aquí, el
hijo pródigo ha regresado. —Juan sonrió. —Bienvenido de nuevo, jovencito.

—Y trajo a Tucker. —Dijo AJ un poco sorprendido.

—Bueno, que me condenen. Hola, hermano mayor.

—Juan hablaba de Tucker, no de Micah. —Papá se echó a reír. Inclinándose


hacia abajo, atrapó la mirada de Tucker. —¡Sal de ahí, muchacho!.

Después de quitarse el cinturón de seguridad, Tucker abrió su propia puerta y


sonrió tan amplio que bien había podido romperse su cara. En el momento en que
caminó alrededor del auto, AJ y Juan se habían reunido alrededor de Micah,
quejándose sobre él.

Micah se los quitó de encima, diciéndoles que estaba bien.

Papá se reunió con Tucker en frente del auto y lo apretó tan fuerte que no
podía respirar. Dio un paso hacia atrás y estudió a su padre. Papá parecía mayor.
Había más gris en su cabello y más arrugas en las comisuras de sus ojos, pero se veía
bien. Se sentía como en casa. Tucker lo abrazó de nuevo. —Papá ¡Hola!.

—Me alegro de que estés en casa, hijo. ¿Cuidaste bien de nuestro


muchacho?. —Papá se retiró, la mirada de Tucker se enfocó hacia donde AJ y Juan
se habían reunido con Micah.

Micah se chocó con la mirada de Tucker y sus ojos brillaron de felicidad por
un breve instante, luego miró hacia otro lado y le dijo algo a AJ.

Asintiendo con la cabeza, Tucker sonrió. —Lo he intentado. Sin embargo,


peleó conmigo todo el camino de regreso.
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AJ se echó a reír. —Suena exactamente como él. —AJ le dio unas palmaditas
en la espalda a Micah antes de cruzar de un tranco el aparcamiento hasta donde
estaba Tucker y le dio un abrazo de oso grande, levantándolo del suelo. —Me alegro
de que hayas vuelto. Debí haber enviado al mocoso mucho antes.

—"Besa mi culo"14. —Micah le sonrió a AJ.

—Deberían haberme llamado antes. —Tucker frunció el ceño, pero se lo


perdió AJ, que estaba en ese momento ocupado empujando a Micah.

—Bésame el culo, mocoso. —AJ miró a Tucker y la risa y la diversión dejaron


sus ojos. —¿Viste quién está aquí?.

La atención de Tucker se concentró en el pórtico y se encontró con la mirada


de Duncan. —Sí. ¿Necesitamos echarlo de una patada en el culo?.

—Ya me gustaría eso, pero el Abuelito le quiere aquí.

Duncan bajó los escalones del porche y caminó hacia ellos con la barbilla en
alto. Él se parecía tanto al padre de Tucker, que Tucker tuvo que recordarse lo hijo
de puta que era ese hombre.

Cuando Duncan llegó, se acercó y le tendió la mano a Tucker. —Así que has
decidido volver a casa. ¿O es que el pequeño -su mirada se arrastró hacia Micah y
un gruñido salió de sus labios- gorrón te trajo hasta aquí a rastras?.

—Y por gorrón asumo que te estás refiriendo a mi marido. —Tucker se quedó


mirando fijamente a Duncan, viendo el shock en su cara. Seguido rápidamente por
una expresión de asco, lo que hizo que Tucker apretara un poco más sus dientes.

—Vamos. Llámalo aprovechado de nuevo. Si te atreves.

14
N. T: Micah si que se sabe insultos en español (Lo dice una traductora completamente agradecida).
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CAPITULO CINCO

Tucker se sentó en la barandilla del pórtico posterior a beber un whisky y a


fumar un Latin Gold15 que había encontrado en el humidor16 de la oficina.

El Abuelo siempre había tenido buen gusto en cuanto a puros se trataba.


Tucker sonrió al recordar la primera vez que le había robado un cigarro a su abuelo.
Acababa de cumplir dieciséis y se creía la gran mierda. Papá se había puesto lívido,
pero el abuelo tomándolo con calma, le ofreció a Tucker, uno tras otro. Ellos se
sentaron en el pórtico a fumar y a charlar hasta que Tucker se mareó tanto que
vomitó. Después de eso, jamás volvió a tocar un puro. Bueno, no hasta que se mudó
a Dallas de todos modos.

Tomó una bocanada del puro y miró la luna llena. Maldita sea, iba a extrañar
al viejo. Le había dolido tanto verlo tan frágil tendido en esa cama en la tarde.
Tucker sentía que debió haber venido a casa con más frecuencia. Fue un error que
no estaba dispuesto a repetir otra vez. A partir de ahora, vendría a casa de visita
todos los meses, al menos por un fin de semana.

Tomando un trago, dejó que el whisky se deslizara suavemente por su


garganta, mientras observaba el pasto trasero. Su familia no era todo lo que
extrañaba. Echaba de menos su tierra. El rápido ritmo del mundo de los negocios
era muy emocionante, pero no había nada como una noche de primavera aquí, lejos
de la civilización. Era hermosa. Había tantas estrellas. Había olvidado cuántas.
¿Cuándo fue la última vez que se había tomado el tiempo necesario para mirar las
estrellas?. Había quedado atrapado más de un millón de veces trabajando en uno u
otro proyecto en su oficina que quedaba a una gran altura después que la luz del sol
se desvanecía, pero las luces de la ciudad hacían que las estrellas desaparecieran.
Los altos edificios dominaban el horizonte de Dallas. La gran ciudad tiene su propio
atractivo, pero aquí era mágico. El cielo parecía no tener fin.

—Es bonito, ¿no?. —Una suave voz le preguntó.

Tucker se sobresaltó, no se había dado cuenta que tenía compañía, pero de


15
Marca de tabacos o puros.
16
Cajita normalmente de madera donde se guardan los tabacos.
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J.L. LANGLEY

inmediato sonrió cuando reconoció de quién se trataba. No había visto a Micah,


desde que se vieron una sola vez en la tarde. Después de su llegada al rancho,
Tucker había ido directamente a ver a su abuelo. Luego, después de visitarlo se
había enterrado en la oficina para revisar las cuentas. Micah había entrado y le
había mostrado algunas cosas en la computadora, parecía que habían decidido
formar una especie de tregua, un frente unido en contra de Duncan. Tenían que
hacer parecer que su matrimonio era de verdad al forastero o le sería más fácil a
éste impugnar el testamento.

Tomando una bocanada de su cigarro, Tucker giró la cabeza hacia Micah y


deseó no haberlo hecho.

Micah estaba situado en la parte superior de la escalera de atrás, con una


sonrisita en su rostro. Las elegantes y pequeñas gafas que usaba durante su estancia
en Dallas se habían ido. Se veía adorable con ellas, pero ahora, sin ellas, era
bellísimo. Tucker había olvidado lo grandes que eran sus ojos. Aquellos cristales los
habían ocultado muy bien. El pelo negro de Micah que habitualmente permanecía
cubierto con su sombrero estaba mojado, era como si hubiera acabado de salir de la
ducha. La camisa polo roja de manga corta se estiraba con fuerza por todo su
delgado pecho, pero bien formado, e incluso mostraba unos bíceps bien tonificados.
Seguía siendo más pequeño que Tucker, pero Micah ya no era un niño. Unos
ajustados jeans acentuaban sus musculosas piernas que se le habían formado por
años de montar a caballo y sus pies estaban desnudos.

Tucker contuvo el aliento. El recuerdo de la última vez que había visto Micah
descalzo, cuando Tucker había dejado “The Bar D” después de su única noche
juntos, vino a su mente. Dios, se había sentido como un cruel hijo de perra.

Micah se situó a su lado, apoyando sus bronceados antebrazos sobre la


barandilla. Estaba tan cerca que el calor de su cuerpo calentaba el brazo izquierdo
de Tucker.

—Sí, las he extrañado. No hay tantas estrellas en la ciudad. —Tomando un


trago de su whisky, Tucker echó nuevamente un vistazo hacia el profundo e infinito
cielo. La suave brisa de primavera alborotó su pelo e hizo volar el perfumado humo
con olor a vainilla alrededor de él. Cualquiera que lo mirara fijamente se sentiría
insignificante junto a él, pero no lo hizo para poder confirmarlo. Una parte de él
deseaba mirar a Micah, lo que hizo que Tucker quisiera patear su propio culo. Él
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J.L. LANGLEY

había arruinado sus posibilidades con Micah desde hacía mucho tiempo. Maldita
sea, estar de vuelta aquí, lo estaba desestabilizando, o tal vez fueron los tres
whiskies que había tomado en la última hora. En cualquier caso, tenía que
recordarse a sí mismo que él había hecho trizas su conexión.

—¿Eso es lo único que has extrañado?.

La aprehensión discurrió sobre Tucker, pero él la rechazó. Nunca podrían


volver a ser como eran antes, pero por lo menos podrían llevarse bien. —No, no es
todo lo que he extrañado. Extraño a mi familia y el trabajo en el rancho. Echo de
menos... –a ti-. A Tucker le dolió el pecho cuando lo comprendió. Había perdido la
amistad que él y Micah habían tenido antes de que Tucker metiera la pata con lo
que había sucedido aquella noche. Le parecía incorrecto arrepentirse de una noche
tan profundamente maravillosa, pero lo hacía.

Micah quitó el cigarro de los dedos de Tucker y tomó una bocanada.

Fue un gesto íntimo y Tucker se dio cuenta que se había quedado mirándolo.
—yo... echo de menos la tranquilidad. —Observó cómo Micah fruncía los labios
cuando soplaba el humo, y de la nada se le vino a la mente la imagen de esos dulces
labios besando todo su cuerpo. Tucker negó con la cabeza y le quitó el cigarro a
Micah. —¿Desde cuándo fumas?.

—Usualmente no lo hago. —Micah se encogió de hombros. —¿Por qué no


has venido a casa con más frecuencia?. ¿Es por mí?. Odio pensar que... —la voz de
Micah se suavizó y se volvió un poco temblorosa. —No quiero que te alejes de tu
familia por mi culpa.

Maldita sea. Una punzada de culpabilidad le dio un puño a Tucker


directamente en las tripas. Se mantuvo alejado debido a Micah, pero no por las
razones que éste pensaba. —No fue por ti. —La mentira salió de su boca con tanta
facilidad, que Tucker casi se la cree él mismo. —El trabajo me mantiene ocupado.
Siempre hay ofertas de empresas para comprar y vender.

Tucker tomó una bocanada de su cigarro y se acordó que los labios de Micah
acababan de descansar sobre él. El sabor de los labios de Micah era tan dulce como
lo habían sido hacía cuatro años. ¿Micah tendría más práctica ahora?. A Tucker no le
debería importar eso, pero no le gustaba la idea de que Micah pudiera haber estado
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J.L. LANGLEY

con alguien más. Él había sido el primero para Micah, pero Tucker no tenía derecho
a esperar que fuera el único.

—¿Qué estás haciendo aquí?. —Tucker hizo una mueca ante el gruñido en su
voz.

Micah se quedó callado por unos momentos. Cuando habló, su volumen era
apenas un susurro. —No podía dormir. Me preguntaba donde estabas.

Aspirando una bocanada de aire, Tucker casi se atraganta. Lo ocultó


rápidamente tomando un trago de su whisky. Algo le hizo cosquillas en el brazo
cuando puso el vaso sobre la barandilla del pórtico. Miró hacia abajo. Los largos y
oscuros dedos de Micah rozaban su brazo, acariciándolo. Era un toque inocente,
pero envió la sangre a borbotones directamente a su ingle. Mierda. Tenía que salir
de ahí antes de que hiciera algo que lamentara después. Mantener su distancia era
mucho más fácil cuando Micah estaba enojado con él.

Tucker dejó caer su cigarro al suelo y lo aplastó con la bota antes de tirarlo
fuera del pórtico. Estando de píe, Tucker se giró y miró fijamente a esos grandes
ojos marrones.

Una vez más y con algo de vacilación, Micah pasó sus dedos sobre el
antebrazo de Tucker. Los movió sobre sus vellos y le dejó una sensación de
cosquilleo.

—¿Has tenido la oportunidad de revisar las cuentas?.

El gesto inocente hizo que la polla de Tucker se llenara completamente. —Sí.


Ya transferí el dinero para cubrir las deudas pendientes.

Asintiendo con la cabeza, Micah miró hacia el otro lado, hacia el pasto. —
Gracias. —Se mordió el labio inferior y respiró hondo.

Esa expresión le sacudió el corazón a Tucker. Fijó su mirada en el sensual labio


atrapado entre los blancos y rectos dientes de Micah. Tucker sintiendo cómo perdía
el control, se acercó y enganchó su dedo índice bajo la barbilla de Micah y la
levantó.
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J.L. LANGLEY

Parpadeando varias veces, Micah se aclaró la garganta y trató de dar un paso


hacia atrás.

Tucker se movió con él y miró fijamente a los asustados ojos de Micah


mientras sus labios se encontraban.

Fue como una descarga de rayos. Tucker cubrió con su mano la parte
posterior de la cabeza de Micah y lo mantuvo cerca. Inclinándose sobre la boca de
Micah, Tucker empujó su lengua dentro.

Micah se sacudió y gimió contra la boca de Tucker. Su cuerpo se puso rígido


por varios segundos cuando Tucker comenzó a explorar en su boca, pero luego,
Micah se relajó y terminó enroscando sus brazos alrededor de la cintura de Tucker.
Manteniendo a Tucker apretado contra él, Micah devolvió el beso y su lengua se
deslizó tímidamente a lo largo de la lengua de Tucker. La respiración de Micah se
aceleró hasta jadear y apretó sus manos en la parte posterior de Tucker. Se apretó
hacia adelante, moliendo su erección contra el muslo de Tucker.

La polla de Tucker palpitó y su respiración se tornó más rápida. Su otra mano


se apoderó del pequeño y firme culo de Micah, acercándolo a él un poco más.
Tratando de recuperar el aliento, Tucker se alejó un poco, pero Micah no se detuvo.
Él clavó su rostro en el cuello de Tucker, lamiéndolo y besándolo. Gruñendo, él
empujó sus caderas contra Tucker, moliéndose. Mierda. Esto es una locura. Tucker
tenía que parar esto. Por mucho que lo quisiera, sabía que esto sólo haría las cosas
más tensas entre ellos.

La respiración entrecortada de Micah se convirtió en gemidos y sus manos


estaban en todas partes al mismo tiempo. No se comportaba como lo había hecho
esa única vez que habían estado juntos. Micah ya no era aquél tímido virgen. El
deseo que sentía en ese momento era tan grande que realmente cabreó a Tucker.
¿Por qué no podía mantenerse al margen cuando de Micah se trataba?. Tucker se
las había arreglado con los otros amantes que había tenido, pero a Micah lo tenía
metido bajo su piel.

Cuando Micah agarró la polla de Tucker, éste sintió como si un caballo lo


hubiera pateado en el estómago. La cordura se convirtió en ira... ira contra sí mismo.
Odiaba ser débil. Tucker agarró un puñado de pelo grueso con su mano y jaló hacia
atrás la cabeza de Micah nuevamente, obligándolo a que hiciera contacto visual con
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J.L. LANGLEY

él. —Detente. —Tucker miró fijamente a los lánguidos ojos marrones sólo unos
segundos antes de que éstos se abrieran como platos y Micah bajara la mirada.

Micah se empujó hacia atrás, fuera de su alcance, ni siquiera miró de nuevo a


Tucker. —Yo... Yo... lo siento, yo... —Él negó con la cabeza y luego le lanzó una
mirada altiva a Tucker. Micah negó con la cabeza y se alejó en dirección hacia la
puerta de la cocina.

—Micah... —Tucker lo alcanzó antes de que se diera cuenta.

Micah tiró su hombro para alejarse del contacto. —Vete a la mierda. —Abrió
la puerta y desapareció en el interior.

—Maldita sea. —Tucker apoyó su espalda contra la barandilla y el vaso vacío


se golpeó contra el suelo. Se quedó allí durante varios minutos mirando fijamente la
puerta de la cocina. —Bien hecho, imbécil. —¿Cómo es posible que siempre
termines arruinando todo lo que tenga que ver con Micah?. Tucker tenía muchas
cosas por qué disculparse.

Empujándose a sí mismo fuera de la barandilla, caminó unos pocos pasos


para recoger el vaso. Al inclinarse, un reflejo en la oficina llamó su atención. ¿Qué
fue eso?. ¿Acaso dejé el computador encendido?. No, él sabía que no lo había
hecho. Y él estaba seguro de que si Micah iba a hacer algún trabajo, habría
encendido la luz.

Rápidamente, Tucker recogió el vaso y se dirigió hacia las puertas francesas


que conducían a la oficina.

Duncan estaba sentado en el escritorio frente al monitor. ¿Qué carajo era lo


que él estaba buscando?. Micah le había dicho que Duncan había estado enviando
correos electrónicos exigiendo que le entregara las cuentas. Tucker había visto los
correos electrónicos antes, cuando había estudiado las finanzas, pero no había
pensado demasiado en ello. ¿Por qué quiere Duncan los registros rancho?. Tucker
estaba completamente seguro de que Duncan no estaba aquí para visitar al abuelo
por última vez.

Tucker abrió la puerta y Duncan saltó, golpeando con una mano su pecho. —
Jesús, me asustaste.
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J.L. LANGLEY

Después de cerrar la puerta detrás de él, Tucker cruzó la habitación y


encendió la luz. —¿Qué diablos crees que estás haciendo?.

—Yo iba a utilizar el internet para revisar mi correo electrónico.

—Pura mierda. Imagino que habrás traído tu ordenador portátil, ¿eh?.

Frunciendo el entrecejo, Duncan se levantó. —Muy bien. Compórtate como


un asno. Pero óyeme bien, recordaré esto cuando “The Bar D” sea mío. —Él salió de
la oficina y cerró la puerta detrás de él.

Tucker corrió alrededor de la mesa de trabajo y se sentó ruidosamente.

Miró la pantalla. Duncan había utilizado una contraseña incorrecta.

Sentado en la silla, Tucker golpeó el teclado pulsando el código que Micah le


había dado y se detuvo en el programa de correo electrónico. Envió un mensaje a
un investigador privado que utilizaba a veces para sus negocios y apagó la
computadora. Tucker necesitaba buscar algo que ensuciara al hombre porque tenía
la sospecha de que Duncan no iba a dejar que las cosas fueran como el abuelo había
decidido después de que éste falleciera. Era el momento de que Tucker averiguara
qué intensiones tenía su tío al venir hasta el rancho. Recostándose en la silla, cerró
los ojos. No podía saber en qué términos se encontraba con Micah, pero sabía
malditamente bien que Duncan era su enemigo.
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J.L. LANGLEY

CAPITULO SEIS

No podía dormir. Echando un vistazo al reloj nuevamente, Micah entrecerró


los ojos, tratando de leer la hora. No podía decidir si levantarse o no. No era como si
estuviera durmiendo de todos modos. Había fingido que dormía cuando Tucker se
metió en la cama momentos antes, pero no había una endemoniada manera en que
Micah pudiera conseguir algo de sueño con toda la mierda que atravesaba su
cabeza. Miró a Tucker, quien estaba profundamente dormido, y suspiró. Micah lo
había dejado totalmente enfurecido y ahora estaba... abatido.

Agarró sus gafas de la mesita de noche y se las puso. Cuidadosamente salió


de la cama, tratando de no molestar a Tucker. Incluso si Tucker no quería a Micah,
por alguna razón él había decidido una vez más ser el dueño de Micah. Y Micah
realmente no quería discutir sobre eso en este momento. Miró el reloj de nuevo.

Tres y doce de la madrugada. Oh sí, definitivamente Tucker le diría a Micah


que volviera a la cama y luego la pelea comenzaría de nuevo. La parte más retorcida
de su cerebro le decía que hiciera ruido como quien no quiere la cosa y despertara a
Tucker. El beso de antes y el terror abyecto de Tucker por haberlo iniciado le dolían.
Una buena pelea no haría nada, nada constructivo de todos modos. Micah encogió
los hombros un poco. Caramba, ¿qué era lo que estaba mal con él?. Ellos nunca
solían estar en desacuerdo. Él deseaba que pudieran volver a ser así, volver a antes
de aquella noche.

Después de recoger su ropa en silencio, entró en el cuarto de baño. Le había


dicho a AJ que lo relevaría a las tres de la mañana. Tal vez la “Señorita Kitty” había
entrado en labor. Micah y AJ siempre se turnaban para vigilar a una yegua que
estaba a punto de tener un potro. Simplemente no tenía sentido que los dos se
quedaran esperando, sobre todo ahora que había despedido a todos sus peones.
Esto también distraería la mente de Micah ante el rechazo de Tucker.

Micah se quitó los pantalones del pijama y se puso un par de jeans. Se


enfundó una camiseta y se puso sus botas. La emoción ya estaba empezando a
embargarlo.
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J.L. LANGLEY

No había nada como un nuevo potro, o un becerro cualquiera sea el caso,


pero no nacían muchas crías en de “The Bar D”. Sólo se criaban caballos para su
propio uso. Esto trajo a su mente la primera cría que había ayudado a nacer. Había
asistido a Tucker. Era el verano en que había cumplido trece años. Había vuelto a
casa de la escuela y encontró a Tucker en el granero por su propia cuenta. Tucker
inmediatamente lo puso a trabajar. No había mucho qué hacer más que observar y
esperar. Había sido emocionante, no sólo por ver al nuevo potro nacer, sino por el
hecho de haber pasado tiempo a solas con Tucker.

Mierda, ahí lo tienes, pensando en Tucker de nuevo. Ese hombre era una
plaga.

Apagó la luz, Micah sigilosamente salió del cuarto de baño y atravesó su


habitación. Era extraño compartir su habitación con alguien. Salir con cuidado no
era fácil gracias al chirriante y viejo piso de madera, pero Micah estaba
acostumbrado. Sabía que las juntas crujían más fuerte porque se había escapado un
montón de veces cuando era un niño. Después de una parada en la cocina para
servirse una taza de café –gracias AJ por mantenerlo caliente- se dirigió a la fría
noche de Texas.

Amaba esta hora de la madrugada. Era tan tranquila. El sonido de los grillos
era como música para sus oídos. Micah respiró hondo e inhaló el aire del campo. La
taza de café mantenía sus manos calientes, pero el resto de él... brrr. El aire estaba
un poco frío. De camino al establo, Micah alternó frotarse un brazo con una mano y
mantener su café en la otra. Gracias a Dios el establo estaría más cálido.

Tan pronto como llegó al establo y la puerta de malla se cerró. Se volteó para
encontrar a Tucker corriendo hacia él.

El pelo de Tucker estaba revuelto, lo que lo hacia verse más como un


ranchero y no como el presidente en una sala de juntas. Vestía pantalones
vaqueros, una camiseta y botas, al igual que Micah. Tuvo que habérselos puesto a
toda prisa. Abrazándose a sí mismo, Tucker se frotaba los brazos.

—¿Qué estás haciendo?.

Micah tomó un sorbo de su taza. Parecía que iban a pasar por alto lo que
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J.L. LANGLEY

había ocurrido más temprano esa misma noche. Demonios, probablemente era lo
mejor. ¿Qué podría decirle de todos modos?.

—Voy a relevar a AJ ¿Qué haces aquí?.

Tucker se acercó a él, agarró su taza y derramó su contenido.

—¡Oye!.

—El doctor dijo que no debías tomar café. Maldita sea, está jodidamente frío
aquí afuera. —Tucker murmuró. —Yo vine aquí a buscarte.

Mirando aireadamente a Tucker, Micah envolvió sus brazos sobre su pecho


para mantener el calor. —Bueno, ya me encontraste. ¿Y ahora qué?. —La irritación
hacía que empezara a perder los estribos a causa de las acciones de Tucker, pero
Micah continuó manteniéndose bajo control. Tucker había sido siempre dominante.
Micah lo había tomado con calma cuando eran más jóvenes y ahora iba a tratar de
hacerlo de nuevo... dentro de lo razonable. Tenía trabajo qué hacer y él no dejaría
que Tucker se interpusiera en su camino. Micah caminó hacia dentro del granero,
confundido como el infierno. Quería estar enfadado –al menos esto le impediría
acercarse demasiado a Tucker de nuevo-. Sin embargo, al mismo tiempo Micah
anhelaba su cercanía.

—No lo sé. Imagino que no volverás a la cama, ¿verdad?.

—No. —Pero Micah deseaba endemoniadamente que Tucker si se fuera a la


cama. Sería mejor si se mantenían alejados el uno del otro.

Cuando Micah llegó al pesebre para partos gimió. AJ estaba recostado contra
la pared, profundamente dormido, y la “Señorita Kitty” estaba acostada a su lado
respirando pesadamente. —Dios mío. AJ, despierta.

AJ se despertó bruscamente. Bostezando, se dio cuenta de la presencia de


Micah y luego miró a la “Señorita Kitty”. AJ se puso de pie tan rápidamente que tuvo
que sostenerse de la pared del pesebre. —Mierda. ¿Cuánto tiempo ha pasado?.

Micah agarró el hombro de AJ para estabilizarlo. —No tengo ni idea. Acabo


de llegar. —Los ojos de la yegua eran un poco salvajes y esto afectaba demasiado a
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J.L. LANGLEY

Micah. Él entró en el espacioso pesebre y caminó hacia su extremo posterior. En


cuclillas, la acarició con su mano por un lado y trató de calmarla.

—Hola, hermosa.

Ella resopló un mechón de su larga y negra melena de su frente y levantó la


cabeza. Sus ojos estaban más abiertos de lo normal mientras lo observaba. Miró a
Tucker y después, a AJ

—AJ, ve a la cama. Nosotros la vigilaremos. —Tucker golpeó AJ en la espalda


y le entregó la taza vacía de Micah. —Pon esto en el fregadero cuando entres.

Como AJ se fue, Micah se quedó al lado de la yegua. Una contracción la hizo


gemir. Sus instintos le gritaron que algo estaba mal.

—¿Qué pasa?.

Micah notó que Tucker estaba mirándolo. —Ve a buscar unos guantes del
gabinete que está en el cobertizo.

Tucker asintió con la cabeza, dándose la vuelta para alejarse. —Si no recuerdo
mal, no debería llevarle tanto tiempo, estando a punto. ¿Qué está mal?.

—No sé. Tal vez nada, pero... —Micah se encogió de hombros.

—Es obvio que algo pasa. Está escrito en tu cara. ¿Deberíamos llamar al
veterinario?. —Tucker le gritó desde el cobertizo.

Micah negó con la cabeza y se dio cuenta de que Tucker no podía verlo. —No.
Sólo esperemos un tiempo y veamos con qué estamos tratando. Incluso si algo anda
mal, él no podría llegar a tiempo.

De regreso, Tucker sostuvo abierto el largo guante que le llegaba hasta el


hombro a Micah.

Micah se levantó y dejó que Tucker le ayudara a ponerse el guante.


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J.L. LANGLEY

—Gracias. Mantén el otro a la mano hasta que le eche un vistazo. —A toda


prisa se colocó de lado y deslizó sus dedos sobre la grupa, rumbo hacia los genitales.
Cuando ella apoyó la cabeza hacia abajo, levantó su cola poniéndola fuera del
camino y presionó dentro de su cuerpo con su mano enguantada. —Está bien,
mamá. Lo estás haciendo muy bien.

Ella hizo un sonido apesadumbrado.

—Lo sé, hermosa. Me estoy comportando demasiado confianzudo aquí,


¿no?. Te prometo que voy a darte algo muy bueno después, un pequeño regalo,
¿eh?.

Tucker se rió entre dientes. —No es de extrañar que tu vida amorosa sea
inexistente.

—Sabelotodo. ¿Y quién dice que mi vida amorosa es inexistente?.

Maldita sea, el bebé no estaba en el canal vaginal. Micah palpó aún más lejos,
encontrando el cuello del útero. Chocó con algo. ¿Qué era?. Una cola. ¡Maldita sea!.
—El bebé viene de nalgas.

—Mierda. —Tucker se puso serio. —Eso no es bueno.

—Las piernas del potro están al contrario.

—¿Puedes sacarlo?.

Micah permaneció con el rostro en blanco, tratando de no mostrar su


preocupación.

—Lo voy a intentar. ¿Podrías echarme una mano?.

Tucker asintió con la cabeza. —Si es la única manera de tenerte de vuelta en


la cama. —Su sonrisa era en parte diabólica y en parte preocupada.

¿Le estaba coqueteando?. Micah lo había visto hacerlo, pero por lo general él
no era el blanco.
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—¿Qué vas a hacer conmigo una vez me tengas ahí?. Por lo que vi, eres tu el
que tiene una escabrosa vida amorosa. —Oh, mierda. Si Micah no hubiera tenido la
mano metida dentro de un caballo, se habría tapado la boca. ¿Por qué le había
dicho eso?. Tucker sólo estaba tratando de aligerar el ambiente. Él no había hecho
nada grave.

—Mi vida amorosa no es escabrosa. Yo no tengo una vida amorosa, yo tengo


una vida sexual. Y te lo juro, que estoy pensando en un par de cosas que podría
hacerte una vez te tenga de vuelta en la cama. —Tucker se puso en cuclillas junto a
él, tan cerca de Micah que podía sentir su calor. —Podemos volver y pretender que
eres una novia ruborizada, tímida y virgen.

Un escalofrío bajó por la columna vertebral de Micah a causa de las palabras


de Tucker. O tal vez era por su cercanía. Esto hizo que concentrarse en la tarea fuera
más difícil para Micah. —¿Qué es toda esa mierda acerca de una novia?. —Su
mente se tambaleó con el hecho de que Tucker no había sido serio con nadie. Esto
no debería hacer feliz a Micah, pero lo hacía.

—Tienes razón, tú no fuiste ni tímido, ni ruborizado, cuando eras virgen.


Supongo que tendré que pensar en otra fantasía.

Sí, y Tucker debería saberlo. Micah resopló cuando pasó la mano por la
cadera del potro y encontró la pata trasera derecha. —¿Me sofocarías con una
almohada?. —Poniendo su mano alrededor del pie y el espolón del potro, comenzó
a maniobrar.

—Te aseguro que no pienso en...

El potro sacudió su pie, sorprendiendo a Micah y casi se suelta de su control.

Él debió haber jadeado porque Tucker le preguntó —¿Qué?.

Sonriendo tan grande hasta casi el punto de dañarse las mejillas, Micah lo
agarró con fuerza. Era difícil no gritar y gritó como un idiota. —Tenemos un bebé
vivo.

—Sí. —Tucker balanceó la cabeza, haciendo que un poco de su rubio cabello


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J.L. LANGLEY

se posara encima de sus ojos. Pestañeó entre el pelo. —¿Recuerdas la última vez
que hicimos esto juntos?. ¿Cuando “Dotty” tuvo a “Waldo”?.

—Pero fue mucho más fácil. —El sudor perló en la frente de Micah, goteando
en un ojo. Parpadeó e inclinó la cabeza hacia la manga de su brazo libre para
limpiarla.

—Lo fue. —Tucker lo apaleó, cuando con su mano secó el sudor para luego
limpiarlo en sus pantalones vaqueros.

Micah se congeló por la intima acción y miró a Tucker. Esta era la forma como
ellos solían comportarse antes, trabajando juntos, sin palabras. En el pasado, ellos
sabían instintivamente lo que el otro necesitaba. Una sensación de nerviosismo se
apoderó de Micah que no tenía nada que ver con su nerviosismo por el parto de la
cría.

—¿Todavía montas a Waldo?.

Asintiendo, Micah sonrió. Tucker siempre había sido bueno haciendo que
Micah se sintiera aún más cómodo. Él fue el primero de los Delany en hacer sentir a
Micah como si en realidad fuera de la familia hace muchos años atrás. Micah había
sido tan torpe y tímido y Tucker tenía constantemente que tranquilizarlo y ayudarlo
para que siguiera adelante. —Sí. Waldo está en el corral.

El caballo levantó la cabeza otra vez. Sus ojos estaban muy abiertos.

Sin que alguien se lo pidiera, Tucker comenzó a canturrearle a la yegua


embarazada. Su voz sonaba sexy y con cansina lentitud, pero sus ojos se
mantuvieron enfocados en Micah.

La “Señorita Kitty” resopló un poco, pero ella bajó la cabeza y escuchó a


Tucker.

Micah podría escuchar esa voz para siempre. Si sólo... ¡Sí!. La pierna se deslizó
fuera del útero. —Tucker, en el gabinete del cobertizo hay algunos cordeles de
nylon nuevos. Podrías traérmelos y hazle un nudo en un extremo.

Tucker se levantó y se dirigió al cobertizo otra vez.


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Le habló por encima del hombro —¿Qué acerca de la infección? ¿Tenemos


algo con qué esterilizarlo?.

—No tenemos tiempo para eso. Le pondremos una inyección de antibiótico y


llamaremos al veterinario para que venga en la mañana.

En el momento en que Tucker regresó, ya estaba atando el nudo. Después de


terminar el nudo, sustituyó el guante sobre su hombro por la cuerda. Ayudó a Micah
a ponerse el otro guante antes de entregarle a Micah la soga. —Toma, avísame
cuando tenga que empezar a jalar.

Parecía tan seguro, como si supiera lo que estaba haciendo, y esto le dio valor
a Micah. De una u otra forma, parecía que Tucker siempre le había dado fuerza.

—"Kay"17. —Micah sacó su brazo de la “Señorita Kitty”, agarró la cuerda y la


introdujo buscando las patas nuevamente. Por suerte, todavía estaba allí. No había
apostado a que se quedaría allí hasta que él pudiera volver a alcanzarla, por lo que
sin esperar nada más enrolló la soga alrededor del menudillo del espolón del potro.
—Bien.

La cuerda se tensó y el calor de Tucker se presionó contra la parte posterior


de Micah. Su mano se posó en el hombro de Micah y lo apretó. El pequeño toque
fue directo al corazón de Micah.

Micah volvió a hundir su brazo en busca de la otra pata. Esta vez él rompió el
saco amniótico. Muy poco fluido se filtró porque el potro estaba bloqueándolo.
Localizó la otra pata, y una contracción lo aprestó como si tuviera una abrazadera en
su brazo, haciéndolo estremecerse. Mierda.

—Lo siento dulce corazón, ya casi terminamos. Sólo unos minutos más, ¿de
acuerdo?. —Movió la otra pierna del útero.

Ahora venía la parte difícil. Tenía que sacar a éste potro rápidamente.
Después de conseguir poner su mano alrededor de las dos patas traseras del potro,
Micah esperó un momento. —Está bien, ya puedes hacerlo. —En la siguiente
contracción, Micah jaló. En medio de un gran chorro de líquido, el potro salió.

17
Kay es la traducción literal pero significa Dioses.
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Un suspiro de alivio se escuchó detrás de Micah.

—¡Sí!. Lo hicimos. —Tucker se rió entre dientes.

Micah le quitó la soga al potro, y la “Señorita Kitty” levantó la cabeza,


quedándose observando a su bebé.

Tucker besó la mejilla de Micah y se levantó. Levantó a Micah con él y pasó


un brazo alrededor de la cintura de Micah.

Tucker pegó su cara al lado de la de Micah. —Maldita sea, he echado de


menos esto.

Micah luchó por contener las lágrimas y asintió. Él estaba emocionado y


aliviado. Su pulso debería ir más despacio, no tan rápido, pero la cercanía de Tucker
se sentía muy bien en la cabeza de Micah. Cerró los ojos y respiró hondo, pero era
demasiado consciente de cómo reaccionaba su cuerpo cuando Tucker lo tocaba.
Micah necesitaba salirse del abrazo de Tucker, antes de que él hiciera algo estúpido.

—Maldita sea, ¿no es la cosa más linda?. Había olvidado lo emocionante que
esto era. Hace que quiera tener mi propio caballo nuevamente. —La voz de Tucker
era suave y llena de temor. Esto hizo estallar en piel de gallina los brazos de Micah.

Estar tan cerca de Tucker y compartir esto con él no debería ser gran cosa,
pero Micah estaba cansado y sus emociones necesitan un lugar a donde ir, ahora
que el susto había terminado. Él sólo quería envolverse en los brazos de Tucker y
descansar. Micah tuvo que recordarse que Tucker lo había echado a un lado antes
esa misma noche.

Una mano cayó sobre el hombro de Micah, instándole a que se diera la


vuelta.

—¿Micah?.

Al abrir los ojos, Micah dio vuelta.

—Aún tienes los guantes puestos.


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Bueno, infiernos, así que lo volvió a hacer. Micah se quitó un guante y luego
el otro y los arrojó en un rincón.

Levantando la cara de Micah con un dedo, Tucker inclinó su cara hacia él. Su
enfoque se centró en la boca de Micah. Con una expresión aturdida, avanzó como si
fuera a besar a Micah.

El estomago de Micah se tensó en un nudo y el granero de repente se volvió


sofocante. Dio un paso hacia atrás. —No.

Suspirando, Tucker asintió con la cabeza. —Tienes razón. Lo siento. Siento lo


de esta noche también.

Sabiendo que no debía hacerlo, Micah apoyó sus temblorosas manos en el


brazo de Tucker. —Está bien, pero probablemente deberíamos mantenernos
alejados el uno del otro.

—¿Qué?. No. —Tucker lo fulminó con la mirada, pero luego su expresión se


suavizó. —Digamos que esto es una tregua. Estuvimos bien juntos esta noche.
Como en los viejos tiempos. —Él sonrió. —¿Por qué no podemos hacer las paces y
tratar de volver a ser como éramos antes?.

Micah quería que fuera de esa manera, pero ¿podría?. Tenía miedo de
confiar en él de nuevo. Miedo de que iba a terminar cayendo a los pies de Tucker,
rogándole por cualquier migaja que él estuviera dispuesto a darle. Tucker siempre lo
había afectado de esa manera, pero ahora era peor, ahora era más intenso.
Probablemente debido a los años de amor no correspondido, la voz interior de
Micah se burlaba de él.

Dando un paso hacia atrás, dejó caer su mirada y miró a sus pies.

En contra de su mejor juicio, Micah asintió con la cabeza. —A mi también me


gustaría eso.

¿Cuán patético podía llegar a ser?. Debió haberle dicho a Tucker que
mantuviera su distancia. Micah había más o menos decidido hacer eso, pero la
verdad era que él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de estar al lado de
Tucker, incluso fingir que no lo amaba.
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CAPITULO SIETE

Micah se dejó caer sobre su cama dejando las piernas colgando al borde de
ésta. Sus gafas se desacomodaron un poco por lo que tuvo que reajustárselas. Los
últimos dos días habían sido maravillosos. Desde aquella noche en el granero, él y
Tucker habían entrado en una agradable rutina. Pero algo no estaba bien. Micah no
podía poner su dedo en la llaga, pero Tucker parecía un poco preocupado y se la
pasaba hostigando a Duncan a todo momento. Parecía como si Tucker estuviera
vigilando al hombre, lo que era inusual, ya que Tucker generalmente ignoraba a las
personas que no le agradaban.

Al menos así lo había hecho antes, pero entonces se había alejado por un
tiempo y Duncan se había comportado como un asno. Micah no se estaba
quejando, estaba disfrutando como el infierno ver a Duncan tan incómodo. Esto era
algo muy inmaduro de su parte, pero le sacaría el mayor provecho a todo esto de
donde pudiera. Él y Tucker se llevaban bien y Duncan no era feliz, así que todo
estaba bien en el mundo de Micah... por el momento, al menos.

Una sonrisa se extendió lentamente por su rostro seguido de una risita tonta.

La mirada de horror que Duncan les había mostrado a todos esta noche
durante la cena, cuando Tucker había besado a Micah al pasarle los rollos no tenía
precio.

Es cierto que Tucker no debería besar a Micah y tendría que hablarle al


respecto, pero ajustar cuentas con Duncan por todo el acoso que había recibido de
parte de él en los últimos dos meses hacía que todo valiera la pena.

En el transcurso de la cena, Duncan había mirado airado a Micah. Y en


respuesta él solamente le había sonreído, lo que pareció hacer enojar aún más a
Duncan. ¿Por qué lo odiaba tanto?. Micah podría decir que porque él era gay, pero
Duncan había odiado a Micah inclusive antes de saber eso. ¿Duncan estaba
resentido porque Micah se había convertido en un miembro mas de su familia?.
Cada vez que Jeff, AJ, Ferguson o Juan expresaban alegría por el hecho de que
estaba recién casado y que ahora Micah oficialmente era parte de la familia, Duncan
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 64
J.L. LANGLEY

trataba de desviar su atención. Era extraño. ¿Por qué le importaba tanto?. Él fue
quien traicionó y se alejó de su propia familia. El hecho de que Micah ahora fuera de
la familia no debería causarle ninguna preocupación a Duncan.

La puerta se cerró, seguida de un suspiro.

Levantándose sostenido de sus codos, Micah estudió a Tucker. Tal vez el


haber hecho este trato lograría en algún momento recuperar su antigua relación,
entonces no era tan malo después de todo. Al menos no lo sería si Tucker dejara de
confundirlo tanto con una tocadita aquí y un beso por allá.

Tucker se apoyó contra la puerta cerrada, los brazos y los pies reforzados
hacia afuera como si estuviera esperando a que alguien intentara entrar.

—Maldita sea. Se ve muy mal. —Cerrando los ojos, respiró hondo. —Debí
haber venido antes.

Oh, maldita sea. Micah había olvidado que Tucker había ido a ver a Ferguson
después de la cena. Micah, Jeff, AJ y Juan ya se habían acostumbrado a la forma en
que el cáncer había afectado a Ferguson, pero no Tucker. —Pero estas aquí ahora,
eso es lo que importa. ¿Fue agradable visitar a tu abuelo?.

—Sí. Lo fue. Aunque se quedó dormido estando yo ahí. —Tucker se apartó de


la puerta y se dejó caer junto a Micah, haciendo que él rebotara en la cama. —Él
estaba muy feliz porque me casé contigo. No pensé que lo fuera a recordar si
apenas se lo dije ayer, pero lo hizo.

—Sí, él lo mencionó esta mañana cuando lo vi. Es jodidamente raro. No creo


que no se diera cuenta de que es falso. —Micah frunció el ceño. ¿Cómo podría
Ferguson no darse cuenta de que era falso? y ¿por qué estaba tan feliz?. Pero no le
importaba. Si algo hacía a Ferguson feliz en estos momentos, Micah era feliz. —Él se
cansa fácilmente. El descanso es lo mejor para él. No le duele cuando está dormido.

Micah negó con la cabeza. No quería pensar en eso. Se había atormentado y


había estado tan triste por tanto tiempo, pero eso no le había servido de nada, y
seguro como el infierno que no quería hacer que Tucker se sintiera aún peor.

Micah sonrió, tratando de aligerar el estado de ánimo para poder cambiar de


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tema. —Todavía estoy esperando que Jeff y AJ me arrinconen y me pregunten por


qué lo hice. —Se dejó caer sobre su espalda y apoyó sus manos sobre su estómago.
Toda su familia estaba realmente feliz, pero sabían muy bien que Micah no había
visto a Tucker en años. Ellos sabrían que algo estaba pasando. Pero nadie quería
alertar a Duncan sobre este asunto, sin embargo, habían fingido como si fuera la
cosa más normal del mundo descubrir que Micah y Tucker se habían casado. ¿Qué
extraño era eso?. Sabían que Micah y Tucker eran homosexuales, pero... Dios,
amaba a su familia de “bichos raros”.

—Sí. Me imagino, pero solo sabremos si hemos tenido éxito una vez que
Duncan se vaya. —Tucker volteó la cabeza para mirar a Micah. La tristeza en los ojos
de Tucker todavía estaba allí. —¿Me pregunto si Duncan meterá sus patas
nuevamente y me dará la excusa perfecta para patearle el culo?. —Tucker juntó sus
cejas. —¿Qué diablos es lo que quiere?. ¿No se da cuenta que nadie le quiere aquí?.
Entiendo que lo haga por el abuelo al fin y al cabo es su padre, pero no se había
tomado la molestia en venir a visitarlo en los últimos años, así que ¿por qué lo hace
ahora?.

Micah quería besar los labios de Tucker y hacerlo sentir mejor.

Pero no, no lo hizo. ¡Huy! ¿De qué estaban hablando?. ¡Ya!. —No lo sé.
Ninguno ha mantenido nuestros sentimientos hacia él en secreto. Pero menos mal
que no trajo a tu madre. —Micah se encontró frente a frente con esos ojos marrón
oscuro. Una sensación extraña comenzó oscilarle en su vientre. Tragó el nudo que
se le había formado en la garganta y se lamió los labios. —Creo que si él la hubiera
traído, le habrían pateado el culo no mas con verlo llegar, independientemente de
lo que sintiera Ferguson. Duncan es fuerte como para enfrentársenos. Es un hombre
o muy inteligente o con mucha suerte, aún no he decidido cual de las dos.

Micah sentía la necesidad de refrenarse. Estar tan cerca de Tucker era


siempre difícil, pero después de ese beso durante la cena... Micah no podía dejar de
pensar en ese estúpido beso y realmente se estaba empezando a cabrear. ¿Cuando
fue que había empezado a ser tan débil?. Se suponía que debía estar haciendo caso
omiso de su atracción. De hecho, necesitaba hablar con Tucker acerca de eso.

—Habrías tenido que sostenerme para evitar que... —Tucker se quedó


mirando los labios de Micah y frunció el ceño. Sus pestañas oscuras ocultaban
parcialmente sus ojos cuando se inclinó hacia delante, con lo que casi se tocaban
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J.L. LANGLEY

nariz con nariz. Todo parecía ir en cámara lenta. La punta de la lengua apareció
entre sus labios. Su aliento atizaba sobre la barbilla de Micah.

Micah no podía respirar. Tenía miedo de hacerlo. Si hacía algo, Tucker


recobraría el sentido y Micah no quería correr ese riesgo. Sí, haz algo, ¡cabrón!
Retrocede, carraspea, ráscate la nariz, ¡haz algo!.

Tucker parpadeó varias veces para luego levantar rápidamente su mirada y


abrir sus ojos ampliamente. Negó con la cabeza y se alejó gimiendo.

—¿Cómo está tu estómago?. Tucker susurró.

—Bien. —Micah susurró en respuesta. El pelo en la parte posterior de sus


brazos se puso de punta.

—Trabajas muy duro. Creo que deberías permanecer en la casa y relajarte


durante un par de días. Has estado haciendo toda clase de cosas desde que
llegamos aquí.

Grrrr... Increíble. Micah realmente no quería escuchar un sermón acerca de su


estado de salud nuevamente. Sin embargo, esto ayudó a romper el hechizo. —Juro
por el infierno, que si no dejas de...

—Está bien, está bien... —Tucker extendió las manos en señal de rendición.

—Haz ruido. —Empujándose a sí mismo fuera de la cama, Tucker cerró la


puerta y comprobó que estuviera trancada, girando la manivela. —Voy a tomar una
ducha, pero esta discusión no ha terminado.

Más bien él no podía tratar con el Micah mandón.

Espera. ¿Qué dijo?. ¡Hay, Dios mío!. Micah cerró los ojos y respiró hondo.
Tucker en la ducha, desnudo, todo mojado y justo en la siguiente habitación: —
¿Qué? ¿Hacer ruido?.

—Gemidos y gruñidos. —Tucker cruzó la habitación y corrió las cortinas,


antes de entrar en el cuarto de baño contiguo.
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—Uf. —Intentando tranquilizar a su corazón, Micah se sentó en la cama.


¿Qué era lo que Tucker quería que hiciera?.

—Micah...

Micah abrió la boca para preguntar qué, entonces la cerró.

¿Por qué no encender la radio?. ¿Realmente creía Tucker que Duncan estaba
tratando de escucharlos?. Micah miró hacia la puerta. No había tanto espacio por
debajo de la puerta, probablemente menos de una pulgada. Era dudoso pensar que
alguien estaba de pie afuera. Micah fue hasta la puerta, se quedó frente a ella un
rato y miró por debajo. Sus gafas se movieron cuando los marcos tocaron el suelo,
pero aún podía ver a través de ellos. No parecía que alguien, estuviera allí.

—¿Qué estás haciendo?. —Tucker mantuvo su voz baja y se apoyó en el


umbral del baño, con una sonrisa en su hermoso rostro.

—¿Qué estás haciendo tu?. —Micah se puso de pie.

—Buscando la crema de afeitar. ¿Por qué no estás haciendo ruido?.

—¡Uf!. —Micah pisoteó con fuerza donde estaba parado un par de veces.

Tucker rodó los ojos. —Suenas como una vaca muriéndose.

—No creo que nadie esté ahí afuera escuchándonos. —Dijo Micah en voz
baja y caminó para acercarse a Tucker. —La crema de afeitar está en el gabinete a la
izquierda del lavamanos.

—Gracias. —Sonriendo, Tucker pasó su mano por su cara y por su corto pelo
rubio oscuro, y se devolvió hacia el interior del cuarto de baño. —Trata de hacer
ruido como si estuvieras teniendo sexo. Duncan está en la habitación al otro lado del
pasillo.

—Oh. —¡Oh! . Micah rodó sus ojos para sí mismo. Estúpido. Negando con la
cabeza, volvió a la cama reforzada en hierro. Se sentó en el borde y rebotó un poco.
La cama protestó en respuesta. Esto podría ser divertido. Se quitó los zapatos y los
tiró lejos. Rebotó de nuevo y soltó un largo y desigual, gemido. Al igual que en los
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viejos tiempos, se preguntaba por qué dejaba que Tucker le ordenara hacer este
tipo de cosas. Oh, sí, porque tú estás enamorada de él y tu harías cualquier cosa por
él. Micah definitivamente tenía que dejar de hacer eso. Él gimió, añadió esto para
hacer que sonara como si estuvieran teniendo sexo.

—Oh Señor. No te pases. Acabas de salir del hospital, ¿recuerdas?. —Tucker


desapareció nuevamente dentro del cuarto de baño.

Por supuesto que él lo recordaba. Tucker no le había permitido olvidarlo ni


una maldita vez. —Oh, oh siii. Mmm... —Gateó sobre la cama, Micah rebotó sobre
sus rodillas un poco. La cama chirrió.

—Oh sí, bebé. —Toma esto, Duncan. ¡Pendejo!.

La llave del agua en el baño se activó y Micah gruñó, tratando de cubrir el


sonido. Se puso de pie y se bamboleó sobre el suave colchón. Doblando las rodillas,
hizo que la cama chirriara otra vez. ¿Lo sostendría la cama si él en realidad saltara?.
Siempre había querido saltar en una cama. Su madre lo habría matado cuando era
un niño. Empujando la cama, miró por toda la habitación. El suelo era de madera.
¿Si él saltara, sería demasiado ruidosa la cama?. —Oh, sí, sí, sí. —Gimió para darle
efecto. Realmente, realmente quería saltar. Micah, la voz de su madre le advirtió en
su cabeza. Casi podía verla negando con su dedo frente a él.

A la mierda. Los píes de Micah dejaron el colchón y la cabecera se golpeó


contra la pared. —Oh sí, bebé, tómalo. —Sus gafas se deslizaron por su nariz y tuvo
que acomodarlas nuevamente y sostenérselas. Esto era muy divertido. Él había
querido un poco de diversión cuando reiniciara su relación con Tucker, pero esta era
una muy extraña manera de conseguirla. Micah ahogó una risita.

El agua paró.

—Oh sí, toma mi verga.

Tucker apareció en la puerta del baño con la mitad de su cara cubierta en


crema de afeitar y con la boca abierta. —¿Qué - estás - haciendo?.

Manteniendo sus gafas en su lugar con una mano, Micah saltó y levantó sus
piernas, cayendo sobre su trasero. Clac, clac, chillido. La cama se corría hacia atrás y
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hacia adelante sobre el piso de madera. —¡Oh sí, bebé!. —Saltó nuevamente con
una sonrisa de oreja a oreja. —Me dijiste que actuara como si estuviera teniendo
sexo. —susurró. Sumergiendo las rodillas en el colchón un par de veces, hizo que
sonaran los muelles. Riéndose, saltó en círculos. —¿Te gusta así, bebé?.

—Micah. —Espetó Tucker.

—¿Qué?. Tu dijiste que...

—Soy el de arriba. Deja de decir 'toma esto' y esas otras cosas. Y deja de
saltar en la cama antes de que te hagas daño.

¿Qué? Dios mío. Micah se congeló en medio de un rebote. Cuando llegó


abajo, sus dientes chocaron. Ay. —¿Me estás tomando del pelo?.

—No, no lo estoy haciendo.

—¿Estás enojado porque estoy fingiendo que soy el de arriba?.

—Yo siempre soy el de arriba. —Tucker se cruzó de brazos y se apoyó contra


la puerta, mirándolo con incredulidad.

A pesar de la resolución de Micah para superar su obsesión, la sensación de


vértigo poco a poco empezó de nuevo. El doloroso recuerdo de su tiempo juntos lo
estrelló con la realidad. Había estado bien antes de que Tucker lo hubiera
abandonado mientras él dormía. Había algo acerca de tener una agradable y dura
polla jodiendolo...

Micah frunció el ceño. Su enojo con Tucker estaba regresando. —Así que
¿qué es lo que estás insinuando?. —Saltó en la cama un par de veces seguidas. Él no
era un cobarde porque le gustara ser jodido, maldita sea. Y él ya estaba muy
cansado de todo esto. —Qué es todo eso de que estoy recién salido del hospital. —
Mierda.

—No estoy insinuando nada. Estoy declarando un hecho. Yo soy el de arriba.


Siempre. —Los surcos en la frente de Tucker se hicieron evidentes, demostrándole
por qué los jugadores de fútbol de los equipos contrarios en la universidad le habían
temido y por qué los hombres de negocios probablemente lo hacían, pero esa
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mirada por alguna razón no funcionaba con Micah. —Nadie, sobretodo mi familia,
jamás creería lo contrario.

—Pues bien, soy el de arriba en el sexo imaginario. —Micah empujó los


marcos de sus lentes sobre su nariz y tuvo que resistir el impulso infantil de sacarle
la lengua.

—No, no lo eres. —Apartándose de la puerta, Tucker cruzó la habitación de


un solo tranco, ahora con el ceño fruncido y mirándolo con perversidad.

Esta era la conversación más ridícula que jamás hubieran tenido. Micah sólo
debería dejarlo pasar, todo esto estaba más allá de ser una simple tontería, pero no
lo hizo. —Oh, sí lo soy. —Saltó un par de veces más. —Oh sí, bebé. Tómala. Así. Te
gusta mi grande y gorda polla en tu...

Tucker lo derribó.

—Uf. —Micah aterrizó de espaldas en el centro del colchón rebotando. La


cama chirriaba en el suelo y la cabecera se estrelló contra la pared. Sorprendido,
Micah alzó la vista y se perdió en esos grandes y oscuros ojos, sin fondo.

Tucker se quedó encima de él sujetándolo con fuerza, se sostenía a sí mismo


con sus musculosos brazos, con sus rodillas entre los muslos de Micah y durante
varios segundos, Tucker se quedó ahí mirándolo. Finalmente, cambió su mirada
hacia los labios de Micah. La mitad de la cara de Tucker aún tenía crema de afeitar.
Debería verse ridículo, pero no se veía así. Su cincelada mandíbula parecía aún más
masculina.

Micah se lamió los labios cuando tomó conciencia de lo que estaba pasando.
—Tucker, yo, uh... Um. —Se aclaró la garganta. —Suéltame de una puta vez. —
Tucker no se movió.

Hubo un pequeño golpeteo en medio del pecho de Micah, y se le aceleró el


pulso. Su polla se endureció. Oh Dios, por favor, no dejes que Tucker sienta eso.

—Yo soy el de arriba, Micah. —La voz de Tucker era apenas un poco más alta
que un susurro. Se movió, deslizando sus piernas a lo largo de la parte exterior de
los muslos de Micah. Micah debía moverse, escaparse de él.
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J.L. LANGLEY

El único sonido en su habitación eran su respiración y sus pantalones


vaqueros rozándose el uno contra el otro. Cuando la parte inferior del cuerpo de
Tucker se apretó contra el cuerpo de Micah, una enorme y dura viga se molió contra
la cadera de Micah, justo al lado de su polla. Micah contuvo el aliento.

Gimiendo, Tucker chasqueó su lengua sacándola para humedecerse los labios


y cerró los ojos. Inclinando su cabeza, Tucker abría y cerraba los ojos mientras molía
su erección contra Micah.

Micah se le quedó mirando, casi sin poder respirar. Había amado a este
hombre durante años. Incluso a la tierna edad de catorce años, Micah había
fantaseado con los besos de Tucker una y otra vez en sus sueños.

Rayos, casi nada había cambiado. Todavía soñaba despierto con eso, pero
ahora, tenía... miedo. Micah tragó, tratando de conseguir un poco de humedad en
su boca que se había secado de repente. No podría hacer esto. Micah no lo haría.
Tucker solo iba a marcharse de nuevo. Micah cerró los ojos.

Los dedos de Tucker acariciaron la mejilla de Micah. —¿Vas a... —Sus labios
rozaron a Micah.

No era nada realmente, pero todo el cuerpo de Micah hormigueó,


comenzando por sus labios y viajando por todo su cuerpo, haciéndolo temblar.
Abrió los ojos y miró fijamente a los negros ojos de Tucker. —¿Voy a?.

—¿Vas a dejar que esté arriba?. Al igual que la última vez.

Mierda. ¿Tucker hacía esto en serio?.

Bang, bang, bang. Alguien golpeó la puerta.

Micah quedó sin aliento.

Tucker saltó, rodando fuera de Micah, y se quedó mirando la puerta.

—Oigan, ustedes dos los que están ahí dentro. Cristo, nadie quiere saber que
ustedes están teniendo sexo, y mucho menos escucharlos. —AJ se rió entre dientes.
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—Vete a la mierda, AJ —Micah y Tucker le gritaron al mismo tiempo y luego


se echaron a reír.

La risa de Micah era un poco tensa, pero afortunadamente Tucker parecía no


darse cuenta. Tucker se levantó y le ofreció una mano a Micah.

Tomando la mano de Tucker, Micah permitió que lo levantara. Como Tucker


desapareció nuevamente dentro del cuarto de baño, negando con la cabeza, Micah
tragó el nudo en su garganta. Sabía que Tucker se iba a ir. Micah tenía que
asegurarse de que su corazón se quedara aquí cuando Tucker se marchara.
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J.L. LANGLEY

CAPITULO OCHO

Tucker se despertó en mitad de la noche con un cuerpo firme y caliente,


acurrucado contra él. Ah, maldita sea, esto se siente bien. Su mente luchaba por
recordar lo que lo había llevado a tener a un hombre en su cama, pero no podía
concentrarse más allá de la calidez y el confort. ¿Cuánto tiempo había pasado desde
que le había permitido a un amante pasar toda la noche con él?. No era algo que
normalmente hiciera, pero por el momento, no podía recordar por qué no le
gustaba que sus amantes se quedaran a dormir. Era muy acogedor. Envolvió su
brazo alrededor de la delgada cintura y enterró su cara en el cuello del hombre.
Tucker sacó la lengua, probando la piel un poco salada, y recibió un —Mmm— del
cuerpo que estaba delante de él.

Posicionándose contra el firme culo recostado a la altura de su erección,


Tucker pasó sus dedos sobre los lisos y desnudos músculos abdominales. Preciosos.
Eran delgados y lisos como los de un nadador o un corredor. Quienquiera que fuera
tenía un cuerpo delicadamente musculoso y con muy poco vello. El tipo de amante
que Tucker siempre había adorado. Era un bonito contraste con su propio cuerpo y
siempre le recordaba a Mic...

Los ojos de Tucker se abrieron, y tuvo miedo de respirar. Mirando hacia


abajo, estudió el pelo negro revuelto por las horas de sueño y el imponente perfil.
Micah.

—Mmm... ker.

Tucker tomó aliento. ¿Acababa Micah de decir Tucker?. La voz de Micah era
áspera y somnolienta, pero estaba seguro que había escuchado el nombre de
Tucker. Si Micah dijo Tucker, significaba que él se había dado cuenta de lo que
estaba haciendo. ¿No?. Y eso significaba que Tucker podía disfrutar de ello,
¿verdad?. Tucker se cuestionó la lógica de esto durante unos dos segundos antes de
colocar su mano sobre el vientre de Micah nuevamente.

—¿Qué?.
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—Nn par..es. —Micah meneó su trasero contra el pene de Tucker de nuevo y


presionó su espalda al pecho de Tucker.

Micah ya no tenía dieciocho años, ahora era un adulto. Si Micah lo quería y


Tucker también, ¿esto realmente les haría daño?. Ellos estaban casados. ¿Y por qué
esto hacía sonreír a Tucker?. Señor, él era en realidad un bastardo posesivo. Su pene
estaba tan jodidamente duro que palpitaba. Esto era, en cierto sentido, cuidar de
Micah. Bueno, esto era algo exagerado, incluso para Tucker, pero aún así... estaba
tan cansado de negarse a lo que ambos querían. Este momento había sido
inevitable un segundo después de que Micah volvió a la vida de Tucker.

Tucker arrastró sus dedos hacia abajo por el vientre de Micah, hasta los
apretados calzoncillos de algodón. Oh sí, Tucker no era el único que lo deseaba.
Aplanando su mano, la frotó sobre la creciente y dura polla de Micah y fue
recompensado con un gemido. Un largo gemido gutural que sonaba tan
endemoniadamente sexy.

Micah se empujó hacia adelante, pidiendo más.

—¿Estás seguro de esto?.

—Por favor. —Maldita sea, la voz de Micah sonaba como la primera cosa
buena de la mañana. Era totalmente herrumbrosa y... profunda.

Acariciando con la nariz la curva del cuello de Micah, Tucker deslizó su mano
más allá del elástico de los calzoncillos de Micah y se apoderó de una de las más
gruesas pollas que Tucker había tenido el placer de tocar. Y la sacudió con su mano.

Micah empujó sus caderas hacia delante, haciendo que su pene se deslizara a
través del agarre de Tucker. Buscó a tientas detrás de él y sobre la cadera de Tucker.
Finalmente, la mano de Micah se deslizó entre ellos, haciéndole cosquillas sobre el
hueso de la cadera a Tucker y a continuación, agarró su erección sin bajarle los
bóxers.

—Mierda. —Oh hombre, él era un fracasado. No había querido admitirlo,


incluso a sí mismo, pero después de que habían hecho el amor la primera vez, nunca
había conseguido olvidar a Micah. Tucker había echado de menos terriblemente a
Micah y se preguntaba si había hecho lo correcto al haberse marchado esa noche.
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 75
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Hasta ese día, abandonar a Micah había sido una de las cosas más difíciles que
Tucker alguna vez había hecho.

Lamiendo una línea por encima del cuello de Micah, Tucker cerró los ojos. Se
perdió en el sabor salado y el olor almizclado de su hombre.

Micah lo acariciaba para ese instante a través de la delgada tela de algodón


de los bóxers de Tucker mientras empujaba su propia polla a través de la mano de
Tucker una y otra vez.

Un escalofrío corrió a todo lo largo de la espalda de Tucker. Maldita sea, esto


si que se sentía bien. Aunque se sentiría mejor si pudiera quitarse los pantalones
cortos. Besando la mandíbula sin afeitar de Micah directamente detrás de su oreja,
Tucker a regañadientes soltó la polla de Micah. —Date vuelta, bebé.

Con un gemido de protesta, Micah aflojó su apretón sobre Tucker y se dio la


vuelta con las sábanas enredadas alrededor de él. Las largas y oscuras pestañas de
Micah ocultaban sus grandes ojos de color cobre. Si no fuera por la ligera capa de
barba incipiente sobre sus mejillas, él se vería dulce e inocente.

¿Tucker estaba bromeando?. Micah parecía dulce e inocente. Quitó la manta


y las sábanas de ellos, agrupándolas alrededor de sus rodillas. No debería hacer
esto. Irse iba a ser aún más difícil de lo que ya era.

Micah se presionó contra Tucker, acurrucándose aún mas cerca. Como Micah
sacó el pene de Tucker, estuvo tratando de acomodar su cara hasta que la enterró
contra la base del cuello de Tucker. Pequeños gruñidos y gemidos salieron de Micah.
Lánguidamente, movió su mano hacia arriba y hacia abajo a lo largo de la polla de
Tucker, haciéndole olvidar completamente a Tucker su lucha interior consigo
mismo. Micah situó su rodilla entre los muslos de Tucker, y se molió contra Tucker.
Micah no hizo ningún movimiento apresurado, simplemente se dejó llevar por la
corriente.

A la mierda. Llevando su mano más allá de la cinturilla de la ropa interior de


algodón de Micah, Tucker tomó polla de éste nuevamente y comenzó a acariciar la
suave piel al mismo ritmo en que Micah se la estaba ministrando. Usando la otra
mano, Tucker removió la boca de Micah de su cuello y alzó su cara. Los ojos de
Micah aún estaban cerrados y la expresión serena y pacífica aún seguía intacta. Él
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era asombroso. ¿Como era que nadie lo había agarrado ya?. Gracias a Dios por los
pueblos pequeños, donde el ser gay no era una opción para la mayoría. Inclinándose
hacia abajo sobre los labios de Micah, Tucker los exploró buscando ingresar en ellos
su lengua.

Micah abrió sus ojos completamente. Jadeó y echó hacia atrás su cabeza,
tratando de alejarse de Tucker. Micah agarró las manos de su pecho, pareciéndose a
un niño que había sido pillado con las manos en el tarro de galletas.

Tucker frunció el ceño. Una sensación de hundimiento se instaló en su


estómago y su erección disminuyó. Micah estaba dormido.

—No te detengas. Los dos queremos esto. Estoy cansado de luchar contra
esto.

Agarrando a Micah por su cintura, Tucker cubrió la boca de Micah con la suya
nuevamente. Apretó los labios de Micah cuando el calor del cuerpo casi desnudo de
éste se empujó contra él. Esto era el cielo. Micah se sentía tan condenadamente
bien en sus brazos, como si él pertenecía a ellos. Por favor, no dejes que se aleje
nuevamente.

Un pequeño gemido dejó los labios de Micah cuando abrió su boca y besó de
nuevo a Tucker. Su lengua se enredó con la de Tucker y puso sus brazos alrededor
del cuello de éste. Micah se empujó contra la pierna de Tucker una y otra vez,
jadeando. La mirada de Micah viajó hacia abajo por el cuerpo de Tucker,
centrándose en la polla ya dura de Tucker.

—Oh, maldita sea. —Tucker miró a su hinchada polla también.

El estómago de Micah se movía hacia dentro y hacia afuera cuando respiraba.


Su pene estaba duro y clamaba por atención mojando sus calzoncillos de algodón.

El propio aliento de Tucker se detuvo ante la belleza que tenía delante de sus
ojos. Agarrando la ropa interior de Micah, Tucker le dio un tirón hacia abajo por los
muslos de Micah y se los quitó, entonces lo llevó hacia él contra su polla. Sintiendo
el duro calor en contra de su bajo vientre, Tucker gimió antes de estrellar su boca
sobre la de Micah.
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Con una expresión aturdida en su rostro, Micah se retiró de nuevo y negó con
la cabeza como si tratara de despejarse. —No debemos hacer esto. —Su voz no
sonaba del todo convincente.

—Al demonio con que no debemos.

Micah cerró los ojos durante unos segundos, era evidente que luchaba contra
su conciencia, y los abrió. —Está bien. —Al mismo tiempo en que Micah decía esto
se acercó a Tucker, acostándolo sobre su espalda y subiéndose encima de él. Micah
estaba por todas partes. Era exactamente como lo recordaba Tucker en su única
noche juntos. Los sonidos de la respiración y los besos húmedos llenaban la cabeza
de Tucker, esto le dolía tanto como sentir a Micah contra él. ¿Por qué Tucker había
esperado tanto tiempo para hacer esto?. Nunca más iba a poder vivir sin esto.

Encajando su mano entre ellos, Micah la metió por la parte delantera de los
boxers de Tucker y se apoderó de él. Micah rompió el beso, mirando a Tucker con
una sonrisa en los labios. —Yo estoy encima.

Tucker se echó a reír, sintiéndose feliz hasta la medula de sus huesos.

—Ya que estas ahí. ¿Por qué no te corres hasta aquí?. —Agarrando el trasero
desnudo de Micah, Tucker lo impulsó más cerca.

Micah gimió y se deslizó hacia arriba. Sosteniendo su erección con una mano,
se dejó caer hacia adelante y apoyó la otra mano en la cama al lado de la cabeza de
Tucker. La punta de su polla se detuvo a centímetros de los labios de Tucker. Joder,
Micah era una cosita.

Tucker tiró de Micah para acercarlo más y abrió la boca, tomando a Micah.

—Hay Dios mío.

Oh mi Dios tienes razón. La lisa y dura verga de Micah, se deslizaba a través de


los labios de Tucker. Al principio se movía Micah lentamente, su polla se deslizaba a
lo largo de la lengua de Tucker, deteniéndose justo antes de que se saliera
completamente de la boca de Tucker con un pequeño ruido explosivo. El sabor no
muy salado del pre semen era débil, pero era como maná caído del cielo. La mirada
de pura felicidad en el rostro de Micah y sus músculos abdominales tensos tenía la
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verga de Tucker palpitando y pidiendo auxilio por alivio. Él utilizó su agarre en el culo
de Micah para controlar la velocidad de los empujes de Micah, haciendo que se
moviera más rápido.

—Oh mierda, esto se siente bien. —Sentado y todavía sosteniendo su polla,


Micah se quedó mirando la boca de Tucker. Con la otra mano trazó los labios de
Tucker en donde ellos se extendían alrededor de su pene.

Tucker gimió ante la emoción pura que leyó en la cara de Micah. Imaginando
lo que estaba viendo Micah, Tucker alzó su mano libre y sostuvo sus dedos en los
labios de Micah.

Micah chupó los dedos con deleite. Sus ojos se cerraron, pero sus caderas
nunca vacilaron. Maldita sea, eso era caliente. Cerrando sus propios ojos, Tucker
saboreó el calor húmedo que rodeaba sus dedos. No podía esperar a ver como
empujaba su propia polla en la bonita boca de Micah.

Gateando lentamente fuera de Tucker, Micah aterrizó en el colchón junto a


él, buscando algo que estaba en su lado de la cama. El culo pálido y musculoso de
Micah se meneó.

—¿Qué estás haciendo?. Acunando una de sus mejillas, Tucker la apretó.

—Busco el lubricante. —Micah hizo un gemido angustiado. —Maldita sea, no


lo puedo encontrar.

Estirándose trató de mirar por detrás de Micah, Tucker se corrió un poco para
poder ver lo que Micah estaba haciendo.

Buscando entre el colchón y la base de resortes, Micah sacó una pequeña


botella con tapa de presión. —¡Ah ja!. —Cuando él se sentó, la bonita polla de
Micah se balanceó. —¿Por qué aún tienes puesta la ropa interior?.

Tucker levantó el culo y se los bajó para poder quitarse su ropa interior. Se la
quitó tan rápido, que su polla golpeó contra su abdomen.

Antes de que él supiera lo que lo había golpeado, Micah tiró el lubricante y


tragó su polla.
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—¡Oh Jesús!. —A pesar de que Tucker había deseado esto, él no estaba


preparado para ello. Sus bolas se apretaron y los músculos de su estómago se
contrajeron. Un escalofrío corrió por su espalda. Hubo un sordo —hmm— y una
vibración cosquilleó en su polla. Tucker cerró los ojos, solamente sintiendo la
gloriosa boca sobre él. Oh Dios, ¿qué era lo que acaba de...?. Ah. La punta de su
polla golpeó los tejidos blandos. —Oh, maldita sea, bebé. —Tucker tenía que ver
esto. Levantó la cabeza y enroscó sus dedos en el grueso pelo negro de Micah,
urgiéndolo para que siguiera.

Dedos ordeñaban las bolas de Tucker y el sexy sonido al chupar comenzó a


sonar con fuerza. Dejó caer la cabeza hacia atrás, mirando fijamente al techo
simplemente blanco, tratando de no venirse. Su cabeza iba a disparar en cualquier
momento si Micah seguía con eso.

Sintiendo que era inminente la liberación de Tucker, Micah levantó su cabeza,


pero no dejó de acariciar las bolas de Tucker. Cuando Micah no siguió chupándolo
después de unos segundos, Tucker lo miró.

Micah parpadeaba como si estuviera tratando de enfocar. Probablemente


por la falta de sus gafas. —Lubricante.

¿Lubricante? Ah, cierto. —Tucker encontró la botella y roció sus dedos con él.
Cerrándola la tiró a un lado, pasando sus dedos por la hendidura de Micah. Tucker
fue recompensado con el pequeño meneo de las caderas de Micah. ¡Oh, la forma en
que Micah se encontraba sobre sus rodillas hacían cosas agradables por su pene y
sus testículos!. Maldita sea, se veía totalmente obsceno y... delicioso. Tucker
acariciaba con sus dedos la fruncida entrada y usó su otra mano para darle una
palmada en el pálido culo, sólo para que se meneara otra vez. Oh, sí, ahí está.
Tucker hundió un dedo en el apretado cuerpo de Micah, mientras veía como la boca
de Micah se cerraba alrededor de él. El gemido en la polla de Tucker le hizo jadear.

—Mmmm... —Micah alejó su cabeza y se empujó en el dedo de Tucker. De


repente, bruscamente sacó el dedo de Tucker de su culo y tomó el lubricante.
Dándose la vuelta, Micah lo abrió. Agarró la polla de Tucker ya húmeda por su saliva
y vertió el líquido resbaladizo sobre ella.

—Micah... —Tucker sonaba desesperado, incluso a sus propios oídos.


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J.L. LANGLEY

Se escuchó un chasquido cuando cerró la botella con su barbilla y Micah la


arrojó hacia la cabecera de la cama. Se sentó a horcajadas sobre las caderas de
Tucker y descendió sobre la polla de Tucker.

Tucker no pudo hacer otra cosa que ver y sentir. Su aliento abandonó
completamente sus pulmones y disfrutó de la sensación. No estaba seguro qué era
mejor, el calor apretado del agujero de Micah mientras lo tragaba o ver la dura y
goteante polla de Micah.

Agarrando la cintura de Micah, Tucker levantó la cabeza, viendo como su


polla desaparecía en el interior de Micah. Sólo cuando el culo de Micah descansó
sobre sus caderas Tucker alzó sus ojos al rostro de Micah. —Oh, maldita sea.

Con los ojos cerrados, Micah se mordió su labio inferior y dejó caer la cabeza
hacia adelante. Después de unos segundos, abrió los ojos y se humedeció los labios.
Se rió entre dientes. —No... no puedo verte.

Demonios, ¿no era Micah una cosita?. Tucker deslizó la mano por el costado
bronceado de Micah, jalándolo más cerca. Cuando la cara de Micah quedó a
pulgadas de la de Tucker, éste se levantó y besó en los labios a Micah. —¿Qué tal
ahora?.

Micah asintió con la cabeza. —Sí. —Susurró. —Ahora puedo sentirte también.
—Su voz era temblorosa.

Se quedaron allí sentados por varios minutos mirándose fijamente el uno al


otro. Tucker supo en ese momento que iba a ser un infierno abandonar a Micah
nuevamente. Tucker deseaba poder permanecer en “The Bar D” y hacer que Micah
fuera más que un marido por conveniencia.

Los ojos de Tucker se llenaron de lágrimas y los cerró. Maldita sea, ¿qué era lo
que estaba mal con él?. Por lo general no era tan sentimental.

Poniéndose en movimiento, Micah puso sus manos sobre el pecho de Tucker


y se levantó sobre sus rodillas antes de volver hacia abajo.

Un escalofrío corrió por la espina dorsal de Tucker y él abrió los ojos. Jesús,
Micah era tan apretado. No había manera de que esto fuera a durar. Tucker debería
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J.L. LANGLEY

hacerse cargo de todo, pero lo único que podía hacer era quedarse allí y sentir como
Micah lo jodía a un ritmo lento y constante.

Aferrándose a las caderas de Micah, Tucker aguantó y vio al delgado cuerpo


montarlo. El férreo apretón del cuerpo de Micah tenía a Tucker jadeando todo el
tiempo. —Vamos, bebé. —Tucker tomó polla de Micah y la apretó con su mano,
dejando que Micah se empujara hacia adelante en ella y luego se empujara hacia
atrás para tomar la polla de Tucker.

—Dios mío. —Micah aceleró su ritmo. Su cabeza cayó hacia atrás, un gemido
irregular salió de su garganta, para un segundo después derramar su caliente
esperma sobre la mano de Tucker y su estómago.

Y eso fue todo lo que necesitó. Tucker se empujó con fuerza hacia arriba,
empujando a Micah hacia abajo y se vino. El cuerpo entero de Tucker se sacudió
cuando Micah se derrumbó encima de él.

Después de varios segundos, Tucker envolvió sus brazos alrededor de la


delgada espalda y se quedó mirando al techo, escuchando sus respiraciones
jadeantes. Pasando la mano por el cabello de Micah, Tucker besó su frente. Hacía
calor, pero Tucker hubiera preferido que le sacaran los ojos antes de quitar la
preciosa carga de encima de él.

Sentía que sus huesos se habían derretido, Tucker se quedó allí hasta que el
aliento de Micah se hizo uniforme. Se había dormido. Bueno, Micah lo necesitaba.

Tucker no quería dormirse. Mientras pudiera, iba a aferrarse a este


sentimiento. La mañana sólo traería preguntas que no podía contestar. Sabía, sin
duda alguna, que Micah lo amaba, pero ¿qué demonios iban a hacer al respecto?.
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J.L. LANGLEY

CAPITULO NUEVE

El abuelo había muerto y eso no parecía ser real. Tucker, veía con un peso en
el corazón como el ataúd era bajado a la tierra. Tal vez se había engañado a sí
mismo al pensar que su abuelo viviría por siempre, él no lo sabía, pero se sentía
culpable por no pasar más tiempo con él. Tucker no podía permitir que esto mismo
sucediera con el resto de su familia. Costara lo que costara, no se mantendría
alejado por tanto tiempo nuevamente. Temblando a causa de su aturdimiento, se
centró en Micah.

Micah estaba sentado junto a Tucker, las lágrimas rebosaban de sus ojos y
tenía las manos cruzadas en su regazo. Le dolía verlo así.

Tucker siempre había hecho todo lo posible para proteger a Micah de


cualquier clase de dolor, ya sea físico o emocional. Esto hacía que Tucker se sintiera
impotente al saber que no podía proteger a Micah de esto. El dolor producido por la
úlcera últimamente era ya muy poco frecuente y Tucker de alguna manera había
logrado distraer a Micah cuando había comenzado a pensar acerca de su relación,
pero ¿esto?. Tucker no podía proteger a Micah o a sí mismo de esto. Miró a su
padre, AJ y a Juan.

Él no podía protegerlos a ellos tampoco.

Tragando el nudo que se le había formado en la garganta, Tucker volteó la


cabeza hacia el predicador, sin escuchar realmente lo que él decía. El servicio al píe
de la tumba fue breve y al poco tiempo estaban lanzando claveles sobre el ataúd y
abandonando el cementerio. Ahora tendría que aguantar a los invitados. ¿A qué
idiota se le había ocurrido esta tradición? ¿Alguien realmente podía disfrutar de sus
invitados quienes llegaban con toneladas de comida y quienes husmeaban por toda
la casa después de perder a un ser querido?.

El pelo en la parte posterior de los brazos de Tucker se erizó mientras


caminaba hacia la limusina tomado de la mano con Micah. La gente los estaba
mirando.
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J.L. LANGLEY

Tucker sabía que probablemente no debería demostrar su afecto en público,


pero necesitaba más que nada en el mundo la conexión con Micah en este
momento. El hecho de saber que Micah estaba tan cerca hacía que la aplastante
tristeza por perder a su abuelo no fuera tan sofocante. Tucker, estaba siendo
injusto. Sabía que iban a haber preguntas. Demasiadas personas se habían dado
cuenta de que ellos estaban juntos. No había calculado los daños que esto podría
causarles, pero Tucker no podía pensar en eso en este momento. ¿Cuál sería el
menor de los males para Micah?. Él tenía que vivir aquí en un pequeño pueblo de
Texas y Tucker tendría eventualmente que volver a Dallas. El estómago de Tucker se
apretó en un nudo cuando pensó en eso. Abrió la puerta y dejó que un silencioso
Micah siguiera. Maldita sea, iba a perder esto. Perdería la cercanía que habían
compartido los últimos días.

Micah se deslizó en el asiento y se volteó hacia Tucker. Una sonrisa iluminó el


rostro de Micah y dio unas palmaditas en el asiento junto a él. —Ven.

AJ, Papá, Juan y Duncan entraron por la otra puerta. AJ se sentó junto a
Micah, mientras que Juan y papá ocuparon el asiento junto a Duncan en el lado
opuesto del auto.

Después de entrar, Tucker cerró la puerta y estudió a su familia. Se habían


mantenido fuertes hasta ahora. ¿Acaso ellos no habían tenido más tiempo para
acostumbrarse a la inminente muerte del abuelo?. La culpa inundó a Tucker
nuevamente. Debió haber estado aquí también.

—Fue muy agradable. A Ferguson le hubiera gustado. —Las lágrimas llenaron


los ojos de Juan antes de que él desviara su mirada hacia la ventana.

Papá sonrió y le dio unas palmaditas en la pierna a Juan. —No, no lo le habría


gustado. Se habría aburrido hasta morir y estaría medio borracho por tomar
discretamente varios tragos de la botella que habría escondido en su chaqueta.

Todos se rieron, excepto Duncan.

Tucker se negó a dejar que el hijo de puta entre sollozos se acercara a él hoy.
Intencionalmente hizo caso omiso de su tío como todos los demás lo estaban
haciendo.
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 84
J.L. LANGLEY

—El abuelo no estaría triste. —Tucker sonrió, recordando al hombre y a sus


locas travesuras. Incluso en el funeral de la abuela había logrado mantenerse de
buen humor. Si Tucker recordaba correctamente, Juan y el abuelo se habían pasado
una licorera de ida y vuelta entre ellos en la iglesia. —El abuelo era único en su clase.

AJ asintió con la cabeza. —Sí. Rompieron el molde después de que lo crearan.

Papá se echó a reír. —Gracias a Dios.

Una vez más, todo el mundo se echó a reír, pero Duncan, miraba por la
ventana, haciendo caso omiso de todos ellos.

Volvió el silencio por unos minutos y Micah los miró a todos ellos. —Yo digo
que todos deberíamos tomar copa en la noche después de que todos se vayan. Ya
saben, tener nuestra propia celebración en su honor.

—A él le hubiera gustado eso. —Juan sonrió.

Tucker quería recordarle a Micah que no debería beber por su úlcera, pero
decidió no hacerlo. Tucker haría algo al respecto una vez llegado el momento. No
tenía sentido entrar en una discusión ahora. Le dio unas palmaditas en la pierna a
Micah, y luego solo para su placer se inclinó y besó su mejilla. Cuando Tucker se
volteó hacia el frente, todo el mundo lo miraba.

Juan y papá estaban sonriendo, AJ y Micah parecían confundidos y Duncan


era abiertamente evidente.

Después de eso, nadie dijo nada. Iban de camino a “The Bar D” en silencio,
pero Duncan miraba a Tucker perturbado. Tucker había sentido como la cosa más
natural del mundo besar a Micah, pero sabía que no todo el mundo pensaba igual.
Habría siempre hombres como Duncan alrededor de ellos.

Cuando traspasaron la puerta principal del rancho y se detuvieron frente a la


casa, todos salieron disparados del auto. AJ abrió la puerta con Micah y Juan
pisándole los talones. Duncan quedó rezagado y salió de allí a un ritmo más lento y
papá se quedó al otro lado del auto.

Cerró la puerta y se quedó al lado del auto con Tucker. —¿Podemos hablar
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mientras ellos preparan todo para recibir a la horda que está a punto de caernos
encima?.

Tucker cerró su puerta y frunció el ceño. —Claro, ¿qué pasa?.

Papá se encogió de hombros y caminó alrededor del auto, mirando hacia el


pórtico. —Parece que tienes demasiadas cosas en mente.

Después papá caminó a su lado hasta llegar al pórtico, Tucker deseaba tener
en sus manos aquella bebida que Micah había propuesto a todos. —Estoy bien, ¿Y
tu?.

Luego de quitarse la chaqueta del traje, papá la puso sobre la barandilla del
pórtico. Apoyó los codos en la chaqueta y miró hacia los pastizales. —Estoy bien.
Supongo que estoy lidiando bien con esto. Lo voy a extrañar, pero viendo cómo
vivió sus últimos meses me di cuenta de que esa no era manera de vivir. Sin
embargo estoy un poco preocupado por Juan. Vamos a tener que hacer algo para
mantenerlo ocupado.

Tucker asintió con la cabeza y se unió a su padre, descansando sus antebrazos


en la barandilla. —Creo que puedo ayudar con eso. Voy a invertir dinero en el
rancho.

Su padre lo miró y Tucker de repente recordó que él no sabía sobre el trato al


que habían llegado Tucker y Micah. Maldita sea. —Bueno, si ustedes me lo
permiten. Micah mencionó algo sobre iniciar un pie de cría y quiero invertir en eso.

Mirando nuevamente hacia el campo donde una pareja de terneros corrían a


zancadas en el pasto no muy lejos de sus mamás, papá se rió entre dientes.

—¿Cuándo me dirás lo que realmente está pasando?.

—¿Qué quieres decir?.

—Yo te conozco y conozco a Micah. ¿Por qué se casaron?.

Era extraño. A pesar de que Tucker había planeado estar casados para este
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J.L. LANGLEY

momento, había esperado que este momento nunca llegara. Y ahora que había
sucedido, tenía que darle una explicación a su padre.

Tucker gimió y le soltó la verdad a su padre.

—Ya me lo imaginaba. Bueno, me gusta la idea. Me gusta tenerte en casa.

Tucker dejó caer su cabeza, sintiéndose más de dos metros de alto. No había
pensado en quedarse. ¿Podría?. ¿Habría el suficiente trabajo aquí en el rancho
como para mantenerlo ocupado?. A decir verdad, él no necesitaba más dinero.
Comenzó a sentir un profundo dolor en su pecho. —¿Nunca te arrepentiste?.

Papá lo miró seriamente, con sus ojos negros. —¿Arrepentirme de qué?.

—¿De dejar el rodeo por nuestra madre?.

—No, no me arrepiento de haber dejado el rodeo, recuerdo que lo amaba,


pero el amor por este rancho y por mis muchachos nunca se podría comparar con el
rodeo. Tuve que perseguir mi sueño por un tiempo y ver cómo era, pero todo esto -
se incorporó y abrió sus brazos- y mi familia, valieron el precio. Incluso la huída de tu
madre y la pérdida de mi hermano.

De la nada las lágrimas brotaron de los ojos de Tucker, pero las contuvo. El sol
calentaba su cara, pero su pecho se sentía completamente vacío. ¿Había tomado la
decisión equivocada al dejarlos para seguir su carrera?. Se había dicho a sí mismo
que Micah estaría mejor sin él, pero no era sólo por Micah. Tucker extrañaba a su
familia y su... vida. El rancho había sido su vida.

Papá le tocó el hombro. —No te hagas esto. No puedes cambiar el pasado.


Sólo puedes seguir adelante.

Tragando saliva, Tucker asintió con la cabeza y contuvo las lágrimas de nuevo.
Cielos. Estaba muy sentimental hoy, pero ¿por qué no iba a estarlo?. No todos los
días él enterraba a su abuelo.

—Y no te preocupes por el rancho. Algo se podrá hacer. Tu abuelo no nos


dejaría totalmente desamparados. —Se dirigió hacia la puerta y se detuvo una vez
que abrió la puerta de maya.
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J.L. LANGLEY

—No te demores. Por lo que estoy escuchando están llegando nuestros


invitados. —Entró por la puerta, dejando a Tucker a solas con sus pensamientos.

¿Podría solo volver?. ¿Era así de fácil?.

Algo vibró en su pecho, sorprendiéndolo. ¿Qué dem...?. Oh, era su teléfono.


Tucker lo sacó de su chaqueta y miró la pantalla. Había un correo electrónico.
Probablemente era de su secretaria. Tucker había descuidado su trabajo en los
últimos días. Había pasado la mayor parte de su tiempo detrás de Micah
poniéndose de nuevo en forma respecto al manejo del rancho. Era cierto que había
estado discutiendo acerca de lo que iban a hacer en el rancho con Micah, pero
también lo había hecho para vigilar a Micah. Desde que él había estado trabajando,
Micah había dejado que Tucker lo ayudara, aliviando parte de la carga de sus
hombros.

Tucker pulsó la pantalla táctil para abrir su correo electrónico. El correo era
del investigador privado que Tucker había contratado para que investigara a
Duncan.

Tucker lo leyó rápidamente, enterándose de que Duncan estaba en la ruina.


Se había declarado en bancarrota hace ya unos años, y la madre de Tucker lo había
abandonado un poco después. Tucker hizo una mueca. Esa mujer era una joya de la
corona.

Una suave brisa empujó su pelo sobre sus ojos y Tucker los corrió hacia atrás.
Un aleteo nervioso se instaló en su estómago. Todo parecía indicar que Duncan
estaba detrás del dinero, lo que significaba que iba a pelear por su derecho a
reclamar como suyo el rancho. ¿Podría la boda de conveniencia de Tucker y Micah
mantenerse a flote en un tribunal?. Si no, ¿podrían oponerse a eso en favor de su
papá?. ¿Podrían tenerse en cuenta todos los años que su papá vivió y trabajó en el
rancho?. Pero en todo caso él no era el primogénito.

Tal vez Duncan le permitiría a Tucker comprarle sus derechos herenciales. El


corazón de Tucker se hundió. Papá, AJ y Micah nunca permitirían que Tucker
comprara el rancho... especialmente Micah. Pensaría que Tucker estaba abusando
del poder que le daba su dinero. Micah podría querer el rancho, pero lo quería de
manera justa y no porque pudieran salirse con la suya a través de su dinero. Lo cual
se suponía que Tucker lo entendería dado el pasado de Micah.
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 88
J.L. LANGLEY

—¿Qué estás haciendo aquí?. —Micah apareció en una esquina del pórtico.
Se había quitado la chaqueta del traje y la corbata y tenía las mangas de la camisa
remangadas.

Tucker rápidamente guardó su teléfono y le ofreció su brazo.

—Nada. Ven aquí.

Micah se recostó contra su costado y envolvió sus brazos alrededor de la


cintura de Tucker con mucha facilidad.

El corazón de Tucker saltó mientras abrazaba con fuerza a Micah. Tucker no


quería perder esta renovada cercanía que ahora tenía con Micah, ¿pero podía evitar
esto?. ¿Incluso si se quedaba, podría salvar el rancho?. Tucker le besó la parte
superior de la cabeza a Micah, maravillándose por el cambio en su relación en los
últimos días. Era demasiado bueno para ser verdad.

—Dios, me gusta estar aquí contigo. ¿Crees que alguien se daría cuenta si no
volvemos a entrar?. —Micah murmuró contra su pecho.

Tucker inhaló el aroma fresco del pelo oscuro de Micah y miró a todo lo largo
de la pradera. Casi podía ver a su abuelo sentado en “flor de cerezo”, mascando una
bola de tabaco en la boca. ¿Qué habría querido su abuelo?. Tucker sabía que él no
quería que el rancho fuera a parar a manos de Duncan. Sabía que esto era tan cierto
como el aire que respiraba. Abuelo si tan sólo hubieras sido más específico en lo que
realmente querías.

La imagen en su cabeza le sonrió. —Debes solucionarlo, Tucker. Haz lo que


sea necesario.

Tucker apretó con fuerza a Micah, lo que hizo que gruñera un poco. Haría lo
que fuera, para mantener el rancho en cabeza de sus verdaderos dueños, aunque
no estuviera de acuerdo Micah. Para Tucker, la felicidad de su familia y la de Micah
era más importante que la suya.
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CAPITULO DIEZ

—Esto es pura mierda de caballo. Tú… —Dijo Duncan señalando con un dedo
a Micah. —Tú pequeña m…. ya sabías acerca de esto. Sabías lo que estaba escrito en
el testamento.

Tucker enarcó una ceja hacia Duncan, tratando de intimidarlo, pero el


hombre se mantuvo enfocado en Micah. Probablemente había sido de muy mal
gusto tener que leer la última voluntad del abuelo al poco tiempo después de su
funeral, pero Tucker quería que su tío se fuera. La presencia de Duncan estaba
desgastando a su papá.

Tucker tenía la esperanza de que Duncan dejara las cosas como estaban una
vez se enterara de lo que estaba escrito en el testamento, pero la agitación en el
estómago de Tucker y la indignación de Duncan daban fe de la inutilidad de eso.

Recostándose hacia atrás en la silla, Tucker apoyó sus botas sobre el


escritorio, esperando como el infierno que Micah no comenzara a golpear a Duncan
hasta sacarle la mierda. Por la forma como lo miraba Micah, se notaba que se le
estaba agotando la paciencia. Y el que Tucker se hubiera sentado en el escritorio no
había ayudado para nada. ¿Micah estaba acostumbrado a ocupar este lugar
ejerciendo un cargo de poder? y ¿por qué no?. Papá y AJ lo habían alentado, pero
ahora Tucker tenía el control de la situación, por lo que Micah tendría que
acostumbrarse a ello. —Duncan…

AJ saltó de la silla, dando un puñetazo sobre el viejo escritorio de roble y miró


airadamente a Duncan. —¡No tienes ningún derecho!. ¿Quién coño te has creído?.
Ni siquiera eres parte de esta familia, bastardo traicionero. Y hablando de eso,
¿dónde está tu puta?. —AJ dio un puñetazo nuevamente, por lo que el portaplumas
saltó y se volteó. Bolígrafos y lápices se derramaron por la parte frontal del
escritorio.

En absorta fascinación, Tucker vio a Duncan estremecerse ante el estallido de


furia de AJ. Era un show espectacular de resentimientos, pero no les estaba llevando
a ningún lado. Partirle el culo a Duncan en realidad podría ser divertido, pero era
contraproducente. Tucker quería que el hombre se fuera y la forma más sencilla de
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J.L. LANGLEY

hacerlo era dejarle muy claro que no había aquí nada para él ahora que el abuelo se
había ido. Aunque tal vez al intimidarlo pudiera evitar que Duncan impugnara el
testamento.

Saltando de su silla, papá trató de agarrar los bolígrafos.

—Maldita sea, AJ, pon tu culo en la silla y deja de gritar. El hecho de que
Duncan sea un estúpido no significa que tú también lo seas.

—Vete a la mierda, Jeff. —Duncan movió su mirada de Micah hacia el padre


de Tucker, pero en aquella declaración había muy poco ardor. Suspiró y algo de la
tensión abandonó sus hombros. Se veía cansado también.

Estando de píe junto al hogar de la chimenea, Micah sonrió y ayudó a papá


recoger el desorden que AJ había hecho.

—Pero, papi… —AJ comenzó.

—Nada de pero papi. —Papá se levantó recogiendo un bolígrafo y apuntó con


él a AJ, ignorando por completo a Duncan. —¡Siéntate!.

AJ callándose inmediatamente, se dejó caer nuevamente sobre la silla de


cuero café frente al destartalado escritorio con un gemido.

—Tu madre me dejó hace ya varios años. Encontraría algún otro idiota con
una cuenta bancaria más grande. —Duncan miró a Jeff.

—Adelante, di te lo dije, y alardea sobre cómo tuviste razón.

—¿De qué serviría?. —Jeff levantó una ceja. —Yo diría que al parecer, ya
descubriste eso por ti mismo.

Ouch. Si Tucker no hubiera estado tan preocupado por como iba resultar el
asunto del rancho, se habría reído del ataque nada agresivo que su padre le había
lanzado a Duncan.

Tucker se aclaró la garganta para llamar la atención de todos.


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—Duncan, mi matrimonio no es asunto tuyo, pero yo soy el primero en


contraer matrimonio y el rancho será puesto a mi nombre, fin de la historia. A partir
de ahora si tienes algo qué decir, me lo dirás a mi y no a Micah.

La cabeza de Micah apareció desde atrás del escritorio. Él le frunció el ceño a


Tucker y luego volvió hacia abajo a recoger el desorden del suelo.

Tucker notó un destello de advertencia en los ojos marrones de su bebé.

Irritado o no, Micah parecía estar mucho mejor estos últimos días. Tenía
puestos sus lentes de contacto en vez de sus gafas, por lo que la falta de bolsas bajo
sus ojos era evidente. Ahora bien, si Tucker sólo pudiera evitar que se sobrecargara
de trabajo a sí mismo nuevamente...

AJ susurró algo más que Tucker no pudo entender, y se rió entre dientes
Micah. La alegría de Micah atravesó a Tucker. Le gustaba ese sonido. Ese era el
Micah al que Tucker estaba acostumbrado. Tucker sonrió. Ese era el Micah que
amaba, no el cansado y gruñón…

Oh, maldita sea. Se le formó un nudo en la garganta a Tucker. Tragó saliva,


tratando de apartar el pensamiento, pero no pudo. Él amaba a Micah. Él siempre lo
había hecho. Al principio, era sólo una especie de amor fraternal como el que sentía
por AJ, pero ahora era diferente. El comprenderlo sacudió a Tucker hasta la médula.
Había querido a Micah desde la primera noche en que éste se le había entregado a
Tucker. Había intentado convencerse a sí mismo que nunca había querido cerca a
alguien, por lo que había visto atravesar a su padre cuando su mamá se fue, pero
era mentira. Nadie había superado a Micah, incluso aún siendo Micah tan joven.
Pero él ya no lo era.

—Esto es una mierda, Tucker. Los dos sabemos que no necesitas nada de
este... -agitando los brazos, Duncan hizo un gesto señalando toda la habitación-
…lugar. Pierdes el tiempo fingiendo ser un maricón. Soy el mayor. El rancho debe
quedar a mi nombre. Incluso, ¿cuándo fue la última vez que estuviste aquí?.

—No es tu jodido asunto con quien dormimos cualquiera de nosotros. —


Murmuró AJ.
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Micah le pellizcó el muslo AJ cuando se puso de pie y colocó el último de los


bolígrafos de vuelta en el portaplumas. —Deja de fastidiar. —Susurró.

Haciendo caso omiso de los dos, Tucker dejó caer sus pies y se sentó recto. —
Duncan, ¿cuándo fue la última vez que estuviste aquí?.

—No pretendas que sabes algo sobre mí. Sólo voy a decirte esto una vez más.
Será mejor que dejes los insultos. Si alguien tiene derecho a estar molesto por esto,
es mi padre, no tú. El rancho es mío ahora y eso es todo. Voy a hacer con él lo que
considere oportuno. Micah y el rancho no son de tu incumbencia. Así que te sugiero
que hagas tus maletas y te vayas de aquí a mas tardar dentro de una hora.

Tucker se levantó. Echando un vistazo a AJ, Tucker le hizo un gesto con la


cabeza hacia la puerta. Tenía que pensar, en algún lugar lejos de Micah, y tenía la
sensación que si no hacía que AJ se alejara de su tío, terminaría por tener que
sustituir todo el mobiliario de la oficina. —Adiós. Puedes tomar algunos recuerdos
del abuelo si así lo quieres, pero primero tendrás que hablarlo con mi padre. —
Caminó alrededor del escritorio y le hizo señas a AJ para que lo siguiera.

—Bonito discurso, hermano mayor. —AJ le dio una palmada en la espalda


cuando llegaron a la puerta de atrás.

Tucker trató de sonreír, pero con todo lo que tenía en su mente se quedó
corto. —Gracias. —Él había perdido a su familia de forma cruel. Debería haber
estado aquí todo este tiempo en lugar de estar en Dallas. Claro, que se había hecho
un nombre por sí mismo y un montón de dinero también, pero la familia era lo que
importaba. Para él era una maldita vergüenza que tuviera que estar su abuelo
moribundo para conducir de nuevo hacia su casa.

Se dirigieron hacia afuera hacia el corral, caminando uno al lado del otro. Se
hizo un silencio agradable, Tucker y AJ, e incluso con Micah, siempre lo habían
compartido. Tucker había sacrificado el estar al lado de su hermano durante todo
este tiempo al igual que lo había hecho con Micah. Maldita sea. Él era un bastardo
egoísta, pero quería a Micah permanentemente con él. Tucker ahora lamentaba el
irse de la manera en que lo había hecho, aunque hubiera sido lo mejor en ese
momento.

—¿Crees que él esté arrepentido?.


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—¿Qué?. —Tucker miró a su hermano. ¿Qué era AJ ahora, un lector de


mentes?.

AJ miró hacia la pradera del oeste, con el ceño fruncido, mirando un poco
preocupado. —Duncan. ¿Crees que lamenta el haberse largado de aquí de la
manera en que lo hizo con nuestro donante de óvulos?. ¿Crees que extraña a su
familia?.

Tucker se encogió de hombros. —No lo sé. Tal vez. Aunque lo dudo. Pero él
quemó su nave18. Fue un tonto. ¿Realmente creía que podría construir una buena
relación con ella?. Demonios, debería haberse dado cuenta de quién realmente era
ella cuando hizo a un lado a papá y a nosotros así de fácil.

Tucker sospechaba que lo único que lamentaba Duncan era el estar ahora en
bancarrota.

—Sí, ¿qué clase de hombre se enamoraría de una mujer que abandona a sus
hijos?. No sé qué es lo que tiene en contra de Micah, pero me cabrea. —Ellos
llegaron a la cerca del corral, y AJ apoyó sus brazos en la barandilla superior y puso
su bota en la parte inferior. —Hablando del mocoso, ¿qué es lo que está sucediendo
entre tu y Micah?.

—A mi también me gustaría saberlo. —Tucker imitó la pose de AJ y miró


hacia un ternero y su madre.

—Se ve mejor. Había estado presionándose a sí mismo hasta casi quebrarse.


Pero no se qué hubiéramos hecho sin él. Odio hacer los libros. Papá le enoja eso y
bueno, Micah también lo odia, pero es bueno en ello. El problema es que las
facturas médicas del abuelo casi nos hicieron quebrar. ¿Sabías que Micah utilizó
quince grandes que le llegaron como parte de su herencia para pagar cosas que no
le correspondían a él?. —AJ miró a Tucker, haciendo contacto visual. —Él no sabe
que yo lo sé.

Bien, hijo de puta. Sonaba exactamente como algo que Micah haría. Tucker
gruñó al recordar lo mal que Micah había sido tratado después de la muerte de sus

18
Quemó su nave, es la traducción literal, pero significa para los países de lengua española que ya no puede
echarse para atrás, es decir que no puede deshacer las decisiones tomadas.
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padres. Si no hubiera sido por Juan, Micah, probablemente habría ido a parar a una
casa de acogida19.

—Me aseguraré de devolverle cada centavo.

—No lo va a aceptar. —AJ volvió a mirar a la valla de tubos de plata. Empezó


a rascar en la pintura de plata. —Yo no lo insultaría, al tratar de devolverle el dinero.
—Se encogió de hombros. —Tienes que pagarle sin que él lo sepa. Es parte de esta
familia. Devolverle ese dinero es como si le dijeras que no lo es. —AJ movió una
pieza de plata de la barandilla con la uña del pulgar. —Odiaría verlo nuevamente
preocupado por las finanzas. No me sorprende que tenga una úlcera. Trabaja más
duro que dos hombres juntos. Tuvimos que despedir a los trabajadores y Micah sin
ayuda de nadie ha tratado de mantenernos a nosotros cinco juntos, como lo
hubiera hecho el abuelo. —AJ se quedó en silencio unos instantes, y cuando volvió a
hablar lo hizo suavemente, casi susurrando. —Él está feliz. No le gustó tener que
dejarte el control de todas las cosas a ti, aunque creo que es comprensible, pero se
alegra que estés de vuelta. Todos lo estamos.

Tucker se inclinó hacia adelante, apoyando el mentón en la mano que se


apoyaba en la cerca. Podía entender por qué a Micah no le gustaba haberlo dejado
a cargo de todo a él. Micah se había hecho un lugar para sí mismo aquí y veía a
Tucker como una amenaza. Micah pensaría que Tucker iba a usurpar su puesto. Es
curioso, Tucker no se había dado cuenta antes de ello, pero Micah había asumido el
lugar que Tucker había dejado cuando se mudó a Dallas.

—¿De qué te estás riendo?.

—¿Qué?. —Tucker volteó la cabeza, mirando a su hermano menor. —De


pensar que Micah se hizo cargo de mi puesto cuando me largué.

—No. Todavía hay sitio para ti. Micah siempre tuvo su propio puesto.

—Sí. Supongo que lo tiene. —Micah le pertenecía a ellos... a Tucker. En el


fondo lo había sabido siempre, pero él había tratado como el infierno de negarlo. Él
no podía haberse quedado. No hubiera sido justo para Micah. Micah tenía que
encontrar su propio camino... crecer. Demonios, en el fondo de su mente Tucker

19
Orfanato.
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 95
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aún sentía que no le estaba dando a Micah la oportunidad de elegir. Tucker quería
que Micah lo quisiera a él por lo que él era y no a causa de alguna especie de amor
infantil.

—Sí. —AJ se rió burlonamente. —Él lo logró. ¿Has sucumbido no es cierto?.

—¿En qué he sucumbido?.

—En el hecho de que Micah siempre había sido tuyo.

Tucker comenzó. —¿Qué quieres decir con eso?.

—Quiero decir que puedes correr, pero no puedes ocultarte. Es hora de


volver a casa, hermano mayor. Micah te necesita. Todos te necesitamos.

—No va a funcionar.

—¿Por qué no?. —AJ se burlaba. —Y no uses la fallida relación de nuestro


padre como excusa. Él no la amaba más de lo que ella lo amaba a él. Micah y tú no
tienen ese problema.

Tucker se levantó, subió hasta el poste más alto y se sentó. Puesto así, esto
tenía mucho sentido. —Bueno, mierda. —El estado de ánimo de Tucker se elevó,
dejándolo malditamente mareado. Permanecer aquí y tomar a Micah para él
realmente seguía siendo un juego de azar, pero ya no estaba tan asustado después
de hablar con AJ. —Creo que me quedo. O por lo menos viajaría diariamente.

—Ahora que ya hemos aclarado esa cuestión, ¿qué vamos a hacer con el
rancho?. Algo me dice que Duncan no va a dejar las cosas así.

—Sí, algo me dice eso también. Tenía la esperanza de que el matrimonio con
Micah fuera la solución para todo esto. Tengo abogados que están trabajando sobre
esto, pero… —Tucker miró a su hermano, preguntándose si podía confiar en AJ con
lo que estaba pensando. Tucker sabía que Micah y su padre se opondrían a su idea,
eran demasiado orgullosos. Y Micah tenían una visión sesgada de este tipo de cosas
debido a su pasado. No es que Tucker lo culpara. —¿Puedo confiar en que
mantengas la boca cerrada y me dejes hacer lo que sea mejor para todos?.
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J.L. LANGLEY

—Algo me dice que tu plan no va a ser muy popular.

—Probablemente no, pero que me condenen si dejo que tu, papá y Micah se
queden sin nada. Es mi trabajo cuidar de Micah y que pierda el rancho está en
contra de sus intereses. Pero él no querría que impugne el testamento. —Tucker se
pasó las manos por la cara, lamentaba profundamente lo que estaba pensando,
pero sabía que era lo mejor. Solo tendría que impedir que Micah lo averiguara. —
Por lo tanto, le voy a pagar a Duncan para que se vaya. Es el menor de todos los
males.

Hubo un grito detrás de ellos.

El corazón de Tucker cayó como plomo a sus pies, él se dio vuelta


encontrando a Micah de pie a menos de dos metros de distancia.
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J.L. LANGLEY

CAPITULO ONCE

—Esto es jodidamente increíble. —Micah se alejó dando fuertes pisotones


con el corazón en la garganta y haciendo caso omiso de las llamadas tanto de
Tucker, como las de AJ. No solo era el que Tucker hiciera cosas en secreto, él estaba
tratando de usar su dinero para salirse con la suya. Micah no podía decidir qué era
lo que más le dolía. Tucker le había prometido tenerlo informado de todas las
decisiones que se tomaran y le había prometido que no lo relevaría de su puesto.
Tucker siempre lo trataba como a un niño, tomando todas las decisiones sin tener
en cuenta su opinión. Al igual que lo había hecho la noche en que Tucker se marchó.

Micah abrió de un tirón la puerta posterior y dejó que la puerta de maya se


cerrara de golpe detrás de él. ¿Por qué había pensado que las cosas habían
cambiado?. ¿Debido a que habían jodido?. Eso es claramente todo lo que era para
Tucker. Micah resopló de sí mismo. Le dolía pensar que la relación que habían
tenido durante los últimos días, la cercanía, era todo una mentira. ¿Cuándo era que
iba a aprender?. El calor le subió desde el cuello hasta su rostro. No era sólo que
Tucker lo tratara como si fuera un idiota estúpido, sino que estaba haciendo
exactamente lo mismo que la familia de su madre había hecho con Micah. Duncan
podía ser un asno, y estaba seguro como el infierno que tal vez estaría feliz de tomar
el dinero, pero le dolía pensar que Tucker estaba tirando el dinero a su alrededor
para conseguir lo que quería. Le parecía que estaba mal. ¿Si Ferguson realmente
quisiera que todo quedara en manos de Duncan, entonces, quienes eran ellos para
cambiar eso?.

Micah entró en la cocina y fue blanco de las miradas airadas de Duncan.

—Bueno, bueno, miren a quien tenemos aquí. Al maricón recién casado. —


Duncan tomó un sorbo de su taza de café y la puso sobre la mesa frente a él.

La furia se apoderó de Micah como un maremoto. —Vete a la mierda, hijo de


puta. Ya he tenido suficiente de tu hocico. —Sin siquiera detenerse a pensar, solo
caminó en dirección a Duncan y lo levantó por la parte delantera de su camisa.

—Oh mierda. —La puerta se cerró, botas golpean en las baldosas del suelo, a
continuación, los brazos de Tucker se enrollaron alrededor de la cintura de Micah.
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J.L. LANGLEY

—Suéltame, raro. —Duncan golpeó en las manos a Micah y las empujó


tratando de quitárselo de encima. No debería haber sido difícil, Micah era un poco
más pequeño que Duncan, pero Micah estaba mucho más que cabreado. Ya había
tenido suficiente de Duncan Delany como para que le durara toda la vida. Micah
impulsó nuevamente su puño hacia atrás, listo para un darle una paliza al bueno de
Duncan, y el codo conectó con piel.

—Maldita sea. —La sujeción de la cintura de Micah desapareció, seguido por


una maldición ahogada.

Micah no se tomó el tiempo como para mirar hacia atrás a Tucker. Dejó volar
su puño, estrellándolo directamente sobre la nariz de Duncan. El nauseabundo
porrazo y el chorro de sangre fueron como combustible al fuego. El hijo de puta lo
llamaría de esa forma y lo amenazaría por última vez. Empujó a Duncan lejos de él,
contento tanto como podía en ese momento cuando vio como Duncan tropezó con
la silla y cayó sobre su culo con un golpe sordo que sacudió la mesa y las sillas.
Llegando hasta donde estaba Duncan nuevamente, Micah fue parado en seco por
Tucker quien lo agarró y fijó sus brazos a sus costados. —¡Sueltame!.

Con los ojos muy abiertos, Duncan se levantó, agarrándose la nariz. La sangre
chorreaba por encima de su mano y entrecerró los ojos. —Tendrás noticias de mi
abogado. Voy a impugnar el testamento. De ningún modo pienso dejar el rancho en
manos de un par de maricones. —Se volvió y salió de la cocina.

—Vete a la mierda. —La furia hervía en Micah mientras luchaba por soltarse
de las manos de Tucker. Sus gafas se cayeron, estrellándose estrepitosamente sobre
el suelo. —Déjame ir, Tucker. —Micah luchó y luchó, tenía ganas de golpear a
Duncan hasta hacerlo pedazos, pero Tucker lo mantuvo en su agarre.

Si Micah se soltaba de su agarre, iba a partirle el culo a Tucker también. El


sudor escurría por su frente, haciéndolo parpadear para evitar que escurriera sobre
sus ojos. Todo su cuerpo parecía como un infierno, caliente y listo para explotar,
pero Tucker se mantuvo firme, ni siquiera se inmutó ante los esfuerzos de Micah.

—Basta. Maldita sea, Micah. Quédate quieto.

Eso cabreó aún más a Micah, pero sin importar lo mucho que se esforzara, no
podía soltarse. Finalmente, cuando se quedó sin aliento y sus miembros se habían
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J.L. LANGLEY

agotado, se hundió en los brazos de Tucker. Micah estaba cansado y quería destruir
algo. Todo se había ido a la mierda. Maldito Duncan. Maldito Tucker. Y maldito
Ferguson por morirse.

Tucker aflojó su apretón, pero no soltó a su presa. Quitó el pelo mojado por el
sudor de la frente de Micah y empujó su cabeza hacia atrás sobre su hombro. —
Todo va a estar bien, bebé.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Micah, pero él se negaba a dejarlas caer.
No, nada estaba bien. Nunca iban a estar bien nuevamente. Con un último esfuerzo
empujó lejos de él los brazos de Tucker y pisoteado con fuerzas subió por las
escaleras hasta su cuarto.

Tucker lo siguió casi pisándole los talones, manteniéndose alejado de la


puerta solo por un segundo mientras Micah la atravesaba. —Micah...

—¿Qué?. —Micah contestó bruscamente.

—¿Qué? ¿Esto no es una jodida broma?. —Tucker cerró la puerta de golpe y


lo fulminó con la mirada. —¿Por qué diablos hiciste eso?. Ahora va a impugnar el
testamento con toda seguridad, sólo para vengarse de ti. Y no me sorprendería si el
pendejo no presenta cargos por asalto.

—Bien. Que presente cargos. Me importa una mierda eso.

—Mira, tienes razón el imbécil se lo buscó, pero había asumido que no


estarías en la cárcel. —Caminando pasando por un lado de Micah, Tucker se acercó
a la ventana, abrió la cortina y se asomó. La lucha había agotado a Micah y él se dejó
caer sobre la cama, mirando al techo. No quería enredar aún más las cosas para su
familia, pero quería que los deseos de Ferguson se cumplieran. Impugnar ante los
tribunales no era la manera de hacer eso, y tampoco lo era hacer alarde del dólar
todopoderoso. Pegando una palmada contra el colchón, Micah dejó que su brazo
descansara de nuevo a su lado. Se sentía tan condenadamente impotente. —
¿Piensas que Duncan será capaz de impugnar el testamento y quedarse con el
rancho?. ¿El haberlo cogido a puñetazos nos ha quitado la posibilidad de conservar
“The Bar D”?. —Micah luchaba por contener sus lágrimas. —Lo siento. No debí
haberlo golpeado.
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—No te preocupes por eso. No voy a dejar que él se apodere del rancho.

Sí, eso era lo que Micah tenía miedo de que Tucker dijera. Lógicamente,
Micah sabía que Tucker estaba haciendo lo correcto. Duncan no era la parte
inocente. Jeff merecía ser el dueño de “The Bar D”. Él había trabajado duro y le
había dedicado su vida a este rancho. Ferguson nunca le haría esto a ellos, razón por
la cual había redactado el testamento de la manera en que lo había hecho, pero
¿por qué no los protegió a todos ellos?. Sin duda, sabría que el testamento podría
ser impugnado. ¿O no se podía?. Micah no lo sabía. —¿Has hablado con el
abogado?.

—Sí.

—¿Y?. —Micah cerró los ojos contra las lágrimas.

—Duncan puede impugnarlo.

—¿Por qué no me lo dijiste?. ¿También ibas a mantenerme al margen de


esto?. ¿Me crees tan poca cosa que ni siquiera me dices la verdad?.

—¿Qué?. —Los pasos de Tucker se acercaron hasta que él estuvo a su lado


mirándolo. —¿Es eso de lo que se trata todo esto?. ¿Estás enojado porque estaba
tratando de protegerte?.

Encontrándose con la mirada fija de Tucker, Micah se sentó. —Me estás


tratando como si fuera un niño.

—Te estoy tratando como a alguien que tenía una úlcera sangrante a causa
del estrés. —Tucker puso las manos sobre sus caderas y entrecerró los ojos.

La ira que se había ido desvaneciendo ahora quemaba nuevamente volviendo


a la vida. Micah se puso de pie, obligando a Tucker a dar un paso hacia atrás. Micah
sentía tanto dolor en el pecho que era como si alguien lo hubiera apuñalado en el
mismo. No podía ni siquiera respirar. La verdad de la situación le cayó como un
ladrillo en la cabeza. —Nunca has tenido la intención de ayudarme. Siempre has
preferido asumir el control y hacer las cosas a tu manera todo el tiempo. Yo sólo soy
un marido conveniente para ti.
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—Micah, eso no es ver…

Empujando hacia atrás a Tucker al golpearlo en sus hombros, Micah se


apresuró hacia la puerta, las lágrimas enturbiaban su visión. No podía quedarse
aquí. Tucker estaba de vuelta en lo que le pertenecía, lo que significaba que ya no
había un lugar aquí para Micah. Sin darse la vuelta, abrió la puerta. —Tu ganas. Ya
no tendrás que preocuparte de que me esté interponiendo en tu camino.
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J.L. LANGLEY

CAPITULO DOCE

Micah ni siquiera había salido al pórtico cuando cayó en cuenta de que él ni


siquiera tenía su camión en casa. —¡Chingada Madre!. —Cerró la puerta y comenzó
a caminar en círculos alrededor de la parte trasera del pórtico. Por unos instantes se
quedó allí, sin saber qué hacer. Poderse ir esta misma noche, obviamente, no era
una opción. Tal vez si daba un paseo sobre “Waldo” le haría bien, por lo menos le
daría un tiempo para poder entender qué era lo que quería hacer. Pero de ninguna
endemoniada manera iba a volver a entrar.

Como Micah estaba a un lado del pórtico, la voz enojada de Duncan lo hizo
parar en seco.

—¿Por qué yo debería hacer eso?.

—Porque debes hacer lo correcto. Tú no deseas el rancho. Solo te estás


comportando como un imbécil. “The Bar D” es el hogar de Jeff. Esto es todo lo que
él tiene, Duncan. —Juan parecía exasperado, como si le estuviera explicando algo a
un idiota. Micah recordaba aquél tono muy bien. Juan lo había usado con él una o
dos veces durante su juventud.

Micah se quedó donde estaba. El olor del humo del cigarrillo fue a la deriva
hacia él, haciéndolo arrugar su nariz, pero se quedó tranquilo. Probablemente no
debería escuchar disimuladamente, pero Micah pensaba que hacer notar su
presencia tampoco sería tan buena idea, teniendo en cuenta su último encuentro
con Duncan.

Duncan era un hijo de puta volátil. ¿Qué pasaría si él comenzaba alguna


mierda con el Tío?.

—Pero debería ser mío, yo soy el mayor. El rancho me pertenece por derecho
de nacimiento.

¡Por Dios!, Duncan era un idiota pomposo. Micah resopló. ¿Cómo era posible
que Duncan pudiera creer eso, dada la forma en que salió del rancho y de su
familia?. Obligándose a no empuñar sus manos, Micah respiró hondo y se apoyó en
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la barandilla del porche. Se quedó a un lado de la casa y fuera de la vista de ellos,


pero listo en caso de que su tío lo llegara a necesitar.

—¡Eso es pura mierda!. Tu papá no te debe ni una maldita cosa. Él te dio todo
lo que siempre quisiste y lo hubiera seguido haciendo. Tú fuiste el que echó todo a
perder por irte de aquí con Vanessa. Déjate de tonterías, Duncan. Por favor. —El
tono de la voz de su tío era... inusual. La ira se había desvanecido a un timbre de voz
más suave, suplicante.

Micah casi se queda sin aliento cuando se dio cuenta de lo que significaba ese
tono de voz. Juan estaba cuidando de Duncan. ¿Cómo no había visto eso Micah?.
Tenía sentido. El Tío conocía a Duncan desde que era un bebé. Ahora que pensaba
en ello, Duncan no sonaba como él tampoco. No sonaba condescendiente. Parecía
como si él estuviera teniendo una discusión honesta con alguien que sabía... que era
un viejo amigo.

—No. Sabes que te respeto, Juan. Pero quiero a “The Bar D”. Necesito….

—Tú no eres hijo de Ferguson.

¿Qué?. Esto tenía el potencial para ponerse feo. Los músculos de Micah se
tensaron por la anticipación. Se apartó de la barandilla, estaba seguro que habría
problemas.

—¿Qué?. ¿Qué has dicho?. —La voz de Duncan se iba elevando con cada
palabra.

Micah se apresuró a dar la vuelta por la esquina a tiempo para ver


desplomarse a Duncan contra el poste de la escalera del pórtico. Negaba con la
cabeza, sin siquiera mirar al Tío. —Eso no es cierto. Mientes, Juan. Tu…

—Me conoces muy bien, muchacho. Yo nunca te he mentido y no lo estoy


haciendo ahora. Ferguson no quería que lo supieras. Te quería como si fueras de él.
Yo no quería decírtelo, pero que me condenen si dejo que atormentes a tu
hermano. —El Tío se sentó en la barandilla del pórtico con un cigarrillo en la mano y
una botella de cerveza. Volteó la cabeza y se encontró con la mirada de Micah.

Duncan no parecía haber notado a Micah, solo seguía negando con la cabeza
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y desvió la mirada hacia afuera, hacia los pastos. —Eso es mentira. Mi papá… —La
protesta se esfumó por completo de Duncan. —¿Por qué no me lo dijiste?. —Sus
hombros se hundieron y parecía derrotado. Micah en realidad sentía lástima por él.

—Porque no había necesidad de que lo supieras hasta que empezaste a


amenazar con apoderarte del rancho de tu hermano.

—¿Por qué?. ¿Cómo, Juan?. Dime. Por favor.

—Rita estaba embarazada de ti cuando Ferguson se casó con ella. Su padre


era un hijo de puta. Si él hubiera descubierto que ella había quedado embarazada
de un vagabundo, él la habría golpeado hasta dejarla azul. Ferguson se casó con ella
para protegerla. Era una buena mujer y fue un infierno de buena esposa. Era la
mujer más comprensiva que jamás hubiera conocido antes. —Juan tomó un trago
de su cerveza y volvió a mirar a Duncan. —No quería que lo supieras. Él te amó. Para
él, tú eras su hijo. Yo no debería habértelo dicho, pero prefiero ser condenado por
todos antes que permitir que fastidies a tu hermano. Nunca te has dado cuenta.
Pero has venido actuado como el culo de un caballo desde hace mucho tiempo,
Duncan. Es hora de dejar de hacer esa mierda. Es lo que tu padre quería. Quería que
volvieras y te disculparas.

Duncan se sentó en la barandilla. —¿En cuanto a Jeff? ¿Él es...?.

—¿Jeff? ¿Oh, quieres saber si es hijo de Ferguson?. Sí, Jeffery es hijo natural
de Ferguson.

Mirando hacia arriba, Duncan vio Micah. Sus ojos se agrandaron y saltó sobre
sus píes inmediatamente. —¿Qué quieres?. —Gruñó, pero su corazón no parecía
estar en ello.

Micah se encogió de hombros. Tenía algo cortante para decir en la punta de


la lengua, pero no se atrevió a hacerlo.

Él sabía muy bien lo que era no tener familia. Esto obviamente era un gran
golpe para Duncan darse cuenta que el hombre que siempre había considerado que
era su padre no lo era. —Nada. Iba a dar un paseo y los oí hablar a ustedes dos. —
Micah miró a su Tío y luego volvió a mirar a Duncan.
SU MARIDO POR CONVENIENCIA 105
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Duncan asintió con la cabeza. —Adelante y regodéate. —Se recostó sobre el


carril. Lágrimas corrían por sus mejillas.

Negando con la cabeza, Micah se tragó el nudo que se le había formado en la


garganta.

—Yo no voy a hacer eso.

—Yo lo haría. —Duncan soltó un bufido. —Si fuera tú, me regodearía.

—Yo no soy como tú. Siento que hayas tenido que enterarte de la verdad.

Y él en realidad lo sentía, pero también quería saber si Duncan le había creído


al Tío y si iba a seguir adelante con lo de la impugnación del testamento. Pero Micah
no se atrevió a preguntarle. Simplemente no parecía ser el momento adecuado para
plantearlo. Duncan parecía estar sufriendo. No debería sentir nada de compasión,
pero Micah la sentía.

Poniéndose de píe, Duncan se secó las lágrimas de sus mejillas. Se acercó a


Juan. —Lo siento, Juan. No voy a causarles más problemas, yo sólo… no importa. —
Se volvió para bajar las escaleras y luego se detuvo y miró a Juan.

El Tío soltó su cerveza y el cigarrillo y se dirigió hacia Duncan. Le ofreció sus


brazos abiertos y en ese mismo instante Duncan caminó para entrar en ellos. Abrazó
a Juan y apoyó su rostro cubierto de lágrimas en el hombro de Juan durante varios
segundos.

Juan acarició la espalda de Duncan. —Es nuestro secreto. No tiene sentido


que todo el mundo lo sepa.

Asintiendo con la cabeza, Duncan dio un paso hacia atrás. Fulminó con la
mirada una última vez a Micah y, a continuación, se dirigió hacia su auto.

Volviendo a sentarse en la barandilla, Juan se despidió moviendo la mano


mientras veía como Duncan se iba. Se sentó en silencio durante varios minutos. —
¿Qué te trae por aquí, mijo?.

Encogiéndose de hombros, Micah cogió la botella de su tío y tomó un trago


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antes de entregársela de nuevo. Su pecho estaba contraído por lo que acababa de


descubrir. ¿Cómo era posible que se sintiera mal por Duncan?. Si Duncan era una
mierda. Micah se sentía... entumecido.

El tío frunció el ceño, y casi como una ocurrencia tardía agregó —Y no más
cerveza. No es bueno para tu úlcera.

Micah gimió. —Hablas como Tucker.

—Tucker siempre ha sido inteligente. Ahora suéltalo. ¿Qué es lo que tiene


aquí en lugar de pasar tiempo con tu marido?.

¿Debería contarle a su Tío?. Suspirando, Micah miró hacia otro lado. No


quería sonar como un patético tonto enamorado. —¿Todo eso era cierto?. ¿Ya
sabes, acerca de que Duncan no es hijo de Ferguson?.

—Por supuesto que es verdad. —Tío olfateó y se limpió la nariz con la manga.
—No quiero que le cuentes nada sobre esto a los demás.

—No lo haré. —Micah pensaba que eso no le correspondía a él hacerlo. —


¿Crees que realmente te creyó?.

—Él sabe que yo nunca le mentiría y no creo que vaya a causar más
problemas.

—Espero que tengas razón. —Micah elevó al cielo una oración silenciosa
rogando para que su Tío estuviera en lo correcto acerca de que Duncan no causaría
más complicaciones.

—Tengo razón. Ahora, dime por qué estás aquí a estas horas de la noche. Me
imagino que se trata de Tucker. Por lo general, él siempre ha sido el causante de tus
preocupaciones.

Esto le cayó como un baldado de agua fría a Micah y se quedó mirando a su


Tío. —¿Por qué dices eso?.

—Porque te conozco. Has estado enamorado de Tucker desde el día que te


traje a casa. —Juan tomó un trago de su cerveza.
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Sonriendo, Micah negó con la cabeza. —Yo no.

—Pues bueno, desde un mes después que te traje aquí. ¿Qué ha pasado con
Tucker que te tiene tan molesto?. Están casados. Yo creía que eso era una buena
cosa.

—Él me mintió. —Micah cerró los ojos. Maldita sea, le dolía incluso decirlo. —
Todavía me trata como a un maldito niño. Además parece como si fuera un
obstáculo en su camino.

—¿Estás seguro de eso?.

—¿Qué quieres decir?.

—Él parece tener mucho respeto por tus opiniones. Las personas no le
preguntan a los niños qué hacer para que un rancho se vuelva rentable
nuevamente. Decisiones de millones de dólares no se suelen dejar en manos de los
niños. —Tomando una bocanada de su cigarrillo, Juan exhaló. —Tucker, es un
hombre de negocios, no es un idiota.

—Sin embargo, prometió que me diría lo que le dijera su abogado acerca


del… —¡Oh, no. Nadie sabía que Micah había visto la copia del testamento antes de
ser leído.

—El testamento. Sí, continúa.

—Pero, ¿cómo…?. —Micah le preguntó. El Tío le había dicho a Micah dónde


buscar. —Lo sabías. Sabías que se lo llevaría a Tucker.

—Tenía la esperanza. Sabía que tarde o temprano le pedirías ayuda con el


rancho. Sólo un podrido imbécil dejaría que su casa se arruinara debido al maldito
orgullo. Y tu no eres idiota, mijo.

—¿Pero cómo sabías que sería yo quien le pidiera ayuda a Tucker?. —Si
Micah no se hubiera sentado, estaba seguro de que sus piernas ya habrían cedido.

—Eres el único que manejaba el dinero. Supuse que tú sabrías mejor que
nadie que tan mal estaba todo. Y pensé que el testamento podría acelerar un poco
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las cosas. —El Tío sonrió de nuevo. —Me alegro de que fuera así. Escúchame, y
escúchame con atención. La vida es demasiado corta como para perder el tiempo,
perrito. No dejes que un malentendido en el camino arruine los anhelos de tu
corazón. El amor no siempre es fácil, pero vale la pena. —Su voz vaciló de nuevo y
volteó la cabeza, como si hubiera algo interesante en el pasto.

Micah miró hacia el campo y no había nada allí. —No estas siendo demasiado
cursi, Tío. ¿No se supone que la mayoría de los vaqueros son anti-gays?. ¿No
deberías estar maldiciéndome y mandándome al infierno en lugar de decirme todas
esas cosas buenas?.

El Tío se rió entre dientes, pero sonaba miserable, no con su alegría de


siempre. —No soy hipócrita, mijo. Estoy de tu lado, te amo. Y quiero que seas feliz.

¿Hipócrita?. Micah casi se cae de la baranda. ¿Por qué no lo había visto


antes?. ¿Qué capataz dormía en la casa principal con un baño anexo a la alcoba
principal?. Su tío y Ferguson habían sido amantes. —Bueno, que me condenen. ¿Lo
sabía su esposa?. —Todo parecía encajar perfectamente ahora que lo pensaba.

—Claro que lo sabía. Ella era una buena mujer. ¿Por qué crees que la cama de
mi habitación es más grande que la que está en la habitación principal?. Ella sólo
compartió su cama el tiempo suficiente para poder tener a Jeffery.

¡Oh, maldita sea!. El Tío debía estar sufriendo más que cualquiera otro. Micah
no podía ni siquiera imaginar lo que sentiría si algo malo le ocurría a Tucker. Incluso
el que Tucker se hubiera ido no era tan malo, comparado con su muerte. Si Tucker
muriera... Micah sintió como si hubiera tragado vidrio y éste hubiera herido su
corazón.

Micah negó con la cabeza, tratando de deshacerse del pensamiento acerca


de la muerte de Tucker. —Supongo que esto significa que no debería tratar de
juntarte con la Señora Higgins.

—¡Dios mío, muchacho, ella debe tener ochenta!.

Ambos rieron, y luego se quedaron en silencio unos instantes.


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—Debió haberme dicho lo que había descubierto acerca de Duncan y el


testamento. —Susurró Micah. —Es como si no me considerara parte de la familia.

—¿Alguna vez pensaste que estaba tratando de evitar que te presionaras aún
mas con el trabajo?. Tienes una úlcera, hijo. Suficiente tienes con el estrés, además
de tener que lidiar contigo mismo y tu infame temperamento latino. No puedes
dejar nada a medias. Todo debe hacerse ya o nunca. ¿Qué habrías hecho si te lo
hubiera dicho?. Habrías estado preocupado por eso todo el tiempo. O tal vez, te
habrías preocupado aún más de lo que ya estabas.

Los hombros de Micah se desplomaron. Su Tío tenía razón. Tucker le había


ayudado con el negocio del rancho. Tucker había tratado de hacerlo todo para
proteger a Micah. ¿Cómo podría Micah hacerle ver a Tucker, que no necesitaba que
lo protegiera?.

—Antes de que tú lo digas... esto es una cosa natural. Todos tratan de


proteger a aquellos a quienes amamos.

Por Dios, ahora el Tío leía la mente. —¿Cómo se hace eso?. Es extraño.

El Tío se encogió de hombros. —He estado donde te encuentras ahora. Te


conozco. Y no te crié sin aprender algunas cosas sobre ti.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Micah y las sorbió. Debería estar
agradecido con la familia de su madre por lo que hicieron. De lo contrario, él nunca
habría tenido lo que su Tío le dio. —Te quiero, Tío.

—Yo también te quiero, mijo, pero yo no soy la persona a la que necesitas


decírselo en este momento.

Todo el viento soplaba a favor de Micah nuevamente. —Ni siquiera sé si él se


va a quedar.

La puerta del pórtico se abrió y se cerró de golpe. —Él se queda y él lo siente.


—La voz de Tucker sonaba un poco inestable.

Girando le lanzó una mirada de asombro a Tucker, Micah se congeló, no creía


que había oído bien. ¿Cuánto tiempo había estado allí Tucker?. ¿Qué había oído?. La
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garganta de Micah se contrajo, negándose a permitir que el aire entrara en sus


pulmones. La incertidumbre se levantó en su interior. Estaba dispuesto a irse, al
menos hasta que Tucker se hubiera ido, pero…

¿Podría realmente ser tan fácil?.


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CAPITULO TRECE

Tucker tomó la mano de Micah. —¿Puedo hablar contigo?. —Como si fuera


una idea de último momento, añadió —¿Por favor?. —Él realmente lo había
estropeado todo y si no andaba con cuidado, Micah podría no escuchar todo lo que
tenía para decirle. Tucker no quería correr ese riesgo. Su corazón aún seguía en su
garganta con solo pensar en alejarse de Micah. Tucker, nunca había pensado
realmente dejar a Micah.

Micah miró a Juan y luego asintió, dejando que Tucker se lo llevara.

El alivio inundó el interior de Tucker. Por lo menos Micah estaba dispuesto a


escucharlo. Tucker no estaba seguro de que lo hiciera, por la forma en que lo había
abandonado hecho una furia. Encontrándose con la mirada de Juan por encima del
hombro de Micah, Tucker asintió con su cabeza. —Buenas noches, Juan.

Sonriendo, Juan le guiñó un ojo. —Buenas noches, muchachos.

Cuando Tucker abrió la puerta, Micah lo obligó a detenerse por un momento.

—¿Tío?.

—¿Sí?. —Juan tiró las cenizas de su cigarrillo.

Sosteniendo la puerta para mantenerla abierta, Tucker apretó la mano de


Micah, no quería que se alejara.

La manzana de Adán de Micah se balanceaba cuando él pasó saliva. —


Gracias. Y si necesitas hablar con alguien...

—Vete, mijo. Y recuerda lo que te dije. —Juan le echó un vistazo primero a


Tucker y luego a Micah. —Hablen de todas las cosas abiertamente. Hay cosas
peores. Ustedes se tienen el uno al otro, todo lo demás es trivial.

Asintiendo con la cabeza, Micah agradeció las palabras de su tío. —Buenas


Noches, Tío.
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Cerrando la puerta detrás de ellos, Tucker le preguntó —¿Qué fue eso?.

Soltándose de la mano de Tucker, Micah se detuvo en la nevera y sacó una


botella de agua y se encogió de hombros. —¿De verdad te vas a quedar?.

—¿Quieres que me quede?. —Un poco de inquietud corrió por la columna


vertebral de Tucker cuando Micah no respondió de inmediato. ¿Había arruinado las
cosas entre ellos?.

Micah se detuvo a mitad de camino cuando se llevaba la botella a la boca. —


¿Puedes dejar de tratar de protegerme?.

Suspirando, Tucker se apoyó en el mostrador, junto a Micah.

—Lo voy a intentar. —No iba a ser fácil. Él había protegido a Micah, desde el
primer instante en que se conocieron. Tucker había dejado a Micah y a “The Bar D”
para proteger a Micah.

Asintiendo con la cabeza lentamente, Micah tomó un trago de agua y a


continuación, cerró la botella y la puso sobre el mostrador. —Supongo que eso es
todo lo que puedo pedir. —No miró a Tucker, su mirada seguía en el suelo.
Inseguro. Él estaba inseguro.

El pecho de Tucker se llenó de esperanzas. A Micah le importaba. No estaría


tan inseguro si no fuera así. Levantando la barbilla de Micah, Tucker miró fijamente
sus ojos marrones. —No puedo prometerte que no trataré de cuidar de ti. Es lo que
siempre hago. Te he cuidado desde que eras un niño. Es un hábito. Pero puedo
asegurarte que lo he hecho por amor.

—¿Me estás diciendo que me amas?. —Los ojos de Micah se humedecieron.

—Sí. Te amo. Te he amado desde hace tanto tiempo como puedo recordar.
Nunca debí irme de “The Bar D”, pero estaba tan asustado que no fui justo contigo.
Eras tan malditamente joven. Nunca debí tomar…

Micah agarró la cabeza de Tucker y tiró de ella hacia él. Aplastó su boca sobre
la de Tucker en un castigador beso. La lengua de Micah se sumergió en la boca de
Tucker y sus dedos se apoderaron de la cabeza de Tucker, tirando de su pelo, no
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J.L. LANGLEY

dejándole otra opción a Tucker más que la de someterse. Era incómodo, pero al
mismo tiempo era estimulante. Este era Micah. Su Micah... su marido.

Enrollando sus brazos alrededor de la cintura de Micah, Tucker lo abrazó


acercándolo más, deleitándose con la sensación que le daba tener pegado su duro y
delgado cuerpo. No trató de asumir el control, sólo disfrutaba de lo que Micah le
daba y trató de devolverlo lo mejor que pudo, pasando sus manos hacia arriba y
hacia abajo por la delgada espalda de Micah.

Finalmente, el brutal asalto se suavizó en algo mas cariñoso, un beso


cariñoso. Micah liberó el apretón de muerte de la cabeza de Tucker y deslizó sus
manos hacia abajo para envolverlas alrededor del cuello de Tucker y luego sobre sus
hombros. Inclinando la cabeza hacia un lado, Micah hizo un sonido un poco
entrecortado y se retiró. Presionó sus labios sobre los de Tucker una vez más antes
de retirarse del todo y abrió los ojos. Se veía... dichoso... feliz. Micah se veía feliz.

Tucker trazó su pulgar sobre el labio inferior de Micah y le dio un rápido beso.
—Pensé que me ibas a dejar.

Micah respiró hondo y se abrazó a Tucker con más fuerza, apoyando su


cabeza sobre el hombro de Tucker. —Lo iba a hacer.

¿Qué te detuvo?. —Acariciando nuevamente con sus manos hacia arriba y


hacia abajo la espalda de Micah, se maravillaba de que este hombre era en realidad
suyo. Había amado a Micah durante tanto tiempo. Ninguno de los hombres con los
que había salido se comparaba con él.

—Dejaste mi camioneta en tu casa.

—Tucker se congeló. —¿Qué?.

—No tenía vehículo en qué transportarme.

Tucker se echó hacia atrás, con una sonrisa en los labios. —Tú eres el infierno
absoluto para mi ego.

—Es bueno que tu ego se desinfle un poco. —Micah sonrió enterrando la


cabeza en el hombro de Tucker nuevamente. —Habría vuelto. ¿Eso ayuda?.
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J.L. LANGLEY

Riendo, Tucker negó con la cabeza. Esto era de lo que se trataba una relación.
No sólo eran amantes, sino amigos. Esta conexión entre ellos era lo que Tucker
nunca pudo superar, era lo que él tenía tanto miedo de arruinar al tomar a Micah
como amante. Sin embargo, la resistencia de Micah había sido inútil, entonces y
ahora. Tucker besó la parte superior de la cabeza de Micah y pasó los dedos por su
pelo. —Te equivocas, sabes.

Micah se acurrucó un poco más, abrazando un poco más fuerte a Tucker. —


¿Sobre qué?.

—Acerca de que solo eras un marido por conveniencia. El testamento solo


fue una excusa conveniente para finalmente poder reclamarte, ese era en realidad
mi objetivo, no proteger el rancho. Solo que no quería admitirlo al principio, ni
siquiera a mi mismo.

La mandíbula de Micah se abrió y él ladeó la cabeza hacia un lado, con una


mirada de total confusión en su hermoso rostro. —¿En.. En serio?.

Sonriendo de oreja a oreja, Tucker tiró de él acercándolo aún más y envolvió


a Micah en sus brazos, ese era el lugar donde pertenecía. —En serio. Además,
amarte nunca ha sido conveniente.
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J.L. LANGLEY

EPILOGO

Un año después

Inclinándose y descansando su antebrazo sobre el cuerno de su silla de


montar, Micah trató de no reírse. Él estaba feliz de ver al Tío muy feliz, pero...

Micah negó con la cabeza y sonrió. Si el Tío montaba más cerca de Devon,
uno de sus nuevos trabajadores del rancho, se iban a triturar las piernas entre sus
respectivos caballos. ¿Cuándo había sido la última vez que Micah había visto a su Tío
tan cautivado y pasando todo su tiempo libre con alguien?. No desde que Ferguson
estaba vivo. Esto hacia que el corazón de Micah se sintiera bien al ver a su tío con
Devon. Y Devon parecía estar disfrutando de la compañía de su Tío. Pescar en el
estanque después de concluir con todas las tareas se había convertido en un hábito
para ellos, así había sido desde una semana después de que Devon había
comenzado a trabajar en “The Bar D”.

—¿Qué es tan gracioso?. Tucker tiró de las riendas a su lado.

Micah estaba tan atrapado en su alegría que ni siquiera se había dado cuenta
de que tenía compañía.

Tucker montaba a “Diente de León”, llevaba puestos un par de pantalones


cortos, camiseta, chanclas y gafas de sol, sin silla de montar. Era obvio que no iba a ir
tan lejos. La última vez que Micah lo vio, Tucker estaba estudiando minuciosamente
las cuentas en la oficina.

—¿Qué estás haciendo aquí?.

—He venido a buscarte. —Tucker miró más allá de Micah y ladeó la cabeza
hacia un lado, con una sonrisa en su rostro. —¿Cuántos años tiene Juan?.
¿Ochenta?.

—Solo tiene sesenta y nueve. —Micah miró de nuevo hacia donde su Tío
montaba cerca de Devon. —¿Devon, al menos tendrá, unos cuarenta y cinco?.
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J.L. LANGLEY

—Treinta y ocho. Revisé su solicitud.

—Oh, bueno eso no es tan malo, entonces. ¿Estaba su orientación sexual en


dicha solicitud, de casualidad?.

Tucker se rió entre dientes. —No, pero si aún no ha derribado a golpes a


Juan, adivino que es gay. Es eso, o es que realmente le gusta trabajar en “The Bar D.

Micah se echó a reír.

—¿Eso de "vámonos a pescar" no será una palabra clave para otra cosa?. —
Tucker reflexionó.

—No tengo ni idea, pero me encanta ver a Juan feliz. Perder a Ferguson fue
muy duro para él. Ahora si pudiéramos encontrar una mujer para tu padre.

—Buena suerte con eso. Mi madre lo dejó fuera del mercado de las
relaciones.

—Pero por eso no es por lo que vine hasta aquí. —Buscando en los bolsillos
de sus pantalones cortos de color caqui Tucker sacó algo. Sosteniéndolo en el puño
de su mano, él la abrió y se lo ofreció a Micah.

—¿Qué es eso?. Micah frunció el ceño.

—La razón por la que vine hasta aquí. —Tucker movió el puño. —Pon tu
mano.

¿Para qué Tucker quería que él hiciera eso?. Micah puso su mano abierta, con
la palma hacia arriba.

Tucker dejó caer un anillo de oro en su mano.

—¿Qué es esto?.

—Un anillo de bodas.


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J.L. LANGLEY

Calor se propagó a través del cuerpo de Micah y su pecho se contrajo. Su vida


era buena. Su familia estaba a salvo y feliz. Se habían respetado los últimos deseos
de Ferguson y no habían tenido que luchar por el rancho en un tribunal, ni siquiera
Duncan había impugnado el testamento. Y todos habían decidido enterrar el hacha
de guerra hasta el punto de que Duncan había hecho un préstamo para poder
invertir en el rancho. Ya lo había pagado, incluso llamaba de vez en cuando para
hablar con Jeff. Aún no se llevaban bien, pero Duncan realmente lo estaba
intentando. AJ aún pretendía que Duncan se disculpara por todo lo que había hecho
y que además aceptara que extrañaba a su familia. Micah estaba de acuerdo, pero
prefirió no meterse en ello. Duncan había dejado de ponerle nombres ofensivos a
Micah, pero ellos no eran amistosos bajo ningún concepto. A Micah no le
importaba, esto no le afectaba para nada. Si Jeff llegara algún día a perdonar a
Duncan, que no lo haría. Esto no le afectaría a Micah de una u otra manera. Tenía
todo lo que necesitaba, todo lo que siempre había querido.

Inclinándose hacia adelante, Tucker envolvió una mano alrededor del cuello
de Micah y tiró de él para acercarlo. Tucker presionó su boca contra la de Micah
dándole un beso rápido antes de dejarlo en libertad. —Lee la inscripción.

Le tomó varios segundos a Micah quitar su atención de la boca de Tucker. —


¿Huh?.

—Lee el interior del anillo.

—¿Conseguiste uno para ti también?.

—Sí. —Tucker levantó su mano izquierda, mostrándole la banda de oro en su


dedo. —Ahora léelo.

Sujetando el anillo contra a la luz del sol, Micah leyó el mensaje grabado. Para
mi marido por conveniencia, con amor Tucker.

Alegría pura hizo que Micah alzara la cabeza y riera. Sí, definitivamente, tenía
todo lo que siempre había querido.
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J.L. LANGLEY

FIN

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