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Archivo Español de Arqueología, 65, 1992, 331-334

Al'.spA, 65. 1992 NOTICIARIO

MONASTERIOS PAGANOS: UNA PROPUESTA


POR

DIMAS FERNÁNDEZ-GALIANO
Musco Provincial de Guada lajara

RESUMEN ca. no extrañará que comience puntualizando tér-


minos: en realidad, los básicos para entender el
Se propone.: la cxistcnc.:ia de un monastid:.mo pagano c:n
fondo de la cuestión: villa. 1emplo y monasterio.
la Antigüedad.
La literatura arqueológica los maneja corriente-
mente y son útiles, como todo vocablo. en la me-
SUMMARY dida que sirven para entendernos. Sin embargo,
por lo que voy leyendo. sospecho que no existe
Thc cxistencc of pagan monastical ordcrs in Grcck aml una correspondencia unívoca entre ellos y los
Roman times is proposcd. conceptos que sugieren; en consecuencia, trataré
de precisar lo que para mí significan.
En los textos latinos, una villa es una casa de
En una anotación casi marginal, entre las con- campo; torre, casal, granja, alquería, estancia,
clusiones de un reciente trabajo, dediqué unas lí- cortijo, masía, masada, masería, quinta, son algu-
neas a expresar mi convicción de la existencia de nos de los sinónimos que ofrece nuestra lengua.
un monasticismo pagano en la antigüedad. Debo Villa es una casa de labor cuya primera finalidad
agradecer al doctor Arce la cortesía por haberlas es la explotación del agro; mientras consideremos
leído, la sagacidad de haber presentido su impor- ese uso como el prioritario de la villa, la confu-
tancia y la gentileza de haber dedicado parte de su sión no se produce. Los tratadistas que nos hablan
tiempo a contradecirlas en estas mismas páginas. en extenso de las villas, con la relativa excepción
De todos los reproches que me dirige, el de for- de Paladio, escriben durante época republicana y
mular una tesis relevante sin mayores explicacio- altoimperial: Catón. Varrón. Vitrubio, Plinio, Co-
nes y sin la acostumbrada cobertura bibliográfica lumela. En época tardía, las referencias a villas
es el más justo; el de acusar de ceguera colectiva son escasas y escuetas, así que no sorprende que
a la comunidad científica, el más desmesurado. cualquier edificio romano aislado en el campo
En el momento en que escribía mi estudio, es- haya querido ser interpretado a la luz de dichos
timé acertado simultanear la presentación de una textos como una villa.
magnífica obra artística del arte romano tardío, el Los restos arqueológicos que han sido identi-
mosaico de Cadmo y Harmonía, de Azuara, con ficados como villas pertenecen, a mi entender, a
la de una teoría nueva que ayudase a entenderlo dos tipos de edificios bastante diferenciados: por
mejor. De modo impulsivo, el doctor Arce me una parte, las estructuras de habitación o casas
amonesta sobre la forma del trabajo al tiempo que aisladas en el campo, de apariencia más bien aus-
rechaza el fondo, y me recuerda de paso que exis- tera y fecha altoimperial, que no son demasiado
ten unos límites para la heterodoxia. bien conocidas, entre otras cosas por el hecho de
Razones de espacio, y tal vez de fatiga -satu- hallarse casi s iempre bajo los restos de un edifi-
rado como estaba por la lectura de estudios tan re- cio más tardío; y por otra parte, unas ricas cons-
bosantes de erudición farragosa como vacíos de trucciones o amplias remodelaciones con partes
ideas- me inclinaron, no sé si acertadamente, a de carácter visiblemente suntuario, que pueden
no prodigar citas ni a multiplicar las explicacio- datarse en época tardía, en su mayor parte duran-
nes; tal vez sea éste el lugar y momento propicios te los siglos IV y V. Esta clasificación , no más ar-
para ofrecerlas. Atado como estoy a unas palabras tificial que otras, permite separar unos edificios
escritas, que amenazan con provocar una polémi- de uso claramente agrícola, a los que es correcto

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llamar vi llas. de otros dedicados a distintas fun- hemos dado en llamar cristianismo; pero mientras
ciones adenub de la explotación agropecuaria. dura este proceso de efervescencia. las categorías
Durante los últimos diez años he analizado un su- de espacios sagrados se mulliplican y diversifi-
ficiente número de edificios de los llamados ge- can.
néricamemc villas romanas. Los resultados de Puntualizar con exactitud el concepto de mo-
esta investigación, que pronto daré a conocer en nasterio interesa especialmente a la discusión,
una monografía. son bastante más sorprendentes pues cs. a fin de cuentas. el que la ha provocado.
que la existencia de ese monasticismo pagano que No ignoro - ni ignoraba cuando fonnulé mi pro-
ha alarmado al doctor Arce; pero la primera con- puesta- que el término monasterio es c lave en e l
clusión de mi estudio. que no tengo inconvenien- pensamiento cristiano, aunque le niego la exclu-
te en avanzar aquí, es la necesidad. absolutamen- sividad que muchos estudiosos. como el doctor
te inaplazable. de revisar la arqueología rural ro- Arce, le atribuyen. Durante el siglo IV de J. C., fi-
mana en todo el Imperio, enclave por enclave. losofías, doctrinas, sentimientos religiosos, fer-
edificio por edificio. estancia por estancia; no vores, ideas y valores de la sociedad antigua se
obstante. otra de mis conclusiones firmes es que hallan en plena ebullición: los conceptos y creen-
algunos de los sitios arqueológicos conocidos cias se trasladan con extraordinaria movilidad de
como villas fueron esencialmente lugares de cul- una fe a otra, y es difícil distinguir entre credos e
to. templos. Si en un edificio, aislado en eL cam- ideologías, identificar cultos y espacios rituales o
po, tenga o no una parte dedicada a casa de labor. separar netamente lo sacro de lo profano.
se aloja un templo, o si éste es parte sustancial. En medio de ese marasmo se encuentra la Igle-
bien diferenciada o muy relevante de la construc- sia cuando comienza a tomar conciencia de sí
ción. e ntiendo que conviene más llamar templo o misma y siente la necesidad de escribir su propia
santuario al conjunto de edificaciones que lo en- historia, de la que el monasticismo es capítulo im-
globan, dado que el uso religioso se define como portante. No pongo en duda la buena fe de los es-
más característico. La dificultad de identificar un critores eclesiásticos al narrar los acontecimien-
templo ·o santuario en el seno de las arquitecturas tos o valorar los hechos que atañen a sus proséli-
variopintas del momento es, desde luego proble- tos, pero tampoco puede ignorarse que lo que es-
ma no nimio, pero no nos interesa ahora. criben es, por esencia, una crónica sectaria; difí-
Templo, de obscura etimología, posiblemente ci lmente se esperará de ellos una objetividad de la
deriva del griego téµvro (cortar, dividir); es, des- que carecen al referirse a sus propios orígenes. La
de su origen, un lugar santo, un terreno o recinto historiografía católica, con todo el derecho, pro-
ritualmente consagrado a un culto público. En la cede a crear su propio monasticismo. que hace na-
Roma republicana y durante las primeras centu- cer de Egipto y Siria, por un lado, y del occiden-
rias de la Era, e l derecho pontifical exigía para es- te romano, por otro; son sus hombres -Antonio,
tablecerlo la intervención de un augur, quien al Atanasio, Basilio, Pacomio, Jerónimo, Martín de
efectuar los ritos de la inau¡:urario. trasladaba el Tours, Agustín-quienes organizan y articulan la
orden celeste a un recinto delimitado sobre la tie- vida de los monjes; dentro de esta historiografía.
rra, propiciando que la divinidad descendiese a su pronto cobra fuerza la teoría que defiende el au-
morada terrena; los ritos de los augures precedí- toctonismo del mundo monástico occidental, que
an a la consecratio propia del templo por parte de desde reducidos núcleos como Primuliacum, Li-
los sacerdotes. Sin embargo, tanto en Grecia gugé o las islas de Gallinaria y Lérins, habría
como en Roma existieron espacios sagrados que dado lugar al gran desarrollo del monasticismo
eran considerados como semipúblicos o semipri- medieval. No obstante, no importa tanto a nues-
vados: por ejemplo, heroon, ninfeos, fa na o los tra discusión el monasticismo cristiano en sí,
denominados por ese curioso vocablo que cambia como su relación con otras formas de vida mo-
su significado según el número: en singular ae- násticas; comencemos con algunas precisiones
des-is, templo; en plural, aedesium, casa. Los sobre el término.
profundos cambios en las ideologías religiosas La palabra µovao'ti¡piov es usada por vez
que se producen durante el helenismo fructifica- primera -y única, hasta dos siglos más tarde-
rán finalmente en un resultado unificador al que por Filón de Alejandría, en De Vita contemplati-

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1·a. una obrita en la que describe detalladamente chaza la obra como un apócrifo del siglo 111 1• El
una comunidad mixta. de varones y mujeres que argumento más fuerte de su atribución es el si-
viven separadamente y celebran en común cier- lencio absoluto sobre los terapeutas en cualquier
tos ritos religiosos. El tratado, de importancia otro lugar. falla de noticias tanto más sorpren-
histórica capital por varios aspectos, no deja du- dente si creemo~ las mencionadas palabras del
das de que lo que el autor describe es precisa- apartado 21. Su hipótesis obtiene las adhesiones
mente lo que hoy conocemos como un monaste- de distinguidos historiadores, pero tras las refuta-
rio: un conjunto de personas que ha abandonado ciones de Conybeare y Wendland sobre sólidas
el mundo, para dedicarse a una vida de medita- bases filológicas, nadie duda hoy de que la obra
ción y oración; habitan en celdas aisladas. duer- sea genuinamente filoniana ~. Devuelta la obra a
men y comen frugalmente, celebran en común su autenticidad, sólo queda aceptarla tal como es;
festividades religiosas concretas. Interesa aquí lo cual no deja de ser un obstáculo incómodo para
sobre todo destacar que el neologismo filoniano cíertas teorías bien asentadas y reconocidas ofi-
hace fortuna en la literatura religiosa cristiana de cialmente. El padre Festugiére cree que la des-
los siglos 111 y IV. cripción de la vida de los Terapeutas pertenece a
Cuando Eusebio de Cesarea cita a Filón de un género de literatura imaginaria, donde se di-
Alejandría y su peculiar descripción de los tera- buja la vida de unos hombres santos de modo ide-
peutas en la Hiswria Ecdesiastica. ni por un mo- alizado 1• Si ello fuera cierto, habríamos de reco-
mento se le ocurre pensar que no esté describien- nocer en Filón un sorprendente precursor de la li-
do un monasterio cristiano; a fines del siglo 111 . en teratura del realismo mágico o en Ja línea de vi-
plena debacle de la gran persecución de Diocle- sionarios tipo Julio Veme, faceta que se le desco-
ciano, es dudoso que el autor cristiano haya podi- nocía hasta el momento. Aceptar la hipótesis de
do tener la ecuanimidad necesaria para sospechar Festugiére, equivale a admitir que De Vita Con-
que la comunidad de hombres virtuosos descrita templativa inventa, con una minuciosidad en los
por Filón dos siglos antes no pertenezca a su cre- detalles que parece surgida de un sueño, la vida
do. Para Eusebio, Filón es «uno de los nuestros», de las comunidades religiosas que tan extraordi-
un 'cxvtjp trov iiµetépcov,que. además conoce nario grado de desarrollo alcanzarán cuatro o cin-
bien la filosofía de Platón y de Pitágoras (H. E. 11 , co siglos más tarde. Es importante subrayar aquí
IV, 2); llegado el caso de explicar la comunidad el hecho de que la palabra monasterio inventada
de hombres justos que habitan en torno al lago por Filón según todos los indicios, haya influido
Mareotis, en los alrededores de A lejandría, el his- de manera decisiva en la tradición cristiana pos-
toriador eclesiástico no duda en cristianizarlos.
atribuyendo su fervor a la obra evangelizadora de 1 Lucius, P. E.: Vil• Thernpe11te11 1111d ihre Stel/1111g in
Marcos (H. E. 11, XVI ss). Puede entenderse que der Gesd1irhtt• der Askese. Strasbourg. 1879.
la idea de hallar una comunidad cristiana en la 1 Conybcarc, C.: Philn ahottt the rn111emplati1•e 11/e.

gran metrópoli cuya evangelización el Nuevo Oxford. 1895; Cohn y Wcndland: Philonis Alexa11dri11i
Testamento ignora, haya atraído poderosamente a opera quae :mper.rnm. editio major. Berlín, 1896-1930,
los historiadores de la Iglesia hasta el siglo XVIII. tomo VI, rcimpr. 1962, p. 46 s.; editio minor. Berlín, 1986-
1915. pp. 32-50.
Pero también que su singularidad haya provoca-
' Fcstugicrc, A. J.: «Sur une nouvelle édition du "De
do suspicacias. El hecho de que el judío Filón Vita Pythagorica" de Jarnblique». REG 50 ( 1937). p. 476.
haya conocido y durante un tiempo, al parecer, para quien estos tipos de vida monástica (encierra en un
también convivido, en una comunidad monaste- mismo saco a los pitagóricos de Jámblico, las descripcio-
rial cristiana a los pocos años de la crucifixión del nes de brahmanes y gimnosofistas, los escritos de Plinio y
fundador es, cuando menos, sospechosa. Si ade- F. Josefo sobre los esenios y la descripción de Filón de los
Terapeutas, entre otros; no es extral'io que tanto peso ter-
más Filón afirma específicamente al comienzo
mine por romperlo) serían «Un género literario bien cono-
del apartado 21, que este tipo de vida existe en cido en el período helenístico: la descripción idealizada de
muchos lugares del mundo habitado. «noUa.- castas sacerdotales o fraternidades religiosas de pueblos
xou µtv ouv ti1~ oiicouµEVT\~ 'eon yévo~». to bárbaros». En contra: Strathmann. H.: Gesrhid11e der
su importancia histórica se agranda más allá de lo frühd1ristliche11 Askese / :Die Askese in der Umgeb1111x des
razonablemente admisible. Lucius, en 1879, re- Werde11de11 Chri.m•11tums. Leipzig, 1914, 241.

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tcrior. que la acepta sin reservas. Por otra parte. es de vida y convivern.:ia semej<mtes. para las que
legí1imo preguntarse si Filón describe una comu- no he encontrado mejor definición que la de mo-
nidad crbtiarrn o judía (O tal vez. como me incli- nasterios paganos. Rechazo. en consecuencia. la
no a creer. ni lo uno ni lo otro). pero el asunto es formulación antinómica entre 1·il/a y 11unws1crio
demasiado largo para ser abordado aquí. que propone su título. y me reafirmo en lo escri-
Remon1arse al origen de las palabras puede ser to. A una serie de l"illas de finalidad esencial-
ejercicio instructivo y hasta gratificante. pero mente religiosa puedo añadir ahora algunas
poco ayuda a nuestros fines de entendernos. Mi otras. de mayor tamaño y entidad bibliográfica:
propuesta es que llamemos monasterio a todo lu- me excuso por no poder dar aquí mis razones.
gar cuyos habitantes cumplan dos requisitos (¿,por pero mis conclusiones son firmes: y para que no
qué no en latín. una lengua tan monasterial?): quepa duda de mi compromiso con esta propues-
fit}!.a n11111di et religionis (·a11Ja 4 •. ta. la afianzaré con una nueva afirmación que tal
Recientemente se ha destacado la ambigüedad vez a muchos resulte chocante: la villa de Piazza
de la terminología de la primera literatura monás- Armerina no era la residencia de nadie. Com-
tica, cuestionando como teórica y puramente aca- prendo que los autores del centenar de títulos de-
démica la tradicional clasificación del primer mo- dicados a su estudio y en gran medida a la iden-
nasticismo crist iano en tres fases.: anacorética, ce- tificación de su propietario. puedan sentirse des-
nobítica, benedictina~. Frente a esta indefinición concer1ados e insatisfechos con esta nueva afir-
léxica. mi propuesta tiene la ventaja de ser clara. mación s in adicionales explicaciones: pues bien.
Si el doctor Arce. haciendo gala a su recono- Piazza Armerina, la villa del Casale, Filosofiana.
cida ecuanimidad, tiene a bien aceptarla. estoy se- es un monasterio pagano. Aunque tampoco ten-
guro de que llegaremos a entendernos: en caso go inconveniente en llamarlo escuela de filoso-
contrario. cejaré en la controversia y abandonán- fía. si ello me sirve para ahorrar controversias
dolo a su suerte como a un terco Ulises amarrado como la presente; porque en esta actividad que
al mástil de la ortodoxia. me dirigiré a marineros desarrollamos - hay quien la llama ciencia- es
menos curtidos que él, esos «jóvenes profesiona- importante entenderse .
les de la arqueología y de la historia antigua» a Concluyo. Existió un monasticismo pagano.
los que exhorta en su escrito a desoir mis cantos Queda ahí De Vira Con1emplarfra como insalva-
de sirena. Pero si la acepta, como espero, acaso ble obstáculo con el que tropiezan una y otra vez
se avenga a admitir también que la idea monásti- sin derribarlo hipótesis como la de Festugiére o
ca o conventual con sus reglas y sus normas no Lucius, basadas únicamente en el silencio de los
es exclusiva del cristianismo, sino fenómeno textos en los siglos posteriores a la obra. No es
profundo y universal, indisociable de la cultura casual, aunque sí irónico, que sea precisamente
urbana, íntimo rechazo de ella, que tiene forma e l silencio, ese fuste que sustenta la vida monás-
budista en India, lamaísta en Tibet, taoísta en tica, el que se haya usado para negar su existen-
China. sufí en los países árabes. Más difícil será cia. Pero los argumentos «ex silen1io» son peli-
convencerle, aunque no desespero de ello, de que grosos; un día las piedras pueden hablar, con ra-
también en e l mundo clásico existieron formas zones tan firmes y testarudas como ellas mis-
mas.
• Espero que la comunidad académica me pennita usar Nosotros ya hemos hablado lo bastante. Igno-
el ténnino relixio para denominar también el conjunro de ro si las razones aducidas bastarán al doctor Arce;
creencias no cristianas sobre Dios (aquello que la autoridad en caso contrario, espero poder ofrecerle pronto
eclesiástica conoce como superstitio ); en caso contrario, lo las de mi próxima monografía. Hasta entonces,
único que lograrfamos sería cambiar el objeto de la discu-
sión y no, como se pretende, darla por zanjada.
medien entre nosotros las palabras de un empera-
s Pricoco, S.: Aspetti cu/tura/i del primo monachesimo dor: «Pero, ¿cuál será el final de nuestro discurso
d'occidente. Tradizione dei Classici. Transfonnazioni de- si tampoco esto te convence?» (Juliano. Contra el
lla cultura. Roma, ed. Laterza, 1986, 189-204. cínico Heraclio, 239 c.).

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