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8.

LA RELIGIÓN ROMANA

La religión es politeísta, comunitaria y ritualista. No tiene mitos ni simbologías espirituales


como tenía la religión griega. Es práctica, nada en torno a la religión se realizaba sin sentido. A
los dioses se les veneraba siempre que fuera necesario, y debía ser siguiendo perfectamente las
normas de los rituales. El día correcto, la hora, la ceremonia, el sacrificio. Todo debía realizarse
sin errores para que fuera efectivo. El pragmatismo de la religión romana permitió a lo largo de
los siglos que Roma fuera asimilando divinidades foráneas si lo consideraba práctico.

8.1 LOS ORÍGENES. ÉPOCA ARCAICA

En la época arcaica no había representaciones antropomórficas de las divinidades. Los dioses


tenían carácter abstracto y únicamente se les interpretaba a través de fuerzas de la naturaleza
(numina). La relación de los hombres con los dioses se realizaba a través de rituales. Había
sacerdotes asignados al culto de cada dios (arvales y flamines, por ejemplo). Se celebraban
distintas fiestas religiosas como Las Lupercalia vinculadas al dios-lobo o Los Argei, una
procesión con muñecos de cañizo por las capillas.

En el siglo IV a.C empezó a formarse el gran panteón romano con los dioses equiparados a
las divinidades griegas del Olimpo: Jupiter, Juno, Diana, Apolo, Minerva, Vesta, Ceres, Venus
Marte, Mercurio, Neptuno y Vulcano.

El objetivo de la relación con los dioses era conseguir la paz con los dioses (pax deorum) y
el favor divino.

8.2 LA RELIGIÓN DEL IMPERIO

Características del culto imperial

Desde Augusto, los césares entendieron bien la importancia de la religión como arma política.
El propio Augusto impulsó ciertos sacerdocios y restituyó fiestas y ceremoniales que se habían
perdido. Asoció la autoridad imperial al poder religioso, divinizando a su padre adoptivo Julio
César tras la muerte de éste. El Senado determinó esta divinización a través de un decreto.

El culto imperial al emperador quedó instaurado desde entonces, pero los emperadores no
aceptarían la divinización en vida (excepto Calígula que sí lo hizo). No obstante, se utilizó la
tradicional figura de honrar al genius del pater familias para rendir culto al emperador en vida.

El culto imperial fue ideado para consolidar el poder del emperador (Princeps) y se
presentaba como propaganda para la paz (pax Augusta). Los emperadores se consideraban
protegidos de los dioses y se les atribuían algunas de sus virtudes (concordia, piedad, honor,
fuerza, paz).Este culto supuso una renovación política, social y religiosa. Y dependía mucho de
la personalidad del emperador la manifestación del culto popular a su persona. Las ciudades de
Oriente, más acostumbradas a una tradición de rey-dios, lo aceptaron más fácil que las de
Occidente, que tardaron más tiempo en asumir el culto a un ‘dios humano’. Las artes y la
literatura ayudaron a implantar y difundir el culto imperial.
Organigrama del culto imperial

En las ciudades romanas los grupos aristocráticos ejercían el poder a través de las instituciones
políticas y a través de los cargos religiosos. Los templos y celebraciones se convirtieron en un
símbolo de unidad con Roma.

A nivel provincial el máximo honor al que podía aspirar un ciudadano era al cargo de
sacerdotes flámines, con gran prestigio social.

A nivel municipal el culto era muy variado, dependiendo de las tradiciones locales. Los
sacerdotes también podían ser flámines y flaminicas. Esto era una importante novedad, porque
por primera vez la mujer desempeña un culto y promociona socialmente.

Se asemejó la estructura de los sacerdotes al de las corporaciones profesionales. Tras los


flámines, en segundo término se encontraban los sacerdotes augustales y sexvires augustales.
Éstos últimos eran seis hombres que se encargaban del culto al genius augustii e intervenían en
las ceremonias que dirigían sus superiores, los flámines.

Evolución del culto imperial, consecratio y apoteosis

A lo largo del siglo I el culto se generalizó y desde el siglo II quedó completamente instaurado.
Los césares Claudio, Nerón o Commodo eran representados como dioses y Calígula se hizo
divinizar en vida. Aureliano introdujo el tratamiento ‘Deus et Dominu’s y durante la dinastía de
los Antoninos los dioses protectores del emperador se convirtieron en semidioses a los que se
les atribuyen cualidades: Victoria Augusta, Providentia Augusta…

Para que un emperador tuviera naturaleza divina era necesario un decreto del Senado tras su
muerte (consecratio). Se hacía una liturgia a sus exequias (funus imperatioris), con una
ceremonia pública en la que participaba la caballería y se encendía una pira (rogus) de cuatro
pisos cubierta con tapices, estatuillas, pinturas y hierbas aromáticas. Tras la quema de la pira se
soltaba un águila, símbolo de Júpiter, que representaba la subida a los cielos del alma del
emperador. Senadores vestidos de negro, mujeres vestidas de blanco sin joyas, símbolos de luto
por la ciudad y distintas ceremonias eran algunos de los ritos del funeral del emperador.

Livia, mujer de Augusto, fue la que se ocupó de que su esposo recibiera ese culto. Desde
entonces, las emperatrices, a su muerte, recibirán también esos honores y poseyeron su propio
colegio sacerdotal femenino (flaminicas). La propia Livia, Drusila hermana de Calígula o la
esposa e hija de Nerón fueron las primeras damas divinizadas (divas) a las que irían siguiendo
las emperatrices posteriores.

Este culto al emperador y su familia tenía también detractores, como los filósofos estoicos o
los propios cristianos.

8.3 LAS RELIGIONES MISTÉRICAS

Las religiones mistéricas son cultos de origen ancestral que venían a llenar, las ansias
espirituales más íntimas y personales, donde no llegaban los ritos de la religión oficial del
Estado. Estos cultos mistéricos existían ya en anteriores civilizaciones y se desarrollaron
notablemente en época helenística, recabando después en Roma.
Los cultos mistéricos eran variados, pero tenían varias características comunes. Los secretos
del culto los guardaban sacerdote experimentados, que transmitían las normas a los llamados
‘iniciados’, porque que decidían libremente iniciarse en estos ritos mistéricos.

Se basan en una creencia en el más allá para conseguir la salvación y una vida nueva después
de la muerte física, una resurrección. El iniciado adquiere una nueva condición espiritual a
través de su experiencia espiritual personal directa con el dios, con distintos ritos y ceremonias
que le llevaban a situaciones de éxtasis e irracionalidad.

Todos los iniciados debían guardar en secreto los detalles de las ceremonias y objetos
sagrados. Todo tipo de personas podían iniciarse independientemente de su condición. Mujeres,
esclavos, pobres… Algunos ejemplos de cultos mistéricos son:

- A Eléusis y Dionisos: Tenían su origen en los cultos dedicados en Grecia a las diosas
Demeter y Perséfone (Ceres y Proserpina en Roma), de la agricultura y al dios Dionisos (Baco,
en Roma). Éste era el dios de la transformación, del cambio, del vino, de lo ilógico y por eso era
muy atrayente. Los iniciados participaban en fiestas de embriaguez no sólo física si no también
espiritual, que incluían orgías, en las que creían alcanzar el contacto con los dioses. Estas
fiestas, llamadas en Roma bacanales, fueron prohibidas por decreto en el año 213 d.C y
perseguidas.
- A Isis y Osiris: De origen egipcio, siguiendo y adaptando el mito de que Isis lloró y
buscó a su esposo Osiris asesinado y lo resucitó. En estos cultos isíacos hay procesiones con
cabezas rapadas, adornos, vestidos y otros símbolos egipcios. Fue un culto muy extendido, pero
la familia augustea, por ejemplo, lo prohibió por identificar a Isis con la reina Cleopatra.
- Mitraismo: Mitra es un dios de origen persa del sol, la luz, la vida y La Justicia. Según
su mito, su hazaña fue vencer y sacrificar a un toro que cargaba sobre sí y celebrar un banquete
con su sangre y su carne. En Roma, el culto a Mitra es una práctica exclusiva de los varones
muy presente en los ambientes militares. Tenía santuarios de culto llamados mitreos. Plantea la
caducidad del alma y la necesidad de redención. Era un culto exigente que exigía varias
pruebas. Si los iniciados superaban las siete fases, (bautismo, viaje simbólico, sacrificio del
toro, banquete…) alcanzarían a Mitra, la salvación y la vida eterna.
- Orfismo y Pitagorismo: Son dos doctrinas filosóficas-religiosas con características
comunes a los cultos mistéricos porque también buscaban la identificación con la divinidad,
pero planteando unas normas de conducta. El Orfismo se basaba en el mito griego de Orfeo, que
buscaba a su esposa Eurídice. El pitagonismo es la corriente fundada por el filósofo y
matemático griego Pitágoras en el siglo VI a .C, basado en una dieta vegetariana y en la armonía
de los números para explicar la realidad y para alcanzar la paz del alma.

8.4. EL CRISTIANISMO

El Cristianismo es el movimiento religioso fundado por Jesús de Nazaret en el seno de la


espiritualidad judía (s.I). Fue gente de su entorno la que propagaría sus creencias.

Surge en un ambiente político convulso de dominación romana del territorio de Judea, con el
rey Herodes I, vasallo de Roman, al frente. El pueblo judío adoraba a Yaveh y contaba con un
clero numeroso. Los judíos aguardaban un mesías salvador de su pueblo. Muchos vieron en
Jesús de Nazaret a ese mesías y le siguieron, mostrando una expresión de su fe más espontanea
y de corazón que otras religiones de carácter más práctica, como la propia religión romana o tan
legislada como tradicional judía.

Estos seguidores de Jesús, a los que se denominará judeo-cristianos, empezaron a


distanciarse de los demás judíos que mantenían el culto tradicional dirigido por su casta
sacerdotal. Surgieron, pues, los primeros problemas y persecuciones a los primeros cristianos
en Palestina, por parte de la propia casta judía, que los consideraban una secta apóstata, y
también por los romanos, que los consideraban herejes.

Fuera de Palestina, se encontraban dispersos muchos judíos que habían abandonado su tierra
pero que no se desarraigaban de su religión y tradiciones. En las ciudades, vivían en barrios
llamados juderías en estrecha relación con las comunidades locales. Los que se asentaron en
zona helenística, con mentalidad más abierta, y adoptaron también las creencias de Jesús de
Nazaret, se convirtieron en los siguientes misioneros de su palabra y obra.

De inicio a penas existía organización, pero más adelante, con la expansión por terreno
helenizado, se harían necesarios administradores de los bienes y la comunidad cristiana se
convirtió en Iglesia, que asumió la autoridad de ‘Los Doce Apóstoles’. El contexto de Pax
Romana instaurado por Augusto facilitó la predicación y difusión de las ideas cristianas. Con la
desaparición de los apóstoles Pedro y Santiago, el cristianismo decayó en Jerusalem. Pablo,
romano de nacimiento, pero judío helenizado, llegó a Roma a propagar la fe cristiana, que se
instauró durante el mandato de Calígula. Los enfrentamientos entre judíos y cristianos se
trasladarían también a Roma, donde se les acusaba de provocar revueltas entre ellos y muchos
fueron expulsados.

Sobre los testimonios arqueológicos hay evidencias de las catacumbas, enterramientos


primitivos cristianos y primera fuente arqueológica del Cristianismo. Todas las tumbas estaban
protegidas jurídicamente en Roma, independientemente de su condición. Eran anónimas y sobre
ellas se utilizaron signos judíos y también paganos. No tenían a penas ajuar. Las reuniones y
cultos se celebraban en las sinagogas o en casas particulares.

El incendio de Roma del año 64 d.C se achacó a las revueltas cristianas y pese a que el
Estado romano era tolerante con las religiones, no lo era con los desórdenes públicos, de lo que
se les culpó. En el siglo III, bajo el mandato de Dacio, Valeriano, Galerio y Diocleciano
tuvieron lugar grandes persecuciones.

Constantino legalizó la religión cristiana en el Imperio en el año 313 con el edicto de Milán, y
Teodosio la declaró religión oficial en el año 391 a.C. Con esto, la religión cristiana se pudo
abrir y expandir libremente, pero al mismo tiempo se vio impregnada por las influencias
sociales, políticas y estructurales del propio imperio, que la moldeó con sus sentido de jerarquí,
orden administración y aparato burocrático, haciéndole perder parte de su identidad y
singularidad inicial.

La herencia cultural e ideológica romana fue recogida y continuada por la iglesia hasta la
actualidad.