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9.

EL MUNDO FUNERARIO
9.1 CONCEPTO DE MUERTE E INFRAMUNDO EN ROMA

Los testimonios literarios nos transmiten que los filósofos pitagóricos, en el siglo VI a.C ya
hablaron del alma, pero fue Platón en el siglo IV quien elabora una teoría sobre el alma y
propone una nueva forma de esperanza ante la muerte. Para él, la muerte afecta exclusivamente
al cuerpo, que es la morada del alma. Ésta, sin embargo es inmortal, perfecta, inmutable y
eterna.

Salustio defendió la trasnmigración de las almas. Virgilio habla de la purificación del alma con
la ascensión a los cielos y cicerón defiende también la pervivencia e inmortalidad del alma.

Sin embargo, los filósofos estoicos aceptan la muerte, defendiendo que la actitud ante la muerte
conduce a valorar la vida. Mientras, los epicúreos negaban la inmortalidad del alma y creían que
ésta se disolvía al morir, debiendo dedicar los hombres más atención a sacar buen partido a la
vida.

Los testimonios epigráficos, por su parte, sí ofrecen documentación de primera mano para
interpretar: tumbas, ajuares o inscripciones.

A partir de estas fuentes, se cree que los romanos no tenían una idea clara sobre el más allá.
Pero sí está muy arraigada tradicionalmente la tradición de honrar a los dioses de los muertos

A veces se confunden unos dioses con otros, o no se distingue bien se son los espíritus de los
muertos o los dioses de ultratumba, pero en general:

- Lares familiares eran espíritus los difuntos buenos y protectores, el genii es el del
pater familias.
- Larvae eran los espíritus que asustaban.
- Lemures, espíritus malignos que atormentaban, se hacía un ritual para expulsarlos.
- Manes eran los espíritus de los muertos de las familias, santificados tras la muerte. Si
no se sabía muy bien si eran buenos o malos, se les llamaba también manes. (Diis
Manibus, D.M. en las inscripciones).

9.2 . EL FUNERAL (FUNUS)

No bastaba que un hombre muriera para entrar a formar parte de los dioses. Antes debía recibir
los funerales apropiados (Iusta). Muchos estaban encaminados a apaciguar los componentes
malignos de los difuntos, más a s suplicar su divinidad.

La muerte en Roma está concebida como un acto social, público y participativo y así desarrollan
los funerales. El cuerpo del difunto de lavaba, perfumaba con ungüentos y se cubría con una
túnica púrpura. Se colocaba sobre una litera abierta y se exponía de tres a siete días,
dependiendo de la condición social. Después de esto, se celebraba una procesión fúnebre por
las calles de la urbe con músicos, antorchas, familiares y plañideras contratadas. Se hacía des la
casa hasta la pira o tumba, dependiendo del tipo de enterramiento.

La pira era para la incineración. Se le abrían los ojos al cadáver simbólicamente para que viera
su ascenso al cielo y se quemaba en la pira junto a animales sacrificados y las ofrendas
correspondientes de alimentos y perfumes. El rito concluía vertiendo agua y vino sobre la pira.
Después, las cenizas se trasladaban al sepulcro.

La otra opción de enterramiento era la inhumación (humatio), donde el cadáver se trasladaba a


una tumba que había sido consagrada con el sacrificio de una cerda.

Ambas opciones convivieron, aunque la inhumación era más típica de pobres y esclavos y la
incineración de familias acomodadas. Pero desde el siglo II la inhumación fue imponiéndose.

En las ceremonias funerales se purificaba después a todo el que había estado en contacto con el
difunto

9.3 LAS NECRÓPOLIS

Las necrópolis romanas estaban situadas a las afueras de la ciudad a los lados de los caminos.
No eran lugares apartados ni tenebrosos, sino abiertos y de reconocimiento a los muertos.

Para las inhumaciones. Las tumbas adquirían categoría de altar y eran lugares fijos, protegidos
e inviolables. Incluso las de los pobres y esclavos eran sagradas. No así las de los enemigos, que
no se respetaban y ello no suponía un cargo de conciencia.

En las tumbas se hacían ofrendas para honrar a los manes, porque no hacerlo era motivo de
desgracias. Sus exteriores se adornaban con flores y jardines. Dependiendo de la categoría
social del fallecido, podían ser más lujosas, adornadas con sepulcros monumentales, mausoleos,
altares, sarcófagos decorados, estatuas o bustos de los difuntos.

También podían ser más sencillas, simplemente con una estela funeraria, lápida o una cupa, con
cajas hechas de losa de pizarra, tejas usadas o ánforas También podía haber fosas simples
excavadas en el suelo

Para las incineraciones. Exístían las columbaria, un depósito de gran tamaño de nichos para
las urnas con las cenizas. Estas urnas también podían ser de materiales lujosos o bien más
modestos. Surgieron en Roma en el siglo I.

9.4. INSCRIPCIONES FUNERARIAS

Las inscripciones funerarias o epitafios pueden estar en las lápidas, urnas, sarcófagos o
mausoleos y pueden ser dedicatorias hacia el difunto o mensajes del propio difunto a los vivos.
Están vinculadas con su poder económica, origen, dioses a los que veneró, hazañas, etcétera.

Al principio eran sencillo, sólo con el nombre. Después se puso de moda añadir la profesión o la
filiación. Ya en el imperio se prodigaron las inscripciones honoríficas y afectuosas. Puede
aparecer también el año, la fórmula Dii Mane, las causas de la muerte o referencias a la persona
que dona la lápida o que dedica la inscripción al difunto.

También hay expresiones contractas para decir, por ejemplo “Hic situs est”: Aquí yace O bien
“Sit tibii terra levis”: que la tierra te sea ligera.
Y otras referentes a que se aseguren la propiedad de la sepultura para la familia, que se respete
la tumba, salutacioes, noticias de cómo se hizo la tumba, disposiciones del terreno o fórmulas
testamentarias.

9.5 INSTITUCIONES FUNERARIAS

Collegia Tenuiorum: Las personas humildes necesitaban asegurar sus exequias, por lo que
surgieron estas asociaciones aseguradoras para recoger un fondo común de dinero, que se
encargarían de celebrar los funerales con honores para todos. Funcionaban como organización
jerárquica, con derecho de admisión, decidían sobre el número de miembros, la cuota mensual,
multas al que no cumpliera y marcaban las normas sobre cómo organizar banquetes y rituales
póstumos.

Testamento: Estaba escrito en rollos y se entregaban a las sacerdotisas vestales que los
custodiaban hasta que debieran ser abiertos. Estaban clasificados y ordenados. Algunos son de
escueto contenido y otros constituyen una importante fuente para los historiadores por su
extensión y riqueza. Además del legado, el testamento puede contener opiniones personales del
difunto sobre sus seres cercanos o incluso sobre los propios césares. También decisiones sobre
la manumisión de esclavos o nombramientos de suplentes por su un heredero rechazaba el
legado.