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La extrema desigualdad pone en jaque futuro del mundo

Varios informes coinciden en alertar que la brecha entre ricos y pobres ha aumentado.

Por: Simón Granja Matías

25 de enero 2020 , 11:00 p.m.


Las 2.153 personas que tuvieron en sus manos más dinero en el 2019 que los 4.600
millones de personas más pobres no llenarían ni la mitad de la localidad de Sumapaz, la
menos habitada de toda Bogotá –con 7.584 habitantes–. Mientras que los más pobres
llenarían casi cuatro países como China, el país más poblado –con más de 1.420 millones
de personas–.

Esa comparación es, sin duda, una evidencia de la “enorme brecha” que vive el mundo,
como la misma Oxfam lo reveló esta semana en su informe ‘Tiempo para el cuidado: El
trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad’.

(Le puede interesar: El mensaje de los nobel de economía para acabar con la pobreza)

Llamado que también presentó, de forma más alarmante, el Departamento de Asuntos


Económicos y Sociales de las Naciones Unidas en su informe ‘Situación social en el
mundo 2020’, según el cual más del 70 por ciento de la población mundial vive en
países donde la desigualdad ha crecido desde 1990, y esta creciente desigualdad
beneficia a los más ricos.

A estos informes se sumó el Índice de Movilidad Social Global del Foro Económico
Mundial, que señala que la desigualdad global empeorará a menos que los gobiernos
hagan más para garantizar que no sea así: “Es hora de cambiar el hecho de que la suerte
de una persona en la vida esté determinada en parte por su estado socioeconómico al
nacer”.

Un factor común que tienen los informes, además de la alerta que lanzan, es la palabra
‘suerte’. ¿Por qué? Porque de alguna forma, el destino de una persona está marcado por
si es hombre o mujer, si nació en un país o en otro, en una familia o en otra, de una etnia
o raza u otra.

Por ejemplo: 9 de cada 10 multimillonarios son hombres, un tercio de las fortunas


multimillonarias son resultado de una herencia o simplemente suerte de haber tenido
educación digna en un mundo donde 262 millones de niños no van a la escuela. O, para
mayor claridad, la riqueza de los multimillonarios del mundo aumentó en un 12 por ciento
o 2.500 millones de dólares por día el año pasado; y los 22 hombres más ricos del mundo
tienen más riqueza que todas las mujeres de África.

Mientras que unos 3.800 millones de personas vieron disminuir su riqueza en un 11 por
ciento; y poco menos de la mitad de la población mundial subsiste con menos de 5
dólares por día.

Son datos que Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam International, escribió en
un blog del Foro Económico junto con la afirmación de que “la humanidad no puede vivir
con esto. Y no tenemos que hacerlo. Las políticas gubernamentales crearon esta
crisis: pueden resolverla asegurando que las corporaciones y los individuos ricos paguen
su parte justa de impuestos e inviertan este dinero en atención médica de calidad y
educación gratuitas para todos”.
Muchas causas
La brecha extrema y creciente entre ricos y pobres no es un accidente. Es el resultado de
decisiones políticas tomadas por los gobiernos. Por ejemplo, los impuestos a la riqueza se
han reducido e incluso eliminado en mucho países ricos, y apenas se implementan en los
países pobres. En la actualidad, los multimillonarios están pagando tasas de impuestos
más bajas que sus secretarias, según Oxfam.

Además, los gobiernos están permitiendo que los servicios públicos vitales que
combaten la pobreza, como la atención médica y la educación, se desmoronen por falta
de fondos, o subcontratan estos servicios a empresas privadas que excluyen a los más
pobres. Servicios que sirven como la base para que las personas puedan salir de la
pobreza.

Las causas frecuentemente citadas de esta polarización son la globalización y la


tecnología.

El índice muestra claramente que el primero ha aumentado las desigualdades dentro de


los países al transferir empleos poco calificados en sectores de alta productividad en
economías de altos ingresos a contrapartes de bajos ingresos. Al mismo tiempo, la
tecnología ha polarizado las desigualdades al reducir la demanda de empleos poco
calificados y recompensar los empleos altamente calificados de manera
desproporcionada.

Las causas no paran ahí. Las emisiones de gases están aumentando, al igual que las
temperaturas globales, pero los impactos del cambio climático no se sienten de manera
uniforme en todo el mundo, y los países de los trópicos se encuentran entre los más
perjudicados.

Según el informe de la ONU, el cambio climático ha empobrecido a los países más pobres
del mundo y, si no se aborda, podría hacer que millones de personas caigan en la
pobreza durante los próximos diez años.
La tecnología ha polarizado las desigualdades al reducir la demanda de empleos poco
calificados y recompensar los empleos altamente calificados de manera desproporcionada
El informe advierte que, así como el cambio climático puede aumentar la desigualdad,
también pueden hacerlo las políticas diseñadas para contrarrestar sus efectos. A medida
que los países adopten medidas climáticas, será importante proteger a los hogares de
bajos ingresos.
Graves consecuencias
Los impactos de la desigualdad se sienten a nivel personal y nacional, pues las
sociedades altamente desiguales son menos efectivas para reducir la pobreza, crecen
más lentamente, dificultan que las personas salgan del ciclo de la pobreza y cierran la
puerta al avance económico y social.

Estas disparidades entre y dentro de los países, según el informe de la ONU,


inevitablemente conducirán a las personas a migrar. Con el aumento de la migración
desde las zonas rurales, más de la mitad de la población mundial vive ahora en zonas
urbanas. Si bien las ciudades pueden impulsar la innovación y la prosperidad, muchos
habitantes urbanos sufren una desigualdad extrema.

Por su parte, el documento de Oxfam pone el dedo en otra llaga: la desigualdad


económica también está construida sobre la desigualdad de género y, de hecho, la
mayoría de las personas situadas en la parte más baja de la pirámide económica son
mujeres.

Las mujeres y las niñas tienen más probabilidades de ocupar empleos precarios y mal
remunerados, y realizan la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado o mal
remunerado. “El modelo dominante de capitalismo promueve y se aprovecha activamente
de las creencias sexistas tradicionales”, dice el informe.

El secretario general de la ONU, António Guterres, aseguró en el prólogo del informe que
tanto en el norte como en el sur han surgido protestas masivas, alimentadas por una
combinación de problemas económicos, crecientes desigualdades e inseguridad
laboral. “Las disparidades de ingresos y la falta de oportunidades están creando un
círculo vicioso de desigualdad, frustración y descontento entre generaciones”, señala.
Incluso en países que se han recuperado completamente de la crisis financiera y
económica de 2008, el descontento popular sigue siendo alto.

Los informes plantean múltiples soluciones. Sin embargo, sobresale una en particular: un
pequeño aumento del 0,5 por ciento en el impuesto sobre la riqueza del uno por ciento
más rico podría aumentar más de lo que costaría educar a todos los niños que
actualmente no asisten a la escuela y proporcionar atención médica que salvaría las vidas
de 3,3 millones de personas.

Las ideas que plantean los organismos no son extremas, sino de sentido común. Incluso,
el Fondo Monetario Internacional está hablando de impuestos sobre la riqueza, y dice
que las tasas más altas de impuestos sobre la renta ayudarían a reducir la desigualdad,
sin ser malo para el crecimiento. Están alcanzando a personas de todo el mundo que
saben que ir a la escuela o consultar a un médico cuando está enfermo no debe ser
privilegio de una minoría afortunada.

SIMÓN GRANJA MATÍAS


Redacción Domingo
En Twitter @simongrma