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Una historia

curiosa

Para: Kimberly Castillo


Para Kimberly Yelines Castillo Flores, en
su cumpleaños, que espero sea lo mejor, y
disfrute con las personas que ama y
quiere, leyendo quizás esta historia.

Es para ti, y espero que te guste.

Sé feliz.
Introducción
Ok, comencemos. La verdad, no tengo idea de cómo empezar esta historia, así que seré
directo. No, esta no es una típica historia de amor, en la que ambos personajes se enamoran
al instante y viven hermosas aventuras y todas esas cosas que franquicias como Disney le
meten en la cabeza a la gente.
No.
Esta es una historia lo más real posible, sí, real, pues me baso en muchas cosas al
empezar a escribir esto. Cabe destacar que soy una persona complicada, con muchos
pensamientos, y me gusta mucho irme por las ramas, aunque esta vez trataré de ser lo más
centrado posible.
No diré mi nombre, pues no es necesario para contar lo que voy a escribir, ya que esta
historia no se trata de mí, no, no lo hago con esa intención.
Esta historia se trata de Ella. De todo lo que me hace sentir y pensar con tan solo verla.
Quizás yo formo parte de esta historia, pero no, no soy yo el protagonista, es Ella.
Al principio mencioné que esta no es una de esas historias típicas de amor. Pues no, no
lo es. Quizás al final del libro podría sorprenderles conque ninguno de los dos realmente
estuvimos juntos nunca, o incluso en que Ella no es real, pero no, no les arruinaré el final
del libro en apenas la introducción del mismo.
Quien quiera enterarse llegará hasta el final, si es que este llega, y sabrá entonces mi
historia.
Cabe destacar que no soy una persona que esté muy cómoda escribiendo sobre sus
sentimientos, y esas cosas, ya saben, no me harán explicarlo, ¿verdad? En fin.
Ok, ya me estoy yendo por las ramas, debería advertirles de nuevo, que esta será mi
actitud durante probablemente toda esta historia. No soy una persona directa, así que si eres
una persona que le guste ir a lo que va y más nada, entonces este no es un libro para ti, así
que mejor cierra el libro.
Y si eres una de estas personas, quizás deberías considerar el meterte un tiro entre ceja y
ceja. Sí, esto es lo que pienso sobre los individuos que pasan la vida así. ¿Qué sentido tiene
vivir lanzado, cómo si no hubiera otra cosa que lo que vas a hacer y ya?
No, esa vida es aburrida, carece de sentido y es poco provechosa, es por eso que
considero que deberían suicidarse de una vez. Si todos viviéramos así, entonces este mundo
sería aburrido, y admito, que no vale la pena vivir en un mundo así.
Por eso a mi no me molesta irme por las ramas. A mucha gente si le molesta, pero a mí
no, y es lo que importa, ¿no?
Bueno, ya estoy divagando de nuevo, creo ya es la 3era vez que lo hago, y tan sólo es la
introducción. Parece ser que será un libro bastante largo si esto sigue así, ¿no?
Ahora que me fijo, me da mucha risa hacer la típica pregunta al final de cada frase,
como si alguien fuera a responderla, cuando me doy cuenta que esto son sólo letras en una
página, y que al momento de que alguien la lea, quizás yo hasta esté muerto, y en caso de
que no, realmente no me interesará su respuesta, ni la escucharé, pues esto no es una
llamada.
Y ahí vamos de nuevo, ¿acaso no me detengo?
Y sí, lo he vuelto a hacer, soy un idiota, espero que te hayas dado cuenta, y si aún no te
ha quedado claro, quizás dentro de la historia te des cuenta, pues hay muchas razones y
circunstancias, perfectas como para que definas que lo soy, y por qué lo soy.
En esta historia yo seré ese idiota, que quizá logre conmover a alguien, y no porque
sufra mucho, no, no y no. Si no porque con las idioteces que relataré quizá alguien quiera
asesinarme. No lo culparía, quizás sería lo mejor. O no.
En fin, esta introducción se me ha terminado de salir de las manos. Como todo, siempre
se descontrola por mi ineficiencia para quedarme callado y de centrarme en lo que voy a
hacer.
Se suponía que la introducción sólo sería una página. Pero no, todo lo extiendo y
extiendo hasta que parece imposible seguir estirándolo. Y aunque lo parezca, cuando llega
a este punto… Sí, lo sigo estirando, porque soy de esas personas que considera que nada es
imposible, y tomo hasta el ejemplo más absurdo para demostrarlo.
Quizás debería dejar de escribir idioteces, a este punto ya habré aburrido a más de uno,
con tan sólo dos páginas que realmente no han contado ni aportado nada a esta historia.
Sí, ya pararé de escribir estupideces.
Creo que ya me conocen lo suficiente, así que ya están advertidos, esta historia no
pretendo que sea bonita, aunque quizá hayan momentos curiosamente… ¿tiernos? No lo sé,
júzguenlo ustedes mismos.
Llevo casi tres párrafos anunciando el final de la introducción y aún no he terminado.
Y es que me faltó algo, puede que en algunos momentos de la historia parezca que
miento. Pero no, no soy una persona que le guste mentir, soy muy sincero, aunque como ya
dije antes, no soy directo, me gusta ¿endulzar?, ¿adornar?, no lo sé, en fin, a lo que iba, no
me gusta decir la verdad de manera tan directa, aunque a veces podría ser lo más fácil.
En fin, ya terminemos con tanta introducción, al fin y al cabo, vinieron a leer una
historia, no a un idiota tratando de explicarse o excusarse sobre su forma de ser. No
pretendo hacer ninguna de esas cosas.
Así que… eso, hagámoslo.
Creo que ya están preparados para lo que van a leer, espero que puedan reírse de este
pobre desgraciado, que cayó en algo tan inocente como el amor, y que realmente, le parece
lo más hermoso y horrible que podría existir.
Capítulo 1.- Ella
Sinceramente, no sé cómo empezar esta historia, ¿Había una vez? No, muy trillado e
infantil, ¿Cuenta la historia?, no, yo la estoy contando, y es verídica. En fin, empecemos de
manera directa.
Para empezar a contar todo esto, necesitarán saber quién es Ella ¿no? Pues bien,
comencemos.
Sin embargo, ¿cómo la defino?, al empezar este capítulo estaba seguro de que la conocía
lo suficiente, e incluso pensé que éste sería el capítulo más fácil de escribir. Me equivoque.
Pero creo que, realmente, ya he empezado a describirla, y con una de las frases más
acertadas. Y es que realmente es una persona difícil de describir.
Sí, eso es lo más acertado, Ella es “indescriptible”… Aunque, claramente, al usar este
término, la estoy describiendo de alguna manera ¿no? Qué cosas tan raras tenemos los
humanos.
En fin, me estoy descentralizando de nuevo, y no es lo que busco. A ver, al principio del
capítulo pensé que lo mejor sería empezar a describirla mentalmente, pero apenas voy por
mitad de página y me parece una de las cosas más complicadas que he hecho en mi vida.
Así que será mejor empezar por lo sencillo… describamos su físico.
Bien… empecemos. ¿Su color de piel? Es un moreno, como un café con leche, pero con
más leche que café, no sé si me explico… dejémoslo en que es mestiza, un mestizo que
realmente, a mí me mata. Nunca he entendido a esas personas que les encanta la piel tan
blanca como la leche, algunos incluso les gusta casi transparente, ¿cómo les dicen? Ah sí,
albinos.
No, yo prefiero el color, la vida, la resistencia, y esas son cosas que el blanco no me
transmite.
Quizás vaya a sonar un poco racista, pero no, tampoco me gustan las negras. Como dije,
quizás suene un poco racista, pero la verdad es un color que en las personas… no me atrae,
me parece oscuro (vamos, valga la redundancia), y apagado.
No, prefiero la combinación de estos colores, para mí, la perfección, su color, la unión
perfecta entre el negro y el blanco, un color que da vida, un color que nace de dos.
Sé que quizás sueno obsesivo, pero disculparme, así soy yo.
Y es que Ella me obsesiona. Todo lo que tenga que ver con Ella… necesito saberlo
todo, aunque sea lo más insignificante. Esa es una de las cosas que más odio, y aunque sea
contradictorio, amo de mí.
Bueno, me he ido mucho por las ramas, y apenas he dicho poco o nada, mejor
continuemos. Pasemos a otros aspectos. Ella es alta, se podría decir que del mismo tamaño
que yo. Aunque yo no soy alto, se podría decir que la mía es una estatura común, estable, o
como quieran decirle, no me importa.
En fin, para mí, Ella es alta, y es lo que importa aquí, mi opinión, no la tuya.
Continuemos. Su cabello, nunca he sido muy bueno para describir, supongo que ya se
habrán dado cuenta, y si no lo han hecho, es porque son más idiotas que yo, y eso sí que es
un mal logro. En fin, de nuevo me distraigo. Su cabello, de un color ¿negro?, no, eso no es
negro, aunque se acerca, quizás la mejor manera de llamarlo es, ¿castaño oscuro? Sí, debe
ser ese. Vivo viéndola idiotizado, y aún no soy capaz de describirla a la perfección, menudo
pedazo de idiota.
En fin, sí, su cabello es castaño oscuro, estoy casi cien por ciento convencido de ello.
Ahora, como dije, no soy bueno describiendo, ni siquiera me sé lo términos para
catalogar la forma de un cabello. Creo que podría decir que su cabello es… ¿ondulado?,
¿rizado?, ¿liso?... No estoy muy seguro, pero creo que de las tres mencionadas, la ganadora
sería ondulada, aunque es difícil para mí describirlo, así que dejémoslo ahí. Cabe destacar
que me encanta su cabello. Su olor, su forma, su color, todo. A este punto creo que pareceré
un psicópata, y alguien querrá encerrarme antes de que se ponga el sol.
Y no lo culpo.
Ya no es una sorpresa que me haya vuelto a desviar, pero bueno, es bueno siempre
mencionarlo de nuevo, para darme cuenta que desde el primer capítulo, estoy rompiendo
una de mis promesas, “ser lo más centrado posible”.
Pero vamos, es imposible para mí estar centrado, si estoy pensando en Ella.
Pasemos a su rostro. No tengo otra palabra para describirlo que Angelical, todas sus
facciones me parecen… simplemente perfectas, su nariz, fina, su boca, pequeña y perfecta.
Sus labios… bueno, sus labios son un mundo aparte, simplemente indescriptibles. Lo
siguiente no sabría cómo llamarlo, muchos los llaman pómulos, ¿no?, yo les diré de la
manera más coloquial posible. Sus cachetes, levantados y rellenitos, a mi parecer vamos,
dan ganas de estrujárselos de tal manera que casi desaparezcan. Pero no quiero que
desaparezcan.
Como dije en un principio, no sé describir. Quizás a muchos les parezca que acabo de
describir a un monstruo, una criatura extraña y deforme, pero en mi cabeza, Ella está
descrita perfectamente, y la imagen que yo tengo esta excelente. Aunque quizás eso se deba
a que yo la conozco, la veo todos los días, y realmente la descripción que acabo de hacer es
lo más alejado posible sobre de cómo es realmente.
Pero bueno, quién quiera podrá ignorar toda esta descripción, e imaginarla a su gusto, al
fin y al cabo, quizás realmente estoy contando más de una historia, y todo puede ser…
¿representativo?, En fin.
Describiría su cuerpo, pero me parece la cosa más innecesaria ahora que he escrito todo
lo anterior… Sin embargo, diré que su contextura es delgada, lo suficiente como para que
mis brazos puedan rodear toda su cintura con facilidad. Y con eso me basta.
Cabe destacar que no tiene un cuerpo de alguna de esas modelos que ponen en las
publicidades de las cervezas, por ejemplo. No, no tiene un busto exageradísimo y absurdo,
aunque debo admitir, con mucha pena, y aunque realmente no lo vean, me sonrojo al
escribirlo, sí tiene un… eeeh, ¿trasero? Bueno, sí, eso, que realmente no deja nada que
desear. Aunque si no lo tuviera, para mí seguiría siendo perfecta. ¿Qué importa el cuerpo
realmente, más que los sentimientos y los pensamientos de esa persona? Muchos no me
creerán, pero yo me creo, y con eso me basta y me sobra, a la mierda la opinión de los
demás.
Aprovecho para mencionar, que todas aquellas personas que se fijan mucho en el cuerpo
de una mujer, bueno, les digo, me dan asco. Sólo diré que todo eso se cae, y al final sólo
queda una persona. ¿Aguantarían a alguien que sólo eligieron por su cuerpo, luego de que
el mismo decaiga? Estoy seguro que no, no tienen el valor.
Pero bueno, pasemos a lo más difícil, su descripción interna.
Cabe destacar que escribo esto, sin realmente conocerla al cien por ciento. Siento que
podría hablar con Ella durante cien años seguidos, intentando desentrañar todo lo que
funciona dentro de su cabeza, y aun así siempre, pero SIEMPRE habría algo nuevo que
descubrir y que analizar.
Eso es lo que la hace perfecta. Es un baúl de tesoros, que esperan ser descubiertos, y que
sin embargo se mantienen allí, ocultos, obligándote a tener que revisar uno por uno antes de
descubrir algo nuevo.
Y eso no me molesta en lo absoluto.
Quizás he terminado dando con el clavo. Sí, Ella es un baúl, un cofre, pero un cofre con
llave. Muchas llaves. Sí, y no, Ella no es sólo un cofre o un baúl. Ella es miles de cofres,
uno seguido del otro, con miles de llaves, cada una echa a la perfección para abrir cada
cofre. Y sí, estos cofres son interminables.
Y eso, es maravilloso. ¿Por qué?, por la simple razón de que entonces es un reto
conocerla, y a pesar de todo lo que hagas o avances, nunca estarás ni en lo más mínimo,
cerca del final. Es por esto que es maravillosa.
Así que esto es lo que pienso de Ella en un principio.
Para ponerlo es palabras más simples, si el cerebro de alguno de mis lectores (si es que
los hay) aún no lo ha logrado captar, y no lo juzgo por ello, pues hay veces que ni yo
mismo me entiendo, entonces, te remito que, toda esta interminable descripción de
ejemplos que quizá para ti carezcan de sentido, es para decir simplemente que Ella es
tímida.
Pero realmente no sólo es tímida, si no también, cerrada. Es gracioso, debido a que la
acabo de comparar con un cofre o baúles con llaves, y luego la describo como cerrada.
No es una persona que se abra fácilmente ante cualquiera, o le dé su extrema confianza a
un desconocido. Es por eso que para conocerla, hace falta un tremendo esfuerzo, que para
algunas mentes débiles, puede ser agotador y extenuante a más no poder.
Pero vale la pena, te lo puedo asegurar, intentar conocerla o introducirte en su mente.
Pues cuando toma confianza, o te considera una persona digna de su cariño u atención,
entonces es una de las personas más tiernas, cariñosas, amigables, perecederas y duraderas
que podrías encontrar. Y vaya que es difícil encontrar a alguien así.
Pero antes de conocer cualquiera de éstas facetas de su ser, deberás entender una cosa.
Antes de demostrar cualquiera de estas cosas, será fría, y vaya que será fría, cómo un río en
la madrugada, cómo un invierno sin un chocolate caliente o una chimenea. Y muy pocos
sabrán aguantarlo.
Y Ella es así a propósito. ¿Su idea?, he llegado a definir que esto lo hace para decidir si
en verdad eres digno de su confianza. Si aguantas su faceta más odiosa, insoportable, y
malhumorada, entonces eres digno de observarla y conocerla en su faceta más hermosa.
O al menos eso pienso yo.
Pero bueno, creo que será muy difícil intentar describirla al completo en un solo
capítulo, pues es completamente imposible. Es imposible describirla en un solo libro.
Serían necesarios tres o cuatro libros, y aun así, se quedarían cortos, y dejarían
demasiadas cosas importantes de su ser por fuera, las excluirían de la manera más burda
posible.
Es por eso que en un principio, la describí como “indescriptible”, porque hacen falta
muchas palabras, hojas, capítulos, libros, sagas, series y demás para intentar describirla al
completo, y repito, aun así no le harían justicia.
Porque Ella es complicada. En un principio dije que yo soy una persona complicada.
Pero mi ser es un bebé comparado con el suyo.
Me permitiré escribir una cosa más sobre Ella, y es que es insegura. Sin embargo, esto
no lo explicaré en este capítulo, sino que espero que lo puedan notar en las diferentes
situaciones que describiré en posteriores páginas, pues considero que es una constante en
sus actitudes con respecto a mí.
Porque sí, la describiré a mí punto de vista, como es respecto a mí, no sobre cómo es
respecto a sus amigos, amigas, familia, o cualquiera de esos. Alguno que entre en esa
descripción podría estar leyendo esto y decir: Todo esto es mentira, vamos.
Pero no, a mi punto de vista, según las cosas que he notado y experimentado con
respecto a Ella, es así, y así lo será siempre para mí.
Creo que el tanto escribir el seudónimo “Ella” será cansino en este libro, y pienso que he
llegado a abusar mucho del mismo en un solo capítulo, así que quizás haya llegado el
momento de colocarle nombre al personaje principal de nuestra historia, porque repito, esta
historia no se trata de mí.
Podría revelar su identidad al completo, de una vez, y dejarme de misterios, pero no
quiero, prefiero mantener una intriga, para mí necesaria, en cada una de las páginas que le
dedique, pues es importante para mí complicar todo esto.
Así que la conoceremos como “Liliana”, sí, Liliana, les recuerdo que este no es su
nombre real, es sólo el nombre que le daremos durante la mayor parte de esta historia.
Alguno se preguntará, ¿Por qué Liliana? Pues es sencillo, es un nombre bonito, y es el
nombre que le he puesto a una de sus manos. Ella está consciente de esto, así que si lee
esto, quizás sepa ya de quién se trata, pero a mí me hace ilusión pensar que se mantiene una
intriga. Con eso me basta.
Así que, considero que ya he descrito lo suficiente a Liliana como para iniciar mi relato,
así que, daré por finalizado lo que conozco como el primer capítulo de una historia
complicada. Si has llegado hasta aquí, entonces eres digno de mi confianza.
Capítulo 2.- Acerca de mí
Bueno, he dedicado un capítulo entero a describirla, contar un poco sobre cómo la veo
yo, qué cosas me obsesionan de ella, y vamos, todo eso, se supone que acabas de leerlo, no
tendría que estar explicándotelo. Continuemos.
Tanto en el anterior capítulo como en la introducción, describí ciertos aspectos de mí, e
indiqué, que quizás fueran pesados para muchos, sin embargo, creo que aún no me conocen
del todo.
Y si yo voy a ser quien cuente esta historia, deberían conocerme, no digo perfectamente,
pues considero que es difícil conocer a alguien a través de unas cuantas palabras escritas en
una hoja blanca. No, me refiero a conocerme de cierta manera, lo suficiente para entender
mis reacciones en ciertos puntos.
Pues bueno, llevemos este capítulo de una forma parecida al anterior, sólo que este,
como su título indica, se tratará sobre mí, quién soy, qué pienso, cómo soy… y vamos,
todas esas cosas.
Así que, comencemos por describirme físicamente.
Como dije, me es difícil describir cualquier cosa, así que haré mi mayor esfuerzo. Mi
color de piel, bien, se podría decir que soy moreno, mestizo, la combinación que describí de
manera tan extraña en el anterior capítulo. Sin embargo hay veces que me veo amarillo. No
sé, hasta en ese aspecto soy raro, me parece. En fin, sí, soy moreno, sólo que se podría decir
que es un moreno un poco más oscuro que el de El… Liliana.
Lo siento, aún no me acostumbro a que ya le coloqué un nombre. Estuve a punto de
llamarla “Ella”.
Como iba diciendo, sí, soy un color un poco más oscuro que el de ella. O al menos eso
me parece a mí. Pero al final sigo siendo moreno.
Mi cabello. Muchas veces he dicho que es negro. Sin embargo nunca he estado tan
seguro de ello, ya que hay momentos en los que se ve castaño. Así que dejémoslo en que es
un castaño oscuro. Muy oscuro. En cuanto a su forma, bueno, lo diré como me lo han dicho
muchas personas, mi cabello es liso, pero al llegar a las puntas, se ondula.
Cabe destacar que estoy orgulloso de mi cabello. A muchas personas les gusta, aunque
no me gusta que lo toquen sin mi consentimiento. Soy raro, lo sé, no hace falta que me lo
repitan uno y otra vez, que estoy seguro que ustedes también tienen actitudes raras, y yo no
se las ando recriminando. Fanfarrones.
Ok, me he ido por las ramas de nuevo, creo que nunca seré capaz de detenerme. Quizás
esta historia podría ser contada en uno o dos capítulos, con la mitad de palabras que llevo
escritas, pero bueno, eso déjaselo a las personas directas. Yo no soy directo.
Definamos mi rostro. Algo bastante difícil. Pues bien, tengo el rostro lleno de espinillas,
ya saben, la pubertad y todo eso. Ah, pero claro, ustedes no lo saben, que idiota soy. En
ningún punto de esta historia he mencionado nuestras edades. Eso es algo que se puede
arreglar.
Pues bien, para cuando leas esta historia, ella estará recién cumpliendo los 15 años, y yo
ya llevaré casi dos meses de haber cumplido los 16. Sí, tengo 16, y soy tan complicado, que
parece que tuviera más, ¿no? Quizás muera joven, no lo sé.
Realmente, esta historia la escribo por lo mencionado anteriormente. Liliana está a
punto de cumplir 15 años, y esto pretendo dárselo de regalo. Quizás estoy loco.
Y dale con desviarse, pero bueno, me pareció algo importante de mencionar. ¿Dónde me
quedé? Ah sí, la pubertad, espinillas y todo eso.
Cabe mencionar que poco a poco se han ido esfumando dichas espinillas. Tengo la
esperanza de que algún día me levante y prácticamente desaparezcan. Es gracioso, porque
ella en su cara tiene, prácticamente, cero pepas, mientras yo estoy bastante lleno. Quizás a
mí me tocó la peor parte.
Continuemos, mis labios, son como de un color marrón, creo, y bastante gruesos y
grandes. Y ahora que me afeito, creo que se nota más.
Mi nariz es un poco grande, ¿cómo le llama mi padre a su pedazo de nariz, que nos
heredó a los tres? Sí, eso. “Perfilada”.
Cuando me refiero a “los tres”, es que tengo dos hermanas, me había olvidado
mencionarlo. Una es mayor que yo por un año, la otra, soy mayor que ella por cuatro años.
Quizá no te importe, pero a mí sí, por eso lo escribo. Idiota.
Continuemos, mis ojos son de un color marrón oscuro, se podría decir que la melanina
está presente de manera bastante marcada en todo mí ser. Y me he dado cuenta que no he
mencionado algo muy importante de Liliana. Sus ojos.
Quizás dije que éste sería un capítulo para mí, y es cierto, Liliana forma parte de mí, en
cierta forma, y mientras me voy describiendo, voy recordándola a ella. Así que me he dado
cuenta que olvidé mencionar sus ojos. Sólo diré que, son maravillosos. También de un
color marrón oscuro, son dos cuencas que llevan a un mundo diferente, un mundo que no
podrás parar de mirar en ningún momento. Muchas cosas pasan cuando miras esos ojos. O
al menos, muchas cosas me pasan a mí cuando miro esos ojos.
Mencionare que mi contextura es muy delgado. En serio, parezco un palo andante. Y lo
peor es que como. Y como, tanto que las personas se preguntan a dónde dirijo toda esta
comida. La verdad ni yo lo sé, nunca he engordado, ni en lo más mínimo. Es extraño.
Creo que eso es todo lo que necesitan saber de mí físico. Como se podrán imaginar, soy
bastante feo, no soy de esas personas que tiene la suerte de poseer un rostro bonito y
facciones finas, como Liliana. No, yo soy bastante tosco.
Y no me quejo la verdad, llevo 16 años viviendo conmigo. Uno se podría acostumbrar a
sí mismo. No soy una persona autocompasiva y de esas tonterías, me acepto como soy, y
me río bastante de ello. Incluso me gusta, para que engañarles.
Ahora pasemos a un aspecto bastante extenso de mí. ¿Cómo soy?, no me refiero a la
parte externa, eso lo acabo de escribir. No, me refiero a mí yo como tal, mi interior, mis
pensamientos.
Pues bien, soy una persona cerrada. Sí, soy cerrado es persona, me cuesta abrirme ante
alguien que conozco, o alguien que no conozco, uno más marcado que otro. Me es más
fácil expresarme a través de escrito.
Y esto conlleva a otra cosa. Suelo ser bastante tímido con quienes no conozco, pero
vamos, una vez tomo confianza, puedo llegar a hacer cosas tan raras que hasta yo mismo
me quedo pensando si soy una persona normal, o si debería estar en un psiquiatra.
Me cuesta mucho conocer personas nuevas, pero vamos, eso forma parte de los dos
puntos anteriores.
No soy un romántico, ni detallista, ni ninguna de esas cosas que a muchas les gusta. No.
Podrá parecer por ciertas cosas que escribo, que soy un romántico empedernido, que por
escribirle esta historia soy un detallista sin remedio, y todas esas mierdas.
Pero no, lo que escribo son realidades, cosas que en verdad siento y pienso. ¿Esta
historia se la escribo como detalle?, Sí, pero también la hago con otra intención. Que
entienda qué pienso, qué pasa por mi mente en todo momento, y lo importante que es para
mí.
Soy una persona pacífica. No me gusta discutir mucho con las personas. ¿Cuántas veces
no he empezado una discusión con diferentes individuos, y a mitad de la misma me quedo
en silencio, dando a entender que le he dado la razón? Muchas.
Y realmente no les doy la razón, me he quedado callado un montón de réplicas y
réplicas a sus insultos, debates y demás, pero, ¿por qué no las digo? Fácil, no perderé mi
tiempo conversando idioteces. Ni el tema, ni la persona que me discute, merecen mi tiempo
a no ser que yo lo considere. Y si me quedo callado, es porque no considero que lo
merezcan.
Realmente, las únicas personas que considero merecen mi tiempo al completo, son mi
familia, y mis amigos más cercanos, de los cuales puedo decir que son… ¿6, quizás 7? No
estoy seguro, nunca los he contado, y no tengo ganas de ponerme a hacerlo.
Ah, ellos y Liliana, cómo pudiste haber pensado desde que empecé a escribir sobre este
tema.
Cabe destacar que no soy muy fuerte que digamos. A ver, puedo cargar cosas lo
suficientemente pesadas, puedo abrir cosas bastante selladas, incluso podría darte un buen
golpe si me provocas. Pero no, no soy fuerte.
Y no me refiero solamente a lo físico, si no a lo sentimental y mental. Soy bastante débil
en estos aspectos. Me desmorono con facilidad, la verdad, y no tengo intención de mentirte
o engañarte. Pero de éste tema no hablaré, pues me resulta bastante incómodo.
También tengo que admitir algo. Soy muy celoso. Nunca he soportado ver, por ejemplo,
a Liliana con otros hombres. Vamos, he llegado a voltear la mirada incluso cuando mis
amigos, en los cuales confío plenamente, la abrazan o se despiden. Sólo para no ver, y no
sentirme tan celoso que fuera capaz de separarlos de cualquier manera.
Incluso hace poco, alejé a un amigo que le hacía masajes. No, nadie más que yo debería
poder hacer eso. Y es curioso que me sienta así, ya que… bueno, eso lo explicaré más
avanzada la historia.
Me gusta jugar mucho. Vamos, podría pasar dos días y dos noches seguidas, al entero,
jugando lo que me gusta, y no me daría cuenta de que han pasado este tiempo. Lo mismo
cuando hablo con ella. El tiempo pasa rápido, y yo ni lo siento.
Suelo ser bastante frío y sarcástico cuando me siento mal. Esto es algo que debo
mejorar, me parece, pues nadie debería sufrir mi malhumor, más que yo. Al fin y al cabo,
ellos no tienen ni idea, y muchas veces (no todas), la culpa es totalmente ajena a ellos y sus
acciones. Pero bueno, qué puedo decir, estoy loco de remate, y repito, debería estar en un
psiquiatra.
Confío en que todas estas palabras hayan sido las suficientes para que me entiendas, me
conozcas, y puedas asumir ciertas acciones y reacciones dentro de mi historia, pues son
varias las que yo aun no entiendo. Quizás hasta podrías ayudarme. Claro, si quieres.
No escribí todo esto con la intensión de que me odies en apenas el 2do capítulo, o de que
sientas lástima por mí. No busco ninguna de las dos cosas, pues este libro no se trata de mí,
y lo repito por enésima vez a ver si así nadie me recrimina nada.
Me gusta excusarme a veces de las cosas que hago, pues considero que todo y cuanto he
hecho, tiene su excusa, así sea la más mínima y estúpida, carente de sentido, banal y poco
creíble que hayas leído.
Aunque te parezca todo eso, esa será mi excusa.
Éste sería el punto en el que más de uno me mete una cachetada, me grita, céntrate, deja
de soñar y ponte a hacer las cosas que deberías estar haciendo.
Y yo, como soy muy especial, y porque yo lo valgo, claro que sí, no les haría caso.
Porque así soy yo, y si no te gustan, no estás obligado a seguir leyendo, a seguir
conociéndome ni a mí, ni a mí historia. Cierra esto y vete de una buena vez, pedazo de
ignorante malagradecido, de poco intelecto y bastante costroso.
Lo siento, me alteré. Y cuando me altero, suelo ser bastante agresivo. Espero puedas
perdonarme, pues no fue mi intención, sólo bromeaba, soy bastante pacífico, lo podrás
descubrir pronto dentro de esta agradable historia, vamos, quédate, y no me juzgues por tan
sólo un párrafo que escribí sin pensar en ningún momento.
Puede que también sea bipolar, no lo sé.
Ya que estamos, describiré algo más de mí. Soy extremadamente nervioso. Y más si
estoy cerca de Liliana. Y cuando estoy nervioso, suelo cometer idioteces de las que termino
sintiéndome para nada orgulloso. La verdad nunca he entendido ésta parte de mí. Quizás
alguien alguna vez me la pueda explicar. Eso espero.
En fin, considero que ya es suficiente.
En un principio mencione que no quería que supieran sobre mi nombre, sin embargo,
considero que necesitan saber al menos como llamarme dentro de esta historia. Así que
aplicaré la misma técnica que usé con Liliana. Espero que no me llames repetitivo o
trillado, porque entonces sí me dolerá, y bastante.
Pues bien, dentro de esta historia me conocerán como Tobias. Y si alguien es lo
suficientemente listo, podría descubrirlo sin que lo mencione, pero esto es para los que no
lo capten. Tobias fue el nombre que ella le puso a una de mis manos, tal como le pusimos a
una de sus manos Liliana. Es sencillo, vamos.
Sólo que, a diferencia de ella, no pretendo revelar mi verdadero nombre en ningún punto
de la historia. No insistas, pues no lo haré, me niego y se acabó, punto y final.
Creo que ya me he descrito lo suficiente. Así que ahora pasemos a contar la historia de
Tobias y Liliana, espero que la disfrutes, pues la escribo con todo el cariño del mundo.
Capítulo 3.- ¿Cómo nos conocimos?
Ok, es en este punto en donde comienzo la narrativa. La verdadera narrativa.
Es difícil realmente para mí contar toda esta historia desde el principio. Y aun mientras
escribo este párrafo no tengo ni la menor idea de cómo lo haré.
Ok, todo comenzó en el 2011, hace 5 años, si lo lees en el mismo tiempo en el que lo
escribo, y si no, vete tú a saber cuántos años han pasado desde entonces. La verdad no me
importará, así que no me molestaré ni en preguntarte.
Bueno, cabe destacar que en ese momento aún estábamos en la escuela primaria. Yo
apenas contaba con 11 años, parece hace mucho, y realmente fue hace tan poco. La verdad
es que yo entré a ese salón sin muchas ganas aquel día, ¿por qué? Pues simplemente porque
llevaba años de mi vida estudiando siempre con un grupo de compañeros, y ese año, nos
mezclaron a todos. Sin embargo, hoy día no me arrepiento, ya que fue de lo mejor que me
pudo haber pasado.
Aquel año tenía que conocer a personas nuevas, y algunas otras, ya las conocía, pues
tuve la suerte de que pasaran a estar conmigo en el mismo salón de clases. Liliana entró
nueva ese año, nadie la conocía de antes ni mucho menos. Entró con otra muchacha,
llamémosla… Hmmm, ¿Annie? Bueno, dejémosle ese nombre, al fin y al cabo, ¿qué
importa el nombre que le ponga? En fin, Liliana y Annie resultaron ser buenas amigas.
La verdad, del primer año en que la vi, no puedo decir mucho. Yo era odioso. Muy
odioso. Aun lo soy, pero ya no tanto ni tan marcado como antes.
Ese año le hablé poco o nada, y la verdad, me pareció fea (Aunque vamos, ¿con qué
moral hablaba yo?). Para ser sincero, estaba en esa época en la que todas las mujeres me
parecían feas, y no soportaba la idea de que de adultos nos tocara estar con alguna. ¿Qué
raros somos de niños, no? Sólo nos preocupa jugar, ser felices con nuestros amigos, y de
alguna manera, nos da asco el amor. Un clásico.
Aun la recuerdo. Lo pequeña que era, me parece tan cuchi.
En fin, pasó ese año y no tuvimos casi contacto. No me sorprendería enterarme que le
caía mal. Al fin y al cabo, creo que ese año le caía mal a más de uno. Y no me importaba ni
me importa ahora. Que se jodan.
Luego llegamos al último año de la educación primaria. Ese año pasaron ciertas cosas.
Por ejemplo, mi odiosidad bajó un poco, e inició algo así como mi hiperactividad.
Era insoportable, en serio, e incluso creo que no le caía muy bien a la maestra, era un
alumno bastante mediocre, y me daba igual las tareas y demás. Incluso hacía todo con
flojera y para salir del paso. Me da mucha risa, en ese año empezó mi actitud.
La verdad, este año en cuestión tampoco tuve mucho contacto con ella. Recuerdo que
algunas veces me escribía, y yo la trataba de manera odiosa, típico de mí. La verdad sólo le
escribía para preguntarle sobre tareas y cosas así, porque era así de imbécil, que ni las
tareas anotaba. Para mi suerte, ella me las pasaba, y le tomé bastante cariño por ello,
aunque no se lo dije.
A finales de ese año, ocurrió algo que al año anterior me hubiese parecido imposible.
Me empecé a interesar por alguien, una chica…
Y no, pedazo de imbécil, si crees que me refiero a Liliana es porque no has prestado
atención en toda la maldita historia, y te lo digo así, porque si lo pensaste entonces es
momento de que te pongas las pilas.
La chica en cuestión llamémosla María, curiosamente este era su nombre real, la verdad
no tengo por qué mantenerla en anonimato, ya ella no está, y hace tiempo que todo lo mío
relacionado a ella se esfumó.
Al decir que me empezó a interesar, no me refiero a que me enamore perdidamente de
ella y esas cosas. No, sólo era algo así como, una atracción.
Y la verdad tenía sentido, era bastante bonita, para qué engañarles. Digo era porque no
tengo ni idea de cómo está ahora, llevo bastante tiempo sin hablarle, sin verla y sin saber
nada de ella. Eso es lo que termina pasando con los que se van y no permanecen en
contacto.
Así finalizó el último año de primaria, y entramos en la conocida secundaria, el liceo,
educación media general, díganle como les salga del foro de la cartera. Es entonces cuando
inicia el 1er año en el Liceo.
Liliana seguía allí, y para qué mentirles, en el 1er año me empezó a parecer bonita, pero
la seguía eclipsando María, y me preguntarán, qué tenía María, no sabría decirles. Me
gustaba su personalidad, le gustaban los juegos como a mí, y era bastante amigable, además
de ser muy bonita.
Y todo ese año lo pasé con mi atención puesta en ella, sin fijarme en nadie ni en nada
más, la verdad soy de esas personas que cuando se interesan en una persona, muy
difícilmente cambian su dirección a no ser que el interés se esfume. Eso me agrada de mí,
ya que para mí, es como una barrera mental en contra de las infidelidades. No, si tú me
interesas, no me fijaré en nadie más hasta que tú dejes de interesarme. Así de sencillo.
Sin embargo, ese año también ocurrió algo curioso. Una de las razones por las que
tampoco me acerqué tanto a Liliana en esa época, fue porque… ¡Le gustaba a uno de mis
amigos! Maikol, el muchacho sí que parecía perdidamente enamorado de Liliana, y
nosotros, como buenos amigos que somos, nos burlábamos.
Y rayos, yo veía a Liliana y pensaba: “no tienes por qué hablarle, ella le gusta a tu
amigo, no lo traiciones e ignórala, al fin y al cabo, no creo que pierdas nada”.
Y vaya que sí me estaba perdiendo algo.
En fin, pasó el año, y el pobre Maikol no logró nada con ella. Vamos, me dio lástima, él
le llevó una rosa y todo, alguna vez creímos que ambos estarían juntos. Jamás pasó.
En cuanto a mí con María, no pasó mucho, ella se iba finalizando ese año, y yo nunca
busqué nada con ella, sólo estaba cerca de ella y demás, aunque era bastante obvio que me
gustaba. Nunca se dio nada, y llegando a los últimos meses, ya no sentía nada más que una
bonita amistad por ella. Ya no había interés o atracción sentimental.
Y finalizó aquel año. Y conocí a otra mujer. Indira, un año mayor que yo, estudiaba con
mi hermana. Me parecía bastante bonita, y vamos, me sigue pareciendo, que no se ha
muerto, pero hay una diferencia de esa época a la de ahora. Luego la explico.
Segundo año, María ya se había ido y yo ahora creía que sentía algo por Indira. Pero,
¿qué sentía? No lo sé, sólo pensaba que era bonita y ya, y apenas me molestaba en
conocerla a fondo.
Ese año, a Maikol dejó de importarle Liliana, o eso parecía. Y ese año, yo comencé a
hablar con ella. ¿Seguía tratándola mal? Se podría decir que no del todo, pero tampoco se
podría decir que la trataba de mil amores.
La verdad tuvimos bastantes discusiones estúpidas ese año, nos empezamos a volver
amigos, trabajábamos juntos, llegué incluso a preocuparme cuando se sentía mal en el salón
y cosas así.
Pero nunca se lo dije.
En cuanto a Indira, la conocí, y me pareció la persona más vacía que había llegado a
conocer. Sin metas, sin aspiraciones claras en la vida, con una flojera mental bastante
marcada. No le gustaba ni leer. Pronto empecé a sentir repugnancia por su forma de ser, y
descubrí que no sentía nada por ella.
Pero sí me di cuenta de otra cosa. A medida de que descubría que Indira no me
importaba, otra persona empezó a ganarse un espacio en mis pensamientos, una persona
que estaba conociendo un poco mejor aquel año.
Liliana.
Sin embargo, me cerré a estos pensamientos, no quería seguir decepcionándome por
interesarme en una persona. Sin embargo, no resultó bien del todo.
A final de año, recuerdo, estábamos reunidos haciendo una tarea, recuerdo para la
materia técnicas de oficina. Era preparar un producto, y ella y Annie me preguntaron:
-Y a ti Tobias, ¿quién te gusta?
Juro que en ese preciso instante miles de cosas pasaron por mi mente, y estuve a una
milésima de segundo de decirle a Liliana: tú. Sin embargo opté por una mentira, que me
ocultara de una verdad inminente, pero que me negaba a aceptar:
-Pues, no sé si la conozcan, se llama Indira, estudia con mi hermana, es bastante bonita,
y me gusta mucho.
¿Por qué mentí? Por miedo y pena es la sencilla respuesta. No le iba a decir que me
gustaba, y no se lo dije.
Ese mismo año me ocurrió algo en el colon, se me inflamó, básicamente, y pasé muy
malos ratos, y aunque no recuerdo muy bien, pues hay cosas que olvidé, y una de esas es
ese momento que lo pasé tan mal, ella se preocupó por mí. Y eso me gustó, aunque
fuéramos simplemente amigos.
Y así, a finales de año, me di cuenta de que ella me gustaba, pero hasta ese momento,
creí que sería como las dos veces anteriores.
Pero no.
Y así entramos en el Tercer año, que no contaré en este capítulo, ya que es el más
extenso y complicado de todos los años. Así que probablemente lo divida entre varios
capítulos, si me perdonan, pero es que es un año en el que ocurrieron demasiadas cosas, por
mi mente, por mis acciones y mucho más.
La verdad es que todos los años aquí descritos están lo suficientemente resumidos para
no aburrir, no estorbar. Estoy casi completamente seguro de que me olvido algo, pero no
puedo recordar todo, ni mucho menos.
Podría mencionar que, según lo que Liliana me mencionó hace poco, entre estos años
hubo discusiones, estúpidas, sí, pero al fin y al cabo, discusiones, una de ellas, según lo que
me contó, fue por una guía de biología, y desde ese momento, comenzó a tenerme rabia.
Curioso, pues esto no lo sabía ni siquiera llegué a sospecharlo, así que me agrada que lo
haya mencionado. Es una cosa que se une a la lista de temas que ignoraba. Y aunque quizás
ahora eso ya no importe, a mí me lo parece que sí.
Y ahora forma parte de mis recuerdos.
Capítulo 4.- Sentimientos
Ok, comencemos. Tercer año, ya cuento con 14 años cumplidos, a punto de cumplir
los 15, mientras que ella cuenta con 13, a nada de cumplir los 14.
Empiezan las clases. La veo. Y nada, sigo viéndola de la misma forma en la que la veía
cuando finalizamos el Segundo año.
No había desaparecido de mi mente ni por un instante.
Cabe mencionar que realmente no tengo ni la menor idea de cómo seguir relatándoles
esto.
Así que bueno, comencemos por lo fácil. Aunque en lo que respecta a Liliana, nada es
fácil.
En fin, inició el año, y todo estaba tranquilo, nadie sospechaba nada, o al menos eso
parecía. La verdad es que con Liliana, en un comienzo, supe mantenerme bastante calmado,
aunque al verla, por dentro todo yo se descontrolaba. Quizás por eso al final fue tan difícil
seguir reprimiendo todo eso. Necesitaba liberarlo.
Siempre he tenido la suerte de permanecer en el mismo grupo que ella, el “Grupo 2”, así
que realmente la podía ver en todas las clases, y agradezco eso.
Se podría decir que este año fue en el que empecé a tratar de acercarme más a ella.
Aunque no quería volver a sentir atracción por nadie durante un buen tiempo (pues, las dos
anteriores veces no había salido como me hubiese gustado, ¿qué podía esperar de una
tercera?), terminé dándome cuenta de que sí era real, estaba pasando. Sin embargo, pensaba
que era sólo eso, una atracción. Hoy día pienso que, quizás, si tan sólo no lo hubiera
trabajado más, se podría haber quedado en solo eso.
¿Y me arrepiento que no se hubiese quedado solo en eso?
Para nada en absoluto.
Así que, continuemos, este año se podría decir que me volví en un… ¿amigo?,
¿conocido un poco más cercano?, No tengo ni idea.
Sólo diré que podíamos hablar con total tranquilidad, y eso era algo que me encantaba.
Aunque bueno… yo no estaba para nada tranquilo, como mencioné un poco más arriba.
Adoraba cuando me abrazaba. Esa sensación… inigualable. Hay algunos abrazos que
me han producido incomodidad, incluso, algunos me han dado una sensación de
repugnancia. No soy una persona muy de abrazos. Acepto los de las personas muy unidas a
mí, por ejemplo, los de mi mejor amiga.
¡MI MEJOR AMIGA!, he estado tan centrado en Liliana, que no he mencionado a este
otro personaje, que próximamente será importante dentro de la historia. Que tonto soy.
Pongámosle de nombre Anita. Sí, soy un asco para los nombres, pero no importa, éste
no es su nombre real, y, así como el mío, no pretendo revelar el suyo. Porque no me da la
gana, y punto.
En fin, como decía, me es muy difícil aceptar los abrazos de cualquiera. Sin embargo,
los de ella… Me provocaban una sensación agradable, de comodidad, satisfacción… y
sonará extraño, pero me daban seguridad.
Era, y es, en esos momentos en los que me pongo nervioso. Si bien quiero que nunca se
acaben, pienso que si los extiendo mucho explotaré en mil pedazos, o incluso que si los
alargó, será el último que recibiré. Y no quiero eso, así que busco de que sean lo más cortos
posibles.
Soy muy complicado y extraño, lo sé, no me lo restrieguen en la cara, pero ¿qué puedo
decir? Así funciona mi mente, y así ha funcionado durante todo el tiempo que tengo uso de
la razón.
Cabe destacar que en esta historia no habrá muchas secuencias de diálogo. Por el simple
hecho de que no recuerdo muchas cosas de las que hablaba. No retengo tanto las
conversaciones, y menos estas, que hoy día me parecen tan insignificantes.
Sin embargo, hay algunas que puedo poner, si bien estoy seguro que no fueron así del
todo, tengo el contexto y el punto, sin embargo, me disculpo si están un poco modificadas.
En fin, les contaré un punto: Estábamos en el salón, pero no todos, si mal no recuerdo,
sólo el 2do grupo. En fin, cabe mencionar que yo nunca había tenido novia. No, mejor
dicho nunca he tenido novia. Y bueno, a veces esto era algo que me mencionaban.
Ese día, en el salón de clases, alguien me preguntó, no recuerdo quién, aunque se me
hace que fueron 3 personajes, de los cuales, también ocultaré sus nombres. Nombrémoslas
como, Génesis, Giuliana y Estefania. Sí, me da flojera inventar nombres mejores y que
oculten más su identidad, pero a este punto estoy seguro de que ella sabrá de quién hablo,
pero, en caso de que alguien más lo lea, sus nombres permanecerán en perfecto anonimato.
Sonaré estúpido, pero así soy feliz, ¿vale?
En fin, estas tres personas, me preguntaban:
-¿Y qué esperas para tener novia, Tobías? – Diré que esto lo dijo Giuliana, aunque en
verdad no afecta el orden de quién dijo qué.
-¡Verdad!, ¿a qué estás esperando? – Dijo Génesis.
-Pues no sé, a conocer a la indicada quizás, no me empataré con cualquiera- Respondí
yo, la verdad es que la conversación me daba risa.
-¿Y cómo es la persona indicada, según tú? – Preguntó Estefania.
-Bueno… pues, inteligente, agradable, bonita, y más que nada pensante… que no tenga
la cabeza hueca – Le dije yo, de la manera más sincera posible.
-Aaaah, así como Anita, ¿no?- Exclamó Giuliana.
-Bueno… en parte sí, creo, aunque no como Anita, no como tal, no sé si me explico,
pero bueno. –Respondí.
-Ay vale, di que te gusta Anita y ya- Se burló Génesis.
-Verdad, echa tu cuento- Le siguió el juego Estefania.
-Anita es mi mejor amiga, nada de eso- Respondí con fastidio.
-Ah, entonces como Liliana- Dijo en tono sugerente Giuliana.
-Ajá, exacto- Dijo Génesis.
-Claro, como ella- Apoyó Estafania.
Juro que en ese momento quise decir que sí. Que la acababa de describir a ella, que me
mataba, que me gustaba. Sin embargo fueron otras palabras las que salieron de mi boca:
-No vale, ella es fea- Dije con una cara de negación.
-Ah, bueno, ella no es fea, pero si tú lo dices…-Comentó Giuliana.
-Si tú lo dices, pero a mí me gusta en es Indira, y ustedes ya lo saben.-Repliqué,
cortante.
Y hasta allí recuerdo, quizás muchos se preguntarán ¿por qué dijiste que era fea? La
respuesta es simple. No tengo ni la más remota idea.
Quizás por el miedo a que supiera la verdad, de abrirme de nuevo y salir con una patada
en todo el estómago, quizás por orgullo, de pensar muchas cosas. No lo sé, como dije,
anteriormente, en muchas ocasiones actué como un completo idiota, sin motivo o razón
aparente. Al final he terminado por deducir que mi comportamiento fue sólo para no
demostrar que sentía. En fin, avancemos.
Pasemos a otro momento, esta vez no en el salón de clases, sino reunido en casa de una
amiga la cual no ocultaré su nombre, no tengo por qué. Paula. Si bien no tengo muchas
ganas de escribir sobre ella, tengo qué, al fin y al cabo, forma parte de la historia, quiera o
no.
En fin, nos encontrábamos reunidos en su casa, para un trabajo. Paula, Waleska (otra
que no ocultaré su nombre, básicamente porque no tiene casi nada que ver) y tres de mis
mejores amigos, cuyos nombres sí modificaré un poco. José, Arón y Andrés.
La conversación consistió simplemente en algo básico, pero que me da por mencionar
aquí. No pregunten por qué, pues ni yo lo sé.
Ellas hablaban de hacer una reunión, e invitar a las personas que nos gustaban,
insinuaron a Andrés, de invitar a Giuliana, para que pudieran estar juntos tranquilamente.
Cabe destacar que estos dos personajes, eran novios.
A José y Arón, bueno, la verdad no les insinuaron a nadie, ya que… no parecía en ese
momento que tuvieran a alguien, vamos, que no necesita mucha más explicación.
Llegó el momento en el que hablaban de mí.
-Y a Tobías… ¿a quién le podemos invitar?- Preguntó Waleska.
-Fácil, a Indira, total, a él le gusta- Respondió Paula, riéndose.
-¿Quién es Indira?- Preguntó Waleska, pues no tenía idea.
-Una chama de 4to año, estudia con su hermana y con Kristhian.-Le dijo Paula.
-Aaaah, ¿sí?, Bueno, ya tenemos a quien le vamos a invitar- Rió Waleska
-No, no lo hagan- Les dije yo. La verdad, fingí tener pena, miedo, o cualquiera de esas
cosas, pero la verdad en mi mente pasaban otras cosas. “Invítenla si quieren, me da igual, es
alguien más para mí”.
-Esoooo, se puso nervioso- Se burlaron Waleska y Paula. Sólo tengo una cosa que decir.
Pobres incrédulas.
La verdad explico esto porque… fue el momento en el que descubrí que ya no sentía
absolutamente nada por Indira, todos mis pensamientos iban dirigidos a Liliana, cuando
mencionaban la pregunta “¿Quién te gusta?”
Y así pasaban los días, semanas, entre clase y clase, y yo ocultando mi verdad. La
verdad me pareció un tiempo eterno, pero no fue así, a este punto, seguimos a penas en el
primer lapso de clases.
Y pasemos a otra secuencia de diálogo. Si bien no había puesto ninguna antes, ahora
parece que este capítulo estará repleto de ellas. Soy un exagerado.
Bueno, ahora, pasemos a describir el escenario. Estábamos todos en el salón, sin hacer
nada, pues nos encontrábamos en hora libre, y yo me encontraba sentado con Estefania,
Annie y… Liliana. La verdad estaba allí sólo por Liliana, no porque tuviera ganas de hablar
con las muchachas. Sin embargo, por un momento, me fui con Estefania.
-Mira, hablando en serio, ¿a ti quién te gusta?- Me preguntó, de manera bastante directa.
-Bueno… Es que si te digo no me vas a creer- Le respondí sobándome la nuca.
-A ti te gusta…-Señaló con los ojos hacia Liliana, de manera discreta- ¿Verdad?
Ese fue uno de los momentos en los que más me quede sorprendido, tanto que no pude
pensar en una mentira, simplemente por mi mente pasaban un montón de cosas. ¿Cómo lo
supo?, ¿Tan evidente era?, ¿Lo habría deducido ella también? Estaba hecho un mar de
dudas, y mi cerebro no pudo pensar.
-Bueno… Sí, la verdad sí- Respondí con total sinceridad, por primera vez desde que me
hicieran esta pregunta.
-¡Lo sabía!, lo he notado, por cómo la miras y la tratas- Me reveló Estefania.
-¿En serio?, ¿Tan obvio soy?- Le pregunté yo, bastante preocupado.
-No, no eres tan obvio, pero una que te conoce lo nota- Me respondió.
-Hmmmm, vale, eso espero. Pero por favor, no se lo digas a nadie, ¿sí?, Ni a ella, no
quiero que nadie se entere- Le supliqué.
-Ok, ok, yo te guardo tu secreto, pero, deberías intentarlo, ¿sabes?, Yo te ayudo si
quieres- Me dijo.
-¿Tú crees?, es que no se, y… ¿si no lo consigo?- Le dije, con muchas dudas.
-Tranquilo, yo te voy ayudando- Me dijo sonriendo.
-Bueno… gracias, en serio, trataré de empezar a hablar con ella y eso…-Le dije, la
verdad bastante agradecido.
-Dale, yo le insinuaré cosas a ver qué me dice, tranquilo- Se rio ella.
Hasta aquí recuerdo de la conversación, la verdad, así que hasta aquí se quedará.
También tengo que anunciar que este será el final de este capítulo, pues aquí inicia…
¿Mi desgracia?, digamos que aquí inicia mi mayor error, del cual me arrepiento y
agradezco hoy en día, pero bueno, no seguiré hablando de eso aquí, ya lo descubrirán por
su propia cuenta.
Capítulo 5.- Rechazo
Quizás este revelando mucho con el título de este video. Tal vez no, no estoy seguro,
ya que, realmente no saben de qué rechazo estoy hablando… Así que no, probablemente no
revelo nada.
En fin, continuemos con la historia justo donde la dejamos. Estefania me ayudaría a
tratar de acercarme a Liliana, y yo iba a tratar de hablarle de manera más seria sobre los
temas que acontecían en mi mente.
Así que… comencemos. La pregunta principal es, ¿lo hice?, la respuesta quizás es
bastante obvia, y muchos se la esperan.
No, no lo hice, al menos no de frente. ¿Por qué?, el miedo, la pena, las dudas y muchos
otros factores atacan mi mente cada vez que estoy cerca de ella… Liliana produce todos
estos efectos en mí, y no puedo resistirlos, y cada vez se me hacía, al menos en ese tiempo,
más difícil pelear contra ellos.
Ahora, sin embargo, mencioné que no pude hacerlo… en persona. Quizás suene como
un cobarde, pero hace varios capítulos, no recuerdo exactamente en cuál, mencioné que me
era más fácil expresarme por escrito, que en persona, me era más fácil revelar todo lo que
ocurría por mi mente en forma de letras sobre algún papel, o en algún chat, o incluso en
esta historia, de lo que jamás me será hablando en persona. Al menos si no tomo la
suficiente confianza cómo para hacerlo.
Ahora, como pueden deducir, le empecé a hablar de la forma más cobarde posible, a
través de una pantalla, en un chat, en la red social Facebook. Y aunque quizás a muchos les
parezca el medio más inapropiado, estúpido, y cualquier cosa que sea capaz de pasar por su
mente, yo me refugié en este, para poder conversar con ella de una manera en la que yo me
sintiera calmado.
Sería estúpido poner mis conversaciones con ella aquí, pues la mayoría fueron por esta
red social, y no encuentro una manera de ponerlas realmente. Y sinceramente, prefiero que
permanezcan solo para mí. Y para ella, si las recuerda claro.
En fin, en este capítulo hay poco que contar realmente, nada más que, conversaciones
con ella, que llevaban a poco o nada al final del día, o eso parece, pero yo me iba a dormir
siempre con una sonrisa y una esperanza estúpida. Cabe destacar que esto lo escribo en pos
de decir lo que ocurrió después.
También, durante este tiempo que transcurría, decidí dejarme de mentiras frente a mis
amigos más íntimos, y, la verdad, estos decidieron apoyarme. Por algo los aprecio tanto.
No pondré conversaciones, pues no recuerdo casi ninguna, y creo que el colocarlas no
aportaría nada a un avance continuo de la historia, y terminarían siendo relleno para
intentar completar un capítulo de un libro. Cosa que no quiero, pues deseo que todo lo que
este escrito aquí sea importante.
Durante esta época ya habían empezado los “15 años”, las fiestas, vamos, y destacaré
que, aunque me invitaron a varias de ellas, asistí a muy pocas. No soy un hombre muy de
fiestas, me divierto, sí, y la paso bien, pero no me gusta ir a muchas, ni muy seguido.
Total que realmente estuve como en 4 fiestas, y creo que exagero en el número, de las
cuales, si mal no recuerdo, ella estuvo en 2.
Hubo una, en específico, en la que quise estar con ella todo el rato posible. Pero soy un
idiota, para que negarlo, y al estar con ella, no tenía ni idea de qué hablar, qué haces, o qué
decir. Siempre terminaba abrasándola del cuello, de manera casi forzada por mi
nerviosismo, sin decir nada. La verdad yo no sirvo para estas cosas.
Sin embargo, yo creí que podía haber algo.
Mencionaré que soy un cobarde. Y estúpido. Muy estúpido. La mayoría de las personas,
las personas inteligentes, claro, son capaces de decirle a una persona la verdad a la cara, de
abrirse y todas esas cosas, para las cuales yo nunca he estado preparado. O eso creo.
Y si alguien ha prestado atención al párrafo anterior, se dará cuenta de lo que hice sin
necesidad de que lo explique a continuación. Lo explicaré porque sé que habrá alguien que
no lo haya entendido, y es comprensible, vamos.
Le dije que me gustaba, sí, y todos pensarán, “oh, se armó de valor y le confesó su
verdad, de frente, como todo un hombre”. No, nada de eso. Le dije que me gustaba, sí, pero
por chat.
¿Qué clase de persona dice algo así por chat? Yo, pues soy tan cobarde que decirlo de
frente, sin estar seguro de la respuesta que recibiré, me aterra, me pega al suelo y enmudece
en tan sólo un minuto, dejándome clavado, como un idiota, con mi cabeza vuelta una
bomba de ideas para suicidarme esa misma noche.
Total que le dije, y no recibí una respuesta del todo negativa. Y eso me ilusionó de la
manera más absurda e inexplicable posible. Una lástima, pues todo esto era momentáneo.
Esa misma semana que se lo dije, tuve una conversación con Estefania y… algunas
amigas, en la que inicié a escavar mi tumba.
-¿Ustedes sabían que a Tobías le gusta Liliana?- Les preguntó Estefania. Mencionaré
que ese día, Liliana no se encontraba en el salón.
-¿En serio?, Que lindo, pero mira, ¿pretendes decirle, cuándo?- A esta amiga no sé qué
nombre ponerle, así que dejémosla en Chloe. Se lo pongo porque me acordé de Liliana y es
un nombre que le gusta, y no tengo cerebro para pensar en otro nombre justo ahora.
-Pues… no sé si decírselo, ¿y si me dice que no? No quiero echarlo todo a perder- Fue
mi respuesta. Bastante acertada, en realidad, aunque no por mucho.
-Pero mira, deberías decirle pronto, se te acaba el tiempo, y quién sabe si llega otro y te
la quita, debes aprovechar- Comentó Chloe.
-Sí, no vaya a ser que la pierdas y te quedes como un tonto- Aupó Estefania.
Seguiría poniendo sobre la conversación, pero creo que es mejor mencionar
simplemente que fue un bombardeo de cuestionamientos, incitándome a que le dijera a
Liliana que gustaba de ella, y que le pidiera el noviazgo.
Y debo mencionar, que me convencieron. No sé si soy muy estúpido, o el hecho de que
lo mencionaran tanto, terminó creándome una psicosis de que debía hacerlo, y cuanto antes.
Pero terminé aceptando que sus consejos eran realidad, y debía apurarme.
-Bueno, está bien, lo haré, pero ¿cuándo, cómo…?- Acepté. ¿Sabía de mi error? Claro
que no lo sabía.
-Bien, nosotras de ayudaremos, tiene que ser una pancarta, una rosa, le das un dulce o
algo, y nosotras estamos ahí contigo, para cuanto te diga que sí…-Empezaron a fantasear
Estefania y Chloe.
Y ahí está el plan, realmente. Una pancarta, una rosa, y, de agregado algún dulce. En
cuanto al dulce, les contaré como obtuve la información.
Fue, exactamente un día antes de que le fuera a pedir un noviazgo. Ese día ella cantaba,
junto con mi mejor amiga Anita (De la cual casualmente también es mejor amiga). Debo
mencionar que Liliana tiene una hermosa voz, con un don para el canto. Al menos eso me
parece a mí. Me gusta como canta.
En fin, ellas cantabas, un acto para el liceo. No le había prestado atención a
absolutamente ninguno, hasta que llegó el turno de ellas. Ese día no mencionaré mucho,
pues no hice más que abrazarla cuando la felicité y listo.
Lo que importa es cómo conseguí el dulce, pues bueno, toda esa mañana hablé con
Anita, y ella logró que se lo dijera. Listo, puntazo para mí.
Ese día fue una travesía. Gasté, si mal no recuerdo, 250 bs en una rosa genérica y
anticuada, que realmente, ahora que me fijo, era algo tan trillado y repetitivo que no valía la
pena. Otros 200 bs en una lámina, para la pancarta que me ayudarían a realizar, y por
último, pase toda una mañana buscando un sitio en donde vendieran Cocosette. Sí, este era
el que le gustaba a ella.
Y para mi mala suerte, en este pueblo en el que vivo, sólo vendían Susy, y sufrí hasta
encontrar Cocosette. Creo que compré dos, con lo que fueron unos… ¿500, 700 bs más? No
recuerdo, al final el precio no importa, así que es un factor x.
Y pasemos al gran día. El dichoso día.
Seré breve, pues no quiero extenderme mucho en esta zona de la historia. No quiero ni
puedo.
Diré la fecha. 13 de Noviembre de 2015. La recuerdo perfectamente, un viernes, ese día
había exposiciones de química. A ella le tocaba exponer. Fue bastante bonito, la verdad.
Yo estaba nervioso. Muy nervioso, pues aún en ese punto, no sabía qué le iba a decir ni
cómo se lo iba a decir.
Pasaron las horas, y ese día teníamos hora libre. Se lo iba a pedir en ese momento, pues
era el único momento libre que teníamos.
Sin embargo, todo el salón se enteró. Realmente yo nunca quise que todo el salón se
enterara, siempre quise hacer algo íntimo, privado. Algo en lo que ella no se sintiera
presionada u obligada a decir que sí.
Pero, como en todas las historias, todo se tergiversa y distorsiona, y terminé rodeado de
todo el salón, “ilusionados por ver qué pasaba”. Justo lo que no quería.
En fin, ese día, mis amigos estuvieron presionándome también. ¿Estás listo, preparado,
seguro? Fueron tres de sus preguntas constantes. Esto solo fue un factor para ponerme aún
más nervioso.
En fin, llegó la hora. Todo posicionado. La rosa, los Cocosettes, y la pancarta. Hora de
entrar al salón. Reventaron unos globos que habían usado para las exposiciones, mucha
bulla, ambos nerviosos. Justo lo que no quería.
Aquí un momento para que alguien se ría, entre tanto ruido, la coordinadora terminó
entrando en el salón. Casi nos descubren. Vino hasta la directora. Tuvimos que inventar una
historia de que era porque Liliana cumplía años. No sé por qué, pero estoy casi 100%
seguro que la coordinadora no se lo creyó. Pero bueno.
Luego de que las convencieran y se fueran, llegó el momento de la respuesta.
Aquí mencionaré una realidad a mis ojos. Al principio, la primera respuesta, la primera
palabra que salió de su boca, y la manera que movió la cabeza, fue un no.
El mundo casi se me derrumbó en ese momento, pero, con una tonta esperanza, me hice
el tonto, cómo si no lo hubiera visto, y volví a preguntar. Esta vez, salió un sí. Pero yo no
estaba seguro de ello. Le entregué la rosa y los cocosettes, y la abracé. Cuando lo hice,
movió la cabeza hacia un lado, segundo punto importante que noté, pero preferí ignorar.
Me sentía feliz, y a la vez dudoso, y algo triste. Y nervioso.
Decidí que quería caminar con ella un momento. Al principio, mi intención era hacerle
una sola pregunta: ¿Por qué?, ¿por qué dijiste que sí, cuándo querías decir no? Eso era lo
que pasaba por mi mente en ese preciso instante.
Sin embargo, no se lo dije. Quizás por mantener una estúpida esperanza, de algo que no
era real, de algo que no sucedía.
Muchos no comprenderán el desenlace de este capítulo, pues quizás lo acabe de manera
confusa, pero, saltaré ciertos puntos de la historia, que me parece son insignificantes, y
llegaré al punto álgido de este capítulo. El Réquiem de mi obra.
Llegó la hora de la salida, la hora de volver a casa, la hora de despedirme de ella. Y cabe
mencionar, que esto último lo digo de una manera metafórica, o con dos sentidos, pues eso
es lo que tiene.
Durante estos momentos, Liliana me mencionó: -Antes de que te vayas, tenemos que
hablar.
Yo ya sabía de qué era.
Así que salimos, y caminamos por el pasillo, y es cuando cayó sobre mí el peso de lo
inevitable.
-Verás, realmente, no quiero ser tu novia, te quiero, pero como amigo, y no quiero que te
sientas mal ¿sí?
Lo pongo así, directo, porque no recuerdo exactamente qué dijo, pues esta nublado.
Cabe mencionar que mientras decía esto, pasaba una profesora, y al verle la rosa en la
mano, y a los dos juntos, dijo “Ay, que lindos los novios”. Que satírico e incómodo se me
hizo aquello.
Yo no hice más que armarme de valor, y aceptar sus palabras como una bala que
atraviesa el pecho de manera directa, más no sale, si no que ahí se queda, pero tampoco te
mata, sino que te da un momento para que reflexiones, y sientas el dolor, y cómo la vida se
escapa de tus manos.
En eso, Giuliana se acercó a mí, y preguntó: -¿Qué te dijo Liliana?- En el fondo, creo
que ella ya lo sabía, por mi rostro quizás, pero bueno.
-Bueno, me dijo que ella me quiere como amigo, así que no somos nada- Le respondí,
tratando de parecer tranquilo.
-Ah, vaya…- Dijo.
-Sí, bueno… mira, chao, ya me voy.
Quería irme, huir, salir corriendo, llegar a mi casa y encerrarme. Tenía un nudo en la
garganta, que me oprimía, y sabía que en cuanto abriera la boca para decir algo, me
quebraría, y no quería eso.
Ese día me fui sólo a casa, no esperé a nadie, no me despedí de nadie. No tenía el valor
para eso.
Mi madre y mi hermanita me estaban esperando, ellas iban a salir toda la tarde, así que
me dejaban las llaves de la casa, pues estaría solo.
Llegue, las despedí, y subí.
Ni siquiera volteé a mirar el plato de comida que me habían dejado. Fui directo a mi
habitación.
Mi teléfono sonaba. Era uno de mis mejores amigos, contesté: -Tobías, ¿qué paso? ¿Qué
ocurrió con Liliana?
-Nada, no somos nada, luego te explico, ahora no tengo ganas- Le respondí, y colgué.
Y lloré. Lloré como un niño pequeño, lloré cómo no lo había hecho en años, como
nunca había llorado en mi vida, y como nunca he vuelto a llorar hasta el día de hoy.
Estaba roto, quebrado, sin motivos, sin razones, un ser vacío e incompleto. Así me
sentía yo.
Y entonces, toda la tarde transcurrió así. Así hasta que paré, me sequé.
Me gustaría explicar absolutamente todo lo que sentí, pensé y pasé esa tarde. Pero me es
imposible. Sólo diré que hay una obra que compuse esa tarde, en flauta, dedicada a ese día,
y a lo que pasó y a mi situación. Nadie lo sabe, y no la he vuelto a tocar desde entonces. Es
una obra de mi autoría, y sólo yo la conozco.
Aquí mencionaré algo, y es que la historia perfectamente podría acabarla aquí, que no
siguieran leyendo mi idiotez, que no me conocieran ni a mí, ni a lo que hice luego. Pero
esto no acaba aquí.
Y muchos pensarán que soy una persona fuerte y orgullosa, que no me rendí, que decidí
seguir luchando, hasta conseguir mis metas. Perseverar.
Pero no.
Debo confesarles algo, y es algo que no me esperaba.
Yo sí me rendí.
Capítulo 6.- Comencemos de nuevo
Me confesaré como un completo idiota, pues la historia no acabó luego de lo
ocurrido. Y muchas personas la hubieran acabado, estoy seguro, luego de un suceso así.
Pero yo no.
Continuaré desde el punto exacto en dónde me quedé. Yo sí me rendí.
Decidí abandonar, apartarme, tomar mi corazón roto y tragármelo completo, aunque me
desgarrara y doliera cómo mil infiernos. Pero esa fue mi decisión.
Ese fin de semana, no hablé con nadie, me desconecté, intenté desaparecer del mundo
por tan sólo un momento. Pues estaba sólo, y quería estar solo.
Nada daba risa, nada emocionaba, simplemente estaban ahí, cosas sin significado, razón
de ser, nada. Todo en cuanto creía estaba confuso. Yo estaba confuso.
Así transcurrió todo un fin de semana, yo, encerrado en mi habitación. Pensando.
No fue hasta el domingo en la tarde, que decidí salir, decidí revisar mi teléfono. Muchos
mensajes, del grupo de mi salón, del grupo de la cátedra de flauta, algunos amigos. Todos
me daban exactamente igual, y los respondí con total indiferencia, aunque siempre tratando
de parecer alegre. ¿Por qué?, porque nadie merece saber que sufro. Sólo yo.
También había otro mensaje. ¿Recuerdan a Paula, aquella de la que no quería hablar,
pero me vi obligado debido a que también forma parte de esta historia? Pues bueno, aquí
también ocurre, y a partir de este punto entenderán por qué no quiero hablar de ella.
Su mensaje era uno normal, como cualquier otro, para iniciar una conversación. Lo
respondí, y todo fue con total tranquilidad, la verdad a mitad de conversación, ya quería
dejar de responder, pero no soy una persona que le guste dejar en “visto” a los demás.
Y todo era normal hasta que: -¿Y Liliana?- Leí su mensaje, y me ardió en la garganta,
muchísimo.
-En su casa.- Le respondí, con total indiferencia. O mejor dicho, fingiendo total
indiferencia.
-¿Está todo bien?- Me preguntó.
-No, la verdad no. Nada está bien- Me abrí. ¿Por qué?, Quizás necesitaba hacerlo. Sólo
que me arrepiento de la persona a la que lo hice.
-¿Quieres hablar?
-Sí, pero ahora no tengo ganas.
-Bueno, hablamos el lunes.
Acepté, sí, porque lo necesitaba, una parte de mí necesitaba hablar de lo que me sucedía.
Hoy en día, pienso y me pregunto, ¿Por qué no hable con Anita, mi mejor amiga?, ¿Por qué
no hable con mis amigos? No tengo idea. Soy un estúpido, y a medida que sigo escribiendo,
la rabia, me consume más y más. Darme cuenta de mis errores. Eso enfada.
Llegó el lunes. Verla me quebró en dos. Sin embargo, me hice el indiferente, el que no
le había afectado absolutamente nada de lo que había pasado. El que había pasado la
página.
Pero en realidad, seguía releyendo la página, incrédulo.
Esa mañana hablé con Paula.
-¿Qué pasó?
-Nada… Ella me dijo que no quería ser mi novia, y… eso- Le confesé.
-Ay, lo siento, pero no te preocupes, ya se te pasará. Hay muchas más chicas en el
mundo, y quizás alguna sea para ti, y se fije en ti.- ¿Me di cuenta de a qué se refería en ese
momento? No, yo estaba nublado, nada cobraba sentido.
-Sí, bueno… Sólo que yo la quiero a ella. Supongo que por ahora, no me fijaré en nadie
más. Lo dejaré así, estaré sólo.- Le dije.
-Bueno… si tú lo dices, y lo prefieres…
La conversación fue más larga, pero la verdad, eso es todo lo que recuerdo, y lo único
que me importa recordar. Lo demás, me da absolutamente igual.
Los días así transcurrieron. ¿Y yo?, seguía roto. Era una sensación de que nunca iba a
poder reponerme, de que todo daba igual.
Sin embargo, durante este tiempo, yo pensaba. Pensaba y consideraba. ¿Realmente
estaba roto? Eso parecía. ¿La odiaba? No, para nada, a pesar de todo, la seguía queriendo.
¿Quería continuar? Consideré que si lo hacía, no haría otra cosa más que estorbar, y
molestarla, incomodarla, y al final, cansarla.
Así que me decidí a una sola cosa. La única cosa que me permitiría seguir estando con
ella, la única cosa que me daría otro motivo para no estar roto. Ser su amigo, y olvidar.
Y pues, volví. Le volví a escribir, le volví a hablar, volví a ser yo. Y a medida que más
le escribía, a medida que pasaba el tiempo, me sentía, poco a poco, rearmado, diferente. Las
cosas empezaron a recobrar sentido.
Todo lo que le escribía, todo cuando le hablaba. Fue con la intención de ser un amigo,
de olvidar el pasado, de recobrarme y ser otra persona.
Y por un tiempo, creí que lo logré.
Ahora, es aquí cuando “empecé de cero”. ¿Qué ocurrió en mi mente en esta época? No
tengo ni idea, otro yo salió y tomó el control, se apoderó de mí. Un idiota aún más de lo que
el yo normal es.
Digamos, que, seguí interesándome en mujeres. Pero, ¿las buscaba de conocer? No, sólo
quería estar un rato con ellas y ya. No quería saber de sus sentimientos, de sus
pensamientos, de sus opiniones. Sólo buscaba caras bonitas, en donde buscar de
aprovechar.
Es aquí donde entra Paula y muchas otras. Si bien Paula no era ni una cara bonita, ni un
cuerpo espectacular, era algo de lo que me podía aprovechar. Quizás no lo he mencionado
nunca, pero realmente odio convivir conmigo mismo luego de esta época. Me odio, porque
ese no era yo. No sé si me explico, pero lo dejaré así.
Digamos que Paula me explicó una cosa. Al decirme que había otras chicas, que se
podían fijar en mí, se refería explícitamente a ella misma. Al momento yo no lo había
captado, así que tuvo que explicármelo ella misma. Cuándo lo hizo, me quedé un poco
confuso. Ella tenía novio, ¿Qué carajos pintaba yo allí?
Esto lo supieron mis amigos, fue un constante impulso de aceptarla, de que me fuera con
ella, blablablá.
¿Acepté hacerlo? No realmente, en ningún momento anduve con ella, ni acepté ni hice
cosas fuera de mis “limites morales”. Pero me burlé de ella.
Había veces que, digamos, “abría” sus sentimientos hacia mí. Yo la rechazaba, y me
reía, y me burlaba. ¿Por qué? Porque soy un hijo de ****, sin cerebro, y con el autoestima
tan baja que, necesitaba hacerle eso a alguien. Ella terminó siendo la víctima. La verdad no
me arrepiento de esa actitud, ella lo buscó, ella lo ganó, ella, lo merece.
¿Lo merece?, realmente nadie se merece algo así. Pero ella necesitaba entender algo,
algo que creo que hasta el día de hoy, siguió sin entender. Debe valorarse. Quizás yo
tampoco lo he entendido, o eso me han dicho ciertas personas, aunque en el criterio de estas
“ciertas personas” no confío, yo sé cómo me valoro, y no confío en sus “valores”. No
explicaré quiénes son, ni por qué, pues no vienen al caso. Sólo mencionaré que uno de
ellos, es uno de mis mejores amigos, que no forma parte de mi salón, sino del de mi
hermana.
En fin, ella me confesaba todo esto, y yo, la ilusionaba, haciéndole creer a veces que
podría llegar a haber algo. La verdad lo hacía por maldad. Ella tenía novio, no debía andar
haciendo esas cosas.
Fue tan humillante que hasta me pidió ser “amigos con derechos”. Ella sólo quería… le
diré como es: Tirar.
Y hubo un momento en que acepté, y fue extraño, pues casi a último momento, terminé
arrepintiéndome. Le dije que no podía, que no quería, y la dejé así, preferí dejar de hablarle.
No quería tener nada que ver con todo eso, me alejé, yo no era así. Se podría decir que fue
el primer indicio de conciencia de nuevo en mí.
Pero yo no quería, no con ella, básicamente, así que siempre rechacé dicha propuesta, y
el hecho de dejarla así, me producía cierto placer, curioso.
Sin embargo, ella no fue la única que había. Sin mentir, hubo otras 3 o 4. Con dos de
ellas, me besé (además de Paula, pero con ella fueron retos, nada que yo quisiera
realmente). Una de esas 4 chamas, incluso quería tirar. Nunca acepté, pues no quería. Ese
punto siempre me ha parecido muy íntimo, y no me parece un momento que se deba
compartir con cualquiera y en cualquier momento. Estaba vuelto loco, pero aún tenía
ciertos pensamientos, o bases, de mi ser en la cabeza.
Pero, pensarán, ¿Qué tiene de malo? No tenías novia, y debiste dejarles claro las cosas.
Pues no. Lo que me hace sentirme mal realmente no es haberlas besado, haber estado
“chanceando” y esas tonterías, lo que realmente me provoca asco, es que las ilusionaba. A
todas siempre las mantuve allí, cuando les escribía me respondían rápidamente, les hice
creer a todas que eran mi único interés en ese momento, que eran especiales. Cuando en
realidad no sentía absolutamente nada.
A todas les hice creer que yo era diferente. Y en realidad, en esos momentos, nunca me
alejé de lo que eran los demás. Me convertí en uno de esas personas que tanto crítico y
critiqué y criticaré.
Nunca les dediqué nada, realmente. Porque ellas no me inspiraban a dedicarles nada.
¿Alguna vez les escribí una historia? No iba a malgastar mi tiempo haciendo eso para ellas.
¿Alguna vez les dediqué una canción? No, no lo merecían, pues no salía de mi corazón.
¿Alguna vez les toqué algo en la flauta? Jamás, ni siquiera les gustaba la música clásica.
Sólo un montón de palabras genéricas, aburridas, típicas de un hombre sin ninguna
aspiración más que coger. Sin embargo, yo nunca hice esto último. Y me alegro de no
haberlo hecho, pues entonces mi pena sería aún mayor.
Por eso, no me dan celos enterarme de cualquier cosa que ella hubiera hecho en ese
tiempo. ¿Por qué?, porque con qué moral voy a hablar, si yo fui un completo idiota, si yo
me dediqué a estar con una y otra en todo momento. Y lo hacía sin sentir absolutamente
nada.
¿Por qué cuento eso? Porque aunque me avergüenza haber estado en una etapa de tan
sólo interés de ligar, sin compromiso, me parece importante, porque fue una etapa de
cambio.
Pero terminé aburriéndome. Ninguna me hacía sentir realmente interesado. Ninguna me
lograba mantener horas y horas pegado, conversando. Con ninguna me daba ganas de
mantener la conversación viva, sino que dejaba que muriera poco a poco.
Y terminé cansándome, y retirándome de este… “juego”, se podría decir. Por algo, al
principio de esta historia, mencioné que me daba asco la gente que era de este tipo. Lo
mencioné porque yo fui uno, durante un corto tiempo, sí, pero lo fui, y se de primera mano
todo. Y me da asco. Me di asco, y me sigo dando asco.
Así que terminé dejándoles claro que fue lo que busqué con ellas, lo que realmente hacía
y mi objetivo. 2 de ellas no me hablaron nunca más. Y no las culpo, yo tampoco lo hubiera
hecho. Las otras 2, si bien no son muy amigas mías, al menos me siguen tratando de una
manera normal, hablando de vez en cuando, como simples amigos. Bastante madurez, la
verdad.
Luego, cuando me calmé, me integre en un grupo de Whatsapp, en el que estaba Liliana
y varias de sus amigas. En este grupo conocí a un personaje que le tengo mucho aprecio, y
valoro, hasta el día de hoy.
¿Su nombre? Oriana, no le cambiaré, ni la dejaré en anonimato. No es necesario. Cabe
mencionar, que desde que la vi, me pareció muy bonita, y debido a que aún había algo en
mí de ese idiota que estaba siendo. Así que empecé a dejarme caer.
La intenté conquistar, sí. ¿Por qué? Me cayó bien. ¿La verdad? Había algo en ella que
me recordaba a Liliana, el qué, no sé exactamente. Pero aquí es donde recae en la historia.
Confesaré algo. Aún a este punto, bastantes meses luego de lo ocurrido en el anterior
capítulo, seguía pensando en Liliana, y comparaba a todas con ella.
Incluso se lo dije a Oriana sin esperar respuesta, la verdad se lo dije por probar suerte,
¿qué perdía?, incluso me reí con la respuesta. La verdad lo hice porque uno de mis amigos
me reto a hacerlo, a ver si tenía suerte.
Pero el verdadero golpe, fue darme cuenta que a pesar de todo, no me había olvidado de
Liliana. Si bien, le escribía, durante todo ese tiempo, pero como amigo, realmente, no como
una persona que aún se sintiera atraído.
Y realmente no estaba atraído. No simplemente. Había algo más. Estaba atado a Liliana,
pues a medida que la conocía un poco más (Pues me tome la molestia de querer conocerla
aún más a fondo, mucho más), iba despertando algo que tan sólo se había quedado dormido
por un tiempo, reposando y esperando el momento justo para despertar de nuevo, y darme
un zarpazo en todo el estómago.
Y es así, como, rearmado, decidí una cosa: No me iba a terminar de rendir. No tan fácil.
Capítulo 7.- Decisión
Es así como Liliana regresa a mi historia. Regresa de la manera más curiosa, ¿no?, aquí
lo he escrito como si hubiera sido de la noche a la mañana. Pero no fue así, la verdad, pasé
bastantes días pensando, considerando, recordando. Sintiendo.
Y podría decirse que yo también volví. Pero no del todo, sí, volvía a ser la persona que
tiene sus cosas claras, que sabe lo que busca y lo que quiere. ¿La diferencia? Sabe de los
errores que cometió. Y una cosa. No piensa volver a cometerlos.
La verdad en este tiempo, me dediqué a intentar volver a acercarme mejor a ella. Le
hacía preguntas sobre lo que le gustaba, buscaba tener conversaciones más interesantes (al
menos para mí), en vez de hablar de sólo tonterías, o preguntar tareas.
Varias veces llegué a desvelarme hablando con ella. Siempre han sido de las mejores,
esas conversaciones que pueden pasarse de las 00:00 am y aun así, no pareciera que quieras
acabarla. Aunque debo admitirlo, muchas veces el sueño termina ganando en esas
ocasiones. Y no porque aburra realmente la conversación, solo que no soy una persona que
aguante muy bien el sueño, aunque si me lo propongo, puedo conseguirlo.
También comencé a llevarle cosas, más que nada dulces. De vez en cuando le llevaba
cocosettes (cuando aún podía comprarlos, vamos), ¿por qué?, porque me gusta, llevarle
detalles, cosas que le gusten.
Fue ella la que me inspiró a escribir. La que me hizo conocer esto de contar una historia,
que produces en tu mente, y la plasmas en un papel y letras. Yo solía leer, me gusta mucho,
pero antes nunca me había atrevido a este tipo de cosas.
A ella le escribí mis primeros cuentos. Y me gustó mucho. Le agradezco y debo ese
gesto, y por ella y para ella, tengo aún mil historias que escribir. Y ésta será el inicio, la que
abra una gran biblioteca de cuentos cortos (lo que más me atrevo a escribir).
La verdad, éste es mi primer “gran” proyecto, la primera que pasa de unas 3 páginas y
un solo capítulo. Y es para ella, para nadie más, quienes lean esto, además de ella, son
intrusos para mí. Pueden leerla, sí, pero todo lo que escribo va dedicado a ella. Ella es la
única que me ha inspirado a escribir, hasta ahora, 7 capítulos.
Creo que ya lo mencioné. Pero esto es un regalo. Cumple 15 años, en, exactamente 2
semanas, según el tiempo en el que estoy escribiendo. Decidí escribirle esto, porque a ella
le gusta leer. Esa es una cosa que me encanta, pues me encantan las personas que leen, y
alimentan su intelecto con algo más que la simple televisión.
La mayoría de las cosas que tienen que ver con ella, me encantan. Me parece de las
personas más interesantes, agradables, amigables, y me faltan muchas palabras para poder
describirla. Las razones por las que decidí no rendirme, por las que volví, por las que decidí
seguir intentándolo.
Y la principal razón de muchas, es que nadie me hace sentir como cuando estoy con ella.
Nadie me logra hacer sonreír con tan sólo verle a la cara. Sólo ella.
Nadie me logra mantener interesado en una conversación por horas, esperando la
respuesta, nadie a excepción de ella.
Ahora que me fijo, no he puesto muchos diálogos con ella. La verdad es que, no me
parece tan importante. Lo que hemos hablado, prefiero tenerlo para mí, para mí mente, y la
suya, si los recuerda. Nadie más tendría que saber de nada de eso.
Sin embargo, creo que este capítulo, puedo poner recuerdos. Sí, al fin y al cabo, estos se
desarrollan en este tiempo. Así que mencionaré algunos, mis preferidos.
Uno de ellos, aquí les va, pero antes, les mencionaré que este me lo recordó ella, pues yo
lo había olvidado: Nos encontrábamos en clases, era Dibujo Técnico, la verdad
últimamente me estaba gustando mucho pasar esa clase con ella, me la pasaba muy bien,
riendo, hablando, jugando. Me sentía feliz en esas clases, cuando la pasaba con ella. Me
sentía yo.
En fin, en esa clase, como imagino habrán deducido, estábamos riendo, toda felicidad, y
Liliana me preguntó:
-Tobías, del 1 al 10, ¿qué tan feliz te sientes hoy?
-10- Le respondí sin dudarlo, con total seguridad. Una seguridad que me hace sentir ella.
-Vale- Fue su respuesta.
Si ella no me lo mencionaba, quizás no me enteraba, pero éste, es uno de los recuerdos
preferidos de ella (al menos en el momento que me lo dijo) conmigo. Quizás por lo que
representa, yo estaba feliz, supongo que ella igual.
También hay otro, uno que si es mío propio. El mejor de todos, para mí, hasta el
momento: verán, era un día que veíamos clase en la mañana y en la tarde, pero esa mañana
salíamos a las 10:00 am, y además había un paro de transporte, por lo que ella tendría que
irse caminando a su casa.
Yo llevaba toda la mañana con su bolso, la verdad no sé por qué, pero me gustaba tener
algo de ella siempre. Llegó el momento de irse a casa:
-Dame mi bolso, Tobías.
-Nop, déjamelo.
-No, dame mi bolso que ya me voy.
-No te lo daré, quédate quieta.
Intentó quitármelo varias veces, no pudo.
-Ay no, si eres fastidioso.
-Fastidioso qué, ¿tú no respetas vale?
-Ay no, yo me voy.
-Bueno, pero yo me llevo tu bolso.
-Hazlo, pero tráemelo en la tarde, sin falta.
-Vale, lo haré.
Y me lo llevé a mi casa. La verdad no lo hice por molestarla, pero algo en mí no quería
que ella tuviera que caminar hasta su casa con el peso del bolso en la espalda, quizás una
estupidez, pero para mí, era algo importante.
Total que pasó el rato, mis amigos fueron a mi casa debido al paro, y almorzaron
conmigo. Durante esos momentos, me avisaron de que ella, supuestamente, no iba a ir en la
tarde. Así que decidí guardar el bolso hasta el día siguiente.
Sorpresa la mía cuando, al llegar, la veo allí parada, y yo sin su bolso, como un tonto. Al
acercarme, me preguntó:
-¿Y mi bolso, Tobías?
-Me dijeron que no venías, así que lo dejé en mi casa, lo siento- Me disculpé.
-Y eso que te dije que me lo trajeras sin falta, que estrés contigo- Me reprochó.
-Lo siento, de verdad, si quieres a la hora de la salida, me acompañas a mi casa y te lo
entrego.
-Hmmmm, está bien.
Luego de eso, nos unimos al grupo, que conversaban entre ellos. La verdad, no sé qué
me impulsó en ese momento, qué hizo que toda mi pena y miedo se desvaneciera, e hiciera
algo de lo que no me atrevía mucho en ese tiempo. Le tomé la mano.
Su mano era suave. Perdón, es suave, pues lo sigue siendo. Al tomarle la mano, me sentí
seguro. Me sentí otra persona, sentí como si todo en lo que dudaba, todos aquellos temores
que experimentaba, se desvanecieron por un instante. Me sentí resguardado. Y no sé por
qué.
Le dije que camináramos un rato. Lo hicimos, tomados de la mano. La verdad, rogaba
porque no llegara el momento de soltársela. Quería permanecer así, tomado de ella, pues
me sentía como un niño pequeño, feliz y contento. Sin miedos.
No recuerdo exactamente qué hablamos en ese momento, una lástima, pues me gustaría
recordarlo. La verdad, el resto de ese día estuve muy contento, tan sólo recordando ese
momento, y nada pudo lograr que esa felicidad en mí se desvaneciera.
Al llegar el momento de la salida, me acompañó junto con Annie, le entregué su bolso,
compramos unos helados, y nos despedimos. Hasta allí llega el recuerdo, uno de los días
que recuerdo al completo.
Pondré uno último, era el cumpleaños número 15 de mi mejor amiga, y ella fue a pasarlo
(antes de su fiesta), con nosotros, en una pequeña reunión, en la urbanización en la que
vivo. Ese día, le di un regalo a ambas, a Liliana le entregué tres cocosettes, porque quería,
nada importante. Ese día fue la primera vez que le di un beso, por un reto. La verdad es que
yo sentí muchas cosas. Pero al fin y al cabo, fue un reto.
Toda esa tarde pasó, y yo intenté estar lo más posible a su lado. Con lo más posible, me
refiero a lo que mí miedo y pena me permitieron.
Fue dentro de ese tiempo que me enteré de quién le gustaba. La verdad no podía evitar
sentir celos, a millón, pero al fin y al cabo, pensaba: ¿quién eres tú?, si a ella le gustaba él,
pues que fuera feliz. Yo no me iba a alejar.
La verdad, siempre he pensado que esa persona, no sabía lo que se estaba perdiendo, y
me parecía demasiado idiota en muchas ocasiones, y algunas veces me sorprendía pensando
en cómo a ella le podía gustar él. Nunca dije nada, pues no me incumbía, y además esos
eran pensamientos de un celoso y dolido.
Sin embargo, pondré uno de los motivos por los cuales, él llego a caerme mal. Saltamos
a las vacaciones, varios del salón hablaban de reunirse, que querían verse y demás.
Decidieron hacerlo en mi casa. Al final sólo 3 personas fueron, el resto estaban ocupados.
Él fue el primero en llegar, y estuvimos ambos viendo los Juegos Olímpicos un buen
rato, conversando, vamos, al fin y al cabo somos amigos.
Cuando estuvimos los 4 reunidos, empezamos a caminar por ahí. Salió el tema de
conversación de relaciones amorosas. Yo estuve callado, pues no había otro interés en mí
que ella, y no quería que ellos se enteraran que seguía detrás de Liliana.
-¿Y tú?- Le preguntó una amiga.- ¿En quién andas pendiente?
-¿Yo?, en nadie, ahorita no quiero enseriarme, prefiero vivir y que las cosas por ahora
pasen y demás, aunque ando con Valentina, ¿sabes?, mi exnovia y eso, es cómo que
queremos volver pero no- Le respondió él.
-Ah bueno, ¿sabes? Tú le gustas a Liliana, tienes oportunidad con ella- Le insinuó ella.
Yo no hice otra cosa que apretar la mandíbula, mirar hacia otro lado y disimular que no me
importó.
-Liliana, ella tiene un tremendo culo, ¿oyó?-En este momento me provocó pegarle un
puñetazo, pero sólo me contuve- Pero no se… es que ella, como que tiene la cara aplastada,
¿sabes? No sé, no me gusta mucho.
-Ah bueno, si tú lo dices, pero ella es bonita.
-Sí, bueno, yo si me la cogería pues.
Lo dejaré hasta allí. En ese momento me di cuenta, de que este tipo, aunque fuera mi
amigo y compañero de clase, era un idiota, y que no sabía de lo que hablaba ni de lo que se
estaba perdiendo. En fin, la verdad me molestó bastante cada uno de sus comentarios hacia
ella.
Pero a ella le gustaba él, ¿y qué podía hacer yo?
Nada, más que esperar que ella fuera feliz, y que este tipo no la terminara dañando en
algún momento, y ese fue mi objetivo. Si no podía conquistarla, al menos me aseguraría de
que fuera feliz, de que no llorara, y de que siempre hubiera una sonrisa en su rostro.
Y seguí sin rendirme.
Capítulo 8.- Final
Y llegamos al capítulo 8, el final, su número favorito, y en donde yo me propongo
acabar mi relato. Aquí, nos acercamos ya al tiempo en el que estoy escribiendo la historia,
así que quizás, en algún momento, empiece a escribir en tiempo presente.
Aquí, entremos en 4to año, el año en el que nos encontramos cursando, el momento en
el que el escribir esta historia, al menos para mí, cobra sentido y motivo.
Han pasado algunas cosas este año, no muchas, así que quizás este termine siendo el
más corto, a comparación con los otros 7. Creo que en el anterior ya se empezó a notar que
esta historia, llega a su fin, de manera momentánea claro, pues yo no quiero que posea un
final.
Comencemos. Un nuevo año, nuevos propósitos, nuevas metas.
¿Recuerdan lo que pensaba a finales del capítulo 7?, pues bueno, luego de meditarlo
durante un tiempo, me decidí a que no esperaría sentado a verla feliz, a dejarla ir y alejarse
de mi vida.
Quería verla feliz, pero había un pequeño detalle.
Quería verla feliz conmigo.
Sonará egoísta, pero es así, quería y quiero que ella sea mía. Sólo mía. Quiero que sea
feliz. Pero conmigo, no con él, no con otro. Yo.
Y sé que soy egoísta, pero, no puedo pensar en que otra persona esté con ella, que
alguien le pueda hacer daño, que pueda herirla, que pueda alejarla de mí. No soporto eso.
Quiero pasar gran parte de mi tiempo con ella, quiero dedicárselo, quiero que sepa que
junto a ella, yo soy feliz, estoy seguro. Que con ella, me siento yo.
Sin embargo, todo eso me lo callé durante un muy buen tiempo, ¿por qué?, porque de
qué me valía decírselo, si su corazón latía por otra persona, de qué me valía decírselo, si la
respuesta, volvería a ser un no rotundo.
Así que esperé. Esperé, con la esperanza de que no la hirieran, de que simplemente, ella
se olvidara de él, y yo así intentar tener una oportunidad.
La verdad, no sé si la hirió. Nunca se lo he preguntado, ni a ella ni a nadie. Pero la
verdad, durante este tiempo de espera, estuve a punto de rendirme, y más de una vez. Sin
embargo, fue ella misma la que me dio ánimos a continuar. Y sigue siendo ella la que me
los da.
¿Y por qué no lo he hecho? Porque tengo esperanzas. De que algún día, ella y yo
podamos pasar unos buenos momentos, juntos. No diré que para siempre, pues el futuro es
incierto, aunque mencionaré, que un para siempre sería lo mejor que me ha pasado. Al
menos por los momentos.
Pero si bien, no para siempre, lo que me importa no es el futuro. Es el ahora, y si puedo
hacer que su ahora, y el mío, sean divertidos, buenos, agradables, y lograr que le queden
buenos momentos, entonces yo me sentiré realizado, y diré que todo mi esfuerzo, valió la
pena.
Sin embargo, sé una cosa. Si para que su ahora sea mejor, yo tuviera que irme, que
alejarme y dejarla en paz, lo haría. Pues quiero que sea feliz, no quiero molestarla,
incomodarla, o hacerla sentir mal. Yo tengo las cosas bastante claras.
Fue ella misma quién me confesó que intentaba alejarme, pues “consideraba que yo me
merecía a alguien mejor”. Me pareció curioso, porque a mí me parece que no hay nadie
mejor que ella. Intenté explicarle, e intento demostrárselo siempre que puedo, aunque a
veces me es muy difícil. Soy una persona que obedece a sus impulsos de manera muy
marcada, aunque últimamente intento controlarme. En fin, luego de explicarle, dijo haber
entendido. La verdad, creo que aún, algunas veces, intenta alejarme. Pero yo no lo haré, a
no ser que sea completamente necesario.
La verdad, es que yo soy suyo. Ella lo sabe, le entregué las llaves de mi corazón, y no
pienso pedírselas. Quiero que las guarde y las conserve, pues con ella, están a salvo.
Y deseo que ella sea mía. No como un objeto, pues no lo es, quiero que su amor, sus
buenos deseos, sus sonrisas, sus malos momentos, todo. Todo eso, lo quiero para mí.
Y, ¿por qué quiero sus lágrimas, sus enojos, sus tristezas? Porque de qué vale tener todo
lo bueno de ella, ¿si no soportas lo malo?, a algunos les parecerá mal, pero a veces es bueno
ver sus lágrimas, y estar ahí para consolarlas, y escucharlas. A veces es bueno soportar sus
enojos, y estar allí para calmarlas y alegrarlas. A veces es bueno verlas tristes, y estar ahí
para poder hacerlas sonreír. Es necesario estar en todo momento, no sólo cuando las cosas
estén fáciles.
Al menos eso es lo que yo pienso, vamos.
Así que, básicamente, no quiero alejarme, no por esas razones. Necesitaría una razón
mucho más fuerte que esa.
Sin embargo, he estado a punto de retirarme muchas veces. No porque yo quiera. Sino
porque pienso que es necesario, para que ella sea feliz. A veces pienso que ella no me
quiere allí. A pesar de esto, termino alejando ese tipo de pensamientos de mi cabeza.
Aunque han aparecido muchas veces.
¿Recuerdan que dije que siempre quería tener algo de ella? Pues bien, hace poco
conseguí una foto de ella, cuando estaba pequeña, a cambio de una mía cuando era
pequeño. Ahora tengo una extraña necesidad de verla, siempre antes de salir, durante al
menos un minuto. Es extraño, quizás, pero se siente bien.
Escribo esto faltando exactamente 1 semana para su cumpleaños. Estoy nervioso porque
lea esto, pues es importante para mí. Quizás no tenga ni idea de lo importante que es.
Escribo esto esperando que le guste, que le dé su visto bueno. Si se lo da, esta historia
habrá valido la pena… Si no, también, pues necesitaba desahogarme, contar mi historia,
mis propósitos, pensamientos y sentimientos. Quizás a muchos no les importe, quizás a ella
no le importe. Pero a mí sí.
Ahora, ¿qué pretendo con ella?, pues, enamorarla. No por siempre, pues el futuro no lo
sabemos. Pero sí por ahora. Quiero hacer que su presente valga la pena, y que luego, en el
futuro, el pasado sea bonito. Hayan buenos recuerdos, buenos momentos a los que se pueda
aferrar en casos de tristezas.
Recuerdos a los que yo me pueda aferrar en casos de tristeza.
Creo, concluiré mi historia aquí, si bien realmente, aún no ha llegado el final, ha llegado
el final de este relato. No tengo más que comentar. Tengo muchas cosas que decirle, sí,
pero no las escribiré aquí. Ya llegará su tiempo.
Así que, espero que me deseen suerte. Quiero lo mejor para ella, y seguiré esforzándome
por conseguirla.
Espero que puedas perdonarme, por todos los errores que he cometido durante todo este
tiempo, pues soy un idiota, un completo idiota. Pero por ti, quiero dejar de serlo. Y me
esfuerzo por intentarlo. Y sí, me dirijo a ti, “Liliana”, pues espero hayas llegado hasta este
punto.
Mencioné que revelaría su nombre en algún punto de la historia. Pues bien, aquí vamos,
su nombre no es Liliana, ni parecido.
Ella es Kimberly.
Epílogo
Escribo, faltando exactamente 2 días para su cumpleaños.
Me pregunto si valdrá la pena enseñarle esto. Tengo miedo. Estoy considerando incluso
el borrar esto, y entregarle una nueva, escrita en tan sólo uno o dos días.
Supongo que si lees esto, es porque ya me decidí.
Deseo con toda mi alma conocer su opinión, saber qué le gustó y qué no. Su opinión es
importante para mí.
Debo decir que, he leído y releído la historia. He terminado agregando algunas cosas,
muchas cosas. Quise intentar explicar algunas cosas más, pero me parecen tan complicadas
he imposibles, que terminé dejando algunas cosas así como estaban.
Otras si las cambié.
Pensé en quitar el anonimato.
Preferí que no, si quiere saber si realmente la historia es de quién cree, deberá llegar
hasta el final.
Llevo días y días escribiendo esto. Estoy un poco cansado, la verdad, pues he tenido que
exprimirme el cerebro sacando exactamente cada uno de los recuerdos que me parecía
necesario.
La verdad, si pusiera todos los que pensé, en este momento, esta historia sería mucho
más extensa.
Sí, extensa, pero llena de relleno completamente absurdo e innecesario, estúpido, sin
necesidad.
Mi mejor amiga, y amigos, saben que escribí esto. Más no lo han leído. Primero quiero
que lo lea ella, pues esto es para ella.
¿Por qué la escribí? Porque la amo. Es complicada la palabra amor. Pues esta gustar,
querer y amar. Para llegar a la última, hay que pasar por las anteriores.
Gustar es simplemente una atracción, simplemente entender que la persona es bonita, y
que te gustaría conocerla.
Querer avanza un poco más. Es tomarle cariño a la persona, a sus cosas positivas, a lo
bueno que posee.
Amar es la última etapa. Es admirar a la persona, es aceptar sus errores, sus defectos e
imperfecciones, y saber que aun así la quieres, saber que la aceptas, saber que nada de eso
es un impedimento para ti para permanecer a su lado.
Querer pasar a su lado muchos momentos, tristes, alegres, admirables, bonitos, todo lo
que quieran. Pero juntos, sin crear una dependencia enferma, pero sí juntos.
Hace poco la vi llorar. Dos días seguidos. Me sentí súper mal, pues no me gusta verla
así. ¿Recuerdan cuando dije que quería que sus lágrimas fueran mías? Pues, es complicado,
pues me hace sentir súper triste el verla así. Definitivamente, es algo que uno no quiere ver.
Estuve a punto de llorar, pero tomé la decisión de cantar y ver hacia otro lado. La abracé,
pues no soy bueno para las palabras. Simplemente la abracé, esperando que pudiese ser
suficiente.
Luego quise hablarle, y fue mí intensidad lo que me molesta de ese día. En vez de
hablarle de manera normal, terminé fastidiándola. No era mi intención, pero al final todo lo
que hago termina saliéndome al revés. No lo volveré a hacer.
Hoy he pensado en la canción que le dedicaré. No sé si escribirle un testamento, pues
creo que todo aquí esta explicado. Espero que sea de los mejores días de su vida.
He pensado en todo lo que he escrito. Afirmé que mi nombre permanecería en
anonimato, pero creo que no es justo.
Leíste todo esto, creo que te mereces saberlo, eres alguien de confianza.
Mi nombre, aunque creo que ella ya lo sabe, es Alef.
Seguiría escribiendo, pero me parece completamente absurdo seguir llenando de letras
estas páginas, pues ya no aportan nada.
Debo decirte, que he pasado muchos celos últimamente. Sé que te he hecho molestar
muchas veces. Me disculpo, pues no sé qué me ha motivado a hacerlo. Quizás porque te ves
hermosa cuando te molestas. No lo sé.
Eres una excelente persona, te mereces este tipo de cosas y mucho más, deseo que seas
feliz toda tu vida. Que puedas saltar de un paracaídas, que puedas estudiar en Estados
Unidos, que tengas tu propio hotel.
Todo lo que te propongas, te lo mereces. Lucha por ello y consíguelo.
Sé feliz, y entonces, te puedo asegurar, que yo también lo seré.

¿Fin?
Esto es aparte de la historia, te dedico estas palabras, te quiero muchísimo. Eres muy
importante para mí, Kimberly, y espero que pases un excelente día, pues ya tienes 15 años.
Quiero que seas feliz siempre. No te preocupes nunca por tonterías, no le pares a
comentarios estúpidos. Siempre sé tú misma. Me encanta tu voz, por cierto. Cantas
bellísimo. Siempre ten una sonrisa en ese rostro, pues es bella. No sé qué más escribirte, así
que, simplemente, te deseo un feliz cumpleaños, y te digo que quiero que sepas que siempre
tendrás mi corazón, y que, con mucho cariño, te deseo muchísimas cosas. Ninguna de ellas
mala. Adiós, escríbeme cuando la hayas terminado, quiero saber tu opinión. Hasta aquí
Alef.