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TEORÍA SOCIOLÓGICA ÉMILE DURKHEIM

SEBASTIÁN CUÉLLAR SARMIENTO

LINA FERNANDA RANGEL FONSECA

HISTORIA Y MEMORIAS HEGEMÓNICAS:


UNA MIRADA AL FENÓMENO COLOMBIANO

Al abordar los fragmentos de la obra Maurice Halbwachs, es destacable cómo el autor hace una breve
introducción en la que expone la diferencia entre la memoria y la historia, siendo la primera comunicativa
y la segunda informativa. Sin embargo, al “echar un vistazo” en el cómo se han desarrollado en Colombia
estas dos herramientas empleadas por distintas disciplinas de lo social, es evidente que se ha tratado de
fenómenos hegemónicos en tanto solo son resaltados los hitos, logros y recuerdos dejados por ciertos
sectores sociales, en su mayoría, pertenecientes a los grupos privilegiados.
Con base a lo anterior y guiada por mis intereses, señalaré 2 perspectivas (una histórica y otra literaria) que
nos posibilitan poner en debate la forma en que se construye memoria histórica en el país:

1. INDEPENDENCIA:
Si bien es cierto que no es nula la bibliografía que presenta a este como un hecho controversial (en los
que se arguye que Simón Bolívar pese a que fue un excelente estratega, gobernó no para las masas
populares y así, una vez obtenida la victoria, benefició solo a ciertos sectores de la sociedad), en la mayoría
de los discursos que abordan este tema se presenta siempre a figuras destacadas por su posicionamiento
en la sociedad. Así, toma cabida la participación de los mártires por excelencia como lo son, el ya
mencionado, Simón Bolívar, y otros como Francisco de Paula Santander, Tomás Cipriano de Mosquera, etc.
No obstante a que son muchos los sectores marginados de esta historia, el grupo que más subordinado se
encontraba y, por tanto, más invisibilizado a mi parecer, es el de las féminas.
Aunque no inexistente, es muy escasa la bibliografía que se encuentra referente al rol de las mujeres en el
desarrollo y culminación del proceso de independencia que vivió Colombia. La historia común del territorio
neogranadino se ha caracterizado por resaltar con fulgor a ciertos personajes, creando en torno a ellos un
papel heroico que pocas veces cuestiona sus acciones. Es una historia disímil que excluye a las clases
subalternas, entendiéndose estas como sectores marginalizados, y en el caso de las mujeres se destaca sólo
a quienes pertenecían a la élite, donde la historiografía les asigna un papel secundario (dado que,
comúnmente sus actos “eran secundarios” de los de un hombre).
Se reconocen en el relato de valentía figuras como la de Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos, Manuela
Beltrán, Manuela Sáenz, entre otras pocas. Ahora, como lo señalaron Maria Awad y Alicia Hincapie, en su
texto “Entorno a las mujeres mártires de la independencia”: <<el tiempo piadosamente ha echado sobre
sus vidas [las de las mujeres] un manto de olvido y de silencio.”>> se desconoce la participación de más
de 70 mujeres que batallaron, disfrazadas por su posición social, en encuentros bélicos con los
españoles como lo hizo Simona Amaya en el Pantano de Vargas.
Dándole continuación a esta idea, resulta menester rescatar la afirmación de Jelin cuando menciona cómo
la identidad y la memoria tienen un vínculo pendular, de vaivén, implicando una reciprocidad: pues “para
fijar ciertos parámetros de identidad (nacional, de género, política o de otro tipo) el sujeto selecciona
ciertos hitos, ciertas memorias” que lo vinculan con la historia que quiere contar. Es a razón de esto que
intervienen los olvidos, como “voluntad, política de olvido y silencio” que objetiva suprimir de la memoria
a futuro el acontecimiento y las experiencias vividas con cierto suceso. Dentro de estas dimensiones, fueron
relegadas a un ejercicio de recuerdo ineficiente los relatos de la actuación de las féminas en el proceso de
independencia. La emancipación femenina ha sido reconstruida, principalmente, desde la literatura y se ha
dado cuenta de que el papel fue más activo de lo usualmente reconocido: sin negar que gran parte de la
contribución de las mujeres fue la donación de joyas, el actuar como enfermeras de las tropas, ser espías
de los aliados de la monarquía, etc. Fueron bastantes las mujeres que se enfrentaron físicamente en guerra
contra los españoles.
El invisibilizar los procesos de lucha y vincular el gestar femenino únicamente a las labores de cuidado,
obedece a la muy marcada tendencia de orden patriarcal de enaltecer las figuras masculinas y dejar en
segundo plano a las mujeres. Esto, en palabras de Jelin, puede ser explicado como “sentido, (…) política de
conservación y de memoria, al seleccionar huellas para preservar, conservar o conmemorar, [teniendo]
implícita una voluntad de olvido.” (Jelin, p.11)

2. REALISMO MÁGICO: VERACIDAD Y CERTEZA


Ver en retrospectiva la historia colombiana permite reconocer el cómo un sinnúmero de agentes
sociales han sido objeto de una abrupta omisión. Quizá Gabo vislumbró esto y a través de su relato en su
obra maestra, anhelaba poner en el plano social las realidades de una Colombia olvidada; de un pueblo,
como miles, que en su cotidianidad macondiana vivió la diferenciada presencia estatal siendo el foco de
diversas dinámicas de desigualdad, falta de oportunidades e interacciones opresivas.

Son muchos los fragmentos de la obra de García Márquez que revelan estas realidades, pero son 3
segmentos los que más llaman mi atención por ser un claro ejemplo de las dicotomías en la memoria:
olvidar o recordar como herramientas de construcción identitaria.

a. La llegada de Don Apolinar Moscote a Macondo, figura de “corregidor”, pretendía abolir las
prácticas de antaño mientras instauraba las lógicas conservadoras que atentaban contra las
construcciones populares. Los deseos de militarizar un pueblo sin pasiones políticas, de recrear
símbolos (la pinta de todas las casas de color azul para la celebración de la independencia
nacional) y sujetar prácticas de la cotidianidad a estigmatizaciones católicas (1. la segregación
espacial cada vez era mayor, mudando la tienda de Cantarino a calles apartadas y 2. La clausura
de múltiples “espacios de escándalo” ubicados en las calles céntricas), llevó a que se gestara
una identidad cada vez más “occidentalizada” y menos autóctona.
Para que los fundadores accedieran a pintar sus casas de color azul, tuvieron que borrarse los
recuerdos de aquel pueblo fundado desde ceros en el que, por acuerdo común, se
establecieron todas las viviendas de forma casi que uniforme. La eficacia del corregidor terminó
con la fumigación de muchos de los recuerdos iniciales macondianos.

b. Cuando José Arcadio Segundo, guiado por su empresa (entendida esta como los proyectos de
emprendimiento, no institucionalidades) y convicción en la navegabilidad del río que se situaba
en Macondo, regresó al pueblo (en el primer y único barco que tuvo acceso a aquella locación)
acompañado por un grupo de “matronas” de origen francés, se vivió una serie de cambios:

“(…) el soplo de renovación que llevaron las matronas de Francia, cuyas artes
magníficas cambiaron los tradicionales métodos del amor, y cuyo sentido del
bienestar social arrasó con la anticuada tienda de Cantarino (…). Fueron ellas
las promotoras del carnaval sangriento que por tres días hundió a Macondo en
el delirio” (Cien Años de Soledad, p. 226)

Nuevamente mutaban las percepciones establecidas, mientras que tomaba lugar


predominante una cultura producto de la mixtura de distintas realidades. Nuevos hitos
surgían en la configuración de la identidad de Macondo, y nuevos recuerdos pasaban al olvido.

c. Por último, está la situación que vivió José Arcadio Segundo cuando entró a laborar a la
compañía bananera. Este hecho es clave para la ejemplificación práctica de la afirmación
teórica de Halbwachs: la memoria es colectiva e incluso la individual está enmarcada por el
plano social.
Una vez inaugurada la huelga de los trabajadores en dicha compañía, las autoridades militares
quisieron tomar el rumbo de la situación adoptando actitudes autoritarias y sumamente
arbitrarias, así, una vez leído el Decreto Número 4 del Jefe Civil y Militar de la Provincia y ante
la resistencia popular que indignada y dispuesta a defender sus reclamaciones se abstuvo a
acatar las reglamentaciones oficiales, se dio una orden de fuego respondida por 14
ametralladoras que desataron una masacre que absorbió a una muchedumbre en pánico y
dejó tirados a miles de muertos que “por justos rebeldes” se convirtieron en muertos
desconocidos.
Nadie, salvo José Arcadio Segundo, fue sobreviviente de aquel fatídico hecho, pero por esa
misma razón, no se construyó una historia en torno a ese suceso. Como ya se ha mencionado
en numerosas ocasiones, para la construcción de memoria se necesitan, cuando menos, dos
personas y por ser aquel Buendía el único personaje que conocía esa historia, se le juzgó de
loco.

Para concluir, me pregunto ¿en un país como Colombia, donde son miles las experiencias que dan cuenta
de las atrocidades de una guerra 1y así construyen memorias de una violencia que aún no cesa, por qué se
sigue dando paso a la reivindicación de los recuerdos que favorecen la identidad formada por minorías y
no las construcciones populares mayoritarias? ¿Qué estrategias se deben seguir para que se generalice el
sentimiento de solidaridad para y con los verdaderos agentes afectados? ¿Influyen estas hegemonías en el
proceso de memoria y construcción histórica a que se fortalezcan los caracteres de una sociedad donde el
vínculo Estado- Nación (Institucionalidad- Sociedad) está más que fragmentado?

BIBLIOGRAFÍA.

Aguilar D., Miguel Angel. Fragmentos de La Memoria Colectiva- Maurice Halbwachs, Revista de Cultura
Psicológica, Año 1, Número 1, México, UNAM-Facultad de psicología, 1991).

Jelin, Elizabeth ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE MEMORIAS?

1
Refiriéndose esta al conjunto de enfrentamientos violentos internos que ha pasado el país.

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