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En sentido muy estricto, el producto es un conjunto de atributos físicos y tangibles reunidos

en una forma identificable que satisface una necesidad especifica, Se produce para
satisfacer una demanda. Cada producto tiene un nombre descriptivo o genérico que todo
mundo comprende: Manzanas, pelotas de béisbol, etc. Los atributos del producto que
suscitan la motivación del consumidor; o provocan los patrones de compra; no se incluyen
en esta definición tan estricta. Por ejemplo, un Toyota Corolla y un Chysler Neon son el
mismo producto: Un automóvil.
Una interpretación más amplia del término reconoce que cada marca es un producto
individual. En este sentido un traje Giorgio Armani y un traje Gucci son diferentes productos.
Pero el nombre de marca indica una diferencia en el producto al consumidor, y ello introduce
en la definición el concepto de satisfacción de necesidades o deseos del consumidor.

El Ciclo de Vida de un Producto


Todos los productos que una empresa ofrece al mercado sufren una evolución que los
estudiosos del tema han formalizado y han dado en llamar Ciclo de Vida de un Producto.
Se trata del clásico ciclo de nacimiento, desarrollo, madurez y muerte aplicado a las ventas
de un producto. El análisis del desarrollo de un producto en el mercado, aunque sea a nivel
teórico, puede resultar muy práctico para entender la evolución de éste, intentar prever su
desarrollo y, desde luego, tratar de influir en esta evolución.

Fases del Ciclo de Vida


La vida de un producto se puede entender como una sucesión de varias fases en las que
el producto tiene un comportamiento distinto. El Ciclo de Vida de un producto se puede
dividir en las siguientes etapas:

Introducción
Cuando se lanza un producto al mercado las ventas normalmente no se disparan el primer
día. El mercado no conoce el producto y por tanto hay que hacer un esfuerzo en darlo a
conocer y captar los primeros clientes. Además el coste de producir cada unidad es alto,
con lo que los precios de introducción también suelen ser altos. A pesar de ello, muchas
veces el rendimiento del producto es negativo y hay que seguir invirtiendo en dar a conocer
el producto y obtener los primeros clientes.
En esta fase es importante asumir estas posibles pérdidas y luchar más por el
reconocimiento del producto o la marca que por los posibles beneficios. Desde luego, esto
no implica que las pérdidas a asumir deban ser ilimitadas. El margen de confianza para el
producto debe ser amplio pero no a costa de la supervivencia de la empresa.
Por eso, al vincular la creación de una empresa al lanzamiento de un único producto hay
que ser conscientes de esta estrategia y estar muy atentos a la evolución de las ventas. Sin
embargo, esto no significa que una nueva empresa deba necesariamente comenzar su
actividad con una gama de productos muy amplia.
Desarrollo
cuando el producto empieza a ser aceptado en el mercado las ventas empiezan a crecer y
los beneficios también empiezan a crecer. Esto es debido a que los costes de fabricación
por unidad se reducen, bien por una mayor experiencia en la producción, bien por una
producción de mayor volumen.
Aparecen clientes fieles que repiten la compra y se añaden nuevos clientes y, lo que es
peor, aparecen los competidores que se han dado cuenta del interés del producto y su
crecimiento. Es el momento de decidir cómo reaccionar ante esta nueva competencia. Las
alternativas son múltiples pero en todo caso deben ser cuidadosamente analizadas:
repercutir la reducción de costes en el precio, reinvertir todos los recursos generados en
seguir promocionando el producto, diferenciar el producto de los imitadores, etc..
Gestionar la etapa de crecimiento sea tal vez la parte más compleja del proceso de
explotación de un producto.

Madurez
Llega un momento en el que el producto se ha labrado un mercado, incluso para los
competidores. La demanda es más o menos amplia y los costes, probablemente, han
seguido reduciéndose. En esta etapa, inicialmente, los recursos generados por el producto
son altos y la empresa empieza a recoger sus frutos no reinvirtiendo el total de fondos
generados.
Más tarde, las ventas se estabilizan y, dada la intensa competencia que se ha generado,
incluso los beneficios pueden llegar a reducirse. Ante esto, la empresa puede elegir la
especialización en un segmento, el rediseño del producto, etc. Sin embargo, tarde o
temprano el producto va a perder su atractivo, ya sea para los clientes ya sea para las
empresas.

Declive
Finalmente, ante la saturación del mercado algunos competidores empiezan a retirarse y
aparecen productos substitutivos -que como mínimo compiten por la renta de los clientes-.
Los beneficios pueden convertirse en pérdidas y las ventas empiezan su descenso
anunciando la muerte del producto si no se toman medidas a propósito
3. Atributos de producto
Los productos son susceptibles de un análisis de los atributos tangibles e intangibles que
conforman lo que puede denominarse como su personalidad.
Este análisis se efectúa a través de la evaluación de una serie de factores que permiten
realizar una disección del producto, partiendo de los elementos centrales hasta los
complementarios, para que a la vista tanto de los nuestros como de los de la
competencia, podamos elaborar la estrategia del marketing que nos permita posicionar el
producto en el mercado de la forma más favorable. En cualquier caso, los diferentes
factores que incluimos a continuación nos tienen que servir únicamente como guion o
referencia, ya que dependiendo del producto que comercialicemos se estudiarán otros
atributos totalmente diferentes.
Los principales factores son:
 Núcleo. Comprende aquellas propiedades físicas, químicas y técnicas del producto,
que lo hacen apto para determinadas funciones y usos.
 Calidad. Valoración de los elementos que componen el núcleo, en razón de unos
estándares que deben apreciar o medir las cualidades y permiten ser comparativos
con la competencia.
 Precio. Valor último de adquisición. Este atributo ha adquirido un fuerte protagonismo
en la comercialización actual de los productos y servicios.
 Envase. Elemento de protección del que está dotado el producto y que tiene, junto al
diseño, un gran valor promocional y de imagen.
 Diseño, forma y tamaño. Permiten, en mayor o menor grado, la identificación del
producto o la empresa y, generalmente, configuran la propia personalidad del mismo.
 Marca, nombres y expresiones gráficas. Facilitan la identificación del producto y
permiten su recuerdo asociado a uno u otro atributo. Hoy en día es uno de los
principales activos de las empresas.
 Servicio. Conjunto de valores añadidos a un producto que nos permite poder marcar
las
diferencias respecto a los demás; hoy en día es lo que más valora el mercado, de ahí
su desarrollo a través del denominado marketing de percepciones.
 Imagen del producto. Opinión global que se crea en la mente del consumidor según
la información recibida, directa o indirectamente, sobre el producto.
 Imagen de la empresa. Opinión global arraigada en la memoria del mercado que
interviene positiva o negativamente en los criterios y actitudes del consumidor hacia
los productos. Una buena imagen de empresa avala, en principio, a los productos de
nueva creación; así como una buena imagen de marca consolida a la empresa y al
resto de los productos de la misma.

Aunque afortunadamente la tendencia actual es navegar en la misma corriente, la


valoración que normalmente efectúa el consumidor de un producto suele comenzar en la
«imagen de empresa», yendo en sentido descendente hasta el «núcleo» del mismo. El
camino seguido en las compañías, por contra, suele iniciarse en las propiedades físicas,
químicas o tecnológicas, ascendiendo, en la escala de atributos, hasta donde su mayor o
menor óptica de marketing los sitúe. De ahí se desprende la importancia que tiene efectuar
este tipo de disecciones o valoración de los atributos, ya que permite apreciar la mayor o
menor aproximación entre los valores atribuidos por el cliente, por el mercado, y la
importancia y asignación de recursos concedidos a estos valores por la empresa.

Se dice que dentro de cada marca hay un producto, pero no todo producto es una marca.
¿A qué se debe? Es porque un producto es un bien material, servicio o idea que posee
valor para el consumidor y es susceptible de satisfacer una necesidad. Además,
los productos pueden tener los siguientes componentes para genera demanda del
consumidor: servicios, experiencias y situaciones que ofrecen valor al consumidor.
Algunas de las causas por las que un producto puede generar demanda de un mercado
específico, se debe a los beneficios de sus atributos que, a continuación te mostramos:

1. Núcleo
Se refiere a las propiedades físicas, químicas y técnicas del producto.

2. Calidad
Es la valoración de los elementos que componen el núcleo, de acuerdo con unos criterios
que son comparativos con la competencia.

3. Precio
Determina el valor último de adquisición.

4. Envase
Es un elemento de protección del que está dotado el producto y que, junto al diseño,
aporta un gran componente de imagen.

5. Diseño, forma y tamaño


Estos componentes permiten la identificación del producto o la empresa y, generalmente,
configura la propia personalidad del mismo.

6. Marca, nombres y expresiones gráficas


Igualmente, estos elementos facilitan la identificación del producto y permiten su recuerdo
asociado a uno u otro atributo.

7. Servicio
Se trata de un conjunto de valores añadidos a un producto que nos permite poder marcar
las diferencias respecto a los demás.

8. Imagen del producto


Es la opinión que se crea en la mente del consumidor de acuerdo a la información
recibida, directa o indirectamente, sobre el producto.

9. Imagen de la empresa
Finalmente, se refiere a la opinión en la memoria del mercado que interviene positiva o
negativamente en los criterios y actitudes del consumidor hacia los productos. Una buena
imagen de empresa avala, en principio, a los productos de nueva creación; así como una
buena imagen de marca consolida a la empresa y al resto de los productos de la misma.

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